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La mujer en la literatura

1 mayo, 2013 by Eva 1 Comentario


Es larga, la trayectoria que se ha recorrido ya, sobre el estudio de la mujer en la
literatura, encontrándose en la tercera década o oleada feminista que indica en
los inicios de la crítica literaria norteamericana, en la presencia, mediante las
intervenciones patriarcales, que la literatura no era univesal, sino más bien
dominada por el sexismo y el patriarcado, donde la mujer quedaba en silencio.
De base, se empleaba el concepto de literatura de modo tradicional y los términos
binario masculino o femenino, como estructura de análisis.
En el siglo XVI a pesar de la educación humanística de algunas mujeres urbanas
privilegiadas, los estudios no le dieron acceso a los mecanismos del poder estaban
excluidas de las universidades, jerarquía eclesiástica y los puestos
administrativos que ocupaban los letrados.
Incluso para dejar su nombre en la Historia literaria, a las mujeres que escribían
poesía o prosa, les hacia falta un pariente o protector que les facilitara la
publicación de sus obras, quedando en el anonimato el de la mujer.
Sin embargo, Exímenes, se muestra partidario de enseñar a las niñas a leer y a
hacer cuentas, aunque escritoras2no para la autodefensa de la mujer, sino como
una ayuda, por ejemplo, si el marido era viajante podia escribir a su letrada
mujer sobre los secretos de los negocios. No todas las obras, podían ser leídas por
las mujeres, sólo unas seleccionadas.
La visión de las mujer, se fue transformando de patriarquismo del siglo XVI a la
educación femenina en el Siglo de Oro, es una de las más interesantes
aportaciones a la Historia de las mujeres españolas. Se establece entre los que
los moralistas pretendían y lo que las mujeres hacían realmente, se demuestra
que estos moldes no conseguían los propósitos que los habían dictado.
Por otra parte, el amor a las letras que aporta el humanismo se refleja pronto,
en los modos de las clases altas, y la nobleza empieza a considerar la cultura
como una de las formas de cortesía y la buena educación. <<En España>> la
llegada al trono de Isabel la Católica, supone un cambio en la visión del saber,
esta reina que aprende latín y posee una estupenda biblioteca de 253 títulos,
hace que sus hijas aprendan también a leer, escribir latín. Una de ellas Catalina,
la esposa de Enrique VIII de Inglaterra, será una mujer cultísima, a quien
dedican sus obras de educación femenina tanto Erasmo como Vives.
Por tanto en un dicho atribuido a Aristóteles dice: <<No hay mujer buena si le
falta crianza y doctrina, ni hallarás mujer mala, sino la necia>>.
En este siglo XVI-XVII, se tiene conocimiento como escritora a María Zayas,
también se hace mención en dicho siglo a Sor Juana de la Cruz, además de las
más significativas de las escritoras españolas de la época, Santa Teresa de Jesús.
Después de la época del Romanticismo, cambia el derecho a la propiedad y el
prestigio del Romanticismo literario alcanza su época en 1840, cambiando la
desigualdad jurídica y económica de la mujer.
La poeta catalana es posiblemente la primera mujer dentro de la tradición
literaria hispana, a plantearse el derecho femenino de escribir. Entre los cientos
de escritoras que siguieron el camino, que habían abierto para las mujeres, de la
década de los 40 destacan dos importantes: Rosalía de Castro y Pardo Bazán; en
el amanecer de nuevo siglo Rosa Chacel.
Haré mención finalmente en la actualidad de la tercera mujer española Ana
María Matute que ha conseguido entrar en la <<Real Academia Española>>,
haciendo eco y no para el olvido de su último libro publicado Olvidado Rey Gudú
como nos dice: de los cuentos de hadas que es la voz del pueblo.
Entre otras cosas nos dice que a los niños les están quitando la capacidad de
imaginar, y que el niño no es un proyecto del hombre, sino que el hombre es lo
que queda de un niño; frase relativa a la que decía Menéndez Pelayo <<todo
hombre tiene horas de niño y desgraciado del que no las tenga>>.

difícil mundo de la literatura, territorio históricamente reservado a los varones.


Como es sabido, las mujeres han sido tradicionalmente relegadas a un lugar
secundario, quedando su papel limitado a la vida familiar, el cuidado de los hijos
y las labores domésticas. Se llegó incluso a afirmar que la mujer era incapaz de
valerse por sí misma, por su naturaleza peligrosa y su inteligencia inferior.

De la misma manera, hasta mediados del siglo XIX en la literatura se condenaba,


de un modo u otro, los comportamientos “inmorales” de las mujeres —entiéndase
por ello toda conducta que no implicara quedarse encerrada en su hogar al
servicio de su familia—. Por lo tanto, no es de extrañar que sea difícil encontrar
ejemplos de escritoras nacidas antes de dicha época. Sin embargo, no podemos
pasar por alto nombres como Santa Teresa de Jesús, Sor Juana Inés de la Cruz
(gran defensora de los derechos culturales de la mujer) o Madame de Staël,
auténticas revolucionarias de la época en la que les tocó vivir.
Esto no quiere decir, sin embargo, que el siglo XIX fuera un periodo fácil para
las mujeres de todo el mundo. Sólo algunas valientes se animaron a desafiar los
cánones de su tiempo y buscaron formas de estar presentes en lo público. En esta
época aparece el romanticismo, movimiento que exaltaba la rebeldía y la libertad
pero, paradójicamente, las mujeres nunca tuvieron la misma oportunidad que
los hombres para transgredir, ya que la sociedad no estaba en posición de
soportar más cambios radicales. Esto explica por qué muchas escritoras de la
época tuvieron que publicar su obra bajo pseudónimos masculinos como Georges
Sand o poner sus asuntos en manos de sus padres, como es el caso de las
hermanas Brönte.

Ahora bien, a partir de la mitad del siglo XIX, con el realismo, comienza a
aparecer un tipo de literatura que busca la representación objetiva de la
realidad, de lo que sucede. Junto a esta corriente emerge un nuevo tipo de
imagen femenina, de mujer anulada y oprimida por la sociedad. Esta mujer se
rebela contra lo establecido y, cansada de ser incomprendida, se deja llevar por
sus pasiones e impulsos y rompe con los cánones impuestos por la sociedad
tradicional, que tendía a lo puritano. Obras como Madame Bovary, La Casa de
Bernarda Alba o Tristana son buenos ejemplos de este tipo de literatura. Así la
sociedad comienza a tomar conciencia de la situación y aparecen los movimientos
feministas que sirvieron para que las mujeres lucharan por sus derechos y
cambiaran su situación, abriendo el camino para la futura proliferación de
autoras femeninas.

Jane Austen, Mary Shelley y Virginia Woolf en Inglaterra, Harriet Beecher


Stowe en Estados Unidos, Rosalía de Castro y Emilia Pardo Bazán en España y,
algunos años más tarde, la chilena Gabriela Mistral, son algunas de aquellas
mujeres que se atrevieron a desafiar las normas impuestas por la sociedad y
consiguieron, aun teniéndolo todo en contra, hacerse oír y allanar el camino de
otras muchas que las seguirían a partir del siglo XX.