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Seminario Diocesano de Morelia

Teología Espiritual
Luis Alonso Gutiérrez Gutiérrez 4º de teología

SÍNTESIS Y APLICACIÓN DE LA MESA DEL BANQUETE DEL REINO. CRITERIO


FUNDAMENTAL DEL DISCERNIMIENTO EN LA MESA DEL BANQUETE DEL REINO

Antes de hacer un discernimiento cristiano, es necesaria la capacidad de poder hacerlo primero en


el plano humano. El discernimiento humano es dejar que la conciencia tome el control de nuestro
interior y el papel de parámetro de nuestras decisiones. La conciencia que es esa voz que nos va
indicando cuando algo de los que realizamos se acerca o no a nuestra verdadera felicidad; y lo que
está al fondo de la búsqueda de la felicidad es la vida.

Ahora bien, para poder percibir la vida tenemos que traducir esa vida en valores, donde
encontramos que hay unos más fundamentales, por ser más universales, que otros. De ahí que
actuar como ser humano implica oír la voz de mi conciencia frente a unos valores, que me hacen
tomar más y más en cuenta la vida de los demás y la vida del planeta, con responsabilidad. Otro
elemento característico de la persona es la inclinación constitucional al mal. La conciencia tiene
que optar por lo que en verdad da vida, frente a lo que trae la muerte, personal o de la sociedad.
Ese optar por la vida puede traducirse en cinco actitudes básicas: 1) Saber trabajar equilibradamente
sabiendo descansar. 2) Saber construir el amor. 3) Ser abejar que extraen lo mejor de las flores.
4) La capacidad de dialogar. 5) La sana autoestima.

Como vemos, optar por la vida pasa por un proceso psicológico personalizado. Implica curación y
valores concretos. Hay que elegir la vida, no en abstracto, sino la vida que es para mí un caminar
por donde mi misma estructura psicológica me lo indica, como camino de crecimiento, de sanación
e integración. Este camino es la “consigna psicológica”. Con ella se puede establecer el proyecto
vital e ir haciendo las elecciones correctas durante el camino de la existencia.

Para poder discernir es necesario tener una experiencia de oración básica, y así encontrar a Dios en
todas las cosas. El discernimiento por ser espiritual tiene que estar en la onda del Espíritu, pues es
Él quien en el fondo nos hace deleitarnos profundamente en los mismos gustos de Dios, saborear
verdaderamente lo que le agrada: la justicia y el derecho realizados con ternura. Ya sabemos que
la regla básica del discernimiento es algo que se puede desdoblar en dos proposiciones básicas: qué
es lo que experimento y hacia dónde me lleva eso que me pasa, el derrotero de la moción. No hay
duda que es al Reino hacia donde Dios nos conduce. El autor compara al Reino con una mesa que
tiene cuatro pedestales; pedestales a los que nos llevan las mociones: a) A las obras de justicia
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Luis Alonso Gutiérrez Gutiérrez 4º de teología

solidaria. b) A la alegre misericordia, que nos lleva a la capacidad de entrar en el proceso del
perdón. c) A la incomprensión y la persecución, que se genera precisamente a causa de ser
misericordioso con los demás. Si el reino es algo que se opone a los poderes del mundo tendrá que
notarse el signo de la incomprensión, persecución y muerte. d) Al amor de sí mismos, pues el Reino
nos hace ser solidarios con nuestras debilidades, nuestras hambres, nuestras inseguridades, nuestras
presiones que nos sofocan. Por tanto, se discierne para optar, las mociones se nos dan para que se
concreten en pequeños jalonamientos hacia el plan del Padre con la humanidad.

Una espiritualidad se fragua siempre a partir de la propia psicología. Por ello es necesario tener
parámetros para encontrarnos con las trampas que lo religioso puede tender a la vida y
especialmente a la experiencia con Dios. Un parámetro es considerar cómo las compulsiones
pueden provocar imágenes falsas de Dios, y otro es que el Dios de Jesús es un Dios que no está
separado del Reino. Es un Dios que nos sobrepasa porque su medida es infinita, porque es la
combinación de todo al mismo tiempo en armonía perfecta. De ahí que tengamos que quitar todo
antropomorfismo en la visión de Dios. Es la persona de Jesús quien nos enseña a relacionarnos con
esa parte de la trascendencia de Dios difícil e incomprensible.

Aplicación pastoral

Dentro de la Iglesia podemos encontrar personas que tiene ideas o concepciones muy distintas de
Dios, y de acuerdo a ello es la manera en la que expresan su fe. Adoran a un Dios diferente, que no
corresponde al Dios de Cristo. Concepciones erróneas de Dios hacen que “su dios” sea esa
concepción errada, y no el Dios verdadero. En consecuencia, es una imagen creado por nosotros,
o impuesto por otros en nuestra mente. Y tratar de discernir, de buscar el camino de Dios, será una
labor difícil.

Por eso un primer examen, en un primer discernimiento, acercamiento a la experiencia espiritual,


tiene que encaminarse a verificar si eso que las personas llaman “dios”, refleja en realidad la imagen
del Dios de Jesús o es una pobre percepción de Dios, producto de nuestra fragilidad humana.

Debemos enseñar a nuestros fieles que El Dios de Jesús es el Dios que se experimenta: es decir, se
le conoce y se le comprende desde la experiencia y el encuentro con Jesús, no tanto desde el
conocimiento. No hay pasos ni graduaciones en su comprensión. La clave está en el reconocimiento
de nuestra condición de limitados y pecadores, de pobres y necesitados.
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Luis Alonso Gutiérrez Gutiérrez 4º de teología

Aplicación personal

En el discernimiento humano interviene todo lo que soy, interviene mi percepción, interviene mi


emoción, interviene mi entendimiento e interviene mi capacidad de decisión. De modo que cuanto
más maduro sea, más probable será mi discernimiento, será más acertado. Cuando puedo utilizar
bien mis facultades mentales, entonces discerniré porque percibiré, recordaré, distinguiré,
comprenderé, conoceré, apreciaré, juzgaré. Y le puedo añadir a esto la experiencia de la fe. Yo
puedo orar y encontrarme con el Señor ahí, en la oración, en la vida, en los sacramentos, en la
comunidad, en muchos lugares.

Por eso, los criterios que debo emplear para juzgar y valorar ya no son sólo los criterios racionales
ordinarios de todo ser humano, que también entran en juego, sino también los criterios del
Evangelio. Las opciones que tomos, se inscriben en un camino cristiano, se inscriben hacia un fin.
Voy hacia un fin, y a ese fin es el que van todas las decisiones que tomo en el discernimiento; son
decisiones parciales, son decisiones que van poco a poco, pero van encaminadas, van ordenadas a
ese fin.

Tomando en cuenta los elementos humanos por un lado, y los cristianos por otro, cabe bien
preguntarme: ¿qué creo yo que influye más en mi proceso de discernir? ¿Mi mundo afectivo y mis
memorias afectivas, o mi mundo racional y del mundo de la verdad objetiva? ¿Cómo logro pasar
del plano humano al plano de fe al momento de hacer mi discernimiento?