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ANOREXIA, BULIMIA

NUEVAS FORMAS DE SUBJETIVACION

Verónica Vega

INTRODUCCION
La creciente prevalencia de los trastornos de la conducta alimentaria, durante la adolescencia
y especialmente en el género femenino, ha llevado a diversos autores e investigadores a ocuparse
cada vez más del tema. Pareciera ser que la anorexia y la bulimia constituyen formas muy peculiares
que plantean ciertas adolescentes de cómo se sitúan en torno a la feminidad y a la sexualidad.

Sabemos que la adolescencia es un fenómeno cultural, individual y vincular muy propicio para
desarrollar conductas ligadas a la acción, es decir fenómenos que son una respuesta que da el sujeto
frente a lo imposible de decir. Podríamos decir que el adolescente es alguien a quien se le han roto
los espejos en los que se miraba. Es un momento de profunda desestabilización del cual no se sabe
como saldrá parado el individuo. Intentaremos dilucidar como se hará ese nuevo surgimiento a la
subjetividad en las jóvenes con anorexia o bulimia frente al encuentro que tiene con los juicios de
existencia (castración y muerte).

LA SOCIEDAD ACTUAL
Si algo caracteriza a esta época es la caída de una serie de certezas que en la modernidad
servían de apoyatura a un conjunto de ideales que se ofrecían como sostén y anclaje de los hombres
y sus sociedades (Lipovetsky, 1993; Lewkowicz, 2004). Esta caída genera un clima de incertidumbre,
en medio del cual surgen vivencias de vacío, de fragilidad sostenidos desde una lógica que privilegia
la dimensión narcisista y el goce solitario, ilusionando al hombre con la idea de una completad o
satisfacción total como metas posibles (un ejemplo de esto es la creciente tecnología al servicio de la
manipulación del cuerpo que desmiente el paso del tiempo).

Los jóvenes de hoy se enfrentan a un doble desborde. Por un lado, no hallan bordes en lo
social (por la caída de ideales); por el otro existe un desborde pulsional por la irrupción de la tensión
genital, que corta ligaduras representacionales y ocasiona un trauma psíquico en donde faltan

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palabras. El desenfreno pulsional se ve así reforzado por los mandatos sociales, por un superyó
sádico  cultural  que  ordena  el  goce  “mientras  el  mundo  dure”.  La  sociedad  impone  y  regula  entonces  
formas específicas para el goce, y la comida no está ajena a estas formas.

LA ALIMENTACION
La alimentación es ante todo una actividad vincular. La comida introduce al bebé en una
¨sociedad¨ madre-hijo (la célula simbiótica de la que Freud habla en 1914) y a esa sociedad el bebé
ingresa y pertenece por y con la madre, adquiriendo una identidad especular vía identificación (total,
no mediatizada).

El niño desarrolla sus experiencias inaugurales de contacto con otro significativo a través del
acto alimentario e incorpora no solo alimento a su organismo sino también a su mente. Por medio del
alimento, el bebé descubre al mundo, juega y goza de la relación con su madre. En ese acto de
alimentarse, la mirada de ese Otro (la madre o los grupos en la adolescencia por ejemplo) es
fundamental. Con el tiempo el niño irá transformando la dimensión especular de la alimentación en un
acto simbólico por medio del cual incorpora y adquiere también una identidad cultural, religiosa y
grupal.

Que la comida pertenece a la cultura y al orden simbólico resulta evidente si tomamos en


cuenta el valor del pan dentro del catolicismo ó las prohibiciones religiosas de los hindúes, quienes
evitan lo salado porque induce a la lujuria, o los judíos que no comen levadura en pesaj para
simbolizar la premura del pueblo de Moisés al huir de Egipto. Pero ahora bien, ¿podríamos decir que
la anorexia y la bulimia son manifestaciones de tipo simbólico? o más bien conservan el carácter
narcisista de la matriz inicial?
Quizás  se  traten  de  intentos  fallidos  de  salir  de  una  trampa  especular…

BREVE DESCRIPCIÓN DE LA ANOREXIA Y LA BULIMIA.


La anorexia es el más antiguo de los trastornos de la conducta alimentaria. Las primeras
descripciones datan del siglo XIV y se atribuyen a la Iglesia.
Aunque la palabra anorexia significa etimológicamente falta de apetito; en la clínica no se
evidencia tal pérdida de apetito hasta luego de haberse instalado fuertemente la enfermedad. Por el
contrario lo que se observa es una tenaz oposición a la ingesta de alimentos. La delgadez en la
anorexia es un concepto ontológico. Lo que determina a la paciente anoréxica a dejar de comer es

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descorporizarse. A diferencia de las primeras anoréxicas de la Iglesia, lo que se privilegia en las
pacientes anoréxicas de los últimos años es la distorsión de la imagen corporal. En las primeras
descripciones clínicas no se reseña dicha distorsión, de manera tal que esta distorsión parece ser un
síntoma actual y probablemente su importancia se relaciones con las características descriptas
anteriormente de la cultura postmoderna, en la cual la imagen determina la existencia. Las imágenes
de la televisión, de las modelos publicitarias, de los blogs, aportan el goce a la anoréxica que es
mirada por Otro social.

La paciente anoréxica aspira a una utopía, la de ser un esqueleto viviente; se trata de un ideal
puramente especular y virtual, que actúa en sintonía con el discurso del capitalismo tardío
(Barrionuevo, 2008) y se constituye en una trampa en cual la anoréxica cree tener acceso a la
respuesta sobre las transformaciones del cuerpo y sobre la sexualidad, a la vez que se constituye en
¨alguien¨,   la   enfermedad   le   otorga   una   identidad:   “soy   anoréxica”.   Mejor   ser   anoréxica   que   no   ser,  
aunque la trampa es que la anorexia la lleva a la nada misma.

La anorexia es un intento de control de los impulsos de voracidad. Wilson (1988) sostiene que
la anorexia se produce por una identificación con un padre o madre que teme a la gordura y afirma
que estas pacientes evidencian un repliegue de la sexualidad hacia una característica infantil. Varios
autores sostienen que hay una fuga de la sexualidad adulta acompañada de una regresión a
defensas primitivas (Fenichel, 1954; Sperling, 1978, Deutch, 1940 En: Sorosky, 1988). Esta regresión
incluye conflictos alrededor de fantasías orales sádicas y canibalísticas primitivas (Selvini Palazzoli,
1961, 1978; Sperling, 1953, 1968, 1978).
La Bulimia Nerviosa es definida recién en 1979, cuando Russell publica la primer descripción
clínica de la enfermedad. En 1980 a través del DSMIII-R, la bulimia cobra una jerarquía científica
internacional y describe un cuadro patológico caracterizado por la alternancia de períodos de
restricción alimentaria con episodios de ingestas copiosas; seguidos por conductas compensatorias
inapropiadas para anular la ganancia de peso (ejercicio físico intenso, ayunos, purgas). El patrón
común en la bulimia nerviosa es la sensación de descontrol. Este descontrol (recordemos
nuevamente el desborde pulsional propio de la adolescencia) es un concepto subjetivo que determina
claramente el atracón. En el atracón el objeto alimentario no es objeto de necesidad (no es alimento)
ni de placer, sino de goce.

Uno de los puntos fundamentales que se encuentra en estas pacientes es la ineficacia en el


control de los estados internos (Bruch, 1973 En: Feinstein & Sorosky, 1988). Esta incapacidad parece

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contribuir al sentimiento de indiferenciación (Lewis y Johnson, 1984) que conduce a la debilidad en el
control de los impulsos. En este contexto, la búsqueda de la delgadez significa una manera de
controlar a ese nuevo cuerpo (el de la pubertad) que no puede dominarse (Johnson C., Maddi, K.
1988).

LA RELACIÓN TEMPRANA CON LA MADRE EN LA CONSTRUCCIÓN DE LA SUBJETIVIDAD.

No cabe duda de la importancia de la sensibilidad de la madre para la regulación de la


capacidad discriminatoria del infante entre sensaciones corporales y estados emocionales.
En 1905 Freud escribe ¨Tres Ensayos para una teoría sexual¨, donde introduce el tema del
objeto libidinal y trata la relación recíproca entre madre y bebé. Años más tarde (Freud, 1914),
postula que al comienzo no hay un yo psíquico y que el psiquismo debe nacer con posterioridad al
nacimiento biológico. Para Freud el yo es ante todo orgánico; funciona con el sistema del arco reflejo:
estímulo-descarga (yo real primitivo). Es decir que se trata de eliminar cantidades de excitación que el
yo no puede tramitar y que aún no son cualificadas. El lactante es incapaz de conservar su propia
vida si no es a través de las acciones de un agente externo (madre) que las regule. Todo aquello de
lo que carece el infante lo proporciona la función materna. Es la madre, investida como modelo, la
que garantiza el sentimiento de existencia y también aquella que otorga cualidades y matices.
Cuando me refiero a ¨madre¨, hablo de la función materna que bien puede ser desarrollada por otra
persona que no sea la madre.

Continuando entonces, Freud afirma que dado que las pulsiones autoeróticas son
primordiales, algo debe agregarse al autoerotismo para que el narcisismo se constituya; a esta nueva
acción psíquica la llama identificación primaria. Define a la identificación primaria como el primer
enlace afectivo con otro investido como modelo o ideal, al cual el yo aspira fusionarse. El resultado de
esta identificación primaria es un estado de fusión entre el bebé y el objeto (vivido como parte del yo);
una relación narcisista en la que madre y el bebé se sienten completos (sentimiento oceánico).

Estas identificaciones atañen al ser y su desarrollo implica que el yo ha alcanzado un


sentimiento de existencia, de ser un sujeto para el otro. Cuando este proceso fracasa, el goce que
obtiene con el atracón y el vómito lo fijan a esa posición, donde encuentra algo que lo asegura y por
lo cual ¨es¨.

Pero la teoría de la subjetividad freudiana no sólo trata acerca de la proyección y la posterior


identificación sino también de la posibilidad de ser activo. Freud (1926d) afirma que el yo es pasivo

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ante las pulsiones y que su modo de salir de tal inermidad es volverse activo respecto de los objetos
del mundo. Al respecto, dice Maldavsky (1991) ¨Lo que puede ocurrir es que el yo no se coloque en la
posición de sujeto, es decir en la posición activa y que no alcance la identificación con un
modelo/ideal del yo. Esto ocurre entre otros motivos porque la realidad es decepcionante respecto de
lo que lo anímico se prepara para captar...¨

La subjetividad se construye, entonces, a partir de la relación con otro (la madre). El niño
aceptará la demanda de la madre de ser alimentado o no, no tanto por el objeto en sí, sino por el
hecho de decir sí o no al Otro.

En  los  años  50  Lacan  decía  en  relación  a  la  anorexia,  que  la  madre  “confunde  sus  cuidados  
con  el  don  de  su  amor”  y  por  lo  tanto,  se  entromete  y  ahoga  al  niño  con  su  “papilla  asfixiante”.  Esto  es  
una madre que lejos de dar lo que no tiene (la falta) suministra lo que sí tiene (la comida) y el bebé al
negarse a satisfacer la demanda de la madre, intenta exigirle a la madre que tenga un deseo por
fuera de él.

Spitz (1965) demostró que lo que alimenta al niño es más el amor que la comida. Spitz estudió
cómo incide sobre la vida o la muerte del bebé la presencia de la madre. No se trata simplemente de
una presencia física, sino de una presencia con conexión empática. Sobral (2011) se refiere a la
referencia de Lacan anteriormente enunciada sobre la papilla asfixiante. La madre de la anoréxica
confunde el don de amor con la satisfacción de la necesidad y alimenta más por la satisfacción de la
necesidad que por amor, y así no transmite la dimensión de la falta. Es porque a la madre le falta, que
inviste al bebé (recordemos que esta es una de las salidas de la feminidad que da Freud). Hablamos
de un aspecto que lleva a la madre a poner en juego su deseo. Sólo desde la dimensión del deseo la
madre tiene la posibilidad de dar un amor que transmita la falta.

Spitz observa en algunas madres grandes oscilaciones en el humor, estados de repulsa,


hostilidad, depresión, ¨solicitud exagerada¨, etc. Estas madres angustiadas, deprimidas rehúsan el
contacto con sus hijos y restringen la satisfacción de la necesidad dificultando el proceso
identificatorio o bien asfixian al bebé con una omnipresencia en la cual la dimensión de falta deja de
existir.

La díada primaria permite rastrear el por qué de la carencia representacional y la falla en el


pasaje de la cantidad a la cualidad. Winnicott plantea que para el advenimiento de un verdadero self
es requisito fundamental que el bebé cuente con una madre empática y un ambiente facilitador que lo

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sostenga (holding) frente a la no integración y desorganización primitiva. Winnicott considera que la
eficacia del apoyo materno, neutraliza además la "ansiedad inconcebible" que se haría realidad ante
una falla materna intensa y precoz. Los cuidados pacientes, regulares de la madre permiten que el
desarrollo se inicie sin que se comprometa  la  unidad  psicosomática.    La  madre  da  al  bebé‚  un  breve  
período en que la omnipotencia es cuestión de experiencia. Así el bebé va integrándose,
personalizándose y va relacionándose con el mundo externo (al cual siente como interno) siendo a la
vez cada vez más, él mismo.
El ¨sostén¨ permite integrar mecanismos psíquicos y constituir una relación de objeto.
Winnicott sostiene que el vacío primario es un requisito previo al anhelo de recibir algo dentro de sí,
de ¨ser llenado¨. Observa que cuando no se cuenta con una madre suficientemente buena, se
establecen vínculos adhesivos (no objetales) como manera de enfrentar el vacío y se busca
compulsivamente la muerte física ya que la psíquica ya aconteció. Estos pacientes poseen ¨miedo al
derrumbe¨ (Winnicott, 1963) entendido éste como una falla en la organización de las defensas que
sostienen al self. El self organiza defensas para evitar el derrumbe de su organización psíquica pero
nada puede hacer si tal derrumbe proviene de un hecho externo como la falla ambiental (ausencia de
madre empática). Sólo se puede entonces intentar controlar el terror al vacío.

Las pacientes con anorexia y bulimia sienten el terror al vacío ya experimentado y vivenciado
como agujero que se intenta controlar mediante el no comer (anorexia), y que fracasa en el des-
control de un atracón (bulimia). Así, se repite una actitud materna en la cual el sujeto se tapa, se
ahoga. Se trata de una actitud descualificada de afectos –a diferencia de la melancolía- donde la
paciente se da de baja a sí misma, sin sentimientos negativos, pero sin haber podido construir su
subjetividad y desestimando su propio sentir –tal como su madre-; donde el temor a la muerte no
existe porque la muerte ya aconteció.

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