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CULTURA ESCRITA (UAH)

HISTORIA SOCIAL DE LA CULTURA ESCRITA

CASTILLO, ANTONIO 10-11


DE LAS TABLILLAS AL CODEX

TEMA 1

Los orígenes de la escritura. 1. En el principio no había escritura. 2. Usos de la


escritura en el Próximo Oriente Antiguo. 3. Escribas y Archivos.

Los mensajes que los seres humanos emitimos, irán evolucionando


progresivamente hasta tratar de representar gráficamente los sonidos que emitimos al
hablar, hasta representar el alfabeto. Pero antes del descubrimiento del alfabeto, e
incluso en fechas posteriores, las formas de comunicarse fueron muchas. Las
personas desarrollan en cada situación de la vida cotidiana, formas de comunicación
no escrita. La escritura será una de las formas de comunicación que tiene el ser
humano, siendo la única que permite registrar las ideas y transmitirlas. La escritura
permite un acto único de comunicación a través de las palabras que pueden ser
interpretadas de distinta manera, pero no significa que el texto sea ambivalente. La
escritura no son los objetos, son las trazas, los signos que van a ir apareciendo en los
objetos. Los quipus incas son un ejemplo de escritura de objetos. Las primeras
formas que se encuentran que tienen la voluntad del ser humano de transmitir algo,
algún mensaje, son las representaciones figurativas de la prehistoria, las que con el
paso del tiempo también evolucionarán hacia otros signos, pero hay una voluntad de
representar elementos de la vida cotidiana, que revelan la necesidad de establecer
una comunicación con su entorno o dioses, a través de la reproducción de la realidad,
porque todavía no han llegado a un nivel de abstracción que permita no representar
exactamente lo que ven. Ese nivel se irá incrementando con el paso del tiempo donde
aparece arte más esquemático, signos geométricos que representan objetos.

El nivel de abstracción, que se ha denominado recurso nemónico, elementos


que permiten recordar hechos o aspectos, terminará evolucionando a otras formas
abstractas aunque más elaboradas, que corresponderán a la pictografía, como es el
estado inicial de la escritura jeroglífica egipcia, donde aparecerá una primera fase que
es pictográfica, y una segunda en la que cada signo representará sílabas, por lo tanto
será una escritura silábica, con una base ideográfica importante. La escritura
pictográfica se podría dividir en dos modalidades, la pictografía sinóptica, la que
representaría una imagen, y otra que sería la pictografía analítica, aparecida en
códices, y que sería la que representa con imágenes encadenadas toda la vida
cotidiana. Aquí se está elaborando un precedente de la escritura. Esa evolución
terminó en torno al 3.300 a.C. en Mesopotamia y en Egipto donde aparecerán
escrituras formalizadas, conjunto de signos con idioma universal y que permitirán
establecer una comunicación. El problema que todavía se plantea, es que esos
símbolos tienen distinto valor en función del lugar donde aparezcan, lo que hace muy
difícil la interpretación de los mensajes. La búsqueda de la escritura dio lugar a la
búsqueda de soluciones, que se ha podido documentar en Mesopotamia y en Egipto,
apareciendo una escritura que representa ideas, la escritura ideográfica. Una segunda
fase sería la escritura cuneiforme y la escritura jeroglífica, experimentado un avance
en Mesopotamia y en Egipto, que sería la creación de una serie de símbolos que
representarían las sílabas. En Mesopotamia, en una primera fase de la creación de la
escritura, se crearon los calculli, que eran unos pequeños objetos en los que se
realizaban inscripciones. Pero este sistema tenía el inconveniente de que para ser
entendido el mensaje había que unir varios calculli, además de que no mantenía la
necesaria privacidad. En Mesopotamia se tiende a avanzar en la comunicación, ya
que era necesario mantener una cierta privacidad en la información, lo que se creen la
bullae, especie de cajitas donde los calculli van a ser introducidos sellando el exterior y
preservando la comunicación para que solo sean conocedores de la comunicación las
personas a las que va destinada. Como era un sistema todavía tosco, habría una
tercera fase, apareciendo en la superficie de las bullae unas inscripciones. A pesar de
que es un sistema de comunicación, todavía no puede considerarse escritura, porque
no se ha alcanzado todavía el nivel en el que cada signo tenga un único significado, y
no varíe en función del lugar en el que aparezca.

La escritura nace para resolver situaciones y necesidades concretas, como la


organización y el control económico. Sociedades sedentarizadas que crean
estructuras de poder complejas, con estructuras jerarquizadas. Las tablillas
cuneiformes encontradas, desarrollan desde el primer momento una operación de
organización del conocimiento, que en esa fase pudo ser revolucionaria, ya que
permitían acceder a la comunicación de una manera fácil. Eran escrituras que tenían
un repertorio de signos muy extenso, explicando el hecho de que los escribas,
personas muy instruidas, hayan sido los creadores de los textos de estas culturas.
Los testimonios de las primeras culturas permiten hablar de un uso de la escritura
como forma política, como las estelas de Mesopotamia, señales de los límites del
Imperio, y junto a ellas los cilindros, una crónica histórica de los hechos. Otra clave
que determinó la invención de la escritura fue la religión, sociedades en los que la
religión es fundamental, y hace que muchos textos estuvieran relacionados con la
religión, donde se relataban prácticas religiosas o servían como comunicación con los
dioses. Muchos textos debieron estar destinados a los dioses y no a los humanos, por
el lugar en el que han aparecido, como por ejemplo en Egipto que gran parte de la
escritura jeroglífica se ha realizado en el interior de las tumbas, donde nadie podía
acceder y que hacía que su único destinatario fuese el propio muerto o los dioses. El
sentido que se le daba a la escritura no era una práctica de comunicación, era una
práctica del rito sagrado que se establece en torno a la muerte.

Las condiciones en las que los textos se daba a conocer, no permitía que fuera
legible, por lo tanto, no solo se escribía para que fuese leído, se escribía para dejar
constancia de los hechos con independencia de quien fuese el lector, pero también
porque la escritura adquiere un valor cultural importante. El último elemento que
configura los usos de la escritura en cualquier sociedad, es el que tiene que ver con el
uso literario. La literatura no desencadena la escritura, aparece en un segundo
momento dentro de la historia de la escritura. La primera literatura de Egipto y
Mesopotamia, tenía un efecto propagandístico, donde los reyes y faraones hacían que
los escribas dejasen constancia de sus gestas, no para ser leído y disfrutado por la
gente. Propaganda que se daba a conocer exclusivamente en la corte, y de forma
escasa en el resto de la sociedad. Para dar a conocer al resto de la sociedad una
información, era la lectura en alta voz. La cultura Mesopotámica y la Egipcia,
muestran una serie de cambios en la forma de escribir, consolidándose en Egipto un
triple sistema de escritura, la jeroglífica, la hierática y la demótica. Como es muy
laboriosa la escritura jeroglífica y estaba destinada a la figura de los dioses, se
desarrolla la hierática, utilizada por sacerdotes, y la demótica que fue la escritura que
sirvió para las actividades cotidianas. Este hecho de que se desarrollaran esos tres
niveles de escritura, significa que había un grupo de personas implicada en la
escritura. Similar fue en Mesopotamia, donde algunos de los textos que no podían ser
copiados en una tablilla por su extensión, se utilizaron varias series de tablillas,
introduciendo una numeración para las tablillas. Se trata de un principio de
estructuración del texto escrito, buscando un público más amplio del que originalmente
iba destinado. A la vez se fue creando una cultura literaria, que hace necesaria la
creación de archivos, depósitos donde se recogían los textos administrativos, y
bibliotecas donde se guardarían los textos literarios.

ORIGEN Y FUNCIÓN DE LA ESCRITURA.

Los primeros indicios de escritura tanto en Egipto como en Mesopotamia, se


encuentra en la prehistoria. La decoración de la cerámica de Nagada II, es
considerada por algunos como el primer intento de expresar unos mensajes que
posteriormente pasaron a la escritura jeroglífica. Estas primeras formas de emisión de
un mensaje, se ve como un anticipo del mundo egipcio en la utilización de la escritura,
para ayudar y asegurar a la persona su estancia en el Más Allá y su sustento,
pensando que lo que quedaba escrito era eterno, circunstancia que en el mundo
egipcio tiene más importancia, porque la escritura jeroglífica conserva el realismo de
sus signos, aumentando la sensación de ser una representación con vida propia.

En Mesopotamia, los primeros textos aparecen en Uruk IV. Son escrituras


pictográficas realizadas en tablillas, siendo en su mayoría textos de carácter
económico-administrativo. Sin embargo, hay estudios que indican que desde el VIII
milenio hubo anotaciones que evolucionaron hasta llegar a los pictogramas sumerios.
Eran pequeños objetos de arcilla cocida de distintas formas, denominadas calculi, y
distinguiendo entre las simples y las complejas. Las simples no presentan marcas en
la superficie, apareciendo en el VIII milenio. En las complejas hay muescas, puntos y
rayas, apareciendo a finales del IV milenio y coincidiendo con la urbanización y el
desarrollo de la administración.

El rápido proceso de urbanización de Sumer hizo que esta herramienta de


contabilidad se quedara obsoleta, surgiendo las bullae que eran objetos en los que se
insertaban cuentas complejas. Aparecen también improntas en sellos, obtenidas a
través de cilindros, que presentaban una superficie grabada en negativo que imprimía
en relieve al hacerlo rodar sobre la arcilla. El último paso fueron las tablillas que
desaparecieron con el fin de Mesopotamia. Además del carácter contable y
administrativo, se observa un sentido ceremonial e ideológico, destinado a
conmemorar las acciones de los reyes de Egipto y Sumer, sirviendo de legitimación.
En Egipto, los cilindros-sellos son una influencia de Mesopotamia, destacando la
paleta de Namer, donde se observa una de las características de la escritura
jeroglífica, como era el arte y la utilización de unos signos, que además de valor
fonético, son símbolos. En Sumer también se encuentran improntas de cilindros,
donde se muestran la presentación de ofrendas.

La escritura tuvo un carácter utilitario que era la necesidad de conocer los


recursos de los que se disponía, aunque también tenía un componente ideológico.
Otro tipo de escritura característico del mundo próximo oriental, era el lenguaje de
símbolos o imágenes, necesario en una sociedad en la que prácticamente nadie sabía
leer o escribir, pero que hacía necesario transmitir a la sociedad las acciones del
gobierno, dotando de legitimidad a los gobernantes. Los textos iconográficos
resultaban más importantes para el estado que los escritos, ya que para estos últimos,
era necesario un intérprete. En Egipto y Mesopotamia, la escritura fue una invención
divina, no humana, ocurriendo todo lo contrario en el mundo griego.

CARACTERÍSTICAS DE LAS ESCRITURAS PRÓXIMO ORIENTALES

Egipto se identifica con la escritura jeroglífica, formada por un conjunto de


signos pictóricos. Consta de un abecedario de 24 signos sin vocales. Desde la IV
dinastía, se va desarrollando la escritura hierática, una escritura cursiva basada en la
jeroglífica. El origen se debe al aumento de la complejidad del estado, y al
funcionamiento limitado que ofrecía la lenta escritura jeroglífica. El desarrollo de la
escritura hierática, provocó que los jeroglíficos se utilizaran solo en los templos,
tumbas y monumentos conmemorativos. Egipto desarrolla otro sistema de escritura, el
demótico, que constituye la normalización de la escritura de un país mediante la
dotación de un único sistema. El nombre deriva de la palabra demos, que significa
pueblo, caracterizándose por el desarrollo de varias abreviaturas y unión de palabras.

De la escritura sumeria pictográfica, los dibujos eran naturalistas. El siguiente


paso fue la creación de afijos para expresar formas gramaticales, provocando que los
primeros signos se fueran perdiendo, haciendo los trazos cada vez más lineales,
derivando de ello el nombre de cuneiforme. En Sumer se fue desarrollando una
escritura aglutinante que tenía como base la raíz, añadiendo a la palabra
terminaciones al principio o al final. En el Acadio la construcción es silábica. Una de
las características de estos primeros sistemas de escritura es la orientación, de
derecha a izquierda, común en muchas culturas, excepto en las de tradición griega o
latina. La escritura jeroglífica egipcia puede ser leída de izquierda a derecha, de arriba
abajo o al contrario. El hierático se escribe de derecha a izquierda.

ESCRITURA Y ESTADO

La escritura poseía una finalidad administrativa ya que en el Próximo Oriente


dominaba el tipo de economía redistributiva. Por ello, los textos encontrados reflejan
la entrega de raciones al personal dependiente de los palacios y los templos, similar a
las tablillas micénicas, y afianzando la idea de que esas fueran sociedades despóticas
y centralizadas.

Además de la administración interna, también se recogían las transacciones


realizadas por las sociedades que básicamente eran agrícolas. También forma parte
de la escritura la de carácter religiosa egipcia, donde se recogían las acciones llevadas
a cabo en vida, y llegar al juicio que las personas debían superar para alcanzar el Más
Allá. Como en el Próximo Oriente no existían libros sagrados, los ritos que se
realizaban tanto a diario en los templos, como los dirigidos a conocer los designios de
la divinidad, debían ser efectuados de acuerdo a unas normas establecidas, siendo
una de las funciones de los escribas la realización de las copias de esos ritos. Los
ritos eran efectuados por sacerdotes, pero al no estar todos instruidos en la escritura,
aparece la figura de los sacerdotes lectores.

La necesidad de comunicación entre estados hace necesario el uso de otras


lenguas. En Mesopotamia coexisten estudios y etnias, habiendo una interrelación
entre ellos, haciendo necesarios unos medios para conocerse y comunicarse. Para el
desarrollo de unas relaciones más fluidas, se requiere una escritura franca, que en el
Próximo Oriente, será el acadio. A pesar de todo, la utilización de una lengua franca
no implica que las expresiones y términos tengan el mismo significado en todas las
culturas, lo que lleva al préstamo lingüístico. Anteriormente a que el acadio fuese la
lengua diplomática, se crearon diccionarios para el uso de escribas.

La necesidad de garantizar el funcionamiento de las actividades profesionales


de acuerdo a unas normas y a una legalidad en las transacciones comerciales, dio
origen al funcionamiento de los cilindros-sellos como marca de la propiedad. El robo o
la utilización fraudulenta de los mismos estaba castigado duramente en los códigos
mesopotámicos. Los escribas que recogían las transacciones en las tablillas eran los
encargados de garantizar que lo escrito se correspondiera con la realidad. En algunas
tablillas se encuentra lo que se conoce como “colofones”, que consisten en que al final
de cada tablilla, el escriba pone su nombre, la fecha y la ciudad donde se ha hecho,
responsabilizándose de lo escrito.

La escritura se reveló como instrumento importante para propagar las acciones


de gobierno, desde los decretos de exención de impuestos o esclavitud que los reyes
babilónicos emitían al subir al trono, hasta los códigos legales en que se expresa que
han sido transmitidos por orden divina. Las necesidades y usos de la escritura, van
parejos a los cambios y necesidades que van teniendo las sociedades próximo
orientales y que, implican que el número de escribas sea mayor.

ESCRITURA Y ARTE
La palabra griega jeroglífico significa grabados sagrados, y se utiliza para
referirse a los extraños signos que llevaban las paredes de los templos. La relación
entre escritura y arte está justificado en los jeroglíficos, porque cada signo fue
concebido como una obra de arte. En las escrituras pictográficas, es esencial el
naturalismo de los signos para poder reconocer lo representado, y posibilitar el
significado y el mensaje, haciéndose más patente en Egipto, y desapareciendo en
Mesopotamia. Los jeroglíficos dan vida a conceptos e ideas imprescindibles tanto
para el mantenimiento del orden establecido por los dioses, como para dar vida a lo
que representan. Las creencias religiosas hicieron pensar que una parte de la
persona, permanecía viviendo en la tumba. Una vez que no perduró la práctica de
realizar ofrendas al ka del difunto, comienzan a representarse escenas de la vida
cotidiana y agrícola junto a textos que les daban vida, garantizando la alimentación del
ka.

La escritura jeroglífica no es realizada, en la mayoría de ocasiones para ser


contemplada, y sí para un espacio sagrado o funerario. El uso de la escritura para
fines religiosos, tenía el problema de que había un número de personas capaces de
hacerlo. El naturalismo y la vida de lo escrito estaría relacionado con el color, que en
Egipto delimita en ocasiones la esencia de sus vidas. Cada signo se convierte en una
pequeña obra de arte, por lo que se piensa que los textos hallados en tumbas y
templos, fueron realizados por artistas y no por escribas. Esta utilización y función de
la escritura jeroglífica, implica que tenga que adaptarse a un espacio de columnas,
dinteles, y explica la orientación de los signos.

La escritura jeroglífica puede ser leída en diferentes direcciones, pero en


templos o tumbas su finalidad era servir a los dioses, faraones, sacerdotes o a difuntos
para expresar sus deseos o acciones, por lo que estos signos deben ser colocados
mirando hacia la persona para que pueda leer lo escrito, y dar vida a lo que se le
ofrece. Los templos egipcios reproducen en su arquitectura y organización la creación
del mundo, por lo que los elementos que pertenecen al caos se ubican mirando al
exterior, mientras que el orden, ofrendas y acciones del faraón se colocan hacia el
interior. Debido a que las imágenes y los textos de las tumbas están concebidos para
revivir lo representado, se encuentran escenas relativas a la vida cotidiana.

El carácter estético de algunos signos jeroglíficos, hacen que alguno de ellos


se corresponda con amuletos. La relación entre la escritura jeroglífica, el arte y las
concepciones religiosas de los egipcios es muy estrecha. En Mesopotamia, la relación
entre escritura y arte se encuentra en la escritura glíptica, ya que en las estelas,
relieves o estatuas de gobernantes, los escritos tienen como finalidad identificar al
personaje y expresar aquello por lo que ha sido realizada, utilizando los mismos trazos
rectos que los documentos administrativos.

ESCRIBAS

La alta burocratización de los estados próximo orientales, explica que los


escribas ocupasen una posición importante en la escala social, y se les considere
fundamentales para su mantenimiento y desarrollo. En el caso de Egipto, el término
escriba, se asocia al dominio de la escritura jeroglífica, no siendo del todo cierto, ya
que algunos solo conocían el hierático, además, los encargados de pintar las paredes
eran los artesanos. El cargo de escriba era uno de los más importantes e implicaba
una cercanía al rey que lo convertía en influyentes consejeros. Esta situación les
llevaba a considerarse una clase privilegiada. Su trabajo no se limitaba al palacio a al
templo, a veces tenían que recorrer el país para fijar los límites de los campos y
calcular los impuestos. Con la documentación obtenida, los escribas anotaban las
incidencias. Todos los documentos eran después clasificados y guardados en
estantes o cestos de madera.
En íntima relación con el trabajo de los escribas están los materiales utilizados.
En Egipto, a pesar de ser la arcilla un material abundante, barato y fácil de preparar
para realizar tablillas, abundaba el uso de papiros. En Mesopotamia, los escribas
preparaban las tablillas secando la arcilla de forma natural o cociéndola. De cualquier
manera, el trabajo con tablillas en Mesopotamia era problemático, ya que eran
demasiado pequeñas para escribir composiciones literarias extensas, por lo que se
usaban varias tablillas para un mismo texto. Posteriormente aparecieron tablillas más
grandes y muy pesadas, que hacían que el escriba no pudiera trabajar con una sola
mano, y necesitase un ayudante para sujetarla. Cuando se completaba una cara se
anotaba al pie la primera palabra de la siguiente cara, se le daba la vuelta y se
comenzaba a escribir por la parte inferior empezando con la última palabra de la cara
anterior. Otro problema era la dureza de la tablilla, que no podía estar totalmente
seca, y debía tener un grado de humedad o blandura suficiente para poder escribir.
En las tablillas más grandes, se observan diferencias en el trazado y profundidad de
las cañas a medida que el escriba se acercaba al final. Las correcciones había que
realizarlas al tiempo que se escribía, pero no se podía una vez seca la tablilla. El
escriba egipcio no tenía este problema, ya que podía trabajar con largos textos y con
correcciones y adicciones en negro o rojo, pues podía encolar varios trozos de papiro
y enrollarlos en torno a un cilindro.

Respecto de los sopores utilizados, serían diferentes dependiendo de la


función del texto. Se utilizaban tanto las estelas como el papiro o la ostraca, siendo
este último soporte más abundante y barato en Egipto, porque solo se necesitaba un
pincel y tinta negra. Los recursos también influían en el trabajo del escriba, como en
Mesopotamia, donde la escasez de piedra explica que los textos en este soporte sean
tan escasos, y que solo se utilizasen ara grandes edictos o monumentos. Para el
escriba, el período de aprendizaje sería lo más duro debido a la larga lista de signos
jeroglíficos, aunque por término medio no se utilizasen más de 500, además de los
métodos de enseñanza, puesto que el maestro podía aplicar castigos corporales a los
alumnos. Por regla general, los maestros eran personas con una posición social
respetada. Para la realización de su trabajo, los escribas tenían archivos a su
disposición, origen de las bibliotecas creadas más tarde.

Las tablillas eran de diferente tamaño en función de su contenido. Las más


pequeñas, redondas y con 2 o 3 columnas de texto, eran relativas a asuntos
administrativos o económicos. Otros más grandes para contenido de carácter
comercial. Al ser encontradas las tablillas en diferentes dependencias, se deduce que
hubiese una clasificación. Junto a esas dependencias había un vestíbulo, en el que
posiblemente trabajaban los escribas. Esta organización de archivos recuerda la
distribución de los archivos micénicos, donde también existe una separación temática
de las tablillas. En el mundo micénico han existido diferentes manos de escribas, lo
que significaría que un escriba podía estar especializado en asuntos específicos. Otra
de las funciones de los escribas era la que se llevaba a cabo para una sociedad
iletrada, y para la que escribían mensajes, cartas, redactaban documentos de
propiedad o contactos matrimoniales.

El aprendizaje de los escribas en Egipto se recibía en las casas de la vida, mientras en


Mesopotamia, Siria y Palestina, en las edubas. El acceso estaba limitado a los hijos
de las familias nobles puesto que el aprendizaje duraba varios años, y en el Próximo
Oriente los cargos y funciones eran hereditarios. Había un encargado del látigo, que
confirmaría la aplicación de castigos corporales a los alumnos que no respondían a las
expectativas. Existían dos niveles de estudios: uno elemental, en el que el alumno
aprendía los signos y los mecanismos de lectura, y otro más avanzado en el que se
recibían conocimientos más técnicos, relacionados con la elaboración de mitos, textos
literarios, tratados de astrología, matemáticas.
CONTROL DEL CONOCIMIENTO

En esta sociedad, el conocimiento es algo restringido. La capacidad de los


sacerdotes de leer y reflexionar sobre un mito para después exponerlo en la sociedad,
las acciones de gobierno presentadas con imágenes, y por escrito a los dioses, es lo
que garantiza y legitima la forma de gobierno. La adquisición de un conocimiento y la
posición social que conlleva, se expresa en los propios títulos nobiliarios. Por ello, en
las sociedades próximo orientales, los títulos relacionados con ser portador de un
sello, implican una posición social económica. En todas las sociedades existen grupos
de guardianes o favorecidos por el conocimiento. Esta clase privilegiada por el
conocimiento de la escritura influye en la sociedad a través de aquello que le
preocupa. El conocimiento permite diferenciar lo verdadero de lo falso y actuar
correctamente, y no respetar esto supone pecar. Una religión puede responder y
hacer frente a cuatro aspectos: el intelectual, el social, el bienestar y el emocional.
Respecto al primero, la religión egipcia puede ser considerada una religión de
conocimiento. Lo que está escrito perdura y debe ser respetado, por lo que la
escritura adquiere un importante papel. En Egipto, la fuerza de la palabra es mayor
incluso que la representación. Los escribas sabían leer y escribir, pero no tenían
libertad para expresar ideas y sentimientos, en cambio, debían conocer el lenguaje de
propaganda y ensalzamiento de reyes.
TEMA 2

La musa aprende a escribir: Oralidad y cultura escrita en Grecia. 1. Del


ideograma a la escritura alfabética. 2. La erosión de la oralidad (ss. -VIII a -VI). 3.
Oralidad versus cultura escrita: el siglo de Pericles. 4. Organización escrita de la
sociedad (ss. -IV a -I).

En la literatura de la época se encuentra la presencia de una manera


importante de la escritura en el Imperio. También hay escenas que representan la
enseñanza en la escuela, que aparecen fundamentalmente en el Imperio. Eso hace
pensar que a partir del siglo I a.C., cambió el papel de la cultura escrita en la sociedad
romana, siendo un período de abundante uso de la escritura. También se ha podido
documentar por algunos análisis, como la documentación encontrada en algunos
textos encontrados en papiro, donde aparecen las palabras analfabetos y
semialfabetizados. La aparición de estas palabras es importante porque indica que la
sociedad romana se distingue en función de los niveles de conocimiento de la
escritura, distinguiendo al que no sabe escribir, el analfabeto, pero también se ve que
en una sociedad que aprende algo que no sabe, existen muchas personas que aunque
no están perfectamente alfabetizados, pero saben escribir algo, los semialfabetizados,
siendo este término introducido por los romanos, lo que implica que tuvo que ser un
número importante para crear ese vocablo. Estas personas son muy importantes,
porque muchos de los semialfabetizados fueron los que dieron lugar a las marcas de
graffiti de algunas paredes. No tenían un uso frecuente de la escritura, pero habían
adquirido unos conocimientos mínimos para dejar de ser analfabetos. Por eso, y
teniendo en cuenta que el funcionamiento de la escuela en el mundo romano, es un
funcionamiento no sistemático, y todos los individuos se caracterizaron por ser
individuos alfabetizados libres, que significa que aprendieron a escribir y a leer de una
manera autónoma, no siempre en la escuela, y en la medida que no se aprende de
una manera reglada, no siempre aprenden bien, lo que provoca que los testimonios de
esas personas reflejen un conocimiento escaso de la escritura. Los que se beneficien
de esa alfabetización serían los individuos que se sitúan en la zona media o baja de la
sociedad, como los artesanos y comerciantes, soldados, mujeres, lo que hace pensar
que la sociedad romana del Imperio fue una sociedad más alfabetizada de lo que se
había dado en períodos anteriores. También se han hecho estudios parciales como
los militares porque los militares son un microcosmos, donde se encuentran personas
de condición alta y condición baja que serán fundamentalmente soldados, y por ser un
colectivo diverso, permite ver las diferencias existentes. Se ha estudiado también el
caso de las mujeres, porque el acceso de la mujer al mundo de la lectura ha sido más
tardío, porque ha pensado la mentalidad patriarcal, estando la mujer reservada al
espacio privado, y si dentro de las mujeres se observa que hay un mayor acceso a la
escritura, significaría que en el caso de los hombres sucedería un caso así o incluso
más, por ser la mujer un colectivo marginado. En estos análisis se ha comprobado, en
el caso de los militares, que la alfabetización estaba vinculada con la graduación
militar, estando más alfabetizados cuanto mayor rango poseían, siendo la escritura en
el ejército un mecanismo de distinción y de poder. El caso de las mujeres tiene una
diferencia significativa, que hace que dentro del colectivo global de mujeres, se aprecia
una diferencia importante entre mujeres muy cultas y las que no lo son, que algunas
aparecen representadas en imágenes de la época, o en textos literarios. Estas
mujeres pertenecerían al grupo de las muchachas cultas, que tendrían una
alfabetización tan buena que sería comparable a la de los hombres más cultos. Este
hecho quedaría representado en las esculturas romanas, donde se representan
mujeres con instrumentos de escritura o leyendo. Junto a las mujeres alfabetizadas,
hay testimonios de otras mujeres menos alfabetizadas. El caso de unas tablillas
escritas por mujeres en un acto de compra y venta, no están redactadas por ellas,
están redactadas mediante la escritura delegada, recurrieron a otras personas, ya que
esas personas se vieron afectadas por la escritura, necesitaron redactar un contrato, y
como no sabían hacerlo, delegaron en alguien que supiera. Habría una diferencia
importante entre las mujeres instruidas y las semialfabetizadas. Esta diferencia
también se observaba en los hombres, donde los más instruidos formaban parte de las
élites cultas, y otros que sabían escribir y leer pero con cierta dificultad. La diferencia
entre unos y otras, es que el papel público en la sociedad, estaba reservado al
hombre, por lo tanto, los varones alfabetizados fueron siempre más que las mujeres
alfabetizadas. La figura de la delegación de escritura no aparece en todos los
momentos de la historia, sino que aparecen cuando la escritura tuvo una dimensión
social. Uno de esos momentos pertenece a la Roma Imperial, tanto que en algunos
papiros aparece mencionada la palabra que significaría delegado de escritura, lo que
significaría que en aquella sociedad debía ser posible, práctica que se realizaba en
diferentes ambientes. Los esclavos fueron en algunas ocasiones los que realizaron
esa práctica. Los pedagogium donde se alfabetizaban los esclavos, indicaban que un
número importante de esclavos podía saber leer y escribir, no porque su condición
social o jurídica se lo permitiese, sino porque escribían para sus señores. Entre el
sector de los esclavos, había gente que trabajaba como delegados de escritura.
También se encontraban los escribanos, personas que se dedicaban a escribir en
determinadas corporaciones. En ese período alguno de los oficios crean sociedades
de ayuda mutua, y esas sociedades tienen sus escribanos. También en la Roma
Imperial aparecen los escribanos públicos, que tenían la misión de resolver las
carencias de los demás. Esto significa que el alfabetismo era muy importante, aunque
la escritura tenía todavía más importancia, de tal manera que quien no sabía, tenía
que buscarse la forma. Otro aspecto que demuestra la importancia de la escritura en
la sociedad del Imperio, es el ámbito de las escrituras expuestas. En la Roma del siglo
I abundan los letreros y las inscripciones pintados en las paredes, lo que se entiende
como pintura expuesta, que es la que se coloca en un lugar visible, con el fin de ser
vista por un número determinado de gente. En la Roma imperial era muy abundante,
pudiéndose analizar desde tres elementos fundamentales: las inscripciones, los
letreros electorales y los graffiti. Estos elementos convirtieron a la ciudad romana en
un espacio de escritura, sobre todo en la época del Imperio y del reinado de Augusto,
donde habrá un mayor desarrollo de la escritura en la capital del Imperio.

La inscripción se entendería como la letra grabada en piedra, se le dio una


importancia notable por los propios emperadores, porque era una manera de
manifestar su poder y de crear memoria. Cada arco creado con alguna victoria o
conquista militar, llevaba dos tipos de información, por un lado la narración en
imágenes de la gesta del emperador, y junto a ellas una inscripción con el nombre del
emperador que ha realizado la gesta. No solo la utilizaron como propaganda la
escritura, sino también como práctica de tipo religioso. También la utilizaron para
dejar constancia de los muertos, como por ejemplo a través de las lápidas. Se
desplegó la escritura epigráfica para todo tipo de cosas, información, religión, político,
etc. Hicieron un uso muy abundante de la epigrafía, y que durante la época del
Imperio perfeccionó mucho ese trabajo. Los romanos entendían que la escritura era
una manera de ejercer propaganda o transmitir la memoria, y esa tarea se la dieron a
los talleres epigráficos instalados en las grandes ciudades, y cuando alguien
necesitaba realizar alguna inscripción acudía a ellos. También utilizaron los rótulos
pintados, tituli picti, utilizados para todo, cuya característica era que la letra era
pintada. Una de las modalidades eran los rótulos de campañas electorales, cuya
característica esencial de la letra de las paredes era que se tendía a economizar por
falta de espacio y de tiempo, mensajes concisos y comprensibles por la mayoría de la
población. Estos rótulos también eran realizados por pintores profesionales, alguno de
ellos dejaban su nombre junto a la pintura realizada con el fin de darse publicidad.
Aparecían estos letreros tanto en las ciudades como en las villas señoriales. En los
casos de las instituciones y de los manifiestos electores, el tipo de la escritura estaba
legalizada, aunque en las paredes también se escribía sin estar autorizado, territorio
donde se mueve el graffiti. Habría que distinguir dos ámbitos de la escritura expuesta,
uno sería el ámbito legal, que es el que se puede hacer con el consentimiento de la
autoridad, pero el graffiti afecta a la escritura que se realiza sin el permiso de la
autoridad, lo que sería un ámbito de escritura transgresor, porque supone utilizar la
pared para algo a lo que no está destinada. En las ciudades del imperio romano se
escribió en las paredes abundantemente, y por personas de condiciones sociales
variadas, lo que da una idea de que había un amplio número de personas que sabía
leer y escribir en el imperio romano. No se trata de una escritura gráfica tan clarificada
como en las inscripciones, la letra realizada en los graffiti es una escritura más
espontánea que utilizará más veces la letra cursiva, en algunos casos mayúsculas,
pero lo habitual sería la letra minúscula que permite escribir con más facilidad en
cualquier superficie.

En el mundo del imperio romano, lo significativo es la aparición del códice,


porque marca un giro radical en la cultura del libro, dando gran difusión al libro en la
sociedad romana y en la sociedad occidental posterior a Roma. Pero ese cambio es
fruto de transformaciones amplias que se da en lo relativo al libro. Roma copiará el
modelo de los libros de los griegos, lo que hará que muchos griegos se instalen en el
sur de Italia, dinamizando culturalmente el mundo del libro. Aparecen las tabernae
librariae, lugares donde se puede acudir a comprar los libros, lo que significa que el
libro tiene una cierta circulación social. También la difusión de las bibliotecas públicas,
que a partir de Julio César, todos los emperadores fueron creando bibliotecas,
habiendo en Roma capital cerca de 30 bibliotecas en el siglo IV. No eran bibliotecas
de lectura. También aparecen bibliotecas privadas por parte de alguno de los
miembros de la aristocracia romana, que empezaban a coleccionar libros, lo que
refuerza la idea de que el libro ya comienza a ser importante. Empieza a surgir lo que
se puede llamar la literatura de consumo, libros destinados a un público amplio, no
solo de estudio, sino libros de lectura de entretenimiento. En Roma va a aparecer en
el siglo I el códice, pero será a partir del siglo IV cuando el rollo pierda la intensidad
que tenía.

DE LA GRECIA ARCAICA AL HELENISMO

En la Grecia arcaica, la alfabetización no estaba socialmente organizada, y la


capacidad de leer y escribir debía estar limitada a un escaso número de individuos. La
primera escritura creada para fijar la lengua griega arcaica alrededor del siglo XVI a.C.,
la lineal B, se supone de uso restringido, tanto por la estructura silábica como por la
utilización oficial y de control para la que estaba reservada. La introducción del
alfabeto fenicio en torno al siglo VIII a.C., no constituyó una difusión social de la
escritura, ya que en documentos encontrados se limitan a indicar la posesión de
determinados objetos, y transmiten mensajes muy simples, propios de una comunidad
escasamente alfabetizada. Entre los siglos VIII y VI a.C., hubo un incremento del
número de individuos capaces de escribir y leer. Está atestiguado en esta época el
uso de la escritura con fines epistolares, y como instrumento de comunicación a
distancia.

En esta situación de escaso alfabetismo, el papel principal de la escritura hasta


el siglo VI parece haber sido, junto al uso epigráfico público y privado diverso, el de
fijar y conservar los textos de la alta cultura, fijación que se realizaba sobre materiales
duros y pesados, no destinados a una circulación ágil, conservándolos en santuarios.
La circulación y la transmisión del patrimonio cultural, no se confían en esta época al
producto escrito, sino a la comunicación oral, demostrado en los modos de expresión y
pensamiento de la primera producción literaria griega. La Grecia antigua tuvo
conciencia de que la escritura fue inventada para fijar los textos y conservarlos. El
período de tiempo que abarca entre el final del siglo VI y los comienzos del V a.C.,
constituye una fase de expansión del alfabetismo. La producción de escritos
destinados a la lectura pública, y las formas de exposición y las tipologías de los
mensajes de estos escritos, constituyen uno de los aspectos característicos de la
democracia ateniense a partir de su institución, y parecen indicar un incremento del
alfabetismo en su conjunto. En la Atenas de entre finales del siglo VI y la primera
mitad del V, una situación de alfabetización, aunque elemental, amplia y extendida a la
mayor parte de la sociedad, viene indicada por la introducción y la práctica del
ostracismo, institución con la que el demos era llamado a proteger la democracia.
Aunque en ciertas capas de la sociedad, individuos analfabetos o semi-analfabetos
hayan podido recurrir a la ayuda de individuos más instruidos, por lo general era el
propio individuo el que inscribía sobre el pedazo de barro el nombre de la persona a
quien pretendía condenar al ostracismo.

Desde el siglo V están documentadas en Atenas las escuelas, por lo que en los
primeros decenios del siglo V, escribir y leer debía formar parte del programa
educativo de los adolescentes atenienses. En la Grecia de finales del siglo V y del VI
a.C., aparecen claramente las diferentes situaciones en el seno de las diversas
comunidades, considerando los casos de Esparta y Atenas. En Esparta, parece que el
dominio de la capacidad de leer y escribir, continuó siendo un privilegio de las clases
dirigentes, y sin llegar a la imagen de una Esparta casi analfabeta, el ciudadano medio
alfabetizado, no llegaba más allá del conocimiento rudimentario de las letras. En
Atenas era distinto, sobre todo al final del siglo V, donde se refleja que la mayoría de
los atenienses estaba en condiciones de leer y escribir a cierto nivel. Parece que
algunos soldados no solo sabían leer y escribir, sino que eran capaces de enseñar a
los demás. El hecho encuentra explicación en la realidad de la polis ateniense,
entendida como espacio urbano político y mental y no solo físico, y en su sistema
democrático de gestión, que requería una amplia participación en la vida pública, y
para ello, un uso generalizado de la cultura escrita, dado el funcionamiento de los
mismos mecanismos políticos e institucionales.

Durante el siglo V hubo una difusión diferenciada de la escritura, que pese a


ser habitualmente usada con fines prácticos, es muy poco utilizada tanto para la
manufactura de libros, debido a la amplia resistencia que todavía ofrecía la cultura de
la oralidad, como para la producción de documentos, ya que en las ciudades-estado
griegas, la documentación oficial seguía siendo de tipo epigráfico y nunca llegó a
formarse una burocracia laboriosa y activa en la producción y conservación de
documentos de otra especie. La contradicción entre un alfabetismo bastante difundido
y el número de libros y documentos producidos, tenderá a disminuir progresivamente
en el transcurso del siglo IV. Con la formación de los estados helenísticos, se tiene la
impresión de una difusión más amplia del alfabetismo. Hay un incremento de
documentación pública, con un uso de la escritura por parte de las burocracias de los
estados helenísticos, que gestionaban el sistema administrativo y fiscal propio de las
monarquías absolutas de tipo patrimonial, y aunque limitado al público, hay un uso
más extenso de documentos en las transacciones privadas y con fines epistolares. El
enorme incremento de la cantidad de escritura producida, contribuyó en la fundación
de grandes bibliotecas reales. Hay una mayor difusión de colecciones de libros y de
prácticas de lecturas fuera del uso de los doctos de la corte, existiendo categorías
sociales alfabetizadas y cultivadas. Era una burguesía emergente, numerosa y
adinerada, de pequeños terratenientes, comerciantes y empresarios, que
constituyeron la base social de la producción literaria para uso privado. Como
consecuencia del incremento de las prácticas de escritura, las formas gráficas
conocieron una fuerte evolución tanto en el aspecto cursivo como en el caligráfico,
caracterizándose a veces por un estilo cancilleresco o libresco. Aunque en la época
helenística la producción escrita conoció un fuerte incremento, el porcentaje de las
personas alfabetizadas no creció con respecto a la época clásica. La fractura en dos
clases de una sociedad basada en la explotación del trabajo servil, como la
helenística, generaba grandes masas de analfabetos, no solo en las clases rurales,
también en los sectores urbanos más bajos. La alta-cultura constituyó la primera
civilización del libro en el mundo grecorromano.

TEMA 3

Alfabetización y cultura escrita en la antigua Roma. 1. La cultura escrita en la


Roma arcaica y republicana. 2. La cultura escrita en imperial. 3. La cultura
escrita al término del Mundo Antiguo.

ROMA EN LAS ÉPOCAS ARCAICA Y REPUBLICANA


Más limitada que a Grecia fue la difusión social de la escritura en Roma en la
época arcaica, ya que en los siglos VII al V, las categorías con acceso a la escritura
eran la sacerdotal y la gentilicia, la primera con el fin de llevar a cabo funciones
religiosas y públicas concretas, y la otra para fijar textos de carácter anual, oratorio o
conmemorativo. En un nivel no oficial, un cierto uso de la escritura se encuentra
grabado sobre objetos que constituyen bienes de prestigio de propiedad individual.
Estos escritos están redactados en latín, etrusco y griego. En las inscripciones
instrumentales latinas de los siglos VI y V a.C., señalar la presencia de graffiti trazados
por individuos de condición humilde, capaces de escribir a cierto nivel. En la Roma
arcaica, la mayor parte de los textos escritos eran trazados sobre materias duras.

Hay un uso más extenso de la escritura entre los siglos V y III a.C. La primera
noticia de una escuela elemental en Roma, se remonta al siglo III a.C. Hasta los
tiempos de Catón, había sido sobre todo la familia el ámbito de la primera enseñanza
del leer, y del escribir. En el teatro de Plauto, hay referencias no solo a la escuela,
sino también al uso de la escritura con grafio y similares. Plauto parece escribir una
condición de semi-analfabetismo. A partir de finales de la república, la introducción del
voto secreto demuestra indirectamente una presencia más amplia de individuos
alfabetizados. Es en la última etapa de la república, cuando comienza a definirse
sobre modelos griegos el libro latino de contenido literario. En esta época se
documentan por primera vez las librerías y cierta categoría de lectores, que leían por
el placer de leer, que era la finalidad del lector de instrucción elevada. Debido al
mayor alfabetismo, en los últimos años de la república, la producción y la circulación
de libros se hicieron más amplias, abarcando también a un sector de lectores de
extracción media.

EL MUNDO GRECORROMANO EN LOS PRIMEROS SIGLOS DEL IMPERIO

La primera fase de la era imperial fue una época de amplio uso de la escritura,
con modelos de participación diferenciados. Las razones deben buscarse en la
extensión de las prácticas de lectura y escritura, en la creación de una red de oficinas
centrales y periféricas con la formación de personal especializado en el crecimiento
económico, y en la práctica de registros y escrituras contables. En esta época, la
capacidad de leer y escribir estuvo extendida en todos los estratos sociales, incluso en
los inferiores a pesar de que existían grandes bolsas de individuos analfabetos o semi-
analfabetos. En la edad imperial, al menos en los niveles sociales más elevados, la
educación elemental sigue recibiéndose principalmente en el seno de la familia. Para
la mayoría que eran los menos afortunados, podía haber diversas oportunidades extra-
escolares, o la escuela pública. El estado y los gobiernos de las ciudades dedicaron
algunas actuaciones en la enseñanza superior, la retórica, y en la Antigüedad tardía,
también en la jurídica, que formaba a las clases dirigentes, aunque no existiera política
escolar a favor de la enseñanza elemental. La escuela pública estaba confiada a
maestros de primaria que daban sus clases en la calle, en las esquinas del foro, bajo
soportales, o al resguardo de una pared o de una pergula, teniendo en algún caso
noticias de locales destinados a servir de escuela. No se trataba de maestros
institucionales, sino de individuos capaces de enseñar a leer, escribir y hacer cuentas,
y que abrían una escuela en ciudades y aldeas.

Los honorarios que recibían los maestros de primaria, eran bastante bajos
cuando se recibían o consistían en regalos modestos. En el mundo romano esta
figura jugó un papel importante en la alfabetización de primer grado, y en el paso de
algunos individuos, al nivel de semi-analfabetismo. Alguna vez, la primera enseñanza
de las letras se podía recibir en la escuela, con quien se seguían los estudios de nivel
secundario, lo que afectaba a los jóvenes de las clases sociales altas. La
escolarización se muestra flexible no sólo en los modos de aprendizaje de la escritura,
sino también en la edad de acceso, que iba de 7 a 14 años. Si bien es verdad que a la
mayor parte de los esclavos se les enseñaba a preparar las comidas, alguno de ellos
serían necesarios para la enseñanza de los propios hijos, para trabajos de escritura,
para la lectura de entretenimiento o para algunas operaciones de economía
doméstica. En los primeros siglos del imperio hubo un número altísimo de individuos
que ejercitaban la escritura como oficio o en la administración civil y militar para la
masiva producción de documentos propia de este período, o incluso para la
transcripción de libros. Este grupo de escribanos pudo contribuir a una más amplia
difusión de la escritura, al dispensar una enseñanza gráfica a través de las relaciones
familiares, profesionales o sociales.

Los individuos más o menos alfabetizados constituirían en la época imperial un


mundo estratificado. El testimonio directo de los graffiti es significativo desde el punto
de vista de los contenidos: las inscripciones murales de carácter literario, y más o
menos cultas, son relativamente raras, y limitadas a lugares o ambientes de tradición
social aristocrática, frente a la masa de escritos ocasionales, sencillos e incorrectos,
realizados por individuos semi-alfabetizados. La mayoría de los graffiti parecen haber
sido realizados por escribientes de baja condición social y de escasa instrucción
gráfica, capaces solamente de trazar signos alfabéticos. En los papiros grecoegipcios,
comerciantes, artesanos, pescadores, bateleros, acemileros, camelleros y soldados de
tropa, individuos humildes, no habían tenido posibilidades económicas para frecuentar
una escuela, aprendiendo solo los primeros rudimentos de la escritura. En Egipto, los
contratos de alquiler, préstamo y compraventa, figuran como analfabetos los
arrendatarios, los que contraen la deuda y los adquirientes, siendo capaces de escribir
los poseedores de los bienes que eran objeto del acto jurídico. Pero la condición de
analfabeto o semialfabetizado, afectaba también a clases menos humildes como la de
los funcionarios, incluso en los rangos inferiores.

La capacidad de escribir se presentaba con énfasis, lo que induce a creer que


tal capacidad confería un mayor prestigio o era útil para conseguir una mejor posición
social. El que poseía un cierto grado de alfabetismo podía gozar de una cualificación
social más elevada. Entre los soldados se puede constatar que mientras los legionarii
están en su mayoría alfabetizados o semialfabetizados, los auxiliares se muestran
analfabetos, quizá relacionado con el hecho de que los legionarii eran reclutados entre
familias de sólida economía agraria. Familiaridad con la escritura tenían también los
militares que tuviesen una graduación superior. Otras veces, la capacidad de leer y
escribir podía conducir a un ascenso en la carrera. La difusión del alfabetismo entre
las mujeres, aunque más amplia en la edad imperial, era muy escasa y más baja que
entre los hombres. La mujer antigua estaba prácticamente excluida de la vida pública.
Entre las muchachas libres, solo las de buena familia recibían cierta instrucción, pero
casi nunca más allá de un cierto alfabetismo funcional. En el mundo romano de esta
época era frecuente la práctica de la delegación, tanto para la escritura como para la
lectura. En algunas buenas familias, madres no incultas impartían cierta educación a
sus hijos. Mujeres instruidas aparecen representadas en la pintura pompeyana o
sobre sarcófagos en actitud de lectura o con el rollo cerrado, o provistas de estilo y
tablillas, o en escenas de escuela. Cuando una mujer se encuentra en una situación
de buena alfabetización, la circunstancia se proclama vigorosamente.

En el Egipto grecorromano faltaban mujeres instruidas o incluso cultas. Pese a


que en el mundo romano las mujeres eran en su gran mayoría analfabetos, y el
número de las capaces de leer y escribir y de las semialfabetizadas, fuese inferior al
de los hombres en la misma situación, muestran una participación muy intensa en la
cultura escrita. Es importante la delegación de la escritura, que en el mundo romano
debe considerarse desde una doble perspectiva. Individuos analfabetos o
semialfabetizados, hacían que otros escribieran textos o firmaran documentos en su
nombre. Los semialfabetizados que no estuviesen en el nivel más bajo, podían
escribir por cuenta ajena. Otro aspecto era la práctica de delegar la escritura en otros,
por parte de quienes tenían la capacidad de escribir un texto por sí mismos. En ciertos
niveles sociales la escritura era confiada a otros por ser un trabajo físico. Los
escribientes delegados, de nombre hypographeis, se encuadraban en tres categorías
de personas: a)parientes cercanos de los interesados, b)compañeros de trabajo,
socios en los negocios, camaradas en el ejército, y c)los expertos de la escritura, que
podían ser esclavos, escribanos al servicio de corporaciones, escribas públicos, a
menudo sentados en la calle a la espera de clientes, o empleados de las oficinas
administrativas. La delegación de la escritura a este tipo de individuos, quiere indicar
que se mueven en un mundo caracterizado por formas de amplia participación en la
cultura escrita.

Esta difusión del alfabetismo conlleva una multiplicidad de escrituras y de


tipologías gráficas, tanto en griego como en latín. Estaban las letras epigráficas de las
inscripciones públicas y privadas, los caracteres, unas veces más o menos precisos y
utilizados en la producción libresca, las formas burocráticas, a veces con vicios
gráficos, los signos desarticulados, inscritos con el estilo sobre superficies duras y
tablillas enceradas, las escrituras veloces o pesadas sobre productos de diversa
índole, de papiro o pergamino, de madera o barro, marfil o plomo. Con esta difusión
del alfabetismo, se debe considerar relacionada la extensión en la edad imperial de las
prácticas de lectura y de un artesanado librario. Todos los individuos alfabetizados
pertenecen a las clases medias urbanas, constituidas por técnicos, funcionarios y
militares de cierto rango, libertos no incultos, pequeños hombres de negocios, mujeres
de condición adinerada. La edad imperial, marca la difusión de una literatura para los
alfabetizados, distinta a la literatura para los doctos que se reservaba solo a estos,
quienes podían acceder al otro tipo de lectura. Se trata de una literatura de consumo
o entretenimiento, no encuadrada en los géneros tradicionales. Algunos de estos
escritos de entretenimiento podían interesar tanto a un lector de instrucción media,
como a uno culto.

En la idea de aproximar el libro al lector, considerar la búsqueda en la época


imperial de tipologías librescas distintas del rollo, y la consolidación del codex o libro
de páginas. De manufactura más fácil, el códice permitía una circulación libraría más
amplia. A cantidades iguales de texto, era notable el ahorro de material de escritura,
dado que esta se realizaba sobre dos caras en vez de una, como en el caso del rollo,
por lo que el coste de un codex resultaba mucho menos elevado que el de un
volumen, y gracias a su forma, el códice dejaba libre una de las manos, haciendo más
libre la lectura.

AL FINAL DEL MUNDO ANTIGUO

La consolidación del cristianismo, no llevó transformaciones profundas de


manera inmediata, en las prácticas de escritura y lectura. El cristianismo, no solo
promocionó una producción libresca centrada en las Sagradas Escrituras o en nuevos
textos literarios, sino también una notable cantidad de inscripciones privadas,
mayormente funerarias, y más tarde públicas destinadas a ser leídas. El cristianismo
hizo un uso amplio de escrituras privadas, sobre todo cartas, y documentación de
géneros diversos. Los cristianos, con sus fines y elecciones, influyeron sobre la
función y sobre el significado de los instrumentos de la cultura escrita. En las prácticas
librescas hicieron uso casi exclusivo del códice, dando al rollo el valor de libro-símbolo,
o transformada. Privilegiaron como materia de escritura el pergamino en lugar del
papiro. Forjaron una escritura cristiana, la uncial, para los libros latinos de más
calidad, y adoptaron la mayúscula bíblica para los griegos. Optaron por una epigrafía
funeraria escueta e indiferenciada, hasta que surgió un estilo cristiano. Privilegiaron la
colocación de inscripciones de carácter público en espacios cerrados, los tituli votivi
dirigidos a todos los fieles, proponiendo en los edificios de culto la tradición escritural
como texto expuesto. Pero en el cristianismo de los primeros siglos, la distribución
social y la calidad del alfabetismo fueron fundamentalmente las propias del mundo
grecorromano de la época, hubo muchos alfabetizados o semialfabetizados, pero
también muchos analfabetos. Cuando la Iglesia quede como depositaria de los
instrumentos de la cultura escrita, dejará de ser tolerado el analfabetismo entre las
jerarquías más o menos elevadas. También entre los cristianos, el analfabetismo
estuvo más extendido entre las mujeres, a pesar de que en el siglo IV, Cirilo de
Jerusalem recomienda a los hombres y a las mujeres a tener un libreo que leer en las
reuniones litúrgicas, pero es posible que esta recomendación fuese desatendida en
muchas ocasiones, sobre todo por parte de las mujeres. Por ello, el propio Cirilo prevé
que algunos hombres escuchen a los que leen, y que las mujeres, en alternativa a la
lectura, canten. El ideal agustiniano es el de la mujer litterata, provista de cierto
alfabetismo de base, o dispuesta a recibir la educación que le impartiera el marido. En
los niveles sociales altos, no faltaban mujeres instruidas y muy instruidas.
Transformaciones profundas, en la difusión del alfabetismo y en los mecanismos de
producción y de circulación de los productos escritos, tuvieron lugar en los siglos V y
VI. El final de la Antigüedad marca una contracción general, y en la segunda mitad
del siglo VI, una caída vertical del alfabetismo en Roma, Italia y algunas provincias.
En Occidente más que Oriente, la ruina de las estructuras urbanas, determina la caída
de las instituciones educativas, con el grave ascenso del analfabetismo. Reflejo de
ello fue la desaparición de rótulos y anuncios murales, uso cada vez más raro de
carteles públicos y gran disminución de los graffiti. En Oriente, desde finales del siglo
IV, la disminución del alfabetismo es advertida por los Padres de la Iglesia que confían
al lenguaje alegórico la educación religiosa da los analfabetos. La confirmación está
en los graffiti atenienses cristianos del Partenón, entre los que se encuentran los de
Antigüedad tardía, y muestran letras toscas y lenguaje incorrecto, señal de un
alfabetismo bajo.

En el Occidente tardorromano, en Italia, la existencia de centros y de grupos


sociales que contaban con una larga tradición de cultura, contribuyó a mantener vivo
un número relativamente alto de individuos alfabetizados. El carácter social y
geográficamente limitado de las zonas de alfabetismo, se trataba casi siempre solo de
aquellos centros y de los grupos de los que salía la élite dirigente, los estamentos
administrativos y las jerarquías eclesiásticas. En todas las demás clases y en las
localidades periféricas, el número de analfabetos o semialfabetizados, era alto. Los
testigos de un acto jurídico eran escogidos entre los oficiales públicos o
personalidades locales, mientras que las partes contrayentes eran de un estrato social
menos elevado.

En cualquier lugar, las fuentes literarias muestran sobre todo en el siglo VI,
amplias capas de analfabetos. Puesto que los fieles tenían la obligación de conocer
las Sagradas Escrituras, Cesáreo de Arlés invitaba a los analfabetos a seguir el
ejemplo de los comerciantes, que tomaban a su servicio alfabetizados a sueldo para
sus registros contables. Los fieles podían hacerse leer las Sagradas Escrituras por
individuos capaces de hacerlo, dando a estos una compensación. Pero como los
alfabetizados a sueldo fueron desapareciendo, la lectura es delegada en el
conservador del edificio. En los primeros siglos del Imperio, la lectura y la escritura
habían sido prácticas abiertas. En la Antigüedad tardía, tienden a convertirse en
prácticas cada vez más cerradas, reservadas a determinadas categorías sociales que
eran dos: la que desempeñaba funciones judiciales y administrativas, y por otro las
jerarquías eclesiásticas. La decadencia de las estructuras urbanas determina la
desaparición de cualquier escuela que no sea la de educación dispensada en el seno
de los círculos burocráticos o profesionales, o de las instituciones religiosas,
episcopales y monacales. La escritura para el clérigo o para el monje se convierte en
una fatiga. Los libros fueron producidos en cantidad cada vez menor por el
artesonado librario, pasando a ser escritos en su mayor parte en el ámbito de las
iglesias y los monasterios. El códice que era la forma de libro imperante, constituye el
instrumento de paso de una lectura de muchos textos por parte de un público variado y
estratificado, a una lectura de pocos textos, los libros de la Sagrada Escritura y los
comentarios a esta.

DEL SCRIPTORIUM AL OBRADOR

TEMA 4

Entre el retorno de la oralidad y el alfabetismo de los escribas. 1. Entre la


oralidad y el alfabetismo restringido. 2. Aprender a escribir y leer. 3. Escritura,
Monarquía e Iglesia. 4. Usos de la escritura expuesta. 5. Libros para ver, libros
para leer.

APROXIMACIÓN A UNA GEOGRAFÍA DE LA ESCRITURA EN LA EUROPA


ALTOMEDIEVAL.

Antes del asentamiento musulmán, los sistemas de escritura en Europa habían


derivado directa o indirectamente de los alfabetos púnicos, griegos e itálicos, también
relacionados entre ellos. El Imperio romano acabó generalizando el alfabeto latino en
Occidente, reemplazando los sistemas de escritura locales. Las regiones del imperio
que no habían hecho uso de la escritura antes de la romanización, la va incorporando
a un repertorio limitado de usos, como las leyendas en las monedas o las inscripciones
conmemorativas en los monumentos funerarios. Se desarrollaron dos sistemas de
escritura fuera del limes, el ogam y las runas germánicas. Los primeros testimonios
ogámicos irlandeses consisten en una escritura basada en trazos rectilíneos paralelos,
grabados sobre el borde de superficies duras, como piedras o bastones. Conviven
con el lusitano entre los siglos V al VII. El alfabeto rúnico fue desarrollado por los
pueblos germánicos, a partir de modelos etruscos o itálicos. Esta escritura nunca se
usó para la composición de textos complejos, que se confiaron a tradiciones orales o
al alfabeto latino. Se utilizó para breves inscripciones mágicas o religiosas, grabadas
sobre objetos suntuarios y piedras conmemorativas. Las runas desparecen en el siglo
VII, sobreviviendo algo más entre los anglosajones. En Escandinavia y en los
asentamientos vikingos, aparecen runas entre los siglos IX al XI, abandonándose su
uso a partir del siglo XIII.

La expansión del cristianismo que contribuyó a desplazar algunos sistemas de


escritura asociados al paganismo, produjo innovaciones en sistemas de escritura
desarrollados para la evangelización. Los signos del alfabeto gótico se inspiran en el
alfabeto griego, en el latino y en las runas. Los alfabetos glagolítico y cirílico, han sido
relacionados con la evangelización de los eslavos orientales a partir del siglo IX, y que
fueron adoptados por la mayor parte de las lenguas eslavas orientales. En España y
Sicilia, la coexistencia de credos cristianos e islámicos, va asociado a un multigrafismo
latino, arábigo y hebreo, al que en Sicilia y algunos lugares del sur de Italia se añade la
escritura griega de las comunidades helenizadas. En Al-Andalus, la escritura arábiga
asumió la función de escritura oficial, que sirvió de cauce a niveles de expresión
culturalmente diversos, en una sociedad más urbanizada, y que no hizo mayor uso del
escrito que los pequeños estados cristianos del norte.

En la mayor parte de Occidente, la escritura y la lengua de la evangelización


serán las del Imperio y la Iglesia de Roma. En determinados ámbitos, se desarrolló
una vigorosa actividad de literatura, glosas y comentarios vernáculos paralelos a la
latinidad. La depuración del latín literario en la época carolingia, acabó por decantar el
latín como lengua canonizada, asociada a la cultura de élites. Durante la Antigüedad
tardía existe una variedad de tipos gráficos. Este sistema mantiene su coherencia en
todo el Imperio, basado en torno a la escritura nueva romana que actúa como escritura
normal. El tránsito a la Alta Edad Media significará la fragmentación de este sistema
hacia un particularismo gráfico. El desarrollo de las escrituras insulares de las islas
británicas, la visigoda en Hispania, la merovingia en la Galia, y la benevetana en el sur
de Italia, son desarrollos regionales a partir de la misma cursiva nueva, normativa
durante el Bajo Imperio. Las nuevas escritura evolucionan independientemente, pero
no lograron desarrollar una diversificación interna que diera lugar a un sistema de
jerarquías y funciones gráficas equiparable al antiguo. Será en el núcleo
centroeuropeo entre Franconia, Renannia, Burgundia, Retia y el norte de Italia, donde
el particularismo gráfico alcance su mayor fragmentación, siendo el área de las
escrituras precarolinas. En el siglo VIII irán sucediéndose ensayos de la escritura que
servirá de soporte a los textos del Imperio carolingio, cuyo diseño facilita la legibilidad,
la copio y la transmisión textual, teniendo la comunicación como base del proyecto de
integración cultural y política del nuevo Imperio de Occidente. La escritura carolina,
superó el ámbito del Imperio carolingio, sustituyendo a las escrituras nacionales. A
mediados del siglo IX, la escritura carolina había desplazado al resto de las tipologías
imperiales, salvo en Retia, penetrando en Italia, donde continúa su influencia en los
siglos X y XI, a pesar de que benevetana se siguió usando en Calabria. En Hispania,
la carolina se introdujo primero en Cataluña en el siglo IX, avanzando al resto de la
península, y conviviendo con tipologías visigóticas hasta el siglo XII. En Inglaterra se
introdujo de forma tardía por la conquista normanda, sin llegar a penetrar en Irlanda.

LA DIFUSIÓN SOCIAL DE LA ESCRITURA: ORALIDAD SECUNDARIA Y


ALFABETISMO RELATIVO

La cultura altomedieval hereda un gran volumen de textos literarios, haciendo


un uso amplio y diverso de la escritura. La cultura oral no solo consiste en la
expresión verbal de mensajes, sino que los mensajes no se elaboran, formalizan ni
almacenan en forma de textos escritos, sino mediante la memoria, la voz y los gestos.
La oralidad medieval ha sido definida como una oralidad mixta o secundaria. Los
ámbitos jurídico, burocrático o literario parecen haber sido recogidos y estimulados
exclusivamente por la Iglesia y por las cortes de los príncipes. Mientras que las
comunidades urbanas garantizaban unas condiciones mínimas, para la perpetuación
del uso y los modos del escrito, quedaron al margen las comunidades campesinas y
buena parte del laicado. Las comunidades medievales prescinden de las escrituras
para marcar el cambio de estatuto del individuo en la sociedad o en el ciclo vital, para
regular la transmisión, posesión y conflictos sobre la propiedad, para declarar la licitud
de los actos o reprobarlos, formalizar relaciones de poder y sumisión, enemistad o
concordia entre grupos o individuos. El aprendizaje se conduce a través de
mecanismos orales de creación, transmisión y actualización del conocimiento. El
formalismo de la ceremonia, la fiesta o el ritual, desempeñan una función importante
como conductor de los contenidos semánticos, jurídicos e ideológicos. Aunque la
escritura es conocida por la sociedad en conjunto, su uso no se aplica
generalizadamente, sino a un número limitado de ocasiones, teniendo en la capacidad
de leer y escribir, concentrada en una proporción reducida de personas. Por lo tanto,
la sociedad medieval se definiría como la cultura escrita restringida o alfabetismo
restringido. El predominio eclesiástico en la producción de materiales escritos, supone
un rasgo característico de la Alta Edad Media. En este período, el rey recurre con
frecuencia al clero para la elaboración de programas ideológicos y de gobierno,
mientras los señores laicos mantienen una relación ambigua con la escritura. En el
reino visigodo, los materiales sobre pizarra confirman que las fuentes literarias y
jurídicas muestran un alfabetismo relativamente estable de la escritura escrita, a pesar
de las coyunturas del impacto longobardo.

A partir del siglo VIII se revela la tendencia a la extensión del alfabetismo,


cuyos efectos se prolongan hacia los siglos IX a X. En el siglo VIII, la alfabetización
estaba muy extendida entre el clero, independientemente de encontrarse en entornos
urbanos o rurales. En cambio, la tasa alta de alfabetización laica es un fenómeno
urbano. La ampliación del alfabetismo entre el laicado puede estar relacionado con
una cierta mejora en el acceso a la enseñanza. Entre los francos se mantiene la
suscripción autógrafa de tradición jurídica romanista hasta el siglo VII. El estudio del
corpus de documentos merovingios de los siglos VI al VIII, sugiere un porcentaje alto
de alfabetismo entre los suscriptores laicos pertenecientes a la élite social y política.
En el siglo VII, las suscripciones comienzan a convivir con cruces trazadas por
suscriptores alfabetos, también con signos y monogramas personales. Los
monogramas son exclusivos de las suscripciones latinas. Estas suscripciones
autógrafas laicas desaparecen en el siglo VIII. La rarificación del autógrafo puede ser
un retroceso del alfabetismo laico, o como un cambio en los usos notariales y gráficos.
Las diferentes maneras de suscribir convivieron hasta su caída en desuso en los siglos
X y Xi. Se piensa que en el cambio hacia la suscripción monogramática-hológrafa, el
testigo intervenía incluyendo por lo menos un trazo o punto al diseño general. No
puede asignarse un valor absoluto a las suscripciones como indicadores de
alfabetismo, sino que se deben relacionar con el contexto vigente en el momento. El
cambio en los usos notariales se relaciona con la pérdida del valor constitutivo del
documento y la evolución hacia el modelo de la notitia bajo imperial. En el occidente
de Hispania, la suscripción testifical se reduce en gran medida. Solo se puede hablar
de desaparición de la suscripción autógrafa, en las zonas centrales del antiguo
Imperio. Existe en la Hispania visigoda, permaneciendo posiblemente tras la
conquista árabe, siendo extraño en los estados cristianos del norte. Tampoco hay
suscripción autógrafa en la Inglaterra anglosajona, ni en Irlanda. Aquí el uso de la
escritura para atestiguar propiedades y derechos se reduce al uso interno de la Iglesia.

Se distinguen tres niveles de ejecución gráfica, asociados a distintos niveles de


aprendizaje: a)una escritura pura o profesional, b)un nivel de ejecución usual y c)el
nivel básico de aprendizaje elemental de base. Se identifica una amplia categoría
intermedia de semialfabetizados a través de suscripciones apartadas de las escrituras
usuales, que evidenci9a cierto nivel de aprendizaje y familiaridad con la escritura.
Hasta la difusión de la escritura carolina, suelen cumplir esta función las escrituras
minúsculas derivadas del modelo de la cursiva nueva. Los semialfabetizados utilizan
una escritura tosca, compuesta de caracteres minúsculos aprendidos mediante la
imitación y ejecutados separadamente. La escritura escrita de trazos disociados,
resultado de un aprendizaje elementa, es la cultura gráfica de una gran parte de la
población alfabetizada. Incluye a los laicos así como a los clérigos no instruidos. En
la Italia longobarda, la dispersión del aprendizaje provoca la divergencia entre la
cultura escrita de laicos y clérigos entre los siglos VI y VII, unido a la inesistencia de
hábitos lectores.

APRENDER A LEER Y ESCRIBIR

El final de la cultura antigua estuvo determinado por la eventual desaparición el


sistema escolar cásico. Las escuelas dejan de ser sostenidas por los municipios, y
pasan a depender de la formación particular. Una de las consecuencias de la
desaparición de la escuela clásica fue la desorganización de la enseñanza. Las
instituciones orientadas a un uso profesional de la escritura, se convierten en lugares
de formación profesional, siendo este tipo de enseñanza la centrada en el ejercicio de
la escritura. Pero la principal consecuencia de la desaparición de la escuela, fue que
las distintas instituciones eclesiásticas asumen la mayor parte de las actividades
escolares. El conocimiento de la lectura resulta básico para las necesidades del culto.
Esta situación hace ver el proceso por el que los hombres de la Iglesia, van ocupando
la élite literaria. Pero la iniciativa para impulsar esta enseñanza, no resiste la crisis del
siglo VII, siendo retomadas las medidas normativas por Carlomagno. El programa
escolar carolingio, dispone la creación de escuelas en monasterios, obispados
iglesias, con un programa consistente en el aprendizaje de salmos, canto, cálculo y
gramática. El mantenimiento de la red escolar durará hasta la mitad del siglo IX,
quedando ya definidos los tres tipos de escuela medieval: las escuelas monásticas, las
episcopales y las unidas a las iglesias rurales.

Las escuelas de los monasterios, satisfacen la necesidad de contar con el


personal monacal, con una instrucción mínima para la celebración correcta del oficio
divino, y para la copia de códices y la redacción de documentos. Después de la crisis
y para la copia de códices y la redacción de documentos. Después de la crisis del
siglo VII, solo en los monasterios se mantiene un nivel ad instrucción aceptable. Las
escuelas monásticas se nutren de niños oblates, destinados por sus padres a
convertirse en monjes, aunque también hubo niños laicos que accedieron a estas
escuelas. La progresiva exclusión de estos últimos, contribuye a la separación entre la
cultura laica y la clerical. También se acentúa la división entre las escuelas monacales
y las urbanas catedralicias, orientadas a aprendizajes elementales. En Italia,
aparecieron escuelas urbanas en el siglo X. En Alemania, el gobierno municipal es
delegado en los obispos. La creación y cualificación de las escuelas urbanas, se
intensifica entre os siglos X y XI, con una cronología similar en Cataluña. En Francia,
hubo que esperar hasta el siglo XI para apreciar un desarrollo de las escuelas. El
aprendizaje en la escuela altomedieval, se basaba en la memorización y la imitación.
El nivel elemental de enseñanza comprendía la lectura, escritura, canto y cálculo. El
salterio constituía la base del aprendizaje, empleándose para adquirir las primeras
nociones de escritura, lectura y canto. La diversidad de modelos escolares, permitía
más de un método de iniciación a la lectura. Una técnica similar a la empleada para
aprender a escribir, consistía en el reconocimiento de las figurae del abecedario y
pronunciación de los sonidos asociados, seguida más tarde por la combinación de
sílabas y de palabras. La enseñanza de la escritura comenzaba por el dibujo,
memorización y reproducción de las leras del alfabeto separadamente, más adelante
formando sílabas, y después frases. Los productos escritos resultantes son, obras
destinadas a un uso final, en forma de códices, o catas o documentos. La escuela no
parece ser la única instancia de formación, porque las escribanías y cancillerías
forman a sus propios aprendices. En la producción del material librario como en el
documental, se advierten indicios de jerarquización en la organización del trabajo.
Gran parte de la producción escrita altomedieval, es obra de niños y adolescentes. La
función de maestroescuela está ligada a la de notario o escriba, a veces a la de
precantor o bibliotecario. El cargo de bibliotecario en la Iglesia visigoda, coincidía con
el jefe de scriptorium. La especialización en la lectura podía suponer el inicio de una
carrera eclesiástica, que implicaba el acceso a una formación superior. La formación
en los oficios de notario o amanuense, fue compatible con la continuación de estudios
hacia las enseñanzas más prestigiosas.

EL VERBO Y LA ESCRITURA

La importancia que tiene la escritura en la formación, transmisión y culto de la


religión cristiana ha condicionado las relaciones entre la doctrina. En la Edad Media
es difícil encontrar ejemplos de escritura que escapen de algún tipo de asociación con
lo sagrado. La identificación entre la escritura y la palabra es patente en la cultura
medieval, que hereda la representación iconográfica del habla en forma de rollos. Los
códices de las Escrituras, los evangelarios y sacramentarios adquieren un lugar central
en el oficio divino, convirtiéndose en objetos de culto. El sesgo eclesiástico-litúrgico
que realizan la producción libraría en la Alta Edad Media, influye en la evolución hacia
los formatos granes y majestuosos. Es frecuente que los libros aparezcan
enumerados entre los objetos preciosos en las donaciones, con las que los miembros
de las élites favorecen a los santuarios. La diferencia entre estos libros litúrgicos y
otros de menor rango, se distingue por su ubicación, donde los litúrgicos son
inventariados entre los objetos del tesoro, y los otros en la biblioteca. Los códices de
los Evangelios se asimilan en santidad a las reliquias, incluso aunque su contenido no
sea leído, se pone sobre ellos la mano para prestar juramento, son capaces de obrar
milagros. La dotación de libros a un monasterio o iglesia, es simultánea a su
fundación. Esto pone de relieve que la religión y el culto cristiano, necesitan para
poder existir de textos escritos, y de personas con una cierta especialización para ser
capaces de leer o escribir. Por ello, algunos sistemas de escritura, están asociados a
la evangelización. Las corrientes reformadoras de la cultura europea medieval, que
hicieron hincapié en la normalización litúrgica y textual, lo que implicaba mejorar la
formación del clero, la utilización de textos ejemplares, e uso de grafías que mejorasen
la legibilidad y un lenguaje convencional y depurado. La sede pontificia proporcionó
códices modelo y textos autorizados durante los siglos VI y VIII, y desde esa época,
colabora en la homologación cultural y política de los carolingios. En la política de
Carlomagno, la uniformidad se busca a través de la obtención de textos autorizados,
que pasan a convertirse en textos normativos para el reino franco. En el 790,
Carlomagno encarga un texto auténtico de la regla benedictina, instrumento básico
para impulsar la reforma monástica. Al tiempo que se estimula la formación de las
lenguas romances, se aumenta el desnivel entre letrados y el resto de la población.
Los modelos de corrección lingüística y de mejora de la legibilidad, parten del ámbito
insular, donde el latín estaba asumido como lengua convencional del culto y la religión.
Otro efecto indirecto fue el fortalecimiento de los estudios de gramática, lo que
implicaba una cierta utilización de autores paganos. La hostilidad hacia los textos
profanos, que distraen al monje de la lectura y meditación de los textos sagrados, será
un signo distintivo de posteriores corrientes reformadoras. Por lo tanto, la Iglesia
precisaba de escritura, pero también de escribientes. La restricción del alfabetismo y
su concentración entre los hombres de la Iglesia, contribuyeron a dar prestigio a las
tareas de leer y escribir. En Irlanda, las compensaciones pecuniarias de los escribas,
los colocan en alta consideración social. La labor del amanuense, copiaba los
manuscritos que adquieren y dictaba a un escriba sus propios textos, tomados
provisionalmente sobre materiales efímeros como las tablillas de cera.
Posteriormente, un copista pasa a limpio sobre pergamino el texto definitivo, pudiendo
existir un estadio intermedio, donde el autor del texto lo corrige y revisa.
El desempeño del cargo de notario o de maestro sirvió de base para establecer
una carrera eclesiástica o cortesana. Durante la Alta Edad Media, la escritura fue un
requisito indispensable para la promoción social clerical. La desaparición del
artesanado librario, llevó a los centros religiosos a procurarse el abastecimiento. La
diversidad de medios, provoca en la producción de los scriptoria monásticos, que
carece de homogeneidad gráfica, que varía según la formación y pericia de cada
escriba. No existía distinción entre el escriba dedicado a la redacción de actas, y el
escritorio donde se copian los códices. A partir de la época carolingia, los cenobios
forman escritorios organizados, que en algunas abadías llegan a ser talleres
especializados en la producción de libros litúrgicos. El método de trabajo más común,
consiste en la copia del ejemplar, de manera casi facsimilar. El trabajo podía
adelantarse repartiéndolo entre varios escribas. La fundación de un monasterio
incluye la dotación de libros de culto. Los evangelios de lujo encargados por la
realeza, solían ser ofrecidos a los altares de los lugares santos. Las abadías podían
utilizar códices salidos de sus escritorios como obsequio en las visitas de prelados
importantes. El valor del libro religioso, era relacionado con la época.

En la etapa altomedieval, insisten en lo penoso del trabajo de escriba, poniendo


de relieve el cansancio, el frío, la oscuridad. El valor de escribir es apreciado con
independencia del uso que se haga de lo escrito. Casi todas las reglas monásticas,
distribuyen diversas modalidades de lectura durante la jornada. A los tiempos
estipulados diariamente, se añade la obligación de leer un libro completo durante la
cuaresma. Este tipo de lectura tenía un carácter íntimo y se realizaba en silencio. La
medittio sobre textos de las Escrituras tenía carácter individual. Se apoyaba en la
lectura en voz baja o murmurada de los textos objeto de meditación. Entre las
modalidades colectivas, se distingue las que forman parte de la vida comunitaria
monacal, y las integradas en la liturgia. Con carácter colectivo también están las
prácticas de lectura integradas en el aprendizaje escolar, y dirigidas por el maestro,
que verifica la exactitud de los textos leídos. Algunas reglas prevén la celebración de
algún comentario público sobre las lecturas realizadas en privado por los monjes,
actuando el abad como moderador. Se incluía la lectio divina al final de la jornada,
realizada en voz alta y escuchada por la comunidad. Además de las Sagradas
Escrituras, la lectio incluía pasajes de los santos padres y las reglas monásticas. La
lectio divina era realizada por los lectores.

Este tipo de lectura precisaba el aprendizaje de una técnica precisa. La lectura


debía adaptarse con el fin de resultar inteligible y transmitir el sentido del texto. En los
libros destinados a la lectio, se cuidaban los signos de puntuación y otros sistemas
gráficos de ayuda a la lectura desarrollados en la Alta Edad Media. En los niveles
superiores de instrucción de la Alta Edad Media, se desarrolla una continuidad entre
escribir y leer. La Iglesia aplica sus técnicas a su organización interna. A los
instrumentos escritos del oficio se añade una gran variedad de registros: los regulae
que gobiernan la vida en sus instituciones, las gesta episcopales, censos y cartularios.
El modelo escriturario de la religión cristiana, incentiva la formación de registros de
bienes, se anotan en las tierras y sus límites, se enumeran las villas, se anotan los
vivos y los muertos en libros profesionales, se anotan nombres de los vasallos, sus
hijos y nietos.

REYES Y MONJES

Los reinos bárbaros se organizaron imitando el modelo imperial romano. En


Italia, tanto la administración pontificia como los territorios bajo influencia bizantina,
mantienen las tradiciones antiguas. En Galia, los merovingios heredan las prácticas
administrativas de la burocracia provincial. La continuidad de los modelos antiguos va
desapareciendo, a la vez que la capacidad lecto-escritora se restringe. La estrecha
relación entre el poder real y la Iglesia, será constante toda la Alta y plena Edad
Media. Los monarcas anglosajones encomiendan la redacción de sus diplomas a los
monasterios y catedrales de los que se declaran protectores. El período carolingio se
caracteriza por intentar crear un aparato administrativo al servicio del emperador, e
impulsan la utilización extensiva de la escritura como instrumento de gobierno. Para
esto, se comenzó por adelantar una reforma eclesiástica que asegura la mejor
instrucción de los clérigos-oficiales. La política cultural de Carlomagno, concentra en
torno a su corte a grandes letrados, sobre todo Alcuino de York como supervisor e
inspirador de un programa con dos aspectos: uno, el impulso general a la instrucción
mediante la regulación y establecimiento de una red escolar, el otro será la
normalización textual, base de la unificación litúrgica, monástica y pedagógica. Para la
realización efectiva del programa carolingio era necesario un armazón institucional,
que cubriese la extensión del imperio de los francos. Recurre Carlomagno a la red de
obispados, asimilados a la función de órganos gobernativos.

Es evidente la incorporación de la escritura a las funciones del gobierno


carolingio. El capitular carolingio es el documento más claro de la utilización de la
escritura como instrumento del poder político. El texto contiene órdenes, instrucciones
o decisiones de gobierno del emperador, adoptadas con el acuerdo de sus consejeros.
Las decisiones así tomadas pueden ser enviadas y trasmitidas con exactitud a las
autoridades territoriales del Imperio, pudiendo ser consultados. Pueden ser agrupadas
formando selecciones, para ser consultadas y quizá formar derecho. La
profundización en la cultura escrita de los carolingios, es que el uso de la escritura se
incorpora al proceso de deliberación y preparación, formándose y distribuyéndose
listas de asuntos, sobre las que se recaban respuestas escritas, se redactan
borradores y minutas que se consultan de nuevo, y se hacen circular los textos
definitivos. Tras la desaparición del imperio carolingio, los emperadores germanos
promueven la fundación de abadías, estimulando la formación intelectual. Los
emperadores germanos disponen de centros de formación para burócratas
competentes, llamaos a desempeñar cargos en la cancillería imperial, además de
escuelas para la aristocracia.

LEYES Y COSTUMBRES

La tradición legal romana, pervivió mientras lo hizo el entorno social en el que


se sustentaba: el ámbito urbano, las escuelas, la práctica profesional del notariado y
los técnicos en derecho. Los elementos de continuidad estuvieron condicionados por
la actitud que los poderes políticos adoptaron hacia el modelo de derecho escrito
romano. La organización administrativa y jurídica de la Iglesia católica, ejerció una
continuada y determinante influencia a lo largo del período y más allá. A la
continuidad del estudio, copia y circulación del Código Teodosiano, se unirá la
creciente producción y recopilación de la legislación eclesiástica en forma de epístolas
pontificias. En el siglo VIII, la legislación pontificia se sintetiza en la Collectio Adriana,
mientras que en varios países se va formando un corpus escrito de legislación
canónica. Italia, en contacto con Bizancio y el mundo helénico, mantiene el Código
Teodosiano. La codificación visigoda culmina con la formación del Liber Iudiciorum, en
la segunda mitad del siglo VII. La importancia del Liber reside en la variedad y
frecuencia de usos del escrito provistos en su articulado y en la valoración que
concede al escrito como medio de prueba y de formalización de las relaciones
jurídicas.

En otros países, los reyes bárbaros llevan la imitación del modelo romano a
disponer la puesta por escrito del derecho consuetudinario de sus pueblos. De esto
surgen unas leyes nacionales: la Lex Salica y la Ripuaria entre los francos, la Lex
Burgundiorum, Lex Alamannorum y Lex Baivariorum. Estas leyes varían en la
proporción en que dan cabida a contenidos jurídicos del derecho romano vulgar junto a
prácticas germánicas. La actitud de algunos de estos derechos frente a la escritura,
tiende a desfigurar su función, primando el formalismo del procedimiento, la ritualidad
de las fórmulas, y los gestos realizados al celebrar transacciones, al denunciar los
delitos, iniciar los procedimientos o renunciar a seguirlas. En Irlanda, los
conocimientos jurídicos estaban confiados a especialistas, y el procedimiento judicial
descansaba en la memoria, la declaración de testigos y el juramento. Entre los
anglosajones persiste también el derecho consuetudinario. Entre los siglos VI y VIII, la
Iglesia se tuvo que conformar con la aceptación del derecho canónico y el uso interno
del título escrito. Durante los siglos X y XI, la ley canónica experimentó una notable
expansión y adquirió un creciente prestigio. En la Inglaterra anglosajona, comienzan a
aparecer códigos que representan muestras de un estadio de transición, que todavía
no es un derecho escrito. Son fijaciones escritas del derecho consuetudinario. La
acción de gobierno Carolingia, apuesta por el escrito como recurso para extender los
medios de control y comunicación. A pesar del impulso oficial, el estatuto de la ley
escrita plante problemas, como la relación existente entre las leyes. Los códigos
legales presentan el problema del carácter oficial o privado de su edición. La habitual
agrupación de diferentes textos jurídicos, formando colección dentro de un códice, es
un indicio de plurifuncionalidad. Con frecuencia, las colecciones legislativas pueden
dar cabida a obras de derecho romano, o textos jurídicos isidorianos. La enseñanza
del derecho, ligada desde el siglo VI a la retórica, sobrevive asociada a esta en los
monasterios, tras la desaparición de la escuela antigua. El Regnum Italiae aparece
como un caso de desarrollo de un aparato público d administración de justicia que
integra la participación de técnicos en derecho letrados y laicos. El desarrollo de los
jueces palatinos parece estar relacionado con la figura del notarius regis o notarius
imperatoris. En Italia, permanecerá con arraigo el estudio y la práctica del derecho,
estando en el resto de Europa el saber jurídico ligado a los estudios literarios, con su
mayor cauce en la legislación canónica. Entre los siglos VIII al XI, apenas hay
técnicos en derecho laicos fuera de Italia, con excepciones en el reino franco. Según
aumenta la documentación, aumenta la coexistencia de tradiciones autónomas,
entendido como la manifestación de un desorden o indefinición jurídica. La aplicación
de los códigos escritos, se ve condicionada por el contexto social en el que deben
actuar. El vigor del derecho consuetudinario se encuentra en la práctica del derecho
oral, o en fijaciones escritas. En el derecho consuetudinario, los precedentes jurídicos
adquieren importancia decisiva como fuente del derecho. Son invocados en el curso
del juicio y examinado por jueces y parte. La compilación por escrito del derecho
escrito y las tradiciones, sugiere un intento de legitimar el fuero de albedrío.
Comienzan a reunirse compilaciones del derecho local: fueros, costumbres, etc.

El recurso de la autoridad regia a códigos escritos provoca una reacción


conservadora del derecho consuetudinario, que comienza a adoptar el formato escrito.
En el proceso se altera la naturaleza oral de este derecho, así como las actitudes y
mentalidades que lo sustentan. Una vez escrito, el texto-ley usurpa la personalidad de
la costumbre y se queda como versión auténtica del derecho local. Este derecho ya
no residirá en la memoria de los hombres, sino que requerirá la interpretación y
mediación de profesionales. Esos profesionales han sido formados en los principios,
prácticas y mentalidades del derecho romano-canónico enseñado en escuelas y
universidades.

TRATOS Y CONTRATOS

El creciente contacto entre tradiciones orales y prácticas escritas, se evidencia


en las chartae, documentos en los que intervienen particulares y en los que se
registran transacciones sobre derechos o propiedades. El poder de generar efectos
jurídicos se desplaza a la actio, donde los actos se hacen efectivos mediante
acuerdos, sentencias, disposiciones y proclamaciones, que por sí mismos crean
obligaciones o generan derechos, y cuyos términos pueden o no ser recogidos en un
acta escrita. Estos documentos se redactan a efectos de testimonio y prueba, que
intentará hacerse valer en juicio. El valor constitutivo de la escritura en los contratos,
retuvo mayor vigencia donde se conservó el derecho bajo-imperial. Las instituciones
eclesiásticas serán abogadas del uso de la escritura. Los monasterios benedictinos y
las sedes episcopales dirigen hacia la constancia escrita cada uno de los legados de
bienes inmuebles recibidos entre los siglos IX y XI. Este período de contacto del
laicado con la cultura y las prácticas escriturarias y jurídicas de la Iglesia, contribuyó a
extender el uso de las chartae y los documentos entre los laicos. Los litigios son
escenario privilegiado para atestiguar la promoción que hace la Iglesia del uso del
escrito como título de propiedad, forma preferente de constituir las transacciones. Del
otro lado, los laicos suelen enfrentarse al problema de no poseer un respaldo escrito a
sus derechos, generados por herencia, costumbre o contrato verbal. La prueba escrita
debe competir con otros medios de prueba, como la solemnidad del juramento,
acompañada o no de la presentación de testigos, la declaración de peritos, la
declaración de los anteriores propietarios, la averiguación, o las ordalías del agua o del
fuego. La escritura altomedieval hubo de coexistir y relacionarse con las formas orales
de formalizar los compromisos o reconocer derechos, aunque los hábitos y formas de
escritura fueron calando en la sociedad. A partir de los siglos XI y XII comienzan a ser
más frecuentes los contratos entre particulares.

MEDIR, CONTAR, ADMINISTRAR

Además de la especialización en el manejo y producción de textos, las


instituciones de la Iglesia se convirtieron en centros receptores de gran cantidad de
bienes en forma de ofrendas y otras rentas. Fueron quienes desarrollaron más
ampliamente las posibilidades de la escritura, y el cómputo como instrumentos de
administración y gestión. La Edad Media hereda de la Antigüedad la técnica del
cómputo digital, en el que según la combinación y postura de los dedos y manos, se
podían descomponer las cantidades desde las unidades hasta los millares. En el
plano gráfico, las cuentas suelen utilizar los numerales romanos. La utilización de
bastoncillos de madera como soporte de inscripciones ogam y románicas, remite a las
varas utilizadas como comprobantes fiscales en la Inglaterra bajomedieval. En la
cultura clerical, la necesidad de contar con conocimientos de cálculo y aritmética, era
básica para el control del cómputo eclesiástico, que afecta a cuestiones tan
importantes como el calendario litúrgico, y en particular el cálculo pascual. En el siglo
X, Aurillac incorpora al estudio del cómputo el ábaco arábigo. Pareced que no llegó a
conocer el valor de posición de las cifras árabes ni el uso del cero.

Los monasterios y demás instituciones de la Iglesia, mantuvieron las técnicas


de gestión y administración escrita para sus patrimonios. Las tendencias de reforma
del monacato benedictino en los siglos X y XI, coinciden con una mejora de la gestión
patrimonial, que va aparejada a la reorganización de archivos y la recuperación de
escrituras. Se ponen por escrito censos y se elaboran listas e inventarios de
propiedades y derechos. Tras la conquista normanda de Inglaterra, Guillermo el
Conquistador ordena la elaboración del Domesday Book, un catastro de la riqueza del
reino conquistado, donde se anotan las rentas reales. Habrá que esperar siglos para
encontrar iniciativas regias de similar envergadura.
TEMA 5

Hacia una nueva sociedad del escrito (ss. XII-XV).1. Bases para una nueva
sociedad del escrito.2. Aprender a escribir, leer y contar.3. La escritura en el
ámbito privado. 4. La escritura y el poder. 5. El retorno de las escrituras
expuestas. 6. De la Universidad al obrador: libros, lectores y lecturas.

DE LO ORAL A LO ESCRITO

El tiempo que transcurre entre los siglos IX y XI, suponen el arranque de un


cambio cualitativo respecto al significado y a la extensión de las prácticas de cultura
escrita en la sociedad medieval, haciéndose más patente en la Europa romanizada
entre los siglos XI y XIII. En los territorios germánicos, las funciones del documento
escrito, se restringieron a n símbolo contractual, despareciendo los cancellarii y los
scriptores profesionales. Aparecen los scriptores plenamente profesionales en el siglo
X. Letras, palabras e imágenes forman el triángulo de la comunicación en la Baja
Edad Media. La escritura se fue afirmando como una tecnología al servicio de la
sociedad. A medida que se abren nuevas formas de vida, y la ciudad se constituye
como agente de civilización, las prácticas de la cultura escrita entran en una nueva
fase, coincidiendo con la difusión de la imprenta. Hay que reseñar la difusión del papel
de Europa, que fue introducido por los árabes, teniendo como primeros testimonios de
su uso en el Occidente europeo, correspondiendo a códices de la segunda mitad del
siglo X, y a algunas piezas del siglo XII. A este momento pertenece el primer molino
de papel, el de Játiva, un siglo anterior al de Fabriano. En Italia, las primeras
evidencias de uso del papel datan del siglo XII, mientras que en Francia los primeros
testimonios en papel se retrasan hasta mediados del XIII. A partir de esta época se
empleó cada vez con más frecuencia, sobre todo en la producción documental, en las
escrituras ordinarias y en los libros de uso cotidiano, en tanto que el pergamino se
reservaba para los documentos más solemnes y para ciertas clases de libros
difundidos entre las élites.

El cambio de las tipologías gráficas, vino dado por la introducción de la littera


moderna, después llamada gótica. Dicha letra comenzó a afirmarse en la segunda
mitad del siglo XI, en la zona septentrional de Francia, en Inglaterra y en Alemania, a
la vez que empezó a utilizar un nuevo instrumento para escribir, la pluma de animal
biselada, con el corte hacia la izquierda, que varió el trazado de la escritura. Desde
las regiones de su nacimiento, la letra gótica se extendió al resto del Occidente
europeo convirtiéndose en la letra representativa del período gótico. Más allá de las
variantes adoptadas en los distintos reinos y en función de sus diferentes usos, lo más
característico fue la unificación de la escritura documental europea de los siglos XII y
XIII en una nueva cursiva, desarrollada a partir de la minúscula diplomática, que
alcanzó homogeneidad en los siglos XIII y XIV. Su extensión fue producto de las
nuevas condiciones creadas en la época: La difusión del notariado y el uso
abundante de la escritura en todos sus niveles, incluido el privado, debido al desarrollo
artesanal y mercantil, además de la uniformidad en el sistema gráfico y en los métodos
de la enseñanza elemental. A partir del siglo XIV, la necesidad de una reforma de la
escritura que sustituyera la fatigosa letra gótica por otra sin faltas de ortografía ni de
gramática, fue sugerida por Petrarca, materializándose en el tránsito del siglo XIV al
XV en Florencia. El cambio fue la creación de la minúscula humanística inspirada en
la minúscula carolina. En el curso de la historia de la cultura escrita, lo más relevante
de la Baja Edad Media fue el paso del alfabetismo de los escribas, al de los artesanos.
Su incorporación al mundo de lo escrito, es parte de una transformación más amplia
que tiene que ver con la formación de una cultura escrita más laica. Indicio de ello
sería tanto la desaparición de un buen número de símbolos cristianos en los graffiti,
como la secularización de ciertas fórmulas, sustituyendo a Dios o la Trinidad por Cristo
como Señor en la invocación, y la relajación del lenguaje empleado en las cláusulas
penales.

LA ESCRITURA DEL VULGAR

Aunque el conocimiento del latín en la Inglaterra del siglo XIV llegaba a altos
magistrados, administradores de los feudos y de las villas, e incluso a ciertos
campesinos que podían haberlo aprendido escuchando, la escritura en la Baja Edad
Media no se puede desligar de la consolidación escrita del vulgar, y de su empleo
como lengua de alfabetización. El ingreso del vulgar en el dominio de la escritura y su
implantación como lengua de uso, administrativa y literaria, fue un proceso lento.
Primero implicó la producción de textos donde convivía con el latín o estaba escrito en
otros alfabetos, y más adelante, la adquisición de una plena conciencia lingüística y
literaria. Los testimonios más antiguos de escritura en vulgar, se encuentran en
diferentes textos, en muchos casos aprovechando los espacios en blanco dejados en
algunos folios de pergamino, o en el verso de los mismos, lo que indica la función
subsidiaria de muchos ejercicios. Entre los siglos XI y XIII, los testimonios crecieron
en número, a la vez que se hizo más notorio el arraigo escrito del vulgar, en buena
parte debido a la vulgarización de los textos bíblicos, en Inglaterra desde comienzos
del siglo XII. Hasta que dicha lengua no adquirió regularidad escrita, lo más habitual
eran los cruces entre el habla vulgar de los amanuenses y un latín mal asimilado. La
expansión del vulgar, caminaba en paralelo a la progresiva constitución como lengua
literaria. El hecho de que algunos testimonios se escribieran en espacios marginales o
en la cara posterior de un pergamino, indica el alcance limitado de parte de las
primeras muestras de literatura en vulgar. La formación efectiva de los distintos
sistemas literarios románicos, no es anterior a los siglos XIII y XIV. Los últimos siglos
de la Edad Media, son la confirmación del vulgar como lengua escrita,
independientemente de que el latín perviviera en los ámbitos eclesiásticos y
académicos, y fue también la difusión de literatura en lengua vernácula, orientada a la
producción de nuevas temáticas y a la captación de nuevos lectores. Entre el final de
la Edad Media y la primera mitad del siglo XVI, el vulgar escrito tendría su máximo
reconocimiento lingüístico con la publicación de las primeras gramáticas y
vocabularios. El latín seguía utilizándose, aunque cada vez demostraba más distancia
entre la minoría letrada y el resto de la población, que hablaba en vulgar y comenzaba
a alfabetizarse en esa lengua. El vulgar se fue convirtiendo en la lengua de uso,
empleándose en las cancillerías y oficinas administrativas, en las prácticas cotidianas
y en los libros destinados a los nuevos lectores, mientras que el latín se preservaba
entre la cultura erudita, mundo universitario y actividades de la Iglesia.

APRENDER A ESCRIBIR, LEER Y CONTAR

El vulgar se acreditó como lengua literaria pero también como lengua de


aprendizaje. Esto fue determinante tanto en las posibilidades de alfabetización de la
sociedad, como en la producción de textos destinados a los nuevos alfabetizados
semicultos. Artesanos y comerciantes fueron los que primeramente sintieron la
necesidad de aprender a escribir y a leer, porque les iba a permitir una mayor
administración de sus empresas y actividades.

Las escuelas de primeras letras. Al margen de algunas escuelas monásticas y


catedralicias, las escuelas más importantes de cara a la alfabetización de los illiterati
son las urbanas y las parroquiales. Fueron lo que supuso el nacimiento de las
universidades, y dentro de las primeras se incluyen tanto las escuelas gremiales,
creadas por determinadas corporaciones de oficios, como las escuelas municipales.
El interés de algunos gremios por la educación de los hijos, tiene sus antecedentes
más remotos en las escuelas creadas por las gildas alemanas en el siglo XII, aunque
el máximo desarrollo corresponde a los siglos XIV y XV, cuando fue más habitual que
los comerciantes y artesanos crearan escuelas de primeras letras o de gramática.
Algo parecido sucede con las escuelas municipales, que surgen al final del siglo XIII,
aunque es en los dos últimos siglos de la Edad Media cuando se implantan de forma
más generalizada. Es en esta época cuando las noticias se reiteran con mayor
frecuencia, siendo entonces cuando las escuelas municipales se extienden por
Europa, por los núcleos urbanos y algunos núcleos rurales. Las escuelas podían ser
la misma casa del maestro, aunque luego se hiciera cada vez más corriente que el
municipio destinara un lugar para tal cometido. En el ámbito eclesiástico, la escuela
más implicada en la instrucción elemental de la gente común, y no de los miembros de
la Iglesia o de los nobles, fue la parroquial. El público al que iban dirigidas las
escuelas parroquiales era exclusivamente la gente del pueblo. Allí se aprendía la
doctrina, a leer y a escribir.

Maestros particulares y otras vías de aprendizaje. Además de los espacios


institucionalizados de aprendizaje, también se podía aprender a escribir y leer en otros
lugares o por otros procedimientos:

1) En el seno de la familia, de la mano de ayos, preceptores y maestros privados, algo


habitual entre la nobleza.
2) En el taller-obrador, donde además de aprender una profesión, se aprendía a escribir,
leer y contar.

3) Mediante maestros y profesionales de la escritura que enseñaban privadamente en


sus propias casas u otro sitio. Con el fin de enseñar a leer y escribir en un plazo
breve, y a cada cual según sus necesidades, existieron clases nocturnas de adultos,
posiblemente dedicada a trabajadores analfabetos, realizada en la sala de la casa, y la
lección matinal del maestro y de la maestra, en un espacio dedicado para la escuela.
De un lado, adultos aprendiendo de una manera más informal, y de otro, niños y niñas
sujetos a la disciplina escolar.

4) De manera autodidacta valiéndose de cualquiera de los recursos existentes, como las


muestras, carteles publicitarios, textos escolares e incluso modelos suministrados por
inscripciones y libros.

Si algo define el panorama educativo de la Baja Edad Media es el caos didáctico, con
amalgama de lugares y espacios donde era posible aprender, de manera que al final,
el aprendizaje podía ser muy distinto según los casos.

La enseñanza y las materias. La enseñanza era técnico-profesional o práctica, debido


a las necesidades de sus beneficiarios urbanos, los hijos de los comerciantes y
artesanos. No se acudía por el hecho de aprender sino para adquirir las habilidades
precisas con las que desenvolverse en la vida laboral. Los contenidos propios de la
instrucción elemental eran la lectura, la escritura y el ábaco, además de la doctrina
cristiana. La escritura se constituye en el eje de la formación en tanto que la lectura no
se planteaba como un fin en sí mismo, sino como presupuesto para todos los
aprendizajes. Los materiales más representativos de la instrucción elemental
bajomedieval fueron, según los lugares, la Tabla, el Libro de la Santa Cruz, el Becerol
o la Cartilla.
El Salterio se había empleado desde del siglo VII, pero a partir de los siglos XIV y
XV se fue reemplazando por un cuaderno de pergamino, que contenía el abecedario y
las oraciones fundamentales de la doctrina. Lo habitual era que el alumno recitara en
alto tras la demostración efectuada por el profesor. Para la escritura existían otros
materiales más específicos: las muestras, que el alumno repasaba por encima o
copiaba, y las tablillas de cera y cuadernos escolares donde ejercitarse, aparte de los
tratados de caligrafía, dirigidos a un público más profesional.
Algunas impresiones sobre el alfabetismo. La transición de la Edad Media a la
Moderna prodigó discursos de diversa índole, donde unos sostuvieron que la
educación era muy aconsejable para la promoción de las personas, mientras que otros
aplaudieron la estamentalización del saber, negando la alfabetización de las clases
populares, argumentando que la asistencia a la escuela restaba tiempo y dinero a las
familias más modestas. En el caso de las mujeres, el pensamiento dominante era más
severo. Para las gentes de letras de los siglos XIV y XV, las mujeres tenían que ser
honestas, esposas fieles, buenas madres y aplicadas amas de casa, por lo que su
educación estaba centrada en el respeto al marido y en la adquisición de habilidades
que sirvieran para el desempeño de sus funciones maritales. Algunos opinaban que la
mujer debía saber leer y escribir para mantenerse en contacto con sus maridos
cuando estaban ausentes, aunque esta necesidad la experimentaron solo las mujeres
de la aristocracia. La asistencia a la escuela no se consideraba importante, y la
alfabetización estaba vigilada tanto en el contenido de la lectura como en el
aprendizaje de la escritura. Los artesanos y los comerciantes fueron dos de los
grupos más interesados en aprender a escribir y leer, lo que no significa que no
hubiera analfabetos entre ellos. Testimonios autógrafos de ciudadanos romanos, han
servido para constatar que la capacidad de escribir, al menos en lengua vulgar, estaba
bastante extendida y era requerida en distintas profesiones y oficios, incluso entre
sectores humildes, hasta el punto que el nivel de competencia gráfica de esas
personas, era equiparable al de los nobles. Esto se pone en relación con el desapego
de cierta aristocracia hacia las actividades culturales e intelectuales, frente a su
vinculación a las tareas de gobierno, guerra o diplomacia. En cuanto a las mujeres,
distinto debía ser conocimiento de la lectura por la mayor funcionalidad de esta, tanto
en el desempeño de las labores cortesanas o en la práctica devocional. Al considerar
la alfabetización bajomedieval, a una Europa más alfabetizada, se le opone otra
menos familiarizada con la lectura y la escritura, además de las diferencias regionales
en el seno de un mismo país o entre distintos grupos.
Se puede decir que la distribución de la competencia de escritura y de lectura,
incluso a nivel más elemental, dependía de numerosos factores, principalmente el
lugar de residencia, la condición y el oficio de las personas, y el género.

DEL NEGOCIO DE LA VIDA: LA ESCRITURA EN EL ÁMBITO PRIVADO


Los libros de cuentas son la muestra más visible de la extensión del
alfabetismo, a lo largo de la Baja Edad media, y de la participación en ella de los
nuevos grupos urbanos vinculados al desarrollo comercial. Al mismo ambiente
corresponden los libros de oficios, muy comunes en los últimos siglos de la Edad
Media, principalmente los cuadernos y libretas donde los maestros de artes anotaban
sus conocimientos prácticos a fin de perpetuar su experiencia profesional. La
extensión de estas modalidades de escritura en vulgar, en especial los libros de
cuentas y de memorias, fue socialmente más amplia. Se trata de libretas o cuadernos
de papel, aunque algunos de membrana, de dimensiones variables, entre el cuarto y el
folio cosidos y protegidos por una cubierta de pergamino. Escritos en vulgar, en
cualquiera de las góticas cursivas, y en mercantesca en el caso de ejemplares
italianos y catalano-aragoneses, responden a una toma de la escritura motivada por la
necesidad de apuntar las cuentas de una determinada actividad. De ahí que los
asientos, generalmente breves y a veces introducidos por fórmulas de ascendencia
material, se limitan a consignar la razón del ingreso o del gasto, el nombre de los
acreedores y deudores, la cantidad percibida y satisfecha y la fecha del trato. Estos
libros no siempre testimonian una práctica de escritura autógrafa de sus respectivos
propietarios, bien porque fueran analfabetos o cualquier otra circunstancia. La
delegación de escritura, que no siempre es sinónimo de analfabetismo, refleja la
conveniencia de distinguir entre el alfabetismo y las consecuencias sociales
acarreadas por la cultura del escrito. Personas que no pudieron escribir por la razón
que fuere, se valían de los intermediarios gráficos, bastando con tener alguna
necesidad concreta de escribir. La más inmediata era la anotación de cuentas, pero,
una vez adquirida la competencia de escritura, los escribientes se sirvieron de ella
para construir un producto más elaborado, una especie de memoria personal
destinada a perpetuarse en el futuro.
La voluntad de crear memoria resulta más evidente en los libri di familia o libri
di ricordanze italianos. Este tipo de libros pueden ser estimados como la prueba del
recurso a la escritura con propósitos más amplios que el registro de un negocio. El
libro de familia, se constituye en el soporte físico de la identidad de esta. Hay distintas
escritura de la memoria, unas veces con la mirada puesta en lo cotidiano y otras en los
avatares colectivos. Al lado de la variada gama de libros personales, autógrafos unos
y otros no, otra de las manifestaciones más singulares de la escritura privada
corresponde a las cartas. Estas reflejan el recurso a la escritura para establecer lazos
de unión en la distancia, así como un lugar propicio para las confidencias y las
informalidades, aunque con tonos distintos según fuera la condición de los emisores y
destinatarios de las mismas. Las mujeres escribieron con mayor frecuencia que los
varones, lo que viene a certificar la estrecha relación entre la mujer y la escritura de
cartas. Esto no quiere decir que el género epistolar sea esencialmente femenino,
puesto que se trataba de una actividad privada que no alteraba ninguna de las
convenciones sociales impuestas por la mentalidad patriarcal.

AUTÓGRAFOS MENORES Y SUSCRIPCIÓN DOCUMENTAL


Los autógrafos colectivos representan una manera de legitimación pública del
individuo mediante la adhesión personal. Las hay de carácter político, administrativo y
de tipo religioso-asistencial. De contenido distinto, pero con la necesidad de
acreditarse por medio de la escritura, son los albaranes y recibos extendidos para
justificar la percepción de una cantidad. Se trata de un documento por el cual el
destinatario, manu propria o por mediación de otro, certifica a la persona o entidad
pagadora el pago recibido. Su tenor comienza con el pronombre personal (yo),
seguido del dispositivo documental en el que se enuncian las razones del pago, la
cantidad y las cláusulas finales, especialmente la data y la mención referida a la
suscripción autógrafa o delegada. Suelen ser papeles de formato irregular, a menudo
aprovechando el verso de la orden de pago, extendidos a renglón seguido de la
formalización del libramiento y la recepción de la cantidad. Las inscripciones
colectivas se diferencian de los recibos porque no requieren de la firma final, pero en
ambos el escribiente no se limita a la suscripción de un documento preparado por otro,
sino que en caso de saber, escribe personalmente un breve texto, o de otro modo,
recurre a un intermediario para solventarlo. En los autógrafos menores, se constata la
huella dejada por escribientes inexpertos, personas insuficientemente alfabetizadas,
que señalaron las carencias propias de una conquista elemental de la capacidad de
escribir. De ahí las incorrecciones que se advierten en la separación de las palabras,
el trazo tosco y garabateado de algunos de los escritos, la inclinación de las líneas, el
desconocimiento de los sistemas de abreviación, o el empleo desconcertante de
mayúsculas.
Menos expresivas son las suscripciones documentales, las firmas efectuadas al
pie de documentos preparados y redactados por otra persona, normalmente un notario
o un escribano.

LA ESCRITURA Y EL PODER
La escritura se fue afianzando como un instrumento adecuado para responder
a las exigencias de precisión, orden y gobierno. Fue en esa coyuntura en la que
distintas monarquías feudales alumbraron catastros escritos de sus dominios con un
objetivo fiscal. Estos inventarios se deben poner en relación con el avance de las
monarquías feudales y con las necesidades de conocer y establecer la memoria
escrita de sus bienes y derechos. Dichos documentos son la parte más visible de una
progresiva afirmación de la escritura en los usos políticos y administrativos de las
monarquías, prueba de ello fue el aumento de la producción escrita a partir del siglo
XIII. También, los contratos agrarios en la Inglaterra de los siglos XII y XIII se fueron
formalizando progresivamente por escrito, así como ciertas fórmulas de los
documentos castellano-leoneses de la misma época que también consagraban la
autoridad de la escritura. La escrituración de las leyes que ordenan y regulan el
funcionamiento de una sociedad, es una de las primeras medidas que se toman al
tratar de constituir un sistema político. A medida que este se fue organizando a lo
largo de la Baja Edad Media como el resultado de la coexistencia de jurisdicciones
distintas, la norma se hizo escrita. Aparte de las leyes de alcance municipal, lo más
relevante de la nueva cultura del derecho escrito fue la promulgación de códigos
aplicados al conjunto del reino.
La confección de un código escrito está unido a un sistema de administración
de justicia ejercido en aulas cerradas, y sujeto también a una normalización del
lenguaje en los documentos, con el fin de educar al litigante en la forma que debía
dirigirse a la autoridad. El texto legal, representa a la nueva sociedad del escrito como
exponente de un conjunto de transformaciones más amplias, que forman parte del
valor político reconocido de los documentos, de ahí la solemnidad que se puso en la
confección de algunos de los diplomas de reyes, papas y emperadores, pero también
de otras autoridades de menor rango. La combinación de distintos tipos de escrituras,
la disposición y forma de los elementos gráficos, la función anunciadora y
propagandística de los mismos, el formato y las proporciones, demuestran que este
era el resultado de una labor planificada que recaía en manos de personal
especializado. Inicialmente, los señores laicos se sirvieron de los eclesiásticos para
atender las necesidades documentales, pero a medida que se impuso un sistema cada
vez más burocrático, lo hicieron las cancillerías, es decir, las oficinas competentes en
la preparación y confección de las actas escritas requerida por aquellos. Hubo dos
tipos de modos de producción documental: la creación de una estructura orgánica
encabezada por el canciller, los notarios y los escribanos, y la división de
competencias entre ellos, siendo el canciller quien ejercía la máxima responsabilidad
escrituraria por designación del rey, el notario quien se encargaba de preparar los
borradores y minutas de los documentos, y el escribano quien asumía la tarea de
ponerlos por escrito. Aparte de la cancillería, la afirmación de la monarquía llevó
aparejada la creación de otros organismos administrativos, fiscales y judiciales que
contribuyeron al desarrollo de la cultura escrita.
Paralela a esta profesionalización de la producción documental, el interés de
los distintos poderes por el valor fedetario del escrito, se consumó en la diversificación
de sus tipologías, así como en la aparición de los registros de cancillería desde finales
del siglo XII bajo el pontífice Inocencio III, aunque su verdadera implantación se hizo
efectiva en los siglos posteriores, con un ritmo diferente según los distintos reinos. La
creación sucesiva de una serie de archivos reales y municipales, administrativos,
fiscales y judiciales, representa la voluntad de hacer de la escritura el sustento del
gobierno político, el nuevo papel del registro y de la memoria escrita. Esto mismo se
puede decir de los cartularios pertenecientes a monasterios y catedrales, pero también
a algunos señores laicos, que tuvieron su época dorada en los siglos XII y XIII. Se
trataba de códices-archivo, ya que en ellos se copiaban íntegros o extractados, los
documentos más significativos, los que garantizaban los derechos y los bienes
patrimoniales de sus titulares, ordenados por áreas geográficas o en función de la
procedencia. En el ámbito notarial, citar la formación de los primeros protocolos en los
siglos XIII y XIV, señal de la estrecha vinculación entre el registro escrito y la
administración de la fides pública, depositada en los notarios. La consolidación de
esta institución, fue otro de los pilares de la creciente extensión de la lógica de la
escritura, después de que en la decretal Scripta autentica de Alejandro III, se
reconociera a los documentos notariales la misma validez que a los que habían sido
sellados en las cancillerías real o curial. Conservada en registros, cartularios,
protocolos y archivos, la escritura estaba ganando el terreno a la palabra hablada
como instrumento de información, registro del conocimiento, garantía del orden social
y memoria del poder.

LA ESCRITURA VISIBLE: DE LA INSCRIPCIÓN AL CARTEL


Otras presencias de escritura es la conquista gráfica de espacios públicos.
Algo más que sepulcros.
Sobre las inscripciones, su producción sigue al desarrollo de las ciudades, y a la
recuperación de la función civil y política del espacio urbano. Se consuma el entorno a
un uso más amplio y articulado de la epigrafía con fines no solo funerarios, sino
también conmemorativos. La escritura expuesta deja memoria de los sucesos más
significativos de la vida civil. La difusión pública de estas inscripciones y la atención
puesta en la ejecución de muchas de ellas, resultado de una previa ordinatio del
trabajo epigráfico, permite verlas como una forma de representar y hacer visible la
autoridad y el poder. En la Alta Edad Media, la actividad epigráfica se había
concentrado en la Iglesia, y se restringió a las escrituras funerarias, mientras que en la
Baja Edad Media adquirió una función más amplia, disponiéndose sobre edificios
civiles y no solo religiosos. En esto se notó la connotación laica de la cultura escrita,
presente en las inscripciones funerarias. Lo más representativo de los cambios en las
políticas de la muerte escrita durante estos siglos, fue la construcción de grandes
monumentos funerarios adosados a las paredes, en los que la escritura asume valores
que van desde la presencia destacada y central a la ausencia.
Del dibujo a la crónica: escrito en los muros.
La capacidad de ordenar la fabricación de una inscripción conmemorativa y el derecho
a la muerte escrita seguía circunscrito a las élites. La escritura expuesta, seguía los
mismos modelos gráficos empleados en la producción epigráfica. Estos textos podrían
tener un valor explicativo de las representaciones, estableciendo una doble modalidad
de lectura, analógica e iconográfica. Muchos de los nuevos alfabetizados, son los que
realizaron algunos graffiti en las iglesias, castillos o muros. Dentro de las
representaciones, hay varias modalidades en función del texto:
1. Numerales. Aquellas en los que se anota una fecha que puede tener relación con
algún hecho acaecido a la persona que escribe, el año que lo hace, o los registros de
nacimientos.
2. Nominales. Cuando se trata exclusivamente de dejar constancia de un nombre,
habitualmente el de la persona que escribe.
3. Existenciales. Los que el autor refleja algún pensamiento o situación vital.
4. Cronísticos. La profusión de referencias cronológicas y de alusiones a los avatares
de la historia ciudadana hace de ellos una especie de diario o crónica urbana, con
paralelismos con el oficio de los cronistas y con la práctica notarial.
Entre la propaganda y la protesta
Las escrituras expuestas cumplieron funciones distintas dependiendo de la condición
de sus autores, del lugar de exhibición y de la morfología textual. Las inscripciones
monumentales civiles respondieron a la necesidad de ensalzar gestas,
constituyéndose en lugares de memoria, destinados a celebrar y preservar el recuerdo
de los acontecimientos y de sus protagonistas. La epigrafía funeraria transmitía el
recuerdo de los linajes y representaba la ideología que sustentaba la sociedad
medieval. Los graffiti obedecían a una necesidad de escribir y dibujar más difusa, ya
fuera para dejar constancia de la existencia personal, o para narrar los mismos
episodios que figuraban en las crónicas urbanas. Cualquiera que fuera el cometido de
esos usos de la escritura, se trataba siempre de comunicar desde las paredes y los
espacios públicos, haciendo que la escritura estuviera presente. Esto es el producto
de los cambios que experimenta la función y la ideología de la cultura escrita en el
Occidente bajomedieval, como una demostración del tránsito hacia una sociedad que
pensaba en la escritura. A través de prácticas de cultura escrita, tanto las normas y
manifiestos cívico-políticos como la doctrina religiosa, se hicieron visibles al conjunto
de la sociedad, y así, los escritos intervenían en la vida de los ciudadanos. Los
escritos públicos informaban de los fundamentos ideológicos que sustentaban el poder
y la autoridad buscando la adhesión a los mismos. La escritura de protesta ganó
protagonismo en los últimos siglos de la Edad Media. A mediados del siglo XV, los
albarans de commoure de Valencia, son casos de escritura criminal, dado que se
realizaba sin el consentimiento de la autoridad, y expuesta en lugares que no estaban
concebidos para ese fin. A pesar de ser productos escritos destinados a una
exposición limitada en el tiempo, y a un consumo amplio y rápido, estos objetos de
lectura colectiva certifican la voluntad de crear opinión, siendo algunos fijados en la
noche.
Eran prácticas de cultura escrita planteadas para dar a conocer reivindicaciones
críticas. La retirada y la búsqueda de las personas que los había realizado, demuestra
el carácter transgresor y criminal de estas escrituras expuestas, así como la voluntad
de perseguirles para restituir el nombre de Dios, del rey, y del poder ciudadano, para
garantizar el triunfo del orden establecido.

LIBROS, LECTORES Y LECTURAS


Las ordalías de libros mediante la prueba de verdad del fuego, es otra manera
de entender la autoridad conferida a la cultura escrita en la sociedad medieval, y el
miedo a la divulgación de las ideas, que cuestionaban la ideología imperante y la
estructura de poder. Aunque los libros todavía no gozaran de una circulación masiva,
eran un instrumento de conocimiento y reflexión, asociado a ciertos cambios en la
manera de leer, en particular a la práctica de leer en silencio. Es en la Edad Media
cuando esta modalidad se vuelve más habitual y sistemática.
Leer en la universidad.
La extensión de la lectura silenciosa estuvo relacionada con la difusión de las
universidades y con algunos cambios en la escritura de los códices. Se convierte en
un vehículo de transición del saber. Hacía falta profundizar en el entramado del texto,
comprender su sentido y elaborar un juicio, crear una opinión, y no bastaba con la
lectura pública que pudieran hacer los maestros, sobre las obras de estudio. El
modelo escolástico de la lectura, es inseparable de unas modificaciones en la
materialidad de la escritura, principalmente la separación de las palabras, el
perfeccionamiento de los sistemas de puntuación y el empleo de distintas tipologías
gráficas. Se afirma un nuevo libro caracterizado por una serie de aspectos que
facilitaban la legibilidad del texto, que son:
1. La división de las palabras.
2. Los resúmenes encabezando cada capítulo.
3. La disposición del texto en dos columnas dejando espacios marginales para las
distintas glosas, comentarios y anotaciones al hilo de la lectura.
4. El perfeccionamiento de los signos de puntuación y de los sistemas abreviativos.
5. El empleo de iniciales adornadas en distintos colores, rúbricas y letras marginales.
6. La numeración de los cuadernillos, columnas y líneas, que proporcionaba una
ordenación secuencial del texto.
Esto responde a una nueva gramática de la legibilidad, una racionalización del
texto y de los distintos niveles de lectura sugeridos por la disposición del mismo, la
naturaleza de las glosas o las jerarquías gráficas. Así nació el libro como instrumento
de trabajo intelectual. La modalidad lectora propuesta por el libro universitario, era la
lectura aplicada a un repertorio más amplio de textos. A medida que la lectura se
hacía más extensiva, en cuanto a un mayor número de obras se refiere, surgen unos
textos destinados a facilitar esa tarea. De un lado los glosarios y léxicos, y de otro las
distintas sumas del saber en que estaban compendiados los conocimientos
fundamentales de las principales materias del curriculum universitario. En el terreno
de la producción y del comercio de los libros, lo más significativo fue la creación de un
mercado en torno a las universidades. Se pone en práctica un procedimiento
denominado pecia, y que estaba basado en la copia separada de los cuadernillos.
Este proceso estaba regulado por la institución docente, que era la encargada de
vigilar que las copias se ajustaran al ejemplar autorizado. Contaba con el librarius o
estacionario quien alquilaba libros o peciae, y regentaba la tienda donde se organizaba
la copia y venta de los mismos. El editor, que habitualmente era el mismo librero,
presentaba el texto que quería publicar y las autoridades académicas se encargaban
de comprobar que se trataba de una versión correcta y completa antes de autorizar su
publicación a un precio fijo.
El modelo escolástico de la lectura, implicó una variación importante en el
concepto y organización de la biblioteca. Esta biblioteca universitaria se concibe como
un lugar de estudio y lectura. Se trataba de una sala alargada y amueblada con
mesas, atriles y bancos corridos distribuidos en dos series paralelas con un pasillo
central, donde estaban los libros de consulta sujetos por una cadena. Junto a esta
biblioteca, había otra secreta, cuyo destino era el préstamo. Sus primeros usuarios
eran los estudiantes, profesores y gente del saber, aunque también algunos laicos.
Libros para mostrar, libros para disfrutar, libros para saber.
Copiados en pergamino con riqueza de ornamentos, en muchos casos se trataba de
piezas de encargo efectuadas por copistas profesionales. El libro tenía un valor en sí
mismo que justificaba su encargo y posesión. Las bibliotecas aristocráticas
comprendían libros religiosos y jurídicos, históricos y filosóficos, tratados prácticos y
manuales sobre la educación de los nobles, y literatura en vulgar, incluso en lenguas
extranjeras. A medida que avanza el siglo XV, la influencia humanística se dejó sentir
en la función y orientación de las bibliotecas, y reyes y aristócratas más cultivados
fueron promotores del humanismo en Italia y fuera de ella. Según aumentaba el
prestigio de la cultura libresca, lo hacía también la competencia entre los magnates
civiles y eclesiásticos, para adquirir colecciones de clásicos que incrementaran sus
bibliotecas. Compraban libros a los humanistas, encargaban traducciones, pedían
asesoramiento, invitaban a su corte y acudían para que les redactaran las cartas o las
biografías. Se impulsa la traducción de los clásicos greco-latinos, marca
diferenciadora de las bibliotecas de los humanistas y gentes de letras del siglo XV.
Aumenta la experiencia de la lectura como una práctica silenciosa, cuando
anteriormente lo más habitual era que los nobles se hicieran leer los libros en voz alta,
aunque esta manera de leer no desaparece de las cortes aristocráticas. A pesar de
que al principio no faltaran los miembros de las órdenes monásticas o mendicantes, o
profesores universitarios, el humanismo nace y permanece al margen de conventos y
universidades. Tuvo su centro en un grupo de laicos que se consagraron al estudio de
los clásicos en la Florencia del siglo XV. En el ámbito librario, el movimiento se
plasma en una tipología diferenciada y presidida por la pretensión de recuperar la
claridad y pureza de los textos. Esto da lugar a una nueva manera de preparar y
escribir los manuscritos, cuyos rasgos principales fueron el formato medio o pequeño,
la disposición a línea tirada con interlineados espaciosos, restricción de márgenes,
escritura en littera antiqua, ornamentaciones de inspiración tardo-carolina, así como
capitales rústicas o de tipo lapidario en títulos y rúbricas. El libro humanístico incluía
desde las obras de estudio, en lujosos volúmenes de pergamino, hasta los textos
empleados en la escuela, en papel y de aspecto descuidado, además de libros de
lectura de formato pequeño. La importancia de este movimiento estuvo detrás de la
aparición de libreros independientes, y de compañías especializadas en la producción
de libros.
Los libros populares.
La novedad de los siglos finales de la Edad Media, estuvo en la formación de un
público de lectores populares integrado por los nuevos alfabetizados semicultos. La
lectura se movía entre la formación técnico-profesional, tratados de índole práctica,
libros de devoción y obras de distracción. Los libros estaban escritos en vulgar, sobre
papel y de pequeño formato. Se empleaban las letras cursivas usuales, con el texto a
plena página y sin comentarios marginales, de aspecto descuidado, sin
ornamentaciones o muy simples, dibujadas a pluma, decoradas con tintas o colores
pobres, un libro manejable y económico llamado libro da bisaccia, en referencia a la
bolsa donde podían llevarlo los predicadores, mercaderes, peregrinos, vagabundos,
artesanos y gente de similar condición, las clases subalternas. Este libro se guardaba
en el espacio familiar, y se leía en la casa o en el taller-obrador en los ratos de ocio.
Era un producto económico copiado en el ámbito de lectura, a veces por las mismas
personas que los leían. Además de escribirse los libros en la casa o en el taller,
también en el curso de un viaje, en el exilio o en la cárcel. Era un entorno de
producción libresca poco especializado, en el que lo habitual era que una misma
persona desempeñara varias tareas.
Orden y peligros de la lectura.
Al término de la Edad Media, el panorama de la lectura, mostraba la fractura entre la
minoría litterata, y un sector de nuevos alfabetizados. Más especializadas eran las
bibliotecas de juristas, médicos y otras gentes del saber, cuya composición dependía
de la especialidad. Entre los mercaderes, eran más comunes los libros útiles, además
de la lectura de obras devocionales y espirituales. El aspecto teórico de las lecturas
tiene mucho que ver con el género, el estamento y la profesión. La extensión de la
práctica de leer en silencio, proporcionó una buena ocasión para entrar en contacto
con libros considerados inapropiados, que permiten la vuelta del género del ars
erotica. Por ello, en materia de libros y de lecturas, la Edad Media prolonga la censura
del siglo XVI, sobre todo tras la introducción de la imprenta.
La llegada de la imprenta.
El inicialmente llamado ars artificialiter, no trajo consigo una ruptura respecto a los
usos del manuscrito bajomedieval. Los primeros impresos reprodujeron las tipologías
librescas de siglos anteriores, sin modificar el catálogo de los libros, que se fueron
adaptando a los gustos y convenciones del mercado establecido. Excepto en Italia, en
Europa lo habitual fue la edición de los libros religiosos, litúrgicos, espirituales,
gramática, literatura profana en lengua vulgar, y obras de contenido y difusión popular.
La extensión de la imprenta no supuso la desaparición de los manuscritos. Los
humanistas siguieron necesitando de las copias a mano, porque no siempre había
ediciones impresas o no estaban disponibles. Los copistas profesionales se
reorientaron de su actividad hacia las copias de encargo. Donde se notó el cambio fue
en la reducción del tiempo empleado para la edición de un libro y en el abaratamiento
de costes. El impreso implicaba la uniformidad del texto, la fijación de una obra
estándar susceptible de ser anotada, comentada y enmendada en cada lectura,
aunque la estandarización sufrió las alteraciones que los textos podían sufrir en el
taller. La difusión de la imprenta se movía entre la buena acogida de algunos y las
posiciones reacias de otros, aunque mayores fueron los temores que se despertaron
por la circulación de las ideas por esa vía, y el miedo a las posibilidades abiertas por la
tipografía, desencadenó una violenta reacción entre los mandatarios religiosos y
políticos, con el libro como centro de la polémica.

TEMA 6

Usos y prácticas de la escritura en la Edad Moderna.1.Civilización escrita,


alfabetización y primeras letras. 2. Escritura, poder y organización de la
sociedad. 3. La escritura en el ámbito privado. 4. La ciudad escrita. 5. Entre el
libro y el periódico: lecturas eruditas y populares.

La Edad Moderna representa desde el punto de vista de la escritura, un


período importante porque supone un momento en la historia en el que la escritura, el
libro, la lectura, empezaron a alcanzar una verdadera dimensión social y tuvieron una
difusión muy amplia. Todo eso es producto de una serie de factores que coinciden a
finales del siglo XV. Por un lado, un factor importante que va a contribuir a la
repercusión de todo lo que tiene que ver con la escritura, es la aparición de la
imprenta. Con la Edad Media, se había llegado al momento de la invención de la
imprenta de caracteres móviles, pero la imprenta como tal será un invento propio de la
Edad Moderna, por lo tanto, a partir del Siglo XVI, los libros, aunque muchos seguirán
siendo manuscritos, podrán ser reproducidos a través de una técnica artesanal que
permitió una reproducción mayor, un abaratamiento de los costes, y que permitió que
en las librerías de la Edad Moderna hubiera una cantidad de libros a disposición de la
gente, mucho mayor que en cualquiera de los períodos anteriores.

En segundo lugar, al difundirse el libro, eso va a provocar de forma inmediata


un aumento del número de los lectores, de la más diversa condición social, seguirán
leyendo las élites que lo venían haciendo desde la Edad Media, pero a lo largo de los
siglos XVI a XVIII, se va a incorporar un número cada vez más amplio de gente común
de las más diferentes profesiones. Se incorporarán no solo personas capacitadas
para leer, sino también leerán muchos analfabetos que escucharán leer a otros,
práctica muy habitual en la Edad Moderna, lo que permitirá que gente analfabeta
pueda acceder de alguna manera a lo que cuentan los libros a través de esa
modalidad de lectura. Por eso, durante la Edad Moderna, la lectura se puede
distinguir entre dos modelos muy distintos, por un lado lo que se llama el modelo de la
lectura erudita, que es el practicado por la gente que sabe leer muy bien, y por otro
lado el llamado lectura popular, que era el propio de los sectores poco alfabetizados.
En ese mismo proceso de extensión social de la escritura, ocurrirá que las mujeres se
van a incorporar de una manera mucho más notable de lo que había ocurrido
anteriormente. Esto es así, no solo porque la imprenta nazca y se difunda, sino
porque también se difunde la escuela. Partiendo de los antecedentes de la Baja Eda
Media, ahora lo que se va a producir es una extensión de la red de escuelas públicas,
aquellas que eran sostenidas por instituciones oficiales, y no por corporaciones
privadas como podía ser el caso de las órdenes religiosas que también iban a
promocionar la escuela. La característica de la Edad Moderna, será que todos los
concejos se implican en la enseñanza y abrirán sus escuelas. En ese sentido, habrá
un panorama que se mantiene así durante la Edad Moderna, hasta mediados del siglo
XIX. Lo que cambiará en ese momento será que lo que hasta ese momento eran
escuelas disgregadas, o creadas por distintas instituciones, a partir de mediados del
siglo XIX, será el Estado el que asuma la creación de las escuelas.

Otro aspecto importante que va a dinamizar la escritura, va a ser el desarrollo


de la burocracia. El estado burocrático es el que nace en torno al siglo XV. Esto
generará una ingente cantidad de documentación, donde los archivos a partir del siglo
XV empiezan a tener un volumen documental muy alto, pero eso también obligará a
los particulares a escribir o a relacionarse con la escritura. La Edad Moderna va a
heredar algunas estructuras que ya existían en la Baja Edad Media, y lo que hará será
acrecentarlas. Muchos de los libros todavía se seguirán imprimiendo en latín, porque
la lengua de cultura seguirá siendo durante la Edad Moderna el latín, por lo tanto, en la
universidad se seguirá estudiando en latín, porque aunque el vulgar se extienda, eso
no quiere decir que el latín se desplace, cada uno ocupará una posición y un lugar
distinto. Otro aspecto que va a ser también importante es el desarrollo de la escritura
persona, que en la Edad Moderna será un desarrollo de la carta personal como no
había ocurrido antes, y por otro lado también con el desarrollo de las autobiografías
personales. Todos estos elementos advierten que a partir del último cuarto del siglo
XV, se experimentó un desarrollo muy importante de la escritura, del libro y de la
lectura, que hará que se hable de la Edad Moderna como una civilización escrita,
porque realmente sería el primer momento en la historia del occidente europeo, en el
que la escritura se convirtió en una forma de relacionarse entre las personas.

El primer aspecto a tener en cuenta son los espacios donde la gente puede
aprender. Por un lado se produce la necesidad de la escritura, que hace que los
ayuntamientos abran escuelas, y por otro lado aparecen órdenes religiosas
directamente implicadas en la enseñanza. La diferencia entre los Escolapios y los
Calasancios se dedicaron siempre a la enseñanza primaria y secundaria, y de la
doctrina, mientras que los Jesuítas a la enseñanza universitaria. Ellos querían formar
élite y por eso controlaron las universidades de la Edad Moderna, o crear sus propios
colegios. Por eso, un elemento muy claro de este período es la unificación que se
produce entre la enseñanza religiosa, y la enseñanza de las primeras letras. Lo más
significativo de la Edad Moderna para establecer una diferencia con la Baja Edad
Media, es la unificación de los dos contenidos, enseñar a leer y enseñar a escribir, se
produce a finales del siglo XIX en la escuela Ilustrada, donde se entiende que los
niños tienen que aprender las dos cosas de manera simultánea. Eso sería una
novedad que iría asociada a cambios que se dan en la enseñanza. Para enseñar a
escribir y a leer, en el caso de la escritura se seguirán utilizando muestras que se
repiten, no existen las cartillas porque en la Edad Moderna estaban destinadas a
aprender a leer.

La cartilla-catecismo que se conoce desde la Baja Edad Media, se va a difundir


de manera amplia en la Edad Moderna a través de la imprenta, porque es un producto
muy fácil de imprimir. La importancia, la difusión y la rentabilidad económica de este
producto fue tal, que Felipe II concede el privilegio de la impresión a la catedral de
Valladolid, teniendo que imprimir todas las cartillas a través de esa imprenta o bajo su
autorización. El orden que seguía era colocando primero las letras sueltas con el
abecedario, luego las sílabas, después palabras, y una vez que se ha enseñado la
unidad mínima de comunicación de una lengua, la palabra, lo que se hace es copiar
una serie de oraciones, incluyendo al final una tabla de multiplicar. Por eso se llama
cartilla-catecismo, porque enseña a leer a través de oraciones básicas de la formación
cristiana. El cambio más importante que se produce en el siglo XVIII, con el
acercamiento entre la escritura y lectura, dando lugar a unos nuevos métodos
pedagógicos. Se sentarán las bases de lo que va a ser la escuela contemporánea,
apareciendo juegos didácticos, los alfabetos murales, carteles donde se representan
las letras que van asociadas a algún animal o algún objeto con el fin de facilitar el
aprendizaje. También comienzan a aparecer los libros escolares específicos
destinados para cuando los niños sabían leer. Todo esto implica un cambio
importante, como también el mundo de la escritura, porque hasta ahora la escritura se
había preocupado de la caligrafía, es decir, no se aprendía tanto a escribir como a
dibujar letras lo más hermosas posibles, pero a partir de ahora es cuando se va a
aprender realmente a escribir, que no quiere decir que se olvide la caligrafía porque es
la única manera de que se aprenda a hacer una buena letra.

Fruto de esto se producirá el aumento notable del alfabetismo. En los años 60-
70, los historiadores pensaron para la Edad Moderna como manera de cuantificar el
número de personas que sabían leer y escribir, al no existir el censo, fue buscar y
contar las firmas, porque podía ser un indicio de cierto alfabetismo. Se buscaron
documentos representativos donde aparecieran firmas, como los testamentos porque
firman los notarios y las personas que lo otorgan, así como los impuestos generales.
Las dos fuentes plantean problemas. En el caso del testamento, el problema que se
plantea discrimina a los sectores medios y bajos de la sociedad, porque quien tiene
capacidad económica para otorgar testamento, normalmente sabe escribir, además de
discriminar a las mujeres, porque el testamento solo lo otorga el marido. En el caso de
los impuestos, el problema es que los impuestos excluían a la nobleza y al clero.

Características de la escritura en el ámbito político.

El poder a través de la escritura se ejerce, por un lado la escritura como


tecnología del gobierno, y por otro la escritura como tecnología de control. La
escritura como tecnología del gobierno se ve a través de de dos aspectos, como es la
utilización de la imprenta como medio de difusión de todas las normativas, leyes,
pragmáticas y órdenes que editan las monarquías europeas en este momento. En ese
sentido, desde el principio de la imprenta, tanto la Iglesia como las monarquías
europeas tuvieron claro que la imprenta iba a ser un aliado perfecto para ellos, porque
les iba a permitir que sus decisiones y mandatos llegaran de una forma inmediata a
toda la población. Gran parte del trabajo de la imprenta de este período es lo que se
puede llamar la literatura administrativa. Cualquier norma y disposición que adoptara
la monarquía, se transmitía a través de la imprenta, de igual manera que muchos de
los avisos que se van a colocar en la calle. Esa forma de uso de la imprenta, hacía
que las decisiones del gobierno se difundieran de manera inmediata. Otra
característica importante del uso de la escritura como herramienta del gobierno en
este momento, es el hecho de que el gobierno se hace con papeles. Un caso
importante fue Felipe II, que como no podía abarcar un territorio tan amplio de manera
física, lo hizo a través de la escritura, y de una manera obsesiva. Obligaba a todos
sus embajadores, secretarios y diplomáticos, de todos los asuntos que el rey les había
encomendado. Además, en todos esos partes escritos, daba su opinión. Eso es lo
que se llama la práctica de la consulta escrita.

En este período se van a desarrollar unas tipologías documentales que estaban


destinadas directamente a conocer el reino. En la medida que la documentación se va
a ir desarrollando, y que la materia en la que se escribe es el papel, eso va a dar lugar
a tipologías de documentos, con una finalidad de conocer y controlar:

Los vecindarios, también llamados censos o padrones, que empiezan a mediados del
siglo XV, lo que indica que es en ese período cuando se despierta la mentalidad de
conocer por los ayuntamientos la gente que vive en las ciudades, y por otra parte la
monarquía, porque algunos censos los manda realizar la propia corona. A través de
ese censo se conocía el número de habitantes de la casa, la capacidad económica y la
cantidad de dinero que tienen que pagar por los impuestos. Por lo tanto, es un tipo
documental con una finalidad fiscalizadora para conocer las riquezas.

Como reflejo de esa capacidad de control de la población, Felipe II manda realizar las
relaciones histórico-geográficas de los pueblos de España, que se podría entender
como una encuesta. En la época de Felipe II cuando España tiene frentes abiertos por
todo el mundo, y tiene una gran necesidad económica para atender sus guerras,
necesitaba conocer el país de su reinado que era España. En función de eso, se
confecciona un cuestionario que se envía a todos los pueblos de España, que
preguntaba desde la antigüedad del pueblo para saber el momento de su fundación, la
extensión, la base agrícola con la que vivían, el número de iglesias, que son
significativas de la extensión de un pueblo, si poseían escuelas, quien gobernaba y la
estructura de ese gobierno. De la misma manera, los reyes recurrieron con frecuencia
al impuesto del donativo, siendo importante porque suponía un control de la población,
porque las personas que se encargaban de realizarlo, se presentaban en cada casa,
solicitando al cabeza de familia el número de habitantes de cada casa y el patrimonio
de los mismos.

Coincidiendo en ese período, está un hecho muy representativo de la relación que se


está estableciendo entre el poder y la escritura, que es la creación del Archivo General
de Simancas. Se empieza a crear con Carlos I, que observa que hay una necesidad
de crear un sitio donde se conserven los documentos de la monarquía, y no solo los
de la monarquía. Se llevará a la práctica total la creación iniciada por Carlos I, a la
llegada al reino de Felipe II. La monarquía tenía claro que la escritura es el soporte de
la memoria, y para crear esa memoria es necesario conservar las escrituras, pero no
solo las escrituras reales, sino que también los nobles debían depositar su
documentación en Simancas. El archivo puede desempeñar varias tareas, teniendo la
documentación varias fases, y Felipe II pretendía que el archivo sirviera para el
ejercicio de su poder, y por ello en la fortaleza de Simancas se conservaron los
documentos que tenían relación estricta con la casa real, entendió que la
documentación debía servir igualmente para el gobierno del Imperio, y por ello todos
los Consejos que la monarquía crea tenían que mandar su documentación (el Consejo
de Aragón, el de Castilla…), y además Felipe II sabía que la documentación tenía que
quedar allí depositada, con el fin de servir a la historia. En ese sentido tuvo una
mentalidad avanzada, y prueba de ello es que organizó Simancas y elaboró un
reglamento, en el que se contemplaba no solo el personal que lo tenía que atender,
sino las horas de funcionamiento, donde tenían que ubicarse los documentos y las
condiciones de la ubicación.

Un aspecto de la vinculación entre el poder y la escritura, lo da el uso de la


misma para el control de la disciplina ideológica, el control de las ideas, dando lugar a
hitos claves, como fue la creación del índice de libros prohibidos. El primer índice es
papal, siendo un repertorio de libros y autores que estuvieron prohibidos a lo largo de
la Edad Moderna que se revisaba y modificaba, dependiendo de la modificación de las
ideas de los autores. Junto a esto se crea la Congregación del índice, el organismo
dentro del Vaticano que tiene la responsabilidad de elaborar el índice determinando los
autores que allí deben aparecer y las razones. Esto era una consecuencia directa de
los temores despertados por la facilidad de la lectura, que la imprenta había permitido.
No solo se censuran los libros, ejerciendo la Iglesia otros mecanismos de control que
nacen con el comienzo de la Edad Moderna, pero que se van a desarrollar sobre todo
en la época de la Contrareforma. A medida que en la primera mitad del siglo XVI se
producen algunas de las escisiones del catolicismo, eso va a provocar una reacción
dentro de la iglesia católica. Se convoca el Concilio de Trento a mediados del siglo
XVI, que supone una reafirmación de la ortodoxia. La Iglesia católica entiende que la
manera de defenderse frente a las herejías protestantes, era la de controlar lo que los
cristianos debían hacer, y eso se transforma en una serie de instrumentos de escritura
que iban asociados a eso. Por un lado la difusión de la doctrina. Desde finales del
siglo XV fue habitual que en las puertas de las iglesias, se colocara la doctrina
cristiana de manera resumida, como una manera de evangelización o adoctrinamiento.
Eso que ya existía desde finales del siglo XV, se hace más habituales a mediados del
siglo XVI cuando el Concilio de Trento intervenía. Lo mismo pasaba con las llamadas
listas, que eran listas de pecados o de excomulgados que se colgaban en las puertas
de las iglesias, y que existían antes del Concilio de Trento pero se hicieron más
habituales después de su aparición. Estas listas se colocaban en las puertas de las
iglesias, que además de leer la Misa Mayor, se colocaban las listas de las personas
que habían sido declaradas o amenazadas de excomunión por haber pecado o por
haber incumplido los preceptos de la Iglesia. Se colocaban en las puertas de las
iglesias, porque así, la pérdida de condición cristiana es conocida por todos y se crea
un clima de acusación entre todos. Era una forma de advertir a la sociedad de las
consecuencias de no cumplir con la fe, siendo señalados para conocimiento público.

Otros signos que también cumplían esa función, eran los que se colocaban
sobre las personas, siendo el más famoso el sambenito. Cuando una persona iba a
ser juzgado por la Inquisición, eso se convertía en una fiesta pública, colocando un
escenario en la plaza principal del lugar, y para llegar hasta allí se organizaba un
cortejo procesional donde iban los acusados vestidos con el sambenito, en el que
algunas veces llevaban el nombre o algunas otras indicaciones según el delito que
hubiesen cometido. Esa persona era expuesta y ridiculizada públicamente, porque
tenía que pasear por las calles, ser visto por sus vecinos, y finalmente subir al
escenario donde era juzgado. Si tras ser juzgado se comprobaba que había cometido
ese delito, y que debía pagar por ello, el sambenito se colgaba después en la iglesia
donde aquedaba allí de manera permanente, y de forma bien visible para que todo el
mundo viera quien estaba condenado y el delito cometido. El sambenito de la iglesia
no era solamente la vestimenta, era la cruz de San Andrés, y en la parte superior se
ponía su nombre, Reconciliado por judeo-converso y el año, y de esa manera la
comunidad conocía quien había incumplido las normas.

Otro aspecto ligado a la mentalidad de control dentro de la fe que se desarrolla


tras el Concilio de Trento, es la aparición de los libros parroquiales. Básicamente la
iglesia tiene el libro del bautismo, el libro del matrimonio y el libro de la defunción,
porque son los tres sacramentos claves para el cristiano. A través del bautismo se
controla que la persona se ha introducido en la comunidad cristiana. A través del
matrimonio se comprueba que la vida cristiana se consolida a través de la unión con
otra persona. El otro libro controla el último momento de la vida de cualquier persona,
ya que el buen cristiano no puede morir sin haber recibido la extremaunción, el último
de los sacramentos. Son tres libros claves que controlan tres momentos claves de la
vida del cristiano. Esos libros ya existían antes, lo que ocurre es que con el Concilio
de Trento eso se convierte en una obligación y que en todas las parroquias existan
esos libros.

Hay que advertir dos cuestiones: algunos de los mecanismos de control de la


conciencia y de la fe, no nacen con el Concilio de Trento, ya existían desde finales del
siglo XV porque van muy asociados a la propia consolidación de la monarquía y a la
creación de la Inquisición. Otra cuestión es que si ya existían antes, con el Concilio de
Trento se van a hacer mucho más sistemáticos, porque el Concilio se va a preocupar
por saber el comportamiento de la gente y reforzar la fe. Ocurría frecuentemente que
ante los problemas que había en España, se traían impresos de otros lugares, como
por ejemplo en el siglo XVI y XVII hay un importante mercado del libro con Francia y
los Países Bajos. Otro mecanismo para difundir ideas saltándose la censura eran los
pasquines y los panfletos. En ese sentido, el manuscrito fue muy utilizado para la
difusión de las ideas. Los panfletos y los pasquines no tenían por qué estar impresos,
aunque también los hubo.

La escritura privada.

Además de cartas, el conocimiento personal de la escritura, el alfabetismo, dio


lugar a otras modalidades de escritos. Las modalidades de escritos más
representativas de la Edad Moderna fueron los libros de memoria y las autobiografías.
Los libros de memoria se siguen utilizando en la Edad Moderna, pero dentro de este
período se van a establecer algunas diferencias dentro de los libros de memoria, de tal
manera que habrá algunos que se llamen justamente así, y por otro lado habrá otros
libros de memoria que serán fundamentalmente de carácter económico. Para
entender el libro de memorias, si se acude al diccionario de autoridades que era un
diccionario donde se explica las menciones que en la literatura ha habido a
determinadas palabras. Se llama así porque se trata de dar sentido a la lengua a
través de las personas de renombre que han hecho uso cada uno de los vocablos.
Buscando “libro de memorias”, las dos autoridades que invoca son Cervantes, que en
el Quijote nombra varias veces el libro de memoria, y Calderón de la Barca. El libro de
memoria es el librillo que se suele traer en la faldiquera, lo que implica que era un
librito de pequeño tamaño, cuyas hojas están embetunadas, y en el se incluye la
pluma en cuya punta porta un pedazo agudo de piedra lápiz, con la cual se anota en el
libro todo aquello que no se quiera fiar a la fragilidad de la memoria, y después se
borra. La característica de estos libros, era que las hojas de papel estaban en blanco
y recubiertas de una capa de betún en algunos casos, por lo que para escribir no se
podía hacer con una pluma, sino que había que usar un pequeño estilo. Era un libro
de anotaciones temporales muy utilizado por los nobles para distintas cosas. Eran
objetos de lujo, protegidos con cubiertas de plata y piedras preciosas. A pesar de ser
un objeto de lujo, servía para anotaciones efímeras, por lo que se empleaba cera y así
se podría usar permanentemente, escribiendo sobre la capa de cera, alisando la cera
para borrarlo. Fueron utilizados sobre todo en el mundo de los nobles, aunque
también en el teatro para servir a las anotaciones de los actores en las
representaciones.

Otra modalidad de libros de memoria son los mismos que se utilizaron en la


Edad Media. Un librillo de papel protegido con una cubierta de pergamino, que servía
para anotar cuentas, a veces también para anotar cuestiones personales, e incluso
también se podían anotar otras cosas. Tenía un carácter de memoria permanente
porque este libro de papel era conservado. Venía a constituir una especie de archivo
familiar. Este producto se mantuvo durante toda la Edad Moderna, con la
particularidad de que se extendió socialmente, entre los sectores medios y bajos de la
sociedad. Peculiar de algunos libros va a ser la organización que de ellos se haga.
Esos libros tenían un contenido muy heterogéneo que podían incluir asuntos de
carácter familiar además de cuentas. Otra característica era que la práctica de
escritura era la misma desde sus orígenes en el siglo XIV y termina a principio del
siglo XX. Durante este período de 6 siglos que existieron este tipo de libros, tuvieron
unas características más o menos comunes y en algunos casos cada época aportó
algunas novedades. El libro que está ordenado alfabéticamente, tiene un significado,
que es que este hecho implica que tiene una cierta familiaridad con la escritura,
porque es capaz de establecer un orden, que se va a hacer a través del alfabeto, y
también indica que el libro tiene un uso, porque desde el punto de vista que se ordena,
es porque el personaje va a necesitar consultarlo y necesita herramientas para hacer
más fácil esa consulta. El proceso de ordenación es personal, estableciendo un
orden. No era un libro casual sino que era un libro que tenía una utilidad práctica.
Otros libros podían seguir una ordenación cronológica.

Otra variante de estos libros, serían los que el contenido trasciende al


individuo, y se convierte en una especie de libro de memoria histórica, una crónica
contada por personas particulares.

Otro de los prototipos de la Edad Moderna fueron las autobiografías, que eran
las narraciones de la vida de un sujeto o las propias. El género de la autobiografía
como tal, va a tener su desarrollo en esta época, porque ahora se está en una
sociedad que tuvo un mayor conocimiento de la escritura, pero también, la época
Moderna supuso el desarrollo del individuo, ya que en la Edad Media los individuos
como tal no existían, estando integrados en distintas corporaciones, pero no se daba
valor a la persona en sí misma. La persona como tal adquiere peso después del
Renacimiento. Esto explica el desarrollo de esta escritura, que puede ser egocéntrica
porque se habla de uno mismo. Dentro de la Edad Moderna se distinguen dos tipos
de personas que escribieron autobiografías:

Los soldados, porque la escritura de su autobiografía podía ser presentada como una
hoja de servicios con el fin de promocionarse.

Los religiosos, y fundamentalmente las religiosas. En la Edad Moderna, después el


Concilio de Trento, se desarrollan las autobiografías espirituales, tanto en el mundo
católico como en el protestante. Escribían autobiografía no solo porque considerasen
que tenían hechos importantes que narrar, sino porque son obligados a hacerlo. Esto
es parte del mecanismo de control desarrollado por la Inquisición por este período. En
la medida que las experiencias de los religiosos son experiencias heterodoxas, que
hablan de apariciones y visiones sufridas, eso en principio la Iglesia lo consideraba
peligroso, por lo que los confesores de los religiosos les mandaban escribir lo sentido y
visto, con el fin de que esa escritura fuese sometida al Tribunal Inquisitorial, y si lo que
escribían era heterodoxo, serían enviados a la cárcel.

Leyendo las autobiografías de las monjas del barroco, empiezan a escribir


pidiendo perdón por escribir, y ese es el tópico de la sabia ignorancia. La mujer forma
parte durante toda la historia de sociedades dominadas por los hombres, y regidas por
los patrones de comportamiento que los hombres han establecido. Esto significa que
la posibilidad de que la mujer escribiera, era menor que la tenían los hombres. Esto
era interiorizado y en muchos de los textos de mujeres, se observa que se sienten
inferiores por haber sido sometidas a la presión cultural que minusvalora su testimonio
y su capacidad. Para salir de esa inferioridad, la mujer recurre presentándose como
ignorante y pidiendo perdón por escribir, y apoyándose en Dios. Esto crea un aspecto
importante, porque la utilización de Dios era una forma de defenderse frente a la
Inquisición, porque era Dios quien le revelaba las palabras. El confesor era el que
autorizaba si lo que se escribía era correcto.

La escritura expuesta.

Por un lado estarían las escrituras informativas. Las que tenían la finalidad de
comunicar algo a las personas, muy utilizadas por las instituciones oficiales. Desde
finales del siglo XV era habitual que en las puertas de las iglesias, se colocaran
papeles con los contenidos de la doctrina o informando de algunas decisiones de la
Iglesia. Desde finales del siglo XV y principios del XVI, era habitual que en los
ayuntamientos hubiera una especie de tablón de anuncios donde se colocaban las
ordenanzas del municipio, o las ordenanzas de algunos oficios, o las listas de los
precios. En los ámbitos oficiales, hubo desde la Baja Edad Media, un uso habitual de
espacios donde colocar la información, que indica un cambio de mentalidad que se
produce con la llegada del Renacimiento, que implica que aunque la persona siga
siendo súbdito y tenga pocos derechos, el poder político y religioso, empieza a
entender como necesaria la difusión de sus decisiones, porque es una manera de que
la gente se sienta obligada a cumplir lo escrito.

Los edictos. Habiendo aparecido la imprenta, no dejó de utilizarse el escrito a mano.

Junto a estas formas oficiales, fueron apareciendo durante la Edad Moderna como
forma de publicidad, distintos tipos de carteles que anunciaban oficios, actos públicos
o fiestas.

La escritura funeraria. El motivo de estas escrituras era dejar la memoria del difunto.
Desde el punto de vista de la escritura, lo que caracteriza esta producción es la
diferencia entre las inscripciones renacentistas y las del barroco. En el arte clásico, la
letra está dispuesta de una manera regular y plana, mientras que en el barroco la letra
está sometida a movimiento porque es una de las características del barroco, romper
con las superficies planas, e introduce el efectismo y el movimiento como
característica. Para asegurar el movimiento en la letra, se introducen las superficies
que no parezcan lisas, que no parezcan piedras e imiten a banderas, donde la letra se
tiene que adaptar a los pliegues del monumento. Por un lado, la epigrafía barroca
introduce materiales que no eran habituales para la inscripción, tratando los materiales
para que parezcan otros. También se rompe el formato clásico que era de líneas
rectas. Los escritos no están enmarcados, sino aparece dislocado, es decir, en
distintos lugares del monumento. Utilizan las superficies policromadas que
habitualmente había sido piedra blanca, pero ahora se introducen los mármoles de
colores. Ese sería el mayor cambio experimentado en la Edad Moderna, en el ámbito
de la epigrafía funeraria, hasta que al finalizar el siglo XVII se vuelve al clasicismo y se
rompe con los cambios introducidos con el barroco.

La escritura de contestación, donde se englobarían los libelos y los pasquines. Hasta


ahora, todas las escrituras pertenecían al ámbito oficial o se habían hecho con el
consentimiento de la autoridad. Ahora sería la capacidad de protesta de una sociedad
a través de la escritura, manifestando su disconformidad con el comportamiento de los
gobernantes o religiosos. Pasquines, libelos y panfletos, que eran escrituras
prohibidas y perseguidas, y que cada vez que aparecía alguno de esos papeles en la
pared, se desencadenaba un proceso judicial para averiguar su autoría. Los libelos
también eran llamados carteles difamantes porque tenían formato de cartel y porque
insultaban a la persona. El nombre de pasquín viene del artesano Pasquino, que fue
famoso por producir escritos contra el Papa. El pasquín, en alguno de los momentos
de mayor conflictividad política o social de la Edad Moderna, fue utilizado como un
arma de lucha, siendo una manera de movilizar a la gente.

Dentro de las cuestiones a tratar en la Edad Moderna hay que distinguir entre
dos modelos de lectores, el lector erudito y el popular. El lector erudito era aquel lector
que entendía la lectura como parte de su actividad profesional. La lectura erudita va a
dar lugar a dos objetos muy representativos, el cuaderno de lugares comunes y la
máquina de leer o rueda de los libros. El cuaderno de lugares comunes sería un
cuaderno de citas que servía para anotaciones. La rueda de los libros o máquina de
leer fue el prototipo de la lectura erudita. Acudiendo a los textos de la época, se
encuentra que los autores del siglo XVI y XVII dicen que leer de una manera culta no
consiste en leer muchos libros, sino en leer los libros fundamentales para tener
conocimientos sobre una materia. Era una lectura selectiva en función de los autores
y de las materias. Con esa máquina se simbolizaba la lectura indispensable para estar
formados, resumido en una máquina de cantidad limitada, que está en permanente
movimiento porque la operación de lectura para un erudito era releer continuamente lo
leído para tomar nuevas ideas, y una vez que se entendía que esos libros eran
importantes, había que releerlos permanentemente. Era un objeto utilizado como
símbolo de una cultura basado en el conocimiento de quien había aportado algo a la
sociedad.
TEMA 7

Alfabetización y conquista social de la escritura: la edad contemporánea. 1. La


democratización del escrito. 2. Escrituras populares 3. Escrituras infantiles. 4.
Escrituras cotidianas. 5. Emigración, guerra y cárcel. 6. Epigrafía funeraria. 7. La
escritura en la pared. 7. La revolución de la lectura.

La democratización de lo escrito.

A. Petrucci utiliza el término democratización del escrito para referirse a los


cambios que ocurren desde mediados del siglo XIX en adelante. A lo largo de la
historia, en unas etapas más que en otras, la escritura y el uso de la misma por las
personas, estuvo presente de una forma muy desigual, pero en ninguno de esos
períodos de la historia se podía hablar de una democratización de la escritura, porque
en todos los casos el conjunto de personas alfabetizadas fue la minoría con respecto a
la mayoría social que era analfabeta. En la Edad contemporánea sí se puede plantear
el concepto de democratización, porque la escritura llegará de manera clara a las
clases populares que hasta entonces estaban marginados del mundo de la escritura.
En esa democratización, no solo habrá un mayor acceso a la escritura sino también un
mayor acceso al libro y a la lectura. A partir del siglo XIX, sectores que habían tenido
muy difícil la relación con el mundo del libro, como las mujeres, los niños y los
trabajadores, acceden a la lectura y a la escritura. Eso se va a continuar de manera
más evidente durante el siglo XX, porque en el primer tercio del siglo XX es el
momento en el que nace el libro de bolsillo, creado en EE.UU. pero generalizado muy
rápido por todo el mundo. Este libro de bolsillo significará la creación de formatos para
llevar la lectura a una gran masa de la población.

Uno de los elementos que propiciaron el auge de la escritura a partir del siglo
XIX fue el incremento de la alfabetización. Ese progreso se vincula al desarrollo de la
escuela pública, que según los lugares serían graduadas o unitarias. Las escuelas
unitarias eran las que los niños o niñas de distintas edades iban juntos a la misma
clase, y la escuela graduada era la que separaba a los niños por grados o cursos.
Con la ley de 1857 se impulsa de manera clara la educación. Cuando se habla de
escolarización se refiere a la gente que está en edad de escolarización, no al conjunto
de la población, mientras que la alfabetización se refiere a la gente mayor de 10 años
que saben leer y escribir, porque se supone que con 10 años se ha completado el
aprendizaje de la escritura y la lectura.

Junto al desarrollo de la escuela pública, también existirán privadas y


religiosas, otro avance importante va a ser el desarrollo de las bibliotecas públicas,
populares y escolares. A partir de mediados del siglo XIX, el Estado asume la
responsabilidad de crear bibliotecas en las capitales de provincia, son las actuales
bibliotecas públicas provinciales. De igual manera, se crean bibliotecas en escuelas o
institutos de enseñanza media, y además, se van creando las bibliotecas populares
creadas por asociaciones, partidos políticos, ateneos. Todo esto, va estableciendo
una red de espacios donde el libro estaba a disposición de la gente. Un libro de
formato más pequeño, realizado en papel de peor calidad, un libro editado con la
intención de que sea barato, de tal manera que un número mayor de personas pudiera
tener acceso a la lectura. Al mismo tiempo, cambian los sistemas de enseñanza,
produciéndose de una manera clara el desarrollo de la lecto-escritura, aprender a leer
y escribir al mismo tiempo. Esto se empezó a dar en la escuela del siglo XVIII,
consolidándose en la escuela del siglo XIX. Parejo a esto aparecerán materiales
relacionados con el aprendizaje escolar. También será característico de este siglo, la
introducción de las lecturas de manuscritos. Estos libros son impresos pero imitando
la letra manuscrita. Se tiende a enseñar mostrando la letra que se va a utilizar,
tratando de familiarizar a los niños con la letra que iban a emplear en la vida diaria,
pero también se les enseñaba con muestras de los documentos que podían utilizar en
la vida diaria, como las cartas, recibos, facturas. Se trata de que al tiempo que
aprendían a escribir, vayan reconociendo los usos sociales que cualquier persona va a
hacer de la escritura en su vida cotidiana. Otro elemento que va a determinar el
crecimiento importante de la escritura como práctica social, es el desarrollo que se
produce en las comunicaciones, siendo el momento del correo, el telégrafo,
manifestándose unos cambios importantes, mecanizándose el papel con la aparición
de industrias de fabricación papelera. Una serie de cambios que determinan las
posibilidades de comunicarse a través de la escritura, y que esa comunicación llegara
a un número considerable de personas y a distancias muy lejanas. Aunque el objeto
de esa comunicación va a ser la carta, hay que tener presente dos novedades que se
van a dar en este período. En Inglaterra en 1839, se crea el sobre y el sello postal.
En la Edad Moderna no existían sellos. Existían los sobres escritos donde se ponía la
dirección, y se anotaba lo que costaba en Correos, pero no existía un producto
franqueado utilizado en función de la distancia o el peso de las cartas. En Austria, en
el Congreso Postal que se realiza en 1865, se aprueba la tarjeta postal, otro de los
grandes inventos de la comunicación contemporánea. Va a ser utilizada por primera
vez en 1869 por el ejército austriaco. Van a ser importantes estas tarjetas, porque se
van a convertir en la herramienta principal de comunicación en múltiples
circunstancias, como en los viajes. Las tarjetas ilustradas nacen a finales del siglo
XIX. También será muy utilizada en la guerra. Uno de los factores que propiciaron el
desarrollo del correo en las guerras, fue la existencia de un producto pequeño y
manejable que permitiera transmitir noticias de una manera rápida, aunque noticias
más reducidas por el formato de la tarjeta postal. Otro factor que propicia el desarrollo
de la escritura en este momento, fue el desencadenamiento en la Edad
contemporánea, de una serie de circunstancias que supusieron movimientos masivos
de población. Algunas no son nuevas, pero tuvieron una dimensión mayor en la Edad
contemporánea. Por un lado la inmigración, que en la segunda mitad del siglo XIX, en
un momento de crisis en algunos países europeos y de desarrollo de algunos países
americanos, se producirá un éxodo masivo. Esta distancia va a propiciar el desarrollo
de la comunicación escrita entre los inmigrantes, y las familias que quedan en los
países de origen. La guerra será un factor clave del desarrollo de la comunicación,
sobre todo a través de cartas, pero una vez que las guerras terminen, en el caso de la
posguerra española, las cárceles franquistas se van a convertir en un espacio de uso y
de necesidad de la escritura.

Todo esto crea el fenómeno de la democratización de la escritura, que llevará


por un lado al acceso personal de un número mayor de personas a la escritura, pero
también el acceso a la escritura de personas que eran analfabetos. Durante el siglo
XIX o el XX, en la medida que la necesidad de escribir era todavía mayor, cuando
alguien no sabía hacerlo podía acudir a profesionales que podían hacer esa misión.

Las escrituras populares.

Se define por un componente social. Sería la escritura propia de los sectores


medios y medio-bajos de la sociedad, lo que serían las clases populares, porque con
esta definición queda referido a las escrituras personales y a las escrituras cotidianas
de la gente común de las clases populares. Hay que referirse a estos sectores
sociales de manera particular, porque la Época contemporánea es el período de
democratización de la escritura, e interesa saber en qué medida esa democratización
llegó a quienes hasta ese momento no tuvieron oportunidad de leer y escribir.
También se utiliza este concepto porque las escrituras de la gente común, en la
medida en que esas personas pertenecen a una clase social media o baja, y en
muchas ocasiones han tenido menos posibilidades de alfabetizarse que las élites, son
escrituras que tienen unas características gráficas determinadas. Las características
gráficas son:

Se trata de escrituras con el tamaño de la letra grande.

Son escrituras que no respetan el pautado mental. Cuando una persona tiene hábito
con la escritura, aunque el papel esté en blanco es capaz de reproducir el pautado.
Escribe respetando una cierta separación entre líneas, que están interiorizadas en la
cabeza.

No respetan las normas de ortografía ni de puntuación.

Ruptura de las palabras, que tienden a separar por letras o por sílabas.

Por estos motivos se habla de unas escrituras inexpertas, porque hay una falta del
dominio necesario a la hora de escribir. También es muy característico de las
escrituras populares, la mezcla de expresiones escritas y expresiones del lenguaje oral
(indicios de oralidad). Esto sucede porque la persona todavía no separa los códigos.
No entiende que la escritura tiene unas reglas y la escritura tiene otras, y mezcla una
con otras. También es frecuente en estas escrituras, el apoyo de las imágenes; la
combinación del lenguaje visual con el lenguaje escrito.

El desarrollo de estas escrituras lleva al problema de la conservación de las


mismas para su estudio. Con la misión de evitar que estos escritos se perdieran,
desde el 1920 se empezaron a desarrollar políticas de conservación de estos escritos.
Hubo la necesidad de crear lugares para conservar estos escritos. En los años 70 y
80 del pasado siglo, esas iniciativas dieron lugar a los archivos de la escritura popular.
En el 2004 se creó la Red de archivos de la escritura popular. Los centros que la
integran tienen como característica que todos ellos tratan de conservar una memoria
de gente normal, que se corre el riesgo de perderse.

Las escrituras infantiles.

El cuaderno escolar. Es el primer espacio donde hay relación con la


escritura, siendo el primer ámbito de producción de escritura. Se van a desarrollar
diferentes objetos, pero la pieza fundamental será el cuaderno, de múltiples tipos,
como los de caligrafía, problemas, de cada asignatura, o los generales. Dentro de los
cuadernos hay que distinguir entre el cuaderno escolar y los de rotación. El cuaderno
de rotación lo escribía cada semana un niño distinto entre los alumnos más
ejemplares, porque ese cuaderno estaba encomendado a la inspección. Eran
cuadernos modélicos. Muchos de estos cuadernos, cuando corresponden a períodos
totalitarios, se convirtieron en instrumentos de adoctrinamiento en las ideas que
hubiera en ese momento.
Los diarios adolescentes. Nacerán vinculados con la escuela, en el siglo XIX
en el ámbito de las señoritas casaderas de la burguesía, extendiéndose más tarde. El
diario como práctica adolescente estaba destinado al control de la persona en ese
momento de su vida, tanto por la madre como por la institutriz. Estaban muy
destinados al control de la virginidad, de tal manera que los diarios del siglo XIX tenían
ese componente, saber como se habían desarrollado la adolescencia y sus relaciones
sexuales. Después se convertirá en un producto más amplio que sirve para la
confesión personal. El diario es una escritura terapéutica.

Escrituras de lo cotidiano.

Libros de cuentas y agendas personales. Los libros de cuentas se


mantuvieron desde el siglo XIV hasta principios del siglo XX, que empieza a
desaparecer este producto al introducirse la industria papelera y aparecer los libros de
cuentas impresos. Tiene las características de otros casos, con anotaciones que no
son cuentas. Son también libros de familia en cuanto a que se desarrollan en el seno
de las familias. En las economías tradicionales, la capacidad de una familia la daba el
número de sus miembros. Para una familia de la primera mitad del siglo XX, lo
importante era tener un número elevado de hijos, porque se consideraba que podía
ser fuerza de trabajo en un determinado momento. La gran preocupación de estos
libros, era controlar en ese aspecto cuantos forman parte de la familia. Las
anotaciones en las agendas personales son de manera telegráfica, porque el producto
que utiliza no le permite desarrollar mucha escritura. Como es una agenda, eso le
permite organizar su información de forma cronológica.

Escrituras de la emigración.

Va a poner en movimiento a millones de personas que salen desde España,


desde finales del siglo XIX hasta los años 60 del siglo XX. Las causas pueden ser la
explosión demográfica, que hace que se inicien campañas de control de natalidad, que
hará que las autoridades inviten a las familias a salir del país para aliviar el peso
demográfico. Son momentos de crisis y hambre, sobre todo en las zonas rurales, que
son bastantes deprimidas, y que frente al gran desarrollo de las ciudades en el siglo
XIX, van a hacer que muchas personas que vivían en pequeños pueblos tengan que
emigra a las ciudades para sobrevivir. Otro motivo era la necesidad de evasión.
Muchos jóvenes quisieron excluirse del servicio militar, los reclamados por la justicia,
evitar ser reclamados para ir a la guerra. Otra causa fue la búsqueda de una vida
mejor. También el capitalismo industrial, que va a crear una necesidad en diferentes
zonas de modernizar las importaciones agrícolas y ganaderas que se producen en el
país, que no están a la altura de otros países que están produciendo mucho más, y
que se enriquecen más deprisa. Para eso hará falta dinero, y por ello muchas
personas irán fuera del país a buscar el dinero necesario, que ayudase a las pequeñas
explotaciones familiares aumentaran. Muchas familias hipotecaron sus casas, o
vendieron sus propiedades o se endeudaron para costear el viaje de los emigrantes a
América. La mayoría de los emigrantes españoles son hombres, mientras que las
mujeres normalmente emigrarán por imposición familiar. El perfil del emigrante es un
hombre joven de entre 18 y 30 años, procedente del norte de España. La necesidad
de escritura que genera cambiar de lugar y dejar otra vida en otro sitio, va a producir
que junto a ellos se movilicen millones de documentos, como cartas para la familia,
diarios de los viajes de la emigración, libros de cuentas. La función fundamental de la
escritura de la emigración fue la de mantener el contacto. Esa función va a ir ligada al
mantenimiento de la identidad propia, pero también de la cultura de procedencia.
También una función comunicativa. Tienen la necesidad de escribir sobre sus vidas,
las experiencias que viven y sobre las condiciones laborales, o lo que les llama la
atención. No todos los emigrantes mantuvieron contacto con las familias. Hubo
algunos que no quisieron y otros que no pudieron. Los que no quisieron podría ser por
fracasar en la aventura americana, o por fundar una nueva familia, o por discusiones
familiares. Los que no pudieron, las causas pudieron ser por morir antes de poder
comunicarse con la familia, y otros porque no sabían leer ni escribir. Igual que esto
ocurrió, América supuso la oportunidad de alfabetizarse. Las asociaciones de
emigrantes crearon numerosas escuelas para ellos, que les permitieron adquirir
rápidamente unos conocimientos básicos de escritura y de lectura, y esto hizo que se
observen unas características que hablan del período y del tipo de inmigración. A
nivel gráfico todos empiezan a escribir en las escuelas con la letra inglesa. Es una
letra que en los años 60 o 70 se impone en la escuela española, frente a la letra que
había en España que era la letra bastarda española, heredada de la humanística.
Otra característica era el estilo. En ese aprendizaje rápido, lo que hacían era copiar
imitando modelos de cartas, periódicos, revistas, guías, diccionarios.

Los emigrantes españoles, generalmente partían con un trabajo de antemano


antes de salir, que les estaba esperando en América. Esto se relaciona con el control
de la inmigración que se estaba realizando en ese momento. Esto hacía que fuese
obligatorio para conseguir la licencia de embarque, presentar cartas de la familia en
las cuales se demostrase que la persona que iba a América tuviese un hogar, comida
y trabajo, sino no podían salir. Estas cartas se han denominado como cartas reclamo
o cartas de llamada. Son cartas que intentan convencer a las autoridades, de que
esas personas tienen contactos en América para que les posibiliten la salida. Estas
cartas se mueven entre lo privado y lo público, porque son cartas privadas pero en el
fondo se hacen públicas a las autoridades.

Cuando el emigrante empieza a trabajar, todas las escrituras van a tener como
tema principal el trabajo, condiciones laborales, condiciones de vida. Y es entonces
cuando van a aparecer las cartas con un papel con membrete tipográfico, que en el
fondo van a hablar a los que se encuentran en España de los negocios que poseen,
de las relaciones comerciales que establecen, su calidad de vida. La información que
se obtiene de los membretes del papel, que se ponen de moda a finales del siglo XIX
como símbolo de estatus social. Según fuera el membrete era la importancia del
negocio, y la desaparición de los membretes implicó, o bien la desaparición del
emigrante, o la desaparición del negocio. En general, la mayoría de los inmigrantes no
hicieron mucha fortuna en América, ni llegaron a ser más que simples asalariados.
Independientemente de cómo les fuese, todos los inmigrantes tuvieron una
inmigración clave que era la de enviar dinero a casa. La familia seguía
subvencionando el viaje, por lo tanto, cuando la persona encontraba un empleo fijo,
enviar dinero no era solo una forma de pagar lo que habían hecho por esa persona,
sino que era una forma de diferenciación social, ya que con el dinero que enviaban los
emigrantes se reformaban las casas, se construían viviendas, compraban ropa
diferente, usaban productos alimenticios diferentes. Daba una imagen de bienestar y
de bonanza del emigrante. Hubo una necesidad de controlar los giros monetarios, y
por ello entran en función los libros de cuentas. Las personas que regentaban la
autoridad familiar en España, llevaban libros de cuentas donde apuntaban el dinero
que enviaban los emigrantes junto con las cartas, ya que carta y dinero iban unidos.

Los servicios de Correos eran servicios lentos y como había una temporalidad
que creaba problemas tanto para los negocios, como para mantener la tranquilidad de
la familia, por lo que aparece la figura del intermediario, que serviría para salir de los
cauces oficiales del correo y entregar en mano no solo las cartas, sino también el
dinero o regalos. Esa figura de los intermediarios, evidencia la existencia de unas
redes de solidaridad y compañerismo dentro del mundo del emigrante. El emigrante
cuando llegaba a América, se relacionaba con otros emigrantes, con una vida social
que giraba en torno a asociaciones que permitían darle el apoyo necesario a los
emigrantes que llegaban a un mundo nuevo. Las cartas de los emigrantes son el
encuentro entre las dos culturas, la cultura de procedencia y la de origen.

Escrituras de guerra.

Las guerras modernas que han sido llamadas guerras totales, porque no solo
afectan a la población militar, sino también a la civil, hará que se intensifique la
necesidad de escritura, y a esa necesidad constante de escribir desde el punto de
vista escenográfico se le ha denominado bulimia escrituraria. Todas las escrituras van
a estar ligadas al acontecimiento bélico, y como la guerra es un episodio de
movilización masiva, va a ser un gran productor de escritos. Se elige como formato de
escritura para comunicarse la carta, porque es el medio más fácil para las personas
que no están acostumbradas a escribir, porque las cartas tienen una estructura fija.
Una función principal sería la superación de los momentos difíciles como práctica
terapéutica, otra función sería la de mantener la unión, otra función sería la de crear
memoria y la de salvaguardar la identidad propia. Las cartas se convierten pequeñas
historias de vida, construyendo por escrito la autobiografía. No solo constatan lo que
se vive, sino que aportan información que no se encuentra en documentos oficiales,
porque hablan de la vida privada, de la vida íntima, de los sentimientos de los
soldados.

En la España de los años 30, los índices de alfabetización son muy reducidos,
y eso conlleva a que en el momento en el que empieza la guerra, la mayor parte de los
soldados eran analfabetos. La lucha contra el analfabetismo de los soldados se hizo a
través de los recursos a los delegados gráficos, y a través de las clases impartidas en
las trincheras. Las personas que no sabían escribir tenían que recurrir a los delegados
gráficos. Algunas veces en un batallón había solo una persona que sabía leer y
escribir, lo que hará que tenga que escribir muchas cartas, dejando unas huellas en la
correspondencia, como que las cartas tengan el mismo estilo por estar escritas por la
misma persona, los temas serán los mismos, la grafía también. Contra el
analfabetismo se crearán escuelas en las trincheras, en la retaguardia, en las casas-
hogares de los soldados, en los hospitales de campaña, con el fin de que los soldados
pudieran aprender a leer y escribir. De hecho había un reglamento en el bando
republicano, que un soldado debía aprender a leer y escribir en tres meses. Las
escuelas del frente estuvieron regentadas por el bando republicano por las Milicias de
la Cultura que crearon muchas escuelas, mientras que en el bando franquista fueron
los Servicios de escritura y de lectura para el soldado.

Las cartas del frente son cartas incompletas porque solo van a dar a conocer
una parte limitada de lo que está ocurriendo. Son cartas fruto de la monotonía de la
guerra. Son incompletas porque la censura controlaba toda la correspondencia, con el
fin de no dar información al enemigo. Los servicios de espionaje en el bando
franquista S.R.D. (Servicio de Recuperación de Documentos), y el S.I.M. en el bando
republicano (Servicio de Información Militar), tenía como consignas la de robar cartas
a los soldados estuvieran muertos o no. Otra función de la censura era garantizar un
buen clima en la lucha. No solo interviene la censura militar en las cartas, sino que
cada soldado se aplica la autocensura. Si se escribe para aliviar la separación de las
familias, se ocultaba información, además de que aunque quisieran escribir, en época
de guerra había escasez de material de oficina. También la deficiencia gráfica porque
la mayoría eran analfabetos, y los que aprendían a leer y escribir rápidamente,
escribirán con dificultad, trasmitiendo mensajes poco claros.

La correspondencia bélica es una práctica heterogénea porque hay muchos


modelos de soportes, de prácticas, de modalidades. Pero a pesar de ser heterogéneo,
el intercambio epistolar que existe exclusivamente en tiempos de guerra, es la
correspondencia que mantienen con las madrinas de guerra, que empiezan en la 1ª
Guerra Mundial, y a partir de entonces va a ser una figura muy común en todos los
conflictos hasta el día de hoy. Esas madrinas de guerra tenían dos funciones
fundamentales: servir de sostén moral al soldado, a través del consuelo mostrado en
las cartas, pero también material, a través del envío de regalos. En el caso de la
guerra civil española, las madrinas de guerra son franquistas. Organizaciones de
mujeres identificadas con el bando franquista, descendiendo de organizaciones
formadas. Mujeres anónimas pero convencidas con el régimen. En el bando
republicano es una práctica más espontánea. El término de marina de guerra en la
guerra civil española, casi siempre serán madrinas del bando franquista. Las
madrinas se solicitaban para combatir la soledad de las trincheras, dar seguridad en la
lucha por tener alguien que te recuerde antes de la lucha. Otra causa fundamental era
no tener a otra persona con quien escribirse. Otro fin también fue iniciar una relación
amorosa. Se conocían a través de anuncios en la prensa, y junto a la prensa el “boca
a boca”, y los encuentros fortuitos. El intercambio epistolar con las madrinas de guerra
se iniciaba mediante una solicitud. El siguiente paso sería una respuesta, y una vez
aceptada la comunicación comienzan los intercambios que ganan fluidez y confianza.

Las cartas del frente son testimonios poliédricos porque no hay entre las cartas
una historia igual a otra. Esta correspondencia presenta muchos problemas de
conservación, porque las cartas de los soldados estarán guardadas en las casas
familiares. Otras serían interceptadas por los servicios de espionaje, y posteriormente
llevadas a los Archivos de la represión y buscar información sobre la gente que
aparece en las cartas, y de las cosas que hacen para reprimirlos. Las cartas son
instrumentos ideológicos y propagandísticos, porque aunque las cartas de los
soldados son testimonios íntimos, y dado a que están escritas en un momento
complicado, lo que ocurre es que muchas de ellas se van a publicar, convirtiendo a las
cartas en monumentos ideológicos y de propaganda.

Escrituras carcelarias.

A nivel de escritura carcelaria, la España de la posguerra, denominada la


España del primer franquismo, fueron los más interesantes. Se habla de la cárcel
como un universo de escrituras porque produce una infinidad de prácticas, que va
desde las que se pueden llamar cotidianas o personales (cartas a los familiares o
memorias de prisión), hasta las que no nacen de la voluntad del preso sino que nacen
del sistema (cartas de súplica para pedir indultos). Dentro de todas estas prácticas la
que destacaría sería la escritura epistolar. Escribir y leer cartas, ocupó buena parte de
la vida de los presos, y en ese espacio que la carta permitía, el preso encontraba un
aliento anímico. Cuando los presos empiezan su reclusión, no se convierten en
sujetos pasivos, son personas activas que siguen creando sus memorias y
desarrollando su vida, a pesar de las limitaciones. En la cárcel hay una identificación
entre escritura y vida, ya que el preso escribe en cuanto que vive, y vive en cuanto que
escribe. Hay una relación entre escribir y vivir, que habla de la importancia de la
escritura en la cárcel. La cárcel no era solo la cárcel, sino todo lo que rodea a ello, y
eso hace que haya que valorar las dos partes, lo que los presos escriben y lo que
reciben. Normalmente eran tarjetas postales porque no había papel. Se vendían en el
economato de la prisión.

La prisión no solo era un lugar para castigar a los presos, sino también un lugar
para doblegar y transformar. La función del sistema represivo, no era solo el castigo,
sino la de crear una nueva persona acorde a las ideas establecidas. Eso va a
provocar que el sistema penitenciario vaya a intentar la desposesión moral y material
de los presos, que el preso rompa con su pasado incluyendo que rompa la relación a
través de la escritura. En la prisión, la escritura va a estar muy controlada, con una
censura muy rígida, donde muchas veces no se podrá escribir, y cuando se pueda va
a haber unas normas que se tendrán que seguir escrupulosamente si se quiere seguir
manteniendo la comunicación. El objetivo común a todas las cárceles va a ser el
control y estudio de las escrituras de los presos, haciendo que existan dentro de las
estructuras carcelarias unas limitaciones muy fuertes impuestas por la censura, que
van a condicionar la vida. Las cartas tenían que ser depositadas abiertas en el buzón
del director, que las daba lectura antes de enviarlas, de igual manera que los
familiares no pudieran enviar ciertas informaciones. La censura va a hacer que haya
muchos temas recurrentes como el clima, la salud, la alimentación. No solo se
regulaba el contenido, sino también la extensión y el soporte. Los presos y los
familiares para intentar burlar la censura, crearon estrategias para comunicarse, desde
mensajes cifrados, sobornando a los funcionarios, los trabajadores de la prisión, o
escondiéndolos.

Las cartas en capilla se llaman así porque estaban escritas en la capilla de la


prisión, cuando los condenados a muerte eran llamados a confesarse antes de ser
ejecutados. Normalmente se hacía en presencia de un sacerdote que era el
encargado de transmitir los mensajes a la familia. Son escrituras dramáticas, que
hablan de los sentimientos de los presos, pidiendo justicia, intentando demostrar sus
ideas, testamentales, donde se dejan recomendaciones para realizar, testamentos
espirituales, donde se dan normas de conducta para el futuro para las familias que
quedan.

Las cartas de súplica eran cartas en las que los presos pedían algún tipo de
favor, algún tipo de gracia como los indultos, asistencia médica, alimentos, visitas
extraordinarias. Estas cartas también permitían al preso defenderse, hablando de las
injusticias cometidas o intentar quitarse los cargos que le imputan.

La práctica que más habla de la vida interior de las prisiones, son los diarios y
las memorias de prisión, y es en ellas donde se conjuga la experiencia de resistir y a la
vez transmitir una memoria de lo que está ocurriendo. Hay una verdadera voluntad de
que esos escritos traspasen los muros de la cárcel, para dar a conocer lo que está
pasando, o se escriben una vez terminada la reclusión para contar lo acontecido.
Frente a estos diarios se encuentran las memorias impuestas, que son las que el
sistema represivo obligaba a escribir a los presos, para clasificarlos, y esa clasificación
se hacía a partir de las memorias que tenían que escribir los presos sobre ellos. Se
escribían en un papel con membrete y la imagen de Franco.

Los periódicos manuscritos eran clandestinos, ligados a los presos militantes


más activos. Eran herramientas que servirán para organizar la vida política dentro de
la prisión. Dentro de las prisiones se van a crear espacios políticos que van a actuar a
pesar de estar recluidos. El periódico va a ser un elemento clave no solo para
relacionarse o recibir consignas del exterior, o mandar información al exterior, sino
también para resistir a la propaganda del sistema represivo. Van a tener un espacio
donde sus propias ideas van a seguir resistiendo, y les permitirán organizarse para
luchar contra las ideas impuestas. Se hacían mediante tres grupos de trabajo. Unos
seleccionaban información de los panfletos y de los periódicos prohibidos que
entraban en la cárcel, otros escribían las noticias y solo una persona era la que
copiaba con letra microscópica.

Los graffiti fueron una manera de dejar testimonio, de comunicar.