Anda di halaman 1dari 36

Presentación

Ing. Carlos Lozano de La Torre


Gobernador Constitucional del Estado de Aguascalientes

En 1914, a lo largo de cuarenta días, Aguascalientes fue sede


de la Soberana Convención Revolucionaria, uno de los suce-
sos más significativos de la Revolución mexicana. En nuestro
histórico Teatro Morelos se reunieron representantes villistas,
carrancistas y zapatistas con el fin de lograr acuerdos funda-
mentales para resolver los problemas que aquejaban al país.
Durante los meses de octubre y noviembre reinó la vo-
luntad de diálogo y entendimiento entre las distintas fuerzas
que, acogidas por un Estado neutral, dejaron las armas a pesar
de sus grandes diferencias. Por supuesto hubo graves des-
acuerdos, pero también brillantes y valiosas ideas.
Esta historieta que tienes en tus manos es una invitación
del Gobierno del Estado de Aguascalientes a formar parte
de la conmemoración del Centenario de la Soberana Con-
vención Revolucionaria de Aguascalientes. Recordemos este
acontecimiento que, sin duda, dejó una profunda huella y sen-
tó las bases para definir el rumbo de las leyes que finalmente
quedaron plasmadas en la Constitución Política de 1917.
Guión: Gustavo vázquez lozano
Ilustraciones: Rocko

AGUASCALIENTES,
1914. EN MEDIO DE
LA NOCHE OTOÑAL,
UN TREN rasga
EL SILENCIO QUE
COMO UN MAL
PRESAGIO ENVUELVE
LA HACIENDA DE
PEÑUELAS, EN EL
CENTRO DE MÉXICO.
r!

i i i
¡C h iii
r!

i i i i
¡ C h i i
A bordo dormitan los pasa- De repente, un enjambre de dispa-
jeros que llegan de la ciudad ros agujerea la noche mexicana.
de México. El ronquido de los El tren lucha escandalosamente
hombres disimula el afligido so- por detenerse.
llozo de infantes y de madres
desveladas que buscan algo de
comer en sus canastas.

Duérmete mi
niñoooo, que
cuando despiertes te
daré atolit00o…

Las ruedas de la locomotora pro- Los vagones


ducen un crujido insoportable. A son abordados
la primera sorpresa sigue el páni- por hombres
co. Los disparos tejen una red de armados que se
muerte alrededor de los vagones. asoman a los
¿Bandidos quizá? ¿Revoluciona- compartimien-
rios? ¿O ambas cosas? tos con ojos
de coyote.
Algunos temen
lo peor.

Unos cuantos hombres


descienden y se arrodi-
¿Cuántos militares llan en fila sobre la
hay en este
tren? ¡Todos los
yerba seca, a unos pasos
militares, abajo! de la vía.

¡mamá, van a matar a


los señores!

2
De pronto, aparece el hombre al A cinco leguas de ahí, amanece en la
mando de aquella partida militar. apacible ciudad de Aguascalientes.
Los campos del norte y del sur de
México se tiñen de rojo, pero aquí
parece que ni Dios ni el diablo se
acuerdan de esta antigua villa. Aquí
la Revolución es un rumor de pól-
vora y caballos que llega de lejos.

No teman, señores
pasajeros. Somos gente
de mi general Pánfilo Natera y
es nuestro deber garantizar la
neutralidad de Aguascalientes.
Queríamos asegurarnos de que este
tren no transporta a un ejército.

El tren de Peñuelas hace por


fin su arribo a la estación,
que borbotea como un hor-
miguero.

De toda la república
llegan convoyes con
representantes de los
diferentes bandos en
armas, y la adormila-
da ciudad se despierta
con una noticia que
le produce una mezcla
de codicia y aflicción:
¡Aguascalientes ha sido
elegida como sede de
la Convención Revo-
lucionaria!

¡Extra!
¡Los principales
caudillos dialogarán
en Aguascalientes!
¡Extra!

3
En las calles, los dueños de los el gobernador alberto
albergues trabajan afanosamen- fuentes comparte las
te. El hotel Bellina ya tiene todos inquietudes de la gente.
sus cuartos llenos, lo mismo que
el París, todavía a medio terminar. No temo por la llegada
de los delegados, sino que
éstos lleguen acompañados
de sus escoltas. La situación
será muy volátil.
¡Esto es una locura!
¡La ciudad apenas
tiene albergue
suficiente para unas
200 personas, y la
Convención atraerá
a miles!

Los cuartos de al-


quiler se agotan en
un instante. Los me-
sones se convierten
en cuarteles. Muchas
familias pudientes
ofrecen alojamien-
to, no sin nervio- Algunos militares, los
sismo, a algunos de menor rango, no es-
delegados en espera peran invitación.
de comprar cierta
protección. Donde ¿Hay lugar para
cuatro almas
hay muchachas, sus hambrientas?
padres las envían
apresuradamente Madrecita,
¡prepáranos algo,
fuera de la ciudad. que nos morimos de


hambre!
Los otros tesoros fami-
liares -pesos fuertes,   al-
>

hajas  de  la época de Juá-


rez, monedas de plata  y
oro-, los pacíficos habi-
tantes de Aguascalientes
los ocultan debajo del
horno...

ı ı ı ı ı ı
ı
ı
ss !
a
ı

a
¡pa
ı
ı ı
ı

ı ı ı ı ı

...o escarban alrede-


dor de la tierra para
que un señorial mez-
quite los defienda
con su puño de raíces.
4
A menos de dos días
de camino, en Guada-
lupe, Zacatecas, el te- ¿Qué dicen,
muchachos?
¡A darles! ¡A
no dejar ni un
mible ejército villista federal vivo!
aguarda ansiosamen-
te, detenido su avance
hacia el sur. Los sol-
dados tienen de 12 a
50 años. Hay músicos,
mujeres que marchan
por delante y perio-
distas. Es una masa
agitada, enardecida,
impaciente por entrar
en combate.

En el centro del país,


Venustiano Carranza di-
rige con brazo fuerte su
ejército Constituciona-
lista. Eso, y su inalterable
convicción de que nadie
debe poner su autoridad
en entredicho. El cho-
que de los ejércitos -y
la masacre de miles de
combatientes- parece in-
minente.
Señores,
quemaron mi casa
y me robaron. ¡No
tengo ni para darle
de comer a mis hijos!

En el sur, una tercera fuerza mucho


más radical observa el país en peli-
gro de sumirse en la anarquía. Los
zapatistas son pobres, indígenas en
su mayoría, dispuestos a hacer cum-
plir sus demandas de tierra y libertad
o morir peleando.

5
La Convención de Aguascalientes es un armisticio temporal entre las facciones que
suspende las hostilidades y el movimiento de tropas. Todo el país está expectante.
¿Se pondrán de acuerdo o será el inicio de una nueva y más sangrienta guerra?

Es la gran esperanza
¡Todavía no empezamos
para el país, licenciado.
y las calles ya son un basurero!
Éste será el Mire, allá va el general Felipe Ángeles,
primer debate real aquel señor con bombín. Ahí como lo Oiga, pero eso de
de ideas desde Sin duda alguna,
ve, tranquilo y sonriente, atrás de él tener que decidir el
que empezó la don Antonio. De
hay 50 mil fusiles de la División futuro de la nación
Revolución. aquí deben salir
del Norte. como que da hambre,
programas y leyes
¿no cree? ¡Mire
revolucionarias.
aquella fonda!

Pero...

Pa' servir a ustedes,

o a rrr
caballeros. Caldo
de cerdo con chile y r
rrr
tortillas. ¡Dos pesos

roa
por cabeza!

¿Qué demonios... ?

6
brr
b rrr

¿Esto no viola la
neutralidad?

¡Debe hacerse todo


lo posible por evitar
otra revolución!
Lo mejor es no preocuparse
de más, general. Ya de por sí
es un milagro que villistas
y carrancistas no se hayan
matado en la calle. Hay
rumores que me inquietan
mucho. Espero que sólo sean
eso: rumores.

Mientras, en las afueras de la ciudad...

Espere instrucciones y no cuestione. ¿Entonces, mi coronel?


La decisión se tomará a su debido
tiempo. ¡Que no le tiemble la mano!

7
El 10 de octubre, a las diez de la mañana, Aguascalientes es el cen-
tro militar, político y nervioso de toda la nación. Las esperanzas de
encontrar una vía pacífica a la Revolución, que se desgarra a sí mis-
ma, dependen de lo que aquí se acuerde. Afuera del Teatro Morelos
se monta una guardia para controlar el acceso.

Los pisos superiores se abren al pú-


blico y son rápidamente ocupados
por algunos curiosos, pero sobre
todo periodistas y civiles que, no-
tablemente, no han sido invitados
al debate.

Si empiezan a
volar las balas,
¡agache la cabeza,
Demetrio!

Todo está listo para


dar inicio a la Con-
vención Militar de
Aguascalientes. Los
grandes caudillos
están ausentes. Sus
generales más pru-
dentes, hombres
como Felipe Ángeles,
Antonio Villarreal,
José Robles y Pán-
filo Natera, tienen
una misión: pasar de
las balas a las pro-
puestas. Salvar la
Revolución.

lejos de ahí...
¡La Revolución no se hizo
para poner un hombre al mando,.
La Revolución se hizo para acabar el
¡Yo no con-
hambre, sobre todo la de los pueblos
fío en el
viejo barbas del sur!
¡Ese bandido Vi-
de chivo!
lla quiere arra-
sar la ciudad de
México!

Francisco Villa... Venustiano Carranza... Emiliano Zapata...


8
A las tres de la tarde, en
un abarrotado Teatro
Morelos, dan inicio los tan
esperados trabajos de la
asamblea militar. Ahí están
representadas las dos fuerzas
más numerosas: villistas y
constitucionalistas. En total
115 jefes militares. De los
debates está pendiente la
república entera.
Los trabajos comienzan des-
ordenadamente. Lo primero
¿Cómo se atreve?
que hacen los convencionis- ¡Yo estoy con la
tas es asegurarse de que no Revolución desde que
se levantó el señor
haya “colados”. Madero! ¡Le exijo que
retracte sus palabras!

¡A mí me manda el
general Hill! Aquí tengo
su firma. ¡En cambio a aquel
señor nadie lo conoce,
excepto como salteador
de comercios en Puebla!

Ante la imposibilidad de con-


tinuar debido al barullo, el
presidente de la asamblea,
Antonio Villarreal, ordena
que se eche fuera a la gente
de los pisos superiores.

pero algunos...

No se preocupe, licenciado.
Ahorita nos metemos por la
parte de atrás. Uno de los
tramoyas es amigo mío.

10
La Convención pronto demuestra
que busca grandes cosas y que no
se inclinará ante nadie. El gene-
ral Álvaro Obregón, de 34 años,
propone que al frente se colo-
que una bandera, que rápidamen-
te se planta en el escenario.

Vito Alessio Robles, uno de los


militares más sensatos, pide un
acto de justicia elemental.

¡Pido que se pongan en


libertad a los presos
políticos y que se envíen,
con esta orden, telegramas
a Villa, Carranza y ¡El general
Maytorena! Villa no tiene
prisioneros de
guerra! ¡Allá
respiramos
libertad, señor!

¡Y yo pido que esta


asamblea nombre
un consejo de
guerra, que capture
a los enemigos de
la Revolución y que
sean decapitados!

La propuesta del general Obregón es


recibida con una ovación. El sonorense
representa, junto con otros como Vi-
llarreal, Eduardo Hay y Aguirre Benavi-
des, el grupo independiente que busca
con ansias la pacificación de México.

¡Viva!

¡Muerte a los
traidores!
¡Viva!

¡Sí! ¡Muerte a los


traidores!

11
Sin embargo, la Convención todavía no se siente completa. Es
como una rueda a la que falta uno de sus ejes.

Caballeros, ¿no vamos a


extender una invitación a los
zapatistas? Nosotros los de
la División del Norte estamos
en posibilidad de hacer una
completa paz en el país porque
estamos solidarizados con
Zapata.

Nosotros invitamos a
todos los elementos
revolucionarios del país.
Salieron cartas para Sonora
y para Morelos.

Señores, por
justicia, yo
propongo ceder la
palabra a uno de
cada fuerza militar
a la vez.

Con paso solemne y teatral se


adelanta david Berlanga, el re-
presentante de Aguascalientes;
gran orador, personaje con-
trovertido que ha hecho cerrar
los templos y quemar confesio-
narios en la vía pública. La Con-
vención comienza a adquirir su
cariz ideológico.
12
En los momentos actuales es un crimen ser
hipócrita. No venimos a discutir si Carranza
debe ser presidente. Venimos a hacer un
programa de gobierno y queremos la paz. El espíritu independiente
¡Queremos justicia! Y sépanlo bien: no le y exaltado de los dele-
tenemos miedo a ninguna de las divisiones.
gados queda de mani-
fiesto a los pocos días.
El 14 de octubre el se-
cretario de la asamblea
recibe una solicitud que
cambiará el rumbo de la
historia.

Señores delegados,
tenemos una propuesta.
Dice: “Propongo que
esta asamblea se declare
convención y que ésta sea
soberana”.

La reacción es unánime.
En el Teatro Morelos hay
un prolongado aplauso.

p!
¡cl a
¡La convención... soberana!

p!
Con esto creo que hemos

¡cl a
logrado, o cuando menos hemos
hecho un sincero esfuerzo por
unificar al país. ¡Lástima que haya
algunos generales a quienes

p!
no les importa!

¡cl a p!
¡cl a
¡Aprobada!

¡Voto por
ello!

13
No se equivoca Eulalio Gu- Anda, déjame sacar
tiérrez, un hombre apacible un cantarito de tu
pozo, mi alma. Te
y honesto al que todos digo que yo soy
íntimo de mi general
estiman. En ese momento, Villa.
algunos convencionistas
hacen esfuerzos de uni-
ficación de otro tipo en
Aguascalientes.

Otros juegan al tiro al


blanco con el alumbra-
do público o hacen bai-
lar el can-can a quien
no acepte dar vivas a
Villa o a Carranza.

¡que bonito truenan!

Al declararse soberana, la
Convención se había consti-
tuido como poder inapelable
de la república. A nadie de-
bía obedecer, sólo a sí mis-
ma. Ahora hay una posibilidad
real de hacer que cesen las ¡Esto es algo histórico! En el
extranjero se duda de que los
hostilidades. mexicanos podemos vivir como
hombres cultos. Con este acto, el
mundo sabrá que sabemos ser libres
por medio de la paz. ¡Abracémonos
todos!

14
Por un momento, el desgarrado país mexicano, divi-
dido en ejércitos cegados que han perdido toda es-
peranza, encuentra nuevamente el camino y declara,
desde Aguascalientes, que ha llegado el tiempo de Uno a uno, los represen-
que la razón se imponga a los fusiles. tantes de las facciones
armadas pasan a firmar la
bandera que Obregón ha
hecho traer desde la ciu-
dad de México.
Ante esta bandera,
por mi honor de
ciudadano armado,
protesto cumplir
las decisiones de
esta asamblea.

Pero aún no están completos.


Ausente está una parte del país
compuesta por campesinos que
reclaman sus tierras... y justicia: Señores, vamos a decir
a Zapata: Redentor
los zapatistas. los hacendados de los labriegos, ven
tienen su solución muy personal. aquí, hermano, que
hay muchos brazos que
quieren abrazar a los
Si esa gente quiere tuyos.
sembrar, ¡que siembren
en una maceta! No les
devolveremos las tierras;
ni siquiera las montañas.

Los de la División
del Norte apoyamos
esta moción. Sé que
si logramos traer
a Zapata, habremos
hecho una gran obra
por la paz de México.

Así, al día siguiente, el general Felipe Án-


geles parte hacia el estado de Morelos
en busca del escurridizo Zapata. ¿Acep-
tará el líder del ejército del sur enviar
representantes a la convención o segui-
rá en el camino de las armas? 15
mientras en aguascalientes, Declarada
soberana, la Convención comienza a
atender las necesidades más urgentes.
El 17 de octubre
aparece en la
ciudad un distin-
Que se comunique a toda guido huésped.
la república que cesen las Viene a firmar
hostilidades, que se retire la
censura del telégrafo, que se la bandera de
reanude el tráfico de carga
y de pasajeros con todas las
la Convención.
garantías. Muchos temen,
¡Seamos los perros que
pero el Centau-
velemos por quienes han ro del Norte
muerto por la Revolución!
respeta a Aguas-
calientes igual
que a una dama
asustada.

En la ciudad de México, el primer


Jefe no está contento.

¿Con qué derecho se han


nombrado Convención
Soberana? ¿Por qué
nadie me informa lo
que están acordando?
¡Reaccionarios!

Días después, en las montañas de Morelos,


el intrépido general Ángeles y sus acom-
pañantes obtienen permiso para entrar a
territorio del Caudillo del Sur.

El general Zapata
los verá esta noche.
¡Adelante! Arriba los
esperan.

16
El 27 de octubre... ¡ellos llegan! Los misteriosos
hombres del sur, emanados de las montañas de
Morelos, descienden a la Convención. En medio de
aplausos, la comisión zapatista hace su entrada al
teatro y, de esa forma, la corriente ideológica más
avanzada se une a la asamblea. El espíritu de unión
nacional estremece a todos. La Convención es ahora
la institución más autorizada de la Revolución
Mexicana... ¿o son las facciones trenes que se
aproximan a gran velocidad?
La comisión zapatista está formada por Pau-
lino Martínez, periodista opositor a Porfirio
Díaz; Antonio Díaz Soto y Gama, orador in-
cendiario, y otros intelectuales que no han El jefe de la comisión del sur, Pau-
participado en actos de armas. lino Martínez, explica el programa
social de los zapatistas.

... un hogar para cada


familia, una torta de pan
para cada desheredado, una
luz para cada persona en
las escuelas-granja que
establezca la Revolución...

Y lo más importante:
¡Tierra para todos! Y en esto
no vamos a transigir, porque
la extensión de México es
suficiente para sustentar
cómodamente a cien millones
de habitantes.

l a p!
¡c
p!
¡cl a

La primera intervención de los zapatistas es


una victoria tajante. Todos los delegados,
sin distinción de corrientes, aplauden fer-
vientemente, al sentir que ahora hay un es-
píritu que los hermana.

18
Pero la traición revolotea sobre la Convención.
Los delegados vitorean a don Paulino sin saber lo
que se conjura en ese instante, la guardia militar
del teatro, con dedos nerviosos, estrangula sus fu-
siles en espera de una orden.

A unas cuadras del recinto, el jefe


de la escolta, con el rostro hecho
pedernal, escucha la increíble orden
de un siniestro personaje.

casi todos están


armados, así que
mátelos en caliente.
Y si no se ponen de Derribe la puerta en
acuerdo, irrumpa cuanto escuche el
en el teatro y primer disparo. Esa es su
liquide a todos los señal. ¿Entiende?
convencionistas. ¡No
deje ni uno vivo!
¿Comprende lo que le
digo?
Sí.

Sí jefe.

19
Ajenos a la grave amenza que se cier-
ne sobre ellos, los delegados piden la
presencia de Antonio Díaz Soto y Gama,
conocido por sus dotes histriónicas.

¡Que hable Soto y Gama!


¡Sí, sí! ¡Que hable!

p! p! p!
El representante de las ¡cl a ¡cl a ¡cl a
ideas Zapatistas sube al
escenario en medio de
la expectación gene-
ral. Su cuerpo tiembla
de la emoción.
¡Viva Zapata!

¡La revolución del


sur no cesará si los
hombres del norte de
raza blanca, muchos
de ellos incapaces de
sentir, no quieren
Entonces, el aguerrido
advertir los anhelos orador posa su mirada
del pueblo indígena!
en la bandera de México
que, como centinela,
atestigua cada palabra
y resguarda celosa las
firmas de los conven-
cionistas, incluída la de
Francisco Villa.

20
Con un rápido movimiento, Soto y Gama engancha
la bandera con los dedos y la zarandea como a
una mujer maltratada.

Yo nunca firmaré esta


bandera que ondea en
los edificios suntuosos
Más de 200 pis-
de la tiranía. ¡Vale más tolas salen de sus
la palabra de honor
que la firma estampada
fundas y apuntan
en este trapo! al pecho de Soto y
Gama, cuya figura
digna, inconmovi-
ble, soporta como
un titán las rechi-
flas y el rugido
del público.

¡SinvergÜenza! ¡Voy a matarlo!

¡Calma, señores,
calma!

Afuera del teatro, la guardia mi-


litar, lista para cumplir la orden,
aprieta con fuerza sus fusiles y
tensa los músculos. El sudor des-
ciende por sus rostros de cobre
en espera de la señal convenida.
El futuro del país pende de un
hilo de araña.

i c k
!

¡cl 21
Desesperado, el presidente de la Convención
trata de evitar la catástrofe.

¡Señores, déjenlo Paulino Martínez exige como


hablar! ¡Abajo las condición que la Convención
armas! La guerra está
a sólo un disparo de adopte el Plan de Ayala: reparto
distancia. de tierras ya. Los villistas secun-
dan la propuesta.

La División del Norte


acepta. Los ideales
de Zapata no son del
norte ni del sur. ¡Son de
la nación entera!

Poco a poco, el sol


parece salir sobre la
Convención y alumbra
la ruta de navegación
de aquella histórica
asamblea.

Deseamos ardientemente
la unificación de todas
las fuerzas armadas
para ponernos de
acuerdo en una forma
de gobierno.
Una revolución consta
de dos partes: guerra
civil y gobierno
revolucionario.
Estamos a punto de
que termine la guerra
para pasar al gobierno
revolucionario.

Seremos como las


abejas, que encuentran
un jazmín y extraen
la miel. Sacaremos lo
más valioso de cada
postura.

Roque gonzález garza

carlos prieto

elfego chargoy
22
El siguiente paso de la Conven-
ción es pedir la renuncia de los
caudillos que al mando de sus
poderosos ejércitos tienen di-
vidido al país en facciones anta-
gónicas: Villa y Carranza.

Carranza fue inflexible.

¿Renunciar? ¡De
acuerdo! Pero que
primero Francisco Villa
entregue el mando de
la División del Norte.

El asunto de las renuncias desencade-


na un gran tumulto en el teatro. To-
dos quieren hablar al mismo tiempo.
Sólo unos cuantos se acuerdan de lo
esencial.

¡Señores! ¡Mientras
nosotros nos damos de
sombrerazos, nuestros
Villa recomienda una solución hermanos continúan
matándose!
más definitiva.

>

¡A ver, don Luis,


escríbale! Yo propongo
que nos fusilen a mí y al
barbas de chivo juntos.

23
Luego de muchas protestas, rechiflas
y una batalla verbal digna de un mer-
cadillo, la Convención desconoce a
Venustiano Carranza y procede a nom-
brar un nuevo presidente provisional.
La noticia sale a la calle, a los
platicaderos de la plaza, a la esta-
ción del ferrocarril y a la oficina
de telégrafos. De ahí, al resto del
país. La expectación es enorme.

¡De ahí adentro va


a salir el nuevo Con que no sea ese
presidente de México, Pancho Villa que roba
doña Paz! mujeres, todo está
bueno.

Como una visita indeseable que llega a la media


noche, el ejército villista se apropia de los alre-
dedores de la ciudad. El Cerrito de la Cruz, ocasión
de paseos familiares, se cubre de un ejército de
“dorados” que dicen venir en busca de alimentos.

en el interior del Teatro Morelos,


los delegados deliberan toda la
noche. Los candidatos más fuer-
tes son Antonio Villarreal, Juan
Cabral y Eulalio Gutiérrez. En la
¿Y los cañones también
tendrán hambre? primeras horas de la mañana, la
Convención anuncia al legítimo
presidente de México.

24
p !
¡cl a p !
¡cl a

p !
¡cl a

p !
¡cl a
Como un nuevo sol que aparece con
la mañana de noviembre entrante,
la Convención de Aguascalientes
presenta a Eulalio Gutiérrez como
presidente provisional del país.
Contra la visión pesimista de muchos,
los revolucionarios de todas las
corrientes aceptan a aquel hombre
modesto, simpático e insobornable
que es el general Gutiérrez.
Aguascalientes se des-
pierta con el alegre
batir de las campanas

!
ii

iii
ii
de la catedral y del

¡ p u ii
templo de San Diego.
En la estación del
tren pitan los silba-
tos de las locomo-
toras.

Adentro del teatro hay euforia que


bordea en el melodrama. Los conven-
cionistas se abrazan, algunos con lá-
grimas en los ojos.

Toda la noche hay


fiesta en la ciudad
de los manantiales. ¡Eso queríamos los
A cada momento zapatistas! ¡Legalidad!

se escuchan dispa-
ros que no tienen
otra intención que
celebrar. La gente
festeja en la plaza
y algunos improvi-
san discursos bajo
la mirada escéptica
de Juárez.
¡Viva Villa!

¡Viva Zapata!

JUÁREZ

Pero en los albergues de la ciudad, algunos


carrancistas liquidan su cuenta esa misma
noche. En el hotel Washington se despide de
Aguascalientes un ilustre personaje.

¿Pero cómo, general?


¿Se retira ya?

Y a la mañana siguiente, se mueve len-


ta pero decididamente la División del
Norte hacia la capital del país.

26
El 6 de noviembre, Eulalio Gutiérrez
protesta como presidente interino. Casi
nadie se da cuenta que algunos asientos
están vacíos. Hace unos días no cabía ni
un alfiler. Afuera del teatro, una ban-
da de guerra toca el himno
nacional con más ganas que
oficio.

Señor Gutiérrez, haga


justicia al indio, al
propietario de la tierra
que lleva a sus espaldas
siglos de esclavitud...

¿Protesta usted, por su


honor de ciudadano
armado y como
presidente provisional
de la República, cumplir
y hacer cumplir las
decisiones de esta
Convención?

Sí, protesto.

27
Pasadas las formalidades, días después se proyecta un
documental sobre las hazañas de la Revolución. Para
muchos de los ahí presentes, es la primera función de
cine en sus vidas. Los ánimos se exaltan cuando apa- ¡muérete!
rece el viejo carranza.

Mientras el proyector calienta la sala con sus tre-


pidaciones, los convencionistas ven desfilar sobre la
blanca tela al general Villa, al apóstol Madero y,
con sospechosa frecuencia, al Primer Jefe Carranza
en su brioso corcel.

de pronto...

¡Mueran los
carranclanes!

28
Atrás de la delgada pantalla, el “atentado”
contra el jefe del Constitucionalismo casi le
cuesta la vida a algunos villistas que no en-
contraron lugar en el teatro. En la ciudad de México, los diplo-
máticos extranjeros no profesan
mucha fe en los convencionistas.

¡La Convención de
Aguascalientes parece
el congreso de
orangutanes de “El
libro de la selva”! ¡A
cada rato sacan los
revólveres!

¡Hijos de...!

Por la tarde, las conversaciones son súbi-


tamente interrumpidas por una mujer que
logra burlar a la vigilancia. Su presencia en
aquel recinto lleno de militares enardece a ¡Saquen a esa mujer!
¿Qué hace aquí?
zapatistas, villistas y carrancistas por igual.

Paz,
¡regrese!

ra!
ue era
¡fu !
¡f

le esa vie
¿Y el pueblo qué?

e cal
¡Pido la palabra!
s ja!
ue
q
¡

paz es arrojada a la calle...


29
Siguieron cinco años de guerra en México...

Los cañones de Villa y los máuse-


res de Zapata instalaron a Eulalio
Gutiérrez en el Palacio Nacional,
pero...

...sólo para ver pasar ante sus


ojos, impotente, la ejecución de
don Paulino, de David Berlanga y
de otros convencionistas cuyas
opiniones habían incomodado a
algún caudillo.

Y cuando estuvo claro que los revolu-


cionarios preferían hacer declaraciones
con balas y no con ideas, los fantasmas
de más de un millón de mexicanos pron-
to empezarían a espantar en cañadas,
cerros y llanos, entre el olor a humo
y pólvora.

mis hijos,
¿dónde están?

30
epílogo
Aguascalientes, julio de 1915. La ciu-
dad que ha visto a los ejércitos del
Norte avanzar como una feroz ma-
rea, se despierta con el triste ruido
de una marcha.

Es el sonido de un río de caballos


que avanza por la calle del Obra-
dor, una partida de hombres frac-
turados, de mirar melancólico.

Son los restos de la poderosa Divi-


sión del Norte, el ejército villista
que hace apenas unos meses cruzaba
en dirección opuesta hacia la capital
del país, desafiante, imparable.

¡Mamá, mira,
el cuaco!
Niño, no mires al
señor

¡Mamá, tiene
sangre!

31
Las puertas del Teatro
Morelos otra vez es-
tán cerradas. Su inte-
rior quedó abandona-
do. Acaso nada más se
pasean los ecos de 200
voces...
...y de los gritos, de los
convencionistas, algu-
nos ya muertos; otros
regados en el país.

En los talleres del ferrocarril


se eleva una montaña de fie-
rros retorcidos, incluso instru-
mentos musicales que hace poco
llenaban el aire con nostálgicas
notas: Alejandra, La Adelita, Va-
lentina

Minutos más tarde, cru-


za por ahí un pesado
tren cargado de villis-
tas aniquilados, satu-
rado de gemidos.

Y el sol de verano incendia las


casas de Aguascalientes y esti-
ra las sombras en la Avenida de
la Convención, a la que la gente
quiso mejor bautizar como “Ca-
lle de las Lágrimas”.

Lágrimas que, no obstante, lograron fecundar la


tierra mexicana. El futuro, a fin de cuentas reco-
gería las ideas de la Convención de Aguascalientes.

32 fin
Ing. Carlos Lozano de la Torre
Gobernador Constitucional del Estado de Aguascalientes

Instituto Cultural de Aguascalientes


Lic. Dulce María Rivas Godoy
Directora General
Mtro. Luis Raúl González de Luna
Director de Administración
Mtra. Patricia Guajardo Garza
Directora Editorial y de Bibliotecas Públicas

Primera edición 2014


D.R. © Gobierno del Estado de Aguascalientes
Instituto Cultural de Aguascalientes
Venustiano Carranza 101
Zona Centro
20000 Aguascalientes, Ags.
editorial@aguascalientes.gob.mx

Edición y coordinación: Patricia Guajardo

Guión: Gustavo Vázquez Lozano

Ilustraciones:

Revisión de contenidos: Luciano Ramírez Hurtado

Diseño y formación: Araceli Suárez Aroche

ISBN: 978-607-7585-88-6

Impreso y hecho en México


el gobierno del estado de
aguascalientes, a través del
instituto cultural, trae al
presente los impactantes
sucesos de La
convención de aguascalientes
de 1914.

Centenario de la Soberana
Convención Revolucionaria
De las Armas a las Normas
1914-2014