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CURSO:

Contratos Típicos

TEMA:
Contrato de Renta Vitalicia
Contrato de Juego y Apuesta
Contrato de Hospedaje

DOCENTE:
Edward Salazar Sánchez

ESTUDIANTES:

 Anaya, Claudia.
 Gálvez, Roxana.
 Ordinola, Diana.
 Peña, Yelsin.
 Privat, Shirley.
 Tirado, Shirley.
1
 Velásquez, Claudia.
ÍNDICE

CAPÍTULO I .................................................................................................................................... 4

I. GENERALIDADES .............................................................................................................. 4

1. ANTECEDENTES HISTÓRICOS .............................................................................. 4

2. DEFINICIÓN ................................................................................................................ 6

A. ELEMENTOS DEL CONTRATO .............................................................................. 6

B. CARÁCTERES JURÍDICOS ...................................................................................... 7

C. REGULACIÓN EN EL CODIGO CIVIL PERUANO VIGENTE ARTÍCULOS


1714° AL 1727° .............................................................................................................................. 8

C.1. ARTÍCULO 1714° .......................................................................................................... 8

C.2. ARTÍCULO 1715° ......................................................................................................... 10

C.3. ARTÍCULO 1716° ......................................................................................................... 12

C.4. ARTÍCULO 1717º .......................................................................................................... 13

C.5. ARTÍCULO 1718° ......................................................................................................... 15

C.6. ARTÍCULO 1719° ......................................................................................................... 16

C.7. ARTÍCULO 1920° ......................................................................................................... 17

C.8. ARTÍCULO 1921° ......................................................................................................... 18

C.9. ARTÍCULO 1922° ......................................................................................................... 19

C. 10. ARTÍCULO 1723° ...................................................................................................... 20

C. 11. ARTÍCULO 1724° ...................................................................................................... 20

C. 12. ARTÍCULO 1725° ...................................................................................................... 21

C.13. ARTÍCULO 1726° ....................................................................................................... 22

C.14. ARTÍCULO 1727° ....................................................................................................... 23

CONCLUSIONES ......................................................................................................................... 36

BIBLIOGRAFÍA ........................................................................................................................... 37

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Capítulo II
El contrato de juego y apuesta

I. Concepto………………………………………………………………24
II. Caracteres……………………………………………………………..25
III. Elementos del contrato…………………………………………….....26
IV. Clasificación……………………………………………………….......27
V. Nulidad de actos jurídicos que encubran o envuelvan deudas del juego
y apuesta no autorizados y prohibidos (Art. 1945)………………….29
VI. Tercero que paga la deuda en juego y apuesta no autorizados
(Art. 1946)……………………………………………………………..30
VII. Juegos y apuestas masivas o multilaterales (Art. 1947)…………….34
7.1 los juegos y apuestas que de alguna manera se han vinculado o están sujetos
a lo dispuesto por el artículo 1947 del Código Civil……………………………34
VIII. Rifas y demás concursos públicos eventuales (Art. 1948)…………..34
IX. Caducidad de la acción de cobro (Art. 1949)……………………….35
X. CONCLUSIONES…………………………………………………….36
XI. BIBLIOGRAFIA……………………………………………………...37

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CAPÍTULO I

I. GENERALIDADES

1. ANTECEDENTES HISTÓRICOS

El hospedaje como tal empieza a tener lugar en el momento en que el hombre deja de ser
nómada y se establece en asentamientos que con el tiempo irán evolucionando en poblados y
ciudades. Es ahí cuando empieza a tener lugar el tráfico de personas que, por diferentes motivos
que no vamos a entrar a considerar, necesitan de un sitio donde poder descansar durante y para
continuar su viaje, o para realizar alguna tarea en el lugar durante unos días y necesitan de un
lugar en el que poder alojarse.
Los primeros antecedentes conocidos los tenemos en la época griega, donde se podía distinguir
ya entre hospitalidad privada y pública. La primera se consideraba importante por la imagen
que transmitía de los lugareños de riqueza y generosidad, y la segunda, descansaba sobre una
doble base: un simple deber de humanidad, o un pacto entre estados.
Centrándonos en el mundo romano, que es el que más nos interesa para esta investigación pues
como veremos más adelante, y al igual que pasa con gran parte de nuestro derecho actual, es
en esta época cuando empieza a regularse el hospedaje y el modelo actual no dista mucho del
de entonces, si bien mucho más completo y adaptado a las necesidades de nuestros tiempos. El
concepto de hospitalidad es muy similar al que tenían los griegos: dar alojamiento a aquellos
forasteros que lo requieran, también de manera pública o privada. Esta forma de dar
hospitalidad descansa sobre la figura del hospitium, de la que encontramos dos vertientes: el
hospitium privatum, el que tenía lugar entre un ciudadano romano y un extranjero, y el
hospitium publicum, entre el pueblo romano y un extranjero o una ciudad extranjera. En el año
413 aparece una constitución recogida en el Código Justiniano de los emperadores Honorio y
Teodosio, en la que por primera vez se alude al tema de la hospitalidad, indicando que se
concede con la condición de que no se le pida al huésped nada de lo que se considera necesario
para el alimento de sus hombres o animales, además de que la estancia sea breve y fluida.
Más adelante, en la época medieval, una serie de factores contribuyen a que el hospedaje no
prospere, y ante esta situación, los monasterios suplen la falta de hospederías albergando a los
peregrinos que acudían a Roma, Santiago o Jerusalén. A pesar de esto, siguen existiendo los
establecimientos que prestan alojamiento retribuido a viajeros (a partir de esta época mesones,
ventas u hostales), en los que no se han mejorado las condiciones de épocas pasadas, y

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conociendo un poco el período medieval, podemos llegar a imaginar las condiciones de dichos
parajes.
El siglo XX es el momento en el que el mundo y la sociedad empiezan a evolucionar de manera
más rápida en un lapso de tiempo considerablemente menor que el resto de la historia anterior,
y el hospedaje es un reflejo más de ello. Comienza a darse un fenómeno prácticamente
desconocido hasta el momento que es el turismo, la gente ya no sólo viaja por motivos
religiosos o comerciales principalmente, sino que comienza a interesarse por conocer mundo
debido a la aparición de recursos que facilitan esta posibilidad (principalmente el desarrollo de
los medios de transporte) y por el cambio del estilo de vida de una sociedad que cada día tiene
más cubiertas sus necesidades básicas. Y es a partir de los años sesenta cuando este crecimiento
en tendencia desde principio de siglo explota fuertemente en nuestro país, primero por el litoral
mediterráneo y luego expandiéndose por el resto de zonas costeras hasta llegar al más profundo
interior de la meseta, menos turístico aparentemente.
En nuestro país, el contrato de hospedaje es regulado por primera vez, como contrato
típico en el Derecho peruano, en el Código Civil de 1984, es decir, antes de ello no se reguló
en los Códigos de 1852 ni de 1936. Esto no quiere decir que sea una figura contractual de
reciente formación; muy por el contrario, sus antecedentes se remontan
hasta tiempos antiquísimos, pues como señala Arias Schreiber (p. 665), "el
desplazamiento de las personas y el requerimiento vital de recuperarse de la fatiga de
los viajes determinó que desde antiguo" surgiera la necesidad del albergue u hospedaje".
Los primeros vestigios normativos en relación con esta figura se dan a partir del
Decreto Supremo sobre casas de hospedaje (20 de abril de 1946), del Decreto
Supremo Reglamentario de la Industria Hotelera (6 de agosto de 1949) y el Reglamento
de Establecimientos de Hospedaje (D.S. N° 006-73-IC/DS de 29 de marzo de 1973).
Posteriormente se dictaron tres Reglamentos de Establecimientos de Hospedaje,
derogando el de fecha más reciente al inmediato anterior; así tenemos el aprobado por
D.S. N° 012-94-ITINCI de fecha 22 de junio de 1994; el aprobado por
D.S. N° 023-2001-ITINCI de fecha 13 de julio de 2001; y el aprobado por
D.S. N° 029-2004MINCETUR de fecha 27 de noviembre de 2004, en actual vigencia.
Cabe precisar que las disposiciones contenidas en estos reglamentos son de orden
administrativo, de manera que regulan la clasificación, categorización,
requisitos, condiciones mínimas,supervisión, infracciones y sanciones, entre otros aspect
os, de los establecimientos dedicados a la actividad de hospedaje.

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Salvo la definición de "contrato de hospedaje" que se puede hallar en ellos, no
están normadas las relaciones jurídico-contractuales entre el hospedante y el huésped; esto
recién se da, como ya se dijo, en los artículos 1713 al 1727 del Código Civil de 1984.

2. DEFINICIÓN

El contrato de hospedaje es definido legalmente en el Código Civil por el artículo 1713, en


los siguientes términos:

Por el hospedaje, el hospedante se obliga a prestar al huésped albergue y, adicionalmente,


alimentación y otros servicios que contemplan la ley y los usos, a cambio de una retribución.
Esta podrá ser fijada en forma de tarifa por la autoridad competente si se trata de hoteles,
posadas u otros establecimientos similares.

El hospedaje de acuerdo con el autor Max Arias-Schreiber Pezet en “Exégesis del Código Civil
Peruano de 1984”, nos dice que dicho contrato se refiere a la posibilidad de albergar a una o
varias personas y, en forma adicional, de proporcionarles alimentos y otros servicios
complementarios a quienes necesitan trasladarse de un sitio a otro o establecerse
temporalmente por razones de salud, descanso u otras motivaciones, en un determinado lugar.
Resulta, pues, que la definición del hospedaje está dada, en nuestra opinión, por dos factores
fundamentales: techo y comida, siendo desde luego más importante el primero, ya que la
segunda es solo facultativa. Asimismo, podemos decir que de este dispositivo legal se
desprende que el contrato de hospedaje puede ser, en opinión de varios tratadistas, simple o
complejo. Será simple cuando se limite al albergue, o sea al derecho de usar una o varias
habitaciones; y complejo o adicional cuando incluya otros servicios, tales como alimentación,
lavado de ropa, etc. esto es, lo que en doctrina toma el nombre de pensión. El hospedaje es pues
el género, mientras el albergue es la especie, de acuerdo con esta concepción. (p 13)
En conclusión, podemos definir el contrato de hospedaje como aquel acuerdo de voluntades en
que una parte se obliga a prestar a una persona distintos servicios de distinta naturaleza que
tienen como prestación principal el alojamiento, y la otra parte como contraprestación se obliga
a pagar un precio establecido previamente.

A. ELEMENTOS DEL CONTRATO

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De la definición legal del contrato de hospedaje se desprenden sus
principales elementos, que ahora vamos a detallar.
De acuerdo con el autor Manuel Muro Rojo en “Código Civil Comentado”, nos señala que el
elemento subjetivo o personales, en este tipo de contrato las partes son el hospedante y el
huésped. El hospedante puede estar organizado como persona natural, negocio unipersonal
o persona jurídica, en este último caso bajo cualquiera de las modalidades reguladas en
la Ley General de Sociedades, o como empresa individual de responsabilidad limitada,
conforme al D.L. N° 21621.
Por otro lado, en lo que concierne a los elementos objetivos o reales, es decir,
a las prestaciones que se derivan de las obligaciones de las partes, el hospedante está
obligado a prestar alojamiento o albergue en las habitaciones de
su local y, adicionalmente, alimentación y otros servicios que pudieran haberse convenido
(lavandería, por ejemplo).
Además, el hospedante asume una obligación subsidiaria y consecuente
responsabilidad respecto de la custodia o eventual depósito de
los bienes del huésped, a lo cual nos referiremos al comentar los artículos 1718° al 1724°
del Código Civil.
A su turno, el huésped está obligado a pagar la respectiva retribución, la misma que normalm
ente está fijada a modo de tarifa, y aunque la norma dice que esta puede ser aprobada por
la autoridad administrativa competente, esto en la realidad no ocurre,
rigiéndose por las reglas del mercado de oferta y demanda. (p 20)

B. CARÁCTERES JURÍDICOS

Entre los principales caracteres de este contrato tenemos los siguientes:

a) Es autónomo, ya que no depende de otros contratos, es decir, existe y subsiste por sí


mismo.
b) Las pretensiones son reciprocas. En efecto, el alojamiento y demás servicios que
presta el hotelero tienen como contraprestación el pago de la tarifa y los adicionales
correlativos.
c) Es oneroso, dada su naturaleza fundamentalmente empresarial. Hay, pues,
enriquecimiento y empobrecimiento entre las partes.

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d) Es temporal, pues plantea el uso y por lo tanto la posesión de un bien por un tiempo,
que puede ser determinado o indeterminado y que funciona como tracto sucesivo,
en forma similar al arrendamiento de bienes.
e) Es conmutativo, desde que lo derechos y obligaciones de los contratantes dependen
de factores ciertos, cuyos efectos puedan cuando menos potencialmente ser
establecidos desde la celebración.
f) Es consensual, pues no está sujeto a formalidad alguna y basta el asentimiento de las
partes para su perfeccionamiento.
g) Es de tracto sucesivo, en virtud de que sus efectos se prolongan a través del tiempo.
Carecería de interés para los contratantes que fuese instantáneo.

C. REGULACIÓN EN EL CODIGO CIVIL PERUANO VIGENTE


ARTÍCULOS 1714° AL 1727°

En las siguientes líneas pasaremos a analizar los artículos referentes al contrato de hospedaje,
cabe precisar que empezaremos por explicar el artículo 1714°, pues el artículo 1713° referido
a la definición ya lo hemos detallado en los párrafos anteriores, al igual que sus elementos y
caracteres jurídicos.

C.1. ARTÍCULO 1714°


De acuerdo al segundo artículo del referido contrato, específicamente el 1714° del Código Civil
establece las normas reglamentarias y las clausulas generales de contratación, diciendo lo
siguiente: “El hospedaje se sujeta además a las normas reglamentarias y a las cláusulas
generales de contratación aprobadas por la autoridad competente.”

Dicho artículo de acuerdo con el autor Manuel Muro Rojo en “Código Civil Comentado” se
refiere a que por la naturaleza del contrato, y por razones de control
y seguridad, así como para beneficio de los huéspedes, el contrato de hospedaje o mejor
dicho, las prestaciones derivadas del servicio que brindan los establecimientos dedicados a
ese negocio es supervisado por la autoridad administrativa, que en este caso es el
Ministerio de Comercio Exterior y Turismo (MINCETUR), y que muchas de sus condiciones
y requisitos aparecen de leyes especiales y sus reglamentos, y no solo de las disposiciones que
se encuentran en el Código Civil, de modo que el contrato se celebra por adhesión o en base a

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clausulas generales de contratación. En efecto, sería poco menos que imposible ceñirse a los
conceptos del contrato clásico o paritario en el cual existe la etapa de la negociación previa.

Al comentar el artículo 1713 del Código, ya nos hemos referido a grosso


modo a los antecedentes legislativos y a la normatividad complementaria sobre esta materi
a, por lo que en esta parte conviene referimos a dos de
las normas reglamentarias de mayor relevancia que se conectan directamente con
el artículo 1714°:

 El Reglamento de Establecimientos de Hospedaje (D.S. N° 029-2004-


MINCETUR de 27-11-2004), que consta de
7 capítulos, 31 artículos, 7 disposiciones transitorias, complementarias y finales, y
8 anexos.
El primer capítulo, referido a las disposiciones generales, regula el objeto
del reglamento, el ámbito de aplicación
para todos los establecimientos que prestan el servicio de
hospedaje, la clasificación y categorización de los mismos, y las definiciones de
la terminología corriente relacionada con el negocio y actividad de hospedaje. El
capítulo segundo tiene contenido meramente administrativo, pues se
refiere a la competencia y funciones de los órganos regionales para la aplicación del
reglamento. El capítulo tercero es de
suma importancia porque regula todo lo concerniente a la autorización y funci
onamiento de los establecimientos de hospedaje (requisitos para iniciar
actividades y condiciones mínimas que deben cumplir, así como la verificación de
las mismas). El cuarto capítulo se ocupa del régimen de clasificación
y categorización, incluyendo la solicitud, el certificado, el procedimiento, el uso de
la placa indicativa y el directorio de establecimientos. El quinto capítulo concierne
a las visitas de supervisión a efectos de verificar el cumplimiento de
la normatividad administrativa por parte de los establecimientos de hospedaje. El
sexto capítulo establece brevemente el régimen sobre el cambio del titular de
los establecimientos de hospedaje; y en el
último capítulo se desarrolla el régimen de atención y registro de huéspedes. En sum
a se trata mayormente de disposiciones reglamentarias de carácter
predominantemente administrativo para el correcto funcionamiento y desarrollo de

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la actividad de hospedaje; por lo que no se halla en
este reglamento norma alguna sobre la relación
contractual entre hospedante y huésped.

 La escala de infracciones y sanciones aplicable a los establecimientos de


hospedaje clasificados y categorizados (R.M. N° 1472001ITINCIDM de 26-
072001), que consta solo de 4 artículos y que básicamente distingue
las infracciones leves sancionables con amonestación escrita y las infracciones
graves sancionables con multa; así como las sanciones de cambio de clase o categoría,
cancelación de las mismas y cancelación de la acreditación
como establecimiento turístico. (p 22-23)

C.2. ARTÍCULO 1715°

Ahora, con respecto al siguiente artículo de acuerdo al aseo y adecuado funcionamiento y


alimentación, nos dice:

El huésped tiene derecho a exigir del hospedante que la habitación presente las
condiciones de aseo y funcionamiento de servicios normales y que los alimentos, en su
caso, respondan a los requisitos de calidad e higiene adecuados.

Este artículo se refiere a los más elementales derechos del


huésped. Bien vistas las cosas, la norma aparece regulando una exigencia de perogrullo, pues
es un valor entendido que un establecimiento dedicado habitualmente al negocio de
hospedaje no puede soslayar las condiciones básicas a las que
alude la presente disposición; en ese sentido, la norma parecería simplista e innecesaria,
tal como revela Arias Schreiber en “Exegesis del Código Civil Peruano” (p. 677).
No obstante, este autor expresa que se consideró conveniente incorporar es I norma al Código
Civil para salvaguardar los derechos fundamentales de todo huésped, teniendo en cuenta "la
realidad en que vivimos y el hecho de que en gran parte de los lugares donde se presta
hospedaje las instalaciones no reúnen la más elementales condiciones vitales" (ARIAS
SCHREIBER, ibídem). Del miso parecer es Castillo Freyre en "Tratado de
los contratos típicos” (p. 65), quien manifiesta que hace bien el Código Civil en precisar

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que las condiciones que debe presentar la habitación en cuanto aseo y a funcionamiento de
servicios deben ser las "normales", empero aclara que esto debe entenderse como
que deben ir de la mano con lo que a su turno significa "situación de normalidad" de acuerdo
a la categoría del establecimiento.
Al respecto, es pertinente mencionar que de acuerdo a los artículos 2° y 3° del Reglamento de
Establecimientos de Hospedaje (D.S. N° 0292004MINCETU estos se encuentran
legalmente clasificados y categorizados bajo un sistema en rango de "estrellas", así
como debidamente establecidas (en el anexo de dicho reglamento) las condiciones de
funcionamiento y servicios que deben ofrecer de acuerdo a su clase y categoría; además, el
artículo 29 del reglamento señala como regla general, que las instalaciones de
los establecimientos de hospedaje deben estar en óptimas condiciones de
conservación, presentación, funcionamiento, limpieza
y seguridad, de modo que permitan su uso inmediato y la prestación adecuada de los
servicios ofrecidos desde el día que inicia sus operaciones.
Esto no significa que mientras más baja sea la categoría se permita la disminución de
los estándares de calidad y de funcionamiento óptimo o normal de los servicios; sino que
todos los servicios deben funcionar siempre en forma normal y adecuada,
independientemente de la categoría del establecimiento, solo que en unos el hospedante
podrá ofrecer mayores servicios o comodidades, mientras que en otros se limitará
a los más básicos, precisamente en función a la categorización.
Cabe agregar que, como bien dice Castillo Freyre en "Tratado de los contratos típicos"
(p. 65), las exigencias del numeral 1715 del Código no deben circunscribirse a la
habitación del huésped, es decir al ambiente privado del hospedaje, sino
a todas las instalaciones del establecimiento, tal como fluye delas normas del citado reglamen
to.
En cualquier caso, si el establecimiento no observara las reglas sobre las
condiciones de conservación, funcionamiento, higiene y seguridad, podrá ser
multado administrativamente, puesto que ello constituye infracción grave, según
la R.M. N° 147-2001-ITINCI-DM.

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C.3. ARTÍCULO 1716°

El artículo 1716° del Código Civil nos señala lo siguiente:

Los establecimientos destinados a hospedaje exhibirán en lugar visible las tarifas y


cláusulas generales de contratación que rigen este contrato.

La prestación principal del huésped en un contrato de hospedaje es, obviamente, el pago de


la retribución por el alojamiento brindado en el establecimiento; sin embargo, para poder
cumplir con esta obligación y en realidad para decidir la propia celebración del
contrato y asumir la responsabilidad en cuanto a dicha prestación el huésped debe estar
debidamente informado sobre las respectivas tarifas y, adicionalmente,
sobre todas las condiciones generales de contratación que impone el hospedante.
Si el contrato de hospedaje fuera paritario, la norma contenida en este
artículo no hubiera sido necesaria, puesto que las partes bien podrían negociar precio y cond
iciones previamente a la celebración del contrato; empero ocurre que los contratos de
hospedaje son actos que se celebran por adhesión sobre la base de
cláusulas generales predispuestas, de modo que el huésped prácticamente no
negocia tales cuestiones y, ordinariamente, solo tiene la posibilidad de aceptar o rechazar
las tarifas y condiciones que ofrece el hospedante.
En esa línea, la disposición del artículo 1716 tiene por finalidad proteger los derechos
e intereses de los huéspedes (ARIAS SCHREIBER, “Exegesis del Código Civil
Peruano” p. 677), siendo pues una norma necesaria, máxime si "la tarifa es uno de
los elementos esenciales especiales del contrato de hospedaje oneroso. Mal
podría entenderse celebrado un contrato de estas características, si el
huésped desconociera la tarifa que va a regir durante su estadía en dicho
establecimiento" (CASTILLO FREYRE, en "Tratado de los contratos típicos" p. 66).
Asimismo, aclara este autor que la exhibición de las cláusulas generales de
contratación resulta indispensable para que las mismas se incorporen al contrato de
hospedaje en caso de no haber sido aprobadas por
la autoridad administrativa, en aplicación de lo señalado en el artículo 1397° del Código Civ
il; o, si tales cláusulas generales estuvieran aprobadas, se incorporarían automáticamente
a todos los contratos de hospedaje que celebre el establecimiento que obtuvo dicha
aprobación, conforme al artículo 1393° del mismo Código. Sobre este tema, el artículo 30

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del Reglamento de Establecimientos de Hospedaje vigente, aprobado por D.S. N° 029-
2004MINCETUR, reitera la disposición a que se contrae el
artículo bajo comentario, señalando que en
el establecimiento debe mostrarse en forma visible, tanto en la recepción como en
las habitaciones, las tarifas, la hora de inicio y el término del día hotelero
y demás condiciones del contrato de hospedaje. Como puede apreciarse, en este caso la regu
lación es más precisa en cuanto al tema de la exhibición, ya que no solo se limita a decir
que debe ser en un lugar "visible", como dispone un poco vagamente el Código Civil, sino
que dicho lugar visible es, conforme al citado reglamento, el ambiente de recepción
del local y las habitaciones donde se brinda el hospedaje, con lo que no cabe duda de
que los huéspedes tendrán a su alcance la mencionada información en ubicaciones que les
son perfectamente accesibles.
Finalmente, conviene mencionar que no
obstante lo expresado, en la escala de infracciones y sanciones aplicables a los
establecimientos de hospedaje, aprobada por R.M. N° 1472001ITINCIOM, no
aparece como infracción sancionable la no exhibición de las tarifas, como sí se regula con tal
carácter la no exhibición en forma visible (tanto en la recepción como en las habitaciones) de
la hora de inicio y término del día hotelero, lo cual constituye una infracción leve que da lugar
a una amonestación escrita. Se advierte, pues, una deficiencia en este régimen
sancionatorio, la cual debe ser corregida para incorporar como infracciones la no
exhibición delas tarifas y delas cláusulas generales de contratación, es decir, no solo lo relati
vo al día hotelero .

C.4. ARTÍCULO 1717º

Asimismo, el artículo 1717° del Código Civil nos señala lo siguiente:

“Los equipajes y demás bienes entregados o introducidos por el huésped responden


preferencialmente por el pago de la retribución del hospedaje y por los daños y perjuicios
que aquél hubiese causado al establecimiento, pudiendo el hospedante retenerlos hasta su
cancelación.”

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Como se sabe, el derecho de retención es un mecanismo jurídico que puede emplear el
acreedor para lograr que su crédito sea satisfecho, encontrándose reconocido y legislado en
los artículos 1123° a 1131° del Código Civil. La figura opera como un
procedimiento válido para que los acreedores consigan, con auxilio de este medio, un
pago que normalmente les sería muy difícil de obtener, siendo
una herramienta útil, aunque solo procede en ciertos casos y en
determinadas circunstancias; uno de estos casos es en el contrato
de hospedaje, según lo previsto en el artículo 1717° bajo comentario.
Así, pues, el derecho de retención consiste en la facultad otorgada al acreedor titular de un
derecho de crédito, de mantener en su poder un bien de su deudor, hasta que dicho
crédito sea pagado o suficientemente garantizado (artículo 1123° del C.C.). Se trata de un
derecho real de garantía, aunque con caracteres especiales que difieren de
las garantías reales clásicas.
Conforme al artículo 1123° del Código
Civil, para la procedencia y ejercicio del derecho de retención debe estar dicho derecho
reconocido expresamente en la ley o cuando haya conexión entre el crédito debido y el bien
que se retiene. Complementariamente, deben cumplirse algunas premisas obvias: i)
la existencia de una relación jurídica y de un crédito exigible; ii) la posesión por parte del
acreedor de un bien adquirido legítimamente; iii)
la insuficiencia de garantía del crédito; iv) que el bien sea susceptible de ser retenido.
Así, pues, lo señalado en el artículo 1123° alude a dos supuestos excluyentes entre sí,
atendiendo a la disyuntiva "o" que se emplea en el texto de la norma. Cuando
decimos que son excluyentes nos estamos refiriendo a que la retención procede en
casos específicos y puntuales señalados en la ley, sean cuales fueren las condiciones en que
dicho derecho esté regulado, es decir, aun cuando no se cumpla el requisito de la conexión
(que es el otro supuesto excluyente).
Esto ocurre, precisamente, en el caso del artículo 1717° del Código Civil, en
lo que concierne a los equipajes y bienes "introducidos" por el huésped a un
establecimiento de hospedaje (se entiende a su habitación), los mismos que responden por
la retribución de hospedaje no pagada y por los daños y perjuicios causados. Se observa
que no hay conexidad directa entre los bienes retenidos (equipaje introducido) y el
crédito adeudado, habida cuenta que este tiene relación con el
alojamiento o albergue brindado y no con el equipaje. Distinto es el caso de
los bienes "entregados" (por ejemplo, dinero o joyas) en calidad de custodia o depósito,

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puesto que en este caso el hospedante responde como depositario, de manera que el crédito
a su favor si guardaría conexidad con los bienes que mantiene en su poder. Así, pues,
estando reconocido el derecho de retención a favor del hospedante, hay que interpretar
con cuidado la norma del artículo 1717°, pues conforme a su texto literal podría
pensarse que el hospedante está autorizado para hacerse pago de la deuda del huésped
directamente con los bienes que fueron introducidos al establecimiento o que le fueron
entregados en custodia o depósito; es decir, que podría apropiarse de ellos. Sin embargo
esto no es así; pues, si bien el hospedante puede retener los bienes del huésped, sucede
que para hacerse cobro del crédito, en caso que finalmente este no fuera cancelado, debe
seguir el procedimiento ordinario de ejecución de la garantía, dado que el derecho de
retención tiene carácter de garantía real según ya hemos mencionado.
En tal sentido, sería aplicable lo dispuesto en los artículos 720°
y siguientes del Código Procesal Civil que regulan el proceso de ejecución de garantías, de
manera que el hospedante satisfará su acreencia con el producto del remate.

C.5. ARTÍCULO 1718°

El Artículo 178° de nuestro Código Civil de 1984 señala lo siguiente:

El hospedante responde como depositario por el dinero, joyas, documentos y


otros bienes recibidos en custodia del huésped y debe poner en su cuidado
la diligencia ordinaria exigida por la naturaleza de la obligación y que corresponda
a las circunstancias de las personas, del tiempo y del lugar.

El artículo 1718° y siguientes son los encargados de tratar la responsabilidad del hostelero por
los efectos introducidos por los viajeros en el establecimiento. Como podemos apreciar en el
párrafo precedente, el hostelero responderá ilimitadamente como depositario por el dinero,
joyas, documentos y otros bienes recibidos para su custodia. Por lo mismo, y como se explicará
más adelante, se relaciona con el artículo 1721, mismo que refiere que el hospedante no puede
negarse a recibir en custodia o a que se introduzcan los bienes a que se refiere el artículo en
mención, sin justos motivos.
Entonces podemos apreciar que la responsabilidad del hospedante se refleja en los bienes que
son directamente entregados por el huésped, realmente entregados, y aquellos que son

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introducidos, es decir aquellos que lleva consigo el huésped. Dentro de los primeros se
encuentra el artículo tratado, refiriéndose a los bienes entregados al hospedante a efectos de
custodia, respondiendo este como depositario.
Ahora, el depósito obligatorio legislado surgió como ineludible reacción frente a los numerosos
casos de sustracción de las cuales eran víctimas los viajeros y se ensambla con la naturaleza
empresarial que tiene el hospedaje desde hace varios años. Tratándose en si de una
responsabilidad especial y de tipo objetivo, pues basta con la entrega para que el hospedante
responsa por la pérdida, sustracción o deterioro de los bienes; para liberarse de esa
responsabilidad deberá probar que esculpa el huésped, visitantes, acompañantes o
dependientes. Según nos dice el autor Arias Schreiber, Max en “Exegesis del Código Civil
Peruano de 1984”.
Por otro lado, la responsabilidad no es ilimitada, si bien se refiere a bienes con importante
valor, no los restringe a otros, “otros bienes”, por lo que pueden ser de cualquier clase, lo que
sí importa es la diligencia con la que deberá actuar el hostelero. Manuel Muro Rojo, en Código
Civil Comentado.

C.6. ARTÍCULO 1719°

El hospedan te responde igualmente de los objetos de uso corriente introducidos por el


huésped, siempre que éste cumpla las prescripciones del aviso que estará fijado en lugar
visible de las habitaciones. La autoridad competente fijará el límite de la responsabilidad.

A diferencia de los bienes entregados, este artículo se refiere a aquellos introducidos por el
huésped, si en un primer momento hablamos de los entregados físicamente al hostelero, y este
actuaría como depositante, en el artículo en mención habla sobre los bienes de uso corriente,
aquellos que lleva consigo, y aunque no lo entregue directamente al hostelero, para el maestro
León Barandiarán, nos dice que hay un depositum ficto; basta que sean introducidos dentro del
establecimiento para que el hostelero tenga responsabilidad, por las cosas encontrarse in situ
dentro del hotel, y mientras estén en él. En contraposición encontramos a Arias Schreiber, al
considerar que no hay un contrato de depósito, más sí una obligación y responsabilidad de
custodia, siempre que el huésped cumpla con las prescripciones fijadas en lugar visible de las
habitaciones y destinadas a que adopte ciertas precauciones de seguridad.
Asimismo, para Arias Schreiber, Max en “Exegesis del Código Civil Peruano de 1984”:

16
El Código no ha establecido desde qué momento se inicia la responsabilidad del hotelero por los efectos
que introduce el huésped en un hotel o posada y parecería que solo es a partir de la entrega en custodia
o dela ocupación de la habitación que se le asigne. En doctrina se estima que si el hotelero tiene su
propio vehículo en el cual se transportan los efectos al hotel, la responsabilidad nace desde el instante,
esto es, cubre el trayecto entre el lugar en que se abordó dicho vehículo y desde e luego, su posterior
introducción en el inmueble que sirve de hospedaje. Lo mismo se hablara cuando el huésped se
encuentra haciendo los trámites de su anotación en la administración. En este orden de ideas, la duración
de su responsabilidad no se limita a la del contrato principal, comprende la fase previa a su celebración,
aunque este no llegue celebrarse y permite una vez concluido aquel, en tanto que las operaciones de
desalojo y traslado no se culmina.

Entonces, con lo que comentado, podemos concluir, y como menciona el código que, la
responsabilidad, será limita, obviamente, en tanto se refiere a los bienes que no son entregados
al hospedante, sino aquellos de uso corriente que lleva consigo el huésped, en donde la norma
hace referencia que la responsabilidad debe ser fijada por la autoridad competente, sin embargo
no hay más allá que esta mención.

C.7. ARTÍCULO 1920°


El hospedante tiene derecho a solicitar del huésped, dentro de las veinticuatro horas de su
ingreso, una declaración escrita de los objetos de uso común introducidos, así como a
comprobar su exactitud.

La norma en análisis se refiere a aquellos bienes introducidos por el huésped, es decir sobre los
que son de uso corriente, por lo tanto esta en directa relación con el artículo 1719° del Código
Civil.
Asimismo, el presente artículo hace referencia a la declaración que debe ser solicitada por el
hospedante dentro de las veinticuatro horas, al huésped, sobre los bienes que el mismo
introducirá al establecimiento, cabe recalcar que existen dos momentos sobre el referente
artículo: la solicitud de la declaración y su verificación, en este caso, pueden concurrir ambos
o por separado, lo imperante es solicitar la declaración dentro del lapso planteado y su
verificación debe ser con los bienes a la vista, caso contrario el hospedante pierde el derecho,
entendemos se produce la caducidad del derecho; pero este no se pierde si tal solicitud se
formula en tiempo oportuno a pesar de que, reiteramos, la declaración y comprobación se
realicen vencido el plazo.

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En concordancia con Castillo Freyre en “Tratado de los contratos típicos”, podemos afirmas
que la responsabilidad por la que tendrá que responder el hospedante será sobre aquellos bienes
que serán declarados y comprobados, sea por el huésped o por ambos, lo que también le permite
al hospedante con este artículo es la certeza de los bienes que ingresan a su establecimiento.
Sin embargo, la norma no hace referencia, y como menciona Manuel Muro Roja, en
“Comentarios al Código Civil”, la norma no hace menciona sobre la negativa en que pueda
caer el huésped sobre mostrar los bienes que solicita declaración, por lo que no se puede afirmar
la negligencia del hospedante; como también puede justificarse el huésped al expresar los
motivos por los que no puede mostrar los bienes que lleva consigo, al tratarse de paquetes
sellados destinados a terceras personas.

C.8. ARTÍCULO 1921°

El hospedante no puede negarse a recibir en custodia o a que se introduzcan los bienes a


que se refiere el artículo 1718, sin justos motivos. Se consideran tales, el excesivo valor de
los bienes en relación con la importancia del establecimiento, así como su naturaleza en
cuanto constituya obstáculo respecto a la capacidad del local.

Con respecto a la negativa del hospedante de recibir en custodia los bienes que se le entregan
o de aquellos que se introduzcan en su establecimiento, Castillo Freyre en “Tratado de los
contratos típicos”, nos dice: “…obedece a razones propias de seguridad del propio huésped, en
la medida que si ello no fuese así, este último se encontraría en una situación de incertidumbre
con respecto a sus pertenencias; y, en tal supuesto, su estadía no revestiría las comodidades del
caso”.
Ahora, no hay posibilidad de negarse de la custodia, sea para los bienes referidos en el artículo
1718, bienes entregados, y el 1719, bienes introducidos, ya sean a los bienes de importante
valor y “otros bienes”, y aquellos de uso corriente, por lo que ninguna clase de bien se escapa
de la responsabilidad del hospedante. Sin embargo, y lo más resaltante del análisis del artículo
referente son aquellos justos motivos, mismos que responden a dos:
a) El excesivo valor de los bienes en relación con la importancia del establecimiento;
refiriéndose a si el local cuente con instalaciones o zonas, que determinen el posible ingreso de
los bienes o la recepción en custodia de estos, lo que no signifique riesgos, pérdidas, deterioro
o sustracciones para los huéspedes.

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b) Naturaleza de los bienes en cuanto signifiquen un obstáculo respecto a la capacidad del
local; lo que significa que a pesar de contar con las previsiones e instalaciones necesarias para
el resguardo de los bienes, ya no hace hincapié sobre su valor sino sobre la naturaleza de estos,
es decir, su material, volumen o tamaño, siendo necesaria la negativa a la custodia o que
implique un perjuicio al hospedante.

C.9. ARTÍCULO 1922°

La responsabilidad del hospedante por la custodia de los bienes depositados o


introducidos se extiende a los actos u omisiones de los familiares que trabajan con él y a
sus dependientes.

Nos dice el maestro Arias Schreiber, Max en “Exegesis del Código Civil Peruano de 1984”:
“El grado de profesionalidad de los hospedantes y el carácter empresarial de su actividad
explican este precepto. Se trata de un caso de responsabilidad especial y distinta a la del
depósito común o voluntario”.
Por lo que el carácter empresarial, también recae sobre la base de una organización que
involucra el concurso de diversas personas con determinadas funciones y labores, que hacen
posible la prestación de un servicio adecuado en beneficio de los huéspedes y clientes en
general. Acerca de esto, podemos indicar que según las normas pertinentes nos dicen que el
hospedante puede operar como persona natural o negocio unipersonal sin constituir una
persona jurídica, o constituyendo una persona jurídica bajo cualquier modalidad societaria
permitida por la Ley General de Sociedades, Ley N° 26887 (sociedad anónima, sociedad
comercial de responsabilidad limitada, etc.) o como empresa individual de responsabilidad
limitada (D.L. N° 21621).
En estos casos, sobre quién responderá por la custodia de los bienes entregados o los
introducidos, en el supuesto en que se presente como persona jurídica, será irrelevante el
identificar al sujeto que realizó la falta porque en un contrato la contraparte directa sería el
hospedante; sin embargo cuando no sea persona jurídica, la responsabilidad de responder por
la falta u omisión será del hospedante y se extenderá a los familiares que trabajen con él y sus
dependientes, es decir, la norma encaja perfectamente en este supuesto.

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C. 10. ARTÍCULO 1723°

El huésped está obligado a comunicar al hospedante la sustracción, pérdida o deterioro


de los bienes introducidos en el establecimiento tan pronto tenga conocimiento de ello. De
no hacerlo, quedará excluida la responsabilidad del hospedan te, salvo cuando tales
hechos se produzcan por dolo o culpa inexcusable de este último.

Según Arias Schreiber, Max en “Exegesis del Código Civil Peruano de 1984”:
Se ha estimado indispensable exigir de parte del huésped la denuncia al hospedante respecto
del daño que haya sufrido, una vez conocido éste y sin pérdida de tiempo, para que el segundo
éste en aptitud de tomar las medidas que considere pertinentes. Estas van desde las más
inmediatas (embargos, denuncia policial, etc.) hasta las mediatas.
Es por lo tanto la norma que permite poner en marcha el sistema de responsabilidad con la que
debe responder el hospedante descrito en los articulo anteriores referentes a los bienes
introducidos, es decir en el artículo 1719° y 1720° respectivamente.
Asimismo, es necesario indicar que no corresponde a una responsabilidad contractual derivada
del contrato principal, hospedaje, todo lo contrario es un derecho destinado a satisfacer el
interés del huésped ante la pérdida, sustracción o deterioro de los bienes, esperando la medidas
necesarias para su indemnización. Por otro lado, la diligencia del huésped o el tiempo límite
que debe durar esta serpa hasta antes de concluido el contrato, es decir hasta el retiro del
establecimiento.
Caso contrario, nos dice la norma, que el hospedante será librado de responsabilidad, salvo este
actúe con culpa inexcusable o dolo.

C. 11. ARTÍCULO 1724°

El hospedante no tiene responsabilidad si prueba que la sustracción, pérdida o deterioro


de los bienes introducidos por el huésped se debe a su culpa exclusiva o de quienes le
visiten, acompañen o sean dependientes suyos o si tiene como causa la naturaleza o vicio
de ellos.

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El artículo en análisis regula los bienes de uso corriente o los introducidos, artículos 1719° y
1720°. Este especifica dos situaciones en la que el hospedante no responde por la sustracción,
pérdida o deterioro de los bienes:

a) Acciones u omisiones no del hospedante, sus familia o dependientes, sino a acciones u


omisiones culposas del propio huésped, de las personas que los visiten o sean dependientes
suyos.

b) La naturaleza o vicio de los bienes del huésped.


Lo que resulta lógico el excluir de responsabilidad al hospedante de cualquier consecuencia
que por falta de diligencia o circunstancias que no puede controlar, deba responder el huésped.
Asimismo, en concordancia con lo expresado el maestro Castillo Freyre, en “Tratados de los
contratos típicos”, manifiesta que es inútil esta norma y opta por su derogación.
Para concluir, en palabras de Arias Schreiber, Max en “Exegesis del Código Civil Peruano de
1984”: “Este precepto está referido únicamente a la responsabilidad profesional del
hospedante… y lo libera cuando prueba que la sustracción, pérdida o deterioro, se origina por
culpa exclusiva del huésped o de quienes de alguna manera entren en el circuito del hospedaje
o si se deba a la naturaleza o vicios de las cosas introducidas”.

C. 12. ARTÍCULO 1725°

El crédito del hospedan te caduca a los seis meses contados a partir


del momento de la terminación del contrato.

En el caso del contrato de hospedaje la acción para cobrar el crédito adeudado caduca no
prescribe a los seis meses de concluido el contrato, plazo significativamente corto si
se le compara con el régimen común, pero sustentado en razones de seguridad jurídica y en
el carácter empresarial del hospedaje, esto para Arias Schreiber en Exégesis del Código Civil
Peruano de 1984” o más satisfactoriamente en la alta movilidad que supone el
hospedaje y en el hecho de tener el hospedante otras vías de cobranza, según Castillo Freyre
en “Tratado de los contratos típicos”, como sería el
ejercicio del derecho de retención y la consecuente ejecución de esta garantía.

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Es entonces que a los seis meses de la terminación del contrato, esto entendido como la
desocupación de la habitación que sirvió de hospedaje, para la demanda por el pago de la deuda,
caso contrario se dará la caducidad del derecho.
Asimismo, y como idea central nos dice el maestro Arias Schreiber, Max. “Exegesis del Código
Civil Peruano de 1984”: “Por razones de seguridad jurídica y dado el carácter empresarial del
hospedaje se ha dictado esta norma relativa a la caducidad del crédito del hospedante por el
albergue, alimentación y demás servicios remunerado prestados a los huéspedes o viajeros”.

C.13. ARTÍCULO 1726°

El servicio adicional de estacionamiento de vehículos o similares, se rige por


los artículos 1713 a 1725, en cuanto sean aplicables.

El maestro Arias Schreiber, Max. “Exegesis del Código Civil Peruano de 1984” nos dice:
En determinados establecimientos públicos el hospedante no solo proporciona habitación y
alimentos, sino también estacionamiento de vehículos y otros servicios similares. Partiendo de
esta realidad se ha incorporado este precepto, que es remisorio las obligaciones que debe
cumplir el hospedante frente a los huéspedes, pero en cuando sean aplicables.
Por lo tanto, la actividad que da origen a este apartado son los servicios que el hospedante
pueda brindar de estacionamiento, concurriendo con el resto de ellos, es decir el espacio físico
que destina a esta actividad, cabe precisar cuándo estará bajo responsabilidad del hospedante,
si será entendido como un bien introducido o entregado directamente. En este orden de ideas,
y citando a Jordano Fraga, citado por Arias Schreiber en “Exégesis del Código Civil Peruano
de 1984”, nos dice: “Por lo que se refiere a automóviles y vehículos, se incluyen en la
responsabilidad del hotel por custodia directa que son introducidos en garajes vigilado o
controlados por su personal, de propiedad o utilización exclusiva del hotel o establecimiento
hotelero, y en la responsabilidad por custodia indirecta siempre que los vehículos se hallen en
un lugar para ello acondicionado por el establecimiento para su exclusivo uso. En cambio no
hay responsabilidad del hotelero cuando se trate de garajes o aparcamientos ajenos al mismo,
indicados o recomendados”.

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C.14. ARTÍCULO 1727°

Las disposiciones de los artículos 1713 a 1725 comprenden a los hospitales,


clínicas y casas de salud o de reposo, establecimientos comerciales o de
espectáculos públicos, balnearios, restaurantes, clubes, naves, aeronaves, coches-
cama y similares, en lo que les sean aplicables.

Con el artículo en mención podemos afirmar la flexibilidad de este último para la adaptación a
otros contratos, que no se refieren al contrato principal, hospedaje, sin embargo los servicios
que se pueden prestar se asemejan a tal punto que lo pueden confundir como tal. Como es el
caso de las clínica, mismas que ante algún accidente de tráfico en donde la persona que sea
ingresada queda en coma por días, semanas e incluso meses, en estas se prestarán servicios de
albergue, alimentación, entre otro, semejantes al hospedaje, solo por citar un ejemplo. Lo
mismo podemos citar en cuando a centro de establecimientos comerciales o espectáculos
públicos, en donde nos albergaremos por cierto tiempo hasta concluir la actividad pertinente,
Para el autor Arias Schreiber en “Exégesis del Código Civil Peruano de 1984”: “Se ha
considerado el caso de las denominados – lugares o cosas asimilados- que no son iguales a los
de los hoteles, posadas y análogos, pero en los que también pueden entregarse los bienes en
custodio o introducirse efectos de uso común”.
Entonces, como en los citados ejemplos y lo mismo sucede con las aeronaves o coches-cama.
Los lugares mencionados por la norma no están destinados a proporcionar hospedaje
propiamente dicho, no es su fin último, sino a través de ellos pueden ejecutarse ciertas acciones
que se derivan de otras relaciones contractuales.

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Capítulo II
El contrato de juego y apuesta

XII. Concepto

El jugar o apostar es parte de las actividades cotidianas, lo que permite celebrar contratos con
el organizador del juego o de la apuesta o con la otra persona que participa de ahí provienen
los contratos de juegos y apuestas.
El término juego proviene del latín iocus que significa broma o distracción, expresando la idea
de satisfacción, sin embargo el término ludus que significa diversión o pasatiempo se asemeja
mejor al sentido de la actividad y sobre todo a su traducción al castellano de este término, en
cambio el término apuesta proviene del latín apponere o adponere que significa colocar o poner
con inmediatividad a algo. (Luis Alberto, 2012 )
Respecto al concepto, el Código Civil Peruano no realiza una distinción entre los términos
juego y apuesta pero la doctrina establece algunas diferencias entre el contrato de juego y el
contrato de apuestas, referente al primero algunos autores manifiestan que es aquel que con el
fin de distracción o de ganancias las dos parte se prometen una prestación bajo condiciones
opuestas, importando la habilidad o destreza del jugador y el contrato de apuesta es aquel, que
con el fin de robustecer una afirmación, las partes se prometen recíprocamente ciertas
prestaciones para el caso de ser verdad o no esa afirmación, importando el azar o la suerte del
jugador. (Luis Alberto, 2012 )
De conformidad con lo estipulado en el Código Civil vigente no realiza una definición de los
juegos y apuestas pero si brinda una clasificación de esta, encontrándose los juegos permitidos
y prohibidos, cuyo nombre los explican por sí solos, pero también acoge los juegos no
autorizados, los cuales se encuentran en una zona neutral. Con lo manifestado en el código
específicamente en el artículo 1942 y conforme a lo manifestado por Arias- Schreiber Exégesis
acerca que un contrato de juego y apuesta es aquel contrato por cuya virtud se da una prestación
como resultado de un hecho incierto o realizado pero desconocido para las parte, podemos
entender que ese contrato se realiza en base de un hecho incierto o futuro o de uno realizado
pero desconocido quedando obligado a cumplir la prestación que se pactó en el contrato la
parte que perdió, al saber el resultado del hecho futuro o de haber tenido conocimiento del
hecho ya realizado

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XIII. Caracteres

Teniendo en cuenta que los contratos no permitidos son contratos a fines de no celebrarse que
nuestra normativa no regula, las características generales se enfocan solo en aquellos contratos
que tienen como propósito su celebración, es decir que el código civil regula, protege y no
prohíbe, por ello los contratos de juegos y apuestas permitidos y los no autorizados son los
siguientes según Esther Algarra Prats:

a) Autónomo
El contrato de juego y apuesta no depende de otra relación obligacional.
Es decir no es un contrato accesorio que requiere de uno principal

b) Prestaciones Recíprocas
Al momento de celebrar el contrato de juego y apuesta cada parte se obliga a
realizar una determinada prestación.
Pero a diferencia de los otros contratos presenta una particularidad que al
momento de resolverse la duda respecto del hecho futuro o desconocido sólo queda
obligado aquel que perdió desapareciendo la otra promesa de prestación.

c) Título oneroso
Se vincula a un interés económico. La causa lucrandi es importante para que
tenga relevancia regulatoria de lo contrario si solo sería vinculado a una satisfacción
emocional sería irrelevante para el derecho civil.

d) Consensual
Es necesario este carácter para la celebración del contrato ya que no exige alguna
formalidad para poder celebrarse.

e) Aleatorio
Al momento de su celebración es necesaria la presencia de un criterio sine qua
non que es la incertidumbre, la cual puede existir solo para una parte como en el caso
de la lotería o para ambas partes a lo que se denomina dualidad de alea.

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f) Ejecución instantánea
Este contrato no se extiende en el tiempo como los contratos de duración.
El factor de instantaneidad se presenta una vez despejada la incertidumbre no antes.

g) Condicional
El resultado final que va a permitir que una de las partes gane y la otra pierda va
a depender del evento aleatorio.

XIV. Elementos del contrato

a) Sujetos
Los contratos de juegos y apuestas en términos genéricos presentan como sujetos a
aquellos que participan en la celebración del contrato a quienes se le denominan
jugadores.
Una vez resuelta la incertidumbre y dado a conocer el resultado las partes quedan
precisados ya no como jugadores sino como vencedor y como perdedor, sin embargo
en algunos contratos de juego y apuesta como en el caso de ciertos juegos permitidos,
por más que se resuelva la incertidumbre no se puede identificar con claridad el
vendedor y el perdedor como por ejemplo cuando se trata de empresas que celebran
este tipo de contratos sobre todo de las loterías, la empresa nunca resulta perdedora
ya que siempre obtiene un margen de ganancia independiente a cualquier resultado.
(Prats, 2012 )

b) Capacidad

En tanto a la capacidad de goce refiere que el contrato de juego y apuesta puede ser
celebrado tanto las personas naturales como las personas jurídicas pero existen
situaciones especiales como en los juegos permitidos, en los cuales el ordenamiento
determina para ciertos casos que solo pueden actuar como organizador una persona
jurídica, ejemplo en el caso de los casinos.
Además respecto a la capacidad de ejercicio depende de la clasificación de los juegos
permitidos ya que mientras en los hipódromos se permite a los menores de edad
participar y jugar en los casinos o establecimientos de bingos no se permite ingresar

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a los menores de edad o a aquellos sujetos a interdicción civil y respecto a los juegos
no autorizados no existe la solutio retentio para aquel que resulte ganador una vez
resuelta la incertidumbre, es decir no cuenta con el derecho de exigir el
cumplimiento de la obligación al perdedor cuando este sea incapaz, protegiéndolo
de su inmadurez, inexperiencia o falta de capacidad de discernimiento conforme al
artículo 1943 del Código Civil y claro para los juegos prohibidos el ordenamiento
no permite su celebración de ninguna forma. (Luis Alberto, 2012 )

c) Objeto de la prestación

En la celebración de los contratos de juego y apuesta permitidos el objeto por lo


general son obligaciones de dar ya sean bienes o dinero, el apostador o jugador está
sujeto a dar una suma de dinero como condición obligatoria pero nada impide que
el objeto del contrato sea una prestación de hacer o de no hacer, aunque en la práctica
se da muy poco. (Luis Alberto, 2012 )

XV. Clasificación

a) Juegos y apuestas permitidos

Se encuentra estipulado en el artículo 1942 del Código Civil vigente, en este tipo de
contratos de juegos permitidos el ganador vía judicial e le permite reclamar en el
caso de ser el ganador la prestación a la que se obligó el perdedor y se permite la
reducción judicial de la deuda a pedido del perdedor cuando se considere excesiva
en relación con la situación económica de él mismo, algunos tratadistas consideran
que la reducción judicial es una figura innecesaria debido a que a que la excesiva
onerosidad de la prestación obedece a un contrato el cual ha sido celebrado con el
consentimiento de la parte perdedora, por lo que no debe constituir un criterio válido
para la reducción de deuda ya que tal hecho era conocido por ambas partes y permite
estimular que personas con una situación económica baja se aprovechen de esta
situación para que minimizar sus deudas. Esta reducción judicial solo se da para
aquellos casos en los casos que ya se abonó la deuda porque en ese caso la obligación
se encontraría totalmente extinguida y como consecuencia no tendría título para

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repetir el pago, es decir no aplica que a través de una demanda de reducción de deuda
se solicite su devolución parcial.
El perdedor no podrá eximirse de cumplir el pago de la obligación ya que el ganador
se encuentra protegido por la ley y tiene derecho para accionar por su cobro, además
el deudor que cancelo la deuda proveniente de un juego permitido no tiene acción
para demandar su devolución total ni parcial, por lo ya mencionado es difícil que
extinguida la obligación pueda el criterio excesivo de la deuda en relación de su baja
situación económica y por ello solo puede ser invocada como excepción. (Luis
Alberto, 2012 )

b) Juego y apuesta no autorizado

Los efectos que presenta este tipo de contratos que por lo general son aquellos que
se dan con más frecuencia en la vida cotidiana, se encuentran regulados en el artículo
1943 del Código Civil vigente establece que aquel jugador que cancela una deuda
emanada de este tipo de contratos no tiene derecho de solicitar su repetición, esto se
debe a que el ganador presenta la solutio retentio salvo que se trate de un incapaz o
se haya incurrido al dolo para tener la condición de ganador.
Se dice que los contratos de juegos y apuestas no autorizados se encuentra una
posición intermedia sin que exista prohibición legal pero tampoco se encuentran
permitidos ni revestidos con todas las garantías hacia el ganador pero si concede a
una solución decorosa para el perdedor y satisfactoria para el vencedor.
Teniendo en claro esto es necesario mencionar que para los juegos y apuestas no
autorizados no se le permite al ganador exigir vía judicial el cumplimiento de la
obligación por parte del perdedor, pero nada le impide al perdedor por un acto de
moralidad el cumplimiento de esta, en este caso ya no podría exigir su repetición
siempre y cuando haya sido realizado por el perdedor de forma voluntaria, en caso
de no contar con este criterio sería un acto anulable por incurrir a dolo, violencia o
intimidación.
Por ello en consideración de lo mencionado anteriormente es conveniente identificar
que si se extiende el derecho de repetición cuando el sujeto que ha celebrado este
tipo de contratos sea un incapaz no se ha establecido si es necesario que sea una
incapacidad absoluta por lo que también se aplica a un incapaz relativo, lo cual es

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considerado por varios doctrinarios como una deficiencia del código que deberá ser
corregido en el futuro con alguna modificatoria al artículo. (Luis Alberto, 2012 )

c) Juegos y apuestas prohibidos

El artículo 1944 del Código civil determina que por mandato expreso de la ley este
tipo de contratos incurre a la nulidad por lo que no tiene acción de exigir el pago
aquel que resulte ganador y si tiene derecho de repetición aquel que haya cancelado
la deuda ya que presenta una prohibición legal que se ha fundado en un orden moral,
religioso y sobre todo en no alimentar una práctica que atenta contra la ética de
trabajo y promueven una injusta disposición de riqueza personal eliminando la
solidaridad entre las personas y fomentan la corrupción de las entidades estatales.
En el caso de la repetición no es necesario recurrir a los tribunales que declare la
nulidad ya que si el perdedor entregó al ganador dinero o especies y no se le
devuelven, el perdedor podrá interponer una acción restitutoria o una indemnización
en el caso de ser imposible una restitución, como por ejemplo en el caso de que el
perdedor cumpla cancelando una obligación de hacer o de no hacer. (Luis Alberto,
2012 )
Aunque en la práctica estos juegos y apuestas prohibidas se siguen dando sobre todo
por ambulantes y muchas veces tienen que aplicar sanciones y se tiene que incurrir
a decomisar e material que permite este tipo de contratos.

XVI. Nulidad de actos jurídicos que encubran o envuelvan deudas del juego
y apuesta no autorizados y prohibidos (Art. 1945)

Por su parte Max Arias Schreiber opina que, Mediante este dispositivo se protege la
finalidad ética perseguida en los juegos y apuestas no autorizados (artículo 1943) y
prohibido (artículo 1944), de modo tal que no tendrán valor aquellos actos que resulten
disfrazados y dependientes. Se evita así el fraude de la ley, impidiendo una apariencia
que no constituye un hecho nuevo, que carece de autonomía y se pone por lo tanto atajo
a legitimar por la vía indirecta, lo que la ley no permite directamente. (Carlos Cárdenas
Quirós, 1996).

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Es decir que el artículo bajo comentario se refiere a la novación, el otorgamiento de
garantía para el pago y cualquier otro acto jurídico que signifique el reconocimiento de
un resultado desprendido de juego y apuesta no autorizados o prohibidos, como serían
la promesa, confirmación, compensación, transacción y análogos.
En su parte final, el precepto bajo comentario pone a salvo el derecho del tercero de
buena fe, quien por razones de velocidad en la circulación y de seguridad en la
transmisión de esta clase de documentos es ajeno a su origen y por lo tanto la invalidez
no le alcanza.
Desde luego, nada impide que quien pagó al tercero de buena fe tenga expedito su
derecho para repetir contra el que recibió y negoció originalmente el título de crédito.
No existe, en nuestro Código, una disposición que lo señale expresamente como sucede
en el Código Civil de la República del Paraguay, promulgado el 23 de diciembre de
1985, pero ese derecho emana de la naturaleza de las cosas.

XVII. Tercero que paga la deuda en juego y apuesta no autorizados (Art.


1946).

Existirá acción a favor de quien paga con la aceptación expresa o tácita del perdedor,
actuando como un gestor que a sabiendas ha servido de intermediario y no tiene por qué
empobrecerse.
Dentro del mismo criterio, esto es, legislando sobre el juego y apuesta no autorizados de
un modo menos severo que los prohibidos, la parte final del artículo dispone que quien
paga sin autorización del perdedor y recibe de éste la cancelación de lo que abone, goza
de la solutio retentio y no está obligado a su restitución.

XVIII. Juegos y apuestas masivas o multilaterales (Art. 1947).

Los juegos y apuestas en los que suele tomar parte un gran número de personas pueden
ser divididos en dos categorías: una formada por una serie de contratos bilaterales entre
el organizador del juego y cada uno de los participantes en el mismo, y otra en la que
todos los jugadores crean un único contrato plurilateral, ejercitando el organizador
únicamente una función de intermediario. Esta división facilita el análisis de los
diferentes tipos de relaciones que se dan entre los participantes en estos juegos o

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apuestas, y funciona aún en los casos en los que éstos no se organizan
profesionalmente". (Bruce, 1984)

18.1 los juegos y apuestas que de alguna manera se han vinculado o están sujetos a
lo dispuesto por el artículo 1947 del Código Civil.

a) La lotería:

Está sujeta al Decreto Ley N° 21921, de 2 de setiembre de 1977 En doctrina, se


le concibe como "un contrato plurilateral entre participantes, con pago
anticipado de billetes de lotería o de vigésimos de esos 'enteros' con cuyo pago
se formará -excluido lo que aporte el Estado para sus fines sociales el monte
premio común a distribuir entre quienes hayan acertado".

b) Casino:
Con su regulación, la norma tiene por objetivo, Garantizar que los juegos de
casino y máquinas tragamonedas sean conducidos con honestidad, transparencia
y trato igualitario.
Establecer medidas de protección para los grupos vulnerables de la población y
evitar que la explotación de los juegos de casino y de máquinas tragamonedas
sea empleada para propósitos ilícitos.

c) Bingo:

Existe una característica propia del juego de bingo y es que el acceso a la sala
está sujeto a la adquisición de un boleto de entrada, sin perjuicio de la exhibición
de un documento de identidad.
En el bingo están prohibidos los premios en especie y los pagos se harán en
efectivo o, a solicitud del ganador y por su seguridad, en cheque bancario girado
contra la cuenta de la entidad organizadora del juego.

d) Los juegos de mesa

i. El ajedrez es un juego-ciencia que data del siglo VI de la era cristiana. Se


basa en la estrategia destinada a capturar una pieza del contrario,

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denominada Rey. Durante la partida cada pieza se desplaza a una casilla
vacía u ocupada por una pieza del adversario. Este juego es apasionante,
pues exige prever numerosas jugadas antes de la que se realiza, lo que
permite lograr un desarrollo mental sumamente avanzado. Se trata,
probablemente, del más importante juego de mesa y ha permitido la
creación de escuelas y la aparición de grandes maestros, compitiendo en
torneos con muy alto rendimiento económico.

ii. Las damas chinas es un invento chino que tuvo muchos adeptos en los
Estados Unidos de América en los años 30. Consiste en un tablero
impreso en forma de estrella y en cada una de sus puntas se coloca diez
piezas. El juego consiste en llevarlas a la punta opuesta. Pueden saltarse
las piezas propias y las de los jugadores contrarios.

iii. El dominó fue inventado en la China hace más de 3000 años y consta de
28 fichas rectangulares marcadas con puntos del 0 al 10. Cada
participante cuenta con 7 fichas y el primero lanza una, y a partir de ese
momento los jugadores colocan la pieza cuyo número coincida con la que
está sobre la mesa. En este juego participan cuatro personas formando
dos parejas, a diferencia del ajedrez, en el que sólo intervienen dos.

iv. El monopolio ha sido el juego más popular del siglo XX. Creado en 1934,
consiste en que los jugadores que varían entre 2 y 8, traten de adquirir la
mayor cantidad de propiedades posibles, a fin de desbancar a los demás,
quedándose como dueño absoluto del capital y de las propiedades.

v. El riesgo (Risk) tiene como objetivo la conquista del mundo. En este


juego de estrategia, los competidores deben colocar 21 soldados dentro
de los diferentes territorios y, posteriormente, seleccionar al azar una
tarjeta para conocer cuál es su misión. Esta puede ser destruir otras
tropas, ocupar ciertos territorios, etc.

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vi. La jenga es un juego que combina el equilibrio con la destreza y consiste
en sacar piezas de una torre formada por trozos de madera de un mismo
tamaño y colocarlas en la parte superior, pero evitando que la torre se
caiga.

vii. La herencia de la tía Ágata es un juego que consiste en tratar de descubrir


quién se quedará con la fortuna de la tía Ágata. Trae un tablero
tridimensional que simula una mansión donde hay trampas ocultas, de las
que deben cuidarse los jugadores.

viii. El pictionary es un juego en el cual lo fundamental es demostrar la


capacidad de síntesis y creatividad con una sola línea. Para jugarlo, los
que intervienen deben dibujar diversas pistas o elementos para que su
equipo adivine de qué objeto se trata. No se necesita ser un gran dibujante
y sólo basta tener un poco de imaginación.

ix. El juego de escrúpulos consiste en afrontar una serie de dilemas compro-


metedores, que en algunos casos nos ponen en aprietos. Participan entre
3 y 8 jugadores y está prohibido ruborizarse al confesar sus intimidades.

x. El clue o súper detective consiste en adivinar en qué lugar de la casa, con


qué arma y quién asesinó a don difunto. El juego consiste en poner en un
sobre 3 tarjetas con tales datos, para que cada jugador avance con el
número que indican los dados, hasta el lugar de la casa donde se sospecha
que ocurrió el crimen y decir quién es el culpable.

xi. El juego de mesa de acción y bolsa es hoy en día el amo de las finanzas.
Todos los jugadores inician la partida con igual cantidad de dinero. Hay
que comprar acciones al más bajo precio posible y venderlas al más alto.
Se deben adquirir acciones hasta en 16 empresas y decidir la venta de sus
títulos en el momento exacto, antes de que la pizarra de cotización
indique la quiebra de una de ellas.

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xii. El mastermind pone a reto la inteligencia. Se trata de descubrir el código
secreto del oponente, antes de que éste descubra el suyo. Cada uno de los
participantes que son dos, tienen que inventar un código con pequeños
cubos con letras, haciéndolo difícil para que el oponente no lo adivine,
en tanto que el otro jugador debe descubrir el código con el menor
número de movimientos de fichas en el tablero.

xiii. El juego "nadie sabe para quién trabaja" es otro de los más utilizados en
la sociedad. Tiene numerosas reglas, conforme a las cuales se van
obteniendo puntajes, resultando vencedor el que obtenga el mayor
puntaje una vez agotado el mazo. Se juega entre 2 y 4 personas.

xiv. El juego de póquer (póker) es igualmente de frecuente empleo y puede


alcanzar grandes sumas. Tiene igualmente sus reglas propias, basándose
en el mayor o menor valor de las jugadas, en función de los naipes que
se reparten inicialmente y, posteriormente, mediante el canje.

xv. El dudo es un juego de sala moderno en el que prevalece la audacia, la


capacidad psicológica y el azar. Está muy divulgado entre nosotros y
tenemos conocimiento de que ha sido patentado en el Reino Unido. El
autor de este libro es un vendido cultor de este juego de mesa, que
combina la fraternidad que surge de la amistad, con la astucia y la
capacidad de engaño, tan propia del ser humano.

XIX. Rifas y demás concursos públicos eventuales (Art. 1948)

Del contenido del artículo 1948 se desprende que la ley civil está remitida a las normas
administrativas y en este orden de ideas son aplicables el Decreto Supremo N° 90 de 14 de
octubre de 1963 y su modificatorio, el Decreto Supremo s/n de 6 de abril de 1964. De
conformidad con estos preceptos, las rifas, concursos y sorteos, así como las promociones
de venta mediante canjes de envases o cualquier sistema análogo deberán contar con la
respectiva autorización de la Dirección General de Gobierno (actualmente Dirección

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General del Interior), o de los prefectos o subprefectos, cuando se realizan fuera de Lima y
Callao, y en las solicitudes deberá constar el sistema, condiciones y requisitos según los
cuales se llevará a cabo el sorteo, rifa, concurso, propaganda comercial o venta a plazos con
premios. En estos decretos existen multas para la hipótesis de incumplimiento, que por su
monto deben ser objeto de actualización. (Montero, 1996)
La eventualidad es una condición contemplada en el artículo bajo comentario, pero hasta
donde llega nuestro conocimiento todas las rifas y concursos existentes tienen este carácter
y ninguno es permanente ni prefijado por ley.

XX. Caducidad de la acción de cobro (Art. 1949)

Esta disposición es novedosa, pues ni en el Código Civil de 1852 ni en el de 1936 se


estableció un plazo de caducidad para las acciones derivadas de los contratos de juego.
Usualmente, las leyes especiales que regulan modalidades específicas de juegos, regulan a
estos en sus aspectos de Derecho Administrativo (requisitos para obtener una autorización y
funciones administrativas del Estado para controlar el juego) y de Derecho Tributario
(obligaciones tributarias derivadas del juego regulado), pero no contienen disposiciones de
carácter civil y mucho menos referidas a la prescripción y/o caducidad de las acciones
derivadas de una controversia suscitada en un contrato de juego.
Se refiere que se ha establecido un plazo de caducidad para reclamar el pago de la deuda
originada en el juego y apuesta permitido y no rige por lo tanto la regla general sobre
prescripción de la acción personal, para mayor estabilidad de las entidades encargadas de la
organización de los juegos y apuestas permitidos. Desde luego este plazo podrá ser mayor o
menor, en caso de que la ley especial así lo disponga. (Montero, 1996)
Para seguridad del apostador, a su vez, el artículo bajo comentario dispone que el término
inicial del plazo de caducidad correrá a partir del momento en que el resultado se haya hecho
público, para lo cual y salvo forma específica prevista, se podrá utilizar el medio más
conveniente (publicación en el diario oficial o en cualesquiera de los que están en circulación,
transmisión radial o televisiva, etc.)

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CONCLUSIONES

1. El contrato de hospedaje contiene obligaciones tanto para el hospedante como el


huésped con respecto a los bienes entregados en custodia al primero, y sobre los
bienes de uso corriente o introducidos por el segundo sujeto interviniente, artículos
1718, 1719, 1720 y 1721 del Código Civil de 1984, de ellos se desprenden las
obligaciones determinantes para que se desprenda el sistema de responsabilidad sea
para el hospedante o para el huésped.

2. El contrato de juego y apuesta permite que ambas partes denominados jugadores se


prometan el cumplimiento de prestaciones pero sólo está obligado a su
cumplimiento aquellos que resulten perdedores una vez resuelto el hecho incierto
como en el caso de los juegos permitidos, pero en os casos de juegos no autorizados
no tienen derecho de acción y claro es que para aquellos prohibido tampoco.

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BIBLIOGRAFÍA

1. ARIAS SCHREIBER PEZET, Max. "Exégesis del Código Civil peruano de


1984". Colección completa. Tomo III. Gaceta Jurídica. Lima, 1997.

2. ARIAS SCHREIBER PEZET, Max. "Exégesis del Código Civil peruano de


1984". Colección completa. Tomo I. Gaceta Jurídica. Lima, 2006

3. CASTILLO FREYRE, Mario. "Tratado de


los contratos típicos", Tomo 111, Hospedaje I Comodato. Biblioteca Para Leer el
Código Civil, Vol. XIX. Fondo Editorial de
la Pontificia Universidad Católica del Perú. Lima, 2002.

4. Bruce, C. V. (1984). Los contratos de juego y apuesta. Lima: Tesis para optar el grado
de bachiller en la Pontificia Universidad Católica del Perú.
5. Luis Alberto, H. C. (2012 ). el juego y la apuesta . Pucallpa .

6. Montero, A. S. (1996). Exégesis, tomos I y II actualizados. Lima: Gaceta Jurídica


Editores.
7. Prats, E. A. (2012 ). el contrato de juego y apuesta .

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