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Un o una trabajadora social se puede desenvolver en diferentes escenarios como un

profesional que impulsa el cambio, partiendo desde el diagnostico entendiendo este como

un análisis de las situaciones, el contexto, las instituciones y los organismos sociales que

existan en el campo u objeto de estudio. Este diagnóstico permite al profesional reconocer

la diversidad y los diferentes antecedentes de cada territorio, elementos que le permiten

motivar la participación de la comunidad en su territorio para que se empoderen y se

puedan resolver las diversas problemáticas que la permean.

Al reconocer las problemáticas el profesional desde su vinculación con la comunidad,

debe dar a conocer a todos los habitantes, moradores de una zona o comunidad sus

derechos y hacer visible los diferentes mecanismos de participación ciudadana como por

ejemplo de veeduría ciudadana, ya quede desde la parte ética se deben apoyar activamente

estos procesos para que cada vez tomen fuerza y más personas se vayan vinculando,

generando así la apropiación del territorio donde habitan.

En este sentido el trabajador social tiene un rol educativo que puede ser de gran

importancia, puesto que puede llegar a ser un generador de espacios donde se reconozca la

diversidad, la multiplicidad de formas de ser, estar y habitar un territorio; donde este

reconocimiento de formas pueda propiciar el inicio de comunidades que velen por la

exigencia de territorios dignos, siendo este ambiente también apto para que el profesional

sea un mediador entre la comunidad y las diferentes instituciones creando un dialogo de las

diferentes perspectivas que pueden dar paso a la transformación social.


El rol mediador debe estar sujeto al impacto y efectividad de las Políticas Públicas que

se han y se están desarrollando, puesto que hay que evaluar su real implementación;

cuestionando y develando las incoherencias que se encuentren, y proponiendo nuevas

alternativas a dichas incongruencias, lo cual hacer necesario que las personas sean

partícipes no sólo en la planeación sino también en la ejecución, para que haya un trabajo

conjunto, se cree un mayor sentido de pertenencia y a la vez una identidad frente a la

Política Social diseñada.

De esta manera el profesional debe propiciar que los habitantes no se conviertan en

agentes o receptores pasivos, sino que reflexionen y cuestionen, todo lo que desde los

planes se les ofrece y a partir de allí exijan, sean más autónomos y críticos, ya que aunque

los territorios pueden tomar elementos de una planeación participativa, debe buscarse que

esta no incida ligeramente en las dinámicas capitalistas de desarrollo, sino en el

reconocimiento de los verdaderos factores que contribuyen a una calidad de vida de los

pobladores.