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ARTICULO 5º.

Estructura del sistema educativo nacional se integra con los componentes


siguientes:

1.- EL MINISTERIO DE EDUCACION

2.- LA COMUNIDAD EDUCATIVA

3.- LOS CENTROS EDUCATIVOS

ANALISIS, CRÍTICA Y OPINION

El actual sistema educativo es producto de la reforma de los años noventa, la cual


generó un amplio consenso y creó políticas públicas dirigidas a mejorar las
condiciones educativas del país. Se realizó con referencia a un marco normativo,
cuya base legal se encuentra en la constitución política de la república y en la ley
de educación nacional. Dicha reforma se sustentó en el espíritu de los Acuerdos
de Paz, y posteriormente se comprometió a alcanzar los objetivos del milenio. Por
tal razón es imperativo analizar los componentes del sistema educativo nacional.

Ha existido una evolución de la problemática educativa guatemalteca, la historia


educativa de Guatemala, su configuración y desarrollo, muestran las huellas de la
dominación y discriminación que mejor reflejan y explican al país. A lo largo de los
años el sector económico, junto con la clase política, ha configurado un sistema
educativo que dispone y organiza el acceso al conocimiento de acuerdo a una
estructura social predeterminada ideal para mantener el entramado de
dominación, funcional a dicho propósito. Por ello, desde sus inicios el sistema
educativo ha tenido pocas variaciones y nunca la educación ha sido el mecanismo
para lograr igualdad de oportunidades y generar cohesión social.

En los últimos 25 años el sistema se ha transformado radicalmente basado en un


sistema dual: público-privado, y se adaptó al cambio de triunfo del pensamiento
único generando una transformación institucional difusa, contradictoria y opuesta a
las aspiraciones de cohesión social.
La reforma educativa ha sido en efecto, contradictoria, no solo por sus resultados,
también por ser producto de una amplia agenda emanada de los Acuerdos de
Paz, que siendo en ese momento uno de los pilares de la reconciliación nacional,
quedó parcialmente superado por los procesos de implementación. En dichos
procesos la política educativa se encontró con la reconfiguración neoliberal del
Estado, que impidió modificar la estructura excluyente del sistema educativo
nacional y, por el contrario, cimentó los mecanismos de la privatización educativa
que segmentó el sistema según la capacidad de pago de los padres de familia.

La reducción de gastos sociales y la crisis económica que afectó directamente a


las familias más pobres, causaron que los indicadores de cobertura retrocedieran
notoriamente. La visión utilitarista de la gestión educativa significó un retroceso en
todo sentido y puso en evidencia que la orientación política pública educativa tenía
una tendencia a la privatización de amplios segmentos del sistema, buscando
poner la educación al servicio del modelo productivo.
La profundización del modelo de libre mercado generó una constante
mercantilización del sistema escolar, instalando en la planificación educativa el
logro de la eficiencia y la búsqueda de calidad, convirtiendo el discurso educativo
en una mera referencia a los resultados, sin lograr mejorar los indicadores.

Dicha concepción nunca asumió la educación como mecanismo de integración


social, más bien se individualizó el logro educativo y se desvirtuó el derecho
humano a la educación. Eso generó un déficit de sentido al sistema y la reforma
quedó atrapada en procesos que no generaron un cambio social, acorde a las
expectativas creadas por los Acuerdos de Paz.

La educación se convirtió en un bien y en la práctica dejó de ser un derecho.


Cuando el debate se instauró entre “bien público” y”bien privado”, el diseño de las
políticas públicas educativas había cambiado el sentido de la educación y su valor
de uso cambió de horizonte. La convivencia de un sistema público precario y un
sistema privado como alternativa, estructurado de acuerdo a intereses
económicos, generó un cambio radical en los contenidos, las formas de la
enseñanza y la valoración y el uso del aprendizaje.

Los establecimientos privados proliferaron. Y para diferenciar la oferta y competir,


se generó una tendencia en la educación privada sobre la enseñanza de valores
transversales, una de las formas más perversas de la diferenciación del servicio
educativo. La escuela y por consiguiente el currículo, dejó de ser común a todos,
y los contenidos se fueron adaptando fuera la influencia del Estado como una
forma de diferenciar el servicio ofertado.

La enseñanza de valores transversales, además de atraer nuevos clientes,


destruyó la formación de ciudadanos críticos, dando paso a la enseñanza de
habilidades y destrezas para determinadas prácticas laborales, consolidando el
modelo de competencias, con lo cual el estudiante le perdió sentido a su
formación. Un mecanismo utilizado para la diferenciación fue el de las referencias
religiosas, en un Estado que se declaro laico, sin que el ente rector frenara el
contrasentido.

El Ministerio de educación se convirtió en supervisor normativo y la educación en


un servicio con el que se podía lucrar; que podía ser prestado por diversos
agentes públicos, privados o municipales, lo que permitió un brote inmenso de la
actividad educativa privada, pero freno la pública. Y como ocurrió en otros campos
sociales, una vez orientado el sistema educativo de esa forma, la racionalidad
instrumental dio pasó a la lógica del costo/beneficio que completó el circulo de
privatización del esquema educativo.
El Estado incentivó la tendencia, principalmente con reducciones fiscales, apoyó la
creación de escuelas e institutos privados y la reducción de la capacidad del
propio Estado de responder a la creciente demanda educativa.

El sistema educativo dejó a los padres de familia liberados a la escogencia del


centro escolar, de acuerdo a su interés y sus ingresos.

Así, niños, niñas y adolescentes fueron excluidos de las escuelas públicas, por
malas. Las familias con más recursos pagaron escuelas privadas para sus hijos,
mientras el Estado reducía la política de subsidiariedad, o la implementaba sin
recursos, ni planificación, por puro clientelismo político. Los pobres se quedaron
atrapados en una educación que no les otorga las mismas oportunidades, ni les
brinda igualdad de acceso a conocimientos disponibles, pero que en alguna
medida ha sido funcional al modelo productivo. Los menos afortunados fueron
excluidos de la educación.

En ese contexto, el sistema se vio reducido a una finalidad específica; la formación


de un capital humano para reproducir el esquema social y mantener la hegemonía
de la estructura de poder.