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XVIII PRESENTACIÓN

pues, por entero, pero la responsabilidad del conjunto recae sobre los
tres. Es seguro, por ineluctable ley biológica, que de haber prosegui-
do hasta el final nuestra intervención crítica, la obra habría resulta-
do menos novedosa e interesante, más apegada al molde ya clásico des-
de comienzos de siglo. Pero hasta los más recalcitrantes misoneístas
reconocerán una gran moderación en las innovaciones del nuevo estilo,
mientras que los espíritus revolucionarios las juzgarán insuficientes; y
esa discrepancia de críticas será la mejor prenda de acierto ecuánime.

   Jóvenes y viejos alardeamos de ecuanimidad, declarándonos amantes


de la renovación perfectiva; pero la discrepancia surge al trazar la diviso-
ria entre lo conveniente y lo repudiable. En nuestro diminuto pleito, ni los
autores, aun puestos de acuerdo, ni siquiera el público actual, pueden juz-
gar con acierto. Será la tendencia triunfadora, por la cantidad y calidad
de sus frutos, la que dictará su fallo inapelable. En la ciencia, como en los
planos más profundos y vitales de la cultura, “ai posteri l’ardua sentenza”

J. Rey Pastor.

Hamburgo, octubre de 1951.