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Sócrates

(470 - 399)
Natural de Atenas. Creció rodeado por el esplendor de la Ciudad de Pericles. Hasta que la guerra del Peloponeso
(Atenas contra Esparta), hizo comenzar la tragedia. En el 431 comienza esta guerra, que duraría al menos treinta
años. En el 430 se produce una gran peste que acaba con el 70% de la población ateniense, asediada por el enemigo.
Estos tristes sucesos son el marco en que se desenvuelve la vida de Sócrates.

Éste nació en Atenas, hijo de Sofronisco, artesano acomodado, y de Fenáretes, que después de fallecer su marido se
dedicó al menester de partera (maieutica). Su familia vivía modestamente… hasta que los alcanzó la guerra.
Sócrates, en su juventud, escuchó las lecciones de Arquelao, discípulo de Anaxágoras. Pero muy pronto se
desengañó de aquello, consagrándose al estudio de los problemas del hombre, en cuanto ciudadano. Por su
contexto, el hombre que le interesará a Sócrates no es en abstracto (como el de los sofistas y algunos filósofos), sino
en concreto, el ciudadano ateniense.
Así, Sócrates adoptara un dialogo directo empleando sus formidables dotes de dialéctico para enredar a sus
adversarios en sus cuestiones de “preguntón” incansable.

Lo que colma la tragedia de Sócrates fue no sólo la incomprensión e indiferencia de sus conciudadanos, sino el haber
sido confundido con los filósofos y los sofistas, a quienes había combatido con todas sus fuerzas. En el 400 es
acusado, así, de asebeia, impiedad. Pudo haberse librado de la muerte, con la ayuda de sus amigos que le facilitaban
la fuga, o aceptando una multa, o el destierro voluntario, pero prefirió permanecer en Atenas y presentarse ante sus
jueces. Pudo haberse señalado la pena a sí mismo; pero esto equivalía reconocerse culpable. Ante el tribunal
adoptaría una actitud altanera, desdeñosa y despectiva, que hizo irritar los ánimos en contra suya. Condenado a
muerte.
Así adquiere su muerte un sentido heróico, apareciendo como la coronación lógica de su vida. Le dirá a su acusador
antes de morir: El vencedor es el que ha tenido una vida más útil y más bella.

Sócrates, comenzará a interesarse en el hombre, en la moral, buscando conceptos (universales). Él buscaba la


quididad, razonando silogísticamente (sin lugar a dudas).

Aristóteles le reconocerá:
- La argumentación inductiva, o Mayéutica.
- Los universales, los conceptos, la definición universal.
Éstos dos son principios de la ciencia:
la ciencia tiene que ser inductiva y manejar conceptos.

Sofistas

 Subjetivismo: no hay verdad

 Relativismo: la verdad es relativa

 Escepticismo

Ej.:
“La enfermedad es un mal para el enfermo,
pero es un bien para el médico” (Jeníades, el más grande de los sofistas)  discurso doble…

Sócrates no es subjetivista, ni relativista ni escpetico: cree firmemente en la existencia de leyes estables, de normas
universales verdaderas, válidas por si mismas y superiores a las opiniones y convenciones de los hombres.

Sócrates distingue entre su razón particular y la universal. Tiene un optimismo completo sobre el poder de la razón y
de la dialéctica para llegar a alcanzar la verdad. El error procede de nosotros, pero no de la razón misma. En todas las
almas existe la verdad en estado latente, y sólo es preciso tener habilidad para hacerla salir a luz (maiéutica)

Jeníades  Dissol Logoi (disolver discurso):


Falacias-> discurso que disuelve el discurso del contrario…
 Falacia ad Verecundia: rodear con verdades una mentira
 Falacia ad Vaculumum: sacar las cosas que desvían mi argumentación, no prestarles atención
 Falacia ad Hominem: atacar la maldad del contrario, desacreditándolo.

Método

Sócrates adoptó el DIÁLOGO, que en la enseñanza tiene la ventaja de hacer más íntima la comunicación entre
maestro-discípulo, y que en la controversia tiene la ventaja de desconcertar al adversario, rompiendo el hilo de los
largos períodos artificiosamente preparados y aprendidos de memoria.

Sócrates no es un filósofo técnico ni sistemático. No hay vestigios esotéricos en él. Enseñaba en la calle, en casa de
sus amigos, en la plaza, a todos cuantos querían conversar con él.
Su enseñanza consistía en una conversación dirigida, en que, de pregunta en pregunta, iba llevando a su interlocutor
hasta hacerle llegar a la conclusión que deseaba. En esto hacía consistir la Dialéctica. Dialéctico es el que sabe
preguntar y responder. El secreto de este método consiste en saber preguntar bien.

Según Aristóteles, Sócrates practicó la inducción, a fin de hallar los conceptos universales y las definiciones.
Sócrates se limitó deliberadamente al campo moral. Pero en este terreno descubre el verdadero procedimiento
científico, pasando de los hechos particulares a los conceptos universales, a base de los cuales formula sus
definiciones. La definición expresa la esencia de una cosa tal como se contiene en el concepto universal, al cual se
llega suprimiendo las diferencias particulares y ascendiendo hasta las especies y los géneros. Así la ciencia no
consistirá en una simple acumulación de hechos o datos particulares (móviles, variables e inestables), sino en
conceptos fijos, estables e inmutables.
Sin embargo, nada autoriza para pensar que Sócrates hacía responder esos conceptos a realidades ontológicas. Pero,
de hecho, el procedimiento socrático implica una vigorosa reflexión sobre la propia conciencia y una fina
observación sobre la realidad, la vida y la conducta de los demás. Sócrates discernirá de los hechos particulares, lo
variable de lo fijo, lo confuso de lo claro, lo accidental de lo sustancial, lo contingente e lo permanente. El resultado
será la formulación de un concepto común, que a la vez supera e implica todas las diferencias particulares y que
puede ser expresado en una definición aplicable a todos los casos concretos.
Por ejemplo: se trata de definir qué es la justicia; luego de convenir en que consiste en no mentir, en no causar daño
a otros, en no hacer esclavos a los semejantes, etc.; se llega a la conclusión de que consiste en dar a cada uno lo que
le pertenece.

Además, practicó la deducción, pero sólo para hacer aplicaciones prácticas de los principios generales de conducta a
los casos particulares, sin alcanzar ni mucho menos la amplitud que Aristóteles le señalará en su teoría del raciocinio
como constitutivo de la ciencia.

Maiéutica
(tarea de dar a luz, relacionado con las madres)

Pregunta – repregunta – definición


El procedimiento socrático para llegar al concepto universal está expresado en su mayéutica, en la cual, sirviéndose
de preguntas hábilmente graduadas, va llevando poco a poco a su interlocutor hasta hacerle comprender, como si el
concepto común brotara de su misma conciencia.
Platón le atribuye a Sócrates, creer en la existencia de ideas innatas en el alma de cada hombre, que el maestro hace
despertar con ayuda de sus interrogaciones, o que se revelan mediante la propia reflexión sobre sí mismo.

La mayéutica iba acompañada en Sócrates del uso de la ironía. Su finalidad para con amigos era preparar el
entendimiento, libertándolo de errores y de prejuicios, con el previo reconocimiento de la propia ignorancia. El
reconocer que no se sabe nada es así principio de la sabiduría. Para con sus enemigos, la ironía era un instrumento
cruel, del que se servía para ponerlos en ridículo. Partiendo de la noción elegida, iba llevándolos diestramente, por
medio de preguntas aparentemente inocentes hasta hacerles llegar a la contradicción con lo que habían afirmado en
el principio, poniendo así de manifiesto su ignorancia.

Doctrinas socráticas
Sócrates no escribió nada ni expuso sistemáticamente, sino circunstancialmente. Sócrates abrió el camino ancho de
la Filosofía, pero las grandes construcciones filosóficas no fueron obra suya, sino de sus sucesores.

I. La reflexión del hombre sobre sí mismo.


…pero no sé nada, atenienses que me escucháis; no sé nada, y ante vosotros me presento desnudo y sin los
adornos de una mentirosa certeza.
El principio de sabiduría consiste, por una parte, en el reconocimiento de la propia ignorancia, pero al mismo
tiempo en reflexionar sobre el propio yo para conocerse a sí mismo. Sócrates aparta su consideración de los
problemas sobre la naturaleza y sobre Dios, y concentra su interés sobre el propio conocimiento.
Sin embargo, aunque no le interesa la naturaleza, le interesan los hombres y los problemas humanos y
ciudadanos, con el fin de hallar el Bien que les corresponde y las normas prácticas que deben regir su vida
moral, su perfeccionamiento y el de la ciudad.
Por el conocimiento propio llegamos a conocer nuestro verdadero bien, de lo cual se derivarán las normas
universales válidas de conducta. Sócrates invita a buscar dentro del mismo hombre la fuente de su verdad.
II. Antropología.
Tuvo un concepto muy elevado de la naturaleza y dignidad humana, como ser privilegiado entre todos los
otros: tiene razón, palabra y puede adquirir la ciencia.
Distinguió entre cuerpo y alma. Ésta última es de naturaleza divina, participa de lo divino. Es invisible. (no se
sabe si la consideraba como material o inmaterial; ni en qué sentido creyó en su inmortalidad).

Distingue dos clases de conocimiento: los sentidos, que perciben las cosas corpóreas, particulares y
mudables; y la razón, que conoce conceptos universales. Por la razón el hombre se comunica con lo divino,
con la Razón universal; por ella se puede reflexionar sobre sí mismo. Tiene gran confianza en el poder de la
razón para descubrir los principios universales de la moral, y en la infabilidad de la ciencia.

Hombre como animal superior. Se adopta un antropocentrismo, desapareciendo del centro el macrocosmos,
apareciendo el microcosmos (hombre). Aparece así también la política. “El hombre es la medida de todas las
cosas”

III. Física.
El conocimiento del mundo, de los principios y de los elementos lo consideraba propio de los dioses, que se
habían reservado sus secretos.
Puede vislumbrarse en él, sin embargo, un concepto optimista del Universo, concebido como una realidad
en que reinan el orden y la armonía, pero no en sentido puramente mecánico, como el que imponía la
mente de Anaxágoras, sino como un orden dirigido por la Razón universal y la Providencia divina. Al orden
general del Universo deben responder el orden y la armonía en la vida individual del hombre.
IV. Teología.
Que cada uno venere a los dioses según el rito de la ciudad. Hay que honrar a los dioses conforme a las leyes
rituales tradicionales. Tuvo siempre respeto y veneración hacia los dioses de Atenas.
La teología de Sócrates viene a ser una proyección de su antropología al exterior. Así como el hombre consta
de un cuerpo material visible, regido por un alma racional invisible, así también el Universo consta de una
parte material visible regida por una Mente invisible ordenadora, providente. No vemos el alma humana,
pero la podemos conocer por sus actos. Tampoco vemos la Mente universal, pero su existencia se nos
manifiesta por el orden maravilloso que rige en el mundo y en el cuerpo del hombre, que revelan una
Inteligencia sapientísima.
Monoteísta.
V. Ética
Sócrates trata de racionalizar la conducta humana, ajustándola a normas fijas y universales.
i) El Bien: su moral carece de finalidad trascendente; por eso, nunca tuvo un concepto claro ni llegó a dar
una definición precisa del Sumo Bien.
Para Sócrates no existe un Bien trascendente, como un ideal al que haya que subordinar la vida, sino
muchos bienes. El Bien es el conjunto de bienes regulado por la razón. La característica fundamental del
Bien en Sócrates es la utilidad. Lo bueno y lo útil se identifican.
Sócrates no logró rebasar el hedonismo y el relativismo: lo que es bueno para el hambre, es malo para la
fiebre, por ejemplo. Además parece ser que fue todo lo contrario a un asceta.
Sin embargo, el fondo hedonista que perdura en Sócrates éste se esfuerza por someterlo a la razón, por
racionalizar todas las satisfacciones.
De aquí el dominio que el sabio debe tener sobre sí mismo y la rigurosa disciplina a que debe someter
sus apetitos inferiores e inmediatos para llegar a conquistar un bien mayor, que es la tranquilidad y la
serenidad. La práctica de la virtud aparece como a cosa más útil, porque es el medio de alcanzar el
mayor bien.

ii) La Virtud: todos los hombres aspiran a la felicidad. Los bienes que la aseguran son las riquezas, salud,
belleza, poder, etc. Sin embargo, esos bienes no bastan por sí solos, sino que es preciso usar bien de
ellos, rigiéndolos por la sabiduría. Ésta es la que hace buenos a los bienes, y es entre todos ellos el
mayor.
La virtud es ante todo un saber, un conocer lo que es útil y lo que es perjudicial para poder obrar en
consecuencia. Se identifica la virtud con la ciencia.
iii) La virtud puede enseñarse: del racionalismo socrático, que reduce la virtud a la ciencia, se deriva
también que la virtud puede enseñarse, al igual que una ciencia.
iv) Determinismo moral: la identificación socrática entre virtud-ciencia tiene como corolario un rígido
determinismo moral. Aunque se limite al campo moral, conservará el fondo racionalista de los
presocráticos y los sofistas. Su optimismo en la razón les hace creer que ésta no se puede equivocar.
Lleva esto al campo moral: el Bien, que es lo útil para el individuo y para la ciudad, obra de tal suerte
sobre el entendimiento del que lo conoce que, una vez conocido, influye sobre su voluntad, la cual no
puede menos de quererlo y practicarlo. Entonces, ninguno peca voluntariamente, sino solamente por
ignorancia.
Así como el entendimiento no puede conocer el no-ser, tampoco la voluntad puede querer el no-bien, el
mal, pues la voluntad está determinada necesariamente al bien. Al que peca no se le debe castigar, sino
instruirle.

No hay maldad humana, sino fallas intelectuales (“pecado intelectual”)