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28 Junio del 2017

Universidad de la Republica
Facultad de Humanidades y Ciencias de la Educación
Lic. en Cs. Antropológicas
Asig: Antropología de los Movimientos Migratorios
Prof. Pilar Uriarte – Magdalena Curbelo

Fossatti, Fernandez, Leonardo.


C.I.:4.586-260-1

Estudiantes Plan 91 que quieran acreditar la materia como una optativa deberán
entregar un informe de no más de 2500 palabras en el que relacionen su inserción
en campo con uno de los ejes conceptuales trabajados en clase.

Integración y vivienda.

El siguiente trabajo pretende ser un breve raconto de la experiencia en la inserción


en el campo de las migraciones, y una articulación teórica del curso de Antropología
de los Movimiento Migratorios. Intentare poner en dialogo el concepto de
integración y su vínculo con el derecho a la vivienda.

Mi inserción en campo data del año 2015, cuando a través de un EFI (EFI-
Refugiados Africanos) me acerque a la temática de las migraciones. En aquel
entonces vinculado al refugio. Los contenidos fueron cambiando, debía hacer mi
trabajo de grado, y la temática de las migraciones significaría navegar por un mundo
que de alguna forma estaba conociendo. El Refugio no era un tema que me
resultara del todo atractivo, y de las ofertas conversadas y propuestas, fui convidado
a participar de un proceso de desalojo de una pensión. Y aquí el meollo de la
cuestión.

Una breve introducción.

Al acercarme a la temática de migraciones, y comenzar a indagar, uno no puede no


verse envuelto, implicado. Junto con otros compañeros participábamos de los
talleres de computación para africanos en la FHCE. Otros compañeros, sabíamos,
participan en otros espacios, particularmente en la asociación Idas y Vueltas. El
vínculo entre los compañeros que participaban de otros espacios era frecuente y
funcionaba como una suerte de intercambio o retroalimentación respecto a lo que
cada uno hacía.
En una de esas reuniones y charlas de intercambio, fue que se habló de la “Feria
Dominicana” (2015). Y este sería el comienzo de un acercamiento al tema que se
intenta desarrollar.

El evento, organizado en el barrio Aguada buscaba fomentar la convivencia y la


tolerancia, como forma de comenzar a desanudar el conflicto suscitado entre
población migrante radicada en el barrio y los vecinos autóctonos. Al año siguiente
se organizaría la pintada de un “Mural Dominicano” (2016).

Integración al Barrio.

No pretendo extenderme, pero sabemos que en los últimos años, han arribado a
nuestro país contingentes migratorios provenientes de Latinoamérica,
principalmente de la zona del Caribe, con principal representación de Republica
Dominicana. Esta contingente representa, para el 2011 un 13%, el cual muestra un
incremento constante hasta el 2014 (Koolhaas, Prieto y Robaina, 2017), fecha de
implementación de la visa como requisito para la población de origen dominicano
que pretende migrar a Uruguay.

Gran parte de la población migrante, principalmente de origen dominicano y otros en


menor medida, se ha ido alojando en algunos de los barrios pertenecientes al
Municipio B de Montevideo, principalmente Aguada, Ciudad Vieja y Aduana. Este
incremento de población foránea y racialmente identificada suscito conflictos entre
los vecinos y los extranjeros, principalmente en el barrio Aguada, que se tradujo en
una puja por la apropiación de espacios públicos, principalmente la plaza ubicada en
la calle La Paz esquina Barrios Amorin. Esto desemboco en denuncias cruzadas, los
vecinos denunciando actividades ilícitas, apropiación de espacios públicos, ruidos
molestos, y la población migrante, principalmente dominicana, denunciado episodios
de discriminación, racismo y xenofobia, persecución y hostigamiento. Es de esta
forma que algunos actores gubernamentales, así como académicos y la asociación
civil entran en juego para intentar mediar en el conflicto y activar un canal de dialogo
entre las partes. Las intervenciones en el barrio antes mencionadas forman parte de
esta entrada en juego.

Al acércanos a la problemática, comenzamos a considerar algunos factores que


estaban entrando en juego en este conflicto. A mi entender una puja de otredades 1,
con posturas polarizadas, el racismo intrínseco que atraviesa a nuestra sociedad y
la falta de comprensión de ciertos fenómenos, como por ejemplo el uso de los
espacios públicos por parte de población migrante.

Estos tres puntos se podrían leer en el orden inverso. Como mencionaba


anteriormente el conflicto se tradujo en denuncias por usos indebidos del espacio

1
Prefiero hablar de otredades antes que de alteridades o identidades. Entiendo la otredad como concepto más
amplio para abarcar lo que implica conflictos de autodeterminación o adscripción.
público. Podríamos decir en este sentido que la inmigración, como sugiere Delgado,
supone cierto grado de conflictividad que se traduce en el sistemático intento de
señalar cual es el elemento foráneo. Esto contradice interpretaciones pueriles donde
se entiende la inserción de población migrante a una estructura social, donde su
aporte es asimilado e integrado, y compondrá de forma sedimentaria una nueva
identidad confluida del reciente aporte mezclado con los ya existentes (Delgado,
2003; Sayad, 2010.). Estas interpretaciones han signado gran parte del
pensamiento respecto a la conformación de identidades, el crisol de razas. Uruguay
es un país con una larga trayectoria en la recepción de inmigrantes, desde Darcy
Ribeiro y la concepción de “pueblo trasplantado” hasta la interpretación de la
inmigración como fenómeno económico que comienza en los albores de nuestro
país, entendemos nuestra identidad como proveniente de los barcos, ignorando
claramente los distintos aportes de población originaria, africana u otra. (Taks, 2006;
Romero Gorski, 2007).

“Durante mucho tiempo vivimos en la ilusión de estar más próximos de Europa que
de América, entendiendo esa proximidad como algo positivo en sí mismo, en la
medida en que todo lo visto como menos blanco o menos occidental era
rechazado.”(Uriarte, 2011. Pp. 3).

El uso del espacio público por parte de población racialmente identificada supone un
conflicto de otredades, donde podemos ver dos partes en pugna, por un lado el
vecino montevideano que se constituye de ciertas características que indican un
deber ser que se entiende extensivo, transitivo y normativo, del cual se espera cierto
comportamiento, por ejemplo, en lo que refiere al usufructo de espacios públicos.
Por otro lado los migrantes, dotados de cierta “inmigridad”, retomando a Delgado
(2003), que se asocia a pobreza, atraso, peligrosidad.

Esto nos permite comprender un poco algunos de los actores que están en juego, y
disputa, los que entienden afectada su identidad hegemónica por agentes foráneos
portadores de otros sentidos, y aquellos que recientemente se alojan en el barrio y
son provenientes de países con culturas bastantes distintas a las que Uruguay
pretende recibir y tolerar. Cabe destacar que esta conflictividad comenzó a tomar
una dimensión más compleja conforme se fue cubriendo de forma sensacionalista
por los medios de prensa que en cierta medida exotizaban y criminalizaban el
conflicto, señalando, por partida doble2, y construyendo una identidad marginal en
contra posición a la identidad hegemónica barrial que realizaba su reclamo. Como
señala Aguiar existen franjas culturales que ofrecen escasas barreras al tránsito
migratorio, así como la homogeneidad de una lengua, esto permite que ciertos
países entren dentro de circuitos de migración. En este mismo sentido podemos
decir que el arribo de población que comparte esta franja cultural no es entendida en

2
Es decir, por un lado exotizar a la población migrante y mostrar que tan distintos son, y criminalizar su
comportamiento social.
tanto “inmigración”, al contrario de lo que suceden en este caso con población que
no comparte nuestra franja cultural. Este ejemplo se puede ilustrar en como los
migrantes provenientes de Argentina, tienden a pasar desapercibidos, en regiones
fronterizas los provenientes de Brasil, y los dominicanos portadores del exotismo
extremo propio de lo que podríamos llamar la franja cultural caribeña, que no solo
corresponde a una forma de ser distinta, sino que conforman una identidad
racializada. El racismo intrínseco de la sociedad uruguaya quedo de manifiesto con
el censo del 20113, el cual manifestó la situación de la población Afro en Uruguay.
En la misma línea podemos poner en relieve muchas de las dificultades por las que
atraviesan la gran mayoría los migrantes racialmente identificados, como los
provenientes de África (Uriarte y Ramil, 2017), lo cual manifiesta que estas
dificultades, que se traducen en formas de discriminación, no obedecen a
diferencias culturales solamente, y explican la existencia de un componente racial
que señala la otredad sin importar origen continental.

Como señala Delgado, el arribo de un elemento foráneo presupone la integración


por parte de la identidad receptora, así como una voluntad de ser integrado por
parte de la identidad que llega. Esta integración, como indica Mera (2008) se tiende
a medir en relación a la dispersión por la ciudad. Es decir que conforme la población
migrante se realoja y dispersa por la ciudad estará indicando su nivel de integración
a la sociedad receptora. En este sentido la concentración de población dominicana
en los barrios antes citados estaría indicando lo contrario. Esto evidenciaría en
cierta medida una forma de concebir y medir la asimilación, el nacionalismo
metodológico4 que presupone la construcción de la relación variable entre
dispersión/asimilación, y por sobre todo ignora los lazos de pertenencia al grupo, las
redes de cooperación establecidas, la identificación y adscripción a grupos de pares
donde la condición de migrante genera un vínculo entre personas de un mismo
origen u otro, las redes de acceso al empleo, y en este caso, la dificultad del acceso
a la vivienda. Es decir, comprender la integración según la dispersión espacial
ignorando los factores antes mencionados que son atravesados por una matriz
racista y xenófoba, implicarían un pensamiento lineal y erróneo, donde de antemano
no podemos entender la integración como asimilación, si bien los dos conceptos son
ambiguos, integración es de carácter polisémico y no implica la disolución de una
identidad en la hegemónica (Sayad, 2010.); así como no podemos dejar de prestar
atención a los fenómenos estructurales que condicionan la movilidad de una
población determinada.

Sabemos, producto del trabajo de campo, que un alto porcentaje de la población


que arriba a Montevideo, se encuentra ante una oferta precarizada en materia de

3
Atlas Sociodemográfico y de la Desigualdad del Uruguay – Fascículo 2
4
El nacionalismo metodológico considera que la unidad de investigación es la sociedad nacional.
vivienda. La Pensión, como establecimiento comercial, parecería ser la oferta
mayormente disponible en tanto facilidad de acceso (no requiere documentación), y
costos relativamente bajos. Así como el país cuenta con una tradición en lo que
refiere a la recepción de inmigrantes, también cuenta con una tradición en lo que
refiere al hospedaje, es así que hasta mediados de los cincuenta funcionaban
hoteles, alojamientos y pensiones en la ciudad, principalmente en las zonas
cercanas al puerto.

“La fecha en que se sitúa la creación de este Hotel es efectivamente 1908. Esta acción formó
parte del fomento y apoyo a la inmigración durante el gobierno de José Batlle y Ordóñez,
impulsor de la modernización del Uruguay. Se destinaron fondos a la creación de un edificio
conocido por tanto como Hotel de Inmigrantes (en Uruguay) y de Emigrantes (en el exterior),
como dice el documento, –lo cual tiene su lógica-. Este edificio habría estado situado en la
desaparecida playa Bella Vista de Montevideo, barrio de tradición fabril y portuaria que se
sitúa en el oeste de la ciudad, frente a la Bahía.” (Oliva Gerstner, 2008).

A la fecha no contamos ni con esos hoteles, ni muchos menos con alguna solución
por parte del estado uruguayo en materia de alojamiento, siguiendo esto diríamos
que en la medida que el gobierno perdia interés por promover la inmigración las
políticas de acogida en materia de alojamiento fueron disminuyendo hasta
desaparecer. Hoy en día las soluciones que se pueden brindar, en contados casos,
son inapropiadas e improvisadas.

A mediados del primer mandato del Frente Amplio existió un interés particular con
el tema de las migraciones el cual llevó a la formulación de la nueva ley de
migraciones, LEY 18.250, donde se reconoce como derecho humano fundamental la
migración, y homologa a los migrantes a los ciudadanos uruguayos, y por ende
garantiza, entre otras cosas, el derecho a una vivienda digna; sigue siendo un gran
debe en las políticas de migración el derecho a la vivienda. Cabe destacar que esta
ley había comenzado a gestarse en el mandato anterior, así como los intentos de
fortalecer vínculos con la diáspora. (Taks, 2006).

Las Pensiones.

Las pensiones, ubicadas mayoritariamente en los barrios antes mencionados han


encontrado, en estos recientes arribos, un público a quien destinar su oferta.
Sabemos que un alto porcentaje de población migrantes reside en estas ya que se
presenta como, prácticamente, la única oferta disponible que combina bajos
requerimientos en materia de documentación donde el único requisito es contar con
el efectivo que permita pagar la cama o la habitación. Cabe destacar que el arribo a
las pensiones se establece en muchos casos a través de redes o contactos, los
cuales presentarían una doble ventaja, abaratar costos así como asentarse con
algún familiar, conocido, amigo o conterráneo.
En esta línea de trabajo, con información que falta ampliar, podemos decir que las
pensiones han presentado un problema para las autoridades, es por eso que para el
2008 se aprueba la Ley 18.283 Registro y Funcionamiento de Pensiones que le
otorga la potestad al Ministerio de Vivienda (MVOTMA) respecto al tema. A la fecha
sabemos que las pensiones se rigen, principalmente por los digestos municipales
establecidos por la Intendencia de Montevideo (IM).

A pesar de la tinta en cuanto a normativas y cumplimientos para los


establecimientos de estas características, sabemos que una gran mayoría de estas
pensiones tiene alguna irregularidad administrativa, sanitaria o edilicia.

A comienzos del 2017 se presentaron en reiteradas oportunidades a la Asociación


Idas y Vueltas personas declarando las condiciones infrahumanas en las que vivían,
donde la violación de los derechos era cuestión de todos los días. Es por este
motivo que se comienza a trabajar en esta línea para intentar comprender como
este fenómeno conocido como “el problema de las pensiones” cristaliza situaciones
de discriminación, racismo y xenofobia propias de nuestra sociedad, así como
permite evidenciar la sistemática vulneración de derechos humanos fundamentales.
Una indagación expeditiva puso de relieve la crítica situación respecto a estos
establecimientos que se definen como un alternativa de vivienda transitoria pero que
se proyecta en el tiempo transformándose y adquiriendo las características de casi
permanente.

Los testimonios recogidos en forma de denuncia hablan de condiciones


deplorables, sanitarias y edilicias. Tarifas abusivas donde el denominador racial
opera como un diferencial de incremento en el precio, hacinamiento y recorte de
servicios. Intervenciones policiales en conflictos entre inquilinos y responsables
donde las autoridades intervienen en favor de los últimos amedrentando y
amenazando a los inquilinos.

Los mecanismos activados desde la asociación Idas y Vueltas y el NEMMPO


(FHCE-UdelaR) permitió tomar contacto con la complejidad de la situación. Una
cantidad importante de estas pensiones que alojan inmigrantes, y población
nacional, funcionan al borde de la irregularidad, y cuando no de forma irregular.
Administrativos que se apropian de inmuebles abandonados, o con altas deudas,
hacen usufructo de estos mediante el alquiler de habitaciones compartidas o camas,
donde los precios son absurdamente elevados, donde la cantidad de personas
alojadas desborda las precarias instalaciones que casi nunca cumplen con alguna
normativa. El hacinamiento se traduce en cantidad de personas por habitación,
desbordando su capacidad, o en cantidad de personas que comparten una cama.
La cotidianeidad está condicionada, los espacios comunes dentro de estos recintos
se reducen a pasillos. Cualquier actividad social puede estar sancionada y limitada
por los que se dicen los administradores en un momento dado. La privacidad es un
lujo muy costoso y no está permitido recibir visitas. En este sentido es común ver en
zonas aledañas a las pensiones, o en las puertas de estas, así como en plazas
próximas un desarrollo de la cotidianidad que está prohibido en las pensiones a
pesar de los altos precios que se pagan por las piezas. El proceso de trabajo en
curso intenta comprender y relacionar cómo el desplazamiento a los espacios
públicos, donde nuevamente se dan episodios de tensión entre vecinos, puede estar
influenciado por el desplazamiento sufrido en los espacios privados que suponen el
desarrollo de actividades entendidas como no apropiadas y que responden a formas
de construir la cotidianeidad.

La situación de irregularidad en estos negocios, que se aprovechan de la situación


de los migrantes recién arribados, permite que proliferen otro tipo de negocios
ilícitos como la venta de droga, permite establecer construcciones criminalizadas
que por transitiva se proyectan sobre la población migrantes, que, como señala
Delgado, ya de por si son considerados peligrosos y vinculados a todo tipo de
actividades ilícitas y reprobables.

Los mecanismos de denuncia ante tales irregularidades son múltiples, pero pocos
efectivos y responden a la nebulosa normativa respecto a las pensiones. Sin contar
el desconocimiento de estos mecanismos, los cuales presuponen un conocimiento y
familiarización con las instituciones públicas previo.

A modo de cierre.

En este breve resumen se intentó mostrar algunas líneas de trabajo llevadas a cabo
desde el NEMMPO en conjunto con la asociación Idas y Vueltas. Una de ellas
refiere a la inserción y acercamiento al campo y que implica la conflictividad por la
del uso indebido de espacios públicos el cual nos remitió a pensar en el conflicto
referente al acceso a la vivienda y las pensiones como oferta predominante y el
desplazamiento de lo privado a lo público, así como el vínculo de la población
migrante con instituciones estatales. Todos estos puntos atravesados por
situaciones de racismo y vulneración sistemática de los derechos, ya sea por
negligencia como es el caso de las autoridades, o intencionado como el caso
referido a la oferta de las pensiones.
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