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FILOSOFIA FUNDAMENTAL

Francisca Tomar Romero

UNIVERSIDAD REY JUAN CARLOS

Tomar Romero, Francisca. Filosofía fundamental. Madrid, ESPAÑA: Dykinson, 2012. ProQuest ebrary. Web. 7 July 2016.
Copyright © 2012. Dykinson. All rights reserved.
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FILOSOFÍA FUNDAMENTAL

Francisca Tomar Romero


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u Universidad
Rey Juan Carlos

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Todos los derechos reservados. Ni la totalidad ni parte de este libro, incluido el diseño de la
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Cubien3: "La Escuela de Atenas·' (1510-1511). de R3f3el Sanzio (Museo del Vaticano).

e Copyright by
Francisc3 Tomar Romero
Madrid,2012

EditOJÍ31 DYKINSON, S.L Meléndez Valdés, 61 - 28015 Madrid


Teléfono (+34) 91 5442846-(+34)91 5442869
e-m3il: info@dykinson.com
http://www.dykinson.es
http://www.dykinson.com
Con.,ejo Editori,,1 véa<e .......·w.dykin.mn.com/q"ienessomo.'

ISBN: 978-84-9031 -030-4


Depósito Legal: M-22729-2012

Prcimpresión realizada por e/mllor

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ÍNDICE GENERAL

INTRODUCCIÓN 15

1. ESPECIFICIDAD DEL SABER FILOSÓFICO 19

1.1. Conccpto y método de la filosofía 19


1.2. Justificación de la filosofía : su scntido y necesidad 25
1.2.1 . Sobre la utilidad de la filosofía 25
1.2.2. ¿Filosofía o filosofías? 28
1.1. División de la filosofía : las disciplinas filosóficas 31
1.3.1. Filosofía real 33
1.1.2. Filosofía del conocimiento 36
1.1.1. Ética o filosofía práctica 38
lA. Filosofía hoy: función de la filosoña 41

2. METAFÍSICA O FILOSOFÍA PRIMERA 45

2.1 . Estatuto científico de la metafísica 45


2.1.1. El itinerario del ser 45
2.1.2. Ll metañsica como ciencia especulativa 50
2.2. El ente como objeto de la metafísica 56
2.2.1. El ente como primer conocido 56
2.2.2. Principios constitutivos del ente: esencia y ser 57
2.2.3. Lls propiedades trascendenmles del ente GO
2.3. El problema de Dios 63
2.1.1. La bÚSCJucda del Absoluto 63
2.3.2. El conocimiento racional de Dios 72

3. FILOSOFÍA DE LA NATURALEZA O COSMOLOGÍA 89

3.1 . El objeto material y fomlal de la Filosofía de la naturaleza 89


3.2. El lugar de la Filosofía natural en la sistematización
filosófica 93
3.2.1. La Naturaleza como cosmos u orden 93
3.2.2. Filosofía de la naruraleza, filosofía de la ciencia
y metafísica 94

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3.3. Filosofía de la naturaleza y ciencias de la naturaleza 96
3.3.1. Sobre los sentidos de la Física y su relación con
las ciencias empíricas 96
3.3.2. Filosofía de la naruraleza y ciencias matematizadas 98

4. ANTROPOLOGÍA FILOSÓFICA O FILOSOFÍA DEL


HOMBRE 103

4.1. L'l pregunta por el hombre 103


4.2. De los tratados " De anima" a la antropología filosófica 105
4.3. Estatuto epistemológico de la filosofía del hombre 112
4.3.1. Antropologías positivas y antropología filosófica 112
4.3.2. Enfogue y respuesta de la antropología filosófica 117

5. TEORÍA DEL CONOCIMIENTO O GNOSEOLOGÍA 133

5.1 . El objeto de la teoría del conocimiento 133


5.1.1 . El conocimiento como problema y objeto de
reflexión 133
5.1.2. La teoría del conocimiento en sus temas 136
5.2 . Conocimiento, verdad y aspectos subjetivos del conocer 147
5.2.1. Cuestiones relativas al concepto de l'erdad 147
5.2.2. Los aspectos subjetivos del conocimiento 153

6. FILOSOFÍA DE LA CIENCIA 157

6.1. El conocimiento científico 157


6.1.1 . Orígenes del conocimiento científico 157
6.1.2. Las ciencias y sus métodos 160
6.1.3. Problemas epistemológicos del saber científico 162
6.2. La ciencia y su filosofía 164
6.2.1 . La filosofía de la ciencia como disciplina
filosófica 164
6.2.2. La filosofía de la ciencia y su historia 167

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7. LÓGICA O PROPEDÉUTICA DE LA FILOSOFÍA 173

7.1. Lt lógica como ciencia del pensamiento 173


7.2. Lt lógica como instnlmento del saber 176
7.3. D esde el Orgdl/OI/ hasta la lógica simbólica 179

8. ÉTICA O FILOSOFÍA PRÁCTICA 185


,
8.1. Etica, moral y filosofía moral 18S
8.2. L'l experiencia moral 189
8.3. Objeto material, objeto fonnal y división de la ética 191
8.4. El valor moral 195
8.5. Sobre el fundamento de la ética 198
8.6. Ética y humanidad 203

9. BIBLIOGRAFÍA 211

9.1. Obras generales de F'ilosifia 211


9.2. Bibliografía sobre Alrtajisica 219
9.3. Bibliografía sobre CoslJlología 221
9.4. Bi bliografía sobre Antropología filosijica 224
9.5. Bi bliografía sobre CI/ose% gía 211
9.6. Bi bliografía sobre Filosifia de la Genaa 215
9.7. Bi bliografía sobre Lógica 238
9.8. Bibliografía sobre Ética 239

II

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"¿Qué necesidad tengo de buscar la t'trdarl, si
(lJalql/ier (/(dón en f tll'()T de los demás cOlltime
todas las jilosqfias, todas las religionu, rlllnirerso
mtero y al mismo Dios?" (Vicente Ferrer)

'Todos los hombres desean, por naturaleza, saber"


(Aristóteles)

''!\Ti kl dlldad lIi el i"rlirúl"o Plleden serJelices


sill l/na zú!a de sabidllria gobemada por la jl/stida"
(platón)

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INTRODUCCiÓN

No siempre resulta fácil redactar las páginas introductorias a una obra.


Se supone que una introducción debe presentar claramente el tema que es
objeto de análisis o estudio, la motivación o imención que se persigue, la
metodología empleada y una justificación de sus contenidos y estructura. No
debe pretender una síntesis y tampoco anticipar las conclusiones. De hecho,
ésas son las orienmciones básicas que tOdo profesor recuerda a sus alumnos
universitarios y doctorandos, junto con la recomendación metodológica de
redactarla una vez se haya concluido el trabajo o Í!westigación. De ese modo, 10
que para el lector constiruye la primera toma de contacto con un texto, para el
autor L'lmbién representa motivo y ocasión para un sereno balance o reflexión
sobre la adecuación de los contenidos desarrollados con los objetivos
inicialmente propuestos. Como no puede ser de otra manera, será el lector
quien finalmente juzgue sobre el resultado y saque sus propias conclusiones. A
ese respecto, tras la reflexión que me corresponde en calidad de autora, sólo
puedo señalar que los propósitos que motivaron la redacción de esta obra son
los que han seguido estando presentes en cada una de sus páginas.
Bajo el titulo de Filostifia fllndamenlal, este libro pretende exponer de una
manera clara y asequible, pero a la vez rigurosa y exhaustiva, la singularidad o
carácter específico del saber filosófico en su concepto, método, sentido y
necesidad. Para ello, jumo con la consideración general de la filosofía, también
se abordan las disciplinas filosóficas más relevantes, sin perder la perspectiva de
su intrínseca unidad . De esta manera, tras un primer capítulo en el que se
presenta la especificidad de la filosofía desde un enfoque teórico y, a la vez,
práctico o existencial, los siguientes siete capírulos están dedicados a la
metafísica (o filosofía primera), la filosofía de la naturaleza (o cosmología), la
antropología filosófica (o filosofía del hombre), la teoría del conocimiento (o
gnoseología), la filosofía de la ciencia, la lógica (como propedéutica de la
filosofía) y la ética (o filosofía práctica), respectivamente. No es mi intención
enumerar los aspectos concretos abordados en cada capítulo, ya que están
reflejados, de un modo completo y estructurado, en el índice general del libro.
No obstante, sí que considero pertinente exponer algunas consideraciones que
justifican la selección de dichos contenidos y la intención fundamental de la
obra.
Como profesora de filosofía, he tenido la oportunidad de impartir
diferentes cursos, no sólo de filosofía general sino también de cada una de las
disciplinas filosóficas anteriormente enumeradas. Por otra parte, el alumnado
universitario al que estaban dirigidos esos cursos ha sido amplio: estudiantes
que cursaban sus estudios de licenciarura o postgrado en filosofía; alumnos
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uni\'ersitanos de ámbitos de especialización distintos y en ocasiones también
distantes (Ciencias Jurídicas y Sociales, Ciencias Económicas y Empresariales,
Ciencias Experimentales y Tecnología, Ciencias de la Salud, ete.), cuyo plan de
estudios integraba alguna materia filosófica como complemento fonnativo;
alumnos de cursos de doctorado y postgrado interdisciplinares; e incluso
alumnos del ámbito actualmente conocido como "universidad de mayores".
Esa experiencia docente de casi veinte ailos me ha permitido constatar varios
hechos ,\' reflexionar sobre los mismos.
En primer lugar, actualmente existe una real necesidad de formación
filosófica en el conjunto de nuestro contexto universitario. Dicha necesidad o
exigencia objetiva no implica necesariamente una demanda explícita .
Difícilmente se puede demandar o tener inquietud por aquello que, en
principio, se desconoce. A los habituales prejuicios y ambigüedades que
tradicionalmente han rodeado la concepción popular sobre el quehacer
filosófico, en los últimos ailOS también se ha unido un progresivo retraimiento
de la filosofía en los niveles medios de enscii.anza, así como una cada vez más
temprana elección y orienL'lción hacia los ámbitos de especialización, que ganan
en profundidad a costa de restringir sus horizontes. Dividimos, diseccionamos
el mundo para estudiarlo mejor, yeso es legítimo. Ahora bien, ello no significa
que necesariamente lo comprendamos mejor, porque la realidad es unitaria: el
análisis debe ir acompailado de una posterior tarea de síntesis que nos pennita
integrar el conocimiento en una visión de totalidad. La capacidad de análisis y
síntesis, la estructuración mental, la reflexión profunda, una adecuada actitud
crítica y la pasión por encontrar la respuesta a preguntas objetivamente
fonnuladas, son capacidade.<;, hábitos o destrezas que el estudio de la filosofía
acostumbra a cultivar. Con esto no pretendo decir que ésa sea la misión de la
filosofía, ni sus únicos efectos o consecuencias, sino simplemente que dichas
competencias, siempre necesarias, requieren hoy en día un mayor refuerzo y
adecuada orientación en el amplio marco de los estudios, ya sean universitarios
o no.
En segundo lugar, hace ya mucho tiempo que estoy totalmente
convencida de que no hay ningún tema, por muy difícil o complejo que sea, que
no pueda ser explicado de una manera clara, asequible y comprensible, sin que
ello signifique menoscabo en la precisión y rigor de su explicitación. Encontrar
el modo y trazar el camino que lle"a desde el desconocimiento, cuando no
prejuicio, hasta la verdadera comprensión que supone la capacidad de
interrelación, es una de las más importantes tareas del profesor. Ciertamente,
ello no siempre es fácil y los puntos de partida tampoco son siempre los
mismos, por lo que el método requerirá ciertas adaptaciones. Toda disciplina o
ámbito de conocimiento posee un lenguaje técnico propio en aras del rigor y
precisión, a la vez que pretende alcanzar resultados. Ahora bien, sobre la base
de que las palabras expresan concepros que a su vez se refieren a realidades,
parece lógico que se explicite el adecuado significado de dichos términos (pues
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no siempre coincide con el uso habitual) antes de empezar a utilizarlos y
combinarlos entre sí. Por otra parte, tampoco resulta pedagógico abordar una
temática exponiendo resultados o soluciones a preguntas que nuestro
interlocutor previamente ni tan siquiera se ha planteado. Incitar a que el alumno
fornmle por sí mismo las preguntas r un acompailamiemo orientado en el
camino que lleva hacia las respuestas sigue siendo, desde Sócrates, el método
filosófico por excelencia. Además, también resulta importante mostrar que la
filosofía, cuyo instrumento es la razón, no es un puro saber teórico al margen
de la realidad. Para ello se debe demostrar cómo tiene su punto de partida en la
experiencia, en la realidad vivida y cómo tiene también en esa realidad práctica
su culminación o punto de llegada.
En definitiva, las anteriores consideraciones constituyen las
motivaciones e intenciones que subyacen en esta obra r que, a la vez, articulan y
estnlcturan su contenido. Fllosifia flmrlamenlal es una obra que se dirige r pone al
servicio de un público amplio y diverso: el lector profano en materias filosóficas
que siente cierta inquietud o curiosidad por la filosofía, su ámbito de estudio,
sentido o utilidad; el estudiante universitario interesado en complementar su
campo de conocimiento y especialización con una fonnación filosófica
integradora; y el estudiante de filosofía que desee alcanzar anticipadameme una
visión unitaria y esencial de las diferentes disciplinas filosóficas,
interrelacionadas en sus problemáticas fundamenL'l.les, sin tener que aguardar a
cursarlas todas, lo que habirualmente sólo se consigue durante los últimos ailOS
de esrudio. En este sentido, debo aclarar que esta obra no pretende ser un
manual de filosofía general, ni de cada materia filosófica en particular. De ahí
que, como capítulo final, se ofrezca una amplia selección bibliográfica,
orienmtiva sobre obras generales o de referencia.
Finalmente, una confesión y un deseo. Mi vocación por la filosofía se
inició a los dieciséis años, coincidiendo con mi primer contacto académico con
la misma. Tuve que superar mis propios esquemas respecto al conocimiento,
que por aquel entonces eran bastante empiristas e incluso cientificistas, para
poder descubrir que 10 que siempre había estado buscando se llamaba
"filosofía". Sin pretender despertar \"ocaciones, no puedo evitar en mi ánimo el
deseo de que la lectura de alguna de las siguientes páginas propicie o impulse la
pasión por seguir indagando, una aproximación a las fuentes, un diálogo con los
textos y sus autores. Si ello sucede, estimado lector, el mérito no será de esta
modesta obra, sino de ese filósofo que todos llevamos dentro.

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1. ESPECIFICIDAD DEL SABER FILOSÓFICO

1.1. Concepto y método d e la filosofía


El ser humano siempre ha necesitado comprender la realidad. Explicar
un suceso es responder a la pregunta de por qué ocurre. En la medida en que
ese porqllé puede poseer distintos sentidos, habrá diferentes reSpUeSL'lS a la
pregunta y, por consiguiente, diferentes explicaciones sobre la realidad.
Mediante la explicación mitológica el hombre consiguió una cierta comprensión
de la misma a través de la personalización de la realidad narural. La filosofía y la
ciencia nacen de la crítica a la explicación mitológica. Se suele situar en las
colonias griegas de Asia i\-lenor r en el siglo VI a. e. el surgimiento de la ciencia
y de la filosofía . Así, frente a los mitos tradicionales de la cultura griega, que
intentaban explicar la Naruraleza basándose en el poder de los dioses, una serie
de pensadores griegos Qos filósofos presocráticos) intentaron explicarla
mediante la reflexión racional. En estos inicios o primeros momentos de la
filosofía, ésta dirigía su especulación hacia la naturaleza, hacia la realidad fisica o
natural, en un intento por descubrir el "mjl' o primer principio que constituye
la realidad natural.
Así pues, la Grecia del siglo V I a.e. es la cuna del pensamiento
filosófico occidental. Sin embargo, independientemente de su origen, lo cierto
es que el concepto de filoso/fa permanece aún hoy en día bastante oscuro para la
generalidad de los hombres. Por lo general, suele evocar ideas mu y dispares y
confusas. Así, sugiere en primer lugar, la idea de algo arcaico y misterioso, una
especie de saber mítico que hunde sus raíces en lo profundo de los tiempos y
está reservado sólo para iniciados (pitagóricos, la Academia de Platón, ...).
En segundo lugar, también evoca la idea de un arte de vivir reflexiva y
pausadamente; una serena valoración de las cosas y sucesos exteriores a
nosotros mismos que produce una especie de imperturbabilidad interior. Así,
en el lenguaje coloquial acostumbramos a decir que "fulanito es un filósofo", o
bien, "te tomas las cosas con filosofía", por ejemplo. Sin duda, algo de verdad
habrá en estos conceptos, L'll y como suele haberlo en las ideas de dominio
popular. Indudablemente, el poseer una coherente visión del Universo ha de
producir en el filósofo una especie de serenidad o independencia de las
pasiones interiores y de la variabilidad de la fortuna, L'll y como ya pusieron de
relieve los estoicos . Sin embargo, comprobaremos que la filosofía es mucho
más amplia y profunda que eso.
Otras veces, el juicio o creencia general es todavía menos benévolo con
los filósofos, y se piensa que la filosofía es, simplemente, "lo que hacen los

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filósofos", que son algo así como unos sabios de un saber inútil que mantienen
a lo largo de los siglos interminables disputas sobre temas que sólo a ellos
interesan, utilizan una tenninología que únicamente ellos entienden y, para
colmo, parecen no llegar nunca a una conclusión. Lo cierto es que eso no es la
filosofía, aunque vista desde fuera, desde Sll superficialidad, pueda muchas
veces tener esa apariencia o causar esa impresión.
Comprobamos, pues, que esta primera aproximación a lo que
comúnmente se entiende por "filosofía " no nos aporta casi nada, porgue en el
mejor de los casos nos ofrece una visión restringida o parcial de la filosofía y, la
mayoría de las veces, una interpretación errónea o incluso deformada.
Por mnto, vamos a realizar una segunda aproximación, ahora desde la
consideración etimológica. E.-.:aminando sus raíces griegas, etimológicamente, la
filosofía se define como allJor a k1 sabidlll7a. Una antigua tradición cuenta que los
primeros pensadores griegos se llamaron "sabios", y que Pitágoras, por modestia,
sólo quiso llamarse "amante de la sabiduna" o "filósofo"l: de ahí vendría el uso del
ténnino "filosofía". Lo cierto es que, independientemente de donde provenga. la
tradición, esta consideración de la filosofía como amor a la sabiduría nos
proporciona una buen,'! base para nuestro estudio:
Aristóteles, inicia una de sus obras, en concreto la Aletqfisic(f, con una
simple pero clara afinnaciÓn. Nos dice que "todos los hombres desean, por
naturaleza, saber"2. Abora bien, debemos tener en cllenta que "saber" y, por
consih>uiente, "sabiduría" no es otra cosa que poseer un conocimiento \'erdadero.
Con esto ya hemos alcanzado dos conclusiones. E n prímer lugar, definir la
filosofía como amor a la sabiduna equivale a definirla como "amor a la \'erdad" .
En segundo lugar, esta actitud filosófica, amor a la sabiduría, amor a la verdad o
afán de saber, es algo connatural a la propia naturaleza humana, algo que es propio

1 Es usual considerar que Pitágoras fue el primero en llamarse a sí mismo


"filósofo", en tanto que "amante de la sabiduna", a diferencia de "sabio", el que
posee ya sabiduna. Las fuentes para esta tradición son: Cicerón, Tme. Disp. 5,8-
tO; D iógenes Laercio, 1, 12; 8,8; Y también la Vita l)'t/Jtlgorae, de Jámblico. La
explicación del ténnino "filósofo" en Pitágoras parece haber sido dada por
I-Iernclides Póntico en una obra perdida (cfr. D iógenes L'!ercio, 1, 12); Cicerón
conservó lo que, al parecer, había dicho I-Ieráclides Póntico, y J ámblico siguió a
Cicerón. Sin embargo, se ha discutido si Pitágoras pudo haber usado realmente
el nombre de "filósofo" o si simplemente hizo uso de "la parábola de los tres
modos de vida" (apoláustico, político y teórico) que son debatidos por Platón
en la I&públic(f (581 c y ss.). E n todo caso, incluso en el caso de ser cierta la
atribución a Pitágoras del uso del ténnino "filósofo", puede discutirse si
significó en él lo mismo que posteriorntente en Sócrates y en Platón. Véase:
FERRA TER MORA, J., Dica'Ollario dejilosrifla, vol . 11, Ariel, Barcelona, 2004 (3'
rcimpr.), pp . 1270-1273.
2 ARISTOT E LES, Mettif'ísica, 980 a.
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del hombre por el mero hecho de ser hombre. Por consiguiente, la filosofia es
esencialmente UlL'l búsqueda de la verdad )', por muy raro que pafC2ca, es un
asunto que no atarle sólo al profesor o profesional de la filosofia, sino a todo
hombre, ya que todo hombre es filósofo, aunque no lo sepa o no sea consciente
de ello. Así, a semejanza de aquel que escribía en prosa sin saberlo, todo hombre
es filósofo aunque no se dé cuenm. L'1 filosofía es la acti"idad más narueal del
hombre: no hay hombre que no filosofe, o por lo menos, todo hombre tiene
momentos en su vida en que se convierte en filósofo .
En la segunda aproximación básicamente hemos hablado acerca de la
verdad, ya que su búsqueda y encuentro son la causa eficiente y final de la filosofia,
son algo así como su punto de panida y su punto de llegada; y, por consiguiente,
su sentido. Por tanto, ya esmmos en condiciones de definir de UlL'l manera más
específica qué es la filosofia . Así, esta tercera aproximación es, en realidad, lo que
podriamos denominar una definición esencial de la filosofía .
L'l filosofia se define como "la ciencia del ser (de todo ser) que, a la luz de
la razón natural, busca las causas últimas de todas las cosas, partiendo de la
.
expenenaa." .

¿Podriamos dar otras definiciones de " filosofia"? -} Quizás sí; pero, si


atendemos a lo que es esencialmente la filosofia y su vocación originaria, lo cierto
es que únicamente podriamos cambiar el orden de las palabras, utilizar otros
ténninos sinónimos o equivalentes, o e.xplicimr su significado. E n aras de la
claridad y precisión, vamos a desglosar los elementos de la definición y
comenmrlos brevemente:
Muchas veces se reduce el concepto de ciencia al ámbito de lo empírico y
se cree que la ciencia es simplemente la ciencia experimental. Sin embargo, esta
consideración ofrece una visión restringida y defo rmada de la ciencia ya que, en su
originario sentido, k/ amaa es rolloalJlienfo por callsar. Así, distinb>u.imos entre las
ciencias especulativas o teóricas y las ciencias experimentales. E n este sentido, la
filosofia se sitúa en el ámbito de las ciencias especulativas. Y, en cuanto no se
confonna con buscar causas inmediatas o mediatas, sino que pretende encontrar
las callsas Jilfima! de loda realidad merece el nombre de ciencia en su sentido más
completo.
L'l filosofía no recorta un sector de la realidad, tal y como hacen las
ciencias particulares, para hacerlo objeto de su esrudio. Es un saber universal en el

_1C f. BOC HENSKI, J.M., Jl1lror!lIrciól1 al pmsaJJlit!1lfo filosijiro, Herder, Barcelona,


1982,pp. 21-31 .
4 Para la Antigüedad y E dad Media, la ciencia es el conocimiento racional y por
causas que trata de la esencia de lo real. El Renacimiento trae consigo una
renovación del clima científico que culmina, en el s. xvn, con el nacimiento de
la ciencia moderna, la escisión entre ciencia y filosofía, y la hegemonía del
método experimental.
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sentido de que su objeto material es tooa la realidad: ntnda del ser, de lodo ser. Ahora
bien, por realidad no debemos entender únicamente las realidades físicas o
materiales, sino también las realidades inmateriales. Lt filosofía ofrece una visión
de la tomlidad, pero no debe confundirse con la simple suma o integración de
saberes.
Lt filosofía no es igual a la suma de las ciencias particulares, ya que se
disúngue de ellas por su objeto formal, por el punto de vista o perspectiva desde el
que esrudia tooa la realidad. En este sentido, su enfoque o perspectiva consiste en
buscar las causas últimas o razones más profundas de la realidad. Así, por ejemplo,
la filosofía se plantea pregunms mies como qué es el ser, la "ida, el hombre, el
conocer..., y no se conforma con las causas mediams o inmediatas. Tampoco
puede confundirse con la teología revelada o saber religioso ya que, si bien éste
mmbién pretende obtener un conocimiento toml de la realidad por sus causas
últimas, el instrumento de la filosofía es la razón, mientras que el de la teología
reYelada es la fe )' Revelación. Finalmente, pero no por ello menos importante, la
filosofía siempre tiene su punto de partida en la experiencia. Algunos creen que la
filosofía consiste en un mero "pensar por pensar" completamente alejado de la
realidad. Sin embargo, eso no es la filosofía. Lt filosofía parte de la misma realidad,
de la experiencia vital y sobre ella aplica la razón para alcanzar unas conclusiones
que incidan posteriormente en la vida. Es algo así como un camino de ida y vuelm.
Lt auténtica filosofía supone un "pensar para hacer" y un "hacer habiendo
pensa(Io " .
La filosofía es una ciencia especulati\'a o teórica. Ciertamente, el
conocimiento comienza por los sentidos, pero la inteligencia o razón humana
también es capaz de conocer la realidad)' de ir más allá de los datos sensibles.
La filosofía recurre a la experiencia y en ningún modo puede prescindir de ella,
pero a partir de los hechos de experiencia razona remontándose a las causas
esenciales que se dan de modo necesario y deduce de ellas consecuencias
igualmente necesarias. Por eso el método filosófico, si bien toma como punto
de partida la experiencia sensible, tiene como instrumento propio la razón. La
filosofía se sitúa en continuidad con el conocimiento humano ordinario,
uúlizando sus mismos recursos: se parte de la experiencia sensible, a través de la
cual se llega mediante la inteligencia a conocimientos universales abstractos, y
se avanza en el conocimiento realizando inferencias cuyo valor viene
deternlinado, en último ténnino, por la evidencia sensible o la intelectual. T odas
las ciencias úenen en común abstraer lo universal y necesario de lo particular.
Pero, a diferencia de lo que sucede en las ciencias que se apoyan de algún modo
en la evidencia sensible (en lo que se comprueba por los sentidos), la filosofía se
mueve en el ámbito de la evidencia intelectual. Al buscar las causas más
profundas de lo real, la filosofía se remonta con frecuencia a realidades que

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están más allá de lo que se puede comprobar mediante los sentidos: por eso, la
evidencia que más utiliza es la evidencia intelectual 5.
En síntesis, la filosofía utiliza de modo sistemático los recursos de todo
conocimiento humano: la experiencia, la inducción, el razonamiento; y el valor
de sus afirmaciones se fundamenta sobre la evidencia, lo mismo que sucede con
todo conocimiento. L'l. filosofía estudia la realidad buscando sus causas últimas.
Para ello, toma como base tamo el conocimiento ordinario como el científico,
examina el grado de certeza que alcanzan en cada caso concreto. Y, en sus
razonamientos, utiliza los recursos de la inteligencia de acuerdo con las reglas
lógicas válidas para todo conocimiento humano.
No parece adecuado concluir este apartado sin una referencia a las
definiciones de "filosofía" que se han dado a lo largo de la historia. Las
definiciones son variadas. Así, cada sistema filosófico puede valer como una
respuesta a la pregunta acerca de lo que la actividad filosófi ca re presenta para la
vida humana. Cada una de estas respuestas es, por lo tanto, parcial. Pero, al
mismo tiempo, necesaria si tenemos en cuenta que la filosofía se va formando
en el curso de su propia historia Por consiguiente, la exposición de las
definiciones dadas por los diversos filósofos acerca de la filosofía puede
considerarse como el conjunto de las perspectivas desde las cuales la filosofía
ha sido vista, y no como una mera recopilación de respuestas arbitrarias sobre
el problema filosófico . De hecho, quizás paradó jicamente, la unidad de la
filosofía -siempre que no interpretemos la expresión en un sentido demasiado
rígido- se manifiesta a través de su diversidad 6:
De acuerdo con Platón y Aristóteles, la filosofía nace de la admiración
y de la extraí'leza. Pero, mientras para Platón es el saber que, al extrañarse de las
contradicciones de las apariencias, llega a la visión de lo que es verdaderamente
(de las ideas); para Aristóteles la función de la filosofía es la i1westigación de las
causas y principios de las cosas. Según el Estagirita, el filósofo posee la totalidad
del saber en la medida de lo posible sin tener la conciencia de cada objeto en
particular. La filosofía conoce por conocer; es la más elevada y a la vez la más
inútil de todas las ciencias, porque se esfuerza por conocer lo cognoscible por
excelencia, es decir, los principios y causas y, en última instancia, el principio de
los principios, la causa última o Dios. Desde Platón y Aristóteles se suceden las
definiciones de la filosofía que comprende, en las escuelas postaristotélicas, una
parte teórica y una parte práctica y que, al acentuar la voluntad de salvación, va
cOlwirtiéndose paulatinamente en un cierto sucedáneo de la fe religiosa. Así
ocurre, entre otras co rrientes, en el estoicismo y en el neoplatonismo, en los
que el contenido religioso y concepción del mundo absorbe de modo
considerable el contenido teórico. Junto a ello la filosofía es concebida como la

5 Cf. ARTIGAS, J\l , Infroduráó" a la ft/osrifia, Eunsa, Pamplona, 1984, pp. 41 -46.
6 Ce. FERRATER MORA, J., DiraOllan'o de ji/osrifia, vol. 11 ,01" cit., pp. 1272-
1275.
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norma más adecuada para la acción, como el arte de la vida basado en los
principios de razón.
Las concepciones r definiciones de filosofía propias de la filosofía
antigua persistieron durante la época en que se extendió r afirmó el
cristianismo, pero éste influyó de modo muy importante en nuevos modos de
concebir y tratar la filosofía . En realidad, judaísmo, cristianismo e islamismo
influyeron en las distintas maneras de entender la filosofía, la cual se presentó
primero como opuesta y luego como ligada a la correspondiente concepción
religiosa. De ahí que las definiciones de filosofía dadas en la Edad Media
cristiana, por ejemplo, deban entenderse en virtud de la función que desempeña
el pensamiento filosófico (en cuanto "pensamiento racional" que tiene sus
modelos en los pensadores antiguos, griegos y latinos) para la comprensión del
contenido de la fe . En ese contexto, la filosofía se define en relación con la
teología: algunos la conciben como sirvienta, otros buscan una armonía o
complemenL'lriedad entre ambas, mientras que otros subrayan sus conflictos y
apuntan hacia su separación.
En lo que se refiere a la concepción de la filosofia, ya no como "teoría"
sino como " norma para la vida", los desarrollos son muy similares a las formas
del período helenístico romano. La filosofía y su sentido deben ser
comprendidos desde el horizonte total del vivir, tanto en la Edad ¡...Iedia como
en cualquier otra época de Occidente. En ese sentido, también en el
Renacimiento y en la época moderna, la filosofía representa, por lo menos en
una buena parte, la respuesta que da el hombre al problema de su vivir y
fonnalmente la respuesta que se da al problema por la esencia de la filosofía
.
mIsma.
Así, para Bacon la filosofía es el conocimiento de las cosas por sus
principios inmutables y no por sus fenómenos transitorios; es la ciencia de las
formas o esencias y comprende en su seno la investigación de la Naturaleza y
de sus diversas causas. Para Descartes, la filosofía es el saber que averigua los
principios de todas las ciencias y, en cuamo filosofía primera o metafísica, se
ocupa de la dilucidación de las verdades últimas y, en particular, de D ios . El
giro crítico que tiene la filosofía en la época moderna se va acentuando después
de Descartes: tanto el racionalismo continenL'l.1 como el empirismo inglés
coinciden en este propósito. Desde Locke a Berkeley o Hume, como crítica de
las ideas abstractas y como reflexión crítica sobre la experiencia, la filosofía
muestra el ejercicio filosófico desde diferentes aspectos. L'l. reducción de lo real
al marco lógico de su fundamento proporciona, en cambio, una definición
diferente. Así, según ,'Volff y su escuela, la filosofia es la ciencia de las cosas
posibles y de los fundamentos de su posibilidad. Kant concibe la filosofía (o su
sistema) como un conocimiento racional por principios, pero ello exige una
previa delimitación de las posibilidades de la razón y, por lo tamo, una crítica de
la misma como prolegómeno al sistema de la filosofía trascendental. En el
idealismo alemán, la filosofía es el sistema de saber absoluto: desde Fichte, que
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la concibe como la ciencia de la construcción y deducción de la realidad a partir
del Yo puro como libertad, hasm Hegel, que la define como la consideración
pensante de las cosas y la identifica con el Espíritu absoluto en el estado de su
completo desarrollo. Schopenhauer la concebirá como la ciencia del principio
de razón, como fundamento de todos los demás saberes, \' como la
autorreflexión de la Voluntad. Para el positivismo, la filosofía es un compendio
general de los resultados de la ciencia, y el filósofo es un " especialista en
generalidades". Whitehead dirá que la filosofía es el intento de expresar la
infinitud del universo en los ténninos limitados del lenguaje. Wittgenstein,
Schlick, así como muchos positivistas lógicos y varios filósofos analíticos,
supondrán que la filosofía no es un saber con contenido, sino un conjunto de
actos: no es conocimiento, sino actividad. Concebirán la filosofía como una
" aclaración del lenguaj e" para el descubrimiento de pseudoproblemas. Ante tan
diversas concepciones, Samuel Alexander señalará que la filosofía es
simplemente "el estudio de aquellos temas que a nadie, excepto a un filósofo, se
le ocurriría estudiar. . ." No obstante, preferimos concluir con la visión de
Zubiri, sin duda más positiva: "la filosofía no consiste sino en la constitución
activa d e su propio objeto, en la puesta en marcha de la reflexión". De ahí que
la filosofía asuma, según los casos, aspectos aparentemente diversos e inclusive
divergentes: es, como ha resumido el cimdo autor, "saber acerca de las cosas,
dirección para el mundo y la vida y, finalmente, forma de vida"7.

1.2. Justificación de la filosofia: su semido y n ece sidad


1.2.1. Sobre 1.7 milid.1d de 1.7 filosofl.1
LJegados a este punto ¡xxlriamos plantearnos: Bien, pero ¿cuál es
verdaderamente la utilidad de la filosofia? ¿Por qué algunos hombres se han
dedicado y se dedican a cavilar so bre el origen y naturaleza última de todas las
cosas? ¿Para qué sirve la filosofía, qué utilidad práctica puede reportarnos?
Al preguntarnos cuál es la utilidad de la filosofía, lo primero que debemos
hacer es precisar qué entendemos por "utilidad". Acrualmente, el concepto de
utilidad está ligado al ámbito técnico. Así decimos que algo es útil cuando es un
instrumento o medio adecuado para lograr un deternlinado objetivo o fin, e inútil
en el caso contrario. Por ejemplo, una palanca es un instrumento útil para levantar
un peso, pero inútil para transportarlo. Un orden,'l.dor es un instrumento o medio
útil para almacenar, ordenar y procesar información, pero inútil, por ejemplo, para
hacer la colada.
Si reducimos la utilidad únicamente a su vertiente técnica, deberiamos
responder que, en ese sentido, "la filosofía no sirve para nada" . Y no sirve para

7 Z UBI RI , X., N a//lmleza, His/on"tl, Dios, Editora Nacional, i\ ladrid, 1944, p. 117.
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nada porgue la filosofía, en sí misma, no es un medio o instrumento, sino
fundamentalmente un fin y está enraizada en la propia naturaleza o esencia del
hombre, en su ser y no en el mero hacer. Ll filosofía es la ciencia de los fines, la
que nos enscli.a cómo r para qué vivir. La diferencia esencial de la naruraleza
humana radica en la racionalidad. Y esa racionalidad lleva al hombre a buscar el
conocimiento desinteresado de la esencia de las cosas. A diferencia del animal, el
hombre no se plantea simplemente si las cosas le son perjudiciales o beneficiosas o
indiferentes, sino que el hombre es el único ser que traspasa esa esfera utilitaria y
se pregunta además ¿gué son las cosas?, ¿cómo son? y ¿por gué son as!?
Sin embargo, también es cierto que nuestra sociedad de masas y de
consumo muchas veces vi\'e de acuerdo con una organización de la vida gue se
asemeja mucho a la vida animal: agobiados por las prisas r el afán de realizar el
mayor número de cosas en el menor tiempo posible, vivimos en UlL'l. incesante
actividad, únicamente encaminada a producir medios o útiles para satisfacer
detenninadas necesidades de la vida. E.n esas circunstancias la existencia del
hombre se convierte en una especie de ciclo que sólo sirve para mantenerse a sí
mismo y repetirse indefinidamente. E.n ese contexto, el hombre es un ser pura y
radicalmente pragmático, no tiene tiempo para preguntarse, r mucho menos para
responder a la pregunta de qué son las cosas, porque simplemente las utiliza en su
pro\'echo. Ha perdido la capacidad para valorar las cosas y admirarse ante la
realidad, y ha penlido esa capacidad por falta de uso, ya que no valora o aprecia las
cosas, sino que simplemente las utiliza. Por tanto, no es de extrai'lar gue quienes
viven de tal forma, ante una obra de arte, por ejemplo, sólo conciban preguntarse
¿cuánto valdrá? o, ante un descubrimiento cientifico, ¿para qué servirá? L'l. filosofía
y el arte rompen ese círculo vicioso y confieren un sentido y un valor a la vida. El
conocimiento filosófico es mucho menos teórico de lo que se piensa, ya que
alcanza verdades que afectan y comprometen toda la conducta humana. No
obstante, en un mundo donde prevalece la acción, el "hacer por hacer" o "el hacer
en el menor tiempo posible", es comprensible gue en muchas ocasiones la filosofía
sea descalificada y se la considere una pérdida de tiempo, algo inútil, ineficaz o
improductivo, ya que erróneamente es concebida por la mayoria como un simple
"pensar por pensar", como un pensamiento estéril puramente fonnalizado.
Aristóteles decía que la filosofía nació de la admiradólI. Según el filósofo
griego, lo que llevó a los hombres a filosofar fue el hecho de advertir gue la
realidad tiene togas, sentido, racionalidad . L'l. realidad misma es admirable
porgue no es un caos, sino un cosmos, es decir, un conjunto ordenado de seres
que siguen leyes racionales . La admiración expresa una postura contemplativa
orientada hacia el reconocimiento del misterio y de la grandeza del hombre y de
toda la realidad . Como en el caso de la contemplación estética, el asombro
implica salir de uno mismo y dejarse cautivar por la realidad. Muchas realidades
(por no decir todas) pueden suscitar nuestra admiración: podemos sentir
admiración ante un cielo repleto de estrellas, ante la belleza de una sonrisa, la
complejidad del ojo humano o la maldad de una venganza. Ahora bien, para la
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"admiración" no es suficiente con "mirar", sino que debemos "saber mirar". Sin
embargo, todos y cada uno de nosotros, en algún momento de nuestra vida
adopmmos la actitud de "aquel que abre los ojos al mundo por primera vez" y
"nos admiramos". En ese preciso insmnte formulamos las mismas pregunms que
se han formulado todos los hombres de todos los tiempos y lugares, e intenmmos
hallar una respuesta. Pues bien, en ese momento, esmmos haciendo filosofía .
Una vez hemos comprobado que la filosofía no tiene una utilidad técnica,
deberiamos retomar la cuestión en un plano más profundo (memfísico o person,'l.I),
y preguntarnos si la filosofía puede tener alguna repercusión útil de carácter,
diriamos, espiritual o personal. Pongamos un ejemplo e intentemos sacar
conclusiones razonables 8 :
lmaginemos que un hombre sale un buen día de su casa y sufre un
accidente en medio de la calle. Pierde la conciencia r es trasladado a un hospital
cercano. Cuando vuelve en sí se encuentra en un lugar para él desconocido, en una
situación cuyo origen no recuerda. En esta circunstancia, ¿cuál será su
preocupación inmediata?, ¿qué es lo primero que se preguntará? Ciertamente, no
empezará por preguntarse de qué color son las paredes, las medidas de la
habimción o sobre los objetos que obselya a su alrededor. Ese seria,
an.'Í.logamente, el tipo de pregunms que se plantean las ciencias "particulares" . Lo
lógico es que este hombre se haga una pregunm total, en la que se incluya él
mismo en esa tomlidad y en esa nueva situación cuyo origen desconoce, y se
pregunte "¿dónde estoy?", "¿por qué estoy aquP".
Pues bien, nuestra situación, la situación del hombre en este mundo es en
un todo semejante. Venimos a la vida sin que previamente se nos pregunte si
queremos o no nacer. Tampoco se nos da un manual de instrucciones donde se
nos explique cómo es el lugar al que vamos, ni cuál va a ser nuestro papel en la
vida o qué se supone que debemos hacer. Nos encontramos, por decirlo así,
utilizando el vocabulario e.xistencialism, arrojados, implantados en la existencia. Lo
que ocurre es que no nacemos en estado adulto, sino que nuestra inteligencia se va
desarrollando paulatina y progresivamente, al mismo tiempo que nos vamos
acostumbrando a todas las cosas que confonnan la realidad y llegamos a verlas
como lo más lL'l.tural del mundo y, por tanto, como algo indigno de cualquier tipo
de explicación. Y si la hierba fuese roja y el cielo verde, también nos habriamos
acostumbrado a ello de la misma manera, sin la menor dificultad. Sin embargo, si
viniésemos al mundo en estado adulto, nuestra perplejidad seria muchísimo mayor
a la del hombre de nuestro ejemplo que, habiendo perdido el conocimiento,
despenó en un lugar desconocido. E n este sentido no debemos oh'idar la
curiosidad natural de la niñez, sus constantes e insistentes preguntas acerca del
porqué, fruto de la admiración y sorpresa ante un mundo que se presenta a sus ojos
como algo siempre novedoso aún por descubrir y entender.

8Cf. GAJ\-rBRA, R. , Hisloria senálla de lajilosrifia, Rialp, J\Iadrid, 1981 (12" ed.),
pp. 18-19.
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A pesar de lo gue comentábamos antes, a pesar de gue el hombre no nace
en estado adulto, sino gue su inteligencia se va desplegando al mismo tiempo gue
se va habituando natural y progresivamente a la realidad gue le nxIca y de la gue él
fom1a parte, en algún momento de su vida adulta el hombre se sitúa en la postura
del no habituado, se maravilla o admira ante la realidad, siente perplejidad ante esa
visión del mundo gue hasta entonces simplemente había aceptado sin
cuestionarse. Se pregunta por gué existe el Universo, y no sólo eso, sino por gué
existe este Universo en concreto, cuyos límites, si los tiene, el hombre aún no
conoce. Se pregunta cómo sería lo radicalmente opuesto, la nada absoluta, y se da
cuenta de gue es incapaz de pensarla. Se admira ante la belleza del mundo gue le
nxIea, ante la perfección y orden gue existe en toda la naturaleza, incluso en sus
más mínimos detalles, y se pregunta gué es la vida. Y concreta la pregunta r se
plantea cuál es el origen y sentido último de su propia vida, de su propia existencia.
Cuando el hombre se plantea este tiPJ de cuestiones e imenta encontrar un.'!
respuesta, entonces, en ese momento, está haciendo filosofía . Por eso se dice gue
todo hombre es filósofo por !L'!turalcza, aungue no sea consciente de ello, aungue
no sepa gue esa actitud es la propia de la filosofía. Por tanto, la filosofía no es algo
oscuro o superfluo, no es una actividad limitada a UlL'! minoría, sino gue es el
conocimiento gue la razón humana reelanL'! de un modo inmediato r natural. Y
este conocimiento no es un mero "saber por saber", sino un conocimiento en el
gue el hombre se siente vital o existencialmente implicado, ya gue tener una
detenninada visión o concepción de la vida ,supone, si se guiere ser coherente, una
detenninada actirud y manera de vivirla. Esa es, en definitiva, la utilidad de la
filosofía . Una utilidad gue, tal y como hemos comprobado, no es una utilidad
técnica en cuanto gue la filosofía no es un mero instrumento o medio, sino un fin
en sí misma ya gue está enraizada en la propia naruraleza o esencia del hombre.
Este "amor a la sabiduría", gue es la filosofía, exige partir de la experiencia
y utilizar adecuada, rectamente, la razón. También exige esfuerl.O personal;
honestidad y sinceridad en los planteamientos; respeto, admiración y humildad, así
como un diálogo constante con la realidad y con los dem.'Í.s. Ll búsgueda y
hallazgo de la verdad es una labor ardua y difícil, pero el esfuerLO bien merece la
pena: es una tarea gue no acaba nunca, gue jamás se completa plenamente, pero
gue siempre dignifica, engrandece y satis('!ce nuestra propia naruraleza humana.

1.2.2. ¿FHosoU.-, o lilosoD.-,s?

Hasta ahora hemos estado hablando de "filosofía" (en singular), sin


embargo alguien podría plantearse gue guizás sería más acertado hablar de
"filosofías" (en plural) ya gue, según parece, en el ámbito de la filosofía no existe
una unidad; esa unidad gue, por otra parte, sí caracteriza a las ciencias particulares
como la física, la guímica, etc., en cuyos profesionales parece existir siempre una
unanimidad o acuerdo. E n cambio, eso no sucede en la filosofía, donde parece gue
cada pensador tiene su propia filosofía y, por tanto, gue existen tantas filosofías
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como filósofos. y no sólo eso, sino que JXlSnmlS encontradas coexisten
im'ariablemente a lo largo de los tiempos . Así, por ejemplo, hablamos de la
filosofía platónica, aristotélica, de la filosofía escolástica, kantiana, existencialista,
etc.
Como respuesta a esm objeción deberíamos decir que la filosoBa en
cuanto tal, en cuanto intento de buscar y encontrar la verdad, de co nocer las
causas últimas y rn.'Í.s profundas de la realidad es l/lid. Ahora bien, en su propio
objeto}' método está implícita, como consecuencia, la pluralidad de sistemas
filosóficos diversos . Cada sistern.'I filosófico es un esfuenm racional de penetración
y de interpremción para lograr una visión unimria del universo, cuyo conocimiento
se aborda desde diferentes puntos de vism y asistidos únicamente por la razÓn 9 •
De ahí que sea narural la multiplicidad de sistemas que, a menudo, se
complementan}' corrigen entre sí en su humilde esfuen:o por aclarar en lo posible
el misterio del ser r de la vida.
U. realidad es mur rica y variada, pero lo cierto es que también es unitaria;
por lo que la verdad obtenida acerca de la realidad también será una, aunque
"sinfónica". ¿Eso qué significa? Pues simplemente significa que hay muchas
maneras de llegar a la verdad. Y así, opiniones diferentes no tienen necesariamente
por qué ser falsas, sino que pueden ser perfectamente complementarias. El propio
objeto y método de la filosofía implica la coexistencia de diferentes sistemas
filosóficos. Ello no sólo no anula la unidad esencial de la filosofía, sino que se
sigue del necesario carácter "sinfónico" de las verdades obtenidas acerca de una
realidad que es en sí misma unitaria, pero compleja y variada.
L'I \'erdad sería algo así como una bella y compleja sinfonía, a través de la
cual se expresa la realidad. Esa sinfonía es interpremda por multirud de voces y de
instrumentos musicales que siguen, cada uno de ellos, sus particulares acordes. Son
muchos los hombres que escuchan atentamente esa sinfonía: algunos de ellos se
C<:Juivocarán creyendo escuchar el sonido de instrumentos que ni tan siquiera
participan en ella; otros apenas distinguirán los diversos instnllnentos y voces
emre sí; algunos reconocerán las diferemes notas y fragmentos interpretados por
los violines, otros los acordes de las trompetas, etc.; y algunos incluso serán
capaces de recomponer buena parte de la melodía. En definiti\'a, cada uno
conocerá o poseerá una pequeii.a o gran parte de la sinfonía.
Por consiguiente, si interpretamos la comparación, vemos que es posible
que varias personas tengan un conocimiento verdadero acerca de una misma cosa,
sin coincidir en el juicio, simplemente Jhlrque la \'ean bajo ángulos o aspectos
diferentes. Esto es lo que sucederia ante una realidad cualquiera, por ejemplo, esta
hoja de papel que ahora tenemos delante. Alguien ¡xxiria decir que es rectangular;
otro senalar su color, dimensiones o peso exactos, }' otra persol'!.'I podría
simplemente afirmar que contiene un texto escrito. Evidentemente, todos tendrían

9 Cf. G¡u\mRA, R., Historia sendlla de la jilosifa, 01'. cit., pp. 36-39.
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ra~ón; todos dirían la venlad y esas venlades -por ser verdad, es decir, coincidentes
con la realidad- no serían excluyentes, sino complementarias entre sí. Esto pasa a
menudo, y pone de relieye la necesidad de ver las cosas desde todos los ángulos
asequibles . G s verdades, si lo son ciertamente, no se oponen entre sí, sino que se
complementan y son susceptibles de integrarse en una verdad más completa y
expresiva de lo que las cosas son.
Pues bien, la Historia de la Filosofía, con las aportaciones de los
diferentes pensadores, es una clara muestra de todo esto ¿ Es eso relativismo? Ya
veremos que no. ¿Dogmatismo? Tampoco. Es puro y simple realismo. Lo
importante no es lo que piense uno u otro, sino lo que pesan las cosas que forman
la realidad, y de las cuales los pensamientos son sólo signos más o menos
adecuados. G venlad está por encima de todas las teorías y nunca puede ser
agotada, ni ser propiedad de !L'l.die, ya que la realidad siempre sern mucho más rica
y compleja que cualquier sistema que intente abarcarla.
Tal y como hemos comprobado, la filosofía no es una actividad
extrínseca, ajena a la vida, sino al servicio de la misma. L'l. filosofía no crea ni
ill\'enta los problemas del hombre; simplemente intenta dar una respuesta que
ilumine aquella problemática concreta y existencial que previamente ha
encontrado, asumido y examinado críticamente. En definitiva, la reflexión
filosófica tiene su arranque o punto de partida en la propia vida, en la experiencia
vital y sus conclusiones inciden sobre ella. Se trata, pues, de un camino de ida r
vuelta.
L'l. Historia de la Filosofía y la Historia de la Humanidad están tan
íntimamente relacionadas que, en algunas ocasiones, son las ideas las que
influyen en el curso de los acontecimientos históricos. Ese sería el caso de la
influencia de las ideas de la Ilustración en la Revolución Francesa. En otras
ocasiones, es una determinada situación histórica o social la que reclama como
respuesta una determinada filosofia . Así, por ejemplo, la dolorosa experiencia
de las dos guerras mundiales, junto con el clima de pesimismo y desencanto que
generaron, marcaron el contexto que yio nacer la corriente existencialista.
Por consiguiente, existe una íntima fusión entre la filosofía y la vida
humana que hace que, en su sentido más profundo, la historia de la filosofía
coincida, en rigor, con la historia de la vida del hombre. Ambas, filosofía y vida se
compenetran de tal modo a lo largo de la historia universal que unas veces es la
filosofía la que deteonina la evolución de la humanidad y, en otras ocasiones, es la
evolución humana la que exige una determinada filosofia . Por eso, puede decirse,
con toda propiedad, que la rn.'Í.s profunda historia de la humanidad que puede
escribirse es precisamente la historia de la filosofía .

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1.3. División de la filosofia: las disciplinas filosóficas
L'l cuestión de la división de la filosofía depende, en gran parte, del
filósofo o del movimiento filosófico del que se trate, así como de la época
histórica en la que nos situemos. En general, podemos decir que con Aristóteles
aparecieron divisiones que luego resulraron influyentes sobre el curso de la
filosofia occidental. Desde Aristóteles tenemos constituidas como disciplinas: la
lógica l o, la ética, la estética (poética), la psicología (doctrina del alma), la filosofia
política y la filosofía de la naturaleza (fisica); todas ellas dominadas por la
filosofía primera (metafisica) . Dichas disciplinas se agrupaban a su vez bajo los
conceptos de ciencias teóricas, ciencias prácticas r ciencias poiéticas (o
productivas). Tanto el epicureísmo como el estoicismo adoptaron una
clasificación en la que distinguían entre canónica o lógica, física y ética. En todo
ello se advierte ya una clasificación de las disciplinas metodológicas, teóricas y
prácticas que lli\' O singular fortuna en el pensamiento de Occidente y que, en
cierto modo, ha perdurado casi hasta nuestros días.
Siguiendo a Aristóteles, Avicena dividió las ciencias en especulativas y
prácticas; y las primeras en ciencia superior (metafisica, filosofia primera o
ciencia divina), ciencia media (matemática) y ciencia ínfima (física). Domingo
Gundisalvo, siguiendo la tradición aristotélica árabe, dividió las ciencias en
ciencia humana l 1 o filosófica y ciencia divina o de la revelación. l-lugo de San
Víctor divide la filosofia en ciencia teórica (teología, matemática y física, por un
lado, y aritmética, música, geometría y astronomía por el otro), en ciencia
práctica (ética), en ciencia mecánica (artes mecánicas) y lógica (subdividida en
gramática y ciencia disertiva).
En los inicios de la época moderna, Francis Bacon clasificó las ciencias
según las facuIL'ldes : memoria, razón y fantasía 12. Durante gran parte de esta
época se realizaron muchos esfuerzos para ofrecer presentaciones sistemáticas
de la filosofia en diversas disciplinas . En este sentido, en el siglo XVII
abundaron las clasificaciones de las disciplinas filosóficas y, en general, de las

10 Si bien la lógica es propiamente un instrumento y no una parte, puede


considerarse como una "disciplina".
I I L'l ciencia humana o filosófica se subdividía en ciencia de la elocuencia,

ciencia media y ciencia de la sabiduría. La ciencia de la sabiduría tenía dos


aspectos : la filosofia teórica y la filosofía práctica. L'l filosofía teórica se
clasificaba en fisica, matemática y teología o filosofía primera (de acuerdo con
los grados de abstracción). L'l filosofía práctica era subdividida en política (o
arte del gobierno civil), economía (o arte del gobierno familiar) y ética.
12 En la clasificación de Bacon, la memoria da origen a la historia, que se di\'ide
en sagrada, civil y natural. La razón da origen a la ciencia, la cual se clasifica en
teología natural, ciencia de la naturaleza (metafísica y física) y ciencia del
hombre Qógica o ciencia de la razón, ética o ciencia de la voluntad y ciencia de
la sociedad). Por su parte, la f.'llltasía da origen a la poesía.
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diversas ramas del sabcr L\ En el siglo XVII I se impuso una clasificación que
fue usada y popularizada por Wolff1 ~ y su escuela, y que posteriormente fue
asumida por muchos autores escolásticos .
Hasta finales del s. XIX, se han considerado como disciplinas
filosóficas la lógica, la ética, la ontología, la gnoseología, la epistemología, la
metafísica, la psicología, la sociología y un conjunto de disciplinas tales como la
filosofía de la religión, del derecho, del estado, de la historia, de la naturaleza,
del arte, del lenguaje, ete., así como la historia de la filosofía . Hoy en día se han
independizado varias partes del tronco de la filosofía, como la psicología
experimental y la sociología; }' la lógica (entendida como lógica formal) se
inscribe en muchas ocasiones en el campo de las matemáticas; mientras que
nuevas disciplinas han hecho su aparición 15.
A continuación ofrecemos un esquema con la clasificación de las
disciplinas filosóficas más importantes, en el que básicamente se ha adoptado
como criterio la ensenanza actual de la misma:

1. FILOSOFlA ESP ECUU. TlVA


,
A. FI LOSOFIA REAL
A.l . Sobre las causas últimas absolutas :
A.l .1. METAF ISICA (Ontología y T eología natural)

l.lAsí, por ejemplo, en su l...rxicon pbi/osopbiC/lIlJ lerminon/1lJ pbi/osopbis J/silalon/1lJ


(1653), J. i\{icraelius distingue tres partes en la filosofía : teórica, práctica y
orgánica. La parte teórica se divide en metafísica, física }' matemática. La parte
práctica es la ética. Y la parte orgánica es la dialéctica o lógica. L l metafísica se
subdivide a su vez en varias mmas, para las que propone nuevos nombres Qo
que era bastante habitual en la época): gnostología Qa actual gnoseología) o
teoría del saber como tal, hexología o sistema de hábitos intelectuales,
arqueología o principio de las disciplinas, didáctica, ete.
14 \\folff distinguió entre filosofía teórica}' filosofía práctica (principalmente

ética) . Dentro de la filosofía teórica encontramos: lógica (material y formal) r


met..'lfísica (general u ontología, y especial o teología, cosmología y psicología
racionales). A ello se agregó posteriormente la criteriología como teona del
conOClmlCnto.
15 Cf. FERRAT E R !'I IO RA, J., Dica"OIlario de ji/ospa, op. cit., vol . 11 , pp. 1275~
1277; vol. 1, pp. 553-557.
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A.2 . Sobre las causas últimas relativas :
A.2 .1. F ILOSOFlA D E LA NAT URALEZA (o
Cosmología)
A.2.2. ANTROPOLOGÍA F ILOSÓFICA (o Fi losofía
del hombre)
B. F ILOSOFÍA D E L CONOCIMIENTO
B.1. TEORÍA D E L CONOC I1HENT O (o Gnoseología)
B.2. FILOSOFÍA DE L\ CIENCIA
,
B.3. LOG ICA
2. F ILOSOFÍA p RÁcn cA O ÉTICA

En esta sencilla clasificación, la primera distinción nos lleva a diferenciar


la filosofía especulatiya y la filosofía práctica o ética. El objeto de las ciencias
teóricas o e.<;peculativas es la verdad de las cosas; el objeto de las ciencias prácticas
es la acción humana.
Dentro de la filosofía especulativa, en primer lugar, debemos distinguir
entre la filosofía real y la filosofía del conocimiento 16:

1.3.1. Filosoñ.'l re.V


L'l filosofía real considera a los entes inteligibles en sí mismos, en su
propia realidad o entidad; es decir, indepcn(~entemente de la actividad
cognoscente del hombre. Ej.: la mesa en sí misma, en su propia entidad o realidad.
En cambio, la filosofía del conocimiento estudia los entes inteligibles en su
realidad mental, es decir, tal y como se encuentran en la mente del hombre que
conoce. Ej.: concepto de mesa.
Entre las disciplinas filosóficas que se sitúan en la filosofía real nos
encontramos con aquella que busca las (ausas úllimas absolutas: la rnctafisica. L'l
metafísica es la filosofía entendida en su sentido más estricto, ya que estudia la
realidad buscando sus causas últimas de modo absoluto t 7. Se pregunta por lo más

tú Esta distinción resulta realmente importante y no sólo en el ámbito filosófico,


ya que su no consideración lleva a confundir el plano real y el plano mental.
Una cosa son los objetos o realidades, y otra cosa muy distinta son los
pensamientos que formulamos sobre los mismos. Evidentemente, todo
concepto se refiere a una detenninada realidad, pero no debemos confundir el
plano real yel plano mental entre sí, ni tampoco ambos con el plano lingüístico.
17 Cf. ARTIGAS, 1\-1., Introducción tI la Jilosq/itl, op. cit., 1984, pp. 51-58.
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íntimo de toda la realidad, su ser, estudiando cuáles son las causas que, en último
ténnino, explican el ser r diferentes modos de ser de los entes. De ahí que, según
su definición clásica, la met.'l.física se presente como "la ciencia del ente en cuanto
ente"; es decir, la ciencia de t(Xla realidad en cuanto que es, en cuanto que tiene
ser. En este sentido, la metafísica ya no se pregunta cómo son las cosas o por qué
son así, sino que se hace una pregunta mucho más radical y se cuestiorL'l. en qué
consiste el ser. Por ello la met.'l.física se sitúa en lo que se conoce como el tercer
grado de abstracción.
L'l. metafísica ha recibido varias denominaciones que ponen de relieve
algunas de sus caractetÍsticas. Aristóteles la llamaba "filosofía primera", en cuanto
considera las primeras causas y principios de la realidad, y es por tanto como el
corazón de la filosofía. L'l.s otras ramas las consideraba, por dicho motivo,
"filosofías segundas" . Es "primera" no por una anterioridad cronológica, sino
porque tiene una primacía de naturaleza dentro del saber filosófico y también
respecto a las demás ciencias. Sin embargo, el térnlino más común es el de
"memfísica", que utilizó Andrónico de Rodas para denominar una parte de las
obras de Aristóteles sobre "filosofía primera" colocados a continuación de los
libros de la " Física". A los libros que iban detrás y que estaban más allá de la física
les llamó Mettifisica.
Todas las realidades tienen algo en común: que son. La metafísica es la
ciencia que estudia lo que es en cuanto que, precisamente, es; en cuanto que tiene
ser. De ahí su definición como ciencia que estudia el ente en cuanto ente. Ll.
metafísica se divide en dos partes fundamenmles: ontología y teología natural.
En el contexto de la filosofía real mmbién se sitúan otras dos disciplinas:
la filosofía de la naturaleza (o cosmología) y la antropología filosófica (o filosofía
del hombre). Ambas estudian sus respectivos objetos buscando sus causas últimas
o relativas:
L'l. mosoBa de la naturaleza (o cosmología, o filosofía natural), tal y
como indica su propio nombre, tiene como objeto de estudio la Naturaleza l8.
Filosóficamente, el término "naturaleza" puede tener dos acepciones o sentidos
primordiales. Así, llamamos "Naturaleza" al ámbito primordial en que se
desenvuelve nuestra vida, y que está constituido por todos los seres materiales
según la realidad que poseen en sí lnismos antes de que puedan ser afectados por
cualquier técnica humana. Pero dentro de esm "Naturaleza" (en mayúscula) que
nos rodea y de la que el hombre fonna parte, cada uno de los entes que la

18 El espectáculo del Universo despierta naturalmente el af.1.n especulativo del


hombre que, por medio de la experiencia y la razón, intenm dewelar los secretos
del mundo físico . De ahí que los primeros filósofos, los presocráticos, se dirigieron
al estudio de la Naturaleza, intenmndo descubrir sus principios.
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constituyen tiene su respectiva y peculiar "naturaleza" (en minúscula) 19. E l objeto
de la filosofía narural es la Naturaleza en el primer sentido comentado, equivalente
a Mundo, Cosmos, Universo; la totalidad de los seres sujetos al cambio o devenir.
El objeto material o propio de la filosofía de la naruraleza es el ente mó¡il.
El ente físico tiene una característica fundamental, que se sigue del hecho de
poseer materia: su mo\'ilidad o ml/tabilidad, es decir, la capacidad de sufrir
alteraciones y transfonnaciones, dejando de ser lo que es, para devenir otra cosa,
adquiriendo un nuevo modo de ser. Considerando únicamente su objeto ma terial
podríamos pensar que la filosofía de la naruraleza es algo así como una simple
"parte" de la metafísica 2il, ya que su objeto material, aquello que estudia, el ente
móvil o narural está incluido en el contexto más amplio o general del ente. Sin
embargo, su objeto fornlal nos permite precisar que la fonnalidad bajo la que la
filosofía de la naruraleza estudia el ente no es simplemente "en cuanto ente", sino
"en cuanto móvil". L"l filosofia de la naruraleza se define como la denria del ente
lJIóJiI et/ atan/o lJiólil.
Entre los seres naturales encontramos al hombre, cuya singularidad no
puede ser abordada desde la filosofía de la nalllraleza, por lo que la clisciplina
encargada de su esruclio es la antropología ftlosófiea o filosofía del hombre.
Podemos definir la antropología filosófica como la ciencia o disciplina filosófica
que estudia al hombre en su unidad e integridad, como un todo (objeto
material), desde el punto de vista de sus principios últimos o aspectos
fundamentales de su naturaleza o ser (objeto formal) . Siendo su instrumento la
razón, utiliza un método que podemos denominar "fenomenológico-reflexivo".
La antropología filosófica pone como centro de su reflexión al ser humano.
Busca comprender al hombre como un ser que vive y sabe que vive. El saber es
la dimensión propia del hombre. E s el único ser que necesita comprenderse
para saber quién es, quién quiere ser y qué puede realizar. L"l antropología

19 Los griegos tenían clara esta distinción, y a la primera de estas nociones la


designaban con el ténnino "kosmos" y a la segunda con el de "physis". ¡\ fin de
evitar confusiones, a este segundo sentido de la palabra "naruraleza" como "algo"
que a su manera tocio ente posee, o como modo de ser de "cada" ente tal como le
corresponde por su origen, lo designaremos con el ténnino sinónimo de "esencia" .
2(1 La condición necesaria para valorar la filosofía natural es precisamente
distinguirla cuidadosamente de la metafísica, porgue siempre que se la ha hecho
una parte de ella se ha tenido una concepción del mundo mecanicista, es decir
monista. Por otra parte, la ausencia de un conocimiento de la Naruraleza ha de
hacer sospechar forLosamente que la metafísica es un salto en el vacío. L"l
desaparición de una genuina filosofía natural convierte automáticamente toda
metafísica en una filosofía de la naruraleza. L'l entidad propia de la filosofía de la
naruraleza (situada en el primer l1.Í\'el de abstracción) es condición necesaria para la
autonomía de la metafísica (como ciencia correspondiente al tercer nivel
abstractivo).
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filosófica reflexiona acerca de la existencia humana, la cual es de suyo compleja
y problemática. L"1s preguntas "¿quién soy?", "¿quién quiero ser?" son propias
del modo de existir del hombre. Por eso la antropología filosófica se pregunta
por aquello que determina y posibilita la existencia humana .

1.3.2. FHosofi:¡ del cOflocirlliento


Ya dentro de la filosofia del conocimiento que, tal y como se ha senalado,
no considera los entes en su realidad o entidad sino tal y como se encuentran en la
mente del hombre que los conoce, nos encontramos con la teOlía dcl
conocimiento (o gnoseología), la filosofia de la ciencia 21 r la lógica.
L"1 teoria del conocimiento o gnoscologia se ocupa de los límites y
condiciones de posibilidad de lodo conocimiento y, en su concepción clásica, se
define como la disciplina filosófica que esrudia el conocimiento humano (objeto
material) desde la perspectiva de la verdad (objeto fonnal). En el uso común del
lenguaje, la utilización de la palabra "critica", con la que muchas veces se ha
identificado a la gnoseología, va acompanada de un reconocido prestigio, ya que se
considera una tarea positi\'a y necesaria, que se opone al dogmatismo y al
confonnismo. Sin embargo, debemos precisar mejor los ténninos, y distinguir
entre la anitud critica a ul/rallza o radi((fl, y la aulilI!ictI acti/lId crilÍra.
L"1 tlcti/lId critica a I/I/TaNza O radical pretende que no se debe aceptar nada
como firnlemente establecido, y se debe someter todo a un examen implacable,
basado exclusivamente en cl propio juicio. ¡\ simple vista, dicha posrura parece
positiva y deseable. Sin embargo, un an,-ilisis más atento de sus presupuestos e
implicaciones nos lleva a descubrir que adolece de dos graves y fundamentales
problemas. En primer lugar, dicha actirud esconde en no pocas ocasiones una
clara inconsecuencia, ya que este pretendido criticismo acepta sin vacilar shg¡IIIS
ideológicos (presupuestos o puntos de partida) que no han sido sometidos a la
critica que se propone como método universal y que, por otra parte, son
ampliamente cuestionables. En segundo lugar hay que decir que, en rigor, no es
posible criticarlo t<xlo. Si la actitud critica fuera consecuente y radical, nunca
podria detenerse r jamás habria conocimiento alguno cierto, ni nonnas u
orientaciones para actuar. Indudablemente, este estancamiento en el orden del
conocimiento tendria su repercusión en el orden del obrar, que se caracterizaria
por la pasividad (o no obrar).

21 Si bien la filosofía de la oencia comparte algunos problemas con la


gnoseología o teona del conocimiento, a diferencia de ésta restringe su campo
de investigación a los problemas que plantea cl conocimiento científico.
Además, actualmente existen en su seno diferentes planteamientos, corrientes y
perspectivas que no se reducen al enfoque estrictamente epistemológico. De ahí
que se haya considerado independientemente y no como una materia incluida
en la gnoseología o teoría del conocimiento.
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Ll actitud critica radical implica someter a cnsis tooos nuestros
conocimientos reales, desde el punto de vista de las supuestas exigencias del
pensamiento, tomado como inicio absoluto. Este empeño fmstrado por conseguir
un sabtr abso/llto va acompañado de la negativa actitud de "sospecha" ante toda
presunta certeza que, llevada hasta el fin,'!l, conduce al nihilismo: la critica
sistemática no conduce a nada.
La fllosofia del siglo XX parte de la conciencia de ese fracaso histórico de
la critica como sistema 22 . De ahí que sus líneas de pensamiento más caracteristicas
Qa fenomenología, el an.'Í.lisis lingüístico, la hermenéutica, la metafisica del ser. ..)
abandonaran la ingenuidad del criticismo a ultranza. Por consiguiente, nos
encontramos en buenas condiciones históricas para devokede a la critica su
auténtico valor, que no es otro que el de su acepción originaria. En su sentido
etimológico, criticar es escoger, elegir, por lo tanto juzgar: juzgar el valor de UIL'l
cosa en función de una regla o un ideal. Tiene, entonces, un significado cercano a
"criterio", "discemitniento" o "análisis" . Éste es el sentido de la allténtica adilllrl
trilica. Así, afirmamos que posee lllL'l positiva capacidad critica el que no se somete
a los tópicos ambientales domilL'lntes, el que se atreve a pensar por cuenta propia,
midiendo su conocimiento por la realidad, en una continua búsqueda de la verdad
de las cosas . Correcta actirud critica significa, pues, bllen mImo. E n síntesis,
podemos aflnnar que frente a la critica radical que pretende juzgar el ser desde el
pensar y somete a crisis todo conocimiento real, la auténtica critica se propone
adecuar el conocimiento a la realidad. UIL'l realidad que, como comprobaremos
posteriormente, es la fuente de todos los conocimientos y la medida de su verdad.
L'! gnoseología o teOlía del conocimiento debe inscribirse en la línea de la
auténtica actitud criticista. En este sentido, y de acuerdo con su definición, la
gnoseología se ocupa de cuestiones tales como las posibilidades, límites, alcance o
instrumentos del conocimiento humano.
Lt ftlo sofia d e la cie nc ia comparte algunos problemas con la
gnoseología o teoria del conocimiento que, como acabamos de comprobar, se
ocupa de los límites r condiciones de posibilidad de tooo conocimiento. Lt
filosofia de la ciencia restringe su campo de investigación a los problemas que
plantea el conocimiento científico. Es una disciplina cuyo objeto es la ciencia e
intenta explicar problemas tales como: la naruraleza y obtención de las ideas
científicas (conceptos, hipótesis, mooelos, tcorias, ete.); la relación de cada una de

22 Resulta evidente que plantear la autocritica del conocimiento como el problema


de si éste es realmente capaz de algulL'l verdad y certeza (tal y como hace el
criticismo radical), constiruye una ingenuidad por más que se disfrace de un
aparato critico especmcular. Si de veras se duda que nuestra facultad de conocer
sea realmente buelL'l, carece de sentido utilizarla para medir su verdadero valor.
Tooa la sutileza de los criticos choca contra este escollo inevitable; pues ¿cómo
vamos a averiguar si nuestra facultad cognoscitiva es "válida", si en cualquier caso
debemos "valernos" de ella para llev ar a cabo la investigación?
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ellas con la realidad; cómo la cienCIa descrilx, explica, predice r contribuye al
control de la naturaleza (esto último en conjunto con la filosofía de la tecnología);
la fonnulación yel uso del método científico; los tipos de razonamiento utilizados
para alcanzar conclusiones; o las implicaciones de los diferentes métodos r
modelos de ciencia. E n síntesis, trata del concepto y la división de las ciencias, de
sus principios de conocimiento y enunciados de base (axiomática), de sus métodos
(teoria de la fonnación de teorias y metodología) y de su lenguaje. Así, algunos
autores consideran que la filosofía de la ciencia es fundamentalmente el análisis del
lenguaje de la ciencia (o de los lenguajes de las diversas ciencias). O tros consideran
que la filosofía de la ciencia tiene que escmtar criticamente supuestos (ontológicos
y metodológicos) de las ciencias. O tros se inclinan a destacar la importancia que
tiene el estudio de la historia de la ciencia (o de las ciencias). Mediante este esrudio
se detemunan los rasgos de la evolución científica y de los llamados "cambios
concepruales". Al mismo tiempo, la historia de la ciencia puede ser estudiada desde
un pUntO de "ista interno (cuando se atiende sólo al desarrollo de los
descubrimientos y teorias científicas) o desde un punto de vista externo (cuando se
atiende a condiciones exuacienúficas, principalmente históricas, y a menudo
sociales) .
Lt capacidad de pensar distingue al hombre del resto de animales (no
racionales). Pero el pensar humano no es arbitrario, sino que está sujeto a una serie
de reglas o leyes que son, precisamente, las que esrudia la lógica. L-1lógica esrudia
los pensamientos enunciativos desde el punto de vista de las reglas que garantizan
su corrección o legitimidad Oógica formal) y desde la perspectiva de su verdad
Oógica material) .
Tradicionalmente se ha seii.a1ado y destacado el carácter propedéutico de
la lógica como instmmento de la filosofía . Siendo la razón el instrumento propio
de la filosofía, resulta evidente que el uso adecuado, correcto o legítimo de la razón
es la garantía del pensamiento filosófico . L-1 utilidad y eficacia de cualquier
instrumento presupone una utilización adecuada, es decir, conocer las
instrucciones de uso o manejo. Algo parecido sucede con la filosofía, la razón y la
lógica. L"1 lógica viene a ser el manual de instnlcciones del uso de la razón, cuyo
conocimiento y aplicación garantiza el buen funcion. .muento de la razón como
instrumento del quehacer filosófico.

1.3.3. Étic:I o filOSOñ.1 pr:íctiC:I


Entre el sujeto y el objeto no sólo se da el conocimiento, sino también la
acción. La parte de la filosofía que estudia las leyes de la licirud o moralidad de los
actos y su fundamento es la ética o moral. La ética es una ciencia práctica de
carácter filosófico2.1 . T oda ciencia es un conjunto ordenado de verdades ciertas
y universales, que se demuestran y fundamentan a través del conocimiento de

2.1 Cf. RO DRÍGU E Z LUÑO, A., Élira, Eunsa, Pamplona, 1982, pp. 18~21.
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sus causas. Todas las ciencias tienen un objeto de estudio, es decir, algún sector de
la realidad que tmmn de conocer, como la biología esrudia el mundo viviente, la
matemática los aspectos cuantimtivos de las cosas, o la geografía física la
configuración de la superficie terrestre. Lts ciencias se preguntan, investigan y
responden sobre un tema fundamenml : cómo se estnlctumn, de qué se componen,
cómo se comportan detenninados tipos de entes. El objeto de la investigación
cienúfica define a cada ciencia, discriminándola de las demás, y dando unidad
interna a todos los conocimientos que la componen. L ts ciencias humanas
estudian al hombre y sus acciones desde diversos puntos de vista. En este
sentido, la ética se ocupa de la morah'jad: una cualidad que corresponde a los
actos humanos exclusivamente por el hecho de proceder de la libertad en orden
a un fin último, y que determina la consideración de un acto como bueno o
malo en un sentido muy concreto, no extensible a los actos o movimientos no
libres .
El hombre se siente impulsado a la búsqueda de la verdad no sólo
motivado por una intención cienúfico-técnica, que obedece a la necesidad de \'ivir
y afinnarse en el mundo; o por la exigencia, llamémosla antropolágico-memfisica,
de conocer el significado fundamenml de la existencia humana, sino mmbién por
una exigencia o necesidad ética que le lleva a plantearse en qué sentido es preciso
obrar y cómo hay que vivir humanamente en este mundo. En la búsqueda y
hallazgo de la verdad, el hombre no sólo satisface su natural afán de saber, sino
que encuentra el sentido a su propia c.xistencia y la respuesm a la pregunm de
cómo es preciso obrar. Es decir, encuentra la respuesm a cómo hay que vivir
humana y, por mnto, libremente, en este mund0 24 . L'l ética no es cuestión de
normas y prohibiciones; tampoco de máximas o indicaciones concretas. Es algo
más radical y profundo: es el problema de ser o no verdaderamente hombre; de
compormrse o no como mI. Lt ética trata de acciones humanas, pero no tanto de
lo que debe o no debe hacerse cuanto de lo que el hombre debe ser!'>.
La ética expone y fundamenta cienúficamente principios universales
sobre la moralidad de los actos humanos; criterios válidos para cualquier
tiempo, lugar y circunstancias . Por otra parte, la ética es una ciencia práctica
porque no se detiene en la mera contemplación cognoscitiva, sino que aplica

24 Lt verdad marca el sentido de la libertad, ya que no puede haber libertad donde


no se sabe qué son las cosas. Verdad y libertad son realidades y categorias distinms,
pero íntimamente relacionadas, ya que la verdad es la fuente de la libert\ld.
25 Indudablemente, todo hombre y mujer es persona. Ser persona, ser un

individuo subsistente de naturaleza racional, es una catcgoria metafísica,


ontológica, y no se puede ser más o menos persona. Ahora bien, podemos obrar o
no de acuerdo con nuestra naturaleza humana o personal, pero eso entra ya dentro
de una consideración ética. Así, se puede ser una buena o mala persona, según
nuestro modo de vivir sea ético o no; pero en cualquiera de los casos se sigue
siendo persona.
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ese saber a las acciones humanas. Mientras las ciencias especulativas se limitan a
conocer realidades que no dependen de la voluntad humana, la ética se ocupa
de la conducta libre del hombre, proporcionándole las nonnas necesarias para
obrar bien. Por ello es una ciencia nonnativa, que impera }' prohíbe ciertos
actos, ya que su fin es el recto actuar de la persona 2(,.
Una vez presentadas las disciplinas filosóficas más relevantes, es
importante destacar que, a pesar de estas divisiones en diferentes ramas o
disciplinas, la filosofia es, esencialmente, Ul1.'l.. Así, por ejemplo, la concepción
básica que se tenga del ser en la metafisica detennil1.'l. las posteriores visiones de la
cosmología, antropología, ética, etc., que son, al fin y al cabo, su aplicación o
prolongación. L"ls diferentes disciplinas eSL'"Í.n íntimamente interrelacionadas y
vinculadas entre sí. Si la ética valora los actos humanos, dificilmente puede realizar
su función sin UI1.'l. concepción acerca de quién es el hombre. Por tanto, toda ética
se fundamenta a su \' eL, explícita o implícitamente, en Ul1.'l. detenninada
concepción del ser humano o antropología. Al mismo tiempo, toda antropología
conlleva UI1.'l. detenninada concepción gnoseológica y se fundamenta en una visión
metafísica de la realidad, del ser, que simultáncamente implica una detennil1.'l.da
orientación sobre el conocer, etc.
UI1.'l. analogía que puede ayudar a entender la división y relación entre las
diferentes disciplinas filosóficas seria la siguiente: Sobre la base de que el objeto de
la filosofia es esencialmente una búsqueda y encuentro de la verdad, y que la
verdad es la adecuación de un juicio con la realidad, imaginemos que la pretensión
de la filosofia es construir el edificio del saber: un magnífico edificio cuyos ladrillos
no son de arcilla, es decir, no son materiales sino mentales, ya que nuestros
ladrillos particulares serán los conceplOS. U nos conceptos que uniremos entre sí
adecuadamente gracias a la lógica que será, siguiendo la al1.'l.logía, el cemento. En
toda edificación debe seguirse un plano, pero en nuestro caso no tenemos
exactamente un plano, sino un modelo construido por un genial y misterioso
ArquiteclO a quien, en principio, no conocemos. Ese modelo es la propia realidad,
cuyos elementos reales nosotros deberemos intentar conocer con nuestros
sentidos y con nuestra razón para que nuestra copia mental sea lo más precisa o
ajustada posible. Sin embargo, a medida que analizamos ese modelo real vamos
descubriendo el plano al que obedece, vamos descubriendo las líneas generales que
trazó el Arquitecto y, no sólo eso, sino que además \'amos conociendo IxxO a
poco al propio Arquitecto, ya que todo autor deja siempre una huella persol1.'l.l en
su obra (ése sería el objeto de la teología narural que, a su vez, utiliza como
instrumentos la causalidad y la analogía).
Pero, antes de iniciar cualquier edificación se necesita un penniso de
obras, y esa sería la función de la temía del conocimiento: garantizar la obtención

26Aristóteles afirmó que no estudiamos ética "para saber qué es la virrud, sino
para aprender a hacernos virtuosos
, y buenos;
, de otra manera sería un estudio
completamente inútil" (ARISTOTELES, E/ira tl NiCÓJJ1aro, 11,2, l103b 27-29).
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del pcnniso de obras. ¿Cómo lo hará? Pues, teniendo en cuenta y supervisando
diversos ('lctores: como la calidad del terreno en el que se pretende constmir, gue
no haya corrientes de agua subterráneas, ¡XH ejemplo, o una base arenosa (es decir,
eliminando prejuicios y puntos de partida previos que imposibiliten una sincera
búsqueda de la verdad), limitando la alrura del edificio a levantar (o sea,
comprobando que nuestra. pretensión de conocimiento no excede las limitaciones
y finitud de nuestra propia capacidad racional humana), o bien controlando la
calidad de los diferentes materiales de construcción (o dicho de otro modo, que
nuestros conceptos se correspondan o ajusten a la realidad).
Una \'ez conseguida la licencia de obras, empieza una de las tareas más
impon:mtes: la edificación de los propios cimientos. Es una L'l.rea mur ardua r
dificil porque no sólo supone constnlir con materiales tremendamente pesados
como el honnigón y el hierro, sino que además implica una previa la\X)r de
excavación que puede llegar a ser tan profunda como la propia alrura del edificio.
Sin embargo, es una labor que puede pasar injusmmente desapercibida, ya que los
cimientos no se ven en la superficie. Pero de la profundidad, diseño y finneza de
los cimientos depende la seguridad, fortaleza y trazado del resto de la edificación.
Son, por decido así, su garantía. En nuestro edificio particular, los cimientos
corresponden a la metafisica que, en su indagar, busca las causas últimas absolutas
o más profundas de la realidad, y es la base o fundamento que determina el
desarrollo de las restantes disciplinas filosóficas . Así, la filosofia de la naturaleza, la
antropología y la ética, serian las tres sucesivas plantas de este edificio, que se
sostienen y fundamenmn entre sí. Un edificio repleto de puertas que conectan las
diferentes estancias de una misma planta, de un sinfín de escaleras que relacionan
todos los niveles de la edificación, y de multirud de amplios ventanales que lo
ponen en constante contacto con la realidad, pues no olvidemos que en la analogía
de nuestro ejemplo se pretende, precisamente, reproducir en el nivel mental esa
realidad.

1.4. Filosofia hoy: función de la ftlosofia


En el cumplimiento de su labor, la filosofia debe acercarse al hombre de
la calle r para ello debe adecuar su terminología y expresión. Debe hacerse
asequible al hombre de hoy, y ello no supone menoscabo en su rigor y precisión,
sino un aumento de la claridad frente a la vaguedad, la obscuridad o la innecesaria
complejidad. Vauvenargues afinnaba gue "la claridad es la buena fe del filósofo",
"el don de los pensamientos profundos"27. Ll simplicidad como "sencillez en el
decir"2H o claridad de la expresión discursi va del pensamiento es el fiel reflejo de la

27 VAUVENARGUES, Reflexiolles J mdximfls, 729 .


• •
28 Cf. TO?\{¡\S D E AQU INO, De Veri/ale, 5iltl/IJ/a Tbeo/ogiae, 1, qq. 109 ss.
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claridad del conocimient029 y signo de su venlad. Sin embargo, no resulta
suficiente mostrar que las expresiones técnicas de los filósofos tienen su correlato
en expresiones del lenguaje ordinario, sino que es preciso demostrar que no existe
escisión entre la filosofía y la vida. Por tanto, una urgente tarea a realizar consiste
en demostrar que buena parte de los problemas filosófi cos son problemas de la
vida ordinaria humana. La filosofía no es una actividad extrínseca, ajena a la \'ida,
sino al servicio de la misma: la reflexión filosófica tiene su arranque o punto de
partida en la propia vida, en la experiencia vital r sus conclusiones inciden sobre
ella. Se trata, pues, de un camino de ida y de vuelta.
En definitiva, la función de la filosofía y del filósofo en la acrualidad debe
ser Ul1.'l. función que podríamos calificar como "pública", en el contexto de unas
detenninadas coonlenadas e intenciones JO • Y ésa es una misión no sólo de los
filósofos "profesionales", sino de todos y cada uno de nosotros en cuanto
personas cuya naruraleza o esencia e.<;ci orientada a la verdad y al bien. Pero antes
de iniciar esa labor es necesario tener clara cuál es la auténtica actirud )' vocación
filosófica, cuya sencillez, transparencia y profundidad se impone al artificio y a la
superficialidad de algunos "intelectuales", erróneamente llamados "filósofos" : el
auténtico filósofo no plantea únicamente preguntas sino que intenta ofrecer
respuestas; no pone su razón al servicio de la lógica intentando deslumbrar y
confundir a los demás con "juegos lógicos", sino que utiliza la lógica como
instrumento de la razón; no siembra la duda y la desconfianza en nuestras mentes,
sino que nos anima a utilizar nuestra razón en U!1.'l. búsqueda sincera; no afinna
que cada individuo tiene "su" verdad particular ni tampoco que la verdad es una y
la posee él, sino que nos motiva a reflexionar con criterio; no antepone el afán de
originalidad de su propio pensamiento al conocimiento de la realidad; no es un
nuevo sofista que, seduciendo con la palabra, pone la filosofía al servicio de una
detenninada ideología; no le dice a cada individuo, sociedad o época 10 que quiere
oír, sino 10 que las cosas son, aunque ello le acarree la incomprensión o el
aislamiento.
Una adecuada actitud filosófica es crítica, pero no escéptica: muy
difícilmente se puede emprender, y mucho menos culminar, el camino de la
búsqueda de la verdad (un conocimiento que se ajuste a la realidad) si ya, en el
punto de partida, se presupone que éSL'l. no existe. El filósofo debe ser capaz de
conciliar el carácter absoluto y universal de la verdad con el inevitable
condicionamiento histórico y cultural de las fónnulas en que se expresa. Ese
sería un obsL'Í.culo para la sofística, que hace del lenguaje su instrumento y

29 La claridad de la expresión puede ser identificada con la claridad del pensar


pues, como afirmaba N . BO lLEAU en sus Pensamientos, "lo que se concibe bien,
se enuncia claramente" .
.l() Cf. TOJ\-lAR, F., " Responsabilidad social y filosofía" , en G I?\-[ÉNEZ, P. et al.

(ed.), Persona y soriedad: las dos {(Iras del compromiso, Ed. Francisco de Vitoria,
Madrid, 2007, pp. 215-223.
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objeto, pero no para la auténtica filosofía que, desde las palabras, trasciende a
su significación o concepto y, dentro de estos, es capaz de distinguir entre lo
que es accidental y lo que es esencial. Por otra parre, ni empirista ni racionalisL'l,
y consciente de las ventajas y limitaciones de su propio objeto y método, el
verdadero filósofo no pierde de vista los diferentes planos de una realidad
compleja, rica y variada, cuya existencia no niega simplemente por no tener una
experiencia actual concreta o por carecer del patrón conceptual adecuado; ni se
limita a "etiquetar" conceptualmente tl priori. El auténtico filósofo no es aquel
que "comercia" con la verdad ni aquel que la "hipoteca"; tampoco es el
"soberbio" que, revestido de erudición, únicamente pretende tener razón.
Filósofo es aquel que, con apertura y humildad, busca alcanzar una verdad que
pretende, no imponer, sino compartir en un mutuo enriquecimiento.
Curiosamente -tal vez no tanto- el verdadero filósofo muchas veces
"navega contra corriente". Quizás sea porque, al analizar la !TIl.lidad desde sus
aspectos últimos o más profundos, sus conclusiones la mayoría de las veces no
coinciden con las de todos aquellos que se conforman con observar el nivel más
aparente o superficial. Sócrates, con sus enseñanzas y su método mayéutico,
inauguró el camino que debe seguir la filosofía y el filósofo. Su "sólo sé que no sé
nada", no era una afirmación retórica, L'1mpoco expresión de una falsa modestia,
sino simplemente el humilde reconocimiento de la propia ignorancia que le lleyó a
intenmr repensar la realidad y examinar qué son cuestiones mIes como la amismd,
la virtud, la muerte, etc. Sócrates no exponía ni imponía sus pensamientos o
conclusiones a sus discípulos, ni tan siquiera buscó discípulos. Estos eran jóvenes
que asumieron su ignorancia y compartieron con su maestro el deseo de saber, de
alcanzar un conocimiento profundo de la realidad; y juntos emprendieron un lento
pero inintem.llnpido viaje en busca de una serie de verdades, sin importarles lo
nimias o insignificantes que pudieran ser ante los ojos de los demás.
Ll. doble misión del filósofo consiste en despertar esa inquierud que
algunos tenemos dormida y otros hemos acallado en nuestro interior, así como ser
compañero y guía de ese viaje de ida y vuelta en la búsqueda del conocimiento de
la realidad. Fundamentalmente, en ello consiste la actual responsabilidad social del
filósofo y de la filosofia que, por otra parte, corresponde a su vocación primigenia
u originaria. No obstante, también parece conveniente senalar que la sociedad y la
política que la rige, tienen asimismo una responsabilidad frente a la filosofía. Tal
vez la solución a la incomprensión de la filosofía se produzca cuando todos
comprendamos su necesidad y, desprendiéndonos de cierm.s creencias
postmodernas, volvamos a confiar en nuestra razón y su posibilidad de obtener un
conocimiento limitado pero reaL Kant afirnló (y muchos han repetido después de
él) que "no se aprende filosofía, sino a filoso&r" . Ahora bien, para comprobarlo o
intenmrlo se necesita, como mínimo, la oporrunidad. En relación con estas
"incomprensiones" o injustos agravios a la filosofía revestidos o no de
pseudorazones, podemos recordar ejemplo s antiguos: la condena a muerte de
Sócrates por "corromper a los jóvenes y no creer en los dioses de la ciudad", o la
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huida de Aristóteles de Atenas "para que los atenienses no pecaran por segunda
vez contra la filosofía ". También vienen a nuestra mente ejemplos más actuales: la
progresiva desaparición de la filosoBa en las enseí'lanzas medias, así como el
destierro de las humanidades en general, y de la filosofia en particular, de buetL'l.
parte de los planes de estudio universitarios.
No quisiera concluir esta breve reflexión sin una referencia a Platón, ese
clásico no siempre unánime ni adecuadamente interpretado, pero del que directa e
indirectamente se ha nutrido nuestra cultura r civilización. El esclavo del mito de
la Caverna.l! , rompiendo sus cadenas, sube de la oscuridad a la luz del sol y queda
obnubilado por ella: la iluminación es tan fuerte que no ve, pero se percata de que
existe una realidad distinta a la que siempre ha tenido por verdadera. Ese esclavo
liberado, el "sabio"12, no puede en conciencia renunciar a compar.tir con sus
compañeros de cautiverio dicha contemplación. Cegado aún por la luz del sol,
sabe que sus argumentos incluso resultarán más torpes a la hora de transmitir una
experiencia que es, en sí misma, dificilmente comunicable. Pero aún así regresa
para exhortarles a que sigan sus pasos, salgan de la cueva y contemplen por sí
mismos la más pura y auténtica realidad, esa venlad que les liberará. Sus
compañeros no sólo no le hicieron caso, S100 que convIrtieron su mensaje en
objeto de burla y acusaciones yarias.
Q uizás resulte dificil de comprender pero parece que, en cualquier
ámbito, lugar y época los "libertadores" son molestos y una seria amenaza no sólo
para el orden establecido, sino para Ul1.'l. gran mayoría que vive cómodamente, ya
no atada, sino aferrada a UtL'l.S cadenas que le ofrecen seguridad y confianza. Todos
tenemos nuestras ataduras o cadenas particulares, asumidas como tales o no.
Cuando han hecho o hemos hecho de utL'l. yerdad limimda la Verdad, cuando las
piezas que poseemos de nuestra realidad particular parecen encajar y nos permiten
explicar el mundo, "de sombras", ciermmente, pero que no reconocemos como
mI, ¿qué necesid'l.d tenemos de asumir el esfuer.w yel riesgo que supone e implica
esa supuesta liberación de la que, en el fondo, recelamos? L'l.mentablemente, la
respuesm es que no sentimos ninguna necesidad porque ni mn siquiera la
concebimos como mI. A pesar de todo, a lo largo de la historia muchos hombres y
mujeres han acometido esa empresa -tal \'eZ algunos piensen que por temeridad o
locura-, aunque personalmente prefiero pensar que ha sido por el compromiso
personal, social y moral de ese "amor a la verdad" que siempre es valiente, abierto,
sincero, humilde y fiel.

.\1 Cf. PLA..TÓN, República, V II , 514 a - 518 e.


.\2 "Sabio" porque ha expcrimenmdo y "ha sabido" ver la luz, capmr la verdadera

realidad, ese otro saber que es el auténtico saber, pues cuando el hombre reconoce
que no sabe empieza a intuir algo de la verdadera sabiduria .
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2. METAFÍSICA O FILOSOFÍA PRIMERA

2.1. Estatuto científico de la rnetafisica


21.1. El itineraáo del ser
Ya desde los inicios de la filosofía, los primeros pensadores entendieron
esta ciencia como un saber universal que perseguía descubrir el elemento primario
de la realidad. Sin embargo, individuaban ese elemento en alguna sustancia
material (fuego, aire, agua, cte.). Sólo Parménides ad\'iene por vez primera que el
aspecto fundamental de la realidad es el ser. Los filósofos posteriores, sin olvidar
totalmente el ser parmenídco, orientaron su especulación hacia otros temas. Fue
Aristóteles quien devolvió al ser la primacía, considerando la metafísica como la
ciencia del eme en cuanto ente.
El " ser" es uno de los conceptOs filosóficos por excelencia, pues es
fundamento último de todo lo que existe. No se puede definir esencialmente,
pues no existe un concepto o género que lo abarque. Es un ténnino análogo.
Como verbo es sinónimo de existir y afirma la realidad de una cosa . Como
sustanti\'o en ocasiones se utiliza este ténnino como sinónimo de "ente" y
también de "existencia"; en un sentido más preciso es uno de los principios
entitativos Gunto con la esencia) . En mayúscula puede ser sinónimo de Dios.
Todos los rasgos comunes de la realidad giran en tomo a un hecho
fundamental : que las cosas "son", son entes. El ser es lo más básico que tienen
todas las cosas, pues cualquiera de sus perfecciones o caracteristicas, antes que
nada es, y ésta es su condición primera, de la que dependen las demás. Como la
metafísica es la ciencia que busca lo más radical de la realidad, necesariamente tiene
que indagar por el ser, proponiéndoselo como objeto fundamental de estudio.
Aristóteles concibe la metafísica como la más elevada de las ciencias
especulativas . Sin embargo, debemos aclarar que el ténnino "metafísica", con el
que se designan los catorce libros de Aristóteles que versan sobre esta ciencia,
no es propiamente aristotélico sino que el Estagirita utilizaba, en la mayoría de
las ocasiones, la expresión "filosofía primera" en cuanto considera las primeras
causas y principios de la realidad, r es por tanto como el corazón de la filosof1a.
LIs otras ramas las consideraba, por eso, "filosofías segundas". Es "primera" no
por una anterioridad cronológica, sino porque tiene una primacía de naturaleza
dentro del saber filosófi co y también respecto a las demás ciencias.
Parece ser que el ténnino "metafísica" fue acuii.ado por Andrónico de
Rodas (s. I a. C.) con motivo de la edición de las obras de Aristóteles. No
obstante, el nombre de ",rlajlsim responde muy adecuadamente al contenido de

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esta disciplina cuyo objeto son las realidades que están "más allá" de las cosas
fisicas o sensibles, es decir, las realidades inmateriales o al menos no capta bies
por los sentidos (sólo inteligibles), y que en sí mismas no dependen de nada
sensible. Así, bajo el úrulo de Mrlqfisira se conservan hoy catorce pequeños
libros. Estos constituyen la primera obra en la que, de un modo profundo
aunque no muy ordenado, se exponen los problemas que tradicionalmente han
venido constituyendo la ciencia metafisica.
En los textos aristotélicos encontramos diversas caracterizaciones o
definiciones de dicha ciencia. Así, la metafísica aparece como la ciencia que
busca las primeras causas y los principios supremos de la realidad; como
"ciencia del ente en cuanto ente"; de la sustancia; o como ciencia que versa
sobre Dios y las sustancias suprasensibles. Estos cuatro objetos distintos que
Aristóteles asigna a su metafisica han Sllscitado no pocos problemas y
numerosas interpretaciones. Sin embargo, se puede percibir la unidad en la
complemenL'lriedad de los mismos:
Aristóteles concibe la metafísica como una ciencia que no ilwestiga ya
regiones particulares del ser, sino que va al mismo ser en general o ser que se
encuentra en todas las cosas; es decir, como una ciencia cuyo objeto es el ser
como tal, en cuanto ser 33 . Por consiguiente, su "filosofia primera" o metafisica,
en cuanto considera al ser en cuanto ser, es una ontología o ciencia del ser; y, en
cuanto el ser está presente en toda realidad como su principio, es al mismo
tiempo una ciencia que pretende alcanzar el conocimiento de "los principios y
las causas primeras" . Por ocuparse de las primeras y verdaderas causas, puede
ser considerada igualmente ciencia de 10 divino, ciencia teológica. L'l teología y
la ontología no eSL'Í.n separadas, ni constituyen en Aristóteles dos ciencias
independientes, sino que la teología es e! complemento r coronación de la
ontología en e! sentido de que responde a la cuestión sobre el fundamento
último y suficiente del ser.
Desde el comienzo de la filosofia moderna se produjo un cambio
fonnal en la concepción de la metafísica. Estos cambios culminaron en la
separación real entre la doctrina de! ser y la doctrina de Dios que tiene lugar en
Ch. Wolff, al dividir las ciencias filosóficas e identificar la metafísica con la
filosofía teorética, en contraste con la ética como filosofía práctica, y al
distinguir una kletajisiCtl gmeral y una Metajisica especial. La Melqfisica general,
llamada también "ontología", no era una investigación temática sobre el ser,
sino únicamente una axiomática fonual ontológica, o una teoría de los
principios. La Meltifisica especial la dividió Wolff en tres ramas, llamadas
"cosmología", "psicología" y "teología natural" . Esta división resultó novedosa
en e! doble aspecto de la ampliación de! concepto de metafísica, que ahora
abarcaba también cosmología y psicología, y la separación entre ontología y

"Hay una ciencia que considera al ser en cuanto tal y todo lo que
.1.1

esencialmente le conviene", (ARJSTÓTELES, Meltifisica, l003a 21).


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teología, hasta entonces unidas en la meL'lfísica 34 . Así pues, a partir de wolff la
metafísica dejará de ser doctrina del ser r se convertirá en teona de los
principios del conocimiento.
A lo largo de este itinerario, en lo que a la reflexión sobre la legitimidad
y crítica de la metafísica se refiere, debemos señalar que el empirismo tiene un
carácter decididamente antimetafísico. Desde presupuestos racionalistas, wolff
hizo que la metafísica dejase de ser teoría del ser y se convirtiera en doctrina de
los principios del conocimiento. De ahí el rechazo empirista de Hume a los
fundamentos de la metafísica occidental en general y de la metafísica
racionalista en particular: idea de sustancia, de existencia, de yo y de causalidad.
Una de las razones por las que la metafísica entró en una profunda
crisis con la modernidad es la oposición por parte del empirismo inglés que,
desde sus comienzos, adoptó una actitud decididamente antimetafísica basada
en su particular mooo de explicar el conocimiento humano. Según el
empirismo, el conocimiento tiene su origen en la experiencia sensible: el origen,
validez y alcance del conocimiento dependen de los contenidos acreditados por
los sentidos. Por tanto, cualquier intento de sobrepasar tales límites, tal y como
pretende la metafísica, es eliminado del ámbito del conocimiento:
D. Hume deduce algunos aspectos de la filosofía de J. Locke y los
radicaliza. Así, distingue entre las "impresiones" (sensaciones vivas) y las "ideas"
(repeticiones, imitaciones o huellas de las sensaciones). El trabajo intelectual
consiste en unir, disponer y modificar la materia acumulada por las impresiones
e ideas. Hume se propone realizar el análisis de las ideas complejas que han
constituido los fundamentos tanto de la metafísica occidental en general como
de la metafísica cartesiana en particular: las ideas de sustancia, de existencia, de
yo y de causalidad. Partiendo de sus presupuestos empiristas, Hume concluye
que ni la idea de slIstancia ni la idea de existencia ni la idea de)'o cuentan con una
impresión correspondiente, por lo que carecen por completo de realidad. En el
contexto del fenomenismo y subjetivismo psicológico de este pensador, el
concepto de sustancia es subjetivo, nacido de la costumbre de observar ciertas
impresiones establemente unidas; el cuerpo no es sino una suma de

.3.A partir del siglo XVII la metafísica se empezó a llamar también ontología,
denominación que señala su objeto propio: estudio del ente. Esta denominación
fue utilizada preferentemente por filósofos racionalistas, sobre todo por wolff y
alguno de sus seguidores. Sin embargo, esta denominación no es totalmente
adecuada, ya que designa a la metafísica con el nombre de una de sus partes Qa
ontología), y no hace justicia al papel propio de la restante disciplina metafísica: la
teología narural o teooicea, que no es el esrudio filosófico de Dios como un ente
más o cualquiera, sino la disciplina filosófica que esrudia a Dios como Causa
Primera del ente.

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impresiones; el "yo" no es sino un haz de percepciones . Así pues, el criterio de
toda certeza es subjetivo y psicológico.
Hume dedica especial interés y atención en el análisis de la idea de
causa y del principio de causalidad, ya que si consigue anular la validez del
principio de causalidad, todo el conocimiento metafísico quedaría en
entredicho. Según Hume, el principio de causalidad no puede probarse ni por
medio de una demostración analítico-deductiva, ni es evidente por intuición
inmediata. La idea de causalidad se deriya, pues, de la relación de contigüidad
en el espacio o en el tiempo. La causalidad se basa en la mera sucesión de
hechos, sin poder demostrar que haya conexión necesaria entre ellos. Por tanto,
para Hume, lo único que la experiencia nos autoriza a afirmar es, por ejemplo,
que un fenómeno A, el fuego, está relacionado por contigüidad y sucesión
regular con otro fenómeno B, la sensación de dolor, pero en ningún caso nos
autoriza a establecer que esta relación sea necesaria. Como el principio de
causalidad establece una relación necesaria, tal principio no está justificado en la
experiencia. La percepción sensible únicamente nos permite corroborar la
contigüidad y sucesión temporal de dos hechos, pero no su conexión necesaria.
Dicha relación necesaria la establecemos mediante la costumbre o una
tendencia subjetiva. El hecho de que los hombres tiendan a creer en la realidad
de las causas necesarias de efectos tiene para Hume una raíz psicológica: es el
hábito y la costumbre de ver una sucesión regular entre dos fenómenos lo que
nos lleva a creer que el primer fenómeno es causa necesaria del segundo
fenómeno . En síntesis, ni la razón ni la experiencia autorizan a establecer
conexiones causales necesarias. L"1 idea de causa necesaria es debida a la
conjunción de cuatro factores : la contigüidad, la sucesión, la regularidad y el
hábito psicológico; pero tal idea carece de validez objetiva, ya que en ella es
esencial la necesidad de la conexión causa-efecto y tal necesidad no puede ser
justificada.
Empirismo y racionalismo confluyen en Kant, cuyas conclusiones
dejan fuera del conocimiento teórico (especulativo) a la metafísica porque sus
objetos no son experimenta bIes. La crítica kantiana reduce la metafísica al uso
práctico de la razón donde ya no cabe el "conocimiento" sino la "fe racional":
L"1 metafísica racionalista es la que conoce Kant y la que presupone
cuando en la Crilira de la mzón pllm plantea la pregunta: ¿cómo es posible la
metafísica como ciencia? En su Critica de la mzón pllra, Kant afronta el problema
del conocimiento científico, su validez o invalidez, para tratar de concretar si es
o no posible la metafísica, pues considera que las lucubraciones anteriores
carecen de un fundamento sólido. La pregunta por la posibilidad de la
metafísica condujo a Kant a la pregunta acerca de la posibilidad del
conocimiento universal y necesario, que no es realizable ni en juicios analíticos
a priori (racionalismo) ni en juicios sintéticos a pos/eriori (empirismo), sino
únicamente en juicios sintéticos a priori . Kant advierte que sólo habrá certeza
absoluta válida para la ciencia si se dan juicios sintéticos a prion: La pregunta
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que se sigue es: ¿cómo son posibles los juicios sintéticos t1 pn'ori? A esta
pregunta dará respuesta, en las distintas partes de la Crílict1 de la mifn pum:
Estética trascendental, Analítica trascendental y Dialéctica trascendental.
En la Estética trascendental, Kant investigará los fundamentos de la
matemática; en la Analítica trascendental, los de la ciencia natural (Física); en la
Dialéctica trascendental (parte de la Lógica trascendental que está reservada a la
crítica de! uso extra-experimental de la razón, de cuya legitimidad depende la
metafísica) indagará el fundamento trascendental de la J\'¡ eL'lfísica y se
preguntará si es posible como ciencia. L'l Dialéctica comprenderá e! tratamiento
de la Ontología, la Psicología, la Cosmología y la Teología. Todo ello es
pensable, pero no es cognoscible (Ser, alma, mundo y Dios)-'5. Para que fuera
considerada como una ciencia, la metafísica debena estar fonnada por juicios
sintéticos a prior (como las matemáticas r la física). Para Kant, la metafísica no
es una ciencia, si bien es una disposición natural: la razón tiende
irresistiblemente a plantearse cuestiones que no pueden ser contestadas por
ningún uso empírico de la razón, ni por principios sacados de la experiencia.
Estos problemas inevitables son los de Dios, la libertad y la inmortalidad, al
igual que los que hacen referencia al mundo como totalidad. Estos temas
pueden pensarse, pero no conocerse (agnosticismo). Su existencia será tarea de
la exigencia moral (postulados éticos y fe práctica religiosa). En síntesis, la
metafísica es imposible como ciencia de seres trascendentes. Únicamente existe
la teona de los límites del conocer humano. Así, desde Kant, se han dado otras
posturas antimemfísicas >l"" como las de Comte, Nietzsche r Camap, entre otros,
que niegan la yalidez de la metafísica .

.15 Para Kant, el "yo" no nos aparece nunca como es en sí, sino como un yo
fenoménico. D el "yo" puro nada sabemos, sino que es condición necesaria del
conocimiento. No sabemos ni si es espiritual, ni si es inmortal: todos los
argumentos de la psicología racional son paralogismos . El concepto de alma es
sólo regulativo, ya que nos ayuda a pensar como unidas todas las actividades de
la conciencia. L'l idea cosmológica unifica todos los fenómenos externos, pero
si queremos profundizar en dicha idea, caemos en contradicciones y antinomias
irresolubles. El "mundo" es una idea, un símbolo, principios reguladores que
nos pernliten "pensar" e! "mundo" como si las condiciones cosmológicas se
dieran. La idea de D ios es la suprema y última razón de unidad. Dios es una
hipótesis necesaria para aquietar a la razón, una condición subjetiva del pensar,
que se cambia erróneamente en condición objetiva de las cosas mismas. Todos
los argumentos acerca de la existencia de D ios son ilusorios . Pero tampoco
puede demostrarse su inexistencia. Dios no es un principio constituyente del
mundo, sino sólo regulador, una idea: debemos pensar todas las cosas del
mundo como si procedieran de alguna suprema y perfecta causa .
.1(, A. Comte consideró la metafísica como un estado transitorio o etapa

histórica en la evolución intelectual de la humanidad. Según Comte, existe una


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En definitiva, la metafísica es el "itinerario del hombre hacia el ser". La
verdad es el dewelamiento del ser en el proceso de inteligibilidad de la realidad.
Con Pannénides el itinerario quedó abierto y los caminantes inyitados a
recorrerlo. Sin embargo, veinticinco siglos después, Heidegger denuncia el
"olvido del ser" en la metafísica occidental, y mucho antes Kant había negado la
posibilidad de la meL'l.física como ciencia, calificándola de dogmática y
refiriéndose realmente a la metafísica racionalista moderna. Parece que el
camino o itinerario del ser se ha ido convirtiendo progresivamente en un
laberinto. E n ese contexto muchos parecen haber olvidado o desconocer la
metafísica tradicional o escolástica, es decir, la metafísica aristotélico-tomista
que precisamente se articula en torno a la consideración del ser como acto o
acto de ser. A pesar de todo, cuando muchos han negado la posibilidad de
recorrer el camino del ser o incluso la existencia de dicho sendero, los ecos de!
poema de Pannénides y la luz que se filtraba en la ca\'Crna de Platón siguen
estando hoy presentes como una exigencia que reclama a nuestra razón la
necesidad de permanecer e intentar avanzar en e! camino de! conocimiento
verdadero y profundo de la realidad.

21.2. L'l flJef:ú1sic.1 como cielJci:1 especlI/:uiv:1


Toda ciencia busca los principios, las causas propias de su objeto. El
objeto de las ciencias teóricas es la verdad de las cosas; e! objeto de las ciencias
prácticas es la acción humana. Ll metafísica busca las causas propias del ente. Por
tanto, es ciencia en sentido estricto. L'l. metafísica es ciencia especulativa, porque
tiene como fin conocer la verdad más profunda de las cosas; por qué son 10 que
son; y, aún más, por qué son. ¿Qué es ser? Recordemos que la metafísica se
inscribe en el ámbito de la filosofía real y, por consiguiente, considera su objeto en
sí mismo, en su propia realidad o entidad, independientemente de nuestro
conOCllmento.
Todas las ciencias tienen un objeto de estudio, es decir, algún sector de la
realidad que tratan de conocer. Así, por ejemplo, la biología estudia el mundo
viviente, la matemática los aspectos cuantitativos de las cosas, o la geografía física

ley que regula dicha evolución y por la que todas las especulaciones están
sujetas, individual y colectivamente, a tres estados teóricos: el teológico, e!
metafísico y el positivo. Así pues, e! estado metafísico ya ha sido superado por
e! saber positiyo con el que la razón ya ha llegado a su madurez definitiva. Por
su parte, F. Nietzsche fundamentó su crítica a la metafísica en su
descubrimiento de la genealogía del pensamiento en la que pretende dewelar la
raíz que impulsa al hombre a pensar de fonna meL'l.física. R. Carnal' en su
artículo " Ll superación de la metafísica mediante el análisis lógico de! lenguaje"
sostuvo que las pretendidas proposiciones de la metafísica son en realidad
"pseudoproposiciones" y, por consiguiente, carentes de significado.
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Tomar Romero, Francisca. Filosofía fundamental. Madrid, ESPAÑA: Dykinson, 2012. ProQuest ebrary. Web. 7 July 2016.
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