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¿CUÁL ES NUESTRA ACTITUD ANTE LA IMPOSIBILIDAD?

“Y creció el niño, y fue destetado, e hizo Abraham gran banquete el día que fue destetado
Isaac. Y vio Sara que el hijo de Agar la egipcia, el cual ésta le había dado a luz a Abraham,
se burlaba de su hijo Isaac. Por tanto, dijo a Abraham: Echa a esta sierva y a su hijo,
porque el hijo de esta sierva no ha de heredar con Isaac mi hijo. Este dicho pareció grave
en gran manera a Abraham a causa de su hijo. Entonces dijo Dios a Abraham: No te
parezca grave a causa del muchacho y de tu sierva; en todo lo que te dijere Sara, oye su
voz, porque en Isaac te será llamada descendencia. Y también del hijo de la sierva haré
una nación, porque es tu descendiente. Entonces Abraham se levantó muy de mañana, y
tomó pan, y un odre de agua, y lo dio a Agar, poniéndolo sobre su hombro, y le entregó el
muchacho, y la despidió. Y ella salió y anduvo errante por el desierto de Beerseba. Y le
faltó el agua del odre, y echó al muchacho debajo de un arbusto, y se fue y se sentó
enfrente, a distancia de un tiro de arco; porque decía: No veré cuando el muchacho muera.
Y cuando ella se sentó enfrente, el muchacho alzó su voz y lloró. Y oyó Dios la voz del
muchacho; y el ángel de Dios llamó a Agar desde el cielo, y le dijo: ¿Qué tienes Agar? No
temas; porque Dios ha oído la voz del muchacho en donde está. Levántate, alza al
muchacho, y sostenlo con tu mano, porque yo haré de él una gran nación. Entonces Dios
le abrió los ojos, y vio una fuente de agua; y fue y llenó el odre de agua, y dio de beber al
muchacho. Y Dios estaba con el muchacho; y creció, y habitó en el desierto, y fue tirador
de arco. Y habitó en el desierto de Parán; y su madre le tomó mujer de la tierra de Egipto.”
Génesis 21: 8-21
Introducción
Muchas veces en nuestra vida nos hemos encontrado o tendremos que encontrarnos frente
a circunstancias, problemas, que humanamente son imposibles de resolver, pero a través
de la palabra queremos ver cual debe ser esa actitud cuando estas cosas o problemas
vinieren, porque ninguna persona esta exenta de que pueda venirle momentos difíciles, de
angustia o adversidad, pero miraremos la manera de enfrentarlos.

Presentación
La Biblia nos habla, específicamente de una mujer egipcia. Abraham la había traído de
Egipto cuando el descendió allí en un tiempo de crisis económica y quiso solucionar su
problema; fue a Egipto y de regreso trajo a esta esclava, a esta sierva; y en un momento
de flaqueza espiritual y de fe en la vida de Sara, a ella le pareció fácil ayudar a solucionar
el problema, puesto que la edad y el tiempo avanzaban, y ella ya había perdido todas las
esperanzas de llegar a ser madre, además humanamente no había oportunidad ni esperanza
de que ella pudiese concebir un hijo y darlo a luz. Ella dijo: “es tanto el anhelo de Abraham,
mi esposo, aunque él ya es anciano también, de tener un hijo, y va talvez a perecer y no lo
va a ver, voy a darle mi esclava para que esté con ella y de esta manera tenga el gozo
cumplido al darle un hijo, el cual será uno que va a crecer en nuestro hogar, bajo nuestra
orientación, y será el que va a heredar”. Esto sucede cuando perdemos la fe, cuando nos
parece que ya no hay lugar a que lo que Dios nos dijo se lleve a cabo, porque vemos muchas
dificultades que parecen paredes o barreras tan altas, tan fuertes que nos decimos dentro
de nosotros mismos: ¡no es posible!, es imposible tal situación; así como la que vivió
también la ciudad de Samaria, cuando el profeta habló y advirtió que al otro día habría
abundancia en la ciudad, a las puertas de Samaria; aquel hombre que conducía el pueblo,
que era unos de los jefes de las directivas del pueblo dijo: “Esto no se puede, esto nunca
sucederá, para que esto suceda tendría que Dios abrir las ventanas de los cielos y eso no
va a ocurrir”, el profeta le dice: “tú lo verás, pero no lo podrás disfrutar”, ¿Por qué?
porque no había creído a la palabra de Dios; es precisamente esto lo que lleva a esta mujer
a entregarle su esposo a su sirvienta, porque ella dice: “Es imposible, no pueden hacerse
estas cosas, jamás las vamos a ver, hemos esperado tantos años y nunca lo hemos visto,
así que vamos a hacer lo que es nuestro, vamos a ayudar a esa promesa de Dios”.

Que terrible es cuando nosotros nos ponemos en el lugar de Dios y no valoramos la


ubicación que Dios nos ha dado y en vez de obedecer y creerle a Dios, no lo hacemos así
veamos a nuestro alrededor todo oscuro, difícil, las circunstancias contrarias a lo que
nosotros esperamos ver; la fe es capaz de superar los obstáculos, ¡porque la fe no ve el
problema, ve la solución del problema!

Aquí encontramos que llega el momento que este niño crece, ya también para esa época
había llegado Isaac y también era un niño que corría por todas partes, por el campo, y dice
el relato bíblico que este muchacho, Ismael, se burlaba, menospreciaba a Isaac porque era
menor, y tal vez inducido por su madre lo llevaba a que despreciara al hijo de la promesa
y es cuando Sara dice: “Yo no puedo permitir que este hijo de la esclava vaya a burlarse
y a menospreciar el hijo de la promesa, nuestro hijo legítimo”; Y es cuando llama a su
esposo y la Biblia dice que le dijo: “Echa a esta sierva y a su hijo, porque el hijo de esta
sierva no ha de heredar con Isaac mi hijo”.
En el versículo 11 dice que esto le pareció grave a Abraham y tal vez se disgustó y hubo
problema entre ellos, porque su esposa le hablaba de echar a esta mujer con su hijo, ya para
esta época no pensaba en Agar sino en su hijo: ¿qué será del futuro de este muchacho,
qué haré, cómo lo voy a despreciar, cómo lo voy a lanzar a la calle? Y es cuando el
Señor viene, le habla y le dice: “no te parezca grave, no te parezca extraño, obedece”, es
decir haz lo que tu esposa insinúa, eso es lo que se debe hacer, ese muchacho no puede
convivir ni heredar con el hijo de la promesa, debe echarlo, y además de esto le dijo: “Del
hijo de la sierva también haré una nación grande”.

Cuando Dios le habla a este hombre, que era un hombre temeroso de Dios, obediente a la
voz de Dios, dice la palabra, que madrugó muy de mañana, se levantó Abraham y tomó
pan y un odre de agua y lo dio a Agar poniéndolo sobre su hombro, y le entregó el
muchacho y la despidió, ella salió y anduvo errante por el desierto de Beerseba; fue
despedido este muchacho juntamente con su madre, en obediencia Abraham a la voz de
Dios, a la palabra de Dios, y esta mujer recibió pan, recibió un odre de agua, y salió por el
desierto, en términos humanos a una muerte segura, porque no iban a encontrar agua, el
agua que llevaban no era suficiente para el trayecto de camino que iban a atravesar, era casi
una muerte segura, pero en eso estaba Dios. Porque Dios no permite que atravesemos por
lugares desiertos, por momentos de calamidad, de escasez y talvez de enfermedad; y esto
no quiere decir que Dios nos haya abandonado, no es así, Dios estaba ahí para ayudar, para
preservar, porque Dios se había propuesto también a hacer de este muchacho una nación
grande; pero mire lo que Dios le advierte a Abraham, le dice: “También del hijo de la sierva
haré una nación porque es tu descendiente” Aunque era el hijo como se dice en Gálatas,
el hijo de la ley, de la carne, pero era descendiente de Abraham, y Dios a Abraham le había
dado una promesa y Él no podía fallar a su palabra, no podía faltar a lo que él había
prometido: “tu descendencia será como las arenas del mar” y como este muchacho era
también descendiente de Abraham esa promesa lo alcanzaba, aunque ahora tenían que
expulsarlo de su casa, estaba bajo una promesa, bajo una bendición.

La Biblia dice que ellos se fueron, estuvieron errantes por el desierto de Beerseba y el verso
15 nos dice que les faltó agua del odre, echó al muchacho debajo de un arbusto, se fue y se
sentó frente a distancia de un tiro de arco porque decía: “No veré cuando el muchacho
muera”, cuando ella se sentó frente, el muchacho alzó su voz y lloró; la Biblia nos dice
que ésta mujer, se sentó a la distancia de un arco, vamos a decir una cuadra de distancia o
más, se sentó allí frente al muchacho, ella decía en su corazón: “No veré la muerte, cuando
el muera yo no voy a estar presente, no me va a afectar tanto, porque yo no lo estoy
mirando”, que tremendo ¿verdad?

¿Cómo se actúa, cuál es nuestra actitud frente a una imposibilidad? Esta mujer había
llegado prácticamente a su final, según ella, según su manera de pensar, según su manera
de razonar y de ver, había llegado al final; su muchacho estaba prácticamente al borde de
la muerte, al muchacho parece que le afectó más el calor, el cansancio, faltó el agua, porque
dice la Biblia que ésta mujer lo tomó y lo llevó debajo de un arbusto, de un árbol, ya él
talvez se había desmayado, por eso ella razonó así, pensó así y dijo: “Yo lo voy a dejar
aquí a la sombra, yo me voy a ir lejos, a la distancia, yo no lo puedo ver morir”, ella lo
vio ya en los últimos momentos de su vida, y dijo: “Va a morir primero mi hijo, pero yo
también voy morir porque también me faltó el agua, aquí no hay agua, voy a morir”,
entonces note que la Biblia dice dos veces y se sentó ella frente, cuando la Biblia nos habla
de estas dos veces, que ella ve la gravedad de su hijo o ella está frente a la imposibilidad,
ella no puede hacer mas nada, si lo hubiera podido hacer lo hubiera hecho porque ella no
quiere la muerte de su hijo, así que cuando decidió ausentarse e irse a ese lugar, fue porque
ya los recursos humanos no tenían nada que hacer, había llegado al final: “No veré la
muerte del muchacho”

Dice la Biblia que ella se sentó, cuando nos habla de que esta mujer se sentó, quiere decir
que se fue allí y se quedó como muerta, como pasmada, como imposibilitada, llegó al final,
se hizo indiferente al dolor de su hijo; y Dios no nos quiere sentados, no nos quiere en esa
condición, se necesita que el hombre haga su parte y Dios hará su parte, nosotros haremos
lo posible y Él hará lo imposible. La Biblia no registra que esta mujer haya orado, que en
ese momento de angustia haya pedido la ayuda de Dios, haya acudido a Dios, ¡no!, se
pasmó, se quedó allí quieta, inmóvil; hay gente que ante el peligro, la amenaza, la
enfermedad, la escasez, ante muchas cosas y ante muchas circunstancias… frente a ello,
quedan inmóviles, no son capaz de mover ni siquiera sus manos, pues parece que en esta
condición quedó esta mujer y entonces así el problema si iba a empeorar, porque esta mujer
se había sentado.

Dios necesita que nosotros actuemos, por ejemplo en Juan 11: 39 cuando están frente a la
tumba de Lázaro y “Dijo Jesús: quitad la piedra. Marta, la hermana del que había muerto,
le dijo: Señor, hiede ya, porque es de cuatro días.” Estaban frente a la tumba de Lázaro y
el Señor les dice: “Quitad la piedra”, Él la había podido quitar, pero allí estaban muchos
hombres que acompañaban a Marta y a María, Él entendió que esa piedra la podían remover
los hombres que las acompañaban, que Él iba a actuar pero necesitaba que ellos también
colaboraran, que ellos también pusieran su parte, porque era algo que ellos podían hacer,
Dios no va a actuar en lo que sabe que usted puede hacer, Dios no va a actuar en lo que
sabe que yo debo quitar de mi vida.

Jesús les dice: “Quitad la piedra”, era algo que ellos podían quitar, pero si usted mira la
Biblia también en Marcos 16: 3: 4. cuando Maria y otras dos mujeres el primer día de la
semana, y habían comprado especies aromáticas e iban al sepulcro, dice la palabra que ellas
iban meditando, que ellas iban preocupadas y decían: “… ¿Quién nos removerá la piedra
de la entrada del sepulcro?...” como mujeres eran débiles y no podían mover la piedra,
seguramente muchos hombres habían movido esa piedra y la habían colocado allí frente al
sepulcro de Cristo, para que ninguno pudiera moverla fácilmente; éstas mujeres se
encuentran con un obstáculo que no pueden superar; pero cuando el Señor ve que usted no
puede hacer algo, Él actúa, la Biblia dice que cuando llegaron, encontraron que la piedra
había sido removida, lo que no hizo en el caso de Lázaro, Lucas 11: 39 que dice: “Quitad
la piedra”, eran ellos los que tenían que quitar la piedra, no era Jesús, el mismo que quitó
esa piedra grandísima cuando resucitó Jesús podía quitar esa piedra más pequeña que
estaba tapando la puerta del sepulcro de Lázaro, pero era algo que ellos humanamente
podían solucionar, por eso el Señor les dice: “Quitad la piedra”, pero en el otro caso que
ellas no podían, humanamente no eran capaz, entonces se necesitaba la intervención de
Dios; cuando ellas llegan, la piedra ya está removida y ellas se asombraron: “esa piedra
tan grande, ha sido removida”, así es cuando Dios actúa en nuestro favor, cuando ve que
humanamente no podemos solucionar algo que está frente a nosotros, no lo podemos quitar.

La Biblia nos dice que cuando esta mujer se sentó y estaba allí desesperada y a la vez
pasmada, quieta, inmóvil; cuando ella pensaba que su hijo estaba en la última agonía para
morirse, dice la Biblia que el muchacho alzó su voz y lloró, y oyó Dios la voz del
muchacho; cuando ella pensaba que todo estaba perdido, el muchacho alzó su voz y lloró;
tan fácil que se soluciona el problema, cuando el muchacho alzó la voz y lloró, Dios
escuchó ese llanto, ese clamor, Dios tuvo misericordia, atendió la voz del muchacho; hay
momentos que necesitamos clamar pero de tal manera, que se escuche en el cielo, que se
toque el trono de Dios, que se mueva la misericordia de Dios.
¿Qué fue lo que hizo el ciego Bartimeo?, la Biblia nos habla que cuando escuchó el tropel,
el caminar de la gente, preguntó: “¿Qué es eso que yo escucho?” y le dijeron: “Es Jesús
de Nazareth” y cuando le dicen: “Es Jesús de Nazareth”, dice la Biblia que alzó la voz y
comenzó a gritar y a decir: “Hijo de David, ten misericordia de mí”, la gente se molestó y
le decían: “Cállese, no insista más, no moleste más”, y dice la Biblia que él más gritaba y
más decía: “Hijo de David, ten misericordia de mí”; Debía alzar la voz, gritar, pedir
misericordia, debía hacer que el Señor se detuviese, la Biblia dice que entonces el Señor
escuchó el clamor de aquel ciego que venía diciendo: “Hijo de David, ten misericordia de
mí”, se detuvo y le dijo Jesús: “¿Qué quieres?” y le respondió: “Que recobre la vista”, y
pudo ver, se necesitó el clamor de este hombre.

Cuando Pedro le dijo al Señor: “Si eres tú, di que yo vaya, que camine por las aguas”, dice
que él se quedó mirando las olas, el viento tempestuoso en ese momento y comenzó a
hundirse, ¿Cuál fue la actitud de este hombre ante la imposibilidad de sobrevivir?,
gritó y le dijo: “Señor sálvame”; ¿Cuál es su actitud ante sus problemas, ante la
imposibilidad, quedarse inmóvil, enmudecerse? o gritar, clamar, llorar, alzar la voz
hasta que el cielo se estremezca. Tenemos que hacer nuestra parte, usted encuentra en 1.
Reyes 18: 30 donde la palabra del Señor dice: “Entonces dijo Elías a todo el pueblo:
acercaos a mí. Y todo el pueblo se le acercó; y él arregló el altar de Jehová que estaba
arruinado”. El altar de Jehová estaba arruinado, había llegado la hora de ofrecer el
sacrificio, de que el fuego descendiera, pero no descendió el fuego hasta que Elías no
arregló el altar que estaba arruinado, hasta que no recogió las piedras que estaban regadas,
las ubicó y levantó el altar, despresó el buey y lo colocó allí sobre el altar y luego le dijo a
la gente que lo asistía: “Traed cuatro cántaros de agua y derramadlo sobre el sacrificio”,
y ellos lo hicieron, les dijo: “Hacedlo otra vez”, y lo hicieron nuevamente, pero luego les
dijo una tercera vez: “Hacedlo otra vez”, y ellos volvieron a derramar agua sobre el
sacrifico y la Biblia dice que era tanto el agua, que se llenó la zanja alrededor del altar y
cuando eso estaba bien mojado, que humanamente hablando no se podía prender fuego,
cuando habían menos posibilidades de que el fuego se encendiera, es cuando Elías alza sus
ojos y clama a Dios y le dice: “Dios de Abraham, de Isaac y de Jacob que conozca este
pueblo que tú eres Dios, envía fuego”, y no había acabado de orar, cuando el fuego del
cielo cayó y consumió el holocausto; pero tenía que edificar el altar y derramarse agua,
doce cántaros de agua fueron derramados, el agua corría por todas partes; eso representa
la voz del muchacho.
El muchacho alzó su voz y lloró, si este muchacho no llora, si no clama, si sigue indiferente
como la actitud de su madre, se mueren de sed, no hay solución, pero alzó la voz, clamó a
Dios, lloró, corrieron lágrimas, entonces la Biblia nos dice que Dios le escuchó; la Biblia
nos habla de el Señor Jesucristo, en Hebreos 5: 7 donde dice: “Y Cristo, en los días de su
carne, ofreciendo ruegos y súplicas con gran clamor y lágrimas al que le podía librar de
la muerte, fue oído a causa de su temor reverente”; el hijo de Dios, llorando, clamando,
suplicando, pidiendo la fortaleza, la ayuda para poder resistir, para poder vencer, soportar
la adversidad, pararse sobre el diablo, los demonios, la muerte, para poder libertar al
hombre. Dios no quiere que nos quedemos sentados con los brazos cruzados, viendo la
situación en que vivimos, los problemas, viendo talvez nuestra familia, su esposa, su
esposo, sus hijos, sus padres, en una condición triste, lamentable, hundidos, talvez en la
prostitución, en la delincuencia, en el crimen, en el homosexualismo, en el lesbianismo y
que usted se quede como hijo de Dios con las manos cruzadas, que no haga algo por ellos,
que no ore, que no interceda, que no les predique, que no les de testimonio; Dios no nos
quiere así, con las manos cruzadas, Dios no nos quiere inactivos, Dios no quiere que
estemos ahí, inmóviles, imposibilitados, como lisiados de los pies y de las manos, Dios
quiere un pueblo que se levante, una iglesia activa, un pueblo lleno del poder, de la
compasión , de la visión, que se levante, que esté en acción.

La Biblia dice que oyó Dios la voz del muchacho y el ángel de Dios llamó a Agar y le dijo
desde el cielo: “¿Qué tienes Agar?, no temas porque Dios ha oído la voz del muchacho en
donde está?, ¿Cuál fue la orden?, le dijo: “levántate, levántate”, no puede seguir postrada,
no puede seguir sentada, no puede seguir con los brazos cruzados, no puede estar pensativa,
cabizbaja, ¡no!, ¡levántate!. El apóstol Pablo dice en Efesios 5: 14: “Levántate tu que
duermes y te alumbrará Jesucristo”, hay que levantarse, actuar, no nos podemos quedar
ahí todo el tiempo, talvez los problemas suyos no se han solucionados, talvez usted no ha
avanzado más, talvez su ministerio no es mayor, no es más amplio, porque usted no ha
dado ese paso, porque usted no ha hecho la parte que a usted como ser humano e hijo de
Dios le corresponde dar, no espere que Dios de ese paso que a usted le pertenece, Dios va
a dar lo que a Él le pertenece, Dios se va a mover en el momento que usted se mueva, se
levante, se sacuda, diga no a la pereza, no al sueño, no a la indiferencia, Dios va a mover
los cielos, va actuar, se va a mover, pero tiene que levantarse, no siga más postrado, no
siga diciendo que no puede, que es niño, que está imposibilitado, que no lo puede hacer,
que ya no tiene fuerzas, que no sirve para cantar, que no sirve para predicar, que no sirve
para esto o lo otro, no diga eso, levántese y actúe.
A veces nos quedamos mirando los problemas, las dificultades, ¡NO! la Biblia dice que si
tuviéramos fe como un grano de mostaza, le diríamos a la montaña que se quite de ahí, que
se desplace a lo profundo de la mar y la montaña obedecería, pues ¿Porqué no le ha dicho
a ese problemas que se haga a un lado?, ¿Porqué no le ha dicho a esos complejos en su
vida que no le dejan actuar, que no le dejan crecer, ni lograr su meta?, ¿Porqué no le dice:
“Complejos, quítate de mi vida”?, porque yo voy a actuar en el nombre de Jesús; porque a
veces los complejos, como dice la palabra de Dios, que Mefi-boset cuando fue llamado por
David y dice: “¿Qué miras Señor? A un perro muerto como yo”, ese desprecio hacia si
mismo, hacia lo que Dios le ha dado; mucha gente dice: “Yo no he recibido nada, sólo un
poquitico”, se miran ellos y se ven que no saben nada, que no tienen nada, ¡NO!, hay que
colocar eso en las manos de Dios, usted no se puede detener ante esa imposibilidad, talvez
hay limitantes, pero hay que creer que el que nos llamó es más poderoso que esas ataduras.

No nos podemos sentar debajo del arbusto a llorar nuestra desgracia, nuestra pobreza,
nuestras limitaciones y estar confesando siempre que no tengo, tan pobre, tan humilde que
soy, soy el más pequeño, el más insignificante de la iglesia, a mí es al que nunca me tienen
en cuenta, Dios no me oye, que ore el pastor, que ore otra persona, a ellos Dios los oye a
mí no, ¿Qué es eso, qué es ese desconocimiento de la palabra de Dios y cuál es ese
desprecio hacia su propia persona? Considere el valor de la sangre de Cristo, el valor del
sacrificio, lo que Dios hizo en la cruz para levantarte de la postración, para trasladarle del
reino de las tinieblas, para hacerle sentar con los príncipes de su pueblo, no siga más
cabizbajo, no siga ahí llorando, no siga ahí pensando que no sirve, no llore más sobre la
ruina, ¡levántese es la orden!, ¡levántese!

“Levántate, alza al muchacho y sostenlo con tu mano”, porque se estaba muriendo, le dice
Dios a Agar: “Levántate, toma al muchacho, alza al muchacho, actúa, haz algo, ¿te vas a
cruzar de brazos y lo vas a dejar morir?, no lo puedes dejar morir, ¿no ves que yo tengo
un plan con él?, pues actúa”; usted como madre debe actuar, debe levantarse de su
condición, debe tomar el muchacho y levantarlo a Dios en oración. Levanta a tu esposa,
tómala, levántala, tómala sobre tus manos, para que Dios la llene, la despierte, y para que
Dios la toque. No se puede quedar de brazos cruzados, levántese, tome el problema,
levántelo a Dios. No diga: “Yo no puedo, ¿Porqué será que yo no he sido bautizado en el
Espíritu Santo?”, no se cruce de brazos, no diga: “Yo soy el de menos allá, ¡ay!, ¿Porqué
será que Dios a mi no me bautiza?”, Porque usted no ha actuado, porque usted no ha hecho
lo que le pertenece, porque usted no ha tomado esa necesidad y la ha sostenido en oración
delante de Dios para que Él actúe. Cuando ella actuó, se levantó, tomó al muchacho, lo
alzó y lo sostuvo, cuando ella estaba sosteniendo a su muchacho, obedeciendo la voz de
Dios, ya ella había dado el paso, había hecho lo que se le había ordenado, lo que a ella le
correspondía, entonces dice la palabra de Dios: “Entonces Dios le abrió los ojos”, ¿Cuando
Dios le abre los ojos? cuando ella se levanta, no sigue indiferente, cuando no sigue
diciendo: “Soy incapaz”, cuando toma el problema, que es su hijo agonizando y lo levanta
y lo sostiene delante de Dios, talvez temblando y diciendo no voy a ser capaz, en ese
momento Dios le abre los ojos y ella ve una fuente de agua.
En Lucas 8:35 donde nos habla de la liberación de un hombre muy conocido en esos
contornos y hoy por nosotros los que estudiamos la palabra, y dice: “Y salieron a ver lo
que había sucedido; y vinieron a Jesús, y hallaron al hombre de quien habían salido los
demonios, sentado a los pies de Jesús, vestido, y en su cabal juicio; y tuvieron miedo.”

Habla de cuando vino la gente y hallaron al muchacho que antes había estado endemoniado,
ya era libre y estaba sentado a los pies de Jesús. Pero si usted mira el verso 39 dice
“Vuélvete a tu casa, y cuenta cuán grandes cosas ha hecho Dios contigo. Y él se fue,
publicando por toda la ciudad cuán grandes cosas había hecho Jesús con él”. Él no pudo
continuar sentado, el Señor le dijo: “Ve a los tuyos y cuéntale cuán grandes cosas ha hecho
Dios contigo”, y salió hablando, testificando y pregonando la voz de Dios; él estaba allí
sentado no por la indiferencia, sino recibiendo instrucciones, siendo orientado, talvez
recibiendo una breve capacitación, pero él no siguió sentado, Dios le dijo: “Levántate y ve
a los tuyos”, él se levantó y comenzó a predicar, a testificar y fue a los suyos, a los que
conocían su condición; porque no podemos quedarnos todo el tiempo sentados, indiferentes
ante el dolor de nuestro prójimo, hermano, de nuestro familiar, de nuestros vecinos.

La actitud de esta mujer es más bien una actitud de cobardía, como la que muchos asumen,
ven el problema, ven que se agrava y entonces se esconden, huyen, dicen ”yo no quiero
ver eso, no me quiero meter en problemas, no quiero estar ahí en ese momento, no me
quiero preocupar”; es que soy demasiado sensible, dijo la mujer: “La muerte de mi hijo
me va a matar, yo no lo puedo ver”, hay mucha gente que se esconde ante el dolor ajeno,
huyen ante el problema, ante al adversidad, con eso ellos tratan de alimentarse, de
conformarse, de consolarse y de calmar su conciencia: “es que soy muy sensible, es que yo
no nací para problemas, es que yo no nací para enfrentar estas cosas, es que yo no nací
para testificar de esa manera, es que yo no tengo esa clase de ministerio, es que yo no
sirvo para trabajar con tal persona, es que yo no sirvo para estar en tal parte, yo sirvo
para tal lugar para estar en tal parte, pero para allá no”

Ante los problemas, la emergencia, la necesidad, dejan el problema a la sombra de un árbol


y se van a esconderse para no ver la situación, no ver el conflicto, no ver los que mueren
sin Cristo, para no ver a aquellos que fracasan, para no ver al obrero que está allí con
grandes esfuerzos trabajando sin que usted le ayude por lo menos a orar; entonces se
esconden, se ausentan, se van a la distancia por que no quieren ver el problema. La solución
no está en huir, la solución no está en esconderse, la solución no está en eso; por eso el
Señor la regresó: “Levántate, ve y alza el muchacho”, no es en la distancia donde debes
estar, donde yo voy a actuar es allá donde está el problema, es allá donde está la necesidad,
donde está la muerte que yo voy a dar vida; ahí es donde Dios se va a glorificar, donde no
hay necesidad Dios no se manifiesta; por eso no la dejó ahí, la mandó donde estaba el
muchacho: “Regresa, toma al muchacho, álzalo”, y ya era un adolescente, pero la orden
era de alzarlo, de levantarlo en sus propias manos.

No es huyendo hermano, no es diciendo: “Yo entrego y me voy de esta congregación para


otra, yo me voy a descarriar porque estos problemas están muy graves”, esa no es la
solución, la solución es viniendo a la presencia de Dios y diciendo: “Señor sálvame,
ayúdame, sáname, soluciona mi problema en el hogar, cambia mi padre, a mi madre, mis
hijos, mi esposa, mi esposo”, no es huyendo, no es escondiéndose, no huya, hágale frente,
tome el problema. Ustedes ven que hay mujeres así que cuando ven que el esposo se va a
apartar dicen: “Yo por allá sola no vuelvo a la iglesia”, y el esposo dice igual: “Ah pues
¿Para qué busco a Dios?, mire todos los problemas que tengo y como habla mi esposa de
mí, yo tratando de ayudar y solucionar el problema y mire con lo que me están pagando,
no, no es haciendo así, dice la gente: “Yo no vuelvo por allá, no voy, ¿Para qué oro?, yo
tanto que oro pero nada sucede”. ¡Usted ha orado pero no ha actuado, no ha obedecido,
no ha dado ese paso que tiene que dar, no ha hecho la parte suya, dé el paso, actúe usted y
verá como se mueve la mano de Dios!

Cuando Elías después una gran sequía por tres años y medio, se fue a orar y se llevó a su
criado, estaba orando, y le dijo a su criado: “Ve hacia el mar y mira hacia el cielo si hay
alguna nube y ven y me lo informas”, fue la primera vez el muchacho, miró y no había
ninguna nube y le dijo al profeta: “No hay nubes, el cielo está despejado, todo está normal,
no pasa aquí nada”, el profeta no dijo: “En vano oro, yo también me voy”, sino que volvió
a su lugar a interceder, volvió y se postró, y oró, y lloró, y clamó, y le dijo al muchacho:
“Ahora ve otra vez”, el muchacho fue y miró y dijo: “No hay nada”, entonces el profeta
entendió, que debía seguir actuando, volvió y se tiró rostro a tierra, clamó, oró, intercedió
y volvió y le dijo al muchacho: “Ve otra vez”, y así hasta la séptima vez. Esto no era fácil,
no sabemos cuanto tiempo duró esto, si un día, si unas horas, pero a la séptima vez, el
muchacho regresó y el profeta le preguntó: “¿Qué hay? y le respondió: “Veo una nube,
pequeñita”, ”¿Cómo cuánto?”, “Como la palma de la mano de un hombre”, entonces
Elías le dijo: “Pues ve ahora, ya no mires el cielo, ve y dile a Acab que use su carro porque
grande lluvia se oye”, él no estaba mirando el problema, sino creyendo a Dios, y le dijo:
“Aunque no sea sino una nube pequeña, ve, dile a Acab que vaya a escampar porque una
gran lluvia se oye”.

Aunque vea su alrededor todo oscuro, difícil, con caminos llenos de espinas, no desmaye,
si Dios hasta ahora no le ha contestado, su esposa sigue inconversa, su esposo sigue igual
e indiferente, tal vez venga a la iglesia, pero es una carga que lleva en su costado, no se
aflija, no afloje, no retroceda, no diga: “ No voy a orar más”, ahora es cuando debe orar,
debe orar hasta que Dios le responda.

Dios abrió los ojos a esta mujer y vio una fuente de agua, en el desierto; porque las pruebas,
la adversidad, la incredulidad nos cierra los ojos y no vemos nada, todo es oscuro, vivimos
como ciego palpando; pero cuando nosotros nos atrevemos a acercarnos a Dios y creemos
en Él, entonces esa ceguera se va, se nos abren los ojos, se nos abre la visión. A veces
nosotros en la obra del Señor vemos que se trabaja, se ora, se ayuna, se hacen tantas cosas
y no vemos nada, porque tenemos una visión escasa, todo lo estamos limitando, no
hacemos nada, no nos atrevemos a echar un proyecto para adelante porque estamos
pensando es quien nos presta, si el banco nos aprueba un préstamo, así si creemos, teniendo
el seguro en el banco, así hay mucha gente, muchos predicadores que no pueden llevar a
cabo nada, pues si van a levantar un programa radial, están pensando: “¿Cómo lo voy a
pagar?, y si tal me diera y si tal otro me ayudara y si esto pasara…”, esa visión miope,
escasa, no le dejará avanzar, pero si usted se atreve a creerle a Dios, a creer la palabra y
actúa, va allá y hace un contrato, se compromete y da el primer paso, Jehová abrirá los
cielos.

Cuando ésta mujer actuó, tomó al hijo, Dios le abrió los ojos, ¡que sorpresa, porque no
había nada, era un desierto, despoblado todo! y ve ella una fuente de agua; eso es lo que
sucede cuando el hombre por fe actúa, porque la fe va más allá de nuestros limitantes, va
más allá de nuestras imposibilidades, la fe todo lo puede, con la fe todo es posible.
Ahora los ojos están abiertos y mire el contraste, ella estaba viendo la muerte para su hijo,
su hijo estaba en agonía, tal vez lo que estaba viniendo a su mente era: “Mi hijo se me
muere, mejor no insisto”, pero ve agua, tal vez ella diría: “¿Será que sí estoy loca? ¿Será
que yo estoy mirando otras cosas aquí ya en el desierto por el sol?, no, no puede ser”, ella
viendo aquí con sus ojos materiales, está viendo la muerte, pero luego se abren sus ojos y
ve agua, cuando ella ve el agua, Dios le está diciendo: “Mujer, no hay muerte aquí en este
desierto, lo que hay es vida, porque está brotando del desierto agua”;no importa donde
estés, tal vez en el momento no haya mucho, no importa donde Dios te haya puesto, pero
allá en el desierto Dios está contigo para que te levantes, veas la mano de Dios obrar, veas
como Dios actúa. Cuando a esta mujer se le abrieron los ojos, se le abrió la visión y vio
una fuente de agua, ¿qué fue lo primero que hizo?, ahora ella podía soltar a su hijo, ¿Qué
fue lo que hizo?, corrió a la fuente y llenó el odre de agua; ¿Qué hay que hacer después de
que se nos amplía la visión? ir a la fuente para llenar nuestra vida de agua, porque no se
puede dar sino tenemos, obrero de Dios tienes que ir a la fuente a llenar tu odre, para que
luego puedas darle al pueblo, tienes que ir a la fuente, la fuente es Dios, la palabra, es el
Espíritu de Dios, ve a la fuente a llenar tu odre, tu vida, tu alma, tu ser para que llegues a
tu congregación, para que llegues a donde Dios te ha puesto y puedas comenzar a dar de
beber el agua, la vida. Llena tu odre, quita la piedra para que tu odre se llene.

Cristo en el evangelio de Juan, en Caná de Galilea, le dijo a los discípulos: ”llenad las
tinajas de agua” y ellos llenaron las tinajas de agua y el agua se convirtió en vino, entonces
el Señor le dijo: “Llevadle al maestresala”, al que tenía que probar, antes no, primero llenad
las tinajas de agua y cuando estuvieron llenas, tomad de ellas y llevadle al maestresala, y
cuando el maestresala probó y dijo:“Éste es el mejor vino”; cuando tú llenes el odre de tu
vida la gente que prueba tu mensaje, va a decir : “Este es el mejor vino, ésta es la mejor
palabra, éste es el mejor momento de mi vida”.

En Hechos 2: 2 dice: “Y de repente vino del cielo un estruendo como de un viento recio
que soplaba, el cual llenó toda la casa donde estaban sentados“. El día de Pentecostés
aquellos 120 estaban reunidos, y comenzó un estruendo, un viento recio que entró y llenó
el lugar; en nuestros días se necesita ese viento que llene nuestras vidas, ellos necesitaban
ser llenos porque debían salir a predicar, a ser testigos de su poder y no podían salir sin que
antes el viento recio, entrara e inundara sus corazones. No se puede estar vacío, el peor
error de una persona que conoce a Dios es quedarse vacío, la Biblia habla que cuando el
espíritu inmundo sale, dice que anda por lugares secos, desiertos, dando vueltas y un día
dice: “Volveré a mi casa, de donde salí”, y al llegar la haya desordenada y vacía, y dice:
“Ahora voy por siete más, que me acompañen, me vencieron por que estaba solo, ahora
voy a traer siete más”, viene y entra a la casa que está vacía, y el postrer estado de aquel
hombre viene a ser peor que el primero; es peligroso estar vacío, obrero de Dios, hermano
querido en Cristo Jesús no se puede estar vacío, hay que llenarse del viento recio, del agua
de la palabra, del aceite, hay que llenarse como dijo David: “MI copa está rebosando”, hay
que tener rebosando el corazón, de gozo, del fuego, de la unción.

El Apóstol Pablo en Romanos 12: 11 dice: “En lo que requiere diligencia, no perezosos;
fervientes en espíritu, sirviendo al Señor”. Hay que estar lleno, si usted está desocupado de
la gloria de Dios, vacío de la presencia de Dios, van a volver los demonios que habían
salido, van a volver las costumbres, los vicios, los pecados, el homosexualismo, el robo, el
crimen; no esté sin la gloria de Dios, llénese de la presencia de Dios, no se puede estar
vacío. Levántate, no te sientes más, levántate de tu postración, de tu indiferencia, no estés
más postrado, no llores más, levántate, toma tu problema, tu condición, tus limitaciones,
atrévete. No estés más escaso, vacío, en este momento Dios dice: “Llénate, llénate”. Abre
tus ojos y verás la fuente que te llena.