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SEMINARIO

DE COMPRENSIÓN
Y PRODUCCIÓN
DE TEXTOS

Universidad Nacional de La Matanza


Curso de Ingreso

Corpus para el análisis


Debate sobre la Universidad Pública
2016

Los siguientes textos conforman solo una muestra del debate nacional
e internacional acerca del rol de la Universidad.
Los artículos han sido editados para este corpus.
Contenido
1.La misión de la universidad: formar profesionales y ciudadanos ......................................................................................................................... 2
2.Las humanidades fabrican inútiles ..................................................................................................................................................................................... 2
3.Aprendiendo a ser universitario. Programa de articulación. Universidad de Río Cuarto ............................................................................ 4
4.“La universidad es un derecho”. Entrevista a Eduardo Rinesi, autor de Filosofia (y) politica de la Universidad .............................. 5
5.Universidad, conocimiento y construcción de un mundo nuevo ......................................................................................................................... 6
6.Sobre el propósito de la educación ................................................................................................................................................................................... 6
7.Nuestra universidad desperdicia recursos ...................................................................................................................................................................... 8
8.Educación: ¿Vale la pena ir a la universidad?. ............................................................................................................................................................... 9

1.La misión de la universidad: formar profesionales y ciudadanos


La filosofía es la vía privilegiada para tomar conciencia de la dignidad. Y la universidad debe formar no solo profesionales,
sino ciudadanos con dignidad
La cultura es, entre otras cosas menos importantes, aquello que nos despierta al sentimiento de nuestra propia
dignidad. Y la filosofía es el momento de máxima conciencia de la cultura. De modo que la filosofía constituye la
vía privilegiada para tomar conciencia de esa dignidad que todos sentimos pero que, sin la filosofía, raramente
logramos aprehender.
La Universidad ha de formarprofesionales competentes. Un desajuste excesivo entre la demanda del mercado y
las cualificaciones de los graduados universitarios haría de esta institución, como a veces ha ocurrido, una
máquina de fabricar parados. Un profesional competente es alguien que, habiendo aprendido las reglas de un
arte o de un oficio, es capaz de producir una mercancía (un bien o una prestación) que el mercado necesita o
valora y por la que está dispuesto a pagar un precio. De manera que la Universidad debe formar profesionales
que se ganan la vida produciendo mercancías a las que la sociedad pone precio.
Pero, paralelamente a esto, la Universidad ha de formar ciudadanos, una condición que no tiene precio sino
dignidad. La Universidad es, pues, el lugar en el que el ciudadano adquiere una mejor comprensión, a través del
conocimiento reglado, del valor incondicional de su dignidad no sujeta a precio. Precio y dignidad no son el par
de un antagonismo insuperable pero mantienen una tensión eterna no susceptible de conciliación definitiva.
Porque cabe definir la dignidad como aquello que, en general, estorba y en particular estorba a la circulación de
mercancía y a la velocidad de los negocios. De modo que el estudiante ha de salir de la Universidad con
competencia para desempeñar una profesión remunerada en el mercado y al mismo tiempo más consciente que
antes de un valor íntimo a su persona que se resiste a la racionalidad del mercado y que incluso se halla en un
estado de potencial conflicto con él.
Como corolario de lo anterior, la organización interna y administrativa de Universidad debe acomodarse a esa
doble educación del estudiante: la de profesional y la de ciudadano. Pero, de elegir una de las dos, prevalece la
de ciudadano, por lo mismo que la dignidad está antes y por encima del precio. La filosofía, vía privilegiada para
tomar conciencia de ese valor superior, debería colocarse en el pináculo del sistema de saberes académicos.
Otra cuestión es si la filosofía coincide siempre o no con la Facultad de Filosofía. Y otra más, si la filosofía ha
sabido o no definir propiamente la dignidad. Ocasión habrá de hablar de ello pronto.
Javier gomá lanzón. El país, 15 de julio de 2016.
http://elpais.com/elpais/2016/07/12/opinion/1468324471_611742.html

2.Las humanidades fabrican inútiles


Lo humano ahora es distinto: hemos pasado de la especulación y el interés por el saber a la constatación de que podemos
vivir sin Cervantes o Velázquez, pero no sin dinero
Las humanidades fabrican inútiles, todo el mundo lo sabe. Por eso, avergüéncense de sus hijos, de las amistades
que se hayan podido formar o estén formándose en alguna de esas disciplinas intempestivas.
Avergoncémonos todos de esta persistencia que mantienen algunos en lo que ya no es civilizado: hoy, ahora, ya
mismo, la única manera de no ser un salvaje es perseguir el éxito, y su medida no es otra que la cantidad de
monedas y billetes que se puedan acumular con la mayor presteza posible. ¿Qué produce un filósofo o un
historiador del arte, qué riqueza genera para sí o para la sociedad? Ya hemos comprobado que si algo avanza a
contrapelo del negocio es que ese algo es intrascendente. Por otro lado, el pensamiento político,
independientemente de su color, pone su énfasis sin dilación, su centralidad misma, en el deseo económico de
las personas civilizadas y, ¿acaso puede equivocarse el pensamiento político tan rotundamente?
Todos contamos en la familia o entre nuestros amigos con este tipo de gente que se desliga inconscientemente
(esperemos) de la civilización, que persisten en lo que únicamente son vestigios para despreocupados.
Aceptemos de una vez por todas que las humanidades son un conjunto de disciplinas desfasadas, accesorias e
intrascendentes, útiles para lo inútil (el doble de inútiles por tanto), encargadas de adherir a lo esencial de la
cultura sutilezas innecesarias: hemos asumido para nuestro bien que la cultura sólo es tal en cuanto no implica
esfuerzo y que nada tiene que ver con reflexiones abstrusas sobre asuntos que no resultan rentables. Ya basta
de esa tendencia arcaica que consiste en ocuparse de bagatelas históricas, como hacen estos nuevos salvajes, de
desentrañar las variaciones que una palabra haya podido sufrir desde que fue utilizada por primera vez, de
hacerse preguntas sobre un cuadro que tiene tres colores y medio. Lo humano ahora es distinto: hemos pasado
de la especulación y el interés por el saber a la feliz y necesaria constatación de que en pleno siglo XXI podemos
vivir sin Cervantes o Velázquez, pero no sin dinero.
El mito del buen salvaje se materializa de alguna forma en ellos y nosotros, desde la cumbre de la evolución, los
aceptamos con la condescendencia que nos merece cualquier recóndita tribu. Les hemos dejado actuar y
sentirse respaldados (puede que más de lo necesario) porque sabemos que podemos extinguirlos,
hundir su vida selvática, quemar sus chozas de razón y rasgar sus vestimentas de palabras en el instante que nos
convenga. ¿Qué es hoy nuestra historia sino la tácita batalla contra el pensamiento que no genera riquezas
inmediatas? Esta conflagración es un enterramiento tolerado y ya nadie se engaña o asusta al constatarlo.
Nuestro tiempo, un tiempo en el que tintinean las fortunas y no cesa
la producción, no está para cargar con las veleidades del conocimiento, con esta retahíla de enamorados de lo
que ha muerto.
Estos niños y niñas de la imprenta que aún parecen avanzar a cuatro patas no sabrán ponerse en pie por sí
mismos y discurrir al paso bípedo que marca la civilización. Por ello es fundamental reconducirlos, hacerlos virar
hacia el futuro lo antes posible, y trabajar para que no surjan de nuevo en nuestros sistemas educativos. Se hace
obvio entonces que no parece suficiente reducir las horas de
estas asignaturas en los colegios. Ante todo, sería necesario comunicar al alumnado, desde el comienzo de su
educación, las razones por las que semejante tipo de disciplinas resultan perniciosas para el devenir de nuestras
sociedades y para su propio destino. La elaboración de un breve Manual contra las Humanidades, en el que se
argumentase implacablemente contra ellas, se torna insoslayable mientras éstas pervivan. Así, en pocas
generaciones podríamos arrancarle definitivamente la voz a lo extemporáneo. Si existe un deber político para
nuestro tiempo, social también, es el de inspirar un modo de vida que permita la supervivencia de nuestros
valores y caprichos, unos valores y caprichos que son el dorado fruto de dar cumplimiento a nuestras
pragmáticas aspiraciones.
Un estudiante de humanidades, una investigadora perteneciente a cualquiera de estas periclitadas disciplinas, al
igual que sus docentes en trance de ser merecidamente fosilizados, están más cerca del museo que del bien
común.En todo caso, lo más vergonzoso para nosotros es que tanto ellas como ellos, los jóvenes de hoy,
herederos del salvajismo que hoy representan las humanidades, persisten con vano estoicismo en mantenerse
inútiles, recorridos siempre por esa determinación que sólo tienen en los ojos los locos y los inconscientes, en
mostrarse optimistas a pesar de que difícilmente podrán encontrar un trabajo de lo suyo, sabiendo que
probablemente se hayan esforzado para nada. Así que si pueden abofetéenlos, sáquenlos ya de su sueño infantil
e inútil y pónganlos a vivir para el éxito. Luego congratúlense, porque con ese acto civilizatorio ya podrán
ustedes considerarse absolutamente civilizados.
Alejandro Prada Vázquez es investigador de la Universidad de Oviedo.
El país, 4 de julio de 2016. http://elpais.com/elpais/2016/06/14/opinion/1465917998_651412.html

3.Aprendiendo a ser universitario. Programa de articulación. Universidad de Río Cuarto


Mientras que estudiar en el secundario es considerado por algunos alumnos como un ‘paso’ obligatorio para
formalizar el ingreso a otro sistema educativo y/o laboral, hay que reconocer que estudiar en la universidad nos
demanda otras actitudes frente al conocimiento. Para aproximarnos a reconocer distintas formas de
relacionarnos con el conocimiento leamos primero algunas expresiones muy comunes en la escuela y la
Universidad: “Bueno, terminé el sexto año, estoy debiendo dos materias” (Paola, 2004) “Si me ponía a estudiar
sacaba todas las materias” (Victoria, 2004) “Nos repartíamos las partes que debía estudiar cada uno…” (Lorena,
2004) “En general todos estudiábamos para ser regular” (Ana, 2004) Estas palabras y muchas semejantes que
usamos a menudo, pueden mostrar un modo de relación con el conocimiento, en el que se aprende ‘para otro’,
a quien ‘le debo’ (para el profesor, los padres, para la institución) o ‘para algo’ (aprobar, ser regular) que tiene
poco de sentido auténtico para quien aprende. El conocimiento se vive así como algo ‘ajeno’ y que parece que
hay que ‘sacarlo’ en lugar de apropiárselo. Resulta paradóji- ... elconocimiento como en elmejor de los bálsamos
para curar buena parte de losmales... 10 Problemática Universitaria y Sociedad Actividades de Iniciación a la vida
universitaria co que el conocimiento pueda ser algo que ‘se reparte’ para que a cada uno ‘le toque menos’. Por
el contrario, si pensamos al conocimiento en términos de una apropiación, de la transformación de nosotros
mismos que implica aprender, y del sentido de conocer para comprender el mundo, a nosotros y a los otros;
para formarnos en lo personal y profesional, en este caso, la relación con el conocimiento se establece como un
compromiso personal y social. Mientras que al ingresar a la Universidad es fácil percibir aspectos que
diferencian a esta cultura institucional de la del secundario, a veces resulta difícil tomar conciencia de esas
creencias y rutinas que reflejan una relación distante con el conocimiento (por ej., estudiar ‘para zafar’, ‘para el
examen y después me olvido’, ‘estudiar de memoria, para repetir lo que quiere que le diga’), y que ahora resulta
necesario modificar para abordar los estudios universitarios. La relación de compromiso con el conocimiento
supone darle sentido personal y social relacionado con la posibilidad de estudiar ‘para aprender, para ser un
buen profesional, para plantear y solucionar problemas’. De este modo, el conocimiento no es algo ‘que nos
sacamos’, sino que incorporamos y forma parte de nosotros; no es algo que se reparte para que nos toque
menos, sino algo que compartimos para saber más. Es importante entonces reflexionar para qué nos
aproximamos a los saberes propios de la carrera y de qué modo lo hacemos. Agreguemos algo más a nuestra
reflexión: cuando decimos ‘saberes propios de la carrera’ estamos pensando en ellos en un sentido amplio, en
un sentido amplio que permita asumir las responsabilidades sociales que ella implica; que nos posibilite ampliar
nuestra comprensión, incorporando junto al aprendizaje del conocimiento científico las experiencias estéticas
que nos ofrecen la música, el cine, la literatura, la plástica. Un científico argentino expresa esto con clara
convicción: El mundo científico y el artístico conforman una unidad. Ambos surgen de la búsqueda de la verdad.
La poesía nos permite vislumbrar respuestas que la física no puede darnos. Si uno se fija en la historia de los
grandes descubrimientos, hay mucho de ciencia en la poesía y mucha poesía en la ciencia (Rojo, 2005)(4) Uno
de los más destacados protagonistas de la física del siglo XX, muestra también esta amplitud en la concepción
del conocimiento; en una cró- nica que comenta su reciente visita a nuestro país leemos lo siguiente: “Murray
Gell-Mann, vino a la Argentina para visitar amigos, avistar pájaros y conocer Buenos Aires, porque asegura,
“había leído mucho de ella” gracias a Borges, uno de sus escritores favoritos- obtuvo el premio Nobel en 1969
por resolver uno de los misterios del universo al postular que protones y neutrones -que forman el núcleo
atómico- están compuestos por ladrillos fundamentales que llamó “quarks”... simplemente porque le gustaba el
sonido de la palabra” (La Nación, noviembre de 2005) Este sentido amplio y profundo del conocimiento, la
relación de compromiso con el saber, se expresa también en estas palabras que pronunció hace unos años Juan
Manuel Serrat en la Universidad Nacional del Comahue: “Creo en el conocimiento como en el mejor de los
bálsamos para curar buena parte de los males que padece la humanidad. Un conocimiento para acercarnos a la
sabiduría o a la bondad, que para mí son sinónimos dede la misma manera que estupidez y maldad también lo
son (Serrat, 1999)(5)
Una Universidad dicta carreras de grado, posgrado, cursos, realiza actividades de investigación y extensión entre
muchas otras. Y como te imaginarás se requiere de una gran inversión de dinero para poder mantenerla. Esta
inversión proviene del presupuesto que el Estado destina a la misma y que se obtiene, principalmente, de los
impuestos que pagamos todos los ciudadanos. Los productos que consumimos habitualmente, (por ejemplo:
leche, yerba, zapatillas) que compran tus padres, vos, tus vecinos, jubilados, etc, incluyen el IVA, del que se
destina un porcentaje para el sostenimiento del sistema universitario. Es importante destacar que aunque los
impuestos son pagos por la población no todos los estudiantes secundarios pueden acceder a la Universidad.
Este hecho es lamentable pero muy real y tiene que ver con las condiciones sociales, económicas y políticas del
país. Por ello, el que sea gratuita es un derecho que debemos defender ya que las universidades públicas están
bajo constante amenaza de ser aranceladas. De hecho, varias cobran pequeños aranceles y matriculas. Se teme
que lentamente se instale la idea de que es bueno arancelar para así mantener mejor la educación pública. Si
permitimos que esto avance gran parte de los estudiantes quedarían sin posibilidades de estudiar con lo que
esto significaría tanto para sus vidas personales como para el desarrollo del país. La Educación gratuita es un
derecho para todos y es responsabilidad del estado garantizarlo. El mercado tiene mucho que ver…y nosotros
también La Universidad Pública no está exenta de la realidad política, del modelo económico y social de la
Argentina actual que privilegia el mercado por sobre lo social y que responde a los sectores de poder, privando
a gran parte de la población de derechos y servicios básicos como salud, educación, etc. En este contexto
político se han realizado varias reformas en el campo educativo (Ley de Federal de Educación para las escuelas y
Ley de educación Superior para las universidades) que no escapan de esta concepción de mercado y que
muchas veces han sido impulsadas por organismos internacionales de financiamiento como el Banco Mundial.
La Universidad es el lugar de reflexión por excelencia, y no puede ser considerada sólo en términos de mercado
sino como gestadora de los avances sociales en cuanto a generación de conocimientos. No obstante, somos
concientes que hay muchas cuestiones por afrontar que merecen nuestra reflexión y trabajo, como por ejemplo:
- el elevado número de estudiantes que abandonan sus carreras en los primeros años. - la escasa cantidad de
docentes que hay por alumnos, sobre todo en las carreras numerosas y en los cursos de ingresos. - adecuar aún
más las investigaciones a las necesidades del medio y a las demandas sociales reales. Y esto es responsabilidad
de todos: fundamentalmente del estado nacional y del presupuesto que destina a la educación, de la sociedad
en general y por supuesto de la propia Universidad. En este marco, y a pesar de las dificultades, hay mucha
gente que cree y apuesta por la Universidad Pública, es por ello que ahora que vos también sos parte de la
misma tenés grandes desafíos: esforzarte en tu formación y estudio para poder devolver, aunque sea en parte,
lo que la sociedad aportó para tus estudios y asumir, como futuro egresado, la responsabilidad de producir los
conocimientos necesarios para mejorar las condiciones de vida del país y orientar tus prácticas a resolver
demandas y problemas sociales concretos. Además, de los aportes de los saberes académicos y la formación
debemos tener presente el respeto y la valoración por los saberes de la vida, los cotidianos, los oficios, por las
diversas formas culturales, de organización y desarrollo con las que seguramente nos tocará interactuar como
profesionales, porque salir de la Universidad también implica aprender. En el país hay millones de voces que
pueden contar la realidad que se vive, y esto es fundamental para conocer.
https://www.unrc.edu.ar/unrc/academica/pdf/folleto-aprendiendo-ser-est.pdf

4.“La universidad es un derecho”. Entrevista a Eduardo Rinesi, autor de Filosofia (y) politica de la
Universidad
Rinesi reflexiona sobre las implicancias de asumir a la formación superior como un derecho individual y
colectivo. “La educación sólo es de calidad si es una educación para todos”, sostiene.
“No es verdad que una institución que después de recibir a cien alumnos produce a diez excelentes graduados,
sea una universidad de excelencia. Es una universidad mala, porque no ha estado a la altura de garantizarles a
todos el derecho a la educación”, dice el politólogo y docente Eduardo Rinesi, que en su último libro, Filosofía
(y) política de la Universidad (Ediciones Ungsiec), se pregunta qué consecuencias tiene para quienes forman
parte de la comunidad académica considerar a la educación superior como un derecho. Crítico de los
academicismos, Rinesi señala en esta entrevista con Página/12 la importancia de no perder el foco de los
problemas que le dan sentido a la universidad pública y anima a reflexionar sobre el rol de los docentes, que
considera injustamente degradado.
–¿Qué implica garantizar el derecho a la universidad?

–Quizás habría que empezar señalando la novedad que representa que hoy podamos formularnos esa pregunta.
La universidad, que es una institución muy antigua en Occidente, nunca se pensó a sí misma como una
institución encargada de garantizar nada que pudiera conceptualizarse como un derecho universal. Más bien se
pensó como lo que fue: una máquina de fabricar elites. Preguntarnos qué es garantizar ese derecho a la
universidad nos exige preguntarnos quién es el sujeto de ese derecho. Y a mí me parece que ese derecho puede
ser pensado como teniendo un titular individual –los ciudadanos que quieren ejercer su derecho a estudiar una
carrera universitaria– y al mismo tiempo como el derecho de un pueblo como sujeto colectivo a beneficiarse de
lo que la universidad sabe e investiga. Y como derecho individual es importante representárnoslo no sólo como
el derecho que tienen los ciudadanos a entrar a la universidad, sino como el derecho a tratar de entrar y entrar,
a tratar de aprender y aprender, a romperse el alma estudiando y avanzar en sus estudios, a terminarlos en un
plazo razonable.
Entrevista: Delfina Torres Cabreros.
http://www.pagina12.com.ar/diario/universidad/10-276534-2015-07-07.html

5.Universidad, conocimiento y construcción de un mundo nuevo


El carácter social y público de la educación impone a sus instituciones un rol también social y público: la
formación y los conocimientos han de tener un valor social, o sea, de mejoramiento de las condiciones de
realización del bienestar colectivo, y no de instrumentación del egotismo e individualismo posesivo y excluidor
Si las universidades no tienen como alto valor a cumplir el conjunto de principios constituyentes de la
humanidad —libertad, igualdad, solidaridad, paz, respeto a la diversidad y otros—, contribuyen a la
profundización de las asimetrías, violencias, deterioro ambiental e injusticias sociales, que a su vez constituyen
sociedades partidas y conflictivas
http://intercambios.cse.edu.uy/universidad-conocimiento-y-construccion-de-un-mundo-nuevo/

6.Sobre el propósito de la educación


Se trata de debates que se retrotraen a la Ilustración, cuando se plantearon realmente las cuestiones de la
educación superior y de la educación de masas, no sólo la educación para el clero y la aristocracia. Y hubo
básicamente dos modelos en discusión en los siglos XVIII y XIX. Se discutieron con energía harto evocativa. Una
imagen de la educación era la de un vaso que se llena, digamos, de agua. Es lo que ahora llamamos “enseñar
para el examen”: viertes agua en el vaso y luego el vaso devuelve el agua. Pero es un vaso bastante agujereado,
como todos hemos tenido ocasión de experimentar en la escuela: memorizas algo en lo que no tienes mucho
interés para poder pasar un examen, y al cabo de una semana has olvidado de qué iba el curso. El modelo de
vaso ahora se llama “ningún niño a la zaga”, “enseñar para el examen”, “carrera a la cumbre”, y cosas por el
estilo en las distintas universidades. Los pensadores de la Ilustración se opusieron a ese modelo.
El otro modelo se describía como lanzar una cuerda por la que el estudiante pueda ir progresando a su manera
y por propia iniciativa, tal vez sacudiendo la cuerda, tal vez decidiendo ir a otro sitio, tal vez planteando
cuestiones. Lanzar la cuerda significa imponer cierto tipo de estructura. Así, un programa educativo, cualquiera
que sea, un curso de física o de algo, no funciona como funciona cualquier otra cosa; tiene cierta estructura.
Pero su objetivo consiste en que el estudiante adquiera la capacidad para inquirir, para crear, para innovar, para
desafiar: eso es la educación. Un físico mundialmente célebre cuando, en sus cursos para primero de carrera, se
le preguntaba “¿qué parte del programa cubriremos este semestre?”, contestaba: “no importa lo que cubramos,
lo que importa es lo que descubráis vosotros”. Tenéis que ganar la capacidad y la autoconfianza en esta
asignatura para desafiar y crear e innovar, y así aprenderéis; así haréis vuestro el material y seguir adelante. No
es cosa de acumular una serie fijada de hechos que luego podáis soltar por escrito en un examen para olvidarlos
al día siguiente.
Son dos modelos radicalmente distintos de educación. El ideal de la Ilustración era el segundo, y yo creo que el
ideal al que deberíamos aspirar. En eso consiste la educación de verdad, desde el jardín de infancia hasta la
universidad. Lo cierto es que hay programas de ese tipo para los jardines de infancia, y bastante buenos.
Sobre el amor a la docencia
Queremos, desde luego, gente, profesores y estudiantes, comprometidos en actividades que resulten
satisfactorias, disfrutables, actividades que sean desafíos, que resulten apasionantes. Yo no creo que eso sea tan
difícil. Hasta los niños pequeños son creativos, inquisitivos, quieren saber cosas, quieren entenderlas, y a no ser
que te saquen eso a la fuerza de la cabeza, el anhelo perdura de por vida. Si tienes oportunidades para
desarrollar esos compromisos y preocuparte por esas cosas, son las más satisfactorias de la vida. Y eso vale lo
mismo para el investigador en física que para el carpintero; toenes que intentar crear algo valioso, lidiar con
problemas difíciles y resolverlos. Yo creo que que eso es lo que hace del trabajo el tipo de actividad que quieres
hacer; y la haces aun cuando no estés obligado a hacerla. En una universidad que funcione razonablemente,
encontrarás gente que trabaja todo el tiempo porque les gusta lo que hacen; es lo que quieren hacer; se les ha
dado la oportunidad, tienen los recursos, se les ha animado a ser libres e independientes y creativos: ¿qué mejor
que eso? Y eso también puede hacerse en cualquier nivel.
Vale la pena reflexionar un poco sobre algunos de los programas educativos imaginativos y creativos que se
desarrollan en los distintos niveles. Así, por ejemplo, el otro día alguien me contaba de un programa que usa en
las facultades, un programa de ciencia en el que se plantea a los estudiantes una interesante cuestión: “¿Cómo
puede ser que un mosquito vuela bajo la lluvia?” Difícil cuestión, cuando se piensa un poco en ella. Si algo
impactara en un ser humano con la fuerza de una gota de agua que alcanza a un mosquito, lo abatiría
inmediatamente. ¿Cómo puede, pues, el mosquito evitar el aplastamiento inmediato? ¿Cómo puede seguir
volando? Si quieres seguir dándole vueltas a este asunto –dificilísimo asunto—, tienes que hacer incursiones en
las matemáticas, en la física y en la biología y plantearte cuestiones lo suficientemente difíciles como para verlas
como un desafío que despierta la necesidad de responderlas.
Eso es lo que debería ser la educación en todos los niveles, desde el jardín de infancia. Hay programas para
jardines de infancia en los que se da a cada niño, por ejemplo, una colección de pequeñas piezas: guijarros,
conchas, semillas y cosas por el estilo. Se propone entonces a la clase la tarea de descubrir cuáles son las
semillas. Empieza con lo que llaman una “conferencia científica”: los nenes hablan entre sí y tratan de imaginarse
cuáles son semillas. Y, claro, hay algún maestro que orienta, pero la idea es dejar que los niños vayan pensando.
Luego de un rato, intentan varios experimentos tendentes a averiguar cuáles son las semillas. Se le da a cada
niño una lupa y, con ayuda del maestro, rompe una semilla y mira dentro y encuentra el embrión que hace
crecer a la semilla. Esos niños aprenden realmente algo: no sólo algo sobre las semillas y sobre lo que las hace
crecer; también aprenden algo sobre los procesos de descubrimiento. Aprenden a gozar con el descubrimiento
y la creación, y eso es lo que te permitirá comportarte de manera independiente fuera del aula, fuera del curso.
Lo mismo vale para toda la educación, hasta la universidad. En un seminario universitario razonable, no esperas
que los estudiantes tomen apuntes literales y repitan todo lo que tu digas; lo que esperas es que te digan si te
equivocas, o que vengan con nuevas ideas desafiantes, que abran caminos que no habían sido pensados antes.
Eso es lo que es la educación en todos los niveles. No consiste en instilar información en la cabeza de alguien
que luego la recitará, sino que consiste en capacitar a la gente para que lleguen a ser personas creativas e
independientes y puedan encontrar gusto en el descubrimiento y la creación y la creatividad a cualquier nivel o
en cualesquiera dominios a los que les lleven sus intereses.
Noam Chomsky: El trabajo académico, el asalto neoliberal a las universidades y cómo debería ser la educación.
Marzo 13, 2014
http://ssociologos.com/2014/03/13/noam-chomsky-el-trabajo-academico-el-asalto-neoliberal-a-las-
universidades-y-como-deberia-ser-la-educacion/

7.Nuestra universidad desperdicia recursos


En países alejados del capitalismo, como China, Ecuador y Cuba, existen exámenes de ingreso para estimular la
dedicación al estudio de los estudiantes que aspiran a una graduación universitaria. Estos regímenes son
parecidos a los vigentes en México, Perú, Brasil, Colombia y Chile, y también a los aplicados por los países
europeos y asiáticos como, Japón y Corea.
Ecuador reformó su Constitución en el 2008, garantizando una universidad pública gratuita. Además, estableció
que “el ingreso a las instituciones públicas de educación superior se regulará a través de un sistema de
nivelación y admisión, definido en la ley. La gratuidad se vinculará a la responsabilidad académica de las
estudiantes y los estudiantes”. Esto significa que las examinaciones que deberán afrontar los estudiantes
secundarios para poder ingresar a la universidad están requeridas por la propia Constitución.
La ley ecuatoriana estableció la gratuidad de la educación superior pública, sujeta al criterio de responsabilidad
académica de los estudiantes; determinando que: “La gratuidad será para los y las estudiantes regulares que se
matriculen en por lo menos el sesenta por ciento de todas las materias o créditos que permite su malla
curricular en cada período, ciclo o nivel” y “se pierde de manera definitiva la gratuidad si un estudiante regular
reprueba, en términos acumulativo, el treinta por ciento de las materias o créditos de su malla curricular
cursada”.
Esta ley establece que: “El ingreso a las instituciones de educación superior públicas estará regulado a través del
Sistema de Nivelación y Admisión, al que se someterán todos los estudiantes aspirantes”. El Examen Nacional
para la Educación Superior (ENES) es el instrumento de evaluación para quienes estén interesados en ingresar
en alguna universidad pública ecuatoriana. En caso que el aspirante obtenga un puntaje alto (más de 900 sobre
1000 puntos), conformará el Grupo de Alto Rendimiento, y podrá postular a una beca en alguna de las 50
mejores universidades del mundo, La beca puede llegar a cubrir más de 200.000 dólares. Para los postulantes
que aspiren a obtener cupos en Medicina y Educación se requerirá un puntaje mayor que para otras carreras:
800 puntos. El resto puede ingresar a otras facultades con alrededor de 600 puntos. Según el Ministro de
Educación, “con este sistema de buena selección, la tasa de retención es de 80% y se evita el desperdicio de
recursos”. El ENES ha disminuido la deserción y aumentado la graduación final,
Nuestro ingreso a la universidad pública está reglado por la Ley 27.204, dictada en noviembre de 2015. El
artículo cuarto de esta norma establece que: “Todas las personas que aprueben la educación secundaria pueden
ingresar de manera libre e irrestricta a la enseñanza de grado en el nivel de educación superior.” Este régimen
de ingreso, muy distinto al ecuatoriano, es original, ya que es prácticamente único en el mundo. Gracias al
ingreso sin exigencias, en proporción a la población tenemos más estudiantes universitarios que otros países
latinoamericanos. Pero lo grave es que nuestra graduación universitaria es muy baja, no solo cuando se compara
con países desarrollados, sino también con latinoamericanos como Cuba, Colombia, Brasil y Chile.
Es fácil ingresar a nuestras universidades con una preparación insuficiente, por eso no se gradúan 70 de cada
100 ingresantes a la universidad estatal y 60 en las privadas. Nuestros jóvenes ingresan mal preparados a las
universidades estatales o privadas, y después de un año de estudios, la mitad de ellos no pudo aprobar más de
una única materia en las estatales y un 29 por ciento en las privadas. Hay doce universidades estatales donde,
después de un año, más del 80 por ciento de los estudiantes apenas aprobó una materia. Esto es lo que el
ministro de Educación de Ecuador calificaba de “desperdicio de recursos”.
Nuestra alta deserción explica porque tenemos menos graduados universitarios, comparados no con Japón,
Suecia o Alemania, sino con otros países latinoamericanos. Esta reciente ley 27204 no contribuirá a mejorar
nuestra graduación, ya que no ofrece estímulos a los estudiantes secundarios para mejorar su preparación
previa al ingreso a la universidad, perpetuando así altos niveles de deserción y escasa graduación. Así se
consolida el atraso y compromete el futuro del país.
Alieto Aldo Guadagni es miembro de la Academia Nacional de Educación.
Clarin.com . Opinión, 08/03/16

8.Educación: ¿Vale la pena ir a la universidad?


La palabra es dura: "irrelevancia". Se escuchó en Dubai, el último fin de semana, durante el Global Education &
Skills Forum (GESF) para referirse al peso de la universidad en el mundo actual. La irrelevancia o relevancia de los
estudios universitarios y su rol cuando los graduados pululan por el mundo, pero el desempleo los castiga -
sobre todo a los jóvenes-, fue uno de los temas analizados en el GESF.
El debate dejó en claro una paradoja: el aumento de la matrícula y la creación exponencial de universidades
contrastan con el reclamo de los empleadores, que no encuentran entre los graduados las habilidades
necesarias.
La educación vocacional y técnica, al mismo tiempo, empieza a ganar espacio como solución más flexible ante
una realidad en continuo cambio. En los últimos 15 años, se graduaron 7,3 millones de chinos de la universidad.
Sin embargo, en su país ahora el 30% de esos graduados no encuentra trabajo, mientras que entre los que no
tienen título el desempleo apenas llega al 4%.
Buscan fomentar la formación técnica en la Argentina
"¿Quién de ustedes elegiría no enviar a su hijo a la universidad?", desafía el moderador de un debate para
inquietar al auditorio y abrir la discusión. Ninguno de los asistentes levanta la mano. Resulta impensable para
esa fauna cultivada, un centenar de hombres y mujeres vinculados de alguna manera con el mundo educativo,
concebir un destino distinto que no pase por los claustros universitarios. El futuro de sus hijos viene con un
título académico bajo el brazo.
Y sin embargo el debate que está a punto de empezar busca sacudir esa certeza. El tema de la polémica: "la
creciente irrelevancia de la universidad". Las palabras "irrelevancia" y "creciente" lastiman los oídos de los
graduados allí reunidos. Es domingo en Dubai, día de cierre del GESF, la cumbre global organizada por la
Fundación Varkey, una ONG con sede en Londres fundada por el multimillonario nacido en India, Sunny Varkey,
que viene haciendo millones con GEMS, la cadena de escuelas privadas más grande del mundo.
Se trata de la cumbre educativa internacional que es considerada el Davos de la educación y que reúne a las
figuras más influyentes del sector. Entre los participantes estuvo el ministro de Educación argentino, Esteban
Bullrich.
Ejes de la cumbre
Este año el eje de la cumbre fue "educación, equidad y empleo". No fue casual en ese sentido que el discurso
central de apertura del foro estuviera a cargo del director de Educación y Habilidades de la Organización para la
Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE), Andreas Schleicher, el hombre fuerte de las pruebas PISA.
Schleicher puso un dato significativo sobre la mesa: "En los últimos años, China ha venido construyendo cerca
de una universidad por semana", sostuvo. Pero Schleicher subrayó una contradicción: "Mientras los graduados
sin empleo están buscando trabajo, los empleadores dicen que no pueden encontrar a la gente con las
habilidades que necesitan".
En la India, donde la cantidad de graduados pasó de un millón a cinco millones en el mismo período, el
panorama es similar. En Jordania, la tasa de desempleo es el doble para los graduados universitarios.
Cómo conseguir empleo
Jamie McAuliffe, el presidente de Education for Employement (EFE, por sus siglas en inglés), una ONG dedicada
a conectar a los jóvenes con sus primeros trabajos en el sector privado en África y Medio Oriente, dio buenos
argumentos para descreer de la universidad. McAuliffe citó un caso: la historia de una chica de Túnez que
soñaba, como muchos, con que un título de ingeniera era un pasaporte para el futuro, pero terminó entrando a
un programa específico de project manager después de tres años de buscar trabajo como ingeniera sin ningún
éxito. A partir de esa educación técnica específica encontró trabajo. "La mayoría de los sistemas educativos son
educación para el desempleo. ¿Eso es lo que queremos de nuestras universidades?", se preguntó.
Entre quienes cuestionan la relevancia de los títulos universitarios, la educación vocacional o técnica, tanto en
secundaria como superior no universitaria, o en el modelo de educación continua para adultos ya formados, se
planteó como una opción más efectiva.
Un informe de la Reserva Federal de Nueva York, citado en el debate, llegó para apoyar esta visión: en Estados
Unidos, el 44% de los jóvenes graduados terminarán en trabajos que no requieren título universitario. Los
estudiantes universitarios se queman las pestañas en carreras que no necesitarán para el empleo. Y que sus
empleadores no valoran. Carreras cortas más específicas se plantearon como una alternativa más efectiva
durante el debate.
Por el otro lado, la relevancia de la universidad tuvo un defensor de lujo en Dubai: Geoffrey Canada, el
presidente de Harlem Children's Zone, un proyecto de ayuda social desarrollado en Harlem para acompañar a
chicos nacidos en sectores vulnerables. "Aunque estoy de acuerdo en que el mercado de trabajo está
cambiando, si no podés saber qué trabajo existirá hoy, tampoco podés darles entrenamiento que los prepare
para ese trabajo en particular", sostuvo para relativizar los beneficios de una educación más vocacional y técnica.
Luciana Vazquez. 18-03-2016
http://www.lanacion.com.ar/1880841-educacion-vale-la-pena-estudiar-una-carrera-en-la-universidad