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La psicología evolutiva de Jean Piaget

La psicología evolutiva es una corriente o escuela de la psicología que estudia la


evolución psíquica de las personas desde su nacimiento hasta la madurez.

Según Piaget, cuando el hombre nace sólo dispone de unas conductas llamadas
reflejos. Los reflejos son conductas innatas muy sencillas, como chupar, coger, el
movimiento de los brazos y piernas, etc. Estos reflejos son la base con la que el niño, en
contacto con el entorno, irá construyendo su inteligencia. Por ejemplo, el reflejo de
apretar con la mano será la base para llegar a escribir. El niño va acumulando todo lo
que aprende y el desarrollo de la inteligencia consistirá en la acumulación de esquemas
y maneras de resolver problemas. El concepto de esquema es clave en la teoría
piagetiana porque representa la manera en que el niño estructura y organiza su mente en
cada momento de su vida, a partir de lo que ya sabe y con el contacto con el mundo
exterior.
Piaget y sus colaboradores dividieron el desarrollo mental del niño en Cuatro etapas
que llamaron Periedo:
(1) estadio de la inteligencia práctica o sensorio-motriz (0-2 años);
(2) estadio de las operaciones preoperativas (2-7 años);
(3) estadio de las operaciones concretas (7-12 años), y
(4) estadio de las operaciones formales (12-10 años).
Estos límites de edad son simplemente orientativos. Cada periodo responde a nuevas
necesidades y estímulos del niño que se adapta a lo que le pide el medio ambiente. Los
esquemas que va aprendiendo se acumulan y se incorporan a su mente, es decir, el
niño va construyendo su inteligencia equilibrando su mente a lo que le rodea. Este
progreso se produce simultáneamente en tres ámbitos: el físico, el intelectual y el
afectivo.

Periodo sensoriomotor (0-2 años)

Desde el nacimiento hasta los 18 meses, el niño elabora unas estructuras cognoscitivas
o intelectuales y una serie de reacciones afectivas elementales que serán la base de su
vida inteligente y afectiva posterior.

El bebé se relaciona con el mundo a través de los sentidos y de la acción. Dentro de este
período Piaget diferencia varios subestadios:

Primer mes: Estadio de las Conductas Reflejas; el niño utiliza los reflejos de los que
viene provisto del nacimiento para relacionarse con el medio. Para Piaget aún no son
esquemas, son acciones rígidas y estereotipadas que el niño no puede modificar.
Los reflejos de succion: acto instintivo, en un principio. Puede constituirse en conducta
psicológica a partir de su sistematización, a partir de una identidad funcional.
El ejercicio de los reflejos: Desde el nacimiento hay asimilación y acomodación. (Son
funcionales, generalizadoras y recognoscitivas) El ejercicio reflejo lo permite.

Hasta los cuatro meses: Estadio de las Relaciones Circulares Primarias. Los reflejos
gracias a la acomodación se convierten en conductas voluntarias. Lo característico es
cualquier acción que el niño repita por puro placer.

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Entre los 4 y los 8 meses: Estadio de las Reacciones Circulares Secundarias. Estas
son respuestas aprendidas que sirven para prolongar acontecimientos que le interesan al
bebé.

Entre los 8 y 12 meses: Coordinación de Esquemas Secundarios. Se complica un


poco mas el esquema; el niño consigue las primeras coordinaciones de tipo
instrumental, (me sirven para conseguir algo). Ya no es prolongar una situación que al
niño le interesa, sino que hay una cierta intencionalidad. Coordina esquemas para
conseguir algo, necesita poner varios esquemas. Su capacidad aún no es limitada, aún
no tiene claro la conciencia del objeto. La adquisición de coordinar esquemas para
conseguir una finalidad.

De los 12 a los 18 meses: Relaciones Circulares Terciarias. Lo característico es el


descubrimiento de nuevas relaciones instrumentales como resultado de un proceso de
experimentación, Ya desde el período anterior los niños investigan, experimentan
continuamente las propiedades de los objetos. En un principio de manera accidental
puede establecer una reacción que luego establecerá de manera intencionada. Los
esquemas se van haciendo mucho más complejos; es capaz de establecer reacciones de
causalidad.

De los 18 a los 24 meses: Inicio del Pensamiento Simbólico. Ahora hay un choque, ya
no hablamos sólo de un esquema de acción; hablamos de simbolismo. Los bebés
desarrollan la capacidad de representar objetos mediante símbolos (jugar con una caja
de cerillas cómo si fuera un coche). Comienza el aprendizaje del lenguaje, el lenguaje es
puro simbolismo. Comienza los esquemas de representación, esto dará paso al período
preoperatorio

(2) Las operaciones preoperativas (2-7 años)

El rasgo dominante de esta etapa es la aparición del lenguaje. El lenguaje provoca las
siguientes tres novedades: El inicio del pensamiento, la elaboración de las primeras
intuiciones y el comienzo de la socialización.
Las personas que se encuentran en la fase preoperacional empiezan a ganar la capacidad
de ponerse en el lugar de los demás, actuar y jugar siguiendo roles ficticios y utilizar
objetos de carácter simbólico. Sin embargo, el egocentrismo sigue estando muy presente
en esta fase, lo cual se traduce en serias dificultades para acceder a pensamientos y
reflexiones de tipo relativamente abstracto.

Además, en esta etapa aún no se ha ganado la capacidad para manipular información


siguiendo las normas de la lógica para extraer conclusiones formalmente válidas, y
tampoco se pueden realizar correctamente operaciones mentales complejas típicas de la
vida adulta (de ahí el nombre de este período de desarrollo cognitivo). Por eso, el
pensamiento mágico basado en asociaciones simples y arbitrarias está muy presente en
la manera de interiorizar la información acerca de cómo funciona el mundo.

a) Inicio del pensamiento.

El pensamiento comienza al poder «interiorizar» el niño las palabras y, sobre todo,


al poder elaborar «representaciones interiores» o intuiciones. Piaget habla de «génesis»,
es decir, de nacimiento del pensamiento, y debemos recordar que uno de los rasgos de la

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inteligencia es el pensamiento. El pensamiento no nace de golpe; es un proceso largo
que dura desde los dos años hasta el final de la etapa.
Al principio, el pensamiento del niño es egocéntrico, todo gira a su alrededor. En el
mundo, las cosas están pensadas y funcionan para que él las utilice. Esta asimilación del
mundo va acompañada de una intencionalidad en las cosas, por ejemplo el niño cree
cosas como: «La luna brilla para que yo pueda ver por la noche». Esta actitud recibe el
nombre de animismo y nos recuerda viejos mitos de culturas primitivas (algunas
civilizaciones atribuyen voluntad e intenciones a las nubes o al sol, a un volcán o a un
río).
El otro rasgo de la inteligencia infantil es la pregunta sobre el porqué. No distinguen
entre el porqué causal y el porqué final. «¿Por qué cae una pelota? Porque el suelo hace
bajada (causal), o porque la pelota es mía y se dirige hacia donde estoy yo (finalidad)».
También creen que todas las cosas han sido hechas por el hombre, y no hay separación
entre las leyes o fuerzas humanas y las naturales. Los hombres han plantado piedras y
han crecido, y por eso hay montañas. Esta actitud se conoce como artifícialismo. Todas
estas características del pensamiento en sus fases más tempranas se irán abandonando
posteriormente a lo largo de la evolución del individuo.

b) Elaboración de las primeras intuiciones.

En este estadio, los niños no tienen todavía razonamiento lógico, pero lo suplen con una
intuición espectacular y primitiva. Por ejemplo, enseñamos al niño una fila de fichas de
colores y, al lado, una pila de fichas. Le pedimos que haga una fila con el mismo
número de fichas. A los 4 o 5 años hará una fila de la misma longitud que tiene la que le
hemos enseñado, pero no tendrá en cuenta el número de fichas. ¿Qué ha pasado? Que ha
tenido una intuición de igualdad espacial (subordinada aún a la percepción visual). Es
decir, ha valorado la cantidad de fichas por el espacio ocupado. Pero al cabo de uno o
dos años, el niño ya hace una fila con el mismo número de fichas que tenía la que se le
propuso con independencia de la longitud: ha adquirido ya, pues, una intuición de
igualdad más “perfecta” es decir, más independiente de las apariencias, a menudo
engañosas, que nos presentan los sentidos . Las intuiciones son el paso previo a las
nociones y operaciones lógicas que veremos posteriormente.

c) El comienzo de la socialización.

Desde el punto de vista afectivo, en este estadio se incrementan las posibilidades de


establecer relaciones con los otros y desarrollándose así sentimientos interpersonales
como simpatías y antipatías. También aparecen los primeros sentimientos morales y se
empiezan a regular los valores y los intereses ligados a la vida del adulto.
Se sabe, por ejemplo, que en la escuela o en el juego se aumenta el rendimiento y el
interés si se tienen en cuenta los intereses de los niños y las niñas. En el ámbito de las
normas morales o de la simpatía y antipatía, el niño empieza a discriminar claramente
estos intereses afectivos. La norma moral básica del niño en este estadio es la
obediencia a los padres y el respeto, y a partir de este principio recibe y elabora las otras
normas; por tanto, se trata de unas normas (de una moral) que no sale del mismo niño
sino que procede del exterior (fundamentalmente de los padres, es decir el niño en esta
fase es claramente heterónomo en cuanto a su moralidad).
En este contexto hay que entender la dificultad de un niño para distinguir la verdad de la
mentira. hemos dicho que su pensamiento es intuitivo, es decir, que afirma cosas sin
demostrarlas; por eso, la frontera entre lo que es verdad y lo que no lo es no es clara. De

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aquí que en los juegos se afirmen exageraciones sin pudor alguno y sin que los niños
tengan ninguna conciencia de que son mentiras. En cambio, por la norma de respeto a
los padres, cuando dicen una mentira a los adultos al margen de los juegos, sí tienen
conciencia de ello.

(3) Las operaciones concretas (7-12 años)

Aproximadamente entre los siete y los doce años de edad se accede al estadio de las
operaciones concretas, una etapa de desarrollo cognitivo en el que empieza a usarse la
lógica para llegar a conclusiones válidas, siempre y cuando las premisas desde las que
se parte tengan que ver con situaciones concretas y no abstractas. Además, los sistemas
de categorías para clasificar aspectos de la realidad se vuelven notablemente más
complejos en esta etapa, y el estilo de pensamiento deja de ser tan marcadamente
egocéntrico.

Uno de los síntomas típicos de que un niño o niña ha accedido a la etapa de las
operaciones concretas es que sea capaz de inferir que la cantidad de líquido contenido
en un recipiente no depende de la forma que adquiere este líquido, ya que conserva su
volumen.

Al iniciar el séptimo año, el niño empieza con un pensamiento lógico que completa el
proceso de intuiciones que ha hecho en el estadio anterior.
Al mismo tiempo, su egocentrismo intelectual ha desaparecido y es capaz de distinguir
entre su punto de vista y el de los otros. Esto permite una visión del mundo más
equilibrada y con más posibilidades de comprenderlo. También permite el trabajo en
común, la cooperación, la discusión y el razonamiento con los otros, aceptar y
comprender normas que hacen posibles los juegos reglados, etc. Todo junto provoca un
progreso de la inteligencia. Para referirse a todas estas conductas con respecto a los
otros, Piaget habla de socialización. El elemento clave es la discusión con los otros
niños. Escuchar otros puntos de vista e intentar comprender sus razones provoca la
reflexión. Además del egocentrismo, también desaparecen, poco a poco, el animismo y
el artificialismo, y el niño empieza a buscar respuestas cada vez más causales y
«lógicas». Históricamente, podría hacerse una correspondencia con la desaparición del
mito como explicación del mundo y la aparición de la reflexión racional de los primeros
filósofos griegos. Por ejemplo, si disolvemos azúcar en un vaso de agua y preguntamos
qué se ha hecho del azúcar, los niños nos darán respuestas diferentes según su edad.
Para un niño menor de 7 años, sencillamente, el azúcar ya no está. En cambio, para uno
de más de 7 años, el azúcar está en el vaso y se ha mezclado con el agua, o bien se ha
roto en trocitos que están dentro del agua. Tenemos una explicación atomista que
contempla la conservación de la materia. Lo que aún le cuesta es entender que los
átomos de azúcar tienen un volumen y un peso y que, por lo tanto, el vaso de agua con
azúcar pesará más y tendrá más volumen. Este razonamiento llegará hacia los 9 o 10
años. En este ejemplo, entran ya en juego las nociones de sustancia, peso y volumen.

El progreso que el pensamiento construye de manera más espectacular en esta etapa es


el paso de las intuiciones a las operaciones concretas. Una operación es cualquier
acción de reunir, organizar o clasificar series de objetos, y son concretas, porque para
poder «pensar» estas operaciones se han de tener los elementos delante, es decir, que
éstos deben verse y tocarse. Es como sumar pelotas y dividir un pastel en trozos pero sin
utilizar números. Este razonamiento lógico consiste en hacer series de más grande a más

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pequeño, series de colores según su intensidad, en agrupar conjuntos de elementos que
estén incluidos unos dentro de otros (por ejemplo: tenedores, cuchillos, cucharas están
incluidos en “la cubertería”, platos, fuentes, cuencos en “la vajilla” y copas, vasos,.. en
“la cristalería”, a su vez estos tres grupos podrían incluirse en uno mayor, a saber el de
“objetos para poner la mesa”) y en relacionar la igualdad de dos elementos con un
elemento intermedio, es decir, la estructura silogística básica: Si A = B y B = C,
entonces A = C. En la vida diaria, empleamos continuamente este esquema lógico.
Sin embargo, a diferencia del esquema anterior, el esquema intelectual más difícil de
adquirir es el que Piaget denomina reversibilidad. Este esquema permite invertir
operaciones lógicas y es característico ya del pensamiento formal o abstracto porque
requiere que la mente del niño haya conseguido liberarse del yugo tanto de la
percepción (que nos ata a lo concreto) como de los hábitos (que resultan difícilmente
reversibles, como es el caso del hábito de escribir de izquierda a derecha).
La aparición del esquema de la reversibilidad, como es evidente, resulta fundamental
para la realización, por parte del sujeto, de las operaciones matemáticas y lógicas.
Hay que decir también que este esquema se construye precisamente al mismo tiempo
que la socialización, la cual supone tener que admitir otros puntos de vista. El
incremento de la socialización y la capacidad de cooperación comportan grandes
modificaciones en la vida afectiva del niño. Esta etapa se caracteriza por la aparición
de nuevos sentimientos morales, una organización de la voluntad y una mejor
regulación de la vida afectiva. El nuevo sentimiento moral que surge es el de respeto
mutuo de igual a igual con los otros niños y niñas. Este sentimiento de respeto comporta
respetar las reglas de los juegos colectivos que unen al niño a un grupo. Y de aquí surge
el sentimiento de honradez y de no hacer trampas y la plena conciencia de la mentira
asociada a hacer trampas. La trampa o el engaño a un compañero se considera
especialmente grave, más que el engañar a los padres. Un sentimiento nuevo
relacionado con estos hechos es el sentimiento de justicia que marca las relaciones entre
los niños y los adultos. Todo esto conduce, poco a poco, a una cierta autonomía moral
en los niños y niñas que les permite juzgar los hechos a partir de los valores de justicia y
respeto que ellos van elaborando y no por sumisión a la autoridad, como en la etapa
anterior. También se desarrolla en este período el valor de la propia voluntad como
energía mental que permite hacer una acción.

(4) Las operaciones formales (12-16 años)

Es en este período en el que se gana la capacidad para utilizar la lógica para llegar a
conclusiones abstractas que no están ligadas a casos concretos que se han
experimentado de primera mano. Por tanto, a partir de este momento es posible "pensar
sobre pensar", hasta sus últimas consecuencias, y analizar y manipular deliberadamente
esquemas de pensamiento, y también puede utilizarse el razonamiento hipotético
deductivo.

El último cambio del pensamiento que se produce en la mente del niño es el paso del
pensamiento concreto al pensamiento abstracto. Hasta los 11 o 12 años, las operaciones
intelectuales son concretas, es decir, siempre hacen referencia a objetos que pueden ser
manipulados. Pero a partir de esta edad, los chicos y las chicas pueden hacer
operaciones sin tener los objetos delante por medio de símbolos o representaciones, es
decir, palabras, números o fórmulas matemáticas. Este tipo de razonamiento se
denomina pensamiento formal o hipotético-deductivo, porque permite llegar a
conclusiones a partir de suposiciones, sin necesidad de que el problema exista. El

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ejemplo clásico es el siguiente razonamiento: Eva tiene el cabello más oscuro que Ana.
Eva tiene el cabello más claro que Marta. ¿Cuál de las tres tiene el cabello más oscuro?
Un niño de diez años solo podría encontrar la solución si tuviese delante a las tres chicas
(pensamiento concreto). Un adolescente, en cambio, puede resolver el problema de
manera hipotética y formal, sin necesidad de ver a las chicas e, incluso, sin necesidad
siquiera de que existan. Esta etapa sería el inicio de la madurez del pensamiento. A
pesar de que los adolescentes, al principio, «abusen» de su capacidad para pensar
formalmente, posteriormente se irá equilibrando esta capacidad con la realidad y el
adolescente será capaz de usar el pensamiento formal para prever e interpretar la
experiencia y, al mismo tiempo tener una mejor comprensión global del mundo.
En la etapa anterior, se empezaba a organizar la personalidad con la organización de
reglas, valores, la afirmación de la voluntad, pero será en la adolescencia cuando se
integren todos estos elementos en una unidad que será el yo, la personalidad del ado-
lescente. La capacidad intelectual abstracta permite al adolescente elaborar un plan de
vida que presupone una intensa reflexión interior. Este «plan de vida» se concreta en los
grandes deseos de futuro que tienen los adolescentes, en general altruistas -orientados,
por ejemplo, a la cooperación social-o bien megalómanos —como llegar a ser
presidente, premio Nobel, top-model, estrella del rock & roll, o casarse con un
multimillonario-. Estas ambivalencias reflejan una personalidad naciente que se mueve
entre un pasado de niño y un futuro próximo de persona adulta. En los aspectos sociales,
el adolescente crea sociedades de discusión donde pone en práctica sus capacidades
intelectuales abstractas acabadas de adquirir. Tanto en un grupo como con los amigos
íntimos, los adolescentes elaboran grandes teorías para salvar a la humanidad. Todas
estas actividades son un verdadero campo de aprendizaje para sus acciones futuras
como adultos.
Toda esta teoría de Piaget se ha ido elaborando a partir de muchas experiencias y
recogiendo muchos datos. Los últimos estudios han perfeccionado su teoría en algunos
aspectos, pero ésta sigue siendo válida como punto de referencia y explicación global de
la evolución psicológica de los seres humanos.