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Facultad de Filosofía y Humanidades.

Seminario : Raza y etinicidad en tres pensadores latinoamericanos: Aimé Césaire, Frantz Fanon y
Fausto Reinaga.
Profesora: Claudia Zapata, Elena Oliva
Estudiante: Elizabeth Ortega León

Análisis de la propuesta revolucionaria en Fanon y en Reinaga

El pensamiento anticolonial, a través de un fuerte desarrollo desde la década del 40´,


abre desde la crítica al sistema colonial, la discusión respecto a las estrategias que los
pueblos colonizados deben seguir en pos de enfrentar y eliminar la situación colonial. En
esta discusión es que se sitúa este artículo, en un momento donde se hacía de vital
importancia pensar sobre la lucha anticolonial, pensar en la liberación de los pueblos
oprimidos y pensar la revolución.

Para este análisis, nos basaremos en la propuesta revolucionaria desplegada por


Frant Fanon, en su libro Los condenados de la tierra (1961) y la de Fausto Reinga en su
libro La revolución india (1969). Ambas propuestas se entienden desde el contexto en el
que son levantadas, ya que ambo autores escriben sobre los procesos vividos en Argelia en
el caso de Fanon, y Bolivia en el caso de Reinaga. Es importante considerar también, que
ambos autores se sitúan desde la posición de ser sujetos colonizados, de haber
experimentado la colonización o la herencia colonial y también desde participar de forma
activa en procesos que pretenden eliminar este sistema de dominación. De esta misma
forma, establecer también que si bien hay que entender a estos autores dentro de su época y
asi mismo a sus propuestas revolucionarias, que pertenecen a un paradigma revolucionario
del momento que viven, es necesario también desde el presente reflexionar y levantar las
críticas y problemáticas que sus propuestas evocan.

Frantz Fanon, escritor martiniqués, fue un escritor que desde la psiquiatría


desarrolló aspecto del pensamiento anticolonial, desde las repercusiones en el colonizado
en un momento de alienación, en el diagnóstico de los efectos del colonialismo, y en su
carácter programático al momento de plantear la eliminación de este sistema. Fanon, si bien
sus primeras obras fueron respecto a la realidad vivida en las Antillas, especialmente en
Martinica, también escribe del momento revolucionario desde su experiencia vivida en la
guerra de Argelia, desde el Ejército de Liberación nacional. Es en este último episodio
donde escribe “Los condenado de la tierra”, libro publicado póstumamente en 1961,
momento en que transcurrían ya 8 años de la guerra de liberación nacional en Argelia. Este
libro, se ubica en el contexto de los movimientos de liberación nacional del Tercer mundo,
que no incluye solo a África, sino que también países de Asia -con el caso emblemático de
India- y el Caribe. Los condenados de la tierra, condensa la propuesta del autor, en tanto a
la identificación del sistema colonial y capitalista y los instrumentos de dominación, la
imposición de la cultura francesa, y las formas de oponerse y levantar la lucha en contra de
la opresión del colonialismo. En esta propuesta, el proceso de liberación se declara como
una guerra directa por la liberación nacional, una guerra de descolonización, una guerra
contra toda estructura colonial, y es este el llamado a la revolución.

Por su parte Fausto Reinaga, autor y ensayista quechua aymara, escribe La


revolución india en 1969, en una década donde se identifica un fuerte pensamiento
indianista, acompañado de la concreción de estas ideas en el plano de la política nacional.
Reinga, en su trayectoria intelectual, pasa por varias etapas de su pensamiento, en las que
se puede identificar un primer momento donde adhiere a un proyecto político, que explica
su tránsito desde socialismo marxista (entre 1930-1944), hasta un nacionalismo
revolucionario (1944-1960), un segundo momento como fase del desarrollo indianista) y el
desarrollo del pensamiento anticolonial ( 1960-1977), y posteriormente una etapa del
pensamiento amáutico (1977-1994) ( Escárzaga; 2012). El texto estudiado, es un ícono del
indianismo de Reinaga, donde desde la impugnación al indigenismo, y la reclamación
desde el indio a hablar por sí mimo y pensar su propia revolución. Este pensamiento en la
década del 60, se fue concretando. Un ejemplo de esto es que en 1962 se fundó el Partido
de Indios Aymars y Keswas, que sen 1966 se convierte en el Partido Indio de Bolivia
(PIB). Reinga es parte de este partido, trabajando en la redacción de programas y
manifiestos, llegando a ser nombrado en 1968 jefe del PIB. “La revolución india”, es uno
de los libros donde se condensa el pensamiento indianista, y a su vez es llevado a un plano
donde se convierte en una propuesta para un proceso revolucionario.

En las propuestas de estos autores, se despliegan tácticas y estrategias para la lucha


por la descolonización, para el despliegue de un proceso revolucionario. En ambas
propuestas, el objetivo y el horizonte al que apunta la revolución es la liberación del sujeto
oprimido, y la liberación nacional, ya sea entendida bajo la identidad del negro o del indio,
o la perspectiva de liberación argelina o boliviana. Sin embargo, al establecer este horizonte
de liberación, la revolución se encuentra con una serie de elementos que propician la
opresión, muchos de los cuales no provienen del colonizador, ni del europeo, ni de la
burguesía dominante, sino que se encuentran dentro de la cultura interna, dentro de las
relaciones o dentro de las estructuras que el proceso revolucionario pretende crear.

Observando esto, es que en este artículo pretendemos abrir paso a la reflexión sobre estos
elementos internos que siguen propiciando la opresión sobre los individuos- o una parte de
ellos- y/o de la nación. Estas reflexiones, más que pretender dar paso a una respuesta
absoluta frente a los nudos conflictivos aquí presentados, es una forma de cuestionar estas
propuestas, entender sus fortalezas y sus debilidades, es abrir una crítica y un espacio para
pensar qué decimos cuando hablamos de revolución. Para esto, analizaremos, por un lado,
el rol que tiene la tradición como elemento de la cultura interna del colonizado en el
proceso revolucionario, y por otro, la propuesta de la toma del poder como meta que se
propone la revolución aquí presentada.

Propuestas para la revolución

Para dar inicio a este análisis es necesario precisar las propuestas revolucionarias de
los autores estudiados, en base a los textos seleccionados y los aspectos que serán
estudiados.

Frantz Fanon, en la propuesta desplegada en “Los condenados de la tierra” (1961)


entiende la revolución en algunas fases, y desarrolla elementos que son interesantes a la
hora de establecer un análisis.En primer lugar, Fanon indica que la revolución es en proceso
violento y el origen de esto es la violencia que contiene el sistema colonial. La violencia del
colonialismo, ejercida desde las clases opresoras y por supuesto, desde el capitalismo-
como estructura que da origen y sustenta al aparato colonial- a travesadas por las
dimensiones culturales y raciales, originan en un momento una respuesta del colonizado, un
deseo de luchar por su liberación. En palabras de autor,
La violencia que ha presidido la constitución del mundo colonial, que ha ritmado
incansablemente la destrucción de las formas sociales autóctonas, que ha demolido
sin restricciones los sistemas de referencias de la economía, los modos de
apariencia, la ropa, será reivindicada y asumida por el colonizado desde el momento
en que, decidida a convertirse en la historia en acción . (Fanon; 1963:20)
Es entonces que la descolonización se entiende como un proceso histórico y la violencia
como un producto y una herramienta mediante la cual se logrará la liberación nacional.

El fin de esta lucha no consiste en poder comunicar el mundo del colonizado con el
del colonizador, sino que la destrucción del colonialismo es abolir y expulsar del territorio
toda estructura de dominación entablada por el colonizador. Este proceso, refuerza la
conciencia del colonizado, identifica una causa común, un destino nacional, una historia
colectiva, junto con desintoxicar al colonizado, liberarlo de su complejo de inferioridad y
rehabilitarlo frente a sus propios ojos (Fanon; 1963:43)

Fanon entiende el proceso revolucionario desde una óptica atravesada por el


“problema nacional. La perspectiva que toma la revolución entonces, es la de la liberación
nacional, entendiendo que la lucha por descolonizar, tiene en sus bases la creación de una
conciencia y cultura nacional. La lucha por descolonizar, es también la lucha por la cultura
nacional, es la lucha por la liberación de la conciencia, la lucha por la liberación de la
nación.

La conciencia nacional, en su potencial revolucionario, tiene su origen en el


momento en que el colonizado, en este caso el negro, pasa desde el tránsito de la
asimilación de su condición, y comienza un proceso de reconocerse a sí mismo y a su
historia. Es un momento donde descubre que no es ni un bárbaro, ni un semi-humano, ni un
ser inferior; es un momento donde el negro decide recordar. Como señala el autor, es
cuando desde los intelectuales colonizados se descubre que “el pasado no era de vergüenza
sino de dignidad, de gloria y de solemnidad” ( Fanon;1963:92); es cuando “ Las
costumbres, tradiciones, creencias, antaño negadas y pasadas en silencio, ahora son
violentamente valorizadas y afirmadas” ( Fanon; 1975 ). En este momento se vive frente a
una necesidad de separarse de la cultura del colonizador, de aferrarse al pasado y a las
tradiciones de la cultura nacional, como acto de resistencia, de una anti-asimilación.
Pero el recordar y reivindicar una historia y una tradición no es suficiente para
destruir las estructuras coloniales. Es por esto que debe avanzarse hacia una lucha por la
liberación nacional. Como señala el autor, “La liberación es la condición para la existencia
de la cultura nacional y para el renacimiento del Estado”( Fanon; 1963: 103). Es entonces el
momento de la revolución. La revolución se levanta con el horizonte de liberación nacional,
es la liberación entonces de la estructura colonial, es decir, de relaciones coloniales, desde
el Estado y entre los hombres, que impiden el surgimiento de la cultura nacional. Este es el
momento donde se piensa la sociedad que se quiere construir, es el paso hacia la creación
de una sociedad nueva, donde no existe el colonizador, ni tampoco existe el colonizado. Es
por esto, que con la eliminación del aparato colonial, se elimina las categorías con las que
se denomina lo dominado, es decir, si desaparece el colonizador, desaparece el colonizado.

En esta revolución se piensa y refunda una nueva nación, por lo que “Si se desea dar
a luz un mundo nuevo, debe reconstruir de principio a fin, una nueva sociedad” ( Fanon;
1959:79). En este sentido, el proceso revolucionario implica una renovación de las
costumbres y de la tradición, entendiendo que una revolución que se plantea en la lucha por
la eliminación de las estructuras coloniales, por el fin de un tipo de relación entre los
hombres, no puede dejar intacta las costumbres ni los contenidos culturales de ese pueblo.
Son estos elementos de la cultura, que también han sido atravesados por la dominación
colonial, los que han de ser transformados y reformulados en pos de la construcción de esta
sociedad y de este hombre nuevo.

El autor, es claro que la lucha por la eliminación de las estructuras coloniales no se


agota solo con los procesos de las llamadas independencias, en las que se sustituye el
dominio del extranjero, por el de la burguesía nacional. En este cuadro, se plantea la ilusión
de partidos nacionalistas, que no son capaces de hacer real la consigna de independencia,
que no consiguen más que inmovilizar al pueblo, y actúan como una forma de contener y
controlar al pueblo.

Para el proceso revolucionario es preciso que los que pretendan gobernar, den inicio a
un proceso de politización del pueblo. El pueblo debe hacerse de un instrumento que le
pertenece, la creación de un verdadero partido, que movilice al pueblo, entendiendo que
este no es una autoridad, sino que es un organismo mediante el que se ejerce la autoridad y
voluntad del mismo. Es desde estos organismos y desde las instituciones de gobierno y a
través de la lucha de liberación nacional para apoderarse de estas estructuras, que se pueden
hacer cambios en las relaciones entre los hombres y dar forma a la conciencia y cultura
nacional.

Es importante recalcar que la lucha por la liberación nacional, es también la lucha por
restituir la soberanía nacional, es decir que se apunta al apoderamiento del Estado y del
ejercicio legítimo del pueblo colonizado por hacer efectiva la soberanía y el poder que les
pertenece.

Fausto Reinaga, en su propuesta señala que la revolución tiene como objetivo principal
la transformación de la sociedad y la construcción de un nuevo mundo, La revolución india,
es el llamado a despertar la conciencia del indio, es un llamado a los indios a construir su
este nuevo mundo, a dejar las estructuras y las herencias coloniales que el cholaje mestizo a
perpetuado, a tomar lo que es suyo y construir su propia revolución.

Para lograr esto, es imprescindible la eliminación de la República levantada por el


cholaje-mestizo boliviano y latinoamericano, entendiendo que es una estructura que
perpetúa el sistema colonial. Esta República, levantada en nombre de una supuesta
independencia, cambió del dominio español al dominio del cholaje-mestizo sobre los
indios.

La revolución india pasa en primer lugar por crear una conciencia. El indio debe
recordar quién es, dejar de acomodarse a identidades impuestas, dejar de pensar que es un
campesino y recordar. En palabras de Reinaga, “ni somos “hermanos” del putrefacto
cholaje blanco-mestizo ni somos campesinos: somos INDIOS.” ( Reinaga: 1969;54). Es por
esto que la revolución india, comienza con la promoción de un movimiento ideológico, una
reivindicación de la indianidad, que actúa como el ideal del pueblo, y como el punto desde
donde se emprende una marcha hacia la conquista de su liberación. ( Reinaga;1969: 77).

La revolución india, está atravesada por el problema nacional. Reinaga, identifica a los
indios no solo como pueblo, sino que también como una nación, en tanto a que existe una
comunidad históricamente constituida, una lengua, un territorio, una vida económica y una
comunidad cultural. Y es por esta condición de nación que el indio tiene derecho a su
liberación. Junto con identificar su nación, identifica la nación del cholo mestizo, la que ha
sustituido la dominación del español y que es ahora la nación opresora. En este esquema, el
autor identifica a dos Bolivias, compuesta por una nación del indio oprimida por la nación
ficticia del cholo mestizo. Respecto a este punto, la revolución resuelve esta dicotomía,
“unirá en carne y alma, orgánica y psicológicamente, y hará de ambas naciones una sola
nación.

Reinaga, sustenta el potencial revolucionario del indio, en el recuerdo y la


reivindicación del proyecto de sociedad que el indio emprende, sintetizado en el
Tawantinsuyu. Esta reivindicación se levanta también en un discurso antagónico a la
sociedad occidental, estableciendo que Occidente es individualista, promueve la propiedad
privada, hace la guerra, un sistema que hace del hombre un lobo, mientras que el
Tawantinsuyu, es colectivista, de propiedad social, es la paz, y hace del hombre un
hermano.

Desde este punto se desprende por un lado, un rescate de una tradición que fue
irrumpida por la llegada de occidente. Se remite a un pasado idílico, a un proyecto que
encarna lo bueno de una sociedad, en oposición a otra que practica todo lo malo y lo nocivo
para la humanidad. Por otro lado, esta comparación lleva consigo una clara crítica al
sistema capitalista, identificado como el sustento y origen de la estructura colonial de
occidente. Y es por esto, que apelar al Tawantinsuyu, no queda solo en un discurso que
dialoga con un pasado, sino que también se levanta en cuanto a lo que se quiere construir en
un futuro. El proyecto revolucionario, toma este elemento de la traición y lo levanta como
bandera de lucha, como el horizonte al cual se pretende llega, como la liberación que se
quiere recuperar.

El autor es claro en señalar que el Tawantinsuyu constituyó una Nación y un Estado. Es


por esto que la lucha por la liberación del indio, es la lucha por la liberación de su Estado-
Nación. Este punto, deja en claro que el proceso revolucionario pasa por la conquista del
Estado, y que la meta es el Poder Indio. Como señala Reinaga, “El Poder Indio, hoy por
hoy, es la idea-fuerza de la reconstrucción, el renacimiento, la Reconquista de su Nación y
de su Estado.” ( Reinaga; 1969: 170). Para lograr hacerse del poder, el indio debe constituir
un Partido Indio, como herramienta que lo llevará a la reconquista de su Estado. La
revolución es construir un mundo nuevo, el mundo de los indios

La tradición en el proceso revolucionario


Al momento de analizar la tradición, debemos entender su relación en tanto a cómo se
conforma la cultura interna,- o como se desarrolla en la propuesta de los autores revisados-
de la cultura entendida bajo el concepto de nación. En este sentido, la tradición es un
componente importante que estructura la cultura interna de un pueblo.

En la propuesta de los autores, la tradición lleva un papel fundamental en el momento


en que se hace necesario separar la cultura del colonizador con la cultura del colonizado. En
el momento en que el colonizado asume una conciencia de sí, adquiere una conciencia de
su situación de dominación, es cuando entiende que no ni blanco francés, ni blanco
mestizo, en el momento que asume si identidad se prepara para separarse del colonizador y
abrir paso para iniciar la lucha por su liberación. Es por esto, que en los procesos
revolucionario se distingue un momento de reivindicación de la tradición como cultura
interna, una defensa de esos valores y una acción de levantarla como bandera de lucha,
como los valores, relaciones y la sociedad que quieren construir.

Pero qué pasa cuando la tradición que es reivindicada y defendida, posee elementos que
propician la opresión al interior de la comunidad algo, ¿qué pasa cuando la opresión es
ejercida desde los miembros de la comunidad sobre otros perteneciente a la misma?. Para
entender este procesos revisaremos ejemplos dados por los autores en sus experiencias
respectivas.

Frantz Fanon, en su libro “Sociología de la revolución” (Fanon; 1959), relata algunos


sucesos del proceso de liberación nacional en Argelia, en los que se confrontan las culturas
del colonizador francés y la cultura de los argelinos, proceso en los que se vislumbran
resistencias de anti-asimilación cultural y este fuerte apego y reivindicación de la tradición.
Esta confrontación, en un contexto de lucha por la descolonización, no deja de tener nudos
conflictivos al momento de delimitar la cultura nacional argelina. Un ejemplo de esto, es el
caso del uso del velo en las mujeres argelinas.
En Argelia, el uso del velo es un distintivo del componente femenino en la cultura local
Como lo relata lo el autor, entre 1930-1935 la administración francesa inicia en Argelia una
campaña en defensa de la “mujer humillada, eliminada, enclaustrada” ( Fanon:1959; 21)
con el fin de desarticular el sistema cultural de los argelinos, utilizando a la mujer para
esparcir su influencia y concretar que en Argelia se asimile la cultura de Europa y terminar
por destruir la cultura argelina. Para esto, se lanzan campañas para que las mujeres se
quiten el velo, con un lenguaje que evocaba al concepto de libertad “tal como la que vivía
la mujer europea”. Frente a esto, la mujer que decidía sacarse el velo era vista por los
europeos como una mujer liberada, moderna, pero era vista por los argelinos como una
mujer que traicionaba a su nación, que vendió su cuerpo al asimilar la cultura del europeo.
Ahora, si analizamos la exigencia del uso del velo, y el origen de esta práctica que compone
la tradición de la cultura argelina, vemos que existe una directa relación con una visión que
somete y subordina a la mujer debajo del hombre. Esta práctica es una de tantas
consideraciones de carácter patriarcal, el que la mujer deba ocultarse, el que sea vista como
objeto que incite al pecado, el someterla a labores domésticas, el hecho de que no tenga
cabida dentro de la sociedad más que en su labor de madre y ama de casa, es claramente
una subordinación.

Si bien en el ejemplo expuesto, el autor relata como el uso del velo fue un acto de
resistencia, y como en fases posteriores se integraron las mujeres a las estrategias del
ejército de Liberación Nacional, incluso llegando a quitarse el velo para entrar a las
ciudades del colonizador, estos procesos fueron parte de una estrategia de guerra, no por un
cuestionamiento sobre la subordinación de las mujeres mediante estas prácticas, ni por
pensar en cambiar este punto de la tradición. Y es por esto que la defensa de una cultura
que reivindica sus tradiciones posee nudos conflictivos, ya que si esta defensa se levanta
también en pos de la liberación de la nación, qué pasa con la opresión que se ejercen
mediante prácticas tradicionales, qué pasa con la subordinación a la que las mujeres son
sometidas, y qué pasa cuando una mujer que decide cambiar de opinión en pos de su
libertad es llamada traidora. ¿Es entonces la tradición un elemento puro de liberación?

Otro ejemplo que es preciso mencionar, es la tradición a la que alude Reinaga en su


propuesta revolucionaria. Este autor, indica que la destrucción de la herencia colonial debe
estar acompañada de la restitución del Tawantinsuyu, que es la tradición y sociedad
construida por el indio. En este ejemplo, observamos también nudos conflictivos respecto a
elementos de la tradición que se reivindica que poseen elementos, o en este caso,
estructuras que propician la dominación interna. Es decir, si revisamos un poco la historia,
el Tawantinsuyu no solo era un sistema de reciprocidad, de propiedades colectivas, y
redisribución de los bienes. El Tawantinsuyu era también guerras de expansión del imperio,
era un dominio absoluto del Inca por sobre los demás pueblos, era explotación y esclavitud,
era tributo al imperio centra, era también opresión.

Entonces, si el objetivo de reivindicar, proteger y levanta la cultura nacional, frente a la


imposición de la cultura del colonizador, es conducir a la liberación, ¿Qué hacer con estos
elementos y con estas tradiciones que continúan con la opresión?. Me parece que hay dos
caminos. O bien, se reivindica obviando estos elementos, y se continúa con este recuerdo
romántico, idílico y algunas veces purista de la cultura nacional, o bien se abre camino a
una transformación que implique un cambio también de las tradiciones y costumbres de un
pueblo. En este sentido, me quedo con lo que señala Fanon respecto a la revolución en
Argelia: “Si se desea dar a luz a un mundo nuevo, se debe reconstruir de principio a fin una
nueva sociedad (…)” (Fanon;1959:79). En efecto, si el horizonte es la liberación de la
nación y por ende la lucha por ver a un pueblo libre, es necesario revolucionar no solo las
estructuras del colonialismo externo, sino que también la opresión de los sistemas y
relaciones internas. Y la revolución es el momento, el momento de crear esta sociedad
nueva, de crear este mundo nuevo.

La revolución y los conflictos en la toma del poder


La propuesta revolucionaria de los autores estudiados, presenta como un objetivo
mediante el cual se concreta la eliminación del sistema colonial y la liberación nacional, la
toma del poder. Es decir, que se plantea el Estado como lugar en el que se disputan los
proyectos de sociedad que se desean construir. Fanon, si bien no dice textualmente que el
objetivo es tomar el Estado, ya que pone más énfasis en el proceso de la lucha de liberación
nacional, hace alusión a mecanismos e instituciones que tienen que ver con el Estado como
forma de ir construyendo nuevas formas de pensar y nuevas formas de vivir, fuera de la
estructura colonial. Reinga por su parte, es bastante claro dentro del carácter programático
de su libro, en señalar que la forma de crear este nuevo mundo es mediante el Poder Indio,
que es la toma del poder y la acción del Partido Indio lo que permitirá la restitución del
Tawantinsuyu – que constituye un Estado-nación- y lo que hará posible desterrar la
herencia colonial.

Esta propuesta, al igual que en el punto anterior, presenta también nudos de conflicto
sobre los que se hace necesario reflexionar. La crítica al Estado, desde luego no es algo
reciente, sino que lleva consigo una larga trayectoria, que en este artículo no
desarrollaremos, pero si recogeremos algunos elementos entendiéndolos en relación a la
problemática colonial, y a la propuesta revolucionaria levantada por los autores en cuestión.
Para esto, me remitiré a la propuesta de John Holloway, fundamentalmente la desplegada
en su libro “Cambiar el mundo sin tomar el poder”.

En primer lugar, es interesante pensar la revolución en tanto a la relación que se


establece con el Poder. Si nos dirigimos al concepto de poder, lo entendemos en primera
instancia, como la capacidad de hacer algo. Sin embargo, al aplicarse a un contexto que es
social, y al ser visto desde una estructura que lleva consigo una jerarquización, este poder-
hacer, se transforma ahora en poder-sobre ( Holloway:2002;50), es decir, que el ejercicio
del poder de unas personas que estén por sobre otras en esta escala jerárquica, implica que
unos se apropian del concebir una acción y de hacer que otros ejecuten esa acción
concebida. Junto a esta apropiación y ejercicio del poder-sobre otros, se encuentran un
conjunto de mecanismos que aseguran esta posición en el ejercicio del poder, y mediante la
coerción facilitan la efectividad de este.1Es entonces, que cuando hablamos de tomar el
poder, hablamos de tomar este ejercicio de poder sobre otros, y es ser parte de una
estructura que se construye con este principio de dominación, el Estado.

Ahora, cuando hablamos del Estado, no podemos analizarlo como un organismo


autónomo como el liberalismo propone, sino que hay que entenderlo en relación al modelo
que reproduce y sustenta, es decir, en relación al sistema capitalista. Para esto, es preciso
entender que el Estado está conectado con el contexto social y por su puesto económico en
el que se sitúa, entendiendo que “existe como un nodo en una red de relaciones

1
La discusión y teorización sobre el poder, claramente es mucho más extensa y mucho más compleja de lo
planteado en estas líneas. Sin embargo, quise esbozar algunas ideas para señalar que el debate
efectivamente es complejo y posee multiples aristas desde las cuales se puede analizar.
sociales”(Holloway:2002;32). A su vez, la forma en que estas relaciones sociales se
construyen, pasan por la forma en que el trabajo está organizado, y esta organización pasa
por el sistema de capital. Es por esto que el Estado está limitado y condicionado a mantener
y reproducir el sistema capitalista del cual es parte. Desde esta base, se puede entender que
cambiando las relaciones sociales y la organización del trabajo, vale decir, si se reorientan
estos elementos hacia un sistema no capitalista, esta dinámica no existiría. Esta afirmación
sería cierta, si el capitalismo se desarrollara solo en el plano del Estado nacional, pero
estamos frente a un momento donde el capitalismo no solo es nacional, sino que
internacional y en el contexto actual es también transnacional.

En el momento en que el Estado es funcional al sistema capitalista- que como


mencionamos, actúa en un plano nacional, internacional, y actualmente transnacional- nos
encontramos con muchos casos en los que el colonialismo deja de ser una dominación que
se impone desde una potencia extranjera, y más bien se ha visto que el colonialismo viene a
ser en momentos más contemporáneos un colonialismo interno. En este punto, me remito a
la propuesta de González Casanova, quien analiza este fenómeno tomando como contexto
que dirige estos procesos, el capitalismo a un nivel global. Si bien el análisis de González
Casanova se ubica en un contexto posterior al de los autores estudiados, es interesante el
diálogo que puede producirse con estas visiones que complejizan la acción del Estado como
espacio desde el cual se disputa un proyecto de revolución.

González Casanova, citando a Robert Emerson, indica que el fin del colonialismo por
sí solo no elimina los problemas del dominio extranjero, sino que abre paso a nuevos
conflictos en que las nuevas naciones retoman los mecanismos de opresión de una
comunidad por otra, como una continuación que a veces es aún más dura que la de la
estructura colonial (González Casanova; 2006: 186). Esta situación es retomada también
por Fanon y Reinga, quienes identifican que los movimientos que suponían una
independencia nacional, han sido una obra para consolidar el poder de una burguesía
nacional, que continúa con la opresión. Sumado a esto, es claro que una vez lograda la
independencia, se encuentran con una estructura internacional que no ha cambiado y que se
vale de la descolonización para fortalecer su estructura, dando paso al subdesarrollo como
nueva forma de ubicar a las nuevas naciones del tercer mundo a la dinámica del capitalismo
mundial. En este nuevo entramado, el monopolio económico cultural, actúa como el nuevo
colonizador de un neocolonialismo.

Es así como el colonialismo no se termina cuando se tiene un Estado-nación


independiente, ya que la situación vivida en un plano internacional, se traslada también a un
plano al interior de la nación. Como señala González Casanova,

Los pueblos, minorías o naciones colonizadas por el Estado-nación sufren condiciones


semejantes a las que los caracterizan en el colonialismo y el neocolonialismo a nivel
internacional: habitan en un territorio sin gobierno propio; se encuentran en situación de
desigualdad frente a las elites de las etnias dominantes y de las clases que las integran
(…)
En este entramado, el Estado nacional no puede separarse entonces del capitalismo
global y del colonialismo internacional. Es por esto, que pretender tomar el Estado
obviando este contexto se vuelve infructífero.

Esta dinámica capitalista en la que está inserta el Estado nacional, sumado a la


concepción de poder bajo la que actúa esta estructura, hace del Estado un ente que propicia
las relaciones de dominación, que bajo la ilusión de soberanía ciudadana fortalece los
antiguas relaciones de subordinación, que no solo se expresa en las relaciones nacionales,
sino que también en un plano global.

Es por esto, que me quedo con la propuesta de Holloway, en tanto a que “La manera en
que la que hoy debe pensarse la revolución es como la eliminación el poder, no su
conquista”(Holloway: 2002; 34). La revolución debe eliminar las relaciones de poder, no
cambiar de cabeza, ni de colonizador. Como señala Holloway “Lo que está en juego en el
proceso revolucionario no es de quién es el poder sino la existencia misma del poder”
(Holloway: 2002; 36).

Conclusiones
En este esbozado desglose de la problemática de descolonización al plantearse en el
momento de la revolución, hemos dado cuenta de algunos nudos problemáticos que se
enfrentan al momento de luchar con un horizonte de liberación.
En las propuestas de ambos autores, nos encontramos que la revolución se piensa y se lleva
a cabo con el fin de eliminar la estructura y la dominación colonial, con el fin de hacer del
pueblo colonizado, un pueblo libre. En este proceso, se hace necesario reforzar la identidad
nacional, separarse del colonizado y recuperar las tradiciones como fuente de la cultura
nacional. Esta revolución se plantea como producto de una lucha por el poder, entendiendo
que es el Estado el lugar donde se disputan los proyectos de transformación. Estos
elementos que hemos recogidos de estas propuestas, presentan elementos conflictivos a la
hora de pensarlos en relación con el objetivo principal que plantean estas propuestas
revolucionarias: la liberación.

Por un lado, cuando el colonizado se posiciona en la defensa de la cultura nacional, cuando


intenta separarse y resistir mediante una anti-asimilación cultural, rechazando la cultura del
europeo, y aferrándose a sus tradiciones como columna vertebral de la cultura propia, nos
encontramos que la dominación no solo está presente en la cultura del colonizador, sino que
también se encuentra fuertemente en la cultura del colonizado. Con los ejemplos
mencionados en los trabajos de los autores revisados, queda a la vista el conflicto que se
produce cuando es la tradición la que también propicia prácticas de dominación, cuando se
plantea una opresión que no se puede cambiar por que se deben defender las costumbres y
las tradiciones, cuando un grupo es subordinado por otro perteneciente al mismo pueblo
colonizado; cuando observamos esto es que nos preguntamos cuán ideal es la cultura
nacional y cuán libre nos hace aferrarnos a estas tradiciones y a esta cultura que
consideramos propia.

Por otro lado, la propuesta de la toma del poder, entiende que la revolución se logra
mediante apoderarse del Estado, y se consolida en la medida en que el colonizado sea ahora
quien posea el poder. En esta lógica, lo que se piensa es ejercer un poder entendido como la
capacidad de imponer algo sobre otros. Junto a esto, está el hecho de que un Estado no se
separa de las relaciones y del sistema al que es funcional, es decir, el sistema capitalista que
actúa en un plano nacional e internacional. Es por esto, que un Estado conforma una
estructura que como se dijo, es funcional al sistema capitalista y a una organización de las
relaciones que conserva la estructura jerárquica, que plantea la ilusión de una soberanía,
pero que en realidad es un aparato bajo el dominio de las burguesías nacionales y los
monopolios del mercado internacional. Es por esto, que a la hora de pensar en el poder y la
toma del Estado, a mi juicio, no se está incluyendo las dinámicas y relaciones que esta
estructura condiciona, no se está pensando en una liberación total de la nación ni de los
individuos, solo se está cambiando de cabeza para que parezca que el pueblo se gobierna a
sí mismo, solo se legitima una subordinación impuesta ahora por un nuevo colonizador.

En un momento más actual, estas críticas y reflexiones desplegadas en este artículo,


se ven relejadas en proyectos de pueblos que en esta lucha por la liberación optan por la
autonomía. Para los movimientos indígenas contemporáneos el punto central pasa por cómo
garantizar los derechos de los indígenas, es decir, cómo lograr un reconocimiento de sus
derechos en un plano colectivo e indiviual, entendiendo este como una base para concretar
el horizonte de libertad. En este sentido, la autonomía aparece como una forma de hacer
efectiva esta libertad, como una forma de concretar la libre autodeterminación. La
autonomía entonces, se define como en control sobre un territorio, el gobierno propio, y
una identidad cultural (López: 2010).

Por esto, si el horizonte revolucionario es la liberación del pueblo que es oprimido, me


parece que la revolución no debe apuntar solo a transformar la estructura colonial como
fuente externa que propicia la opresión, sino que también a transformar los elementos
internos que perpetúan la dominación.
Bibliografía

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REINAGA, Fausto, La revolución india, Ediciones PIB, 1969.

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FANON, Frantz, Sociología de una revolución, Ediciones ERA, 1959.

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