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1.

EL PROBLEMA DE LA ÉTICA

“¿Qué debo hacer en esta situación?” ”la conducta de su hijo es incorrecta”


“¿Quién es el responsable de esto?” “nuestro amigo se ha comprado
correctamente” “¿es justo lo que usted está haciendo?” “robar es malo”. He
aquí una serie de expresiones que frecuentemente usamos en la vida
diaria. De acuerdo con las palabras dichas podemos fácilmente reconocer
que todas tienen de común se expresiones morales, es decir, expresiones
en que nuestra conducta y la de otras personas es considerada desde el
punto de vista de la moral. No podemos negar lo importante que es para
toda la consideración de la conducta desde el punto de vista moral y cuanto
nos preocupamos por responder a las preguntas antes mencionadas en la
vida diaria y por usar correctamente los calificativos morales. Y lo
importante de esto es saber si estamos obrando bien, cual es nuestro deber
y si lo estamos cumpliendo en diversas situaciones de la vida; si nuestra
conducta y la de otros es buena o mala, si somos responsables de tal o
cual, hecho, y así sucesivamente, nuestro cuidado constante son
cuestiones morales. Esta preocupación se explica sin dificultad, pues las
calificaciones morales afectan hondamente nuestro ser. Malo o bueno,
honesto o injusto, son diríamos como marcas fuertemente impresas en
nuestra persona a cusa de nuestras acciones.

Pero existen otras cuestiones que también conciernen a la conducta


humana considerada desde el punto de vista moral, pero que no son del
mismo tipo que las anteriores ni se plantean tan frecuentemente;
cuestiones como las siguientes: ¿Qué queremos decir cuando hablamos
de moral? ¿Cuáles son las bases de la conducta moral? ¿cuál es
fundamento por el cual este hombre que soy yo o cualquier otro hombre
debe hacer algo? ¿pueden derivarse todas las reglas de un principio
supremo? Y, si así fuera ¿qué seguridades ofrece este principio y cómo
podemos estar ciertos de que es el verdadero? Fácil es ver que estas
interrogantes se refieren a la conducta moral, pero también es fácil ver que
lo hacen dese otro Angulo, que tratan los temas morales en otro nivel. En
efecto, el planteamiento ya no nos estamos preguntando que debemos
hacer en tal o cual caso, cual es nuestra obligación concreta o sin una
conducta es buena o mala; mas bien nos interrogamos racionalmente por
el sentido y fundamente de la vida moral en general. Ahora bien, las
cuestiones de este segundo tipo son cuestiones éticas, es decir, cuestiones
filosóficas sobre la moral.

Todos los hombres se plantean problemas morales y hacen afirmaciones


morales solo son unos pocos que se dedican a la investigación filosófica y
plantean racionalmente los problemas relativos y fundamento de la vida
moral y se formal así interrogantes éticas. Estas interrogantes son sin
embargo capitales, pues de ellas derivan la certeza de la validez de las
reglas y normas que empleamos en nuestra existencia cotidiana y en
general el sentido entero de nuestra moralidad.

La investigación filosófica de estos problemas relativos a la conducta


humana es la tarea de la ETICA o filosofía moral sobra loa cual vamos a
tratar en el presente capitulo.

1.1. LA PERSONA MORAL Y LA ACCIÓN.

En los párrafos anteriores, al hablar de las situaciones y los problemas


morales, hemos usado la palabra “persona”. ¿Qué significa esta palabra?
¿tiene ella una importancia especial tratándose de la vida moral? He aquí
dos interrogantes que es bueno abordar desde el principio para situar en
su justo terreno la discusión de las cuestiones éticas.

Seguramente si propusiéramos calificar moralmente una cosa, como por


ejemplo una piedra o una mesa, nadie tomaría en serio esta propuesta. De
una cosa en efecto no podemos decir que comete injusticia que cumple con
sus deberes o que es honesta o incorrecta. de igual modo, no decimos
nunca de una piedra, una mesa o cualquier cosa inerte, que son personas.
Pero tampoco juzgamos moralmente a los animales. A nadie se le ocurre -
si no es bromeando o haciendo una ficción- exigir a los animales el
cumplimiento de deberás o llamarlos honestas o injustos. Y tampoco en
este caso, como en el anterior, usamos para designarlos la palabra
persona. Ni siquiera a los niños muy pequeños se les damos la trata propia
de personas y asimismo nadie con sensatez los juzga moralmente. Solo a
los hombres, a parte de una cierta etapa de su desarrollo y cuando son
normales (los enfermos mentales graves, por ejemplo, quedan excluidos)
consideramos cabalmente personas y solo a ellos los juzgamos
moralmente.

Por lo anterior, se ve que el concepto de persona esta íntimamente


vinculado al de la moralidad, de tal manera que solo allí donde tratamos
con pernas podemos aplicar calificativos morales. El concepto de persona
se nos revela de este modo como un concepto central de la ética.

Pero ¿Qué sentido tiene la palabra “persona” aplicando en la vida moral?


¿Por qué podemos usarla para designar cosas o animales, a niños
pequeños o a hombres atascados de serias afecciones mentales? Para
responder a esto y para precisar el concepto de persona, consideramos
cuales son las características que poseen los hombres maduros normales
a quienes llamamos personas y que en cambio de los demás seres no
poseen.

La primera diferencia a la conciencia. Las cosas no la poseen


ciertamente; pero en los demás seres vicos, a los cuales se pue llamar
consientes en un sentido amplio, falta la referencia aun centro organizador
de las vivencias y los actos, falta la aprehensión de un yo que preside la
conducta, es decir, la conciencia de sí. Ahora bien, el hombre propiamente
tal ese a quien sin vacilación llamamos persona, es consciente de si mismo,
se sabe agente de su comportamiento voluntario y se reconoce como el
mismo sujeto, como una unidad permanente a través de la sucesión de
acciones.

Pero no solo en este carácter de la conciencia estriba la distinción entre


los seres que son personas y los que no lo son. No pueden olvidarse otro
rasgo importantísimo del ser consiente maduro: el conocimiento de los
bueno y malo, de los justos y los injusto, del deber y la culpa. Discernir lo
que es moralmente correcto y lo que no lo es, reconocer y acatar
obligaciones, aceptar responsabilidades son cosas que no los hombres son
capaces de hacer. Justamente a este darse cuenta de los valores y deberes
de la conducta aluden a muchos freses morales que estamos muy
habituados a oír a emplear, por ejemplo: “los dictados de la conciencia”, “la
voz de la conciencia”, “obedecer a su conocimiento”, “su conciencia lo
acusa”, etc. Todas ellas obligaciones a que estamos sujetos como hombres
y de la conformidad o desacuerdo de nuestras acciones con esos
principios, es decir, a la conciencia moral. No se llama persona a quien no
tiene la conciencia moral y, por ende, no se le juzga moralmente.

Con las distinciones que se nombro estamos ya mejor preparados


para precisar el concepto de personas. Pero hay todavía un rasgo de los
seres humanos personales, no poseído por los demás seres, que es
indispensable para completar la caracterización que estamos haciendo.
Tan principal es que cuando falta en la conducta como propia de la persona.
Veamos esto a través de algunos ejemplos. cuando un hombre actúa bajo
la presión poderosa de un impulso corporal, como ocurre con un
morfinómano, o de una coacción externa, como la amenaza de muerte, su
conducta pierde carácter personal en mayor o menor grado, según sea la
fuerza de esa acción extraña, igualmente, los actos que un hombre realiza
cuando ha perdido el control de su cuerpo (parálisis, convulsiones
epilépticas, caídas) no le pertenecen ya y no pueden contarse como formas
de u conducta en tanto que persona. ¿Qué es lo que estos casos faltan y
en cambio esta presente en los actos propios de la persona? Falta de
decisión y ejecución propia de las acciones, el dominio sobre nuestras
facultades y nuestro cuerpo, la independencia de nuestra conducta, en una
palabra, la libre disposición de nuestro sé. La liberta, especialmente la
libertad de la voluntad así pues un carácter fundamental de la persona y un
requisito indispensable para juzgar moralmente las acciones de los
individuos.

La persona moral, podemos decir ahora resumiendo el examen procedente,


es el ser consciente de si de los principios a que esta sometida su conducta,
capaz de decir y ejecutar por su libe voluntad las acciones que configuran
su existencia.

La acción de la persona es la acción moral. ¿Cómo podemos


caracterizarla?, aplicando nuestras conclusiones anteriores, sin dificultades
podemos decir que ellas es la serie de actos realizados voluntariamente
por un ser personal que es consciente del valor moral de dichos actos.
Según estos, la acción moral es necesariamente, en primer término, una
acción consciente. Pero no es solo esto. Ciertamente, el sujeto tiene que
darse cuenta del acto que realiza, pero además debe ser consciente de los
medios de que dispone para actuar. Pero estos medios. Así como los fines
que persigue, no pueden ser naturalmente considerados. El sujeto lo
valora, os califica de acuerdo los demás que reconoce. La acción moral
implica actos valorativos por tanto comporta todos los ingredientes que,
según hemos visto en el problema del valor, constituyen los actos
valorativos. Pero hay además en la acción moral un elemento indispensable
de autoconocimiento, n darse cuentea de que es el mismo y no otra persona
quien actúa. Y hay por eso también un factor domínate de voluntad, de esa
libre decisión y ejecución de los actos que funda la independía de la
persona humana. En suma, en la acción moral el sujeto sabe que hace y
como lo hace (conciencia del acto, conocimiento de los fines y medios); que
debe hacer y evitar (conciencia de lo bueno y malo), y quien lo hace, quien
es autor del acto conciencia de sí mismo como agente libre.

2. LA MORALIDAD Y LOS VALORES ETICOS FUNDAMENTALES

2.1. ETICA

El concepto de ética procede del vocablo griego ethos, hábito,


costumbre. El término latino more, también implica 'costumbre'. Así, la
ética sería una disciplina que estudia los hábitos y costumbres (de los
pueblos). Según Augusto Salazar Bondy (ASB), «es el examen crítico
de la conducta y los principios morales (en cuanto se prolonga en una
descripción normativa y sólo en este caso es una moral o sistema de
moralidad»: 2 la ética examina la moralidad o la realidad moral. Ésta se
encuentra constituida por el acto moral (acción moral), conciencia
moral, valores, norma moral. Aclara que el término tiene un sentido
teórico, mientras que su objeto, un sentido práctico: faceta
imprescindible de la sociedad.
2.2. MORALIDAD

La moralidad habla de un sistema de comportamiento concerniente a


estándares del buen y mal comportamiento. La palabra conlleva los
conceptos de:
1. Estándares morales, concernientes al comportamiento.
2. Responsabilidad moral, en lo referente a nuestra conciencia.
3. Una identidad moral, o una capaz de buenas y malas acciones.

La moral está constituida por dos aspectos, en un plano normativo que


señala siempre un “debe ser”, es decir toda norma indica cómo debe
uno de comportarse; por otro lado, en el plano fáctico cuando se habla
de la realización de la moral, es decir, al plano de hechos que está
formado por los actos concretos que se realizan conforme a las
normas establecidas.

Se caracteriza por manejar asuntos que se piensa que dañarían o


beneficiarían significativamente a los seres humanos. Los estándares
morales no se establecen o cambian por cuerpos de autoridad
específicos y deben referirse a otros valores incluso el interés
personal.

Sinónimos comunes incluyen ética, principios, virtud, y bondad. La


moralidad se ha convertido en un tema complicado en el mundo
multicultural en que vivimos hoy. Exploremos lo que es la moralidad,
cómo afecta nuestro comportamiento.
2.2.1. MORALIDAD Y NUESTRO COMPORTAMIENTO

La moralidad describe los principios que gobiernan nuestro


comportamiento. Sin estos principios vigentes, las sociedades
no sobrevivirían por mucho tiempo. En el mundo de hoy, la
moralidad es considerada frecuentemente como el pertenecer
a un particular punto de vista religioso, pero por definición,
vemos que ese no es el caso. Todo el mundo se adhiere a
algún tipo de doctrina moral.

La manera en que la moralidad se relaciona con nuestro


comportamiento es importante en tres niveles: El renombrado
pensador, erudito, y autor, C.S. Lewis los define como:

1. Para asegurar justicia y armonía entre los individuos.


2. Para ayudarnos a ser buenas personas a fin de tener
una buena sociedad.
3. Para mantenernos en una buena relación con el poder
que nos creó.

2.3. LOS VALORES ETICOS Y MORALES FUNDAMENTALES.

Los valores éticos son pautas de comportamiento que regulan la


conducta, tienen un carácter universal y se van adquiriendo durante el
desarrollo individual de cada persona.; por el contrario.

Los valores morales son aquellos valores que son transmitidos por la
sociedad, son introducidos desde la temprana infancia por los padres o
las figuras de autoridad, para luego, en la etapa escolar, ser reforzados
por los maestros o profesores. Muchos de ellos también vienen
determinados por la religión que practicamos y otros tantos están tan
arraigados en nuestras sociedades que su violación puede conducir,
incluso, a sanciones legales.

Valores morales son, por ejemplo, la honestidad, el respeto, la


gratitud, la lealtad, la tolerancia, la solidaridad y la generosidad, entre
otros.
Existen, asimismo, ciertas escalas jerárquicas entre los valores
morales que, en medio de un conflicto, nos obligan a priorizar unos
sobre otros. Por ejemplo, la lealtad es fundamental en una amistad,
pero si un amigo ha cometido un delito y la policía nos interroga, lo
correcto sería que privilegiáramos el valor de la honestidad por encima
de nuestra lealtad.

Los valores éticos son pautas de comportamiento que regulan la


conducta, tienen un carácter universal y se van adquiriendo durante el
desarrollo individual de cada persona.; están constituidos por una serie
de normas o pautas que regulan la conducta de los individuos, como la
verdad, la justicia, la libertad y la responsabilidad.
Finalmente, los valores fundamentales son, según ASB, los que no
pueden faltar en la sociedad. Conforme a ellos la sociedad se organiza,
se desarrolla y perfecciona, y permiten establecer positivas relaciones
sociales entre sus miembros. Estos valores son: la dignidad personal
(considerar al hombre como fin y no como medio y, por tanto, no sujeto
a discriminación racial, marginación y opresión; vale decir, no
concebirlo como «animal o cosa»); la justicia (reparto de bienes,
premios y castigos en sentido armónico entre los constituyentes de la
sociedad -justicia conmutativa-, o de acuerdo con la función, necesidad,
responsabilidad -justicia distributiva); la solidaridad (además de exigir
«la perfección y unidad armónica de todos los hombres», significa
ayudar a los demás a resolver sus problemas existenciales); el bien
(cumplimiento universal de nuestra esencia); y, por último, la libertad
(independizarse de las fuerzas inconscientes y necesarias de la
naturaleza -libertad natural-, o la independencia que posee una
persona o pueblo para organizarse y construir su propio destino dentro
de los principios y normas morales –libertad, personal y político-social).