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4008057 - Contemporánea (Otero)

LA VÍA ITALIANA
AL TOTALITARISMO
Partido y estado
en el régimen fascista
por
Emilio Gentile

m
siglo
veintiuno
editores
m ____________________
Siglo veintiuno editores Argentina s. a.
TUCUMÁN 1621 7° N (C1050AAG), BUENOS AIRES, REPÚBLICA ARGENTINA

SÍglo veintiuno editores, s.a. de c.v.


CERRO DEL AGUA 248. DELEGACIÓN COYOACAN, 04310, MÉXICO. D. F.

GeutUc, Emilio
La vía italiana a' totalitarismo: partido y estado en el
régimen fascista - la ed. - Buenos Aires : Siglo XXI Editores
A rgentina, 2005.
448 p. ; 21x14 ero. (Historia y cultura; 18 - dirigida por
Luis Alberto Romero)

ISBN 987-1220-26-X

1. Fascismo. 2. Totalitarismo. 3. Historia Italiana. I. Título


CDD 320.553 : 945

Título original: La vía italiana al totalitarismo.


II fiarüto e lo Stalo nel regime fasästa.
© 2001, Carocci editóte S.p.A., Roma

Portada: Peter Tjebbes

© 2005, Siglo XXI Editores Argentina S. A.

ISBN 987-1220-26-X

Impreso en Aries Gráficas Delsur


Alte. Solier 2450. Avellaneda,
en el mes de octubre de 2005

Hecho el depósito que marca la ley 11.723


impreso en la Argentina - Mude ¡n Argentina
índice

Diez años después. Nuevas reflexiones acerca de


la “vía italiana al totalitarismo” 11

Prefacio a la segunda edición 29

Nota preliminar 31

Una introducción 33

Primera parte: El carácter y la historia del Partido Nacional


Fascista en las interpretaciones de sus contemporáneos
y de los historiadores 35

1. El Partido Fascista en el análisis político de


sus contemporáneos 37
La novedad del “Partido Fascista” en las interpretaciones
de los años veinte 39
La trayectoria del PNF según la interpretación de los fascistas 52
Interpretaciones antifascistas durante los “años del consenso” 58
El partido único y los orígenes de las teorías acerca
del totalitarismo 73

2. Después de 1945: memorialística y primeros intentos


de análisis histórico 89
La memorialística fascista 90
De la propaganda y la prensa escrita a la historiografía 95

3. Las investigaciones y el debate en la historiografía


de los últimos treinta años 109
El partido entre mussolinismo y fascismo 110
Mussolini y el estado 114

9 f C ‘i
8 ÍNDICE

El partido en el régimen: sugerencias para una nueva


perspectiva 143
El PNF en la definición histórica del totalitarismo fascista 159

Segunda parte: El cesarismo totalitario 169

4. Partido, estado y Duce en la mitología y en la organización


del fascismo 1Vi
Mito de la organización y organización del mito 173
Fascismo autoritario y fascismo totalitario 180
Fascistizar a las masas 186
El mito del Duce 191
La vía fascista a! totalitarismo 196

5. El rol del partido en el laboratorio totalitario fascista 203


El embrión totalitario del “partido milicia” 203
Crisis y metamorfosis del partido en el poder 210
Simbiosis entre partido y estado 216
El Duce y el partido 221
El prefecto y el secretario federal 227
La política del secretario federal 231
La “estrategia de expansión” del PNF 237
Un pueblo de matriculados en la escuela del “Gran Pedagogo” 245
La cantera de “verdaderos fieles” 252

6. El edificio inconcluso. El estado totalitario del fascismo 263


Una nueva Constitución para el estado fascista 263
Teoría fascista del estado totalitario 265
El estado-partido 270
El Duce: ¿héroe o institución? 274
La incógnita del “nuevo Duce" 279

7. La constante revolución. El proyecto totalitario


de Adelchi Serena 287
La agitación institucional del Partido Fascista 287
El partido en disgregación 290
Crisis del partido en la crisis del régimen 296
La potenciación del partido 311

3/63
INDICE 9

¿Un nuevo staracismo? 323


Cómo se contruve una “constante revolución” 330
El partido de la constante revolución 338
Los jóvenes, el partido y la moralidad totalitaria 347
De la reforma del partido a la reforma del estado 363

Apéndice. Documentos 377


PNF. Despacho de Estudios yLegislación. Informe 379
Reforma del Partido 384
Lincamientos para una modificación de la organización estatal 396

Notas 399
4/63
4. Partido, estado y Duce en la mitología
y en la organización del fascismo

P artido, estado y D uce fu e ro n los pilares fu n dam entales de!


sistem a p o lítico fascista. U n análisis de esos tres elem en to s, to­
m ad o s en c o n sid e ra c ió n en re fe re n c ia al p ro b le m a del m ito y
d e la o rg an izació n en el fascism o, n o s p a re c e n e c e sa rio p a ra
c o m p re n d e r la ín d o le de ese m ovim ien to -rég im en, y p a ra defi­
n ir su ubicación en el ám bito de las experien cias del autoritaris­
m o m o d e rn o . H asta ah o ra, ese aspecto de la ex p erien cia fascis­
ta g e n e ra lm e n te fue soslayado p o r los h isto ria d o res. L a m ayor
p a rte de los estudiosos del fascism o dio, p recisam ente, gran im ­
p o rta n c ia a los intereses de clase y a los ju eg o s de p o d e r para ex­
plicar la génesis y la fun ció n del sistem a político fascista. Los co­
nocim ientos que hem os ad q u irid o en ese te rre n o nos p erm iten
c o n ta r con u n p a n o ra m a b astan te claro de los vínculos en tre el
fascism o y los gru p o s d o m in an tes en el m u n d o económ ico y las
institu cio n es tradicionales, así co m o ten em o s reco n stru ccio n es
bastan te p ro fu n d a s q u e d a n c u e n ta d e las c o n d icio n es sociales
y las coyunturas políticas que p re p a ra ro n la llegada al p o d e r del
fascism o y su sucesiva estabilización. Ya se c o n o cen las situacio­
nes “objetivas” en que m ad u ró y se d esarro lló la exp erien cia fas­
cista. En cam bio, sigue siendo u n te rrito rio casi to talm en te inex­
p lo ra d o el m u n d o d e los m ito s y d e las o rg a n izacio n es d e l
fascism o. C óm o d e c ir q u e co n o cern o s las relacio n es del fascis­
m o con las situaciones “objetivas”, p e ro n o co n o cem os el fascis­
m o p o r lo q u e aq u e l e ra per se, co n la c o n se c u e n cia d e c o n c e ­
b irlo n o co m o u n fe n ó m e n o co n u n a fiso n o m ía p ro p ia sino
com o u n a re su lta n te de relacio n es. Ello deriva, seg ú n n u estro
parecer, de m enospreciar los rasgos p ro p io s del fascismo, com o
m o v im ien to -rég im en , y de la fallida p e rc e p c ió n de las relacio ­
172 EMILIO GENTILE

nes e n tre m ito y organización en la form ación del sistem a polí­


tico fascista. A quel fue considerado principalm ente, si no exclu­
sivam ente, u n in stru m en to funcional a la defensa de los in tere­
ses d e clase de la b u rg u esía, u n a c o n stru cció n h íb rid a , n o
edificada según u n a concepción de la política y de las masas, si­
n o m ás bien bajo el im pulso de situaciones co n tin g en tes e in i­
ciativas ocasionales, deb id as sobre todo a la voluntad de p o d e r
p ersonal de M ussolini, o bien considerado p ro d u cto de la mez­
cla de am bos factores. Sin salir de esa perspectiva, los estu d io ­
sos g e n e ra ro n , p o r cierto , avances im p o rta n te s en el c o n o c i­
m ie n to del fascism o. C on to d o , nos p arece que p ro se g u ir
únicam en te p o r esa vertiente solo puede llevar, ahora, a en co n ­
trar confirm aciones p ara lo ya conocido, y ad q u irid o p o r la ge­
n eralid ad , sin q u e p o r ello se haya llegado a u n a co m p ren sió n
h istó rica satisfactoria del fascism o en sus rasgos específicos. El
análisis de los intereses d e clase, de los ju eg o s de p o d e r y de la
p o lítica p e rso n a l de M ussolini es fu n d a m en tal, p e ro de p o r sí
n o a g o ta los p ro b lem as q u e la ex p e rie n c ia fascista sigue susci­
tan d o ; h asta a h o ra , tam p o co dio ai -respecto u n a resp u esta de
co n ju n to . La posibilidad de o rien tar la investigación en otras di­
recciones req u iere ad o p tar nuevas perspectivas. Esa posibilidad
se funda, a nuestro enten d er, sobre u n a valoración del fen ó m e­
n o fascista, q u e tiene su fu en te ju sta m e n te en el avance en los
conocim ientos llevado a cabo en las últim as décadas: pen sar que
el fascismo fue u n movimiento-régimen con u n a lógica propia, que
n o p u e d e identificarse p o r com p leto y resolverse con la lógica
de los intereses de clase y de la política de Mussolini, au n q u e se
en trelace con ella. El fascismo fue un fen ó m en o in éd ito , surgi­
do, com o o tros m ovim ientos políticos de la historia co n tem p o ­
rán ea, de los conflictos in h e re n te s a la sociedad de m asas m o­
d e rn a , que destin a sus afanes a la b ú sq u ed a de soluciones para
el p ro b lem a de las masas y del estado, del individuo y de la co­
lectividad, del o rd e n y del cam b io , en u n a ép o ca de ráp id as
transform aciones. El sistem a político fascista fue un in ten to no­
vedoso de solución, elab o rad o y e x p e rim en tad o d e n tro de las
estructuras de la sociedad burguesas, p ero concebido y llevado
PARTIDO, ESTADO Y DUCE 173

a cabo seg ú n u n a lógica e m in e n te m e n te p o lítica y, e n se n tid o


estricto, totalitaria.
N u e stra in te rp re ta c ió n del vínculo e n tre p a rtid o , estado y
D uce n e n e com o p u n to de p artid a algunas con sid eraciones ge­
n erale s acerca del p ro b le m a del m ito y de la o rg an izació n del
fascismo. E n p rim e r térm ino, la constatación de dos hech o s im ­
p o rtan tes:
1. El fascism o fue el p rim er partido ynilicia q u e con q u istó el
p o d e r en u n a d em ocracia liberal e u ro p ea, con la d eclarad a in­
te n c ió n de d estru irla, y q u e p la n te ó com o fin alid ad específica
suya -p rá c tic a m e n te e fe c tu a d a - afirm ar el primado de la política
so b re c u a lq u ie r o tro asp ecto de la vida in d iv id u al y colectiva,
m e d ia n te la reso lu ció n de lo privado en lo público, p ara o rg an i­
zar de m o d o to talitario la sociedad, su b o rd in á n d o la al co n tro l
de un p a rtid o único, e in teg rán d o la al estado, co n ceb id o e im ­
pu esto com o valor absoluto y dom inante.
2. El fascism o fu e tam bién el p rim e r m o v im ien to p o lítico
de n u e stro siglo q u e llevó al p o d e r el p en sam ien to m ítico, con­
sag rá n d o lo com o fo rm a s u p e rio r de ex p re sió n p o lític a de las
masas y fu n d a m e n to m oral para su organización, e instituciona­
lizándolo en las creencias, en los ritos y en los sím bolos de u n a
religión política.

Mito de la organización y organización del mito

S eg ú n n os p arece, m ito y o rg an izació n fu e ro n las c o m p o ­


n e n te s esenciales y com plem entarias de la política de m asas del
fascism o y de su sistem a político. Para los fascistas, m ito y orga­
nización n o fu ero n solo in stru m en to s artificiales de técnica p o ­
lítica, sino q u e fu ero n las categorías fund am en tales p o r cuyo in­
term ed io los fascistas in te rp re ta ro n los problem as de la sociedad
de masas m o d e rn a y definieron su sitio en esa realidad, para ac­
c io n a r so b re ella y p a ra tran sfo rm arla. C on u n ju e g o de p ala­
bras, p u ed e decirse que el fascismo co n tó con el m ito de la o r­
ganizació n y de ello in te n tó o rg an izar u n m ito en la realidad,
•J. ·'

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174 EMILIO CENTILE

esto es, de traducirlo en instituciones y en form as de vida colec­


tiva. El n e x o e n tre m ito y o rg an izació n e c h a b a raíces en u n a
concepción de la política y de las masas ap arecida m u ch o tiem ­
p o antes del fascismo, con el d esprecio d e la razón com o re g u ­
la d o ra sup rem a del h o m b re y de la historia, y el d escu b rim ien ­
to del p o d e río de lo irra c io n a l en los m o v im ientos colectivos.
M ito y organización ya h ab ían sido exam inados p o r Le B on, So­
rel y M ichels com o in stru m e n to s fu n d a m e n ta le s d e la p o lítica
de masas, necesarios p ara suscitar la en erg ía de las masas y para
tran sfo rm arla en u n arm a política o rd e n a d a y eficaz. A un antes
de la g u e rra m undial, el m ovim iento nacionalista y el sindicalis­
m o re v o lu c io n a rio h a b ía n a d o p ta d o y p u e sto en p rá c tic a esa
co n cep ció n , ex altando la función del m ito y de la organización
p ara u n a política de m asas definida com o “voluntad de concre­
ción y de p o d e río ”. El fascismo in tegró esa co n cep ció n con los
m itos nacidos d e la ex periencia d e la g u e rra y del escuadrism o,
d a n d o fo rm a p au latin am en te a u n a nueva ideología antiideológica
caracterizada, ya en sus prim eras form ulaciones, p o r u n a o rien ­
tació n to ta lita ria . El fascism o fue c o n scien te, desd e sus o ríg e ­
nes, de la im p o rtan cia del m ito en la política de masas. Los fas­
cistas h a b ía n a p re n d id o de Sorel y Le Bon q u e el m ito e ra u n
p o d ero so factor p ara la movilización y la cohesión de las masas.
Así, en el II Popolo d ’I talia del 5 de ju lio de 1922 se lee que para
volverse u n “incoercible m ovim iento p ro p u lso r”,u n p artid o p o ­
lítico d e b e te n e r u n m ito, “p o r el cual p a rezca su p re m a m e n te
bello y necesario vivir y tam bién m o rir”:

El mito, por el que solo las grandes masas se mueven, siem­


pre es la sublimación, la simplificación de un trabajoso y com­
plejo proceso espiritual y moral, es la síntesis superior de to­
da una nueva y más o menos orgánica concepción de la vida
y del m undo y siempre halla expresión en una palabra, en
un lema, en un símbolo [...] que tienen la virtud de grabar­
se nítidamente en los ánimos y ejercer un encanto —el que se
quiera- sobre las multitudes, incapaces de meditación y de
pensamiento y dispuestas a todos los lances y entusiasmos.*22

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PARTIDO, ESTADO Y DUCE 175

La ideo lo g ía “antiid eo ló g ica” del fascism o fue esencialm en­


te ex p re sió n d e u n p e n sa m ie n to m ítico , e la b o ra c ió n d e m itos
políticos ya p re se n te s en fo rm a e m b rio n a ria d u ra n te el p rim e r
p erío d o de fo rm ació n del “p artid o m ilicia”, co n ceb id o com o o r­
ganización cim en tad a en el m ito de la n ació n , p ara h a c e r reali­
dad nuevos m itos de gran d eza y de p o d e río , re p re se n ta d o s p o r
la “ro m a n id a d ”, el “im p e rio ”, el “estado n u ev o . La elaboración
de esos m itos n o d eb e h acer p en sar solo en u n a o b ra efectu ad a
p o r fríos, ex p erto s planificadores de la m an ip u lación de las m a­
sas y de la p ro p a g a n d a . In d u d a b le m e n te la co n c ien cia del p o ­
d e r m ítico tenía u n resultado in stru m en tal; p e ro los pro p io s fas­
cistas o b ra ro n d e n tro de la lógica de los m itos q u e p ro p o n ía n a
las masas. Incluso su concepción de la p o lítica, co m o expresión
de la v o lu n ta d de p o d e río de u n a m in o ría capaz de p lasm ar la
realid ad y al h o m b re, e ra p risio n era del m ito. Los fascistas con­
cebían la política “com o audacia, com o tentativa, com o e m p re n ­
d im ien to , com o insatisfacción con la re a lid a d , co m o av en tu ra,
co m o c e le b ra c ió n del rito de la acció n ; p a ra ellos la p o lític a
e ra “vida en el sen tid o pleno, absoluto, o b sesio n ante de la pala­
b ra ”. En la Dotirina del fascismo, texto p a ra los cursos de p re p a ra ­
ción política del PNF d u ra n te el rég im en , se d e fin ía la política
com o “acción c re a d o ra libre y volitiva de g ru p o s especiales de
h o m b re s q u e o b ran bajo la in flu en cia de m itos sociales”.323 To­
davía en ju n io de 1942 u n jo v en fascista m anifestaba su fe en el
mito de la política'. “N uestras posibilidades fu tu ra s son ilim itadas,
n o a c e p ta n o tra fro n te ra q u e n o sea el q u e n o so tro s d e lib e re ­
m os fijarle”.324 G iu sep p e B ottai c o n fesab a en 1944 h a b e r sido
u n a víctim a c o n scien te de esa c o n c e p c ió n d e la p o lítica: “Fui­
m os llevados a con fiar en nosotros; eso q u iere d ecir en n u estra
v o lu n ta d , la cual n o s hizo r e p u ta r ilim ita d o n u e stro p o d e río
c re a d o r [...] obram os com o si la p o lítica fu e ra el arte de lo im ­
posible,-de lo maravilloso, de lo m ilagroso”.325
Esa concepción fascista e n c o m e n d ó a la p o lítica la función
de cre a r y c o n c re ta r m itos políticos, esto es -c o m o escribió Ca­
m illo Pellizzi en 1924—, de c re a r “m o n u m e n to s h istóricos” con­
176 EMILIO GENTILE

cretan d o en el estado nuevas form as de organización de la vida


colectiva.326 El nexo e n tre mito de la política y manía de organiza­
ción h ab ía sido fijado indisolublem ente p o r el fascismo ya en los
prim eros tiem pos de construcción del estado totalitario, p o r su
parte tam bién concebido m íticam ente com o instru m en to y m e­
ta de la “revolución c o n sta n te ”, creació n p e re n n e y n u n ca ago-
table de u n a “nueva civilización p o lítica”. El p en sam ien to m íti­
co dio im pulso al desarro llo de la o rganización totalitaria, que
h a b ría tenido que transfundirlo a las masas y transform ar el ca­
rá c te r de las masas bajo la su gestión del m ito. El to talitarism o
fascista, escribía II Popolo d ’I talia d el 25 de noviem bre de 1926,
n o p u e d e a d m itir zonas n e u tra s en la vida italiana: “Fascistizar
las masas: he aquí el verd ad ero , g ran p ro b le m a ”.327 El éxito de
la revolución fascista d e p e n d ía de la capacidad de h acer funcio­
n a r el p e n sa m ie n to m ítico e n la “sistem atización d e la fe ”, de
u n ex trem o a o tro de la vida colectiva de la organización:

Cuando hablamos del “hombre nuevo” queda claro que pre­


tendemos hablar de la Sociedad nueva. La más seria y la más
verdadera ocupación del Fascismo es, precisamente, madu­
rar nexos sociales, un humus político e histórico, en que crez­
ca el individuo y se formen las nuevas generaciones. Para ello
se requiere mucha fe y poquísima teoría; esto es, se requiere
que sobre la vida nacional imperen mitos [...]. El mismo len­
guaje del Jefe, ta misma praxis política del Régimen funcio­
nan en los mitos; más que programas hay tareas, más que fór­
mulas hay mandatos, más que filósofos hacen falta soldados
[...]. Por lo demás, los mitos siempre acompañan ¡a confor­
mación de una gran civilización; la ayudan a desarrollarse, la
hacen triunfar, como fuerza y corno idea universal [...] siste­
matizar la fe, remitirla a tareas precisas y determinados obje­
tivos es el único medio para fundar los nuevos órdenes de la
sociedad.328

L a tarea de “sistem atizar la f e ”, d e o rg an izar el m ito para


h acerlo p e n e tra r en el ánim o de las masas fue cum plida princi­
p a lm e n te p o r el P artid o Fascista. E n co n tram o s la co n tin u id a d
PARTIDO, ESTADO Y DUCE 177

de u n a lógica e n tre los p ro p ó sito s fo rm u lad o s al inicio del fas­


cism o y el b alan ce de la o b ra realizad a p o r el P a rtid o Fascista:
plasm ar en form as de vida colectiva el m ito del estado to talita­
rio, m ed ian te la expan sió n de la organización del PNF. Es muy
fácil iro n iz a r acerca d e las am biciones fascistas y ex p resar fu n ­
dad as du d as resp ecto del éxito de ese e x p e rim e n to totalitario ,
p ero n o p u ed e m enospreciarse la p ráctica y el significado de la
puesta en m archa de ese m ism o ex p erim en to y la lógica con que
fue llevado ad elan te d u ra n te veinte años.
El fascism o, co m o m o v im ien to p o lític o d e m asas, a d o p tó
desde sus o ríg e n e s el c a rá c ter de partido milicia, organiz.ando a
sus ad h e re n te s en el escuadrism o, co n u n a je ra rq u ía y u n a dis­
cip lin a m ilitar, y tra n sfirie n d o al co m b a te p o lític o la an títesis
“am igo-enem igo”, los m éto d o s y las actitudes del estado d e gue­
rra. El P artido Fascista in tro d u jo la militarización de la política en
sus form as de o rg a n iz a c ió n y de lu c h a y, con el paso del tiem ­
po, en las form as de vida colectiva de los italianos, m ientras que
en los ritos y e n los sím bolos a d o p tó d esd e un p rin c ip io el ca­
rá c te r de u n a “m ilicia civil” al servicio de la “relig ió n de la n a­
c ió n ”, in to le ra n te e integralista. Ese carácter orig in ario fue, p a­
ra el PNF, derivado del escuadrism o, y d e te rm in ó decisivam ente
inclusive las m odalidades de organización del fu tu ro estado fas­
cista. La m ilitarización del partido, form alizada de m an era esta­
ble en 1922, antes de la conquista del poder, fue el p rim er paso
hacia la p ráctica to talitaria de la o rg an izació n , q u e el fascism o
buscaría e x te n d e r y aplicar a todos los aspectos de la vida social.
El objetivo del fascismo, tal com o se fue p recisan d o d u ra n ­
te su desarrollo, antes y d esp u és de la con q u ista del p o der, fue
una revolución política que, dejando intactos los pilares fu n d a­
m entales de la sociedad burguesa, h a b ría de tra n sfo rm ar la ar­
q u ite c tu ra y las fu n cio n es del estado u n ita rio p a ra ed ificar un
“estado nuevo”. D espués de 1922, ése se volvió el m ito d o m in an ­
te del fascismo: se im aginaba el “estado n u ev o ” según los linca­
m ientos de u n proyecto in éd ito de dom in ació n política absolu­
ta, p o r p a rte de u n a “aristo cracia del c o m a n d o ” capaz de
transform ar, p o r m ed io de la acción del m ito y de la organiza-
178 EMILIO GENTILE

ción, el carácter de los italianos y crear u n a “nueva civilización


política", en q u e se resolvería el problem a de las masas y del es­
tad o , co n la in te g ra c ió n de la sociedad en el estad o gracias al
p a rtid o ú n ico totalitario. D espués de la conquista del p o d er, el
fascism o siguió elab o ran d o el m ito del “estado n u ev o ” e in ten tó
h a c e rlo re a lid a d con u n e x p e rim en talism o in stitu c io n a l, que
utilizó las e stru c tu ra s d el ré g im en an terio r, a d ap tán d o las a sus
fines totalitarios, y su m ándoles sin cesar nuevas in stitu cio n es o
m o d ifican d o ra d ic a lm e n te algunas de las ya existentes. El p ro ­
ceso de co n stru c c ió n d el estado fascista n o se desenvolvió con
u n a siste m a tic id a d lin e a l y o rg án ica, sino q u e d e m o s tró u n a
co h e re n c ia sustancial en su ten d encia a h acer cada vez m ás efec­
tiva la politización, en sentido fascista, de todos los aspectos de
la vida individual y colectiva. La p o lítica d e m asas del fascism o
tuvo u n a prevalente actitud pedagógica, o rien tad a a la socializa­
ción fascista de la m entalidad, de las ideas y d e las conductas de
los italianos, p a ra cre a r u n a “c o m u n id a d ” am algam ada p o r u n
cred o p olítico y org an izad a en u n a je ra rq u ía d e fun cio n es y de
com petencias.
El e m b rió n to talitario del partido milicia se d esarro lló , des­
p ués d e la c o n q u ista del p o d er, con u n a acción sim u ltán ea de
d e stru c c ió n del rég im en liberal y d e co n strucción del rég im en
fascista. P o r lo g eneral, los h istoriadores reco n o cen que la cons­
tru c c ió n d el rég im en fascista com enzó, de m a n e ra decisiva, en
1925, y siguió g ra d u a lm e n te hasta los años de la S eg u n d a G ue­
rra M undial. Las bases ju ríd icas del régim en fascista se e c h a ro n
co n la legislación au to ritaria prom ulgada en tre 1925 y 1929, que
p ro d u jo u n q u ieb re en la co n tin u id ad del o rd en italiano, tal co­
m o se h a b ía d e sa rro lla d o con el ré g im e n lib eral. El m o m e n to
de q u ieb re - o los m o m en to s de q u ie b re - todavía es tem a de dis­
cusión e n tre los estudiosos; p e ro hoy en día pocos n ieg an que
el rénOim en fascista fue u n a realidad cualitativam ente distinta del
ré g im e n an terio r, a u n q u e de este haya co n serv ad o y ex asp era­
do , en se n tid o a u to rita rio y represivo, m u ch as e stru c tu ra s. Al
com ienzo d e los añ o s tre in ta , los rasgos esenciales del sistem a
p o lítico fascista estab an definidos y consolidados: u n “ré g im e n

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PARTIDO, ESTADO Y DUCE 179

c e rra d o ”, irreversible, fu n d a d o sobre u n a c o n c e p ció n je rá rq u i­


ca dei p o d e r e m a n a d o desd e lo alto, con la sustancial elim in a­
ción de la división de p o d e re s y la exaltación de la p rim a c ía del
ejecutivo, ejercido fo rm alm en te en n o m b re del rey, p e ro d e h e­
cho co n c e n tra d o en m anos del “jefe de g o b ie rn o y d u ce del fas­
cism o ”, y d efin itiv am en te su straíd o al c o n tro l d el p a rla m e n to .
C on el e sta tu to d e 1926, q u e in tro d u jo el sistem a de n o m b ra ­
m ien to d esde lo alto de los cargos je rá rq u ic o s y asignó al G ran
C onsejo la tarea de im p a rtir las directivas al p a rtid o , consagran­
do la figura del d u ce co m o “g u ía su p re m o ”, se su b o rd in ó al es­
tado el PNF, p o r m ás q u e este conservara u n a posición cen tral y
a d q u irie ra u n rol y u n a fu n ció n p re d o m in a n te s re sp ecto de los
dem ás in stitu to s y o rg an izacio n es p ro p io s d el ré g im e n fascista.
D icho ré g im e n se p re s e n ta b a e x te rio rm e n te c o m o u n a estru c­
tu ra m o n o lític a , so b re la cual d esco llab a la fig u ra carism ática
del D uce. C om o ya es sabido, p o r detrás de la fach ad a h ab ía u n
c o n g lo m e ra d o d e d ife re n te s fuerzas, q u e se m a n te n ía n ju n ta s
p o r o b ra del com p ro m iso q u e el fascismo h ab ía establecido con
las fuerzas tradicionales; co n g lo m erad o ad m in istrad o p o r el ar­
te m e d ia d o r y carism ático de M ussolíni. Las in stitu cio n es trad i­
cionales -c o m o m o n a rq u ía , ejército, m ag istratu ra, b u ro c ra c ia -
n o fu e ro n “fascistizadas" en el sentido p re te n d id o p o r los fascis­
tas intransigentes, p e ro se ad ap taro n al nuevo rég im en , q u e p re­
servó fu e ra de discusión el m o n o p o lio del p o d e r p olítico. En la
sociedad, la Iglesia rep resen tab a el m ayor obstáculo para las am ­
biciones totalitarias del fascismo. Sobre la base de estos hechos,
algunos estudiosos afirm aro n que el régim en fascista n o fue un
sistem a to ta lita rio sin o sólo u n a d ic ta d u ra p e rs o n a l o u n rég i­
m e n au to ritario de tipo tradicional, au n q u e provisto de algunas
e stru ctu ra s m o d e rn a s d e co n tro l y m ovilización de masas. A de­
más, según ese en fo q u e, el rég im en fascista d e b e ría co n sid erar­
se m ussoliniano antes q u e fascista. En consecuencia, los que se­
ñ a la m o s co m o e le m e n to s p ro p io s del to ta lita rism o fascista se
re d u c iría n a h e c h o s m arg in ales, si n o h a sta d e sd e ñ a b le s, p ara
c o m p re n d e r el sistem a político fascista. Esa valoración deja irre­
su elto s m u c h o s p ro b le m a s en lo c o n c e rn ie n te a la p o lítica de
180 EMILIO GENTILE

m asas deí fascism o, sus fo rm as de o rg an izació n y de moviliza­


ción y sus objetivos. T am bién, en este enfoque, se red u c e el rol
del P artid o Fascista a la fu n ció n de u n a m aq u in a ria de p ro p a ­
g an d a y de cerem onias, sin p o d er real y som etida p o r com pleto
a la voluntad de M ussolini. Según n u e stro p arecer, ese tipo de
in terp retació n e n c u e n tra su m ayor lím ite en la circunstancia de
to m ar en co n sid eració n al fascism o de m odo estático, com o si
en tre la década de 1920 y la de 1930 n o se h u b ie ra n pro d u cid o
cam bios im portantes en la vida del rég im en fascista y en su evo­
lu ció n , y n o to m a en c u e n ta la lógica q u e aco m p a ñ ó la ex p e­
rie n c ia fascista, au n e n tre c o n tra d ic c io n es e im provisaciones,
que p o r cierto n o faltaron en la dinám ica del fascismo.

Fascismo autoritario y fascismo totalitario

P ara c o m p re n d e r la ín d o le h istó rica del ré g im e n fascista


en su co n creto devenir, es preciso to m ar en consideración que
consistió e n u n a realidad h etero g én ea, en constante m ovim ien­
to y en p e re n n e cam bio, bajo la acción de factores objetivos y
subjetivos. Es im prescindible diferen ciar en tre esos factores pa­
ra d is c e rn ir en el sistem a fascista las in n o v acio n es ad o p tad as
p a ra h acer fren te a los p roblem as que cu alq u ier estado capita­
lista m o d e rn o e n c o n tró an te sí en el p e río d o en tre am bas gue­
rras, y las innovaciones que a contrario resp o n d ía n a la lógica y
a la dinám ica propias del fascismo, y resultaban co h eren tes con
su co n cep ció n de la política y de las masas. O tro h e c h o a con­
sid erar es la presencia, en el rég im en fascista, de u n a constante
te n sió n , a u n q u e n u n c a evidenciada com o conflicto d esem b o ­
zado, si n o a com ienzos del g o b iern o fascista y en los meses que
p re c e d e n la caída de M ussolini, e n tre fascismo autoritario)’ fa s­
cismo totalitario.
Esas dos c o m p o n e n te s c o n c o rd a b an en su d iagnóstico de
la crisis de tra n sic ió n de la sociedad trad icio n al a la sociedad
de masas, q u e - p a r a am b as- im plicaba rechazar la dem ocracia
liberal, y acep tab an com o solución moderna para el problem a de
PARTIDO, ESTADO YDUCE 181

las m asas y d el estado, el “rég im en c e rra d o ” c o n stru id o p o r Al­


fre d o R occo. P ero , m ie n tra s el fascismo autoritario c o n sid e ra b a
definitivo y sustancialm ente com pleto el sistem a estatal co n cre­
tado en tre 1925 y 1929, p a ra el fascismo totalitario to d o consistía,
en cam b io , sólo e n u n p rim e r estad io e n d ire c c ió n a la co n s­
tru c c ió n de u n estad o in te g ra lm e n te fascista; u n estad io q u e
ú n icam en te c o rre sp o n d ía a la “e ta p a de c o m p ro m iso ” de la re ­
volución, cu a n d o la u rg en cia de “p e rd u ra r" h ab ía im puesto u n a
d e te n c ió n en las am biciones del fascism o rev o lu cio nario, p e ro
u n estad io q u e p re c isa m e n te p o r ello h a b ía q u e s u p e ra r p a ra
avanzar hacia la plasm ación del m ito totalitario. U n a vez conso­
lid ad a la posesión del poder, el itin erario de la “rev o lución fas­
cista” d eb ía pasar a la etap a de las transform aciones radicales, a
la efectiva fascistización de la sociedad. El fascismo totalitario re ­
clam aba nuevos experim entalism os político institu cionales, p a­
ra c o n c re ta r de m o d o más efectivo y c a p ila r la in te g ra c ió n de
las m asas al estad o y p a ra cre a r el “estad o n u e v o ”: el “rég im en
c e rra d o ” de los años veinte era tan solo el ru d im e n ta rio esque­
leto de aquel, y todavía dejaba fu era d e sus lím ites dem asiadas
zonas no fascistas o afascistas.
S egú n creem os, en la d écad a de 1930 el fascismo totalitario
ganó nuevo ím petu, sobre todo por iniciativa del P artido Fascis­
ta, y se desplazó en tres direcciones; hacia la d efin ición id eoló­
gica del estado totalitario, hacía la am pliación sistem ática de las
form as de organización y movilización de las masas, bajo el m an­
do del PNF, p ara u n a o b ra capilar de fo rm ació n en sen tid o fas­
cista, y hacia la radicalizadón del proceso de co n cen tració n del
p o d e r en el fascism o, m erced a u n a c re c ie n te e x p an sió n de la
presencia del p artid o en la sociedad y en el estado, con u n a n u e­
va serie de refo rm as que cam biaron su stan cialm en te la an tig u a
constitución del reino.
Lo qu e hoy resulta evidente a quien observa la realidad del
fascism o en la se g u n d a m itad de los añ o s tre in ta , d esp u és del
éxito en la co nquista de Etiopía, es la aceleración, consciente y pro­
gramada, del proceso de totalitarizadón de la sociedad y del estado. En
ese p erío d o el PN F expandió, bajo el m an d o de Starace, su pre-

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182 EMILIO GENTILE

sencia activa e n la sociedad, m ultiplicó la can tid ad de sus insti­


tuciones y d e sus tareas. En 1937, con la creació n d e la GIL, el
p a rtid o tom ó el m o n o p o lio de la form ación d e las nuevas gene­
raciones, desde la p rim era infancia hasta el ñ n a l de sus estudios.
A dem ás, m ed ian te form as cada vez m ás m eticulosas d e rituales
de masas, el PNF p ro c u ró intensificar la fascistización de los h á­
bitos y d e la co n d u cta pública y privada, se hizo cargo de m an e­
ra cada vez más intransigente y form alista d e la función de insti­
tución custodia de la “fe”. D esde el p u n to de vista institucional,
el h e c h o más significativo, d u ran te la etapa de aceleración tota­
litaria, fue la creación de la C ám ara de los Fasci y de las C orpo­
raciones, decid id a p o r el G ran C onsejo el 14 de m arzo de 1938,
m o m e n to en que tam b ién se decidió “p ro c e d e r a c o m p letar la
re fo rm a constitucional con la p uesta al día del E statuto del Rei­
n o ”. O tro acontecim iento significativo fue que se confirieran, en
1937, las fu n cio n es d e m inistro secretario de estado al secreta­
rio d el PNF. C on el e sta tu to d e 1938, el PN F se volvía fo rm a l­
m e n te el “p a rtid o ú n ic o ” y p o r p rim e ra vez se le asignaban co­
m o tareas específicas d efe n d e r y p o te n c ia r la revolución fascista
y la ed u cació n política de los italianos. En 1941 otras m edidas,
p ro p u estas p o r el en to n ces secretario A delchi Serena, b u e n co­
n o c e d o r de la m aq u in aria del p a rtid o y resuelto, siquiera en el
breve p e río d o d e su gestión, a im p rim irle u n nuevo y eficiente
dinam ism o, co n trib u y ero n a reforzar la posición del p artid o en
el estado. Incluso en esa etap a de aceleraáón totalitaria, el p a rti­
d o seguía fo rm a lm e n te su b o rd in a d o al estad o fascista: en ello
el totalitarism o fascista se diferenciaba del nazi y del com unista.
De h e c h o , p ese a las su gestiones q u e p o d ía n e je rc e r estas dos
ú ltim as e x p erien cias, q u e h a b ía n avanzado m u c h o m ás e n el
p roceso de totalitarización, el fascism o n u n c a llegó a sancionar
fo rm a lm e n te la su p erio rid ad del p a rtid o p o r so bre el estado, y
a c o n sid erar el estado, com o e ra p o r ejem plo e n el nacionalso­
cialism o, u n in stru m en to del p artid o para h acer realidad su p ro ­
p io m ito rev o lu cio n ario . El fascism o n u n c a a b a n d o n ó el m ito
d el esta d o to talitario , com o p rin c ip io d o m in a n te e in sp ira d o r
d e su accionar.329 C uando, en especial hacia el final de los años

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PARTIDO, ESTADO Y DUCE 183

trein ta, los fascistas h ic ie ro n m ás d e n s a si p o lé m ic a ace rc a d el


rol del p a rtid o en el estad o y so lic ita ro n u n a m ayor iniciativa
a u tó n o m a del PNF, n o p o n ía n en e n tre d ic h o la prim acía m ítica
del “estado n u e v o ”. Eso p erm itía, sin em b arg o , q u e se in c u rrie ­
ra en u n a evid en te co n trad icció n , d e lib e ra d a m e n te vuelta más
estrid en te p o r la p re n sa y la p ro p ag an d ística cercan a al p a rtid o
y p o r el fe rv o r to ta lita rio d e las n u evas g e n e ra c io n es, e n tre el
m ito del “estado n u e v o ” y la re a lid a d del estado existente, que
conservaba, en las instituciones y en los valores leg itim antes, el
carácter de estado tradicional “s u p ra p a rtid a rio ”, y todavía n o se
hab ía vuelto el estado fascista. Juristas, ideólogos y h o m b res del
p a rtid o re a b rie ro n la q u e re lla acerca d el p ro b le m a del p a rtid o
en el estado, y acerca de la fu n ció n del PNF p a ra la con creció n
in teg ral d el estado fascista. In se rtá n d o se g ra d u a lm e n te d e n tro
de las estructuras del estado existente, el PNF h ab ía co n trib u id o
a transfo rm arlo en sen tid o fascista; p e ro el resu ltad o todavía no
e ra totalitario . P o r ese m otivo, los fascistas “to ta litario s”, e n tre
los que se co n tab an las nuevas g en eracio n es, am én de los fascis­
tas intran sig en tes e integralistas d e vieja data, n o se sentían liga­
dos a la conservación del estad o ex isten te, q u e les p a re c ía u n a
constru cció n h íb rid a de elem en to s viejos y nuevos, y dem asiado
lim itada y c o n d ic io n a d a p o r la su p erv iv en cia de g ran can tid ad
de “islas ap a rta d a s” q u e aú n e lu d ía n la fascistización.
Si bajo esa óptica se tom a en consideración el vínculo en tre
partido y estado, p u ed e decirse que, m ás allá de la subordinación
form al del PNF al estado, h u b o p o r p arte del P artido Fascista un
co n stan te, si b ien discreto, afán antiestatalista, te n d ie n te a co n ­
trarrestar el p o d e r efectivo del estado tradicional. El antiestatalis-
mo fascista ten ía u n a p o ten cial carg a destructiva, q u e el PNF, es­
p ecialm e n te en la ép o ca de S tarace y d e la breve gestió n de
Serena, quiso nutrir, p ero in te n ta n d o no provocar las reacciones
d e sospecha y las sanciones punitivas del Duce, que se considera­
ba el tu to r de la integridad del estado “su p rap artid ario ”. Con to­
do, ju stam en te la aceleración totalitaria d u ran te los años treinta de­
bía h a c e r q u e reco b rase a lie n to el an tiestatalism o del fascismo
totalitario. En las nuevas g en eracio n es se hallan n u m erosas seña­
184 EMILIO GENTILE

les de insatisfacción por lo inam ovible del com prom iso con el es­
tado tradicional, m ientras q u e se hacían req u erim ien to s al PNF
p a ra la acción revolu cio n aria. No e ra n pocos los fascistas que,
cada vez más explícita y abiertam ente, evocaban la fase “heroica”
del escuadrism o com o m om ento del "estado n acien te” del parti­
do revolucionario, forzado dem asiado p recozm ente, tras la con­
quista del p oder, a vivir atad o a u n com prom iso conservador, y
reco rd ab an que el im pulso p ara transform ar el estado había pro­
venido del partido, tam bién que el PNF

... es el único depositario de la idea revolucionaria, es el que


da alimento a los restantes organismos e instituciones de la
Nación, cuyas virtudes y cuyo contenido revolucionario ha­
llan tan solo una fuente y, lo que más cuenta, un solo juez,
además -se sobrentiende- del mito vivo de la Revolución, va­
le decir el Partido [...] el Estado fascista fue creado por la
Revolución, esto es por el Partido que de esta revolución es
depositario e intérprete y, como tal, único y verdadera fuerza
motora del Estado.»30

La in ten sid ad de esas señales es tal que no p erm ite que se


las considere únicam en te com o retó rica política que florece so­
b re u n a re a lid a d d e c a d e n te. P recisam ente p o r las característi­
cas propias de u n a p ro p ag an d a totalitaria, esas señales delatan
situaciones, fu n g e n de hendijas que p e rm iten ver las tensiones
y las o rien tacio n es que tie n e n cabida en el sen o de la realidad
fascista, en el m o m en to en que “au to ritarism o” y “totalitarism o”,
“estafcalismo” y “m ito del estado n u ev o ” e n tran en u n a etapa de
conflicto directo ante la hipótesis de u n fu tu ro del fascismo sin
M ussolini, que constituyó la dram ática in cógnita en el “verani­
llo de San M a rtín ” d el fascism o en el p oder. En ese co n tex to ,
c o b ra n especial significado -s iq u ie ra , p a ra u sar térm in o s de
Bloch, com o discursos vanos que echan luz sobre realidades p ro ­
fu n d a s - las afirm acio n es in clu id as en u n a p u b licació n oficial
del PNF p a ra c e le b ra r el Ventennio d el fascism o en el poder; el
PNF tiene “la m isión más am plia y no tran sito ria de h acer vivir
PARTIDO, ESTADO Y DUCE 185

sin solució n de c o n tin u id a d la id ea de] m ovim ien to revolucio­


n ario en el estado, garan tizan d o con el paso del tiem po no sólo
la v italidad d el m o v im ien to sino tam b ién la a d h e sió n -p le n a ,
c o m p le ta y o p e ra tiv a - d el estad o a sus p o stu la d o s; p o r eso,
“am én de institucional, incluso idealm ente n o es posible p en sar
el estado sin el p artid o y n o es posible p en sar que e n cierto m o ­
m e n to la funció n del p a rtid o p u e d a d e c a e r”. La ad v ertencia se
dirigía a aquellos, todavía fascistas “a u to rita rio s”, que pen sab an
en u n a tran sfo rm ació n del rég im en con u n regreso al a u to rita ­
rism o trad icio n al, sin u n p a rú d o ú n ico con fu n c io n e s to talita­
rias. El p artid o advertía a esos fascistas que

... en un sentido genuinamente político el Partido es sin du­


da superior al Estado [porque es] el portador de ese conjun­
to de valores políticos que da vida y sustancia al Estado, im­
primiéndole determ inada orientación [...] Por ende, el
Partido reside en el origen del Estado [mientras que] en un
sentido estrictamente jurídico el Estado se hace cargo, en
cambio, del contenido político del Partido, encuadra al Par­
tido en su propia estructura formal y en tanto el Partido ad­
quiere una existencia estatal, esto es, la plenitud de sus re­
cursos y de sus efectos, en cuanto existe en el Estado.331

Se volvía a afirm ar, en definitiva, el prim ado del p en sam ien ­


to m ítico en el activismo fascista, im pulso g en u in o y n u n c a apla­
cado p a ra la acción p o lítica c o n ceb id a com o creació n de “m o­
n u m en to s históricos” y co ncreción de mitos. C om o h ab ía escrito
Pellizzi en 1925, los fascistas ven el estado “com o el in stru m e n ­
to social p ara plasm ar u n m ito ”; p o r lo q u e el estado fascista no
es u n a realidad fija, sino un proceso en proceso de realización”.
La prim acía del estado, que d o m in ab a to d o el universo id eoló­
gico y organizativo del sistem a p o lític o fascista, se basaba p o r
com pleto sobre u n a cisión m ítica del estado:

... el genuino fascismo tiene una divina repugnancia por cris­


talizarse en estado. La mentalidad burguesa se aferra a la fre­
cuente expresión, usada por nosotros, de “estado nacional”

63
186 EMILIO GENTILE

o “estado ético”. Y, piensan, cuando hayamos visto en qué


consiste, sabremos también en qué confiar, sabremos dónde
asestar el golpe para abrir camino a nuestras personalidades
y a nuestros intereses.
Sin embargo, se engañan. El estado fascista es, más que un es­
tado, una dínamo. El estado fijo y determinado es una necesi­
dad de las aristocracias en declive, o de las masas anónimas;
en cambio, el fascismo es una aristocracia que debe afirmarse,
y por naturaleza no puede cerrarse sobre sí misma [...] El universo
es, por intermedio de un pueblo y de un país dados, el campo
de acción de ese estado-dínamo en cuyo seno llega a constituir­
se el fascismo. El universo es el panorama de ese optimismo trá­
gico y activo, materializado por completo en concreción, fe, pa­
sión y batalla; actitud del espíritu y de la voluntad que ya en
hora temprana se nos presenta como típicamente italiana

C om o dem ostración em blem ática de la co n tin u id ad de u n a


actitu d m en tal que n o se m odificó y corrigió en la p ru e b a de la
experien cia, sino q u e m antuvo in tacta su p ro p ia fe en el pensa­
m iento mítico, en 1941 el propio Pellizzi volverá a am onestar a los
fascistas llam ándolos a la p e rp e tu a p u esta en p ráctica del mito:

A nosotros, los fascistas, no nos está perm itido pensar que


ese proceso de “fascistización del estado” pueda tener alguna
vez su plasmación plena No sólo el Partido Fascista de­
berá abstenerse en todo momento de ilusionarse con haber
fascistizado definitivamente el estado, sino que como prime­
ra medida nunca deberá presuponer haberse fascistizado por
entero a sí mismo.333

Fascistizar a las masas

El p ro b lem a d e la fascistización totalitaria nos reenvía al nexo


e n tre m ito y organización en la política de masas del fascism o y
en su sistem a político. Desde la perspectiva del fascismo, el p ro ­
blem a de las masas era el banco de p ru e b a para su capacidad re-

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PARTIDO, ESTADO Y DUCE 187

v o lu cio n aria al c o n stru ir una “n u eva civilización p o lític a ”, que


d ebía ser civilización de masas organizadas e in teg radas e n el es­
tado. El fascismo - e n palabras de A gostino Nasti, publicadas p o r
Critica Fascista el 15 de agosto de 1933- “es la organización polí­
tica de las g ran d es masas m o d e rn a s ”. Su afirm ació n ex p resab a
u n a finalidad y un ideal antes que u n a realidad, p ero resum ía la
in tenció n m ás íntim a de la política y de la m itología fascistas. Se­
gún había afirm ado II Popolo d ’Italia, la educación p o r im p artir a
las m asas, en ta n to “in teg ral y to ta lita ria ”, es “el p ro b le m a cen ­
tral, q u e fo rm a u n to d o co n el p ro b le m a p o lític o del Fascis­
m o ”.334 O rganizar a las masas se to rn ó el principal objetivo de la
p o lítica fascista, p e rse g u id o co n v o lu n ta d m an íaca; así, llevó a
que el fascism o se a p ro p ia ra de las o rg anizaciones sociales exis­
tentes, a c re a r algunas nuevas, a m u ltip lic a r en e x te n sió n e in­
tensidad las estructuras en cuyo seno h acer confluir desde la pri­
m era infancia a la m ayor cantidad de h o m b res y m ujeres. Escribía
el secretario federal de R om a en 1932:

Nosotros creemos en un Fascismo cuantioso, y por ello tota­


litario, que en el terreno político no deje fuera de circula­
ción a ningún buen italiano. La preocupación por crear, tam­
bién en la cantidad, un Régimen totalitario no tiene valor de
política interna ni es inspirada por tem or alguno. Nace, di­
cha urgencia totalitaria, de la misma voluntad del Fascismo
por reelaborar una usanza; será una nueva manera de vivir
para todos los italianos.335

El fascism o siguió ese g e n u in o im p u lso , c o h e re n te co n su


concepción de la política y de las masas, del m ito y de la o rg an i­
zación, p a ra tra n sfo rm a r la m asa en u n a colectividad organiza­
d a em b eb id a de m itos fascistas y p a rtíc ip e entu siasta de los em ­
p re n d im ie n to s de g ran d ig n a ta rio d e c id id o s p o r el D oce. En
1932, M ussolini dijo a Ludwig:

La masa para mí no es otra cosa que un rebaño de ovejas,


mientras no está organizada. Bajo ningún concepto soy hos­
188 EMILIO GENTILE

til con ella. Sólo niego que pueda gobernarse por sí sola. Pe­
ro si se la maneja, es preciso comandarla con dos riendas; en­
tusiasmo e interés. Quien sólo se vate de uno de estos dos co­
rre peligro. El perfil místico y el político se condicionan uno
ai otro.336

El fascismo totalitario co n sid erab a que o rg an izar y co n tro lar


a las m asas e ra n la co n d ic ió n p a ra tra n sfo rm a r el carácter, la
m en talid ad , la co n d u cta de aquellas, y así p ro d u cir la adhesión
activa al fascism o. Los fascistas co n sid erab an el c a rá c ter de las
masas m ateria dúctil y m aleable bajo la acción de u n a voluntad
d e p o d e río , p a ra h a c e r de ellas u n a nueva colectividad organi­
zada y an im ad a p o r solo u n a fe. La c o n cep ció n fascista acerca
de las masas excluía a p rio ri la posibilidad de que las masas p u ­
d ie ra n lleg ar a g o b e rn a rse p o r sí solas y a co n q u istar u n a co n ­
ciencia autorreflexiva y autó n o m a, p ero de todas form as consi­
d e ra b a posible m o d ificar su m e n ta lid a d , en p ro de educarlas
p ara vivir en el estado, m ed ian te la acción constante y cotidiana
d el m ito y de la organización: “La m u ch ed u m b re [...] necesita
esplritualism o, de religiosidad, de catequism o, de rito; el h o m ­
b re desea u n p o d e r espiritual afirm ativo y de b u e n a g an a lo si­
g u e y le o b edece; lo siente m ás a d h e re n te a su p ro p ia existen­
cia y de aquel deriva disciplina y auxilio”.337 M ito y organización
d eb ían prom over sim ultáneam ente el “proceso de in teg ració n ”
de las masas al estado, esto es, llevar a cabo “la reducción a uni­
d a d de las m ultiplicidades sociales, m erced a la adhesión colec­
tiva a la fó rm u la p o lítica del ré g im e n ”, p o r lo cual “la a m o rfa
‘p o b lació n ’ se transform a en el ‘organism o del p u e b lo ’”. El eru ­
d ito rom anista Pietro De Francisci p o nía al servicio del totalita­
rism o fascista el m ito de la rom an id ad , com o exaltación del p rin ­
cip io de organizacióxr e in te g ra c ió n del estado; según escribía
en 1939, el desarrollo del estado aparece

... guiado por un continuo, obstinado, sabio proceso de inte­


gración, tendiente a hacer participar en la vida de la dvilas y
a disciplinar dentro de sus estructuras a una cantidad cada
PARTIDO, ESTADO Y DUCE 189

vez mayor de ciudadanos, suscitando en ellos la conciencia


de la función y de la misión del estado rom ano y confirién­
doles una actividad responsable en paz y en guerra.*38

Con u n léxico m ás m odesto, el texto de p re p a ració n políti­


ca de los jóvenes fascistas sentenciaba q u e el estado seguía a ios
ciu dadan o s “en todo su desarrollo, y au n antes de que ellos co­
nozcan la luz del d ía y se fo rm en , sin a b a n d o n a rlo s en n in g ú n
m o m e n to , d a n d o a to d o s u n a co n c ie n c ia y u n a v o lu n ta d [...]
u n ita ria s y p ro fu n d a m e n te c e n tra d a s ”, y asev erab a q u e desd e
los m ás tie rn o s años la id ea del estad o o b ra b a e n los espíritus
jóvenes “co n la sugestión del m ito ”.339 De ese m odo, el fascismo
p re te n d ía fo rm ar u n a colectividad de ciu d ad an o s que participa­
ra n en la vida del estad o fascista n o co m o in d iv id u o s a u tó n o ­
m os, sino com o m ilicianos disciplinados y o b e d ie n tes, dispues­
tos a sacrificar su vida en aras del p o d e río del estado. El hombre
nuevo del fascismo no e ra u n individuo d ev en id o consciente de
sí m ism o y am o de su p ro p io destino, sino el “ciudadano-solda­
d o ” que se vaciaba de individualidad p ara dejarse ab so rb er p o r
co m pleto en la comunidad totalitaria. El fascism o in te n tó p o n e r
en práctica ese plan p o r in term ed io de u n triple proceso de o r­
ganización, ed u cació n e in teg ració n del in d iv id u o y d e las m a­
sas. T odas las o rg an izacio n es p o p u la re s d el fascism o, desde el
PNF a la O N D [O rg an izació n N acional D o p o lav o ro J, d eb ía n
efe c tu a r esa c o n sta n te y cap ilar o b ra de so cialización fascista,
ad ap tan d o n atu ralm en te, a los distintos estam entos sociales, có­
digos de valores diferenciados, en funció n del rol asignado p o r
el fascismo a cada u n a de las organizaciones y del público al que
cada u n a se dirigía.
N o hay d u d a de que esa “fascistización” d e las m asas n ad a
ten ía en com ún con el proceso de p articip ació n en los reg ím e­
nes de dem ocracia liberal. Si se tom a en consideración la “politi­
zación de las m asas” solo com o form a de participación libre, ac­
tiva y consciente en la política, con la posibitidaci de influenciar
de m odo decisivo las opciones del g o b iern o central, sin más p u e­
de negarse que el fascism o haya p rom ovido la “politización de

I
190 EMILIO GENTILE

las m asas”. Sin em b arg o , el h isto ria d o r del fascism o no p u e d e


soslayar el significado que la política de las masas en sentido totali­
tario te n ía p a ra los fascistas, y p o r lo tan to d e b e ría estu d iar de
q u é m o d o d ese m p e ñ a ro n las organizaciones del fascismo, y en
p rim e r lu g a r el p a rtid o , u n a o b ra de politización d e las masas
que, d ad a la concepción que las inspiraba, n o h abría podido ser
distinta de la que em píricam ente fue, sustancialm ente coh eren te
con la in tu ició n fundam en tal que el fascismo hab ía tenido, des­
d e u n p rin cip io , acerca del p ro b lem a de las m asas y del estado.
D esde esa perspectiva, tam bién se c o m p ren d e el significado de
la transform ación del PNF y su subordinación al estado y al Du-
ce: p o r sus características originarias, e n vida del D uce el PNF
n o e ra u n a institución que co n tribuía a elaborar la “voluntad p o ­
lítica” del estado, sino que era la h e rra m ie n ta p a ra efectu ar esa
volu n tad que residía exclusivam ente en el D uce. El P N F -d e sd e
sus orígenes, “milicia civil”—d ebía ser el sistem a nervioso p o r m e­
d io del cual la “v o lu n ta d p o lític a ” del D uce p e rm e a b a y p o n ía
en m ovim iento el cu erp o político del país. Así, el PNF tom aba a
cargo la fu n ció n , p re e m in e n te en el sistem a totalitario fascista,
de Gran Pedagogo, q u e d ebía ser fo rm ad o r de la conciencia de las
masas fascistas y p re p a ra r a los soldados, a los confesores y a los
m ártires de la “religión fascista”. A un el culto político fascista ad­
q u iere u n a fu n cio n alid ad racional p ro p ia en el universo m ítico
y organizativo del fascism o, com o rep resen tació n y celebración
d ra m á tic a de la in te g ra c ió n c o m u n itaria, y pro ceso m ístico de
fusión de la m asa con el Duce. P o r su ín d o le totalitaria, el esta­
do fascista d eb ía ad o p ta r n atu ralm en te el carácter de u n a insti­
tución laico-religiosa, cuyas e stru ctu ras en g lo b ab an p o r e n te ro
al hom b re en cu erp o y alma. Ú nicam ente gracias a mitos, ritos y
sím bolos e ra posible im plicar al individuo y a la colectividad en
el c u e rp o p o lític o ” de la c o m u n id a d , y d a r la p e rc e p c ió n in ­
m e d ia ta d e la c o n tin u a realización del m ito del estado totalita­
rio en la conciencia colectiva. El fascism o - h a b ía escrito en 1930
B o tta i- e ra “u n a religión política y civil [...] la religión de Ita­
lia ”.340 En ese te rre n o , la c o h eren cia fascista dem o stró ser más
rigurosa en o rie n ta r ios com portam ientos prácticos; tan to es así

14/63
PARTIDO, ESTADO YDUCE 191

que, p o r ejem plo, el fascismo n o vacilo cn volver a p o n e r en en ­


tredicho el com prom iso con la Iglesia p ara reivindicar y o b te n e r
el m o n o p o lio de la educació n , política y belicosa, de las nuevas
generaciones, co n fin an d o la p resencia del catolicism o a elem en ­
to m oral in te g ra d o r de la “religión fascista”.

El mito del Duce

El n e x o en tre m ito y organización halla, finalm ente, u n a ve­


rificación co n creta en la fig u ra d e M ussolini com o duce del fas­
cismo. El m ito de M ussolini y su fu n c ió n de “d u ce del fascism o
y je fe del g o b ie rn o ” co n stitu y ero n el e le m e n to m ás decisivo de
la caracterización del sistem a político fascista. Sin em b arg o , ha­
ce falta re c o rd a r q u e la afirm ació n del m ito d e M ussolini y de
su rol de duce n o fu e ro n evidentes desde los com ienzos del fas­
cismo. En la organización de los Fasd di eombattimento, M ussolini
había sido tan sólo u n in teg ran te de la oficina de propaganda: él
era el “am ig o ” y el “c o m p a ñ e ro ” B enito, político y p eriodista ex­
cepcional, p e ro todavía n o je fe carism ático reco n o cido. Para los
fascistas, en ese e n to n c e s el v e rd a d e ro d u ce e ra D ’A n n u n z io .
C u an d o p ro p u so la tran sfo rm ació n del m ovim iento en partid o ,
M ussolini atrajo c o n tra sí la re v u e lta de los je fe s provinciales y
su p o sic ió n d e d u ce fu e se ria m e n te sacu d id a. R ecién d e sp u é s
de la tran sfo rm ació n en p a rtid o , M ussolini co n so lidó su rol ele
d u c e , n o ta n to p o r su g e re n c ia c a rism ática c u a n to p o rq u e de
m o d o realista los jefes del fascism o reco n o ciero n en él a la ú n i­
ca p e rso n a lid a d p o lítica capaz de co n se rv a r la u n id a d d el fas­
cismo. Aun después de la conquista del poder, h u b o en el fascis­
m o m uchas resistencias co n tra la p reten sió n de M ussolini d e ser
el duce in d iscu tid o y o b ed ecid o . C am illo Pellizzi le reco rd ó p ú ­
blicam ente, en 1924, q u e “el fascism o n o se resum e en u ste d ”.341
T odas las altern ativ as d e sd e la m a rc h a sobre R om a h a sta 1926
fu ero n d o m inadas p o r la p u lsead a e n tre M ussolini y el fascismo
intran sig en te. C on tod o , p recisam en te esas p u g n a s in te rn a s en
el fascista favorecieron el surgim iento y la consolidación del m i­
192 EMILIO GENTILE

to de Mussolini y de su figura de duce. En el conflicto entre las


facciones, todos term in ab an p o r apelar a su autoridad, y así con­
trib u ían a acrecen tar su prestigio y fuerza. El m ito del D uce fue,
a lo largo de to d o el fascism o, u n e le m en to cohesivo e n tre los
m u ch o s ducetti, y la ú n ica fu e n te de a u to rid a d y de p o d e r que
aquellos reconocían. A p artir de ese m om ento, la exaltación del
D uce avanzó sin lím ites, tal com o se intensificó la concenü-ación
de los p o d eres en sus m anos. La posición d o m in an te del Duce
en el sistem a político fascista fue cod ificada g ra d u a lm e n te e n
los rangos del p artid o y del régim en. En el estatuto del PNF del
añ o 1926, el D uce era colocado en el p u n to más alto de la je ra r­
quía, com o “guía su p re m o ”; en el estatuto de 1932, se erigió p o r
encim a de la je ra rq u ía de partido y por fuera de ella; y en el es­
ta tu to de 1938 se lo d e fin ió com o “Je fe del P N F ”. La fó rm u la
m ás com pleta q u e d efin ía el carácter político-m ítico de la figu­
ra del D uce constaba en el catecism o fascista de 1939: “El D u c e ,
B enito M ussolini, es el cread o r del Fascismo, el renovador de la
sociedad civil, el Jefe del pueblo italiano, el fu n d ad o r del Im pe­
rio ”.3*12 C um bre del p o d er y única sede de la ‘V oluntad política”
q u e im p a rtía directivas a la com pleja m aq u in a ria organizativa
del p a rtid o y del ré g im e n , M ussolini e ra tam bién un ‘m ito vi­
v iente” que alim entaba con su p o d erío sugestivo todo el univer­
so fascista. O iovanni G entile exaltó a M ussolini com o la p erso ­
nificació n de la id ea fascista y su realizador. El PNF hizo un
apo rte decisivo a la elaboración del m ito del Duce y a la form a-
lízación de u n culto de su figura, desde 1926, con el secretaria­
do de T u ra d y, m ás tard e, con el p e rfeccio n ism o m an íaco del
estilo y de los ritos, con Starace. En 1940, la Escuela de Mística
Fascista, expresam ente instituida en 1930 para n u trir el m ito de
M ussolini, puso en m archa cursos p ara m aestros prim arios que
d eseaban “vivificar su fe en los valores espirituales y en los p rin ­
cipios de la Revolución derivando del Mito M ussoliniano las di­
rectivas de acción pedagógica”. Algún solícito ad o ra d o r del m i­
to llegó a situar a M ussolini en el círculo de los profetas, com o
a nuevo C risto d e le g a d o p o r Dios, cual “p u n to de c o n ju n ció n
e n tre lo divino y lo hu m an o ".343
PARTIDO, ESTADO Y DUCE 193

Lo absu rd o del fe n ó m e n o n o m e n g u a su im p o rta n c ia p ara


el h isto riad o r deseoso de c o m p re n d e r el n ex o e n tre m ito y or­
ganización en el fascism o. El m ito de M ussolini se p ro p ag ó y se
afianzó p o rq u e e ra c o h e re n te con la m en talid ad m ítica del fas­
cismo, y contribuyó a n u trirla en las masas y en el recin to de los
je ra rc as, q u e s u frie ro n el p o d e r carism ático de M ussolini. En
1923, G iuriati escribía, a M ussolini p o n ie n d o de m an ifiesto su
“creen cia su m a m e n te firm e de q u e tú eres el Veltro vaticinado
p o r D a n te ”.344 G iu sep p e B ottai, q u e h a b ía d e ja d o en 1932 su
cargo de m inistro d e las C orporaciones, escribía al D uce dicien­
do que acep tab a con se re n id a d esa situación: “Ú n icam en te m e
asaltará, de vez en vez, la n o stalg ia p o r el Je fe [...] P ro c u ra ré
su p e ra rla co n el p e n sa m ie n to de q u e a u n en m i vida privada,
com o h ace ya tan to s años, M ussolini o b ra rá com o u n a fu erza
incesante de m ejora y p erfe c cio n a m ie n to ”.345 Esa adulación h a­
ce p e rc e p tib le el eco de su p resen cia en esas d ec la ra cio n es de
fe; p e ro la sin c e rid a d de la sugestión d el m ito es traslú cid a en
las anotaciones íntim as de esos hom bres. En 1941, B ottai adver­
tía d esam parad o , m ien tras en él hallaba im p ed im en to s la fe en
el Duce, el vacío que el final de esa fe dejaría:

Cierta cosa, que desde hace más de veinte años me pulsaba


en el corazón, detiene su m archa de improviso; un Amor,
una fidelidad, una consagración. Ahora estoy solo, sin mi
Jefe [...].
Un Jefe es todo en la vida de un hombre: origen y fin, causa
y propósito, punto de partida y meta; si cae, parece una sole­
dad atroz dentro de uno. Querría reencontrar a ese Jefe, vol­
ver a ponerlo en el centro de mi mundo, reordenar ese mun­
do mío en torno a él. Tengo miedo, miedo de que eso ya no
resulte bien para mí.
Ahora, sé qué es el miedo: un precipitar repentino de una
razón de vivir.346

La exaltación del m ito acom pañó la exaltación del jefe, co­


m o culm ine y guía de la organización fascista, del cual dim ana­
194 EMILIO GENTILE

ba cualq u ier au to rid ad y poder. Todo el gradual proceso de des-


m a n te la m ie n to del rég im en liberal y de c o n stru cció n del esta­
d o to ta lita rio estuvo m arcad o p o r la co n stan te c o n c e n tra c ió n
progresiva del p o d e r en M ussolini. En la persona de M ussolini,
com o “D uce del Fascism o, Je fe del G o b ie rn o ” llegaban a rea li­
zarse la síntesis y la integ ració n en tre p a rtid o y estado, p e ro en
u n a cond ició n tan excepcional com o precaria, p o r estar ligada
a la vida física de M ussolini. Eso to rn ab a grávido de incógnitas
el fu tu ro del fascismo, au n q u e el tem a de la sucesión fue p ro h i­
bido. El p ro b lem a más espinoso, para los fascistas, era la fusión
de la figura del D uce con la de jefe del g o b iern o y je fe del par­
tido. ¿Esa fusión tam bién se h abría m an ten id o en el sucesor de
Mussolini?
El p ro b le m a e ra grave n o tan to p o r las in te rro g a n te s teó ri­
cas y ju ríd ic a s q u e p lan teab a, discutidas ya e n los añ o s trein ta.
Era grave p o rq u e involucraba la realidad existencial del sistem a
político fascista, el n e x o e n tre m ito y organización, las relacio­
nes e n tre jerarcas, q u e d u ra n te veinte años h ab ían e n c o n tra d o
u n sólido eje en el m ito del D uce. ¿El p o d e r m ítico del Duce-
M ussolini se disolvería en o tro duce-jerarca, desprovisto del ca-
rism a m ussoliniano? ¿Y la disolución del nexo e n tre m ito y o r­
ganización, con p u n to de p artid a en la rim a, involucraría a todo
el sistem a, provocando transform aciones imprevisibles? P u eden
p ro p o n e rse m uchas hipótesis acerca de las transform aciones del
régim en fascista sin M ussolini. Lo evidente, en térm in o s históri­
cos, es q u e el n ex o e n tre m ito y organización volvía m uy com ­
plicado el p ro b lem a del ‘Je fe ” en el fu tu ro del estado totalitario
fascista, tal com o constató en 1938 Cario C ostam agna.

El problema del ‘Jefe” es el más delicado de todos los que


abrió la organización del Estado Nuevo. No debe confundír­
selo con el problem a del “D u c e ”, esto es, del fundador del
régimen, ni dejarse desviar de la circunstancia de que el Es­
tado Nuevo, por surgir de una revolución aún en proceso de
realización, de todas formas versa en ese proceso constituti­
vo que implica la dictadura por parte de aquel Hom bre de

16/63
PARTIDO, ESTADO Y DUCE 195

excepción en que la historia ha comisionado la tarea de crear


el nuevo orden. Y en verdad, cesadas las razones de la dicta­
dura, permanecen las razones de la unidad. Si el Estado Nue­
vo debe volverse un modo de ser perm anente, es decir, un
“sistema de vida”, no podrá dispensarse, por causa de su es­
tructura jerárquica, de la función de un ‘Jefe’’; aun cuando
este ya no tenga las proporciones extraordinarias de Aquel
que promovió la revolución.S“*7

La figura del “jefe" era in h e re n te a la m en talid ad y a la cul­


tura fascistas, y era c o h e re n te con la c o n c e p c ió n totalitaria del
estado, en c u a n to ré g im e n in teg ralista fu n d a d o so b re la c o n ­
cen tració n de los p o d eres en el “m an d o ú n ic o ” y sobre la orga­
nización je rá rq u ic a m ístico-política, a la q u e e ra co ngenial e in­
d isp en sa b le u n a p e rso n ific a c ió n carism ática d el m ito , com o
p u n to de re fe re n c ia de! culto y fu e n te de la a u to rid ad . El esta­
do -e sc rib ía B ottai en su diario el 29 de ju n io de 1938- re q u ie ­
re en su p u n to m ás alto u n organizador, “u n je fe q u e sepa orga­
nizar c o n tin u a m e n te energías y fuerzas”, “cuyo p o d e r sea p o d e r
en acto, u n hacer, u n accionar, u n o rd e n a r d irecto , inm ed iato ,
no necesariamente, atado a la letra de leyes o instituciones”.s·*8 El “je fe ”
de B ottai tod av ía e ra u n a p e rso n a lid a d carism ática, n e c e sa ria
para d e s e m p e ñ a r u n a función e x tra o rd in a ria, p a ra h a c e r reali­
dad u n m ito. Y el p ro p io B ottai, m ien tras el sistem a fascista su­
fría los p rim e ro s golp es de la d e rro ta , e x a lta b a u n a vez más la
función del p en sam ien to m ítico: “C o m p ete a los políticos crear
nuevos m itos, in te rp re ta n d o las n ecesidades de la é p o ca”, escri­
bió el 15 de fe b re ro d e 1942. El d ra m a de la c u ltu ra m o d e rn a
era el conflicto e n tre conciencia crítica y u rg e n c ia de verdades
sólidas,

... esto es, la urgencia de contar con “mitos”, con puntos de


referencia aproximativos, con certidumbres históricas, si no
con verdades absolutas, precisamente en función y en depen­
dencia del multiplicarse de competencias y aspiraciones en
la estructura de ¡a sociedad, contar con la interdependencia
y riqueza de factores en la vida nacional e internacional: jus-
196 EMILIO GENTILE

lamente esa enorme complejidad de la vida moderna en cier­


to punto produce la necesidad de simplificarla, organizaría y
dirigirla de modo unitario.349

Mito y o rg an izació n e ra n vueltos a p re s e n ta r e n su nexo,


que resultaba a la vez funcional e histórico, necesario para cual­
q u ie r fo rm a de o rg an izació n p o lítica de las m asas en la socie­
d ad m o d ern a. Y esa fo rm a de organización, con basam ento mí-
tico-totalitario, req u ería p o r intrínseca necesidad suya u n jefe .
P ara el fascismo, cualquier solución al pro b lem a -transm isibili-
d a d d el ra n g o de “d u c e ”, fusió n de ese ran g o con el d e rey ,
preservación de su función sin el rango en la figura del jefe del
g o b ie rn o ”, transferencia de la funció n de je fe ” de un individuo
a u n cu erp o co legiado- h ab ría req u erid o u n a tom a de posición
frente al problem a del m ito y de la organización, esto es, habría
d e m a n d a d o u n a decisión acerca de la ín d o le y los pro p ó sito s
d el sistem a político fascista, surgido y fundado a p artir del nexo
e n tre m ito y organización. Las soluciones posibles eran fu n d a­
m en talm en te dos, y son las que c o n cretam en te h allaro n cauce
después del 25 de ju lio de 1943: o d esen tro n izar el m ito y des­
m an te la r todas las organizaciones del sistem a que e ra n funcio­
nales a aquel, o la exaltación de la p rim a d a del m ito, llevando
al ex tre m o la lógica to talitaria. Las ten d en cias hacia esas solu­
ciones ya estaban en m arch a antes de esa fecha, y se volvieron
o p eran tes en el m o m en to en que se pro d u jo la disociación en ­
tre m ito y organización, con el d erro cam ien to de Mussolini.

La vía fascista ai totalitarismo

Corno form a de com pletar las observaciones desarrolladas


hasta ah o ra respecto del rol del m ito y de la organización, vistos
co m o aspectos c o m p lem en tario s esenciales de la fo rm ació n y
del avance del sistem a político fascista, nos parece c o n ta r con
suficien tes e le m e n to s p a ra p ro p o n e r u n a d efin ició n histórica
de ese sistem a y de su caracterización com o fen ó m en o totalita-
PARTIDO, ESTADO Y DUCE 197

lio . Tras tom ar en consideración la posición cen tral y pred o m i­


n an te ad o p tad a p o r la figura del Duce-M ussolini en el conjunto
de m itos y organizaciones del fascismo, cíe m a n e ra estricta y di­
feren ciad a, p o r ejem plo, de la p ro p ia del F ührer-H itler, som os
de la o p in ió n de que p u ed e asignarse al sistem a p o lítico fascis­
ta, en su realid ad histórica concreta, la d en o m in ació n de cesaris-
mo totalitario. C on ello definim os u n a dictadura carismálica de tipo
cesariano, integrada en una estructura institucional basada sobre el
partido único y sobre la movihzaáón de las masas, y en constante cons-
trucción para volverla conforme al mito del estado totalitario, conscien­
temente adoptado como modelo de referencia para la organización del
sistema político, y que obra concretamente como código fundam ental de
creencias y conductas para el individuo y para las masas.
P o n e r de relieve la figura del Duce, en la definición históri­
ca del totalitarism o fascista, n o significa re d u c ir el sistem a p o lí­
tico fascista a u n a form a d e m o n o cracia perso n al. Bajo n in g ú n
aspecto coincidim os con quienes co nsideran que el fascismo sea
reductíble al mussolinismo, afirm ando q u e el sistem a político fas­
cista no fue u n régim en totalitario sino u n a fo rm a de d ictad u ra
personal tradicional, p o rq u e n o im puso la p rim acía del p artid o
p o r sobre el estado, p o rq u e hizo q u e sobrevivieran instituciones
y poderes que lim itaban sus pretensiones de d o m in io total, p o r­
que no logró h a c e r realidad la integ ració n total de la sociedad
al estado. De hecho, precisam ente p o r su ín d o le de rég im en ori­
g inado a p a rtir de u n m ovim iento revolucionario d e masas, o r­
ganizado e n partido milicia con ideo lo g ía totalitaria; p o r la p re ­
sencia institucional del partid o único; p o r la organización de la
p o lítica de m asas, el rég im en fascista n o p u e d e ser re d u c id o a
u n a form a de m onocracia personal. La “personalización del p o ­
d er que se realizó en el régim en fascista no fue idén tica al p er­
sonalism o de las d ictad u ras a u to ritarias, com o p o r ejem p lo el
rég im en de Salazar, q u e n o su rg en d e u n m o v im ien to revolu­
cio n ario y n o se p ro p o n e n in stitu cio n alizar d ich o m ovim iento
en p ai ti do ú n ico con el rol principal de h a c e r realid ad el m ito
totalitario m e d ia n te la organización, la in teg ració n y la movili­
zación p e rm a n e n te de las masas. E n realid ad , la id entificación
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de! fascismo con el mussolinismo inevitablem ente llevaría a b an a­


lizar la función m ism a del Jefe en los regím enes totalitarios, y a
soslayar la im p o rtan cia fu n d am en tal de la organización de m a­
sas en la realid ad del sistem a político fascista. P or lo dem ás, eso
da pie p a ra observar que sin el p artid o ú n ico y la organización
d e m asas, la m ism a fig u ra in stitu cio n al y m ítica del “d u c e ” se
volvería históricam ente incom prensible, ya sea p o r su origen co­
m o p o r su fu n ció n , pues se vería aislada artificiosam ente de la
re a lid a d en q u e h a b ía te n id o origen y so b re la q u e b asaba su
fu n ció n . T am b ién es p reciso h a c e r n o ta r q u e h istó ric a m e n te ,
au n en los reg ím en es rep u tad o s totalitarios, com o el nacio n al­
socialism o y el estalinism o, p o rq u e afirm aro n el p rim a d o del
p artid o p o r sobre el estado, h u b o u n a etapa de personalización del
poder, q u e llevó a la su b o rd in a c ió n del p a rtid o al d o m in io del
Jefe, privándolo del p o d e r com o sede a u tó n o m a de elaboración
y decisión de las opciones políticas.
In d u d a b le m e n te , la política to talitaria del fascismo e n c o n ­
tró obstáculos, resistencias y lím ites. P o r en d e , tam b ién se p o ­
d ría coincidir co n u n a definición del fascismo com o “totalitaris­
m o in c o m p le to ” o “totalitarism o im p e rfe c to ” -si se adm ite que
tales expresiones tien en validez científica en el ám bito del an á­
lisis h isto rio g rá fic o -, a co n d ició n d e te n e r p re se n te q u e tam ­
b ié n los re g ím e n e s p o r lo g e n eral c o n sid erad o s “c o m p le ta ” o
“p e rfe c ta m e n te ” to talitario s e n c o n tra ro n obstáculos, resisten ­
cias y lím ites. A sim ism o, la h isto ria de esos reg ím en es revela,
cu an d o se la exam ina sin prejuicios ni ostensibles en fren tam ien ­
tos en tre m ito y realidad, en tre am biciones y resultados. P o r tan­
to, p u e d e afirm arse que en la realidad histórica el totalitarism o
es siem pre u n experimento continuo, vale decir, u n proceso en cur­
so de realizació n , y n o u n a fo rm a c o m p le ta y definitiva, espe­
cialm ente si se tom an en consideración las conexiones en tre mi­
to y re a lid a d , q u e están p resentes, de d istin ta form a, en todos
los ex p erim en to s totalitarios puestos en práctica en el siglo XX.
P o r su ín d o le, la integración to talitaria de la sociedad en el es­
ta d o o en el p a rtid o ú n ico es u n p ro ceso que d eb e renovarse
p e re n n e m e n te , institucionalizando el p rincipio de revolución per­

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PARTIDO, ESTADO Y DUCE 199

manente, au n q u e sólo fu e ra p a ra a fro n ta r el p ro b le m a del ines­


table recam bio generacional: u n a com pleta integración totalita­
ria sería, paradó jicam en te, la plasm ación p le n a del ideal d e m o ­
crático de Rousseau.
T odos los re g ím e n e s to ta lita rio s son, e n to n c e s, e n u n o u
otro aspecto, form as de totalitarism o “in c o m p le to ” o “im perfec­
to ”, con resp ecto a su m ito de in te g ra c ió n y según las distintas
etapas de d esarro llo y d e los distintos co n tex to s históricos y so­
ciales en q u e fu n c io n a n . D esde ese p u n to de vista, c o n sid e ra ­
m os que insistir casi exclusivam ente en la etap a del régimen, es­
pecialm ente en la construcción de m odelos teóricos o de “tipos
ideales”, es un abordaje red uccionista de la com plejidad históri­
ca de los fen ó m en o s totalitarios: de h ech o , en estos es igualm en­
te fu n d am en tal la etapa del movimiento, co n cebido com o acción
del p artid o revo lu cio n ario g e n e ra d o r del nuevo estado, q u e se
e n c u e n tra en los o ríg en es del régimen. En n u e stra o p in ió n , esa
perspectiva es in ad ecu ad a, p o rq u e b ásicam ente da u n a im agen
estática del fe n ó m e n o to ta lita rio , ju sto la que se c o rre sp o n d e
con u n a su p u esta e ta p a de “c o n su m a c ió n ” o “p e rfe c c ió n ” que
contrasta con la realidad histórica del totalitarism o com o proceso
en co n stan te d esarro llo m e d ia n te la dialéctica e n tre m ito y o r­
ganización, e n tre id eo lo g ía y acción. “Los re g ím e n e s -o b se rv ó
acertadam en te R aym ond A ro n - n o se volvieron totalitarios des­
lizándose, p o r así decir, p au latin am en te hacia el te rre n o del to­
talitarism o, sino bajo el em p u je d e u n a in ten ció n original suya:
la voluntad de tra n sfo rm a r rad icalm en te el o rd e n existente en
función de u n a ideo lo g ía”.350 A esa observación se debe, sin em ­
bargo, que n o coincidam os con A ron en excluir el fascism o de
los reg ím e n e s to talitario s, a u n q u e in d u d a b le m e n te , com o o b ­
serva tam bién A ron, “la Italia fascista, rég im en d e p a rtid o ú n i­
co, nunca conoció u n a proliferación ideológica ni u n fenóme­
no to talita rio c o m p a ra b le a la g ran p u rg a soviética o a los
excesos de los últim os años del rég im en h itle ria n o ”.
En la construcción de] rég im en fascista fue activa y o p e ra n ­
te la “voluntad de tran sfo rm ar rad icalm en te el o rd e n existente
en fu n ció n de u n a id e o lo g ía ”, a u n q u e el p ro ceso de transfor-
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m a rió n siguió sendas, ritm os y tiem pos distintos de los propios


d e otros ex p erim en to s totalitarios. E n ese sen tid o , p referim o s
valernos del co n cep to de experimento totalitario p a ra rep resen tar
históricam ente el proceso de form ación y plasm acion del dom i­
nio totalitario en sus específicas características nacionales, cul­
turales, ideológicas y organizativas. El fascismo fue la vía italia­
na al totalitarismo.
U na últim a observación co n cierne a la legitim idad de adop­
tar tan sólo u n m odelo teórico de totalitarism o p ara definir ex­
p erien cias históricas tan p ro fu n d a m e n te distintas com o fascis­
m o, co m u n ism o y n acionalsocialism o. Tal com o ya hicim os
n o ta r en o tra o p o rtu n id a d ,351 abrig am os fu ertes d u d as acerca
de la utilización historiográfica de dicho m odelo, si ello debiera
llevar, com o sucedió con m u ch a frecuencia, a a te n u a r -o , p eo r
a u n , a a n u la r—esos e le m e n to s divergentes, hasta lleg ar a u n a
sustancial identificación en tre com unism o, fascismo y nazismo,
q u e re d u zca las d iferen cias e n tre los fe n ó m e n o s to talitarios a
h ech o s m arginales de d esd eñ ab le significación p ara el conoci­
m iento del carácter y de la historia de los experim entos totalita­
rios. Eso n o quita que p u e d a seguirse usando esa expresión pa­
ra d e n o m in a r u n a fo rm a nueva y original de do m in io político
de la sociedad de masas, tal com o, en otros casos, se em plea la
expresión “radicalism o” p ara d en o m in ar m ovim ientos contesta­
tarios o revolucionarios, ya sean de d erech a o de izquierda.
E n tre los e x p e rim e n to s totalitarios no p u e d e n o incluirse
el fascism o, q u e inclusive fue el p rim ero de esos experim entos
p uesto en práctica en u n a d em ocracia liberal, volviéndose m o­
d elo p ara otros proyectos totalitarios. Los lím ites del totalitaris­
m o fascista n o son u n a p ru e b a p a ra n e g a r su e x iste n c ia )' sus
efectos, así com o las co n trad iccio n es e n tre m ito y plasm acion
n o son u n a p ru e b a c o n tra la im p o rtan cia d e la p resen cia y de
la fu n ció n del m ito e n la política del fascism o. P o r últim o, no
c reem o s q u e p u e d a excluirse el fascism o d e la calificación de
totalitario, con prescindencia de cuál sea su utilización por fue­
ra del contexto histórico en que surgió dicho térm ino. Las pala­
b ras tie n e n u n a historia; y u n o d e los d eb eres elem entales del
PARTIDO, ESTADO Y DUCE 201

histo riad o r d eb ería ser abstenerse d e cu alq u ier u so anacrónico


de los térm inos y de los conceptos, q u e los abstraiga de la reali­
dad histórica a la que p erten ecen . Es preciso re c o rd a r que -a u n
cuan d o , según p arece, n o fue el in v en to r de! té rm in o “totalita­
rism o”332- el fascismo in d u d ab lem en te fue el p rim e r m ovim ien­
to y e! único ré g im e n político, e n tre los q u e m ás ta rd e fu e ro n
con sid erad o s totalitario s, e n a d o p ta r con o rg u llo ese té rm in o ,
atribuyéndole u n significado específico, p ara d efin ir su concep­
ción de la p o lítica y su sistem a d e p o d e r. P o r eso som os de la
o p in ió n d e q u e n o p u e d e despojarse al fascism o de su califica­
ción de totalitarism o, p o r lo que esta significó y re p re se n tó his­
tóricam ente en el fascismo, sin m utilar a la vez el conocim iento
del fen ó m e n o en su devenir. T area p rin c ip a l de la h isto rio g ra­
fía es situar térm in o s y co n cep to s en la realid ad h istó rica de la
que em erg iero n , te n ie n d o p íe se m e an te to d o q u é significaban
p ara sus co n tem p o rán eo s, ora com o sím bolos de in te rp retació n
de la realidad, según percepciones, intuiciones, concepciones y
aspiraciones -sig u e siendo tarea del h isto ria d o r identificarlas y
co m p re n d e rlas e n su ló g ica-, o ra com o e x p resió n sin tética de
m itos, ideales, valores, opciones, decisiones y acciones o rie n ta ­
dos a transfo rm ar la realidad. Al p o sterio r desarrollo de la defi­
n ició n h istó rica d el to talitarism o fascista, e n el se n tid o re c ié n
especificado, están dedicados los próxim os capítulos, según u n a
m etodología que, en b ú sq u ed a d e u n ificar análisis teórico y re­
con strucció n histórica, estudia el e x p erim en to totalitario fascis­
ta en su dim ensión ideológica y organizativa, m ítica e institucio­
nal, c u ltu ra l y p o lítica, sin fijar a p rio ri ám b ito s privilegiados
para la investigación.