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Oración a San Juan Bautista Rossi

Gloriosísimo San Juan Bautista,


por el amor ardiente
que tuviste al Niño Jesús
y por la santísima dulzura
que infundió en tu corazón
con sus halagos;
por aquellos privilegios
que te concedió para hacer
tantos milagros a favor de tus devotos,
te suplico te dignes favorecerme
en todas mis necesidades con tu eficaz patrocinio
y en particular te ruego me alcances
la gracia que te pido en este día.

¡Oh, glorioso San Juan Bautista,


muévete a piedad de esta alma acongojada,
que en ti puso sus esperanzas;
líbrala, te ruego, de sus miserias.

¡Oh, santo de los milagros!,


alivia la congoja de mi corazón,
y haz que yo viva aquí
como verdadero amante de mi Jesús
para poder gozar de Él en el Cielo.

Amén.

https://www.aciprensa.com/recursos/oracion-a-san-juan-bautista-rossi-2292
Biografía

En el Colegio Romano hizo estudios con gran aplicación, ganándose la simpatía


de sus profesores y compañeros, y fue ordenado sacerdote, a los 23 años.
Leyó un libro algo exagerado que recomendaba hacer penitencias muy fuertes,
y se dedicó a mortificarse en el comer, en el beber y en el dormir, tan
exageradamente que le sobrevino una depresión nerviosa que lo dejó varios
meses sin poder hacer nada. Logró rehacer sus fuerzas, pero de ahí en
adelante tuvo siempre que luchar contra su mala salud. Y aprendió que la
mejor mortificación es aceptar los sufrimientos y trabajos de cada día, y hacer
bien en cada momento lo que tenemos que hacer y tener paciencia con las
personas y las molestias de la vida, en vez de andar dañándose la salud con
mortificaciones exageradas.

Desde cuando era seminarista sentía una gran predilección por los pobres, los
enfermos y los abandonados. El Sumo Pontífice había fundado un albergue
para recibir a las personas que no tenían en dónde pasar la noche, y allá fue
por muchos años el joven Juan Bautista a atender a los pobres y necesitados y
a enseñarles el catecismo y prepararlos para recibir los sacramentos. Se
llevaba varios compañeros más, sobre los cuales él ejercía una gran influencia.
También le agradaba irse por las madrugadas a la Plaza de mercado a donde
llegaban los campesinos a vender sus productos. Allí enseñaba catecismo a los
niños y a los mayores y preparó a muchos para hacer la confesión y recibir la
Primera Comunión.
Los primeros años de su sacerdocio no se atrevía casi a confesar porque le
parecía que no sabría dar los debidos consejos. Pero un día un santo Obispo le
pidió que se dedicara por algún tiempo a confesar en su diócesis. Y allí
descubrió Juan Bautista que este era el oficio para el cual Dios lo tenía
destinado. Al volver a Roma le dijo a un amigo: "Antes yo me preguntaba cuál
sería el camino para lograr llegar al cielo y salvar muchas almas. Y he
descubierto que la ayuda que yo puedo dar a los que se quieren salvar es:
confesarlos. Es increíble el gran bien que se puede hacer en la confesión".

Se fue a ayudar a un sacerdote en un templo a donde acudían muy pocas


personas. Pero desde que comenzó Rossi a confesar allí, el templo se vio
frecuentado por centenares y centenares de penitentes que venían a ser
absueltos de sus pecados. Cada penitente le traía otras personas para que se
confesaran con él y las conversiones que se obraban eran admirables.
El Sumo Pontífice le encomendó el oficio de ir a confesar y a predicar a los
presos en las cárceles y a los empleados que dirigían las prisiones. Y allí
consiguió muchas conversiones.

De todas partes lo invitaban para que fuera a confesar enfermos, presos y


gentes que deseaban convertirse. A muchos sitios tenía que ir a predicar
misiones y obtenía del cielo numerosas conversiones. En los hospitales era
estimadísimo confesor y consolador de los enfermos. Sus amigos de siempre
fueron los pobres, los desamparados, los enfermos, los niños de la calle y los
pecadores que deseaban convertirse. Para ellos vivió y por ellos desgastó
totalmente su vida. Él se mantenía siempre humilde y listo a socorrer a todo el
que le fuera posible.

El 23 de mayo del año 1764, sufrió un ataque al corazón y murió a la edad de


66 años. Su pobreza era tal que el entierro tuvo que costeárselo de limosna.
La estimación por él en Roma era tan grande que a su funeral asistieron 260
sacerdotes, un arzobispo, muchos religiosos e inmenso gentío. La misa de
réquiem la cantó el coro pontificio de la Basílica de Roma.

Todo el bien que habéis hecho a uno de estos mis humildes hermanos, a mí
me lo habéis hecho. (Jesucristo).

https://www.aciprensa.com/recursos/biografia-4700
San Juan Bautista Rossi
Nació en 1698, en un pueblecito cerca de Génova (Italia). Cuando tenía diez
años, fueron a su pueblo dos esposos muy piadosos a veranear y al ver lo
piadoso y bueno que era el muchachito, pidieron permiso a sus padres para
llevarlos a su casa de Génova y educarlo allá. Y sucedió que a la casa de estos
esposos iban frecuentemente de visita unos padres capuchinos a pedir ayuda
para los pobres y estos religiosos le dieron recomendaciones tan laudatorias
del buen joven al Padre Provincial que éste lo recomendó a un Canónigo de
Roma el cual lo llevó a estudiar a la ciudad eterna.
https://www.aciprensa.com/recursos/san-juan-bautista-rossi-4698