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Recientemente unos científicos observaron un hormiguero y constataron que el setenta por

ciento de las hormigas tiene como único propósito el mantenimiento de la vida del
hormiguero: recogen semillas, evacuan las basuras, siembran hongos para nutrir a las larvas
etc. El vente por ciento de las hormigas vigilan las entradas y las salidas y protegen a la
hormiguera de eventuales agresores. Pero aún quedaba por comprender el papel que
desempeña el diez por ciento restante. Siguiendo con el estudio, constataron que perturbaban
la organización del hormiguero. No tenían ni sentido de disciplina ni del trabajo y sin embargo
las demás hormigas las alimentaban…Los investigadores las identificaron, las marcaron y las
retiraron del hormiguero. ¡Y cual no fue su sorpresa, cuando se dieron cuenta que el
hormiguero quedó completamente desorganizado! Después de un tiempo, los investigadores
quedaron nuevamente sorprendidos al constatar que el hormiguero había nuevamente
repuesto ese diez por ciento de hormigas perturbadoras y que el trabajo había reemprendido
normalmente. La experiencia fue varias veces efectuada con el mismo resultado.

Como el de la hormiga, nuestro mundo, se elabora en la perspectiva de que todo existe para a
la vez hacer vivir el “otro”. La noción de unidad puede aclararnos sobre esta realidad universal,
sobre la que no podemos emitir un juicio de valores, y donde tanto el bien como el mal, el
sabio como el ignorante, el benévolo como el malvado, el agresor y el agredido, coexisten, no
como realdades opuestas y absolutas, sino como realidades complementarias
interdependientes y relativas.

En cuanto cometemos excesos, buscamos restablecer el equilibrio perdido. Pero también


tenemos que tomar consciencia que un ser sin excesos, es como nuestro hormiguero sin
hormigas perturbadores. Todos somos como un hormiguero, todos tenemos defectos,
momentos de debilidad, de demencia e ignorancia, variadas perturbaciones en nuestro propio
ser que paradoxalmente son saludables a la buena marcha y harmonía del todo. Si nuestro ser
contiene de forma natural elementos negativos, tenemos que encontrar, entre la sombra y la
luz, el camino del medio. De hecho, este camino del medio es como el lastre que colocamos en
el fondo del barco para que no zozobre durante las tempestades.

(Extraído de la terapia del Alma)

Traducción F.J.G