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LEYENDAS DEL MEXICO PREHISPANICO.

VERSION DE: OSCAR MÁRQUEZ LUNA.

LEYENDA DE LOS MANTENIMIENTOS.

Hace muchísimo tiempo, cuando los hombres todavía no teníamos casas ni templos. La
comida no era encontrada como hoy en día. Dicen que fueron los dioses quienes
dispusieron las plantas, semillas y frutos en todo el mundo para que cada hombre y animal
tuviera que comer; la historia es esta.

Los dioses ya habían creado el nuevo mundo, ya había plantas, ya había gentes y animales.
Pero los dioses veían que sus creaciones no eran felices como las habían dejado. Decidieron
entonces mandar a uno de ellos a observar que sucedía y el elegido fue Quetzalcoatl. Así, el
dios bajó del cielo y caminó sobre el mundo, sintió el sol, respiro nuestro aire y gozó con lo
que vio. Pero no parecía haber ningún rastro de las semillas, granos ni frutos que los dioses
habían creado para la tierra. Pues estos lo habían dispuesto todo en un solo lugar del
mundo.

Quetzalcoatl aturdido buscó por todas al culpable, pero nada encontró, hasta que su vista se
poso sobre el suelo y vio entonces un espectáculo extraño y maravilloso.
Miles de hormigas rojas caminaban atareadas por el Cem Anahuac con pequeñas semillas,
granos, etc. Formando una larga hilera que se perdía en la lejanía. El dios decidió
investigar ese asunto a fondo.

Caminó junto a las hormigas y de pronto se encontró frente a un enorme cerro, en el cual
las pequeñas hormigas entraban. Quetzalcoatl decidió en ese instante continuar y averiguar
que hacían las hormigas con todo lo que robaban; así que ocupando sus poderes divinos. Se
transformo en una pequeña hormiga negra.

Ya como hormiga, Quetzalcoatl se acercó a la fila y una de las hormigas guardianas le


grito: Hermana, ¿Qué es lo que haces haraganeando, cuando tenemos un cerro que llenar?
Entra pronto en la fila ayuda a otra hermana que cargue algo pesado y preséntate en el
interior para que se te asigne una nueva labor.

Quetzalcoatl siguió con aquel juego, ayudo a otra hormiga y comenzó a cargar hacia la
pequeña entrada que existía en aquel misterioso cerro. Jamás conocí una hormiga como tu,
dijo la hormiga a Quetzalcoatl; el cual solo atinó a responder. Me tosté cerca de un fuego.
La otra hormiga respondió, eso es interesante, ahora carga y no perdamos mas el tiempo.
Al entrar Quetzalcoatl se maravilló, el cerro estaba hueco y había servido como hogar a
esas hormigas, existían miles de túneles que se conectaban mientras que en la cámara
principal de aquel cerro hueco se hallaba al fondo un pequeño lago que era como un mar
para las hormigas, en sus orillas algunas plantaban las pequeñas plantas y las semillas
aunque la gran mayoría de las cosas eran almacenadas en miles de cámaras que servían de
bodegas. Miles de hormigas habitaban esa pequeña ciudad, pero mientras ellas gozaban de
los beneficios de esos preciosos alimentos los demás animales sufrían hambre.

Quetzalcoatl sabia que aquello no era justo, así que sin esperar nada fue a buscar al
gobernante de aquel lugar. Llegó con muchos contratiempos a la cámara de la reina, pues
todas las hormigas lo intentaban poner a trabajar en aquella empresa. Sin embargo
Quetzalcoatl se mantuvo firme. Quiso entrar, pero las hormigas soldado irrumpieron en su
camino.

El dios no quería perder mas el tiempo, así que ayudado por su magia destruyo a los
guardias y las puertas; entro y encontró una hormiga gigantesca que era alimentada por
otras sin descanso. ¿Quien osa entrar en mi cuarto sin recibir una invitación? Grito molesta
la reina. Guarde silencio en mi presencia grito Quetzalcoatl, pues soy uno de los dioses
creadores. Soy Ce Acatl Topiltzin Ehécatl Quetzalcoatl y exijo saber que es lo que se
proponen al llenar este cerro.

Si en verdad fueras Quetzalcoatl “tostada”, yo misma te daría la bienvenida y una fiesta


llena de manjares, no puedes venir a este lugar exigiendo nada. ¡Atrápenlo y mátenlo, lo
daremos como papilla para las nuevas obreras!

Quetzalcoatl se molesto cuando las hormigas intentaron atacarlo; así que rápidamente
acabo con las hormigas que querían atraparlo y de pronto se desvaneció en el aire. Un
viento recorrió velozmente el cerro y subió a los cielos, donde los dioses esperaban su
regreso. El dios dio aviso de cada una de las cosas que había visto y todos los dioses
voltearon a ver Tlaloc.

El dios de las lluvias era también el encargado de vigilar y mantener llenos de agua todos
los cerros del mundo, pues los cerros son como enormes vasijas de agua, huecos y llenos
del vital liquido, es por eso que en los días que los cerros se calientan, salen nubes, pues
son como el vapor de una olla al fuego.

Tlaloc se molestó muchísimo, pues era un error que era imperdonable. Así, los dos dioses
volvieron al mundo y antes de que Quetzalcoatl pudiera hacer algo; Tlaloc tomó su bastón
de truenos y se dividió en cuatro.
Los cuatro Tlaloc, (azul, rojo, amarillo y negro), tomaron cada su bastón de truenos se
elevaron por los aires y se colocaron en cada extremo del cerro. Apuntaron y dispararon un
tremendo rayo que hizo explotar el cerro desde la base.

Absolutamente todo voló por los aires, las plantas, semillas, frutos y granos junto con las
hormigas que aterradas volaban por los aires.

Así, por la ira de Tlaloc, todos los mantenimientos llegaron por medio de la explosión a
cada uno de los rincones del mundo, dando así al hombre y a todos los animales la
oportunidad de conseguir su sustento en cualquier lugar del mundo.

¿Que paso con las hormigas? Sobrevivieron y también llegaron a todo el mundo; aunque
muchas de ellas, por la misma explosión quedaron negras como el Quetzalcoatl hormiga.
Es por eso que cuando las hormigas rojas ven hormigas negras corren a atacarlas pensando
que son el dios que les quito por ambiciosas el poder sobre todos los alimentos del mundo.

Y aquel cerro que fue destruido fue conocido como el cerro de los mantenimientos y fue
ese sitio el que se representó simbólicamente en la parte derecha del templo mayor; que era
el lado de Tlaloc. Es así como el Templo Mayor de México-Tenochtitlan era la
representación de dos sitios míticos a la vez, el cerro de las serpientes y el cerro de los
mantenimientos.

Aunque el mismísimo sitio de la construcción del Templo Mayor tuviera una historia
propia e interesante.

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