Anda di halaman 1dari 109

ÜSWALDO ZAVALA

Siembra de nubes

ÜSWALDO ZAVALA (Ciudad Juárez, México, 1975)


es narrador, periodista y profesor de litera-
tura latinoamericana en el College of Staten
Island, City University of New York. Obtuvo
un doctorado en letras hispánicas en la
Universidad de Texas, Austin, y en literatura
comparada en la Universidad de París m,
Sorbonne Nouvelle. Ha escrito para perió-
dicos y revistas de México y Estados Unidos,
incluyendo El Diario de Ciudad Juárez y el
semanario Proceso. Su trabajo académico ha
sido publicado en México, Estados Unidos y
Europa. Su ficción ha aparecido en la anto-
logía Los mejores cuentos mexicanos 2004 y
en las revistas Textos, Rio Grande Review y
Literal. Es coeditor, con ]osé Ramón ~ editorial
Cuarto praxis
Ruisánchez, de Materias dispuestas: juan Creciente

Villoro ante la crítica, de próxima aparición.


Diseño de portada y foto de autor: José Antonio Contreras
Para Mateo Enrique Zavala,
que flota mientras escribo.

Para Sarah Pollack,


que cuando se llama Juliet
es la misma rosa.

D. R. e Oswaldo Zavala
D. R. © Editorial Praxis
Primera edición 2011

ISBN: 978-607-420-064-5
Reservados todos los derechos. Ninguna parte de este libro puede ser reproduci-
da, archivada o trasmitida, en cualquier sistema -electrónico, mecánico, de
fotorreproducción, de almacenamiento en memoria o cualquier otro-, sin ha-
cerse acreedor a las sanciones establecidas en las leyes, salvo con el permiso
escrito del titular del copyright. Las características tipográficas, de composi-
ción, diseño, formato, corrección, son propiedad de los editores.

Editores: Dante Salgado / Carlos López


Diseño de la portada: José Antonio Contreras
Formato electrónico: Luis Chihuahua Luján

HECHO EN MÉXICO
... la relation, généralement moins explicite
et plus distante, que, dans I'ensemble for-
mé par une ceuvre littéraire, le texte
proprement dit entretient avec ce que l'on
ne peut guére nommer que son huiquitexte:
litre, sous-titre, intertitres; préfaces, post-
faces, avertissements, avant-propos, etc.;
notes marginales, infrapaginales, termina-
les; épigraphes; illustrations; priére d'in-
sérer, bande, jaquette, et bien d'autres
types de signaux accessoires, autogra-
phes ou allographes, qui procurent au
texte un entourage (variable), et parfois
un commentaire, officiel ou officieux.
dont le lecteur le plus puriste et le moins
porté a l 'érudition externe ne peut pas
toujours disposer aussi facilement qu 'il le
voudrait et le prétend.

GÉRARD GENETTE, Palimpsestes.


La Littérature au second degré
Borges imagina un objeto mágico, el
Aleph, en el que también estaba refleja-
do todo. Con su gusto por el cuento poli-
cial sajón, le dio un aire clandestino, lo
sitúa en un suburbio de Buenos Aires, no
sin antes dejarnos algunas posibles cla-
ves detectivescas. El protagonista, que lo
encuentra por azar, va en busca de una
joven que con el apellido argentino de
Viterbo -¿vida a verbo fundida?- lleva
el nombre, caro al Dante, de Beatriz, siem-
pre a la entrada de todo paraíso perdi-
do. No hubiera estado mal que Beatriz lo
sacase de su reiterada confusión entre
la eternidad -pesadilla para los efíme-
ros- y la vida eterna. Lo único que no
aparece en el espejo mágico del señor
de los jardines que se bifurcan es esto
tan simple: un nacimiento.

FINA GARCÍA MARRUZ,


La familia de Orígenes
Avant la lettre

•Q uépasa al interior, Mateo, cuando presiono

¿ el tablero y aparecen las letras que te nom-


bran, que te imaginan flotando en algo pa-
recido a un magma cálido y apacible, como
recostado en la hamaca al atardecer de una playa ardien-
te? Odio los veranos y sus excrecencias húmedas, pero te
pienso en este instante como algo radicalmente opuesto a
mi circunstancia: hace un frío crudo en París que yo dis-
fruto como nadie, bajo un cielo que se esfuerza en llover
con insistencia desesperada, como si las gotas afiladas
quisieran rasgar las gabardinas delgadas de los que vini-
mos a Les Deux Magots a tomar café en medio de esta
tormenta de enero. Nos aferramos a caminar sobre las pie-
dras de las viejas calles de Saint Germain para cubrir la
ciudad aunque sea con la borrada ilusión de una sombra
tenue, confusa, delgadisima, apoyada en esas anémicas
nubes que me obligan a pensarte en otro espacio y otro
tiempo ajenos a los míos. Ojalá respondieras con tu voz
que ni siquiera consigo imaginar: ¿pasa algo al interior
mientras escribo tu nombre?

11
Acabo de leer este poema de Mi/tos Sachtouris:

Lamenté hasta el final que fuera un niño.


Debió haber sido una nube.
De aquéllas en que se esconden las aves,
[cuando tienen miedo.
Los tres robos
Que seas esa nube, no sé por qué, me llena de una profun-
da tristeza, parecida al hecho de no estar más cerca de ti
ahora mismo. Pero también me ilumina con un raro res-
plandor, como si elpoeta descubriera un arcano ontológico:
ser nube, ser el translúcido escondite de unpájaro temero-
so, cegado por el sol en busca de una sombra suspendida
en el aire (como mi sombra en las calles de París), cons- eí a tu madre mucho antes de conocerla. Le habían
truye un problema que ignoro si podré resolver. Como mi
historia, que también es la tuya, que voy a contarte y que
confio que leerás muchos años después de esta tarde en
L traducido su primer libro escrito cuando apenas lle-
gaba a los 24 años: un volumen delgado, de pasta dura
y clara, ganador del premio Gallirnard al mejor poernario fran-
que escribo, cuando estés en mejor edad de conocerla. Pero cés del año. A razón de ese y otros atractivos (su foto, a tres
no me malentiendas. No quiero tu simpatía adulta. Mucho cuartos, el cabello rubio, a los hombros y revuelto, la mirada
menos tu conmiseración. Quiero dejarte estas páginas a baja, corno leyendo o recitando con unos pequeños lentes de
modo de respuesta a las preguntas que tarde o temprano armazón rectangular, un suéter blanco de lana y cuello alto)
subirán por tu espina dorsal como un escalofrío de otoño, decidí robármelo, salvarlo del caos ofensivo de la Librería de
torciendo la dirección de tus pasos. La narración te con- la Universidad, apretujado entre un libro de autoayuda y otro
vertirá en el centro de su precisa cadena de causalidades, de esoterismo. Yo casi alcanzaba los dieciséis años, aunque es
y si en algún momento estas palabras rozan la literatura, probable que al verme la cajera no me concediera más de
querido Mateo, entonces te habrán rozado a ti también. trece, despistada por mi ingenuidad de niño ladrón primerizo.
Porque, ante todo, eres producto del acto literario más Observó cuando metí el libro en el bolsillo trasero de mi pan-
radical de mi vida. Si aceptas esta premisa, sigue leyendo. talón de mezclilla, y a pesar de que sabía que su mirada me
Leer es algo parecido a unpacto religioso. No te pido que cubría por completo (su rostro magnánimo inclinado un poco
me creas: te pido que me tengas fe. a la izquierda) seguí con el hurto, sin saberme explicar por
oz qué. Al pasar a su lado, arrastrando mis pasos hacia la salida,
París, enero de 2009 mis pobres pasos que ya nada podían disimular, me tomó del

12 13

-...
..
brazo como quien pesca con la mano una trucha de aletas Sull temblando de la librería, pasé junto al guardia y no sé
rotas en las orillas de un lago transparente. Pensé que llamaría uótno evité desmayarme. Subí al primer camión que paró en la
al guardia, que gritaría: "¡mocoso raaaataaaa!" o "¡un caco, u1llc porque temía desnucarme en el concreto al caerme de
un caco!", pero sólo me dio un separador de libros. Era uno IMl'>Uldas cuando por fin me fallaran las rodillas. Me decidí a
de esos editados por la Secretaría de Educación Pública con 1brirel libro después de casi una hora de dar vueltas sin rum-
diferentes imágenes de escritores famosos para promover (los bo, apretujado por gente que subía, escuchando conversacio-
ilusos) la lectura en el "interior" de México (¡yo que pensaba nes ujenas sin sentido, dejando que el sopor del verano-que
que Ciudad Juárez no podía estar más al exterior del país, en normalmente me incendia el humor- me devolviera la calma
las orillas de la modernidad!). La tira alargada de cartón lami- perdida, Soy unpinchi raterode libros,medité en el autoflagelo
nado llevaba la foto de un Borges que se aferraba a unos ba- de la culpa. Soy un bato ojete, ojete, ojete, me repetía en
rrotes en lo que parecía un jardín clausurado y oscurecido por voz baja, dando la apariencia de rezar algo inaudible, o eso
el atardecer. Al pie de la foto: "Lea un libro: descubra la luz de creía, porque una señora que cargaba una bolsa de mandado
otros mundos". Pensé (cuando supe quién era y qué había Helevantó y fue a sentarse en el asiento más alejado de mí, en
escrito y por qué estaría íntimamente ligado a mi vida) que el fondodel camión.
aludía a la posibilidad de que Borges fuera un extraterrestre Abrí por fin el libro. Busqué lo escrito por la cajera: "Para
ciego y visionario a la vez. La cajera definitivamente lo pare- mi joven ladrón, porque en su carrera delictiva, además de
cía, vestida toda de negro, en medio de un verano 1 ibros, aprenda también a robar literatura de la buena, como
inmisericorde. ésta, que quién sabe cómo atinó su buen gusto en gestación".
-Júrame que leerás ese libro de corrido y que este No la firmó. Volví a la librería algunas semanas después (ca-
separador lo usarás para leer a Jorge Luis Borges -me dijo mufladocon lentes oscurosy una gorrade los Indios de Juárez)
cancelando su sonrisa cómplice. perono la encontré. Jamás la volví a ver.No logro reconstruir
-¿Quién es José Luis Borgues? hien su rostro. Sólo su mirada resuelta y vestida de un negro
-Dije JORGE LUIS BORGES, este viejito del separador. herméticopermanece en mi memoria.
Es el único escritor que debes buscar para verdaderamente Pero no la olvidé, o mejor dicho, no la recordé hasta que
aprender a leer y a escribir. Y es argentino, lo que confirma unanoche, mientras releía mi librorobado (que forré con plás-
que nadie es perfecto. Lo demás lo tienes que averiguar tú. tico y que siempre llevo conmigo, con el separador justo a la
Bueno, pero lo vas a jurar o llamo a la policía, tú decides. mitad), uní de una vez y para siempre el nombre de la poeta -
-Lo juro -respondí y pensé que serían mis últimas dos lo escribo como si acabara de inventarlo: Juliet Paradis- con
palabras antes de ponerme a llorar. la dedicatoria que reafirmaba mi deuda pendiente con la Ca-
-Dámelo -solicitó con autoridad. Se lo di. Trazó unas jera/Pitonisa-de-la-Literatura-Ro bada y con el escritor que
rápidas líneas y me lo devolvió sin decir más, regresando a me hizo prometer que leería con el rigor de la educación sen-
unos papeles que tenía junto a la caja. timental nacida de mi delito. Agoté los cuatro tomos de las

14 15
obras completas de Borges, sus libros en colaboración, sus
entrevistas y todos los textos que se han recobrado en distin- ENERO
tos volúmenes. Escuché todas las grabaciones que hizo, vi to-
dos los videos donde apareció (bendito seas, Youtube), tra-
zando el mapa íntegro entre su vida y obra, es decir, su bio-
grafía (la mejor es la de Emir Rodríguez Monegal, por mu-
cho), bibliografía (Nicolás Helft es un guerrero heroico), Epígono de Pierre Menard
filmografía y chismografia (Bioy Casares es un cabrón indis-
creto pero entrañable; Estela Canto no se merecía tanto amor).
Cumplí hasta el vértigo esa parte de mi deuda. Para José Ramón Ruisánchez,
Ya sólo me faltaba aprender a robar literatura. Y más ade- coautor.
lante, a robar algo todavía más serio. Pero no nos adelante-
mos Mateo. Y sobre todo, no nos confundamos: primero fue
Voy tan lejos, que oso creer en las
el robo literal (el libro de Juliet); después el literario (los cuen-
rehabilitaciones históricas únicamen-
tos que encontrarás interpolados en mi relato y que me acom- te o casi únicamente por la alteración
pañan cada mes, mientras te espero); pero hubo un tercero, el de los nombres de las personas. El
más importante, que por ahora es mejor que nos baste con proceso actual para esos trabajos es
saber que vendrá, como la inevitable ceguera que Borges revisar los documentos, avalar las
aguardaba desde su niñez y que en más de un modo lo apri- opiniones y contar los hechos, com-
siona en mi separador de libros. Como el día en que te veré y parar, rectificar, excluir, incluir, con-
que llegará, irremediablemente, sin que yo sepa si podré que- cluir. Todo ese trabajo es inútil si no
darme a tu lado. se cambia un nombre por otro.

JoAQUIM MARIA MACHADO DE Assrs,


A semana, 1 de abril de 1894

a clase apenas terminaba pero la historia no podía es-

L perar. Caminé hasta el escritorio sin lograr controlar


mis manos, que de haber intentado estrechar las suyas
las habrían sacudido como quien arranca una hoja de papel.
Con la misma fuerza definitiva con que él apretaba libros y
documentos en su maletín, que ya no podría cerrar.

16 17
"

-¡Maestro, por favor! -Vengo de muy lejos sólo para llevar a cabo lo que le
Dio un paso hacia atrás. Desconfiado, estiró la mano para pido. Se lo pediría como favor para un lector marcado por su
tomar mi copia del libro, que bailaba en espasmos nerviosos nurrativa, pero no es sólo por eso que lo hago. La verdad es
en el aire. que lo hago por amor.
-¿Quiere que se lo firme? Muy bien. -¿A la literatura? ¿Al arte en general?-intentaba com-
Trazó un rápido garabato debajo del título de su novela. pri.:ndermientras buscaba arrebatarme el manuscrito. Mi altu-
Confieso que me decepcionó un poco. Otros notaron que fal- ru bastó para que, al alzarlo, el legajo resultara inalcanzable.
taba la primera hoja. -Amor a la historia. Pero no a la Historia con mayúscula,
-Hasta luego, mucho gusto -dijo sin voltear mientras se si no a la mía, la privada, la misma que ahora me empeño en
ponía el sombrero y se encaminaba hacia la puerta del aula. ri.:cscribirarbitrariamente.
Iba abrazado de su maletín, abultado como un recién nacido. -¿Reescribir la historia?-replicó mientras buscaba asien-
Mi desesperación encontró su esperanza cuando tropezó con to sobre el escritorio y se aflojaba la corbata.
el marco de la puerta y en el desequilibrio dejó caer un ma- -El concepto no es nuevo y usted mismo lo ha utilizado.
nuscrito que lucía antiguo. Instintivamente mi juventud me per- Sus ensayos de Obra abierta y Lector in fabula en cierta
mitió recogerlo antes que él. Papel grueso, arenoso, y des- forma causaron lo que ahora intento.
pués el relieve suave de la tinta, adherida con delicadeza, una Miró la sala desierta. Todos sus estudiantes se habían
caricia de caligrafía suspendida en el tiempo. marchado. Sólo quedábamos los cuatro: Umberto Eco, El
-¿Pero qué le pasa? ¡Regréseme el manuscrito! -Supe nombre de la rosa, el manuscrito y yo.
que había logrado por fin captar su atención. Respiré profun- Es un hombre corpulento. Fácilmente podría haberme de-
do. Sonreí. rribado. Optó por hacerlo, me parece, intelectualmente. Per-
Le extendí el libro de nuevo y esta vez dije como si reve- maneció callado unos segundos y luego me invitó un café.
lara un secreto, dejando que las paredes de piedra de la sala Dijo que si le contaba las razones que me llevaron a tan pe-
amplificaran mi media voz: necesito que escriba mi nombre, culiar secuestro, me firmaría el libro siguiendo mis rigurosas
maestro, que por cierto es OZ. Y el de ella, Juliet. Los nom- indicaciones. El trato incluía, naturalmente, la devolución in-
bres deben aparecer juntos, seguidos de su firma en la si- condicional del manuscrito. Recordé que mi siguiente encuen-
guiente dedicatoria: "Pour Juliet et OZ, deux noms de la méme tro, con Carlos Fuentes, sería un par de días más tarde (aun-
rose. Paris, Novembre, 1987". que él no lo sabía aún) en su casa de Londres. Bueno, accedí
Por un segundo sentí que sus ojos buscaban una reflexión al café porque también me interesaba charlar con Eco, para
que rápidamente abandonaron. qué negarlo.
-¿Que escriba qué?¿ Y en francés? ¿Qué disparate es Atravesamos juntos el campus. Me sorprendió su discreta
éste? belleza medieval y ese zacate alto que a veces aparece tam-

18 19
Cierto día, mientras hojeaba su ejemplar de No mepre-
bién en Ciudad Juárez, cuando uno ha vivido allí lo suficiente
para verlo. Eco me llevó a un café bajo uno de los famosos
guntes cómopasa el tiempo de José Emilio Pacheco (que de
lodos los poetas que podría ser jamás será Armando), noté
arcos de la ciudad, que mi guía turística retrataba en colores
que Juliet intentaba desviar mi atención. La sospecha germinó
vivos. El mesero lo saludó con un gesto de admiración y nos
cuando me quitó el libro para leerme, según ella, su poema
indicó una mesa iluminada de forma transversal, teñida por el
favorito. El poema era bueno pero al terminar no me dio tiem-
cristal ámbar del ventanal. Ordenó dos espressos y una cesta
po para comentarlo. Me hizo soltar el libro en un estante.
con pan, adivinando mi hambre. Yo no había probado bocado
Retomé su cintura y salimos de la biblioteca. Me adelanto, en
esa mañana esperando el final de su clase.
nombre del pudor, a la parte de la noche en que desperté, y
-Bien, cuéntame -solicitó el escritor, mientras sacaba una
después de la parada obligatoria post coitum en el baño ...
pipa oscura. El mesero se acercó con fósforos de madera gruesa
que crujían al arder como pequeños trozos de leña. Porque así se dice, ¿no?
-Supongo -contestó Eco y se encogió de hombros. -
Confié en su promesa. Correría el mismo riesgo que con
los demás autógrafos y contaría la historia una vez más. La Pero sigue.
Espero que mis cursos de latín no hayan sido en vano. El
transcripción verbal ya comenzaba a perfeccionarse a sí mis-
caso es que volví a la biblioteca y levanté el libro de Pacheco
ma;éÓmo si existiera más allá, independiente. Un relato escri-
por el lomo, apagando con cuidado los pequeños ruidos al vol-
to por otro y protagonizado por mí.
ver las páginas para no despertar a Juliet. Invertí cerca de una
-Comenzó como un acceso común de celos. Sospecha-
hora y no pude encontrar nada intrigante, salvo algunas anota-
ba que su biblioteca no había sido integrada por ella sola, una
ciones con una letra que no era de ella. Casi al cerrarlo, vi una
francesa que a pesar de sus extensos conocimientos literarios
dedicatoria en la primera página. Me senté a releerla: "Para una
y excelente dominio del español y el italiano, no podía haber
pareja atemporal, Juliet y Armando, Parque México, en la Con-
reunido esa colección de textos tan variados y dificiles de con-
desa, 11 de febrero de no me pregunten qué año".
seguir. Y es que Juliet, mi novia, tuvo hace años un novio. Era
Me molestó ... no, más bien me reencabronó la intimidad
un poetilla del norte de México con ínfulas parnasianas, un
auténtico imitador de Octavio Paz. cronológica de la dedicatoria.
-¿Re encabronar? -interrumpió Eco y se acarició la bar-
-En algún momento de nuestras vidas -dij o Eco- todos
somos ese poeta. ba. -El prefijo "re" lo entiendo. Espero que "cabra" no se
refiera a los cuernos del animal.
-Pues no me quedaba duda de que este poeta (le regalo el
-Es algo así como enojarse a la máxima potencia, don
sustantivo) había colaborado en el inventario de libros de Juliet
con algunas ediciones raras de literatura latinoamericana, asiáti- Umberto. ¿Puedo llamarlo así?
-Dime Umberto y déjate de cosas.
ca y europea. Alguna vez ella corroboró que, en efecto, algunos
-No, no, maestro, no puedo tutearlo. Bueno, sólo por-
tomos habían pertenecido al tal Armando, nombre de irreductible
que tú insistes. El caso es, Umberto, que me sentí fuera, aliena-
vulgaridad que me inyectó algo de náusea obsesiva.

21
20
do para siempre de una historia literaria que nunca sería mía. 111 escribe,Umberto. Nos han engañado. La historia es de quien
Pacheco ya no era ese poeta universal mexicano, no. Ahora t icne los güevos suficientes para cambiarla a discreción. Y no
se convertía en esbirro de la relación amorosa que me separa- hablo de los huevos con hache, sino de los güevos con "g" y
ba de Juliet. "U" con diéresis, a la mexicana. Así la palabra es más enfática
Eco puso un turrón de azúcar al ras del café. Los granos y sabrosa. A veces escribir mal es una cuestión de estilo.
se oscurecían lentamente. Pensé que contaba el tiempo con -A veces, según parece, es una cuestión de mexicanidad
cada cubito cristalino disuelto. "dijo Eco, guiñándome un ojo con una sonrisa que también
-Un mes después tuve un momento de anagnórisis. pudo ser una mueca.
Pacheco había sido invitado a la Universidad de Texas en El -Volviendo al cuento, te digo que José Emilio compren-
Paso (donde estudiamos una carrera de Spanish) para ofre- dió bien la naturaleza de mi misión. Aplaudió la valiente inicia-
cer una conferencia sobre poesía. Después del acto, se tomó tiva de tomar al toro por los cuernos, o mejor dicho, a la his-
unos minutos para firmar libros. Yo no acostumbraba mendi- toria por los archivos. Nos abrazamos después de media hora
gar dedicatorias de autores célebres porque experimento una de conversación y regresé a casa. Triunfal, reinserté el libro en
sensación de reverencia gratuita, y a mí la mera verdad sólo su lugar, sabiendo que en el futuro nadie tendría el atrevimien-
me merecen reverencias Scheherazade, Don Quijote, Ulrica y to de preguntar: "¿oye ... y quién es Armando?" Nadie. Por-
Guillermo de Baskerville. que su nombre no sólo había sido eliminado del documento.
-Gracias por lo que me toca. Había sido reemplazado. Como se reemplazan presidentes,
-Me acerqué a José Emilio (también me permitió tutear- neumáticos y calzones. Hay documentos cuya censura sólo
lo poco después) y le pedí que me firmara su libro. Como aumenta el interés por averiguar lo quepasó. En mi caso, no
contigo, le dicté la dedicatoria, pero José Emilio tiene una hay tal censura. Hay la extirpación total de ese fragmento his-
memoria prodigiosa. De inmediato reconoció esas líneas sal- tórico que consiste en una sencilla sustitución. Algo así como
vo la pequeña corrección: "Para una pareja atemporal, Juliet y lo que hicieron los españoles con los templos indígenas: edifi-
OZ, Condesa, 11 de febrero de no me pregunten qué año". car iglesias encima para sepultar una historia con otra. La di-
Creyó que se trataba de una broma, pero yo le dije que más ferencia crucial de mi sistema es que no hay templo que des-
bien era asunto de historia o muerte. enterrar, porque ni aún levantando la tinta de la nueva dedica-
El mesero se entretenía pasando un trapo en la mesa de al toria podría encontrarse la anterior. La primera ya sólo existe
lado. Eco ordenó otros dos espressos. en la frágil memoria de Juliet y Armando, asunto que no me
-No estoy buscando satisfacer algún capricho adoles- interesa en lo absoluto, dada la.falible condición de nuestras
cente. Tampoco se trata de una aberración fetichista. Quiero neuronas. Nada que el alzhéimer, y finalmente la muerte, no
reescribir la historia amorosa de Juliet a través de los docu- puedan arreglar.
mentos que su devenir fue dejando. Historia y archivo, el viejo Podrás anticipar, como lo hice yo en ese momento, que
par incómodo. Pero me consta que la historia no es de quien recurrir al método del doctor Francia en Yoel supremo impli-

22 23
caría una meticulosa revisión de la biblioteca en cuestión. Reuní los nueve libros y desplegué un mapamundi. Con
Ausculté uno por uno los libros de Juliet. Fue como me lo 11y11da de revistas literarias y noticias periodísticas, ubiqué a
temía y como tú te imaginas: había más historia por corregir. 1:11d11uno de los autores. Calculé distancias, itinerarios, pre-
Encontré Días de guardar de Carlos Monsiváis. El buen Monsi dos. Dos semanas más tarde tenía programado el gran peri- ../
escribió una simpática dedicatoria: "Para Juliet y Armando, un plo literario por medio del cual haría mía la historia de Juliet.
saludo doble de Carlos y Monsiváis, México,julio de 1988". <lastaría los ahorros de casi tres años, pero no me importaba.
El guiño me irritó por su deliberada alcahuetería, como si dije- 1 Jnría inicio ese verano, aprovechando que Juliet iría de vaca-
se entre líneas: "Hacen linda pareja, tan balanceada como mi ciones a Nepal, con eso de que el orientalismo anda de moda.
propio nombre". Después hallé Doña Flor y sus dos maridos --"Sorne things are better left un-Said regarding orien-
de Jorge Amado. Aquello rayaba en el descaro: "Para Juliet y talism" -recordó Eco la famosa broma.
Armando, esperando convertirme en el otro marido, Bahía, -La ocasión era perfecta -continué-. Mi proyecto, de L
verano de 1987". Siempre lo supe: si bien los brasileños no tener éxito, modificaría para siempre mi vida con Juliet. Libro
a
inventaron el ménage trois, al menos lo perfeccionaron. por libro, reclamaría el lugar de Armando junto a ella y toda
Seguí buscando por varios días. Junté toda la infame rela- .luliet, aun su pasado ajeno, serían míos. Y no me preguntes
ción de la historia literaria de Juliet y Armando. Era un total de cómo, argumentaría mi amigo José Emilio. '
nueve textos firmados, nueve dedicatorias acusadoras, inclu- Empecé, por motivos de proximidad (es un decir: nada
yendo la tuya, Umberto. queda cerca de la frontera), con el escritor argentino Ricardo
-Creo que comienzo a recordar cuando les firmé el libro· Piglia, profesor de literatura en Princeton University, en Nue-
aquella ocasión ... va Jersey.
-¡No! [No me cuentes nada! No tiene ningún sentido -Sé quién es muchacho. Lo leí antes de que tú termina-
alargar la agonía de aquella historia. Olvidas que hoy mismo ras la primaria. Acabo de verlo en Madrid.
voy a desaparecer ese encuentro. Será mejor que vayas tam- -Perdón por la apostilla, pero cómo iba yo a saber. Lo
bién modificando tus recuerdos. ¿A quién le creerán más, encontré en su oficina atareado, te decía, leyendo ensayos de
Umberto? ¿A tu memoria rebosante de fans pidiéndote un au- sus graduate students, el pobre. Tras las presentaciones, fui
tógrafo? ¿O a tu propia firma, tus palabras, asegurando que directo al grano. Entonces ocurrió algo que no contemplé an-
fue a mí, y no a un aprendiz de poeta -perdona que me exal- tes: don Ricardo dijo haber conocido a Armando en un con-
te- a quien en compañía de Juliet dedicaste tu novela alguna greso académico y que aún mantenían algo de contacto (lo
tarde fría en París? que seguramente implicaba que Armando lo hostigaba con
Eco pidió vino para calmarme los ánimos. Nada mejor emails nunca solicitados). Cuando le firmó el libro, Armando
que el Chianti para suavizar la garganta y los impulsos, dijo. le contó a medias que atravesaba momentos difíciles en su
Me dio un par de palmaditas en la espalda y me convidó a relación con Juliet y que ese regalo la haría sonreír. Pero era
seguir el relato.

24 25
más bien el final de su historia: él la engañaba con una amiga decía que Femandorecibiómi peticiónconmuchagracia.Llegó
íntima de ambos. 11 sugerir que todos, en algún momento de nuestras vidas, de-
Juliet decidió la mudanza más radical que alguien puede beríamos reescribir nuestra historiografía. Incluso acarició la
hacer en el hemisferio: enfiló al sur, hacia la frontera. Se matri- idea de crear una empresa nacional dedicada a la reescritura
culó en el programa de creación literaria de la Universidad de del archivo. "Terminaríamos con las contradicciones y logra-
Texas en El Paso, donde la conocí. La nefasta traición se con- riamosinventarcon certezalos episodios más oscurosde nues-
virtió en un punto a mi favor. Caballero que es, don Ricardo tra historia", decía. El problema, creo yo, radicaría en esbozar
accedió sin más indagaciones y reconstruyó su aportación a una versión que complaciera a todos. Por eso pienso que la
mi historia. Tuvo la gentileza de calcar con cuidado la dedica- historia debe escribirse en la intimidad, si mucho entre dos.
toria en el mismo lugar en que se encontraba la primera, si- "Para Juliet y OZ: las noticias de ayer que escribimos hoy. ¿O
guiendo con precisión las marcas que ésta había dejado en la será al revés? Enero de 1989".
hoja siguiente. Mi copia de Respiración artificial conjuró a La búsqueda continuó con Monsiváis y Scherer.Mi amigo
un enemigomás de mi proyecto. "Para Juliet y OZ, augurando editorme informó que los pescaría en el Sanbom's de losAzu-
largos años en la historia que comienzan a escribir juntos, lejos,tomando los fabulosos cafés de olla que allí venden, que
Nueva Jersey, diciembre de 1991". por otro lado es lo único comestible en ese restaurante.
Al día siguiente tomé un vuelo a la Ciudad de México. -¿Mejor que el espresso italiano? Por favor ...
Consulté a un amigo editor de la sección internacional de la -Mejor que todos los cafés de Europa. Pruébalo, pero
revista Proceso, quien me proporcionó los datos del fundador te advierto que querrás cambiar de nacionalidad sólo por se-
de la misma, Julio Scherer, junto con los de Monsiváis y el guirtomándolo.
novelista Fernando del Paso. A este último tuve que buscarlo -Veremos -retó cortante.
en su casa de Guadalajara. No acostumbro importunar a la -¿Dónde estaba? Ah sí, los encontré y sin pedir permiso
gente con una visita inesperada, pero debía acelerar el viaje (porque sabía que me lo negarían) me senté. Cuando expliqué
para cumplir con mi itinerario. Cada día estaba considerado. lo que quería, Monsiváis de inmediato me diagnosticó una se-
Cualquiercontratiemposignificaríaperder la batalla con la his- vera esquizofrenia postmoderna, mientras que Scherer se li-
toria. Fernando ... mitó a observar mi copia de su libro La piel y la entraña.
-No me digas: también te pidió que lo tutearas -arreme- Pronto notó que le faltaba la primera hoja en blanco.
tió irónico Eco mientras servía las últimas gotas del Chianti y -¿Arrancó usted la página con la dedicatoria previa? -
ordenaba una segunda botella. inquiriópuntualdon Julio.
-¿Qué quieres que te diga, Umberto? A todos los escri- -Necesito que la reescriba-respondí.
tores les caigo bien, y Fernando prefería que lo llamara de ese Monsiváis parecía dispuesto a rededicar sus Días de guar-
modo. Además, la cacofonía es demasiado irritante: "Noti- dar, pero don Julio, hábil reportero, estaba lo suficientemente
cias DEL Imperio, la novela histórica DE DEL Paso". Pero te intrigado.

26 27
-¿Y por qué no dejar las dos versiones? Que su público Sí, los recuerdo. Andaban de viaje y pasaron a verme-
decida cuál es la verdadera. dijo cuando por fin respiró-. Les firmé mi libro sólo porque
J -Porque no lo hago para cuestionar la verdad histórica, folie! insistió. Guapa tu chica, ¿eh? ¿Así que cambió a uno por
don Julio. Lo hago para reescribirla con arbitrariedad, con rl otro? La gente no aprende. ¿De qué me sirvió escribir Doña
revanchismo, con víscera. Por eso. Flor si cuando la leen no la entienden? Debió quedarse con
-Lo que usted busca es faltar a la verdad -devolvió el h 1s dos. Sólo te lo vuelvo a firmar porque todavía me interesa
prestigiado periodista. el trío. Sabes dónde encontrarme si se animan.
-Lo que busco es hacer una nueva verdad. Sus insinuaciones me cayeron en gracia y por eso perma-
Como Pilatos, don Julio puso fin al debate: - ¿Y qué es nccí un rato más para tomar cachacas y explorar el vacío de
la verdad? esas nalgas hambrientas ...
Sin respuesta a la mano, prefirieron continuar su conver- -¿Y ... ? -preguntó Eco con ojos demasiado abiertos,
sación. Aceptaron mi solicitud para deshacerse de mí. La de- mientras que con el índice derecho hacía pequeños círculos-
dicatoria de Monsiváis ya la comenté. La de don Julio es ésta: sigue, sigue.
"Para Juliet y OZ, porque en el amor, como en el periodismo, -- Y hasta ahí con Jorge. A la mañana siguiente tomé el
debe quererse a flor de piel y de entraña. México, 6 de no- vuelo que me llevó a Milán y de allí vine a parar aquí, contigo,
viembre de 1986". lJmberto.
Mi vuelo del Déefe a Salvador de Bahia se retrasó y llegué Reía divertido. Nos pidió un tercer Chianti que se nos fue
tarde a la cita con Jorge Amado. No lo encontré en el café como agua.
donde habíamos pactado la entrevista, pero dejó dicho con -Si conté bien, te quedan dos.
un mesero que lo encontraría en su lugar favorito: "Memórias -Sé dónde encontrar a Fuentes pasado mañana, en
Póstumas", el famoso nightclub. El edificio parecía a punto del Londres.
desmoronamiento, como torre de Pisa criolla sobre el empe- -Dudo que te cueste trabajo convencerlo, sobre todo si
drado del Pelourinho. La media luz, el vértigo del afoxé y la le aplicas una técnica parecida a la que usaste conmigo. ¿Quién
densa cortina de humo, apenas me dejaban caminar. Pasos es el noveno?
adelante distinguí lo que parecía una auténtica escena de an- Allí se encontraba el obstáculo último que me separaba de
tropofagia: una generosa mulata succionaba el rostro de Ama- la historia corregida. Dejé caer el nombre como quien derriba
do entre sus poderosos muslos. En un raro pleonasmo, Ama- un pilar, un muro, un gran libro.
do era amado. Cuando se tomó un descanso para respirar, me -Te digo el título: Ficciones.
acerqué. Su rostro había adquirido una decidida tonalidad ro- -¿Qué? Imposible.
jiza, producto de la asfixia. Pero Amado ni siquiera se dio -No me digas eso, Umberto. Nadie mejor que tú sabe
tiempo para oxigenar los pulmones, pues de inmediato pren- que en el universo de las letras nada es imposible. Es sólo
dió un cigarrillo y se tomó de golpe una cachaca amarillenta. cuestión de pensar el asunto.

28 29
-OZ, Borges está muerto. Bolonia, 1 de septiembre del presente
-Pero no sus libros. No he decidido aún cómo voy a Querido OZ:
lograrlo, pero confío en que habrá una solución. 1µ11orocuál será el estatus de tus inquisiciones. Por mi parte,
-A menos que recurras a un médium, no veo cómo - tengo buenas noticias: creo estar en posición de ofrecer una
insistió Eco. guia. Se me ocurre que tendrías que convertirte en algo así
-Pues primero voy tras Fuentes. Ya se me ocurrirá algo. corno un epígono de Pierre Menard. No, no sugiero tu meta-
Seguro estaba bajo la influencia del tinto, porque en la morfosis en Borges para reescribir Ficciones (que si recuer-
contraportada de su novela, Umberto anotó su dirección. Yo do bien es el texto cuya dedicatoria te interesaba modificar).
correspondí con la mía y con la liberación del carissimo ma- Pero lo que planteo no se aparta mucho de los postulados
nuscrito, al cual Eco abrazó como si hubiera salvado un hijo horgeanos. Me explico: Borges proponía como accidental la
de la hoguera. relación que existe entre autor y lector. El hecho de que alguna
-Quiero que me escribas cuando termines la misión. Me vez Borges haya firmado un libro para Juliet y su ex novio es
interesa el final. Alguna vez debí haber hecho lo mismo. una condición tan azarosa como la misma que hace que yo te
Eco cumplió su promesa y reescribió la dedicatoria. Me escriba estas líneas. Bien pudo haber sido al revés.
sentí testigo, una vez más, de lo que se me antojaba como la No es necesario buscar a Borges en el más allá para pe-
transmutación física y metafísica de la historia. Aunque es po- dirle la nueva dedicatoria. Es más, ni siquiera es necesario
sible que haya sido la borrachera que nos habíamos pegado. reescribirla. Te propongo algo mejor: revierte la avenida que
Me despedí con un abrazo tambaleante y tomé el avión a Lon- conecta al autor con el lector. Construye ese carril en sentido
dres dos días después. Como bien previó Eco, Fuentes no se contrario y atrévete a transitar. No pidas a Borges que de
sorprendió con mi pedido. Actuó como si todos los días llega- nuevo te ofrezca su libro. Ofrézcanselo, tú y Juliet. La clave
ra un advenedizo como yo con la misma súplica. Solemne, está, querido OZ, en dedicar ustedes mismos el libro. A estas
estampó en mi copia de Terra Nostra: "Para Juliet y OZ, por alturas, Ficciones es más tuyo y de Juliet que del pobre Borges.
la nostalgia del futuro que desde hoy prepara nuestro próximo Lo menos que pueden hacer es regalarle una copia.
encuentro, mayo de 1988". Creo que no me leíste la dedicatoria original. No importa.
Propongo que escribas algo más o menos en este tono: "Para /
Jorge Luis, en el regreso de la historia, en la entrada a la fic-
*** ción. Juliet y OZ. La frontera, septiembre del año en curso".
Pasé meses infernales buscando la manera de corregir el últi- Te abraza desde Bolonia,
mo renglón de mi nueva historia. Pensé en todo, o en casi Umberto
todo. Una tarde, más de un año después de nuestro encuen-
o o
tro, recibí de Eco una carta que a continuación reproduzco. '1;-)-

1 ,>)'
&
~ ,,

" " e

30 31
Post scríptum: Estuve en la Ciudad de México hace unos me-
ses. Probé el café de olla (mantengo la supremacía del espresso
italiano) y aprendí a usar el verbo "reencabronarse". Olvidé
comentarte que si bien te volverás epígono de Pierre Menard,
yo estoy por unirme al club. Me divorcié y a mi nueva compa-
ñera, como a ti, no le hacen mucha gracia las dedicatorias en Instrucciones para escapar
las que mis amigos escritores incluyen a mi ex. Pero cuando le
pedí a Carlos Fuentes que me rededicara Terra nostra, me de la frontera (!, ·-

comentó que además de la mía había rehecho otras dos dedi-


catorias. Recordó tu nombre y el de "un tal Armando". Creo
que quieren hacerle competencia a tu versión de la historia.

Post post scríptum: Adjunto una copia firmada de Baudolino,


uliet valía todo, Mateo, los tres robos y más. Ciertamente
mi nueva novela, que por cierto se basa en el manuscrito que
sobrevivió a tu improvisado secuestro. Como verás, dejé en
blanco el espacio para el nombre de tu pareja. Por si acaso. J valía un viaje a París. Pero no nos emocionemos. No fue
tan fácil como vender lo poco que tenía y pedir prestado
al que se dejara, subir a un avión en El Paso, decir adiós a la
aridez del desierto desde la ventanilla y transbordar en Houston
o Dallas, tomarme tres espressos (a falta del café de olla) y
provocarme una taquicardia, buscar a Juliet dando una confe-
rencia en un recinto fastuoso de la Sorbona, o por lo menos
en la FNAC, firmando su quinto o sexto poemario, invitarle un
café, caminar por Montmatre, besarla en el Pont des Arts,
etc. La realidad es a prueba de románticos imbéciles. Fue len-
to y arduo el proceso para escapar de la frontera. Incluso /
para llegar a escribir el cuento _,.que acabas de leer y que en
.,.--·---~--···
.---..
.,,r

verdad garabateé apenas aterricé en París, durante la primera


semana de un septiembre frío y nublado, desfasado por eljetlag
y más cafés taquicárdicos.
Obviamente quería escribir, pero vivía en Juárez. Como
corresponde a un latinoamericano marginal con ambiciones
literarias, me volví periodista y dejé las letras para mejores

32 33

-.
tiempos que vinieron, por supuesto, pero hasta mucho des- 1111 i sus Noticias del Imperio, novela que, si tuviéramos una
pués. Me dieron una pasantía de verano como reportero de trudición literaria digna y respetuosa de sí misma, debería ser
Frontera, un periódico que tiene su edificio a un lado del Río declarada monumento nacional. Pero dejemos en paz (tam-
Bravo, desde donde yo podía ver agentes de la Border Patrol bién por ahora) a la Maison du Mexique y a Del Paso. Más
adictos a la coca-cola en botella de a litro, cuando no acosa- ullá del cambio de horario, caminar sonámbulo por la Cité,
ban a los paisanos temerarios que cruzan el cauce polvoriento tropezando con cualquier piedra y quedándome dormido en-
del río que será todo menos bravo, porque para empezar tie- cima de mis libros, nada interesante ocurrió la semana previa
ne años seco y lo único bravo en verdad son las macanas y las ni inicio de clases (es decir: todas las francesas que acosé en
balas de esos agentes con sobredosis de azúcar. la cafetería me ignoraron como si ignoraran a una mosca que
Supongo que me volví útil en el periódico, porque meses sobrevuela el pan con chocolate del tipo sentado al lado, que
después me contrataron como reportero de planta y trabajé encima las acosaba igual que yo).
allí los cuatro años que duró mi carrera de Spanish y Llegó por fin el primer día en la Sorbona. Con sólo entrar
Communication (a saber qué quiere decir eso) en la Univer- en el edificio creí (aunque me duraría poco el efecto) que tal
sidad de Texas en El Paso. Te podría contar sobre las cosas vez podría vencer mi condición de :fronterizomarginal. Me ins- /
que vi reporteando y estudiando en la frontera que sólo me cribí en el seminario de teoría literaria con el profesor Héctor J
dejaron en paz cuando asumieron la forma de cuentos (un la- Podestá, el más importante crítico sudamericano de los últimos
drón de coches nocturno que durante el día los recuperaba veinte años que valían, uno por uno, los veinte libros que ya
para aseguradoras gringas; el bautizo de un perro texano que había publicado, todos influyentísimos, todos con la capacidad
se convirtió en un hallazgo literario; la brutal violación de una de hacer sentir a cualquier estudiante como mosca de café aje-
mujer secuestrada por el adolescente que le habían encargado no que bebe sin pena un tipo acosador de :francesas. La clase
cuidar), pero es mejor que lo haga más tarde. Lo que importa era en uno de esos viejos galerones de techo alto, cubiertos
por ahora es que después de trabajar como peregrino purita- con madera antigua, gastada por generaciones de estudiantes
no al día siguiente del thanksgiving day, ahorrar como em- que aún después de mayo de 1968 siguen redecorando con
presario panista de Monterrey y estudiar francés como Miramón ceniza y graffiti a la menor movilización social.
a punto de entrevistarse con Napoleón III,junté lo suficiente Podestá entró con una pipa en la mano. Era alto y robus-
para irme a París a estudiar un posgrado en Littérature to. Tenía una tupida barba oscura, espolvoreada por algunas
Générale et Comparée, para luego no andar preguntándome canas precoces. Una cicatriz se elevaba de su ceja izquierda
de qué se trata la carrera. hasta cruzar su frente, amplia y descubierta. Consciente del
Me instalé en la Casa de México, o debo decir, la Maison performance de su figura (una suerte de Umberto Eco latino-
du Mexique, en la Cité Universitaire, un parque enorme don- americano, rejuvenecido y en mejor forma), nos hizo callar de
de se encuentran las residencias oficiales para estudiantes ex- inmediato sin abrir la boca, sólo colgando su abrigo en el res-
tranjeros. Sabía que existía porque Fernando del Paso firmó paldo de la silla. Dejó la pipa sobre unos libros y nos hizo

34 35
presentarnos. Éramos unos veinte, hacia el final de la clase -Pues creo que va a necesitar algo más que acidez sud-
sólo terminamos hablando yo y otro mexicano con acento americanapara echamos de su clase-dijo Harmodio. Le agra-
chilango. Como pasa con frecuencia en estos casos, encon- decí mentalmente que me incluyera en su defensa. Me alié de
tramos la manera de caemos mal. inmediato.
Cuando terminó la hora, el paisano y yo seguíamos ha- -Mejor bocones despistados que fumadores empeder-
blando en el pasillo, cerca de la oficina de Podestá, como nidos de tabaco de vainilla -dije, según yo, con irreverente
aguardando el momento en qu~ uno de los dos por fin diría elegancia.
una estupidez. Se llamaba Miguel Harmodio. Decía haber na- -Atreviditos los mexicanos, ¿eh? Eso les cuesta una cer-
cido en Mexicali y haber crecido en Culiacán, lo que según él veza a cada uno o las peores notas del curso.
lo autorizaba a sentirse norteño, pero la cantaleta de su acento -La cerveza, por supuesto, profesor-dije.
acusaba la insoportable levedad del ser chilango. Me dijo que -Soy Podestá, para los amigos y para los que no se pue-
era escritor y me preguntó si escribía. Le respondí que todos de uno sacudirpero que en cambiopuede explotar. ¡Andiamo !
los que hacen un posgrado en letras tienen pretensiones litera- -¿Es usted de ascendencia italiana?-pregunté.
rias pero que, como decía Oliverio Girondo, una cosa es ca- -Que te baste con saber que soy del Cono Sur, donde
carear y otra muy distinta es poner el huevo. todavía se hace literatura, donde siempre empieza todo.
Lo que estaba por replicar en ese momento se lo tuvo que -¿Está citando a Borges?
callar, porque de repente salió Podestá y se paró junto a no- -El mundo es más grande que Tlon, muchacho. Mejor
sotros mientras encendía su pipa gruesa y de olor penetrante no preguntés lo que no podés saber. ¡Caminen!
pero dulce. Pensé que el tabaco tenía vainilla y que hacía jue- Seguimos a Podestá al bar que está en una callecita que
go con su pipa de color rosa. Se lo comenté. sale de la Place de la Sorbonne, frente a unos cines que de-
-Mi pipa es de duramen de coronilla, que es un color pendiendo de la hora varían de producciones vanguardistas
rojizo oscuro, así que mejor buscá cita con un médico para independientes a pomo hard-core. Empezamos con cervezas
tratar tu daltonismo. Y el tabaco de vainilla seguro lo prefieren a presión y terminamos con Bourbon, siguiendo a Podestá,
tus paisanos en México, que creen que fumar es oficio de ofi- quien también guiaba la conversación, cubriendo el siglo XX
cinistas y periodistas, que vienen siendo la misma cosa. latinoamericano.Nos contó historias de primera mano,viñetas
-No se enoje, no volveré a confundir las castas de la que revelaban aspectos insospechados sobre libros y sus au-
intoxicación pulmonar. tores que yo creía conocer hasta ese momento. Era como si,
-Si no me enojo por eso. Me enojo porque voy a tener además de haberlo leído todo, fuera también el depositario de
que escuchar las boberías de ustedes dos todas las semanas la historia privada de la Tradición. Cerca de las diez de la
en la clase. ¿No han considerado cambiarse a Sicología o a noche, Podestá se levantó, dijo algo incomprensible y se fue.
Historia? Allí siempre hay lugar para bocones despistados. Volvióunos minutos después, pero fue directamente a la ba-

36 37
rra, a dos mesas de donde estábamos. Le sirvieron un último en un manifiesto y que incluso, si me interesaba, podría ser
Bourbon que se tomó de golpe. Lo oímos murmurar algo más, partedel nuevo movimiento que él bautizó Literatura Huiqui.
todavía ininteligible, y salió para ya no volver. -¿Como la wikipedia?
-Admirable el viejo, ¿no? -comentó Harmodio. -Pero con hache y con cú, qué es más autóctono.
-Creo que le voy a pedir que sea mi director de tesis. -Y seguro no hay ceremonia de iniciación. Mejor así,
-Ni se te ocurra. La última vez que un pobre despreveni- ¡,no?
do lo hizo, lo corrió de su oficina y se negó a aceptarlo en sus -Eso sí que no. Hay cuota de peaje: un cuento.
clases. Eso te lo va a decir, a ordenar, él mismo. Aunque el "Epígono" era el candidato natural, decidí ha-
-¿Hasta que piense que soy lo suficientemente listo? cer algo especial. Algo menos personal también. Me propuse
-Más bien hasta que esté seguro de que no eres un abu- escribir todo el fin de semana y aún corregir el miércoles por
rrido, porque que seas menos burro que los demás ya lo deci- lamañana antes del taller.Mientras me imaginaba escribiendo
dió desde el momento en que te conoció. Lo mismo pasó con- en la Casa de México como una versión precoz de Fernando
migo. del Paso, Harmodio mantuvo una seriedad afable que no creía
Entrada la madrugada, Harmodio cambió de tema. Me posible en la estructura vertical de su egocentrismo. Leería,
habló de un taller literario al que asistía desde hacía un año. Se Mateo, por primera vez un texto mío. Se lo dije.
reunían los miércoles y me invitaba a participar. -Será el primer texto que leas, pero no será el primer
-Sólo hay una condición: presentas tus cuentos y nunca texto tuyo. Todos los textos son tuyos, o por lo menos poten-
los comentas, pese a cualquier cosa que te digan. El texto se cialmente tuyos. Puedes hacer con ellos lo que quieras:
defiende solo, gana solo o muerde el polvo solito. Pero eso sí: reescribirlos,borrarlos o llevártelos al baño para limpiarte con
los aplausos también se los lleva el texto, porque no sé si te ellos. Eso es lo que creemos los huicritores.
has dado cuenta, pero eso del autor y su auctoritas es la -¿Hay más miembros?
mayor estafa que le ha podido ocurrir a la literatura. -Los habrá y seremos Legión. Por lo pronto nos tendre-
Harmodio comenzó una larga perorata pseudo-teórica. mos que dividir el movimiento entre tú y yo.
Mencionóalgo de la literaturalatinoamericanaen el siglovein- Cuando pedimos la cuenta, la mesera nos explicó que el
tiuno, de la posibilidad de estar (re)escribiendo textos indefi- barbudomalencaradoamigonuestro,que ademáshablabasolo,
nidamente en una página de Internet, y citó a la plana mayor había pagado la cuenta de los tres cuando volvió a tomarse el
del post-estructuralismo (Roland Barthes, Michel Foucault, Bourbon en la barra.
Julia Kristeva, Gilles Deleuze, Jacques Derrida et al). Pensé -Pinchi Podestá cabrón -sonrió Harmodio.
en mi "Epígono de Pierre Menard", en la manera en que uno El lunes siguiente, cuando quisimos agradecerle, Podestá
sólo reescribe lo que piensa que está creando de la nada, en afirmó tajante que estábamos delirando, quejamás invita tra-
un arrebato de originalidad. Dijo que ya lo había puesto todo gos a estudiantes y que nunca pagaría una cuenta irresponsa-

39
ble de cervezas y Bourbon. Mucho menos para dos papafritas
que todavía creen en vanguardias. FEBRERO -<'1
-Porque seguro el pelotudo de Harmodio ya te contó de
la literatura huiqui, ¿no? Tiene con ese sonsonete desde el año "
pasado, pero claro, sólo otro mexicano podría ser reclutado.
Deberían aprender a poner acentos primero y después inten- r
tar escribir. El otro cielo
\ f' ....
, ' •
-Ya lo verá: cuando la Literatura Huiqui nos alcance, otro
sonsonete cantaremos todos, incluyéndolo a usted, Podestá-
dijo Hannodio.
-Sí, claro. El texto muchacho, el texto literario primero.
Después los discursos y los manifiestos.
Aproveché el momento. Que luego no me culpen de nada.
Podestá quería un texto y yo había acabado mi cuento para el cuando abrió los ojos vio la figura ensan-
taller y para convertirme en escritor, en huicritor.
-Es un texto, en efecto. Que sea literatura está por verse
-dijo Podestá mientras lo guardaba en su portafolio.
• • • Y grentada del sacrificador que venía hacia
él con el cuchillo de piedra en la mano. Al-
canzó a cerrar otra vez los párpados, aunque ahora sabía
que iba a despertarse, que estaba despierto.
¿Qué importa estar despierto? Te acuestan sobre la pie-
dra. El frío recorre tu espalda en espasmos firmes. Te duele la
piel. Las rodillas sangran. Las muñecas destilan hilos espesos
de malva. Pero ten valor. ¿Lo tendrás?
Eso es. Una luz. Una luz nítida. Algo que te impida ver
cómo se preparan los sacerdotes depelo negro lleno deplu-
mas. La noche bajo esta luna que parece reclamar una sed
antigua de sangre, no tiene por qué seguir allí. Imagínate bajo
otro cielo, un cielo rasoprotector. Imagina que la luz está allí
para no sentir la desolación de la noche. Pero tampoco es una
antorcha. Es otro tipo de luz, violeta, que ilumina pero no
arde.
Invéntale un nombre. Sólo nombrando las cosas pueden
éstas entrar en la realidad.

40
41
Llámala lámpara. que te ven, como ahora que estás por dormir, vuelven a son-
Quieres seguir acostado, pero sobre algo suave. La pie- reírte.
dra que antes lastimaba tu cuerpo ahora lo deja descansar. Pero los sacerdotes no. Te observan con frialdad. Indife-
No es de color oscuro. La ves blanca y pura bajo la luz de la rentes. Continúan los preparativos en la cúspide del Teocalli.
lámpara que irradia todo desde allá arriba. Tu cabeza necesita l J no de ellos toca, ausculta una herida tuya en la frente para
posarse sobre algo delicado, como las plumas del águila que causarte dolor. La misma herida que prefieres acariciada por
usan los crueles caballeros aztecas. Cama y almohada, eso la mujer de blanco que despierta tu ensueño. Apenas te roza.
podrían ser. No. Eso son. Desliza sus dedos cubiertos con una tela delgada, transparen-
Tienes sed. Estiras la mano para alcanzar agua. Pero no te. Te dice que todo saldrá bien porque el accidente no fue
quieres mojarte. Piensa en un recipiente ligero, limpio, de donde grave. Eso es. Eso fue. Un accidente. Ibas sobre un aparato
surge un agua cristalina con unas inesperadas burbujas como que en tu mente parece un gran insecto que corría zumbando
las que viste brotar alguna vez del interior de la tierra de por las calzadas. Era un insecto de metal que la doctora lla-
Tlaxcala, en el cenote que tu padre te mostró cuando eras ma motocicleta. La describe larga, potente. Y en verdad rápi-
niño. Bebe. Sacia la sed de varias horas de encierro. Quienes da. Tan rápida que no pudiste frenar a tiempo para evitar a
te rodean no lo impedirán. Están allí para curarte. Te atienden, esa insensata mujer que se aventuró temeraria calzada aden-
te ofrecen líquidos cálidos y otros alimentos que calman tu tro. Maniobraste, y al caer, te heriste una ceja que dejaba
fiebre, que reparan tu brazo derecho elevado por cables para correr libre un angosto canal de sangre sobre tu rostro. El
facilitar el cierre de tus heridas. Ellos también deberán vestir brazo derecho te enloquecía de dolor cuando intentaron le-
algo blanco y no oscuro, como los sacerdotes que comienzan vantarte y terminaste en el hospital, aunque en el trayecto sen-
sus oraciones frente a ti porque sigues tendido en la piedra tiste dormirte de golpe.
maloliente y teñida de sangre, de la sangre que salió a torren- Ya todo estará bien, te dice la joven rubia que parece a
tes del pecho de quienes ya fueron sacrificados y lanzados veces sonreírtambién con sus ojos translúcidos, antípodas de
escalinata abajo. Te retuerces estacado sobre la piedra. Tus la noche en que quieren que mueras para satisfacer a un dios
gritos no se escuchan: se confunden con los de otros que es- que no es el tuyo. Te obligan a rendirle el máximo homenaje
peran secretando miedo al sacrificio. sin consultártelo,justificándose con una guerra tan abomina-
Tranquilo. Pasará. Te calmas de nuevo y cierras los ojos. ble como la ironía de su nombre: estos guerreros malditos la
Vuelves a la paz de ese recinto donde la gente no va a morir. llaman Florida. Quieren que dejes de respirar. Que dejes de
Ese recinto donde la gente cura sus dolores. Llámalo hospital. imaginar.
Los hombres y mujeres de blanco se aseguran de que conti- Parpadea. La doctora te asegura que ya puedes caminar.
núes estable. Cada determinado tiempo regresan a visitarte. Que lo intentes. Consigues ponerte de pie. Das algunos pa-
Te sonríen. Escuchas a alguien llamarlos doctores. Y cada vez sos. Visitas el lecho contiguo. Conversas con otro convale-
ciente que te saluda afable y te llama amigazo. Bromean. Es-

42 43
cuchas un grito a tu espalda. Volteas y alcanzas a ver cómo final: el nombre. Tu nombre. Eres parte integral de este mundo
extraen el corazón aún latiente de un hombre que ya no podrá que ahora te nombra. Existes. Invariablemente, existes.
cerrar sus ojos. La oración se eleva por los cielos del Valle de Intempestivo, le robas un beso. Ella se deja besar y sólo
México pero tú la ahogas con una carcajada irreverente, por- se despega, inhibida, al cabo de un largo rato. Sonríe y vuelve
que ahora ríes con la doctora y tu vecino de cama. Ríes al ver al hospital. Montas y te sorprendes al no sentir dolor alguno,
con detalle tu tórax y reconocer -por primera vez miras lo que salvo una ligera punzada en el pecho. Recuerdas que llevas
llevas dentro- la figura curva de tus costillas en una radiogra- escondido un revólver en la caja trasera de la motocicleta.
fía. Soldó aquella que estaba rota. Tu brazo está libre de yeso Está allí, cargado de balas que nunca se compararán a las
y aunque con lentitud, puedes moverlo. La tecnología ya dejó torpes lanzas o a las débiles flechas. La llamarás, piensas, pero
de sorprenderte. Te convences de que sus luces son tan después. Ahora sales del estacionamiento del hospital y enfilas
anticipables como las estrellas. Como la máquina que escucha rumbo al Templo Mayor, al centro de la ciudad. La buscarás,
tu corazón, como el tubo transparente que te nutre de vitami- sí, pero por ahora tienes otros asuntos pendientes.
nas directo a la sangre, como la música placentera, esa que Sabes que no vas a despertarte, que estás despierto.
llaman jazz y que emana de una cajita donde no cabría jamás
un músico, menos aún una banda entera.
Un último golpe te sacude. Fuerzan tu mirada. Los ojos
delirantes del sacerdote te arrebatan de ese mundo que casi
creías realidad. Te gritan algo en náhuatl, la lengua que nunca
pudiste entender del todo pero que desde hace años somete a
tu comunidad entera, a tu familia. Los odias. Cómo los odias.
Así que cierras tus ojos a pesar de que alzan ya la piedra
afilada con la que habrán de abrir tu pecho. Cierras tus ojos
pero un acceso repentino de luz te los abre, porque ahora
sales del hospital hacia la calle. Es el concreto de la gran ciu-
dad de México, con edificios enormes como pirámides delga-
das que se alzan hacia el cielo nebuloso y parecen rozarlo sin
perder el equilibrio y partirse en dos. Por eso los llaman ras-
cacielos. La gente camina tranquila, todos pueblan anónimos
tu historia. La doctora rubia te ofrece su número telefónico
mientras te acompaña hasta donde espera tu motocicleta.
J -Cuídate,_ Julio -dice mientras introduce un pequeño trozo
de papel en el bolsillo de tu camisa. Te ha concedido la gracia

44 45
Huiqui

ecorro París en bicicleta sin tener que sudar, y eso es

R una suerte de paraíso. Los días son luminosos, pero


no queman, dejan pensar. Juárez me hacía falta por
disciplina intelectual, pero no extrañaba la frontera de calores
alucinógenos, de vientos arenosos y de un invierno rasposo.
Era en aquellos días como ese narrador de Cortázar, yo que
no veo más que las nubes y puedo pensar sin distraerme,
escribir sin distraerme. Harmodio vino a romper mi concen-
trada distracción:
-El cielo no puede huiquificarse, camarada.
-El silenciosí.
-De eso no hay duda. Ya verás en la sesión del taller.
Tomamos dos bicicletas de las que rentan para turistas y
estudiantes,los últimos ingenuos que se arriesgan a usarlas en
la ciudad. Llegamos a un pequeño bar que parecía haber so-
brevivido a una tormenta de arenajuarense. Lo único atracti-
vo era la barra de roble. Era una madera curada por cientos
de manos que la acariciandía tras día con fidelidadalcohólica.
Había unas quince personas. En el centro tomaba café y son-

47
reía afable Marcos Santos, un novelista de un pueblo de 1• 1·11tantas versiones como el derechohabiente considere
Tamaulipas más perdido que Comala y que había escrito una necesario.
novela policiaca que yo había leído no hacía mucho tiempo 5. El papel del Internet es el papel natural de la litera-
antes. Dirigía el taller con voz cordial que, pronto descubrí, /tira huiqui.
hacía más aguda la ironía que rayaba los temperamentos como -¿Estás seguro que no es el papel de baño?-arremetió
si también fueran manuscritos necesitados de una edición 111 voz de nuevo. Esta vez pude verla: una tallerista de cabello

inmisericorde. oscuro y largo, que hacía espirales con un dedo. Su malicia


-Pido la palabra-dijo Harmodio- porque debo leerles 11w obligó a sonreír, a quererla de inmediato.

el muy urgente Manifiesto de la Literatura Huiqui, versión Harmodio la miró e hizo una pausa breve y desinteresada,
2.1. como si esperara el cambio de luz de un semáforo.
-Aunque no espero grandes diferencias con la versión JI. COROLARIOS DERIVADOS DE LOS ANTERIORES AXIOMAS:
2.0 que leíste la semana pasada, y mientras no le sigas de allí a w) No hay mala literatura, sólo malas versiones espe-
la 2.2, todo tranquilo -respondió Santos. rando un huicritor.
-Manifiesto de la Literatura Huiqui, coma, versión 2.1. x) La literatura no se crea ni se destruye, sólo se
-¿De verdad necesitas repetir el título?¿ Y con la coma? huiquifica.
-preguntó uno de los talleristas, pero no pude ver quién. Me y) La vanidad pierde al hombre en general y al escritor
gustó el veneno de su tono. en particular. La literatura huiqui es un instrumento para
Harmodio fijóuna mirada que de algúnmodo ignoróel sar- acabar con la vanidad, si no del hombre, del escritor.
casmo. Se paró sobre una silla, como una Mafalda de niñez y a) El Quijote es el único texto no huiquificable. Por
autoestima agotadas,y siguió leyendodel manifiesto cuya dis- extensión, el texto en donde Borges huiquifica el Quijote,
tribución simultáneaentre los asistentesme había delegado. tampoco lo es.
L AXIOMAS HU!QUJ: (Nótese mi feliz adición).
1. Toda lectura es escritura: todo lector, un escritor. b) Este manifiesto tiene la modesta pretensión de cam-
2. Los derechos de escritor terminan en elpunto inicial biar para siempre la historia de la literatura (huiqui).
de la lectura. A partir de este punto, sólo existen los dere- c) Salvo los textos citados en la cláusula a), todo texto
chos de lector. es huiquificable, incluido el presente manifiesto.
3. El primer derecho de lector consiste en despojar al d) Muchos años después, frente al pelotón de
escritor de su texto para reescribirlo. Llamaremos a este huiquilamiento, el dinosaurio recordó el día en que se-
acto huiquificación, al conjunto de sus producciones lite- guía ahí.
ratura huiqui y al derechohabiente, huicritor. /JI. MOVIMIENTOS DE LA LITERATURA HU/QUI:
4. El segundo derecho de lector consiste en publicar la Movimiento W· Huiquihomenaje. El huicritor ante la
referida huiquificación de manera inmediata, tantas veces obra de un gran escritor.

48 49
Movimiento X: Huiquisalvamento. El huicritor ante la z) Bautícelo según la siguiente convención:
maniobra de Isabel Allende. I /tu/o_original.escritor_despojado.huicritor_l. huicritor _
Movimiento Y Hara-huiqui. El huicritor ante sus so- J.. huicritor _n.huiqui (ejemplo: don_quijote.cervantes.
bras completas. ¡1/l'!'re __menard.borges.huiqui).
-Ah chingá-dijo mi tallerista, que parecía haberle arre- a) Publíquelo de inmediato en www.literaturawiki.org
batado la dirección del taller a Santos. -Como que primero h) Destape una cerveza, es usted un huicritor.
habría que tener obra, ¿no? 3. Para un primer acercamiento a la literatura huiqui,
IV. PROCEDIMIENTOS DE LA LITERATURA HU/QUI: pronuncie continuadamente la palabra kiwi diez veces (de
l. Antes de comenzar, conjugue: yo huiquifico, tú preferencia sin respirar).
huiquificas, él huiquifica, nosotros huiquificamos, ustedes "Gutenberg agoniza"
y ellos huiquifican. Vosotros... MHyOZ
-¿Podéis iros a chingar vuestra madre?-dijo ella, con -Perdón, pero tuve que respirar para poder decir NO
perfecto acento gachupín. MAMENentre mis muy pulidos y esforzados kiwis. Y ya en-
... huiquificaréis también. caminados: ¿no sería mejor reducir los verbales kiwis a cinco
2. Instrucciones para huiquificar; y comernos los que quedan?
w) Localice un texto. Harmodio se levantó con un rostro de inexpresióncriminal
-¿Lo buscas en Google books o todavía vas a la biblio- y comenzó a caminar despacio hacia la escritora anti-huiqui.
teca, a la antigüita? -aquí ya tuvimos que reírnos todos. Creí que la iba a abofetear, Mateo, que la patearía por todo el
Harmodio era el único que mantenía la compostura. -Me bar como cualquier narco de rancho de la Sierra Madre Occi-
preocupa lo segundo porque estoy segura de que no sabes dental, donde yo pasaba mis vacaciones de verano en el norte
dónde queda la BNF o ya de perdida el Pompidou. Si quieres y donde me consta que la mujer no salía muy bien librada de
te hago un croquis. nuestro retraso cultural. Me sentí obligado por lo menos a
x) Exprápielo aplicando el siguiente epitafio: ponerle una zancadilla disimulada. O ya en plan cómplice, a
Con el poder que me confieren los derechos de lector embarrarle el Manifiesto Huiqui en la cara como pastel de
expropio este texto de las manos de su autor para entre- tres leches pasadas en su fiesta de cumpleaños organizada y
garlo al árbol de la literatura huiqui. también saboteada por mí.
-Olvídate de mi croquis, para ese mamarracho arréglate- Sin dejarmesaborearmi heroísmo-vengador-de-talleristas-
las tú solito para encontrar la biblioteca -dijo alisándose el indefensas, Harmodio cambió de expresión y llegó hasta ella
pelo, como si se peinara indignada después de una trifulca cantando in crescendo:
callejera. -Tú me querías deciiir; nooooo sé qué cooosaaas. Pero
y) Huiquiflquelo siguiendo alguno de los tres movimien- callé tu boca coooon un beeso ...
tos de la literatura huiqui. Y en efecto.

50 51
-Esperemos que no pasen muchas horas -dijo Santos, citó (y no devolvió en toda la noche) la atención de su amigo
buscando en su muñeca un reloj que luego supe nunca ha teni- intimo.Paz nunca pudo reinscribirse a la conversa.
do. -No haremos literatura, pero creo que ya estamos listos -Olvidando la probable descortesía, Paz influyó en la in-
para montar una comedia bufa con música de fondo patroci- vitación que Borges recibió para dictar el mencionado curso
nada por José Alfredo Jiménez. Que empiece Beatriz la discu- enTexas, algunos años más tarde. Paz conocía bien la institu-
sión, ya que dice andar encaminada.
ción: ya había ofrecido allí una clase sobre la literatura de la
Escuché su nombre mientras ella se reponía del beso como revolución mexicana. En sus ratos libres terminaba El labe-
si acabara de comerse el pastel de tres leches embarrado en rinto de la soledad, cuyapágina final firmó enAustin en 1950.
la cara de Harmodio. Entrecerró los ojos y adoptó una actitud -En cuanto le fue posible, Paz volvió aAustin y buscó a
solemne y analítica.
Borges para retomar la conversación apenas insinuada en su
-Me extraña que dos mexicanos escriban un manifiesto primerencuentro. Imaginabaun fino intercambio de ingenio-
con epicentro en Borges para luego proponer la reescritura de sos halagos mutuos, pero Borges escuchó en silencio las fra-
un cuento de Cortázar que gradualmente se construye en tor- ses de admiración que Paz le profesó sobre su obra. Cuando
no a lafigura de ese autor. Hay que leer entre líneas los refe- terminó el panegírico, Borges sólo preguntó a Paz, obsedido
rentes escondidos, amiguitos.
como estaba por López Velarde: "¿A qué sabe el agua de
-"La noche boca arriba", por ejemplo, ocurre en Méxi- chía?"
co -dijo Santos mientras cruzaba la pierna y se tomaba de la -Bioy Casares tuvo un affaire con Elena Garro, todavía
barbilla.
esposa de Paz, entre 1949 y 1969. Las versiones se contradi-
-En Tenochtitlán, alias el Déefe, para ser más precisos - cen: algunas los ubican cenando sin pudor en el Marais de
Beatriz espejeó el cruce de pierna y la mano en el mentón. París, otras los encuentran tomando un despreocupado café
-Cortázar publicó el cuento enjulio de 1976en la revista en el East Village de Nueva York.
Plural, fundada y dirigida por Octavio Paz-despacio, Santos -Paz contestó: "sabe a tierra".
se levantó de su silla y comenzó a caminar alrededor de la -Se ignora quién terminó la relación que abarcó dos dé-
mesa.
cadas. En la Universidad de Princeton queda un archivo que
-Borges estaba en la Universidad de Texas enAustin en ofreceuna imagen fragmentaria,un trazo inacabadode los dos
mayo de 1976.Dictaba un curso sobre Ramón López Velarde amantes. Las cartas que Bioy escribió a Garro la fueron si-
y la poesía modernista mexicana -Beatriz se levantó también, guiendo por varias partes del mundo -Francia, Japón, Suiza,
caminando en dirección contraria a Santos. Estados Unidos- donde se desplazaba la familia Paz Garro.
-Paz y Borges se habían conocido en un coctel en casa -Eso del agua de chía se lo escuché a Juan Villoroen una
de Victoria Ocampo, en Buenos Aires, a finales de los sesen- entrevista-me dijo al oído Harmodio con la alegríadel que se
ta. Conversaron brevemente, pero Adolfo Bioy Casares soli- contenta con saber el significado de una palabra en un diccio-
nario etimológicode veinte volúmenes.

52
53
-Con la charla agotada y sin puertas de salida, Paz pidió l.os Pinos. Se desconoce el contenido de la conversación sos-
una colaboración a Borges con tema mexicano para un núme- tenida en privado, pero hay quienes afirman que Borges en
ro especial de Plural, pero éste le respondió que de momento ese momento fue enterado del plan que se gestaba en contra
no tenía nada escrito. Le refirió a cambio el entonces todavía de Scherer y Excélsior.
inédito cuento de Cortázar que le había oído mencionar a Bioy -Los muy iniciados lo entendieron como una afrenta im-
Casares. Dijo que Cortázar le había hecho llegar el manuscri- perdonable: Bioy era el verdadero autor del cuento "La noche
to a Bioy y que el confiable buen gusto de su amigo garantiza- boca arriba" y tenía el descaro de dedicárselo a su rival, que
ba la calidad. por otro lado no pareció darse por aludido. Por su parte,
-Paz no reaccionó ante el nombre de Bioy. Aceptó la Borges habría sido cómplice del golpe que destruyó a
propuesta y agradeció que el propio Bioy mediara el envío del Excélsior y por ende, a Plural.
cuento. -El cuento de hecho apareció en el último número de
-"La noche boca arriba", una gráfica pesadilla de los sa- Plural: la honra y el trabajo de Paz pisoteados por Biorges en
crificios humanos que se vuelve realidad, se publicó en Plu- un único round.
ral, como había sido previsto. Ese mes, un golpe político or- -Paz nunca se enteró del supuesto plan. O por lo menos
ganizado por el presidente Luis Echeverría expulsó al recono- a nadie le consta lo contrario.
cido periodista Julio Scherer de la dirección de Excélsior. -No se sabe por qué Borges y Bioy decidieron ensañar-
Los golpistas se las arreglaron para extirpar el "corazón" del se contra Paz. Algunos creen que se trataba de una vieja hu-
periódico donde tenía Paz las oficinas de su revista. Plural millación que Borges sufrió de Paz sin que éste se diera cuen-
dependía, para existir, de la libertad de expresión de Excélsior. ta. Otros conjeturan que era simplemente un divertimento es-
Ese día, ambas -la libertad y la revista- murieron. tético, una forma de extender a todo el continente la rencilla
-El cuento fue impreso con la siguiente dedicatoria, que entre Florida y Boedo.
ha sido eliminada en todas la ediciones posteriores: "Para -De la conversación entre Paz y Borges que ciertamente
Octavio Paz y su avasallan te generosidad". Juan Villoro comentó en una entrevista-Marcos Santos esta-
-El 23 de octubre de 1968, Borges y Bioy enviaron un ba con un ojo al gato (Harmodio, ¿quién más?) y otro algara-
telegrama al entonces presidente Echeverría: "Rogamos haga bato (su crónica a dos voces con Beatriz, por supuesto)-, se
llegar nuestra adhesión al gobierno de México". El documen- deriva cierta información rescatada del fuego que destruyó la
to, depositado en una caja en el Archivo General de la Na- biblioteca de Paz unos años antes de su muerte: una nota es-
ción, se agregó a una larga lista de comunicados venidos del cueta que se conserva en la Fundación Paz y que algunos creen
exterior en apoyo de la decisión oficial que produjo la matan- apócrifa. Guillermo Sheridan la descalificó en un ensayo, pero
za de estudiantes en la plaza de Tlatelolco el 2 de octubre de podría ser la pieza que faltaba en nuestro rompecabezas. Paz
ese año. Borges tuvo luego acceso directo al poder político habría escrito en ese papel membretado con su nombre y fe-
en México: en 1973, el presidente Echeverría lo recibió en chado el 15 de junio de 1986, un día después de la muerte de

54 55
li'

Borges: "El agua de chía sabe a tierra porque es tierra. Como


1

-Ustedes dos se creen cualquier cosa -alcanzaba a decir


usted, Borges, que ya es tierra, como yo, que pronto lo seré, 1\catriz entre las risotadas que ahogaban sus palabras. Santos
como Bioy. Como ella. Como la literatura". se aferraba al respaldo de su silla, como si estuviera a punto
Harmodio y yo nos mirábamos asombrados. Me preguntó de caer a un abismo, a un hoyo negro, y prefiriera mejor mo-
en voz baja si yo sabía todo eso. Le dije que sólo había escu- rirse de risa.
chado lo de Villoro que él mencionó. Harmodio me miró rápidamente. Levantó una ceja y me
Santos se detuvo frente a nosotros. Desde el otro lado de dijo que esto no podía quedarse así, que hiciéramos algo. Me
la mesa, Beatriz acabó el contrapunto que rebotaba genialidad levanté y respondí con toda la solemnidad de que fui capaz.
entre ellos como pelotas de ping-pong: -Por supuesto que entendimos sus intenciones, pero que-
-Treinta años después, nuestra lectura de "El otro cielo" ríamos ver hasta qué punto llegaba su improvisación
no puede ser más puntual. OZ y Harmodio, grandes conoce- parahuiqui. Harmodio y yo vamos a conferirles membresía.
dores de nuestra tradición, obedecen a su deber patriótico. Por otro lado, pensábamos en la posibilidad de que la reali-
Se baten en una lucha desigual con los titanes que fueron, que dad misma ofrezca huiquificaciones naturales, huiquimaterias
son, Cortázar y Borges. Saben de sobra que perderán, pero dispuestas a quien sepa reconocerlas. Ejemplifico con una his-
la suave patria -que un soldado en cada hijo nos dio, no lo toria absolutamente verídica que yo mismo investigué en Ciu-
olvidemos- manda por lo menos resanar la memoria de Paz, dad Juárez, cuando era reportero del periódico Frontera. Se
tlatoani de todos los escritores mexicanos: restituyen, con su llama:
cuento y con el Manifiesto Huiqui, el corazón a su víctima.
Santos dio por terminada la sesión del taller. Los aplausos
fueron contundentes. Él y Beatriz agradecieron y después se
aplaudieron mutuamente.
Harmodio y yo seguíamos sin entender del todo, pero no
podía evitar sentirme embromado. Yo,juarense que jamás será
contemporáneo de todos los hombres, ¿vengador de Octavio
Paz?
Después de la sesión, se acostumbra celebrar (no se sabe
bien qué) con cervezas y vino barato. A la sexta o séptima
pinta, Santos y Beatriz comenzaron a decirse algo en voz baja
con una leve sonrisa que gradualmente se transformó en car-
cajadas duplicadas.

56 57
MARZO

Los dos amigos

sta historia arrancará en segunda porque siempre ha

E estado en movimiento. Implica a dos amigos compi-


tiendo solos en una larga carrera, y sin saberlo, en el
mismo carro. El primero se llamaba Gabriel y aunque en la
frontera nadie captaba la ironía de su nombre, a él sí lo moles-
taba, y a veces hasta lo hería de manera incomprensible. In-
comprensible aún para Mario, su mejor amigo de la infancia y
la adolescencia que llegado el momento descubrió la raíz del
abismo que los separaba. Se trataba del nombre: Gabriel nada
tuvo que envidiarle más que el nombre.
Había nacido a dos casas de la suya y Gabriel se esforza-
ba en imaginar el extraño azar que causó el equívoco. Sus
madres, pensaba, tomaban nescafé por las mañanas y en una
de esas charlas ociosas las dos progenitoras barajaron con
descuido iletrado las posibilidades onomásticas. En un barrio
de analfabetas de primaria malograda, poco importaba el en-
trevero ocasionado porque a Sabitas Llosa le pareciera im-
portante honrar al ídolo del país, Juan Gabriel,bautizando con
el segundo de esos nombres a su hijo nacido en la horrenda

59
Ciudad Juárez, donde creció el cantante. Eduviges Márquez anterior.Inexplicablemente,Mario era más veloz que Gabriel,
soñaba, por su cuenta, con que su hijo Mario fuera por lo pero Gabriel siempre tuvo mejor tino para expulsar al carrito
menos tan gracioso como Cantinflas, cuyo verdadero nombre enemigo.
era Mario Moreno (su hijo era moreno, ya sólo faltaba el Después de perder y ganar un mismo número de veces,
Mario), pero lo que en verdad quería era que su Mari to se < iabriel y Mario declaraban un empate cordial e inapelable.
convirtiera como por alquimia nomenclatural en una inolvida- l.uego iban a la casa de Mario. Su padre era mecánico y por
ble estrella de cine o por lo menos en un respetable come- todo el patio había piezas de motor, puertas a medio pintar y
diante con su propio programa de televisión. Si don Marcial llantas, muchas llantas, infladas y ponchadas, apiladas y dis-
Vargas y don Gumaro García tuvieron alguna opinión, nadie persas. En el fondo había dos asientos de piel de auto depor-
se las pidió. tivo sobre el concreto. Fue allí que Mario enseñó a Gabriel a
Y así, todo lo que pudo salir mal, salió mal. Él se llamó conducir.
Gabriel, él Mario, y desde el primer día de sus vidas hasta el Mario había aprendido a los diez años, cada vez que su
último (cuando, muchos años después, Gabriel quedó frente padre llegaba borracho y apenas lograba dejar el carro mal
al comandante de la Policía Judicial y Mario detrás) las dos estacionado, casi a mitad de la avenida. Gritaba entrando a la
existencias estaban destinadas a chocar. casa y aventaba las llaves hasta la cama de Mario antes de
colapsarse en el sofá de la sala. La madre de Mario lloraba y
l. De la infancia discutía con su esposo, que seguramente se había gastado por
lo menos la mitad del ingreso del mes, pero Mario salía feliz,
Gabriel y Mario fueron a la misma primaria. Se encontraban aprovechaba cada segundo para tocar el tablero del coche: un
camino a la escuela y luego en el recreo para comer tortas de Impala 1968, en perfectas condiciones, reconstruido con un
frijoles con chorizo bien picante. La felicidad en esa época sistema de sonido modernísimo, pintado de un negro amora-
consistía enjugar a las "pistitas" después de clase. El juego tado que escondía todo excepto la mirada de Mario que aún a
era de relativa simpleza pero de enorme creatividad si se con- las cuatro de la madrugada brillaba, se afilaba, y crecía con el
sidera que sólo era necesario tener dos carritos Hot Wheels y ascenso del velocímetro, yjamás parpadeaba, incluso cuando
la banqueta de la cuadra para ponerlo en práctica. La franja aprovechaba que la avenida estaba desierta para acelerar, dar
que contenía el concreto era lo suficientemente ancha para una vuelta de ciento ochenta grados quemando las llantas y
permitir la circulaciónde un carritoy medio. Después de echar con una precisión propia de conductor de fórmula uno, en
una moneda al aire, uno de los dos comenzaba la carrera. esas carreras que veían por la noche en la televisión gringa,
Eran permitidostres golpecitos impulsandoel dedo medio con quedar frente a la entrada de la cochera. El auto siempre ama-
el pulgar. Sólo al cruzar alguna grieta o una división del con- necía milimétricamente posicionado en el centro del patio.
creto, el carrito había logrado asegurar su avance. Si era des- Por eso Mario pudo enseñar a conducir a Gabriel mejor
peñado por el rival antes de la marca debía volver a la sección que cualquier instructor profesional. Empezaron por lo segu-

60 61
ro: Gabriel en el asiento de piel que correspondía al piloto y Gritaron cuando por fin enfilaron por la avenida 16 de
Mario atento a su lado, señalando cada uno de los mecanis- Septiembre, la arteria central que partía a la ciudad y que
mos del carro invisible pero lujosísimo, de velocidades ma- llegaba hasta la Plaza de Armas. Después estaba la central
nuales, vidrios eléctricos y techo descapotable. Era verano y de policía y los separos municipales. No vayas hasta allá
Mario le indicó a Gabriel cómo prender el aire acondiciona- Gabriel, porque si nos ven los tránsitos nos tuercen. Las vuel-
do. Luego acomodaron los espejos y le recordó: el embrague tas en "U" todavía lo hacían perder la coordinación y el ca-
Gabriel, no se te olvide nunca, entierra el embrague con el pie rro se mató a media avenida. Gabriel se puso nervioso y el
izquierdo porque si no el carro entero tiembla y relincha como carro relinchaba una y otra vez porque él metía el embrague
un caballo, y llamas la atención de medio mundo, y ese medio después de girar la llave. Una oleada de carros se acercaba
mundo le contará al otro medio que no sabes conducir, que y Mario, con una sonrisa apacible, tomó la llave de la mano
cualquier carro es demasiada cosa para ti, que no puedes con- de Gabriel. Se bajó corriendo al lado del piloto y Gabriel
trolar nada y que por eso eres poco hombre, porque un hom- brincó por instinto al asiento del copiloto. En segundos el
bre verdadero controla su carro y marca el paso en las aveni- motor rugía y la "U" dejó un olor a llanta quemada, a veloci-
das e impone la velocidad máxima de circulación. dad última, a control absoluto.
Gabriel lo miraba sorprendido, porque Mario hablaba Mario dobló en la primera calle que apareció a su dere-
como si todos los fines de semana se internara en el centro de cha. Era de un sentido y detuvo el carro. De un brinco ya
Juárez desafiando los límites de velocidad y venciendo a filas estaba del lado del copiloto. Abrió la puerta y le devolvió las
enteras de policías en patrulla y en motocicleta que jamás le llaves a Gabriel. ¿Por qué me las das? Yaviste que no puedo.
daban alcance. Hablaba y actuaba con una sabiduría precoz, No Gabriel, ya vi que puedes, que tienes que poder.
y por eso Gabriel no se sorprendió cuando después de la gra- Gabriel sonrió.
duación de secundaria Mario lo invitó a conducir un coche de
verdad, y no el invisible del patio, sino el Impala de su padre. 11. De la adolescencia
Estaba estacionado a una cuadra de la escuela y Gabriel no
atinó a preguntar nada. Los ojos se le abrieron incrédulos cuan- Mario encontró a Gabriel en una mesa del fondo de la biblio-
do Mario le ofreció las llaves: ¿a dónde vamos? Tú llevas el teca, en el lejano tercer piso de la preparatoria. Tenía en las
carro, tú decides. manos un libro delgado. Gabriel lo guardó de inmediato en
En la emoción Gabriel olvidó el embrague, pinchi embra- cuanto vio que Mario se acercaba. ¿Qué leías? Nada, hom-
gue dijo, sintiéndose aún más hombre insultando como hom- bre, pendejadas que nos pide el profe de humanidades. Un
bre, nos relinchó Gabriel, pero no te preocupes, cierra la lla- libro de cuentos. ¿Y está interesante? Más o menos, bueno la
ve, mete el embrague y enséñale a este cabroncito quién man- verdad es que sí, el primer cuento es sobre unos chavos que
da aquí. tienen una banda y pelean por ser el jefe. Luego hay otro,

62 63
todavía más interesante, sobre dos amigos que ... ¿Que qué? casa, viendo la tele y aceptando su evidente fracaso social.
Y nada, luego te lo cuento. Entonces qué, ya estamos listos. Mario, como percibiendo esas ansiedades, dejó que Gabriel
Sí, pero esta vez viene Cecilia con nosotros. le contara a Cecilia el plan.
Gabriel intentó disimular su sorpresa, pero estaba seguro Así que llegamos por la entrada de servicio, por la que
de que Mario había notado algo. Ninguno agregó nada más y pasan camiones de carga o los empleados de intendencia.
se encaminaron en silencio a la salida de la preparatoria. Ce- Siempre está abierta a esta hora y a pesar de que ya lo hemos
cilia los esperaba fumando uno de esos cigarros Benson hecho varias veces no pueden ponerle candado porque en-
mentolados, delgados como su propia silueta. Gabriel se ima- tonces alguien tendría que ir a abrir cada vez que llegan los
ginaba el aliento de Cecilia, el contacto húmedo y picante de abastos de la cafetería de la escuela o los conserjes del cam-
la menta en su lengua al besarla. Asumía que el sol, bio de turno. Entramos despacio, cuidando que el motor no
incendiándolo todo, dejaba intocado el perfume que ella aca- revolucione más allá de la segunda.Aunos quinientos metros
ba de rociarse con esa pequeña botellita azul que siempre car- de la explanada principal aceleramos. Para cuando los niños
gaba en el carro y que ya emanaba de su cabello oscuro y fresas del Tec de Monterrey se dan cuenta es demasiado tar-
lacio. Pero luego adivinaba que había que buscar la fuente de de: el carro se enfrasca en un remolino de tierra, haciendo un
la fragancia más bien en la base del cuello, detrás de la oreja, trompito a 60 kilómetros por hora que baña de polvo comple-
en la apertura de la camisa blanca, siempre liberada del pri- tamente a todos esos pirrurris en su ropita que les pagó papi
mer botón. Gabriel imaginaba todo eso, pero quien la besó y en el último viaje a Nueva Yorko a París. Gritan y llorany nos
saboreó el mentol, quien aspiró el perfume y hurgó en el cuello mientan la madre, y los más caballeros protegen o pretenden
de la camisa abierta de Cecilia fue Mario, porque eran novios proteger a sus novias abrazándolas, pero todos tragan tierra,
desde el semestre pasado. su propia tierra, la tierra que ellos pisan todos los días en su
Hasta que se dignaron a invitarme. Ya me parecía mentira escuelita privada de alta sociedad, la tierra que debía obede-
tanta aventura sin más testigos que ustedes dos, dijo Cecilia. cerlos porque ellos pagan para que se mantenga debajo de
Y Mario, Lo que no vas a creer es la velocidad intrépida, el sus suelas y no para que se rebele en el aire, rellenándoles las
arrojo heroico de la aventura, el atrevimiento de ... Y Gabriel, orejas y metiéndose debajo de los párpados. Nadie puede
Mejor vámonos porque ya casi es hora del receso. detenernos porque cuando por fin se dan cuenta de que es el
Mario manejaba. Sólo al volante de su ChevyNova 1975 mismo Chevy que volvió a hacer de la suyas ya estamos sa-
podía apreciarse por completo su perfil: cabello largo y riza- liendo sobre el periférico que los mismos papis ricos manda-
do, ropa no muy cara pero ajustada a su cuerpo atlético, len- ron construirpara que sus hijitos no perdieran ni un minuto en
tes oscuros y ese cigarro que empataba al de Cecilia, que los el tráfico vulgar de esta ciudad, el mismo periféricoque ahora
hacía elementos armoniosos de una sola composición. Gabriel facilita nuestra retirada victoriosa para destaparuna cervezay
se sentía un excedente en esa fórmula perfecta, el hermano jugar billar en cualquier bar del centro. Y Cecilia, Güeyeso ya
incómodo al que se debe invitar para que no se quede solo en parece un cuento. Deberías escribirlo.Y Gabriel,Gracias,gra-

64 65
cías, pero deja que lleguemos y verás que es exactamente como ron y salieron disparados hasta la puerta. Las piedras llovieron
te lo digo.
pero apenas alcanzaron la defensa trasera.
La puerta de la preparatoria privada estaba abierta, como Al llegar a casa de Cecilia para curar la herida de Mario,
había dicho Gabriel. Entraron en silencio, sosteniendo la respi- Gabriel se distrajo y el embrague vino después del cambio de
ración. Aceleraron en el punto de no retomo que ya habían de- velocidad. El carro relinchó y se mató dentro de la cochera.
finido después del tercer ataque. Y allí estaban: sentados sobre Mario sonrió.
bancos, caminando en círculos, comiéndose tortas de jamón y
tomando coca-colas, el pelo tieso con gel y oliendo aArmani,
111.De la separación
Versace o Christian Dior, los enemigos de la educación pública,
los amos de Ciudad Juárez, los hijos del presidente municipal,
Es como en el cuento que leí, pensó Gabriel, es como imagino
de los regidores, de los directivos de empresas cerveceras y
que debe terminar. Cecilia debe ser mía porque a fin de cuen-
gaseras, de lecherías, de centros comerciales, de cadenas de
tas es a mí a quien quiere. Lo de Mario ya pasó y él tiene que
cines, de los grandes intereses de esa ciudad que ellos adminis-
entenderlo.
traban como si fuera un country club de dos millones de em-
Cuando Mario llegó, la cerveza oscura que le gustaba ya
pleados, allí estaban como la última vez que visitaron el campus,
lo estaba esperando. Gabriel había ordenado por él y aunque
bien portaditos y esperando su tumo para reemplazar a sus pa-
normalmente se abrazaban cuando se veían, esta vez Gabriel
dres en el gran negocio de ser dueños si no de México, por lo
menos de la frontera. no se levantó.
¿Qué chingados quieres cabrón? Gabriel no contestó. Dejó
Agárrense dijo Mario y Cecilia fijó sus manos en el table-
transcurrir unos segundos y tomó el libro que desde hacía
ro. Gabriel se aferró del asidero de su puerta y clavó sus uñas
meses no dejaba de releer.¿ Te acuerdas del libro que te dije
en el asiento. El trompo fue perfecto: el ojo del tornado se
que leí para la clase de humanidades? No me acuerdo y no me
elevó y la nube densa de tierra se tragó a los fresitas que ahora
importa güey, y mejor dejémonos de pendejadas y salte por-
gritaban y corrían en todas direcciones. Gesticulaban menta-
que te voy a partir la madre. Y Gabriel, Espérate un momento,
das de madre inaudibles, amenazas ahogadas con polvo. En el
déjame que por lo menos te explique por qué y luego si quie-
quinto círculo, una piedra se estrelló en la ventana de Mario.
res después me partes mi madre todo lo que quieras. Y Mario,
Creyó que no había pasado nada, pero cuando la sangre le
¿Qué me tienes que explicar?, ¿que se te antojó mi vieja?,
cubrió la cara, tuvo que detener el carro. No puedo manejar,
¿que entre todas las chavas de esta pinchi ciudad sólo podías
no veo, toma el volante. Gabriel brincó al asiento del piloto
fijarte en Cecilia? Y Gabriel, Está clarísimo, por lo menos en el
mientras que Mario se abalanzaba sobre Cecilia, que lo lim-
cuento está clarísimo, tú no te das cuenta porque aún no has
piaba con su camisa. Gabriel recordó la primera vez quema-
leído ninguno de los libros que te dije. Y Mario, Me valen
nejó un carro. No se me olvida Mario, pensó y metió el em-
madres los libros y los nombres de los autores, ya te lo dije,
brague hasta el fondo. Las llantas traseras del carro rechina-
me importa que me hayas robado a mi novia cabrón, eso me

66
67
importa. Y Gabriel, Es como en el cuento en que Miguel reta a tranquilizadora los sacó del Tec de Monterrey y su lluvia de
Rubén a un desafío para ver quién se queda con Flora, así es piedras. Como cuando la siguió por la universidad hasta gra-
la única manera en que podremos resolver esto. Y Mario, ¿A duarse en administración de empresas mientras ella obtenía el
qué me estás retando, a nadar en el mar como en ese cuento título en derecho. O cuando le ayudó a abrir su despacho y
mamón? Estamos en el desierto, pendejo, aquí el único mar después los ojos, más abiertos que nunca: Gabriel era funcio-
que hay es de arena. Y Gabriel, A una carrera de carros, por nal, predecible. Mario no se permitía la misma ruta dos veces,
la avenida 16 de Septiembre, en la madrugada, tú y yo solos, ni en el giro centrífugo de un trompito, ni cuando exploraba su
el que pierda deja para siempre de pretender a Cecilia. Mario cuerpo. Tocarlo era como estar con un hombre por primera
se levantó bruscamente y tomó a Gabriel del cuello de la ca- vez. Y por mucho que la sedujera, la mirada de Mario nunca se
misa. Lo envió al suelo con un puñetazo a la mandíbula. Ni estacionaba. Su aparente inercia, aún a punto de dormirse, era
carrera ni una chingada madre, eres un cabrón y ella una otra forma de la velocidad. La última vez que hicieron el amor,
cabrona y aquí se acaba tu cuento, imbécil. en el Chevy, Mario insistía en la misma pregunta: "¿Eres mía?"
Mario salió del bar. Gabriel se limpió la sangre del labio Esa noche, en la cama de Gabriel, Cecilia contestó que sí.
inferior. Y sonrió. La tarde que preparó la demanda de divorcio en su des-
pacho, Cecilia entendió que en realidad, desde que los vio
IV. De ella juntos por primera vez, Mario y Gabriel eran los dos rostros
del mismo hombre que ella nunca dejaría de amar. Los amaría
La primera vez que Cecilia hizo el amor con Gabriel tuvo que toda la vida y felizmente volvería a entregarles su virginidad si
fingir de nuevo su virginidad. Había fingido antes para Mario y pudiera volver a verlos sonreír. Juntos.
esa noche, mientras Gabriel la penetraba, ella los imaginaba
alternativamente en el Chevy, entrando y saliendo del Tec de V. De la colisión
Monterrey, en una escena que alcanzaba una repetición
climática con un orgasmo que ella no lograba atribuir a ningu- Muchos años después, frente al comandante de la Policía Ju-
no de los dos en específico. dicial, Gabriel recordó las andanzas de Mario que lo llevaron
Como mi amor, pensaba Cecilia, porque en verdad siem- por caminos exactamente opuestos (¿o serían en verdad com-
1111
pre había amado a los dos, como una larga continuación de su plementarios?) a los suyos. Mario dejó la preparatoria, nunca
aliento combinado, como si sus manos se hundieran confundi- se graduó. Se metió con una pandilla de ladrones y pronto se
das en la cabellera de Mario para emerger de la de Gabriel. esfumó de los círculos en que Gabriel se desenvolvía. Gabriel
Sin saber bien por qué, terminaron acariciando más a Gabriel siguió leyendo a sus dos autores favoritos cuyos nombres se-
que a Mario y ella suponía que por dentro prefería más la guían intrigándolo, siempre sospechando que de haber sido
seguridad que el atrevimiento. Porque Gabriel le ofrecía la in- otra su suerte tal vez el nombre de Mario lo habría llevado en
teligencia en calma, como cuando con esa frialdad dirección distinta. Gabriel pensaba que su vida era ciertamen-

68 69
te mejor que la de su ex amigo: tenía un trabajo ideal y le comandante, me dijeron que cayó otro Hummer, preguntaba
permitía conjugar su pasión por los carros con la lectura y Gabriel y el comandante, Así es mi Gabo, pero date otra
relectura de los dos escritores que contaban historias muy vueltecita en una semana, ¿no? Es que tiene un equipo de so-
parecidas a las cosas que él había visto en la frontera, en esa nido poca madre que le queda perfectamente a mi Suburban,
ciudad de corrupción y crímenes atroces, de traiciones y ven- ¿dame chanza, no? Y Gabriel, Claro que sí mi comandante,ya
ganzas. A pesar de todo, Gabriel no creía haber traicionado a sabe que no hay ninguna prisa, nomás dígale a sus muchachos
Mario: Cecilia se enamoró de él, aunque eso ya no importara que esta vez sí dejen las llantas, porfa, porque luego tengo que
mucho, y además él trató de salvar su amistad, explicándole ir a comprarunos gallitos para poder llevármelopor la madru-
que todo estaba en los libros y que lo malo fue por culpa de gada a la aduana, que es cuando los reciben, y no siempre
los nombres. encuentro desponchadoras abiertas tan temprano. Y el co-
Pero no supo de Mario por años. Gabriel se convirtió en mandante,Ah chingao, eso no sabía mi Gabo, pero ahorita me
el recuperador de autos robados más cotizado de la frontera. doy una vuelta al patio y meto en cintura a estos cabroncitos,
Trabajaba para una poderosa aseguradora de carros de Esta- nomás eso me faltaba. Y Gabriel, Muchas gracias mi coman-
dos Unidos que extendía sus tentáculos desde Tijuana hasta dante, y aquí le va para lo que haga falta. Y el comandante,
Nuevo Laredo. Ciudad Juárez era el epicentro del comercio Ése es mi Gabo, chingao, por eso sabes que se te quiere, nos
ilegal de vehículos y Gabriel había construido una densa red vemos la próxima semana ¿eh? Y Gabriel,La próxima semana
de contactos entre agentes de policía municipal y estatal, men- sin falta,mi comandante.
sajeros del cártel de Juárez, ladrones de primer nivel y empre- Las comisiones de Gabriel eran siempre más generosas
sarios de fortunas insondables,todos asiduos a máquinas exó- que los sobornos que había que distribuir en ambos lados de
ticas para que el narco junior o el junior a secas pasee a la la frontera. Primero para el informante, que estaba pegado al
novia en tumo, a máquinas útiles para efectuar asaltos aban- radio de los policías que encontraban el carro abandonado, y
cos o para asesinar sin dejar huella, máquinas necesarias para luego para el agente que hacía el rescate y que se aseguraba
transportar droga de rapidez nocturna, máquinas para usar y de que nadie quitara el número de serie para deshuesar el ca-
desechar en menos de 24 horas. No todos los vehículos caían rro sin preocupaciones en el yonke más cercano. Otro tantito
dentro del rango de recuperables y Gabriel había aprendido para el vocero de la judicial, que ponía el carro en la lista
111-'
11111
muy bien a conocer la diferencia: los carros de narcos que oficial de vehículos confiscados y finalmente para el coman-
sirven para pasear modelos, por ejemplo, eran intocables; los dante, para agilizar el trámite y para que en los patios de la
carros manchados de sangre y agujereados por bala de cuer- judicial respetaranpor lo menos el motor,las llantasy el asiento
no de chivo, en cambio, eran extraditables a primera hora del del piloto, porque Gabriel tenía que manejar el carro hasta la
día; los Hummer de lujo circulabangeneralmenteuna semana, aduana gringa y hacer la entrega él mismo, y allí es donde
pero luego los funcionarios obligaban a sus hijos a entregarlos continuaban los sobornos en el otro lado, para que el agente
a los judiciales para evitar mayores escándalos. Qué pasó mi de aduanas lo dejara pasar al principio de la lista, para que

70 71
procesaran su vehículo inmediatamente y no tener que esperar el calor del verano, o que lo encontrarían en la cajuela del
horas, como los recuperadores novatos sin contactos. En me- coche deportivo que intentó robarle al hijo del jefe del cártel o
nos de veinte minutos Gabriel ya había cotejado los números del jefe de la judicial, que no pocas veces son el mismo. Pero
de serie y finalizado el papeleo. Entre todos los sobornos eso nunca ocurrió. Mario mantuvo la buena reputación de Los
Gabriel perdía casi la mitad de su comisión, pero la otra mitad cachorros, o así lo creía Gabriel hasta esa noche en que por
era jugosa y multiplicada por los otros seis u ocho carros que fin consiguió que el comandante lo recibiera.
recuperaba a la semana aseguraba su estilo de vida, cenas en Escúcheme mi comandante, ¿usted y yo somos amigos
restaurantes caros, viajes al extranjero, frecuentes derroches desde hace cuánto? Yo le aseguro que Mario desaparece y
en burdeles exclusivos de la ciudad, donde seguido brindaba nadie lo vuelve a ver, usted les dice que se peló de los patios,
con el comandante y con el capo en turno, todos conviviendo porque los guardias pendejearon y nadie vio cuando se subió
en alegre y funcional paz. a la patrulla y se perdió en las callecitas del centro. Además
Hasta esa noche en que pidió hablar con el comandante, que ya sabe, conmigo no hay bronca, yo le doy diez veces
Gabriel pocas veces recordaba a Mario. Había escuchado que más de lo acostumbrado, Y el comandante, No es cuestión de
comenzó robando tapones de llanta. Luego desvalijaba los lana Gabo, no me ofendas. Mario le dio un cristalazo al carro
estéreos y no fueron pocas las veces en que incluso se robaba del jefazo, y él mismo lo sabía, que con él uno no se mete y
los volantes de lujo de carros deportivos. Pero cuando Mario punto. Aquí hasta andan diciendo que ni siquiera se quiso ro-
comenzó su propia banda robacarros, y cuando esa banda se bar el carro, que nomás se metió para dejarle un recado a la
convirtió en la más importante de la frontera, Gabriel no vol- esposa del jefe, dizque era su novia en la prepa. No sé si sea
vió a tener noticias de él. Mario se esfumó como hacen los cierto, pero lo que sí me consta es que el muy cabrón traía un
verdaderos jefes del crimen organizado. Arrestaban a sus frasquito de perfume para mujer que nos pidió que le dejára-
aprendices, a los chivos expiatorios que de todos modos no mos en la jaula. Sabrá la chingada, pero el jefe ya se enteró de
pasaban ni un mes en la cárcel. Se llamaban Los cachorros, que lo tenemos aquí, no falta el soplón a sueldo entre los agentes,
porque casi todos eran jóvenes. A Gabriel no se le escapaba y ya enviaron a varios madrinas para darle levantón. Y el Gabo,
la ironía del nombre, otra coincidencia más que demostraba lo Mire mi comandante, le voy a hablar derecho: Mario es mi
que él ya sabía desde que leyó en la prepa el cuento homóni- amigo, casi mi hermano, lo conozco desde la infancia, conoz-
llf·'
mo. Además de ironía, Gabriel sintió algo de gusto al saber co a sus padres y a sus hermanos, si no lo saco de ésta mi
que Mario había logrado equilibrar su perfil en el ambiente comandante, no me lo perdonaré jamás. Y el comandante, Me
violento donde cualquier descuido incendiaba las calles hasta la pones muy cabrona, pero está bueno, Gabriel, para que
rendir veinte ejecutados en una misma noche. Gabriel pensó veas que no me voy a rajar: me dijeron que a los madrinas
que un buen día Mario terminaría en el desierto, esposado y todavía les cuelgan unos minutos para llegar, llévate a Mario y
envuelto en una cobija con un tiro en la nuca, pudriéndose en si alcanzan a salir, bien, si no, nosotros mismos tendremos que

72 73
darles carro y va a tener que ser a los dos, porque si no van a rador dejusticia del estado, ni siquiera los padres de Mario y
sospechar de mí y hasta mi propia cabeza rueda, ¿me entien- Gabriel reconocieron el nombre de Mario Vargas Llosa, jefe
des? No me des dinero, pero pélense ya, ahora mismo. de la banda Los cachorros, que apareció en el desierto espo-
Antes de entrar al separo donde tenían a Mario, Gabriel sado, envuelto en una cobija y con un tiro en el pulmón dere-
reconoció de inmediato el perfume. Al abrir la puerta alcanzó cho y otro en la nuca.
a ver que se guardaba rápido la pequeña botella. Apenas supo Lejos de la frontera, desvelado y hambriento, Gabriel
quién era, Mario intentó golpearlo, pero Gabriel le gritó que García Márquez ordenó un desayuno en el restaurante de un
no tenían tiempo, que si quería después se arreglaban pero pequeño poblado en el desierto de Texas, al borde de la ca-
que había que irse ya. El carro de Gabriel, un Chevy nova rretera interestatal donde paró el autobús de pasajeros que
1975, muy parecido al que Mario tenía en la preparatoria, abordó en El Paso esa madrugada. Mientras dejaba humear
salió disparado por la avenida 16 de Septiembre. En la esqui- un café negro, aspiraba con frecuencia un poco más del per-
na con la avenida Cinco de Mayo se escucharon los primeros fume que aún llevaba en la bolsa. Conversó con el chofer y
tiros. Gabriel se adentró en la oscuridad de un callejón. Nin- con algunos viajeros. Tampoco nadie reconoció su nombre.
guno de los dos hablaba. Cuando creyeron despejada la calle, La madrugada anterior, en Ciudad Juárez, antes de dispa-
Gabriel,por última vez en su vida, olvidó meter el embraguey rar, los sicarios no comprendían por qué su víctima no dejaba
el carro relinchó y se mató. Las llantas de tres Suburban se de sonreír.
quemaron en el asfaltoy se lanzaron al callejón. El primer dis-
paro reventó el asiento trasero, el segundo perforó el pulmón Para Mario García Márquez,
derecho de Gabriel. por la niñez compartida
Vete Mario, yo no puedo moverme. Y Mario, Te van a y la buena fortuna de su nombre.
matar. Y Gabriel, A ti es a quien buscan, pélate, yo me quedo
aquí mismo y cuando lleguen les diré que no sé nada, y para Para Ramiro Cedilla,
cuando se den cuenta de quién soy no podrán matarme por- que me cedió el honor de ser su copiloto
que me necesitarán para encontrarte. Luego yo le llamo al en incontables aventuras, mejores que ésta.
comandante y negociamos todo. Estoy seguro que me dejan
'" ir, pero a ti te matan Mario, vete, vete ya.
A la mañana siguiente,nadie en la frontera, ni el vocero de
lajudicial que dio la noticia, ni los reporteros de la nota roja
que leyeron los partes policiales, ni los lectores de los periódi-
cos que imprimieron la noticia, ni Cecilia que siempre recor-
daba los días de la preparatoria y que nunca recibió el mensa-
je que Mario dejó para ella en la guantera del carro del procu-

74 75
La errata que piensa

L
a realidad como huiquimateria dispuesta, okey,
_ okey -decía Santos en voz gradualmente baja.
Dibujaba algo en su cuaderno de notas. Me acer-
qué y vi un triángulo. Repasaba sus esquinas con cuidado
milimétrico. En cada ángulo anotaba las iniciales de mis per-
sonajes:
e

11111,1
MGM L ). GVLL

-Supongamos que cada texto se extrae del magma bru-


to de la naturaleza lingüística. El texto es entonces un mineral
con formas geométricas definidas por las fuerzas invisibles de
la tradición, que lo van erosionando. La figura del triángulo es
natural en tu cuento. ¿Pero es todo lo que ocurre? Creo que
rA 1

77
11

no: hay un dinamismo en el texto que impide fijar a cada uno -¿Y cómo se diagrama algo harto más complejo, diga- 111

de los tres factores. Lo que en un principio serían dos vectores mos, Pedro Páramo? -Santos no titubeó. Tomó su lápiz y '111

(Mario y Gabriel) en ascendencia vertical y simultánea hacia trazó lo siguiente:


Cecilia, se convierten en un mecanismo que continuamente des-
plaza a cada uno de los tres actores, de modo que los tres, en 1
su momento y a su muy peculiar manera, adoptan la centralidad
del objeto deseado. Los tres se desean entre sí al mismo tiem- 1

po y los tres desean sólo a uno de los vértices con la única


meta de desestabilizar el insalvable equilibro de poderes. El
amor, para poder cobrar materialidad absoluta, debe verterse
absolutamente en una únicapersona. La estructura fluida de Aquí comprendí la utilidad de los diagramas, aunque me
"Los dos amigos", entonces, puede entenderse mejor bajo el siguieran tomando el pelo: la vida y la muerte y ese espectral
siguiente diagrama: pasaje hacia la oscuridad incomprensible. La trama translúcida
de Juan Preciado en busca de su padre y su descenso a un
limbo desolador, ne! mezzo del cammin di nostra tradizione.
e -Algo vasto e implacable ahora, Don Quijote de la
Mancha.
Dibujó Santos:

< m:::>

l·l'.i1

¿Me estarían viendo la cara de nuevo? La imagen del trián-


gulo en movimiento, sin embargo, me hipnotizó. El sistema de
tres signos en rotación pronto cambiaba de nombres y espa-
cios: Bioy, Paz y Garro; Lolita, Humbert y Quilty; Emma, Char-
les y todos los demás; yo, Juliet y su pareja (hipócrita lector,
mi hermano, pero no mi igual), etc., etc.

78 79
Harmodio tomó la iniciativa para descifrar el diseño: El Vi el diario de Juan García Madero, su fuerza y direc-
primer círculo concéntrico se refiere sin duda a Cide Hamete cionalidad.Luegola fragmentaciónmúltiple de la segundapar-
Benengeli, el traductor árabe que según Cervantes recupera la le, la búsqueda frenética que el lector emprende hacia Arturo
historia de Don Quijote en un manuscrito encontrado en la llelano y Ulises Lima, siempredesplazadosen el siguientetes-
versión gachupina de un tianguis chilango. Contra lo que yo timonio.Y al final, el regreso disperso del diario, desvanecién-
imaginaba, el segundo círculo no contenía la primera parte de dose en la página en blanco, con todo lo que hemos sido,
la novela (publicada en 1605), sino la segunda (1615). desde el viejo Alonso Quijano hasta la arena del desierto fron-
Harmodio me explicó que esta decisión era narrato-lógica: es terizo bañada en sangre de 2666, la insondable novela póstu-
durante la segunda parte cuando el bachiller Sansón Carrasco ma de Roberto Bolaño, quien nos observa en silencio detrás
pone en manos de Don Quijote y Sancho una copia de la pri- de la ventana del ocaso occidental.
mera parte. El asombroso mise en abime inaugura la moder- Invertí el viaje de regreso a la Maison du Mexique imagi-
nidad occidental: los personajes tienen la oportunidad no sólo nando el diagrama de Ficciones o El Aleph. Entretuve varias
de conocer sus aventuras según las narra Cide (con C de posibilidades,pero ninguna me satisfizo. Todaesa noche soñé
Cervantes), sino que se dedican a corregirlas (proto- quejugaba en el Parque Borunda, de regreso en Ciudad Juárez
huiquificarlas)y después llevarlas al extremo. La primera par- (el parque de mi infancia), con figuras geométricas que se
te de Don Quijote (el tercer círculo) comienza una vez más mezclaban como gotas de aceite para formar poliedros
dentro de la segunda como una reescritura. La novela se edita maleables. Inesperadamente, el amasijo se moldeó en una es-
a sí misma y sobre esa piedra se funda nuestra HuiquiCatedral. fera perfecta sobre la manta de picnic donde estaba sentado.
Las estrellasque giran en el centro, finalmente,representanlas La esfera se elevó hasta volverse un punto apenas perceptible
brillantes y perfectas novelas interpoladas ("El curioso imper- en el sol del mediodía, pero luego descendió a una velocidad
tinente", "El cautivo", "Marcela y Grisóstomo", etc.). que sacudió el follaje de los árboles y levantó espirales de
+-Fastforward al final de la modernidad: Los detectives tierra. El cielo se oscureció y el eclipse me produjo un frío
salvajes: artificial, como el de los aviones. La esfera se cierra sobre
mí, medité. Me ahogará antes de que yo pueda moverme.
Me seguiría si intentara correr.Me absorberá y no hay nada
DDDD <:1•·--··ml\
\
que pueda hacer para evitarlo.
Desperté de madrugada, sudando. Decidí irme a la biblio-
teca de la universidad y después buscar a Podestá antes de
DDDDD
'\
\ ~
l ) comenzar la clase. Lo encontré intermitente entre el mate y la
# /
;,f!..,., .. u•111v•:.:rJJ,,,,l pipa, pero sin soltar en ningún momento una vieja edición de

DDDD Memórias póstumas de Brás Cubas, del brasileño Machado


de Assis. Hice una nota mental del texto para pedirlo por la

80 81
tarde en la biblioteca y leerlo esa misma noche. Confiaba en el pró Proceso y un interminable café para leerla allí mismo. Yo
gusto de Podestá como si dictara el canon occidental más ri- veía libros de fotografía y revistas. Me perdía horas entre imá-
guroso de la academia. Me gustó verlo sonreír con la guardia genes multicolores, fingiendo que también leía cosas importan-
baja. Volvía cada página con una mirada que denunciaba ter- tes. Suponía que los papás de la tierra llevaban a sus hijos al
nura. Pensé en mi padre, una tarde en que cruzábamos a pie el Sanbom's todos los domingos a leer Proceso, tomando café en
puente libre, de regreso a Juárez. Fuimos a tramitar un permi- silencio. Quise ser periodista y escritor para algún día entender
so de turista para un viaje que él haría esa semana. Yo comen- aquello que dependiendo de la página, volvía el rostro de mi
zaba a leer y en la cresta le pedí que nos detuviéramos para padre reflejo de seriedad o de tristeza.
descifrar una placa de metal que señalaba algo en inglés y es- Podestá más bien parecía melancólico, como si repasara
pañol. Mi padre, paciente, me dejó intentarlo: la escena clave de una película que hubiera visto varias veces.
LÍMITE ENTRE LOS ESTADOS UNIDOS DE AMÉ- Me senté en un banco de madera en el pasillo, donde podía
RICA Y LOS ESTADOS UNIDOS MEXICANOS. ver su mirada adherida a las páginas mientras sorbía mate o
-No entiendo. inhalaba tabaco, que olía como siempre a vainilla, aunque él
-Quiere decir que allí, de tu lado del puente, comienza no dejara de negarlo.
México. De mi lado comienza Estados Unidos. Golpeé la puerta de la oficina cuando cerró el libro en su
-¿Entonces si me quedo aquí yo estoy en México y tú, escritorio con la vista todavía fija en líneas invisibles que ya
allá, estás en Estados Unidos? sólo se releerían en su memoria.
-Sí.
-Y, pasa che. Qué le vamos a hacer. Llegás tarde, ¿eh?
-¿Y si te cambio? -No quise molestarlo. Lo vi muy entretenido con ese
Mi padre me vio cruzar la frontera mientras él volvía al lado libro.
mexicano. Me dejó creer que entrar y salir de un país era mo- -De repente hacés algo bien. Es enorme. Lectura para
tivo de juego, algo simple y voluntarioso. Asumí por años que 'unos cuantos elegidos.
todas las ciudades del planeta tenían una frontera con Estados -Luego lo saco de la biblioteca.
Unidos: que toda la gente visitaba amigos y familiares en el otro -Llevátelo. Pero nada de olvidos a la hora de regresar lo.
lado que siempre estaba allí, al norte de un río seco que marca- Ya lo sabés: una semana exacta o te cancelo el hábito, que
ba la división con una ciudad de edificios altos, de parques fron- para eso hay bibliotecas, aunque sean francesas.
dosos y calles anchas; al sur quedaba la otra ciudad, la mía, la La semana anterior me había prestado Adriana Buenos
del asfalto ardiente, patrullas que siempre llevaban la sirena en- Aires de Macedonio Femández. Al sacarlo de mi mochila para
cendida, esquinas con niños que vendían periódicos y cigarros devolvérselo, el forro de plástico del poemario de Juliet, que
mientras el sol del mediodía les oscurecía la nuca. Volvimos a nunca había podido dejar en casa, se pegó al libro de Mace-
Juárez y fuimos a comer al Sanbom's. Después, mi papá com- donio. Podestá hizo un gesto malicioso.

82 83
-¿Esperarnos a alguien más? -preguntó Harmodio,
-No sabía que entendieras de poesía francesa reciente.
-Supongo que convidarán a la cocinera, a menos que
Aunque nadie nos garantiza que lo hayas leído.
este cleptómano quiera también robarme el crédito -dijo una
-Me sé cada verso de memoria.
voz femenina en perfecto español ligeramente acentuado a la
-¡Y yo que pensé que sólo sabrías canciones de Juan
Gabriel! francesa pero con entonaciones porteñas, que hablaba desde
la puerta de una recámara que quedaba justo detrás de mí. -
-Usted elija al azar cualquier página y se la recito entera.
¿Qué opinan ustedes?: me fuerza a cocinar, me obliga a firmar
Podestá se quedó observando el libro unos instantes.
libros para sus estudiantes, ¿y ni siquiera me va a reservar
-Tendrás tu oportunidad esta noche: los invito a cenar a
lugar en el convite?
ti y al pelotudo de Harrnodio a las ocho en punto. Traigan
Antes de ponerme de pie para recibirla, mientras yo toda-
vino, para que después no inventen que yo pago borracheras
vía estaba sentado a la mesa y a espaldas de ella, puso un
inauditas a estudiantes mal leídos. Y llevate el Machado, andá.
libro entre mis manos. Ojalá tuviera talento para pintar, Mateo:
Mejor te lo presto antes de que me lo robes.
haría retratos de todos los ángulos en que vi su rostro. Desde
Me sorprendió lo repentino de la invitación, pero me emo-
el momento en que ella dejó su poernario en la mesa para
cionó saber que Podestá comenzaba a considerarnos sus ami-
saludarme. La sonrisa clara que dibujó cuando dijo su nombre
gos. Él mismo puso el libro de Juliet en mi mochila (o eso creí)
adivinando tal vez que yo no podría repetirlo ni siquiera men-
mientras yo hurgaba los estantes de su oficina. De allí me fui
talmente. El resplandor de su cuello que vislumbré cuando besé
directo a la biblioteca. No salí hasta haber terminado las Memá-
-¡BESÉ!- sus dos mejillas.
rias póstumas y copié este fragmento para cuando mi propia
-A ver che, uno fácil: el primer poema del libro. Dale.
memoria decida traicionarme: Deja que diga Pascal que el
-Perdonalo, OZ, Héctor es un bravucón que no pierde
hombre es una caña que piensa. No; es una errata que pien-
ocasión para jugar al magíster. Ahora se hace el machi to pero
11'¡,
sa, eso sí. Cada etapa de la vida es una edición, que corrige
en la tarde me pidió corno un niño que quiere un dulce que me
a la anterior, y que será corregida también, hasta la edición
esforzara en la dedicatoria, ¡hasta quería editármela! Me con-
definitiva, que el editor obsequia graciosamente a los gusa-
tó que trajiste el libro desde México. ¡Qué pena! Con tanta
nos. (¿Machado de Assis intuyó también la literatura huiqui?).
cosa qué leer ... También me dijo que vos y Harrnodio son sus
Llegarnos a la cena a la hora acordada. Podestá nos reco-
mejores estudiantes. Él los quiere, aunque nunca lo admita.
noció el milagro virtual de haber encontrado un Tannat uru-
Héctor es más francés que los franceses en cuanto al laudo:
guayo que Harrnodio vio en una cava a unas calles de su casa,
cuando te dice pas mal siente que te canta un panegírico. Es
en Belleville. La cena se veía espléndida. Me costaba creer
el único sudamericano que conozco que reprime su tendencia
que Podestá fuera tan buen cocinero.
natural a la exaltación.
-Mi arte poética abarca todas las experiencias de la crea-
Yo seguía mudo y dominado por sus ojos azules,
ción -dijo Podestá mientras comenzaba a poner la mesa. Dejó
enmarcados por el cristal rectangular de sus lentes que tanto
cuatro juegos de cubiertos.

85
84
tiempo admiré en fotografías. No sé si temblaba, pero sentía -Vas a hacer que te quiera mucho: yo también soy
los espasmos de sangre saliendo del corazón hasta impactarse borgeana. Héctor me dio un texto tuyo. Lo leeré esta noche
en la planta de mis pies, en las palmas de mis manos. Ella bajó para comenzar a pagar mi deuda contigo.
la mirada por un segundo y se sentó entre Podestá y yo. -Me robé tu libro Juliet, perdóname, debí comprarlo -al
Harmodio, que ya sentía el peso de la vergüenza ajena, inten- diablo con la respiración.
tó relajar la tensión que generaba mi afasia súbita. -Hasta ahora valió la pena, ¿no?
-¿Cómo hizo para que le prestara el libro, Podestá? Lite- Podestá sonreía. Nos sirvió el Tannat y después la cena.
ralmente nunca se separa de él. Siempre lo lleva en su mochila. Él, que siempre controla la conversación, nos dejó hablar
-Mañas de ladrón profesional. Además, ladrón que roba (cuando la falta de oxígeno casi me causó daño cerebral) y se
a ladrón ... enfrascó con Harmodio en otra diatriba contra la literatura
Entendí sin salir del estupor. Era el poemario de Juliet huiqui.Ella quiso en cambio que le dijera de mi vida en Juárez.
Paradis. Mi poemario de Juliet Paradis. De la frontera y sus demonios. Tenía historias para contarle
Y ella era Juliet Paradis. toda la nochey morirme feliz al amanecer,como Scheherazade.
No sé cómo podría ser posible, aunque una pregunta más El vino me fue calmando y dejé de temblar. Me parecía un
trascendente quepor qué sería para qué. Conocerla esa no- milagro soberbio articular ante su mirada, pero ella me escu-
che, la más imposiblementeafortunadanoche de mi vida, cam- chaba con una curiosidad delicada, como si mis palabras fue-
bió para siempre el rumbo de mis pasos sobre la tierra. ran luciérnagas en la sala a media luz. Le dije que Juárez es
-Creo que no existe lector más insólito de tu poesía, si una isla rodeada de arena porque el mar es una meta a largo
considerás las probabilidades. En Ciudad Juárez, la población plazo y en Juárez todo es transitorio, como el agua dulce que
que alguna vez ha leído un poema no puede pasar del uno por también se evaporó del Río Bravo: la gente (legal o ilegalmen-
ciento, siendo generosos. Encima, este secante se robó el que te) se desplaza de un lado a otro como en el cristal estrecho
seguro era el único ejemplar de tu libro en todo el país. A 'de un reloj de arena.
saber cómo llegó a dar allí -conjeturó Podestá. Le dije que amaba el frío de París. Me respondió que pre-
-Se precisaron todas esas cosas, para que nuestras fería el calor de México. Le hablé de mi regocijo bajo el cielo
manos se encontraran -dijo (¡ay!) ella. nublado francés,ella de su añoranzapor el escampadomexica-
-Bo, Borg, Borgeeesss -dije con gestos simulados para no, que nunca ha visitado más que en sueños de tarjeta postal.
acercar mi mano a la suya, la única parte de mi cuerpo que -Nos equivocamosde país. Cuandotenga un hijo me iré-
parecía resistir el pánico. dijo Juliet buscando a Podestá. -No puedo obligarlo a crecer
-¿También lo sabés de memoria? en esta ciudad de tristezas gélidase impersonales.Estoysegura
-No tan bien como tu libro, pero casi-lo dije de corri- que aún la fronteratiene más esquinasfelices que París.
do, sin respirar ni pestañear. -Tu español es impresionante. Me encanta tu pronuncia-
ción argentina.

86 87
-Sé que te gustará saber por qué hablo así: aprendí es- distingue por vivir en sentido contrario a todos los demás.
pañol para poder leer a Borges en su lengua. Naturalmente Podestá aspiró con fuerza, lanzó el cuchillo hacia arriba, lo
tuve que ir a vivir algunos años a Buenos Aires. Por allí conocí retomó en su caída y lo envió con velocidad hacia la puerta.
a Podestá. Y aquí nos tenés. La hoja del metal se hundió con perfección en una fisura he-
-Yo aprendí francés para leer tu poesía en tu lengua. cha y rehecha antes por las que debían ser numerosas horas
Juliet dibujó una sonrisa discreta que atemperó mi galan- de práctica.
teo. Cambié el tema cuando descubrí que el sonrojado era yo. -A ver Juan Dahlmann, empuñe con firmeza el cuchillo
-También quiero preguntarte algo que desde hace años que acaso no sabrá manejar y láncelo a la madera-ordenó
me intriga. ¿Por qué escribes tu nombre con la ortografía in- Podestá. -Y ustedes háganse para atrás, que con gente de
glesa?¿ Tienes familiares británicos? Ciudad Juárez nunca se sabe por dónde viene la bala perdida.
-Mi padre era devoto de Shakespeare. Le fascinaba la Juliet hizo un gesto de fastidio, como si hubiera presencia-
escena en que Juliet se cuestiona la naturaleza de los nombres. do la misma escena varias veces. Harmodio me miraba alen-
Decía que llamarse Juliet es también llamarse hecho estético. tador. Podestá no modificó su sonrisa y sólo arqueó más sus
Siempre pensé que mi viejo debió basar las decisiones funda- cejas tupidas, casi paralelas a la cicatriz en el costado de su
mentales de su vida más en la realidad que en la literatura. frente, que ahora me parecía que se había hecho con uno de
Pero escuchanos hablando de esto: me casé con Podestá por esos cuchillos.
la literatura. Estás aquí conmigo exactamente por la misma -Tomalo de la punta de la hoja y estudiá la apertura de la
razón. madera. Pensá en la pequeña hendidura como si fuera la funda
-¿Porque tu nombre es la belleza llamada de otro modo? de cuero. Dirigí el cuchillo allí sin intentar atinar nada. Sólo
-Porque padecemos un exceso de literatura y llegamos a llevalo hasta el blanco como si unieras una palabra con otra
creer que llamarse Juliet es estar más cerca de Shakespeare. para hacer una frase perfecta. Verás que lanzar un cuchillo
Podestá fue a su estudio y volvió con una funda de cuero. obedece el mismo principio de escribir un verso.
Nos invitó a la sala. Agarré el cuchillo como indicó Podestá, aunque creía que
-Ríen a faire-se lamentó Juliet- ahora toca a los niños no lograríaninguna hazaña. Rápidamente atisbé el lugar exac-
jugar a los gauchos. to donde la hoja del que él había clavado se cruzaba con la
Podestá abrió la funda. Nos mostró una colección de nue- madera. No pensé más y lo lancé. Mi cuchillo dio con fuerza
ve cuchillos de bronce que heredó de su abuelo, un estanciero en la mismahendidura e hizo saltaral otro que fue a clavarseal
de la pampa uruguaya.Tomó el primero y comenzó a lustrarlo suelo.
con un paño de franela. Luego fue hacia la puerta de su estu- Nos quedamostodos en silenciopor un momento. Podestá
dio y la cerró. La madera estaba llena de rajaduras. Por pri- se acercó a examinar la madera.
mera vez lo vi sostener algo con la mano izquierda. Siempre -Creo que le huiquificaron el tiro Podestá -dijo
noto de inmediato a los zurdos, esa selecta minoría que se Harmodio.

88 89
111

--Suerte de principiante, a menos que se haya entrenado Mármol que ya no es mármol, sino frágil espuma.
con un sicario de la vieja guardia fronteriza, que eso lo expli- La espuma es la paloma que no supo ser ángel.
caría todo. La nube es el demonio de los ojos del cielo.
-¿Por que no siguen la lección otro día? -pidió Juliet Nubes de París, vertiginosa llama.
mientras servía el resto de la botella de vino. -Quiero decir, La llamarada blanca del deseo inalcanzado.
En París las nubes frutales de Saint Germain
por qué no vienes después, OZ, y terminás de enseñarle a
padecen un hermoso delirio de grandeza.
Héctor el arte cuchillero fronterizo.
Podestá dio gusto a Juliet.
-Si hasta allí llega la literaturahuiqui estamos fritos,junto
-Después te demuestro la fugacidad de la buena suerte -
dijo.
con el pobre Efraín Huerta-dijo Podestá mientras prendía la
pipa.
-Los hombres y su mundito son tan predecibles como un
-A mí me encantó el poema. Voyentendiendo el juego
análisis estructuralista-remató Juliet. -A veces creo que la
huiqui-dijo Juliet.
guerra es la forma en que los hombres maduros asimilan el
-Pues yo creo que les falta arriesgarse más -retomó
balance de juegos ganados y perdidos de su niñez.
Podestá. -Les voy a contar una historia verídica de moraleja
-No te olvidés de que la poesía es otra manera de recu-
útil y que tiene que ver con los cuchillos. ¿Vos creés que tole-
perar ese mismo balance -respondió Podestá.
ren la historia de mi tío abuelo, Pepillo Ocho?
-Sí, pero nadie sale herido después de leer un poema -
-Aprovecho para ir a comprarmás vino -respondió Juliet.
dijo ella.
Se abrigó rápido y salió del departamento.
-Pues preguntale a OZ después de recitamos uno de los
-Pepillo era cirquero, aprendiz de cuchillero. Se entre-
tuyos.
naba por las noches, después de cada función del circo, que
-Te pido por favor que no lo hagás -atajó Juliet-
en esas épocas iba del Salto Oriental a Montevideo y de re-
complaceme mejor como lectora.
greso. La historia ocurrió durante una temporada más o me-
Di un sorbo al tinto. Cerré los ojos y dejé salir de mi voz
nos larga en la capital. Pepillo comenzaba a hacer sus prime-
palabras que querían ser limpias, de un espesor tangible en el
ras suertes, nada peligroso. Una noche, al término de la fun-
aire, múltiples cuchillos que fueran a acariciar su cuello.
ción, uno de sus cuchillos se le salió de las manos y fue a dar al
pie de las gradas. En la primera fila, una mujer que asistía con
Mansas, blancas ovejas, luminosos mensajes.
La fugitiva sombra despierta a las palomas su esposo lo recogió y se lo devolvió. Pepillo dice que el lige-
y crea un aire de asombro a la mitad del Sena. ro roce de sus manos fue suficiente: había decidido que ella
Claras y decisivas, solemnes esculturas, sería el amor de su vida. Pero estaba casada con un profesor
en mil palomas mueren las nubes avanzando. de filosofia de la UniversidadNacional.¿ Qué podría ver en un
Las nubes, las hermanas mayores de los sueños. pobre cirquero? Pero ojo, eso sí, pobre pero con más de dos

90 91
dedos de frente. Pepillo, como todo Podestá antes y después -Pero recuérdenos de qué modo esta historia tiene mo-
de él, era un gran lector. Visitaba con frecuencia la biblioteca
raleja para la literatura huiqui -atajó Harmodio.
de mi abuelo, la misma que heredó mi padre y que ahora cu-
-¿En verdad hay que apostillarlo todo? La lección es de
bre las paredes de este departamento-señaló Podestá abani- una simplezaimplacable,perfecta:si ustedeslogranresignificar
cando uno de sus cuchillos-. Pepillo recitaba pasajes enteros el infinitoy convertirloen el símbolo arbitrario de una historia
de Baudelaire y Lautréamont, que además era paisano, y en
personal que someta su intangible potencialidad, entonces ha-
las reuniones familiares actuaba espontáneamente episodios
brán verdaderamente huiquificado. La literatura en segundo
de Una excursión a los indios ranqueles de Lucio Mansilla. grado, para justificarse, debe borrar su condición y las j erar-
Cuando ella, que para el caso diremos que se llamaba María quías que la posibilitan. Dicho de otro modo: para poder real-
Griselda... menterobarseun libro tienen que hacemos creer al final que el
-¿Como el cuento de la Bombal?-preguntó Harmodio. libroprovienede sus archivosinéditos.Robar literaturarequiere
-Mirá che, de pronto hasta parece que sabés algo de fingir que uno la reescribe como si acabara de inventarla.
literatura. Sí, como el personaje de la Bombal. Para cuando Juliet volvió en ese momento. Obligó a Podestá a suspen-
María Griselda, decía, entendió con claridad lo que ocurría, der toda referencia cuchillera. Puso música. Nos pidió hablar
Pepillo ya le hacía el amor sobre el pajar, entre jaulas de ani- de política, de los estragos del neoliberalismo, de cosas más
males exóticosquelos mirabanatónitos.Ella siguióyendocada mundanas. Me pidió que contara más historias sobre Juárez.
fin de semana. Pero el affaire era demasiado inusual para se- La obedecí. Luego escuché atento su opinión: Juárez, decía
guir inadvertido. Cuando el profesor se enteró, esa misma haber leído en un libro, es el laboratorio del futuro, lo que el
noche la apuñaló. La prensa reportó que el profesor le había mundo postindustrial ya no puede echar en reversa, lo que
dibujado un número ocho en la espalda con la navaja y cuan- terminará por jodernos a todos. Claro que no tuve el valor de
do le pasó la furia, él mismo declaró que María Griselda era a admitir que yo ya estaba jodido desde hace años, y no por el
fin de cuentasuna ramera cualquiera que según sus cálculos se colapso del mundo postindustrial.
había acostado por lo menos con ocho tipos, incluyendo al No supe cuánto tiempo pasó. Un segundo y ya nos
pobre de mi tío abuelo. Pepillo se vengó, o creyó vengarse, al despedían en el recibidor. Mi lucidez volvió durante su abra-
unir su nombre con la afrenta: Pepillo Ocho sería desde ese zo, que tampoco olvidaré. En la calle me mareó la ebriedad
día y para siempre el octavo y último amante de una mujer interrumpida.
victimada en un crimen pasional. Pero mi abuelo, que también -No hace falta que digasnada, huiquicarnal.Lo único que
había leído todo lo que su hermano había además querido so- puedeshacer es escribir-dijo Harmodio.-Consuélate sabien-
ñar, entendió que Pepillo ofrendaba su amor de otro modo: do que por lo menos conoce y ha pronunciado tu nombre.
inscribiendo en su nombre el delirio patológico del símbolo Volvía mi cuarto e intenté releer el manuscrito del cuento
del infinito. Pepillo declaró con su nuevo apodo, sin temor al que Podestá le había dado. Es un cuento maldito. Me habría
cliché, que la amaría por el resto de la eternidad. gustado más que fuera de amor. Que ella lo leyera al mismo

92 93
11:

tiempo. Que su nombre y el mío se confundieran como las


ABRIL
incontables tardes en que yo me perdí en su poesía. Que me
convirtiera en mi propio texto para existir en su lectura y des-
pués morirme cuando la venciera el sueño, que mi cadáver
fueran las hojas blancas, dispersas sobre sus piernas, arruga-
das en los pliegues de su sábana y el peso de su mano dormi-
da y sacudida en las resonancias de la noche.
Diles_que_B&_me_maten.
No pasé de la primera página. Quedé anestesiado por el Rulfo.OZ.huiqui
alcohol que reemplazó la adrenalina que no dejó de fluir des-
de que estuve frente a Juliet. ¿Y si ella tampoco lo leyó? Ha-
bría hecho el amor con Podestá hasta quedar rendida al ama-
necer. ¿Y qué si tampoco tú lo leyeras, Mateo? ¿Y qué si
nunca nadie leyera lo que escribo? Por allí andarían las hojitas
ú crees que será muy fácil Tino, pero te equivocas.

T
sueltas, a los tumbos, ofreciendo un relato como un pobre
niño que vende flores en una esquina lluviosa y desierta. Cae Crees que nada de esto te perseguirá, que los mierdas
la tarde en Les Deux Magots ahora mientras escribo. Da lo de tus amigos tienen razón, que puedes irte ahora mis-
mismo que Juliet esté despierta. Al único lector que puedo mo sin que nadie te acuse, que podrás llegar tranquilo a tu
imaginar, Mateo, es a ti. casa y volver a dormir después de comerte la cena que prepa-
rará tu mamá esta noche. Crees que podrás dormir, pero no
podrás.
En parte es mi culpa, yo que le prometí a tu mamá que
podría cuidarte. Le dije que no se preocupara por ti, que yo te
vigilaría y que me harías caso y no saldrías cuando vinieran a
buscarte los del Barrio Norte. ¿Por qué no me hiciste caso?
¿Por qué es más fácil para los hombres hacer las cosas sin
pensar? ¿Tuviste miedo de que te obligaran y por eso prefe-
riste fingir que querías irte con ellos? Yocreo que fue eso Tino.
Les tuviste miedo. Y es normal, porque yo también les tenía
miedo. Ahora ya no. Yano pueden hacerme nada más. Tam-
poco pueden hacerte nada a ti, porque ahora los que tienen
miedo son ellos. Por eso se quieren ir. Ya lo han pensado cla-
ramente y creen que pueden echarte a ti la culpa. Dirán que

94 95
111

después de todo yo estaba en tu casa. Pueden mentir porque poquitos, los que se atreven en noches como ésa. Pero no
ese tipo de gente sabe mentir muy bien cuando se acobarda. será así conmigo Tino, será como si me pusieras a dormir y
Les dará tanto miedo que cuando llegue la policía dirán que tú ya. Don Lupe se ahogó, pero yo nomás me voy a dormir, vas
les llamaste para que fueran por ti y que fuiste tú el que planeó a ver que sí.
todo. Muy fácil. ¿De dónde me iban a sacar ellos si ni siquiera Hazte hombre Tino, así como fuiste hombre para decidir
saben dónde vivo? No saben cómo me llamo, ni cuántos años que les dirías que allí estaba yo adentro dormida cuando lle-
tengo, ni dónde trabajo, ni por qué estaba yo en tu casa. ¿Te garon por ti. No sabía que eras tan aventado ni tan cabrón.
das cuenta? Eso si los agarran. Es muy fácil hacerse perdidizo Me agarraron dormida, nomás por eso, porque si he estado
en una ciudad fronteriza. Nomás te cruzas al otro lado y despierta por lo menos le saco un ojo a uno y a otro le rebano
desapareces y ya. la panza a arañazos. A la mejor de todas formas me llevan,
Piénsalo bien Tino, porque no tienes mucho tiempo para pero sangrando, porque ustedes no saben ser hombres como
hablar con ellos. Ahora mismo han de estar temblando de miedo las mujeres sabemos ser mujeres. Para nosotras no es un mo-
en la troca de ese al que le dicen Nava. Ése es el jefe, ¿no? Si mento de valentía, para nosotras es amarrarse a la vida, como
te le acercas con cuidado, pero con paso firme, como hom- cuandotenemos un hijo, o cuando aprendemosa trabajar duro,
bre, seguro que te escucha. Hazte el macho por una vez en tu como tu mamá en la maquiladora que se pasa hasta diez horas
vida y arregla el desmadre en que te has metido Tino, todavía parada o como yo, que logré sacar la prepa abierta trabajan-
hay tiempo. do juntito de ella tantos años. Nomás pude me salí de allí y
Diles que me maten. hasta tenía mi trabajo como paramédica en la Cruz Roja. Tra-
Diles que si me estrangulan todos sus problemas estarán bajaba mis turnos de noche también, pero no me quejaba,
resueltos. No te asustes más, Tino, si me haces caso, todo te porque ya no era esclava de los pinchis patrones gringos
va a salir bien. Piensa en que no me dolerá, sólo un poco, abusones.
pero cuando le aprietas el cuello a alguien bien fuerte esa per- Por eso te digo que va a salir todo bien. Porque cuando
sona se desmaya rápido. No es como si me ahogara en el Río me encuentren pensarán que eso le pasa a las mujeres que
Bravo, como le pasó a Don Lupe el año pasado, ¿te acuer- trabajan de noche, que fue uno de los muchos asesinos que
das? Cuando alguien se cruza por desesperación en mes de andan sueltos en este desmadre de ciudad, tal vez un narco o
lluvias es porque cree que los de la migra te vigilan menos esas un policía municipal o estatal, que para el caso es lo mismo.
noches. Y Dios sabe que Don Lupe estaba desesperado. Ya Nadie pensará en ti Tino, nadie. Por que yo te he visto crecer,
se le había muerto un nieto de hambre, ¿te acuerdas? No tenía porque te cargué, porque tu mamá nunca creería que eres ca-
ni tres meses la criaturita. Ya no estaba bien de la cabeza Don paz de algo así. ¿Cómo va a pensar que su hijo me sacó a mí
Lupe, con su hija otra vez embarazada, ya toda flaquita por- de su casa cuando me dejó cuidándote? Amí, que vivo en el
que no tenían a veces ni para comprar tortillas. Nomás los mismo Barrio del Sur desde antes de que tú nacieras. Más
hombres como Don Lupe se ahogan, pero sólo ésos, unos bien se enojará conmigo, aunque ya no pueda reclamarmepor-

96 97
que ya para entonces estaré muerta. Seguro que se enojará subieran a la troca que traía el Nava. Por eso les gritabas que
por meterla en esta bronca cuando se suponía que yo te anda- no me pegaran, que tú no le ibas a decir a tu mamá que vinie-
ba cuidando a ti. Y míranos nomás, Tino. Tu mamá tendrá ra- ron a la casa. Por eso dejaste de gritar cuando empezaron a
zón, porque yo debí haberte cuidado mejor. Los hombres son quitarme la ropa y a manosearme. Yo vi cómo volteaste la
muy idiotas mijo, no saben cuidarse solos, y por eso siempre cara cuando el gordo ese que apesta a cerveza y sudor me
necesitan una mujer que ande detrás de ellos. Los que son metió los dedos y cuando los otros dos me dieron por detrás.
más listos entienden que sin nosotras no sobreviven esta vida Oí como que se te querían salir más gritos pero ya no pudiste,
de mierda. Los pendejos se van y más delante ellos mismos se porque hay quienes no aguantan y se paralizan de miedo y
convierten en mierda, se enferman luego luego, o terminan al- nomás saben temblar con los labios, porque ya ni los hombros
cohólicos, como el paria de tu papá, ni aguantan nada los se mueven y las piernas ya no les responden desde hace rato.
rajones y al ratito ya se andan muriendo, como mi marido, Las mujeres somos más fuertes y valientes que todos us-
cuando todavía ni cumplíamos un año de casados, o los matan tedes mijo, por eso ni creas que me daba miedo lo que esos
otras mierdas como ellos, o los meten a la cárcel para vivir puercos me hacían. Me daba más bien coraje porque entre
con mierdas de su clase. cuatro es muy fácil aprovecharse de una mujer. Hubieran sido
Pero tú no eres mierda Tino, nomás eres cobarde, un dos y les reviento los güevos a patadas y te juro por ésta que
coyoncito cabrón, pero tienes cabeza. Mira nomás cómo te ellos sí que me hubieran pedido por la virgencita que ya no les
está yendo en la escuela, purititos dieces. Por eso tu mamá me pegara. Yo mejor no dije nada porque sabía que esos cabro-
pidió que te cuidara a ti, para que no le salieras como tu her- nes hasta gozan con los gritos. Nomás le rogué a Dios que no
mano mayor el Nacho, que aunque también era listo ahora los deje ser más tiempo del necesario, que les dé su justo
nomás no sale de los picaderos. Tú eres diferente Tino. Por castigo cuando llegue su hora, que ya verás si no, está más
eso te digo que todavía puedes arreglar este broncón que ar- cerca de lo que crees. Ese Nava aparece al rato encajuelado,
maste. Además, tú pensaste que no me iban a hacer nada, con la panza llena de piquetes: a mierdas como ése los narcos
¿verdad? Se te hizo muy fácil decirles que estaba allí dormida, o losjudiciales, que para el caso es lo mismo, tarde o tempra-
y con mi uniforme de enfermera se me ven muy paradas las no les pasan la cuenta. Así que no te sorprendas cuando lo
chichis y no pensaste que me le iba antojar al Nava cuando me encuentrenen las dunas, lejos de la ciudad, como en ésta donde
vio. Cómo lo ibas a pensar si tú sí tienes un alma pura. Ese me trajeronustedes, o cuando lo cuelguen sin cabeza del puen-
cabrón es un perdido, mijo, por eso tu mamá no te deja jun- te de la Gómez Morín. Porque ese tipo de mierdas siempre
tarte con él. Tienes que entender que así es el mundo, que hay acaba igual. Pero tú no Tinito, tú tienes otro futuro. Tal vez
gente que nace con la maldad en las entrañas desde niño, o este es el plan de Dios, como nos dicen en la iglesia. Tal vez
con las ganas atravesadas del vicio como tu hermano. Tú nomás nos tenía que pasar esto para que endereces rápido tu camino
naciste cobarde, pero eso no te hace malo. Por eso te dio y dejes dejuntarte con el Nava, porque si sigues así también
horror que me sacaran entre los cuatro de las greñas y me tú vas a aparecer encajuelado o colgado sin cabeza de algún

98 99
puente. Tenía que pasarte esto para que ahora sí te pongas a de hace mucho tiempo, y por eso los comandantes dejan que
terminar la prepa, y luego la universidad, para que puedas sus muchachos se entrenen con las pobres mierdas que llegan
volverte un profesionista y saques a tu mamá de la maquila y a caer en las porquerizas de celdas de piedra, que nadie lava
te encargues de que tu hermanito vaya a la escuela también. nunca. Luego te llevan al Cereso, Tinito, y allí te hacen lo mis-
Ya verás que Juanito te sigue el ejemplo, el pobrecito debe mo, nomás que todos los días, hasta que te mueres o te suici-
estar ahorita bien asustado, solo en su cunita. Si nomás tuvie- das, porque de la cárcel no vas a salir nunca, a menos que te
ras papá para que te metiera en cintura ... Pero ya ves qué contraten como mula o como putita de algún narco o policía,
pendejos son los hombres. qué más da.
Ándale, vete hasta donde está el Nava, pídele un cigarro y Vete rápido con Nava y cuéntale que no me voy a quedar
dale unos jalones antes de hablar para que te calmes y no te callada. Que voy a empezar a gritar pronto. Que aprovechen
salga la voz toda quebrada, como de jotito tembloroso. Há- que todavía está oscuro. Hasta me pueden enterrar pronto
blale como el hombre que eres, el hombre fuerte que debes ahora que la arena está todavía fría, en esta duna escondida
ser de ahora en adelante. Dile que tienen que matarme, que si en la que nadie se fija. Un apretón en el cuello. Que me es-
no lo hacen, la policía va a descubrirlos rápido. Que yo estoy trangule el cerdo apestoso, que seguro ya ha matado antes.
dispuesta a poner la denuncia en previas esta misma noche, Prefiero morirme porque para mí vivir sería desde ahora como
que tengo un primo en la delegación que se va a encargar del andar muerta. Yo no sabría vivir llena de odio y asco, como
caso, que también tengo amigos reporteros que van a sacar la seguro quedan siempre las violadas. O me muero o los mato a
nota en los periódicos, y cuando encuentran viva a una viola- todos ustedes, uno por uno, te lo juro por ésta. Mejor morir-
da como yo, eso te lo juro Tinito, los policías se ven obligados me que convertirme también en mierda. Voltéate y no mires.
a hacer su trabajo aunque no quieran. Como esta vez no se Piensa en tu mamá Justino, en tu hermano que te espera en
1,1'
trata de ningún agente ni de nadie con influencia, en unas horas casa. Piensa en mí, que te lo estoy diciendo: prefiero morirme
vas a estar en los separos, esta misma noche, vas a ver si no. antes de tener que destruirte la vida. Me das la muerte y yo te
Primero te van a violar con un palo de escoba o con una pis- doy la vida, ése es el trato. Así lo quiso Dios. Yo ya acabé mi
tola. Luego te van a poner una madriza que hasta podría de- misión aquí en la tierra. Diles que me maten y ya.
jarte paralítico. Después te van a exhibir en el patio de la de-
legación para que los reporteros de la nota roja te saquen
todas las fotos que quieran mientras te gritan violador y asesi-
no. Eso lo he visto yo misma cuando a veces sacamos deteni-
dos en ambulancia porque se les pasa la mano a los agentes.
Los subimos y siempre veo cómo les sangra el culo, con la
sangre mezclada con gargajos, semen y meados. Allí se des-
quitan toda la furia del diablo que esta ciudad trae dentro des-

100 101
illl

Juliet

lIL o leyó! Podestá me recibió con el manuscrito de


mi cuento y con una nota de Juliet en la última pá-
gina que recité de inmediato en voz baja:

Me estremece pensar que de la frontera pueda emer-


ger la violencia de un texto escrito por la misma
persona que recita poemas que temen al horror del
mundo, como los míos. Encuentro un inquietante
consuelo en saber que es sólo un texto, OZ, y que
ella, que no existe, vivirá para denunciar a gritos
esa realidad que no nos dejará olvidar las bajezas
de la condición humana. De entre todas las mujeres
que he sido, nunca había sido ella. Hasta hoy. Te
agradezco esta insólita revelación que tendré pre-
sente el resto de mi vida.
JP

Quise fingir un reclamo a Podestá por haber arriesgadomi


poca credibilidad literaria compartiendo el manuscrito con
Juliet. Pero en realidad habría querido confesar que hubiera

103
dado cualquier cosa (empezando por todos mis manuscritos) ~ un libro de la librería: yo reclamo lo que es mío, lo que es mi
por haber estado allí, a su lado, abriendo los ojos sobre ella: derecho a poseer, un derecho adjudicado y declarado sólo
¿qué perfume usaba mientras leía?, ¿qué lado del rostro ilumi- por mí, porque mi voluntad no requiere corroboraciones de
naba su lámpara?, ¿sostenía las hojas sueltas con la mano iz- nada ni nadie. El robo es en realidad el reverso de lo que por
quierda? Luegoestaban sus iniciales, de ambigüedadirritante. alguna causa decidiste esperar a que te fuera concedido y que
¿Referían su apellido o el de su esposo? por eso sigue fuera de tu alcance. El robo es el mayor acto de
Podestá se sirvió un mate que mi resaca causada por el libertad y de rebelión contra el sentido del universo que hasta
vino de la cena habría agradecido, pero que yo ya estaba acos- ese momento estaba equivocado en tu contra y cuya correc-
tumbrado a no probar porque nunca convidaba a nadie. Lo ción depende sólo de vos.
único que me ofreció fue su entusiasmo discursivo, que esa Mientras arengaba, Podestá tenía la costumbre de gesti-
tarde parecía orientado, más que a atenuar su egoísmo, a arti- cular con ambas manos. Las pequeñas espirales y los rápidos
cular una poética del robo, siguiendo la moraleja de Pepillo vaivenes de los dedos lo obligaban a dejar la matera en el
Ocho. escritorio.
Podestá comenzó a robar libros todavía más joven que Cuandoterminó de hablar,yo ya me había acabadoel mate.
yo, cuando tenía 13 años. Recargado en el marco de la enor- -Aprende usted rápido, OZ.
me ventanade su oficina,que dabahacia la Rue de la Sorbonne -Demasiado rápido, Podestá.
(donde a veces me perdía siguiendo la primera cabellera ru- Demasiado rápido, Mateo.
:11
bia, pensando, deseando que fuera la de Juliet), Podestá re- Nos encontramos días después en los pasillos de la libre-
cordó que al principio sudaba y no paraba de temblar hasta ría de la Sorbona. Ella se empeñaba en revisar una edición
haber terminado de leer el ejemplar en su casa. No tardó en ·especial de Blanco, de Octavio Paz. Una página plegadiza
dominar sus miedos: contiene el poema largo. Le ayudé a desdoblarlo y recorrerlo.
-La forma más eficaz de robar algo, lo que sea, es to- Recitamos algunosversosjuntos, pero al final decidióno com-
marlo como si siempre hubiese sido tuyo -nos decía a prarlo. Tampoco me dejó regalárselo. De allí fuimos a un café
Harmodio y a mí mientras se servía otro mate incompartido-. frente al Jardín de Luxemburgo. (Me detengo ahora en la luz
Ni por un segundo debe dudarse. La reticencia, el miedo, son dispersa en su cabello, al atardecer, como si admirara el sepia
siempre las causas principales del fracaso. Y no porque se de una vieja fotografía). Cuando intentamos entrar aljardín,
entere el dueño de que está siendo atracado, sino porque el dos guardias nos escoltaron hasta la salida, no sin hostilidad,
mismo objeto ya no permitirá el robo, no se dejará robar. El porque ya lo habían cerrado. Nos despedimos en el metro.
asunto es en verdad ése: para poder robarse algo hay que Sostuve su mano unos instantes mientras besaba sus mejillas.
merecérselo, hay que tener la certeza de que uno roba porque Pensé que no la vería más. Pero entonces vino Ginebra.Y
en realidad sabe que está reordenando el universo, que eso la clave de la noche cíclica de mi vida:
que roba le ha pertenecido siempre. Yono robo cuando tomo

104 105
No sé si volveremos en un ciclo segundo Apenas cruzó conmigo alguna palabra distante en su pre-
como vuelven las cifras de una fracción periódica; sentación aquella mañana en la librería del centro de Ginebra.
pero sé que una oscura rotación pitagórica Habíamos acordado visitar juntos la tumba de Borges al día
noche a noche me deja en un lugar del mundo. siguiente. Se disculpó por teléfono argumentando un compro-
miso editorial de última hora. Cuando insistí se molestó de
(Quisiera aquí un silencio en movimiento, como una nube inmediato. Me gritó que fuera solo. Que me pusiera a escribir.
arrastrándose en la noche inextricable, superior a estas pági- Que hiciera lo que me diera la gana, pero que la dejara en paz.
nas, a toda mi escritura, al tiempo, al espacio, pero no a ella). Por la tarde, frente a la tumba de Borges, escribí cuando
Juliet viajaba para presentar un nuevo poemario durante la paz me dejó a mí.
esa primera semana de enero. Yo iba a leer una ponencia en
un congreso académico sobre, claro, Borges. Si aún la previ-
sible tarde de la frontera puede sorprenderme, nada mecos-
taba aceptar que también podía encontrarme con ella en la
Gare de Lyon.
1111:
1:1
No podría decir quién de los dos propuso compartir el
vagón. Sé que yo hice el cambio en la ventanilla, que ella me
dio su número de camarote. Que me aguardó con una leve
sonrisa en una de las bancas de madera bajo el techo alto de
la estación. Las horas de la madrugada se deslizaron por
entre los breves silencios de nuestra conversación que pare-
cía inagotable. No sé si ella puede explicarse por qué su
mano, que esperaba a mitad de camino, aceptó a la mía én-
tre las dos camas, esas estrechas camas individuales de los
trenes franceses separadas por una mesita de centro para el
café. Recuerdo que a veces ella parecía quedarse dormida
'~"'""'
en breves instantes y que acariciaba mi mano como quien
siente la inmaterialidad de un sueño, el peso inespecífico de
una ficción.
Recuerdo más: el segundo exacto en que alcancé sus la-
bios. Su cintura bajo mi mano. Sus ojos vulnerables, por pri-
mera vez mirándome sin mediaciones, tan cerca.
¿Volveréa ese lugar del mundo?

106 107
MAYO

Una fábula

L
os ojos de Juliet, la viajera del tiempo -pues así con-
vendría referirse a ella-, comenzaban a ceder al ritmo
acompasado de la lectura. Ya no escuchaba: sentía la
música de las letras que formaban palabras como corcheas
que se apareaban con blancas y redondas. Odiaba tener que
interrumpirlo de nuevo (ni siquiera en un sueño podría haber
concebido este encuentro), pero sabía que no quedaban más
opciones. Cada línea que él recorría agravaba los riesgos que
ella debía eliminar.
Se incorporó a dar batalla. Se arrancó el sopor e hilvanó
con velocidad el argumento que debía interponer entre él y el
libro que se negaba a soltar. Tomó el rostro del maestro entre
sus manos e interceptó su mirada, forzándola a elevarse.
-Por favor, deténgase. Escúcheme, tiene que parar.
No advirtió cuando las palmas de Juliet lo obligaron a ce-
rrar con suavidad las Fábulas de Stevenson, pues sus ojos
sólo querían sostener la mirada impuesta por ella. Había acep-
tado el juego de interrupciones con la convicción de que ella
se encelaba por la atención que él brindaba al libro y no a su

109
cuerpo que irradiaba la noche, mientras el tren rumbo a Bue- bibliotecas en la historia de la humanidad-dijo Juliet, ahora
nos Aires los aislaba del viento frío y de la vasta oscuridad de con desenfado y gesticulando con los brazos al aire.
la pampa. Recordaba a algunas de las mujeres de su vida, que -No estaba enterado de que la viejaAlbión buscaba edi-
algo tenían que ver con el azul de los ojos de Juliet. ficar otra Alejandría. Sobre el sueño de una biblioteca univer-
Esta nueva interrupción adquirió un tono grave: sal he escrito algunas líneas. Es una vieja metáfora.
-No soy quien usted cree. Perdóneme por haberlo en- -Nunca ha oído de la biblioteca porque fue creada en un
gañado. futuro que no conocerá. Lo sé porque he viajado en el tiempo.
-Es una lástima. Sólo los fotógrafos pueden describir la La sonrisa del maestro se congeló unos instantes. Bebió
luz. un poco del mismo café adelgazado por el frío, y volvió a la
-Soy fotógrafa, pero no para un periódico londinense - mirada de ella.
dijo, y su rostro se desdibujaba en matices oscuros en el cris- -Las ficciones, hermosa Juliet, no tienen por qué rondar
tal de la ventana. Transcurrieron varios segundos entre pala- esta noche.
bras, como si así las alargara. -Trabajo con ... la historia de Los ruidos del tren volvieron a la conversación ahora con
la literatura. silencios de metales peregrinos. Juliet prosiguió:
-Es cierto que comulgo con profesores universitarios y -Me sorprende que a un autor de su naturaleza le cueste
que alguno habrá que considere mi amigo, pero nunca imaginé aceptar mi relato. Si le dijera, por ejemplo, que el viaje en el
que las academias rozaran la belleza en los propios cuerpos tiempo lo inventó un físico escocés, ¿cómo lo refutaría? ¿No
docentes. ha escrito, acaso, que en un relato lo importante es que la
Juliet optó por ignorar la galantería del maestro y pensaba magia se someta al servicio de la causalidad? No tiene razo-
que él aprovecharía cualquier oportunidad para regresar a la nes para rechazar que la madre de mi científico debe tener
lectura. Cruzó las piernas y dio un sorbo a una taza de café ahora unos siete años y que vive una infancia feliz en losj ardi-
que había dejado escapar su candencia. Echó atrás su cabello nes de Edimburgo. Y como Inglaterra siempre soñará con re-
rubio y su acento inglés se engarzó con énfasis en la apertura cobrar su imperio,ahora debe admitirque la intenciónde cons-
de ciertas vocales que el maestro disfrutaba en silencio. truir el más grande archivojamás concebido está lejos del dis-
-Hago ensayos fotográficos sobre escritores célebres parate. Por eso una tarde, al salir del periódico donde traba-
durante momentos importantes de su vida -continuó ella, esta jaba, fui abordada por un agente secreto que me invitó a cola-
vez sin titubear. borar en la biblioteca. Pasé a formar parte del desmesurado
-Al llegar a Buenos Aires, si le hace falta, buscaré fotos equipo de curadores, eruditos, redactores y archivistas al ser-
de presentaciones de libros y esas cosas. vicio de su majestad.
-Trabajo para el gobierno británico. Tomo fotografías El maestro devolvió el café a la mesilla que separaba un
para el archivo de lo que será la más grande y completa de las sillón del otro. El compartimiento permitía una posición có-

110 111
-También a mí me produjo una impresión visual que no
moda y una intimidad relajante. Dejó el libro de Stevenson y
había experimentado antes. Hice un ensayo fotográfico du-
concedió el triunfo momentáneo de Juliet, pues había logrado
rante varias sesiones al calor del opio en Manchester. Me pa-
captar su atención. Se disponía a saborear el relato que se le
rece que asimiló mi presencia como parte del paisaje aluci-
antojaba un tanto delirante, aun más que fantástico. Pronunció
nante creado en el entresueño de sus drogas. Es más -dijo
el nombre de Scheherazade, aunque no atinaba a decir por
Juliet con voz baja, como si revelara una confidencia inédita-
qué.
es una lástima que no haya traído mi portafolio porque a ve-
-Mi experiencia y reputación con la cámara me mere-
ces, al analizar las fotos, creo notar el brillo de mi flash refleja-
cieron el puesto, pero me contrataron también por mi pasión
do no sólo en la transparencia enfermiza de sus uñas, sino en
literaria.
SUS OJOS.
-Es usted escritora.
-Confieso que me habría gustado fumar en su compañía
-Me considero aficionada. He escrito y publicado algu-
-respondió el maestro con la misma entonación matizada.
nos cuentos que me gustan a pesar de sus faltas, que sin duda
-Luego elegí a Joyce -dijo Juliet rebotando al respaldo y
han de ser muchas. Pero eso no importa. Ellos sabían que yo
levantando la voz-. Decidí que lo mejor sería buscarlo duran-
he leído lo que hay que leer y eso me enorgullece.
-Es un buen motivo de orgullo. Pero dígame, ¿por ca- te su primera lectura del Ulysses, en la librería "Shakespeare
and Co.", esa bellísima tarde de París. De él atesoro una foto-
sualidadno lleva consigoalgúnmanuscrito?
grafía que nunca di a la prensa: su rostro aparece como acari-
-Lamento decepcionarlo. Por ahora la única historia que
ciado por el Sena. Un leve rocío lo hacía sonreír como a un
puedo contarle es la que escucha en este instante. ¿Será sufi-
niño corriendo en la primera lluvia de su vida.
ciente?
-Me hace pensar en el otro retrato, aunque no recuerdo
-Más que eso. Siga, se lo ruego. Su historia me viene
haber leído una imagen siquiera parecida.
resultando imprescindible, tan parecida a su voz.
-Con Faulkner recorrí a caballo los valles de Oxford,
Juliet detuvo la narraciónpara atenderal halago que la hizo
Mississippi. Nunca olvidaré su gallardía. Era reacio para de-
sentirun vértigohacia los labiosdel maestro.Pero continuó:
jarse fotografiary tuve que echarmano de otros recursos:pagué
-Todo esto ocurrió hace, ¿nueve o diez años? Comienzo
las fotos con besos. Después del primer beso gratuito, pensé
a perder la cuenta. He conocido a tantos autores desde en-
en renunciar. La tentación era avasallante.
;,.,.,,,, tonces ... Pero le diré de mi primera misión. Me dejaron elegir
su nombre de una larga lista, así que salí en busca de quien -Y sin embargo está usted aquí.
-Sabía que tarde o temprano vendría a buscarlo. Quise
pensé que sería un objetivo fácil: Thomas De Quincey, según
convencerlos con el hecho de que para mí y para muchos es
entiendo uno de sus autores favoritos.
ustedel mejorescritoringlésen lenguaespañoladel sigloveinte.
-He gozado incontables horas con sus libros.

113
112
Al final, el viaje lo hice sin autorización. Pronto tendré que Juliet se alegró con un entusiasmo que se acercaba a la
regresar no sin antes cumplir con mi propósito. inocencia. No le importaba que descreyera de su relato si él
-Ya me sacó varias fotografías. descansaba la vista. Había impedido la lectura de las Fábulas
-No he venido a eso. y ahora conseguía alejarlo de la novela en cuestión.
-Entonces vino a darme más razones para envidiar a Pero el maestro, sin podérselo explicar, sintió una impla-
Faulkner. cable necesidad de insistir:
-Vine a impedir que siga leyendo, maestro. Esta noche -Hagamos un pacto. Si autoriza unas últimas páginas,
podría perder la vista. prometo no leer más. Es una fábula corta,titulada "La canción
Él cerró sus ojos, y sin dejar de sonreír, inclinó hacia de- del mañana". Me parece digna de una viajera del tiempo.
lante su cabeza, como en una reflexión cándida, sosteniendo Pasaba de la medianoche y Juliet confiaba en que, para
el mentón con su mano derecha. acabar con su vista, se requería más que una fábula.
-Mi ceguera, aunque gradual, es inevitable. Los médicos El maestro retomó el libro que había dejado en su regazo.
no hablan de otra cosa. No hay nada trágico en el hecho de Se apresuró a encontrar la página inicial y comenzó a leer: El
que mis ojos no volverán a conocer el escampado del sur. Rey de Duntrine ...
11
Además, ignoro sus razones para creer que será esta noche. -¿El Rey de qué?
-Uno de sus biógrafos dice que fue en este viaje por tren -Duntrine. Y será una comarca de Escocia. Yaveo que,
a BuenosAires, después de la medianoche, aunque afirma que como a todos los habitantes de Londres, Escocia le es irrele-
ocurrió con su lectura de una novela policial. vante, a pesar de su científico descubridor del viaje en el tiem-
-Me tendría que dar una copia del cuento, porque me po. En fin.
parece una derivación notable de Wells. En cuanto a mis bió- Juliet sonrió y al maestro le costó devolver la mirada al
grafos, no creo tener conocidos que aspiren a convertirse en libro.
mis cronistas. Si lo que dice usted sobre el viaje en el tiempo -El Rey de Duntrine tuvo una hija cuando ya era
es cierto, sabrá con seguridad que mi vida, como la de cual- viejo, y era la más bella hija del rey entre dos mares. Su
,,, quier escritor de mi siglo, es bastante aburrida. cabello era como oro hilado y sus ojos como los reman-
-Le pido que no tome con ligereza lo que le digo. ¿Se sos de un río. El rey le había entregado un castillo sobre
,,. .• ~,, ! 1
imagina el infierno que será no poder leer? la arena del mar, con una terraza, y un palacio de roca
-Y yo que imaginaba el paraíso acaso en la forma de una tallada y cuatro torres en las cuatro esquinas. Ahí vivió y
biblioteca.¡Quémagníficaironía! ¡Paraalargarmis horascomo creció. No se preocupó por el mañana, ni tuvo poder so-
lector, debo dejar de leer! De cualquier forma, quede tranqui- bre la hora, al igual que la gente sencilla.
la, porque no tocaré la novela policial que, en efecto, me pro- -¡Qué bello! Una princesa entre dos mares.
ponía leer esta noche.

114 115
111

da y no miró a derecha ni a izquierda, no escuchó palabra


1

-Sí -contestó- pero aquello del poder sobre la hora 11


nunca me ha dejado de parecer extraño, aunque maravilloso. de nadie, sino sólo pensó en el pensamiento de mañana.
Moriré sin poder escribir así. Un día ella caminaba por la Sentía Juliet un viento frío que en la fábula cargaba el soni-
playa, era otoño, y el viento soplaba desde el lugar donde do de gaitas. Descendió la princesa con su nodriza hasta la
nacen las lluvias. De un lado el mar se encrespaba y del arena de la playa. Allí encontraron de nuevo a la bruja hara- r
otro las hojas muertas corrían. Esta era la playa más soli- pienta, abstraída en una danza en sentido contrario a las ma-
taria entre dos mares y, desde remotos tiempos, habían necillas del reloj. Decía con certidumbre escalofriante que le 1

ocurrido cosas muy extrañas. había llegado el mañana y la hora del poder; para la princesa
Un sopor suave, parecido al calor de una fogata, emanaba llegaría en cambio el hombre que la cuidaría y el regalo que la
de la boca del maestro, quien a veces distraía su mirada del dejaría desnuda. Una tolvanera, Juliet creyó oír decir, ocupó
libro en busca de la pupila azul de Juliet, ahora tan abierta como el lugar de la bruja. Y volvió en sí con estas frases que encon-
si dentro de su mar hubiese ocurrido un dilatado eclipse. tró conmovedoras:
Las imágenes del cuento comenzaron a confundirse. La -La hija del rey se percató de que había un hombre
princesa no tenía poder sobre el tiempo. Una vieja bruja se lo sobre la arena, estaba encapuchado, por eso nadie vería
recordó, sentada en la playa. Juliet despertó de un primer gol- su rostro, y tenía una gaita bajo el brazo. El sonido de su
pe de sueño, y sorprendió de nuevo la mirada del maestro pipa era como de avispas cantando y como el viento que
enclavada entre las grietas de sus párpados, tal vez en el vacío silba en la hierba seca y se levantaba sobre los oídos de la
de sus labios. gente como el chillido de las gaviotas. '¿Tú eres el que
- ...y se rió como una gaviota. A casa, gritó la bruja, llega?', preguntó la hija del rey de Duntrine.
¡oh, hija del rey!, vuelve a tu castillo de piedra, porque la Él había llegado, pensó Juliet, mientras intentaba recupe-
nostalgia está apoderándose de ti ahora y no podrás vivir rar la línea coherente de la fábula. Ahora era ella la que obser-
como la gente sencilla. Vuelve a casa, trabaja duro y su- vaba la densidad oscura de los ojos del maestro, inamovibles
fre, hasta que llegue el regalo que te deje desnuda y hasta en las páginas de Stevenson. Bajó también a sus labios y llegó
que llegue el hombre que cuide de ti. La hija del rey se a creer que ella leía las palabras articuladas allí aun antes de
volvió y se fue a casa en silencio. escucharlas.
La somnolencia retomó esta vez más fuerte. Él deslizaba - 'Yo soy el que llega', dijo él, '.Y ésta es la gaita que
un torrente de palabras que fluían en direcciones distintas. La quizá un hombrepuede oír,y yo oigo elpoder sobre la hora,
princesa se sumió en pensamientos durante nueve años, sin y ésta es la canción del mañana'. Y tocó la canción del ma-
salir ni por un momento de las torres del castillo. Nueve años, ñana, y fue tan larga como los años, y la nodriza lloró des-
pensó Juliet, son como una eternidad. consolada al oírla. 'Es verdad', dijo la hija del rey, 'que tú
-Nueve años en que ella no salió, ni aspiró el aire lim- tocas la canción del mañana, pero que tú tengas el poder
pio, ni vio el cielo de Dios. Nueve años permaneció senta-

116 117
sobre la hora, ¿cómo lo sabría? Muéstrame una maravilla sombras informes era decir demasiado. Una hora antes, cuan-
aquí sobre la playa, entre las olas y las hojas muertas'. do aún podía delinear el contorno del rostro de Juliet, el maes-
Juliet creía que la voz seguía leyendo, aunque podía estar tro detuvo la lectura para concentrarseen el delicado horizon-
dormida. Al escuchar cómo el hombre de la gaita hizo des- te de su boca, en la comba de sus ojos. Volvió al libro, pero
aparecer a la nodriza de la princesa para dejar en su lugar una más que leerlo, lo recitaba, pues lo había leído tantas veces
tolvanera, Juliet juraba aspirar, a la vez, la tierra mojada que que era ya un hábito más en su vida. Con frecuencia, al escri-
las patas del caballo de Faulkner hacía bailar en el viento. bir, sospechaba que frases enteras de "La canción del maña-
La hija del rey, escuchó Juliet, volvió al castillo de piedra na" se entremezclaban con las suyas. Como la imagen que a
en compañía del hombre de la gaita. Y durante nueve años él partir de esa noche guardaría de Juliet, y el rostro de otras
entonó la canción del mañana en cada caída del otoño. Un día mujeres que se fusionaban en un solo recuerdo compartido.
ella despertó, y al conjurar el poder del hombre de la gaita, Afuera, el silbato del tren le indicaba que se acercaban a
éste desapareció. Por encima de sus ropas y flauta permane- Buenos Aires. Decidió que diría al biógrafo futuro que entre-
ció un leve flujo de hojas muertas. tuvo su vista en la lectura de una novela policial que no pudo
Recostadaen el sillón,Julietadvirtióel maletínqueel maes- soltar. Después de todo, los biógrafos siempre saben más que
11lll't:

1111: tro llevaba como única pieza de equipaje. Recordó la novela el biografiado. Prefirió no pensar ya en la ceguera, aunque
iil"
1:!1
policial cuyo título no encontró en la biografía consultada. Su contempló la posibilidad de un poema. Por ahora, enfocaba
curiosidad la llevó a abrir el maletín mientras él seguía la na- su atenciónimaginandoel sueño de Juliet, envidiandosu aban-
rración. Sólo encontró un cuaderno y hojas sueltas. dono. Para adormecerse también, Jorge Luis Borges recitó
Pero los ojos de Juliet-pues convendría hablar un poco con voz apagada el final de la fábula.
más de ella- comenzaban a ceder al ritmo acompasado de la -Y la hija del rey de Duntrine fue a la parte de la pla-
lectura. Yano escuchaba, sino que sentía la música de las le- ya donde desde remotos tiempos habían ocurrido cosas
tras que formaban palabras como corcheas apareándose con muy extrañas, y allí se sentó. La espuma del mar corría a
blancas y redondas. Odiaba tener que interrumpirlo de nuevo sus pies y las hojas muertas se amontonaban sobre su es-
(ni siquiera en un sueño podría haber concebido este encuen- palda y los harapos se agitaban alrededor de su cara se-
¡.,,,,,,
tro) pero sabía que no quedaban más opciones. Cada línea gún la voluntad del viento. Y cuando alzó los ojos, vio que
..•··''"..
; , ,
que él recorría agravaba los riesgos que ella debía eliminar. la hija del rey se acercaba caminando sobre la playa. Su
Un ligero temblor de sus párpados insinuó el ansia por dete- cabello era como oro hilado, y sus ojos como los remansos
nerlo, pero no supo cómo hilvanar otra historia. de un río, y no pensaba en el mañana y no tenía poder
El maestro dejó reposar el libro sobre sus piernas. Ella sobre la hora, al igual que la gente sencilla.
dormía y no había por qué seguir fingiendo: la luz se extinguió
de poco en poco y decir que distinguía borrones y algunas

118 119
Las nubes

ueron varios días sin salir de mi habitación. Escribiendo


111w::,
1,.
1··'' ,.
F y reescribiendo esa fábula que volviera tolerable mi cir-
cunstancia. Salí hasta que conseguí sentir el final del
cuento. Entonces lo vi, al pasar por el cuarto de lavado, lle-
nando una secadora con calcetines de colores y camisetas blan-
cas. Pensé que se trataba de un parecido inaudito, espejismo
producido por mis horas de encierro. Me seguí de largo. Sa-
bía que sólo Ernesto, el recepcionista que en sus ratos libres
debía ser el historiador de la Maison du Mexique, sabría la
respuesta.
;11 ·:,11 -Claro que sí. Viaja todos los años para ver a su médico
y pasear por la ciudad. ¿A poco tú no querrías venir cada año
•..li.,,,,,
¡••••, 111 a curarte la vida en París?
Volví al cuarto de lavado a fingir que yo también esperaba mi
carga de ropa. Lo observé de reojo: leía un libro grueso, unas mil
páginas mínimo. No pude ver el título. De pronto me habló:
-¿Tienes un encendedor?
-No, disculpe -respondí mientras me buscaba la false-
dad en los bolsillos.

121
-Supongo que de cualquier modo habrá que fumar afue- límite dio la misma cantidad de pasos que tú. El universo siem-
ra, ¿no? pre termina más allá. ¿Habrá alguna ave que se obsesione con
Mi sonrisa quiso decir que sí, pero más bien me hizo que- la última nube por alcanzar, que no deje de volar y que, como
dar como un fanático imbécil ante su estrella de rock favorita. Ícaro, se desplome en el intento?
Se fue y lo seguí a distancia. En la recepción le prendieron el Cuando por fin las observes y te acuestes en el zacate
cigarro y salió al jardín a fumar. húmedo y pases incontables horas divagando entre ellas, cuan-
-Te dije que era él -me confirmó Ernesto. -Tengo años do intentes atribuirles una forma específica, ¿en qué pensarás
prendiéndole cigarros extemporáneos. Mateo? ¿Una montaña? ¿Un libro? ¿Querrás que no cam-
-¿Qué hago para que me diga algo? Una palabra suya bien? ¿Que sean siempre las mismas? ¿Que podrás esconder-
bastará para recordarme que soy un escritor menor. te en ellas cada vez que voltees al cielo?
-Pídele un cigarro. No le gusta fumar solo. -Disculpe, me di cuenta que además de mi encendedor
Se había sentado en una banca en el patio central del edi- tampoco encuentro mis cigarros y no pude evitar la tentación
ficio. Su cabellera blanca se ondulaba ligeramente con la brisa de pedirle uno -dije yo, que desde que dejé Frontera no fu-
fría de la tarde. Pensé que se había dormido, pero descubrí maba más.
•111!'.i
1¡¡

,!!,
que estaba mirando el cielo. También le gustaban las nubes. Don Fernando del Paso me miró extrañado. Me dio ver-
1!1
Me halagó sin darse cuenta. güenza. Me quise ir.
¿Qué pensarás cuando las veas con atención por primera -Siéntese pues, sólo los policías y los ladrones fuman de
vez? ¿Preguntarás, como escuché hoy a una niña preguntar a pie.
su madre en Les Deux Magots, por quéflotan? O tal vez no -No soy policía. Pero que de vez en cuando no me robe
las notes hasta que vayas en un avión y te pierdas entre ellas a alguna cosa eso no podría asegurárselo.
más de 300 kilómetros por hora. Yo tenía 24 años cuando por -Entonces con mayor razón: antes de robar hay que sen-
fin logré subirme al avión que me sacaría de la frontera y que tarse a cavilarlo bien, con un cigarro de por medio.
me llevaría a París sin la menor idea de nada. Excepto las -Ya es demasiado tarde, Don Fernando. De nada sirve
nubes, Mateo. Cuando estás a su nivel, pronto comienzan a cavilar cuando el delito ya ha sido cometido.
,,,
..~·~: ,,, ,,
ser la referencia más importante de tu vida. Recuerdo bien esa Quiso que le contara la historia. Yo tenía ganas de conver-
¡•• ,.,,''•I 111

mañana.Abajo quedaba la única frontera que había visto. Arri- tirlo en relato, como si así fuera menos real, menos doloroso.
ba, me deslizaba por un relieve indescriptible no porque sus Se lo dije todo.
formas me fueran irreconocibles, sino porque estaban en cons- -No es una situación ideal, pero aún hay tiempo para
tante movimiento. Las nubes nunca se dejan asir: cambian en tomar el camino más correcto. Se lo dice alguien que se niega
el momento exacto en que creíste comprenderlas. La gente no a que la vida le gane la partida. Piense bien lo que hará, una
cambia, lo sé por cierto. Las nubes sólo saben cambiar. Avan- mezcla equilibrada de razones y pasiones, y asúmala hasta sus
zan y crees que llegas al límite. Te acercas y descubres que el últimas consecuencias. No pierda el tiempo teniendo miedo.

122 123
11

Supe que querría escribir la conversación antes de que JUNIO


empezara. Supe también que, como las nubes, se disiparía
11
antes de poder asirla. Lo que quedó dio para un cuento, para
Don Femando, en gratitud a su consejo:
11

La decisión

Para María del Rosario Espinoza,


Rosendo 'Zavala y Ricardo Zavala,
mis maestros.

a decisión comenzó a molestarlo durante la presenta-


,,,I"'
'I'·
L ción de su último libro, un ensayo sobre Don Quijote
de la Mancha. Pronunciaba algún juicio sobre la que-
ma de los libros en la biblioteca de Alonso Quijano, cuando la
imagen de su propia biblioteca se impuso con la fijeza de la
claridad. Desaceleró sus palabras y aprovechó la primera opor-
tunidad para acallar una frase a medio decir, disfrazada de
ambigüedad. Bebió un poco de agua que habían puesto en su
mesa y volvió a la imagen: tocaba en su mente los volúmenes
,¡111 uniformados en cuero, como si recorriera una de esas biblio-
.111
tecas medievales de Europa y no la suya. Terminó la presenta-
" ción del libro y decidió que no permanecería mucho tiempo en
la recepción que siguió en su honor. Compartió una copa de
vino con estudiantes que residen en la Maison du Mexique tan
itinerantes como él, que cada año disloca espacios y tiempos
para asegurar principios y finales definitivos. Como cuando
daba los últimos teclazos a una novela trabajada en diez años
de compulsión insana que sólo en su pequeña habitación logró
conciliar con el silencio.

124 125
1,11111

Allí prendió un Marlboro rojo. "Algún día tendré que de- de tal: autor de un relato en el que un escritor que desea saber 1

jar de fumar", se juró por enésima vez esa semana. Y luego, si trascenderá después de su muerte, vende su alma al diablo :1

ese verso de Borges: "El hombre mide el vago tiempo con el a cambio de la posibilidad de consultar su suerte en una bi- '11

cigarro". Retomó un estudio sobre historia francesa del siglo blioteca del porvenir. ..".
XIX que había hecho relevantes las horas de la mañana des- Ella regresó con una ensalada que compartieron en el es-
pués de haber escrito líneas de un relato corto. Ahora espera- tudio. Él quiso buscar la página del libro interrumpido,pero la
ba a su mujer, que había salido de compras y a pasear por la decisión produjo ruido blanco, espectral e inapelable entre
tarde que resplandecía como si hubieran barrido las cenizas líneas. Prefirió ceder al sueño antes de combatirla. A partir de
negras del otoño de París. la mañana siguiente, la decisión le declaró una tregua. Esas
La decisión, conforme avanzaba en las páginas de su li- tardes llevó baguettes a los patos del Pare Montsouris. De
bro, regresó a molestarlo cuando se dio cuenta de que había regreso contó colillas de cigarros entre la hojarasca: más de
olvidado su murmullo. Salió de la habitación para evadirse. 200 culpas cancerígenas que otros se fumaron por él.
Llegó al pasillo de la Maison y lo alegró ver que la recepción En el vuelo de regreso a México se distrajo con una nueva
concluía. Ahora estaba solo, rodeado de cuadros con dibujos versión cinematográfica de la guerra de Troya. Fuerte y audaz
i 1!11
1 I' ~:

'I, y pinturas que evocaban la figura triste de Don Quijote y que, el cine contemporáneo,tal vez, pero incapaz de transferir ver-
i
al igual que en toda la Cité Universitaire, celebraban el cuarto sos clásicos a la pantalla. "Nunca harán una película que narre
centenario de la aparición del primer volumen de la novela en hexámetros", pensó.
cervantina. Pronto comenzaron a tensarlo los ojos debilitados Entraron a su casa y después de vaciar el equipaje, se
y la barba agitada del viejo enloquecido. Prendió el segundo recostó. Recordó la voz de su hija al ver su recámara vacía,
cigarro del día concediéndose la excepción porque la nicotina esa voz que le sigue pareciendo de una niña y que le repro-
encubre locuras con la franela sucia de su nube. "Estas imáge- chaba no haber escrito todavía un cuento infantil. "Voya es-
nes de Don Quijote son como espejos", notó, "y eso es abo- cribirlo pronto", dijo, y no sabría si fue en voz alta. Durmió y
minable. Nadie debería repetir al infinito el rostro de un loco". soñó que caminaba por el boulevard Saint Michel y que de-
Se sentó a esperar el regreso de ella, jugando a recordar el moraba sus pasos en las librerías que pueblan las alargadas
111111
nombre de ese autor que había olvidado hace tantos años. cuadras. En la Plaza de la Sorbona se fijó en el aparador de
Sólo prevalecía la esencia perfecta de una breve trama que una librería con fotografías de Antonin Artaud. "Si es por su
habría querido escribir él mismo: el relato de un escritor que nacimiento o por su muerte, resulta algo secundario para esta
ofrece su alma al diablo para viajar en el tiempo y consultar en librería", pensó. "Es horrible que ambas fechas produzcan un
un diccionario de literatura la fama de su nombre. El pacto se mismo efecto en las efemérides literarias". La secuenciamos-
realiza y el escritor pronto se encuentra en los pasillos de una traba varios cuadros con el rostro de Artaud gesticulando
biblioteca futura, donde conocerá los derroteros finales de su como un diablo borracho. La serie le pareció intolerable, y el
obra. Abrió el diccionario y encontró su referencia: "Fulanito rocío de la fuente que moja el centro de la plaza lo obligó a

126 127
seguir su paseo. Entró a la librería y se sorprendió al encon- país sobre el cual estar al tanto, porque como van las co-
trarla tan grande. No recordaba si la había visitado antes, pero sas ... " se dijo y prefirió no reflexionar sobre el futuro mexica-
sus dimensiones parecían sobrepasar la altura del edificio. Subió no porque seguro desperdiciaría buena parte del día. Pero el
por una escalera eléctrica, y después otra y otra más. En el periódico siempre le producía un raro deleite porque recorda-
noveno piso vio el apartado para literatura extranjera en ver- ba ese cuento tan redondo en el que un hombre compra un
sión original. Tocó la portada de algunos libros de narrativa periódico y descubre que es un ejemplar con fecha e informa-
contemporánea que él ha preferido ya no leer. En el siguiente ción del día siguiente. Vuelve a diario al mismo quiosco para
estante encontró una nueva edición de las obras completas de comprar el periódico y explotar su hallazgo. Primero se hace
Borges que no conocía. En la pasta dura una litografía del viejo rico apostando por el seguro ganador en eventos deportivos.
ciego, ojos que parecían fijarse en un horizonte hipotético. Su fama se remonta cuando decide además participar en asun-
Abrió el libro en una página al azar. tos locales y nacionales ofreciendo soluciones infalibles a en-
crucijadas legales y políticas. Al final, lee en el periódico del
De estas calles que ahondan el poniente, día siguiente que su muerte ocurriría en las primeras horas de
una habrá (no sé cuál) que he recorrido la mañana. La noticia lo afecta de tal forma que sufre un paro
ya por última vez, indiferente cardiaco e inevitablemente muere. "El Hado debe tener un
y sin adivinarlo, sometido
sentido del humor fatal", pensó.
Bebía un poco más de café cuando sonó el teléfono. Su
a Quien prefija omnipotentes normas
y una secreta y rígida medida hija pasó de la bienvenida a una consulta sobre historia
a las sombras, los sueños y las formas napoleónica.
que destejen y tejen esta vida. -¿Cuáles libros debo leer papá?
..
,,

Lo cerró con un impulso nervioso y abrió los ojos en el


-Todos .
-Eso me dices porque ya te los has leído todos y hasta
momento en que sus palmas chocaban produciendo un aplau- varias veces, estoy segura. Pero yo no tengo tanto tiempo
so expansivo que lo hizo cimbrarse. Descubrió que sudaba, y -rebatió ella.
"'
mientras lavaba su rostro con agua fría debatía en su interior si -Hija, el único que tiene las horas contadas soy yo. Ade-
el sueño debía entrar en la categoría de la pesadilla. más, entre más lees más te das cuenta de los incontables libros
Ella le preparó una taza de café que humeaba en la mesa que nunca leerás. Eso siempre es deprimente, pero así es.
de la cocina. Sintió que la acidez caliente lo reconfortaba y le -Te propongo algo. Si me mandas por correo electróni-
devolvía el silencio del sueño. Recobró el ritmo de su respira- co una lista reducida con tus recomendaciones, te diré dónde
ción y revisó con su mujer la lista de la despensa que les hacía encontrarás un regalito que te dejé para alegrar tu regreso de
falta para volver a la vida en casa. Le pidió que no olvidara un la vieja Europa.
periódico para actualizarse. "Eso, suponiendo que aún existe

128 129
-Bien. Tú ganas. Saltó temblando estrofas abajo:
-Búscalo detrás de tu computadora, en la oficina. Me
cercioré de que no lo tenías, así que creo que te gustará. Gra- Para siempre cerraste alguna puerta
cias papi, chao. y hay un espejo que te aguarda en vano;
Apenas colgó, caminó con una sonrisa extendida sobre el
Sus ojos, desorbitados, alteraron una vez más el orden de
rostro hacia su oficina. Lo sorprendió el matiz oscuro del ro-
los versos:
ble en los libreros que siempre olvida en sus viajes y que lo
hace sentirse en casa ajena. Las cortinas estaban cerradas y Hay, entre todas tus memorias, una
golpeó una de sus rodillas con el sillón de cuero negro que no que se ha perdido irreparablemente;
alcanzó a distinguir.A tientas encontró el paquete. "Un libro, no te verán bajar a aquella fuente
como siempre'', pensó. Encendió una lámpara y se sentó para ni el blanco sol ni la amarilla luna.
abrirlo. "Esto amerita la primer licencia de tabaco del día",
decidió y sacó un Marlboro reseco de un cajón de su escrito- Convergieron en esa página el sueño y la luz difusa del
rio. Succionó la primera bocanada y rasgó la envoltura dora- atardecer en su biblioteca. En el cruce, la decisión emergió del
da del Sanborn's. olvido para agitar su conciencia como las turbulencias sacu-
r
,¡,
Su corazón ya había entrado en la arritmia antes de que el den con frecuencia los aviones cuando vuelve a París. La de-
cigarrillo tocara el suelo después de distender los dedos de su cisión, la decisión.
mano izquierda, que a pesar de ser aquella con la que escri- Dio unos pasos hacia atrás y maldijo a Borges por mediar
bía, la más fuerte, ahora se aflojaba como un nudo mal atado. la reincidencia.Entre bríos anacrónicos,se irguió con la digni-
Era el volumen de la obra completa de Borges que había so- dad del héroe joven que camina con paso firme a la boca del
ñado. Hasta ese momento creía que esa edición no existía. cañón o a las alturas del patíbulo, al pie de la muralla de una
"La memoria a esta edad te juega bromas pesadas, como el ciudad largamente asediada.
humor del Hado", dijo murmurando.El cigarro ya comenzaba Giró sobre su propio eje y uno a uno los fue observando.
:~ a chamuscar el suelo de madera y le gustó el olor ahumado. "Te voy a encarar, decisión canija, de una vez por todas".
No sin esfuerzo,se inclinó en su sillónpara alcanzarlo.El tomo Caminó pegado a los libreros empotrados en las paredes.
resbaló entonces de sus piernas, cayó de canto y se acostó Recorrió el rectángulo por completo y al llegar al punto de
abierto en el suelo en una página que él pronto reconocería. partida ya cargaba cuatro libros. Los colocó sobre el escrito-
rio y de inmediato subió la escalerillapara alcanzar el segundo
Si para todo hay término y hay tasa nivel. Regresó con cinco más y los extendió junto a los otros,
y última vez y nunca más y olvido que ya cubrían por completo la superficie de la mesa de tra-
¿quién nos dirá de quién, en esta casa, bajo. "No es suficiente'', se insistió. "Hay ausencias imperdo-
sin saberlo, nos hemos despedido? nables". Y continuó la búsqueda.

130 131
Ella tardó porque en el supermercado se encontró con una Ella avanzó tropezando sobre los volúmenes abiertos.
amiga muy querida. Tomaron un té cerca de allí y ella le contó Aprovechó el desequilibrio, al llegar, para abrazarlo con más
sobre París. La nitidez de sus imágenes consoló la desolación fuerza. Ninguno de los dos vio cuando su afilado tacón rasgó
que sentía la amiga que pronto morirá sin jamás haber pisado la hoja del poema de Borges:
Europa. "Siempre se puede", argumentaba ella. "Míranos
nomás, que seguimos yendo como por nostalgia, como si sólo Tras el cristal ya gris la noche cesa
así fuéramos fieles a nosotros mismos". y del alto de libros que una trunca
En eso pensaba a la hora de abrir la puerta de la casa. En sombra dilata por la vaga mesa,
cómo han tenido que ir desafiando a los años para no dejarse alguno habrá que no leeremos nunca.
vencer por el golpe de la edad acumulada. Le aterra la impo-
sibilidad de juzgar si es un triunfo de la voluntad o de la iner-
cia. No pensó más, porque al entrar en la biblioteca la escena
fulminó su calma.
Primero tuvo la impresión de que habían sido víctimas de
sucios ladrones para quienes lanzar todo al suelo es etapa im-
prescindible de un atraco. Pero notó que la chapa de la puerta
no había sido forzada y que el resto de la casa estaba en or-
' ·• · · ' ' 1 •• , , 1 ~I¡

den. Recuperó algo de tranquilidad cuando, detrás del escri-


'''
torio, vio por fin su figura encorvada, hurgando desesperado
entre algunos estantes.
•... -No puedo, no puedo decidir -gemía .
' '11 Ella permaneció de pie y no atinaba a intervenir en el silen-
cio. Sin despegar la vista del suelo de madera, ahora cubierto
en su totalidad por volúmenes abiertos, él recorría las páginas
abiertas y sus renglones, esos indistintos horizontes paralelos.
Algunos folios habían sido espolvoreados por la ceniza de los
cigarros que no paraba de fumar desde su encuentro con el
poema de Borges.
-Pensé en quemarlos, pero eso sería peor -dijo el viejo
escritor, su voz afiebrada, su mano derecha tensando el cabe-
llo blanco. -No puedo ...

132 133
Menos su vientre

asaron unas semanas en que no supe más de Juliet. Du-


11"
1¡'
r

,,,'111
P rante ese tiempo, Podestá se reunió una sola vez con-
migo para trámites brevísimos e impersonales del doc-
torado. Canceló su horario para recibir estudiantes en su ofi-
cina, argumentando trabajo y viajes. Creí que lo sabía todo,
que confrontarme era cuestión de tiempo.
Hasta ese día en que volví a Machado de Assis: El amor,
por ejemplo, es un sacerdocio, la reproducción de un ri-
• tual. Como la vida es el mayor beneficio del universo, y no
1 ,:1
hay mendigo que no prefiera la miseria a la muerte, se
sigue que la transmisión de la vida, lejos de ser una oca-
sión de galanteo, es la hora suprema de la misa espiritual.
Por lo tanto, no hay verdaderamente más que una sola
desgracia: no nacer.
Recordaría la cita después de que me llamaran desde la
recepción, muy temprano por la mañana, esa semana helada
de enero. Juliet me esperaba sentada, sorbiendo un café que
le ofreció Ernesto y que le calentaba las manos. Creo que
temblaba. Dejó el café en una mesa y sentí sus palmas calien-

135
tes deslizándose de mis mejillas hacia el cuello. Me lo dijo en Menos su vientre,
voz tan baja que pensé que había oído mal. Salimos de la todo es oscuro.
Casa de México y caminamos por el zacate de la Cité Menos su vientre
claro y profundo.
Universitaire. Pensé que me caería si no me sostenía de su
brazo. Nos sentamos en un banco de piedra y no me dejó
Pensé que podría editarme yo también Mateo. Que la lite-
hablar mucho. Se disculpó por su silencio. Me habló de tu
ratura, si es que pudiera servir para algo, debería servir para
nombre, Mateo, luego me entregó una carta. Y se fue.
imaginar la vida perfecta que nunca podremos alcanzar. Edi-
Había sesión del taller esa noche. Dejé en mi escritorio el
taría mi realidad arrastrando culpas, obligándolas a desgas-
cuento que se suponía que leería. Cuando tocó mi turno, sólo
tarse en la lija de la página en blanco. Las borraría y en su
podía pensar en Juliet caminando lento por el Boulevard Saint
lugar impondría una solución imposible, apenas legible en ese
Michel, del Jardín de Luxemburgo a la Plaza de la Sorbona
cuento que ya no pude leer.
para esperar a Podestá. Juliet en el mercado de Port Royal,
-No soy sicóloga-dijo Beatriz más tarde, mientras me
comprando verdura para una sopa vegetariana. Juliet revisan-
servía un mezcal en el depa de Harmodio- pero creo que ha-
1f ~: ! 1 do libros para niños en los puestos al lado del Sena. Juliet
,, ces bien dejando salir todo en cada cuento. Sólo te pido que
,,J
sintiéndote por primera vez, Mateo. Juliet sintiéndote sin mí.
no pierdas el piso: hay un niño de por medio, OZ, por favor,
Llegué al taller y recité un poema de Miguel Hernández
que dije haber huiquificado: mejor escribe las pendejadas antes de hacerlas. Aquí te las
tallereamos, no te preocupes.
Menos su vientre, -Tiene razón, huiquibroder-secundó Harmodio-ya ves
, 'il

todo es confuso. qué caras salen las erratas.


Menos su vientre, -Más caras que ese café sobrevaluado y kitsch que te
• todo es futuro emperras en pagar en Les Deux Magots -dijo Beatriz-. Hace
fugaz, pasado mucho que deberíamos haberle tirado una molotov a ese pinchi
¡'I :·1

'.f ,1
baldío, turbio. antro cliché.
Me hacía falta desesperada esa dosis de realidad cortan-
Menos su vientre, te. Aprender a ver las cosas en su materialidad precisa, a re-
todo es oculto.
conocer sus limitaciones, a disipar la neblina de la ficción para
Menos su vientre,
hacer aparecer sus referentes tal y como son, objetos comu-
todo inseguro,
todo postrero, nes, finitos, intrascendentes. Como las dos estatuillas de ma-
polvo sin mundo. dera de comerciantes chinos -los dos magots-, dentro del
café: símbolos dislocados que ya sólo recuerdan las guías de
turistas.

136 137
Vaciamos el mezcal y me dejaron dormido en el sillón de JULIO
visita en la sala. El baño del depa estaba dentro de la recáma-
ra. Cuandotuve que ir en la madrugada, los vi dormidos, abra-
zados, la sábana blanca descubriendo la espalda desnuda de
Beatriz. Recordé que esa noche en el tren en realidad no dor-
mí a su lado: me dediqué a observarla, a escuchar su respira- Juan Rulfo en el jardín
ción, a acariciar su mano como si fuera la última noche de una
pareja que se despide en las vísperas de una guerra, como si
velara su sueño en un cuarto de hospital, a punto de sucumbir
a un cáncer terminal.
Las pocas horas que dormí en casa de Harmodio soñé
con una tarde de septiembre en la frontera. La casa era gran-
de, muy parecida a la de mis padres en Juárez. Allí recibía la Para Irma Cantú y Enrique Fierro,
visita de Podestá y de Juliet. Había un patio que yo podía ver los padrinos.
,,
11·:

J .. '
desde la sala a través de una larga puerta cancel de cristal
,, ···1
grueso. Teníaun perro inteligente y hermoso, que me recordó
la anécdota de un reportaje que hice en la frontera. Mi sueño,
..'• afectado por la imagen de ese texto, produjo una escena im- ¿Qué es el bautismo?
posible pero que se transformó en un ritual de religiosidad Es una ablución de agua con la palabra.
'· literaria, algo parecido a estas páginas. Cuando volví a casa
escribí este cuento, Mateo, para una nueva edición imaginaria SAN AGUSTÍN,
de la errata de mi vida. Comentario al Evangelio de Juan 15:4
!
¡" ,;11

(:, :,,1

,1,I''"

J
uan Rulfo me observa desde el otro lado de la puerta can-
cel. No le impongo (aunque a veces no puedo evitarlo),
una sonrisa que nunca podrá dibujar. Observo, en cam-
bio, la carga melancólica de sus ojos. Como si pudiera antici-
par el final que vendrá muy pronto. Como si yo, al momento
de escribir estas líneas, debiera saberlo también: que el tiem-
po está tan cerca. Me observa desde el otro lado del cristal y
por un momento creo que intenta decirme algo.

138 139
*** ción no tuvieran que esforzarse más allá de Olí. Mi amigo
Harmodio propuso Eleno Garras para que le hiciera compañía
No soy Juan Rulfo. Soy una doble negatividad. No puedo a su Octavio Pez, que nadaba solitario en la pecera de su
serlo, obviamente, porque sólo Rulfo fue Rulfo. Pero tampo- departamento con una aguda depresión que lo mantenía de-
co soy el perro que recibió ese nombre durante una noche que bajo de un alargado coral multicolor de plástico. Pero Juliet,
colindó con el sacrilegio. Se entenderá mejor contando la his- desde su infinita capacidad inventiva, barajó su enciclopedia
toria: OZ, sin temor de Dios ni del ridículo, usurpó junto con palabrera mental y le asestó el muy perruno Juan Rulfo, autor
sus amigos el rito del bautismo para darme el nombre de un de una obra tan breve (aunque esto todavía no lo sabíamos) ·11
gran escritor en la sala de la casa. La ingenuidad a veces pare- como la vida de su tocayo.
ce ternura y en otras estupidez. Supongo que esa noche fue
una mezcla de ambas, pero no seré yo quien lo juzgue. Tam- ***
poco será Rulfo. Desde hace tiempo, según entiendo, ese nom-
bre no es más que un murmullo. El zacate del patio es muy fresco en septiembre. El rocío se
adhiere a mi piel con suavidad, como las chispas del agua
11':
,¡ *** bendita que mis padrinos de bautismo, Podestá y Juliet, di-
,,1 seminaron por mi frente. Luego ambos juraron ante Harmodio,
11111

La idea tuvo su origen en mi profesor, Podestá, quien me con-


.'1
' que ofició la ceremonia, que yo estaba dispuesto a seguir el
tó que tuvo un perro llamado Macedonio Fernández, allá en
camino del Señor, sin correa ni acondicionamiento pavloviano
'· 1;'
su natal Montevideo, que es donde siempre empieza todo,
'"111 previo:
',, me asegura. Un día lo visitó Juan Carlos Onetti y cuando se
-Harmodio: ¿Qué nombre habéis elegido?
enteró del nombre del perro, se mostró ofendidísimo. Podestá
-OZ: Juan Rulfo.
asumió que Onetti daría por animalizada la dignidad del escri-
-Harmodio: ¿Qué pedís a la iglesia para vuestro hijo?
tor argentino.
-OZ: ¿Un hueso?
..
1¡"

(1 :,'
-"Pero che, si al perro lo queremos mucho" -argumentó
Podestá en su defensa.
-Podestá y Juliet: Un nombre .
-Harmodio: Al pedir el bautismo para vuestro hijo, ¿sa-
-"¿Y por qué entonces no le pusieron Onetti?" -respon-
béis que os obligáis a educarlo en la fe, para que, guardando
dió antes de marcharse desairado.
los mandamientos, ame al prójimo, como se nos enseña en el
Inspirado por mi profesor, consulté a todos mis amigos en
Evangelio?
el doctorado para encontrar el nombre literario de mi perro.
-OZ: Sí, lo sé.
De la votación surgió una tema final. Amí me gustaba Oliverio
-Harmodio: Y vosotros, padrinos, ¿estáis dispuestos a
Girondo, para que los gringos monolingües lo llamaran Oliver !,
ayudar a su padre en esta tarea?
sin dificultad y para que los más faltos de lecturas e imagina-

140 141
r
1,

-Podestá y Juliet: Sí, estamos dispuestos. cernos de nuevo por el Espíritu Santo. Juan Rulfo, yo te bau-
-Harmodio: Juan Rulfo, la comunidad te recibe con ale- tizo en el Nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo. 11
gría. Yo, en su nombre, te signo con la señal del Salvador. Y Eres ya una nueva criatura. Fortalece, oh Señor, a tu siervo
vosotros, padre y padrinos, haced también sobre él la señal. Juan Rulfo, con tu Espíritu Santo. Dale poder para servirte y 11
susténtale todos los días de su vida. Amén. 1111

*** 11'1

***
Ignoro si Juliet es en realidad creyente. Es poeta. Se toma
muy en serio la palabra escrita. Es probable que haya sido Juan Rulfo asumió su nombre con una rapidez sorprendente. 111

bautizada alguna tarde aletargada en una pequeña iglesia de Aunque a veces lo llame Juanito, Johannes, Rulfino Tamayoo ;

Montmatre, dibujando la misma sonrisa, a escala de pequeña Rulfián, Rulfo atiende de inmediato. Excepto cuando sale al
bebé artista mientras la postraban en un frío altar de piedra jardín, donde se transforma. El mundo le resulta un enigma.
caliza. Me cuesta trabajo imaginarla en misa, de rodillas o de Constantemente parece decidido a vencer su peso específico,
pie, esperando tomar la hostia de manos del cura. Y sin em- sobrevolar la cerca y explorar. l1
4':
1'
bargo: el ritual la conmueve. Repite con solemnidad sus inter- 11

1
,, ' venciones. De Podestá esperaba la inteligencia y la sensibili- ***
dad vital. De Juliet recibimos poesía.
No consiguieronhostias, lo cual tal vez sea una atenuanteen el
*** Juicio Final. Pero OZ destapó una botella de vino tinto que
llenó un falso cáliz de cristal barato y que estoy seguro le será
Repasemos la escena. Quien encuentre poesía, que lo notifi- recriminada antes de ser lanzado a las Llamas Eternas. No me
que por escrito y con sello oficial de notaría.Aquí hay de todo, olvidaron en su brindis pagano, y esa noche probé la amargu-
menos poesía: ra del Tannat. Está por demás afirmar que el rocío del zacate
-Harmodio (de pie, con texto de rito bautismal e hisopo es de un gusto infinitamente más refinado. Eso le enseñé a
en mano): Juan Rulfo, ¿Renuncias a todas las seducciones del Clara, entre otros secretos que poco a poco nos fuimos reve-
mal, para que no domine en ti el pecado? lando a lo largo de nuestras conversaciones.
-Podestá y Juliet: ¡Sí renuncia!
-Harmodio: ¿Renuncias a Satanás, padre y príncipe del ***
pecado?
-OZ: ¡Sírenuncia! La plaquita de identificación que le compré en PetSmart sólo
-Harmodio: Te damos gracias, Padre, por el agua del tiene espacio para su nombre y mi teléfono celular. A veces,
Bautismo. En ella, somos sepultados con Cristo en su muerte. cuando corre, Rulfo se desespera por el sonido agitándose en
Por ella, participamos de su resurrección. Mediante ella, na- sucuello.En buscadel silencio,ahoracorremordiendoel metal.

142 143
Una tarde dejó de mordisquearla para observar con fijeza la la ceremonia y para calmar un frío repentino que lo puso a
copa del nogal del patio. Inamovible, lo descubrí junto a una temblar. Supongo que recordamos el azul nublado en las imá-
ardilla que le sostuvo la mirada, aferrada verticalmente al tron- genes de la Virgen de Guadalupe. Yopensaba más bien en el
co, cabeza abajo. Cuando regresé de servirme un café, los cielo escampado de esa noche. Envuelto en azul cielo, Rulfo
dos seguían dominándose la mirada. Horas más tarde conti- dejó de temblar.
nuaba la escena, pero la ardilla estaba cada vez más cerca de
Rulfo, sus hocicos casi tocándose. Por la noche, tuve que ***
meterlo a la casa en brazos, tal vez interrumpiendo un beso ya OZ se divertía esclareciendo su medianía intelectual con ayu-
inevitable. Desde nuestro lado del cristal, Rulfo mantenía la da del Diccionario de Autoridades que compró hace poco
mirada como si cumpliera el rigor de una promesa antigua. en una rebaja por intemet. Lo escuché leer una entrada en voz
Cerré la persiana de la puerta cancel para impedir que siguie- alta, mientras preparaba aperitivos para recibir a mis padrinos
ran viéndose. Conseguí que Rulfo se durmiera después de la y al pseudooficiantedel bautizoque contoda seguridadarderán
medianoche. por igual en el Fuego Eterno:
-"El lanzar debajo del agua, y el sacar de ella al bautiza-
4':
i ·: *** do significanmuerte y vida, resurrección y sepultura", escribe
,,11
fray José de Sigüenza en su Vidade San Gerónimo de 1595.
-¿Qué es el bautismo?
El verbo viene del griego, con una raíz etimológica que nos
-Es el rito para dar un nombre.
conduce a sumergir o lavar.
-¿Qué es un nombre?
¡,¡, -¿Entonces ya no hay que bañar a Rulfo este mes? -
11
-Es la manera en que puedes quedarte con alguien o ha-
preguntó Harmodio, que tiene de gracioso lo que OZ de eru-
cer que alguien se quede contigo.
dito en el Dogma.
-¿Por qué se queda?
Nada tenían que lavar de mi rostro, que yo procuro man-
-Porque el nombre lo contiene. Cuando lo pronuncias,
tener pulcro con el agua transparente de mi plato, con la lluvia
esa persona regresa a ti.
a veces generosa al amanecer en la frontera. Si alguna sucie-
-Yo no tengo nombre, Juan Rulfo.
dad tenía esa noche, fue la costra escarlata del vino en mis
-Yo puedo darte uno.
bigotes, bebida infernal que yo no solicité. No es gratuito que
el Autoridades incluya otra sentencia en las diferentes acep-
*** ciones del verbo bautizar y que Harmodio repitió con soma a
Harmodio hablaba pausadamente y conseguía un tono solem- OZ después de la blasfemia: "Metafóricamente, y con poco
ne que nos fue embargando.Podestá y Juliet cubrieron a Rulfo respeto y decencia se dice por echar agua al vino: como lo
con un manto azul que a todos nos resultaba apropiado para ejecutan de ordinario los taberneros que lo venden".

144 145
*** veterinarias y los establecimientos donde se venden anima-
les exhiban un cartel explicando la prohibición, que estará
No es que hayamos minimizado el carácter blasfemo de lo
sujeta a multa o a prestación de servicios comunitarios.
que nos proponíamos a hacer, pero algo dentro nos tranquili-
Además, plantea que los parques, acuarios y zoológi-
zaba. Luego recordamos los ritos cristianos para bendecir
cos promuevan concursos para bautizar animales y acon-
animales. Cuando intentábamos justificar nuestra probable
seja a los eventuales jurados "desestimar" los nombres
afrenta sacramental, Harmodio encontró una dosis de
comunes a las personas.
antisolemnidad en la red. La transcribo:
El nombre "es símbolo de la personalidad humana, ya
Distrito Federal, 1 de septiembre, 2009 (Proceso) - Un
que se desarrolla un todo con el sujeto y no se extingue
diputado de Puebla presentó este jueves un proyecto de
con su muerte. Es una necesidad estrictamente humana y
ley sugiriendo prohibir bautizar mascotas con nombres de
no tiene ninguna importancia o utilidad psíquica o social
persona, so pena de multo. asegurando que el tema en
para los animales, por más queridos que éstos sean", indi-
México es causa de problemas psicológicos.
ca el texto.
"Esta propuesta evitará los padecimientos y prejuicios
El proyecto fue presentado con carácter de exclusivo y
psicológicos ocurridos en los desgastantes encuentros entre
está siendo analizado por la Comisión de Moral, Buenas
hombre y animal que comparten el mismo nombre", señala
Costumbres y Mejores Conciencias creada recientemente
el proyecto de ley presentado por el diputado José María
por lafracción panista de la Cámara de Diputados y res-
Guadalupe Barrios Fox, del Partido Acción Nacional (PAN)
paldada ampliamente por el Presidente de la República, el
y cuya copia obra en poder de la revista Proceso.
Ing. C. Felipe de Jesús Natividad de la Inmaculada Con-
El diputado aseguró haber recibido en los dos últimos
cepción Johnson.
años "por lo menos 2,000 correos electrónicos" de perso-
Harmodio y yo razonamos que el proyecto de ley del di-
nas, sobre todo del interior de México, quejándose porque
putado Barrios Fox no censuraría nuestro bautismo ya que:
sus nombres coincidían con los de perros, gatos, peces,
caballos y otros animales domésticos.
a) Juan Rulfo no compartiría su nombre con una persona
"Se da una situación graciosa y triste al mismo tiem-
porque Juan Rulfo está muerto y ya no puede darse
po, pues se han producido muertes por esta causa porque
por aludido. La opinión de su familia es francamente
hubo quienes bautizaron sus caballos con nombres de per-
irrelevante (salvo en materia legal, pero como esto es
sonas, incluso en San Tizoc Arcángel, Puebla, el pueblo
un cuento tal vez se salve de una demanda de los here-
natal del licenciado Barrios Fox ", dijo por su parte una
deros, que según entiendo están incluso disputando el
portavoz de la oficina del diputado, sin más precisiones.
uso del nombre en premios literariosestablecidoshace
El proyecto, que destaca "lafunción individualizadora
décadas).
e identificadora" de los nombres, propone que las clínicas

146 147
b) El bautizo no es una necesidad estrictamente humana No cometeré la torpeza
y cualquier veterinario certificará que tiene una utilidad de ponerme a elogiar a Juan Rulfo
psíquica y social para la relación entre perro y ser hu- sería como ponerse a regar el jardín
mano. en un día de lluvia torrencial.
c) La personalidad de Juan Rulfo (mi perro) es clara-
mente humana e inextinguible ante la muerte. ***
d) Yo voto por el PRD. Tenía que llamarla de algún modo. OZ la llamó Ardilla Enamo-
rada. Yo sé que su nombre es Clara. Cuando bajó por primera
*** vez del árbol, le enseñé a beber agua en el jardín. Clara se acer-
OZ y Harmodio no ocultaron su insondable ignorancia al bus- có con miedo. Yo me incliné despacio y lamí el zacate como si
car en internet el texto del rito. Los recuerdo intrigados, sal- diera por primera vez un beso. Ella me imitó literalmente.
tando de una página a otra, del diccionario eclesiástico al
Larousse, de la Real Academia a la Wikipedia, hasta que por
***
f fin saciaron su vocación de heresiarcas con un párrafo al que Juliet dejó que Rulfo se durmiera entre sus brazos. Yo veía su
4 :,,
j
4 ,
.
después concederían la trascendencia del consuelo: respiración acompasada inflamando su pecho. Rulfo entreabría
"Con su Bautismo, Jesús experimentó su vocación, acep- un ojo y confirmaba el pecho de Juliet, luego volvía al sueño
tando la misión y el destino que lo llevarían a su muerte violen- profundo.
'•
ta. Así se explica que las dos únicas veces que Jesús utiliza el -Podestá, ¿se acuerda del poema de Borges que se titu-
verbo bautizar (Mateo 10,38; Lucas 12,50) sea para referirse la "Los justos"? Siempre que veo a Rulfo dormir pienso en
a su propia muerte. Es decir, el bautizado ha muerto a una ese verso de una ternura irrepetible: El que acaricia a un
forma de existencia, para nacer a otra nueva que no acabará animal dormido.
jamás." -El quejustifica o quiere justificar un mal que le han
hecho-continuó Podestá.
*** -El que agradece que en la tierra haya Stevenson.
Podestá perdía la mirada por momentos mientras su boca ar- -El que prefiere que los otros tengan razón.
ticulaba un texto inaudible. Pensé que recitaría versos egre-
-·Esas personas, que se ignoran, están salvando el
gios, algo de Quevedo o de Fray Luis. Luego volteó a verme mundo.
Podestá me sonrió, como aprobando los humildes alcan-
y declaró en voz alta y ojos saltones, como seguro hace Nicanor
Parra: ces de mi memoria. Después cubrió a Rulfo con el manto azul.

148 149
*** ***
-Te llamarás Clara. -¿Por qué quieres irte?
-¿Y cuando pronuncies mi nombre, seré tuya? -Porque el mundo debe ser mayor de lo que imagina-
-Sí, y además sólo serás mía, porque nadie más conoce mos. Porque creo que más allá estarán otros que han recibido
tu nombre. nombres como nosotros, nombres secretos, que podrán de-
-Pero tú no serás sólo mío, porque ellos te dieron tu cimos qué significa todo.
nombre. -¿Por qué tienes que saberlo todo?
-Dame otro, un nombre secreto que sólo tú conozcas y -Porque creo que somos parte del Nombre que contiene
que sólo tú puedas pronunciar. todos los nombres. Quiero saber dónde empieza todo. De
-¿Yo también puedo bautizarte? dónde vengo y de dónde vienes tú. Pero sobre todo, Clara,
-Todos pueden bautizar a alguien. quiero saber hacia dónde vamos ahora, para encontrar lama-
-¿Y qué pasará cuando te llame? nera de quedarme allí, contigo, toda la vida.
-Vendré.
-¿Y te irás después? ***
-No me iré nunca si no olvidas mi nombre.
-¿Hablo con el señor Rulfo?
-Lo pronunciaré todos los días, al amanecer, cuando el
-¿Cómo dice?
zacate del jardín sea un río desbordado de rocío. Tú y yo
-No sé cómo decirle esto, su perro salió de la nada y se
caminaremos por encima de las aguas, hasta el atardecer,has-
me atravesó en la calle. No pude frenar a tiempo.
ta todos los atardeceres del mundo.

*** ***
Esa mañana dejé a Rulfo continuar su idilio en el patio. Corrió Recuerdo la lluvia. Otras texturas del zacate que no conocía.
un poco, luego dio algunas vueltas al nogal y pronto vi a la Había más nogales, el cielo se expandía. Clara me seguía en-
Ardilla Enamorada bajar a su encuentro habitual. Rulfo se re- tre los árboles. Gritábamos que el mundo podía ser nuestro.
costó y comenzó a lamer con cuidado el rocío del zacate. La Que lo bautizaríamos también. Que cada vez que pronunciá-
ardilla lo observaba inmóvil. Me puse a escribir. Más tarde, ramos su nombre volvería a nosotros y nosotros a él. Que el
mientras me servía otro café, escuché algunos ladridos. Cuan- mundo y el nombre de algún modo son la misma cosa.
do salí al patio, Rulfo ya no estaba allí.

150 151
*** ***
Harmodio me habló con la voz de alguien que regresa a casa Me fui de la frontera cuando terminó la primavera. Juan Rulfo
después de un vendaval. Yo pensé que ya se había enterado. me observa desde el jardín, enmarcado en una esquina de mi
Pero Octavio Pez saltó de la pecera esa misma mañana, cuan- escritorio. La fotografía va cambiando de tonalidades. Se va
do Harmodio se encontraba en la biblioteca. Cayó sobre un deslavando. Pero Juan Rulfo me observa. Escribo y leo,
libro de Nietzsche que estaba sobre la cama. La pequeña reescribo y vuelvo a leer. Tengo para mí que algo mayor que
mancha de agua delineó la forma del pez, como si al caer ya la memoria aparecerá de nuevo en estas líneas.
no se hubiera movido y hubiera preferido quedarse dormido
en la portada gruesa donde un loco asegura que Dios ha muerto
desde hace tiempo. Tal vez quiso averiguar si era cierto. ***
Mi universo, que OZ llama el jardín, es ahora inmenso. A ve-
*** ces creo que es infinito. Me consuela una melancólica solu-
Recuerdo un destello metálico. La velocidad. Los ojos de Clara ción: me imagino observando esa fotografía que OZ comenta
suspendidos, observándome, agitados desde la altura de un en su escritorio y sé que su descripción no podrá ser agotada.
árbol que ya no alcanzó a descender para venir a buscarme. OZ me concede esa gracia ensayando estas páginas. Supon-
go que, aún sin escribirlo, Juliet, Podestá y Harmodio harán lo
*** suyo. Los justos con frecuencia ignoran que lo son, limitados
por la torpeza de su ternura. Confío en que ninguno olvidará
La Ardilla Enamorada apareció hace algunos días. Casi me las muchas otras maneras que quedan de contar, de salvar, mi
derramé el café en la camisa cuando la vi en el jardín, su pe- historia.
queño cuerpo apenas distinguible entre el verde todavía oscu-
ro del amanecer. Creo que bebía el rocío del zacate.

***
Dije que no soy Juan Rulfo, pero sé que hay algo falso en esa
negación. No soy Rulfo pero habito su nombre. Nadie que lo
pronuncie puede deslindar mi presencia. Soy eterno en el es-
critor. Él ahora es eterno en mí.

152 153
Tu nombre, Mateo

E
sa mañana de enero en que vino a verme a la Maison
du Mexique, Juliet me contó que vio la imagen la pri-
mera vez que fue a Roma, algunos años atrás, cuando
presentó la traducción al italiano de su primer poemario, el
que robé en Juárez, Mateo, los versos que no dejan de sor-
prenderme y que te harán quererla aún más y te darán más
motivos para perdonarme, o para intentar perdonarme. Pero
vue1vo al asunto: la pintura está en la iglesia San Luigi dei
Francesi. Caravaggio pintó tres, pero sólo La inspiración de
San Mateo sometió su atención. Un joven padre se acercó a
Juliet para apostillar su contemplación del cuadro, con un fran-
cés magrebí que contenía las resonancias de las planicies abier-
tas de África. "El viejo Mateo, vestido en una túnica con to-
nos naranja y amarillo, escribe sobre una banca de madera.
Lleva una barba larga y la aureola que lo santifica. Su pluma
es delgada y en su mano izquierda encierra algo, ¿lo observa?
Acaso el pigmento para continuar escribiendo. Mateo parece
obedecer la urgencia de escribir inducida por un niño ángel,
que aparece en la derecha superior del cuadro". Juliet no es-

155

J
1111

taba segura de ver las alas, pero el ángel flotaba envuelto en ángel, la tierra y el cielo. "Otro problema clave radica en la
una sábana blanca con sus dos extremos formando semicírcu- atribuida primacía del Evangelio de Mateo sobre los otros. El
los. Todo era oscuridad entre ellos, pero la sábana parecía Vaticano sostiene que es el primero, pero no han faltado re-
girar como una extraña luz que iluminaba el manuscrito de cientes investigaciones que sugieren que Mateo copió
Mateo. versículos de los escritos de Marcos y llegan incluso a indicar
La piel canela del padre resaltaba el iris ámbar de sus ojos que hay una alta probabilidad de que ambos estuvieran refi-
que Juliet creyó haber sentido antes. No buscó una conversa- riéndose a una fuente primaria que se perdió en las oscuras
ción con ella. Sólo quería comentar el cuadro, discutir algunos turbulencias del tiempo". Mateo -actualizando la crítica (y aquí
aspectos del Evangelio de Mateo. "El dogma le atribuye a es donde, en sintonía con Juliet, esta historia me resulta aún
cada uno de los evangelistas una de las cuatro bestias que más interesante)-- huiquificó el Evangelio de Marcos sin inten-
aparecen en el Apocalipsis. A Marcos le corresponde el león, tar cubrir su delito. De ese otro texto primario, saqueado sin
a Lucas el ternero, a Juan el águila, pero la bestia que repre- miramientos, ni siquiera sobrevive la migaja de una referencia
senta a Mateo tiene un rostro humano. La iglesia prefiere que para la historia.
sea más ángel que hombre, señorita, pero nadie fuera de los El padre recordó a Juliet que al Evangelio de Mateo lo
~'.' ':'·,
fl secretos divinos conoce el razonamiento que produjo la trans- distinguen dos objetivos: 1) trazar la genealogía de Jesús, con-


mutación. Es posible que la escasa humanidad le pareciera in- tando cada una de las generaciones que lo hacen descendien-
1! suficiente al Concilio Vaticano". Juliet me contó haber ensayado te directo de David y de Abraham; y 2) probar, con rigor ob-
una solución propia en la idea de la quimera, la imagen extraña sesivo, que cada uno de sus versículos sostiene la exactitud y
de algo que parece hombre pero que implica más: la informidad la validez de las profecías de las antiguas escrituras. "Mateo,
del texto, la deshumanización de una historia que sobrevive en del hebreo que significa regalo de Dios, es el apóstol memo-
papel, sin su autor, sin testigos, sin nadie que la lea. El Evangelio rioso guiado por un niño ángel para escribir el más textualista
tiene un rostro humano como su autor, pero la verdad es que de los evangelios y corroborar de una vez y para la eternidad
fue algo más que un hombre quien lo escribió. la genealogía de la divinidad. Si lo entendemos así, señorita,
El padre entrecerró los ojos y dejó correr algunos segun- comprenderá la fascinación que debe ejercer Mateo en usted:
dos. Volvió la vista al cuadro y continuó: "Los exégetas se Marcos y Lucas son cronistas puntuales de la vida de Cristo.
dividen en cuanto a la autoría del texto. Hay quienes afirman Juan es un dotado y majestuoso lírico. Pero Mateo escribe sin
que Mateo el apóstol no es el mismo que escribió el Evangelio otro arrebato que la pasión de un texto que quiere reconciliar-
pues su nombre cambia en los otros tres relatos, pero la Co- se con el destino trágico de una vida que aún a Cristo le fue
misión Pontificia Bíblica se defiende explicando que Mateo fugaz. Una poeta puede entenderlo mejor que nadie, hermosa
también era llamado Levi y que usar más de un nombre era Juliet".
algo común entre judíos". Dos nombres, dice Juliet que pen- El padre no la dejó responder. Se encaminó hacia el altar
saba sin hablar, indivisibles y de autoría doble: el hombre y el y atravesó una de las puertas de la sacristía. Juliet reconoció

156 157
entonces sus ojos de entre el público que asistió a la presenta-
ción de su libro. No quiso rebajar la intensidad del diálogo
AGOSTO
con las frívolas e irrelevantes preguntas obligadas que truecan
el misterio por la insignificante familiaridad. Optó por irse.
Se conmemora al evangelista el 21 de septiembre. Lo su-
ficientemente cerca de tu nacimiento como para que Juliet de-
cidiera (aunque en realidad lo había decidido antes de salir de
Un licor de pistacho, 111

la iglesia) que su primer hijo se llamaría Mateo. para el muchacho


Por algún tiempo pensé en la urgencia que implica escribir
un texto para salvar el recuerdo de alguien que ha muerto y
que ha dejado un anecdotario que debe cotejarse con su le-
yenda. La mañana en que Juliet me contó esta historia, el mis-
mo día que supe que vendrías, me llené de ese miedo que
Para Aura Estrada,
hermana a todos los padres del mundo: tuve miedo de imagi- quien habita, del otro lado del ocaso,
nar tu muerte, Mateo. entre arquetipos y esplendores.

L a barra de roble era larga, como en el sueño. Comprendí


entonces que la hora del reencuentro había llegado.
Nos sentamos en una mesa del fondo. En las sillas de en-
frente quedaron Miguel y Harmodio, compañeros de un taller
literario donde cada semana intentamos aprender a escribir.
Ellos pidieron vino. Yo sobrevivía a una cruda-recordatorio
de que las borracheras en París no son gratuitas, sobre todo si
mezclas tequila con vino tinto. Me conformé con un Perrier
con limón y argumenté en mi defensa que la época de los es-
critores alcohólicos terminó con el siglo diecinueve. Podrán
acusarme de cualquier cosa, les dije, menos de ser absoluta-
mente moderno. La discusión no prosperó porque ellos me
habían citado allí para que les contara la historia del encuen-
tro, del primero, del que comenzó todo. Esa noche, decían,
podría ser importante.

158 159
-Me senté a esperarlo un buen rato. Roberto llegó y en- -Ah chingá, chingá (doble)-dijo (doblemente)incrédulo
tonces me di cuenta de que yo era el único fan con una copia Harmodio.
de Los detectives salvajes. Hablamos un poco y me firmó su --Okey. Ahí les va: dos amigosroban un banco. En la ruta
novela. Pensé en irme, pero me detuve cuando le dijeron que de escape uno de ellos sale herido y sangrando y toda la cosa,
tenía que volver solo al hotel y las cejas se le arquearon aún pero logran llegar a una cabañaescondida en medio de la nada.
más, como vencidas por el peso de la peor de todas las pre- Pasan cuatro días y la policía los encuentra muertos a los dos,
ocupaciones de un turista despistado: caminar en una ciudad por herida de bala, dentro de la cabaña. El botín está allí mis-
laberíntica sin compañía, hasta perderse. Yo le dije que lo mo, completito. Afuera hay tres tumbas vacías, como recién
acompañaba, que yo sabía el camino del salon du livre a su cavadas o recién exhumadas, depende de cómo se mire. Aho-
hotel en Saint Germain. Por supuesto, mentí. ra, el enigma: sólo con preguntas cuya respuesta sea "sí" o
-¿Entonces no llegó nadie más? -preguntó Miguel, aun- "no", ustedes deben adivinar qué chingaos pasó.
que bien pudo ser Harmodio. -Qué onda loco-dijo Miguel, con su acento sinaloense
-No. Una reportera que lo entrevistó unos 20 minutos. (es de Culiacán, y allí se les da natural la proclividad a los
Pero los reporteros no cuentan. enigmas). Ora lo averiguo a güevo.
-¿Y luego? -¿Puras preguntas de "sí" y "no"? -preguntó Harmodio.
-Conversamos. Me contó de Mario Santiago, su mejor -Sí.
amigo, a quien salvó del olvido transformando su vida en fic- -¿Ah, ya empezó la prueba? -insistió (es de Mexicali, y
ción. Le pregunté: ¿qué había detrás de la ventana? Lo obli- allí se les da natural la insistencia) Harmodio.
gado, pues. -Sí.
-Pinchi suertudo -dijeron los dos, al unísono.
-Salimos del salon du livre. Me acuerdo que hablamos ***
sobre el tejido narrativo, sobre la necesidadimperiosade cons- Le dolía caminar. Se encorvaba ligeramente, y una mueca sa-
truir un secreto que todo relato debe saber conservar. Llega- lía a la superficie con fineza, como una complicada ironía.
mos al hotel y Roberto entró a su habitación y me pidió que Carolina me pidió que lo convenciera de que no fuéramos a
esperara. Luego bajó con su familia para tomar el té. Fuimos cenar lejos, que eligiéramos un restaurante cerca, cualquier
a cenar a un japonés, y ahí es donde se puso buena la cosa.
cosa.
-Ah chingá... -dijo incrédulo Harmodio. -Cualquier cosa Roberto, en serio. No tenemos para qué
-Me hizo una prueba literaria que sólo aquellos con ma-
explorar Saint Germain.
dera de genialidad narrativa pueden superar. Si quieren se las -¿Cómo? ¿Qué va a pensar mi amigo mexicano? ¿Que
hago, pero no creo que alcancen las cervezas de todo París los chilenos no podemos hacerle al Vicente Femández? [Vén-
para alargar la borrachera mientras la ciudad entera y yo es- gase vieja, que vea mi compadre quién manda aquí, chingao!
peramos su respuesta.

160 161
1

--dijo Roberto imitando el acento mexicano. Rodrigo Fresán M. -Un vecino.


dice que el acento que le salía peor a Roberto era el argentino. 0.-No.
Supongo que nunca lo oyó en mexicano. H. -Una vecinita.
En eso pensaba cuando noté la tranquilidad de Lautaro, el O. -No, pinchi perverso.
hijo de los Bolaño. Mantenía las manos en su abrigo largo. La M. -Michael Jackson.
mirada hurgaba el asfalto. Sonreía como tolerando viejas ocu- O. -No, y ya me están asustando.
rrencias, como perdonando algo. Alejandra sí reía en cambio, H.-¿ Tu hermana?
con fuerza, con ganas de ser escuchada. Llegamos al japonés 0.-Latuya.
y comenzamos a saborear todas las combinaciones de sushi. H. -Creí que sólo podías responder "sí" o "no".
Alejandra tomó entonces el oso de peluche con el que venía O. -Las reglas las pone el narrador. También las
entreteniéndose desde el hotel y lo lanzó al otro extremo del excepciones.
restaurante, estrellándose en la pared. Calló mientras Lautaro
lo recogía y se lo devolvía a la carreola. En cuanto llegó a sus ***
manos, Alejandra rió de nuevo y una vez más el oso cruzó el
No ha sido fácil, me dice. El dolor avanza. Sólo puede tomar
restaurante, volando.
agua o té.
-Tal vez me quede antes de la operación, antes de llegar
*** mi tumo en la lista de espera para el transplante de hígado.
M. -¿El amigo asaltante se murió de las heridas o fue asesi- -No digas eso, Roberto.
nado? -Escribí algunos libros buenos. Hay gente que me lee.
O. -Esa no es pregunta de "sí" o "no". Tengo a mi familia. Está bien.
M. -Se murió de las heridas. -Vas a estar bien -agregué y no pude evitar sentirme irre-
O. -Sí. mediablemente estúpido.
H. -El asaltante amigo lo enterró. -Sí -contestó Roberto y bajó la mirada. Pequeñas espi-
0.-Sí. rales de humo ascendían de su taza de té. -Sí-dijo otra vez.
M. -¿Él cavó la tumba para el herido?
O. -Sí.
***
H. -¿Y cavó también las otras tumbas?
0.-Sí. H. -El problema es que no estamos fijándonos en lo que
M. -¿Nadie más intervino en el cuento? importa. ¿Por qué hay tres tumbas? ¿Qué quería enterrar el
0.-No. asaltante además de su amigo? ¿Qué quería esconder el güey,
qué?

162 163
O. -Volvemos a empezar.
nas. ¿Dónde quedó la bolita? seguramente ponderará el poli.
H. -Tá bien, tá bien. ¿El asaltante vivo cavó las tres Alguien debió robarse el cuerpo. ¿Quién sería capaz de se-
tumbas?
mejante bajeza? El caso, naturalmente, iría del asesinato en
0.-Sí.
primer grado a un vulgar incidente de necrofilia.
M. -¿Enterró a su compa en la primera? Roberto puso una mirada inquisidora. Las cejas, por pri-
0.-Sí.
mera vez en todo el día, descansaron el arco y casi se encon-
H. -¿Enterró el dinero en la otra? traron en dos filosas diagonales.
0.-No.
-Que ya no le sirvan más sake al muchacho.
M. -Decidió suicidarse y por eso cavó su propia tumba.
O. -¿Me dices o me preguntas?
M. -¿El otro loco, el asaltante vivo, se suicidó?-dijo ***
Miguel y después agregó un culichi "Ah cabrón" para avisar H. -No estamos pensando con agudeza. No se trata de qué
que se percataba de la antinomia.
debía hacerse con el dinero sino de entender para qué querría
0.-Sí.
alguien tres tumbas sabiendo que cuando mucho habría dos
H. -¿Pero la otra tumba era para él? cuerpos qué enterrar. La·neta es que estamos pendejeando.
0.-No.
O. -Sí.
H. -Algo hizo mal ese cabrón desde antes para sentir H. -Esa no fue pregunta.
tanta culpa. Qué poca madre, ¿le tumbó la morra a su compa? 0.-No.
M. -Loco -dijo dirigiéndose a Harmodio- a veces no M. -Encima de que nos pone este acertijo mamón el ca-
hace falta sentir culpa para querer morirse.
brón todavía se pedorrea de nosotros.
O. -Sí.
*** H. -Agárrate porque de todos modos lo vamos a adivi-
-Ése es el enigma, sólo preguntas de "sí" y "no" -dijo Ro- nar así tenga que dejar mi tesis doctoral-(según él estudia)-y
berto, con una sonrisa que lo sobrepasaba. dedicarle a esto los próximos tres meses de vida.
-Ahorita mismo te desenredo el asunto, me cae -juré al M. -Nunca hubo un Culichi que depusiera la armas. No
calor de un sake (seguíamos en el japonés: hay que ser con- seré el primero. De este bar no sale nadie sin que antes demos
sistente con el decorado). con la clave.
-El asaltante sano mató a su compa porque se hartó de O. -Mejor se dan y les cuento lo que nunca podrán adi-
tanto gemido. Para esconder el cadáver, cavó tres tumbas. vinar, porque después de todo, aceptémoslo, nos falta made-
Sólo en una de ellas debía estar el cuerpo, pensará cualquiera, ra de escritores y por otra parte yo quisiera continuar viviendo
especialmente un agente de policía panzón y comedor de do- fuera de este antro de quinta.

164
165
H. -Nonimadre-dijo con cierta rapidez (¿se notó?). ***
El mesero pasó lista con mirada furtiva a la mesa y se alejó
M. -Eran amigos. El bato trató de salvar a su compa pero
no sin un ceño fruncido que cualquiera podría haber interpre-
tuvo que verlo morir.Lo enterrócon cuidado,limpiando el pol-
tado como: "Que ya no le sirvan vinito a los muchachitos".
vo, que nada le ensuciara el rostro oscurecido por la muerte.
H. - Lo consumió la culpa. La rabia de haber vivido y no
*** haber quedado perforado a tiros también, desangrado en el
carro, en la cabaña, en la tumba. Odiaba su sangre que circu-
-Yo sí lo adiviné, me tomó mi tiempo pero lo adiviné enteri-
laba incesantemente, que daba vueltas por sus brazos, que
to. Sólo hay que tener cierta intuición narrativa, eso es todo -
impulsaba el ritmo de las paladas de tierra. Quería dejarla
aseguró Roberto.
correr, regar la tierra con ella hasta que se volviera todo como
-Supongo que entonces mejor me dedico al periodismo.
un lodazal, un valle enorme cubierto de barro carmín.
O a ser guardia de camping de veraneo.
M. -Pero sabían que eso podía ocurrir, que cuando eres
-Ese trabajo sólo es para los grandes -dijo con la sonri-
asaltante tarde o temprano vas a comer pólvora. Lo habían
sa que se negaba a desdibujar desde que llegamos.
anticipado incluso. Si te toca morirte, ni modo bato. Yocuido
-Pero no tiene uno que estar adivinando acertijos impo-
a tu familia y a los morrillos. Les doy tu parte de la lana.A ti te
sibles.
doy una tumba con su cruz bien puesta, batillo, y me echaré un
-Al contrario: allí fue donde me contaron éste.
tequila pa' recordar lo chingón que eras, que no te me rajaste,
Roberto se detuvo para buscar un cigarrillo. Se le habían
que nomás las balas hicieron que te quebraras.
terminado. En la acera de enfrente había una tienda de tabaco
H. -Eso ya parece corrido.
y me ofrecí a salir corriendo por otra cajetilla. Mientras paga-
O. -Hay un corrido que se llama "Las tres tumbas'',
ba, vi a Lautaro recogiendo al oso volador de la esquina sucia
incidentalmente.
del restaurante donde aterrizó esta vez, cruzando el espacio
M. -Y esas tres tumbas, si no son las nuestras, deberían
parisino como proyectil desde la carreola-cañón de Alejan-
serlo. No estaría mal si después el cuento lo narra Bolaño.
dra. El oso se puso de pie ayudado por las manos de Lautaro.
Llegóresueltohasta el vehículo lanzadory amenazó a la piloto
***
con acento catalán.
-¡Tía, me he quedao con tu cara! ¡La pagarás un día! -Tal vez el problema está en la estructuración del relato -le
[Me he quedao con tu cara! insistí a Bolaño (yo soy de Juárez, y allá la insistencia y la
La risa era colectiva ahora, hermosísima. proclividad a los enigmas son parte de nuestro ADN). -¿No

166 167
es acaso muy arbitrario que las únicas posibles respuestas sean apoyarse en las piedras y el zacate, ponerse de pie y entrar en
"sí" o "no"? Toda historia que tenga algo de interesante debe la cabaña. Entrar en la cabaña para buscarlo. ¿Voybien, Ro-
sobrepasar esa dialéctica. Si "simón" significa "sí" y "nel" sig- berto, o me regreso?
nifica "no", ¿qué significa "simonel"?
-Me parece que estás entrando en congestión alcohólica ***
-respondió Roberto y tomó la mano de Carolina con un gesto
M. -Porque el cuerpo se negaba a estar enterrado, porque
de emergencia. -Dejemos el sake: ya ni agua me le sirvan al
apareció allí esa mañana, al día siguiente del primer entierro.
muchacho.
H. -Estaba sentado, con un brazo sobre la mesa, casi
Carolina y Roberto, como ya se había hecho costumbre
alcanzando una taza de café frío. Parecía que reclamaba su
esa noche, rieron.
compañía, que le exigía que se quedara allí, con él, esa maña-
na y esa noche, y todas las demás por venir, porque debían
*** compartirel mismo destino, la misma suertedel mismo volado
M. -El asaltante vivo enterró a su compa muerto. Pensó que que debió echarse para los dos.
no le dolería tanto, pero pronto advirtió que no soportaba la
riqueza si a cambio perdía a su amigo. Quería a su amigo de ***
vuelta, a su lado, para pistear y asaltar más bancos. Quería
verlo allí, de nuevo, planeando atracos y chocando caballitos -Vas bien, no te regreses, síguele por allí.
de tequila, chuleando viejas al pasar. Quería a su amigo de -Porque el horror ante la muerte es el más ácido de to-
regreso y por eso lo desenterró. dos, el que penetra tu piel, el que te eriza el pelo, el que te
H. -Sí, lo desenterró, pero por la madrugada se arrepin- hace voltear a todas las paredes y sentir como si la casa ente-
tió. El cadáver estaba amoratado y comenzaba a descompo- ra se estrechara para encerrarte, para negarte el aire, para
nerse. Así que mejor lo volvió a enterrar la tarde siguiente, la aplastartemuy lentamente.
peste se veía venir y estaba cabrón.
M. -Me creo, con esfuerzos, que lo entierre y desentie- ***
rre y que luego se arrepienta y lo reentierre (ya parece traba- M. -Esto no tiene ningún sentido. O estamos bien pedos o
lenguas), pero, ¿por qué tenía que ser en otra tumba? ya abusamos de la intuición narrativa, que para el caso es lo
mismo.
*** H. -Su amigo se murió pero él no. Yalo había enterrado.
-Porque creía que algo había mal con la primera tumba. Por- Había quedado sepultado. Él seguía vivo, con el dinero y con
que tal vez no la cavó muy profunda, o porque la tierra estaba la promesa de cuidar a la familia de su amigo muerto tal vez
ya removida y entonces el cuerpo podría salirse con facilidad, por su culpa, porque a la salida del banco descuidó a ese

168 169
guardia cabrón que le quiso hacer al héroe y le disparó a su H.-¿De qué lo salvó?
amigo cerca del hígado, donde más duele y donde te puedes
desangrarpor horas, muriéndotea cuentagotas.Falta algo más, ***
algo que no hemos dicho aún, la razón verdadera por la cual
-De la soledad de estar muerto.
alguien puede enterrar y desenterrar un cadáver tres veces ...

*** ***
H. -Lo volvió a enterrar. Cavó otra tumba para probarse a sí
-Era un sonámbulo.
mismo que lo enterraría esta vez hasta el fondo, hasta donde
*** le alcanzaran las fuerzas. Echaría encima toda la tierra y la
pisaría bien para rellenar los huecos. Para que no volviera a
M. -¿Era un sonámbulo? salirjamás.
Una corriente de viento empujó la puerta del bar e hizo M. -Pero regresó. Lo esperaba de nuevo en la cocina,
cimbrar las ventanas. Las copas de vino se derramaron y se por la mañana, con la misma taza de café servidahasta el tope.
mezclaron con el Perrier sobre la mesa. Nos levantamos para Y aunque él salvó a su amigo, nadie lo salvó a él.
evitar la salpicada. Un corto circuito acompañó al temporal y H. -¿De qué tenían que salvarlo?
nos dejó a oscuras por un momento. Sin decir nada, camina-
mos hasta encontrar la barrra a tientas y de nuevo reconocí su ***
forma alargada, su superficie suave, tallada por las manos de
los clientes, retocada por el vino y el cigarro. Exactamente -De la soledad de estar vivo.
como en el sueño (ya hablaré de eso, no crean que lo he olvi-
dado). ***
Cuando volvió la luz, el barman había dejado tres tequilas Caminamos de vuelta al hotel. Vamoslento, preferimos ir len-
sobre la barra. Nadie los había ordenado. Sonrió desde el to, Roberto. Carolina sostiene su mano. Lautaro empuja la
otro lado de la mesa. Cortesía de la casa, imaginamos. carreola de Alejandra, que ha reído lo suficiente. Ahora duer-
Con algo de solemne y feliz, el hilo narrativo se reactivó: me y el oso se estremece bajo sus brazos.
M. -Lo enterró la primera noche, lleno de culpa y dolor. -No pude descubrir el enigma. Mi futuro literario está en
Pero las promesas son siempre deudas de honor. Esa noche juego -le digo a Bolaño, resignado.
se levantó, sin darse cuenta, fue hasta la tumba y lo desente- -Ante la muerte sólo puedes rasguñar la tierra. Ante la
rró. Lo puso en la mesa de la cocina, y le preparó un café. vida, tarde o temprano terminas haciendo lo mismo. No serás
Conversó con él aunque no esperaba respuestas. Pero lo sal- escritor, ni modo -se detiene y me mira con seriedad. -Ten-
vó, por lo menos esa noche lo salvó. drás que conformarte con contar historias como ésta.

170 171
Me despido al fin en la puerta del hotel. Roberto me ob- una luz fuerte hace indistinguible la figura de Bolaño, que nun-
serva ahora con simpatía. Me abraza y yo no atino a decir ca, ni aún a punto de desaparecer, deja de sonreír.
más. Su sonrisa se desvanece en la entrada y en la imagen que Harmodio, Miguel y yo salimos del bar. Decimos atrope-
se repite y se desgasta en mi memoria. Cada día que pasa me llándonos que ha ocurrido algo que, bien mirado, resulta impor-
resulta más impreciso el tono de su voz, casi como si nunca lo tante. Sí, repetimos, algo importante, algo muy importante.
hubiera oído hablar, como si todo este tiempo hubiera en ver-
dad recordado un texto y no una voz.
Al día siguiente volvieron a España. Bolaño murió un mes
después.

***
Brindamos con el tequila que nos obsequió el barman. Me
recargué en la barra y el sueño ocurrió de nuevo en mi cabeza.
El sueño que ya viene siendo hora de contar. Meses después
de la muerte de Bolaño, soñé:
Estoy en medio de un brindis masivo. De pie, junto a una
barra de roble larga, muy larga, Roberto me abraza y segui-
dos de mucha gente formamos una cadena que ríe y choca
copas. Todos toman tequila y la música separa las voces y las
risas y luego las confunde y las convierte en una sola marea de
júbilo. Roberto levanta el brazo derecho. Apenas puede arti-
cular porque la risa le ahoga la voz. Llama al barman:
-Tequila. [Para todos!
El barman corresponde a la sonrisa y se dispone a buscar
las botellas. Roberto hace un gesto para detenerlo, y señalán-
dome con el índice, se corrige:
-Tequila, para casi todos. Y un licor de pistacho, para el
muchacho.
Yo río con él, y bromeamos, y descubrimos enigmas, como
aquella noche en París. El sueño acaba con el amanecer, cuando

172 173
Entre la fe y el arte

o voy a escribir lo que quisiera porque hay partes de

N esta historia que deben permanecer ajenas a mi texto.


Te diría, Mateo, si es que tuviera que correr el riesgo
de contradecir lo que acabo de anotar, que esa mañana des-
perté sin reconocer la ventana de mi habitación. No es que
nunca la hubiera notado o que me fuera indiferente. Exacta-
mente lo contrario: estudié con calma el viejo marco de made-
ra rajado. Una corriente de viento del invierno aguzaba mi
respiración. Más allá, una nube lejana huía de las formas de mi
imaginación. Cerré lo ojos y cuando los volví a abrir ya ama-
necía. Me había aferrado de la mano de Juliet toda la noche y
allí seguía, afirmándose por encima de las horas. Pero algo
había cambiado.
Sentí un olor distinto. Tabaco.
Quise salir a golpearlo, a dejar que me golpeara, pero el
recibidor estaba vacío. Ernesto tampoco vio a nadie. Cuando
volví a la habitación Juliet me preguntó si había visto a Podestá.
En ese instante desperté, solo y con la voz de Juliet repitiendo
en mis oídos la pregunta soñada.

175
111

Borges decía que el "escritor no debe invalidar con razo- mente mi mano esa noche en el tren. Tu conversa-
nes humanas la momentánea fe que exige de nosotros el arte". ción me recordó las noches que pasaba despierta
No tengo por qué escribir más, Mateo. Sé que esa noche fuis- hasta la madrugada con mis amigas en campamen-
te concebido y eso me basta. tos de verano del Liceo, hablando de los mucha-
Ella en cambio, prefirió no respetar a mi memoria, que chos que nos gustaban, de lo que sería besar por
primera vez a uno, de las pequeñas mariposas que
cada vez se esforzaba en recordar nuevos detalles, descifran-
sentíamos en el estómago al vernos solas frente a
do signos inesperados. Te dejo leer su carta para que entien-
ellos. Cuando me besaste quise detenerme. Me dije
das la complejidad de ese momento. No la denuncio ni la trai- que ya no tenía edad ni excusas válidas para aven-
ciono. Creo que ella tarde o temprano te contará lo mismo. turas adolescentes. Pero tu cuerpo también encon-
tró la manera de adularme.
París, 4 de enero Lo que quiero decirte OZ, lo que estoy escribiéndo-
OZ: te, es que esa noche en el tren tuvo que ver con ar-
Soy poeta. Quiero decir: soy alguien que aprendió quetipos más que con nosotros dos. No me tocaste a
a decir cosas que nunca había escuchado. Escribo mí: tocaste a mi petulancia, a mi falso sentido de
para decir lo que no está allí, para hacer visible superioridad, a mi perfil soberbio de poeta joven
algo que ninguna persona, menos yo que nadie, autora de nueve libros traducidos a no sé cuántas
podrá ver jamás. A veces creo que el lenguaje poé- lenguas. Yo sé que toqué a un lector adorador de mi
tico. es nuestro único consuelo ante un universo que poesía, pero no quise tocarte a vos.
no podremos recorrer totalmente. Soy así una hace- Mateo nacerá pronto. Haré una prueba de paterni-
dora de caprichos que no ha sentido el menor re- dad el mismo día de su alumbramiento. Dejo a tu
mordimiento por sus consecuencias. No tengo repa- mejor juicio el nivel de la responsabilidad que asu-
ros en decir que en parte escribo para que haya mirás en caso de que seas vos el padre. De lo con- '
lectores como vos, que lean mis versos y se enamo- trario, no esperés que esta historia vuelva a men- 1

ren de la idea de esa mujer que sólo existe en cionar tu nombre. Te pido que no me busques hasta ¡,
poemarios. Me halagó tu memoria que me cita con que yo lo haga. Te pido que tampoco busques a
exactitud inequívoca y que me compara con la poe- Héctor. Él sigue siendo tu profesor y yo su esposa.
sía de Borges. Me gustó que sobrevaluaras mi belle- Nunca he querido que eso cambie.
za. Que confesaras que la foto de mi libro te obse- Tengo para mí que no hemos hecho nada trascen-
sionó hasta el punto de querer venir a París a bus- dente, así que no exijo que admitás culpabilidad
carme a mí o a alguien equivalente a esa imagen. alguna. Tampoco pediré tu perdón. Te he despoja-
Alimentó mi ego que confundieras mi rostro con la do de tu fantasía romántica. Me has robado el gozo
literatura que querés llegar a escribir. Me conmo- de mi arrogancia. Nada más.
vió que intentaras seducirme buscando repentina- JP

176 177
Difícil predecir lo que pensarás, Mateo. Para cuando leas -Te espero en el bar de siempre. A las siete. Más te vale
esto ya no habrá dudas. Tampoco sé si para entonces las ini- ser puntual.
ciales de su firma serán estas que me aferro a corregir. Ella es Tomó su abrigo del perchero y pasó a mi lado con la mis-
poeta: yo soy huicritor. Me imaginé respondiéndole con un ma frialdad de su cuchillo que me obligaba a ser testigo de su
breve poema que nunca leerá y que aunque escrito por otro trayectoria, inmovilizándome con la amenaza de su velocidad.
fue también sentido por mí: Me dejó solo en su oficina. Desclavé el cuchillo con cuidado y
lo guardé en la funda que encontré en el cajón. Cerré la puerta
JZ: despacio y me fui al bar a esperarlo. Faltaban horas. Pedí una
¿Alguien pudo
cerveza. Y después un Bourbon.
alguna vez
abandonar a una mujer?
oz
Ha pasado demasiado tiempo desde que empecé a escri-
bir estas páginas. De algún modo me ayudaban a aceptar la
espera. Pero ocho meses se acumularon hasta hacerme esta-
llar. Ese día quise tomar mis propias decisiones. Quería pro-
vocar un escándalo, que reventara toda la historia, desgrana-
da en fragmentos resignificados en nada o en todo. Lo busqué
en su oficina. Toqué con fuerza hasta que me abrió. Su mirada
era triste. Quise abrazarlo.
-Vengo a pedirle que sea mi director de tesis.
Podestá se quedó callado un momento. Caminó hasta su
escritorio y abrió un cajón. Lo que ocurrió fue tan rápido que
sólo me afectó hasta después, cuando volví a la Casa de Méxi-
co y tuve ganas de llorar: desenfundó un cuchillo y lo lanzó
con fuerza hacia mí. Pasó muy cerca de mi oído. Atravesó la
puerta de la oficina por completo. Yo ahogué un grito y desvié
mi mirada al piso. Luego escuché cómo su respiración agitada
se fue calmando poco a poco. Volteé cuando sacó su pipa del
mismo cajón. La prendió y le dio una larga bocanada. Se sen-
tó y exhaló. Cerró los ojos unos segundos.

178 ' 179


SEPTIEMBRE

El libro seminal

Para Claudia Cairo,


a quien también debo esta historia.

¿Qué mortal reconoce


la estirpe de su sangre?

HOMERO, La Odisea, Canto 1

Las ·propias ideas no siempre conser-


van el nombre del padre; muchas apa-
recen huérfanas, nacidas de nada y
de nadie. Cada uno toma de ellas, las
vierte como puede, y las pone al día,
.donde todos las tienen por suyas.

JOAQUIM MARIA MACHADO DEASSIS,


Esaú e Jacó

ucedió hace años, cuando aún vivían y escribían los

S
hombres que mencionaré. Y por supuesto, cuando la
madre de Mateo estaba aún entre nosotros, maravi-

181
llándonos. Cometeré más de una indiscreción y no faltará quien radores que se ponía a temblar ante el aura irradiante de sus
me acuse de haber traicionado a los protagonistas de esta his- ojos azules. Dejaban caer las galletas o intentaban comérselas
toria. Pero nada debe caer en el olvido porque de algún modo por la nariz, y sólo despertaban del trance cuando la limonada
los acontecimientos que registraré nos vinculan a todos, a los fría les bañaba el pecho porque olvidaban que la boca estaba
lectores y los escritores, incluso a los libros. Aclaro de entra- unos centímetros más arriba de donde recordaba su mano.
da que no creo tener talento de narrador. Sé que estas líneas Mateo siempre hacía el cuento de los niños porque era el
deberían ser de Mateo: después de todo es él quien se empe- más inocente. Los otros mejor se los callaba, porque no fue-
ña en querer escribir. Tal vez algún día se decida a repetirlo ron pocas las veces que quiso apedrear al cartero que paraba
todo en papel. Digamos, por lo pronto, que esta es una cróni- en su casa para decir que no había correo ese día, o el patru-
ca del gran viaje. Me adelanto. No. Me atraso. Mejor inicio llero que acudía en domingo al mediodía y sin que nadie lo
cerca del final y de allí para atrás. llamara, o los acreedores que ofrecían préstamos nunca soli-
Nadie previó que, tras la muerte de su madre, Mateo co- citados, sin intereses y en pagos cómodos pero que debían
menzaría el viaje que lo llevaría a conocer la identidad de su cobrarse en persona y puntualmente, siempre en casa y en
verdadero padre. Todos, en cambio, anticipamos la muerte trámites innecesariamente largos.
de María Griselda, esa hermosísima mujer, profesora de lite- Me sentía Telémaco (¿TeleMateo?), me dijo una vez
ratura latinoamericana en la universidad de Yale, donde la co- Mateo, con mi pobre madre Penélope esquivando los embis-
nocí y fui tocado por su divinidad en calidad de colega y ami- tes de mil y un pretendientes que nunca serían ahuyentados
go. A sus cincuenta años y enferma de cáncer terminal, lama- por el victorioso Ulises, porque mi padre se había muerto poco
dre de Mateo continuaba siendo el motivo principal de incon- después de que yo naciera (o eso le había dicho María
tables amistades de generación espontánea, como ocurría des- Griselda) y ella nunca consideró buscar una nueva pareja, ni
de la infancia que su hijo recuerda en Buenos Aires. Mateo siquiera cuando hasta los vecinos casados comenzaron a venir
cuenta que muchos niños venían de barrios lejanos a buscarlo, a la casa a pedir una tacita de azúcar a la medianoche. Nunca.
niños que él nunca había visto por la calle Florida y que cami- Primero nos largamos de acá, dijo ella. Y por eso nos muda-
naban desde la Recoleta, Palermo, incluso Boedo. Mateo ase- mos a Estados Unidos, donde mi madre había pasado varias
gura que uno de ellos, Enrique o Héctor, no recuerda bien, temporadas y donde ella se sentía a salvo de la persecución
venía desde Montevideo en el ferry de las nueve de la mañana galante.
y se regresaba a casa en el de las cuatro de la tarde para estar María Griselda quería creer que el cabello rubio y los ojos
a tiempo para la cena. Enrique (o Héctor) y los demás niños azules debían ser de lo más natural en un país de anglos, pero
que aparecían como renacuajos después de una tarde lluvio- supuso que la transición tendría su precio. Consiguió un pues-
sa, guardaban silencio absoluto cuando por la puerta de la to en Yale, donde ya conocían su trabajo por el año que estu-
cocina emergía la delgada silueta de María Griselda, que lle- vo allí como visiting scholar a finales de los sesenta. Y como
vaba galletas y limonada fría para la legión de pequeños ado- en todo, a pesar de sus cuatro libros publicados sobre narra-

182 183
tiva latinoamericana, sus incontables artículos, las decenas de
ponencias en congresos por toda América y Europa, María
Griselda nunca pudo quitarse la duda, como una piedra en el
r
l;h Cuando le diagnosticaron cáncer, algunos dijeron que a
pesar de la inefable belleza su cuerpo carecía de perfección y
estaba destinado al polvo, como cualquier otro. Yotengo para
zapato, de que obtuvo el trabajo porque el jefe del departa- mí que aun las enfermedades se enamoraban de María
mento no supo qué otra decisión tomar ante tanta belleza en Griselda.
un cuerpo docente.
Pero el puritanismo yanqui inhibe los avances de cualquie- ***
ra, especialmente entre alumnos y profesores de una de las
universidades más elitistas del país. María Griselda pronto Unas semanas después del funeral, Mateo me llamó para pe-
confirmó que se sentía bien caminando a cualquier hora por el dirme que pasara a la casa de su madre a recoger el manuscri-
campus. Más de uno la miraba, pero siempre en silencio y a to de un último ensayo que ella dejó para que yo me hiciera
distancia, pues nadie se arriesgaba a una demanda por acoso cargo de su edición póstuma. Mateo sabía que María Griselda
sexual que por su cuenta María Griselda nunca interpondría y yo fuimos buenos amigos y por ello aprovechó mi visita para
pero a cuya posibilidad se aferraba como a un escudo mági- consultarme algo. Me ofreció un café y me dio el paquete en
co, a la alarma de pánico del coche, al pepper spray en el cuestión, pero después me pidió que lo acompañara al ático
bolsillo. Mateo se fue tranquilo de New Haven cuando vio de la casa. Abrió la pequeña puerta del techo, casi una esco-
que todo el pueblo de alguna manera se había resignado a tilla de submarino invertida, y ascendimos por la estrecha es-
tener una semidiosa como vecina. Cuando le llamaba los do- calera de madera. Una vez arriba, caminando en cuclillas con
mingos desde París, donde Mateo estudiaba genética, María el techo de la antigua casa victoriana sobre nosotros, memos-
Griselda sonaba feliz. Leía mucho, dice Mateo, se pasaba las tró una caja llena de libros. Él nunca había visto esos volúme-
horas anotando sus libros: novelas y poesía latinoamericana, nes en la biblioteca de su casa. La caja estaba sepultada entre
por supuesto, pero también le gustaba la filosofía asiática, desde ropa y piezas dignas de una tienda de antigüedades. La es-
los Upanishads hasta Krishnamurti, desde el Tao TeKing hasta condió tan bien, me dijo Mateo con algo de melancolía al ba-
Chuang-Tzu. Luego le dio por la meditación trascendental y ñarla con la luz de su linterna, y yo que creía que lo sabía todo
por eso a veces no contestaba el teléfono: María Griselda se sobre mi madre. Mateo internó su mano en la oscuridad de la
olvidaba del mundo repitiendo un mantra interior, vibrando a caja y sacó Rayuela, de Julio Cortázar, con la siguiente dedi-
la altura de su belleza, aislada en un acto de solipsismo que catoria: "Para María Griselda, por las ganas de convertirla en
nadie acusaría de egoísta, porque en verdad nadie, y quiero la Maga y salir corriendo a buscarla al Pont Des Arts. ¿La
que nos grabemos bien esa palabra, inscribirla con cincel y encontraré de nuevo? New Haven, 1967". Vos sabés que mi
martillo en las paredes interiores de nuestros cráneos, nadie madre vino ese año como profesora visitante, me dijo Mateo.
merecía comulgar con esa hermosura excepto María Griselda, Lo que implica esta dedicatoria me lo he tenido que imaginar.
sola, acaso frente al espejo. Y no ha sidoplacentero,especialmentesi consideramosesto...

184 185
Sin decir más, sostuvo a la altura de su rostro la fotografía de tentamos desentrañar el misterio: sabíamos que entre los es-
la solapa de Rayuela. Entendí el experimento de inmediato: critores que dedicaron libros a María Griselda ese año estaba
algo había en lo chato de la nariz, algo en la continuidad de las el verdadero padre de Mateo. La conjetura era probable por
cejas que empataba el rostro del escritor argentino con el de varias razones: Mateo calculó (de algo sirvieron sus cursos en
Mateo. Es un aire muy remoto, dije. Es la impresión de la genética) que la fecha de su concepción coincidía no sólo con
dedicatoria que ahora nos sugestiona. Y que Cortázar se tome la visita de Cortázar a Yale, sino con uno de los días de la
licencias poéticas no significa nada, completó Mateo. El razo- primera semana de enero de 1967, cuando se llevó a cabo el
namiento nos pareció suficiente. Queríamos curiosear en el congreso de escritores del boom más importante de esa épo-
resto de la caja, pero el polvo nos hacía estornudar. Ya nos ca. Asesoré a Mateo con las referencias literarias y le informé
disponíamos a salir del ático a respirar aire limpio cuando en- que José Donoso consigna el evento en su Historia personal
contré el libro que liberó a los demonios que aún andan suel- del «boom», que por supuesto omite el nombre de María
tos. Era Blanco de Octavio Paz. Cuando dije bromeando, Griselda, pero cuya presencia ronda y alumbra cada mención
mientras lo abría, que mejor no leyéramos la primera página, del encuentro. Lo organizó mi colega Emir Rodríguez Monegal,
el polvo se suspendió en el vacío de mi respiración, ahora el crítico uruguayo, que además de autoridad académica, des-
imposible, aterrada. La mano del maestro, y era la suya, no plegaba un poder de convocatoria innegable. Junto con los ya
quedaba duda, inscribió la siguiente dedicatoria que desde mencionados, asistieron también (y escribieron dedicatoria
entonces nos persigue junto con las otras que fuimos encon- amorosa) Carlos Fuentes, Mario Vargas Llosa, Gabriel García
trando: "Esa tarde, hermosa María Griselda, no fuimos: Márquez, Nicanor Parra, Juan Rulfo, y en el centro de la cons-
transcurrimos. New Haven, 1967". telación, el sol que enceguece con su luz la galaxia de la plana
mayor de la literatura latinoamericana del siglo, el mismísimo
*** Jorge Luis Borges.
De todos teníamos motivos de sospecha. Para ahorrar tiem-
El temperamento de Mateo se ha ido transformando en las
po, jerarquizamos la lista por las edades de los autores de
últimas semanas y no lo culpo. Yo mismo he advertido un ar-
acuerdo con el año del congreso y el grado de atrevimiento en
dor en el estómago que comenzó desde que leí, estúpidamen-
la dedicatoria. Otros datos (si el autor era atractivo, promedio
te y en voz alta, la dedicatoria de Paz que aún incendia mis
o francamente feo; si su obra era de mayor o menor éxito; si
entrañas. Múltiples úlceras me invaden de rabia, aunque debo
había sido objeto de estudio por parte de María Griselda)
confesar que ante todo me llenan de envidia. Para compensar
también entraron en la ecuación. El ranking nos obligó a seguir
mi fatal indiscreción, me comprometí esa tarde a acompañar a
un orden de mayor a menor probabilidad paternal.
Mateo en el largo y desquiciado viaje por medio del cual in-

186 187
Mateo consiguió que su director de tesis, con acceso a un
adelantado laboratorio de genética (tecnología sólo existente
AUTOR CRITERIO DE SELECCIÓN
en universidades en aquel entonces), procesara las muestras
1. Gabriel García Márquez Cara de pícaro, acento musical. Novela
que le enviaríamos para determinar la compatibilidad de ADN
Edad: 39 años fundacional publicada ese año (Cien años
de soledad). Amigo íntimo de Fidel entre él y el probable autor-padre. El viaje comenzó en busca
Castro (aunque Maria Griselda sólo del más viable de todos los candidatos: Gabriel García
admiraba al Che, se imaginaba
comandanteen la Sierra Maestra). Baila Márquez. En 1967 (ver tabla anterior) tenía 39 años y el or-
cumbiasy vallenatos. gullo de haber publicado la novela arquetípica de la época:
2. Nicanor Parra Sonrisa seductora. Obra lúdica y rebelde. Cien años de soledad. La dedicatoria hacía la visita obligada:
Edad: 53 años Lectura frecuente de María Griselda.
"Verbomata carita", decía mi abuelita. "Muchos años después, frente al último atardecer de mi vida,
3. Juan Rulfo Escritor solitarioy raro. Pedro Páramo recordaré el día en que me llevaste a conocer la belleza. New
Edad: 50 años fue uno de los libros de cabecera de Maria Haven, 1967".
Griselda. "Los mustios son los peores",
decía la abuelita de Mateo.
4. Octavio Paz Consumadohomme de lettres ***
Edad: 53 años internacional.Autor del libro clave de la
mexicanidad (El laberinto de la soledad). En México todos saben dónde vive el Gabo. Encontramos su
No conocido por su :fidelidad.
casa en Coyoacán sin mayor dificultad gracias a un vendedor
5. Julio Cortázar Cara de trucutú que aunque lo negara
Edad: 53 años Mateo recordaba la suya. Paisano. Maria de tacos que nos hizo un croquis de precisión minimalista. Pero
Griselda se escribe con M de Maga. temíamos haber arrancado con mala suerte, porque nos infor-
6. Carlos Fuentes Obra de fama imparable. Bigotito de maron que García Márquez no se encontraba en casa. Había
Edad: 39 años catrín que volvía loca a más de una,
aunque a Maria Griselda le resultara más ido a la premiére para periodistas de una película titulada Odi-
bien indiferente. Dandy (en una época sea en los Andes, en un cine no muy lejos de allí. Llegamos
e:fimeray lejana).
cuando intentaban reemplazar el proyector que se había que-
7. Mario VargasLlosa Peruano, punto en su contra ("nunca le
Edad: 36 años gustaron a mi mamá", decía Mateo). mado. Aunque no habíamos elaborado un plan específico,
Derechista, dos puntos en su contra Mateo estaba listo para recoger la muestra y yo llevaba bolsi-
(Maria Griselda era izquierdista hasta la
masmédula).La ciudad y los perros, La tas de plástico y contenedores extra por si acaso. Caminamos
casa verde, aciertos. Mario se escribe con a contracorriente de reporteros y fotógrafos que abarrotaban
M de Mateo. Ni modo.
el cine y que se impacientaban por la afortunada demora que
8. Jorge Luis Borges El más grande maestro pero no muy
Edad: 68 años ducho en el ars amatoria. Ciego y
nos permitió adentrarnos en la sala con la luz encendida. Se-
demasiadomaduro para efectos de guido de un entourage que resaltaba su presencia, con su bi-
paternidad (el viagra aún no se inventaba).
gote tupido y mirada taciturna, García Márquez avanzaba por
el pasillo central. Mateo se preparaba para abordarlo cuando

188 189
nos empujó otra persona que en un principio creíamos un fan Los cachorros, escribió: "Para MG,porque es cierto que uno
abriéndose paso en busca de un autógrafo. escribe para que las mujeres bellas por lo menos lo volteen a
-¡Marito! ¡Qué gusto hermano! -gritó sonriente García ver una vez en su vida". Rulfo, en cambio, me pareció de una
Márquez mientras extendía sus brazos hacia ... [Mario Vargas ternura elogiable, con esa pequeña letra que flotaba sobre la
Llosa! página inicial de Pedro Páramo: "Para María, quien me ha
-¿Marito? ¡Cómo te atreves a querer abrazarme des- hecho desear que Comala estuviera en Buenos Aires, en el
pués de lo que hiciste! centro del patio de su casa, bajo el árbol más grande y de
El abrazo nunca llegó. Un derechazo aterrizó en cambio mayor y más fresca sombra, para sentarme a esperar la pri-
en la mandíbula de García Márquez. El escritor colombiano se mera visión de su rostro todas las mañanas del mundo. New
fue al suelo en caída libre. Haven, 1967".
-¡Mierda, me corté la mano con tus dientes de burro!
Mateo pareció leerme el pensamiento y actuó rápido. Se ***
acercó a García Márquez y le ofreció un pañuelo para limpiar-
se la sangre que fluía de su labio inferior. Yo hice lo mismo Nos recibió su secretaria. Se mostró atenta, pero de inmedia-
para el puño derecho de Vargas Llosa. Nos tomó un minuto to nos advirtió que todo dependería de su jefe. Nos dejó es-
obtener dos muestras, y cuando nuestra suerte llegaba al lími- perando en el zaguán y volvió unos minutos después. El maes-
te, Mateo dirigió una mirada incrédula hacia el centro del tea- tro va a salir a caminar en media hora. Todaslas tardes vamos
tro. Solo, con ojos serios que hacían claro su hastío, Juan al Parque Hundido. Allí los espera y les ruega que sean bre-
Rulfo se levantó de un asiento. Afiló las cejas y se encaminó a ves, pues últimamente no se ha sentido muy bien.
la salida. Antes de cruzar el vestíbulo, volteó una vez más ha- Llegamos, por supuesto, puntuales a la cita. TambiénPaz.
cia la escena. Luego escupió al suelo y se fue. Nos tomó unos Se acercó a saludar con calidez y naturalidad. Nos preguntó
segundos reaccionar, pero cuando se nos pasó la impresión, si escribíamos literatura. Respondimos que no y eso lo sor-
corrimos a recolectar el despectivo gargajo. prendió.Luegodijo: generalmentelaspersonasme buscanpara
A como vamos, dijo Mateo, sabremos quién es el boludo que los ayude con publicaciones o becas, o por lo menos para
de mi padre en menos de una semana. Esa misma tarde fuimos pedirme que lea sus manuscritos. En verdad no me molesta,
a Mixcoac en busca de Octavio Paz. pero esto ocurre dos o tres veces por semana. Anteayer estu-
ve conversando con un joven poeta chileno, aquí mismo, en
este parque. Mateo le dijo (ahora con un plan ideado por los
*** dos) que nos proponíamos hacer un estudio de ciertos rasgos
Leo la evidencia en contra de Vargas Llosa y Rulfo. La dedi- genéticos de escritores. El objetivo, explicó Mateo con voz
catoria del peruano no se distingue por su originalidad.No me académica y su acento porteño, es determinar si hay entre
consta, pero es posible que se la haya robado a alguien: En hombres como usted estructuras moleculares que definan el

190 191
perfil creativo y su poderío artístico. Queremos ver si es posi- había toque de queda, así que nos apuramos para llegar a la
ble aislar el gen literario, agregué, sintiéndome más inteligente casa de Nicanor Parra.
de lo que normalmente me permito. Ustedes lo hacen sonar Lo encontramos de mal humor. Fumaba encadenando ci-
como si escribir fuese producto de una mutación genética, un garros como quien hilvana versos de un poema tenso y deses-
fenómeno, dijo Paz, quien desde hacía rato caminaba en cír- perado. María Griselda había dedicado varios estudios a su
culos. La literatura es un acto de voluntad, no una anomalía obra, algunos muy influyentes y apasionados, lo que aumenta-
fisiológica. Mateo replicó: pero ¿cómo explica que los hijos ba la probabilidad paternal. Por primera vez Mateo dijo que
de escritores muchas veces terminen escribiendo al igual que le gustaba escribir, algo que a mí me sorprendió, pues mantu-
sus padres y abuelos? Hay genealogías enteras que nos dan la vo en secreto esa vocación incluso para su madre. Le hizo
razón, por lo menos como tesis inicial. preguntas sobre la antipoesía y los movimientos de vanguar-
Paz se quedó en silencio por unos momentos. Luego se dia. Amí me pareció que sus dudas sonaban francamente bá-
llevó una mano a la cabellera y se arrancó un pelo. Mateo sicas (de haberme consultado, yo le habría ahorrado la pena),
extrajo un contenedor de su mochila y Paz depositó la mues- pero algo debió haber dicho Mateo en forma inteligente, por-
tra. Luego puso su mano izquierda sobre el hombro de Mateo que Parra fue poniéndose contento poco a poco hasta que
y con una serenidad conmovedora le dijo: Creo que entiendo terminó haciendo chistes socarrones que se burlaban de la
lo que estás haciendo. Pero la literatura, desafortunadamente, guayabera de García Márquez recibiendo el Nobel, las cor-
no puede heredarse y asumo que tú ya sabes eso. Tienes los batas grises y acartonadas del embajador Carlos Fuentes.
ojos de tu madre, y esos rasgos sí se heredan y en tu caso son Luego, sin saber bien a razón de qué, nos contó lo siguiente:
inolvidables. No soy yo, hijo, aunque no niego que hubiera Una vez me invitaron a un congreso en Yale que duró una
dado cualquier cosa por serlo. Ojalá encuentres lo que bus- semana y donde fueron todos los del boom a hacerse chaque-
cas, y ojalá, de paso, que tu respuesta sirva para algo y seas tas verbales unos a otros. Me moría de aburrimiento y uno de
feliz. esos días ronqué en medio de la conferencia magistral de Járold
Mateo no abrió la boca el resto del día. Plum, o quién sabe quién. Me habría caído de la silla si Cortázar
no me despierta. Nos salimos a fumar y de pronto, cómo olvi-
*** darlo, pasó a nuestro lado la verdadera décima musa, qué Sor
Juana ni qué mierdas, la mujer más hermosa del mundo. Así
Creímos que lo peor del viaje a Santiago de Chile sería el como lo oyen. Julio y yo la seguimos, hasta que volteó y nos
vuelo. El avión iba lleno de militares y civiles con trajes negros sonrió, Le invitamos un café y en menos de una hora ya tenía-
y lentes ahumados. Todos tenían cara de funeral y quizá la mos la confianza de viejos amigos. Esto es un decir, porque
ciudad entera fuese un gran cementerio. El régimen golpista había algo en su forma de hablar que ni yo ni Cortázar atina-
de Pinochet había convertido a la capital en la explanada de mos jamás en clasificar, algo en su voz que se elevaba y que
un permanente desfile marcial. Después de la puesta de sol trascendía nuestro plano existencial, junto con su mirada, que

192 193
por momentos se perdía en un firmamento superior al de esta Esa noche, el toque de queda militar nos impidió volver al
tierra, como si ella no perteneciera a este mundo y como si hotel. Parra nos ofreció los sillones de su casa para pernoctar.
fuera algo inapropiado que dos pobres vagos que escriben Mateo se fumó varios de los cigarros de nuestro anfitrión, y
idioteces tuviéramos el privilegio de conocerla y tomar café como impulsado por el ambiente fabulatorio, se puso a escri-
con ella y escucharla y sentir su respiración. bir por primera vez en su vida, según me dijo después, Cuan-
Después de un rato, aprovechamos que ella fue al baño do desperté, el recién nacido escritor Mateo todavía estaba
para decidir quién se iba a borrar de la historia y quién iba a allí, sentado en la mesa de la cocina, llenando hojas y hojas de
terminar de escribir el capítulo improvisado de este romance un cuaderno con esa letra apurada y desigual que desde en-
académico de ensueño. Yo siempre había sido muy bueno para tonces no deja de perpetrar cuentos y novelas que ignoro si
el piedra, papel y tijeras, pero esa tarde perdí. Me aguanté algúndía se imprimirán.
como los hombres y me fui. Muchas veces le pregunté a
Cortázar qué pasó después pero el muy huevón tenía de dis- ***
creto lo que tenía de grandote y feo. Nunca me dijo nada.
Primero noté la delicada tersura de su cabello, moldeado en
Parra fue a la cocina y abrió otra botella de Bourbon.
capas que a mí me parecían una cascada de agua de manan-
Mateo aprovechó para guardar las colillas de cigarro
tial, como la limonada que me servía en un vaso. Quisiera ha-
ensalivadas, por si acaso. Yo creía que ya no sería necesario,
ber podido pegarme el cristal helado en la frente, en las meji-
pero Mateo me recordó que los escritores son mentirosos pro-
fesionales y que además sonaba raro que nos hiciera el cuento
llas, abrirme la bragueta y enfriarme el calzón antes de que
del congreso y María Griselda sin que lo hubiéramos incitado.
reventara por la repentina erección que la visión gozosa de
María Griseldaimponía como episodio de una novela en clave
Mateo sospechaba que Parra tenía algo que esconder y que
buscaba desorientarnos en dirección de Cortázar. Yo simple-
realismo mágico. Pero yo no podía tocarla para confirmar su
mente pensaba que Mateo estaba siendo víctima de una bro-
presencia corpórea y no me hubiera sorprendido que en cual-
quier momento ascendiera así de repente, destilando pétalos
ma narrativa de Parra, que logró deducir el verdadero objeti-
vo de nuestra visita, cuando, al igual que Paz, recordó los ojos
de rosa y estelas dejazmín y lavanda, posada sobre un banco
de María Griselda en los de su hijo. Lo que nos contó, no
de mariposas monarca (escenario mexicano, qué se le va a
obstante, iba bien con el tono de su dedicatoria en Antipoemas:
hacer) que se eleva para perforar la capa de ozono. Me tomé
"Que esta página sea el espejo del único y verdadero poema el resto de la limonada de golpe y crucé rápido la pierna para
del libro: el que crearán espontáneamentetus pupilas azules al esconder el bulto que no dejaba de crecer. Difícil saber si lo
leer estas humildes líneas, indignas de tu mirada, María notó, pero María Griselda se disculpó unos momentos para
Griselda. New Haven, 1967". terminar de arreglarse antes de irnos a cenar. El jefe del De-

194 195
partamento de Estudios Hispánicos de Yale, en tono compren- sando en ella, en algo que me dijo como se dice cualquier
sivo, me sacudió del efecto hipnótico y me recordó que aca- cosa, pero que a mí me sonó como revelación, como si dentro
baba de presentarme a una colega, no a una vecina del barrio, de su voz estuviera resguardando el secreto del mundo. Ter-
y me instó a mantener la compostura durante la cena oficial de miné mi novela pero no quedé conforme: ¿cómo escribir so-
bienvenida que la facultad ofrecía a su nueva profesora. bre el secreto del mundo? Quemé el manuscrito sin mostrár-
selo a nadie.
*** Cortázar calló y su mirada pasó por encima de nosotros y
cruzó perdida el boulevard Saint Germain, y yo imaginaba que
En París aprendimos una buena lección que no olvidaré y que daba vueltas y deambulaba desconsolada por las calles y puen-
utilizaré en mis cursos de literatura. Encontramos a Cortázar tes de París en busca de María Griselda. Seguro que Mateo
en Les Deux Magots, el café de Saint Germain donde Borges no imaginaba nada porque tronó los dedos y despertó a
firmó algunos de sus cuentos. De hecho se sentaba en esta Cortázar (y a esas alturas también a mí) y le pidió que termi-
misma mesa, dijo Cortázar mientras sorbía su café con leche. nara el cuento. Cortázar tosió un poco, dio otro sorbo a su
¿Quién le preguntó al boludo este dónde se sentaba Borges? café, y continuó:
¿Y qué chucha es un Magot? murmuró Mateo. Luego atajó y Y dijimos más cosas, cualquier bobada para intentar ha-
le dijo que estaba haciendo una tesis doctoral sobre el boom y cerla reír, y luego de un rato ella se disculpó para ir al wáter y
que le interesaba conocer más detalles sobre el famoso en- entonces el papafrita de Parra aprovechó y me retó a un pie-
cuentro de 1967 que los reunió a todos en Yale. Cortázar se dra, papel y tijeras para ver quién se quedaba con la oportuni-
alegró de conversar con un paisano y accedió de buena gana dad de seducir a la mina.
a responder a nuestras preguntas. Nos dijo que fue al congre- -¿Y qué pasó cuando se quedaron solos? -preguntó
so porque Emir Rodríguez Monegal le prometió que le pre- Mateo.
sentaría a la profesora de literatura más guapa del mundo, pero -¿Y yo qué sé? Nicanor nunca me contó nada, el pelo-
que al final él solo se las arregló para conocerla. tudo.
Che, estaba fumando con Nicanor Parra cuando pasó la -¿Pero, qué no habías ganado vos?
profesora que encima era argentina, y bueh, eso ya era de -¿Quién te dijo eso? Nicanor era rebueno para el pie-
esperarse. Alguien así de guapa nunca podría ser mexicana o dra, papel y tijeras. Nunca perdió una apuesta con esa técni-
chilena, ni qué decir centroamericana. Nicanor y yo nos que- ca. Cualquiera lo sabe. Tenés que revisar mejor tus fuentes,
damos como boludos admirándola hasta que él dio el primer pibe.
paso para seguirla. Nos presentamos y para hacerte el cuento Cuando hubo oportunidad, Mateo me lanzó una mirada
corto, nos tomamos un café, con el que sigo soñando después condescendiente y me dijo: ¿Viste? A los escritores sólo hay
de tantos años. Un día me propuse escribir una novela pen- que creerles cuando dicen mentiras absolutas. Era época de

196 197
lluvias y Cortázar se había resfriado. Estornudó y yo rescaté mantra inaudibley como si la muerte por única vez se negara a
de la basura el kleenex que el probable progenitor de Mateo destruir un cuerpo y respetara y adorara el rostro de María
usó para limpiarse los mocos. Griselda. Tal vez alguien ya pensó lo que acabo de anotar,
pero sé que estas líneas sabrán recordarla mejor que yo.
***
Todos, y cuando digo todos incluyo a médicos, enfermeras,
***
guardias, conserjes y administradores del hospital, todos es- Unos días después del encuentro con Cortázar, mientras se-
tuvieronpendientesde los últimos días de María Griselda.Atri- guíamos en París, Carlos Fuentes dio una conferencia en la
bulado por los cientos de estudiantes y profesores que hacían Maison del' Amérique Latine. Eran años difíciles en México:
fila para verla aunque fuese por sólo unos segundos, el el gobierno represivo había cobrado ya la vida de cientos de
oncólogo tuvo que ordenar el traslado secreto de la paciente estudiantes en la matanza de Tlatelolco, en octubre de 1968.
a otro hospitalprivado. Las flores siguieronllegandoy cuando En 1971, un nuevo acto de violencia oficial dejó otro terrible
alcanzaron el techo de la habitación que tuvieron que utilizar saldo de muertos universitarios. Habría que esperar décadas
como depósito de ofrendas, el director del hospital decidió para conocer los detalles de la sangrienta "guerra sucia" con
tirarlas. El basurero en la parte trasera del edificio parecía un la que el gobierno aniquiló a los grupos de izquierda radical.
enorme bouquet rebosante de flores recién cortadas. Le tomé Luego vendría el complot para destruir al grupo de periodis-
una foto y la conservo no sé por qué en mi oficina. Tal vez tas que dirigía el periódico Excélsior y ya para nadie era un
porque este relato tiende a la inverosimilitud, porque intenta secretoel lado siniestro de la presidencia de Luis Echeverríay
malabares imposibles con motivos y circunstancias irreconci- su continuidad con los sexenios sucesivos.Para nadie excepto
liables.Necesita-necesito- una imagen tangible para mante- para Fuentes, que se empeñaba en fincar responsabilidades a
ner el contacto con la realidad. Pero no es del todo exacto cualquiera menos al Señor Presidente en tumo. Olvidé decir
atribuir las fallas a mi incapacidad de narrador: nadie que in- que me especializo en estudios culturalesmexicanos y que por
tente contar algo sobre María Griselda, por muy talentoso que eso conozco de memoria estos datos históricos. Mateo se
sea, podrá escribir libre de la hipérbole radical de su belleza. solidarizó conmigo y su indignación creció cuando escucha-
Este pobre remedo de cuento no será la excepción. Después mos la actitud arrogante de la conferencia politizada de Fuen-
de todo, yo también estuve enamorado de María Griselda. tes, respetuosa del partido en el poder.
Su muerte me obligó a la necesidad de escribir algo, lo Habíamos pensado acercarnos con el pretexto de la tesis
que fuera. Escribir, por ejemplo, que esa tarde ella cerró los sobre el boom, pero cuando ya estábamos frente a él, Mateo
ojos y se quedó como si estuviera meditando, recitando su cambió el plan en el último segundo. Mientras estrechaba su

198 199
mano, le arrancó un pelo al bigote de Fuentes. El grito que Que ese lenguaje nada tiene que ver con nuestra escasa civili-
pegó el autor causó una confusión en el público que nos per- zación ni con su mezquina historia, que al contrario, se despe-
mitió unos segundos para emprender la huída. Nos mentó la ga de nosotros, se dispersa y sólo se refiere a sí mismo. María
madre y Mateo quiso regresar a golpearlo, pero yo lo persua- Griselda sostenía que la literatura es concebida por la propia
dí de las posibilidades edípicas de su arrebato. Y aunque se literatura y que ésa era la lección última del maestro argentino.
conformó con la muestra obtenida, Mateo no quiso esperar a No hablaba de una técnica que los imitadores del realismo
reunirlas todas (ya sólo nos faltaba una) y envió esa misma mágico pueden aprender para manufacturar best sellers: apun-
tarde el paquete al laboratorio de genética. Mateo decía pre- taba, más bien, a la condición primigenia del lenguaje literario
ferir incluso a Vargas Llosa por encima de Fuentes, a quien moderno cuya vigencia, desde la irrupción de Rubén Darío, es
además consideraba autor de la peor dedicatoria. A mi juicio el élan del arte poética en nuestro continente.
era más obvia que malograda. La reproduzco por disciplina
académica y con cierto rubor estético, escrita en Aura: "Para
María Griselda, por hacerme comprender que la región más ***
transparente del aire está en la frontera delineada por sus la-
bios, en el perfume de su respiración. New Haven, 1967". El director de tesis de Mateo nos envió los resultados de las
pruebas genéticas: ninguno de los escritores analizados podía
ser su padre. Esto lo alegró por unos segundos, porque en-
*** tonces recordamos que sólo quedaba Borges y sabíamos que
El último y monumental ensayo que María Griselda escribió y no sería fácil llegar a él. Nos costó una ardua labor de investi-
que me confió para su edición póstuma, se titula Historia im- gación pero conseguimos indicaciones para llegar a la casa
personal del boom. Sus más de mil páginas, entre otros sor- alquilada donde Borges se hospedaba con María Kodama en
prendentes aciertos, desconstruyen la técnica del realismo má- Ginebra. Era un viejo caserón, cerca de la Grande Rue. No
gico a favor del artificio borgeano como estética de la literatu- tenía número y tardamos en decidimos a tocar la puerta, pues
ra que retomarán y radicalizarán las futuras generaciones de la casa parecía abandonada. Una de las ventanas estaba cu-
escritores latinoamericanos. Releo sus conclusiones y entien- bierta con madera y una esquina del porche estaba podrida
do que su agudo análisis, aunque producto de la época post- por la lluvia.Nos habían advertido que estaba muy enfermo y
estructuralista, vislumbró lo que todos nosotros (los académi- que tal vez no nos recibiría, pero precisamente por eso debía-
cos) no quisimos o no pudimos dilucidar por mediocridad o mos insistir. Nos emocionó escuchar que alguien abría: era un
por pereza: que la literatura nace de un lenguaje potenciado gordo medio dormido que se molestó cuando preguntamos
en la invención, que la realidad fuera del texto transcurre ca- por Borges. Nos cerró la puerta sin entender una palabra de
rente de fantasía y empobrecida por la ausencia de irrealidad. lo que ya gritábamos, empeñados nosotros en hablar español.

200 201
Caminamos en silencio, como si ya no hubiera nada qué decir, de la lápida que revierte el sentido de la trama para indicar
como si repentinamente hubiéramos perdido incluso la justifi- que es Ulrica quien ofrece los versos a Otárola. La segunda
cación de nuestro uso más coloquial del lenguaje. Me detuve inscripción, en la parte frontal, aparecía debajo del dibujo de
en un puesto de periódicos al leer en la portada del un ejército que marcha con las armas en alto y que nos acon-
International Herald Tribune (que también conservo sejaba lo que yo no me atrevía a decir a Mateo al momento de
enmarcado en mi oficina) recién llegado esa madrugada: "Jor- elevar el pico por encima de sus hombros: "and ne forhtedon
ge Luis Borges, a Master of Fantasy and Fable, is Dead". na", cuyatraducción también a mí me sirvió de aliento: "y que
Lo pensamos varios días. Dejamos que la emoción agota- no temieran".
ra sus efectos y que la frialdad de la razón nos dictara el final Cavamos toda la noche. Antes del amanecer, Mateo tenía
de esta historia mientras caminábamos en círculos por las ca- en sus manos la clave genealógicamás importante de su vida.
lles de Ginebra. Cuando elegimos el plan de acción definitivo,
sabíamos que pocos entenderían y que nadie aprobaría lo que ***
estábamos por hacer. Pero nada nos detuvo.
"Te recordaré", escribió Borges en la dedicatoria de El libro
Una semana después de la muerte de Borges entramos a
de arena a María Griselda, casi en forma de carta, "como se
la medianoche al cementerio de Plain-Palais con picos y pa-
recuerda un poema leído en voz alta, con la memoria del inte-
las. Alumbramos la lápida de su tumba y vimos que mostraba
lecto que quiere convencer al corazón de que el amor sólo
dos extrañas inscripciones en lengua nórdica. La que aparecía
existe en la literatura, porque afuera de esta página la pareja
en el dorso (recordé semanas después), se refería a dos ver-
quejuro que vos y yo formamosno existe nijamás existirá. En
sos de la Volsunga Saga que funciona como epígrafe en el
esta hoja he imaginado que aceptás mi abrazo y será justo
cuento "Ulrica" (incluido en El libro de arena), en el que
creer que cuando la leas, esa imagen se posará en tu memoria,
Borges construye una historia de amor entre una enigmática
tan real como ahora la dibujan los trazos inseguros de esta
mujer de ese nombre y un profesor de literatura colombiano
pluma fuente que quieren enamorartehasta el punto final.Nue-
(¿por qué no pudo ser mexicano?) llamado Javier Otárola.
vo Paraíso, 1967". Borges, quien hablaba inglés casi como
Una posible traducción reza así: "Él tomó su espada, Gram, y
lengua materna, no desaprovechó la fortuna literaria de una
colocó el metal desnudo entre los dos". María Griselda anotó
traducción infiel del nombre del lugar donde conoció a María
en un artículo sobre el cuento que esos versos aluden al prota-
gonista del poema, Sigurd, quien durmió tres noches al lado Griselda.
de la hermosa y perfecta Brynhild y, para evitar tocarla y no
ofender la inmaculada belleza con sus manos, puso su espada ***
Gram (con G de Griselda) entre los dos. ¿Un amor (volunta- El tiempo pasa, deslava mi memoria y confunde espacios y
riamente) imposible? Hay una dedicatoria en la parte inferior tiempos. Pronto, cada uno de estos encuentros será como el

202 203
propio Borges especularía, con esa elegancia impensable en espadas Gram del mundo), esta tarde me pondré a releer la
sus precursores y ni remotamente en sus sucesores: gotas de literatura de Borges*.
lluvia que se pierden en la vastedad del océano, agua en el oz
agua. Fragmentos de memorias que retornan a la Memoria, New Haven, primera semana de enero de 2009
infinita y laberíntica de la Causa Original.
En un viaje reciente a Ginebra, decidí por mi cuenta volver * Reviso el texto y no se me escapa que he dejado demasiados
al cementerio de Plain-Palais. Mateo todavía se niega a visitar cabos sueltos. Los enlisto para el laborioso trabajo de una nueva
de nuevo la tumba, como también rechaza hablar sobre los sesión del taller necesaria para eliminar sus faltas más urgentes:
1) El misterio de María Griselda: estoy convencido de que fue una
resultados de la última prueba de paternidad que encargó a su
decisión correcta omitir el verdadero nombre de la inmortal profe-
director de tesis. Creo que es mejor no pensar más en ello. sora y poeta. Pero me inquieta que la referencia a "La historia de
Mateo prefiere dedicarse a su destino ineludible de escribir y María de Griselda", el cuento de María Luisa Bomba!, que habla
ese fue tal vez el mayor triunfo del viaje, por muy inesperado de otra mujer de sobrenatural belleza, resulte muy obvia a los
que haya sido. lectores avezados.
2) El problema del tiempo: el lector atento fijará las dos fechas
Me impactó encontrar la tumba de Borges como si nada
capitales del relato: el congreso del boom en Yale (la primera se-
hubiera ocurrido. La rigurosa funcionalidad suiza, que no tole- mana de enero de 1967) y la muerte de Borges (14 de junio de
ra la pobreza, tampoco soporta las profanaciones. Era una 1986). Sin embargo: Cortázar muere el 12 de febrero de 1984 y
tarde de sábado y sentados bajo un árbol cercano, unos jóve- Rulfo el 7 de enero de 1986, lo que complica la cronología del
nes cantaban alrededor de otro que tocaba la guitarra. Me viaje. ¿Eliminar a Cortázar y anotar que el encuentro con Rulfo
ocurre en diciembre de 1985? Nueva anacronía derivada de esta
alivió saber que la tranquilidad del lugar no quedó alterada
posible solución: el puñetazo de Vargas Llosa a García Márquez
por nuestra desesperada exhumación. Normalizando aún más ocurre el 12 de febrero de 1976, y si Mateo fue concebido en enero
el ambiente, los guardias ofrecen una regadera para suavizar de 1967, tendría ocho años al momento de atestiguar el altercado.
la tierra alrededor de la lápida. Como supongo que hacen to- El lector informado sabrá que por lo menos no he cometido un
dos sus visitantes, yo también humedecí la tumba de Borges y error con la referencia a la prueba genética de paternidad: fue
inventada por Sir Alee Jeffreys, en la Universidad de Leicester, en
aspiré el olor dulce del zacate mojado.
1985. Es verosímil que otras universidades europeas hayan teni-
Llego al final de este relato, el único cuento que he escrito do acceso a esta tecnología un año más tarde.
en mi vida. Espero que estas páginas no defrauden al lector 3) La voz narrativa: el problema central de mi relato es la construc-
interesado en esta peculiar historia. Tal vez algún día Mateo ción del narrador. Si yo estuve enamorado de María Griselda, como
decida escribir su propia versión o por lo menos corregir la todos los demás hombres que la conocieron, ¿por qué habría
Mateo de confiar en mí y, más dificil todavía, solicitar mi ayuda en
mía. Yo ya no quiero tener nada que ver con la escritura litera-
su búsqueda? ¿Cómo es que sé tanto y con tanto detalle? ¿Y por
riaCumplí con mi promesa de ser copiloto e involuntario cro- qué, aunque ya he admitido mi amor por su madre, habría de acom-
nista de esta aventura. Ahora puedo descansar. En honor a pañar a Mateo en su delirante viaje? ¿Qué interés me mueve, más
todos, escritores, lectores y los libros entre ellos (las infinitas allá de mi fascinación por María Griselda, quien ya no está con

204 205
T

Lo que yo preferiría

Y si en Dios tener debajo de sus pies


las nubes es señal de eterno y alto
dominio, el ponerlas sobre las cabe-
zas de los hombres lo era de sujeción;
y en la antiquísima gentilidad, como
he dicho, de tristeza aun en los dio-
ses mentirosos, y de tristeza y amena-
za en los hombres.

FRANCISCO DE QUEVEDO,
La constancia y paciencia del santo Job

nosotros, los mortales habituados a la belleza terrenal? No tengo


una solución inmediata a este escollo. Abandono el cuento por lo
legó exactamente a las siete. Cuando cruzó la puerta del
pronto. Me congratulo por haberlo terminado en las fechas de
cierto aniversario que el lector modelo que imagino reconocerá
con la rapidez de la intimidad. Volveré a corregir estas páginas
L bar y me vio, entendimos de inmediato lo que pasaba.
Juliet dejó que me hincara, que descubriera su vientre, su
cuando encuentre la manera de mitigar la sospecha última de ese hermosísimo vientre, para besarlo. Me limpió las lágrimas.Yo
lector modelo: que el verdadero padre de Mateo soy yo y (más
besé las suyas. La abracé y pensé que podría quedarme así
desconcertante aún) que Mateo y yo somos la misma persona. El
alud de disyuntivas que estas posibilidades alumbran es material toda la vida, sintiendo al mismo tiempo los intervalos de tu
de otro cuento que ciertamente no escribiré jamás. cuerpo, flotando, dentro.

206 207
T
Podestá nos había citado a los dos para darnos la oportu- Te auguro, pase lo que pase, una vida feliz al lado de ella.
nidad de despedirnos o de quedarnos juntos. Nos dejó deci- Vendrán días intensos, enormes, radiantes. Acaso una brillan-
dir a solas. te carrera como ladrón de literatura.
Sin afectar nuestro silencio, Juliet me tomó entre sus ma- Pero seré honesto, Mateo. Tú que asumiste ese pacto re-
nos y me besó en los labios. Luego en la frente. Y se fue. ligioso leyendo estas páginas, intentando reconciliar el texto
Mateo, regalode Dios. Quiero creerlo, decir que lo he creí- con los hechos, como el Evangelista que te nombra, sé que lo
do desde el principio. Sabiendo lo que ahora sabes, ¿recorda- entiendes: yo preferiría que fueras una nube.
rás qué pasaba al interior mientras escribía tu nombre todos
estos meses? ¿Sentías que de algún modo te nombraba?
Podestá me llamó esa madrugada de septiembre, unos días
después de mi último encuentro con Juliet. Sonó el teléfono en
el momento más profundo de mi sueño. Me encontraba en un
campo abierto. Se extendía un horizonte verde, con el cielo
escampado. Yo me echaba a correr y despegaba, a ras del
zacate. El rocío del amanecer me avivaba el rostro y el viento
se hacía cada vez más fino. Yo ascendía y arriba ya no era el
rocío sino una lluvia suave la que me limpiaba los ojos y la
boca. Me bañaba entre el viento y seguía ascendiendo y son-
reía libre y ligero.
El timbre repentino del celular me hizo manotear, como si
mi vuelo se desplomara y me arrastrara por la tierra. Se me
cayó el teléfono y se estrelló la pantalla. No pude ver quién
era pero del otro lado escuché la voz gruesa y agitada de
Podestá. Se rompió lafuente de Juliet y las contracciones
han comenzado. Quiere que vengas. Más te vale aparecerte
o voypor ti. Dije que iba en camino y escribí apresurado las
últimas líneas. Temblaba, Mateo. Me daba miedo el amane-
cer, la luz incontenible de tu llegada. Hubiera querido que te
quedaras dentro un poco más. Pensaba que habría más tiem-
po, que podría decirte más cosas, escribirlas con precisión
irrefutable, pero sé que tendrás más preguntas y que tal vez no
sepa o no pueda responderte.

208 209
...,,.
.

Aprés la lettre

e ae otro aguacero mientras corrijo las últimas erra-


tas de tu historia. El café en Les Deux Magots se
ha enfriado desde hace rato y me encuentro solo
en medio de sillas vacías, tazas y platos sucios, empleados
aletargados por la zozobra de la tarde. El tiempo ha pasa-
do implacable por estas mesas, que de pronto me resultan
intolerables, de artificialidad ajena. Me sorprendí al notar
que había dejado de escribir en las últimas horas. Repasa-
ba en cambio una imagen o serie de imágenes cuyo senti-
do sólo entendí después:

J o<;;f;;>999
" .
.. O.... ·: .. :: .. .. ..
t
t,
'f;
.. :: .... ..;." ..::.. :·.... :::·.. ..:.:: ::,.
00
:. . . . ..
e ~

1 211
••••••

Guardé mis papeles. Pagué mi ínfimo consumo (ese


largo café de candencia volátil) y me puse de pie. Pensé
que ya no era un lugar adecuado para enunciar historias.
Apenas un simple café, una sala improvisada de museo,
un relicario inconsecuente de la tradición. La literatura,
como la vida, como tu vida, Mateo, habría que buscarla
ÍNDICE
ahora en otraparte. Caminépor la avenida Saint Germain.
Recordé la frontera y el viaje que tarde o temprano hare-
mos tú y yo, de regreso.

Avant la lettre . 11
Los tres robos . 13
Epígono de Pierre Menard . 17
Instrucciones para escapar de la frontera . 33
El otro cielo . 41
Huiqui . 47
Los dos amigos 59
La errata que piensa 77
Diles__que_tte_me_maten.Rulfo.OZ.huiqui . 95
Juliet . 103
Una fábula . 109
Las nubes . 121
La decisión 125
Menos su vientre ............................................................ 135

212 213
Juan Rulfo en el jardín 139
Tu nombre, Mateo . 155
Un licor de pistacho, para el muchacho 159
Entre la fe y el arte 175
El libro seminal . 181
Lo que yo preferiría 207
Aprés la lettre 211

Esta primera edición de Siembra de nubes fue


impresa en los talleres de Editorial Praxis,
Vértiz 185-000, Col. Doctores, Delegación
Cuauhtémoc, C. P. 06720, México, D. F.,
en abril de 2011. La composición tipográfi-
ca se hizo en Times New Roman de 18, 14,
12 y 10 puntos. El tiro, sobre ahuesado de
44.5 kg, es de 1000 ejemplares. El cuidado
de la edición estuvo a cargo de Dante
Salgado, Carlos López y el autor.

214
El torpe robo de un libro de poesía George Steiner escribió que los críticos
lleva a OZ, un joven aprendiz de sólo deben ocuparse de las obras que
escritor, a dejar su natal Ciudad aman. En Siembra de nubes, de
Juárez para estudiar un posgrado Oswaldo Zavala, está practicado el
en París, con la ingenua ilusión corolario narrativo del apotegma:
de encontrar a la autora que lo sólo debemos inventar a los escritores
ha obsesionado por más de una que nos apasionan, aquellos que
década. El viaje, por supuesto, hemos releído con el temor recóndito
es fuente de lo inesperado: una -que es esperanza- de que no
relectura desbordada de la obra sean tan buenos como en el recuerdo
de Borges y del boom latinoameri- y nos sorprenden. Porque son mejores.
cano, un combativo y digitalizado Porque son distintos. Porque son al
movimiento de vanguardia, la feli- mismo tiempo hondamente nuestros
cidad de la amistad y la zozobra e impenetrablemente misteriosos. El
de la traición. Concibe también un libro no es sólo ejemplar por la cons-
hijo, a quien OZ ha decidido contar telación de autores que propone, sino
todos sus secretos por medio de por la tierna, esmerada imaginación
una novela y nueve cuentos inter- con la que examina sus páginas para
polados -uno por mes, hasta el convertirlas en.ficción. En ficción,
alumbramiento- que lo pondrán pero también en memoria, autobi-
en la más clásica, pero también bliografía, sueño. Este Rulfo, este
más irresoluta de las disyuntivas: Borges, este Bolaño, por mencionar
literatura o vida. sólo a tres, se vuelven parte de
Oswaldo Za va la y mediante su
prosa regresan a nosotros rencar-
nados, sonrientes, compasivos,
humanamente tristes. Nosotros
leemos este don narrativo, escrito
para un hijo, intervenimos como
una escala en esta herencia. Celebro
tener la primicia de poder leer esta
carta que no deja de ser muy íntima,
profundamente cierta.
En esta ficción hay verdad.

]OSÉ RAMÓN RUISÁNCHEZ