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QUIERO SABER / ESPÍRITU DE PROFECÍA – Diciembre 2010

La Cena del Señor: ¿comunión abierta o cerrada?

¿Quiénes pueden participar de la Santa Cena? ¿Se trata de un rito inclusivo o exclusivo?
Responde DANIEL O.PLENC director del Centro de Investigaciones White en la
Argentina.

La celebración de la Cena del Señor tiene una clara base bíblica (Mat. 26:26-29;
Mar. 14:22-25; Luc. 22:14-23; Juan 13:21-30; 1 Cor. 11:23-26). Elena de White se
refirió al tema muchas veces (ver El Deseado de todas las gentes, pp. 608-616; El
evangelismo, pp. 202-206). Se presenta a continuación su pensamiento, en particular el
que se refiere a quiénes pueden participar en el rito.
Elena de White afirma que los ritos del bautismo y de la Cena del Señor “son
dos pilares monumentales” (Manuscrito 27 ½, 1900, citado en El evangelismo, p. 202).
En su concepto, los elementos de la Cena del Señor son simbólicos, sencillos,
comprensibles y significativos. Se trata de “un monumento conmemorativo de su gran
sacrificio por el hombre” (Review and Herald, 22 de junio de 1897, citado en El
evangelismo, p. 202). “Así se renuevan, en nuestra memoria, las escenas de su pasión y
muerte” (Testimonios selectos, t. 3, p. 181). Los elementos estaban presentes en la cena
de Pascua: vino sin fermentar (El ministerio de curación, p. 256) y pan sin levadura
(Review and Herald, 7 de junio de 1898, citado en el Comentario bíblico adventista, t.
6, p. 690).
La Cena del Señor tiene un carácter permanente y universal. Habrá de celebrarse
“a través de todos los tiempos, por sus seguidores, en todos los países” (Signs of the
Times, 16 de mayo de 1900, citado en El evangelismo, p. 204). Debe observarse “con
mayor frecuencia que la Pascua anual” (Spiritual Gifts, t. 3, p. 228, citado en La fe por
la cual vivo, p. 304. Véase Notas biográficas, p. 121; Primeros escritos, p. 303; Joyas
de los testimonios, t. 1, p. 519).
Jesús hizo de la Santa Cena una celebración inclusiva. “Incluyó tiernamente a
Judas en el servicio hecho a los discípulos” (El Deseado de todas las gentes, p. 667).
“El ejemplo de Cristo prohíbe la exclusividad en la Cena del Señor. Es verdad que el
pecado abierto excluye a los culpables. Esto lo enseña claramente el Espíritu Santo.
Pero, fuera de esto, nadie ha de pronunciar juicio. Dios no ha dejado a los hombres el
decir quiénes se han de presentar en estas ocasiones. Porque ¿quién puede leer el
corazón? ¿Quién puede distinguir la cizaña del trigo? ‘Por tanto, pruébese cada uno a sí
mismo, y coma así del pan, y beba de la copa’ ” (El Deseado de todas las gentes, p.
612).
Esta idea de comunión abierta tiene apoyo en los escritos de Elena de White.
“Este rito no debe excluir a nadie, aunque algunos piensen lo contrario. Todos pueden
participar en él, y decir públicamente: ‘Acepto a Cristo como mi Salvador personal. Él
dio su vida por mí para que yo fuese rescatado de la muerte’ ” (Review and Herald, 22
de junio de 1897, citado en El evangelismo, p. 204). En dos declaraciones similares, la
señora de White habla de la participación de personas no identificadas claramente con
las doctrinas bíblicas o con una vida santificada. “Pueden entrar en el grupo personas
que no son de todo corazón siervos de la verdad y la santidad, pero que desean tomar
parte en el rito. No debe prohibírseles. Hay testigos que estuvieron presentes cuando
Jesús lavó los pies de los discípulos y de Judas. Hay ojos más que humanos que
contemplan la escena” (El Deseado de todas las gentes, p. 613). “Pueden llegar a
relacionarse con vosotros personas que no están unidas de corazón con la verdad y la
santidad, pero que quisieran tomar parte en estos servicios. No se lo impidáis”
(Manuscrito 47, 1897, citado en El evangelismo, p. 205).
La presencia de una persona no debidamente preparada, o de un oficiante
inadecuado, no es motivo para que alguien se prive de participar. “Nadie debe excluirse
de la comunión porque esté presente alguna persona indigna. Cada discípulo está
llamado a participar públicamente de ella y dar así testimonio de que acepta a Cristo
como Salvador personal. Es en estas ocasiones designadas por él mismo cuando Cristo
se encuentra con los suyos y los fortalece por su presencia. Corazones y manos indignos
pueden administrar el rito; sin embargo, Cristo está allí para ministrar a sus hijos. Todos
los que vienen con su fe fija en él serán grandemente bendecidos. Todos los que
descuidan estos momentos de privilegio divino sufrirán una pérdida. Acerca de ellos, se
puede decir con acierto: ‘No estáis limpios todos’ ” (El Deseado de todas las gentes, p.
613).
Elena de White relata el incidente de un pastor interesado en el mensaje
adventista que fue invitado a participar de la Cena del Señor. “El sábado por la mañana,
cuando la iglesia de ____ celebró la Santa Cena, el hermano ____ estaba presente. Fue
invitado a participar en el rito del lavamiento de los pies, pero dijo que prefería
observarlo. Preguntó si la participación en este rito era indispensable para poder tomar
parte en el servicio de la Comunión, y nuestros hermanos le aseguraron que no era
obligatorio, y que sería bienvenido a la mesa del Señor. Ese sábado resultó un día
precioso para su alma; dijo que nunca había tenido un día más feliz en su vida.
“Después deseó venir a visitarme, y tuvimos una entrevista agradable. Su
conversación fue muy interesante y pasamos preciosos momentos orando juntos. Creo
que él es un siervo de Dios. Le di mis libros El conflicto de los siglos, Patriarcas y
profetas y El camino a Cristo. Pareció estar muy satisfecho; dijo que deseaba tener toda
la luz que pudiera recibir a fin de hacer frente a los opositores de nuestra fe. Fue
bautizado antes de partir para su casa, y regresará para presentar la verdad a su propia
congregación” (Manuscrito 4, 1893, El evangelismo, pp. 204, 205).
Las indicaciones en cuanto a examinarse y buscar la preparación necesaria para
una participación digna son claras en la Biblia (1 Cor. 11:28-32). Sin embargo, la
evidencia existente impide a los creyentes ser excluyentes y exclusivistas en la
administración de la Cena del Señor.