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La crítica de W. M.

Wundt a la ‘psicología de las facultades’ (Vermögenspsychologie)


y su doctrina de la voluntad: la semilla de un olvido progresivo.

Cristián Rodríguez Rodríguez1


Profesor Investigador Escuela de Psicología
Universidad de los Andes

La voluntad libre ha sido uno de los objetos de estudio más elusivos para las ciencias sociales,
desafiando permanente sus propias pretensiones científicas con las que se conciben a sí
mismas. Wilhelm Wundt (1832 – 1920), uno de los founding fathers de la psicología de
acuerdo al mito fundacional, es probablemente el primero en articularla como institución
científico–académica como también en pensar un proyecto completo de psicología, en
diálogo con la tradición, los avances científicos de su época y sus problemas epistemológicos.
Wundt llamó a su propio sistema una ‘psicología voluntarista’ por la centralidad sistemática
de estos procesos dentro de la complexión del sujeto. Específicamente, en esta ponencia se
intenta reconstruir, desde sus textos centrales (el manual Grundzüge der physiologischen
Psychologie y el Grundriss der Psychologie) la crítica que hace Wundt a la psicología de las
facultades (Vermögenspsychologie) dominante en las psicologías filosóficas anteriores al
siglo XIX, y ponerla en tensión con su doctrina sobre los procesos voluntarios. Se propone
la hipótesis de que esta tensión no permite generar una teoría consistente de la voluntad, lo
que generaría un corte teórico–institucional radical para el despliegue histórico de la
psicología que ha decidido paulatinamente expatriar los procesos voluntarios como parte de
su objeto adecuado de estudio científico.

Palabras clave: historia de la psicología, Wundt, doctrina de las facultades, voluntad.

Esta ponencia intenta ser una acotada y breve contribución a la historia conceptual de la
psicología, esto es, la historia de los conceptos psicológicos, asumiendo que esta historia va
intrínsecamente vinculada a todas las prácticas que tales conceptos traerán consigo
(Danziger, 1990). Todo concepto psicológico agrupa, interpreta y sintetiza un ámbito de la
experiencia humana, de acuerdo a reglas – usualmente implícitas –de un paradigma
psicológico, anterior al concepto pero al mismo tiempo dependiente de él. El solo concepto
encierra en sí una riqueza histórica que sólo puede ser revelada en el análisis crítico de las
condiciones en las que fue acuñado (Kuhn, 1986; Danziger, 1999; Artigas, 2006; MacIntyre,
2006). En particular, quiero centrarme en el concepto de voluntad, siempre un tema elusivo
para el desarrollo científico de la psicología. “La ciencia – afirma José Antonio Marina – ha
sustituido la voluntad por un sistema determinista para poder así estudiar la conducta
científicamente, lo que me recuerda el comportamiento de aquel borracho que perdió una

1 Licenciado en Psicología (2008) y en Filosofía (2010) en la Pontificia Universidad Católica de Chile. Pasantías de estudio en Leipzig
(2006) y en Heidelberg (2008). Becario del DAAD (Deutscher Akademischer Austauschdienst) y del Ministerio de Educación de Baden–
Württemberg. Áreas de interés: filosofía e historia de la psicología, psicología filosófica medieval y moderna, antropología filosófica, ética
general y aplicada. Miembro del Comité Editorial de Methodus – International Journal for Modern Philosophy. Ex – Director del Instituto
de Estudios de la Sociedad (2009 – 2011)
moneda en la oscuridad de un callejón, pero fue a buscarla debajo de un farol porque allí
había más luz” (Marina, 1997, p.16). Los manuales de psicología no tienen capítulos
dedicados a la voluntad; hablar de niveles de “fuerza de voluntad” o de distintos tipos de
“actos de la voluntad” parece sacado de una reflexión espiritual o moralizante antes que
científica; en general, a los psicólogos nos suele resultar más fácil afirmar que alguien tuvo
un alto grado de motivación para hacer algo que sencillamente decir que quiso hacerlo.
Leemos en la Enciclopedia Columbia: “La psicología moderna ha tendido a considerar el
concepto de voluntad como un principio no científico. Los problemas involucrados en tratar
con ella están ampliamente absorbidos en otras áreas de investigación, tales como la
psicología del ajuste (adjustment), el estudio de la motivación inconsciente, el concepto de
atención y la influencia del equilibrio endocrinológico.” (Columbia Electronic
Encyclopaedia, 2011). Al parecer, para la psicología científico – experimental la voluntad es
un “no–problema”, esto es, un cierto ámbito de realidad que escapa a lo que las matrices
conceptuales de los diversos paradigmas podrían problematizar, y por tanto, resolver.

Sin embargo, esto no siempre fue así. Ya desde los primeros esbozos historiográficos de la
psicología, se indica a Wilhelm Maximilian Wundt como el fundador de la psicología
científica por su importante rol en la configuración académico e institucional de la disciplina;
por el desarrollo del laboratorio de Leipzig y en la conducción de más de 120 doctorados en
psicología; por la formación de un fecundo grupo de investigación en torno suyo, que
marcaría los primeros pasos (Boring 1929; Brennan, 1945). Esta tesis sigue primando dentro
del discurso oficial de la historia de la psicología, sin perjuicio de algunas revisiones recientes
(Teo, 2007; Vidal, 2011). Lo que, no obstante, es interesante tener en cuenta es que ya desde
la Historia de la Psicología Experimental de Edwin Boring, se destaca que la importancia de
Wundt se limitaría única y exclusivamente a su rol socio–institucional, y no a su relevancia
teórica o a sus descubrimientos científicos. Dicen las versiones comunes de la historia de la
psicología que los discípulos de Wundt habrían abandonado al maestro debido a sus
concepciones idealistas y metafísicas, tales como las de causalidad psíquica o de síntesis
creativa (schöpferische Synthese), que escaparían del modelo científico que él mismo inspiró
en ellos (Boring, op.cit.; Danziger,1979; Zehr, 2000; Hunt, 2007) Las palabras del historiador
Ludy Benjamin resuenan en tono de responso: “lo seguimos recordando por su visión al ver
la promesa de ciencia en la psicología y, luego, al tomar los pasos gigantes requeridos para
establecer la disciplina en el siglo XIX.” (Benjamin, 1988)

Siendo ésta la historia oficial, nos podemos quedar tranquilos pensando que todo lo que
Wundt pensó, escribió, desarrolló en laboratorio de Leipzig es parte de un pasado que ya no
tiene otra relación con nosotros, psicólogos científicos de hoy2. Sería un antepasado, una
figura histórica, con la que nos cuesta detectar puntos de encuentro. No obstante, la influencia
de Wundt podría no verse tanto en las formulaciones específicas como en una aproximación
epistemológica frente a la problemática de la psicología experimental que no puede ser
limitada a un marco específico de investigación. Quizás sin darnos cuentas, nuestras prácticas
y nuestros estructuras conceptuales son mucho más wundtianos de lo que nos gustaría
reconocer. Tal como asegura Daniel Robinson, “los temas, métodos y teorías que define la
psicología contemporánea han cambiado considerablemente desde la época de Wundt, pero
puede decirse que la actitud esencial del psicólogo experimental de hoy se originó en el
laboratorio de Leipzig” (Robinson, 1995, p. 281). Con mayor o menor grado de conciencia,
la psicología experimental actual está jugando en la cancha cuyas líneas trazó el sistema
wundtiano, sin perjuicio de que los jugadores hayan cambiado, los equipos hayan rotado y
los partidos comenzado y acabado. Una vez más, se puede ver que la influencia más fuerte
es aquella que no se ve; que se piensa inexistente, la influencia de un pasado que se da
sencillamente por superado.

En este contexto, resulta interesante volver a Wundt para pensar desde él en el olvido de la
voluntad en la psicología contemporánea. Mi hipótesis de lectura es la siguiente: en la noción
de voluntad presente en el proyecto psicológico de Wundt podemos encontrar algunas
indicaciones que nos podrían dar pistas para entender por qué este tema fue progresivamente
abandonado por la psicología posterior. En particular, su noción de voluntad surgiría de una

2
Although Lotze’s ideas made an impression on some key figures during the transition from philosophical to
laboratory psychology, for example William James, they played no part in that transition. That cannot be said
of Wilhelm Wundt, whose pioneering role in establishing thefirst of these laboratories has sometimes earned
him the title of ‘father’ of that discipline. However, his influence depended largely on certain features of his
practice, not his more general ideas about the scientific status of psychology. (Danziger, 2008, p.252)
tensión entre lo que él llama la concepción habitual de la voluntad (gewöhnlicheAuffassung
der Wille) y las exigencias metafísicas de su crítica a la psicología de las facultades
(Vermögenspsychologie). En lo que sigue, presentaré esta crítica y luego, mostraré algunos
rasgos generales de su doctrina de la voluntad.

La crítica a la Vermögenspsychologie.

¿Qué entendemos por la psicología de las facultades? Desde la antigua psicología filosófica,
esto es, Platón y Aristóteles, se ha tendido a entender la multiplicidad operativa humana a
través de la distinción de diversas facultades (Vermögen). El individuo sería un compuesto
de distintas partes o regiones, cada una de ellas responsable de operaciones más o menos
independientes entre sí. Bajo esta categoría, entonces, concebimos las ideas aristotélicas de
las potencias vegetativas, potencias sensitivas y potencias intelectuales; las doctrinas
escolásticas del sensorio común, memoria, imaginación y cogitativa; o las propuestas de la
psychologia rationalis de Christian Wolff que dividen el al sujeto entre facultades de
conocimiento y facultades apetitivas (Erkenntnis– y Begehrungsvermögen). Las facultades
o potencias serían las distintas partes del alma que dan cuenta de la multiplicidad de las
operaciones que es capaz de realizar. Wundt, ya en la introducción de la primera edición de
1874 de los Fundamentos de la Psicología Fisiológica (Grundzüge der physiologischen
Psychologie) se enfrenta directamente a esta tradición, rechazando de lleno cualquier división
del alma en términos de facultades. Estos conceptos “son vistos, no sólo como designaciones
clasificatorias para ciertos ámbitos de la experiencia interna, que es lo que realmente son,
sino que se entiende por ello que sean fuerzas a través de las cuales son causados los
fenómenos particulares” (p.10)

El primer riesgo que Wundt considera presente en entender al sujeto según sus facultades es
que este tipo de explicaciones conlleva necesariamente una sustancialización de cada una de
las partes, o bien la sustancialización del alma misma. Tal como detecta Danziger (2008),
suponer la existencia de facultades sería confundir descripciones – como por ejemplo, actos
de recuerdo – con explicaciones – tales actos se deberían a una “memoria” existente con
anterioridad 3 . En una intuición que Wundt sólo insinúa sin desarrollar más, detecta la
metáfora original subyacente a la noción de facultad: “el modelo original (Urbild) de la
acción de una fuerza de esta clase es claramente la acción humana. El significado original de
la facultad es el de una creatura que actúa.” (Wundt, 1874, p.10). Los filósofos y científicos
que han desarrollado doctrinas de las facultades, en cierta forma, están antropomorfizando
las capacidades operativas del ser humano, en la medida que serían distintas partes que
pueden actuar o dejar de hacerlo. Esta metáfora, cree Wundt, es la que estaría operando
subrepticiamente en la Vermögenspsychologie. Por ejemplo, el hecho de que la experiencia
interna nos muestre ciertos procesos que nosotros identificamos como recuerdos, se lo
atribuimos a una facultad específica, cuya existencia sería anterior a sus procesos, y su acción
puede tanto darse como omitirse. Tal modelación de los procesos psicológicos a imagen y
semejanza del agente humano presupone, entonces, que tales procesos son realizados por una
fuerza ya existente, que actúa y deja de actuar, sin por eso dejar de existir. La única manera
en la que podemos aproximarnos a estos términos, sanciona Wundt, es entendiéndolos como
conceptos clasificatorios (Classenbegriffe) que, por tanto, agrupan una serie de fenómenos
semejantes en su estructura y contenido, y no como acciones propias de una facultad existente
de suyo. Los mismos conceptos de espíritu (Geist) o de alma (Seele), para la psicología
científica no pueden ser otra cosa que un sujeto lógico – y por lo tanto inexistente en la
realidad – que nos permite agrupar bajo un mismo término una serie de experiencias internas,
sin que por ello tenga una realidad propia. La doctrina de las facultades no haría otra cosa
que reforzar esta tendencia metafísica a presuponer una sustancia subyacente a las distintas
operaciones.

A esta crítica, no obstante, le subyace no sólo el temor a la sustancialización – fantasma


sempiterno de la disciplina, reverenciado hasta el día de hoy por la filosofía de la mente y las
psicologías cognitivas – sino una explicación metafísica algo más compleja. En su discusión,
reconoce el aporte de Johannes Friedrich Herbart y su proyecto de una psicología a partir del

3
There Wundt notes that ordinary language provides us with certain terms for classifying psychological events,
e.g. feeling, understanding, sensibility and also memory, which, in pre-scientific psychology, are taken to
identify distinct faculties or mental powers. Such ordinary-language psychological categories are dangerous for
the project of a scientific psychology because they tend to confound description and explanation. Scientific
psychology has to make a clear separation between categories of observed phenomena to be explained and
theories that do the explaining. (Danziger, 2008, p.126)
pensamiento kantiano. Su mérito consiste en haber devaluado la noción de facultad
(Vermögen) en favor de la idea de fuerza (Kraft). Según Herbart, tales fuerzas no serían
atribuibles a facultades parciales subsistentes, sino más bien a la totalidad del organismo y,
por lo mismo, sus conceptos correspondientes, como sensación, memoria o inteligencia, no
designarían otra cosa que una clase de procesos, identificados como fuerzas. La principal
diferencia radicaría, según el profesor de Leipzig, en que Herbart estaría utilizando una
noción de fuerza proveniente precisamente de la no–científica teoría de las facultades4. “A
través del desarrollo de las ciencias naturales, el concepto de fuerza recibe el significa de un
concepto relacional (Beziehungsbegriff), que siempre conduce a condiciones que se
determinan recíprocamente” (Wundt, 1874, p. 19). Todo movimiento es producto de una
relación activa – reactiva entre condiciones del objeto y de su entorno, y nunca del objeto
solo.

Lo que Wundt tiene en mente aquí es el concepto de fuerza proveniente de la mecánica


newtoniana, según el cual la fuerza es siempre la interacción recíproca entre dos elementos.
Así, ejemplifica el autor, entendemos por ejemplo, el peso como la fuerza de atracción de un
cuerpo hacia la tierra – lo que sería una relación bilateral –, y no, como si el cuerpo mismo
poseyese algo así como una tendencia interna y unilateral a su caída.

Este contraste de modelos explicativos proveniente de la física, traza una oposición entre la
física aristotélica y la física newtoniana, para luego proyectar este misma oposición entre la
doctrina de las facultades – siendo Aristóteles uno de sus representantes más destacados – y
la correcta comprensión psicológica que Wundt está proponiendo. La comprensión
precientífica de la fuerza como movimiento unilateral e interno de los cuerpos sería
responsable, por ejemplo, de que en la botánica y la biología anteriores al siglo XIX, se
tendiese hacia una multiplicación de las fuerzas (Vielfältigung der Kräfte): los seres vivos
tendrían una fuerza alimentaria, una fuerza reproductiva, una fuerza de crecimiento, etc. La
doctrina psicológica de las facultades sería, por tanto, una aplicación ilícita de una idea de
fuerza precientífica y primitiva, que conduce a presuponer la existencia de partes del alma,

4
Esta objeción ya había sido planteado por otro filósofo kantiano, Jürgen Bona Meyer (1869) autor que, no
obstante, defiende la doctrina de las facultades (cf. Tercer apartado, tercer capítulo pp. 77–118)
existentes y distintas entre sí, para explicar procesos distintos. La psicología, que ha visto
cómo la física ha podido superar esta confusión, tiene la obligación de no caer en el mismo
error, a saber, aplicar el concepto de fuerza utilizando una acepción ya superada de éste.

Recapitulando la crítica wundtiana a la doctrina de las facultades, vemos dos aspectos


metafísicos relevantes: 1) la primera dificultad de la psicología de las facultades es que ella,
intentando explicar las diversas operaciones del individuo, presupone la existencia de
facultades, existentes con anterioridad a los procesos que realizan, y con cierta independencia
entre sí; es decir, serían una suerte de sustancias activas, o partes activas de una sustancia,
conducentes a un dualismo incompatible con su concepción de ser humano. Lo que
vulgarmente llamamos facultades es sólo un concepto clasificatorio para poder analizar con
claridad ciertos procesos, siendo cualquier otra presuposición ontológica, un abuso de
lenguaje. Además, 2) la noción de fuerza subyacente a la doctrina de las facultades, incluso
según la variación propuesta por Herbart, asume el concepto de Kraft como un movimiento
unilateral proveniente del ser vivo o del ser consciente. Tal noción es intrínsecamente
incompatible con el paradigma de las ciencias naturales, en particular la física newtoniana,
que entiende toda fuerza como una interacción recíproca entre dos objetos. La noción
unilateral de fuerza ha sido progresivamente superada – pensemos por ejemplo, en la
fisiología de Hermann von Helmholtz que supera los últimos vestigios de vitalismo
goetheano presentes en las explicaciones de Johannes Müller (Wettersten, 1992)– y por lo
mismo, el proyecto fundacional de la psicología wundtiana debe comenzar corrigiendo este
error, presente desde Platón y Aristóteles hasta sus psicólogos contemporáneos, como el
asociacionismo inglés y alemán, o el spiritualisme francés (Nicolas & Murray, 1999).

En el “Esquema fundamental de la psicología” (Grundriss der Psychologie), síntesis de su


proyecto redactada de 1896, Wundt define su propia psicología como “voluntarista”, en
oposición a las psicologías intelectualistas que presupondrían una “reificación de las
representaciones”, en cuanto asumen que las representaciones de la experiencia consciente
serían imágenes (Bilder) de los objetos exteriores, con una subsistencia propia y relativa
permanencia. La psicología voluntarista, por el contrario, entiende la experiencia interna no
como una suma de procesos discretos, sino más bien como una compleja conexión de
procesos. “Los hechos psíquicos son acontecimientos, no objetos. Ellos suceden, como todo
acontecimiento, en el tiempo y en ningún momento posterior son los mismos que habían sido
antes. En este sentido, los procesos de la voluntad tienen un significado típico y determinante
para la concepción de todas las vivencias anímicas” (Wundt, 1896, p. 17) Los procesos de la
voluntad y su estructura dinámica serían la forma por la cual se conciben los demás procesos
de la conciencia. Únicamente en este sentido, Wundt llama a su propia psicología
voluntarista, en cuanto a que la analogía fundamental con la que se enfrentan los fenómenos
psíquicos, proviene no de los actos intelectuales sino más bien de los procesos voluntarios.
Cuando el profesor de Leipzig habla de los procesos de la voluntad (Willensvorgänge) está
señalando aquello que a nuestra experiencia se nos aparece como voluntario. La tarea,
entonces, propia de la psicología es buscar explicar qué es este tipo de procesos y por qué se
nos aparecen con la característica específicamente voluntaria.

La explicación de los procesos voluntarios es un hilo conductor presente a lo largo de toda la


carrera intelectual de Wundt5. Aquí no es el lugar para exponer la evolución detallada de sus
posturas al respecto, sino que me limitaré a destacar algunos rasgos centrales extraídos de la
primera edición de los “Fundamentos de la Psicología Fisiológica”.

Un primer rasgo de la teoría de la voluntad que desarrolla Wundt, es el continuo que establece
desde los movimientos fisiológicos hasta los movimientos voluntarios. Tal como lo ve el
padre de la psicología, no parece haber una diferencia relevante entre los movimientos
reflejos, los movimientos conscientes y aquellos que realizamos voluntariamente. Desde la
perspectiva de la experiencia interna, sólo podrían distinguirse estas clases de movimiento
en cuanto hay una mayor participación de la conciencia. Entonces, Wundt se enfrenta a dos
opciones: o bien, en todo movimiento físico es un movimiento consciente, y por tanto, hay
un grado variable de conciencia; o bien, la conciencia no juega un rol fundamental en la
conformación del movimiento, sino sólo aparece concomitantemente. La primera opción
tendría que afirmar absurdos tales como que tenemos conciencia de movimientos reflejos, en

5
Ya encontramos algunas indicaciones al respecto en sus tempranas “Lecciones sobre el alma humana y
animal” (Wundt, 1863), como en las sucesivas re-ediciones revisadas de su magnum opus, los “Fundamentos”
(Wundt, 1880; 1887; 1893; 1902–3; 1908–11; Wozniak, 1999). Además, Wundt publicó varias reseñas y
respuestas a algunas críticas en torno al tema de la voluntad en su publicación periódica Philosophische Studien
(Wundt, 1883). Es decir, Wundt abordó profusamente el tema, y no siempre en la misma perspectiva.
los cuales ni siquiera supimos que realizamos. La conciencia de los movimientos no es
requisito de nada, puesto que los organismos pueden adaptarse exitosamente a su entorno
con mayor o menos influencia de la conciencia. El continuo entre reflejo y acción voluntaria
es lineal: “si se quiere determinar dónde cesa el mecanismo y dónde comienza la voluntad,
la pregunta se está planteada de manera errónea. Puesto que se oponen dos conceptos que no
son en absoluto opuestos.” (Wundt, 1874, p. 822)

En segundo lugar, se puede apuntar que Wundt intenta una explicación de índole reductiva:
tomando el fenómeno de la acción experimentada como voluntaria, busca explicarla en sus
componentes anteriores. La acción voluntaria y arbitraria por antonomasia es el acto de elegir
(Wahlacte), en el cual, ante una serie de posibilidades, nos inclinamos por una de ellas.
Reconocemos, en efecto, que cada una de ellas ejerce una atracción sobre nosotros, sin
embargo, la causa última de que hayamos elegido A y no B, no es otra cosa que nuestra
decisión libre. La voluntad, de esta forma, es causa sui, esto es un principio causal que no
remite a otra causa más que a sí mismo.

Tal descripción, llamada por Wundt “indeterminismo”, es la que está presente en la noción
habitual de la voluntad, que descansa sobre una confusión. En realidad, lo que sucede en la
elección es que nos percibimos como ejerciendo una acción, percibiendo también al mismo
tiempo la posibilidad de haber realizado otra. La coexistencia de ambas representaciones, a
saber de la acción realizada A y de la acción posible B, es el fundamento sobre el cual se
levanta nuestra creencia de que elegimos libremente. “Estas auto-observaciones, en realidad,
no demuestran en lo más mínimo que la voluntad sola se determine a sí misma o que sea el
comienzo absoluto de un suceso, y por tanto, que no tenga otra causa psicológica anterior”
(Wundt, 1874, p. 832) El argumento de Wundt consiste en afirmar que la existencia de la
autopercepción de la libertad de la voluntad no es una razón legítima para afirmar que exista
algo así como una causa libre, sino más bien un desconocimiento de las relaciones causales
efectivamente presentes en una elección. Cuando deliberamos al elegir tal vacilación es, en
realidad, producto de una contraposición de motivos, o “razones determinantes de la acción”
(Bestimmungsgründe der Handlung), cuya resolución no puede buscarse sino en el peso
relativo de los motivos. Podríamos cuantificar, por ejemplo, la fuerza de tales motivos para
un sujeto dado, sin embargo, nunca seremos capaces de calcular por completo las tendencias
del agente, sus costumbres, su educación y su personalidad.

Bajo este último término (Persönlichkeit), Wundt agrupa todas las posibles determinantes
biográficas del individuo: “la educación, su suerte en la vida y propiedades innatas” (Wundt,
1874, p. 832), sin entrar a explicar de qué tipo de influjo ejercen sobre él, de qué forma
permanecen, cómo interactúan entre sí, etc. La personalidad es siempre la variable más difícil
de detectar en el cálculo causal que, hipotéticamente, nos podría revelar las causas últimas
de una acción determinada. Tanto para el observador externo como para el agente mismo,
siempre permanece desconocida la cadena de relaciones causales de la acción; lo que no
quita, por ejemplo, que podamos hacer predicciones relativamente acertadas sobre las
acciones de aquellos conocemos.

Recogiendo ambos aspectos, el continuo entre reflejos y acciones, y la explicación


psicológica de los actos voluntarios, Wundt insiste: “el punto decisivo para la distinción
psicológica entre movimientos voluntarios y reflexivos, no está en el que estos últimos
provengan de una conexión causal que carezca de los primeros. Más bien, sólo parece que el
tipo de causalidad aquí y allá es distinto. Mientras que el reflejo sólo descansa en el
mecanismo fisiológico, la voluntad procede de razones de determinación psicológicas”
(Wundt, 1874, p.834) Tal oposición entre causas mecánico–fisiológicas y causas
psicológicas, sencillamente no existe, pues ambas coexisten a distintos niveles: “La
percepción de una razón interna determinante es algo que sobreviene al curso de los
acontecimientos.” (op.cit, p. 835)

En obras posteriores, como las siguientes reediciones de los Fundamentos, Wundt fue
reiterando y profundizando estas ideas, poniéndolas en relación con otros aspectos
psicológicos que originalmente no toca esta primera exposición. Así por ejemplo, veinte años
más tarde, el capítulo dedicado a la voluntad de la cuarta edición de los Fundamentos, repite
varias páginas textuales, introduciendo nuevos elementos y relaciones. Por ejemplo, el
continuo entre reflejos y movimientos voluntarios, se amplía introduciendo otras categorías
como los impulsos (Triebe) y los afectos (Affecte)6. La idea de que el movimiento voluntario
es siempre consciente, se redefine en relación al concepto de apercepción: “la acción exterior
de la voluntad, según su esencia original, no es otra cosa que una forma especial de
apercepción, en cuanto forma un componente inseparable que se vincula al propio cuerpo del
organismo que actúa” (Wundt, 1893, p.568). Esto no remplaza, sino que refina las tesis
originales. La noción de voluntad sería la autopercepción de mis propios movimientos,
acompañada de la representación de otros posibles movimientos.

Conclusiones

A modo de recapitulación, podemos afirmar que no hay propiamente tal voluntad libre,
puesto que los procesos que nosotros percibimos como voluntarios, en realidad tienen que
poder explicarse desde causas psicológicas anteriores. ¿Tenía Wundt otra posibilidad teórica
para comprender la voluntad? Recordemos el repudio wundtiano hacia las doctrinas que
asumen la existencia de facultades, y en particular, hacia este sentido precientífico – o quizás
pregalileano – de la noción de fuerza, entendida como un movimiento unilateral, proveniente
del interior de organismo. Todo proceso psíquico es una interacción entre el sujeto y su
entorno, y nunca un movimiento que pudiese brotar del individuo. Bajo tales conceptos,
resulta entonces impensable comprender la voluntad como un movimiento indeterminado y
libre. Wundt no tiene otra alternativa que explicar por qué nos sentimos libres, siendo que en
realidad no lo somos. Sus explicaciones no pueden explicar qué es la voluntad, sino más bien
por qué no es eso que nosotros creemos que es. No es que seamos animales libres, sino que
somos animales que nos podemos representar posibles cursos de acción distintos al que
tomaremos de todas maneras. Los fundamentos metafísicos subyacentes a su crítica a la
doctrina de las facultades se encuentran en plena operación en sus explicaciones o
reducciones sobre los procesos volitivos. Si Wundt es consecuente con su propia doctrina,
está obligado a entender la voluntad desde una perspectiva naturalista, es decir, reducir la
acción libre a la interacción recíproca de causas psicológicas, aunque no tengamos ninguna

6
“Ciertamente, no es contradictorio aceptar que los movimientos voluntarios, impulsivos y reflejos, se
desarrollan en común desde una forma de movimiento que en cierto sentido tiene en sí las características de la
acción voluntaria y del reflejo al mismo tiempo.” (Wundt, 1893, p.572)
posibilidad práctica de poder reconstruir esta cadena de causas y nos resulte, por tanto,
fácticamente incognoscible.

Como dije en un comienzo, me gustaría tomar esta aproximación para intentar pensar el
problema de la voluntad en psicología. ¿Por qué se nos ha olvidado este componente
fundamental en nuestra vida diaria? En Wundt encontramos una primera respuesta: el
paradigma científico experimental no puede presuponer la existencia de fuerzas unilaterales,
y por tanto, facultades y movimientos que no puedan ser explicados por otras causas. El ser
humano, por muy autoconsciente que sea, no puede escapar de esta legalidad universal. Sería
interesante investigar con qué grado de conciencia el determinismo de Wundt pasó a las
generaciones sucesivas; si es que fue parte de su herencia que explícitamente impregnó a sus
seguidores, o sólo de forma implícita; de qué forma se expresan estas nociones en sus
prácticas experimentales. La inquietud que quisiera plantear es que desde los inicios de la
psicología se decidió naturalizar la voluntad, es decir, convertir sus procesos en meramente
acontecimientos naturales, de modo tal que, incluso, en los años posteriores ni siquiera se
volvió necesario tratar sus procesos de forma explícita. Aunque no se le reconozca, en el
trazado de cancha de Wundt, los procesos volitivos, una vez naturalizados, quedan exiliados
y relegados al olvido. Si mi lectura es cierta, la voluntad así se volvió un no – tema para la
psicología, puesto que nunca más la volvimos a necesitar.

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- Wundt, W. (1883) “Zur Lehre vom Willen.” Philosophische Studien 1, pp. 337–378.
- Wundt, W. (1893) Grundzüge der physiologischen Psychologie. (4. Auflage) Engelmann, Leipzig.
- Wundt, W. (1896) Grundriss der Psychologie. Engelmann, Leipzig.
- Zehr, D. (2000) “Portrayals of Wundt and Titchener in Introductory Psychology Texts: A Content
Analysis”. Teaching Psychology, Vol. 37, n.2, 122 – 126.