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Suriano, Juan, "El Anarquismo”

La historia del anarquismo en la Argentina fue largamente abordada a partir de su relación directa con el
movimiento obrero, pero poco se ha escrito sobre las instituciones que favorecieron su circulación: sobre
este aspecto particular trabaja el historiador Juan Suriano en su ensayo "Anarquistas".
Bajo la consigna "Cultura y política libertaria en Buenos Aires 1890-1910", Suriano analiza las prácticas
culturales y políticas de este importante movimiento social que a comienzos del siglo XX luchó contra las
injusticias que por entonces había generado la modernización económica.
La investigación se centra especialmente en la ciudad de Buenos Aires en la década comprendida entre
1900 y 1910, período en el que los anarquistas consolidaron sus símbolos, sus formas de movilización y
sus órganos de prensa, además de escuelas, centros culturales y bibliotecas proclives a su ideario.
El estudio está centrado en la ciudad de Buenos Aires: "En principio porque el anarquismo vio limitado su
alcance nacional: si bien se detectan núcleos o militantes en diversas zonas del interior, su peso fue casi
irrelevante en aquellas sociedades de carácter tradicional. En cambio, su presencia se concentró en las
áreas más dinámicas de la economía como las grandes ciudades del litoral", aclara Suriano en el prólogo.
Fue allí donde influenció, tanto a trabajadores extranjeros como a nativos que participaban del proceso
modernizador, dotándolos de una red de instituciones gremiales, políticas y culturales. Por otro lado, su
peso fue más significativo en las ciudades que en las áreas rurales, hecho que convierte al anarquismo
argentino en un fenómeno eminentemente urbano.
El período abordado se inicia en 1890 con los primeros efectos sociales sobre el proceso de
modernización, mientras la propaganda libertaria empezaba a tomar cuerpo conformando sus primeros
grupos, editando periódicos y delineando las estrategias que adoptaría el anarquismo maduro una década
más tarde.
"Finalizar la investigación en 1910, aunque a veces se prolongue hasta 1912 ó 1913, no implica que el
anarquismo haya desaparecido, sino que esa fecha es el punto de partida de la decadencia, pues aunque
el imaginario colectivo haya seguido percibiéndolo como un actor social de peso, en la práctica (política,
social y cultural) desde 1910 había iniciado su inexorable declive", acota Suriano.
El investigador describe cómo el acelerado proceso de modernización que comenzó en 1870 propició la
conformación de un mundo del trabajo constituido por una incipiente clase obrera ocupada en algunas
pocas fábricas importantes, en una multitud de talleres y en infinidad de comercios.
Esta sociedad urbana, según Suriano, presentaba rasgos favorables para el arraigo de tendencias
contestatarias, como la contante movilidad horizontal y vertical de un cuerpo social que no terminaba de
constituir una fisonomía definitiva y que, aunque permitía el ascenso y bienestar de una parte de los
trabajadores, excluía a otra porción definitiva.
Estas particularidades fueron conformando una sociedad en donde la confrontación social y el
enfrentamiento ocuparon un lugar destacado. La puja entre la incipiente clase obrera porteña y sus
manifestaciones ideológicas, por un lado, con los patrones y el Estado, por otro, adquirió en numerosas
oportunidades características violentas, profundizando el clima de confrontación.
Suriano determina que mientras estos factores perduraron y se combinaron una serie de problemas como
las malas condiciones de vivienda, la desprotección laboral, la desocupación, los bajos salarios y las malas
condiciones de trabajo, las propuestas libertarias tuvieron vigencia y fueron relativamente creíbles y
atractivas para los trabajadores.

El Centenario significó un quiebre en la historia del anarquismo argentino.21 Juan Suriano nos
menciona como causa de este declive, no sólo la represión estatal, sino también la fuerte
competencia sindicalista en la organización del movimiento obrero, los cambios en las
dinámicas políticas de la Argentina a partir de la Ley Sáenz Peña y, finalmente, las disputas
en el seno del movimiento anarquista.