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XIII.

1 Los que son eficazmente llamados y regenerados, al tener un nuevo


corazón y un nuevo espíritu creado en ellos, son además santificados real y
personalmente, en virtud de la muerte y resurrección de Cristo,265 por su
Palabra y su Espíritu que mora en ellos:266 el dominio de todo el cuerpo de
pecado es destruido,267 y los diversos deseos de éste son debilitados y
mortificados más y más.268 Así, los santificados son vivificados y fortalecidos
más y más en todas las gracias salvíficas,269 para la práctica de la verdadera
santidad, sin la cual nadie verá al Señor.270

265.
1 Co. 6.11: «Y esto erais algunos, mas ya habéis sido lavados, ya habéis sido
santificados, ya habéis sido justificados en el nombre del Señor Jesús, y por el
Espíritu de nuestro Dios».
Ro. 6.5-6: «Porque si fuimos plantados juntamente con él en la semejanza de su
muerte, así también lo seremos en la de su resurrección».

266.
Jn. 17.17: «Santifícalos en tu verdad, tu palabra es verdad».
Ef. 5.26: «No nos hagamos vanagloriosos, irritándonos unos a otros,
envidiándonos unos a otros».
2 Ts. 2.13: «Pero nosotros debemos dar siempre gracias a Dios respecto a vosotros,
hermanos amados por el Señor, de que Dios os haya escogido desde el principio
para salvación, mediante la santificación por el Espíritu y la fe en la verdad».

267.
Ro. 6.6, 14: «Sabiendo esto, que nuestro viejo hombre fue crucificado
juntamente con él, para que el cuerpo del pecado sea destruido, a fin de que
no sirvamos más al pecado. Porque el pecado no se enseñoreará de vosotros; pues
no estáis bajo la ley, sino bajo la gracia».

268.
Gl. 5.24: «Pero los que son de Cristo han crucificado la carne con sus pasiones
y deseos».
Ro. 8.13: «… porque si vivís conforme a la carne, moriréis, mas si por el Espíritu
hacéis morir las obras de la carne, viviréis».

269.
Col. 1.11: «… fortalecidos con todo poder, conforme a la potencia de su gloria,
para toda paciencia y longanimidad».
Ef .3.16-19: «… para que os dé, conforme a las riquezas de su gloria, el ser
fortalecidos con poder en el hombre interior por su Espíritu; para que habite
Cristo por la fe en vuestros corazones, a fin de que, arraigados y cimentados en
amor, seáis plenamente capaces de comprender con todos los santos cuál sea la
anchura, la longitud, la profundidad y la altura, y de conocer el amor de Cristo,
para exceder a todo conocimiento, para que seáis llenos de toda plenitud de
Dios».

270.
2 Co. 7.1: «Seguid la paz con todos, y la santidad, sin la cual nadie verá al
Señor». He. 12.14: «Así que, amados, puesto que tenemos tales promesas,
limpiémonos de toda contaminación de carne y de espíritu,

XIII.2 Esta santificación abarca cada parte de la persona total;271 pero es


incompleta en esta vida, pues aún quedan algunos remanentes de corrupción
en cada una de sus partes;272 de donde surge una guerra continua e
irreconciliable: los deseos de la carne contra el Espíritu, y el Espíritu contra la
carne.273

271.
1 Ts. 5.23: «Y el mismo Dios de paz os santifique por completo; y todo vuestro
ser, espíritu, alma y cuerpo, sea guardado irreprensible para la venida de nuestro
Señor Jesucristo».
272.
1. Jn 1.10: «Si decimos que no hemos pecado, le hacemos a él mentiroso, y su
palabra no está en nosotros».
Ro. 7.18, 23: «Y yo sé que en mí, esto es, en mi carne, no mora el bien; porque el
querer el bien está en mí, pero no el hacerlo. … pero veo otra ley en mis miembros,
que se rebela contra la ley de mi mente, y que me lleva cautivo a la ley del pecado
que está en mis miembros».
273.
Gl. 5.17: «Porque el deseo de la carne es contra el Espíritu, y el del Espíritu es
contra la carne; y éstos se oponen entre sí, para que no hagáis lo que quisiereis».
1 P. 2.11: «Amados, yo os ruego como a extranjeros y peregrinos, que os
abstengáis de los deseos carnales que batallan contra el alma».

XIII.3 En dicha guerra, aunque los restos de la corrupción prevalezcan mucho por
algún tiempo;274 sin embargo, la parte regenerada vence, mediante el continuo
suministro de la fuerza del Espíritu santificador de Cristo;275 de manera que
los santos crecen en gracia,276 perfeccionando la santidad en el temor de
Dios.277

274.
Ro. 7.23: « pero veo otra ley en mis miembros, que se rebela contra la ley de mi
mente, y que me lleva cautivo a la ley del pecado que está en mis miembros».
275.
Ro. 6.14: «Porque el pecado no se enseñoreará de vosotros; pues no estáis bajo
la ley, sino bajo la gracia».
1 Jn. 5.4 : «… sino que siguiendo la verdad en amor, crezcamos en todo en aquel
que es la cabeza, esto es, cristo, de quien todo el cuerpo, bien concertado y unido
entre sí por todas las coyunturas que se ayudan mutuamente, según la actividad
propia de cada miembro, recibe su crecimiento para ir edificándose en amor».
276.
2 P. 3.18: «Antes bien, creced en la gracia y el conocimiento de nuestro Señor
y Salvador Jesucristo. A él sea gloria ahora y hasta el día de la eternidad. Amén».
2 Co. 3.18: «Por tanto, nosotros todos, mirando a cara descubierta como en un
espejo la gloria del Señor, somos transformados de gloria en gloria en la misma
imagen, como por el Espíritu del Señor».
277. 2 Co. 7.1: «Así que, amados, puesto que tenemos tales promesas,
limpiémonos de toda contaminación de carne y de espíritu, perfeccionando la
santidad en el temor de Dios.».