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ARTURO ARDAO

COLECCION LOS NUESTROS


COLECC~. LOS NUESTROS
NAVlGARE NEaSSE.
VlVE~E
NON Nt:aSSE

BIBLIOTECA
DE
MARCHA

COLECCION LOS NUESTROS f6


ARTURO
ARDAO

RODO
.
Su amertcantsmo

BIBLIOTECA D I! MARCHA

BARTOLOME MITRE 1~14 f MONTEVIDEO fURUGUAY


CASILLA DB CORREO 1702
COPYRIGHT BY
BIBLIOTECA Dll MARCHA
PARA
TODOS LOS PAISES BIBLIOTECA DE MARCHA
QUilDA HECHO BL DEPOSITO QUE MARCA LA LBY
COLECCIO.N LOS NUESTROS
EL AMERICANISMO
DE RODO

Sólo han sido grandes, en América,


aquellos que han desenvuelto, por la
palabra o por la acción, un sentimiento
americano. José Enrique Rodó (en
Montalvo).

El americanismo en el conjunto de t>u obra

Como queda expresado en su título, es éste un


libro dedicado a Rodó, pero en Rodó, sólo a su
americanismo*; o a lo que también podría llamaT-
se, como se le ha llamado, su milicia americanista.
Esa milicia movilizó su pluma desde que em-
pezara a manejarla hasta el final de su existencia.
• Siguiendo una determinada tradición, los tér~i­
nos América {a veces con la precisión de "la nuestra"),
América Latina. Iberoamérica, Hispanoamérica y aun
América Española, ' son usados por Rodó como equiva-
lentes, desde sus primeros hasta sus últimos escritos, pa-
ra denominar a la misma comunidad continental. Ha-
bria que observar sólo que al término Iberoamérica, si
bien con el mismo alcance, acudió excepcionalmente y
por r azones circunstanciales. Con referencia a los ismos
derivados. usó en forma que puede considerarse exclu-
siva el término americanismo. Sin entrar aquí en toda
la cuestión que. tanto del punto de vista semántico co-
mo del histórico. promueven este término y aquellas
equivalencias, nos atenemos. desde el titulo mismo del
volumen, a la term!nologia del propio Rodó.

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Lo comprometió, además, hasta tal punto, que ella tralefi y más teóricas del propio A riel, porque 51
aportó a su personalidad de escritor uno de sus bien todo el discurso de Próspero está diTigido
rasgos más salientes. Tanto es · así que muy a me- "A la juventud de América", aquellas partes con-
nudo, en las evocaciones de Rodó, la imagen que figuran un mensaje que, en sí mismo, va mucho
primero se h ace destacaT es la del americanista. más allá de ella; con más razón de El que vendrá,
Desde un determinado punto de vista - el de la .. de Libemlismo y ] acobini!mO, de algunas p áginas
historia y el de~ tino de nuestros pueblos- tiene capitales de El Mirador de Próspero} no obstante
ello amplia justificación. Es, precisamente, lo que se1· éste, en su conjunto, libro tan america nista, y
nos ha inducido a circunscribirnos aquí a ese as- en general de El Camino de Paros; y todavía (sin
pecto, habida cuenta del carácter de la colección agotar con esto las fuentes po. ibles), de sus escritos
a la que el pTesente Jibro está destinado. y discursos políticos y parlamentarios.
Se cometería, sin embargo, un grave error si El ap}ericanismo viene a constituir, pues, sólo
se pensara, no ya que el americanismo encierra o un capítulo de la obra de Rodó, y por lo tanto
define la totalidad de la producción de Rodó, sólo una faceta de su p enonalidad. l mporta m u-
sino, aun, que constituye su paTte medular. Lo cho hacerlo constar muy claramente al frente de
medular está en el conjunto de sus ideas filosófi- este volumen, por dos razones: la primera, que no
cas, éticas, esté ticas, políticas y wciales, para limi- se malentienda el sentido del mismo volumen, co-
tarnos, en una distinción convencional, a las cate- mo destinado a dar una imagen completa del Maes-
gorías más ge nei·ales o comprensivas. Cierto es que .tro; la segunda, que no se subestime el resto de
en su americanismo participan accesoriamente to- su obra, donde, por el contrario, se contiene cuan-
das y cada una de esas categorías. Pero el cuerpo titativamente lo mayor y cualitativamente lo m ás
fundamental de ellas, en ws contenidos doctTina- sustantivo, de su actividad p ensante.
rios más intrínsecos, le es independiente. Bastaría Aclárado lo anterior, UTge preveni_r el rie~go
y sobraría señalar el caso eminente de su obra de que de lo dicho resulte, a la inversa, subesti-
mayor, Motivos de Prot eo, "una de las obras maes- mada la importancia del americani.mo de Rodó.
tras del pensan1iento de lengua española de todos Ella es muy grande. Ante todo, como vitalísimo
los lugares y tiempos", al decir de Gaos. Con mu- asunto de nuestra comunidad cultural e histórica.
cha atención se detectan en sus nutridas páginas Luego, porque ~u americanismo, entendido como
tales o cu ales referencias, directas o indirectas, a lo que fue, una milicia, es el de primen magnitud,
la circunstancia americana. Pero en su significado po·r su constancia, su diversidad y su jerarquía,
último y radical, en lo que tiene de universal filo- entre los de los grandes americanistas del pasado
sofía de la perw nalidad humana, de la existencia y el presente siglo. Después, porque aun conside·
h umana, no es posible encuadrarla en el marco rado en relación con el resto de su obra, sin dejar
de su ameTicanismo, o de su mil icia americanista, de ser sólo un capítulo de ella, lo practicó con
o de su preocupación americanista. tal sentido de compromiso militante, que vino a
O tro tanto cabe decii· de las partes más cen- aponar, ya se ha dicho, uno de los rasgos más

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salientes a su personalidad de escritor. Y todavía, Ensayamos a conti nuación un ordenamiento de
en fin - comecuencia de lo inmediatamente ante- lo5 principales "cargos" sobre los que se ha mon-
rior- porque cuando se observa de cerca ese ame- tado el llamado "proceso", o suce,lvos "procesos",
ricanismo, se ofrece como una de las mejores posi- a Rodó. Al hacerlo, prescindimos de las opinables,
bles introducciones a su obra total; a su obTa to- y por tanto legítimas, reservas u objeciones litera-
tal, en lo que tuvo, aparte de su valía artística, , rias, o estilísticas, o formales, así como de las igual-
de contenido doctrinario: a sus aludidas genéricas mente legítimas discrepancias doctrinarias. He aquí
ideas filosóficas, éticas, estéticas, políticas y sociales. un elenco que no aspira a ser exhaustivo:
Es del caso detenerse en la cuarta y última de l) Se le ha reproch ado conserva-r en el 900
las fundamentaciones que aca bamos de hacer, de u na agotada mentalidad del siglo XIX, más concre-
la importancia del americanismo de Rodó. Seña- tamen te la conciencia filo"ófica del positivismo de
la, respecto a las otras tres, una estimación adjetiva, aquella centuria.
por sólo imtrumental o servicial, de este america- La verdad es otra: se movió en la gran corrien-
nismo: la de poder utilizarse como introducción te de la filosofía de la vida, que de fines del si-
a la totalidad de la obra. En cualquier caso, en glo XIX a principios del siglo XX llevó a cabo la
cuanto introducción, tendría ello su interés. Pero superación del positivismo; pero además, como es-
lo tiene doblemente por la naturaleza de la in- tuvo en su vanguardia, anticipó, con su arielismo
troducción que proporciona. • y su proteísmo, sustanciales ideas y actitudes de
Difícil, en efecto, sería encontrar otra intro- espíritu. Contra la supuesta caducidad de su vi-
.ducción que mejor pusiera en el camino -a tra- gencia, le aseguran ellas, en el pensamiento de len-
vé~ de textos como los aquí colacionados- de una gua española, lá lozanía de un clásico.
disipación de tantos errores en la interpretación 2) Se le ha reprochado sustentar una concep-
de Rodó, acu mulados y -repetidos en lo que va del . ción idealista y abstracta del conocimiento, del
siglo -bajo la forma de "revisiones" más o menos hombre y del ser, con menosprecio de los primarios
suficientes- dentro y fuera del país. Cierto es que condicionamientos reales y po"itivos de todos ellos.
esos errores h an venido siendo enfrentados, al mar- La verdad es otra: lejos de los tradicionales
gen de las apologéticas y hagiografías rituales no idealismos gnoseológicos y metafísicos, con los que
menos incomprensivas, por una crítica responsab:e, nada tiene q ue ~er su idealismo axiológico, y que
que nunca ha faltado, también dentro y fuera d el condenó, fue la suya una concepción empirista,
país. Pero han hecho y ~iguen haciendo su daño. naturalista y realista del conocimiento, del hombre
Nosotros mismos lo sufrimos en nuestra adolescen- y el ser. Esa concepción incluía, desde la compren-
cia, bajo la sugestión de difundidos textos críticos sión de las realidades psicológicas, hasta el recono-
de la época, a los que muy pronto, leído Rodó sin cimiento de la importancia del factor económico co-
prenociones, no pudimos volver sin asombro. El mo rewrte de la historia, por la acción recíproca
ar.ombro se repite en la misma medida en que, de entre lo material y lo espiritual.
tanto en tanto, aquellos erroTes también se repiten. 3) Se le h a reprochado hostilidad h acia el es-

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píritu . científico y en particular hacia la ciencia cés, sin que nadie, supon emos, haya pensado en
natural y sus aplicaciones técnicas. llamar eclécticos y conciliacion istas, en el expre-
La verdad es otra : fue, siempre, un verdadero sado sentido, a Marx y· a Lenin.
devoto de uno y otras, con seguro dominio de la 6) Se le ha reprochado practicar y predicar
sistemática y. la metodología d el conjunto de las el apar tamiento individual y la vida contemplati-
ciencias. va, con de precio del mun do y de la acción.
4) Se le ha -reprochado sustentar y preconi- La verdad es otra: person almente fue un po-
zar en el plano de la práctica, como fines de . la lltico militante de prolongada trayectoria partida-
conducta humana, idealismos abstractos en lugar ria y parlamentaria; en cuanto a sus escritos y doc-
de ideales concretos. trinas, consti tuyen todo un expreso himno a la
La verdad es otra: de!de su realista idealismo acción, como difícilmente se encuentra en otro es-
axiológico sustentó y preconizó muy diversos y con- critor latinoamericano del pasado y el presen te.
cretos ·ideales de perfeccionamien to individual y 7) Se le ha reprochado e: teticismo, torremar-
colectivo, de justicia política y social, de regene- filismo y diletantismo - la belleza por la bell~za,
-ración ar tística y literaria, de orientación de la el arte por el arte, el goce por el goce- con olv1do
comunidad latinoamericana, de unión cultural y o desdén de los graves reclamos de la realidad y
política del continen te, de defen~a ele éste frente
a la absorción imperialüta, etc., etc. Todo ello sin ,. de la vida.
L a verdad es otra: en su obra de cultoT y após-

l
perjuicio d e una tarea todavía más trascendente: tol del sentimiento de lo bello, con cebido como
la de preparar los espíritus para que cada indivi- esencial facto r de la educación y elevación del es-
duo, cada generación y cada comunidad, encuen- píritu, impresiona la constan te, honda y dramá-
tren y definan por sí mismos sus propios ideales, tica preocupación por la realidad y por la vida.
es decir, sus propias tablas de· valores. Con la reiterada invocación de ellas, concordaba
5) Se le ha reprochado eclectici~mo y conci- una tam bién reiterada condena de los esteticismos,
liacionismo, en el mal sentido d.e a proximar posi- los torremarfilismos y los diletantismos.
ciones diversas, eludiendo el compromiso de las de- 8) Se le ha reprochado preconizar un estoicis-
fi niciones o buscando armonías tranquilizadoras. mo conformista, con negación de todo espíritu de
La verdad es otra: si bien r ehuyó los unilate- Tebelión y de lucha.
ralismos y falsas oposiciones, y predicó la to- La verdad es otra: qu iso siempre preparar la
lerancia de las ideas y las creencias, acostumbró vol untad para los inevitables combates de la vida
definirse con toda claridad ; y si abrevó en distin- individual y colectiva, exaltando, llegado el caso, la
tas fuentes teóricas para alcanzaT su pensamiento insurgencia revolucionaria, tanto bajo la forma de
propio, lo hizo en el mismo sentido, por ejemplo, la evocación histórica como en el plano de su pen-
en que Marx recogió - al decir lúcido de Lenin- samiento' teór ico.
"lo mejor" de la filosofía clásica alemana, la eco- 9) Se le h a reprochado predicar el cultivo
nomía política clásica inglesa y el socialismo fran- etéreo y estéril de los valores del espíritu por el

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espíritu, con desprecio del bienestar material y el legislador; llegó a fustigar con dureza el orden
trabajo útil. social imperante; manifestó verdadera simpatía por
La verdad es otra: desde el principio al fin la ·cau a de los trabajadores, así como por los lí-
de su carrera de escritor, enjuiciando siempre el deres del naciente socialismo rioplatense, Frugoni
utilitarismo ba tardo que es propio del espíritu y Palacios, que fueron sus amigos personales.
burgués, hizo el más cumplido, expreso y constante 13) Se le ha reprochado, por partida triple,
reconocimiento del legítimo bienestar material y universalismo, europeísmo y france' ismo, como for-
del trabajo útil, manual e intelectual. mas de alienación, evasión o insensibilidad respecto
10) Se le ha reprochado predicar el aristocra- a las realidades americanas.
tismo intelectual y espiritual de las minorías social- La · verdad es otra: fue ante todo un america-
mente privilegiadas, opue. to a la mediocridad e nista militante, no teniendo m milicia americanista
incultura de las clases inferiores de la sociedad. par, antes ni después de él.
La verdad es otra: impugnó la entronizada me- 14) Se le ha reprochado indiferencia o cegue-
diocridad burguesa, en particular la de las clases ra respecto a la con dición del indio americano.
altas y dirigentes, reclamando el acce~ o de todos a La verdad es otra: perteneciendo a un país sin
los bienes de la cultura, para la selección de los el problema del indio, lo que hace su caso más
intrínsecamente mejores de todas las capas sociales: ad mirable, tuvo muy clara comprensión a la vez
no otra cora que lo que han querido o quieren .., que muy humano ~entimien to del mismo: consta
hacer -cualesquiera hayan sido o sean los logros- a si en -i mperecederas pág-inas suyas · de protesta y
todas las grandes revoluciones de nuestro siglo. de acusación.
ll) Se le ha reprochado oligarquismo político, 15) Se le ha reprochado ignorancia o incom-
con ausencia del sentido popular de la democracia. prensión respecto al imperialismo yanqui, aducién-
La verdad es otra: tanto en la evocación his- dose que sus críticas a Estados Unidos fueron sólo
tórica, como en las ideas doctrinarias, como en su de orden cultural. ·
personal acción política, estuvo contra toda forma La verdad es otra: se manifestó en diversas oca-
de oligarquía, y la n oción de pueblo, así como la siones contra aquel imperialismo, y figuró a la ca-
de lo popular -en el mejor sentido de una y otra- beza de los patrocinadores del tal vez único gran
figuran entre las cálidamente sentidas y exalta: mitin callejero de protesta contra él, realizado en
das por su pluma. Montevideo en vida suya.
12) Se le ha reprochado una actitud conserva- Tenemos que limitarnos aquí sólo a enunciar
tista y elusiva, respecto a la gran cuestión social los cargos y los d escargos. La pormenorización de
contemporánea, resultante del conflicto entre el ca- unos y otros requiere otra oportunidad. Esa opor-
pital y el trabajo. tunidad tendría que ser también la de la bú' queda
La verdad es otra: sin ser marxista, ni socia- de una explicación psico-socio-histórica, de la insis-
lista, ni luchador social, se ocupó seria y detenida- tencia en aquellos ataques, cuando no diatribas.
mente de aquella cuestión como escritor y como Baste ahora decir, a propósito de dicha explica·

u
¡
Esos cuatTo aspectos corresponden, por otra
ción, que su clave se encuentra, probablemente, en
la bien sentida, pero mal entendida, necesidad de parte, a cuatro etapas de la evol~ció~ pers?nal ~e
reaccionar contra cieno adocenado "arielismo" ofi- Rodó, en el siguiente orden: ~me~1camsro~ ~1terano,
cial de oligarquías intelectuales y políticas, que tu- americanismo cultural, amencamsmo polmco, aroe-
vo su hora en el continente. Fue ese arielismo un ricanismo heroico. Cuatro etapas que a su vez co-
rresponden, una por lustro, casi exactamente,. a los
fenómeno no diferente, en esencia, de un consabido
poco más de cuatro l~stro~ de su trayecto_na de
"artigui· mo". oficia~ uruguayo. Rodó, artiguis-
ta en el meJOT sentido de la palabra, infundió a escritor. Aquellos amencamsmo~ _no se s_ustltuyen,
etapa por etapa, sino que se ad1cwnan sm desapa-
su arieli·mo -claro está que en los correspondien-
tes planos de doctrina- la misma sustancia popu- recer ninguno, de suerte que a t~avés del pr?ceso
lar, democrática y antioligárquica del artiguismo. se va integrando en una sola u m dad el_conJunto
de su americanümo a secas. La secuencia de esas
Sobre él también la leyenda negra; pero contra la
r:alidad -la realidad, tan amada, reclamada y vi- etapas, por otra parte, constit~ye una de las me-
jores pautas para la comprensión, desd~ _adentro,
vida por Rodó, pese a cuanto se h aya dicho de que
de la biografía, más que mtelectual, esp1ntual, de
pasara por el mundo de espaldas a ella- nada al
fin, pueden las leyendas. ' Rodó.
El -conjunto de textos con tenidos en este vo- Desde 1895 al iniciar su carrera en la R evista
lumen, ~onsti tuye, entre las posibles introducciones Nacional, defin'e y expresa su americanismo lite-
a la obra de Rodó, hemos dicho ya, la que mejor m1·io; el texto capital lo constituye ~n extens~ en·
podTía, tal vez, poner en el camino de la disipación sayo que con ese mismo título pubhca ~se m1smo
de_ tantos errores repetidos. Sólo poner en el ca- año. Desde 1900, por intermediO ~el ~1scurso de
romo: la atenta lectura o relectura de la totalidad Próspero, define y expresa su amencamsmo cultu-
de !a obra, haría el resto. En cualquier caso, para ral; el americanismo litel'ario, claro est~, era ya
la JUVe~tud uruguaya y latinoamericana del pre- . cultural, en el lato sentido de este _térmmo; per?
s~nte, mnguna vía más adecuada hacia la compren- ahora, junto al empeño por determmar ~as condi-
SI~n, no sólo del arielismo sino también del pro- ciones de una literatura que fuera amencana, co-
teismo -aun en lo que tienen de doctrinas uni- mienza la prédica .de toda una política,_cultural
versal~~•. pa-ra todo tie~po y todo Jugar- que el latinoamericanista, que rebasa con aroputud, en
conoCimiento del amencanismo de Rodó. todas direcciones, lo literario estricto. Desde 1905,
con las prime-ras páginas encaminadas d~ ma~era
Cuatro aspectos de su americanismo espeCífica a h acer propaganda por la ~mó~ hispa·
noamericana, define y expresa su amencamsmo po-
Es ~asta. cierto punto habitual distinguir en lítico; diversas motivaciones, ya ~resentes en etapas
e~~ amencan1smo. dos aspectos: el literario y el po- anteriores, vuelven ahOTa ostensible lo que hasta
htico. Cabe considerar dos más, que convencional- entonces se mantenía sólo implícito en el seno de
mente llamamos el cultural y el heroico. aque Uos dominantes americanismos de otra indole.

10.• 17
Después de 1910, en fin, en la última fase de su
carr~ra, define y expre~a, ~ partir del ensayo sobre ahí la triple tarea que consideró nen;saria y a 1~
el Libert.ador, su amertcanzsmo heroico; fue éste el que él mismo personalmente se ab~co: .la orgam-
zación de la comunicación, de la htstona y de la
coronamiento e. pontáneo de los anteriores, en cier-
to modo su d esenlace, si no inevitable sí natural crítica literarias en el continente. En cuanto a la
atendida• la .línea o' dirección a lo JarO'~ de la cuaÍ comunicación, difícilmente algún contemporáneo

su amencanismo umco se fue completando.
b suyo le iguala en la exte~sión, constancia y e!!ca-
cia del esfuerzo por mediO del cua.l establee!~ y
En suma; "El americanismo literario" de 1895· estrechó vínculos entre eo·critores htspanoamenca-
Ariel, de 1900; ·"Magna Patria", de l9Ó5; "Bolí~ nos de las más diversas regiones. En lo que se re-
var", de 1911, 1• son los textos que van marcando, fiere a la historia, dedicó en la juvenil Revista
lustro por medw, cada una de las cuatro etapas a Nacional varios traba jos a la reconstruc~ión d;l
través d~ la~ cuales, por enriquecimientos sucesivos, pasado literario del Río de la Plata, r.efundtdos mas
e.l amencamsmo de -Rodó fue estableciendo y uni-
tarde en el amplio y notab~e estudiO q~e e~~ . el
ficando sus cuatro grandes dimensiones. Es cada título de "Juan María Guoé'rrez y su epoca m-
uno de ellos, el pTimer inequívoco movimiento de corporó a El Mi rador de Pr_óspero. En. el orden
los respectivos períodos que lo fueron orquestando. de la crítica, es el gran contmuador hac1a el 900,
con otro calado y otra exigencia, de la cr~tica lite-
Amerícanismo literario raria continental fundada por el colombiano To-
rres Caicedo a mediados del siglo XIX.
Diversos elementos integran su americanismo
literario. Se distribuyen ellos en dos vertientes. Bajo el aspecto, más sustantiv?, de la orienta-
P~T un lado, ~a previa toma de conciencia por sí ción espiritual -aquel en que res1de realmente el
mism~ el:la literatura americana; por otro, el es- fondo de su americanismo literario- se trató para
Rodó de esclarecer las condiciones de la verdadera
tablecimiento de una determinada orientación es-
piritual en el seno de ella. originalidad de la literatura de América. Era por el
Bajo el aspecto, en cierto modo adjetivo, de carácter original de sus contenidos artísticos, que
la toma de conciencia, se trató para Rodó de su- ella venía aspirando a ser una literatura con per-
perar las negativas condiciones de aislamiento re- sonalidad propia, natural resultado de su emanci-
gional, de desconocimiento del pasado y de falta pación y diferenciación de aquellas que, de~d~ Eu-
el~ una estimativa responsable, en que se había ve- ropa, le habían servido de mod.elo en su n~~1m1~nto
mdo dando la producción literaria de América. De e infancia. Rodó saluda "la 1dea de ongmahdad
literaria americana"; se siente captado y conducido
1 . El ensayo "Bolívar" fue recogido por Rodó en
El ~¡¡·~dor d e .Próspero, de 1913, sin asignarle fech a; por ella; se pone a su servicio. Pero se resis:e a
h a.b1.a s1do publi~ado por primera vez en 1912, pero el concebir esa originalidad en los estrechos térmmos
onginal manuscnto que obra en los papeles de Rodó
está fechad?_en diciembre de 1911, dato que debemos ~ en que lo venía siendo habitualmente, limitada só-
Roberto Ibanez.
lo a ser expresión, por un lado, de la naturaleza
18
19
del Nuevo Mundo, por otro, de las tradiciones y ésa será la fuente a la que él preferentemente
costumbres de sus pueblos. acudirá:
"~1 m~s generalizado concepto de americanis- "En la expresión de las ideas y los sentimien-
mo h terano -escrib: en su citado ensayo de tos que flotan en el ambiente de una época y de-
1895-:- se funda, efectivamente, en cierta limitada terminan la orientación de la marcha de una so-
acepción que la reduce a las inspiraciones deriva- ciedad humana; en el vestigio dejado por una ten·
das ~el aspecto del suelo, las formas originales de dencia, un culto, u na afección, una preocupación
la v~da en los _campos _donde aún lucha Ja persis- cualquiera del espíritu colectivo, en las páginas
t:n_c~a d~l retono salvaJe con la savia nueva de la de una obra literaria, y au n en las inspiTaciones
CIVIhzaoón,. y las leyendas del pasado que envuel- del género más íntimo e individual, cuando sobre
ven las nacientes históricas de cada pueblo." A lo la manifestación de la gen ialidad del poeta se im-
q~e ~grega: "Atribuir la magnitud de una Teivin- pone la de la índole afectiva de su pueblo o su
dica~Ión del espíritu d e nacionalidad a la prefe- raza, el refle jo del alma de los suyos, puede b us-
renCia otorgada a ·esas in~piraciones, tiene mucho carse, no menos que en las formas anteriores, la
de exclusivo y quimérico." impresión d e ese sello característico."
No niega su significación y su importancia, co- Esa tercera fOTma de ·inspiración, así enun-
mo factores del caTácter nacional de u na literatu- ciada analíticamente, puede resumirse, con términos
ra, a esos que llamará "sentimiento de la natura- del propio pasaje transcripto, en el "espíritu co-
r; za" y "sentimiento de 1~ _historia". 2 Pero niega, lectivo". Conforme al mismo pasaje, no le da Rodó.
SI, que ellos sean los d eciSivos, y previene contra - evitando la falsa oposición- carácter excluyente
e~ ne~go ~e "Ja ex_ageración del espíritu de na- respecto a las dos primeras, o sea, el "sentimiento
c~onahd.~d ; entendido de aquella manera insufi- de la naturaleza" y el "sentimiento de la historia".
Ciente, . pue_de llevar en América, a los extremos Pero siguen a continuación párrafos que conden-
del ~egwnahsi?~ in!ecundo y receloso q ue sólo da san en definitiva, a su propósito, todo el sentido
d.e st u?a ongi~ah?ad liter~ria obtenida al pre- que quería darle, o le daba, al americanismo lite-
CIO .d~ . mcomumcacw~:s e_ mtol~rancias. " H ay a rario: "Por otra par te, no es tanto la forzada limi-
su JUICIO, p ara la ongmahdad literaria, una ter- tación a ciertos temas y géneros como la pre•encia
c~ra fu~nte de inspiración, que no ha de temer de un espíritu autónomo, de una cultura definida,
nt eludir la recepción y la influencia universalis- y el poder de asimilación qu e convierte en propia
tas de las cultuTas extrañas. Cree necesario lla- sustancia lo que la mente adquiere, la base que
mar la atención sobre ella, tanto más cuanto que puede repu tarse más firme de la verdadera origi-
nalidad literaria." s Esa originalidad no es incom-
2 En el en::;ayo de 1895 les dedica sendos capítulos 3 Cámbiese ahí "originalidad literaria" por "origi-
~on l~s. títulos de "El sentimiento de la naturaleza" y
Trad1cron,7s Y co~tu_mbres"; este último título es tro- nalidad filosófica", v se tendrá una excelente respuesta
cado por El sentimiento de la historia" cuando aquel a la cuestión del americanismo filosófico, tan debatida
ens~~o resultó r~fundido en el ya citad~ "Juan María en nuestra América medio siglo más tarde, en base a
Gutierrez y su epoca", de 1913. un planteamiento no sustancialmente diferente del de
la cuestión del americanismo literario en el estudio de
20 21
patible con la universalidad: "Una cultura nacien- GaTcía Godoy, recogida en E l Mirad or de Prós-
te sólo puede vigoriz~rse a condición de franquear p ero con el título ele "Una bandera literaria":
la atmósfera que la circunda a los «cuatro vientos
del espíritu». La manifestación de independencia "Despliega usted a los vientos todo un pro-
q~e. puede reclamársele, es el criterio propio que grama literario, en el que, como idea fundamen-
discierna, de lo que co~viene adquirir en el modelo, tal, aparece la idea de nacionalidad, entendida de
lo que hay de falso e moportuno en la imitación." alta man era, y en el que difunde su convicción de
la necesidad de orientar el movimiento intelectual
Porque así entendió el americanismo literario hispanoamericano en un sentido concordante con
como una manifestación ante todo del verdader~ los caracteres y oportunidades del desenvolvimien-
espíritu colectivo de las nacionalidades america- to social y político de e>tos pueblos, ele modo que
nas, fue que rechazó enérgica y repetidamente el la obra del escritor concurra, como una fuerza po-
esteticismo modernista, en cuanto mero cultivo de sitiva, al gobierno de las ideas y las pasiones. Nin-
for~as, sonidos y colores, tan en boga en América ·guna aspiración más generosa ni más justa. Yo he
hacia el 900. Exaltó en cambio -y practicó- a participado ~iempre de ella; yo he pensado siem-
todo lo 'l.argo de su obra de escritor, la literatura pre que, aunque la soberana independencia del
qu~, no Importa cu~l fuere la fuente de su inspi- arte y el valor sustancial de la creación de belleza
Ta'CJ?n, tuviese efect1va trascendencia social, hiciese son dogmas inmutables de la religión artística, na-
fértil propaganda de ideas, fuese eficaz instrumen- da se opone a que el artista que, además, es ciu-
to de labor civilizadora. En otros términos, la lite- dadano, es pensador, es hombre, infunda en su
ratura que atendiese los palpitantes reclamos de la arte el espíritu de vida que fluye de las realidades
vid~ .Y la re~lidad de nuestros pueblos, de.•de lo del pensamiento y de la acción, no para que su arte
polttico ~ soCial .hasta lo ~oral y espiritual. En su- h aga de esclavo de otros fines, ni obre como ins-
ma: func1ón s~c1al de la literatura americana, por trumento de ellos, sino para que viva con ellos
la mterpretaCJón veraz del espíritu americano: he en autonómica hermandad, y con voluntaria y se-
ahí sn americanismo literario. ñoril contribución se asocie a la obra humana de
la verdad y del bien. [ . . . ] Las circunstancias his-
Lo resumía así en 1912, en carta al dominicano tóricas tienen en esto, como en todo, considerable
Ro~ó: .con otras e:"preslones, venía éste a sostener. en
parte. Épocas y pueblos hay en que la función so-
~ef~mbva, que la . ltteratu r a ame1'icar.a original no debfa cial de la obra artística se impone con mayor im-
hmttarse a ser hterat11.ra de lo americano. por impor- perio y encuentra más adecuado campo en las con-
tante que ésta fuera. Es en el mismo espíritu que por
nuestra parte h emos distin¡ruido a propósito del debate diciones de la realidad. Entre esos pueblos y esas
s~bre el ~ mericanismo fil osófic'o, entre filnsof frr. ame- épocas incluyo yo a las nacionalidades hispanoame-
n cana Y ftl osllf!ll de lo americano. en nuestro Filosofía
de l en gua -::.-nono la. Montevideo 1963. (Véase la puesta ricanas del presente tiempo. Su gran tarea es la
al día de du·ho ~eb~te en dos títulos recientes: Au¡rusto de formar y desenvolver su personalidad colectiva,
srl azar Boncly GEXlste una filosofía de nuestra Amé-
r ca? ; Y .Leopoldo Zea. La filo.~otía americana como fi- el alma h ispanoamericana, el genio propio que
losofta stn más, ambos de Siglo Veintiuno, México, 1969.) imprima sello enérgico y distinto a su sociabilidad
22 2)
y a su cultura. Para esta obra, un arte hondamen- da. Es lo que se propone el discurso de P róspero.
te interesado en la realidad social, una literatura Tiene el americanismo cultural de Rodó, por
que acompañe, desde su alta esfera, el movimiento vía de ese discurso, el carácter de un mensaje. ¿A
de la vida y de la acción, pueden ser las más efi- quién? "A la juventud de América", reza la
caces energías." dedicatoria del libro. Tal dedicatoria asume en el
texto un doble significado. Apunta, por un lado,
¿Cuántos mitos antirrodonianos no resultan des- al individuo, y por otro, a la comunidad. El tér-
truidos por la sola lectura de esta página, concor- mino juventud refiere, en un sentido, a los jóve·
dante, por otra parte, con todo lo que Rodó escri- nes de América, a los concretos integrantes indivi-
bió e hizo? duales de sus generaciones nuevas; y refiere, en
otro, a América misma como agrupación de pue-
Americanismo cultural blos jóvenes, como entidad histórica y cultural de
Fue del americanismo literario, por esa ver- América: cualidad vital de América, ella misma
tiente sustantiva de la orientación de la literatura joven_. Él indiv~duo american~ Y. la 7o_m:unidad
americana, que surgió y se expre~ó espontánea- a mencana a qUienes el mensa]e 1ba d1ng1do, se-
mente en Rodó, el americanismo cultural. Su gran rán, pues, el joven americano y la América joven.
manifiesto lo constituyó, en 1900, el Ariel. Nin- Para uno y otra el obietivo es el mismo. Se
guna discontinuidad, o ruptura, o rectificación res- trata de un llamado a la definición y cultivo de la
pecto al primero. ~ste fue, por el natural desen- propia personalidad, una invocación al clásico
volvimiento de sus virtualidades, el verdadero agen- llega a ser el que eres, verdadera médula del a~ie­
te del segundo; de ahí que, no sólo no fueTa sus- lismo, como más tarde lo será, en otro plano pslcO·
tituido, sino que, en cierto modo, resultara con- lógico, ético y filosófico, del proteísmo. Sólo que
solidado y vigorizado. Pero h a quedado atrás el a la personalidad de la comunidad ha de llegarse
americanismo circunscripto a las realizaciones ar- por la personalidad del individ~o. Se diri!?e en
tísticas de la literatura. Ahora se ha ampliado para consecuencia Rodó, ante todo al JOven amencano,
convertirse en toda una política cultural específi- para formarlo, en primer lugar, como hombre sin
camente destinada al hombre latinoamericano y a más; en segundo lugar, como h ombre de su comu-
su comunidad. nidad y de su tiempo. Bajo el primer aspecto, su
doctrina de la personalidad tendrá un alcance uni-
Pudo verse cómo ya en 1895 entendía Rodó
versal, que desborda los marcos de su america~ismo
que "la base más firme de la verdadera originali-
propiamente dicho; bajo el segundo, es por mter-
dad literaria", habría de ser "la presencia de un
medio de los jóvenes americanos así orientados a
espíritu autónomo, de una cultura definida". Es
la condición de hombres cabales, que la joven Amé-
cuestión ahora, en 1900, de pasar sin más al asun-
to esencial de determinar para nuestra América, rica ha de lograr, ella misma, la definición de su
las condiciones de ese que ha de ser su espíritu personalidad esencial. Bajo el primer aspecto, Prós-
autónomo, de esa que ha de ser su cultura defini- pero habla a sus alumnos encarando el destino in-

25
24
dividua! o personal de cada uno de ellos; bajo el litarismo propio de las condiciones ~n que se de-
segundo, les habla encarando el destino colectivo senvuelve -con funestas consecuenoas en las so-
de América, de una América joven que, en última ciedades ameTicanas- la moderna democracia de
instancia, será en el futuro los que estén dispue~­ la civilización burguesa; bien ent:ndida, la dem?-
tos a ser en su propio futuro los jóvenes ame- cracia es, por el contrario, el amb1ente ~ás prop1o
Ticanos. para la verdadera cultura; bien ente~d1da, es de-
Está el discurso de Próspero distribuido en cir, siempre que el estado democrático asuma .el
seis partes: debeT de colocar a todos los miembros de la socie-
La primera, postula la necesidad de que cada dad en indistintas condiciones de tender a su per-
generación entre a la vida activa con un programa feccionamiento, para la revelación, donde quiera
propio, exalta la energía creadora de la juventud, que existan, de las únicas legítimas superiorida.des
y concluye con la afirmación, clave de todo el men- humanas, las de la virtud, el carácter, el espíntu;
saje, de que América necesita grandemente de la todo ello sin inmovilizar a estas superiOTidades en
suya. clases privilegiadas, y ni siquiera e~ cl~ses, para
La segunda, sienta la tesis de que el hombre lo cual ha de mantenerse su renovaCión mcesante_,
~o d ebe desarrollar una sola faz de su espíritu,
a partir, siempre, de "las fuentes vivas del pueblo".
smo su naturaleza entera; en el ejercicio de la La quinta, se aplica a denunciar a los Estados
obvia especialización que impone la lucha poT la Unidos como "representantes del espíTitu utilitario
existencia, ha de reservar una parte del alma, por y de la democracia mal entendida": doble denun-
e~ cultivo de la vida interior, para las preocupa- cia que a esta altura del siglo XX la formula~ a
CIOnes puramente ideales; justificados están los coro los pueblos de todos los c~ntin;,ntes_. Domi~a
"diarios afanes por la utilidad", pero que, de tan- en ellos -continúa la denuncia- la mfluenc1a
to en tanto, ellos "cedan transitoriamente su im- política de una plutocracia representada p~r los
perio a una mirada noble y serena tendida de lo todopoderosos aliados de los trusts, mo~opohzado­
alto de la razón sobre las cosas"; idea ésta cuyo res de la pToducción y dueños de _la v1da e;onó-
desarrollo prepara para la doble renovación, in- mica••. La denuncia ~e hace necesana por la Impe-
dividual y colectiva, de América: ni la vida de los rial aspiración de aquella república a .la he~emo­
individuos, ni la vida de las sociedades, deben te- nia de la civilización contemporánea, Imponten.do
ner un objetivo único y exclusivo. "lo que ha solido llamarse en Eur?pa el espintu
La tercera, es un apéndice doctrinario de la de americanismo", y por la tendencia de los país~s
segunda: el sentimiento de lo bello, y por tanto americanos del suT a imitar su eiemplo. No deJa
la cultura estética, son decisivos en la educación Próspero de reconocer los a~pectos aceptab_les y
del espíritu individual tanto como en la definición aun admirables de la civilización norteamencana,
del carácter de los pueblos. incluso, por supuesto, lo positivo o fe_cundo de
La cuarta, desciende del plano de la teoría sus realizaciones materiales, pero atend1~a la d~­
al de las realidades históricas, para enjuiciar el uti- formación utilitaTia de aquella democracia del d1-

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27
nero, concluye: la civilización norteamericana no
puede servir de tipo o modelo único. veces", siempre "resurge inmortalmen te", siempre
La sexta, cerrando el círculo, vuelve al asunto "recobra su j uven tud y su hermosura", siempre
d.e la primera: la invocación al porvenir de Amé- "acude ágil, como al mandato de Próspero, ~1 11~­
nc~,, la nuestra, como entidad colectiva, por la mado de cuantos le aman e invocan en .l a reahda~ .
acc10n creador~ de sus h ombres jóvenes; sólo que En esa misma concepción dialéctlca del ane-
ahora, esta bleodo a lo largo del discurso el pro- lismo se funda su sentido de la trad.i ci~n.' Todo. el
grama que ha d e conducir a la personalidad cul- mensaje de Próspero tiene, del pnnciJ?l? al fm,
~ural,. ~qu e11a invocación ha pasado de lo todavía un marcado acento juvenilis ta y ~orv~mr~sta. Pero
md~fi.n¡do a lo ya definido: se trata para nuestra apelaba al mismo tiempo a las msp1rac10nes d.el
Amenca de no r enunciar a la originalidad de su p asado cultural. Es que no con cebía el _rorvem r,
carácter; de desarroiiar, al margen de toda imita- en el cual ponía todas sus esperanzas, smo como
ción servil, las virtualidades que le son inheren- continuidad creadora del pasado, como producto
t~s, como pot:n~i.al s.ujeto de una civilización pro- de la armoniosa incoTporación de lo nu~v.o a lo
P.Ia. De una clvihzaCJón que, sin dejar de asimilar que de vivo y fec undo percl~r~. en lo vieJo. Re-
e:1emplos como el norteamerican·o en aquello que ch azaba expresamen te la trad1c1?n conservadora y
t~enen. de fecundos, resulte libre h eredera y con- rutinaria, como la de los partidos conser~~dores
tmuadora de la gran tradición cultural latina, que d el continente, que denunCia en el ensayo Rum-
es la suya. bos Nuevos" de El mim dor de Próspero; pero, ? e-
fendía, como lo h a hecho el verdadero espm .tu
De tal desenlace deriva el simbolismo de
revolucionario de todos los tiempos, y en espeCial
Ari~l:, el "~éroe epón~mo en la epopeya de la es- del nuestro, la tradición viviente e inno~adora.
peoe , fehz coronamiento de la evolución de la
naru_raleza, que h ace "terminarse el procew de as- Con ese criterio entendía las relaciOnes , c~l­
censión de las formas organizadas con la Uamarada turales a tener, o mantener, por la joven Amer.ICa
del espíritu". Actúa superando incesantemente las con la vieja Europa. Por eso ya en 1897 ~scnbe
realidades materiales y los intereses utilitarios que a Rufino Blanco Fombona: "Yo profesa~é .siempre
representa Calibán, pero condicion ado -en el do- el lema americanista que una vez es.cnbl ~ que
ble y opuesto aspecto de contención y de acicate- tan grato h a sido a u sted; pero n os diferenCJam~s
por ellos. Es en tal sen tido la obra de Calibán a en que su americanismo me paTece un poco ?~h­
la vez negativa y positiva, y por lo tanto, dialéctica coso, un poco intolerante; y yo procuro conc.Il~ar
la confrontación de ambos símbolos. "La histo- con el amor de nuestra América el de. l~s VleJ~S
ria humana muestra ~n defi.nitiva -dice Próspero n aciones, a las que miro co11: un sentimiento fi-
a sus alumnos- una mducoón recíproca entre Jos lial". y expresa luego en Anel, en párr~fos. que
P.rogrems de la actividad utilitaria y la ideal." En son la suma y compendio de su amencamsmo
~utud de esa confronta~ión dialéctica es que Ariel, cultural:
atado por lazos matenales", "vencido una y mil "Acaso oiréis decir que no hay ~n sello pro-
pio y definido, por cuya permanencia, por cuya
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29
1
integridad deba pugnarse, en la organización ac- Patria", donde Rodó dice: "La unidad política que
tual de nuestros pueblos. Falta tal vez, en nues- consagre y encarne esa unidad moral -el sueño
tro carác~er colectivo, el contorno seguro de la de Bolívar- es aún un sueño, cuya realidad no
«personalidad». Pero en ausencia de esa índole verán quizá las generaciones hoy vivas. ¡Qué im-
perfectamente diferenciada y autonómica, tenemos porta!." En distintas oportunidades vuelve a esa
-los americanos latinos- una herencia de raza idea de la unidad política, resultante de la con-
una tradición étnica que mantener, un vínculo sa: cepción de América, la nuestra, como una grande
gra?o que _nos une a inmortales páginas de la his- y única patria, llamada a expresarse internacio-
tona, confiando a nuestro honor su continuación nalmente por el órgano de una g-ran confederación.
en lo futuro. El cosmopolitismo, que hemos de En 1909, por ejemplo, con motivo del histórico
acatar como una irresistible necesidad de nuestra Tratado Uruguay-Brasil d e ese año, declaraTá en
formación, no excluye, ni ese sentimiento de fi- el seno del Parlamento:
delidad a lo pa~ado, ni la fuerza directriz y plas- "América tiende desde sus orígenes, por el
mante con que debe el genio de la raza Imponer- pensamiento consciente de sus emancipadores, de
se en la refundición de los elementos que cons- los fundadores de los pueblos que la constituyen,
tituirán el americano definitivo del futuro." a formar una confederación de naciones. Esta con-
Americanismo político federación de naciones será primero una confede-
ración moral, una armonía de intereses, de senti-
Si en la obra de Rodó el americanismo lite- mientos, de ideas. Será, algún día muy lejano, u na
rario conduce naturalmente al americanismo cul- gran unidad política, como lo soña ba el Liberta-
tural, éste, a su vez, conduce no menos natural- dor Bolívar, cuando pensaba que en el Istmo de
mente al americanismo político. Panamá, que une las dos mitades del continente
La verdad es que ya en 1896, en carta a M a- · americano, se r eunirá algún día el Congreso an-
nual Ugarte sobre la unidad literaria de América, fictiónico que mantendrá con lazos p erduTables la
había dicho: "Mientras una grande institución de unidad de Jos pueblos del nuevo mundo."
ese género [instit~ción literaria continental] no Y todavía en su último escrito americanista,
prepare, por la umdad de los espíritus, el triunfo fechado en Roma en diciembre de 1916, pocos
de la unidad política vislumbrada por la mente meses antes de . morir, reiteraba que los hispanoa-
del Libertador ... " Pero es a partir de 1905 que mericanos somos esencialmente "unos", y que
tal idea de la unidad política, mentada entonces lo seremos aun más en el futuro, "hasta que
al pasar, aunque de modo bien preciso, y luego nuestra unidad espiritual rebose sobre las fronte-
pospuesta por otros tópicos americanistas, reapa- ras nacionales y prevalezca en realidad política".
re:e para convertirse en reiterada preocupación de De esa idea de la unidad política por la con-
pnmer plano. federación, es inseparable en Rodó, la preocupa-
A_ ese año pertenece la página recogida en ción por preservar a nuestras nacionalidades de la
El Mtrador de Próspero con el título de "Magna absorción imperialista de Estados Unidos. En una
30
31
págin~ escrita en 1906 para una revista de Bue-
nos Au~es, h ace un llamado a aqu ella "ma n jo en abril de 1914, cuando tropas norteamerica-
federaCJón" anhelada por Bolívar que "g adco~- n as ocuparon por la fuerza el puerto mexicano de
. d · • anu ana
su~ m estructrbles lazos sobre ese Istmo d p - Veracruz. Toda Latinoamérica se conmovió. La
ma que , . . e ana agitación de la opinión pública uruguaya fue m uy
d u~a po1rtlca Internacional de usurpación
y _e despoJo ha arrancado de las despedazadas en- grande. Un comité juvenil encabezado por los poe-
tranas del pueblo de Caldas y Arboleda" E . tas J ulio Raúl Mendilaharsu y Carlos María de Va-
d' d 1 · x pteso llejo, invitó a un mitin callejero de protesta, muy
repu lO e enton ces más reciente de los .
yanquis. zarpazos probablemente el primero que haya tenido lugar
~n 1912, en la ya citada carta al dominicano en el país contra el imperialismo yanqui. Asistie-
Garcra G.odoy, r ecogida en El M irador de Pró pero ron varios miles de personas y tuvo gran resonan-
con el_ tH~tlo de "~n~ bandera literaria", ~lude cia periodística, política y parlam entaria por la
: la ef~c~~la del sentumento nacional arraigado en violenta represión policial de que fue objeto.
_a tra~lc_wn y en la conciencia de un pueblo, "pa- He aquí el texto de la invitación que ha-
l a reslstrr a las amenazas de abs . 'ó bía hecho pública el comité organizador: "Al pue-
. f .. m cr n a q ue dé
aparentes aclÜdades la debilidad material". Que blo uruguayo. Tropas yanquis h an invadido a
tales ~menazas las veía por el lado de la ran México, patria hermana de nuestra patria. Des-
potenc_la del Norte, resulta claro de lo que ~ice pués de Puerto Rico, después de Cuba, después
I~medratamente_: "Por razones de situación geográ- del desmembramiento de Colombia para fundar la
fr~a, en la patna de usted adq uiere doble República de los traidores de Panamá, el pueblo
md d ó . oponu-
a . ese_ prop slto, es más urgente e ineludible de Monroe ha pisoteado sus doctrinas democrá-
la obl¡gaclón moral de ponerlo en obra'' A 1 ticas y se presenta ahora como el blondo Tartu-
agregab "P 1 1 . o que
a: ero e egítimo alcance de él abarca fo de la política internacional. Para protestar con-
toda . la América que h abla en la lengua del Des- tra ese acto de cesarismo vejatorio, invitamos a
cubr~dor, toda l a América nuestra, representada
qu enda como _una ~agna patria indivisible, en
qu~ es necesano avrvar la conciencia de su ro ia
Ir todo el pueblo a una manifestación, sintiénd.onos
solidarios por la comunidad de lengua y de raza,
de triunfos en lo pasado, de aspiracion es en lo
u~~dad y ~1 .e~tendimiento y el amor de Ifs fra. presente y de victorias en h.> porvenir. ¡Viva Mé-
drcwnes hlstoncas donde esa unidad rad ICa · "• xico! ¡Viva la América L atina! ." En vísperas del
. En ~~ mismo año 1912, en abril, en artículo ~cto adhirieron expresamente a esa invitación, los
titulado Nuestro_ desprestigio", profetiza un nue- estudiantes orgo.?Jlzados y más de un centenar de
v~ zarpazo yanqur gue ocurriría exactamente dos personalidades intelectuales y políticas. Encabeza-
anos después:. "Allí tenemos en México el desen- ba la larga lista de éstas, el nombre de José En-
freno revolucwnario en todo su vigor, hasta te- rique Rodó. 4
~erse pa:a aquella república fuerte la deprimente
Intervención yanqui". La i ntervención se p rodu- 4 La Democra cia, 25 de abril de 1914. 1• pág., col. 4~.
Sobre todo el episodio y sus derivaciones, véanse los dia-
rios de la época: La Democracia, La Razón, Diario del
32
33
En setiembre del mismo año 1914, estallada la imperialismo tuvo la concepción todavía dominan-
guen-a mundial, combatiendo el imperialismo ale- te en su época en América tanto como en Europa,
mán de la época escribió Rodó esta advertencia, aun en los medios socialistas: fenómeno ante to-
de acentos proféticos: do de expansionismo territo-rial, militar y político.
"Un imperialismo nacional europeo, vencedor O sea, sin la comprensión todavía de lo~ moder-
del resto de Europa, y, por tanto, sin límite que nos aspectos de expansión económica del capital
lo contuviese, significaría para el inmedia to por- financiero monopolista, comprensión que recién
venir de estos pueblos una amenaza tanto m ás empieza a difundirse, más acá de algunas antici-
cierta y tanto más ~onsiderable cuanto que ven- paciones técnicas, con la clá~ ica obra de Lenin,
~ría a fa vo:ecer la acción de aquel otro imperia- fechada por los mismos días de 1917 en que Rodó
lismo amencano, que hallaría en la común con- se moría.
ciencia del peligro la ocasión de afirmar sin repa- Y sin embargo, no impidió ello que el propio
ros su escudo protector." 11 Rodó, ya en Ariel intuyese la natura leza esencial-
E! sentimiento antimperialista de Rodó que- mente económica del imperialismo norteamerica-
da as1, contra lo que a veces se h a dicho, ine- no. Cuando enjuicia el utilitarismo de Estados
quívocamente documentado. a Claro está que d el Unidos, es el espíritu de su capitalismo lo que

P lut_a, El Dí1!, Diario Español, La Tribuna Popular, El dicho diario, el mencionado ed itorial apareció sin firma.
Te!egrafo, de 24 de abril y días siguientes. razón por l a cual no lo incluimos entre los t ext os del
presente volumen. Por otra parte, sus conceptos antimpe-
5 Con ese texto se relaciona otro que alude a los rialistas se hallan contenidos en otros textos suyos. (Véa-
"imperialism os absorbentes", escrito también durante l a se: Juan José López Silveira. I mpe?'ialismo yanqui 1961
guerra, pero que figura sin fecha en publicaciones pós- en América Latina, Montevideo, 1962, folleto; Mario Be-
t umas: "Todos los sentimientos propios para originar nedetti Genio u figura de J osé Enrique R odó, Eudeba,
entre los p ueblos lazos de simpatía y solidaridad, vin- Buenos Aires. 1966, págs. 104-105; Eugenio Petit Muñoz,
Cuadernos de Marcha, N9 1, Mont evideo, 1967, pág. 92;
culan est rechemente a la América L atina con los alia- Emir Rodríguez Monegal, O bras Completas de Rodó,
dos del Occidente europeo; el sentimiento de la comu- ed. citada. págs. 1078-1979. El primero reproduce integro
nidad de la 1 aza, el de la participación en el culto de las el articulo, los tres últimos f ragmentariamente.)
instituciones liberales, el influí o cultural persistente- Damos cabida aquí, en cambio, al reciente testi-
m eme recibido. el de la int.midad determinada por la m onio contenido en el libro de Julio Lago, Juan María
afluencia inmigratoria, el del interés internacional L ago. abogado det 900. Montevideo, 1967, pág. 89, donde
opuesto a los imperialismos absorbentes, de modo tal el autor recuerda . personalmente el siguiente diálogo:
que jam ás, desde que nuestra América adquirió concien~ "Rodó. - Yo también h e querido combatir el im-
cia colectiva. h an ocurrido en el mundo acontecimientos p erialismo del gran pueblo norteamericano; l a América
m ás capaces de apasionarla y preocu pada." (Obras L atina no se ha emancipado del imperio español para caer
Completas de Rodó, editadas por Emir R odríguez Mone- en el expansionismo de los anglosajones; hay una dife-
gal en Aguilar, S. A., Madrid 2~ ed., 1967, pág. 1240.) rencia del concepto del mundo entre nuestras naciones
y la patria de Washington ; defender nuestra idiosincra-
6 últimamente se .ha a t ribuido a Rodó, con alg ún cia nuestra personalidad, es defender nuestra indepen-
fun damento, un editonal antimperialist a del diario El dencia.
~elégmfo, de 4 de agosto de 1915, así titulado: "Cues- "Lago. - ¿Pero c~ mo podrán. mi q uerido amigo, las
tiones I nternacion ales. ¿Intervención en México?". Sin pobres patrias nuestras. salvarse de este imperialism o?
"Rodó. - únicamente con l a b andera de Bolívar,
embargo, si bien Rodó colaboraba por esas fechas en c:ue es la unidad hisp anoam ericana."

35
enjuicia. En su pluma, el término utilitarismo para los yanquis del modelo de Roma: "A medida
aplicado en su tiempo a una forma de civilización' que el utilitarismo genial de aquella civilización
a un régi~en social, a un tipo de democracia, re~ a~ume así caracteres más definidos, más francos,
sulta eqmvalente al de capitalismo, aunque este más estrechos, aumentan, con la embriaguez de la
_término no figure en su léxico. Resulta muy cla- prosperidad material, las impaciencias de sus hi-
ro .de la carta a Rafael Barret que incluyó en El jos por propagarla y atribuirle la predestinación
Mtrador de ,Próspero, donde declara llevar den- de un magisterio romano". Es decir, de un magis-
tro del alma un fondo "de protesta, de desconten- terio imperial. No es todavía la conciencia acaba-
to, de inadaptación, contra tanta injusticia brutal, da del imperialismo económico en sus leyes ínti-
contra tanta hipócrita mentira, contra tanta vul- mas; pero es un avance profundo -tan profundo
garidad entronizada y odiosa, como "tiene entrete- como el medio y la época pudieron permitirlo-
jidas en su urdimbre este orden · social trasmitido en el camino que conduce a ella.
a_l siglo que comienza por el siglo del advenimien- El americanismo político de Rodó no· se ago"
to burgués y de la democracia utilitaria". Demo- ta en la · afirmación de la únión o confederación
cra~ia utilitaria no era más que una manera de futUTa de Latinoamérica, y en la negación del im-
deCir, nombrándola por su espíritu democracia perialismo norteamericano, aunque · éstos fueran
capitalista. ' sus tópicos fundamentales·. A ello se suma su labor.
La crítica al utilitarismo de Estados Unidos de conciencia histórico-política · americana; su in-
que realiza en Ariel, lo conduce a escribir: "La quietud por el· caos y atraso político de · nuestros
influencia política de una plutocracia r epresenta- países; su· interés por las reivindicaciones sociales
da por los todopoderosos aliados de los t1·usts mo- de los trabajadores del continente y su naciente
nopolizadores de la producción y dueños de Ía vi- socialismo; su protesta contra la secular servidum-
da económica, es, sin duda,. uno de los rasgos más bre del indio; -· su denuncia de represiones obre~
merecedores de interés en la actual fisonomía del ras, como lo hace en su citado artículo "Nuestro
gra? pueblo". Dicho lo cual, apunta en seguida desprestigio", de 1912: "En el Perú se ejecuta a
la Inmanente tendencia imperial que encierra el obreros inermes cuyo único delito consistía en la
fenómeno : "La formación de esta plutocracia ha protesta contra el rudo trato de los caporales y la
h~cho que se re~w~rde, con muy probable oportu- mezquina retrib~ción de un jornal irrisorio".
. .
mdad,. el advemmtento de la clase enriquecida y
so?erbia que, en los últimos tiempos de la repú- Ariiericanlsmo. heroico
blica romana, es uno de los antecedentes visibles
de la ruina de la libertad y de la tiranía de los El americanismo político; en su aspecto de
Césares". ideal de unión o · confederación continental, alcan-
Párrafos antes había aludido a uno de los zó en Rodó su máxima vivencia hacia 191 O, cuan-
instrumentos "de su grandeza y de su imperio". do toda América celebraba el Centenario de la
Y párrafos después vuelve a recordar la sugestión Revolución. Muy naturalmente ese americanismo

36 37
Jo condujo entonces al que llamamos su america- valerse de la imprenta: sólo a dura costa, y con
nismo heroico. ayuda de amigos, pudo dar a luz las entregas
Al así llamarlo, no hacemos más que dar u na de El Cosmopolita. Y todo esto es, en su pasión,
forma terminológica a la interpretación de Luis la parte menor y más liviana, porque queda el
E. Gil Salguero, para quien ciertos trabajos de aislamiento y abandono espÍ"ritual, que es lo ver-
Rodó encierran una teoría del héroe y de la pro- daderamente doloroso; queda el calvario de la
moción de lo heroic:o en América. 7 Fue escrito incomprensión común: desde la que fe eriza con
en 1911, como ya se vio, el ensayo capital de las púas de la inquina a la superioridad, pasión
aquella teoría, dedicado a Bolívar, el héroe ame- de democracias chicas, h asta la que se encoge de
ricano por antonomasia, cuya idea de la unión hombros con un zafio menosprecio de toda la-
americana venía exaltando Rodó desde 1896. Las bor clesintere' ada de estilo y de investigación, y
inspiraciones centenarias de la revolución fueron, la que, dentro mismo de estas actividad es, ensor-
sin duda, el origen de aquel ensayo. dece a lo nuevo y personal, o afecta comprender
Pero, si el americanismo político e~, en Rodó, y no comprende ... ; quedan, en fin, aquellos
la fuente inmediata de su americanismo heroi- resabios de la aldea, por los cuales, para las al-
co, rewltó éste en definitiva, no separable tam- tas cosas del espíritu, toda esta América españo-
poco de los americanismos literario y cultural. la ha sido, en escala mayor, soledad de villorrio,
El héroe americano no será para él, solamente, el como la del rincón aquel donde Montalvo com-
de la acción revolucionaria, militar y política; lo puso la más difícil de sus obras, ¡sin trato con se-
será, no menos, el de la pluma, por el acceso, en mejantes y sin libros!. . . Bien se siente el re-
ciertas individualidades, a planos de heroísmo, de suello de esta herida cruel en la admirable in-
la lucha por los valores del espíritu y la cultura. troducción a los Capítulos que se le olvidaron a
A menudo en duras condiciones de aislamiento y Cervantes."
soledad, cuando no de incomprensión y hasta de Dicho eso, agrega a continuación inmediata
hostilidad, esa lucha ha engendrado también hé- estas palabras, por las que cabe adivinar hasta qué
roes. Lo explicita en el ensayo sobre Montalvo. punto sentía él mismo lo heroico de su propia
Cierto que tuvo éste acción política con rasgos de milicia intelectual: "Y apenas hay al to ingenio
heroísmo. Pero fue héroe ante todo como escritor. americano que ~o haya expresado alguna vez pa-
Es en lo que Rodó pone el acento: recido sentimiento, o no Jo deje percibir en una
"Pero, aun en la ciudad o cerca de ella, y con callada vibración de sus escritos".
la compañía de sus libros, grandes hubieron de No es del caso entrar en esta oportunidad
ser los obstáculos que puso ante él la precaria en todas las implicaciones doctrinarias de su
armazón de cultura de su pueblo. t.l nos refie- concepción de lo heroico. Es de señalarse, sin em-
re el heroísmo que era necesario desplegar para bargo, que si su evocación de los héroes se pre-
senta, por un lado, como reconstrucción históri-
. 7 Luis E. Gil Salguero, Ideario de Rodó, Monte·
V1deo, 1943. ~ def pasado, forma parte, por otro, del carác.-

JB 39
ter prospectivo de todo su americanismo. Tiene la recopilación realizada en El Mirador de Prós-
América grandes ejemplares de héroes. Pero tie- pero, donde figuran los ensayos sobre Bolívar y
ne, por encima de todo, necesidad de lo heroico, Montalvo, ha llegado la hora de que se les reú-
como cualidad del carácter individual. para el na para ser colocados junto a éstos. Es lo que se
cumplimiento de su imperioso programa de rege- hace en el presente volumen.
neración, no sólo política, sino también cultural;
el gran programa de la definición y organización Testamento americanista
de la cultura americana, supuesto indispensable
de la anhelada unidad política del continente. El En diciembre de 1916, o sea, pocos meses
modelo de los héroes del pasado será eficiente antes de morir, estando en Roma, cuna de la
factor de promoción, presente y futura, de ' lo latinidad, escribió Rodó un artículo que figura
h eroico. en El Camino de Paros con el título de "Al con-
Bolívar y Montalvo ,fueron los únicos hé- cluir el año". Un breve pasaje de ese artículo
roes cuya etopeya ·alcanzó a realizar tal como encie'rra ún mensaje · al que, por la naturaleza
quería. Era su propósito dedicar un estudio aná- de su contenido y por las circunstancias en que
logo a Martí. s Deseó también hacerlo con nues- fue emitido, llamamos años atrás "El testamento
tro Artigas. Al respecto informa Emir Rodríguez de Rodó". 10
Monegal: · La expresión " testamento" aplicada a ese
'Toda ,su vida expresó Rodó una · enorme mensaje, ha sido luego reiterada. En la selección
admiración por el Jefe de los Orientales. En va- de textos del presente volumen la hemos colo-
rias oportunidades· manifestó su deseo de dedi- cado con una variante -"Testamento americanis-
carle un ensayo de interpretación biográfica, co- ta"~ como título principal de todo ·el artículo.
mo los que realizara sobre Bolívar o sobre Mon- He aquí el fragmento que contiene el mensaje:
talvo. No pudo llevar a cabo este proyecto. Con- "La comprobación de este sentimiento en los
fidencias amicales aseguran que se lo impedía la americanos a quienes h e tratado en Europa {el
existencia de obras con las que no deseaba en- sentimiento . de la unidad continental] parece el
trar .en competencia: Epopeya de Artigas de Juan más grato mensaje que pueda enviar, al concluir
Zornlla de San Martín, y el ]osé Artigas, Jde el año, con mis filiales votos de amor, a mis
Eduardo Acevedo. Por esta u otra razón, sólo de- dulces tierras de Occidente. Si se me preguntara
jó apuntes o indicios en sus escritos de lo que cuál es, en la presente hora, la consigna que nos
hubiera podido ser un Artigas suyo." e viene de lo alto, si una voluntad juvenil se me
Esos apuntes o indicios están, en sí mismos, dirigiera para que le indicase la obra en que podría
sobrados de elocuencia. Posteriores todos ellos a ser su acción más fecunda, su esfuerzo más prome-
tedor de gloria y de bien, contestaría: -cFormar el
8 Obras Completas de Rodó, ed. citada, págs. 1459 sentimiento hispanoamericano; propender a arrai-
y 1475.
9 Ibídem, pág. 1175. 10 Marcha, N9 391, 8 de agosto de 1947, pág. l.

40 41
'
gar en la conciencia de nuestros pueblos la idea de LOS TEX1'0S
América nuestra, como fuerza común, como alma in-
divisible, como patria única. Todo el porvenir está
virtualmente en esa obra. Y todo lo que en la
interpretación de nuestro pasado, al de,cifrar la
historia y difundirla; en las orientaciones del
presente, política internacional, espíritu de la
educación, tienda de alguna manera a contra-
riar esa obra, o a retardar su definitivo cumpli-
miento, será error y germen de males; todo lo
que tienda a favorecerla y avivarla, será infalible
y eficiente verdad». "
No se podrá decir que ese mensaje ha perdido
su vigencia.

ARTURO ARDAO

1
AMERICANISMO
LITERARIO .

42

1
EL AMERICANISMO LITERARIO
Primera parte del ensayo publicado con es-
~e título en la Revista Nacional de Literatura y
Ciencias Sociales, en julio JO, agosto JO y noviem-
bre JO de J895. (Con otros ensayos sobre temas
anexos fue refundido en el amplio estudio sobre
"Juan Martín Gutiérrez y su época" que figura
en El Mirador de Próspero, J913.)

La aspiración de comunicar al boceto ape-


nas delineado de la literatura americana, un aire
peculiar y distinto que fuese como la sanción y
el alarde de la independencia material y com-
plementara la libertad d el pensamiento con la li-
bertad de la expresión y .la forma, es una de las
energías que actuaron con insistentes entusiasmos,
a partir del definitivo triunfo de aquella indepen-
dencia y en medio de las primeras luchas por la
organización, en el espíritu de los hombres que
presidieron esa . época inicial de nuestra cultura.
La misma aspiración de originalidad se ha
manifestado al través de las generaciones sucesi-
vas, determinando ensayos y esfuerzos que, en
gran parte, la han trocado en una hermosa rea-
lidad. Ella vivifica, al presente, en todas las
secciones de América, un movimiento de opinión
literaria que comparte con las más exóticas su-
gestiones de la imitación, la actividad productiva;

45
y es lícito afirmar que la idea de esa originalidad pueblo o su raza, el reflejo del alma de los suyos,
del. pen~amrento americano apenas dejaría lugar pu ede buscatse no menos que en las formas ante-
a .discu~I.ón en cuanto a. su conveniencia y legiti- riOI·es la impreoión de ese sello ca-racterístico. Por
midad, s1 ella se mantuviera en una indeterminada otra parte, no es tanto la forzada lirp.i tación a cier-
penum~ra y no adquiriese de la definición que tos . ternas y géneros como la presencia de un es-
la convierte en lema de guerra de ciertos apasio- píritu autónomo, de una cultura definida, y el
namientos literarios, un significado preciso. poder de asimilación que convierte en propia subs-
El más generalizado concepto del america- tancia lo que la mente adquiere, la base que pue-
nismo literario se funda, efectivamente, en cierta de reputarse más firme de la verdadera originali-
limitada acepción que la reduce a las inspiracio- dad literaria.
nes derivadas del aspecto del suelo, las formas La exageración del espíritu de nacionalidad,
originales de la vida en los campos donde aún lu- entendido de la manera insuficiente a que hemos
cha la persistencia del retoño salvaje con la savia aludido, puede llevar en América a los extremos
nueva de la civilización, y las leyendas del pasa- del regionalismo infecundo y receloso que sólo da
do que envuelven las nacientes históricas de ca- de sí una originalidad obtenida al precio de in-
da pueblo. comunicaciones e intolerancias: el de la literatura
Atribuir la magnitud de una reivindicación que se adhiere a la tierra corno una vegetación y
del espíritu de nacionalidad a la preferencia otor- parece describir en torno suyo el límite insalvable
gada a esas inspiraciones, tiene mucho de ex- que fijaba la huraña personalidad de la ciudad
clusivo y quimérico. Es indudable que el carác- an tigua al suelo consagrado por sus dioses.
ter nacional de una litera tura no ha de buscarse Una cultura naciente sólo puede vigorizarse a
sólo en el reflejo de las peculiaridades de la na- condición de franquear la atmósfera que la cir-
turaleza exterior, ni en la expresión dramática cunda a los "cuatro vientos del espíritu". La ma-
o descriptiva de las costumbres, ni en la idealiza- nifestación de independencia que puede reclamár-
ción de las tradiciones con que teje su tela im- sele, es el criterio propio que discierna, de lo que
palpable la leyenda para decorar los altares del conviene adquirir en el modelo, lo que hay de
culto nacional. En la expresión de las ideas y falso e inoportuno en la imitación.
los sentimientos que flotan en el ambiente de Debe recono.cerse, sin embargo, en el movi-
una época y determinan la orientación de la mar- miento que se esfuerza por mantener la inspiTación
cha de una sociedad humana; en el vestigio dejado de las tradiciones y los usos nativos en la literatu-
por una tendencia, un culto, una afección, una ra de los pueblos de América, un fondo de opor-
preocu~ación cualquiera del espíritu colectivo, en tunidad que le h ace fuer te y prestigioso. Él no ha
l~s p~gmas de una obra literaria, y a1,.1n en las ins- de darnos la fórmu la de u na cultura literaria que
piraciOnes del género más íntimo e individual, abrace todas las exigencias n aturales de nuestra
cuando sobre la manifestación de la genialidad del civilización, todas las aspiraciones legítimas de
poeta se impone la de la índole afectiva de su nuestra mente, pero puede ser un elemento nece-

46 47
sario y fecundo dentro de la unidad de una lite- El prinop10 de imitación de modelos irrem-
ratura ~o~·e.lada en un concepto más amplio, y plazables, base tle las a n t igu ~s tiran ías preceptivas,
puede sigmflcar, en cierto límite, una inspiración era, con relación al p ensamiento y la sociabilidad
rege?:radora que fortalezca con el culto de la de la colonia, una fuerza q ue trascendía de su
tradición y el sentimiento de la nacionalidad la significado y alcance literario p ara conver tirse en
c??ciencia de. pueblos enervados por el cosm~po­ la fatal im posición del a rn biente y el moide na-
htismo ~ negligentes en la devoción d e la historia. tural de toda actividad, lo mismo se tratara de
. La Idea de la originalidad literaria americana las formas de la producción y la cultura que de
t~en~,. de. cualquier In:an.e ra, en la importancia y otTa cualquiera de las manifestaciones de la vida
s~gmftcaoón del movimiento a que da impulso, del espíritu. .
tltulos sobrados a la consideración de la crítica. La colonia, p rivada de toda espontan eidad en
Nuestr~ objeto, e.n el estudio que iniciamos, es la elección de las ideas y la confesión de los sen·
dete:mmar suma.n amente el proceso histórico de timientos, enteramen te ex tra ña al impulso q ue
esa Idea y exammar hasta qué punto puede ella encauzaba su vida e inconsciente de la educación
se,r. el cauce en donde vuelque su actividad, el es- que modelabd su carácter, dócil arcilla de ntro de
pintu de las nuevas generaciones. una mano de hierro, no p udo sino imitar el mo-
. u.na mirada rápida tendida sobre el pasado delo literario que venía sellado por la au to ridad
hterarw de nuestros pueblos, nos preparará para de que recibía leyes, há bitos, creencias. El remedo
abordar esos dos temas de ·estudio. En ella consi- servil estaba en la na turaleza del terreno de q ue
deraremos, no sólo los precedentes del americanis- se nutl'ia aquella lánguida vegetación literaria, co-
mci, segú~ la a~epción que h emos precisado, sino rno lo e~taba el gusto pr osaico y enervado que,
toda mamfestac1ón que acuse la existencia de un sin dejar de explicarse por las influencias y mo-
espíritu propio, ya por la tentativa de inspirarse delos de la decadencia espa ñola, era en gran par-
~n los atributos de la naturaleza o de poner en te el reflejo de la monotonía tediosa d e la vida
JUego los elementos dramáticos de la sociabilidad y del tímido apagamiento ·de la servidumbre.
ya por la expresión d e las energías y espontanei~ Faltaba, para que la literatura tuviera cierto
dades del sentimiento público. valor de significación social y sintética, la efectivi-
dad de un espíri~u colectivo y ella era un resul-
Va1_1o sería investigar en el espíritu o la forma tado exclusivamente personal.
de la llteratuTa anterior a la emancipación una De la inspiración que brota de las pasiones
~uella de la originalidad cuyos precedentes 'histó- de la luch a, de Jos entusiasmos de la acción, y
ncos buscamos. se exhala, al modo de la fosforescencia de los mares,
No e~a la escue.la de la época la que se opo- del oleaje de ideas que se en trechocan; de la poe-
ní~ .en pnme~ térmmo a la manifestación de esa sía que es como el portaestandarte de un con junto
o:Igmahdad, smo, ante todo, las condiciones de la humano que marcha a la conquista del ideal, no
VIda y la modelación de los caracteres. pudo resonar u n acento solo en el seno de socie-
48 49
dades privadas de todos los e~tímulos que realzan e1 hilo que trasmitiera a la pluma del escritor y
y embellecen la vida de los pueblos - como, al de- condensara en el canto del poeta el fluido eléc-
cir de Larra, no se produce eco entre las tumbas-. trico del espíritu de la multitud.
De la serenidad de la atmósfera moral, propi- El desvanecimiento progresivo de la concien-
cia al florecimiento literario, de la serenidad que cia de esa unidad moral en las colonias americanas
no excluye la animación del pensamiento ni el y la pérdida de todo sent~miento de la glo~ia y
centellear de las pasiones generosas, y es la armo- la tradición de la m etrópoll, son hechos que m' pl-
nía establecida de todas las fuerzas y todas las ac- raTon al gran viajero de quien h~ ~o?ido exa~ta­
tividades sociales con campo abierto para el esfuer- mente afirmarse que realizó a pnnC!p!Os del s1~lo
zo desinteresado del toTneo, con vastos horizonte~ un segundo descubrimiento de nuestra Ar;ténca,
para la difusión tranquila de la luz, no había tam. observaciones llenas de interés. "Las memonas na·
poco los halagos ni las inspiraciones dentro del cionales, afirma Humboldt, se pierden insensible-
ritmo rutinario con que los días rodaban a un mente en las colonias, y aun aquellas que se con·
pasado comparable a inmensa acumulación de ~ervan no se aplican a un pueblo ni a u.n lugar
aguas muertas, sin que uno de ellos hiciera dibu. determinado. La gloria de Pelayo y del C1d Cam-
jarse al caer sobre su superficie soporosa el estre- peador ha penetrado hasta las monta~as y Jos bos-
mecimiento de la vida. ques de América; el pueblo pronunc1a algunas ve-
Sin duda, una gran parte de la literatura de ces esos nombres ilustres, pero ellos se presentan
la colonia es la expresión de los hechos reales y a su imaginación como pertenecientes .a un mundo
actuales de la wciedad en que se producía, pero puramente ideal o ¡¡1 vacío de los tiempos fabu-
la trivialidad constante de esos hechos que ur- losos." 1
den la trama de una existencia estéril y monótona,
Y en cuanto a las memorias y las leyendas de
quita todo valor significativo a las páginas que los
reflejan y las reduce a la condición del diario de las Tazas que representaban la tradición ~e liber-
una travesía sin percances frente a playas desier- tad salvaje de la América junto a la postenda~ del
tas y brumosas. conquistador, sólo c~n las ~r~tes~as .de la mde-
Y si el carácter de la producción liteTaria no pendencia debía vemr la re!Vmdlc~c!Ón de . tales
podía originarse de la presencia de un espíritu vestigios del pasado como cosa prop1a de la tierra,
autónomo que informara la vida y la sociabilidad como abolengo de su historia. "El colono ~e la
colonial, imprimiéndole sello peculiar y distinto, raza ·europea -añade Humboldt- se desden~ de
tampoco era posible que é l brotaTa de la dilatación cuanto tiene relación con los pueblos venc1dos.
del alma española a través del océano que dividía Colocado entre las tradiciones de la metrópoli Y
el inmenso imperio, ni que recogiera su inspira- las de la tierra de su cuna, considera las unas Y
ción en las tradiciones y los sentimientos de raza
simbolizados en la bandera que tendía su sombra 1) "V!o.je f1 las regiones equinocciales del Nuevo
detde el Estrecho a las Antillas, haciendo de ellos Continente." Cap. V. Lib. II. (Nota del autor.)

50 51
las otras con la misma indiferencia, y muy raras futuro Rouget de la Revolución ungía la frente de
veces arroja sus miradas sobre lo que fue." la poesía inspirada en las altiveces del honor na-
Mudo y desierto el horizonte del pasado, con. cional y los arrobamientos de la gloria, sobre las
tenida dentro del cauce de un repow sin gloria la calles donde aún no se había oreado el riego de
vida del presente, y velada por una fatalidad aje- sangre de la Reconquista. Y como elementos de
na a toda intervención de esfuerzos propios la pers- este ejercicio de aprendizaje del pensamiento pro-
pectiva del porvenir, no era posible para la vida pio en vísperas de la época en que él sería el mo-
colectiva la expresión literaria, ni para la obra tor de la marcha de la colonia emancipada, nace
del pensamiento individual la repercusión del es- el amor al estudio de las tradiciones históricas del
píritu público que la convierte en luz y fuerza de virreinato que no se manifiesta sólo por la inves-
todos. tigación y la narración de la crón~ca desnuda e
La contemplación de una naturaleza cuya poe- indiferente, coloreándose en las págmas de Funes,
sía desbordante no había ddo traducida al len- de Araújo, de Rivarola, y en las monografías lo-
guaje humano jamás; los rasgos propios que de- cales que los primeros periódicos ~c~gen ·en s_us
terminaba la lucha de la civilización y el desierto columna•, con ciertos laques de sentimiento ·patnó-
en las costumbres, sólo hubiera sido po.ible que tico y tradicional, al mismo tiempo que se mani-
brindaran inspiraciones ele originalidad a la d es- festaban como uno de los temas prderidos de esos
cripción y al relato, si estas formas de arte hubie- mismos· periódicos que reflejaron las primeras agi-
ran reposado para la e: cuela de los tiempos en la taciones del pensamiento y la adquisición. d~ los
imitación de la vida. primeros elem entos de cultura! l~s descnpcwnes
Con la proximidad de la Revolución, ciertas geográficas del s~elo que ~ontnbman a _hacer co-
audacias e inquietudes del pensamiento parecen nocida la cxprestón matenal d e la patna que se
estremecer las páginas de la literatura colonial, co- esbozaba. Pero aun tuvo una manifestación que
mo el soplo de viento levantado por un batir de más directamente se relaciona con nue::tro tema
alas. Una de las manifestaciones precunoras de este sentimiento naciente de las cosas propias, y
la definitiva transformación de las ideas y senti- es el diseño de una poesía engalanada con los do-
mientos públicos es, en los últimos tiempos ele la nes de la naturaleza regio nal, que Labardén trazó,
colonia, la vibración creciente de los afectos, las sobreponiéndose a los influjos de su tiempo y es-
aspiraciones y las necesidades sociales en la pala- cuela, después de h aberse esforzado por cal~ar co~
bra e~crita; el movimiento de publicidad que ini- el coturno trágico la leyenda de la Aménca pn-
ciaron en el Río de la Plata las memorias de Bel- mitiva.
grano y los escritos de Vieytes en la propaganda Llegamos ya a la época en que pudo mani-
de la libertad ·económica y que debía tener su festarse sin reatbs el espíritu de la colonia trans-
más resonante manifestación de elocuencia en el figurada en pueblo _autónomo. La lite~a:tura de la
Memorial de los hacendados y su más alta nota independencia amencana, como la acttv1dad de la
de sentimiento en el canto de triunfo en que el época a que dio expresión, fue absorbida por un

52 53
~entimiento y una idea. Reflejando esta inalte-
1 mana a cuyo ejemplo se modeló en gran parte la
rable unidad del espíritu de una épora heroica, de 18 10. Pero la sinceridad del entusiasmo con q ue
fue aquella litera tura eminentemente nacional; los actores del gran drama de América se tra n~·­
pero no pudo serlo si por nacionalidad literaria portaban en espíritu a la Antigüedad y arpiraban
ha de entenderse la expresión compleja y armó- a ser continuadore.s de sus fastos, si bien levanta
nica ele la vida de un pueblo, ni si se exige la el da icismo de su poesía muy sobre el nivel de
condición de la forma propia y espontánea. un vano ama neramiento re tórico, no la mantie:1e
Sólo era dado al poeta aspirar al aplauso de por eso menos aleiada de la realidad. Aquellos
J;¡s m u 1 titudes, si le• devolvía en sus cantos el eco mismos poetas que interpretaban el amor y el or-
de la ~Yloria que ellas conquistaban en la :~cción. gullo de la patria parecían cantar devorados por
Todo quebrantamiento de ese tono infl exible la nostalgia del Tíber y el Eurotas, y faltos de la
hubiera semeiado acaso una infracción de la ley percepción o del aprecio de las originalidades de
suprema que obli~aba a la lucha, un te•timonio la realidad que lo.• rodeaba, sacrificaron la fisono-
de enmuellecimiento. indiferencia u olvido, como mía peculiar y el elemento distintivamente pinto-
lo parecían en Esparta las tentativas de alterar resco de la lucha a la imitación de las formas con-
corí la ·exore•ión de la voluptuosidad y el remedo sagradas de la épica, sin · u na pincelada que diese
de la gracia ateniense, la severa uniformid:ul del la nota original del escenario y la actitud y el
moclo dorio. la melodía sue-estiva de la emoción gesto expresivos del actor; ~in una estrofa olvidada
viril v del impulso del combate. de Jo antiguo, que guardara la repercusión del
Aun dentro de· esta limitación, el ·espíritu n a- galopé de la montonera al través de la Pampa in-
cibnal de Ht poe•ía de la Independencia sólo resul- conmensurable, se coloTease en los tintes de la na-
ta exacto si se le busca en la pa~ión que la gene- turaleza propia y modelara en bronce el brioso
raba, en la conciencia del poeta que le daba vida. talan te del gaucho.
Ni el más ligero viso de nacionalidad puede seña- La poesía de la revolución argentina, que
larse en la indeterminación del clasicismo que pres· Juan María Gutiérrez pudo justicieramente enalte-
ta apariencias aTtificiosas a una poesía que era, cer en el conjunto de la primera inspiración ameri-
considerada por su inspiración ·esencial, toda in- cana, como la que más estrechamente vinculada
genuidad y toda sentimiento. se mantuvo a la. épica realidad de los tiempos, la
Había sin duda elementos de oportunidad y que encierra en sí una expresión más so::tenida
de vida en este propio clasichmo de la forma, que del sentimiento de la nacionalidad y una apoteo-
trascendía en Tealidad a lo más íntimo del ·espíri- sis más constante de su gloria, hubo de compen-
·tu poético y se Telacionaba con las inspiraciones sar esta superioridad que hizo de ella un elemento
vivificadoras de la Revolución, sellada desde su ori- positivo del drama revolucionario con una fisono-
gen por la pasión del genio chlsico, que habla mía más austera y monótona, menos diversificada
renacido para propiciar como ideal de gloria y de por la intervención de otros elementos y formas
grandeza moTa!, la marcha de otra revolución hu- de poesía que Ee agruparan como notas armónicas

54 55
en torno de la nota guerrera, descubriendo, por J~s afectos e imágenes que halagan al sentim~ento
decirlo as í, In carne ba jo la cora1.a, destacando popular.
un relieve personal sobre la uniforme expresión No era posible dentro de la escuela de la época
de la <tcción cívica, o esculpiendo en el cincelado la reconciliación que había de ser el significado
puíío de la espada una escena de la naturaleza, prestigioso de La Cautiva y el secreto de su pode-
un cuadro de costumbres. rosa originalidad, la obra de nacionalizar el espí-
ritu de la poesía nacida de la cultura urbana y
T erminado con el de·enlace triunfal de la ennoblecer la forma del verso humedecido en el
enopeya y con el fracaso de la obra de organiza- aliento del desierto.
ción que debió poner su cúspide, el imperio de la Para que pudiera ser escrita aquella obra de
escuela que h abía presidido a la manifestación de iniciación, para que el acento del poeta adquiriera
sus anhelos y sus glorias, ella no trawmitió a la originalidad expresiva de .las cosas ~ropia~ •. era
qu e deb ía reemplazarla, una sola tentativa de lle- preciso que un vuelco rad1cal de las 1deas btera-
)!ar al alma del pueblo y de empaparse en el jugo rias se verificara, y que salvase los mares el e~pí­
del terruño. ritu de una revolución que debía ofrecerse al pen-
Alentaba una hermosa poesía popular. que el samiento de América con Jos prestigios de una
poeta clásico consideraba con el desdén del· trova~ nueva sanción de su autonomía, en cuanto propa-
dor palaciano hacia el romance del jugolar villane·- gaba a Jo~ dominios de la forma el aura bulliciosa
co, pero ese desdén la mantenía desvinculada del de la libertad. ·
movimiento litera rio ostensible y del esoíritu del Estaba en las afirmaciones y en los ejemplos
homhre ele ciudad. El clasicismo del siglo XVIII, del romanticismo, la gránde idea de la nacionali-
donde tuvo la escu ela de los poet<~s de la Indepen- zación de las literaturas.
dencia su modelo. h abía profundizado, ha•ta ha- Reaccionando contra la unidad del modelo
cerlo irreconcili;~ hle, . el divorcio de la inspiración insustituible y el precepto inviolable, aquella revo-
ponular y la erudita. ohstinándose en el propósito lución reemplazaba con la espontaneidad que de-
de fo rmar ;¡!rededor del poeta noble y elevado una bía conducir a cada pueblo a la expresión de su
a tmósfera diferen te a aquella en que respiraba la carácter propio la imitación que a todos los ~den­
multitud. Esta infecunda separación de lo r¡ue debió tific:aba en la m.isma falsedad, y oponía la vmcu-
por modo artístico enlazarse en la unidad de una Jación del verbo literario con todo lo del suelo,
sola y humana poesía, fe r eproduce en el aspecto la época y el u•o, a la abs~racción de .un clasicism?
de la e~ctividad literaria de la época de Juan Cruz que, sin subordinarse a mnguna reahdad determi-
Varela y Lafinur. Hidalgo daba voz a la inspira- nada, presentaba el tipo univers~l po~ norma de
ción ingenua y agreste sin los prestigios de la for- arte y aspiraba, no a la reproducciÓn d1recta y con-
ma que la hacen grata a las imaginaciones cultas; creta de las cosas, sino a la expresión de la verdad
los poetas c¡n e glorificaban la obra social de Riva- ideal depurada de todo accidente, es decir, de todo
davia, cincelaban la forma culta sin vivificarla por rasgo local, de toda peculiaridad histórica.

56 5i
La poesía dejaba de ser considerada como el ritu de una edad cuya evocación no hubiera tenido
patrimonio de ciertas selectas civilizaciones que en América un sentido explicable; ni como escuela
hacían durar su espíritu en el legado de perenn ~s de icleali mo que llegó a desdeñar, no menos q ue
modelo' , y pasaba a ser un don universal, un doTJ el sistema de imitación que había derribado, las
humano, cuya originalidad daba en cada una de fl'entes de la realidad; ni como expresión artística
sns formils históricas la medida de su valor, y cuya de aquellos estados de conciencia que tendieron
génrsis debía buscarse en el modo de pensar y sobre la frente de las generaciones románticas ··u
~entir propio de cada raza y cada pueblo, en las sombra v se traduieron en sus poetas en clamores
iwpiraciones de Su naturaleza, de sus costumbres, de rebelión individual y de conflicto íntimo, h u-
de sus glorias. biera dado una fórmula satisfactoria y oportu TJ a
A ;~que! impulso igualitario con que la hege- con relación al carácter y la expresión natural· de
monía del clasicismo francés había derribado en pueblo- que vivían su niñez, que no podían parti-
Europa las aras de los vieios dioses nacionale•, en cipar de las nostalgias y congoias nacidas de la ex-
arte y poesía, sucede en todas partes donde reper- periencia dé las sociedades: y que necesitaban, ante
cute el grito de guerra de los innovadores, la altiva todo del "conocimiento de sí mismos" que debía
reivindicación del propio abolengo literario . . ser , ~omo fue la in <cripción del templo clásico: el
El balbuceo sublime de la in<piración sepul- epí~rafe y el lema de su literatura;· pero era postble
tada por el Renacim_iento fue evocado del ·fondo qt~e ellos aprovecharan del principi-o de libertad
de la tradición; la "multitud" de Shakespeare se racional que la revoluCión literaria traía inscrito
incorpor-ó para ·difundir por el· mundo Ja gloria de en sns !!allardas banderas, como puntó de arranque
su solar nativo; el Romancero limpió de h errum- en la obra de emancipación del pensamiento pro·
bre su coraza; la Comedia del siglo XVII . volvió a pio, y era posible que recogieran d:l eie.mplo .de
su juventud; y en las brumas del norte las vieias esa enérgica reivindicación de la nactonahdad llte-
saga~ despertaron para arrasar, con el ímpetu de raria que el romanticismo suscitó, en todas partes,
las tempestades boreales, la mustia poesía trasplan- inspiraciones beneficiosas y fecundas. . .
tada del parque de Wieland y Voltaire a los inver- La variedad de formas, de senumtentos, de
naderos de la corte. modelos abría, por otra parte, un campo de elec-
Levantábanse así las voces de los pueblos que ción m~cho más vasto, dentro de la imitación mis-
Herder percibía en el rumor de la agitaci6n lite- ma, y el impul•o que rea cciona~do ~ontra 1~ re-
raria, y se aspiraba a que las literaturas fuesen la serva aristocrática d el espíritu lt terano, lo d •fun-
expresión de la personalidad de las naciones como día, como por una evangelización de la bellez~,
el estilo es la expresión de la personalidad del entre todos los hombres, no podía menos que faci-
individuo. Un millar de colores se alzaba sobre el litar la expresión de la índole propia de nuestras
blanco frontón de la Antigüedad. sociedades. ·
El poeta americano contó, en ·su obra de crear La literatura descendla de la academia y el
literaria que buscaba sus inspiraciones en el espí- liceo para poner la mano sobre el corazón de la

58 59
muchedumbre, para empapar su espíritu en el há- tad, a todos esos ejemplos e influencias que directa
lito de la vida popular. o indirectamente invitaban a la franca expresión
El poeta americano contó en su obra de crear de las cosas propias y sugerían la ambición de una
una expresión nueva y enérgica para la naturaleza originalidad que no necesitaba buscarse sino en las
y las. ~ostumbres, con otra gran conquista del ro- mismas, romantici mo y emancipación literaria na-
ma~tJCJSm?: la cl~mocratización del lenguaje lite- cional fueron términos que se identificaron en el
rano, el lnll retónco que concedió los fu eros de la propósito del gran innovador que encendió, en el
ciud<tdanía a esa "negra muchedumbre ele las pa- pensamiento y la cultura de esta parte de América,
l ;~ hr;¡ •" que Hugo, en Lns ContemfJlnciones, se jac- el fuego de aquella inmortal revolución de los es-
t;~ba de haber confundido, anon<tdando la distin- píritus.
ción de vocablos plebeyos y vocablos patricios, con A las notas primeras del subjetivismo román-
"el hlanro enjambre de las ideas". Dentro de Jos tico en que se inspiraba la suave poesía de los
límites del leng-uaje poético del sig-lo XVIJT, con su Consuelos -señalando una innovación del gusto li-
veneración de la perífrasis y m desprecio del h abla terario que se adueñó ca i sin lucha del espíritu
popul;~r, l;~ escuela de lenguaje que hada del Ho- de la juventud salida de los claustros universitarios
mero de Mme. Dacier un poeta de la corte y lleva~ en momentos en que los principios y formas de li-
ha a Shakespeare al destilatodo de Dnci~. no hu- teratura, venerados por la anterior generación, ha-
hiera sido posible el sabor de natmalid;~d de La blan perdido el impulso que le~ comunica-ra activi-
Cautit'a ni la na lpitante crudeza del Celinr. dad prestigiosa con la dispersión o el silencio de
La .narración rbm?ía los moldes estrrrhos y sus hombres representativos- sucedió la inspiración
convencJOnale• de la émca de escuela, y se dilataba generadora de la leyenda nacional que abrió, wbre
por la franca extensión de la poe~la Iee;endaria, la soledad inmensa de la Pampa, . el pórtico por
del cuento popular, de la novela histórica o de donde debía pasar el poeta culto a recibir las con-
costnmbrf's, formas mucho más adapt;~das a ]a ex- fidencias de la naturaleza salvaje y de la trova
presión de las peculiaricf;~des de la vidn nacional plebeya.
? Io:al ; mucho. r;tenos difíciles de modelar~e bajo Desde entonces, la fundación de una literatura
m sptraoones ongmales y creadoras.
emancipada de todo influjo extraño, vivificada por
Manifestábase en la Hrica el sentimiento de
el aliento de la ·tierra, por el sentimiento de la
la Na~uraleza, parte. necesariamente principal en
to~a _hterat~ra ~enumamente americana, y la des-
n acionalidad, aparece como una de las aspiracio-
cnpnón ammada por la presencia del espíritu, por nes constantes y ardorosas de la gene·r ación que
1 ~ poeda de 1~ c?ntemplación, reemplazaba al arti- hizo del poema de Echeverría el lábaro de sus
ftctoso procedJmtento de la escuela que había ins- entusiasmos literarios y le amó como una poética
pirado a los didácticos del siglo XVIII pálidos cua- representación de la patria ausente que evocaba,
dros de una naturaleza ·inexpresiva. en las horas amargas del destierro, imágenes que-
Merced a todas esas manifestaciones de líber- ridas y deleitosas memorias.

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Es esta empresa de nacionalización la que com- examen de la oportunidad que quepa a la prose-
parte con la milicia del pensamiento, obligado a cución de tales iniciativas dentro de la labor actual
hacer, aun de las manifestaciones más esencialmen- de la literatura de América, serán objeto de la
te desinteresadas del espíritu, un medio de com- continuación de nuestro estudio.
bate y propaganda, la activida? mental de la época
que sucedió a la de la emancipación.
PQR LA UNIDAD DE AMERICA
Juan Maria Gutiérrez, Mármol, Balcarce, el
p~eta del Celiar con tinúan y complementan la obra Carta publicada en la Revista Nacional de
iniciada por Echeverría en la pintura del suelo, Literatura y Ciencias Sociales) el 25 de abril d t
1 ~ evocación del pasado legendario y la reproduc- 1896.
CI?~ de las costumbres; la prosa de~criptiva se ma- Montevideo, 1Q de abril de 1896.
mflerta llena de color y sentimiento en las páginas Señor don Manuel B. Ugarte, de mi aprecio:
de Alberdi y Marcos Sastre; el Facundo da la ex- Me exige usted como retribución de la bri-
presión dramática de la vida del desierto, y los llante página con que ha favorecido a la "Revista
Recue1·do~ de Provincia, la de la interioridad local Nacional", mi prometido concurso para la que
y doméstica en los centros urbanos; Vicente Fidel usted dirige.
!-ópe~ encierra en la forma narrativa con que el Grato de veras a esa exigencia, para mí muy
Imagmador de Ivanhoe y el de Los novios habían honrosa, y decidido a complacerle, había escogido
logrado por las adivinaciones misteriosas del arte por tema de mi colaboración las impresiones de
lo que la historia no alcanzara jamás, m intuición mi lectura de e; a interesante "Revista Literaria".
poderosa del pasado de América; la poesía popular Llegada, empero, la hora de dar cumplimiento
rena~e. personificada ~n Ascasubi, que esconde en a mi promesa, percibo la desproporción entre la
la VIeJa forma d_e Hidalgo ~a flecha de Giusti y fecundidad de asunto tan vasto y halagüeño y la
Béranger; y el m1smo Alberd1, que había consagra- premura con que escribo. Prefiero, pues, por hoy,
do sus páginas primeras a la descripción de la na- entregar a los rasgos fugaces de esta carta una sola,
turaleza física, reproduce en animados cuadros de aunque quizás la más intensa, de mis impresiones,
costumbres la fisonomía de la vida de c:iudad y el interés y la simpatía que me merece uno de los
lleva a la propaganda de la emancipación del es- muchos aspectos encomiables de la obra tan inte-
píritu americano, en las diversas actividades del ligentemente emprendida por usted.
pensamiento, todas las fuerzas de su crítica pene- Aludo al sello que podemos llamar de interna-
u·ante y n erviosa. cionalidad americana, impreso por usted a esa her-
mosa publicación, por el concu-rso solicitado y ob-
La consideración de este desenvolvimiento tenido de personalidades que llevan a sus páginas
efectivo de la idea que puede en cierto modo cali- la ofrenda intelectual de diversas secciones d el con-
ficaTSe de "afirmación de la nacionalidad litera- tinente.
ria" en la obra de la época en que se inició, y el Lograr que acabe el actual desconocimiento

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de América por América misma, merced a Ia con- inteligencia americana, por la ·fuerza de la comuni-
centración de las manifestaciones, hoy dispersas, dad de los ideales y las tradiciones.
d~ su inte~ectualidad, en un órgano de propaga- En tal ~entido, su propaganda y sus esfuerzos
CIÓn autonzado; hacer que se fortifiq uen y se es- me parecen merecedores de un aplauso entusiasta.
u·echen los lazos de confraternidad que una incuria Ustedes tienen, por el escenario en que des-
culpable ha vuelto débiles, hasta conducirnos a cuellan, por el centro en que escriben, la más bri-
un aislamiento que es un absurdo y un delito, son llante oportunidad para vincular a su nombre el
para mí las inspiraciones más plausibl~s, más fe- honor de la iniciativa en obra tan fecunda y de
cundas, que pueden animar en nuestros pueblos a tan vastas proyecciones, desde esa Buenos Aires,
cuantos dirigen publicaciones del género de la de encaminada sin duda a rep1 esentar en lo porvenir,
usted. como lo representa acaso en el presente, la perso-
En los juegos florales de 1881, donde fue coro- nificación más selecta de su estirpe, el primado de la
nado el poeta de la A tlántida, la palabra elocuen- civilización latinoamericana en las múltiples mani-
te del doctor Avellaneda resonaba para pedir co- festaciones de la cultura, del arte y de la ciencia.
mo una consagración de la unidad de la raza espa- El más eficaz y poderoso esfuerzo Ji ter ario
ñola .en ~ te. continente de sus esplendores futuros, consagrado has ta hoy a la unificación intelectual
una InstituciÓn literaria que, a la manera de los de los pueblos del N uevo Mundo partió de tierra
juego~ de la Hélade antigua, abriese al genio y al argenti na, y está representado por los traba jos de
e:;tudw un vasto teatro de expansión, con audito- investigación, de div ulgación, de propaganda, con
rio de cuarenta millones de hombres, desde el Gol- que la incansable y fervorosa actividad de Juan
fo de México hasta las márgenes del Plata. l'viaría Gutiérrez tendió a formar de todas las lite-
raturas de América una literatura, un patrimonio
Mientras el pensamiento de aquel esclarecido y una gloria de la patria común.
hombre público no pase de una inspiración bri- La labor del maestro espera continuadores que
llante y generosa; mientras una grande institución la llevell a término fecundo, y yo abrigo la persua-
de ese género no prepare, por la unidad de los sión de que, a continuar como hasta hoy el vuelo
espíritus, el triunfo de la unidad política vislum- ascendente de la "Revista" que usted con tan ani-
brada por la mente del Libertador, cuando soñaba moso espíritu dirige, ella ha de recordarse con
en asentar sobre el Istmo que enlaza los dos miem- honra el d ía en que sea posible comprobar el defi-
bros gigantes de la América, la tribuna sobre la nitivo triunfo de esa aspiración en que le acompaño
que cerniese vencedor el genio de sus democracias, con mis simpatías y mis votos.
son las revistas, las ilustraciones, los periódicos, Grabemos, entre tanto, como lema de nuestra
formas triunfales de la publicidad en nuestros días, divisa literaria, esta síntesis de nuestra propagan-
los mensajeros adecuados para llevar en sus alas da y nuestra fe: Por la unidad intelectual y moral
el llamado de la fraternidad que haga reunirse de Hispano-América.
en un solo foco luminoso las irradiaciones de la Créame su afectísimo amigo.
64 65

5
SOBRE EL MODERNISMO Otro de los puntos sobre los que yo quisiera
LITERARIO AMERICANO hablar detenidamente a usted es el de mi modo de
pensar en presencia de las corrientes que dominan
Fragmentos de trabajos y cartas de Rodó, de nuestra nueva literatura americana. Me parece ha-
1896 a 1904. (Para las cartas citadas véase Obras berlo afirmado alguna vez: nuestra reacción anti-
Completas de Rodó, editadas pm· Emir Rodríguez naturalista es hoy muy cierta, pero muy candorosa;
Monegal, en Aguilar S. A., Madrid, 2!' edición, nuestro modernismo apenas ha pasado de la super-
1967, págs. 1323, 1383, 1386, 1393 y 1438.) ficialidad. En América, con los nombres de deca-
dentismo y modernismo, se disfraza a menudo una
La juventud que se levanta en nuestros pue- abominable escuela de trivialidad y frivolidad lite-
blos ha dado un cierto aire infantil, un cierto aire rarias: una tendencia que debe repugnar a todo
de trivialidad pintoresca, que suele hacer pensar en espíritu que busque ante todo, en literatura, moti-
vos para sentir y pensar. Los que hemos nacido a
las graciosas puerilidades del Japón de Mme. Chry-
la vida literaria, después de pasados los tiempos
santeme, a la ciudad de su arte. Nuestra reacción
h eroicos del na turalismo, no aceptamos de su le-
antinaturalista es h oy muy cierta, pero es muy can- gado sino lo que nos parece una conquista defini-
dorosa. N u estro modernismo apenas ha pasado de tiva; los que vemos en la inquietud contemporá-
la superficialidad. Tenemos, sí, coloraciones raras, nea, en la actual renovación de las ideas y los espí-
ritmos exóticos, manife~ taciones de un vivo afán ritus, algo más, mucho más, que ese prurito entera-
por la novedad de lo aparente, osadas aventuras mente pueril de retorcer la frase y de jugar con
en el mundo de la armonía y el mundo de la ima- las palabras, a que parece querer limitarse gran
gen, refinamientos curiosos y sibaríticos de la sen- parte de nuestro decadentismo americano, tenemos
sación . . . Pero el sentimiento apenas ha demostra- interés en difundir un concepto completamente
do conocer las fuentes nuevas de la emoción espi- di~ tinto del modernismo como manifestación de
ritual, y el pensamiento due-rme en la sombra, o anhelos, necesidades y oportunidades de nuestro
sigue los rumbos conocidos, o representa sólo la tiempo, muy superiores a la diversión candorosa de
manifestación de algunas individualidades aisladas, los que se satisfacen con los logogrifos del deca-
el vano concitar en que se pierde la voz de espí- dentismo gongórico y las ingenuidades del deca-
ritus sin séquito. dentismo azul.
(De una carta a Leopoldo Alas, de 30
(Del ensayo La novela nueva, publicado de junio de 1897.)
primero en la Revista Nacional de Lite-
ratura y Ciencias Sociales el 25 de diciem-
Muy avenido a que la poesía americana abra
bre de 1896 y recogido al año siguiente
en el Vol. 1 de la serie de opúsculos inti- su espíritu a las modernísimas corrientes del pen-
samiento y la emoción, se inicie en los nuevos ritos
tulada La vida nueva.)
del arte, acepte los procedimientos con que una
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plástica sutil ha profundizado en los secretos de falsos demócratas d el arte, que al hacer plebeyas
la forma, no me avengo igualmente a que, extre- las ideas, al rebajar a la ergástula de la vulgaridad
mando y sacando de su cauce al dogma, bueno en los pareceres, los estilos, los gustos, cometen un
sí, dé la independencia y el desinterés anísticos, pecado de profanación quitando a las cosas del
rompa toda solidaridad y relación con las palpi- espíritu el pudor y la frescura de la virginidad.
tantes oportunidades de la vida y los altos intereses (Del artículo "Un poeta de Carnrns",
de la realidad. Veo en esta ausencia de contenido publicado en Ta Revista Nacional ele Li-
humano, duradero y profundo, el peligro inminen- teratura y Ciencias Sociales, el JO de
te con que se ha de luchar en el rumbo ma-rcado agosto de 1897.)
por nuestra actual orientación literaria. Al moder-
nismo americano le matará la falta de vida psíquica. Mal entenderá a los escritores y a Jos artistas
Se piensa poco en él, se siente poco. Le domina el que los imgue por la obra de los imitadores
con demasiado imperio un vivo afán por la nove- y por la prédica de los fectarios. Si yo incurriera
dad de lo aparente, que tiene a la frivolidad muy en tal e:Xtravío del "iúicio, no tributaría "s eguramen-
cercana. Yo le h e comparado una vez con el mun- te al poeta, este homen~ je de mi equidad, que ~o
do de puer ilidades lige ras y graciosas del Japón es el rle un disdpulo, ni el de un oficioso adora-
de Loti; y confieso que si el arte ele América ha dor. Por Jo demás, e: tá aun más lejos de ser el
de ser forzosamente todav ía un arte niño, un arte homenaje arrancado, a un espectador de mala vo-
de iniciación, prcfieTO que le podamos simbolizar lnntad, por la irresistible impo· irión de la obra.
en aqu el niño pensativo del Tentan da vía de Hugo No creo ser un adversario de -Rubén Dado. De
-pensador precoz- o en el Alcicles infante de la mis conversaciones con el poeta he obtenido la
f<lbula que estrangula entre ms dedos la serpiente, confirm<Jción de que su pensamiento está mucho
a que le veamos jugar, en una escena de bazar más fielmente en mí que en casi todos Jos que le
japonés al juego literario de los colores, o solazar- invocan por credo a cada paso. Yo tengo la se-
se en los jardines de aTbustos increíbles y palme- guridad de que, ahondando un poco más bajo
ras enanas. nuestros jJensares, nos reconoceríamos . buenos ca-
A Rubén Daría le está permitido emanciparse maradas de ideas. Yo soy un modernista también;
de la obligación humana de la lucha, refugiarse yo pertenezco con toda mi alma a la gran reac-
<'n el O riente o en Grecia, madrigalizar con los ción que da carácter y sentido a la evolución del
abates galantes, hacer la corte a las ma-rquesas de pensamiento en las postrimerías de este siglo; a
Watteau naturalizándose · en el "país" donoso de
la reacción que, partiendo del naturalismo lite-
los abanicos. Una individualidad literaria podero-
rario y del positivismo filosófico, los conduce, sin
sa tiene, como el verdadero poeta según Heine,
desvirtuarlos en lo que tienen de fecundos, a di-
el atributo regio de la irresponsabilidad. Sobre los
solverse en cencepciones más altas. Y no hay duda
imitadores debe caer el castigo, pues es de ellos la
de que la bbra de Rubén Dario responde, como
culpa. A los imitadores ha de considerárselos los
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una de tantas manifestaciones, a ese sentido supe- dad; pero nos anima el que el porvenir de ellos
rior; es en el arte una de las formas personales es grande y seguro. Es nuestra única ventaja.
de nuestro anárquico idealismo contemporáneo; (De una carta a Unamuno, de JO de di-
aunque no lo sea -porque no tiene intensidad pa- ciembre de 1901.)
ra ser nada serio- la obra frívola y fugaz de los
que le imitan, el vano producir de la mayor par- La vida literaria se arrastra por aquí (y, en
te de la juventud que hoy juega infantilmente en general, en América) muy perezosa y lánguida.
América al juego literario de los colores. Por fortuna, va pasando, si es que no ha pasado
(Del ensayo Rubén Darío, 1899, Vo l. II ya, aquella ráfaga de decadentismo estrafalario y
de la serie ele opúsculos intitulada La huero que no• infestó hace ocho o diez años. Yo
vida nueva.) creo que pocas veces en pueblos civiliz~dos . ~el
todo se habrá dado eiemplo de tan puenl trivia-
lidad literaria, y tanta perversión del gusto, y tan-
Si algo me separa fundamentalmente de la
ta confusión de ideas críticas, y tanta igno~ancia
mayor parte de mis colegas literarios de América
y tanta manía de imitación . servil e incónsul.ta,
es mi afición, cada vez más intensa, a lo que lla-
como se vio en alguna• partes de n·uestra Aménca
maré literatura de ideas ya que llamarla docente
éon motivo de aquello.
o trascendental no la definiría bien. Por desgracia,
(De una carta a Unamuno, de 20- de mar-
el modernismo infantil, trivialí~imo, que por aquí
zo de 1904.)
priva, me ofrece muy pocas ocasiones de satisfa-
cer esa afición con la lectura de la producción
Yo tengo fe en la juventud que llega. Y co-
indígena. Necesitamos gente de pluma que sienta
mo en nuestras evoluciones y rumbos literarios se-
y piense, y lo que abunda son miserables buhone-
guimos dócilment_e la pauta que nos impone Eu-
ros literarios, vendedores de novedades frágiles y
ropa -singularmente la civilizadora y .prestigios{-
vistosas.
sima Francia-, teng-o motivo para creer que pron-
(De una carta a Unamuno, de 25 ele fe- to nn movimiento literario ~ erio y bien orientado,
brero de 1901 .) rico en ideas, ha de producirse en nuestra Amé-
rica, como vengo deseándolo desde hace tiempo
En América sigue predominando la literatura y predicándolo a mi modo; porque en Francia,
de abalorios, juguetes chinos y cuentas de cristal. muerto y enterrado el decadentismo (que deja de
Luchamos por poner en circulación ideas; por ha- su paso alguna cosa buena, y mucho cintajo ri-
cer pensar; por formar público para el libro que dículo y polvo y broza que se llev.a el viento), .las
trae quelque chose dans le ventre, como dice Zo- tendencias que alborean parecen Ir en el sentid?
la. Estos pueblos son escenario muy pequeño (pa- de la fuerza, de la vida, de la labor fecunda y VI-
ra empresas de orden intelectual) en la actuali- ril del pensamiento. Este ejemplo, más que toda

70 11

J
préclicn, es lo que en nuestros pueblos será opor- Y usted ha acertado a elegir un objeto de
tuno y efi caz. estudio C]lle ofrece rea l y hondo interés; se ha fi-
(De una carta a Francisco Garcla Calde- j<tdo usted en el caso psicológico que por Jo que
rón, de 2 de agosto de 1904.) tiene ele significativo y sugestivo, por Jo que reve-
la del estado de alma de estas ~ocieclades, por
lo que hace pensar en cosas que importan mucho
UN EJEMPLO DE a su porveni-r y a su destino histórico, se hasta pa-
AMERICANISMO LITERARIO ra dar a la novela el carácter de un estudio focial
De una carta de 20 de enero de 1904, al ve· oportu nísimo. estudio que se refi ere a nu estra pal-
nezolano Manuel Diaz Rodrif{ttez, en la que le pitante realiclacl, y no a la ohservación d e reflejo.
comenta Stt novela Sang-re patricia, de 1902. (Véa- Es, en este sentido, obra genuinamen te americana.
se la citada edición de Obras completas de Rodó, Porqu e el american ismo, en la novela y en
págs. 1415-16.) gen eral en la JiteratUJ:a, se ha entendido hasta ah o-
ra de una manera asaz re~tricta: se h a limitado
Siempre que me ha tocado dar juicio fobre por lo general el concepto que de él se tiene, a
la literatura amer icana contemporánea, he insis- la pintura de nuestra naturaleza. o la de las cos-
tido en que su defecto radical y más grave es su tumhres de la vida campestre, que es la que h a
despreocupación . infantil r especto de toda idea, de tenido hasta ahora sello característico y distinto,
todo alto interés que afecten a las sociedades en o a las tradirione• de nuestros tiempos primitivos
que esa literatura se produce. Vive cultivando for- y heroicos. Todo e~o ha sido, sin duda, lo m ~s
mas, sonidos y colores. Y yo, que, como el que rico ele originalidad y de color, en lo que genuina-
más, gusto, en el arte literario, de lo que esencial- , mente podríamos considerar como · nuestro. Pero
mente es arte; yo que venero la fo rma, el estilo, la observación de la vida civilizada y culta en
y. me deleito en el color, no por eso limito mi los centros urhanos empieza ya a ofrecer también
concepto de la literatura a lo que en ella hay motivo• de interés, que no son simple reproduc-
de desinteresado, de arimilabJe al jue{!O, como del ción o red u cción ele los que presen ta la vida eu-
arte opina Spencer; sino que he creído siempre ronea, a cuyo eirmnlo nos moclelamos. El obser-
en la trascenclencia soci:tl, en Jo que tiene de pro- vador sagaz sorprenderá mucho de característi-
pa!!<tnda de idens, de eficaz instrumento de lahor co. ele nropicio. en los est;~dos de alma de estas
civili zador<~ . Vea usted por qué su novela atr<tjo •ocierlacle~ si las estud ia en sus cl<~ses dirigentes.
sin necesirl:!d de leer muchas página•, mi atención. Prerisamente esa fuerza ingen iosa de la imitación
Como el protagonista de ella, me incl ino, cada vez de lo emopeo que tnnto nos determina por lo
más :t mir<tr con cierto dew(o Jo qne en el arte inarlapt;~hle de Pila, en muchas partes, a las con·
de 1<1 plnm::t (so n sus propias pa labras) "no itn· diriones del medio, rrea rircumtantias nuevas, h e-
prime influencia, no señala rumbos ni ejerce una chos, sentimientos, que seria lamentable dejar pa·
acción profunda y válida en el interés social" . sar sin la del arte.

72 73
Cuando su protagonista de usted se pregunta forzosamente persistir como fundamento de nues-
si sus males no provienen del mal general "de tra actividad literaria, establece una diferencia,
estos pueblos nuevos que han querido alcanzar fundada en que la imitación era antes lo que él
de un salto la cultura europea, a que otros han llama "directa", queriendo significar que se ceñía
llegado después de muchos siglos", pone la mano dócilmente al modelo, mientras que hoy es lo que
sobre el rasgo mae•tro de la psicología de estas llama "aplicada", en el sentido de que envuelve
sociedades: rasgo que yo no calificaría absoluta- interpretación, adaptación y relativa originalidad.
mente de mal -pero que explica, sin duda, al Detengámonos a considerar estos puntos. Es
par de muchas ventajas, muchos inconvenientes indudable que, deiando aparte superioridades de
que nos h emos puesto en el camino, y que yo excepción, el pensamiento hispanoamericano no
creo que lograremos vencer-, justificándose en- ha podido ni puede aspirar aún a una autonomía
tonces, y glorificándose, esta nuestra prematura literaria que lo habilite a prescindir de la influen-
audacia y la altivez de nuestras aspiraciones. Co- cia europea. No siendo la literatura una forma .
mo quiera que sea, ese carácter de nuestra fiso- vana:, ni un entretenimiento de retóricos, sino un
nomía social ofrece hondo interés y encierra en sí · órg-ano de la vida civilizada, rólo cabe literatura
copiosa sustancia novelable. Buena demostración propia donde colectivamente hay cultura propia,
de ello es, entre . otras, su libro. carácter social definido, personalidad nacional
El estado de alma de su héroe, o mejor sus constituida y enérgica. La dirección, el magisterio
estados de alma -su decepción, su tentativa de del pensamiento europeo es, pues, condición ine-
regeneración, su decepción nueva y más amarga-, lndible de nuestra cultura: y pretender rechazarlo
interesan, resumen una situación moral a que qui- por salvar nuestra originalidad sería como si, pa-
zá no muchos de nuestros intelectuales (como hoy ra aislarno• de la atmósfera que nos envuelve, nos
dicen) podrán no reconocerse absolutamente aje- propusiéramos vivir en. el vacío d7 una má~u.ina
nos [ .. . ]. neumática. Pero si la mdependenc1a y la ongma-
~ Jidad literaria americanas no pueden consistir en
IMITACION Y ORIGINALIDAD oponerse a la influencia europea, sí pueden y de-
ben consistir en aplicar a esta influencia el discer-
EN LA LITERATURA nimiento, la ele(:ción, que cla•ifique los elemen-
HISPANOAMERICANA tos de ella según su relativa adecuación al ambien-
Fragmento del artículo titulado "Una nueva te, y rechace Jo fundamentalmente. i~adapt::~ble, y
antología americana", de 1907, recogido en El Mi- modifique, con arreg-lo a las condwones del me-
rador de Próspero, 1913. dio, aquello que deba admitir~e y adap.tarse. Así,
el joven estm1i::~nte no debe, m puede sm desven-
Culpa el señor Ugarte de falta de originali- taia. presrinclir del maestro: pero la enseñanza
dad a nuestra literatura de otros tiempos; y aun- del maestro no es, p::~ra el estucli::~nte capaz de re-
que reconoce que la imitación persiste y debe flexión propia, yugo brutal ni imposición dogmá-

74 75
tica, sino sugestión que excita la virtualidad del nes históricas y artísti.cas anteriores al Renacimien-
pensamiento que la recibe, y estimula, lejos ele to; y a pesar de que eHas tradiciones. no pod~an
ahogarlo, el instinto de originalidad. Con"cebida tener, en los pueblos jóvenes de Aménca, senudo
de e··ta manera la posible autonomía del pensa- que interesase a la conciencia c_olectiva, el ron~a~­
miento americano, fácil es señalar el punto vul- ticismo tradicional y arqueológicO halló aqu1 Imi-
nerable de la imitación de lo europeo, tal como tadores, y sugirió poemas caballere~cos, dramas
se manifiesta en Jos rumbos que sucesivamente ha de trovadores y cruzados, leyendas onentales: :vo-
seguido nuestra literatura. Se ha imitado sin dis- caciones falsas de recuerdos que no corre, pond1an,
cernimiento ni elección: ha faltado el sentido crí- en suelo americano, ni a una piedra ruinosa ni a
tico que en cauza•e el impulso recibido de afuera, un latido del sentimiento popular. Algo semejan-
y la imitación ha sido pasividad sonamht'llica. más te cabe decir en lo que se refiere. a la otra ~itad
que simpatía consciente y limitada por el vigilan- del espíritu r omántico: la subjetiva ~ byrornana.
te criterio. Los dolorido~ apasionamientos, las ínttmas contra-
Este carácter, o mejor; esta ausencia de carác- dicciones las hondas nostalgias ideales de este gé-
ter, se ohserva, desde luego, en la obra de las ge- nero de 'romanticismo, si bien tenían, sin duda,
neracione< que nos han precedido. y en esto acier- un fondo humano que los hada capaces ele _tras-
ta lá crítica del se!'ior Ugarte. Tomemos como cender adondequiera que se sintiese y medllase
eiemnlo la época del romanticismo. Aq11ella re· sobre el misterio de las cosas y sobre los proble-
, volución literaria trala consigo un impulso favo- mas de nuestro destino, obedecían, en no peque-
rahle a la germinación de todo elemento de origi- ña parte, a influencias qu~, representando en .la
nalidad y de carárter indígena. Propensión con- propia Europa un convenoonal1smo o ~111 amane-
genial al roma nticismo fue suscitar en todas par- ramiento, debían serlo · con doble motivo ~P so-
tes una reanimación del espíritu de nacionalidad ciedades donde el ambiente no daba de sí las ra-
literaria, swtituyenclo la ab~tracta uniformidad wnes históricas, del medio y del momento, que
del seudoclasicismo con la expresión de la socie- concurrían, en las fociedades europeas, a ex plicar
dad, la naturaleza y las tradiciones peculiares de aquella atormentada agitación de !os es_ríntus. Y
cada pueblo. Pero si esta tendencia del romanti- por lo que respecta a l elemento hter::m o f_o~·mal,
cismo repercutió provecho~amente en nuestra Amé- la imitación no fue más atinada. El romantiCISmo,
rica·. inspirando Jos primeros esfu erzos consagrados en cuanto quebt:antaba los moldes de una prece~­
a fundar una literatura que reflejase las pectllia- tiva artificial y vetusta: en cuanto favorecía el li-
ridades de la n atur<~leza y las co, tumbres propias, bre ananque de la inspiración y ensanchaba los
la imitación romántica estuvo le jos de limitarse, límites del vocabulario poético, ofrecía, ciertamen-
ni aun de aplicarse preferentemente, a esa tarea te, ejemplos y enseñanzas favorables al n_orecimie~­
oportuna. La imitación se disipó, en gran parte, to de una literatura americana diferenoada y eh-
en otras cosas. U na mitad del romanticismo eu- caz; pero este impulso de reacción contTa el dog~a­
ropeo significaba la reivindicación de las tradicio- tismo retórico tenía en América, más que en mn-

l
76 77
gun_a otra p~rte, peligros y desventajas que no lenguaje literario a las p eculiaridades d el habla
supteron conJurarse, porque halagaban muchas regional.
de las propensiones más 1unestas y arraigadas de Pero, ni la protesta naturalista se limitaba
nuestro .:~píritu: l_a propensión a la negligencia, originalmente a e~os elementos para siempre jus-
al desalmo, a la falsa espontaneidad, a la abun- tos y oportunos, m , tampoco esta vez, la imitación
dancia viciosa; el_ desconocimi~nto o menosprecio supo yroceder e~ América con libertad y fiTme
de la parte consctente y reflextva del arte; el cré- entena. Propendtendo, como sucede en toda imi-
?ito de la facilidad repentista; el desamor de ese tación servil y fascinada, a violentar las cosas, a
tdeal de perfección, único capaz de engendrar la recargar las tintas, a ir a lo extremo del original
obra que dura. y ceder a la impresión de lo caricaturesco más que
P~só el ~uge ~niversal de aquella escuela, y de lo caracterütico, nuestros naturalistas tomaron
sobrevmo el Impeno del naturalismo. En lo que de prefe~encia en sus modelos lo que, siendo en
tenía de fundamental y amplio, el naturalismo estos mismos convencional y vicioso, resultaba
comprendía elementos que, bien asimilados, no tan to más falso en América cuanto que se oponía
hubieran podido sino favorecer en América la ma- a los caracteres que, por recto naturalismo, por
nifestación de un ~spíritu literario original y vi- directa sugestión de la naturaleza, deben forzosa-
goroso. La tendencia a ceñirse a la realidad viva mente prevalecer en toda literatura que brote sin
y concreta es la vía más segura p ara llegar a una esf~er~o del e~píritu de nuestros pueblos. A sí, el
or~~inalidad de pueblo y de época, como la de pesimi~mo agn~, desesperanzado y h astiado, que,
cem~se a la expresión sincera y simple de lo que como Idea dommante, no tenía natural acomodo
se siente es el más seguro camino p ara alcanzar en el ambiente _de tierras prometidas al porvenir,
t~ originalidad individual. La importancia conc:- rebosantes de vida y energía. A sí, la predilección
dida a _1~ reJ:>-rese~tación del mundo objetivo, el por la n~producción artística de lo feo, rasgo de
predomuuo hterano de la descripción, favorecía decadencia que carecía de sentido aceptable den-
una de l~s aplicaciones ~el arte de escribir capa- tro de una cultura literaria en sus albores. Así, la
ces de bnndar en Aménca más ricos vene-ros de sensualidad, no espontánea, vigoro~a y ferviente,
originalidad, como es la pintura y el sentimiento sino a-rtificiosa, alambicada y senil ; sensualidad
de la naturaleza física . L a precisión minuciosa en de cálculo antes que de instinto.
la reproducción de costumbres y tipos, contribuía I~~egable es~ pues, el fundamento con que
a revelar el sello local del poema y la novela. La se califica de falso el concepto o procedimiento
reivindicación de la poética virtualidad de la vi- de imitación que guió en anteriores épocas a nues-
da contra todo quimérico idealismo, coincidía con tros escritores. Pero ¿la comparación con lo actual
la tendencia natural en pueblos jóvenes y testigos manifiesta una diferencia que autorice a dividir
de una fecundidad magnífica y potente. La fran- en dos partes la historia de nuestra cultura? ¿Ca-
que~a, y aun la vulgaridad pintoresca, de la ex- be ~firmar, como afirma el señor Ugarte, que, a
presión, autorizaban a que se diese curso en el partir de la obra de las generaciones jóvenes, la

78 79
imitación de lo eUTopeo h aya dejado de ser re-
medo inconsulto y sumiso para trocarse en atina-
da y consciente adaptación? ¿Imitan nue~ tros "mo-
T Obras Completas de Rodó, pág. 1006,. de dond~. ~~
sido recog1da antepoméndusete el t¡tulo de So-
lo la inspiración del pueblo crea".)
c~ernistas" con criterio más cercano de la origina-
helad que nuestros realistas y nuestros románticos? La superioridad de la imaginación popular
Mucho me he extendido ya paTa entrar al para descubrir las fuentes secreta~ de dnntle bro-
examen de Ja cuestión que plameo; pero no ten- ta el ~enti<.lo poético profundo e mmo1 ta~, _velado
go dificultad en dejar conoignada la respuesta que en la forma ue la leyenda y de la tradtctón, se
sería el resultado del examen; y ella es que, muy manifie, ta por el h echo de que las má~ grandes
a mi pesar, no alcanzo a percibir la <.ltferencia creaciones tle la poesía culta, en lo éptco como
con que el señor Ugarte halaga nuestro amor pro- en lo dramático, se inspiran en un asunto reco-
pio colectivo; que no veo que hoy (salvo excep- gido de los labios del pueblo, y son el. desenv~l­
ciones individualts que han existido siempre) se vimiento magnífico del germen de poesta, humll-
imite con má:; personalidad y más conciencia de de y menudo, pero prodigi<:>same.me cf.icaz, que
lo oportuno y adaptable, que cuando se imitaba entraña alguna de esas sencillas mve_nc10~1es con
a los profetas del romanticismo y a los maestros que las madres mantuvieron la atene1ón mgenua
del natura lismo. de los niños o con que el trovador embelesó a su
En conclusión, esta antología de la nueva lite- rústico auditorio.
ratura ameTicana no está a la altura de su objeto La inspiración personal y culta encuentra la
ni de lo que era lícito e perar del colector. Pase forma definitiva, perfecta, hecha para qu~ dure
el señor Ugarte por encima de esta obra impro- y se propague de sig~o e~ s~glo y de naciÓn . e~
visada y precaria, y denos, pue~to que es capaz nación; pero sólo la msp1raC1ón del pueblo c1~a,
de dámosla, la verdadera antología americana de sólo elia es capaz de daT de sí el g~rm.en de. v1da
nuesuo tiempo; la obra de síntesis que sirva de ideal, que no se obtiene por med1tac1ón m r:-or
guía fiel a quien quiera formar idea de nue tro ciencia, como no se obtiene el germen de la. v1da
espíritu, o la obra de selección donde se congre- orgánica en los alambiques de los laborator.ws.
gue lo poco, lo muy poco, que, literalmente, te- El poeta amer icano que aspire a fundir,. en
nemos digno de ser mostrado sin rubor y de aso- bronce resistente y sonoro, el poema de Aménca,
ciarse a esperanzas y presagios triunfales, de que la leyenda del Nuevo Mundo, necesitaT~ busc~r
esta vez me parece el señor Ugarte demasiado pró- su argumento en alguna de esas narracwnes sm
digo. ' padre conocido, ni forma concreta, flotantes en
la imaginación popular, que. las ha enge~drado
# a la manera como el campo mculto y braviO son-
EL POEMA DE AMERICA ríe en la flor silvestre llena de inefable encanto.
Página pub[l:cada en la revista El Fogón, el Una décima de Santos Vega enciena acaso
7 de julio de 1910. (Véase la citada edición de la virtualidad ignorada de un futuro poema ame-

80 81
ricano, que realizará el poeta capaz de percibir, El mov1m1ento modernista americano, que,
en el fondo del verso ·tosco y jugo, o, la gota de en la relación de arte, fue en suma oportuno y
exquisita esencia, bastante para infundir aroma fecundo, adoleció de pobreza de ideas, de insig-
inmortal en la obra de arte que sobrevive a las nificante interés por la realidad social, por los
generaciones y a los siglos. problemas de la acción y ~or ~as .gra~~s y hondas
preocupaciones de l~ cone1ene1a ~nd1v1.dual.
, La independenc1a del arte hterano respecto
LA QRIENTl\CION DE LA de fines ulteriores a la realización de belleza es
NUEVA LITERATURA dogma en que todos comulgamos; pero no es in-
HISP1\NOAMERICANA conciliable con él la afirmación de que, en el fre-
cuente contacto con el fondo de ideas e intereses
Fragmentos de cartas de Rodó de 1910 y 1911. superiores que conÚituyen la viva actualidad de
(Véase la citada edición de Obras Completas de una época, hay, para el a·rte y la literatu~a, ut?-a
Rodó, págs. 1446-47 y 1007-08.) fuente de vitalidad que no pueden desdenar sm
empobrecerse y perder en calor humano.
• ¿No le parece a usted que estamos, en Amé- Pues bien, esa verdad tiende a recobrar su
rica, en vísperas de una renovación del ambiente imperio. O mucho me equivoco ? . llega~os e.n
literario, que se anuncia por una declinación muy América a tiempos en que la actividad hterana
visible de la frivolidad y la trivialidad decaden- ha de manifestar clara y enérgica conciencia de
tistas, y por una tendencia muy simpática a la re- su función social.
flexiva seriedad del pensamiento y a la transpa- Ba~-taría citar algunos de los libros más im-
rencia y firmeza de la forma? Yo percibo muchos portantes y valiosos que han salido de prensas ame-
anuncios de esto, y me regocijo; porque siempre ricanas, desde hace tres o cuatro años, para dar
he pensado que la literatUTa americana llegará a la razón de esa esperanza; y no rólo podría seña-
existir como real energía social cuando adquiera larse en ellos el carácter de trascendencia social
un firme sentido idealista y lo exprese reivindi- que asume la obra literaria, sino también la afi-
cando y renovando la hermosura genial del idio- nidad de las tendencias en que se concreta ese
ma cuyo mantenimiento futuro nos está confiado. carácter.
(De una carta a Pedro Henríquez Ureña, Según los indicios a que me refiero, hay, por
de 12 de mayo de 1910.) lo menos, dos tendencias fundament~les . que pa-
recen destinadas a prevalecer en la onentae1ón
El momento actual ofrece un aspecto intere- de la nueva literatura hispanoamericana.
sante, en la vida intelectual de estos pueblos: algo Es la una la vigorosa reanimación del senti-
nuevo se prepara y anuncia en lo que se refiere miento de la raza, o si se prefiere, del abolengo
a la producción literaria y sus vinculaciones con hi~ tórico, como medio de mantener el carácter
la sociedad. consecuente de la personalidad colectiva, al tra-

82 8)
vés de todas las modificaciones impuestas por la merezcan; de suer te que nada sé de las ulteriori-
adaptación al espí-ritu de los tiempos y por in- . dades de la conspiración que costó la vida del pre-
fluencias extral1ao, que son inevitables, pero que sidente de la -república. Pero, como quiera que se
deben someterse a la energía asimiladora del ca- hayan resuelto estas violencias, vayan en primer
rácter propio. término mis votos por la paz y el buen orden
La otra consiste en la creciente 'manifestación institucional de ese noble pedazo de tierra ame-
del sentido idea!isLa de la vida; en la reacción ricana.
contra el concepto puramente ma tcrial y utilitario Por cierto que tales ecos de discordia, harto
de la civilización y la cultura; en el interés de- semejantes a los que de otras partes de nuestra
vuelto a las cuestione: de orden espiritual, qu e es, AmÚica nos vienen uno y otro día, sirvieron co-
universalm en te, uno de los signos del espíritu nue- mo de fondo que die:e mayor resalte y prestigio
vo que ha sucedido al auge del positivismo. de interés a la lectura de las atinadas considera-
Ambas notas forman acorde en el mperior de- ciones con que prologa usted su libro. Despliega
signio de con tribui-r a la determinacióu del alma usted a los vientos todo un prog-rama literario, en
latinoamericana, tal como la quieren el recto en- el que, como idea fundamental, aparece la idea de
tendimiento de la historia y la clara visión del nacionalidad entendida de alta manera, y en el
porvenir donde está la plenitud de nuestro ser y que se difu~de su convicción de la necesidad de
de nuestros destinos. orientar el movimiento intelectual hispanoameri-
(De una carta a R amón A. Cata/á, direc- cano en un sentido concordante con los caracteres
tor de El Fígaro de La Habana, de JO y oportunidades del desenvolvimiento social y po-
de enero de 1911 .) lítico de estos pueblos, de modo que la obra del
escritor concuna, como una fuerza po· itiva, al go-
bierno de las ideas y las pasiones. N inguna aspi-
UNA BANDERA LITERARIA ración más generosa ni más justa. Yo he partici-
Carla de 1912, recogida en El Mirador de pado siempre de ella; yo he pensado ~iempre que,
Pró pero, 19IJ. aunque la soberana independencia del arte y el
valor sustancial de la creación de belleza son dog-
A D. F. Garda Godoy. mas inmutables de la religión anística, nada se
opone a que el artista que, además, es ciudadano,
Mi distinguido amigo: Su nuevo libro, Alma e~ pensador. es hom bre, infunda en. su arte el es-
dominicana, llegó a mi junto con las vagas no- píritu de vida que fluve de las real1dades del pen-
ticias que tenemos de las turbulencias políticas de samiento y de la acción, no para que su arte ha-
que ha sido teatro la patria de usted. El telégra- ga de esclavo de otros fines, ni obre como ins-
fo, puesto al se-rvicio de la prema, suele no ser trumento de ellas, sino para que viva con ellos
consecuente en sus informaciones, ni las a justa en autonómica hermandad, y con voluntaria y se-
siempre al interés que por su tema y procedencia ñoril contribución se asocie a la obra humana

84 85
de la verdad y del bien. Aun consideradas estas con acierto, un poderosísimo estímulo de aquella
cosas de un punto de vista puramente estético, salvadora fuerza interior.
nadie podrá negar que el arte se privaría de cier- Por razones de situación geográfica, en la pa-
ta especie de belleza si renunciaTa a las impira- tria de usted adquiere doble oportunidad ese pro-
ciones y virtualidades que puede recoger en el pósito, es más urgente e ineludible la obliga-
campo de la agitación civil y de la controversia ción mOTa} de ponerlo en obra; pero el legítimo
de ideas; como se privaría la propaganda ideal o alcance de él abarca toda la América que habla
cívica de un medio insustituible para lograr cier- en la lengua del Descubridor, toda la América
tos efectos, si nunca el aTte tra je•e en su auxilio nuestra, representada y querida como una magna
el maravilloso poder y la única eficacia con que patria invisible, en la que es necesario avivar la
lleg-a a Jo hondo de los corazones y los enlaza en conciencia de su propia unidad y entendimien-
comunión de simpatía. to y el amoT de las tradiciones históricas donde
Las circunstancias históricas tienen en e•to, esa unidad radica. Todo ello está enérgicamente
como en todo, considerahle parte. 'tpocas v pue- sentido por usted.
blos hay en que la función social de la obra ar- Y al cumplimiento de .~an noble programa
tística se imoone con ri'lavor imnerio y encuentra lleva usted ya consagrados vigorosos esfuerzos con
m::ls adP.cuado campo en las condicione~ de la rea- su labor de crítico y propagándiHa, que tan me-
lidiid. Entre esos nneblos v esas épocas incluvo vo recido relieve ha dado a su personalidad, y que
a las naciones hi•panoamericanas del presente complementan, al mismo fin, trabaio• de otro gé-
tiempo. Su gr;:~n tárea e~ la de formar v desenvol- nero, como el interesante cuadro histórico que ha
ver su personalidad colectiva, el alma hisnanoame- tenido usted la benevolencia de enviarme y por
ticana. f'l tTP.nio propio one imnrima sello enér- el que reconozco, una vez más, cuántas son las
viro y distinto a su so,..jahilidad v a su cultura. semeianzas que mantiene entre estos pueblos his-
PaTa e•t:\ obra. un arte hondamente interes::~ño en panoamericanos la identidad de su origen, la per-
la rPaJid(lo soci;:~l. una Jiter::ltttra oue ar.omn::~ñe, tinaz e indomeñable identidad de su origen, a
dP~rfe su ;~Ita e•f~>.ra, el movimiento de lll. vida y pesar de la distancia material y la dificultad de
de la acción, pueden ser las más eficaces enere;ías. relaciones que apartan, por ejemplo, a los de ese
ExPrP•a usted. con elocuente vehemencia, la Norte tropical de lo5 de esta zona templada del
inextin!!uible virtualidad de un sentimiento na- Sur. Los caracteres más típicos se repToducen, sin
cional arrai!!'ado en la tradición y en la condencia esencial diferencia, en una y otra parte.
de un pueblo, para resistir a las amenazas de ab- Que encuentre usted en el alma de su pue-
sorción a oue dé aparentes facilidades la debili- blo justa correspondencia a sus genero~os propó-
dad m:iterial: y en lll. exaltación constante de ese sitos; y créame siempre su afectísimo amigo.
sentimiento por los medios propios del arte, que
evoca a nueva vida el le(!'endario ser del pa~ado
y perpetúa el culto de los héroea, aef'íala usted,

86 $7
II
AMERICANISMO
CULTURAL
ARIEL
A la juventud de América
De Ariel, 1900, reproducimos aqul sólo las
partes primera, quinta y sexta de las seis en que
se divide el discurso de Próspero, más el prólogo
y el epílogo que lo complementan. En el ejemplar
privado de un ami~o, redactó el autor un sumario
del discurso, publicado en la citada edición de
Obras Completas de Rodó, sumario que reprodu-
cimo~ también en lo que corresponde a aquellas
primera, quinta y sexta partes.
Aquella tarde, el viejo y venerado maestro, a
quien solían llamar Próspero, por alusión al sa-
bio mago de La Tempestad shakespeariana, se
despedía de sus· jóvenes discípulos, pasado un año
de tareas, congregándolos una vez más a su al-
rededor.
Ya habían llegado ellos a la amplia sala de
estudio, en la que un gusto delicado y severo es-
merábase poT todas partes en honrar la noble pre-
sencia de los libros, fieles compañeros de Próspe-
ro. Dominaba en la sala -como numen de su
ambiente sereno- un bronce primoroso, que fi-
guraba al Ariel de La Tempestad. Junto a este
bronce, se sentaba habitualmente el maestro y,
pOT ello, le llamaban con el nombre del mago
a quien sirve y favorece en el drama el fantástico
personaje que había interpretado el escultor. Qui-
zá en su enseñanza y su carácter había, para el
nombre, una razón y un sentido más profundos.
ATiel, genio del aire, representa, en el sim-

91
bolismo de la obra ele Shake"peare, la parte no- a la vida. activa con un programa propio. Belleza
ble y alada del espíritu. Ariel es el imperio de la moral de la juventud; su papel en la vida de las
razón y el sentimiento sobre los bajos estímulos sociedades. Los pueblos más fuertes y gloriosos son
ele la irrr~cionali<iacl: es el entusiasmo generoso, los que reúnen las condiciones propias de la ju-
el móvil alto y <ie<interesado en la acción, la es- ventud. Ejemplo de Grecia. Necesidad de la "fe
piritualidad de la cultura, la vivacid<~d y la gra- ,, en la vida". No deúe confundirse esta fe con un
cia de la intelig-encia -el término ideal a que optimismo cándido. América necesita de su ju-
<~sciencle la Sí'lección hum<~na, rectificando en el ventud.]
hombre superior los tenaces vestigios de Calihán,
Junto a la estatua que habéis visto presidir,
sím bolo de sens1wlidacl y de torpeza, con el cincel
cada tarde, nuestros coloquios ele amigos, en los
perseverante de la vida-.
que he procurado despojar a la enseñanza de
La cst<~ tu a, de real arte, reproducía al genio toda ingrata austeridad, voy a hablaros ele nuevo,
aéTeo en el instante en que, libertado por la ma- para que sea nuestra despedida como el sello es-
gia de Pró'pero, vn a lanz<~rse a los aires para tampado en un convenio . ele sentimientos y de
desvanecerse en un lampo. Desplegadas las alas; ideas.
suelta y flotante la leve vestidura, que l<t caricia
ele la lnz en el bronce damasqninaha de oro: er- Invoco a Ariel como mi numen. Quisiera
g-uida la amplia frente: entreabiertos lo5 labios ahora para mi palabra la más suave · y per~uasiva
por serena mnrisa, todo en la actitnd de Ariel unción que ella haya tenido jamás. Pienso que
acnsaba admirnhlrmente el rrracioso arranque del hablar a la juventud sobre nobles y elevados mo-
vuelo: V con inspiración dichosa, el arte que ha- tivos, cualequiera que sean, es un género de ora-
bía d;~do firmeza escultural a su imagen, había toria sagrada. Pienso también que el espíritu de
acertado a comt>rvar en elTa. al mismo tiempo la la juventud es un terreno generoso donde la si-
apariencia seráfica y la levedad ideal. miente de una palabra oportuna suele rendir, en
corto tiempo, los frutos de una inmortal vegetación.
Prósnero acilrició, meditando, la frrnte de la ·
estatua; dispwo lueg-o al grupo iuvenil en torno Anhelo colaborar en una página del progra-
suyo; y con su firme voz -voz magistral, que ma que, al prepararos a respirar el aire libre de
tenía para fiiar la idea e insinuarse en las pro- la · acción, fo-rmularéis, sin duda, en la intimidad
funclicl;¡cJes del espíritu, bien la esclarecedora pe- de vuestro espíritu, para ceñir a él vuestra per-
netración del rayo ele luz, bien el golpe incisivo sonalidad moral y vuestro esfuerzo. Este progra-
del cincel e.n el mármol, bien el toque impreg- ma propio -que algunas veces se formula y es-
nante del pmcel en el lienzo o de la onda en la cribe; que se reserva otras para ser revelado en
arena- comenzó a decir, frente a una atención el mismo transcurso de la acción-, no falta nun-
afectuosa: ca en el espíritu de las agrupaciones y los pueblos
que son algo más que muchedumbres. Si con
[1. Necesidad de que cada generación entre relación a la escuela de la voluntad individual,
92
93
pudo Goethe decir profundamente que sólo es dig- amane<;er para el poeta de Las Contemplaciones,
no de la libertad y la vida quien es capaz de con- de "un vestigio de sueño y un principio de pen-
quistarla día a día para sí, con tanta más razón samiento".
podría deciTse que el honor de cada generación La humanidad, renovando de generación en
humaria exige que ella se conquiste, por la per- generación · su activa esperanza y su ansiosa fe en
severante actividad de su pemamiento, por el un ideal, al través de la dura experiencia de los
esfuerzo propio, su fe en determinada manifes- siglos, hacía pemar a Guyau en la obsesión de
tación del ideal y su puesto en la evolución de aquella pobre enajenada cuya extraña y conmo-
las ideas. vedora locura consistía en creer llegado, constan-
Al conquistar los vue~ tros, debéis empezar por temente, el día de sus bodas. Juguete de su en-
reconocer un primer objeto de fe, en vosotros sueño, ella ceñía cada mañana a su frente pálida
mismos. La juventud que vivís es una fuerza de la corona de desposada y suspendía de su cabeza
cuya aplicación sois los obreros y un tesoro de el velo nupcial Con una dulce sonris¡¡,, disponía-
cuya inversión sois responsables. Amad ese teso- se luego a recibir al prometido ilusorio, hasta
ro y esa fuerza; haced que el altivo sentimiento que las sombras de la tarde, tras el vano esperar,
de su posesión permanezca ardiente y eficaz en traían la decepción a su alma. Entonces tomaba
vosotros. Yo os digo con Renan: "La juven- un melancólico tinte su locura. Pero su ingenua
tud es el descubrimiento de un horizonte inmen- confianza reaparecía con la aurora siguiente; y,
so, que es la Vida". El descubrimiento que reve- ya sin el recuerdo del desencanto pasado, mur-
la las tierras ignoradas, necesita completarse con murando: Es hoy cuando vendrd, volvía a ceñir-
el esfuerzo viril que las sojuzga. Y ningún otro se la corona y el velo y a sonreír en espera del
espectáculo puede imaginarse más propio para prometido.
cautivaT a un tiempo el interés del pensador y el Es así como, no bien la eficacia de un ideal
entusiasmo del artista, que el que preo-enta una ha muerto, la humanidad viste otta vez sus ga-
generación humana que marcha al encuentro del las nupciales para esperar la realidad del ideal
futuro, vibrante con la impaciencia de la acción, soñado con nueva fe, con tenaz y conmovedora
alta la frente, en la sonrisa un altanero desdén del locura. Provocar esa renovación, inalterable co-
desengaño, colmada el alma por dulces y remotos mo un ritmo de la NatuTaleza, es en todos los
mirajes que derraman en ella misteriosos estímu- tiempos la función y la obra de la juventud. De
los, como las visiones de Cipango y El Dorado las almas de cada primavera humana está tejido
en las crónicas heroicas de los conquistadores. aquel tocado de novia. Cuando se trata de sofo-
· Del renacer de las esperanzas humanas, de car esta sublime terquedad de la esperanza, que
las promesas que fían eternamente al porvenir la brota alada del seno de la decepción, todos los
realidad de lo mejoT, adquiere su be}leza el al- pesimismos son vanos. Lo mismo los que se fun-
ma que se entreabre al soplo de la vida: dulce e dan en la razón que los que parten de la expe-
inefable belleza, compuesta, como lo estaba la del riencia, han de Teconocerse inútiles para contras-

94 95
tar el altanero ¡no importa! que surge del fondo da al legislador atenien~e. compadeciendo a los
de la Vida. Hay veces en que, por una aparente griegos por su volubilidad bulliciosa: ¡No sois sino
alteración del ritmo triunfal, cruzan la historia unos núios! Y Michelet ha comparado la activi-
humana generaciones destinadas a personificar, dad del alma h elena con un festivo juego a cuyo
desde la cuna, la vacilación y el desaliento. Pe- alrededor se agrupan y sonríen todas las nacio-
ro ellas pasan -no sin haber tenido quizá su nes d el mundo. Pero de aquel divino juego de
ideal como las otras, en forma negativa y con mños sobre las playas del Archipiélago y a la
amor inconsciente-; y de nuevo se ilumina en el somb1a de los ohvos de Jonia, nacieron el arte,
espíritu de la humanidad la esperanza en el Espo- la filo.ofía, el pensamiemo libre, la cu-riosidad
so anhelado, cuya imagen, dulce y radiosa como de la investigación, la conciencia de la dignidad
en los versos de marfil de los místicos, basta para humana, todos esos estímulos de Dios que son aún
mantener la animación y el contento de la vida, nue, tra inspiración y nuestro orgullo. Absorto en
aun cuando nunca haya de encarnarse en la su a usteridad hierática, el país del sacerdote re-
realidad. presentaba, en tanto, la senectud, que se concen-
La juventud -que así significa en el alma tra para ensayaT el reposo de la eternidad y ale-
de los individuos y la de las generaciones, luz, ja, con desdeñosa mano, todo frívolo sue iio. La
amor, energía-, existe y lo significa también en gracia, la inquietud están proscriptas de las acti-
el proceso evolutivo de las sociedades. De los pue- tudeo de su alma, como, del gesto de sus imá-
blos que sienten y consideran la vida como voso- genes, la vida. Y cuando la posteridad vuelve las
tros, serán siempre la fecundidad, la fuerza, el miradas a él, sólo encuentra una estéril noción
dominio del porvenir. Hubo una vez en que los del orden presidiendo al desenvolvimiento de una
atributos de la juventud humana se hicieron, más civilización que vivió para tejerse un sudario y pa-
que en ninguna otra, los atributos de un pueblo, ra edificar sus sepulcros: la sombra ele un compás
los caracteres de . una civilización, y en que un tendiéndose sobre la. esterilidad de la arena.
soplo de adolescencia encantadora pa•ó rozando Las prendas del espíritu joven -el entu-
la frente serena de una raza. Cuando Grecia na- sia.mo y la esperanza-, corresponden, en las ar-
ció, los dioses le regalaron el secreto de su ju- monías de la historia y la Naturaleza, al movi-
ventud inextinguible. Grecia es el alma jo· miento y a la luz. Adondequiera que volváis los
ven. "Aquel que en D elfos contempla la api- ojos, las encontraréis como el ambiente n atural
ñada muchedumbre de los jonios -dice uno de de todas las cosas fuertes y hermosas. Leva ntad-
los himnos homéricos- se imagina que ellos no los al ejemplo más alto: La idea cristiana, so-
han de envejecer jamás." Grecia hizo grandes co- bre la que aún se hace pesar la acusación de h a-
sas porque tuvo, de la juventud, la alegría, que ber entristecido la tierra proscribiendo la alegría
es el ambiente de la acción, y el entusiasmo, que del paganismo, es una in•piración esencialmente
es la palanca omnipotente. El sacerdote egipcio juvenil mientras no se aleja de su cuna. El cris-
con quien Solón habló en el templo de Sais, de- tianismo naciente es, en la interpretación -que

96 97

T
yo creo tanto más verdadera cuanto más poética- él sea fecundo, o se prodigue vanamente, o, frac-
de Renan, un cuadro de juventud inmarcesible. cionado y disperso en las conciencias personales,
De juventud del alma o, lo que es lo mi~mo, de no se manifieste en la vida de las sociedades hu-
un vivo sueño, de gracia, de candor, se compone manas como una fuerza bienhechora. Un escri-
el aroma divino que flota sobre las lentas jorna- tor sagaz rastreaba, ha poco, en las páginas de la
das del Maestro al través de los campos de Gali- novela de nuestro siglo -esa inmensa superficie
lea; sobre ms prédicas, que se desenvuelven aje- especular donde se refleja toda entera la imagen
nas a toda p enitente gravedad; junto a un lago de la vida en los últimos vertiginosos cien años-,
celeste; en los valles abrumados de frutos; escu- la psicología, los estados de alma de la juventud,
chadas por "las aves del cielo" y "los lirios de los tales como ellos han sido en las generaciones que
campos", con que se adornan las parábolas; pro- van desde los días de René hasta los que h an vis-
pagando la alegría del "reino de Dios" sobre una to pasar a Des Essein tes. Su análisis comproba-
dulce sonrisa de la Naturaleza. De este cuadro ba una progresiva disminución de juventud inte-
dichoso, están ausentes los ascetas que acompaña- rior y de energía, en la serie de personajes re-
ban en la soledad las penitencias del Bauti~ ta. presentativos que se inicia con los héroes, enfer-
Cuando J esús habla de los que a él le siguen, los mos, pero a menudo viriles y siempre intensos de
compara a los paraninfos de un cortejo de bodas. pasión, de los románticos, y termina con los ener-
Y es la impresión de aquel divino contento la vados de voluntad y corazón en quienes se reflejap
que, incorporándose a la esencia de la nueva fe, tan desconsoladoras manifestaciones del espíritu
se siente persistir al través de la odisea de los de nuestro tiempo como la del protagonista de
evangelistas; la que derrama en el e~píntu de las A rebours o la del Robert Greslou de L e Disciple.
primeras comunidades cristianas su felicidad can- Pero comprobaba el análisis también un li-
dorosa, su ingenua alegría de vivir; y la que, al sonjero renacimiento de animación y de esperan-
llegar a Roma con los ignorados cristianos del za en la psicología de la juventud que suele ha-
Transtevere, les abre fácil paso en los corazones; blarnos una literatura que es quizá nuncio de
porque ellos triunfaron oponiendo el encanto de transformaciones más hondas; renacimiento que
su juventud interior -la de su alma embalsama- personifican los héroes nuevos de L emaitre, de
da por la libación del vino nuevo- a la severi- Wizewa, de Rod, y cuya más cumplida represen-
dad de los estoicos y a la decrepitud de los tación lo sería tal vez el David Grieve con que
mundanos. cierta novelista inglesa contemporánea ha resumi-
Sed, pues, conscientes poseedores de la fuer- do en un solo carácter todas las penas y todas las
za bendita que lleváis dentro de vosotros mismos. inquietudes ideales de varias generaciones, para
No creáis, sin embargo, que ella esté exenta de solucionarlas en un supremo desenlace de sereni-
malograrse y desvanecerse, como un impulso sin dad y de amor.
objeto, en la realidad. De la Naturaleza es la dádi- ¿Madurará en la realidad esa . esperanza? Vo-
va del precioso te~ oro; pero es de las ideas, que sotros, los que vais a pasar, como el obrero en

98 99
marcha a los talleres que le esperan, ha jo el pór- dido del fondo de vuestro corazón, no lo habéis
tico del nuevo. siglo, ¿reflejaréis quizá sobre el sofocado, antes de parar por vuestros labios, con
arte que os estudie, imágenes .más luminosas y la austera y muda altivez del estoico en el supli-
triunfales que las que han quedado de nosotros? Si cio; pero lo habéis terminado con una invocación
los tiempos divinos en que las almas jóvenes da- al ideal que vendrd, con una nota de esperanza
ban modelos para los dialoguistas radiantes de mesiánica.
Platón, sólo fueron posibles en una breve pri- Por lo demás, al hablaros del entusiasmo y la
mavera del mundo; si es fuerza "no pensar en los e peranza, como de altas y fecund as virtudes, no
dioses", como aconseja la Forquias del segundo es mi propósito enseñaros a trazar la línea in-
Fausto al coro de cautivas, ¿no nos ~erá lícito, a franqueable que separe el escepticismo de la fe,
lo menos, soñar con la aparición de generaciones la decepción de la alegría. Nad a más lejos de mi
humanas que devuelvan a la vida un sentido ideal, ánimo que la idea de confundir con los atribu-
un grande entusiasmo; en las que sea un poder el tos naturales de la juventud, con la grado-a es-
sentimiento; en las que una vigorosa resurrección pontaneidad de su alma, esa indolente frivolidad
de las energías de la voluntad ahuyente, con he- del pens<~miento que,- incapaz de ver más que el
roico clamor, del fondo de las almas, todas las motivo de un juego en la actividad, compra el
cobardJas morales que se nutren a los pechos de amor y el conJ;ento de la vida al precio de su in-
la decepción y d e la duda? ¿Será de nuevo la ju- cortmnicación con todo ·]o ·q ue· pueda hacer de-
ventud una realidad de la vida colectiva, como lo tC'ner el pa~o ante· 1-a· faz rrlisterio•a y grave de
es de la vida individual? las cosas. --N-o e~ ése el noble significado de ·la
Tal es la pregunta que me inquieta mirán- i11venttid indiviclua'l. ni ·é~e tampoco el de la iu-
doos. Vuestras p1 imeras páginas, las confe~ iones ventud de Jos pueblo•. Yo he conce ptuado siem-
que nos h abéis hecho hasta ahora de vuestro mun- pTe vano el propósito de lbs que constituyéndo-
do íntimo, hablan de indecisión y de estupor a se en aviwres vigías del de•tino de América, en
menudo ; nunca de enervación, ni de un definiti- custodios de su tranquilidad, quisieran sofocar,
vo quebranto de la voluntad. Yo sé bien qu e el con temeroso recelo, antes de que llegase a noso-
entu iasmo es una surgente viva en vosotros. Yo tros, cualquier resonancia del humano dolor,
sé bien que las notas de desaliento y de doior cualquier eco venido de literatuTas extrañas que,
que la absoluta sinceridad del pensamiento -vir- por triste o insano, ponga en peligro la frag ilidad
tud todavía más grande que la esperanza- ha de su optimismo. Ninguna firme educación de
podido hacer brotar de las torturas de vuestra la inteligencia puede fundarse en el aislamien-
meditación, en las tristes e inevitables citas de la to candoroso o en la ignorancia voluntaria. Todo
Duda, no eran indicio de un estado de alma per- problema propuesto al- pensamientó humano par
manente, ni significaron en ningún caso vuestra la Duda: toda sincera reconvención que wbre
desconfianza respecto de la eterna virtualidad de Dios o la· Naturaleza se fulmine, del seno del de-
la Vida. Cuando un grito de angustia ha aseen- saliento y el dolor, tienen derecho a que les de-

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jemos ll egar a nuestra conciencia y a que los los hombres. La fe en el porvenir, la confianza
afron temos. Nuestra fuerza de corazón ha de pro- en la eficacia del esfuerzo humano son el antece-
barse aceptando el reto de la Erfinge y no esqui- dente necesario de toda acción enérgica y de todo
vando su interrogación formidable. No olvidéis, propósito fecundo. Tal es la razón por la que he
además, que en ciertas amarguras del pensamien- queTido comenzar encareciéndoos la inmortal ex-
to hay, como en sus alegrías, la posibilidad de celencia de esa fe que, siendo en la juventud un
encontraT un punto de partida para la acción, hay instinto, no debe necesitar seros impuesto por nin-
a menudo sugestiones fecundas. Cuando el dolor guna enseñanza, puesto que la encontraréis de-
enerva; cuando el dolor es irresistible pendiente jando actuar en el fondo de vuestro ser la su-
que conduce al marasmo o el consejo pérfido que gestión divina de la Naturaleza.
mueve a la abdicación de la voluntad, la filosofía Animados por ese sentimiento, entrad, pues,
que le lleva en ms entrañas es cosa indigna de a la vida, que os abre sus hondos horizontes, con
almas jóvenes. Puede entonces el poeta calificar- la noble ambición de hacer sentir vuestra presen-
le de "indolente soldado que milita bajo las ban- cia en ella desde el momento en que la afrontéis
deras de la muerte". PeTo cua!)do lo que nace del con la altiva mirada del conquistador. Toca
seno del dolor es el anhelo varonil de la lucha al espíritu juvenil la iniciativa audaz, la geniali-
para conquistar o recobrar el bien que él nos dad innovadora. Quizá universalmente, hoy, la
nieg-a, entonces es un acerado acicate de la evo- acción y la influencia de la juventud son en la
lución, es el más poderoso impulso de la vida; no marcha de las sociedades humanas menos efec-
de otro modo que como el hastío, para Helvecio, tivas e intensas que debieran seT. Gastón Des-
llega a seT la mayor y más preciosa de todas las champs lo hacía notar en Francia, hace poco, co-
prerrog-ativas humanas, desde el momento en que, mentando la iniciación tardía de las jóvenes gene-
impidiendo enervarse nuestra sensibilidad en los raciones, en la ··ida pública y la cultura de aquel
adormecimientos del ocio, se convierte en el vi- puebio, y la escasa originalidad con que ellas con-
gilante estímulo de la acción. tribuyen al trazado de las ideas dominantes. Mis
En tal sentido, se ha dicho bien que hay pe- impresiones del presente de América, en cuanto
simismos que tienen la significación de un opti- ellas pueden tener un carácter general a pesar del
mismo paradójico. Muy lejos de suponer la renun- doloroso aislamiento en que viven los pueblos que
cia y la condenación de la existencia, ellos pro- la componen, justificarían acaso una ob.•ervación
pagan, con su descontento de lo actual, la nece- parecida. Y sin embargo, yo creo ver expresada
sidad de renovarla. Lo que a la humanidad im- en todas partes la necesidad de una activa reve-
porta salvar contra toda negación pesimista, es, lación de fuerzas nuevas; yo creo que América
no tanto la idea de la rel::.tiva bondad de Jo pre- necesita grandemente de su juventud. He ahí
sente, sino la de la po•ibilidad de llegar a un tér- por qué os hablo. He ahí por qué me interesa
mino mejor por el desenvolvimiento de la vida, extraordinariamente la orientación moral de vues-
apresurado y orientado mediante el esfuerzo de tro espíritu. La energía de vuestra palabra y

102 103
vuestro ejemplo puede llegar hasta incorporar las · La concepción utilitaria, como idea del des-
fuerzas vivas del pa~ado a la obra del futuro. Pien- tino humano, y la igualdad en lo mediocre, como
so con Michelet que el verdadero concepto de la norma de la proporción social, componen, íntima-
educaci6n no abarca sólo la cultura del espíritu mente relacionadas, la fórmula de lo que ha so-
de Jo~ hijos por la experiencia de Jos padres, sino lido llamane, en Europa, el espíritu de america-
también, y con frecuencia mucho más, la del es- nismo. Es imposibl e meditar sobre ambas ins-
píritu de los padres por la inspiración innovado- piraciones de la conducta y la sociabilidad, y com-
ra de los hijos. pararlas con las que le son opuesta~. sin que la
Hablemos, pues, de cómo consideraréis la vi- asociación traiga, con insistencia, a la mente, la
da que os espera. imagen de esa democracia formidable y fecunda,
que, allá en el Norte, ostenta las manifestacio-
ne~ de su prosperidad y su poder como una des-
[5. Los Estados Unidos como representantes lumbradora prueba que abona en favor de la efi-
d~>l e~fJiritu utnitario 'Y de la democracia mal enten- cacia de sus instituciones y de la dirección de sus
dida. La irnitr.ción de Ht ejemplo; peli(!ros e in- ideas. Si ha podido decirse · del utilitarismo que
contJenientes .de esa imitación. Los pueblos 110 d e- es el verbo del espíritu inglés, lós Estados Uni-
ben r.emmr:im· en nintrún ca•o a la ori!!inalidad dos pued en ser considerados ]a encarnación del
de su r.articter . para CO??rlertirse en imitadores ser, verbo utilitario y el evangelio de ese verbo se difun-
rn"les. Critica de . la civilización norteamerirantZ. de por todas partes a favor de los milagros materia-
Sus méritos: su grandeza. Cita de Spt.ncer. El de- les del triunfo. Hispanoamérica ya no es enteramen-
fe cto rarficnl de. esa civilización consi~te en que te calificable con r elación a él, de tierra de ·genti-
no 1Jf!nÍ"1!e otro ideal r¡ue el enf!rMufecimiento les . .La podero•a federación va realizando entre
d~ lo- interesr~s materiales. Exagera todos los de- nosotros una suerte de conquista moral. La ·admira-
lrclo.~ del cnrticter in f!lés. Carece de verdadero sen- ción por su grandeza y por su fuerza es un senti-
timie11to arti.~tiro. No cult.iva la ciencia sino co- miento que avanza a grandes pasos en e] espíritu
mo un medio de llr.aar a las ablicaciones útiles. de nuestros hombres dirigentes y, aun más qui-
Su in telectualid1d estd en comvleta deradenrin.. zá, en el de las muchedumbres, fascinables poT la
Ln. moral . de Frnnldin: consrcurmcias del utilita- impresión de ]a victoria. Y, de admirarla, se
rismo en · moral. La vida política de lm nortea- pasa, por una transición facilísima, a imitarla. La
mericanos. Predomi?1io de los estados dd Oeste. admiración y la creencia son ya modos pasivos de
A .~piración de los Estados Unidos a la hegemonía imitación para el psicólogo. "La tendencia imita-
d e la civilización contemporánea. Vanidad d e esa tiva de nuestra naturaleza moral -decía Ba-
a•f;irnrión.. Relación eTIIre los bienes materiales o gehot- tiene su asiento en aquella parte del al-
po:~itir,os y · los bienes in telectuales y morales. Re- ma en que reside la credibilidad." El sentido y la
sumen: la civilización norteamericana no puede experiencia vulgares serían suficientes para esta-
servi1· de tipo o modelo único] blecer por sí solos esa sencilla relación. Se imita

J)f 105
a aquel en cuya superioridad o cuyo prestigiO se táneo en una sociedad al seno de otra, donde no
cree. Es así como la visión de una América deslati- tenga rafees ni en la Naturaleza ni en la historia,
nizada por propia voluntad, sin la extorsión de equivalía para Michelet a la tentativa de incor-
la conquista, y regenerada luego a imagen y se- porar, por simple agregación, una cosa muerta a
mejanza del arquetipo del Norte, flota ya sobre un organismo vivo. En sociabilidad, como en li-
los sueños de muchos sinceros interesados por nues- teratura, como en arte, la imitación inconsulta
tro porvenir, inspira la fruición con que ellos for- no hará nunca sino deformar las líneas, del mo-
mulan a cada paso los más sugestivos paralelos, delo. El engaño de los que piensan haber repro-
y •e manifiesta por con stantes propósitos de inno- ducido en lo esencial el carácter de una colectivi-
vación y de reforma. Tenemos nuestra nordoma- dad humana, las fuerzas vivas de su espíritu, y,
nin. Es necesario oponerle los límites que la ra- con ellos, el secreto de ms triunfos y su properi-
zón y el sentimiento señalan de consuno. dad, reproduciendo exactamente el mecanismo de
No doy yo a tales límites el ~entido de una sus instituciones y las formas exteriores de sus
absoluta negación. Comprendo bien que se ad- costumbres, hace pensar en la ilu•ión de los prin-
quieran inspiraciones, luces, enseñanzas, en el cipiantes candorosos que se imaginan haberse apo-
ejemplo de los fuertes: Y. no de~conozco que una derado del ¡renio del maestro cuando han copiado
inteligente atención fijada en lo exterior para re- las form::~s de su estilo · o sus procedimientos de
fleiar de todas partes la imagen de lo beneficioso composición,
y de Jo útil es singularmente fecunda: cuando se En ese esfuerzo vano hay, además, no sé qué
trata de pueblos que aún forman y modelan su cosa de innoble. Género de snobismo político
entidad nacional. Comprendo bien que se as- podría llamarse al afanoso remedo de cuan~
pire a rectificar, por la educación perseverante, to hacen los preponderantes y los fuertes, los ven-
aquellos trazos del carácter de una sociedad hu- cedores y los afortunados: género de abdicación
mana que necesiten concordar con nuevas exigen- servil como en la que algunos de los snobs en-
cias de la civilización y nuevas oportunidades de cadenados para siempre a la tortura de la sátira
la vida, equilibrando así, por medio de una in- por el libro de Tháckeray, hace consumirse tris-
fluencia innovadora, las fuerzas de la herencia y temente las energías de los ánimos no ayudados
la costumbre. Pero no veo la gloria, ni en el por la Naturaleza o la fortuna, en la imitación
propósito de desnaturalizar el carácter de los pue- impotente de los caprichos y la& volubilidades
blos -su genio personal-, para imponerles la de los encumbrados de la sociedad. El cuidado
identificación con un modelo extraño al que ellos de la independencia interior -la de la persona-
sacrifiquen la originalidad irreemplazable de su lidad, la del criterio-- es una principalísima for-
espíritu; ni en la creencia ingenua de que eso ma del respeto propio. Suele, en los tratados de
pueda obtenerse alguna vez por procedimientos ética, comentar~e un precepto motal de Cicerón,
artificiales ·e improvisados de imitación. Ese según el cual forma parte de los deberes huma-
irreflexivo traslado de lo que es natural y espon- nos el que cada uno de nosotros cuide y manten-

106 107
ga celosamente la origin alidad de m carácter per- Atenas y Lacedemonia se apoya el eje alrededor
sonal, lo que haya en él que lo diferencie y de- del cual gira el carácter de la más genial y civiliza-
termine, respetando, en todo cuanto n o sea ina- dora de las razas. América necesita mantener en
decuado para el bien, el impulso primario de la el presente la dualidad original de su constitución,
Na turaleza, q ue ha fundado en la varia distribu- que convierte en Tealidad de su historia el mito
ción de sus dones el orden y el concierto del mun- clá_ico de las dos águilas soltadas simultáneamen-
. do. Y aun me parecería mayor el imperio del te de uno y otro polo del mundo, para que lle-
precepto si se le aplica<e, colectivamente, al ca- gasen a un tiempo al límite de sus dominios. Esta
rácter de la~ sociedades humanas. Acaso oiréis diferencia genial y emuladora no excluye, sino que
decir que no h ay un sello propio y definido, por tolera y aun favorece en muchísimos aspectos, la
cuya permanencia, por cuya integridad deba pug- concordia de la solidaridad. Y si una concordia su:
narse, en la organización actual de nuestro< pue- perior pudiera vislumbrar~ e desde nue~ tros días,
blos. Falta · tal vez, en nuestro carácter colectivo, como la fórmula de un porvenir lejano, ella no
el contorno seguro de la "personalidad". Pero en sería debida a la imitación unilateral -que diría
ausencia de esa índole perfectamente diferenciada Tarde- de una raza por otra, sino a la recipro-
y' autonómica tenemos -los americanos la tinos~ cidad de sus influencias y al atinado concierto de
un a· herencia · de raza, una gran. tradición étnica los atributos en que se funda la gloria de las dos.
que mantener, un vínculo ~agrado que no~ une Por otra parte, en el estudio de. apasionado
a inmortales. páginas . de la historia, confiando a de esa civüizac1ón que algunos nos ofrecen como
nuestro honor su continuación en Jo futuro. El único y ab!>oluto moddo, hay razones no menos
cosmonoliti·mo, que .hemos de acatar como una poderosas que las q ue se funda n en la indignidad
irresistible n ece· idad de nuestra formación, no y la inconveniencia de una renuncia a todo pro-
excluye, ni e~e sentimiento de fidelidad a Jo pasa- pósito de originalidad, para templar los entusias-
do, ni la fuerza directriz y plasmante con que debe mos de los que nos exigen su consagración ido-
el genio de la raza imponerse en la refundición de látrica. Y llego, ahora, a la relación que directa-
los elementos que comtituirán al americano defi- meo te tiene, con el sentido general de esta plútica
nitivo del futuro. mía, el comentario de semejan te espíritu de imi-
Se ha observado más de una vez que las gran- tación.
des evoluciones de la historia, las grandes épocas, Todo juicio severo que se formule de los ame-
los períodos más luminosos y fecundos, en el d e- ricanos del Norte debe empezar por rendirles,
senvolvimiento de la humanidad, son casi siempre como se h aría con altos adversarios, la formali-
la resultante de dos fuerzas distintas y co-actuales, dad caballeresca de un saludo. Siento fácil mi
que mantien en, por los concertados impulsos de espíritu para cumplirla. Desconocer sus defectos
su oposición, el in terés y el estímulo de la vida, no me parecería tan insensato como negar sus cua-
los cuales desaparecerían, agotados, en la quietud lidades. Nacidos -para emplear la paradoja usa-
de una u nidad absoluta. Así, sobre los dos polos de da por Baudelaire a otro respecto- con la expe-

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rierzcia innata de la libertad, ellos se han mantenido el mandil de cuero del forjador. Cada uno de ellos
fieles a la ley de su origen, y han desenvuelto, avanza a conquistar la v1da como el de,ierto los
con la precisión y la seguridad de una progresión primitivos puritanos. Perseverantes devows de ese
matemática, los principios fundamentales de su culto de la energía indiv1dual que hace de cada
organización, dando a su historia una consecuente hombre el artífice de su destino, ellos han modelado
unidad. que, si bien ha excluido las adquisiciones su ~ ociabilidad en un conjunto imaginario de
de aptaudes y méritos distintos, tiene la belleza ejemplares de Robinson, que de~pués de haber
intelectual de la lógica. La huella de su pasos, no fortificado rudamente su personalidad en la prác-
se borrará jamás en los anales del derecho humano; tica de la ayuda propia, entraran a componer los
P?rque ellos han sido los primeros en hacer sur- filamentos de una urdimbre firmisima. Sin sacrifi-
gir ~uestro. moderno concepto de la libertad, de carle esa soberana concepción del individuo, han
las m~egundades del . ensayo y de las imaginacio- sabido hacer al mismo tiempo, del espíritu de
nes de la utopía, para convertirla en bronce impe- asociación, el más admirable instrumento de su
recedero y realidad viviente; porque han demos- grandeza y de su imperio; y han obtenido de la
trad? con su ejemplo la posibilidad de extender a suma de las fuerzas humanas, subordinada a los
un mmenso organismo nacional la inconmovible propósitos de la investigación, de la filantropía,
a~tor.idad de un.a república; porque, con su orga- de la industria, resultados tanto más maravillooos,
mzaCI~n federativa, han revelado -según la feJiz por lo mi>mo que se consiguen con la más abso-
expresión de Tocqueville- la manera como se luta integridad de la autonomía personal. Hay en
pueden conciliar con el brillo y el poder de los ellos un instinto de curiosidad despierta e insa-
estados grandes la felicidad y la paz de los pe- ciable, una impaciente avidez de toda luz; y pro-
queños. Suyos son algunos de los rasgos más au- fesando el amor por la instrucción del pueblo con
daces. con que ha de destacarse en la perspectiva la obsesión de uha monomanía gloriosa y fecunda,
del tiempo la obra de este siglo. Suya es la gloria han hecho de la escuela el quicio más seguro de
de haber revelado plenamente -acentuando la su prosperidad y del alma del niño la más cui-
más firme nota de belleza moral de nuestra civi- dada entre las cosas leves y preciosas. Su cultura,
lización- la. grandeza y el poder del traba jo; esa que está lejos de ser refinada ni espiritual, tiene
fuerza bendita que la Antigüedad abandonaba a una eficacia admirable siempre que se dirige prác-
la abyección de la esclavitud, y que hoy identifi- ticamente a realizar una finalidad inmediata. No
camos con la más alta expresión de la dignidad han incorporado a las adquisiciones de la ciencia
humana, fundada en la conciencia y la actividad una sola ley general, un solo principio; pero la
del propio mérito. Fuertes, tenaces, teniendo la han hecho maga por las maravillas de sus apli-
inacción por oprobio, ellos han puesto en manos caciones, la han agigantado en los dominios de la
del mechanic de sus talleres y el farmer de sus cam- utilidad, y han dado al mundo, en la caldera de
pos, la clava hercúlea del mito, y han dado al genio vapor y en la dínamo eléctrica, billones de escla-
humano una nueva e inesperada belleza ciñéndole vos invisibles que centuplican, para servir al Ala-

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~ino h~m.ano, el poder de la lámoara maravillo~a. señalado el infalible ·bálsamo contra toda amargu-
El crectmtento de su grandeza y de su fuerza será ra en la filosofía del esfuerzo y de la acción.
o?jeto de. perdurables asombros para el porve- Su grandeza titánica se impone así, au n a los
~Ir. H~n ~~ventado,. con su prodigiosa aptitud de m ás prevenidos por las enormes desproporciones de
~mprovJsación, un aocate para el tiempo; y al con- su carácter o por las violencias recientes de su
JUro de su voluntad poderosa, surge en un día, historia. Y por mi pa-rte, ya veis que, aunque no
del ~eno de la absoluta soledad, la suma de cultu- les amo, les admiro. L es admiro, en primer tér-
ra acumulable por la obra de los siglos. La liber- mino, por su formidable capacidad de que1·er, y
tad. puritana, que les envía su luz desde el pasado, me inclino ante la "escuela de voluntad y de tra-
umó a esta luz el calor de una piedad que aún ba jo" que -como de sus progenitores n acionales
dura. Junto a la fábrica y la escuela, sus fuertes dijo Philarete-Chasles- ello.s han instituido.
manos han alzado t?mbién los templos de donde ·' : En el ·p rincip·io ·ta acción· era: ·con estas céle-
e~ap~ran. su pleganas muchos millones de con- bres palabras del Fausto podría ~ml?ezar un "fotu~o
ctenoas ltbres. Ellos han sabido salvar en el historiador de la poderosa republtca, el GéneSIS,
f · , nau-
ragw de todas las idealidades, la idealidad más aún no concluido, de su existencia nacional. Su
alta, guardando viva la tradición de un sentimien- genio podría definirse, como el universo de los
to religioso que, si no levanta sus vuelos en alas dinamistas, la fuerza en movimiento. T iene, ante
~e un espirituali. m o delicado y profundo, w s- todo y sobre t:odo, la capacidad, el entusiasmo, la
t~en~, en parte, entre las asperezas del tumulto uti- vocación dichosa de la acción. La voluntad es el
hta~w, la rienda firme del sentido moral. H an cincel que ha esculpido a ese pueblo en dura pie-
sa~tdo, también, guardar, en medio de los refina- dra. Sus -relieves característicos son dos manifesta-
m~e.n~os de la vida civilizada, el sello de cierta pri- ciones del poder de la voluntad: la originalidad
mitivtdad robusta. Tienen el culto pagano de la y la audacia. Su historia es, toda ella, el arreb~to
salud, de la ~e: treza, d~ la fuerza; templan y afi- de una actividad viril. Su personaje representativo
nan en el mu~culo el mstrumento precioso de la se llama Yo quiero, como el "superhombre" de
voluntad; y, obligados por su aspiración insacia- Nietzsche. Si algo le salva colectivamente de la
ble de dominio a cultivar la energía de todas las vulgaridad, es ese extraordinario alarde de energía
actividades humanas, modelan el torw del atleta que lleva a todas partes y con el que imprime
cierto carácter de épica grandeza aun a las luchas
para el corazón del hombre libre. y del concierto
del interés y de la vida material. Así de los es-
de su civilización, del aco'!"dado movimiento de
peculadores de Chicago y de Minneápolis, ha dicho
su cultura, s.urge una dominante nota de optimi 5• Paul Bourget que son a la manera de combatien-
mo, de conftanza, de fe, que dilata los corazones tes heroicos en los cuales la aptitud para el ata-
impulsándolos al porvenir bajo la sugestión de que y la defensa es comparable a la de un g-rognm·d
u.na e~pera nza terca y arrogante; la nota del Excel- del gran Emperador. Y esta energía suprema con
swr y el Salmo de la vida con que sus poetas han la que el genio norteamericano parece obtener
112 113

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-hipnotizador audaz- el adormecimiento y la esá misma desbordada inquietud que se manifie~ta
rugestión de los hados, suele encontrarse aun en po·r la pasión infinita del trabajo y la porfía de la
las particularidades que se nos presentan como expansión ma terial en todas sus formas. Y obser-
excepcionales y divergentes, de aquella civilización. vaba después que, en tan exclmivo predominio
Nadie negará que Edgar Poe es una individualidad de la actividad subordinada a los propósitos inme-
anómala y rebelde dentro de su pueblo. Su alma diatos de la utilidad, se revelaba una concepción
escogida representa una partícula inasimilable del de la existencia, tolerable sin duda como caTácter
alma nacional, que no en vano se agitó entre las provisional de una civilización, co~1o tarea _r._reli-
otras con la sen ación de una soledad infinita. Y minar de una cultura, p ero que urg1a ya rectificar,
sin embaTgo, la nota fundamental -que Baude- puesto que tendía a convertir el traba jo utilitario
laire ha señalado profundamente- en el carácter en fin y objeto su premo de la vida, cuando él en
de los héroes de Poe, es, todavía, el temple sobre- ningún ca~o puede significar raciona~mente sino
humano, la indómita resistencia de la voluntad. la acumulación de los elementos propws para ha-
Cuando ideó a Ligeia, la má~ misterio•a y adorable cer posible el total y armonioso desenvolvimiento
de sus criaturas, Poe simbolizó en la luz inextin- de nuestro ser. Spencer agregaba que era necesario
guible de ms ojos, el himno de triunfo ele la Vo- predicar a los n orteamericanos el Evangelio del
luntad sobre la Muerte. desean. o o el recreo; e identificando nosotros la
Adquirido, con el sincero reconocimiento ele más noble significación de estas p alabras con la del
cuanto hay de lumino~ o y grande en el genio de ocio tal cual lo dignificaban los antiguos moralis-
la poderosa nación, el derecho de completar res- ta~. clasificaremos dentro del Evangelio· en que de-
pecto a él la fórmula de la justicia, un¡¡ cuestión be iniciar: e a aquellos trabajadores sin reposo, toda
llena de interés pide expresarse. ¿Realiza aquella preocupación ideal, todo desinteresado empleo de
sociedad, o tiende a realizar, por lo menos, la idea las bOTas, todo objeto de meditación levantado so-
de la conducta racional que cumple a las legitimas bre la fina lidad inmedia ta de la utilidad.
exigencias del espíritu, a la dignidad intelectual La vida norteamericana describe efectivamen-
y moral de nuestra civilización? ¿Es en ella donde te ese círculo viciow que Pascal señalaba en la
hemos de señalar la más aproximada imagen de anhelante p ersecución del bienestar, cuando él no
nuestra "ciudad perfecta"? Esa febricitante inquie- tiene su fin fuera de si mismo. Su prosperidad es
tud que parece centuplicar en su seno el movi- tan grande como su imposibilidad de satisfacer a
miento y la intensidad de la vida, ¿tiene un objeto una mediana concepción del deotino humano. Obra
capaz de merecerla y un estímulo bastante pan titánica, por la enOi:me tensión de voluntad que
justificarla? representa y por sus triu_nf~s inauditos_ en to~as
Herbert Spencer, formulando con noble sin- las esferas del engrandecimiento matenal, es m-
ceridad su saludo a la democracia de América en dudable que aqu ella civilizac~ón pro?uce . : n s_u
un banquete ele Nueva York, señalaba el rasgo con junto una dngular impresión de msu [Icien oa
fundamental de la vida de los norteamericanos, en y d e vacío. Y es que si, con el derecho que da la

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historia de treinta siglos de evolución presididos exageraciones de la pasión o d e la sátira, ha podi-
por la dignidad del espíritu clásico y del espíritu do atribuirse al positivismo de Inglaterra .. ~1 ~s­
cristiano, se pregunta cuál es en ella el principio píritu inglés, b~jo la ~spera wr~eza ~e uuhtan~­
dirigente, cuál su substratum i~eal, cuál el propó- mo, bajo la indiferencia m ercantil, baJO la _sever~­
sito ulterior a la inmediata preocupación de los dad puritana, esconde, a no dudarlo, una virtuali-
intereses positivos que estremecen aquella masa for- dad poética escogida, y un prof~ndo ve~ero de
midable, sólo se encontrará, como fórmula del ideal sensibilidad, el cual revela, en sentir de Tame, que
definitivo, la misma absol uta preocupación del el fondo primitivo, el fondo germánico de aque-
triunfo ma terial. Huérfano de tradiciones muy lla raza, modificada luego por la presión de la con-
hondas que le orienten, ese pueblo no ha sabido quista y por el hábito de la ~ctividad co_m~rcial,
sustituir la idealidad inspiradora del pasado con fue una extraordinaria exaltactón del senttmtento.
una alta y desinteresada concepción del porvenir. El espíritu americano no ~a recibido en herencia
Vive para la realidad inmediata, del presente, y ese instinto poético ancestral, qu~ b~ota~ como sur-
por ello subordina toda su actividad al egoísmo gente límpida, del seno de 'l~· roéa bl"I_támca, cuando
del bienestar personal y colectivo. De la suma de es · el Moisés de un arte ·dehcado quten la toca. El
los elementos de su riqueza y su poder, podría de- pueblo inglés ~iene, en_ la in~ti.tución ·de su ·aris-.
cirse lo que el autor de Mensonges de la inteligen- tocracia· -=-por anacrómca e lllJUSta que ella sea
cia del marqués de Norbert que figura en uno de bajo el aspecto del derecho polí~ico-, un · alt?. e
sus libros: es un monte de leña al cual no se ha inexpugnable baluarte qu~ oponer· ál .mercan.tihS-
hallad<? modo de dar fuego: Falta la chispa eficaz mo ambiente y a la prosa mvasb~a; tan al_to e m~x­
que haga levantarse la llama de un ideal vivifi- pugnable baluarte que es el mtsmo !ame qut~n
cante e inquieto sobre el copioso combustible. Ni asegura· que desde los tiempos de las cmdades gne-
siquiera el egoísmo nacional, a falta de más altos gas, no presentaba la hist<:>ria ejemplo de una con-
impulsos; ni siquiera el exclusivismo y el orgullo dición de vida más propia para formar y enalte-
de raza, que son los que t-ransfiguran y engrande- cer el sentimiento de la nobleza humana. En el
cen, en la Antigüedad, la prosaica dureza de la vida ambiente de la democracia de América, el espíritu
de Roma, pueden tener vislumbres de idealidad y de vulgaridad no halla a~lte sí relieve~ inaccesibles
de hermosura en un pueblo donde la confusión para su fuerza de ascensión, y se exuend~ y. ~ro­
cosmopolita y el atomismo de una mal entendida paga como sobre la llaneza de una pampa mhmta.
democracia impiden la formación de una verdadera Sensibilidad, inteligencia, costumbres, todo
conciencia nacional.
está caracterizado, en el enorme pueblo, por una
Diríase que el positivismo genial de la metró- radical ineptitud de selección, que mantiene, jun-
poli ha sufrido, al trasmitirse a sus emancipados to al orden mecánico de su actividad material y
hijos de América, una destilación que le priva de de su vida política, un profundo desorden en ~odo
todos los elementos de idealidad que le templaban, lo que pertenece al domi~io de las f~cul_ta~es tdea-
reduciéndole, en realidad, a la crudeza que, en las les. Fáciles son de segmr las mamfestacwnes de

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esa ineptitud, partiendo de las más exteriores y nacimiento de todo ton.o suave y de toda manera
aparentes, para llegar después a otras más esencia- exquisita, el culto de una falsa grandeza, el sensa-
les y más íntima•. Pródigo de sus riquezas -por- cionismo que excluye la noble serenidad inconci-
que en su codicia no entra, según acertadamente liable con el apresuramiento de una vida febril.
se ha dicho, ninguna parte de Harpagón- , el nor- La idealidad de lo hermoso no apasiona al
teamericano ha loqrado adquirir con ellas, plena- descendiente de los austero~ puritanos. Tampoco
mente, la satisfacción y la vanidad de la magnifi- le apasiona la idealidad de lo ~erdadero. Men?s-
cencia suntuaria; pero no ha lo~rrado adquirir la precia todo ejercicio del peneamtento que pre~cm­
nota esco~rirla del buen gu•to. El aTte verdadero da de una inmediata finalidad, por vano e míe-
sMo ha nodido exhir, en tal ambiente, a título cundo. No le lleva a la ciencia un desinteresado
de rebelión individual. Emerson. Poe, son alll co- anhelo de verdad, ni se ha manifestado ningún
mo lo5 eiemolares de una fauna expulsada de s11 ca~o capaz de amarla por fÍ misma. La investig~­
verchcle,·o mPclio oor el rigor de una catástrofe ción no es para él sino el antecedente de la .apli-
geo 1ógica. Habla Bourget, en OutTe-Mer, del acento cación utilitaria. Sus gloriosos empeños por dtfun-
concentrado y solemne con que la · palabra arte dir los beneficios de la educación popular, están
vibra en los labios de los norteamericano~ que ha inspirados en el noble propó· ito de comunicar
halagado el favor de la fortuna; de esos recios y los elementos fundamentales del saber al mayor
acrisolados héroes del self-help que aspiran a coro- número; pero no nos revelan que, al mismo tiem-
nar, con la asimilación de todo< los refinamientos po que de ese acrecentamient~ extensivo de la
humanos, la obra de su encumbramiento reñido. educación, se preocupe de selecciOnarla y elevarla,
Pero nunca les ha sido dado concebir esa divina p ara auxilar el e-fuerzo de las superiorid~des. que
actividad que nombran con énfasis, sino como un ambicionen erguirse sobre la general medwcndad.
nuevo motivo de sati•facerse m inquietud invasora Así, el resultado de su porfiada guerra a la igno-
y como un trofeo de su vanidad. La ignoran, en rancia ha sido la semi-cultura universal y una
lo que ella tiene de desinteresado y de escogido; profunda languidez de la ~Ita c~ltura . . En. igual
la ignoran, a despecho de la munificencia con que proporción que la ignora~Cla radical, dtsmt~uyen
la fortuna individual su ele emplearse en estimular en el ambiente de esa gigantesca democraCia, la
la formación de un delicado sentido de belleza; superior sabiduría y el genio. He ahí por qué la
a de-pecho de la esplendidez de los museos y las historia de su actividad pen~adora es una progre-
exposidon es con que se ufanan sus ciudades; a sión decreciente de brillo y de originalidad. Mien-
despecho de las montañas de mármol y de bronce tras en el período de la independencia y la orga-
que han esculpido para la ~ estatua• de sus plazas nización surgen para representar, lo mismo el pen-
públicas. Y si con su nombre hubiera de caracteri- samiento que la voluntad de aquel pueblo, mu-
zarse alguna vez un gusto de arte, él no podría ser chos nombres ilustres, medio siglo más tarde Toc-
otro que el que envuelve la negación del arte mis- queville puede observar, :e~pecto a ell?s, que los
mo: la brutalidad del efecto rebuscado, el deseo- dioses se van. Cuando escnb16 Tocqueville w obra

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maestra, aún irradiaba, sin embargo, desde ·Bos' se trata de subir las altas pendientes. Tal es la
ton, la ciudadela puritana, la dudad de las doctas suprema cumbre; pero es en los valles donde hay
tradiciones, una gloriosa pléyade que tiene en la que buscar la realidad. Aun cuando el criterio mo-
historia intelectual de este siglo la magnitud de r.al no hubiera de descender más abajo del utilita-
la universalidad. ¿Quiénes han recogido después rismo probo y mesurado de Franklin, el término
la h erencia de Channing, de Emerson, de Poe? La forzoso - que ya señaló la sagaz observación de
nivelación mesocrática, apresurando su obra deso- Tocqueville- de una sociedad educada en seme-
ladora, tiende a desvanecer el poco .carácter que jante limitación del deber, sería, no por cierto una
quedaba a aquella precaria intelectualidad. Las de esas decadencias soberbias y magníficas que dan
alas de sus libros h a tiempo que no llegan a la la medida de la satánica hermosura del mal en la
altura en que sería universalmente posible divi- di•olución de los imperios; pero sí una suerte de
sarlos. ¡Y hoy, la más genuina representación del materialismo pálido y mediocre y, en último resul-
gusto norteamericano, en punto a letras, está en tado, el sueño de una enervación sin brillo, por
los lienzos grises de ttn diarismo ·que no hace pen- la silenciosa descomposición .de todos los . resortes
sa-r .en el que un día suministró los materiales de de la vida mOTal. Allí donde el precepto tiende a
El Federalista! poner las altas manifestaciones de la abnegación
· Con relación a los· sentimientos · morales, el y la virtud fu era del dominio de lo obligatorio, la
impulso · mecánico del ·utilitarismo ha encontrado realidad hará retroceder indefinidamen te el lími-
el resorte moderadOT de una fuerte tradición re- te de la obligación. Pero la escuela de la prospe-
ligiosa. Pero no por eso debe creerse que ha cedi- ridad material, que será siempre ruda prueba para
do la dirección de la conducta a un verdadero la austeridad de las repúblicas, ha llevado más
principio de desinterés. La -religiosidad de los ame- lejos la llaneza de la concepción de la conducta
ricanos, como derivación extremada de la inglesa, racional que hoy gana los espíritus. Al código de
no es más que una fuerza auxiliatoria de la legis- Franklin han su cedido otros de más francas ten-
lación penal, que evacuaría su puesto el día que dencias como expresión de la sabiduría n acional.
fuera posible dar a la moral utilitaria la autori- Y no hace aún cinco años el voto público consa-
dad religiosa que ambicionaba darle Stuart Mili. graba en todas las ciudades norteamericanas, con
La más elevada cúspide de. ·su· moral es la moral las más inequívocas manifestaciones de la popu-
de Franklin: una filosofía de la conducta, que ha- laridad y de la crítica, la nueva ley moral en que,
lla su térinino en lo medioáe de la honestidad, desde la puritana Boston, anunciaba solemnemente
en ·la utilidad de la prudencia; de cuyo seno · no el autor de cierto docto libro que se intitulaba
surgirán jamás ni la santidad, ni el heroísmo; y Pushing to the front, • que el éxito debía ser con-
que, sólo apta para prestar a la conciencia, en los siderado la finalidad suprema de la vida. La re-
caminos normales de la vida, el apoyo del bastón velación tuvo eco aun en el seno de las comunio-
de manzano con que marchaba habitualmente su
• Por M. Orisson Sw ett Marden , Boston, 1895. (No-
propagador, no es más que un leño frágil cuando ta ctet ·autor:)

120 121
ne> cristianas, y se citó una vez, a propósito del
libro afortunado, la Imitación de Kempis, como
1 tiempos de la república romana, es uno de los
antecedentes vi ib:es de la ruina de la libertad y
término de comparación. de la tiranía de los CésaTes. Y el excludvo cuidado
La vida pública no se sustrae, por cierto, a del engrandecimiento material -numen de aque-
las consecuencias del crecimiento del mismo ger- lla civilización- impone así la lógica de sus resul-
men de deSO'rganización que lleva aquella socie- tados en la vida política, como en todos los órdenes
dad en sus entraña<. Cualquier mediano observa- de la actividad, dando el rango primero al struggle-
dor de sus costumbres polítira~ os hablará de cómo for-lifer o~ado y astuto, convcrtido en la brutal
la obsefión del interés utilitaTio tiende progresi- eficacia de su esfuerzo en la suprema personifica-
vamen te a enervar y empequeñeccr en los corazo- ción de la energía na cional -en el postulante a su
nes el sentimiento del derecho. El valor cívico, la rept·esentación emersoniana-, ¡en el personaje t·ei-
virtud vieja de los H amilton, es una hoja de acero nante de T ainel
que se oxida, cada día más, olvidada, entre las Al im pulso que precipita aceleradamente la
telarañas de las tradiciones. La venalidad, que em- vida del espíritu en el sentido de la d esorienta-
pieza desde el voto público, se propaga a todos los ción ideal y el egoísmo utilitario, corresponde, fí-
resorte~ institucionales. El gobicrno de la medio- sicamenté, ese otro impulso, que en la expansión
cridad vuelve vana la emulación que realza los ca- del asombroso crecimiento de aquel pueblo, lleva
racteres y las inteligencias y que los entona con la f.U S multitudes y sus iniciativas en dirección a la
perspectiva de la efectividad de w dominio. La inmen sa zona occiden tal que, en tiempos de la
democracia, a la que no han sabido dar el regu- independencia, era el misterio, velado por las selvas
lador de una alta y educadora noción de las supe- del Mississipí. En efecto: es en ese improvisado
Tioridades humanas, tendió siempre entre ellos a O e·te, que crece formidable frente a los viejos es-
esa brutalidad abominable del número que menos- tados del Atlántico, y reclama para un cercano por-
caba los mejores beneficios mo-rales de la libertad venir la hegemonía, donde está la más fiel repre-
y anula en la opinión el respeto de la dignidad aje- ~entación de la vida nor teamericana en el actual
na. Hoy, además, una formidable fuerza se levanta instante de su evolución. Es allí donde los defini-
a contrastar de la peor manera posible el absolu- tivos Tesultados, los lógicos y naturales frutos, del
tismo d el númcro. La influencia política de una espíritu que ha guiado a la podero<a democracia
plutocracia representada por los todopoderosos desde sus orígenes, se muestran de relieve a la
aliados de los tntsts, monopolizadores de la produc- mirada del ob-ervador y le proporcionan un punto
ción y dueños de la vida económica, es, sin duda, de partida paTa imaginarse la faz del inmediato
uno de los ra<gos más merecedores de interés en futuro del gran pueblo. Al virginiano y al yanqui
la actual fisonomía del gra n pueblo. La formación ha sucedido, como tipo representativo, ese domina-
de esta plutocracia ha hecho que se recuerde, con dor de las ayer desiertas praderas, refiTiéndose al
muy probable oportunidad, el advenimiento de la cual decía Michel Chevalier, hace medio siglo, que
clase enriquecida y soberbia que, en los últimos "los últimos ~erían un día los primeros". El utili-

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tarismo, vacío. de todo contenido ideal, la vague- declarado espíritu de rivalidad hacia Europa, hay
dad cosmopolita y la nivelación de la democracia un menosprecio que es ingenuo, y hay la profunda
bastarda alcanzarán, con él, su último triunfo. To- convicción de que ellos están destinados a oscu-
do elemento noble de aquella civilización todo lo recer, en breve plazo, su superioridad espiritual y
que ~a ~incula. a g:nerosos recuerdos y fu~damenta su gloria, cumpliéndose, una vez más, en las evo-
su digmdad histónca -el legado de los tripulan- luciones de la civilización humana, la dura ley
tes del Flor de Mayo, la memoria de los patricios de los misterios antiguos en que el iniciado daba
de Virginia y de los caballeros de la N ueva Ingla- muerte al iniciador. Inútil sería tender a convencer-
terra, el espíritu. de .los ciudadanos y los legislado- les de que, aunque la contribución que han lle-
r:s. de la emancipación-, quedarán dentro de los vado a los progresos de la libertad y de la utili-
vieJOS estados· donde Boston y Filadelfia mantienen dad haya sido, indudaql emen~e. cuantiosa, y aun-
a~n, según expr~s~vamente. se ha. dicho, "el pallá- que debiera atribuírsele en justicia .la significación
!a
dmm de . tradición was~mgtomana", Chicago se de una obra universal, de una obra humana., ella
alza a remar. Y su · confianza en la superioridad es insuficiente para hacer transmudarse, en · direc-
que -lleva sobre el litara! iniciador del Atlántico, se ción al nuevo Capitolio, el eje del mundo. Inútil
funda .en que le considera demasiado. -r eaccionario, sería tender a convencerles de que la obra reali-
d~mas.Iado europeo, demasiado tradicionalista. La zada por la perseverante genialidad del ario eu-
histo;Ia no da títulos cuando el procedimiento de ropeo, desde que, hace tres mil años, las orillas
elección es -la subasta de la púrpura. . . del Mediterráneo, civilizador y glorioso, se ciñeron
~. ~ed!da que el · utilitarismo genial de aque-
jubilosamente la· guirnalda de las ciudades helé-
lla CIVIhzaoón asume así ·caracteres más definidos nicas; _la obra que aún continúa realizándose ·y de
más francos, más estrechos, aumentan, con la em: cuyas tradiciones y enseñanzas vivimos, es una su-
b;iaguez de la ..prosperidad material, las impacien- ma con la cual no puede formar ecuación la fór-
Cias de. sus. hiJOS por propagarla y atribuirle la mula Washington más Edison. ¡Ellos aspirarían a
pre~estmació·n· de un magisterio romano. Hoy, ellos revisar el Génesis para ocupar esa primera página!
as~Iran mamfiestamente al primado de la cultura Pero además de la relativa insuficiencia de la par te
umvers~l, ~ la di·r ección de las ideas, y se conside- que les es dado reivindicar en la educación de la
r~n ~ SI mismos los forjadores de un tipo de civi- humanidad, su carácter mismo les niega la posibi-
h~actón que prevalecerá. Aquel discurso semi-iró- lidad de la hegemonía. Naturaleza no les ha con-
mco que Laboulaye pone en boca de un escolar cedido el genio de la propaganda ni la vocación
de su Par!s americanizado para significa1- la pre- apostólica. Carecen de ese don superior d e amabi-
I:onderano~ que concedieron siempre en el propó- lidad -en alto sentido-, de ese extrao-rdinario po-
sito . ed.ucativo ~ cuanto favorezca el orgullo del der de simpatía, con que las razas que han sido
sentimiento nacwnal, tendría toda la seriedad de dotadas de un cometido providencial de educación,
1~ creenc~a. más sincera en labios de cualquier ame- saben hacer de su cultura algo parecido a la be-
ncano vml de nuestros días. En el fondo de su lleza de la Helena clásica, en la que todos creían

12-1 125
una civilización mercantil, que, al utilizarlo con digerida por el organismo · social, podría quizá_ te-
fines exclusivamente mercenarios, ignoraba que el ner una comparación semejante para caractenz~
genio de razas superiores lo transfiguraría convir- la situación de ese fuerte colono de procedenCia
tiéndolo en el medio de propagar su más pura y germánica que, establecido en los estados del cen-
luminosa esencia. La relación entre los bienes po- tro y del Far-West comerva intacta, en su nat~ra­
sitivos y los bienes intelectuales y morales es, pues, leza, en su sociabilidad, en sus costumbres, la Im-
según la adecuada comparación d e Fouillée, un presión del genio alemán, que, en muchas de sus
nuevo aspecto de la cuestión de la equivalencia de condiciones características m ás profundas y enér-
las fuerzas que, así como permite transformar el gicas, debe ser considerado una verdadera ar:t~t~sis
movimiento en calórico, permite también obte- del genio americano. Por otra parte, una ciVlhza-
ner, de las ventajas_materiales, elementos de supe- ción que esté destinada a vivir y a dila tar~e en el
rioridad espiritual. . mundo; una civilización que no h aya perd1do, mo·
Pero la vida norteamericana no nos ofrece mificándose, a la manera de los imperios asiáticos,
aún un nuevo ejemplo de esa relación indudable, la aptitud de la variabilidad, no puede prolongar
ni nos lo anuncia como gloria de una posteridad indefinidamente la dirección de sus energías y de
que se vislumbre. Nuestra confianza y nuestros sus ideas en un único y exclusivo sentido. Espere-
votos deben inclinarse a que, en un porvenir más mos que el espíritu de aquel titánico orgar: i~mo
inaccesible a la inferencia, esté reservado . a aquella social, que ha sido hasta hoy voluntad y u ttltdad
civilización un destino superior. Por más que, bajo solamente, sea también algún día inteligencia, sen-
el acicate de su actividad vivísima, el breve tiempo timiento, idealidad. E speremos que, de la enorme
que la separa de su aurora haya sido bastante para fragua, surgirá, en ú ltimo resultado, el ejemplar
satisfacer el gasto de vida requerido por una evo- humano, generoso, armónico, selecto, que Spencer,
lución inmensa, su pasado y su actualidad no pue- en un ya citado discurso, creía poder augur~r. co-
den ser sino un introito con relación a lo futuro. mo término del costoso proceso de refundición.
Todo demuestra que ella está aún muy lejana de Pero no le busquemos ni en la realidad presente
su fórmula definitiva. La energía asimiladora que de aquel pueblo, ni en la perspectiva de sus _evolu-
le ha permitido conservar cierta uniformidad y ciones inmediatas; y renunciemos a ver el upo de
cierto temple genial, a desp echo de las enormes una civilización ejemplar donde Eólo existe un bo-
invasiones de elementos étnicos opuestos a los que ceto tosco y enorme, que aún pasará necesaria-
hasta hoy han dado el tono a su carácter, tendrá mente por muchas rectificaciones sucesivas, antes
que reñir batallas cada día más difíciles y, en el d e adquirir la serena y fiTme actitud con que los
utilitarismo proscriptor de toda idealidad, no en- pueblos que han alcanzado un perfecto de::envol-
contrará una inspiración suficientemente poderosa vimiento de su genio, presiden al glorioso corona-
para mantener la atracción del sentimiento solida- miento de su obra, como en El sue1'io del cóndor
rio. Un pensador ilustre, que comparaba al esclavo que Leconte de Lisie ha descrito con su soberbia
de las sociedades antiguas con una partícula no majestad, terminando, en olímpico sosiego, la as-

128 129
cen·ión poderosa, ¡más arriba de las cumbres de brío, deja a Fausto su túnica y su velo. Estas ves-
la Cordillera! tidUTas no son la misma deidad; pero participan,
h abiéndolas llevado ella consigo, de su alteza di-
[6. No existe pueblo verdaderamente grande vina, y tienen la virtud de elevar a quien las po-
para la historia, sin un ideal desinteresado. No bas- see, por encima de las cosas vulgares.
ta la grandeza material para la gloria de los pueblos. Una sociedad definitivamente organizada que
Ejemplos históricos. El pensamiento )' la grandeza limite su idea de la civilización a acumular abun-
material de las ciudades. Aplicación de lo anterior dantes elementos de prosperidad y su idea de la
a las condiciones de la vida de América. Confianza justicia a distribuirlos equitativamente entre los
en el porvenir. Nos toca trabajar en beneficio del asociados, no hará de las ciudades donde habite
p01·veni1·. La dignidad humana exige que se piense nada que sea distinto, por esencia, del hormiguero
en lo futuro y se trabaje para él. Simbolismo de o la colmena. No son bastantes, ciudades populo-
"A riel".] sas, opulentas, magníficas, para probar la constan-
Ante la posteridad, ante la historia, todo gran cia y la intensidad de una civilización. La gran ciu-
pueblo debe aparecer como una vegetación cuyo dad es, sin duda, un organismo necesario de la al-
desenvolvimiento ha tendido armoniosamente a ta cultura. Es el ambiente natural de las más al-
producir un fruto en el que su savia acrisolada tas manifestaciones del espíritu. No sin razón ha
ofrece al porvenir la idealidad de su fragancia y dicho Quinet que "el alma que acude a beber fuer-
la fecundidad de su simiente. Sin este resultado zas y energías en la íntima comunicación con el
duradero, humano, levantado sobre la finalidad linaje humano, esa alma que constituye al grande
transitoria de lo útil, el poder y la grandeza de los hombre, no puede formarse y dilatarse en medio de
imperios no son más que una noche de sueño en los pequeños partidos de una ciudad pequeña".
la existencia de la humanidad; porque, como las Pero así la grandeza cuantitativa de la población
visiones personales del sueño, no merecen contarse como la grandeza material de sus ins trumentos, de
en el encadenamiento de los hechos que forman sus armas, de sus habitaciones, son sólo medios del
la trama activa de la vida. genio civilizador y en ningún caso resultados en los
Gran civilización, gran pueblo -en la acep- que él pueda detenerse. De las piedras que com-
ción que tiene valor para la historia-, son aque- pusieron a Cartago, no dura una partícula trans-
llos, que, al desaparecer materialmente en el tiem- figurada en espíritu y en luz. La inmensidad de
po, dejan vibrante para siempre la melodía surgi- Babilonia y de Nínive no representa en la memo-
da de su espíritu y hacen persistir en la posteri- ria de la humanidad el hueco de u na mano, si se
dad su legado imperecedero -según dijo Carlyle la compara con el espacio que va desde la Acró-
del alma de sus "héroes"-: como una nueva y di- polis al Pireo. Hay una perspectiva ideal en la
vina porción de la suma de las cosas. Tal, en el que la ciudad no aparece grande sólo porque pro-
poema de Goethe, cuando la Elena evocada del meta ocupar el área inmensa que había edificada
reino de la noche vuelve a descender al Orco som- en torno a la torre de Nemrod; ni aparece fuerte

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~ó lo porque sea capaz de levantar de nuevo ante una calle de Londres. A pesar de la muerte, su
sí los muros babilónicos sobre los que era posible conciencia permanece adherida a los fríos despojos
hacer pasar seis carros de frente; ni aparece her- de su cuerpo. El clamor confuso de la calle, pro-
mosa sólo porque, como Babilonia, luzca en los pagándose en ~orda vibración ha•·ta la estrecha ca-
paramentos de sus palacios losas de alabastro y se vidad de la tumba, impide en ella todo sueño de
enguirnalde con los jardines de Semíramis. paz. El peso de la multitud indiferente gravita a
Grande es en esa perspectiva la ciudad, cuando toda hora sobre la triste prisión de aquel espíritu
los arrabales de su espíritu alcanzan más allá de y los cascos de los caballos que pa<an, parecen em-
las cumbres y los mares, y cuando, pronunciado su peñarse en estampar sobre él ~n se~lo de oprobio.
nombre, ha de iluminarse para la posteridad toda Los días se mceden con lentitud mexorable. La
una jornada de la historia humana, todo un hori- a~piración de Maud consistiría en hundirse más
zonte del tiempo. La ciudad es fuerte y hermosa dentro. mucho más dentro, de la tierra. El ruido
cuando sus días son algo más que la invariable ininteligente del tumulto sólo sirve para mantener
repetición de un mismo eco, reflejándose indefi- en su contienda desvelada el pensamiento de su
nidamente de uno en otro círculo de una eterna cautividad. ..
espiral; cuando hay algo en ella que flota por Existen ya, en .nuestra América Latina, ci~~~­
encima de la muchedumbre; cuando entre las lu- des cuya grandeza material y cuya suma de clvih·
ces que se encienden durante sus noches está la zación aparente, las acercan con acelerado paso a
lámpaTa que acompaña la soledad de la vigilia in- participar del primer rango e.n el mundo. Es ne-
quietada por el pensamiento y en la que se incuba cesario temer que el pensamiento sereno que se
la idea que ha de sUTgir al sol del otro día con- aproxime a golpear sobre las exterioridades fas-
vertida en el grito que congrega y la fuerza que tuosas como sobre un cerrado vaso de bronce,
conduce las almas. sienta' el ruido desconsolador del vacío. Necesario
Entonces sólo, la extensión y la grandeza ma- es temer, por ejemplo, que ciuda~es cuyo no~bre
terial de la ciudad pueden dar la medida para fue un glorioso símbolo en Aménca; que tuvieron
calcular la intensidad de su civilización. Ciuda- a Moreno, a Rivadavia, a Sarmiento; que llevaron
des regias, soberbias aglomeraciones de casas, son la iniciativa de una inmortal revolución; ciuda-
para el pensamiento un cauce más inadecuado que des que hicieron dilatarse por toda la. extensión
la absoluta soledad del desierto, cuando el pensa- de un continente, como en el armomoso desen-
miento no es el señor que las domina. Leyendo volvimiento de las ondas concén~ricas que levan-
el Maud de Tennyson, hallé una página que po- ta el golpe de la piedra sobre el agua dor~ida,· la
dría ser el símbolo de este tormento del espíritu gloria de sus héroes y la palabra de sus tnbunos,
allí donde la sociedad humana es para él un gé- puedan terminar en Sidón, en Tiro, en Cartago.
nero de soledad. Presa de angustioso delirio, el A vuestra generación toca impedirlo; .a la
héroe del poema se sueña muerto y sepultado, a juventud que se levanta, san~e y músculo y. ~er­
pocos pies dentro de tierra, bajo el pavimento de vio del porvenir. Quiero cons1derarla persomflca-

132 133
da en vosotros. Os hablo ahora figurándome que su voluntad en el culto perseverante del porve-
sois los destinados a guiar a los demás en los nir. El pasado perteneció todo entero al brazo que
combates por la causa del ecpfritu. La perseveran- combate ; el presente pertenece, casi por comple-
to también, al tosco brazo que nivela y cowtru-
cia de vuestro esfuerzo debe identificarse en vues-
tra intimidad con la certeza del triunfo. No des- ye; el porvenir -un porvenir tanto más cer·
mayéis en predicar el Evangelio de la delicadeza cano cuanto má~ enérgicos sean la voluntad y el
a los escitas, el Evangelio de la intelig-encia a los pensamiento de los que le an•ían- ofrecerá, para el
beocios, el Evangelio del desinterés a los fenicios. desenvolvimiento de superiores facultades del al-
ma, la e~tabilidad, el escenario y el ambiente.
Basta que el pensamiento insista en ser -en
demostrar que existe, con la · demostración que lNo la veréis vosotro•, la América que no-
daba Diógenes del movimient~, pan que su sotros soñamos; hospitalaria para }as cosas del es-
píritu, y no tan ~ólo para la< muchedumbres que
dilatación sea ineluctable y para que su triunfo
sea seguro. se amoaren a e11a; pensadora, sin m enoscabo de
su aptitud para la acción; serena y firme a pesar
El . pensamiento fe conquistará, palmo a pal- de sus entusiasmo~ genero•os; resplandeciente con
mo, por su propia espontaneidad, todo el · espacio el encanto de una seriedad temprana y suave, co-
de que necesite para afirmar .y consolidar su rei- mo la que realza · lá expresión de un rostro in-
no, entre las demás manifestaciones de la vida. .fantil cuando en él se revela, al través de la gra-
:ti, en la organización individual, levanta y engran, cia intacta que fulgura, el pensamiento inquieto
dece, con su actividad continuada, ]a bóveda del .q ue · despierta?. . . Pensad · en ella a lo menos;
cráneo que le contiene. Las razas pensadoras reve- el . honor de vuestra historia futura depende de
lan en la capacidad creciente de sus cráneos, ese que tengáis constantemente ante los ojos del. al-
empuje del obrero interior. :ti, en la organización ma la visión de esa América regenerada, cermén-
social, sabrá también engrandecer la capacidad de dose de lo alto sobre las realidades del presente,
su escenario, sin necesidad de que para ello in- como en la nave gótica el vasto rosetón que arde
tervenga ninguna fuerza ajena a él mismo. Pero en luz sobre lo austero de los muros sombríos.
tal persuasión que debe defenderos de un desa- No seréis sus fundadores, quizá; seréis los pre-
liento cuya única utilidad consistiría en eliminar ·cursores que inmediatamente la precedan. En _las
a los mediocres y los pequeños, de la lucha, debe sanciones glorificadoras del futuro, hay también
preservaros también de las impaciencias que exi- palmas para el recuerdo de los precursores. Ed-
gen vanamente del tiempo la alteración de su ritmo gar Quinet, que tan profundamente ha penetra-
imperioso. do ·en las armonías de la historia y la naturaleza,
Todo el que se consagre a propagar y defen- observa que para preparar el advenimiento de un
der, en la América contemporánea, un ideal de- nuevo tipo humano. de una nueva unidad so-
sinteresado del espíritu -arte, ciencia, morál, sin~ cial, de una personificación nueva de la ci~iliza­
ceridad religiosa, política de ideas-, debe educai ción, suele precederles de lejos un grupo d1sper-

135
134
so y prematuró, cuyo papel es análogo en la Yida esfuerzo, que baste el tiempo concedido a la du-
d e las Yociedades al de las especies pmfétícas de ración de una generación humana para llevar en
que a propósito de la evolución biológica habla América la• condiciones de 1a vida intelectual,
H éer. El tipo nuevo empieza por sig-nificar, ape- desde la in cipiencia en que las tenemos ahora, a
nas. diferencias individuales y aisladas: los indi- la c<1 tegorfa de un verdadero interés social y a una
vidualismos re organizan má• tarde en "variedad"; n1m bre que de veras domine. Pero, donde no ca·
y por último. la variedad encuentra para propa- be la transformación total, cabe el progreso; y
g-arse un m ed io que la favorece, y entonces ella aun cuando supierais que las primicias del sue-
asciende quizá al rango específico: entonces -di- lo penosamente trabajado, no habían de servirse
gámoslo ron las palabras de Quinet- el grupo en vuestra mesa jamás, ello sería, si mis genero-
se hace muchedumbre, y reina. ~os, si sois fuertes, un nuevo estímulo en la inti-
He ahí por qué vue•tra filosofía moral en midad de vuestra conciencia. La obra mejor es la
el trabaio y el combate debe ser el reverso del que •e realiza sin las impaciencias del éxito inme-
cartJe diem horaciano: una filosofía que no se diato; y el más glorioso esfuerzo es ·el que pone
adhiera a lo presente ~ino como al peldaño don- la esperanza más allá del horizonte visible; y la
de afirmar el pie o como a la brecha por donde abnegación más pura es la que se niega en lo
~ntrar. en muros enemigos. No aspiraréis, en lo presente no ya la compensación del lauro y el ho-
mmechato, a la consagración de ]a victoria defi- nor ruidoso, sino aun la voluptuosidad moral que se
nitiva, ~ino a procuraros mejores condiciones de solaza en la contemplación de la obra consumada
lucha. Vuestra energía viril tendrá con ello un y el término seguro.
estímulo más poderoso; pue~ to que hay la vir- · Hubo en la Antigüedad altares para los "dio-
tualidad de un interés dramático mayor, en el ses ignorados". Consagrad una parte de vuestra
desempeño de ese papel, activo esencialmente, de alma al porvenir d esconocido. A medida que las
renovación y de conquista, propio para acrisolar sociedades avanzan, el pensamiento del porvenir
las fuerzas de una generación heroicamente do- entra por mayor parte como uno de los factores
tada, que en la serena y olímpica actitud que sue- de su evolución y una de las inspiraciones de sus
le~ .las edades de oro del espíritu imponer a los obras. Desde la imprevisión oscura del salvaje,
of1~1antes solem~es de su gloria. "No es la po· que sólo divisa del futuro lo que falta para ter-
ses1_ón de los bienes -ha dicho profundamente minar de cada período de wl y no conobe cómo
Tame, hablando de las alegrías del Renacimien- los días que vendrán pueden ser gobernados en
t?~; no es la posesión de bienes, sino su adqui- parte desde el pre~ente, hasta nuestr~ preocup~­
sició_n, . lo que da a los hombres el placer y el ción solícita y previsora de la postendad, media
sentimiento de su fuerza." un espacio inmenso, que acaso parezca breve y
Acaso sea atrevida y candorosa esperanza creer miserable algún día. Sólo somos capaces de pro-
en un aceleramiento tan continuo y dichoso greso en cuanto lo wmos de adapta1' nuestros ac-
de la evolución, en una eficacia tal de vuestro tos a condiciones cada vez más distantes de nosO·
136 JJ7.
tros, en el espacio y en el tiempo. La seguridad Eliminando la sugestión del interés egoísta
de nu estra intervención en una obra que haya de de la• almas, el pensamiento impirado en la preo-
sobrevivimos, fructificando en los beneficios del cupación por destinos ulteriores a nuestra vida,
futuro, realza nuestra dign idad humana, hacién- todo lo purifica y serena, todo lo ennoblece; y es
donos triunfar de la ~ limitaciones de nuestra na- un alto honor de nuestro siglo el que la fuerza
tnraleza. Si. por desdicha, la humanidad hubiera obligatoria de esa preocupación por lo futuro, el
·de desesperar definitivamente de la inmortalidad •entimiento de esa elevada imposición de la dig-
de la conciencia individual, el sentimiento más nidad del ~er racional, se hayan manifestado tan
relhdo~o con que podría mstituirla sería el que claramente en él, que aun en el seno del más
nace de pensar que, aun después de disuelta nues- absoluto pesimismo, aun en el seno de la amarga
tra alma en el seno de las cosas, persistiría en la filosofía que ha traído a la civilización occiden-
herencia que ~e trasmiten las generaciones huma- tal, dentro del loto de Oriente, e1 amor de la di-
nas lo mejor de lo que ella ha sentido y ha so- solución y la nada, la voz de Hartmann ha predi-
ñado, su esencia más íntima y más pura, al modo cado, con la apariencia de la lógica, el austero de-
como el rayo lumfnico de la ·estrella extinguida ber de continuar la obra del perfeccionamiento, de
persiste en · lo· infinito y desciende a acariciamos trabajar en beneficio del porvenir, para que, ace-
con m melancólica luz. lerada la evolución por el e<fuerzo de los hombres,
El ·porvenir es en la· vida de las sociedades llegue ella con más rápido impulso a su término
humanas ·el · pensamiento idealizador por excelen- final, que será el término de todo dolor y toda
cia. De la veneración piadosa del pasado, del cul- vida.
to de lá tradición, por una parte, y por la otra Pero no, como Hartmann, en nombre de la
del atrevido impulso hacia lo venidero, se com- muerte, sino en el de la vida misma y la esperan-
pone la noble fuerza que levantando el espíritu za. yo os pido una parte de vuestra alma para la
colectivo sobre la• limitaciones del pre~ente co- obra del futuro. Para pedíroslo, he querido ins-
munica a las agitaciones y los sentimientos sociales pirarme en la imagen dulce y serena de mi
un sentido ideal. Los hombres y los pueblos tra- Ariel. El bondadoso genio en quien Shakespea-
ba ian, en el sentir de Fouiiiée, ba io la inspira- re acertó a infundir, quizá con la divina incons-
ción de las ideas, como los irracionales bajo la ciencia frecuente en las adivinaciones geniales, tan
inspiración de los instintos; y la sociedad que lu- alto simbolismo, manifiesta claramente en la es-
cha y se esfuerza, a veces sin saberlo, por impo- tatua su significación ideal, admirablement~ tra-
ner una idea a la realidad, imita, según el mismo ducida por el arte en líneas y contornos. Anel es
pensador, la obra instintiva del pájaro que, al la razón y el 5entimiento superior. Ariel es este
construir el nido ba io el imperio de una imagen sublime instinto de perfectibilidad, por cuya vir-
interna que le obsede, obedece a la vez a un . re- tud se matmifira y convierte en centro de las co-
cuerdo inconsciente del pasado y a un presenti- sa~. la arcilla humana a la que vive vinculada su
miento misterioso del porvenir. luz -la miserable arcilla de que los genios de

138 139
Arimanes h ablaban a l'vianfredo-. Ariel es, para la e invocan en la realidad. Su benéfico imperio al-
Naturaleza, el excelso coronamiento de su obra canza, a veces, aun a los que le niegan y le des-
q ue hace terminarse el proceso de ascensión d~ conocen. Él dirige a menudo las fuerzas CJegas del
las formas organ izadas, con la llamarada del es- mal y la barbarie para que concurran, como las
píritu. Arie_l triu nfa nte, ~ ignifi ca idealidad y or- otras, a la obra del bien. É l cruzará la historia
den en la v1da, noble inspiración en el pcwamien- humana, entonando, como en el drama de Sha-
to, desinterés en moral, buen gusto en arte, he- kespeare, su canción melodiosa, para animaT a los
roísmo en la acción, delicad eza en las costumbres. que trabajan y a los que lucha n, h a~ ta que el
ti e~ el héroe _epónimo en la epopeya de la cumplimiento del plan ignorado a que obedece le
especie; él e~ e~ 1~m o~ta l protago~ista; desde que permita -cual se liberta, en el drama, del ser-
con su presencia msp1ró los débiles esfuerzos de vicio de Próspero-, romper sus lazos materiales
racionalidad del hombre prehistórico, cuando por y volver para siempre al centro de su lumbre
primera vez dobló la frente o>cura para labrar el divina. 1
pedemal o dibujar" una grosera imagen en los Aun más que para mi palabra, yo exijo de
huesos de reno; d esde que con sus alas avivó la vosotros un dulce e indeleble Tecuerdo para mi
h oguera sagrada que -el ario primitivo, progeni- estatua de Ariel. Yo quiero que la imagen leve y
tor de los pueblos civilizadores, amigo de la luz graciosa de este bronce se imprima desde ahora
encendía en el mi<terio de las selvas del Ganges: en la más segura intimidad de vuestro espíritu.
para forj ar con su fuego divino el cetm -d e la ma- Recuerdo que una vez que observaba el mo-
jestad humana, hasta que, dentro ya de las netario de un museo, provocó mi atención en la
razas superiores, se cierne deslumbrante sobre las leyenda de una vieja moneda la palabra Espemn-
almas que han extralimitado las cimas na turales za, medio borrada sobre la palidez decrépita del
de la humanidad: lo mismo sobre los héroes del oro. Considerando la apagada inscripción, yo me-
pensamien to y el ensueño que sobre los de la ac- ditaba en la posible realidad de su influencia.
ción y el sacrificio; lo mismo sobre Pla tón en el ¿Quién sabe qué activa y noble parte sería justo
promontorio de Súnium que sobre San Francisco de atribuir, en la formación del carácter y en la vi-
Asís en la· soledad de Monte Albernia. Su fuerza da de algunas generaciones humanas, a ese lema
incontrastable tiene por impulso todo el movimien- sencillo actuando sobre los ánimos como una in-
to ascen~ente de la vida. Vencido una y mil veces sistente sugestión ? ¿Quién sabe cuántas vacilantes
-p or la mdomab~é rebelión de Calibán, proscri- alegrías persistieron, cuántas generosas empresas
to por la barbane vencedora, asfixiado- en el - hu- maduraron, cuántos fatales propósitos se desvane-
mo de las batallas, manchadas las alas transpa- cieron, al chocar las miradas con la palabra alen-
re~tes al roza_r el "eterno estercolero de Job", tadora, im presa, como un gráfico grito, sobre el
Anel resu rge mmortalmente, Ariel recobra su ju- disco metálico que circuló de ma no en m ano? . ..
ventud y su hermosura, y acude ágil, como al man- Pueda la imagen de este bronce - troquelados
dato de Próspero, al llamado de cuantos le_aman vuestros corazon es con ella- desempeñar en vues-

141
tra vida el mismo inaparente pero decisivo pa- en co;as graves, que un alma santa ha comparado
pel. Pueda ella, en las horas sin luz del desalien- exquisitamente a la caída lenta y tranquila del
to, reanimar en vuestra conciencia el entusiasmo rocío sobre el vellón de un cordero. Cuando
por el ideal vacilante, devolver a vuestro cOTazón el áspero contacto de la muchedumbre les devol-
el calor de la esperanza perdida. Afirmado pri- vió a la realidad que les rodeaba, era la noche ya.
mero en el baluarte de vuestra vida interiOT, Una cálida y serena noche de estío. La gracia y
Ariel se lanzará desde allí a la conquista de las la quietud que ella derramaba de su urna de éba-
almas. Yo le veo, en el porvenir sonriéndoos con no sobre la tierra, triunfaban de la prosa flotan-
gratitud, desde lo alto, al sumergirse en la som- te sobre las cosas dispuestas por manos de los
bra vuestro espíritu. Yo creo en vuestra voluntad, hombres. Sólo estorbaba para el éxtasis la pre-
en vuestro esfuerzo; y más aún, en los de aquellos sencia de la multitud. Un soplo tibio hacía estre-
a quienes daréis la vida y transmitiréis vuestra mecerse el ambiente con lánguido y delicioso aban-
obra. Yo suelo embriagarme con el sueño del día dono, como la copa trémula en la mano de una
en que las cosas reales harán pensar que ¡la cor- bacante. Las sombras, sin ennegrecer el cielo pu-
dillera que se yergue sobre el suelo de América rísimo, se limitaban a dar a su azul el tono oscuro
ha sido tallada para ser el pedestal definitivo de en que parece expresarse una serenidad pensado-
esta estatua, para ser el ara inmutable de su ve- ra. Esmaltándolas, los grandes astros centelleaban
neración! en medio de un cortejo infinito; Aldebarán, que
ciñe una púrpura de luz; Sirio, como la cavidad
Así habló Próspero. Los jóvenes discípu- de un nielado cáliz de plata volcado sobre el mun-
los se separaron del maestro después de haber es- do; el Crucero, cuyos brazos abiertos se tienden
trechado su mano con afecto filial. De su suave pa- sobre el suelo de América como para defender una
labra, iba con ellos la persistente vibración en
última esperanza . ..
que se prolonga el lamento del cristal herido, en
Y fue entonces, tras el prolongado silencio,
un ambiente sereno. Era la última hora de la tar-
cuando el más joven del grupo, a quien llamaban
tancia, en medio de discreta penumbra, y, to.
"Enjolrás" por su ensimismamiento reflexivo, dijo,
de. Un rayo del moribundo sol atravesaba la es-
señalando sucesivamente la perezosa ondulación
cando la frente de bronce de la estatua, parecía
del rebaño humano y la radiante hermosura de
animar en los altivos ojos de Ariel la chispa in-
la noche:
quieta de la vida. Prolongándose luego, el rayo
-Mientras la muchedumbre pasa, yo observo
hacía pensar en una larga mirada que el genio, pri-
sionero en el bronce, enviase sobre el grupo ju- que, aunque ella no mira al cielo, el cielo la mi-
venil que se alejaba. Por mucho espacio mar- ra. Sobre su masa indiferente y oscura, como tie-
chó el grupo en silencio. Al amparo de un reco- rra del surco, algo d esciende de lo alto. La vibra-
gimiento unánime, se verificaba en el espíritu de ción de las estrellas se parece al movimiento de
todos ese fino destilar de la meditación, absorta unas manos de sembrador.

142 1-13
, tamos por esos revoltosos comienzos, porque sa-
AMERICA Y EUROPA bemos que ellos son, en los pueblos como en los
hombTes, la condición de la niñez. Tuvimos el
Fragmento del discurso en ocasión de la vi- arranque atrevido de optar por la libertad; hace-
sita de Anatole France a Montevideo, en 1909, mos su duro aprendizaje: tal es nuestra historia.
recogido con el título de "A Anatole France", en Y como, entre las cualidades excelsas de vuestro
El Mirador de Próspero, 1913. espíritu pensador, cuéntase la de la comprensión
Hermoso triunfo de la solidaridad humana es amplia y generosa, que mira de lo alto y llega
que las sociedades vinculadas por los principios ha; ta el fondo de las cosas y de las almas, sabe-
· esenciales de una civilización común, aunque se mos ya que aplicáis a nuestra indómita inquietud,
interpongan entre ellas la distancia mat~rial o las tan duramente juzgada de ordinario, ese criterio
. diferencias de la raza y la lengua, constituyan ya, de benevolencia y de esperanza,
para las altas manifestaciones del espíritu, un vas- Podría personificarse el genio de esta turbu-
to y único escenario, donde se difunden, del uno lenta América Latina, tal como se ha manifestado
al otro extremo, la voz propagadora de verdad o hasta hoy, en aquel belicoso niño griego que el
belleza y el coro de simpatía y entusiasmo que poeta de las Orientales imaginó entre las ruinas
responde a esa voz y la multiplica. Las naciones calcinadas de Chío, después de pasar el invasor,
latinoamericanas, últimas, por su poca edad, en y que, preguntado por el pasajero sobre la pren-
incorporarse a esa grande unidad ideal, co~po­ da que lograría contentarle -flor delicada, sa-
nen, dentro de ella, un grupo atento y entusiasta, broso fruto o ave melodiosa-, contestaba pidien·
el más entusiasta quizá, porque lo inspira el fer- do, con ademán heroico, "pólvora y balas". "Pól-
vor del noviciado y porque pone en su atención vora y balas" nos habéis oído pedir, aquejados de
e interés la secreta esperanza de que surgirán de fatal e inaplacable deseo. Pero lo que acaso no co.
su seno las voces soberanas del porvenir. nocíais suficientemente es que, a pesar del vértigo
Del pueblo en que os encontTáis, acaso sólo que nos ha arrebatado, y aprovechando las tre•
había llegado hasta vos, en rumor apagado y con- guas precarias y luctuosas, hemos aspirado, con in-
fuso el eco de las discordias civiles que, renován- cesante y no siempre estéril afán, a saber, a com-
dose con porfiado encono, han dado tan claras prender, a admirar, y también a producir; hemos
pruebas de nuestro valor como dudosas de nues- reconstruido cien veces los fundamentos de cul-
tra madurez politica. Éste ha sido ante el mundo tura arrebatados por el huracán de las discordias;
el testimonio de nuestra existencia. ¡Testimonio hemos tendido, en· una palabra, a la luz, con la
demasiado violento, sin duda! Pero nosotros, que fidelidad inquebrantable de la planta que, arrai-
queremos la organización y la paz, y que marcha- gada en sitio oscuro, dirige sus ramas anhelantes
mos definitivamente, y con fe profunda, a con- hacia el resquicio por donde penetra, pálida y
quistarlas, no nos avergonzamos ni nos desalen- escasa, la claridad del día. Y bien: esta concien-

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145

10
cia tic Jos deberes de la civilización, este sentimien- ne su personalidad inhibida, sino como el alumno
LO de dignidad intelectual, que, a pe~ar de todo, reflexivo y atento, para quien la palabra magis-
ha velado en nuestro espíritu, es lo que nos ase- tral, lejos de ser yugo que oprime, es, por el con-
gura que el triunfo será nuestro en la lucha con trario, impulso y sugestión que estimulan a in-
los fieros resabios del pasado. Ceci tuera cela: es- vestigar y pensar por cuenta propia. ·
to ma tará aquello; y ya está cercana la hora en
que el niño h eroico del poeta no pedirá más al
pasajero con airado gesto, "pólvora y balas", sino
DEL POSITIVISMO AL IDEALISMO
que aceptará, sonriente, de sus manos, la flor de- EN HISP A.NOAMERICA
licada y el ave me lodio~a, dmbolos de belleza y
Fmgmento del ensayo dedicado al libro Idola
mansedumbre. Fori, del colombiano Carlos At·turo Torres> en 1910>

En su obra lenta y penosa de cultura, estos recogtdo con el título de "Rumbos Nuevos", en El
pueblos de América han sido forzosameute, hasta Mirador de Próspero, 1913.
hoy, tributarios del e~píritu europeo. El faro orien-
tador que razas predestinadas fijaron, hace milla- Otro de los rasgos fisonómicos del pensamien-
res de años, en las costas del Mediterráneo, azul to hispanoamericano, en el momento presente, es
y sereno, orlándolo con las ciudades creadoras de la vigorosa manifestación del sentido idea lista de
la civilización, permanece aún allí, sin que otra la vida; la frecuente presencia, en lo que se pien-
luz haya eclipsado sus fulgores. Somos aún, en sa y escribe, de fines espirituales; el interés con-
ciencia y arte, vuestros tributarios; pero lo somos sagrado a la faz no material ni utilitaria de la
con el designio íntimo y perseverante de reivin- civilización. Corresponde esta nota de vuestra vi-
dicar la autonomía de nuestro pensamiento, y hay da mental al fondo común de sentimientos e
ya presagios que nos alien tan a afirmar que va- ideas por que nuestro · tiempo se caracteriza en
mos rumbo a ella. Aspirando eficazmente a al- el mundo. No cabe dudar de que las más intere-
canzarla os demostraremos a los que ejercéis des- santes, enérgicas y originales direcciones del es-
de vuestras cátedras ilustres el magisterio de nues- píritu contemporáneo, en su labor de verdad y
tra cultura, que hemos aprovechado vuestras lec- de belleza, convergen dentro de un carácter de
ciones y vuestros ejemplos. Consideramos los ame- idealismo, que progresivamente se define y pro-
ricanos que nuestra emancipación no está termina- paga. Así lo reconoce, en más de una ocasión, el
da con la independencia política, y la obra en que escritor colombiano; ya refiriéndose, al empezar,
hoy esforzadamente trabajamos es la de comple- a la "sutil esencia de idealismo" que se evapora
tarla con nuestra emancipación espiritual. Os es- del conjunto de la actividad filosófica y científi-
cuch amos y admiramos, pues, a vosotros, los maes- ca de nuestra época, ya finalizando con la afirma-
tros lejanos, no como el siervo que h a abdicado ción de la existencia de un "renacimiento idea-
su personalidad, ni como el hipnotizado que tie- lista" que aspira a producir una "superior con-

146 147
ciencia de la humanidad'', como resultado de una ejemplo, a vencer el espacio que en Francia se-
múltiple corriente de revaluación de valores in- para la vana agitación de la Segunda R epública,
telectuales y morales. de la sabia firmeza del oportunismo republicano
Si retrocedemos a señalar el punto de don- que llegaba al poder confesándose, ·por labios de
de e. ta universal ·revolución del pen,amicnto toma G<t mbetta, "libre y desinteresado servidor del po-
su impulso, en parte como reacCión, en parte co- sitivi-mo".
mo ampliac1ón, lo hallaremos en las postreras ma- Es indudable, además, que si el esph itu po-
nifestacwnes de la tendencia netamente positivis- sitivista se <aborea en las fuentes, en las cumbre",
ta que ejerció el imperio de las ideas, de.de que un Comte o un Spencer, un Taine o un Renan,
comenzaba hasta que se acercaba a su término la la soberana calidad del pensamien to y la alteza
segunda mitad del pasado siglo. Expone Taine constante del punto de mira infunden un senti-
que cuando, en dete-rminado momento de la his- miento de estoica idealidad, exaltador, y en nin-
toria, surge una "forma de espíritu original", esta gún caco depresivo, de las más nobles facultades
forma produce, encadenadamente y por su radi- y las más altas aspiraciones. Pero sin detenernos
cal virtud, "una filosofía, una literatuTa, un ar- a considerar de qué manera y en qué grado pudo
te, una ciencia", y agreguemos nosotros, una con- el positivi~mo degenerar o estrecharse en la con-
cepción de la vida práctica, una moral de hecho, ciencia europea, como teoría y como aplicación,
una educación, una política. El positivismo del y volviendo la mirada a nuestros pueblos, nece-
siglo XIX tuvo esa multiforme y sistemática reen- sario es reconocer que aquella revolución de las
carnación; y así como en el orden de la ciencia ideas fue, por lo general, entre nosotros, tan po-
condujo a corroborar y extender el método expe- bremente interpretada en la doctrina como bas-
rimental, y en literatura y arte llevó al reali~mo tardeada en la práctica. El sentido idealista y ge-
naturalista, así, en lo que respecta a la realidad neroco que comtianos como Lagarrigue infundie-
política y social, tendió a entronizar el criterio ron en su predicación, más noblemente inspirada
utilitario, la subordinación de todo propósito y que bien comprendida y eficaz, no caracteriza la
actividad al único o supremo objetivo del interés índole del positivismo que llegó a propagarse, y
común. La oportunidad histórica con que tal "for- aun a divulgarse, en nuestra América. Fue éste
ma original de espíTitu" se manifestaba, es evi- un empirism<;> utilitarista de muy baio vuelo y
dente; ya en el terreno de la pura filosofía, don- de muy mezquina capacidad, como hecho de mol-
de vino a abatir idealismos agotados y estériles; de para halagar, con su aparente claridad de ideas
ya en el de la imaginación artística, a la cual li- y con la limitación de sus alcances morales y so-
bertó después de la orgía de los románticos, de ciales, las más estrechas propensiones del sentido
fantasmas y quimeras; ya, finalmente, en el de la común. Por lo que se refiere al conocimiento, se
práctica y la acción, a las que trajo un contacto cifraba en una concepción supenticiosa de la cien-
más íntimo con la realidad, contribuyendo, por cia empírica, como potestad infalible e inmuta-

148 149
ble, dominadora del misterio del mundo y de la sofía que habían aprendido, predicaban la imi-
esfinge de la conciencia, y con virtud para lograr tación de su propia natmaleza. I maginaron que
todo bien y dicha a los h ombres. En lo tocante a descubrían un mundo, y que este mundo era la
la acción y al gobierno de la vida, llevaba a una tierra misma: el suelo firme y seguro de la reali-
exclusiva consideración de los intereses materia- dad, de donde las generaciones an teriores habían
les; a un concepto rebajado y mísero del destino vivido ausentes, y que era menester rehabilitar co-
humano; al menosprecio, o la falsa comprensión, mo habitación de los hombres. La energía inte-
de toda actividad desinteresada y libre; a la in- rior, la facultad dominante, que para ello preco-
diferencia por todo cuanto ultrapasara los límites nizaban, era un sentido p1·áctico abstraído de toda
de la finalidad inmediata que se resume en los noción ideal que lo refiriese, como instTUmento
términos de lo práctico y lo útil. o medio de hacer, a algún supremo término de
Estas dos nociones, tan interesantes y necesa- desinterés, de justicia o de belleza; sentido p1·ác-
rias dentro del orden y trabazón de ideas en que tico que orientándose, como el buen sentido de
se encuadra una voluntad . bien regida, son ídolos Sancho, -e n exclusiva persecución de lo útil, si al-
groseros si se las .observa campear, sueltas y eman- guna vez padecía quiebras y eclipses había de
cipadas de todo principio superior, en. la concien- ser, como en el inmortal escudero, para desviarse
cia del vulgo. En general, nada. de.be temerse más en dirección de esos quijotismos de la utilidad que
q11e los efectos d~ la defprm~ción <;le ~:iertas i<;leas fingen ínmlas y te>oros donde el quijotismo de
arriesgadas y confundibles, o ya . originaria:ment~ lo ·ideal finge Dulcineas, . castillos y gigantes.
viciosas, cuando se apoderan de ellas la mediocri- Relativamente a la peculiar situación de nues-
dad de espíritu y la mediocridad de corazón, para tros pueblos, estas tendencihs encerraban peligros
disfrazar de conceptos capaces de sostenerse y .pro- que no eran bastantes a compensar el efecto de sa-
pagarse a plena luz, las condiciones de su perso- ludable eliminación que, por otra parte, produci-
nal inferioridad. Esto, de que puede señalarse ac- rían (ya que no falta nunca alguna relación be-
tualmente un ejemplo en la deplorable boga del néfica en lo fundamentalmente pernicioso), sobre
egoísmo aristocrático de · Nietzsche, convertido en idealismos quiméricos y sueños · impotentes y va-
patente de corso para la franca expansión de la gos. Desde luego, toda obsesión utilitarista, todo
desatinada soberbia de los necios y de lá miseria desfallecimiento de las energías que mantienen el
de alma de los viles, pasó también con la difusión timón de la nave social en derechura: a un objeto
en-tusiástica de la idea de utilidad. · Las medianí~s superior al interés del día que pasa, habían de
ineptas, por su pobreza de vida espiritual, para ejercer tanto más fácil y avasallador influjo en
comprender aspiración más alta · que las que cir- el espíritu de democracias nuevas, donde la marea
cunscribe el interés positivo, acogieron· con júbilo utilitaria no encontraría la resistencia de esas po-
un criterio que interpretaban como la confirma- derosas fuerzas de idealidad inmanente que tie-
ción de que, allí donde nada veían ellas, nada nen fijas, en los pueblos de civilización secular,
exittía sino vanidad; y creyendo predicar la filo- la alta cultura científica y artística, la selección

150 151
de clases dirigentes y la nobleza con que obliga leían nuevos libros, y releían aquellos que habían
la tradición. A esto hay qu e a¡:!;regar, todavía, cir- dado fundamen to a su criterio, para interpretarlos
cunstancias de época. Comenzaba en esta~ socie- mejor y ver de ampliar su sentido y alcance. Hay
dilnf's el impulso de engnndecimien to material y en I do/a Fori un capítulo donde se indican al-
económico, y como sugestión de él, la pasión gu nas d e las fuentes de la tran•ició.n que Figu ió
de bienestar y riqueza, con su corteio de frivoli- a esto. comentá ndose el estudio que de la evolu-
dad sensual y de cini•mo epicúreo: la avidez de ción de las ideas en la América española, hizo,
oro, que, llevando primero a la forzada acelera- no ha mucho, Fran cisco Carda Calderón, en tra-
ción del ritmo del trabajo, concluía en el di•gusto bajo digno de su firme y cultivado talento. La
del trabajo, como har to lento prometedor, y lo lontananza idealista y religima del positivismo de
sustituía por la audacia de Ja especulación aven- R en a n; la sugestión inefable, de desinterés y sim-
turera. Eran Jos atios en que las líneas enérgicas patía, de la palabra de Guyau; el sentimiento he-
y airosa~ de la tradicional personalidad colectiva roico de Carlyle; el poderoso aliento de reconstruc-
empezflhan a e<fumarse, veladas por un cosmopoli- ción metafísica de R enouvier, Bergson y Bou-
tismo incoloro, y en que, en medio de la confusión troux; los gérmenes flotan tes en las opuestas rá-
de todo orden de prestigios y valores sociales, se fagas de T ólstoi y de Nietzsche; y como superior
apresuraba la formación de una burguesía adin e- complemento d e estas influ encias, y por acicate
rada y colecticia, sin ~entimiento patrio. ni deli- de ellas mismas, el renovado contacto con las vie-
cadeza moral, ni altivez, ni gusto. El gran Sar- jas e inexhaustas fuentes de idealidad de la cul-
miento, que alcanzó en su titánica veiez el des- tura clásica y cristiana, fueron estímulo para que
p~mtar ele esos tiempos, los llamó la época carta- convergiéramos a la orientación que hoy prevalece
gmesa. En semejante disposición de las conciencias en el mundo. El positivismo, que es la piedra
y las cosas, una corriente de ideas que ya ll evaba angular de nu estra formación intelectual, no es
en sí misma cierta penuria de energías enaltece- ya la cúpula que la remata y corona; y así como,
doras, no podía meno~ de empobrecerse y de ex- en la esfera de la especulación, reivindicamos, con-
tremarse en sentido utilitario y terre d terre; y no tra los muros insalvables de la indagación positi-
fue otro, en efecto, el carácter de nuestro positi- vista, la permanencia indómita, la sublime terque-
vismo. dad del anh elo que excita a la criatura humana
Entre tanto, generaciones nuevas llegaban. a en cararse con lo fundamental del criterio que
Educadas bajo el dominio de tales direcciones se la envuelve, así, en la esfera de la vida y en el
asomaban a · avizorar fuera de ella~. con ese ins- criterio de sus actividades, tendemos a restituir a
tinto que mueve a cada gen eración humana a las ideas, como norma y obj eto de los humanos
separar de lo anterior y aceptado, alguna parte de propósitos, muchos de los fueros de la soberanía
sus ideas. Ponían el oído a las primeras vagas ma- que les arrebatara el desbordado empuje de la
nifestaciones de una transformación del pensa- utilidad. Sólo que nuestro idealismo no se parece·
miento en los pueblos maestros de la civilización; al idealismo de nuestros abuelos, los espiritualis-

152 15)
tas y románticos ele 1_830, los revolucionarios y adquiere tal brío, su riqueza se acrecienta en tal
utopiftas de 1 84~. Se mterpo_n~,. entre ambos ca- medida, su civilización se admila con tal facilidad
racteres de ideahclad, el positiVIsmo de nuestros Jos elementos convenientes para integrar un orga-
padres. Ninguna enérgica dirección del pensamien- nismo de cultura propia y cabal, que el noble
to pasa sin dilatarse de algún modo dentro de orgullo colectivo empieza a florecer en ellos de
aquella que la sustituye. La iniciación positivista la manera natural y espontánea con que toda
dejó en nosotros, para lo especula tivo como para fuerza juvenil tiende a hacer alarde de sí misma.
lo de la práctica y la acción, su potente sentido Lejos de ser reprensible, e1'e sentimiento es u na
de relatividad; la justa consideración de las rea- energía necesaria que complementa las demás y
lidades terrenas; la vigilancia e imistencia del es- un estímulo precioso con que obrar en el espíritu
píritu crítico; la desconfianza para las afirmacio- del pueblo, magnificando su capacidad como ar-
nes absolutas; el respeto de las condiciones de tífice de sus propios destinos.
tiempo y de lugar; la cuidadosa adaptación de Natural es también que ese orgullo colectivo
los medios a los fines; el reconocimiento del va- se concrete en la idea y la figuración del porve-
lor del hecho mínimo y del esfuerzo lento y pa- nir. Si. l).ay algún sentimiento esencialmente ame-
ciente en cualquier género de obra; el desdén de
ricano es, . $in duc;Ia, el sentimiento del porvenir
la intención ilusa, del arrebato estéril, de la vana abierto, prometedor, ilimitado, del que se espera
anticipación. Somos los neo-idealistas, o procura- la plenitud de la fuerza, de la gloria y del poder~
mos ser, como el nauta que yendo, desplegadas La formación de los pueblos de nuestro continen-
las velas, mar adentro, tiene confiado el timón a te como naciones libres ha coincidido con el auge
brazos fi rmes, y muy a mano la carta de marear, universal de esa concepción del progreso indefi-
y a su gente muy disciplinada y sobre aviso con- nido, que, extraña a toda filosofía histórica an-
tr a los engaños de la onda. terior al siglo XVIII, halló su fórmula primera
en Condorcet y ha atravesado triunfalmente todas
LA TRADICION EN LOS las transformaciones de ideas de la última centu-
PUEBLOS HISPANOAMERICANOS ria, siendo hoy mismo como una fe sustan tiva de
las creencias religiosas en el espíritu de las mu-
Articulo publicado en La Prensa, Buenos Ai- chedumbres y en gran parte de los que se levan-
res, el J? de enero de 1915. (Véase la citada edi- tan sobre éstas. Más o menos entremezclada de
ción de Obras Completas de Rodó, págs. 1203 ilusión y de candor, no puede desconocerse lo que
y siguientes.) esa idea encier ra en sí de estímulo eficaz para
1 las humanas energías y de inspiración poética y
Cada año que pasa, la conciencia de estos pue- ensoñadora con que alentar los vuelos de la ima-
blos de América Latina se entona con un senti- ginación,. eterna amiga de las treguas del trabajo
miento más firme y seguro de la grandeza de su y del combate.
porvenir. La expansión de sus energías materiales Dejando de lado la evaluación de la parte

154 155
ele verdad que contenga esta tesis optimi'ta, y en- f determinando un divorcio y oposición casi abso-
carándola sólo en cuanto a su trascendencia ac- lutos entre el espíritu de su pasado y las normas
tiva y práctica, es fácil comprender que el vicio de su porvenir. Toda revolución humana significa,
a que naturalmente tiende, en medio de sus mu- por definición, un cambio violento, pero la vio-
chas influencias benéficas, es el del injur. to me- lencia del cambio no arguye que el orden nuevo
nosprecio ele la tradición; el del desconocimiento que con él se inicia no puede estar virtualmente
vano y funesto de la continuidad solidaria de las contenido en el antiguo y reconocer dentro de
generaciones humana~ ; el de la concepción del éste los antecedentes que lo hagan fácil de arrai-
pasado .Y el presente como dos enemigos en perpe- gar manteniendo la unidad histórica de un pue-
tua guerra, en vez de considerarlos en la relación blo. Revolucionario fue el origen de la indepen-
de padre a hijo o de dos obreros de sucesivos tur- dencia norteamericana, pero ella fundó un régi-
nos, dentro de una mi,ma ininterrumpida labor. men de instituciones que era el natural y espon-
Una idea manifiesta por entero lo que con- · táneo complemento de la educación colonial, de
tiene de exclusivo y de falso desde el momento las disposiciones y costumbres recibidas en heren-
que se organiza en partido y se convierte en ac- cia. En la América española, la aspiración de li-
ción. Es así como en el carácter y el desenvolvi- bertad, concretándose en ideas y principios de go-
miento de los partidos liberales y progrecistas de bierno que importaban una brusca sustitución de
Europa, durante el siglo XIX, puede observarse todo lo habitual y asimilado, abrió un abismo en-
bien aquella relativa falsedad implícita en la fi- tre la tradición y el ideal. La decadencia de la
losofía del progreso indefinido, falsedad que con- metrópoli, su apartamiento de la sociedad de los
duce, en último término, a la obra de escisión, pueblos generadores de civilización, hizo que para
artificial y violenta, de que da ejemplo el mo- satisfacer el anhelo de vivir en lo presente y
derno jacobinismo francés. Pero en Emopa el pa- orientar en dirección al porvenir, hubieran de va-
sado es una fuerza real y poderosa, la tradición lerse sus emancipadas colonias de modelos casi ex-
existe con pleno prestigio y plena autoridad. El clusivamente extraños, así en lo intelectual corno
desatentado impulso que pretende obrar sin ella, en lo político, en las costumbres corno en las ins-
encuentra en ella misma la resistencia que lo equi- tituciones, en las ideas como en las formas de ex-
libra y lo sujetq a un ritmo. En cambio, en los presión. Esa obra de asimilación violenta y angus-
pueblos jóvenes de América la tradición, enorme- tiosa fue y continúa siendo aún el problema, el
mente inferior como extensión y como fuerza, ape- magno problema de la organización hispanoame-
nas si lleva consigo un débil y precario elemento ricana. De ella procede nuestro permanente desa-
de conservación. sosiego, lo efímero y precario de nuestras funcio-
No es .sólo por su escaso arraigo en el tiempo nes políticas, el superficial arraigo de nuestra
por lo que la tradición carece de valor dinámico cultura.
en nuestra América. Es también por el tránsito ¿Fue una fatalidad ineludible esa radical es-
súbito que importó la obra de su emancipación, cisión entre las tradiciones de nuestro origen co-

156 157
lonial y los principios de nuestro desenvolvimien- heroico abolengo de la patria, al filtrarse en la
to liberal y progresista? ¿r\ o pudo evitarse esa es- memoria popular y adquirir la transfiguración de
cisión sino al precio de renunciar a incorporarse, la leyenda . .El pasado podía hablar ya con el pres-
con firme y decidido paso, al movimiento del tigio de los recuerdos que colorean un blasón y
mundo? ... A mi entender, pudo y debió evitarse encienden un orgullo colectivo. Por otra parte,
en gran parte, tendiendo a mantener todo lo que aquella pintoresca y original semicivilización cam-
en la herencia del pa, ado no significara un uer- pesina que, desde los últimos tiempos de la co-
za indomable de reacción o de inercia, y procu- lonia, animaba a las "cuchillas" S las pampas con
rando adaptar, hasta donde fuese posible, lo imi- el paso vagabundo del gaucho, mantuvo, por mu-
tado a lo p1 opio, la innovación a la costumbre. chos años todavía, a las mismas puertas de las
Acaso los resultados aparentes habrían requerido ciudades, un rico venero de color y de carácter
mayor concurso del tiempo; pero, sin duda, ha- social, que despertaba en estos pueblos la concien-
brlan ganado en solidez y en carácter de origina- cia de una originalidad histórica. Pero el aluvión
lidad. Los inspiradores y legisladores de la Revo- inmigratorio, después de confinar al fondo del de-
lución, repudiando en conjunto y sin examen la sierto ese vivo testimonio de una tradición nacio-
tradición de la metrópoli, olvidaron que no se p.al, concluyó por absorberlo y desvirtuarlo del
sustituyen repentinamente con leyes las disposi- todo, al paso que, en las centros urbanos, dilu-
ciones y los hábitos de la conciencia colectiva, y yendo en la indefinida multitud cosmopolita el
que, si por nuevas leyes puede tenderse a refor- genuino núcleo nativo, tendía a debilitar cuanto
marlos, es a condición de contar con ellos como ~uese sentimiento de origen, piedad filial para las
con una viva realidad. sosas del pasado, continuidad de caracteres y cos-
En las generaciones que siguieron a aquélla, tumbres.
una nueva fuerza hostil al sentimiento de tradi- Asistimos a ese naufragio de la tradición, y
ción se agregó a esa influencia del idealismo re- debe preocuparnos el interés social de que él no
volucionario. Me refiero a las corrientes de in- llegue a consumarse. El anhelo del porvenir, la
migración cosmopolita, incorporadas al núcleo na- simpatía por lo nuevo, una hospitalidad amplia
cional con empuje muy superior a la débil ener- y generosa, son naturales condiciones de nuestro
gía asimiladora de que el núcleo nacional era ca- desenvolvimiento; pero, si hemos de mantener al-
paz. Si la tradición de la colonia pudo ser desco- guna p ersonalidad colectiva, necesitamos recono-
nocida y rechazada por los americanos de la Eman- cernos en el pasado y divisarlo constantemente por
cipación, porque en el fragor de la pelea la ima- encima de nuestro suelto velamen. Para esa obra
ginaban irreconciliable con su sentimiento de la de conservación, todos los momentos traen su
patria, el transcurso del tiempo daba lugar a otra oportunidad; todas las actividades, aun las apa-
tradición, esencialmente vinculada a aquel senti- rentemente más nimias, ofrecen ocasión capaz de
miento, por cuanto nada de la idealización de ser aprovechada. Aparte de los grandes estímulos
los hechos y los hombres que representaban el de la historia propia, cultivada y enaltecida como

158 159
forma w~r~~a _del cult? nacional; aparte del ca- en el individuo, la ausencia de este valor hreduc-
rácter de IniCiación patnótica que debe tener, en- tible y soberano: ser algo propio, tener un carác-
tre sus más altos fines, la. enseñanza primaria y ter personal.
de. las energías que en la Imaginación y el senti-
~lent~ puede mover una literatura que se ins-
pire, sm mezquinas limitaciones, en el amor de LAS TIERRAS DEL PORVENIR
la " tierra", no hay manifestación de la actividad Frag~ento de la primera de las corresponden-
común donde no sea posible tender a conservar cias desde Italia que figuran en El Camino de
o restaurar una costumbre que encierre cierto va- Paros, fechada en octubre de 1916. (Su título or~­
~or. ca~~cterístico, cierta nota de originalidad, por ginario es "Recuerdos de Pisa"; en la citada edi-
tnSII?ni~lcante que parezca. La norma debe ser no ción de Obras Completas de Rodó, se le antepuso
sustituir ~n. ningú~ punto lo que constituye un el titulo de "Italia".)
rasgo tradiciOnal e mveterado sino a condición de
que sea claramente inadaptable a una ventaja a Noble es la tristeza de Pi~ a, pero por noble
un adelanto positivo. '
llega más a lo hondo del alma; y coi?o penetrado
Desde el aspecto mate-rial de las ciudades, en del llanto de las cosas -sunt lacrlma! rerum-
~quellas que aún conservan cierta fisonomía pecu- empezaba a sentirme excesivamente melancólico,
liar o qu_e_ pueden tender a recobrarla, sin dejar cuando he aquí que, de vuelta a mi alojamiento,
de magmficarse y embellecerse, hasta los usos y me envuelve de improviso una onda fervorosa de
las fo~mas de .la vida social, allí donde aún guar- juventud, de alegría, de entusiasmo. y de patria.
d_an c~e:to estilo, ~iertos vestigios de una elegan- Es un grupo de venezolanos, que s1guen en esta
Cia ongmal y prop1a; desde el culto doméstico de ilustre Universidad sus estudios de medicina y que,
l?s recuerdos hasta la inmunidad de las origina- conocedores de mi presencia, me forman, para mis
lidades populares en fiestas, faenas y deportes · restantes horas de Pisa, el más afectuoso y grato
des.de el salón hasta la mesa, todo puede contri: acompañamiento que yo hubiera podido imaginar.
bun a la afirmación de una "manera" nacional "Arielizamos" en sobremesa platónica; recor-
todo puede contribuir a arrojar su nota de colo; damos largamente la América lejana y querida, y
sobre el lienzo gris d e este cosmopolitismo que les oigo, con íntimo deleite, sobre aquel fondo ele
sube y se espesa en nuestro ambiente como una grandezas muertas, levantar los castillos de las tie-
bruma. rras del porvenir.
La p e.rsuasión que es necesaTio difundir, h as-
ta convertirla ~n sen~ido común de nuestros pue-
b~os, es que m _la nqueza, ni la intelectualidad,
n1 1~ cultura, m la fuerza de las armas, pueden
suplir en el ser de las naciones, como no suplen

160
161
III
AMERICANISMO
POLITICO
M-AGNA PATRI A
Artículo de 1905, recogido en El Mirador de
Próspero, 1913.
Cuando, universalmente, la noción y el senti-
miento de la patria se engrandecen y depuran,
abandonando entre ·las heces del tiempo cManto
encerraban de negativo ·y de estrecho, aquí, en los
pueblos hi~ panoameTicanos, bien puede afirmarse
que la identificación del concepto de la patria con
el de la ·nación o el estado, de inddo que la tierra
que ·haya de ·tonsiderarse· extraña empiece donde
los dominios nacionales acaban, impo·r taría algo
aun más pequeño que ~-n feti~hiSf!IO patri~tico: im-
portaría u n fetich ism~ Tegional o un fetichismo
de provincia. Porque si la comut_lidad del origen,
del idioma, de la tradición, de las cmtumbres, de
las instituciones, de los intereses, de los destinos h is-
tóricos; y la contigüidad geográfica, y cuanto pue-
d e dar fu ndamento Teal a la idea de una patria,
no bastan para que el lenguaje del corazón bo-
rre, entre nue~ tros pueblos, las convencionales fron-
teras y dé nombre de "patria" a lo que no lo es
en el habla de la política ¿dón~e hallar la fuerza
de la naturaléza o la voz de la razón, que sean ca-
paces de prevalecer sobre las artificiosas divisiones
humanas?
~a tria es, · pára los hispanoamericanos, la Amé-
rica española. Dentro del sentimiento de la patria
cabe el sentimiento de adhesión; no menos natural
e indestructible, a la provincia,_ a la región, a la

165
comarca; y p:ovincias, regiones o comarcas de aque- con el titulo de "La vuelta de Juan Carlos Gó·
lla ~:an patna nue~t~a, son las naciones en que ella mez", en El Mirador de Próspero, 1913.
polttrcame~te se drvrde. Por mi parte, siempre lo
he entendrdo así, o mejor, siempre lo he sentido Señores: Alta es la idea de la patria; pero en
así: La unidad política que consagre y encarne esa los pueblos de la América Latina, en esta viva ar-
umdad moral -el sueño de Bolívar-, es aún un monía de naciones vinculadas por todos los lazos
sueño, cu~a realidad .no verá n quizá las generacio- de la tradición, de la raza, de las instituciones, d el
nes hoy vivas. ¡Qué Importa! Italia no era sólo la idioma, como nunca las pTesentó juntas y abarcan-
"expre>i.ón geográfica" de Metternich, antes de que do .tan vasto espacio la historia del mundo, bien
la c?nstrt.uyeran en expresión política la espada de podemos decir que hay algo aun más alto que la
Ganbaldi y el apostolado de Mazzini. Era la idea, idea de la patria, y es la idea de la América: la
el numen de la patria: era la patria misma, con- idea de la América, concebida como una grande
sagrada por todos los óleos de la tradición, del e imperecedera unidad, como una excelsa y máxi-
de:echo y de la gloria. La Italia una y personal ma patria, con sus héroes, sus educadores, sus tri-
exrstía: menos corpórea, pero no menos real; bunos; desde el golfo de México hasta los hielos
menos tangible, pero no menos vibrante e intensa sempiternos del Sur.
que cuando tomó cólor y contÓ1:nos en el mapa d~ Ni Sarmiento, ni Bilbao, ni Martí, ni Bello, ni
las naciones.* · Montalvo, •on .los escritores de una.. u otra parte d e
AméTica, sino los ciudadanos de la intelectualidad
Al mismo aflo 1905 corresp~~de ~l siguienÚ americana.
~~~gmento del discurso en ocasión de la r~patria­
czon de los restos de Juan Carlos Gómez-. recogido
SOBRE AMERICA LATI NA
• Re~r?d.ujn íntegra esta misma página en un
mensaJe d1ng)do al Par aguay en mayo de 1913 con mo- Página publicada en Caras y Caretas, Buenos
tivo de una peregrinación patriótica de la ' juventud Aires, el 25 de a~osto de 1906. (Véase la citada edi-
urugc:aya al Solar de Arti.gas, en Asunción m ensaje no
recog1d0 hasta ahora en ninguna de ·Ias ediciones de ción de Obras Completas de Rodó, pág. 1185.)
sus Obras C'nmp~etas,. Recientemente lo ha exhumado
Ca:r:los Pa~torc, hJStonador par~guayo resi rlente en Mon- La América Latina será grande, fuerte y glo-
tevideo.. en la Revista de l a Bibliot eca N acional N9 2 riosa, si, a pesaT del cosmopolitismo que es condi-
Montevideo. mayo de 1969. El Mirador de Pr6sp~ro es~
tnba ~ntol?-.ces a punto de aparecer. Encabezando el ción necesaria de su crecimiento, logra mantener
~ensaJe. d1p Rodó: :•separo de un pr óxim o libro mío la continuidad de su historia y la originaJidad fun-
una l(ágm.a de amer1canismo :ferviente, una afirm ación
d~ rn1 ~e mquebr~n table en la unidad de la m agn" na- damental de la raza, y si, por encima de las fronteras
tria h!spanr.amf:'ricana para que ésa sea la palabra convencionales que la dividen en naciones, levanta
que me reprrsente y me recuerde en las :fiestas :fra-
tern~,les a los que m archa. jubilosa. la iuventud de mi su unidad superior de excelsa y máxima patria, cu-
país. DespuP.s de transcriptR aquella página, termina- yo espíritu haya de fructificaT un día en la realidad
b;¡ exaltando la herm andad entre el Uruguay y el Pa-
raguny, con ~~pecial recuerdo para el lazo constituido del sueño del Libertador: la m agna confederación
por la memor1a de Artigas. que, según él la anhelaba, anudaría sus indestru c-
i66 167
tibies lazos sobre ese Istmo de Panamá que una naron, en las ideas como en los acontecimientos,
política internacional de usurpación y de despojo declives que debían forzosamente conducir a las
ha arrancado de las de~pedazadas entrañas del pue- reivindicaciones del momento presente.
blo de Caldas y Arboleda. Cabe preguntar todavía 5Í este g~nero de rei-
vindicaciones, justificadas y oportunas en los paí-
ses de avanzado desarrollo industrial, mantienen su
LA CUESTION SOCIAL oportunidad tratándose de pueblos que, como los
EN A.MERICA de nue<tra América, no han pasado aún del apren-
Fragmento del estudio "Del trabajo ·obrero en dizaje de la industria y están lejos del exceso ple-
el Uruguay", fechado en 1908 y recogido en El tórico de población que agrava y embravece, en
Mirador de Próspero, 1913. las vieias sociedades de Europa. las luchas entre
una burguesía opulenta y un proletariado que se
La universalidad de estos anhelos de repara- angustia en loo ex tremos de la necesid~d. . .
ción, la persistente fuerza con que subyugan las · Pero, desde luego,· la demostración objeti-
conciencias, concurren ·a permad_ir · al niás indife- va· de que, cualquiera que sea la magnitud de
rente de que no se trata en 'ellos de· un simple esas diferencias internacionales, no es prematura
fermento de ideas pues'tas en bogá por ·los vientos ni inoportuna la atención concedida a las cuestio-
de un día; sino de un6 de los caracteres esenciales nes de esta índole en pueblos como el nue5tro, la
del espíritu de nuestro tiempo, -que tien·e positivas da la agitación persistente que remueve, en estas
correspondencias con la realidad y que· fluye ·de sociedades también, a los elementos de trabajo, con-
naturales consecuencias de la evolución wcial y de gregándolos para la común. de{ensa de ms intereses,
la evolución económica. · - en asociaciones gremiales, en círculos de propagan-
Los conflictos entre el capital, que defiende da, en protestas y huelgas que tienen su rept?duc-
su superioridad, y el trabajo, que reclama su auto- ción periódica: fenómenos con que se denunCia un
nomía, no son el rasgo privativo . de una sociedad estado de e~píritu que, aun prescindiendo de los
o de una época: pertenecen al fondo permanente trastornos accidentales que provoca, no podría de-
y sin cesar renovado de la historia humana; pero jar indiferente el ánimo del legislador, interesad_o
su recrudecimiento, en términos que relegan a se- en estudiar las causas que lo generan y en prevemr
gundo lugar cualquiera otro interés social y polí- los medios que lo aplacarían. Ni puede pretenderse
tico, es uno de los hechos capitales de la pasada que e~a tenaz inquietud no reconozca otra base que
centuria, desde que, por una parte, el portento·o la sugestión falaz de los agitadoreS' (aun cuando sea
desenvolvimiento de la actividad industrial, modi- indudable que prédicas desencaminadas la exacer-
ficando las condiciones de trabajo, y poi otra par- ban y desnaturalizan); ni que importe sólo el re-
te, el despertar de la conciencia de las multitudes; flejo maquinal e inconsciente de lo que pasa en los
llamadas por el régimen de la democracia a la ple- pu.eblos que dan la norma de la civilización. Esta-
nitud de sus derechos civiles y políticos, determi- distas y pensador es americanos han sefialado ya,

163 169
r~specto a esas aspiraciones clamorosas·, una direc-
CIÓn que no es de resistencia ni de pasividad. Aún
¡ lítica com,> en otras esferas del pen~ amiento y de
la acción.
no . hace muchos años que el ilustre presidente
Cuando la América surgió a la vida de la his-
Qumtana, desaparecido para grave mal de su país,
toria, no fue solamente una nueva entidad geográ-
declaraba, al tomar en sus manos el bastón de Ri-
fica la que apareció a la faz del mundo: debemos
vadavia, que el programa mínimo del Partido So-
afirmar que surgió con ella un nuevo espíritu, un
cialista. Argentino, en el que están comprendidos
nuevo ideal, el espíritu y el ideal del porvenir.
Jos. tóprcos. fundame.ntales de la legislación del tra-
baJO, co~strtufa un Ideal aceptable y digno de fijar Y bien, señor presidente: la ' Europa civiliza-
la atención de lm hombres de gobierno. y ésta es dora que nos ha adoctrinado, que nos ha amaman-
1~ hora ~n que el Cuarto Congreso Científico La- tado en sus ideas de libertad y de justicia, fruto
tmoamencano, que ha de reunirse en noviembre ele su experiencia y de su genio, tiene derecho a
del corriente año en Santiago de Chile, incluye, erperar que nosotros hagamos algo más que repe-
entre-. los temas fundamentales que propone a los tirlas: tiene derecho a e:perar que las realicemos,
estud.wsos d~ América, el relativo a aquella misma que las encarnemos en la realidad viviente. Y es
cuestiÓn .s?cial, considerada del punto de vista de un pueblo americano el que hoy -quizá por vez
las condiciOnes y caracteres peculiares de los pue- prim.e ra en el mundo---:-•. tiende de. una ~anera fran-
blos del Nuevo Mundo. ca y resuelta a desvanecer el concepto asaz gene-
ralizado, dé que en política internacional _sigue
predominando, ba ;o máscaras más o· menos falaces,
HACIA LA UNIDAD POLITICA J~ mperiot:idad brutal y odiosa de la fuerza. ¡El
DE AMERICA puebJo del Brasil ha demostrado que en materia
de relaciones internacionales, sobre la fuerza bruta
Fr~gmento de un discurso pronunciado el 11
puede prevalecer el derecho, que es una idea, pero
de nov1r;~bre de 1909 en ·e[ parlamento uruguayo,
que es también una fuerza!
en ocaston de aprobMse el histórico Tratado Uru-
guay- Brasil de ese año. (Véase la citada edición América tiende desde sus orígenes, poor el pen-
de Obras Completas de Rodó, pdgs. 1130 y ss.) samiento consciente de sus emancipadores, de los
fundadores de los pueblos gue la- constituyen, a
Es un hecho de t:ascendencia americana [el formar una confederación de naciones. E~ ta con-
Tratado Uruguay- Bras1! de 1909], porque fija nor- federación de naciones será primero una confede-
?Ias, qu.e debemos creer definitivas, a la acción ración moral, una armonía de intereses, de senti-
mternacronal de todos los pueblos del continente; mientos, de ideas. Será, algún día muy lejano, una
Y es un hecho de trascendencia americana también gran unidad política, como lo soñaba el Liberta-
porq~e contribuye a revelar que el e~pfritu · d~ dor Bolívar, cuando pensaba que en el Istmo de
Am.é nca tiene eficacia con que tender a la origi- · Panamá, que une las dos mitades del continente
nahdad, a la innovación fecunda, en materia po- americano, se reunirá algún día el congreso anfic·
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tiónico que mantendría con lazos perdurables la decir que el mismo nombr~ de hispano~mericanos
unidad de los pueblos del nuevo mundo. conviene también a los nauvos del Brasil; y yo lo
Hechos como el que va a realizarse, mani- confirmo con la autoridad de Almeida Garr: t: po:-
fiestan, señor presidente, que esa idea grandiosa que, siendo el nombre de España, e~ su senttdo an-
no fue sólo una utopía nacida de las fiebres del gina! y propio, un nombre geo~r~hco, un nor:nbre
g~m~o; que hay en el fondo de esa idea el presen- de región, y no un nombr~ pohuco .o de naciOna-
timiento de un porvenir, remoto quizá, pero seguro. lidad, el Portugal de hoy uene, en ngor, tan cu~­
plido derecho a participar de ese nombre geogra-
fico de España como las partes de la península que
IBEROAMERICA constituyen la actual nacionalidad e~ pañola; par lo
Artículo de 1910, recogido en El Mirador de cual Almeida Garret, el poeta por excelencia del
PTóspero, 1913. Este artículo es la reelaboración de sentimiento nacional lusitano, afirmaba qu~ los por-
un fragmento del bo~rador de un discurso que Ro- tugueóes podían, sin menoscabo de su ser m~epen­
dó hubo de pronunciar en Río de ]aneiro, a fines diente, llamarse también, y con entera propiedad,
de 1909, en ocasión de la firma del ya mencionado españoles: .
Tra~ado Uruguny- Brasil de ese año. (Véase ]osé Más de una vez, pasando la mirad~ por el m~­
Ennque Etcheverry, Un discurso de Rodó sobre el pa de mie· tra América, me he detemdo a consi-
Brasil, Montevideo, 1950¡ Rodó y el Brasil Mon- d erar las líneas majestuosas de e<os dos grandes
tevideo, 1950.) , ríos del continente: el Amazonas y el Plata, el rey
de la cuenca hidTográfica del Norte y . el rey de la
Por las virtualidades de su situación geogTáfica cuenca hidrográfica del Sur; ambos nvales e~ ~as
Y de_ sus fundamentos históricos, el Uruguay parece magnificencias de la naturaleza y en los pre:ugt_os
~e~tmado a sellar .1~ unidad ideal y la armonía po- de la leyenda y de la historia, y tan ~xt~aordi_nana­
htica de esta Amenca del Sur, escenario reseTVado mente gTandes que, por explicable_ coinCidencia: ~us
e~ el espacio y el tiempo, para la plenitud del ge- descubridores, maravillados y hendos de la mis~a
mo de una grande y única raza. duda de si era un mar o un río lo que teman
No necesitamos los sudamericanos, cuando se delante, puderon a ambos ríos el mismo nombre
trate de abonar esta unidad de raza, hablaT de una hiperbólico: "Mar Dulce" llamó. Yañez Pinzón al
América latina; no necesitamos llamarnos latino- Amazonas, y "Mar Dulce", también, llamó al Pla-
americanos para levantarnos a un nombre general ta, Díaz de Salís.
que nos comprenda a todos, porque podemos lla- Venido el uno, el Amazonas, donde se sueltan
ma!·nos algo que signifique una unidad mucho más sus niñeces de Marañón, de las fundidas nieves de
íntima y concreta: podemos llamarnos "iberoame- los Andes, rompe, de~gobernado y tortuoso, entre
ricanos'', nietos de la heroica y civilizadora raza el misterio de· las selvas; recoge a su paso el enor-
que. sólo políticamente se ha fragmentado en dos me caudal de centenares de Tíos y de lagos, Y ya
naciones europeas; y aun podríamos ir más alJá y fuerte y soberbio, corre, buscando la cuna del sol,

172 liJ
hacia el Oriente, se empina hasta tocar la mis- océano inmenso del espíritu humano, amargo sa-
ma línea equinoccial, y repeliendo la resistencia lobre con el dolor y el esfuerzo de los siglos, su
orgullosa de! océano con la convulsión supre- eterno tributo de aguas dulces: ¡las aguas dulces
~a ~el ~ororoca, se precipita sobre él como un de un porvenir transfigurado por la justicia, por
tltámco Jinete, y cabalga leguas y leguas dentro la paz, por la grande amistad de los hombres!
del mar . .El otro, el nuestro, el Plata, amamantado
en su pnmer avatar del Paraná con las aguas de
la meseta ce~tral a~ericana, no lejos de donde to-
EL CENTENARIO
man su vertiente tnbutarios del Amazonas, · crece HISPANOAMERICANO
al arrullo de la ~loresta guaranítica; subyuga, a uno Fragmento del discurso pronunciado en el
Y otto !~do, la mgente m~ltitud de sus vasallos, y Congreso chileno, 1·ecogido con el título "El Cen-
~escend1endo con su séquito en dirección a las la- tenario de Chile", en El Mirador de Próspero, 1913.
tl.tudes templadas del Sur, donde el Polo y el Tró-
pico sellan sus paces, cruza, al sentirse grande sus Más arriba del centenario de Chile, del de la
dos brazos ciclópeos del Paraná y el Urugu;y, y Argentina, del de México, yo siento y percibo. el
se echa en el mar, de un empuje de su pecho gi- centenario de la América española. En espintu
gante, en el más ancho estuario del mundo. y verdad de la historia, h ay un solo centenario
Yo veo simbolizado en el curso de los do" ríos hispanoamericano; porque en espíritu y verdad de
colosales, nacidos del corazón de nuestra AU:érica la historia, hay una sola revolución hispanoameri-
Y qu.e se reparten, en la extensión del continente, cana. Y la unidad de esta revolución consiste, no
el tnb.uto de las aguas, el destino histórico de esas sólo en la armonía de los acontecimientos y los
d?s mitades de la raza ibérica, que comparten tam- hombres que concurrieron a realizarla y propagar-
bién entre sí la historia y el porvenir del Nuevo la por la extensión de un mundo, sino, principal-
Mundo: los lusoamericanos y los hispanoameri- mente, en que el destino histórico de esa revolu-
canos, lo~ portug.ueses de América y los españoles ción no fue alumbrar un conjunto inorgánico de
de Aménca; vemdos de inmediatos orígenes étni- naciones, que pudieran permanecer separadas por
cos•. como aquellos dos grandes ríos .se acercan en las estrechos conceptos de la nacionalidad y de la pa-
nacientes de sus tributarios; confundiéndose y en- tria, sino traer a la faz de la tierra una perenne
trecru~ándose a menudo en sus exploraciones y armonía de pueblos vinculados por la comunidad
conquistas, como a menudo se confunden para el del origen, de la tradición, del idioma, de las cos-
geógrafo los declives de ambas cuencas hidrográfi- tumbres, de las instituciones; por la contigüidad
cas; convulsos e impetuosos en la edad heroica de geográfica, y por todo cuanto puede servir de fun-
sus aventuras y proezas, como aquellos ríos en su damento a la unidad de una conciencia colectiva.
crecer; y serenando luego majestuosamente el rit- Éstos son, pues, en América, los días del magno
mo de su historia, como ellos serenan, al ensan- centenario que, único y múltiple, ha de prolongar-
chaTse, el ritmo de sus aguas, para verter, en el se por más de dos decenios, evocando, hora tras
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hora, en cada pueblo americano, los recuerdos de y esta duda cruel no perdonó, en el Gethsemaní de
la indepe~dencia y la organización: aquel género Santa Marta, al alma lacerada del Libertador. Pues
de memonas .que quedan, para siempre, como las bien: hemos domeñado a la duda. Hoy nuestra es-
más altas y sagradas, en la historia de las naciones. peranza en el inmediato porvenir es firme y altiva,
Di·ríase que un concurso imponente nos mira y la fe del mundo empieza a recompensarla y con-
y atiende incorporándose desde el pasado: el con- firmarla. Éramos, hasta ayer, poco más que un nom-
cur~o de las generaciones que crearon, para el por- bre geográfico: empezamos a ser una fuerza. Éra-
vemr eterno, la América libre. Y en tamaña oca- mos una promesa temeraria: empezamos a ser una
sión, las generaciones del presente pueden hacer, realidad.
an te ese heroico pasado redivivo, dos afirmaciones Otra alentadora afirmación permite hacer la
que las satisfagan y conforten. manera como este primer siglo concluye. Y es que
. TeHimonio de la primera de ellas son lo uni- los pueblos hispanoamericanos co1~ienzan a tener
versal y lo solemne de las adhesiones internaciona- conciencia, clara y firme, de la umdad de sus d_es-
les. que el centenario americano provoca: hoy en tinos; de la inquebrantable solidaridad qu~ radica
Clule, ayer en la Argentina; y consiste esa afirma- en lo fundamental de su pasado y se extiende a
c~ón en decir que esta América española, tan discu- lo infinito de su porvenir. Augusto C~mt: expre-
tida, tan negada, tan calumniada por la ignorancia saba su profunda fe en la futura conc1enc1a ~e la
y el orgullo ajenos, y aun por el escepticismo de solidaridad humana, diciendo que la humamdad,
s~s pr~pios hijos, empieza a existiT para la concien- como ser colectivo, no existe aún, pero existirá al-
~Ia umversal; empieza a traer a sí la atención y el gún día. Digamos nosotr~s 9u.e América, la nues-
mterés de_l mundo: no todavía por el brillo y la tra la de nuestra raza, pnnCipla a se?· -como per-
~sp.onta~e1dad ~e su cultura, ni por el peso de su so~a colectiva consciente de su identidad-. Con-
mfluenc1a política en la sociedad de las naciones; gresos que se reúnen, vías férreas q_ue se tienden
~ero sí ya por la virtualidad y la Tealidad de -su de nación a nación, litigios internaciOnales que se
nqueza, por el brío y la pujanza de su desenvol- resuelven, vínculos intelectuales que se estrechan:
vimiento material, lo que no constituye, ciertamen- todo concurre a esa manifestación de una plena
te, un término definitivo de civilización, pero es,
conciencia americana.
cuando menos, el sólido cimiento, y como la raíz
tosc.a y robusta, en la formación de pueblos que Yo creí siempre que en la América nuestra no
algun día han de ser grandes por el espíritu. era posible h ablar de muchas patrias, sino _de una
Mucho tiempo después de emancipados, el patria grande y única; yo creí s1empTe que s1 es alta
mundo nos desconocía, o conociéndonos mal y des- la idea de la patria, expresión de todo lo que h ay
deñando conocernos mejor, dudaba de nosotros. de más hondo en la sensibilidad del hombre: amor
Qu.i~ás, alguna vez, amargados por la aparente es- de la tierra, poesía del recuerdo, arrobamiento de
tenl.. ~a.d de tantos esfuerzos angustiosos y tantos gloria, esperanzas de inmortalidad, e~ América, m<i.s
sacnflcws oscuros, dudábamos de nosotros mismos; que en ninguna ou·a parte, cabe, sm desnaturah-

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12
zar esa idea, magnificarla, dilatarla; depurarla de espíritu, después de haberlo dejado de ser en la
lo que tiene de estrecho y negativo, y sublimarla realidad política? ...
por la propia virtud de lo que encierra de afirma-
Los que consideran milagro irrealizable que
tivo y de fecundo : ·cabe levantar, sobre la patria
los pueblos se relacionen alguna vez según otras
nacional, la patria americana, y acelerar el día en
normas que las de la tradición interna"cional fun-
que los niños de hoy, los hombres del futuro, pre-
dada en el dolo y en la fuerza, y que sea en Amé-
guntados cuál es el nombre de su patria, no con-
rica donde ello se logre, olvidan que un milagro
testen con el nombre de Brasil, ni con el nombre
mayar está, vivo y tangible, en el hecho de este
de Chile, ni con el nombre de México, porque con-
centenario. Si hace poco más de un siglo, es decir,
testen con el nombre de América.
si antes de la emancipación norteamericana y de
Toda política internacional americana que no la Revolución Francesa, se hubiera asegurado que
se oriente en dirección a ese porvenir y no se ajus- la democracia y la república, como formas perma-
te a la preparación de esa armonía, será una po- nentes de organización social y política, no sólo se
lítica vana o descarriada. realizarían en naciones poderosas y grandes, sino
Renuevo aquí lo que dije en ocasión recien- que se extenderían por todo un continent~, y que
te: cuando América surgió a la vida de la historia, , este prodigio surgiría de las oscuras colomas euro·
no fue sólo una nueva entidad geográfica lo que peas, sumergidas ento nces en el sueño soporoso .de
apareció a la faz del mundo. Debemos pensar que la primera infancia, la afirmación hubiera paree1do
surgieron con ella un nuevo espíritu, un nuevo a los más risible paradoja. Pues bien: cuando la
ideal: el espíritu, el ideal del parvenir. La Europa virtualidad de las ideas y la energía de razas jóve-
civilizadora, que nos ha adoctrinado, que nos ha nes y fuertes han tenido eficacia paTa transfigurar
amamantado en sus ideas de libertad y de justicia, colonias oscuras en naciones dueñas de sí mismas,
fruto de su experiencia y de su genio, tiene el de- y para implantar, d el uno al otro extremo de un
recho de esperar que nosotros, aliviados de la car- continente, las formas avanzadas de organización
ga abrumadora de la tradición, hagamos algo más y de gobierno que, hace poco más de un siglo, pa-
que repetirlas: tiene el derecho de esperar que las recían al sentido común de los hombres vanas
encarnemos en la realidad, o por lo menos, que utopías ¿por qué dudar de que esa misma virtua-
tendamos enérgicamente a realizarlas. Si esta ori- lidad de las ideas y esa misma energía de razas jó-
ginalidad no cupiese en nuestra_civilización: si na- venes y fuertes, alcancen en América a realizar, en
da hubiéramos de agregar, en el orden real de la la vida internacional, lo que los escépticos de hoy
vida, a lo imitado y heredado, ¿qué significada, tienen por sueños y quimeras opuestos a leyes fata-
en definitiva, la revolución de 1810, sino una con- les de la historia: una magnificación de la idea de
vulsión superficial, indigna de tales glorificaciones? la patria; un porvenir de paz y de amor entre los
¿Qué sería esto sino seguir siendo colonias por el pueblos; una armonía internacional fundada en

178 179
el acuerdo de los in terese· de todos por el respeto tanto, a l parlamento a los intérpretes de sus anhe-
leal de Jos derechos de cada uno? lo" y reivindicaciones.
Ést:.t es, en mí, la más intensa sugestión del Y fin almente puedo darla y la doy porque la
centenario americano. personal idad del doctor don Alfredo_ 1:· Palacios
reúne en sí · obrados títulos y mereomt en tos con
que aspirar al sufragio de sus conciudadanos y
ADHESION A con que honrar la tribuna a que se le encumbre:
ALFREDO L. PALACIOS por rus prestigios oratorios, por su intachable pro-
Fragmento de una carta publicada en Diario bidad cívica, pOT cu perseverante y esforzada la-
del Plata, Montevideo, el. 7 de abril de 1912. _ bor, y por esa noble consecuencia que le ha !~echo
(Véase la citada edición de Obras Completas de qu edar fiel a los ideales confe•ados en la p~tmera
Rodó, pág. 1072.) juventud, con de•preocupación de los éxttos y
honores que la política normal brinda a los h om-
Puedo darla y la doy porque el carácter in- bres de sus dotes intelectuales y de sus energías
dependiente y amplio que ese comité reviste, ex· de - luchadoT.
cluyendo la participación forzosa en el orden de' Yo les acompaño, pues, con mis mejores VO·
ideas a que está vinculada la personalidad del tos -aunque estos votos míos no sean de los que
candidato, legitima las adhesiones que procedan válen· en ·d ·c omicio- y "fío en que el sentimiento
de otros motivos y fundamentos que la comunidad popular hará justicia a esa y otras c~nd_i~atu.ras
de ideas. - semejantes, realzando así la hermosa stgmftcaoón
Puedo daTla y la doy porque, en la vulgar de este desperrat del' civismo ·argentino: desper-
agitación de intereses y pasiones que imprimen su taT que a todos nos conforta, porque revela que
fis o~omía a las luchas políticas de estos pueblos,
el pueblo de Mayo, no satisfecho ya con su por-
eo Siempre hermosa y ejemplar una nota de idea- tentoso desenvolvimiento material, vuelve ahora
lidad y generosos entusiasmos, como la que ofrece los ojos a aquel orden de energías morales en
esa juventud, agrupada en derredor de un hom- cuya ausencia la prosperidad de las naciones no
b:re, en virtud de prestigios que no tienen rela- tiene otro declive que la enervación, la decaden-
CIÓn con los provechos y halagos de la politica. cia, y en último término, la propia ruina material.
Pue~o darla y la doy porque -independien-
temente de toda doctrina social determinada y de. NUESTRO DESPRESTIGIO
todo propósito ~istemático- la fuerza de opinión, El caciquismo endémico
de trabajo, de vida, que Tepresentan los millares
de obreros comprendidos en el orden de esa so. Articulo publicado en Diario del Plata, Mon-
ciedad, tiene derecho a influir eficazmente en la tevideo, el 29 de abril de 1912. (Véase la citada
r esolución de los destinos comunes y a llevaT, por edición de Obras Completas de Rodó. pdg. 1075.)

181
I SO
Todavía ha de pasar mucho tiempo para que ta el punto de que esa tragedia interna caiga
en Europ;¡ dc.~;¡p;¡rezca el prejuicio que hace ;¡pa- en ocasiones bajo el dominio del chascarrillo.
recer a una gran parte de las repúblicas ameri- En el Perú se ejecuta a obreros inermes cuyo
canas como semillero ele revoluciones, como paises único delito consistía en la protesta contra el rudo
fecnndos en motines, dinurbios y masacres de todo trato de los caporales y la mezquina retribución
género.
de un jornal irrisorio.
La f~ma viene de atrás. La figura trágica de La autonomía exagerada que ha dado ori-
los cabeclllas que luego de arribados al poder, por gen al caciquismo en los estados del Brasil, y a
1~ s_orpresa de l;¡s bayonetas la mayoría, se con- las revueltas lamentables de Ceará, Pernambuco
VJrtie~on en césares absolutos: Rosas siniestros y otros puntos, al bombardeo de Manaos, a los
Franelas sombríos, Carda Morenos a lo Borgia' motines de la Armada, constituye una seria inte-
avcr: Zelayas. Ca•tros, Alfaros, Reyes no ha mu~ rrogación para aquella república, hoy, cuando la
cho: est;¡s ~iluetas de terror y arbitrariedad son gran figura de Río Branco ha desaparecido del
las qne han contribuido al descrédito que se cier- escenario y su palabra de concordia no repercute.
ne sobre el continente, no obstante las notas ais- En la propia Argentina, ¿no hablóse hace días
ladas de proQ'reso, de orden, que al presente dan del estaliido de una revolución? Fortuna fue que
algunas repúblicas. la actitud del presidente Sáenz Peña, insólita en
Pero basta una recorrida a vista de pájaro esta América donde las elecciones son un mito,
por . nuest~as nacionalidades, para que surja la actitud que ennoblece ante la historia su admi-
consJcleracJón, bastante triste, de desencantÓ aca- nistración, conjurara el conflicto.
so, ele . que la extinción del prejuicio europeo Si de nosotros se trata, sucede algo peor. Nues-
está le¡ana aún. tros recientes progresos y la tregua de paz que
. Allí_ tenemos en México el de~cnfreno revo- gozamos, no han bastado para elevarnos a la con-
lucJOnano e.n ~ocio su vigor, hasta temerse para sideración unánime de los estados florecientes. Se
a9uella re~ubhca fuerte la deprimente interven- nos confunde tristemente con el Paraguay, acaw
CIÓn yanqm. por la vecindad o por la consonancia guaTanítica
de los nombres.
Todavía el eco nos trae de aquella Sainte Tanto es así que días atrás un importante
Ba~thélemy de Quito efectuada en los jefes revo- diario madrileño publicaba un telegrama que de-
lucwnarios, el frenesí de las turbas ensañadas en
da poco más o menos: "Los revolucionarios pa-
los cadáveres de los prisioneros; y el ánimo se
raguayos atacaron la capital. Reina pánico en
c?nstcrna ante esa Tegresión a épocas de barba-
Montevideo."
ne o a las degollinas de manchúes en la China
con te m poránca. Y luego hablemos de congresos y conferen-
cias, y propaganda del país en el exterior.
. Sin ir muy lejos, en el Paraguay se bate el De este desconocimiento en que yacemos en
'ecord -de Jos problemas políticos insolubles, has- tierras que están ligadas · a la nuestra por razones
182
183
de h i~ toria, lenguaje, raza, etc., tienen en gran Debo recordar, en primer término, que al
p<lrte la cu lpa Jos representantes diplomáticos que precedente, ci tado por usted, de los Congresos de
enviamos sin discernimiento, algunos de los cua- Estudiantes de la Gran Colombia, reunidos en
les sólo se ocupan del confort y aparato de sus Bogotá, Caracas y Quito, puede agregarse el pre-
perronas, instalando en las legaciones escenarios, cedente de otros Congre"os a nálogos, pero de más
salas de baile, de juego; pero sin acordarse de amplio carácter internacional, y por lo tanto, más
colgar un mapa del país siquiera, en algún rincón. próximos al que se proyecta en su artículo. Me
Todavía p<1sará, pues, algún tiempo para que refiero a los Congresos In ternacionales de Estu-
la Europa se entere de lo que atesoramos, de las diantes Americanos, que, por iniciativa de la ju-
energías que se despliegan en este continente joven ventud univer~itaria del Uruguay, vienen -reunién-
surgido como una promesa a las aspiraciones de dose desde 1908, en que se realizó el primero en
todo~.
Montevideo. El punto d e reunión del segundo f';le
Mañana, cuando el telégrafo en vez de trans- Buenos Aires, en 191 O, y el tercero ha de reumT-
mitir el hochorno de las revueltas arm<1das los se en Lima, en julio del corriente año. La con-
destrozos de las guerras civiles, o el resultad~ de vocatoria para estos Congresos se extiende a todas
las corridas de toros en algunas capitales -Lima, las naciones latinoamericanas, inclusive el Brasil,
Caracas, México-, cuando en vez de propagar los y si hasta ahora no han tomac~o participació? en
retroce<os propague los progresos que se alcan- 1 • • ellos los e.<tudiantes de las repubhcas colombianas
.?:an, los. veneros que se explotan, las energías que y ele las del Norte, debe atribuirse únicamente a
se desp1ertan, entonces, sí, vendrá la consideración la dificultad material de las distancias.
mundial y con ella la confianza del crédito.
Como testigo presencial del primero de esos
La sensatez patriótica realizará este ensueño.
Congresos, puedo dar fe del ambiente de .anima-
Entretanto confesemo~ que la nueva vía in-
ción y de entusiasmo en que se desenvolviÓ, pre-
teroceánica que abren al Norte los yanquis, con
sentando a los ojos de los que aplaudíamos las
separarnos geográficamente, nos acerca más al
foco europeo. generosas expansiones de aquella j~vent~d com?
Y esto ya es algo. una anticipada imagen de esa patna launoamen-
cana, con que soñamos, para el porvenir, los que
Calibán. creemos que las fronteras internacionales no han
de prevalecer ete-rnamente sobre la natural e his-
LA MAGNA PATRIA Y LOS tórica unidad de estos pueblos.
CONGRESOS INTERNACIONALES Una Oficina Internacional de Estudiantes
DE. ESTUDIANTES AMERICANOS Americanos, que tiene su asiento en Montevideo,
Fragm~ntos de cartas de Rodó, de 1912 y 191J. sirve de centro a la organización de los Congresos
(Vhue la citndn. edición de Obras Completas de y cuida de estimular y mantener constante rela-
Rodó) pdgs. 1469-70 y 1472.) · ción entre las asociaciones de estudiantes de las
184 185
distintas universidades de América. Lo muy re- obra positiva, pero como obra de porvenir, en
ciente ele su fundación hace que la actividad de que los frutos mejores no se esperen sino a largo
esa oficina no haya logrado aún todo el alcance plazo de la siembra.
y eficacia que tendrá, sin duda, en breve tiempo. Pongamos, pues, en manos de la juventud la
Me ha parecido oportuno recordar este pre- bandera de nuestra magna patria ideal.
cedente, no sólo para unirlo al de los Congresos De más está decir que la eficiencia de estos
Colombianos, que usted menciona en su artículo, Congresos no ha de graduarse por el resultado
sino también por las facilidades que puede acaso concreto de sus deliberaciones, por lo que prác-
ofrecer, para la realización de la idea que usted ticamente propongan y remelvan, sino por el he-
propone, la existencia de un centro internacional, cho de la comunicación cordial, franca, expansi-
organizado y activo, de estudiantes americanos. va, entre los que han de ser, en el futuro, una
Complementar estos congrems con uno más parte del pensami ento y de la voluntad de los pue-
a~plio y comprensivo; reunir, en el hogar no ol- blos a cuya unidad espiritual aspiramos. Tender,
vtdaclo de la raza, a los representa-ntes de la ju- de pueblo a pueblo, afectos y amistades que per-
ventud de estas nuevas "Hispanias" y de la ma- dur.e n, con el encanto de las m emorias de la ju-
terna e histórica, es, sin duda, una hermosa e ventud, y se mantengan por la relación epistolar;
inspirada idea, por la que merece usted vivos plá- por el intercambio de ·libros, de ideas, de emo-
cemes y decidida adhesión. ciones: tal es lo esencial de estos Congresos, y lo
Por mi parte, no sólo he mirado con interés demás secundario.
y simpatía los Congresos de Estudiantes America- Así, cuanto menos · directamente se propon-
nos, sino que ellos me parecen el medio más con- gan ser útiles (se lo decía yo hace poco a un jo:
ducente y eficaz de cuantos pueden arbitTarse para ven estudiante de Lima); cuantas más fuerzas
el íntimo acercamiento de estos pueblos, en una parezcan disipar e~ fiestas, en a~eg:ía , e~ ent~­
esfera superior a los amaños de la polftica inter- siasmo, en animaCión y companensmo Juveml,
nacional. tanto más seguramen te tenderán a su objeto: co-
mo sucede con la utilidad sublime del arte, que,
Me lo parecen, desde luego, porque sólo el sin proponerse ningún fin de moral o de ense-
espíritu de la juventud es capaz de comunicar ñanza, sino sólo por la sola virtud de su beldad,
a estos movimientos de aproximación el desinte- ejerce una influencia dignificadora y civ.ilizadora
rés, la energía, el entusiasmo, que los sostenga tan · eficazmente útil como la de cualqmera otra
en las alturas de idealidad que ellos han menes- de las actividades humanas.
ter para ser grandes y fecundos. No son las ideas, son los sentimientos los que
· Y me lo parecen, además, porque la juven- gobiernan al mundo. Y en los Congresos de la
tud es porvenir, y esta de la unidad de los pue-
blos hispanoamericanos ha de encarnarse como l júventud habrá una fuerza que no suele haber
en los Congresos de los sabios, donde la ciencia

l
186 187
consagra sus fórmulas, ni en los Congre:os po-
LA SERVIDUMBRE_ DEL INDlO
ta sus planes: una fuerza de sentimiento.
ta sus planes; una fuerza de sentimiento. Fragmento del ensayo Montalvo publicado en
El Mirador de Próspero, 1913.
(De una carta a Enrique Pé1·ez, de 2 de
abril de 1912.) La tristeza, una tristeza que se exhala, en rá-
fagas perdidas, sobre un fondo de insensibilidad
El intercambio de libros y periódicos entre y como de hechizamiento, es el poso del alma del
nuest;as repúblicas, escaso e irregular como es, indio. Es triste esa vasta plebe cobriza, caldera
constituye, sin embargo, el único lazo de unión donde se cuece toda faena material, escudo para
que no ha dejado perderse del todo la concien- todo golpe; y aun más que triste, sumisa y apá-
cia de w unidad espiritual: la comunicación Ii- tica. El implacable dolor, el oprobio secular. le
tentria ha evitado la completa disolución de esa han gastado el alma y apagauu 1a expresión del
unidad y ~a puesto algún límite al vergonzoso semblante. El miedo, la obediencia, la humildad,
desconoCimiento mutuo que todavía deploramos. son ya los únicos declives de su ánimo. Por ca-
~e.r~ U!ted p~ensa -y piensa bien- que, sin per- lles y campañas, vestido de la cuzma de lana que,
JUICIO de estimular y regularizar aquel medio de dejando los brazos desnudos le cubre hasta las ro-
c<?m"unicación, es nece~ario complementarlo con dillas, el indio saluda como a su señor natural
las visitas personales, con el hábito de ·los viajes al blanco, al mestizo, al mulato, y aun al negro;
de. uno a otro pueblo, en los hombres represen- y sin más que hablarle en son de mando, ya es
tativos; y· esta parte del programa que usted nos siervo de cualquiera. Poco es lo que come: un
ha expuesto constituye, en mi sentir, lo más in- puñado de polvo de cebada o de maíz hervido,
teresante y eficaz que hay en él. para todo el día; y por vino, u~ trago de la chi-
Siempre he creído en la necesidad de esa ·ma- cha de jora, que es un fermento de maíz. No
nera de conocimiento directo, y por eso, princi- cabe condición humana más miserable y afren-
palmente, he ·aplaudido con -entusiasmo inicia- tosa que la del indio en los trabajos del campo.
tivas como las de los Congresos Internacionales La independencia dejó en pie, y lo estará hasta
de Estudiantes, que primero en Montevideo, lue- 1857, el tributo personal de las mitas, iniquidad
go en Buenos Aires y en Lima, han dado luo-ar de la colonia: un reclutamiento anual toma de
los indígenas de cada pueblo el número reque-
a la comunicación cordial, franca, expansiva, ~n­
rido para cooperar, durante el año, al trabajo
tre ~os que serán, en el futuro, una parte del pen-
de las minas, de las haciendas de labranza o de
s~mlento .Y de la ~?Juntad de los pueblos a cuya ganado, y de los talleres donde se labra la tela de
fnme umdad espmtual aspiramos.
tocuyo. Al indio de esta manera obligado se le
(De una carta a Juan Igna-cio Gdlve%, de llama concierto. Las formas en que satisface su
JO de febrero de 19IJ.) tributo son las de la más cruda esclavitud. Sobre

l
188 189
el páramo glacial, sobre la llanura calcinada, hay dale de raíz la melena, que para él era el más
un p erenne y lento holocausto, que es la vida del atroz de los oprobios. Toda esta disciplina de do-
indio pastor o labrador. El ramal de cuero que on- lor ha criado, en el alma del indio, no sólo la
dea en la mano del capataz, está rebozado de la san- costumbre, sino también como la necesidad del su-
gre del indio. Azotes si la simiente se malogra, si el frimiento. Cuando le tratan con dulzura, cae en
cóndor se arrebata la res, si la oveja se descarría, si inquieto asombro y piensa que le engañan. En
1~ vaca amengua .su leche. Gana· de jornal el in· cambio, se acomoda a los más crueles rigores de
d.w un real medw; cuando la necesidad le hos- la tiranía, con la mansedumbre, entre conmove-
ttga, recurre al an ticipo con que le tienta el amo dora y repugnante, de los perros menospreciados
y así queda uncido h asta la muerte; muriend~ y golpeados. El cholito sirviente se amohína, y
deudor, el trabajo del hijo, monstruosidad ho- a veces huye de la casa, si transcurre tiempo sin
r:enda, viene a redimir la deuda del padre. En que le castiguen. Cuando la abolición del inicuo
tiempo de escasez, apenas se alimenta al concierto tributo personal, bajo el gobierno de Robles, mu-
o se le alimenta de la res que se infesta, del maí~ chos eran los indios que se espantaban de ella,
que se daña ..si de esto que ocmTe a pleno sol, como si se vulnerase una tradición veneranda, y
se pasa al encierro de la mina, o al no más blan- sentían nostalgias de la servidumbre. Fuera del
do encierro del obraje, el cuadro es aun más acicate y el fustazo del castigo, el indio es indo-
aciago y lúgubre. El h ambre, los azotes, el esfuer- lente y lánguido. No hay promesa en que crea,
zo brutal han envilecido al indio de alma y de ni recompensa que le incite. El trabajo, como ac-
cuerp.o..cuando. bárba~·o, es hermoso y fuerte; en tividad voluntaria y ennoblecedora, no cabe en
la SUJeCIÓn servil su figura merma y se avillana. los moldes de su entendimiento. Noción de de-
Abu~~an, entre los indígenas de las poblaciones, rechos, amor de libertad, no los tiene. El movi-
los h~tados y los dementes. miento de eman.c ipación respecto de E spaña, en
Quien consulta la.s Noticias sen·etas de Juan el generoso e infortunado alzamiento de 1809, co-
y Ulloa, donde el rég1men de las mitas está pin- mo en la efímera declaración de independencia
tad? como era ~n los últimos tiempos de la ca- de dos años después, y finalmente en la adhesión
loma y como, ~m esencial diferencia, fue hasta al impulso triunfal de las huestes de Bolívar, fue
p~omediar el siglo diez y nueve, siente esa áspera la obra de la fracción de criollos arraigados y
tnsteza que nace de una clara visión de los abis- cultos, en quienes la aspiración a ser libres era
mos de la maldad humana. Indios remisos eran el sentimiento altivo de la calidad y como del
arrastrados a la horrible prisión de los talleres fuero. De la rivalidad tradicional, en los hidalgos
atándolos del pelo a la cola del caballo del en~ de las ciudades, entre chapetones y criollos, se
ganchador. De los forzados a esta esclavitud mi- alimentaron la idea y la pasión de la patria. La
serable iban diez y volvía uno con vida. Para muchedumbre indígena quedó por bajo de la
at~rme~tar al mitayo en lo que le quedara de idea y -de la pasión, aunque se la llevara a pagar,
esttmactón de sí mismo, solían castigarle cortán- en asonadas y en ejércitos, su inamortízable cuo-
190 191
ta de t.angre. La libertad plebeya no tuvo allí la
si la mano que se ha ensañado en sus espa~das
y la del negro e~clavo, por cuenta de su senor,
encarnación heroica y genial que tomó escultura-
les lineamientos en el gaucho del Plata y en el
e, de su propw odio y maldad, el indio, el pobre
llane1·o de otras partes de Colombia. Muchos años
después de la Revolución, aún solía suceder que
?
m w
d. de América, besa la mano del esclavo ...
rom
el indio gañán de las haciendas, ignorante de la Tal permanece siendo su noche,_ en cuyas . . -
bl·as la vida del espíritu no enClende una estle-
existencia de la patria, pensase que la mita, a
lla de entusiasmo, de anhelo, m. slqtuera
· · de
. pue-
que continuaba sujeto, se le imponía en nombre ·¡ ·o ¡·dad L a promesa vana, la men tira, en-
del rey. n cun ! •

gendros són.!Jdos de la debilidad y ~:1 miedo, ~on


La Revolución que no se hizo por el indio, las tímidas defensas con que procuia contenet el
aun me nos se hizo pa·ra él: poquísimo modificó paso a los excesos del martirio. La esperanza del
su suerte. En la república, el indio continuó for- cielo no le wnríe, porque no conoce su aroma,
mando la casta conquütada: el barro vil sobre el y la religión en que le instruyen no ~s má_s qu~
que se asienta el edificio social. El mestizo tien- una canturía sin unción. La muerte m _le IegoCl-
de a negar su mitad de sangre indígena, y se es- ja ni le apena. Sólo la efímera exaltación de la
fuerza como en testimoniar con su impiedad fi- e~briaguez evoca de lo hondo de esa alma mal~­
lial la pureza de su alcurnia. Los clérigos aindia- ficiada por la servidumbre, larv~s, como e~tmm­
dos difícilmente llegan a los beneficios; la uni- das de atrevimiento y de valor; fantasmas uacun-
versidad, para el de raza humilde, es madrastra. dos' que Tepresentan, ~ob:e el relámpago de locu-
El indio de la plebe, como una bestia que ha ra su simulacro de vmdlcta. .
mudado de dueño, ve confirmada su condición de , Sobre este mísero fu ndamento de democracia,
ilota. En las calles, el rapaz turbulento le morti- . ·d·d
la clase directora, escasa, d lVl 1 a, Y e n su muy
fica y le veja; el negro esclavo, cuando las faenas mayor parte, inhabilitada también, por def~ctos
de la ca~a le agobian, echa mano del indio tran- orgánicos para adaptarse a los u sos de la hber-
seúnte y le fuerza a que trabaje por él. La cruel- tad. Lo ~erdaderamente emancipado, lo ~apaz de
dad, que tal vez se ha mitigado en las leyes, per- gobierno propio, no forma ~úmero 111 fu~rz~
severa en las costumbres. Pasó la ·garra buitrera del apreciable. Hay en aquellas tle~ras unos tenm-
conegidor, como a ntes la vendimia de sangre del tes o carcomas que llaman come¡enes: en . espesos
encomendero; pero el látigo queda para el in- enjambres se desparraman por las casas; amelan en
dio en la diestra del mayordomo de la hacien- cuanto es papel o madera, aun la más dura, y
da, del maestro del obraje, del "alcalde de doc- todo lo m en y consumen por d_entro, de m?do
trina", del cura zafio y mandón, que también ue del mueble, del tabique, del hbro, _en ~pa~len­
acierta a ser verdugo. Hanle enseñado sus tiranos ¿ia ilesos queda finalmente un pelleJO fmísimo,
a que, luego que le azoten, se levante a besar la una forrr:a vana, que al empuje del dedo cae y
mano del azotador y le diga: "Dios se lo pague"; se deshace. Si hay expresiva imagen de aquella
minoría liberal y culta, con que se compuso alli,
192
193

l :t
com~ más o menos en lo demás de la Amé .. IMPERIALISMO EUROPEO
espanola' 1a f tgura de una civilización republi-
IICa E IMPE.RIALISMO AMERICANO
cana,_ es la capa falaz del objeto ahuecado por el Fragmento del artículo "La causa de Francia
termtte. es la causa de la humanidad", publicado en el
1 - El entono hidalguesco, cifrado en el lustre de diario La Razón, Montevideo, J de setiembre de
a cuna o la excelencia de la profesión, se man- 1914. (Véase la citada edición de Obras Comple-
tenía en toda la pureza de la tradición española tas de Rodó, pág. 1222.)
y~ con la preeminencia de las familias deseen~
dte~tes de los fundadores de ciudades y los d' Si esa alianza de la Europa occidental cayese
tanoo d 1 1 · tgna-
del ~le _e a co oma, ya con la aureola aristocrática vencida, no sabría ahora precisarse por qué rum-
to, d~ las armas y de los grados académi- bos oscuros se orientarían los destinos del siglo
co~. C~alqm~~a ocupación de otro orden, trae di- que comienza, pero es indudable que sería en el
~~n:utzo capztz; el trabajo industrial, las artes me- sentido de normas y principios absolutamente di-
e meas, son cosa que se relega a indios . vergentes de aquellos que la naturaleza y la his-
zos a 1 . . Y mestl-
. ' 0 a _PO~a mmtgración de extranjeros. La toria señalan como ideal a las jóvenes nacionali-
r~queza terntonal, vinculada de hecho en 1 dades del Nuevo Mundo. Esto, por sí solo, debe-
Cledad de raíces coloniales, se distribuye en am~o­
~ontadas d~
ría decidir nuestros votos.
manos. Aquella montaña, maravilla No olvidemos, por otra parte, que para los
~ naturaleza; aquel llano a que no encuentra elementos reaccionarios y guerreros del viejo
ft~n el galope _del c~ballo; aquel valle que daría continente, América no ha dejado de ser del todo
~ para un tmpeno, son, a menudo, propiedad "la presa colonial", el país de leyenda abierto a
de ~m solo hombre, pingüe patrimonio feudal don- la imaginación de la conquista. Un imperialismo
e as encorv~das espaldas del indígena represen- nacional europeo, vencedor del resto de Europa,
t~n l~s del VIllano que satisface sus preHaciones y. por tanto, sin límite que lo contuviese, signi-
~a se~~r.. Un clero innumerable, repartido entre ficaría para el inmediato porvenir de estos pue-
po act~n de los conventos y la muchedumbre blos una amenaza tanto más cierta y tanto más
de los cléngos seculares, pulula con el permanente considerable cuanto que vendría a favorecer la
l~ervo~ de _la planta asaltada de hormigas. Inte- acción de aquel otro imperialismo americano que
ltgenCia, virtud, suelen mover• st' se la d'Isgrega hallaría en la común conciencia del peligro la
en _per~onas, esa incontrastable fuerza; pero de ocasión de afirmar sin reparo su escudo protector.
ordmano
·ó , .la mueven vulgaridad de espmtu,
' . pa-

¡
SI n fanatlca, sensualidad, y codicia que arreba-
t~, en derechos y priostazgos, al dinero del in-
diO, las heces que haya dejado la usura del pa-
trono.
195
194
..

IV

AMERICANISMO HEROICO
BOLIVAR
.. Ensayo publicado en 1912 y recogido en
El Mirador de Próspero, Montevideo, 1913.
Grande en el pensamiento, grande en la ac-
ción, grande en la gloria, grande en el infortunio;
grande para magnificar la parte impura que ca-
be en el alma d e los grandes, y grande para so-
brellevar, en el abandono y en la muerte, la trá-
gica expiación de la grandeza. Muchas vidas hu-
manas hay que componen más perfecta armonía,
orden moral o estético más puro; pocas ofrecen
ran constante carácter de grandeza y de fueTZa;
pocas subyugan con tan violento imperio las
simpatías de la imaginación heroica.
Cuando se considera esa soberbia personifi-
cación d e original energía, en el medio y la hora
en . que aparece, se piensa que toda la espon ta-
neidad reprimida, toda la luz y el color escati-
mados en la existencia inerte de las diez gene-
raciones sujetas al yugo colonial, se concentraron,
por instan táneo desquite, en una vida individual
y una conciencia única. Virtualidad infinita, el
genio está perennemente a la espera en el fon-
do de la sociedad humana, como el rayo en las
entrañas de la nube. Para pasar al acto, ha me-
nester de la ocasión. Su sola dependencia es la
del estímulo inicial que lo desata y abandona a
su libertad incoercible; pero ese estímulo es la
condición que se reserva el hado, porque la trae
a su hora el orden de la sociedad que tienta y

199
solicita . el arranque innovador. Larga sucesión de
gen:ra~wnes pasa, acaso, sin que la extraordi" del tono clásico, y hostil, por su más íntima
nana facultad que duerme velada en formas co- sustancia, a toda afición demagógica y vulga.r.
munes tenga obra digna en qué emplearse; y Aún no anunciaba en aquel momento la glona,
cuando, en la generación predestinada, el rebo- pero sí el brillo que la remeda allí donde no hay
s~r de una aspiración, la madurez de una nece- espacio para más. Uníanse en la aur~ola de .su
sidad, traen la ocasión propicia, suele suceder que juventud el lustre de la cuna, los medios. del. pm-
la res~uesta al silencioso llamamiento parta de güe patrimonio, todos los dones de la .mtehgen-
una VIda que ha empezado a correr, ignorante cia y de la cortesanía, realzados por el fmo gust?
de su oculta riqueza, en un sentido extraño, a literario y la pasión del bello vivir. Y esta p~t;
aquel que ha de transfigurarla por la gloria. mera corteza de su permnalidad no desaparecw
. Algo de est~ súbita exaltación hay en el he- enteramente con la revelación de su profun.~a al-
ro¡<.mo de Bol!var. Desde que su conciencia se ma ignorada. "V<trón estético", como se diJO de
abnó al mundo, vio acercarse el momento de la Pla tón y como puede extenderse a toda una ;asta
Revolución, participando de los anhelos que la ele espíritus, continuó siéndolo cuando el ge~JO lo
preparaban en la secreta agitación de los espíri- llevó a sus alturas; y héroe, tuvo la elegan~Ia he-
tu~; pero ese vago hervor de su mente no impri- roica: la · preocupación ·del gesto estatu_ano, del
mió c~rácter a u.na juventud que, en su parte noble ademán de la actitud gallarda e Imponen-
expresiva y plástica, tuvo un sello distinto del te; que· puede parecer histriónica a · 1?s que no
que ~e buscaría ~omo anuncio de las supremas hayan · llegado a una ·c abal comprensión de su
energ1as de la acción. Su primer sueño fue de be- personalidad, pero que es rasgo que co~plemen­
l~eza, de magnificencia y de deleite. Si las fata- ta de manera espontánea y conc~rde la hgu~a de
hda~es de la historia hubieran puesto fuera de estos I1 ombres de acción en qUtenes el genio de
su epoca la hora de la emancipación, habría lle- Ja guerra, por la finalidad visionaria y creadora
vado la vid~ de. gran señor, refinado e inquieto, que Jo mueve, confina con la naturaleza d~l ar-
que pr~metra m.Ientras repartió su tiempo entre tista y participa de la índole de sus pas10n.e~.
sus VIaJes, el retiro de su hacienda de San Mateo ¿No ha asimilado Taine, en riguro~ o . análisis
Y la sociec~a~ de la Caracas palaciana y académi- ele p•icología, la espada ele Napol~ó n al cmcel es-
ca de los ultimas días de la colonia. Algún deste- cultórico de Miguel Ángel, como mstru~en~os de
11~ del alma de. Alcibíades p~rece reflejarse en el una inmensa facultad soberana, que eJercita el
btonce ele esa f1gura ele patncio mozo y sensual uno en las entrañas insensibles del már~ol y el
po~eeclor inconsciente de la llama del genio, e~ otro en las animadas y dolientes de la realidad? ...
qmen l<t atmósfera de Ja Europa inflamada en el Así aparece desde el día en que selló sus
fuego de. la~ primeras guerras napoleónica.~ exci- esponsales con la vocación, que ya le enamoraba
!ó e.l se~trmiento de la libertad política, como una e inquietaba, cuando, de paso por Roma, sube,
mclmación de superioridad y de nobleza, lJena como arrebatado de un numen, a la soledad del
Aventino, a cuyos pies mira extenderse el vasto
200
201
mar de recuerdos de libertad y de grandeza; y co- énfasis, del "Delirio", se percibe, sobr: todo otro
mo h ablando a la conciencia de esta antigüedad sentimiento, el orgullo de subiT, de p1~ar la fren-
jura libertar un mundo. Así aparece luego, ei~ te del coloso, de llegar más arriba que La Con-
Caracas, cuando, entre el espanto del terremoto damine, más arriba que H umboldt, adonde no
q.ue desplaza la ciudad en vísperas de la Revolu- hay·a huella antes ~e .la suya. Otra vez, se acere~
ción, levanta, sobre las ru inas convulsas de la a admirar la subhm1dad del Tequendama. Alh
iglesia de .san J acinto .. su figura nerviosa y alta- su espíritu y la natUTaleza comp~nen un. acorde
nera, y alh , en presencia de un español despavori- que lo exalta como una influencia de Dwnys?s.
do, pror:umpe en las soberbias palabras, a cuyo Cruzando la corriente de las aguas, y en el prec1so
lado pa !Ide.~e .la imprecación famosa d e Ayax de punto en que ellas van .a despl?marse, h ay una
Telamón: ¡SI la naturaleza se opone, luchare- piedra distante de la onlla el JUSto trecho que
mos contra ella y la someteremos!" En la ba- abarca el salto de un hombre. Bolívar, sin qui-
talla, en el triunfo, en la entrada a las ciudades tarse sus botas de tacón h érrado, se lanza de un
e~ el ejercicio del poder o entre las gala~ de 1~ ímpetu a aquella pi edra bruñida por la esp~ma,
f~e~ ~a, siempre luce en él el mismo instintivo sen- y tomándola de pedeHal, yergue la cabeza, .mea-
t~mi ento de esa que podemos llamar la forma pl:is- paz de vértigo, sobre. el voraz ?orror del ~bismo.
tlca del heroísmo y de la gloria. Concertando la Era la continuac1ém, transfigurada segun con-
feb ril actividad de una guerra implacable, aún viene a la grandeza h eroica, de aquel .m.ismo . ca-
qu~da huelgo en su imaginación para honrar, por rácter de su juventud que le hizo escnb1r, mien -
estilo solemne, la memoria y el ejemplo de los tras d e~hoj aba en las cortes europeas las ro~as d e
~uyos, en pompas como aquella procesión, seme- sus veinte años, esta confesión de una carta a la
Ja nte a una ceremonia pagana, que llevó triun- barone'a de Trobriand: "Yo amo menos los pla-
f~Jmente el corazón d e Girardot, en urna custo- ceres que el fau sto, porqu e m~ .rarece que «;1
chada por las armas del ejército desde el Bárbu- fausto tiene un falso aire de glona . Y : sto vema
la, donde fue la muerte del héroe, hasta Cara- tan del fondo de su naturaleza que, en ngor, ~un­
cas . .En la memoria de sus contemporáneos que- ca hubo carácter m ás inmune de todo amano Y
dó Impresa la majes.ta~ antigua del gesto y el remedo de afectación. Nunca le hubo, en . gen~­
~o~te con que, _constitUida Colombia, penetró al ral, m ás espontáneo e inspirado. Todo es Ilumi-
1ecmto de la pnmera asamblea, a resignar en ella nación en sus propósitos; todo es ~r~ebato en su
el mando de los pueblos. Ante las cosas sobera- obra. Su espíritu es de los que mamhestan la. pre-
nas y magníficas del mundo material experimen- sen cia de esa misteriosa manera de pensamiento
ta una suerte de emulación, que le impulsa a ha- y de acción, que escapa a la conciencia del que la
cer de modo que en tre él mismo a formar parte posee, y que, sublimando sus efectos .muy por
del espe~táculo imponente y a señoreado como arriba del alcance de la inten ción dehberada Y
protagomsta. E n s~ asce.nsión del Chimborazo, que pruden te, vincula las m~s a.ltas obras del hombre
Interpreta la retónca violenta pero sincera, en ~u a esa ciega fuerza del mstmto, que labra la ar-
202 2ó3
quitectura del panal, orienta el ímpetu del vue- los otros, de levante. Revolucionario fracasado
1~, Y _asegura el golpe de la garra. Así, para sus y proscrito, falto de superior renombre y de
VI7tonas le valen el repentino concebir y el ful- mcuios matenales de acción, se alza de un vuelo
mma?te y certeTO ejecutar. Y en la derrota, una al pmáculo de la fama militar y de la aut~riclad
espeoe ~e don anteico, como no se ve en tal gra- caudillesca con aquella awmbrosa c:ampana de
do_ en nmguno otro héroe; una extraña virtud de 1813 que inicia a la cabeza de med10 millar de
~giga ntarse más cuanto más recia fue y más aba- hombres, y que le lleva, en ciento y tantos días
JO 1~ caída; una como asimilación tonificante de de arrebato triunfal, desde las veruentes neogra-
l~s JUgos de la adversidad y del oprobio: no e·n nadinas de los Andes hasta el palacio de los ca-
VIrtud del al_ecci~namiento de la experiencia, sino pitanes de Caracas, donde, sobre _lo tran. itorio de
por la reacción Inconsciente e inmediata de una honores y poderes, vincula para Siempre a su nom-
natura~eza que desempeña en ello su ley. Su fj. bre su título de Libertador. Aún no ha transcu-
son?m~. gue~rera ~iene en este rasgo el sello que rrido un año de esto, y las costas del mar Caribe
1~ mdividuahza. Bien lo significó el español Me- le miran fugitivo, abandonado y negado por los
nilo en pocas palabras: "Más temible vencido que suyos; vuelta en humo, ~l parecer, t?da aquella
ve~cedor". Sus campañas no son el desenvolvi- gloria, que ni aun le dehende de la Ira c?n que
~Ient~ gradual .Y sistemático de ·un plan de sa- le acusan y de la ingratitud con que le afrentan.
bid~na y reflexión, que proceda por partes, re- y cuando se busca adónde ha ido a abismar su
tent~ndo Y asegura_ndo lo ya dejado atrás, y pro- humillación, vésele de nuevo en lo alto, empu-
P?rcwnando las mtras del arrojo ·a la juiciosa me- ñando el timón de la Nueva Granada que desfa-
dida de las _fuerzas. Son como enormes embesti- llecía, entrando con la libertad a Bogotá, como
d_as, com~ gigantescas oleadas, que alternan, en antes a Caracas ... ; y a penas se ha doblado esta
r~tmo desigual, con tumbos y rechazos no menos p<igina, a parece otra vez deso b:decido y forzado
VIOlentos Y espantables, desplomándose de súbito a abandonar en manos de un nval oscuro las ar-
el e~fuerzo que culminaba avasallador, para re- mas con que se aprestaba a entrar :n Venezuela;
surgir muy luego, en otra parte, y de otro modo y entonces su reaparición es en Haití, de donde,
y con más brío, hasta que un impulso más pujan: con el mismo propósito, sale acaudil~ando una
te o certero que los otros sobrepasa el punto de expedición que por dos veces toma uerra cerca
donde ya no pu ede tomar pendiente el retroceso de Caracas y las dos veces acaba en rechazo, y la
y entonces la victoria persiste, y crece, y se pro: última, en nueva Tuina de su poder y de su cré-
paga, como las aguas de la inundación, y de nu- dito, entre denuestos de la plebe y altanerías de
?o en nud? de los Andes cada mont::rña es un la emulación ambiciosa.
Jalón de_ VIctoria. Nadie ha experimentado más Pero la natural autoridad que emana de él
v~ces, ni en menos tiempo, la alternativa del es una fuerza itTesistible, como toda voluntad de
tnu~fo con visos y honores de final, y el anona- la naturaleza, y poco tiempo pasa sin que
damiento y el desprestigio sin esperanzas, para aquella grita se acalle, sin que sus émulos
2b4 205
le reconozcan y obedezcan, sin que los desti- dente menor número de espectros, y estos espectros
nos de 1~ Revolución estén de nuevo .en sus son de los que eran fuertes del cuerpo y del ánimo,
manos, de~de la Gu~yana, donde Piar ha asegu- porque Jos débiles quedaron en la ni~ve, en los
rado el respaldar de las futuras campañas, hasta torrentes, en la altura donde falta el atre para el
los llanos del Apure, donde hierven las monto- pecho. Y con los espectros de los fuertes se gana
neras de Páez. Funda gobierno, guerrea sofoca Boyacá, que abre el camino de la altiplanicie
toda.via r~beliones de los suyos; la adver~idad le donde Colombia ha de fijar su centro, y de vuel-
perst?·ue Implacable en La Puerta, en Ortiz, en ta de la altiplanicie se gana Carabobo, que fran-
e_l ~~-~eón de los Toros; y una noche después de quea hacia el Orient~ ~l paso _de Caracas, ~ desde
la uluma derrota, un hombre, sin compañero ni ese instante el dommw espanol ha perecido en
caballo, huye escondiéndose en la espesura de los cuanto va de las bocas del Orinoco hasta el Ist-
bo~ques, hasta que, a la luz de la aurOTa reúne mo de Panamá. Desde ese instante, a los altibajos
una escolt~ de jinetes dispersos, con los qu; orien- de aquella guerra de angustima incertidumbre,
ta su cammo. Es Bolívar, que, perdidos su ejérci- sucede como un declive irresistible que la victo-
to Y, su autorid~d, marcha -¿qué mucho, sien- ria rendida y hechizada, hace con sus brazos,, in-
d? ~1?- a forp ne nueva autoridad y nuevo clinados al Sur, para que el torrente de las armas
eJéroto.. .No tardará en. conseguir lo uno y lo otro: eman cipadOTas corra a confundirse ~on aquel ~tro
la auto11dad, robusteCJda por la sanción de una que avanza, desde los Andes argentm.os, anu?ctan-
a~am.blea que le da el sello constitucional; el do su avenida por los ecos de las dtanas tnunfa-
eJército, más regular y organ . ~ado que cuantos tu- les de Chacabuco y de Maipo. Colombia ha com-
vo hasta entonces. pletado sus fronteras, después que ha puesto ba-
Éste es el momento en que su constancia in- jo "el manto del iris" los volcanes del Ecuador,
que~r~n table va a subyugar y volver en ·adhesión y es libre para siempre. Pero aún queda pa~a
fu:mts~ma las desigualdades de la suerte. La ilu- Bolívar lidiar por América, que es más su patna
mm~ctón de su genio le muestra asegurados los que Colombia. San Mar tín está frente a él, lau-
destmos de la Revolución co nla reconquista de ro para lauro. La gloria de lo que falta por ha-
la Nueva Granada. Para reconquistar la Nueva cer no es ambición compartible. Cuando se trata
Granad~, es menesteT escalar los Andes, luego de de determinar cuál ha de gozarla de los dos,
pasa~ , ctenag~s t;xtensas, ríos caudalosos; y es la bastan, de una parte, la conciencia de la supe-
estacwn de mvterno, y tamaña empresa se aco- rioridad, y de otTa parte, el leal y noble acata-
mete con un ejército punto menos que desnudo. miento de ella. Bolívar será siempre quien coro-
Otros pasos de montaña puede haber más hábi- ne, como las campañas del Norte, las del Sur. ~
les Y d.e más ejemplar estrategia; ninguno tan au- como en Bogotá, como en Caracas, como en Qu~­
da~, .n mguno tan heroico y legendario. Dos mil to, entra en Lima, en el Cuzco, en La Paz, el h -
q~mJentos hombres. suben por las pendientes bertador de América; y mientras el último ejér-
onentales de la Cordtllera, y bajan por las de Occi- cito español, numeroso y fuerte, se apresta a es-
206 207
perarle, y él. se consagra a apercibir el suyo, en- loria del Libertador. San MaTtín podría salir de
fet:~a, y ~oliente todavía oye que le preguntan: ;u escenario sin descaracterizarse, ni desentonar
-'- ¿Qué piema usted hacer ahora?" -"Triunfar" dentro de otros pueblos y otras epopey~s. Su se-
co_ritesta con sencillez de esparciata. y triunfa; vera figura cambiaría, sin disconvemcnCla, el pe-
t:nunfa después de cruzar las gargantas de los destal de los Andes por el de los Pirineos, los Al-
Andes, a la altura del cóndor, como en las vís- pes 0 los Rocallosos. lmaginémo5lo al lado de :r~­
peras d_e Boyacá, que ahora reproduce Junio; y rena: valdría para heredero de su _espada previ-
con el Impulso de Junín triunfa, por el brazo de sora y · segura y de su noble y . sencilla grav,edad:
s.ucre~ en Ayacucho, donde catorce gene-rales de Transportémosle junto a ~~slungton: podna. ser
Espana entregan~ al alargar la empuñadura de el más ilustre de sus conmllitones y el más eJem-
sus espad~s rendidas, los títulos de aquella fabu- plar de sus discípulos. Pongár~wsle en ~as guerra~
losa propiedad que Colón pu~ iera, trescientos años de la Revolución y del lmpeno: llenana el lugar
antes, en manos de Isabel y Fernando. Cumplida del abnegado Hache, cuando se ma~ogra, o d el
está la ob1·a de Bolívar, pero aún rebosan sobre prudente Moreau, cuando sa~e flroscnto. Es, con-
ella la aspiración y los heroicos alientos. Aún sue- sidera<;lo aparte del gran designw a que obedece,
ña el h éroe con más; aún querría llegar a las el tipo de abstracció~ militar que encuentra. mar-
márgenes del Plata, donde padece bajo la conquis- co propio en todo u emp_o. de . guerra orgamza~a,
ta un pueblo arrancado a la comunidad triunfan- porque requiere, no la ongm~hdad del c?lor, smo
te en Ayacucho; ser, también para él, el Liber- el firme y simple dibujo de Clertas supenores con-
tador; arrollar hasta la misma corte del Brasil las diciones de inteligencia y voluntad, que el caníc·
huestes imperiales,_ fundar allí la república, y re- ter humano reproduce sobre las diferen cias de ra-
~ontando la cornente del Amazonas, como Ale- zas y de siglos. En cambio, la figura de Bolívar
~andro los .ríos misteriosos de Oriente, cerrar la no sufre otra adaptación que la real. Fu~ra de
~nmensa ehpse de gloria en suelo colombiano e la América nuestra y lidiando por otra hbertad
Ir a acordar y presidir la armonía perenne de' su que la nuestra, quedaría desvirtuada o trunca.
obra, en la asamblea anfictiónica de Panamá. Bolívar el revolucionario, el montonero, el gene-
ral, el ~audillo, el tribuno, el legislador, el presi-
El conjunto de este tempestuoso heroísmo es dente ... , todo a u na y todo a su manera, es una
de un carácter singular e inconfundible en la originalidad irreductible, q~e supone e _incluye la
histo~ia. Lo es por el enérgico sello personal del de la tierra de que se nutnó y los medws de qu~
propio héroe, y lo es también por la vinculación dispuso. Ni guerrea como estra tégico europeo, m
estrecha e indisoluble de su acción con cien ínti- toma, para sus sueños de fundador, más que los
mas peculiaridades del ambien te en que se gene- elementos dispersos de las insti_tuciones ~asa~as en
ra y _desenvuelve. Y ésta consti tuye una de las de- la experiencia o la razó~ umversal, m deja, en
semeJanzas que abren tan ancho abismo entre Bo- ~.u conjunto, una imagen que se parezca a cosa
lívar Y el que con él comparte, en América, la de antes. Por eso nos apasiona y nos subyuga, y

208 209
s~rá siempre el héroe por excelen cia representa- hebreo de tiempos de Abraham y J acob; asentán-
tivo de la eterna unidad hispanoamericana. Más dose, más que sobre la tierra, ~obre el. lomo de
en grande y más por lo alto que los caudillos sus .caballos, con lOs que seüoreaba las va~ tas so-
regwna1es, en quienes se indiviu ualizó la ongma- ledaues tendidas entre uno y otro d e 10s hatos del
huad sem!bárbara, personillca lo que hay de ca- None y una y otra a e las estanczas. del_.Sur .. .El va-
racterístico y peculiar en nuestra lu stona. Es el rón d e esta wciedad, apenas sohdana m cohe-
b~rro de América atravesado por el soplo del ge- rente, es el llanero de Venezuela, el gaucho _del
m o, que trasmuta su aroma y su sabo·r en propie- .Plata, el centauro indómito esculpido por los vten-
dades del espíritu, y h ace exhalarse de él, en viva tos y ~o1es del desterto en la at:ctll~ amasada co~
llama, una distinta y original h eroicidad. sangre del conquistador y del mdtgena; hennost-
La revolución d e la mdependencia sudameri- simu tipo de aesnuda entereza huma~a~ de he-
cana: en los dos c.entros donde estalla y de donde roísmo natural y espontáneo, cuya gcmahdad ~~a­
se dtfunde: el Ormoco y el Plata, manifiesta una vía estaba destinada a dar una fuerza de accwn
misma dualidad de carácter y de formas. Com- avasalladora, y de carácter plástic~ y color, a la
prende, en ambos centros, la iniciativa de las ciu- epopeya de cuyo seno se al_zarían tnunfales lo~ d es-
dades, 9ue es una revolución de ideas, y el le- unos de Aménca. En realidad, esta tuerza e1a ex-
vantamiento de los campos, que es una rebelión traña originariamente a toda aspiración de pa-
de instintos. En el espíritu de las ciudades, la ma- tria ~onstttuida y tod~ noción de derechos polí-
durez del desenvolvimiento propio y las influen- ticos, con que pudiera adelantarse, de manera
cias reflej adas del mundo, trajeron la idea de la consciente, a tomar su puesto en la lucha . provo·
patria como asociación política, y el concepto de cada por los hombres de la~ c~u~ades. Arugas, _al
la libertad practicable dentro de instituciones re- Sur, la vinculó desde un prmctpto a las bandetas
gulares. Deliberación de asambleas, propaganda de la Revolución; Boves y Yáñez, al norte, la de-
oratoria, milicias organizadas, fueron lo!> medios sataron a favor de la resistencia española, y luego
de acción. PeTo en los dila tados llanos que se Páez, allí mismo, la ganó definiti.va~ente J?a~·~ la
abren desde cerca del valle de Caracas hasta las causa americana. Porque el sent~mt~nto. vtvt~nno
már~enes del Orinoco, y en las anchurosas pam· de libertad que constituía la ehcaCla m con jltra-
pa~ mterpuestas entre los Andes argentinos y las ble de aquella fuerza desencadena~a por la ten.ta-
onllas del Paran á y el Uruguay, así como en las ción de la guerra, era el d~ ~na hben.a~ antenor
cuchillas que ondulan, al oriente del Uruguay, a cualquier género de sen~m~t~nto r.ohuco, y. aun
hacia el océano, la civilización colonial, esforzán- patriótico : la libertad pnmttlVa, barbara, ctuda-
dme en calar la entraña del desierto, el cual le mente individualista, que no sabe ?e otro~ fueros
oponía por escudo su extensión infinita, sólo ha- que Jos de la naturaleza, ni se s~usfa:e smo con
bía. alcanzado a infundir u na población rala y su desate incoercible en el espac10 abterto, sobre
cast nóma~e, que vivía en semibarbarie pastoril, toda valla de leyes y toda coparticipación de or-
n o muy dtferentemente del árabe beduino o del den social; la libertad de la banda y de la horda;

210 2II
esa que, en la más critica ocasión de la historia originariamente en ideas, en e~ píritu de ciudad,
humana, ,acudió a de~trozar un mundo caduco y en ejército organizado. Abarcó dentro de su re-
a mecer ~obre las ~ rumas la cuna de uno nuevo pre~· entación heroica la de esa mitad original e
con_ sus ráfagas de candor y energía. La sola es: instintiva de la Revolución americana, porque se
peCie de auwndad conciliable con este instinto li- envolvió en su ambiente y tuvo por vasallos a sus
bérrimo era la _au tori?ad_personal capaz de guiar- inmediatas personificaciones. Páez, el intr épido
lo a su ~~pansión mas franca y domeñadora, por jefe de llaneros, le reconoce y pon: sobre sí desde
los prestlgws del más fuerte, del más bravío o del su primera entrevista, cuan~o él ·viene de. r~hacer
~ás _hábil; y así se levantó, sobre las multitudes su prestigio perdido con la mfausta expedwón de
mqu1etas de los campos, la soberanía del caudi- los Cayos; y en adelante las dos riendas de la Re-
llo, como la del primitivo jefe germano que con- volución e~tán en manos de Bolívar, y la azarosa
g_regaba en tor~10 de sí su vasta familia guerrera campaña de 1817 a 1818 muestra, concertados, los
sm otra _com~I~Idad de propósitos y estímulos que recursos del instinto dueño del terreno y Jos de
la ad~1es1ón flhal a su pcr, ona. Conducida por la la aptitud guerrera superior y educada. En los ex-
a~tondad. de los caudillos, aquella democracia tensos llanos del Apure, el Libertador convive y
b_arbara vmo a engrosar el torrente de la Revolu- conmilita con aquella soldade~ca primitiva Y. ge-
CIÓn, adqui~ió el sentimiento y la con¡::iencia de nial, que Juego ha de darle soldados que le sigan
ella, y arroJÓ en su seno el áspero fermento po- en la travesía de. los Andes y formen la . vanguar-
pular que c~ntras ta~e las propensiones o!igárqui- dia con que vencerá . en Carabqbo. Tenía, . para
c~s de la ar~stocraCia de las ciudades, al mismo gallardearse . en · e~e . medio, la co~di~iqn suprema,
tlCmpo que ~~vri~ía en las formas de la guerra. cuya posesión es títqlo d~ Sllpenondad y ~e, do-
el sello de ongmahdad y pintoresco americani~mo minio, como es su ausenCia nota de extran1en a y
que las .determinase y diferenciara en la 11istoria. d e flaqueza: la condición de maestrísimo jinete, de
Frente. al ejército regular, o en alianza con él, insaciable bebedor de los vientos mbre el caballo
apa-recieron la táctica y la estrategia instintivas de suelto a escape, tras el venado fugitivo, o p~r la
la m.on_tor:era, que suple Jos · efectos del cálculo y pura voluptuosidad d~l ,arrebato, tras. la fuga I.deal
la. ~ISciphna .con la crudeza del valor y con la del horizonte. El AlCibiades, el escntor, el diplo-
agili?ad hero~ca; el guerrear para que son únicos mático de Caracas era, cuando cuadraba la oca-
medws esenciales el_ v!vo relámpago del potro, sión, el gaucho de las pampas del Norte: el
apenas domado y ummismándose casi con el hom- llanero.
bre en un solo organismo de centauro, y la fir- Este contacto íntimo con lo original america-
meza de _la lanza esgrimida con pulso de titán en no no se dio nunca en San Martín. El capitán
las formidables cargas que devoran la extensión del Sur, apartado de América en sus primeros años
de la sumisa llanura. y vuelto a edad ya madura,_ sin otr~ relación con
. Bolívar subordinó a su autoridad y su presti- el ambiente durante tan dilatado tiempo, que la
gw esta fu erza, que complementaba la que él traía imagen .leja~a, bastante para mantener y acriso-

212 211
lar la constanci~ del amor, pero incapaz para
penda. Veces hay en que esa energía misteriosa se
aquel adobo wti! con que se infunde en la más
reconcentra y encastilla en u na w la facultad, en
hon~a naturaleza del hombTe el aire de la patria, una única potencia del alma, sea ésta la observa-
real¡z? su ohra de organizador y de estratégico sin
ción, la fantasía, el pensamiento discursivo, el ca-
nece;•Ic~ad de sumergirse en las fuentes vivas del rácter moral o la volu ntad militante; y entonces lu-
sent1m1ento popular, donde la pasión de libertad se
ce el genio de vocación re$tricta y. mo~ótona, que,
desataba con impulso turbulento e indómito al
si nació para la guerra, guerrea silencwso, adu: to
que nunca hubiera podido adaptarse tan rí~ido e incapaz de fatiga, como Carlos XII, el de Sueoa;
temple de m ldado. La accidental cooperación con si para el arte, pasa la vida, como Flaubert, en un
1~.~ montoneras de Güemes no acOTtó estas distan- juego de belleza, m irando con ~ndiferencia d e n.iño
CJas. ~~ el Sur, la Revolución tiene una órbita para las demás cosas del mundo ; y s1 para el pensamien-
el mJ.htar, otra para el caudillo. El militar es San to, vive en la exclusiva sociedad de las ideas, como
MartJ~: Be!grano o Rondeau. El caudillo es Arti- Kant, en inmutable abstracción d e sonámbulo. La
g.as, Guemes o. López. Uno es el que levanta mul-
facultad soberana se magnifica restando lugar y
.tJt~Tdes y las VIncula a su prestigio personal y pro- fuerza a las otras, y levanta su vuelo, como águila
fétJco, Y otro el que ~.ueve ejércitos de línea y se solitaria y señera, sobre la yerma austeridad del pai.
_pone con e!Ios al servicio de una autoridad civil. saje interior. Pero no pocas veces; lejos de obrar
En Bolívar ambas naturalezas se entrelazan como pote~ tad celosa y ascética, obra a modo de
ambo.s ministerios se confunden. Artigas más Sa~ coniuro evocador o de simiente fecunda; para su
Martm: eso es Bolívar. Y aun faltaría ailadir los confidencia y complemento, suscita vocacion es se-
rasgos de Moreno, para la parte del escritor y del cundarias que .rivalizan en servirla, y como si tr~s
tribuno: Bolívar encarna, en la total complejidad el águila del parangém se remontaran, de los abJs-
de medws Y de formas, la energía de la Revolución mos y eminencias del alma, otras menores que la
desde que, ~n sus inciertos albores, le abre camin~ hicieran séquito, la potencia genial se despliega en
como consp1rador y como diplomático, hasta que, bandada de aptitudes distintas, que rompen con-
decJar:ada ya, remueve para e!Ia los pueblos con la certadamente el e~pacio en dirección a una misma
auton~lad del caudillo, infunde el verbo que la cúspide. A esta imagen corresponden l.os genios
anuncm en la palabra hablada y escrita, la guía complejos y armoniosos; aquellos en qutenes toda
ha~~a su~. últimas. victOTias con la inspiración del la redo.ndez d el alma parece encendida en una sola
gemo mi!Jtar, ~ fmalmente la organiza como legis· luz de elección ; ya ocupe el centro de esa redon-
lador y la gobterna como politico. dez la imaginación artística, como en Leonardo; ya
la invencié>n poética, como en Goethe; ya, como en
.Cé~ar o Napoleón, la volu ntad heroica. Tanto más
. . ':'alióle para tanto su natural y magnfrica mul-
tJp~lCJda~ de facultades. El genio, que es a menudo gallardamente descuella la arquitectónica :n:ental
de estos espíritus múltiples, cuando la vocación o
untdad s1mplisima, suele ser también armonía estu-
facultad que lleva el cetro en ellos -el quilate-rey,
214
215
si recordamos a Gracián- halla cómo orientarse teria constitucional, que busca su apoyo en la con-
ele manera fi-rme y resuelta, en una grande y con: sideración de las diferencias y pecu liaridades del
centrada obra,_ en una idea constante que le impri- ambiente a que ha de aplicarse. Esta facultad toma
ma fuerte umdad y en la que puedan colaborar aun mayor vuelo y carácter en la constitución bo-
a un mismo tiempo todas las aptitudes vasallas, de liviana, extendida luego al Perú, obra del apogeo
suerte que aparezca operando, .en el seno de aque- de su genio y de su fortuna, donde los sueños de
lla unidad enérgica, la variedad más rica y con- su ambición forman extraño conjunto con los ras-
corde. gos de una inventiva .i~ novadora que. ha _mer~cido
De esta especie genial era Bolívar. Toda acti- la atención y el anállSls de los constltucwnahstas,
v.ida.d de su grande espíritu, toda manera de supe- como la idea de un "poder electoral", selecciona-
r~oncl.ad que cabe en él, se subordina a un propó- do del conjunto de los ciudadanos, en la propor-
sito_fmal y contribuye a una obra magna: el pro- ción de uno por diez, al que correspondería elegir
pósJto y la obra del libertador; y dentro de esta o proponer los funcionarios _públicos.
unidad coparticipan, en torno a la facultad cen- Con· e<tos planes constitucionales compar tía la
tral. y ~o~inante, que es la de la acción guerrera, actividad de sU pensamiento, en Jos días de la ple-
la mtulCI?n del entendimiento político, e-1 poder nitud de su gloria, la manera de r ealizar su vieja
de la aptitud oratoria, el don del estilo literario. aspiración de unir' en firme 1azo federal los nuevos
~omo entendimiento político, nadie, en la revolu- pueblos de América, desde el Golfo d~ México has-
cJ~n de Am_érica, Jo tuvo más en grande, más ilu- ·ta el Estrecho de Magallañes. No concurre en el
mmado y VIdente, más original y creador; . aunque 'Libertador merecimiento más glo"rioso, si no es la
no pocos de sus contemporáneos le excedieran en realización heroica de la independencia, que la pa-
el arte .concreto del gobierno y en el sentido de sión ferviente con que sin"tió la natural hermandad
las rea!Jclades c.ercana~. ti, .con más ch.ridad que de los pueblos hispanoamericanos y la inquebra.nta-
el presente. veJa el porvemr. Desde Jamaica en ble fe con que aspiró a dejar consagrada su umdad
1815, aún le iano y oscuro el término ·de la Revo- ideal por una real unidad política. Esta idea de
lución, escribe aquella asombrosa carta ardiente unidad no era en él diferente de la idea de la
de relámpagos proféticos, en que predice la suerte emancipación: eran dos fases de un mismo pensa-
de cada uno de los pueblos hi<panoamericanos des- miento; y así como ni por un instante soñó con
pués de su independencia, vaticinando así la vida una independencia limitada a los términos. de ye-
de ordenado sosiego de Chile como el despotismo nezuela ni de los tres pueblos de Colombia, smo
que ha de sobrevenir en el Plata con Rosas. El que siempre vio en la entera exte nsión. del conti-
sistema de organización propuesto en 1819 al Con- n ente el teatro indivisible de la Revolución, nunca
g.reso de Ang:ostura manifiesta, a vuelta de lo que creyó tampoco que la confraternicla? para la gue-
tJene de híbndo y de utópico, la crítica penetrante rra pudiese concluir en el apartamiento que con·
Y nudaz .de l.os moldes políticos que proporcionaba sagran las fronteras internacionales.. La América
la expenenc1a; ·y una facultad constructiva, en ma- emancipada te represento, desde el pnmer momen-

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'?• " "' "Pititu, wmo una indi o.'uble w n l e d e t a T t o d o poo· Bolivac no "'á moneo más que un
c1ón de pueblos: no en el vago senttdo de una amis- recuerdo h 1stónco; pero deba JO de esta corteza tero-
tosa concordia o de una alianza dirigida a sostener poral está la virtud perenne de 1~ idea. C~ando
el he~l~o de la emancipación, sino en el concreto se glorifica en Mazzini, en D'Azegho o en Gtobe:-
y posltJvo. de ?na organización que levantase a co- ti, la fe anunciadora y propagadora de l.a !taha
m~n conciencia política las autonomías que deter- una, no se Tepara en las manera~ de umón que
mmaba la e~tructura de los disueltos virreinatos. propusieron, ~ino en el fervor eflc.az. con que as-
En el. Istmo de Panamá, donde las dos mitades de piraron a lo esencial del magno obJetivo. Con más
Aménca se enlazan y los dos océanos se acercan 0 menos dilación, en una u otra forma, un lazo
creía ver la situación predestinada de la asamble~ político unirá un día a los pueblo~ de la Am~rica
federal en que la nueva anfictionía erigiese m tTi- nuestra, y ese día será el pensamiento del Ltber-
buna, ~omo la anfictionía de Atenas en el Istmo tador el que habrá resurgido y triunfado, Y será
de Cormto. Desde que, ocupando a Caracas des- su nombre el que merecerá, antes. que otro ~lgu-
pués de la campaña de 1813, gobierna por pTimera no, cifTar la gloria de tan alta ocastón. El ré~tmen
v~z e.n nombre de .América,. asoma ya en su política del consulado vitalicio, que Bolívar precontzaba,
e~ta. Idea de la umdad contmental, que ha de cons- no podía resolver, ni el problema de la c~nfe.de-
tituir el supTe~o galardón a . que .aspire cuando ración de estos pueblos, ni el de su orgamzactó~
venc~dor Y árbitro de un mundo.· La realidad in- -interior. Era un desvirtuado simulacro de repúblt-
medtat~ negó~e a acoger su sueño: mil fuerzas de ca; pero ·en este punto debe decirse que si ~olivar
separación que. obrab~n en el rot~ imperio colo- no llegó a la aceptación f~anc~ y cabal del mtema
~Ial, de~de la mmens1dad de las distancias físicas, republicano, con su esenctalístma resor~e de la Te-
sm . medws Tegulares de. comunicación, hasta las ri- novación del cargo supremo, sostu~o .st~mpre -y
vahdades y las desconfta~zas de pueblo a pueblo, es indisputable gloria suya- el pnncipto repubh-
ya fundadas en u~a. relattva oposición de intereses, cano en oposición a la monarquía, de cuyo lado
ya en el, mantemmiento de p_repotencias persona- Jo solicitaban las opini?nes más. prudentes y va-
le~, volvian prematuro y utóptco el grande pensa- liosas, y que eTa el ideal de gobterno con que ve-
miento, . que aun hoy se dilata más allá del hori- nía del Sur, en cumplimiento del programa poli-
zonte VJ.stble; y ni siquiera la unidad parcial de tico de Buenos Aires, la triunfadora espada de San
~olombi~ alcanzó. a sub~istir.. ¿~ué importa? La vi- Martín. La república íntegra y pu~a tuvo en la
SlÓn ge~Ial no deJaba de anttctpar por ello Ja con- América '!'evolucionaría, y desde el pnmer momento
vergencta necesaria, aunque haya de ser dificil y de la Revolución, un partidario fide!ísimo y un
morosa, de los destinos de estos pueblos: la realí- mantenedor armado: nada más que uno, y éste
dad triunfal e ineluctable de un porvenir que, fue Artigas: pero aún no se sabe bien, fuer~ ?el
cuanto ~ás .T~moto se imagine, tanto más acredi- pueblo que vela dentro de su alma esa tradtCión
tará la mtuictón profética de la mirada que llegó gloTiosa, porque acontece que algunos de los as-
hasta él. En lo formal y orgánico, la unidad in- pettos más interesantes y reveladores de la revolu-

·2i8 219
ción del Río de la Pla ta, 0 no e•.tán escritos 0 proceso que tire a empequeñecerle o macula~·le.
no están propagados. Yo lo pen:aba h ace poco le- Importa Tecordar, desde luego, que la perfeccrón
ye_nd_o_ el resumen, adm,irable de perspicuidad y negativa, en . el m·d~n moral, n o puede ser la
p1ectsrón, que de los ongenes de la América con- medida aplicable a ciertas grandezas de la volun-
temp~ránea hizo, en sus recientes conferencias de tad . creadora, de igual manera que no lo es, en
Madnd, el alto y noble talen to de Rufino Blanco el orden estético, cuando se está delante de aque"
Fombona. Dfcese allí que la revolución del extre- lla fuerza de creación que da de sí L a Divina Co-
~o Sur nació y se mantuvo en un ambiente de media o las estatuas de Miguel Angel. La natu-
rdeas monárquicas_; y es relativa verdad, porque no raleza no funde en sus moldes caracteres como los
se cuenta con Artrgas, y la revolución del extremo que cabe obtener por abstracción, elimin~ndo y
Sur, e~, en efecto,. una revol ución monárquica, sin añ adiendo rasgos, para componer el para~hg~a a
la acoón excéntnca de Artigas, el removedor de un cuerpo de moral que satisfaga las asprracwnes
la .democracia . de los campos, hostilizado y perse- éticas de una sociedad o de una escuela: funde
gmdo,_ como frera en co"o, por la oligarquía mo- la na turaleza caracteres orgánicos, en los que el
narqm•ta de l?s Posadas y los Pueyrredon es, y bien y el mal, o los que luego ha d~ clasificar
despedazado e mfamado luego, en historias efíme- como tales el criterio mudable y relativo de los
ras, ·p or los escritores herederos de los odios de hombre~, se reparten según una. cone~ación en que
a~:1ella política oligárquica. Una fundamental re- obra una lógica tan cabal e rmpenosa como la
·vlsJ.Ón de valores es tarea que empieza en la hi~­ lógica del pensamiento discursivo, con que se cons-
tona de esta parte del Sur; y cuando esa Tevisión truyen los sistemas de ética, aunque la una y la
s: h aya he:ho, mientras pasarán a segundo plano otra no se asemejen absolutamente en nada. Y
f1guras p<íhdas y mediocres, se agigantará, como fi- d bien el análisis del criterio moral puede llegaT
gura de América, la del caudillo de garra leonina lícitamente al carácter que modela la naturaleza,
q.u e e~ 1813 levantaba, por bandera de organiza- para señalar lo que halle en él de imperfecto,
CIÓn,. mtegra y claramente definido, el sistema re- transportado al mundq _de la libertad, nunca de-
publicano, 9ue Bolívar opuso Juego, au nque en berá extremarse en ese fuero cuando se encuentre
menos genuma forma, al programa monárquico frente a los gran.des temperamentos .personales, de
de San Ma rtín. eficacia avasalladoTa, ni deberá asp1rar a ver de-
.·....::- ......... .. -·
-·- ~ .. sintegrada o enervada por un molde ideal de per-
Tratándose de ~~lívaT político, llega ele suyo fección facticia esa original estructura del carác-
~1 tema de su ambiCión. Este rasgo es capital e ter, cauce de piedra de la personalidad, don.dc Te-
msepar~ble de su imagen. Siempre formaré tan ciben el pensamiento su troqu el, y la acciÓn el
pobre rd_ea del discernimiento histórico de quien impulso con que se desata. Hay una manera de
se empene en presentar a BolívaT inmune de la h eroísmo en que la ambición es natural atributo.
~asión de mandar, como del grado de compren- Quien dijera que la energía genial y el d esin_te.rés
sión humana de quien le inicie por tal pasión un no caben en un centro, afirmaría una opos1c1ón

•220 221
sin_ sent~~o entre ?o3
vagas abstracciones; pero natural, en uno y otro de los dos capitanes de
qm~n diJera que Cieno_ género de energía genial América, que el voluntario eclipse y el mayor en-
y Cierto género de desinterés son términos natu- cendimiento d e gloria con que resuelve sus opues-
ralm~nte inconciliables, pondría la mano en una tos destinos la histórica entrevista de 1822. Tiene
relación tan segura como la que nos autoriza a el alejamiento de San Martín explicación en su
sentar que ningún animal carnicero tendrá los noble y austera virtud, pero, en no menor parte
d~entes ni el estómago de los que se alimentan de sin duda, tiénela en las indeliberadas reacciones
hierbas, o_ que nunca pudo haber una especie en del instinto y la había anticipado Gracián en el
que se umeran, como en el grifo mitológico, la ca- "Primor" decimocuarto de El Héroe, donde defi-
beza ?el á~uila con el cuerpo del león. y si la ne el "natural imperio", y dice: "Reconocen al
energ1a g~~Ial es de aquel temple que supone, co- león las demás fieras en presagio de naturaleza, y
mo condición específica, la fe indomable en la sin haberle examinado el valor le previenen zale-
vir~ud única y predestinada de la propia acción, mas: así a estos héroes, reyes por naturaleza, les
Y SI con el nombre de desinterés se clasifica no adelantan respeto los demás, sin aguardar la ten-
e! fácil desarrimo respecto de egoísmos sensu,ales, tativa del caudal". Fuera de la actividad de la
smo el apartamiento de la obra cuando está in- guerra, en la aspiración o el ejercicio del gobier-
conclusa, y el desdén de la autoridad que trae en no civil, la ambición de mando de Bolívar deja
sí, los n:edios de de~env?lver la parte de obra que más libre campo a la controversia y a la crítica;
aun esta oculta y recogida en las virtualidades de pero aun en esta parte, nunca será legítimo juz-
una iluminación visionaria, entonces es lícito afir- garla sino levantándose a la altura de donde se
mar que la_c~nvivencia de ambos caracteres impli- alcanza a divi' ar, infinitamente por encima de
ca co~tradicción. Un Bolívar que, después de la egoísmos vulgares, al héroe que persigue con el
entrevista de Guayaquil, abandonara el campo a sentimiento de una predestinación histórica, un
su émulo, o que, una vez consumada su obra mi- grande objetivo, que estimula y realiza su ambi-
litar, renunciara a influir decisivamente en los nue- ción personal. No significa este criterio que toda
vo~ dest_inos de América, sería un contrasentido voluntad y todo paso del héroe hayan de concor-
psicológiCo, un enigma irresoluble de la naturale- dar nececariamente con el fin superior que él trae
z~ h~mana. En cambio, estos desenlaces de renun- al mundo, sin que la fe en sí mismo pueda indu-
ciamiento son co~a espontánea y congruente en ch·le a aberración. No significa tampoco sostener
l~s . héroes de la especie moral de San Martín. Es- la irresponsabilidad positiva del héroe ante la jus-
ptr:tus de vocación limitada y reflexiva, la abne- ticia de sus contemporáneos, ni su irresponsabili-
gación de ~n poder al que no les atrae ningún dad ideal para el fallo de la posteridad. Significa
alto propósito que realizar viene después de la sólo conceder todo su valar a la indivisible uni-
segura constancia con que han dado cima a un dad del carácter heroico, de modo que aquella par-
pen_samiento único y concreto; y aquella condición te de impureza que se mezcla acaso en el fer-
enCima de ésta cae como esmalte. Así, nada más mento eficaz no se presente a juicio abstraída de
222 22)
l~s otras, como el elemento material ue .
oándose de un conJ·Unto d d . q ' diso- rato de la expresión son caracteres que legitima
para en crudo veneno L on eh es nrtud ó
o saz n, la oportunidad, tratándose de solicitar el efecto
!ida de su . . . a mue edumbre que, va- presentáneo y violento en la conciencia de las mu-
. InStinto, a veces tan
miSmo instinto del . seguro como el chedumbres, se marchitan de estilo mucho más que
héroe 1 . gemo, se encrespa frente al la obra acrisolada y serena y que la íntima y
. • Y e Ciuza el pa<o· el .
de reflexión o de ca·r a"' t - ' gnrpo de hombres espontánea. Por otra parte, en la trama de esos
. e er, que opone a 1 d
oas de la . voluntad heroi . . as a u a- documentos oratorios suele mezclar sus hebras des-
sabiduría o 1 1. ca las prevlSlones de su teñidas y frágiles el vocabulario de la retórica po-
as a tiVeces de su derecho
o no razón contra el héroe · f. , tendrán lítica, que es la menos poética de las retóricas,
tengan; pero el historiador. lecueme e~ que la con sus vaguedades y abstracciones y sus maneras
vista por el procew de acci que luego .tienda la de decir acuñadas para socorro común en las an-
entretejen la complejidad d~n~:·a~n~eaccwnes que gustias de la tribuna; y así, en las proclamas y
rá en la voluntad dis arada humano, ve. arengas del Libertador, el relámpago genial, la
que, con las que se lp . del héroe una fuerza huella leonina, la imagen, la frase o la palabra
e asocian y las . .
tan, concurre a la armonía . q~e 1a 1Imi- de imperecedera virtud, resaltan sobre el fondo de
confundirá los mayore de la histona, y jamás esa declamación pseudo clásica, adaptada al len-
1a bald 1,a 0 perturbad s excesos
. .
de esa f
uerza con guaje de las modernas libertades políticas, que,
so, que disfraza una :~abiJc~Juietu~ ~el héroe faJ- divulgándose en los libros de Raynal, de Marmon-
en la mentida vocaci'o'n el n hegoistica y sensual tel y de Mably y en la elocuencia de montañeses
e un ero' ·
do las guedejas del león sob Ismo, Simulan- y girondinos, dio su instrumento de propaganda
de la Taposa. re el pelo atusado a la revolución de 1789 y lo dio después, de reflejo,
a nuestra revolución hispanoamericana. Este incon-
Tan interesante com 1 . sistente barro, en manos de BolívaT, es material
entre los talentos _o a aptitud política es, que modela un artífice de genio, pero barro al fin.
cultad de 1 ac~eson?s de! Libertador, la fa- En cambio, en las cartas la propia naturaleza del
este género ~eexre~Ión .hterar_Ja . . Su nombre, en género mantiene un aire de espontaneidad, que no
lado a . la elocugenocri.Ia, vdt~e pnnopalmente vincu- excluye, por cierto, ni la elocuencia ni el color.
a ar tente y p
proclamas y arengas, las más vibr ompos~ de sus Ya abandonadas y confidenciales; ya acordadas a un
que hayan escuchado 1 ant~s, sm duda, tono algo más lírico u oratorio, si la ocaúón lo
tos y multitudes p , en sue. o amen can o, eJ'érci-. trae de suyo; ya dando voz a las concentraciones
. . . ero, ya, sm negar
ml'raoón a tan espléndida ora . nuestra ad- de su pensamiento, ya a los aspectos de su sensi-
los ·q ue preferimo tona, muchos somos bilidad, radiante o melancólica, las cartas forman
tura má . s gustar al escritor en la litera- interesantísimo conjunto. La imagen nueva y sig-
, 's natm al y suelta de sus
clamas y arenga" co ' 1 . cartas. Las pro- nificativa realza a menudo la idea: "Estábamos
. . o, mo cua qmera a á1
cie literaria, en que el énfas. d 1 n oga espe- como por milagro [escribe en 1826] sobre un pun-
1S e acento y el apa- to de equilibrio casual, como cuando dos olas
224

¡ 225
enfur~cidas se enc~entran en un punto dado y se rior abiertos en el maravillmo espectáculo de aque-
mantienen tranquilas, apoyada una de otra, y en lla ~urora del siglo XIX, que desgarr~ la contin.ui-
una calma que parece verdadera, aunque instan- dad realista de la historia con un a bismo de rolla-
tánea: los navegantes han visto muchas veces este gro y de fábula; par~ t<::~ple del .corazón, u.n amor
original." H ay soberanos arranques de personali- malogrado, en sus pnmictas nupc1ales, por .la muer-
dad, como éste de la carta en que repudia la te: una pasión insaciada, de esas .que, deJando en
corona real que le ha propuesto Páez: "Yo no el vado el deo:ate de una fue-rza mmensa, la arro-
~oy. Napoleón, ni quiero serlo. Tampoco quiero jan a buscar desesperadamente nuev.o objeto, . de
Imitar a César; menos aun, a Iturbide. Tales ejem- donde suelen nacer las grandes vocaoones; vemda
plos ~e parecen indignos de mi gloria. El título de aquí, la revelación íntima de.l genio, y para em-
d.e .Libertador es superior a todos los que ha re- pleo e incentivo de él, la grandwsa oca~I?n .de una
c~bido el orgullo humano. Por tanto, me es impo- patria que crear, de un mundo que. rechmrr. Lue-
s~ble degradarlo." Otras veces, subyuga la aten- go, el arrebato de diez años .de est.a gigantesca av~n­
CIÓn el brío con que está sellada la ~entencia: "Pa- tura, mantenida con satámco ahento: la emoción
ra juzgar bien de las revoluciones y de sus actores, del triunfo, cien veces probada; la de la derrota,
es preciso observaTlas muy de cerca y juzgarlos cien veces repetida; el escenario inmenso, donde,
mur. de lejos." "Sin estabilidad, todo principio para imagen de esas sublimes cliscor~ancias, alter-
pohttco se corrompe y termina por destruirse." - nan los ríos como mares y las montanas como nu-
"El alma de un siervo rara vez alcanza a apreciar bes, el soplo calcinante de los Uan.os y el cierzo
la sana libertad: se enfurece en los tumultos o se helado de los ventisqueros; y al fm, el flotante
humilla en las cadenas." y fugitivo sueño que se espesa en plástica glo~ia:
Pérdidas de que nunca nos consolaremos han el paso por las ciudades delirantes, entre los VIto-
mermado este precioso tesoro de sus cartas; pero tal res al vencedor; las noches encantadas de Lima,
como se le conserva, es, no sólo el indeleble testi- donde un lángu ido deliquio entreabre la marcia-
~onio del grande escritor que hubo en Bolívar, lidad de la epopeya, y la hoTa im;fable en, qu~, des-
smo también el más entero y animado trasunto de la cúspide del Potosí, la m1rad~ ohmp1ca. s~
de su extraordinaria figura. El poema de su vida extiende sobre el vasto sosiego que s1gue a la ulti-
está all.í. Y en verdad ¡qué magnífico poema el de ma batalla ... ¿Queda más todavía? La voluptuo-
su .vida, para esa estética de la realidad y de la sidad amarga que hay en sentir caer sobr~ sí. la ~é­
acciÓ~ que hace. de u~a. vida humana un poema mesis de las envidias celestes: la proscnpCión m-
plástico! . .. Nadie la VIVIÓ más bella, y aun se di- justa e ingrata, de donde s~be ex p;:i~Í'r la concien-
ría, en sublime sentido, más dichosa; o más envi- cia de los fuertes una altiva fnuoón: cuerda de
diable, por lo menos, para quien levante por enci- ásperos w nes que no p~do faltar en esa vid~ de~­
ma de la paz del epicúreo y del estoico su ideal tinada a que en ella vtbrase la más compleJa. ar -
de vivir. Los ojos de la virgen fantasía, por donde monía de pasión y belleza. Almas para estas vtdas
llega la luz del mundo a despertar la selva inte- trajo aquel asombroso tiempo suyo, que renovó con

226 227
un soplo heroico y creador las cosas de los hom- y de la gloria había de trocarse en la "embriaguez
bres y dio a la invención poética el último de sus de absintio" de que h ablan lo~ tren os del Profe-
grandes momentos que merezcan n ota de clásicos. ta. Todo lo que resta de esa vida es dolor. Aque-
Cuando la explosión de personalidad y de fuerza lla realidad circunstante, que él había manejado
halló cómo dilatarre en el sentido de la acción a su arbitrio mientras duró su taumaturgia heroica;
suscitó los prodigios del endiosamiento napoleóni~ plegándola, como blanda cera, al menor de sus de-
co, con sus reflejos de soldados que se coronan re- signios; sintiéndola encorvane, para que él se en-
res. Cuando hubo de consumirse en imágenes e caramara a dominar, como sobre el lomo de su ca-
Ideas engendró el ansia devoradora de René, la b allo de guerra, y viéndola dar de sí la maravilla
wberbia indómita de Harold, o la majestad im- y el milagro cuando él los necesitaba y evocaba, se
peratoria de Goethe. J amás, desde los días del Re- vuelve, desde el preciso punto en que la epopeya
n acimiento, la planta humana había florecido en toca a su término, rebelde y desconocedora de su
el mundo con tal empuje de savia y tal energía voz. Antes las cosas se movían en torno de él como
de c?lor.. Y el ~enacimiento ¿no se llama, para notas de una música que él concertaba, épico Or-
la histona amencana, la Conquista? Y entre los feo, en armon ía triunfal: ahora quedarán sordas
homb;es del Renacimiento que conquistaron a e inmóviles, o se ordenarán en coro que le niegue
Amén ca, o ~a . gobern~ron todavía esquiva y mon- y denigre. Lógica y fatal transición, si se pien~a.
taraz, ¿no vmieron hidalgos del wlar de los Bolí- E~a· realidad social que le rodeaba, esa Aménca
vares de Vizcaya, cuyo blasón de faja de azur so- amasada a fuego y hierro en las fraguas volcánicas
bre c~mpo de sinople, h abía de trocarse, en su del Conquistador, escondía, cuando sonó la hora
postendad, por un blasón más alto, que es la ban- de su revolución, bajo el aparente enervamiento
dera de Colombia?. . . Cuando se ilumina ese re- servil , un insondable po' o de voluntad heroica, de
cuerdo, la vocación heroica lanzada a destrozar el virtualidades guerreras, acri,.oladas por su propio
Y~Igo de la c.onquista. se representa en la imagina- letargo secular, como el vino que se añeja en mmbra
CIÓn como SI el geniO de aquella misma sobre- y quietud. Apenas llegó quien tení.a la pala~ra del
humana gente que puso por sus manos el yugo con juro, toda aquella efervescenCi a adorm1da sa-
despertase, tras el largo sopor del aquietamiento lió a luz, capaz de prodigios: en el genio agitador
colonial, con el hambre de la aven tura y el ímpe- y guerrero halló entonces la realidad el polo que
tu en que acaba el desperezo felino. El Libertador la inmantase según las afinidades de su naturaleza;
Bolívar pudo llamarse también el Reconquistador. y aiH adonde el genio fue, la realidad le siguió y
obedeció con anhelo filial. Pero, consumada la
parte h eroica, la obra que esperaba al héroe, a .la
Corría ~1 final de 1826. En la cúspide de los vuelta del triunfo, como las preguntas de la Esfin-
encumbramientos humanos, numen y árbitro de un ge, era la manera de asimilar, de organiz~r, ~1
mundo, vol~í~ Bolívar a Colombia para asumir bien conquistado; de desenvolver, por la eficac1a
el mando civil. Pronto la embriaguez del triunfo del valor civil y de la sabiduría política, aquel ger-

228 229
men precioso, aunque en pura potencia, que el bición, que pide el precio usurario de s~ antici~o
valor militar y la inspiración de las batallas habían de valor o de audacia, y la exacerbada msolenCla
conquistado, menos como premio disfrutable que de la plebe, que recela el más legítimo uso del
como promesa condicional y relativa. Y para seme- poder en el mi mo a quien ha tentado, ? te,n tará
i ~l;te obra no había en la realidad m ás que dispo-
mañana, con los excesos brutales de la urama.
siCIOnes adversas; no había en el carácter here- Desde sus primeras horas de gobierno, Bolí-
dado, en la educación, en las costumbres, en la var tiene en torno suyo la desconfianza, el desvío,
relación geográfica , en la económica, más que re- y muy luego, la conspiración que le amaga; mien-
~istencia inerte u hostil. Fundar naciones libres don- tra< en el fondo de su propia conciencia él sien te
de la servidumbre era un teiido de h;\b itos que es- agitarse aquella sombra que, excitada por la h?s-
pesaban y arreciaban lo~ siglo~ ; naciones orgánicas tilidad prematura y violenta, pone en sus lab10s
y unas. donde el desierto ponía entre tierra y tie- la confesión viril del mensaje en que ofrece al Con-
rra habitada más ti empo y azares que la mar que greso f U renuncia: "Yo mi<mo no me siento ino-
anarta a dos mundo•: infundir el estímulo del cente de ambición". No hablan pasado de esto dos
adelanto donde confinaban con ]a h osquedad de años y la autoridad que investía n? era ~a el man~
la b"rh;;¡rie el anocamiento de la aldea; formar ca- dato de las leyes, sino el po~er d1ctatonal. La or-
pacid;¡cles de 11nhierno donde toda cultura era una ganización política que dejara fundada, con el om-
superficie artificial y tenuísima; hallar resortes con nipote nte prestigio de sus triun~os, en .el Perú_ y
que mantener, sin la represión del des potismo, un Bolivia, ~e desh ace en su amencia ; los mtereses y
orden estable: tal y ta n ardua era la obra. El con- pasiones toman allí otro~ .centros,. que tie~den al
flicto de fin y medios que ella planteaba, a cada desquite de aquella sumlSlón servil a las 1~eas y
paso, en la realidad externa, no perdonaba al mi~­ las arm as del Libertador, encelando el espíntu de
mo es píritu del obrero, del Libertador, mucho m <ÍS autonomía, y la guerra estalla entre Colombia. y
precleotinado para h éroe oue para educador de re- el Perú. tl había soñado en congregar las naCIO-
públicas; mucho más grande. en sus designios po- nes creadas por su genio, en nueva liga anfictiónica;
líticm, por la ilumin ada visión del término le- y aún no bien constituidas, peleaban entre sí, .~o­
jano y la soberana potencia del impulso inicial, que mo desde el vientre de la madre pelearon los hiJOS
por el e•fuerzo lento y oscuro con que se ll ega de de R ebeca. Entre tanto, en Colombia, la exacerba-
este a aouel extremo en las empresas que son de ción de la discordia civil llegaba ha~ta armar el
resignación, de cautela y de perseverancia. Tnnto brazo de los coniurados que, en la noche del 25
a estos ob~táculos esenciales, quedaban todavía los de setiembre de 1828, asaltando la casa de Bolívar,
que accidentalmente encre!paba la ocasión: que- intentan dirigir sus puñales al pec~o d.el Liberta-
daba aquella impura hez que deja al descubierto dor. Y mientras la frustrada conspiración de sus
la resaca de las revoluciones: las energías brutales en emigos deja en su pecho, ~i ~o. la. herida san-
que se adelantan a primer término; los calentu- grient a, la amargura de tamana Imqmdad, e.l con-
rientos delirios que se proponen por ideas; la am- ciliábulo de sus propios parciales hace relucir afa-

2JJ
2JO
nosamente ante sus ojos tentaciones monárquicas consumido entre la abnegación y el abandono. En
que él sabe rechazar con impertUTbable conciencia cua nto a penas del alma, cruzaban sus dardos so-
de su dignidad y de su gloria. Merced a esta fir- bre él las del dolor desinteresado, como de padre
m~za; no surge de tanto desconcierto una completa o ele maestro, y las del dolor egoístico d e la am-
r uma de las instituciones democráticas; pero per- bición rota y afrentada .. Y ni aun en el pensa-
siste la aciaga fatalidad de la dictadura, donde por miento del porvenir había refugio a tanto dolor,
fuerza había de amenguarse la talla del héroe, en porque lo más triste de todo es que Bolívar vivió
minüterio indigno de su altura moral. La rebelión el e·caso resto de sus días en la duda de la grandeza
contra el gobierno de hecho se desata en Popayán, de su obra y la desesperanza de los destinos de
con López y Obando; más tarde en Antioquia, con América. Por si alguna chispa de fe pudiera alentar
Córdoba; y no es reducida sino a costa de sangre, ba jo estas ceniza•, no tarda mucho tiempo en per-
que fomenta los odios. Ni acaban las calamidades en suadirse ele que su ostracismo no tendrá siquiera
esto. En 1829, lograda ya la paz con el Pertí, co~a la virtud de restablecer el sosiego. Harto a menudo,
aun más triste y cruel sucede a aquella guerra un ruido de armas removidas, allí donde hay guar-
fra tricida: Ven ezuela se aparta de la unión nacio- nición de mldados, anuncia, no, como un día, la
nal que, diez años antes, completó los laureles de gloria de la guerra, sino la vergüenza del motín: los
Boyacá; la unidad de Colombia perece, y el grito restos del ejército que había libertado un mundo
de esa emancipación llega a los oídos de Bolívar se disolvían en esa agitación miserable. De los veci-
coreado por el clamor furioso y procaz con que, nos pueblos hispanoamericanos llegaba el eco de pa-
de•de la propia tierra ert que nació, enceguecidas recidas turbulencias. Y como si todo esté espectácu-
muchedumbr~s le acusan y exigen de la Nueva lo de la América anarq uizada y en delirio, necesi-
Granada su anulación y su destierro. La estrella tara, paTa herir a Bolívar más de agudo, conden-
de Bolívar ha tocado en la sombra que la anegará; sarse en un solo h echo atroz, que colmase las in-
su ruina política es, desde ese momento, inconju- gratitudes y las subversiones y le traspasara a él
rable. En enero de 1830 abría sus sesiones la asam- en el centro de sus afectos, pronto había de saber
blea _llamada a restaurar el orden constitucional, y el vil asesinato de Sucre, el preclaro mariscal de
el L1bertador abandonaba el poder y se retiraba, Ayacucho, cazado, como un vulgar malhechor, en
aunque todavía sin franco ánimo de oscurecerse, un d esfiladero de los Andes, sin q ue fue•e escudo
a su quinta de las vecindades de Bogotá, de don- a la saña de la demagogia la gloria militar más
de salió muy luego para Cartagena, en alejamiento amtera y más pma de la revolución ele América.
que había de ser definitivo. Ni la salud ni la for- Amargulsima carta escrita en a'quella ocasión por
tuna iban con él, como prendas salvadas del nau- Bo!Ivar trasluce hasta qué punto extremó su desa-
fragio. Flaqueábale el cuerpo, herido de irremedia- liento ese crimen. Tal es la situación de su ánimo,
ble mal del pecho, que estampaba ya en su exte· cuando se oye llamar de Bogotá, donde el go-
rior Jos signos de una vejez prematura. De la here-· bierno de Mosquera ha sido d erribado y el motín
dada riqueza no quedaba nada: toda la habían triunfante quiere la vuelta del Libertador. Un úl-

2.3-J
timo encrespamiento de su instinto de dominación quienes la espada es como demiurgo innovador
y de su fe en sí mismo le estremece, y por un que, desvanecida la efímera luz de las batallas,
mstante vuelve los ojos a los que le llaman; pero deja una huella que transforma, o ha de trans-
luego que advierte cómo es la sedición militar formar en el desenvolvimiento de los tiempos, la
1~ que, sin conocida sanción de los pueblos, le suerte de una raza de las preponderantes y no-
tie~t~ con un poder arrebatado a sus poseedores bles. ¿Qué falta para que en la conciencia uni-
legitimo•, recobra su voluntad de apartamiento versal aparezca, como aparece clara en la nues-
y su actitud estoica, y altivo arranque de su dig- tra, esa magnitud de su gloria? Nada que revele
nidad le libra de romper aquel solemne ocaso de de él cosas no sabidas ni que depure o interpre-
sU vida con las vulgares pompas de un triunfo te de nuevo las que se saben. Él es ya del bron-
de pretor. Agravado m mal, trasládase en el oto- ce frío y perenne, que ni crece, ni mengua, ni se
ñ~ de 1830 a Santa Marta. Allí, donde diez y ocho muda. Falta sólo que se realce el pedeftal. Falta
anos antes tomó el camino de sus - primeras vic- que subamos nosotros, y que con ~uestros hom-
torias, allí, arrullado por el trueno del mar, espera bros encumbrados a la altura condigna, para pe-
la cercana muerte, epilogando, como el mar, con destal de estatua semejante, hagamos que sobre
la tristeza de una calma sublime, la sublimidad di- nuestros hombros de~cuelle junto a aquellas fi-
ná~i~a de sus desates tempestuosos. Su espíritu, guras universales y primeras, que parecen más al-
~unficado y aquietado, sólo tiene, en aquellas úl- ta~ sólo porque están más altos que los nuestros
t~mas horas, f?alabras de perdón para las ingra- los hombros de los pueblos que las levantan al
titu~es, de olvido para los agravios, y votos de con- e~ pacio abierto y luminoso. Pero la plenitud de
cordia y amor para m pu eblo. Pocos hombres vi- nuestTos d e•tinos se acerca, y con ella, la hora
vieron, en el torbellino de la acción, vida tan en que toda la verdad de Bolívar rebose sobre
bella; ninguno murió, en la paz de su lecho, el mundo.
muerte más noble. Comenzaba la tarde del 17 de y por lo que toca a la Amé~ica nuestra, ~1
diciembre de 1830 cuando Simón Bolívar, Liber- quedará para siempre como st~ I_nsuperado He-
tador de América, rindió el último aliento. TOe Epónimo. Porque la supenondad del héroe
!labia dado ~ los nuevos pueblos de origen no se determina sólo por lo que él sea capaz de
espanol su má< eficaz y grande voluntad heroica, hacer abstractamente valoradas la vehemencia de
,el más espléndido verbo tributario de su propa- su v;cación y la energía de su aptitud, sino tam-
ganda revolucionaria, la m;ís penetrante visión bién por lo que da de sí la ocasión _en que ll~ga,
de sus destinos futuros, y concertando todo esto, la gesta a que le ha enviado la consigna de DIOs;
la ;epresentación original y perdurable de su es- y hay ocasiones heroicas que, por trascendentes y
píntu en el senado humano del genio. Para en- fundamentales, son únicas o tan raras como esas
contrarle pares es menester subir hasta aquel celestes conjunciones que el girar de los ast:os no
grupo supremo de héroes de la guerra, no ma- reproduce sino a enormes vueltas de tiempo.
yor de diez o doce en la historia del mundo, en Cuando diez siglos hayan pasado; cuando la_ pá-

2J4 2)5
tina de una legendaria antigüedad se extienda
desde el Anáhuac hasta el Plata, allí donde hoy habrá ocasión de definir más ampliamente en
otras partes de este estudio.
campea la naturaleza o cría sus raíces la civiliza-
ción; cuando cien generaciones humanas hayan
mezclado, en la ma•a de la tierra, el polvo de sus
.... ~~~~: .~ ~~. -~~ .i~ .~¡~~~~. ~· .~e·r~~. ·d; .~{~~: .~
hu~sos con el polvo de los bosques mil veces des- con la compañia de sus libros, grandes hub1~ron
ho¡ados y de las ciudades veinte veces recons- de ser los obstáculos que puso ante él la pteca-
truidas, y hagan reverberar en la memoria de ria armazón de cultura de su pueblo. Él nos re-
hombres que nos espantarían por extraños, si los fiere el heroísmo que era necesario desplegar pa-
alcanzáramos a prefigurar, miríadas de nombres ra valerse de la irnpr~nta; sólo a dura costa, Y
g!oriosos en virtud de empresas, hazañas y victo- con ayuda de amigos, pudo dar a luz las entregas
de El Cosmopolita. Y todo esto es, en su pastón,
nas de que no podemos formar imagen: todavía
la parte menor y más livi~n~, porque queda el
entonces, si el sentimiento colectivo de la Améri-
aislamiento y abandono espmtual, que ~s lo ver-
ca libre y una no ha perdido efencialmente su
daderamente doloroso; queda el calvano. de la
virtualidad, esos hombres, que verán como noso-
incomprensión común: desde la q~e ~e enza ~on
tros en la nevada cumbre del Sorata la más ex-
las púas de la inquina a la supenondad, pasión
celsa altura de los Andes, verán, como nosotros
de democracias chicas, h asta la que se encoge de
también, que en la extensión de sus recuerdos de
hombros con un zafio menosprec~o ~e toda labor
gloria nada hay más grande que Bolívar.
desinteresada de estilo y de investigación, y la que,
dentro mismo de estas actividades, ensordece a
lo nuevo y personal, o afecta comprender Y ~o
MONTALVO comprende .. . ., quedan, en fin ' aquellos resabiOs.
Fragmentos del ensayo Montalvo publicado de la aldea, por los cuales, para las altas c?sas
en El Mirador de Próspero, 191). del espíritu, toda esta Améric.a es~añola ha stdo,
en escala mayor, soledad de vtllorno, como la d;l
Mientras en sus procedimientos de artífice rincón aquel donde Montalvo compuso _la mas
se manifiesta lo refinado, lo complejo, hay en su difícil de sus obras, ¡sin trato con semeJantes Y
naturaleza de combatiente y de entusiasta, mu- · l'b
Sin 1 TOS t · · · Bien se siente el resuello• de esta
1
cho de empuje primitivo e indómito, de heroica herida cruel en la admirable introducciÓn a os
y candorosa energía. En la flor de aticismo del Capítulos que se le o lv id~ron a Cervantes. Y ape-
humanista aclimatado trasciende la crudeza del nas hay alto ingenio amencan? que no haya expr~-
t~rruño de América. Y el efecto es una origina- ado alguna vez parecido sentimiento o no lo ?eJe
hd':d sujeta a números y tiempos, pero no do- ~ercibir en una callada vibración _de sus escntos.
menada, que, como carácter literario, no tiene El fundamento real de estos agraviOs de los sup: -
semejante en la América de nuestro idioma, y que riores es de extensión universal y humana; radi-
ca en el primitivo barro de Adán; pero ellos re-
236
237
.
crudecen en las so~iedades de América por lo
incapacidad de adapt~rse sól? es condición de
mal a~entado y desigual de su civilización, don- progreso, en la evolucrón social como e? la or-
d7, mientras las excepci~nes personaJes en inge- gánica, si se resuelve. en energía de rea_ce1ón, q~e
niO y saber, con la_s necesidades y los apetitos que acomoda a las necesidades de la propia supeno-
uno Y otro determman, pueden subir tan alto co- ridad el ambiente mor tal a los inadaptados, cuan-
II_lO en los grandes ceuu os de cultura, las condi- do inferiores o débiles.
Ciones de a_te?ci_ón y correspondencia sociales que-
dan m~y mfenores, centuplicándose así la des-
A menudo refleja el pensamiento de Montal-
vo el ritmo de un irrefrenable desapego a la tran-
proporció? entre el _elegido Y. el vulgo. De aquí
sitoria realidad de la patria y un profundo sen-
el desasosiego. de la tnadaptaoón, y cierto impul-
timiento del ser ideal y permanente de ella. H~­
~? de nostalgia,. muy_ com_ún en los hispanoame- blando de su forzoso abandono de la secretana
ucanos ?e vocacrón laerana y artística, por aque-
lla patn~ _d,e n.ueHro abolengo y nuestro espíritu
que desempeñó en París, decía: "La s.uerte se me
que la crvihzaCió~ europea extiende del otro lado puso zahareña de repente, ~ con .~n fiero ademán
me volvió a echar a este n ncón . Otra vez agre-
del mar. Expatnarse, como siempre lo anheló
M~ntalvo, suele ser entonces justa y fatal gravi- gaba: "Si llega para mí el día de volver a Europa,
ta~Ión; pero expatt~iarse, como él, con el pensa- prometo a mis conciudadanos que no les .daré
mucho que murmurar en justicia". Hay ocasiOnes
mrento Y la memona dando cara a la tierm más
dulce c~a?to más lejana, y con el sueílo de la' vuel-
en que manifiesta su desvío con amarga rudeza:
ta, presidrendo a los anhelos de asimilación y de "Sólo siento no tener buena, noble y grande pa-
c~ltura q_ue un día. traerán cómo pagar a la pa- tria, donde no ser noble, bueno y gran p~triota".
Comentando el desorden de los pueblos luspanoa-
tna n~t~1 al el precw de la ausencia. Quedar así,
mericanos, exclamaba: "¡Ah repúblicas turcas! El
en espmtu, o quedar de hecho, es, indistintamen-
te, mantener la vinculación obligatoria y fecun- cielo se contrista, el infierno wnríe, cuando echan
los ojos a esta parte del ~mndo." Pero otros ras-
da co? la obra común de los hermanos; y sólo
han Sido grandes, en América, los que h an al- gos complementan el sentrdo de aquéllos con pa·
canzado a mantenerla, y en la proporción en que labras de fe y esperanza: "América, joven, :o?us-
la ~a.n mantenido. Sólo han sido grandes, en ta, inteligente y amiga de l.o grand.e, cumphra ~u
Amenca, aquellos q~e han desenvuelto, por la
destino se civilizará, será hbre, fehz y gozará sm
estorbo' los dones de su gran naturaleza". Mien-
palabra ? po·r la accrón, un sentimiento america-
no. Nadie p~ede. cooperar eficazmente al orden tras estuvo en París, visitador asiduo del Jardín
de Plantas, gustaba demorarse, con la terneza del
del mundo smo aceptando con resolución estoi-
amor reconciliado por la ausencia, frente a todo
ca, aun. más: con. alegría de ánimo, el puesto que
la c~.nsrgna de Dws le ha señalado en sus milicias
lo que despertaba en su espíritu la imag~n del
terruño: "El cóndor de los Andes, la ortiga de
al frJ.arle una patria donde nacer y un espacio
América, la coronilla; el gallo tanisario, de canto
del trempo para realizar su vida y su obra. La
solemne y melancólico".
238
239
La integridad de la conciencia americana· la aJl{ las huellas de ·la sangre del indio en el lusú·e
integridad que comprende el sentimiento profé,tico de una hoja de Toledo.
de la cabal grandeza de nuestros destinos, y por
tan.to, de la cabal grandeza de nuestro pasado, ARTIGAS
esta pres~nte en su obra, y ella le mueve, en uno
d: los Stete Tratados; a aquella gaBarda afirma- Mensaje escrito en julio de 1915 para ser
leído en una peregrinación patriótica a la "Me-
ción de la superioridad de Bolívar sobre Bona-
~arte, afirmación que hubo de espantar en su seta de Artigas", en El Hervidero, departamento
tzempo a la g;nte discreta y partidaria del apo- de Salto. (Véase el opúsculo: ]osé Enrique R o.dó,
ca~mento comun, y que aun la asombrará hoy Artigas, Homenaje de la Facultad de Hu rr:anzda-
mismo, aunque por ventura no tanto. ¿Q~ién des y Ciencias, Montevideo, 1950.) Se publ.tcó_ por
ha consagrado acentos de más honda piedad a la primera vez en el diario El Siglo, el 23 de ¡ulw de
suerte de las domadas razas indígenas?. . . y en 1915, con el titulo de " La grandeza de Artigas".
c~1anto a la originalidad de la naturaleza, tam-
La peregrinación anual al H ervidero, que fa-
brén supo sentirla y fijarla a menudo. Nada más miliariza con un campo sagrado en el recuerdo
prop~o para oído por la montaña que la voz con de la patria el espíritu de las generaciones orien-
que Imprecó a la majestad del Pichincha, de mo- tales, se perpetuará como un .ri.to in~lter~ble de
do tal que imaginamos que aún está retumban- nuestro culto cívico. La trachCión lustónca no
do en los contornos del gigante. Nada más pene- tiene en tierra nacional santuario más venerando
trado de aroma de la tierra y de divina humildad que esa solitaria meseta. Hay que ir a erguirse
que aquel su elogio del maíz, el trigo del pobre, sobre su cúspide para abrir el pecho a la cruda
el acumuladO'r de la energía que ha de desatarse pureza de las ráfagas de pasión patt: ióti~a que el
por los brazos del indio labrador, cuando encor- ambiente de las ciudades refrena y amortigua. Hay
vado sobre el suelo. hecho del polvo de los suyos, que mirar desde su altura para dominar t~da ~a
trueca su dulce paciencia en oro del amo. . . ea- amplitud del horizon te que abarca, en la h1stona
d.a ~ez que esta nota de americanümo, en el sen- del Río de la Plata, la fuerza de expansión y
tt~ruento o el color, se levanta a presidir la armo- propaganda de nuestro credo revolucionario de
ma d~ una prosa tan clásica, tan limpia, tan de 1813, la fórmula profética integral de los destinos
la antigua hechura, comparece en mi memoria la de la América libre.
impresió? de aquellos Comentarios reales, donde Montevideo es la cuna de la patria, en cuan-
un mesuzo que unió a la doble nobleza de la to esto significa un primer núcleo de so~iabilidad
calidad el privilegio del estilo, dejó expresados, y civilización, con los elementos esenciales que
en. la .más pura lengua del conquistador y en la preceden a la Independencia y que persisten y
~as nca Y. gallarda prosa de su tiempo, sabrosí- deben persistir a través de todas las .transforma-
Simos candores del alma americana, que semejan ciones. Montevideo es, además, el ongen de un

240 241
espíritu local con aspiraciones a la autonomía de Artigas, hombre de ciudad por el origen y la
económica y política, que obró acaso como el educación primera; hombre de campo por adap-
principio más activo en la formación de un es-
tación posterior y por el amor entrañable y la
píritu de nacionalidad.
comprensión profunda del rudo ambiente campe-
Pero si por cuna de la patria entendemos, no
el conjunto de esos antecedentes primeros, bino la sino. Son este amor y esta comprensión los que
revelación entera, franca y eficaz del sentimiento definen la original grandeza de Artigas, el secre-
que llamamos propiamente patriótico y de la idea to de su eficacia personal, la clave de su signifi-
que lo determina y hace consciente, entonces no cación histórica. Haber profesado con inquebran-
está la cuna de la patria en Montevideo, último table fe, cuando todos dudaban, los principios de
reducto del poder español y fácil presa de la la independencia, la federación y la república,
conquista lusitana. La cuna ·d e la patria está dis- bastaría para revelar· corazón entero y m ente ilu-
persa en la extensión de esas cuchillas casi de- minada, pero no bastaría para determinar la su-
siertas donde las montoneras heroicas espaciaron perioridad del hombre de acción. Lo que de-
su instinto de libertad y su indómita soberbia, termina esa superioridad es la intuición y la au-
fermentos generadores de una independencia y dacia en la elección de los medios, es el mirar de
de una democracia; la cuna de la patria está en águila por el que comprendió que los elementos
el terrón del rancho humilde donde tuvo su pre- necesarios para imponer aquel programa en los
cario asiento aquella sociabilidad seminómade que destinos de la Revolución estaban sólo en el seno
se personifica en el tipo legendario del gaucho; de esas muchedumbres de los campos, a cuyo fren-
la cuna de la patria está en el seno de la virgen te se puso, afrontando las preocupaciones y los
y bravía naturaleza, y abarca tanto espacio como egof,mos de su tiempo. Allí en el ambiente agres-
las fronteras de la patria misma. Pero si en algu- te, donde el sentir común de los hombres de ciu-
na parte se radica y concreta es en ese original dad sólo veía barbarie, disolución social, energía
e intere.> antísimo esbozo de capital independien- rebelde a cualquier propósito constructivo, vio el
te que se asentó sobre la mesa del Hervidero y
gran caudillo, y sólo él, la virtualidad de una de-
~onde Artigas bosquejó con tosca energía, la
mocracia en formación, cuyos instintos y propen-
Imagen de organización civil que llevaba en la
siones nativas podían encauzarse, como fuerzas or-
mente junto a las inspiraciones de su acción
heroica. gánicas, dentro de la obra de fundación social y
La sociedad europea de Montevideo y la so- política que había de cumplirse para el porvenir
cíedad semi-bárbara de sus campañas, dándose re- de estos pueblos. Por eso es grande Artigas y por
cíprocamente complemento, fueron mitades por eso fue execrado como movedor y agente de bar-
igual necesarias, en la unidad de la patria que se barie, con odios cuyo eco no se ha extinguido del
~rasmitía al porvenir. Y el lazo viviente que las todo en la posteridad. Trabajó en el barro de
JUntó dentro de un carácter único es la persona América, como en el Norte Bolívar, y las salpi-
caduras de ese limo sagrado sellan su frente con
242
243
un atributo más noble que el clásico laurel de va ntado en derredor de una figura h i. tórica tan
las victorias. espesa nube ele polvo como la que ha venido os-
Montevideo, 17 de julio de 1915 cureciendo, ante el extranjero, la grandeza del
indomable jefe de los "gauchos", del inspirador
En carácter de apéndice al mensaje de julio de las gloriosas Instrucciones de 1813; pero ya
de 1915, reproducimos a continuación otros dos e~e polvo efímero se aqu ieta y de<ciende a su lu-
textos: gar, y América y Artigas van a abrazarse con abra-
zo indisoluble. N inguno de los caudillos suda-
Primero: un fragmento del prólogo que en mericanos personifica con tan característica ener-
febrero de 1914 escribió Rodó para la obra Ar- gla la democracia espontánea, genial, n acida de
tigas y la R evolución Americana, por Rugo D. las entrañas mismas de América; ninguno como
Barbagelata, publicada en París en 1917 (citada él desplegó desde el primer momento, con tal fe
edición de Obras Completas de Rodó, pág. 1018): y constancia, la bandera de · los principios de or-
ganización que habr ían de prevalecer como fun-
Aun cuando la acción histórica del glorioso damento perdurable de la independencia y liber-
caudillo aparecía como envuelta en vagas br umas, tad de los pueblos del continente. Ya estas ver-
el corazón del pueblo le consagró invariable fe y dades ~e abren paso, y a generalizarlas y arraigar-
trasmitió su nombre, de generación en genera- las contribuirá no poco la persuasiva exposición
ción, con el prestigio legendario de una personi- de las páginas que van a leerse. *
ficación heroica. Sobrevino después la obra de crí-
tica y análisis, que corroboró las intuiciones del Segundo: una nota sobre la bandera de A1·ti-
sentimiento popular y dejó asentada, sobre pedes- gas, publicada por R odó en eldiari~ La R~z?~l,
tal inconmovible, la estatua ideal que pronto ha Montevideo, 25 de marzo de 1915 (cttada edtcton
de encarnar en bronce, en una de las plazas de de Obras Completas de Rodó, pág. _1206):
Montevideo. Pero faltaba difundir por Am érica
la verdad de Artigas, y ésa es la grande oportu- La bandera inspirada. Las banderas, com o
nidad de este libro; faltaba encumbrar, a altura toda obra de la imaginación humana, pueden na-
capaz de percibirse más allá de las fronteras na- Ce'l' de la composición artificiosa qu e obra reflexi-
cionales, esa figura de epopeya: sin duda la más vamente y en frío, o de la inspiración espon tánea
ol'iginal, soberbia y arrogante, la que más sobe- y ferviente que encuentra, de un golpe, el símbolo
rana fuerza de personalidad vincula, entre cuan- original, la forma abrazada desde que nace, con
tas se destacan en el cuadro de la revolución de entrañable abrazo, a una idea, a un sentimiento
n uestro extremo Sur. Pocas veces la conjuración colectivo.
de los odios heredados, de los egoísmos de n ación
o ciudad, de las inercias y rutinas que traban la • Con est e texto se relaciana el pas:<je dedicado a
Artigfls en e l ensayo Bolívar, págs. 219-220 d el presente
libre renovación de los juicios humanos, ha le- volumen.

244 245
En las banderas "in~piradas" parece obrar la
misma fuerza estética inconsciente que ordena lineas
y colores en las creaciones de la naturaleza. Yo es-
toy seguro de que, quien quiera que sea el que ideó
la tricolor soberana de 1815, no llegó a ella por
modificaciones y pruebas sucesivas, sino que la
vio proyectarse de una vez, y como sobre la lum-
bre de un relámpago, en el fondo de su imagina-
ción. La roja diagonal que rubrica los colores ce-
lestes imprime a ese lábaro de nueétra indepen-
dencia primera un sello de originalidad y de ener-
gía, que se apodera del corazón, por una especie
de violencia ~ impática. Poned la tricolor de Ar-
tigas en un cuadro de banderas: instantáneamen-
te la atención del observador se sentirá solicitada
hacia aquella bandera audaz y única, que, por su
propia fuerza, se diferenciará y afirmará su per-
sonalidad entre las otras. No da la natmaleza co- V
lores que puedan sustituir, en la expresión y be-
ll eza, a los de la insignia universal y humana de
1789, y no hay modo de concertar esos colores
que iguale en sencilla y nueva inspiración al de
TESTAMENTO
la heroica enseña de Artigas. Diríase que la tur- AMERICANISTA
bulenta libertad americana, tomando para sí las
consagradas tintas de la libertad, quiso ordenar-
las de modo menos simétrico y ritual, más singu-
lar y atrevido, como cumplía a aquella reb_elde
e indomable democracia que, erguida sobre el lo-
mo de las cuchillas orientales, impuso a los des-
tinos de la Revolución de Mayo, el sentimiento
de la igualdad social y la idea de la organización
republicana.
TESTAMENTO AMERICANISTA
Al concluir el aií.o
Artículo que figura en El Camino de Paros
con el título de "Al concluir el año") fechado en
Roma en diciembre de 1916 o sea pocos meses
antes de la mue_rte de Rodó.
Para la mirada europea, toda la América es-
pañola es una sola entidad, una sola imagen,
un solo valor. La distancia de>vanece límites po-
líticos, disimilitudes geográficas, grados diversos
de oTganización y cultura, y deja subsistente un
simple contorno, una única idea: · la idea de una
América que procede hi~ tóricamente de España
y que habla en idioma español. Esta relativa ilu-
sión de la distancia, que a cada paso induce a
falsas generalizaciones, a enormes errores de lu-
gaT, a juicios de que no aprovechan, por cierto,
las mejores entre nuestras repúblicas, tiene, sin
embargo, la virtud de corresponder a un fondo
verdadero, a un hecho fundamental y trascenden-
te, que acaso los hispanoamericanos no sentimos
todavía en toda su fuerza y toda su eficacia: el
hecho fundamental de que somos esencialmente
"unos"; de que lo somos a pesar de las diferen-
cias, más abultadas que profundas, en que es fá-
cil reparar de ceTca, y de que lo seremos aun más
en el futuro, hasta que nuestra unidad espiritual
rebose sobre las fronteras nacionales y prevalez-
ca en· Tealidad política. .
Es interesante observar cómo se trasmite esta
sugestión de la distancia a los americanos que zo más prometedor de gloria y de bien, contesta·
viven en Europa. Yo tuve siempre una idea muy ría: "Formar el sentimiento hispanoamericano;
clara y muy apasionada de la fuerza natural que nos propender a arraigaT en la conciencia de nuestros
lleva a panicipar de un solo y grande patriotis- pueblos la idea de América nuestra, como fuerza
mo; pero aun en los americanos originariamente común, como alma indivisible, como patria única.
más devotos de las estrecheces del terruño, de la~ Todo el porvenir está virtualmente en esa obra.
hosquedades del patriotismo "nacional", comprué- Y todo lo que en la interpretación de nuestro pa-
base a cada instante en Europa que la perspectiva sado, al descifrar la historia y difundirla; en las
de la ausencia y el contacto con el juicio europeo orientaciones del presente, política internacional,
avivan la noción de la unidad continental, ensan- espíritu de la educación, tienda de alguna manera
chan el horizonte de la ide<~; de patria y ·anticipan a contrariar esa obra, o a retardar su definitivo
modos de ver y de sentir que serán, en no lejano cumplimiento, será error y germen de males; todo
tiempo, la forma vulgar del sentimiento ameri- Jo que tienda a favorecerla · y avivarla, será infali-
cano. Veis aquí cómo el e~píritu argentino .•e abre ble y eficiente verdad."
con solícito afán a los infortunios de México; có- En este maravillo•o suelo de Italia, donde los
mo el criollo de Colombia o de Cuba hablan con ojos leen cómo la unidad de una tradición y de
orgullo patriótico de la grandeza y prosperidad un espíritu, aunque largos siglos parezcan negaTle
de Buenos Aires; cómo el montañés de Chile re- fuerza ejecutiva, concluye por encarnar en reali-
conoce en los llanos de Venezuela y en las selvas dad inconmovible, me he dicho infinitas veces
del Paraguay voces que tienen consonancia den- fJUe, si aún está para nosotros lejana la hora de
tro de su espíritu. Los recuerdos o los problemas una afirmación política de nuestra unidad, nada
vivos y actuales que, entre algunos de nuestros hay que pueda demostrar mejor el boceto ideal
pueblos, pueden ser causa de recelo y desvío, se de ese cuadro futuro, que la aproximación de las
depuran, en el americano que ha pasado el mar, int('ligencias y la armonía de las voluntades. Y
y manifiestan transparentemente el fondo per-
he pensado en la juventud como siempre que pasa
durable de instintiva armonía y de interés soli-
dario. por la mente una idea de esperanza y de gloria,
y me he preguntado por qué de sus periódicos
La comprobación de este sentimiento en los
americanos a quienes he tratado en Europa pa- congresos de estudiantes no nacería, con la coope-
rece el más grato mensaje que pueda enviar, al ración de los Estados, una fiesta aun más amplia,
concluir el año, con mis . filiales votos de amor, aun más significativa: las Panateneas de nuestra
a mis dulces tierras de Occidente. Si se me pre- liga espiritual; un 25 de mayo o un 12 de octu-
guntara cuál es, en la presente hora, la consigna bre celebrados de modo que fuesen continental-
que nos viene de lo alto, si una voluntad juvenil mente el ágape de la amistad americana, y con.
se me dirigiera para que le indicase la obra en gregaseh a los enoviadbs de las diecisiete repáblicas,
que podría ser su attióh inás fecunda¡ su esfu~t- eh ]úílta cultural dónde se dellnea5e poci:> a poto

~jt
el hábito de deliberaciones más eficaces y de la- con gesto maternal y augusto. El soberbio Marco
zos más firmes. Aurelio de bronce evocaba, en una sola imagen,
Otro sentimiento despierta dentro del corazón la glOTia del pensamiento latino y del latino po-
americano la influencia de Europa, y es la pro- der. Sobre las balaustradas de la plaza, los .tro-
funda . f_e en nuestros destinos, el orgullo criollo, feos de Mario. Más allá, la estatua ele Rienzi, del
la tomflcante energía de nuestra conciencia social. "último tribuno", diseñando su ademán oratorio
Despierta este sentimiento porque la comparación sobre los jardines donde juegan en bandadas los
·on la obra de los siglos, si en muchísimas cosas niños. Y me acerqué a la jaula de la leona que
certifica la natural inferioridad de nuestra infan- mantiene, allí donde fue la madriguera de Rómu-
cia, da su justo valor al esfuerzo que ha permi- lo, el símbolo de la tradición inmensa en tiempo
tido levantar del suelo generoso, entre las convul- y en gloria; y la vi revolviéndo ~ e impaciente en-
si_ones y las fiebres de nuestra formación política, tre los hierros que la estrechan. Y me parecía como
cmdade~ como Bueno~ Aires, como Santiago, como si, en su pre•agiosa inquietud, la nodriza de la
Mo~tevtdeo. Lo de~ p1erta, además, porque en es- raza mirase a donde el sol se pone, y buscara, de
ta tierra de Europa la historia l)abla en cada pal- ese lado del mundo, nueva libertad y nuevo es-
mo con palabras de piedra, evocadoras de recuer- pacio.
dos y ejemplos. infinjtos, y las palabras de la his-
toria son la mejor excusación de nuestras inexpe-
rie~cias _Y de nuestros errores; el más palmario
testtmomo del fondo "humano" de nuestros de-
vaneos; la más reparadora explicación de las tur-
bulenci~s juve~iles . que vanas filosofías atribuye-
ran a mcapactdades del medio o de la raza. y
despierta, finalme~t:, aquel sentimiento, porque
los tesoros y prodtgtos de esta civilización creado-
ra, en arte, en ciencia, en ideas sociales, estimulan ·
Y engrandecen el anhelo de nuestro porvenir, SU-
pueStO que la fuerza virtual existe con la here-
dada energía y sólo falta el seguro auxilio del
tiempo.
. Esto pensaba al subir las gradas del Capito-
lio, cuna,~ altar de la latina estirpe. El sol de
una suavlSlma tarde doraba aquellas piedras sa-
gradas y aquellos árboles que -dicen la manse-
dumb~e y la gracia de esta naturaleza. La· gue-
rrera Imagen de Roma presidía, allá- en el fondo,

252: 253
INDICE

EL AMERICANISMO DE RODó 7
LOS 'I'EX'lO::> 4.3
I. .c\MERIC'ANlSMO LITERARIO
El americ;.IJh'lt.CI literario (1895) 45
P01· Ja umdad de Amer.ca 18::~6) 63
Scbre el m•oo.krmsmo hterario americano
<18!16 a 1Pl'4) 66
Un t·J tmplo de americanismo literario (1904) 72
Im.tacwn :; onginaüdad en la literatura
luspan >amcr.cana (l9U7) 74
El poema de .f..ménca (1910) 80
La o.•l.ent3clóll ae la nueva literatura
lJJSpanoamericana UUlU-1911) 82
Ur.a bandera littraria (1912) 84
II. AMER!CANISMO CULTURAL
Ariel. A la juventud de América (1900) 91
Am...-nca y Eurt•pa (19J9) 1~
Del pos1tlv.sn•<> al idealismo en Hispanoamérica
!l91U) 147
La tradición en los pueblos hispanoamericanos
11915) 154
L a~ herr:JS del porvenir (1916) 161
III. AMER!CANISMO POLíTICO
Magna Patria (1905) 16¡¡
Sacre Amt•rica L atina (1906) 167
'. La cuestión social en Aménca (19{)8) 168
Hac1a la unid<:~ polít.ca de América (1909) 170
Iberoamérica (191U) 172
El Centenario Hispanoamericano (1910) 175
Adhesión a Alfredo L. Palacios (1912) 180
Nm.stro d.i!~pre~tigio (1912) 181
La Magna Patria y los Congresos Internacionales
de Estudiantes Americanos (1912-1913) 184
La servidumbre del indio (1913) 189
Imptr.alism'l europeo e imperialismo americano
(1914) 195
IV. AMEI!ICANISMO HEROICO
Bolívar (1912) 199
Montalvo (11113) 236
Arti&as (1114-!!115) 241
V. TESTAMENTO AMERICANISTA
Te:;;.;1mento 11m•~ricanista (1916) 249
BSTA PRIMERA BDICION DI!
ROOO
POR ARTURO ARDAO
SB TERMINO DB IMPRIMIR
EL DIA 18 DI! NOVIEMBRE DE 1970
BN TALLBRBS GRAfiCOS "JJ" S. A.
PIEDRAS S22 / MONTBVIDBO
BL TEXTO ESTUVO AL CUIDADO
DB MARTA CASAL DB GATTI
BDICION AMPARADA llN EL ART. 79 DB LA LEY IJ. H9
PRECIO BN MONl'BVIDEO $ 460

CARATULA DISEÑADA
POR
BLANKITO