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Una difícil decisión.

El pequeño José estaba acostumbrado a jugar con cualquier animal que se cruzara en su
camino. Por eso, cuando aquella mañana vio que un perro negro y delgaducho se acercaba
corriendo hacia él, no le dio demasiada importancia. Lo que el pequeño José no entendió fue por
qué, sin más ni más, ese animal se abalanzaba sobre él, le tiraba al suelo y le atacaba con aquella
fuerza inusual.
-¡ Quieto, suéltame! ¡Socorro! -gritaba el pequeño mientras intentaba separarse de aquel animal que
parecía haberse vuelto loco.
Seguro que a José le parecieron años los minutos que tardó un albañil en coger una barra
de hierro y ahuyentar a aquella fiera.
- Tranquilo, tranquilo -oyó decir el pequeño a aquel hombre-. No llores. Te llevaré a tu casa.
En cuanto José llegó a su casa, su madre mandó llamar urgentemente al doctor Weber. El
doctor, tras examinar los mordiscos y arañazos que llenaban el cuerpo del pequeño, no tuvo más
remedio que contar la verdad.
- Señora -dijo tras salir de la habitación de José-, siento tener que darle esta mala noticia, pero su
hijo ha sido mordido por un perro rabioso. Sus heridas están llenas de babas y…, ya sabe usted…
La madre de José no pudo contener las lágrimas. José tenía nueve años y ella sabía que la
rabia era una enfermedad mortal, que no tenía solución… A José le quedaba tan sólo un mes de
vida, un mes de larga agonía llena de sufrimientos.
-¡No puede ser, doctor! Por favor, haga usted algo. Mi hijo…, es solamente un niño…
-Lo siento, señora. Lo único que podemos hacer es quemar las heridas y esperar. No hay otra
solución posible, y aun así… A no ser…
-¿A no ser qué, doctor? -preguntó la madre de José-. Dígamelo, doctor. Haré cualquier cosa para
salvar a José.
- En realidad es absurdo. No quiero darle ninguna esperanza. Pero en París vive un prestigioso
científico que lleva mucho tiempo investigando sobre las formas en que se transmiten los gérmenes.
Se llama Luis Pasteur. Dicen que es un sabio y parece que ya ha logrado resultados experimentando
con animales.
-Y usted cree…
- No sé…; no tengo datos suficientes, pero tal vez Pasteur sepa qué hacer en este caso.
-Entonces iremos a verle, cueste lo que cueste.
-Señora, París está muy lejos; cuando lleguen quizá sea demasiado tarde.
-Tenemos que intentarlo, doctor, es nuestra única esperanza.
Dos días después, el 6 de julio de 1885, el pequeño José llegó acompañado de su madre a
casa de Pasteur, en París, y éste les recibió en el acto.
-Señora -dijo el científico-, creo que les han informado mal y lamento que hayan hecho un viaje tan
largo en estas condiciones. Yo no puedo ayudarles. Es cierto que llevo mucho tiempo investigando
sobre la enfermedad que ha contraído su hijo, pero hasta ahora no he tratado a ningún ser humano.
Sólo he realizado pruebas con animales.
-Por favor, señor, inténtelo -dijo la madre de José-. Mi hijo está condenado a morir.
-Señora…, entiéndame…, es demasiado arriesgado. No conozco aún lo que puede ocurrir al aplicar
el tratamiento a una persona. Además, hace ya dos días que el perro atacó a su hijo. Tal vez sea
demasiado tarde. La aplicación debería ser inmediata.
-Señor, se lo suplico… Usted es nuestra única esperanza… Por favor…
Pasteur se quedó pensativo. Tenía ante sí un muchacho de nueve años y una madre
desesperada. Sabía bien lo que era aquello. Años atrás, él mismo había visto morir a dos de sus
hijas sin poder hacer nada por ellas…
En un momento pasaron por su mente los años de trabajo en el laboratorio, las horas robadas
al sueño y a su familia, la entrega de sus colaboradores… Una decisión precipitada podía echar todo
a perder. Pasteur sabía que si fracasaba, muchos científicos criticarían sus métodos y aprovecharían
la ocasión para destruirle. No…, no podía ser…, era demasiado pronto… Necesitaba tiempo. Había
que contrastar datos, realizar muchas más pruebas…
Pero el pequeño José no podía esperar. Estaba ahí, pendiente de su decisión. Sin más
dilación, Pasteur tomó de un frasco de su laboratorio una dosis de médula de un conejo muerto de
rabia quince días antes y la inyectó en el abdomen del niño. Un mes más tarde, el pequeño volvía a
su pueblo sano y salvo. El tratamiento de Pasteur había actuado como una vacuna y había evitado
que José desarrollara la enfermedad.
La curación de José se difundió rápidamente por toda Europa y fueron muchas las personas
infectadas que viajaron desde remotos lugares hasta París para someterse al tratamiento de Pasteur
y salvar sus vidas. Ya en el primer año de aplicación, cerca de 2.500 personas consiguieron
sobrevivir a la rabia gracias a Pasteur.
Pasados los años, José entró a trabajar con Pasteur, hacia el que sentía un profundo
agradecimiento que rayaba en la veneración. Y después de la muerte del científico, continuó
trabajando en el Instituto Pasteur de París hasta el año 1940. Ese año, los soldados nazis que
habían invadido París ordenaron a José abrir la cripta en la que se conservaban los restos del
científico. José se negó a hacerlo, pues prefirió mantener su fidelidad a quien había decidido
arriesgar muchos años de trabajo y todo su prestigio científico por salvar su vida.
Ejercicios.
1. Vocabulario: Abalanzar, Ahuyentar, Agonía, Gérmenes, Difundir, Rayar:
2. Explica. ¿Qué hace cada uno de los siguientes personajes?
• el albañil • el doctor Weber
• la madre de José • Luis Pasteur
3. En tu opinión, ¿el texto narra una historia real o una historia ficticia? ¿En qué elementos del
texto basas tu opinión?
4. ¿Cuáles de las siguientes palabras tienen un significado similar al de la palabra destacada?
• demora • conversación • dilema • tardanza
Sin más dilación, Pasteur tomó una dosis de médula de conejo.
5. Enumera los acontecimientos más importantes que se narran en el texto siguiendo el orden en
que éstos se sucedieron.
Ejemplo: 1. Un perro muerde a José.
2. El doctor Weber pronostica que José tiene la rabia.
3._________________________________________
4....
6. Opina sobre el comportamiento de Pasteur.
• ¿Qué sentimiento movió a Pasteur a la hora de decidirse a aplicar el tratamiento a José?
• ¿Alguien podría criticar a Pasteur si hubiera decidido no aplicar el tratamiento a José?
• ¿Qué habrías hecho tú en el lugar de Pasteur?