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Comentario a ¿"Etnicidad" contra "globalización"?

: una mirada antropológica de Juan


Carlos Gimeno Martín

Oscar Gracia Landaeta

El texto de Gimeno desarrolla básicamente una idea fundamental: la necesidad actual


de pensar la etnicidad no como un hecho esencial sino relacional. El carácter étnico de una
comunidad no puede entenderse como una “cosa” que responde invariablemente a una especie
de esencia inmutable. La cultura étnica, como conjunto de comportamientos, pautas,
relaciones, mentalidades, símbolos y recuerdos compartidos, se halla siempre en una conexión
dinámica y transformadora con el contexto en el que se desenvuelve. Esta relación de
transformación es, a su vez, un fenómeno decididamente dialéctico: la cultura étnica modifica
su contexto apropiándose de él en la vivencia tanto como el contexto redefine las pautas y
significados que caracterizan a la cultura en cuestión.

De acuerdo a la exposición de Gimeno, la propuesta que nosotros llamaríamos


“esencialista” coincidiría con la “perspectiva primordialista”, parcialmente criticada por el
autor al comienzo de su artículo. Por otro lado, la defensa de la identidad étnica como un asunto
determinado relacionalmente estaría en sintonía con la “perspectiva constructivista”, defendida
por Gimeno a lo largo del texto. Esta perspectiva, según el autor, “critica y aprovecha las dos
anteriores [primordialista y marxista]”, concibiendo la identidad “desde un acercamiento
interactivo, como una mezcla de significados planteados de manera simultánea por los distintos
actores en los sistemas sociales”. La ventaja de la visión constructivista es que incorpora como
elementos del análisis antropológico los procesos de resistencia, armonía, reinvención y
actualización a los que la cultura se ve sometida en virtud de su contacto continuo con las
fuerzas que la rodean. Tal postura sería esencial, de acuerdo al planteamiento de Gimeno, a la
hora de pensar las identidades culturales en el ámbito global.

Ahora bien, si la relación principal de una cultura étnica es la que se suscita en el


contacto con su medio, es evidente que la atmósfera característica de la actualidad es aquella
definida por la globalización. Sin embargo, el autor advierte que a propósito de la definición
de este fenómeno también existe una problematicidad significativa que debe ser atendida. La
globalización, nos dirá Gimeno, no debe ser pensada solo desde lo factual, esto es, como un
conjunto de procesos materiales, económicos, sociales o informacionales. La globalización
tiene una esfera ideológica y discursiva en virtud de la cual define el lenguaje y los conceptos
esenciales a partir de los cuales los actores comprenden la realidad. Así, pensar la globalización
es pensar no únicamente los sucesos de un mundo determinado por el flujo económico y
humano, sino también las formas en que los actores conciben, reflexionan y conocen los hechos
de tal mundo a partir de una determinada mentalidad.

La definición ampliada de estos dos conceptos permite al autor empezar a delinear los
elementos fundamentales de su tesis acerca de las “identidades globales”. El proceso actual de
reafirmación de identidades étnicas locales debe ser entendido desde el contexto más amplio
tanto de fenómenos materiales tendientes a la globalización como de mentalidades a partir de
las cuales tal globalización es representada. Así, las formas actuales de replantear la identidad
colectiva no pueden ser escindidas de, por ejemplo, su constitución en tanto banderas anti-
globalizantes. Pero el carácter dialectico de este modo “global” en que se definen las
identidades locales no se restringe a un aspecto tan superficial. Cuando, aterrizando su reflexión
en experiencias concretas, Gimeno nos dique que “…la rebelión del EZLN en Chiapas no
puede entenderse al margen de la emergencia de este nuevo lenguaje que se expresa en la
necesaria búsqueda de un mundo mejor para todos/as sin exclusión”, en realidad se está
planteando una dialéctica significativamente más profunda. Al margen de que la eclosión de
identidades locales en la actualidad sea un hecho definido por la globalización en términos de
acción y reacción, el propio marco de conceptos a partir del cual se piensa la “justicia” de la
autodeterminación local está definida por una mentalidad dispuesta por el proceso de
“globalización”. A tal profundidad se extiende el mutuo condicionamiento entre etnicidad y
globalización que el autor cifra en el concepto de “identidades globales”.

Por supuesto, Gimeno tiene el cuidado de observar que tal definición dialéctica de la
etnicidad no es meramente un factor de nuestra época, sino una constante que debe ser
introducida como elemento metodológico en la reflexión antropológica. La identidad del
movimiento indígena de Chiapas no adquiere un carácter relacional y dinámico únicamente
frente a la globalización; su historia de relaciones con la colonia y el Estado republicano está
marcada por el mismo principio. Incorporar tal perspectiva a la reflexión cultural permite ganar
espacio para una apreciación compleja de los elementos que definen la etnicidad.

En líneas generales, el concepto de las “identidades globales” de Gimeno permite una


comprensión integral y compleja de la dinamicidad constructiva que caracteriza la elaboración
de la identidad cultural en las condiciones del mundo actual. Con la reflexión del autor se
desarrolla una visión extensa acerca de aquello que delimita la constitución identitaria de lo
local a partir de los procesos de un contexto global en constante flujo.