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Artículo del joven periodista de Teleamazonas lasallano de corazón Luis Ruiz,

retratando al Hno Adolfo Armijos póstumamente.

http://www.desdemitrinchera.com/2013/02/22/su-nombre-lo-dice-todo/comment-page-
1/#comment-38770

Su nombre lo dice todo


POR LUIS ANTONIO RUIZ
22 FEBRERO, 2013

Fue sepultado sin hábito pero era el hermano más hermano de las Escuelas Cristianas
del Ecuador. Lo acompañó en su sepultura ese traje azul marino con el que, sin querer
haber llegado a ser rector o superior del Colegio y de su orden religiosa, impuso más
respeto, dignidad, sobriedad y cariño que cualquier otro. Era la institución dentro de la
institución.

Qué chocantes puede que resulten estas palabras a algunos pero creo que en honor a la
verdad era el mejor. Y en honor al honor que merece esa insigne institución llamada San
José, cuando algún joven pregunte cómo debe ser para convertirse en un buen hermano
de las escuelas de La Salle, un buen amigo, un buen maestro, un buen educador, un
buen cristiano, todos a una deben responder: como Adolfo Armijos!

Su nombre lo dice todo. Ser excepcional. De esos pocos que hay en el mundo que creen
que para servir se tiene vida y para nada más. De esos, también pocos, que tienen un
sentido totalitario de lealtad al lugar que se debe y a sus principios. De esos que aman
con la vida lo que hacía y donde se pertenecía tanto que, como hizo Jesús, por ellos dio
la vida misma. Porque les recuerdo que a Adolfo la muerte lo sorprende no en el asilo
donde los new age lo querían mandar. Lo encuentra trabajando por su colegio-casa-
causa. Lo sorprende ahí en su amado San José. En su habitación. En su comunidad.
Entre los que se consagró. Se lo lleva… lo que es la vida… como él y Dios quiso
porque nadie pudo contra eso: hasta el último minuto al servicio del Hno. Miguel y San
Juan Bautista que tanto imitaba…
Estaba en su mejor momento: lúcido, comprensivo, conciliador, cariñoso… Quienes
estábamos cerca de él sabíamos que ya se había graduado con todas las
especializaciones y doctorados posibles como hijo de Dios!. Porque no sólo que ya no
veía defectos sino virtudes en los demás sino que había llegado al punto del no retorno
de esos seres más de allá que de acá que perdonan por perdonar, como si fuera algo
demasiado natural. Para quienes lo intentaron dañar… tranquilos! Pueden vivir con la
certeza de que con ustedes se fue en paz. Los perdonó y los perdonó de corazón. Es más
gracias a él no los fuimos a buscar para responderles como los hijos le responden a
quienes agreden a su padre y estoy convencido ya no lo haremos porque eso
sería faltarle a sus convicciones. Los perdonamos también.
Es que Adolfo fue un hombre de choques y rupturas. De transformación en la oscuridad.
No iba con la corriente, iba contra la corriente y por eso es que muchos no lo entendían.
No era un doble moral sino un roble de moral para quien los valores no cambiaron ni
cambiarían nunca. Era el “imposible de negociar” cuando de principios se trataba.
Puntualidad, presencia, silencio, respeto, disciplina, piedad, ahora que son escasos, lo
hacían el extraño. Pero fue precisamente por eso que brilló. Fue por eso que sus
alumnos lo respetaban. Fue por eso que los que se graduaron se fueron con el mejor de
los recuerdos. Fue por eso que miles volvimos a él. Fue por eso que siempre en distintos
ámbitos fue reconocido y aplaudido. Fue por eso que la noticia de su muerte impactó y
trascendió. Y es por eso que, para la leyenda, cuando se escuche Adolfo Armijos a
través del tiempo se escuchará el respeto mismo. Aprendan de él!

El inculcaba formación real! Formación para formar! Su vida fue una permanente
enseñanza. Libros, discursos, videos, frases, palabras, mensajes, consejos, también
castigos, todos sabios. Y hay algo que en sus postrimerías este maravilloso hombre
cambió y debería quedar como uno de sus principales aportes para los anales de la vida
de los lasallanos. Nos enseñó con sus actos, a sus más cercanos, que eso de que “los
amigos están en las buenas y las malas” es mentira. Los amigos, versión Adolfo
Armijos, “están en las malas”. Y en realidad así fue! No me acuerdo haberlo visto en
alguna de mis fiestas… en algunos de mis éxitos… Nunca recibí su llamada en los
momentos en que disfrutaba ni en los que me daban aplausos. El aparecía cuando estaba
mal. Cuando necesitaba aliento. Cuando requería fuerzas. Cuando murieron mi papá y
mis abuelos… ahí en sus sepelios, sumido en el dolor, alzaba la mirada y lo veía parado
a la distancia… Estuvo a mi lado en las malas y me buscaba cuando alguien estaba mal
para ir a ayudarlo! Porque detrás de esas gafas, que para muchos eran el símbolo de la
fortaleza, habían ojos que lloraban, y mucho, cuando uno de sus seres queridos sufría!

Y claro que hay una explicación lógica de por qué este caballero de La Salle era así de
fenomenal: es que estaba curtido! Curtido en Dios, curtido en la Virgen y en su Llama
de Amor, curtido en la fe y en la esperanza que nunca, pese a la frialdad de la
desestimación por su edad, perdió. Curtido en el Rosario, que con tanta devoción
rezaba; curtido en las 40 horas y Corpus Cristi, que con harto sacrificio organizaba;
curtido en la Serenata Mariana, que desde la planificación disfrutaba; curtido en la misa
de cada domingo, donde se confesaba y comulgaba; curtido en el Ropero Lasallano,
maravillosa obra de generosidad que comandaba; curtido en las novenas que animaba y
convocaba. Era, en consecuencia, un fruto de los buenos. “La lámpara encendida y con
bastante aceite” que nos manda a hacer la Biblia.

Ensimismado en la piedad cristiana no podía ser de otra manera que como fue pues si
pasaba ocupado en las cosas de Dios! Lo demás… es más. Que la semana cultural, que
la semana de integración, que la jura y ceremonia de la bandera, que la banda de guerra,
que las olimpiadas de estudiantes, que los deportes, que la cancha de fútbol, que las
obras de teatro, que el día del ex alumno, que las olimpiadas de los ex alumnos, que los
retiros, que la pastoral juvenil… Eran el andamiaje de su vida con la que le daba vida a
La Salle de aquí.

Para quienes quedan, es LA herencia!… Recíbanla con el amor y con la sapiencia con
las que las dejó y no la despilfarren sino que busquen multiplicarla sencillamente siendo
como él: la vocación misma del servicio. Por favor… que no tengamos que ver que sus
zapatos les quedan muy grandes porque grandes, en buena onda, sabemos quedarán
porque como Adolfo no hay ni habrá.

Desde esta página y, sin temor a equivocarme, a nombre de los más de diez mil
hombres de buena fe que él formó, y de las miles más a cuyos corazones con sus obras
tocó, celebro la existencia de Adolfo Armijos Jarrín. Tengo tanto y más que decir de
él… pero su nombre lo dice todo.