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La Parábola de la Zarza

Ed. Ramírez Suaza, P.ThM

Dios nos contó historias.


¡Eso es tan bonito!
Las historias cautivan, se anclan en la memoria, divierten, emocionan, enseñan,
instruyen, corrigen, educan. No en vano los teólogos llaman la suma de las narrativas
bíblicas como “la historia de salvación”. Y claro, es una historia que aún no ha llegado a
su punto final, que en realidad no es un fin, es un punto perfecto.

Cuando los judíos se encontraban esclavos en Babilonia, a eso del siglo VI a.C.,
preguntaron algo básico y fundamental como esto: ¿quiénes somos? ¿De dónde
venimos? ¿Cuáles son nuestros orígenes? Un autor, o quizá varios, inspirados por el
Espíritu Santo dieron respuesta a estas preguntas con las narrativas de la creación que
aparecen en la Biblia desde el Génesis cap. 1 hasta el cap. 11.
Libros como Josué y Jueces se escribieron en dos etapas. La primera cuando en el
reinado de Josías hubo un despertar de apetitos por la Palabra de Jehová y por
obedecerla. La otra etapa donde se termina de pulir los escritos de Josué y Jueces, es
en el exilio babilónico.
Quizá el esfuerzo de Josué y Jueces, entre otras, sea responder a la siguiente pregunta:
¿Por qué estamos viviendo los tormentos del exilio? ¿Qué hicimos para merecer todo
este sufrimiento? ¿Por qué Dios ha permitido esta tragedia israelita?

Dentro de las muchas historias narradas en el AT, vamos a recoger una parábola que
desnuda el corazón humano. Una parábola muy diciente para nuestras actualidades.
La parábola se encuentra en el libro de Jueces 9.8-16

Cuando los pueblos viven una fe pendular y cada quien hace lo que bien le
parezca, el poder queda en manos del malvado. La justicia en manos del injusto.
La economía en manos del ignorante. La paz en manos de la guerra.

LA PARÁBOLA DE LA ZARZA
cuando la injusticia se sienta en el poder

El libro de los Jueces es un texto de fascinaciones únicas, de historias cautivantes, de


narrativas bellas, sorprendentes que empacan una voz de Dios en tiempos caóticos,
anárquicos y oscuros.
Durante este período, a los gobernantes del pueblo se les denominaba Jueces. Sin
embargo, estos no eran solamente magistrados civiles que administraban justicia y
adjudicaban disputas. Primordialmente, eran libertadores capacitados con el poder del
Espíritu de Dios para salvar y gobernar al pueblo en tiempos de opresión y decadencia.
El libro de los Jueces lleva adelante la historia del pueblo desde el tiempo de la muerte
de Josué hasta la elevación de Samuel como profeta de Jehová. Durante este período,

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el pueblo debía tomar posesión de la tierra que se les había asignado, echando fuera y
exterminando a los Cananeos restantes, a la vez que debía construir y establecer la
nación teocrática. Pero los israelitas se cansaron pronto de sus tareas, y a menudo se
pusieron en términos amistosos con los cananeos y hasta en algunas ocasiones
adoptaron sus dioses. Por tanto, como castigo, se les entregó a sus enemigos. Sin
embargo, cuando se arrepintieron, el Señor levantó jueces. Pero tan pronto como
moría el juez, el pueblo caía nuevamente en la apostasía. Vemos, por tanto, en el libro
de los Jueces un período de vida pendular: una vida en pecado y religiones paganas.
Luego eran esclavizados como juicio divino. Ellos se arrepentían. Dios levantaba un
juez y los libraba. Después, la misma ruleta.
El texto clave para entender todo el libro de los Jueces son estos: Jue 17,6; 21,25 que
dicen: «En aquellos días no había rey en Israel y cada uno hacía lo que le parecía»

Uno de los grandes protagonistas en las narrativas del libro de los Jueces es Gedeón.
Un hombre quien inicialmente fue tímido y temeroso, trabajaba las tierras de su padre
y escondía las cosechas para que los enemigos no les robaran su pan.
Dios lo llama para que lo sirva como juez, como guerrero libertador de su pueblo. En
efecto, en eso se convirtió, en el “Simón Bolívar” de su tiempo.
Ahora miremos lo que dice Jueces 8.32-35:
32 Y murió Gedeón hijo de Joás siendo ya muy anciano, y lo sepultaron en Ofrá
de los abiezeritas, en el sepulcro de Joás, su padre. 33 Pero a la muerte de
Gedeón los israelitas volvieron a corromperse, y adoraron a Baal Berit. 34 Se
olvidaron del Señor, su Dios, que los había librado de todos los enemigos que los
rodeaban, 35 y tampoco se mostraron agradecidos con la tribu de Gedeón, es
decir, Yerubaal, a pesar de todo el bien que éste había hecho a Israel.

Con la muerte de Yerubaal, es decir, Gedeón, el pueblo abandonó a Dios y volvió al


paganismo.
Debo dar un dato importante ahora mismo: Gedeón en vida engendró 70 hijos. Le
decían Diomedes Díaz.
Resulta que Gedeón en una de sus aventuras extramaritales, engendró un hijo al que
llamaron Abimelec (mi padre es rey). En la época de los jueces, al morir el caudillo sus
hijos tomaban su lugar. Así que con la muerte de Gedeón se levantaron 70 jueces para
Israel. Mucho cacique, poco indio. Un día cualquiera apareció el hijo extramatrimonial
reclamando sus derechos de poder, sólo que con un valor agregado: no quería un poco
de poder. No quería ser el # 71; quería ser el único. Así que propuso una unidad
nacional, un solo gobernador. Su familia materna lo apoyó y le dieron dinero para que
armara unas “convivir” con mercenarios y vagabundos y así protegerse y matar a quien
estorbe sus objetivos. Como si fuera poco, mató a 69 de sus 70 hermanos el mismo día
en un mismo lugar. El hermano menor logró escapar, su nombre era Yotán.

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El día de la ceremonia de posesión al poder, donde se le otorgaba los derechos de juez


a Abimelec; Yotán hizo un pequeño escándalo gritando desde una montaña.
¿Qué gritó? ¡Una parábola! La parábola de la zarza.

Antes de desempacar la parábola de la zarza, quiero responder a una pregunta


antecesora: ¿qué es una parábola?
La parábola es una narración corta, generalmente expresada en un lenguaje poético
que introduce a la intriga con rasgos insólitos y escandalosos. Además, juega con la
realidad a través de las escenas que desembocan en un desenlace extravagante.1
Esta definición es perfecta para la parábola que nos ocupa hoy: la parábola de la zarza.
En ella yo identifico cuatro aspectos: El capricho. La búsqueda. La ironía. La tragedia.

El capricho
La parábola de Yotán trata de un bosque cuyos árboles empezaron a buscar, entre
ellos, a uno que los gobernara. La fábula no muestra ni da indicios de que necesiten un
gobernador. Pareciera ser un capricho.
La vida en el bosque fue tranquila en tanto no tenían rey, pero el capricho de querer
tener uno les “robó” la calma.

El bosque que busca entre los árboles un rey es caprichoso, no tienen un perfil
elaborado que muestres los requisitos del futuro rey. Los árboles no tienen unos
estándares mínimos de moral, de capacidad política, de fuerza militar, dotes
administrativos, liderazgo, en fin. A ellos no les importa quién pueda ser, sólo quieren
un rey. Eso es capricho.
Entre todos los árboles aptos para gobernar en un bosque, ellos eligieron la zarza. El
menos indicado. He ahí una evidencia de querer un gobernante sólo por capricho.

La búsqueda
Los árboles del bosque de Yotán emprendieron a buscar un candidato. Así que
acudieron a uno de los árboles más respetados de su territorio, el olivo.
Las plantas de olivo ocuparon el primer renglón de la economía palestina de aquellos
días. El aceite de olivas es una de las riquezas que mueve y movieron la economía del
país. No en vano, es que la fábula acude en primer lugar al olivo. Ya que nos generas
tanta prosperidad y que el comercio contigo es significativo por los aceites que ofreces
al mundo, querido Olivo, ¡ven, reina sobre nosotros! Pero el olivo, aunque ideal y apto
para gobernar, no quiso reinar en ese bosque. Luego los árboles acudieron a la higuera,
cuyos frutos eran la base del mercado de exportación. Sus higos fueron frutos muy

1
Roberto J. Walton. “The Parables According to Paul Ricoeur and Michel Henry”. Cuestiones Teológicas. Vol. 39 | No. 92
| Julio-Diciembre • 2012 | pp. 259-282
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apetecidos, la demanda comercial era cuantiosa y costosa. Así que por lógica,
acudieron a otro árbol que podría llevar al bosque a condiciones prósperas por tanta
exportación que pudiesen producir, pero la higuera tampoco quiso. Fueron los árboles
en busca de la vid. No es un árbol, pero sí es una planta muy significativa en el mundo
entero, pues sus fruto es perfectamente ideal para producir vino. Otro elemento del
consumo diario entre los hombres, además de muy apetecido. Infortunadamente, la
vid tampoco quiso gobernar. Fueron entonces los árboles a la planta menos indicada, a
la zarza, una planta fácil de marchitarse, espinosa y no tiene frutos que ofrecer no
ramas buenas para dar sombra. En Palestina se considera como maleza, matorral. En
climas de tanto calor como Palestina, la zarza es causante de incendios forestales por
ser una planta seca. Cuando los árboles del bosque le piden que sea ella quien los
gobierne, sin pensarlo dos veces acepta la oferta “democrática”.

La ironía
Esta parábola fabulesca de Yotán tiene una alta dosis de ironía, note Ud. que los
árboles aptos, capacitados, capaces, buenos para gobernar, con las mejores opciones
para llevar prosperidad al bosque no aceptaron. Pero, la peor planta del bosque, la que
solo puede ofrecerles destrucción y miseria, aceptó con todo el gusto.
El primer candidato del bosque fue el señor Olivo. Ideal, perfecto para ser el
gobernante, pero el argumento de su rechazo es muy significativo. Dijo Mr. Olivo:
“¿Quieren que deje de producir mi aceite, con el que se honra a Dios y a los hombres,
para hacerme grande entre los árboles?” En otras palabras: “No dejaré de honrar a
Dios por ir a ser su alcalde.”
El segundo candidato fue la higuera. Doña Higuera rechazó la oferta por la siguiente
razón: ¿Y debo abandonar la dulzura de mis frutos, para ir y hacerme grande entre los
árboles? En otras palabras: “No dejaré de deleitar el paladar humano por ir a ser su
alcaldesa.” La tercera candidata fue doña Vid. La señora Vid respondió: “¿Y voy a dejar
de producir mi vino, que es la alegría de Dios y de los hombres, sólo para hacerme
grande entre los árboles?” En otras palabras: “no dejaré de traer alegría al cielo y a la
tierra por ir a ser su alcaldesa.” El olivo, la higuera y la vid tenían cosas más
importantes que hacer en servicio a Dios y a los hombres como para rebajarse a ser el
gobernador del bosque. Pero, la zarza que no tiene nada bueno que ofrecer a Dios ni a
los hombres, tampoco al bosque, aceptó ser alcalde de todo el parque. ¡Qué ironía! ¡No
le parece?

La tragedia
La parábola de Yotán termina su parábola fabulesca en un incendio. La zarza qu ees
pequeña y no tiene ramas sino chamizos le dijo a los demás, “vengan y busquen refugio
bajo mi sombra. Pero si no me obedecen, saldrá fuego de mí y quemará los cedros del
Líbano.” ¿Refugio bajo la sombra de una zarza?
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Esa fue la tragedia del bosque, darle poder a una zarza. Se destruye la zarza y destruye
la comunidad.

A continuación, comparto con mucho amor algunas reflexiones pastorales:


● La búsqueda. Nosotros los cristianos también necesitamos buscar quién tome el
liderazgo en la Iglesia, en la familia, en la sociedad. Sólo deseo reflexionar en la Iglesia
y en la familia. Espero no sea nuestro caso en Dios Para Todos, pero venimos
admitiendo en los púlpitos personas no ideales, llenas de avaricia, de adulterio en su
alma, entre otras desgracias. No vale la pena usar estos minutos para entrar en sus
detalles, sólo le ruego a Dios que conceda pastores conforme a su corazón para su
Iglesia en latinoamérica. El otro caos es familiar, sospecho que nos están gobernando
zarzas, y eso es peligroso. El diseño divino para que una familia se mantenga a flote es
que el hombre debe unirse a su esposa para juntos liderar su jardín, su casa. Es
responsabilidad de los padres poner las reglas, las condiciones del juego. Es
responsabilidad de los padres poner la cuota de autoridad en la casa, no al revés. Pero
hoy tenemos hogares gobernados a punta de berrinches de unos muchachitos que no
saben darle rumbo a la vida. He ahí una zarza en el poder familiar. Familia, que no nos
gobierne la zarza.
● La ironía. Una de las ironías en el liderazgo actual es igual a la parábola de
Yotán: las personas que tienen las aptitudes para liderar o no quieren hacerlo o
estamos eligiendo zarzas para nuestros municipios, para nuestros departamentos y
para nuestros países latinoamericanos. Muchas iglesias en Latinoamérica están siendo
lideradas por “zarzas”: trasquiladores de ovejas, embaucadores por amor al dinero,
expertos, muchos otros, en seducción; tergiversadores del evangelio, dados al vino,
pendencieros, en fin. Ironía, que en muchos hogares el liderazgo familiar al estilo de
Dios lo rechacemos: padres que no son cabeza de familia. Madres que no practican el
respeto familiar. Hijos rebeldes. Nadie en casa es capaz de poner orden. Cuando Dios
nos invita a que los padres seamos líderes al estilo de Jesús. Que las madres sean
respetuosas y sumisas al estilo de Jesús y que los hijos sean obedientes al estilo de
Jesús. Lamentablemente tenemos en la Iglesia más familias al estilo del mundo que al
estilo de Jesús.
● La tragedia. Como Iglesia, la tragedia es lamentable: comunidades que
desconocen a Dios. Tienen unos cristos fabricados con herejías, mas no han podido
contemplar un Cristo bíblico. Ahora que Dios me concede ir a capacitar pastores,
líderes en diferentes ciudades del país, puedo tar con tristeza en mi corazón
testimonios de esta naturaleza. La tragedia familiar es obvia para todos nosotros:
padres que no desempeñan bien su papel de paternidad. Madres asumiendo el papel
de papá y mamá a la vez. Hijos perdidos, sin norte, sin amor, sin atención, sin
importancia, sin vida. Y todo esto desemboca que una sociedad que ya no es sociedad,
es un caos es todas sus esferas: políticas, administrativas, militares, ecológicas,
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industriales. Ahora vivimos los caos de la movilidad, de la infraestructura, de la


educación, de las libertades, de la moral: esta semana hubieron no sé cuántas marchas
de orgullo gay. Hace unos meses atrás presencié una marcha por las drogas y se
plantaron frente a la Alpujarra a consumir, miles y miles de personas. Y nadie es capaz
de hacer algo: nos gobiernan zarzas. La tragedia es más grave de lo que imaginamos.

Cuando tomo conciencia de estas realidades, sólo puedo orar el Padrenuestro. Oro el
Padrenuestro por la Iglesia en Colombia. Oro el Padrenuestro por nuestro país. Oro el
Padrenuestro por las familias:
“Padre nuestro, que estás en los cielos,
santificado sea tu nombre.
10 Venga tu reino.
Hágase tu voluntad,
en la tierra como en el cielo.
11 El pan nuestro de cada día, dánoslo hoy.
12 Perdónanos nuestras deudas,
como también nosotros perdonamos a nuestros deudores.
13 No nos metas en tentación,
sino líbranos del mal.”
[Porque tuyo es el reino,
el poder, y la gloria,
por todos los siglos. Amén.]