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Violencia verbal en los jóvenes: Palabras que duelen

Insultos, palabras soeces, respuestas agresivas ante un choque


accidental en plena calle son manifestaciones de violencia cada vez más
comunes en nuestras vidas. Hijos de padres agresivos verbales, imitarán
este patrón cuando adultos, comenta Zulema Vivanco, directora de la
Escuela de Fonoaudiología de la U. Andrés Bello.

En muchas oportunidades, producto del estrés al que estamos expuestos,


es posible decir cosas con una alta carga de agresividad, lo que no es
bueno para las relaciones interpersonales. A veces una simple
entonación irónica o sarcástica que se agrega a una aseveración puede
ser altamente dañina, no es necesario la burla o el insulto verbal para
producir un daño psicológico.

"La ira o el enojo impiden pensar y se pueden decir expresiones


inadecuadas producto de ello, pero hay otros casos en los que
premeditadamente se intenta causar un daño psicológico en el oyente.
Ambos casos son de agresividad verbal y producen lesiones psicológicas
de diverso grado: leve, moderado o profundo dependiendo de la situación
y el tipo de relación que exista entre el hablante y el oyente", explica
Zulema Vivanco, directora de la Escuela de Fonoaudiología de la
Universidad Andrés Bello.

Razones
Respecto a la agresividad verbal, los especialistas manejan la hipótesis
que los hijos de padres agresivos verbales, imitarán este patrón cuando
adultos, ya que es el modelo a imitar.

"Para estos jóvenes, lo más serio es el daño psicológico que acarrean:


pueden tener baja autoestima, conducta social inadecuada y problemas
de comprensión en lo pragmático", subraya la profesional.

La aplicación de castigos físicos desmedidos también genera en los


niños conductas de agresividad verbal o bien de excesiva pasividad o
apatía, ambas tampoco deseables para una relación sana.

Recomendaciones
"Es necesario colocar las emociones bajo el control de la razón, ya que
autor regular la ira desde lo racional puede constituir una importante
habilidad social. El propósito es ser más reflexivos en los momentos de
enojo, midiendo nuestras palabras y considerando las consecuencias que
pueden acarrear", dice la especialista.

El ejemplo de los padres es, sin duda, decisivo. Se debe evitar agredir a
los niños física y verbalmente, mantener clima de discusiones en el
hogar, establecer situaciones de competitividad, buscar culpables en
lugar de soluciones, usar la disciplina como un castigo o emplear
cualquier tipo de amenaza para hacerles obedecer.

Con la agresividad verbal, estamos destruyendo el valor de la persona


que recibe nuestra agresión, la ridiculizamos delante de otros o delante
de sí mismo.

Zulema VivancoEdición: Universia / TA http://noticias.universia.cl/vida-


universitaria/noticia/2008/11/05/300311/violencia-verbal-jovenes-palabras-
duelen.html

Adolescentes expuestos a la violencia verbal pueden desarrollar

enfermedades mentales

Los gritos pueden conllevar a la depresión y abuso de alcohol y drogas.

Existen hasta tres veces más probabilidades de sufrir estos problemas

No hace falta pegar a un menor para que las secuelas perduren toda la
vida. Basta con gritarle. Por este motivo y tras los resultados de un
nuevo estudio, un grupo de investigadores acaba de recomendar la
puesta en marcha de programas de intervención precoces para los niños
y jóvenes que conviven en casas dominadas por la violencia verbal.

El consejo se ha realizado ni más ni menos que en la revista de la Academia


Americana de Siquiatría del Niño y del Adolescente (The Journal of American
Academy of Child and Adolescent Psychiatry) por boca de científicos de la
Escuela Simmons de Trabajo Social (en Boston, EE.UU.) dirigidos por Helen
Reinherz.

"De verdad esperábamos que la exposición a la violencia física dejara


cicatrices perdurables, pero no creíamos que nos íbamos a encontrar con
que la exposición a gritos e insultos entre miembros de una familia
tuviera efectos en la vida adulta. Estas consecuencias negativas
incluyen problemas de salud mental, concretamente depresión y abuso
de alcohol y sustancias. Además, los sometidos a este tipo de
agresiones están más descontentos con sus vidas y sufren, incluso, más
desempleo", explicó al diario español El Mundo, Reinherz.

"El ambiente familiar caracterizado por los conflictos verbales (insultos,


amenazas tanto de padres a hijos como entre los propios progenitores) a
menudo tiene una influencia perjudicial en el desarrollo sicosocial, la
salud mental, y el bienestar de los jóvenes que viven en esos ambientes,
pero hasta ahora existía poca evidencia científica de las secuelas a largo
plazo", postulan los científicos en su trabajo.

La investigación

Reinherz y su equipo iniciaron en 1997 la investigación "Simmons Longitudinal


Study" en la que se recopilaron los datos de 1.977 personas de esa
comunidad a través de varios informantes (como padres y profesores) en
edades muy concretas; a los cinco, seis, nueve, 15 18, 21, 26 y a los 30 años.

De todos estos participantes, escogieron a 346 para realizar un nuevo trabajo.


Los autores indagaron sobre la existencia de violencia verbal en sus hogares
cuando tenían 15 años y sobre la violencia física, también en casa, a los 18
años.

Analizaron si ambos tipos de agresiones tienen repercusiones en la


funcionalidad de los adolescentes cuando alcanzan la edad adulta (30 años).

Entendiendo por ella, la existencia de salud mental (existencia o no de


enfermedades psiquiátricas o problemas de comportamiento), el estado
psicológico (autoestima, satisfacción personal en el trabajo u otras
actividades), puesto laboral, salud física, e historia familiar.

Como primer dato destaca el número de jóvenes que reconoció la prevalencia


de conflictos verbales (un 55 por ciento) en sus casas a los 15 años, frente a
los que vivieron violencia física (un 12 por ciento) a los 18 años.

"El parámetro que más relación tuvo entre los conflictos familiares y las
consecuencias a largo plazo fue el relacionado con la salud mental. En los
adolescentes en los que se documentó la vivencia bajo insultos el riesgo de
padecer un trastorno siquiátrico en la treintena era tres veces mayor que el de
sus congéneres de familias estables. Entre ellas se incluyen la depresión, la
dependencia de las drogas, así como más posibilidades de padecer
comportamientos antisociales", reza el trabajo.

"Nuestra investigación tiene importantes implicaciones tanto para la práctica


clínica como para las investigaciones futuras. Es necesario crear programas
preventivos precoces para estos jóvenes, así como fomentar la buena
comunicación entre padres e hijos.También se debería hacer un esfuerzo por
identificar los factores protectores que pueden emplear los jóvenes expuestos
a la violencia verbal y física con el fin de tener una buena funcionalidad
cuando se conviertan en adultos", recalca la directora del ensayo.

http://www.cooperativa.cl/noticias/sociedad/0/0/adolescentes-expuestos-a-la-
violencia-verbal-pueden desarrollar-enfermedades-mentales/2009-04-
06/124810.html
VIOLENCIA Y AGRESIVIDAD EN ADOLESCENTES NORMALES

Capítulo 6:
Agresividad verbal en niños y adolescentes

La agresividad verbal.

Hacia los 4 años los niños abandonan habitualmente el recurso a las


crisis de cólera y toleran más las privaciones y las faltas. Algunos niños y
adolescentes continúan, sin embargo, utilizando este tipo de comportamiento
de manera regular en sus relaciones con los otros; las crisis de cólera son en
este caso utilizadas para impresionara al adulto, para disgustarlo, o para que
ceda. Algunos niños, sobretodo en edad escolar, son extremadamente
intolerantes a la frustración y recurren a las crisis de cólera, o amenazan con
hacerlas, para manipular su entorno. La relación con el adulto se establece
sobre la base de un chantaje o intercambio, bajo una atmósfera de relación
forzada constante. La interacción entre padres-niños (o adolescentes) se
cristaliza alrededor del recurso a la presión; los padres dan un mensaje de tipo
“si tú haces esto, tendrás lo otro” y el niño utiliza la misma estrategia: “si me
das esto, haré lo otro”.

El niño o el adolescente es descrito por los padres como difícil,


intolerante, impulsivo, impaciente y provocador; busca utilizar a sus padres y a
los que viven a su alrededor (compañeros o padres) como simples
instrumentos puestos a su disposición; no soporta ningún rechazo ni retraso en
la satisfacción de sus necesidades. Los padres pueden quedar atrapados por la
actitud del niño o del adolescente, se sienten culpables o malos padres si no
ceden a sus demandas; no se atreven a enfrentarse con sus hijos imponiendo
límites o justificando los rechazos a sus demandas. Pueden, en ciertos casos,
estar a la disposición de sus hijos ser víctimas de los niños o adolescentes que
se convierten en los “reyes y señores” de la casa.

El niño o adolescente puede utilizar el mismo tipo de relación con otras


personas (abuelos, profesores). La desorganización del comportamiento
(llantos, gritos, amenazas, burlas, vociferaciones) le puede permitir manejar su
entorno. Puede igualmente recurrir a la misma estrategia en las relaciones con
sus compañeros; por ejemplo, puede atacar verbalmente a los otros, hacer una
escena y abandonar el juego (en lugar de aceptar que ha perdido), gritar o
amenazar cuando está en desacuerdo o enfadarse por pequeños detalles.

El comportamiento agresivo del niño a o el adolescente en el seno de la


familia indica a menudo problemas de interacción importantes: los padres son
permisivos y débiles, no consiguen ponerse de acuerdo sobre la línea de
conducta que deben mantener, los conflictos entre ellos aparecen por el tema
de la educación del niño o el adolescente, el cual observa y saca el máximo
partido del desacuerdo de sus padres (Papá está de acuerdo, mamá no lo
está). Cuando uno de los padres (padre o madre) quiere mostrarse más firme,
el otro busca proteger al niño o adolescente y establecer una complicidad con
él, de manera que se crean juegos de alianzas y oposiciones, a veces muy
patológicos, en el seno de la familia. Las maniobras de chantaje y de
manipulación utilizadas por el niño o el adolescente serán eventualmente la
puerta de entrada a dificultades más importantes, entre otras a
comportamientos francamente delincuentes.

Capítulo 1: TEORIAS Y MODELOS EXPLICATIVOS: DEL “INSTINTO


AGRESIVO” AL APRENDIZAJE DE LA CONDUCTA AGRESIVA. 1.1 Visión
innatista de la Conducta A2resiva: Un debate del pasado • ¿Es la conducta
agresiva humana innata? • ¿Se puede entender como algo imposible de
eliminar, o por el contrario, es un mal evitable?. • ¿Es la sociedad la que genera
y mantiene los comportamientos agresivos? Estas y otras muchas preguntas
más han sido tema de apasionados debates entre científicos y público en
general. Entre los investigadores la primera controversia ha girado en torno a la
existencia o no de un “instinto agresivo “. Durante siglos se ha creído en un
instinto violento, defendiendo que los seres humanos nacemos con una innata
necesidad de odio y destrucción.

1. La agresión es un instinto como cualquier otro, que en condiciones


naturales sirve para la conservación de la vida y de la especie.
Entre sus funciones se destacan tres, pero no son las únicas ni las
más importantes: a). Distribución de los animales de la misma
especie por el espacio vital disponible; b). Selección realizada por
los combates entre rivales y c). Defensa de la progenie. 2. Además
de las anteriores funciones, la agresión cumple un papel
indispensable en todas las puisiones, sirviendo de “motor y
motivación” en comportamientos cotidianos y también en algunos
que inicialmente no están relacionados con ella o que aún parecen
lo contrario. En palabras de Lorenz: “No se sabe si considerar
paradoja o lugar común el hecho de que en los lazos personales
más íntimos que unen a los seres entra mucho de agresivo” (pS4) y
también expresa: “es probable que todo cuanto está relacionado
con la ambición, el afán de escalar puestos o subir de categoría y
otras muchas actividades indispensables, desaparecerían de la
vida humana si se suprimieran las pulsiones agresivas” (p.3 13). 3.
Plantea que la agresividad humana se nutre de una fuente
inagotable de energia y como cualquier otra conducta innata, está
tan arraigada biológicamente que puede exnresarse
espontáneamente y no necesariamente como reacción ante
estímulos 34 externos. ‘y...) es lo espontáneo de este instinto lo
que lo hace tan temible” (p.6 1). Esta forma de concebir la agresión,
que comparte características similares con el modelo de libido de
Freud, ha sido acertadamente denominado “Modelo Hidráulico”,
por analogía a la presión que ejerce el agua o el vapor acumulados
en un recipiente cerrado. Lorenz defendía en este sentido, que
cuando un organismo no encuentra estímulos que le permitan una
descarga en momentos apropiados, puede comportarse de formas
inadecuadas que no guardan relación con la situación inmediata,
debido a que la conducta instintiva actuará porsí misma por la
presión del impulso acumulada . 4. Atribuye el origen de esta
agresividad a un proceso de selección intraespecífica que sucedió
durante el neolítico, cuando el hombre primitivo logró dominar y
controlar los peligros externos los cuales ya no eran factores
básicos en la selección, siendo a partir de ese momento, la guerra
el factor clave. Posteriormente, y según lo expresado por Lorenz, la
vertiginosa transformación ecológica y sociológica debida al
desarrollo cultural, ha generado efectos desastrosos al
desequilibrar los “mecanismos de comportamiento otro rafilo
genéticamente adaptados” (p.274). 5. Esto le llevó a analizar el
cambio sufrido en las funciones del impulso agresivo: de
conservación del individuo y de la especie a convertirse en “el más
grave de todos los peligros , concluyendo que se deben al
imparable crecimiento de la población y a la “imposibilidad de
descargar las pulsiones agresivas en la medida ‘prevista “para la
especie. No hay salida legítima al comportamiento agresivo en una
comunidad moderna” (p .281). Si retomamos la idea de Lorenz de
que la agresión es un impulso innato, espontáneo, que necesita
drenarse continuamente y que en la sociedad moderna no
encuentra “formas adecuadas” para descargarse, podríamos
entonces preguntarnos: ¿qué sucede con esa energía agresiva?;
¿es introyectada por el individuo como planteaba Freud?; ¿se
descarga independientemente del objeto o situación?; ¿es
desplazada hacia otros fines o actividades?. La respuesta que
ofrece Lorenz es, que la misma evolución a través de la mutación y
la selección, se ha encargado de crear mecanismos que ayuden a
controlar dichos impulsos y afirma que “la desviación y
reorientación del ataque es probablemente 35 el medio más genial
inventado por la evolución para encarrilar la agresión por vías
inofensivas. Pero no el único” (p.68). En este sentido, él mismo
ofrece cuatro recomendaciones que ayudarían a reducir la agresión
en el ser humano: a). Conócete a ti nft&no b). Estudio, mediante el
psicoanálisis, de la sublimación: c). Fomentar el conocimiento
personal: d). Canalizar el entusiasmo militante de forma inteligente
y responsable. Lorenz llega a la conclusión de que hay dos
medidas para el control de la a2resión que están condenadas al
fracaso: a). Eliminación de todas aquellas situaciones que podrían
desencadenar un comportamiento agresivo; b). Intentar controlarla
poniéndole un veto moral. Ambas fracasarían teniendo en cuenta la
espontaneidad esencial de esta pulsión instintiva y porque sería
como “querer reducir la creciente presión cíe una caldera
apretando con másfuerza la válvula de seguridad” (p.3 12). Una
tercera medida que teóricamente sería posible pero que él juzga
poco recomendable seria la eliminación de las pulsiones agresivas
mediante selección eugenésica. Es lógico que no apoye esta vía
porque, tal como se expuso en párrafos anteriores, para Lorenz la
agresión intraespecífica es un factor fundamental e indispensable
para la vida humana. Por lo tanto, se decanta por la reorientación
de la agresión como el camino más prometedor para hacer
inofensiva a la agresión.
Finalmente, es muy importante citar la postura de Lorenz respecto
a la guerra y en general hacia la agresión no como conducta
adaptativa sino destructiva, que quizá ha sido uno de los
elementos más polémicos de su teoría, porque en ella creen
encontrar apoyo tanto los que defienden que es algo inevitable y
por tanto la justifican, como los que tienen una visión pesimista y
piensan que estamos condenados a sufrirla. Aunque su postura
respecto a estos temas no es muy clara a lo largo de toda su obra,
al final de la misma se puede apreciar una cierta apertura
conceptual que permite flexibilizar su concepto de instinto y da un
margen de actuación al aprendizaje y a la cultura como elementos
claves en el control de la agresividad. Cuando hace referencia a la
agresión intraespecífica teniendo en cuenta el desarrollo cultural y
tecnológico de la humanidad la califica como el más grande de
todos los peligros y afirma que ‘4...) no mejoraremos nuestras
posibilidades de contrarrestarla si la aceptarnos como algo
metafisico e inevitable, pero, por otra parte, quizá 36
conseguiremos encontrar soluciones si investigamos sobre ella”
(pl3 8). En esta misma línea va su postura frente a la guerra. Hace
alusión a la opinión del doctor Marmor que “habla de los
obstáculos psíquicos que se oponen a la eliminación de la guerra
en tanto que institución social”> entre los cuales cita a los juegos y
juguetes bélicos, éstos crean un ambiente propicio para la
aceptación por todos de la guerra y la violencia. En concreto,
Lorenz dice: “Creo como él que la guerra moderna se ha
convertido en institución y comparto su optimismo en creer que,
siendo una institución, la guerra puede ser abolida” (p.319).

Agresividad:

Concepto Al empezar la investigación se considera oportuno mencionar


el concepto de agresividad, la cual se considera como variable principal
de la investigación. Según el DICCIONARIO DE PEDAGOGÍA Y
PSICOLOGÍA (1999, p. 15.), “La agresión es el comportamiento cuyo
objetivo es la intención de hacer daño u ofender a alguien, ya sea
mediante insultos o comentarios hirientes o bien físicamente, a través de
golpes, violaciones, lesiones, etc”. La agresividad no puede relacionarse
directamente con violencia, a pesar de que es parte de ella, la agresividad,
puede incluir maltratos verbales, psicológicos, sociales, emocionales. La
agresión hay que diferenciarla de la violencia a pesar de la estrecha
relación que existe entre ambas. Según el DICCIONARIO DE WEBSTER,
(2005, p. 76.) “la agresividad es un ataque no provocado o un acto
belicoso, es decir es una práctica o hábito de ser agresivo o belicoso”, así
mismo el diccionario de el DICCIONARIO DE PEDAGOGÍA Y PSICOLOGÍA
(1999, p. 16.) define como conducta o tendencia hostil o destructiva”, es
decir cualquier agresión que se presenta en forma usual, corresponde a
un conducta agresiva, sin embargo una reacción inusual, puede
considerarse como un estado provocado y no precisamente una persona
agresiva. ARCHER Y BROWNE, Citado en Prevención de acoso escolar,
(2011, p. 34.) establecen 3 características del caso prototípico de agresión
que son “Intención de causar daño (físico o impedir el acceso a un
recurso necesario), provocar daño real (no un mero aviso de advertencia
de que se va a provocar) y existencia de una alteración del estado
emocional”, al analizar las características presentadas por Archer y
Browne, puede señalarse que la agresión debe ser realizada con una
intención premeditada, acompañado de una alteración de las emociones,
por ello es importante que se manejen las emociones, pues es el manejo
del estado emocional, puede evitar caer en agresiones ya sea para agredir
a alguien o provocar a otro. GEEN, distingue entre: Agresión colérica o
afectiva: Va acompañada por un fuerte estado emocional negativo de
cólera como reacción a alguna provocación previa. Persigue como
objetivo principal el causar daño y Agresión instrumental: Está privada de
emoción. Predomina el cálculo. El objetivo no es causar daño, es un
medio para otros objetivos. Ejemplos: autodefensa búsqueda de poder
social coercitivo sobre las personas, Citado en Guía de Prevención de
Acoso Escolar, (2011, p. 34.) Las agresiones muchas veces en las
instituciones educativas, incluso en la propia sala de clases se observa
un estado colérico, donde el joven responde o incluso levanta la voz
fuertemente, esto significa ya un estado colérico, en otros casos aunque
menos notorio sucede lo que Green caracteriza como agresión
instrumental, donde el agresor analiza sus objetivos para conducir al
agredido hacia lo que el espera. 2.2.2 Agresividad en el Adolescente. El
tema en estudio se basa específicamente sobre la agresividad en
adolescente, por un lado ya se ha procedido a analizar el concepto de
agresividad, para relacionar esta acción con el adolescente se considera
oportuno analizar el concepto de adolescente. Según PIATTI DE
VAZQUEZ, (2010, p. 35) “La adolescencia es un periodo que abarca desde
los 12 años a los 18 años aproximadamente, donde se manifiestan
transformaciones o cambios fisiológicos y psicológicos”. Los cambios
que se presentan en esta etapa perturban la identidad del adolescente,
pues sienten que ya no son niños, pero tampoco adultos. Estos cambios
no afectan solo físicamente, sino también psíquicamente, en sus
sentimientos con los padres, los amigos y hasta consigo mismo 2.2.3
Conducta del adolescente Como la adolescencia va acompañada de
múltiples cambios, es importante considerar también que se producen
cambios en el estado de ánimo y estado emocional, este cambio en el
estado de ánimo, es lo que muchas veces causa un sensación de mal
humor, lo que también ocasiona conductas agresivas, aunque debe
entenderse que la agresividad, puede ser provocada por muchos factores
que deben determinarse a partir de profundos estudios. PIATTI DE
VAZQUEZ, (2010, p. 35) En la adolescencia se producen cambios
psicológicos, que se observa más en las relaciones de los adolescentes.
Dichas relaciones son la relación con los padres, la vida sentimental,
interés hacia el sexo opuesto entre otros. El adolescente debe llevar
relaciones sociales sanas para evitar que sufra un desequilibrio en sus
emociones y en su personalidad, por lo tanto en la adolescencia empieza
el interés hacia el sexo opuesto, la rebeldía con los padres por el deseo
de emancipación entre otros. La conducta del adolescente se ve
determinada por innumerables factores que se analizarán más adelante,
PIATTI DE VAZQUEZ, (2010, p. 35) tradicionalmente, la adolescencia ha
sido considerada como un período crítico de desarrollo en muchas
culturas, especialmente en las sociedades más avanzadas
tecnológicamente. Tanto la conversación convencional como en las
obras, los autores han dado referencia a los "años tormentosos"
comprendidos entre el final de la niñez y la edad adulta nominal. “Los que
han estudiado científicamente la conducta señalan que la adolescencia
representa un período de tensiones particulares en nuestra sociedad”. Se
entiende que el adolescente no es aún un niño ni un adulto y se sabe que
la etapa por la que pasan como época de transición entre la niñez y la
adultez es decisiva. Por todo esto es importante que tenga un
acompañamiento cercano de su familia y las personas mayores
encargadas de su formación. PIATTI DE VAZQUEZ, (2010, p. 37) “El
adolescente que vivía dentro de su familia, con sus roles diferenciados y
perspectivas dadas por su sexo, también cambió al vivir ahora en las
ciudades y con el padre que trabaja en una fábrica ya no hay a quien
sustituir en el plano familiar”, atendiendo el cambio radical de la forma de
vida de la sociedad, es imperiosa la necesidad de analizar distintas
acciones que pueda ayudar al adolescente a tener una conducta sólida
basada en valores y que especialmente goce de autodominio emocional.
Los adolescentes ahora intercambian opiniones y deseos y es así como
se van formando sus rasgos específicos, como su lenguaje, moda, gustos
y reivindica sus derechos conmoviendo aspectos adormecidos en los
adultos. LIONS-QUEST, CAMBIOS Y DESAFÍOS, (2008, p. 17) “Cuando el
hombre comienza a experimentar cambios físicos, es a raíz de eso que se
comienza a preguntar quién es, por qué le da miedo perder la seguridad
de su infancia y tampoco se atreve a aceptar las responsabilidades de un
adulto; es así que se refugia en sí mismo, buscando su propio mundo que
es el conocido y que le da seguridad, volviéndose introvertido y
alejándose de los adultos” Las distintas situaciones conflictivas que se
desatan por la característica de la adolescencia, crea un conflicto en la
propia conducta, vienen las crisis familiares puesto que los padres
muchas veces no se resignan a que “su niño” esta creciendo o le exigen
ya como si fuese adulto, entonces el adolescente quiere comportarse
como un adulto con todas las responsabilidades, sin embargo a la hora
de enfrentar sus responsabilidad, se encierran en su mundo de niño otra
vez. El conflicto de la conducta crea muchas veces agresión, por el
estado de ánimo y un desequilibrio emocional muy constante. LIONS-
QUEST, CAMBIOS Y DESAFÍOS, (2008, p. 17) “En medio de esas crisis
pueden buscar a otras personas, que como él, están perdidos y formará
sus grupos. Crearán su mundo en el que ensayarán y elaborarán dramas
internos con personajes externos, incluso crearán pandillas para aceptar
o agredir a otros que sean más débiles”. En ocasiones también los
adolescentes entran en las pandillas y para que sea aceptado el grupo le
pide que agreda a otro más débil, lo grite, lo insulte, o le proporcione
castigos físicos, esto causa para el agresor un sentimiento de culpa si la
conducta agresiva no es propia de él. En este proceso de maduración el
niño pasará por diferentes fases, pero cualquier problema en alguna de
ellas originará otro en el siguiente y añadirá problemas a la ya de por sí
conflictiva etapa de la adolescencia. 2.2.4 Desarrollo del adolescente Es
de interés analizar la conducta afectiva, social y de la personalidad del
adolescente, porque la agresividad, puede ser provocada por un trastorno
del desarrollo de la afectividad, desarrollo social o de la personalidad. Las
relaciones familiares dejan de ser un permanente nido de conflictos
violentos y la irritación y los gritos dejan paso a la discusión racional
análisis de discrepancias y pactos y compromisos. Los intereses
afectivos de los jóvenes abandonan masivamente el ámbito familiar,
estableciendo nuevas elecciones de objetos afectivos extrafamiliares. El
grupo adolescente se inicia solo con dos (adolescente y amigo). El paso
de un grupo a otro se caracteriza porque el muchacho ya no se interesa
por las aventuras de pandilla a la que siempre ha pertenecido y busca la
soledad; se asocia a un compañero y así comienza el grupo puberal. La
compresión la buscan fuera, en los compañeros, en los amigos, hasta
encontrar el que va a convertirse en su confidente, el adulto o los padres
no llenan esos requisitos, es muy difícil que el adolescente confíe sus
problemas a sus familiares, sin embargo con facilidad, podrá hacer con
un compañero o amigo que considera su confidente. En la adolescencia
se va a regir la vida del adulto, su desarrollo emocional, social y
desenvolvimiento positivo en la sociedad, en este aspecto se analizará el
desarrollo de la personalidad, dentro de este ámbito se ubica la conducta
agresiva que muchas veces se observa. PIATTI DE VAZQUEZ, (2010, p.
37) señala una serie de características que aparecen en la adolescencia y
que juegan un papel preponderante en el desarrollo de la personalidad.
“Las tensiones internas: Hay reaparición de deseos inconscientes
reprimidos como egoísmo, crueldad, suciedad o dejadez. Disolución de la
identidad infantil. La mayoría de niños y niñas que han crecido bajo un
modelo educativo tan distante de la rigidez, como de una excesiva
permisividad, les va a ser útil para superar la crisis de la adolescencia”.
En esta etapa es muy común que el adolescente se sienta tenso por la
reaparición de deseos instintivos que lo angustiarán y para poder
superarlos tendrá que ser muy firme y es aquí donde se verán reflejadas
la seguridad y la madurez adquiridas en la infancia. PIATTI DE VAZQUEZ,
(2010, p. 37), “Frecuentemente hay quejas de la familia respecto a la
frialdad para con ellos departe del adolescente. Sin embargo estos son
capaces de los mayores sacrificios y de mantener amistades o amores
muy apasionados”. Los adolescentes enfrentan situaciones que van
formando su conducta o su personalidad, de ahí la importancia de que los
hijos sean acompañados por sus padres, docentes u otros mayores. “Se
registra un aumento cuantitativo de los impulsos sexuales y el
adolescente se ve envuelto en una lucha entre el control de sus impulsos
y la liberación de estos”. Esto explica sus cambios de carácter y lo
impredecible de su comportamiento que puede mostrarse rígido y lleno
de inhibiciones o entregado sin medida a satisfacer todas sus
necesidades. NUÑEZ SERGIO Y VARAS HUMBERTO (2009, P. 149), Si el
adolescente mantuvo una uniformidad de conducta durante el periodo de
latencia (11 o 12 años) en la mayoría de los casos se enfrentarán con sus
padres, ya que a estos les resultará difícil entender los cambios de actitud
de sus hijos. Pero tanto en estos problemas como en los que pudieran
dar en el ámbito escolares adolescente no se propone una ruptura con su
moralidad infantil con el simple propósito de fastidiar a padres y maestros
y si estos comprenden los cambios y conservan la firmeza sin imponer su
autoridad a ultranza. Esta durará lo necesario para que establezca su
anhelada independencia mediante la potenciación de un yo claramente
diferenciado”. El adolescente incomprendido por su familia evidencia un
rechazo hacia ella y se recoge en su mundo interno. Se aleja del medio
paterno por considerarlo opresor ya que en vez de ayudarle, lo confunde.
Ante esto usará su inteligencia como defensa contra su propia ansiedad.
Los conflictos afectarán profundamente a sus relaciones futuras. La
adolescencia es un periodo de duelos. Se produce la perdida del cuerpo
infantil, de los roles infantiles y de la identidad. Durante esta etapa, el
adolescente lucha por la construcción de su realidad psíquica, por la
reconstrucción de sus vínculos con el mundo exterior, y por su identidad.
El adolescente esta siendo evaluado incansablemente por su medio, este
medio es el que premia o castiga sus conductas y aprueban o
desaprueban sus juicios. Su psicología depende de cómo asimilen los
estímulos del medio. A medida que va corriendo el tiempo, el adolescente
comienza a mezclar valores de fuentes diversas con sus propios valores.
“Las dudas y angustias ocasionadas por la crisis, en cierta forma ayudan
a volver a organizarse pero superiormente” NUÑEZ SERGIO Y VARAS
HUMBERTO (2009, P. 149), En cierto modo la búsqueda de la identidad
dura toda la vida; pero en la adolescencia acelera su rol. Para formar la
identidad, el ego prepara habilidades, necesidades y deseos, y este los
adapta al medio. En esta etapa es fundamental “¿Quién soy?”, para así
dar paso al moldeamiento de yo, siempre y cuando respete su autonomía.
Según Erickson un ejemplo de búsqueda de identidad es elegir una
carrera. De la crisis de la identidad surge la fidelidad, lealtad, fe o sentido
de pertenencia de seres queridos y amigos. De aquí, se hallan cuatro
niveles distintos del desarrollo del ego. Estos se relacionan con ansiedad,
autoestima, razonamiento moral y patrones de comportamiento. NUÑEZ
SERGIO Y VARAS HUMBERTO (2009, P. 149), Exclusión: (compromiso sin
ninguna crisis) deja de lado sus intereses para ocuparse de otra
actividad. Moratoria:(crisis sin compromisos) se consideran y evalúan
alternativas para dirigirse a un compromiso. Logro de la identidad:(crisis
que lleva a compromiso) las opciones se toman después del periodo de
crisis. Confusión de la identidad: (sin compromiso, crisis incierta) no hay
compromiso y puede seguir algunas consideraciones por alternativas”
NUÑEZ SERGIO Y VARAS HUMBERTO (2009, P. 149)

ENCICLOPEDIA DE PSICOLOGÍA (2001) La adolescencia, Editorial


Océano, Barcelona. METODOLOGIA DE LA
INVESTIGACION, Roberto Hernández Sampieri Carlos Fernández Collado
– Pilar Baptista Lucio, Quinta Edición, Editorial Mc Graw Hill, Traducido
en México – 2010.

ENCICLOPEDIA PRÁCTICA ESCOLAR, Escuela Para Maestros, (2008),


Editorial Clasa, Bogotá

LA IMPULSIVIDAD Y LA CONDUCTA AGRESIVA

Los actos y las decisiones


impulsivas forman parte de la
vida cotidiana de las personas, y
como resultado, pueden
acarrear consecuencias
positivas o negativas (por
ejemplo, el actuar impulsivamente frente un momento de miedo e
indecisión puede acercarnos a una gran oportunidad, pero también puede
conllevar un resultado desastroso del que nos podemos arrepentir).

Dickman observó que la conducta impulsiva no siempre estaba vinculada


a consecuencias negativas, sino que, en determinadas condiciones, las
personas consideradas impulsivas rendían mejor que las no impulsivas.
Este autor definió la impulsividad como la tendencia a recapacitar menos
que la mayoría de la gente con iguales capacidades antes de realizar una
acción. En 1990, distinguió dos tipos de impulsividad: la impulsividad
funcional y la impulsividad disfuncional.

La impulsividad funcional consiste en una tendencia a tomar decisiones


rápidas cuando la situación implica un beneficio personal, lo que supone
un proceso de toma de decisiones con riesgo calculado; por el contrario,
la impulsividad disfuncional, está relacionada con la tendencia a tomar
decisiones rápidas e irreflexivas en situaciones en las que esta estrategia
no es óptima, con consecuencias negativas para la persona.

Esta semana, Yolanda Segovia, psicóloga colaboradora del INSTITUT


D’ASSISTENCIA PSICOLOGICA I PSIQUIATRICA MENSALUS, nos habla
sobre la impulsividad disfuncional y la agresividad que muchas veces va
relacionada.

¿Qué relación existe entre la impulsividad y la agresividad?

A lo largo de la historia, han sido numerosos los autores que han


definido la impulsividad y la agresividad. La diversidad de estudios ha
generado un amplio debate entre investigadores y clínicos a la hora de
establecer la relación entre ambas, no resultando posible aportar una
única definición. La impulsividad y la agresividad constituyen rasgos de
la personalidad estrechamente relacionados. La impulsividad, en
ocasiones, puede dar lugar a conductas agresivas, estimándose
la impulsividad como uno de los predictores más significativos de
la agresividad.

¿Qué entendemos por impulsividad?

Desde el punto de vista psicológico, un impulso se definiría como


la facilidad efusiva o impetuosa hacia un determinado modo de actuación,
ya sea con el fin de disminuir la tensión generada por la aparición de un
deseo, o por el descenso de autocontrol. En 1997, Logan definió a
las personas impulsivas como aquellas que
tienen dificultades para inhibir un comportamiento.

La conducta impulsiva en los seres humanos se expresa


con características como la impaciencia, la constante búsqueda del
riesgo y el placer, la necesidad de recompensa inmediata, la
dificultad para analizar las consecuencias de los propios actos, y
la agresividad (Evenden, 1999), así como con la falta de
habilidad para detenerse, la dificultad para inhibir conductas motoras,
el escaso juicio, las dificultades en la planificación,
la anticipación de resultados desfavorables, y la falta de autocontrol.

¿La impulsividad también puede ser un recurso?

Podríamos distinguir entre una conducta impulsiva necesaria


o funcional y una conducta impulsiva disfuncional. La primera estaría
presente en personas muy aventureras, activas y rápidas en el
procesamiento de la información. La segunda se expresa de forma
preponderante, asociada a respuestas descuidadas o poco reflexivas que
tienen consecuencias negativas para la persona. Por otro lado, también
existe una conducta impulsiva disfuncional patológica presente en
determinados trastornos psicológicos y psiquiátricos tales como
los trastornos de la conducta alimentaria, el abuso de sustancias,
el trastorno por déficit de atención, el trastorno bipolar o algunos
trastornos de personalidad, como el límite o el antisocial.

¿Qué factores influyen en la aparición de la impulsividad y la


agresividad?

En cuanto a los factores que influyen en la aparición de la impulsividad,


consideramos a la persona como un ser holístico en el que entran en
juego variables biológicas, psicológicas y sociales.

Por otro lado, es importante valorar si el comportamiento impulsivo


es transitorio o se trata de un estado permanente de la persona. Se
observan numerosas propuestas que enfatizan en el aprendizaje
medioambiental de este comportamiento, estableciendo que la conducta
impulsiva aparece como resultado de la observación y la imitación de
un modelo agresivo.

Si atendemos al ambiente familiar, encontraremos investigaciones que


establecen una estrecha relación entre el estilo educativo impartido en el
contexto familiar y el desarrollo de las conductas adoptadas por el niño,
estimando que las características familiares actuarían como variables
precursoras de la agresividad infantil y la vulnerabilidad emocional del
individuo en crecimiento. Siguiendo esta línea de exploración,
la observación de modelos agresivos influiría de forma negativa en la
personalidad en desarrollo, generando baja autoestima, temor a las
relaciones con otros individuos, bajo estado de ánimo, dificultad en
la expresión de emociones, indefensión o bajo rendimiento escolar.

En el crecimiento de cualquier persona queda clara la influencia que


ejerce el contexto familiar, pero no podemos descuidar la interacción
social que se produce en el ámbito escolar o laboral y la incidencia que
cada medio tiene en nuestro desarrollo personal, siendo necesaria
la prevención e intervención en todos y cada uno de los ámbitos desde
un punto de vista interdisciplinar.

Respecto a la agresividad, existen igualmente diversas perspectivas


teóricas, en función de si se considera un factor innato relacionado con
el instinto, o un factor de origen externo y, por tanto, atribuible a
la influencia de aspectos psicosociales o de aprendizaje. Igual que ocurre
con la impulsividad, son muchos los estudios que otorgan un papel
importante a la influencia del contexto, tanto en su aparición como en el
mantenimiento de las conductas agresivas.

Así pues, en este tipo de conductas alteradas, observamos la influencia


de factores familiares, tales como la situación socioeconómica, la
negligencia de los padres en la educación de sus hijos, los conflictos de
pareja a los que se expone al menor, las interacciones paterno filiales y/o
las pautas de disciplina, entre otros. Aún así, no debemos olvidar la
existencia de factores biológicos (hay pruebas que implican circuitos y
áreas cerebrales específicas en la conducta violenta) determinantes, así
como factores psicosociales que también juegan un papel importante.

¿Cómo se exterioriza la agresividad y cuál es su finalidad?

La agresividad, entendida como una determinada reacción ante un


estímulo que interpretamos como amenazante, puede ser
un comportamiento adaptativo incluso necesario para la propia
supervivencia. Aún así, la situación puede convertirse en problemática
cuando la incapacidad para controlar los impulsos facilita la explosión
indiscriminada de ira y de reacciones violentas con sus consecuentes
efectos negativos. Estos comportamientos afectan tanto a la persona que
actúa de forma agresiva, como a su entorno.

La conducta agresiva pretende proteger los


derechos, pensamientos, opiniones o emociones de la persona que la
lleva a cabo, pero de forma inapropiada, vulnerando los derechos de los
demás y buscando la dominación a través de la degradación de otras
personas.

La agresividad siempre es un comportamiento violento, pero la forma en


que se expresa no es necesariamente mediante actos físicos, también
el lenguaje verbal y corporal deben tenerse en cuenta
como comportamientos agresivos. Es importante observar si, al
comunicarnos, las palabras que utilizamos, el tono de las mismas y los
gestos empleados, intimidan o generan en otras personas sentimientos
de miedo, culpa o vergüenza.

Es necesario conocer los factores de riesgo de las conductas agresivas,


así como los aspectos
individuales, familiares y socioculturales predictores de la violencia, para
poder así reconocer estos comportamientos en cualquiera de sus
expresiones, con el propósito de prevenir e intervenirevitando daños
personales, un mayor impacto social e implicaciones legales que tanta
preocupación generan en nuestra sociedad.
¿Cómo es la intervención psicológica en el tratamiento de la impulsividad
y la agresividad?

Teniendo en cuenta que, en función del marco teórico, se pueden


observar diferencias en el abordaje y tratamiento psicológico de los
trastornos del control del impulso, los comportamientos impulsivos
disfuncionales y las conductas agresivas, los profesionales de la
psicología podemos facilitar recursos que permitan mejorar la
autoestima, la asertividad, las habilidades sociales o el autocontrol
emocional, así como el entrenamiento en técnicas de relajación.

La intervención psicológica se realiza a varios niveles:

A nivel cognitivo. Incidiendo sobre los pensamientos de la persona


podremos observar cambios conductuales significativos. Ayudando al
paciente a identificar y corregir creencias disfuncionales o pensamientos
irracionales, facilitaremos la generación de respuestas alternativas en
la resolución de conflictos.

A nivel conductual. A este nivel se facilitan técnicas con el fin


de disminuir la conducta, como por ejemplo la técnica del “tiempo fuera”,
retirando a la persona del medio que ha propiciado la conducta no
deseada, alejándola así del contexto que refuerza el comportamiento que
queremos evitar.

A nivel emocional. Finalmente, a este nivel, se identifican los indicadores


emocionales que preceden la aparición de la conducta violenta.
Reconocer dichos indicadores servirá al individuo
para anticiparse y evitar la pérdida de control. Además, no hay que
olvidar el trabajo para mejorar la expresión emocional, proporcionando
recursos con el objetivo de conocer los propios sentimientos para así
poder manejarlos adecuadamente.

¿Qué tipo de formato se utiliza?


En el proceso psicoterapéutico de la impulsividad y la agresividad puede
utilizarse una intervención a
nivel individual, grupal, familiar o combinado. El profesional propondrá el
tipo de formato en función de las características individuales del paciente
y la sintomatología que éste presente. El comportamiento agresivo surge
de la interacción entre personas, por tanto, la intervención grupal puede
resultar muy beneficiosa, dado que la participación en grupo ya requiere
de la aceptación de unas normas y el entrenamiento
en tolerancia y respeto ante las opiniones de los demás componentes del
mismo.

¿Es necesario combinar la psicoterapia con un tratamiento


farmacológico?

Considerando que, con cierta frecuencia, la conducta impulsiva se


encuentra asociada al trastorno bipolar, los trastornos psicóticos,
el abuso de sustancias, el juego patológico o los trastornos de
la conducta alimentaria, es preciso considerar la necesidad de
un tratamiento farmacológico y por ello, las actuaciones terapéuticas
coordinadas con psiquiatría.

Muchas gracias Yolanda.

Entrevista realizada por Mª Teresa Mata.


http://mensalus.es/blog/adultos/2012/02/la-impulsividad-y-la-conducta-
agresiva/

AGRESIVIDAD EN LOS ALUMNOS

Tipos y Manifestaciones
Tipos de agresividad
 Agresividad física: Puede definirse como un ataque contra un organismo
perpetrado por partes del cuerpo (golpes, patadas, pellizcos,
mordeduras etc.)
 Agresividad verbal: Se refiere al daño “psíquico”, es una respuesta vocal
que descarga estímulos nocivos sobre una persona. (insultos, repudio o
amenaza)
 Agresividad facial: Se refiere a toda clase de expresión que se hace en
contra de otra persona, no causando daño físico, se manifiesta con las
miradas (gestos)
 Agresividad indirecta: Se refiere a que si el objeto dañado pertenece
evidentemente a alguien y el acto destructor esta reforzado por la
pérdida y malestar de la víctima, la respuesta es agresiva. (hacia objetos
de la persona afectada)
Manifestaciones de la agresividad

La agresividad puede manifestarse en cada uno de los niveles que integran al


individuo: físico, emocional, cognitivo y social. Su carácter es polimorfo.

·Nivel físico: lucha con manifestaciones corporales explícitas.

·Nivel emocional: puede presentarse como rabia o cólera,


manifestándose a través de la expresión facial y los gestos o a través del
cambio del tono y volumen en el lenguaje, en la voz.

·Nivel cognitivo: puede estar presente como fantasías destructivas,


elaboración de planes agresivos o ideas de persecución propia o ajena.

·Nivel social: es el marco en el cual, de una manera o de otra, toma


forma concreta la agresividad.

Como conducta social puede implicar lucha, pugnacidad y formar parte de las
relaciones de poder/sumisión, tanto en las situaciones diádicas (de dos
personas) como en los grupos.

La agresividad presenta elementos de ataque y retirada, por ello se implica con


otras conductas de autoprotección, amenaza, ataque, sumisión y/o huida se
presentan muy asociadas en la naturaleza.

La raíz de la conducta agresiva está la ira, se define como "una sensación de


disgusto debida a un agravio, malos tratos u oposición, que normalmente se
evidencia en un deseo de combatir la posible causa de ese sentimiento".
Considerando la existencia de cuatro emociones básicas: alegría, tristeza,
miedo y rabia, esta última sería la más próxima a la ira. Cuando se manifiestan
en sentido pleno, la rabia es una emoción incompatible sincrónicamente con la
tristeza, del mismo modo que lo son entre sí el miedo y la alegría, la rabia
como la alegría tienen un carácter expansivo, la tristeza y el miedo se
manifiestan corporal y cognitivamente con carácter retractivo.

La agresividad puede manifestarse con carácter puntual y reactivo frente a


situaciones concretas, de manera más o menos adaptada. Se habla de
personalidad antisocial cuando este patrón de conducta tiene una
manifestación preferente a lo largo de la vida.
El primer tipo mayoritario cuantitativamente representaría formas
"heteroagresivas"; el segundo lo constituirían las formas "autoagresivas” (un
caso particular de las mismas es el de la persona que al suicidarse quita la vida
a algunos de los seres que están bajo su protección).
Desde un punto de vista psicológico concreto resultan de especial utilidad los
autorregistros, ellos permiten que el sujeto adopte una posición más cerebral y
objetiva, más distanciada frente a sus propias reacciones impulsivas,
sentimientos de frustración y rabia o ira.
https://sites.google.com/site/agresividadenlosalumnos/tipos-y-
manifestaciones

Causas de la agresividad, aspectos a tener en cuenta.

La agresividad puede aparecer por causas muy variadas:

-Poca tolerancia a la frustración si los deseos no están cubiertos, derivada en


muchos casos de sobreprotección

-Temperamento innato e hereditario

-Disciplina exagerada y severa con castigos no justificados coherentemente

-Existencia insegura: Separación de los padres, cambios de domicilio, cambios


de colegio…

-Afectividad poco desarrollada: Celos, separaciones familiares, poca dedicación


a los niños…

-Falta de límites: Rabietas, aprendizajes inadecuados…


Es importante tener en cuenta que la agresividad puede aprenderse en el
ámbito familiar. Si reñimos al niño porque pega y lo hacemos dándole un azote
se quedará confuso y hará lo mismo. Los niños interiorizan este tipo de
comportamientos y los reproducen; si los padres son menos cariñosos y
tolerantes pero se comportan con más agresividad, ellos tenderán a hacer lo
mismo. Socialmente tampoco existen muchas referencias positivas, dado que
las prisas, la tensión, el estrés, la ansiedad, la educación basada en la
competitividad…, favorecen las conductas agresivas. La televisión, los
videojuegos… desempeñan un papel importantísimo en la sociedad actual, por
lo que es necesaria una educación correcta para utilizar los medios
audiovisuales de manera adecuada y que no se conviertan en “los canguros”
de los niños ni obtengan con comportamientos violentos atenciones que, de
otra forma, no reciben.

3. ¿Cuándo podemos hablar de “agresividad patológica”?


Si las manifestaciones agresivas requieren la intervención de un especialista
estamos entrando en “agresividad patológica”. Las formas más frecuentes de
este trastorno son las siguientes:

-La agresividad contra sí mismo

-La obsesión porque cualquier acto o mensaje de los otros es una provocación
hacia la propia persona

-La manifestación de la agresividad de forma explosiva y sin control

Ante estas tendencias actuaremos retirando al niño a un lugar aislado


permitiéndole que se desahogue, reforzando todas sus conductas positivas,
haciéndole ver que con una rabieta no va a conseguir nada o canalizando su
agresividad con algún juego o deporte. No debemos permitir que se salga con
la suya concediéndole caprichos, es importante crear un ambiente en el que se
sienta querido, aceptado, sin excesiva protección y con autoridad adecuada,
exaltando sus logros y sus actuaciones positivas.
Es importante mencionar una serie de trastornos que pueden favorecer la
agresividad o predisponer al niño para la aparición de conductas agresivas:

-Trastorno de déficit de atención con hiperactividad

-Trastorno de oposición o desafiante

-Trastorno de conducta

4. El control de la agresividad: La técnica de “la Tortuga” y la técnica del


“Oso Arturo”.
La técnica de “la Tortuga” (El manual de la tortuga, M.R. Schneider y A. Robin)

La técnica de la “tortuga” fue


diseñada por M. Schneider (1974) como un método muy eficaz para el
autocontrol de la conducta impulsiva en el aula, revelándose muy útil en
situaciones de descontrol por carga emocional. Resulta de mucha utilidad en
niños preescolares y hasta los 7 años de edad. A partir de esta edad, la
escenificación de la tortuga se utiliza como planteamiento lúdico de una técnica
de relajación y autocontrol.

El procedimiento será el siguiente:

 Leer al niño la historia de la tortuga.


 Con la imagen mental que provoca el cuento, se invitará al niño a
dramatizar la sensación de frustración de la tortuga, su rabia contenida y
intento de introducirse en el caparazón. Cuando la tortuga se introduce en el
caparazón para vencer los sentimientos de rabia y furia, el niño escenificará
esta actitud pegando la barbilla al pecho, colocando los brazos a lo largo del
cuerpo y presionando fuertemente barbilla, brazos y puños cerrados,
mientras cuenta hasta diez. La distensión posterior provocará una relajación
inmediata.
 Esta sesión concluye invitando al niño a realizar “la tortuga” en aquellos
momentos en los que el enfado o la agresividad le desborde.
 Para motivar la aplicación de esta técnica, se propone al niño un refuerzo:
una tortuguita de verdad. Si aplica la técnica de la tortuga obtendrá puntos
para la tortuga de verdad.
 Se dibujará una tortuga grande en cartulina. El caparazón de la tortuga
estará cubierto de “escamas”-casillas, que serán los puntos a conseguir (se
empezará poniendo un número reducido de casillas para completar los
puntos necesarios para una primera tortuga; posteriormente puede
continuarse la técnica, si procede, dibujando una segunda tortuga con más
casillas).
 El niño podrá tachar o colorear una de las “escamas” en dos ocasiones: 1)
si ha conseguido hacer la tortuga en un momento difícil o 2) si ha recordado
a otro niño que lo hiciera cuando ha visto que se iba a descontrolar.
 Se reforzarán los avances en el cartel de la tortuga con algún elogio o
premio.

La técnica del “Oso Arturo” (Habilidades Cognitivas y Sociales en la


infancia: Piensa en voz Alta. Un programa de resolución de problemas
para niños de Camps y Bash)
El niño conocerá al Oso Arturo y con él aprenderá que en cualquier situación y
para cualquier actividad, tarea, juego o problema tendrá que hacerse 4
preguntas en voz alta y contestarlas, aprendiendo a controlar su conducta
mediante autoinstrucciones (Meichenbaum, 1977):

-¿Cuál es mi problema?

-¿Cuál va a ser mi plan para solucionarlo?

-¿Estoy aplicando mi plan?


-¿Cómo lo he hecho?

El Oso Arturo presenta en los 4 pasos, que pueden estar representados con
dibujos, la manera de solucionar los problemas.

https://roaeducacion.wordpress.com/2013/11/25/como-disminuir-la-conducta-
agresiva-agresividad-en-la-infancia/

Tabla 1.

Principales técnicas conductuales para aumentar comportamientos

TÉCNICA PROCEDIMIENTO ASPECTOS GENERALES

Alabanza

• Debe ser descriptiva. • Debe incluir comentarios positivos. • Debe ser sincera.
• Contingente a la conducta • Con tono de voz agradable

Aspecto General

• Resaltar aspectos positivos – por pequeños que sean- en el comportamiento


del niño. • Previene conductas negativas

Atención

• Mirándole o sonriéndole

• Haciendo un comentario rápido sobre su comportamiento.

• Manteniendo una breve conversación con el alumno.

• Realizando alguna actividad junto a él.


Aspectos generales

• Aprender a diferenciar entre “llamar la atención” y recibir una atención


adecuada.

• Mejorar el comportamiento fijándonos en aspectos positivos de los alumnos.

Contacto físico

• Sentarse cerca del alumno. • Sentarse al niño sobre las rodillas. • Abrazos y
besos. • Hacer cosquillitas. • Dar una palmadita cariñosa. • Acariciar el pelo.

Aspecto general

• Valorar el contacto físico como forma adecuada de relación y aprendizaje.

• Desarrollo de la inteligencia emocional del niño a través de la expresión física.

Recompensas y privilegios

• Identificar las recompensas más apropiadas para cada alumno.

• Dar siempre después de la emisión de la conducta objetivo, nunca antes.

• Utilizar de forma sistemática.

• Variar para evitar la saciación.

• Dar privilegios en proporción al esfuerzo realizado. • No se premia


exclusivamente la emisión de la conducta, sino el esfuerzo que ha realizado el
alumno por conseguirla.
Técnica de la tortuga

• Especificar conductas disruptivas en las que se quiere aplicar.

• Enseñar al niño respuesta específica a la palabra “tortuga”: cerrar ojos, pegar


brazos al cuerpo, meter cabeza entre los hombros y recogerse como una
tortuga en su caparazón.

• Aprender relajación en la posición de tortuga.

• Generalizar la técnica in situ dentro del aula. Aplicar posteriormente en otras


situaciones.

• Enseñanza de estrategias de resolución de problemas interpersonales.

ASPECTOS GENERALES

• Es de fácil aplicación

• Logra buenos resultados a largo plazo.

• Instruye en habilidades necesarias para la vida en sociedad.

• El niño aprende a afrontar los problemas de la vida diaria y a expresar sus


emociones

A veces, resulta necesario combinar diferentes técnicas. Éste es el caso


de los procedimientos basados en las economías de fichas, ya que
combinan técnicas de incrementar comportamientos positivos y de
disminuir comportamientos poco adaptativos. Es importante delimitar
bien los comportamientos (que puedan contarse), e incluir de diversa
severidad (fáciles de conseguir y de complejidad media). Habrá que
pactar igualmente el refuerzo que se conseguirá por la adquisición de las
distintas fichas (gomets, caras alegres, etc.), así como el momento en que
se realizará el canje.

Figura 1. Ejemplo economía de fichas OBEDECER OBEDECER SILENCIO


SILENCIO SENTADO SENTADO Despu Despuéés del s del Tarde Tarde
patio patio Fecha: Fecha: Hasta el Patio Hasta el Patio Es posible que la
aplicación de un programa de economía de fichas en el aula suscite
problemas en la dinámica general del aula, pero estas dificultades suelen
desaparecer si se acuerda que todos los alumnos obtendrán los
privilegios cuando se consiga el objetivo señalado. Por otra parte, aunque
estos programas se lleven a cabo fundamentalmente en el aula, suele
incluirse el refuerzo de los padres por el progreso hacia la meta
establecida.

2. EDUCACIÓN SECUNDARIA :

De todos es conocido que la adolescencia es una etapa evolutiva


caracterizada por la crítica por parte del adolescente hacia todos los
modelos establecidos de autoridad. Es una etapa de cambio, de
inseguridades, de descubrimiento, de adopción y consolidación de
actitudes, normas y valores que perdurarán a lo largo de la vida adulta.
Por ello, desde el contexto escolar se plantea además de la transmisión
de conocimientos, el saber hacer y saber vivir y convivir en sociedad.
Desde los centros de educación secundaria obligatoria, se viene
observando en los últimos años un aumento de la violencia y de la
agresividad, que se traduce 7 en un alto grado de disruptividad dentro
de las aulas. El profesorado cada día se ve con menos herramientas
para hacer frente a las ofensas, insultos, desafíos, y demás conductas
delictivas que serán precursoras en un futuro inmediato de abuso de
drogas, problemas con la ley, y sobre todo, desadaptación social. Por
ello, resulta de vital importancia la implementación en los centros
educativos de programas tanto preventivos y correctivos del
comportamiento disruptivo.
Un ejemplo habitual en el manejo del comportamiento en la
adolescencia son los contratos de contingencias. Como su propio
nombre indica, esta técnica consiste en establecer una negociación,
generalmente entre profesores y alumnos, o padres e hijos. En este
contrato se especifica concretamente qué es lo que se pide al chico,
bien en el plano académico bien en el plano conductual, y cuáles serán
las consecuencias que va a conseguir con su cumplimiento. Es
conveniente que se establezca un límite de tiempo para la revisión del
contrato y, por supuesto que las condiciones que en él se establezcan
sean justas para las dos partes intervinientes.

Respecto a las condiciones para su puesta en marcha, cabe resaltar


que no suele ser efectivo con chicos pequeños o con escasa capacidad
comprensiva; que debe ser negociado entre las partes que intervienen;
deben explicitarse claramente las conductas en términos positivos que
debe realizar el alumno y las consecuencias positivas (recompensas /
privilegios) que obtendrá por las mismas, así como las consecuencias
negativas (pérdida de privilegios) que se derivarán de su
incumplimiento y que ha de revisarse periódicamente para evaluar su
cumplimiento e introducir las modificaciones que se acuerden entre las
partes.

Otra técnica útil en el manejo del comportamiento para adolescentes es


la autoevaluación reforzada. Este procedimiento es una combinación
entre la evaluación del comportamiento y los sistemas de economía de
fichas.
Puede aplicarse con niños de diferentes edades, pero especialmente
resulta indicado con los alumnos de secundaria ya que, en este nivel
educativo tanto los profesores como los estudiantes son reacios a la
utilización de procedimientos de manejo de contingencias.
Se trata de una técnica sencilla de llevar a la práctica que ha
demostrado utilidad para: a) motivar y facilitar el cumplimiento de las
reglas básicas de comportamiento en el aula; b) mejorar las
interacciones sociales en el aula, ya que se refuerzan comportamientos
socialmente positivos ; y c) ajustar la autoevaluación del
comportamiento y de la ejecución de los estudiantes con problemas de
conducta a los estándares normativos (ver Miranda, Roselló y Soriano,
1998). Consiste en confeccionar un registro de auto-observación y
autoevaluación. En primer lugar, los profesores han de señalar las
conductas inadecuadas que más frecuentemente realiza el chico, y
formular una frase en la que aparezca este comportamiento. El
estudiante, unos minutos antes de terminar la clase, se 8 autoevaluará
su propio comportamiento (atención al profesor, postura en el asiento,
interrupciones, molestar a compañeros, conductas oposicionistas,
agresiones, etc.) señalando con un cruz la frase que mejor lo describa.
Por último, se realizará un diálogo profesor-alumno. Al final de la clase
(bastarán 3 minutos), el estudiante se acerca al profesor para enseñarle
su autoevaluación. Una vez que el profesor ha visto la autoevaluación
del alumno, debe reforzarle lo positivo, enfatizándole mucho su
esfuerzo, y debe señalarle aquello que debe mejorar para la próxima
hora.

A continuación, el profesor firma y el alumno guarda el registro para la


próxima clase.

Figura 2. Ejemplo auto-observación del comportamiento


Después del patio…

Juego con mis compañeros siguiendo las normas___ Cuando he tenido


un problema, he acudido a un profesor ___
He sido un buen compañero. No he agredido a nadie ___
No he respetado las normas del juego ______
Ante un problema … he pegado o insultado al compañero/a ___

He discutido con mis compañeros/as ______


Observaciones de profesor/a encargado/a del patio:
________________________________
________________________________

Con esta técnica, conseguiremos que el alumno sea capaz de observar


su propio comportamiento, que sepa lo que el profesor espera en cada
momento de él, y que se establezca una relación positiva profesor-
alumno, al dialogar sobre su comportamiento, resaltando los aspectos
positivos, e indicando aquéllos en los que debería mejorar en la
siguiente clase.

American Psychiatric Association. (2002). Manual Diagnóstico y


Estadístico de los Trastornos Mentales. DSM-IV-TR. Barcelona:
Masson.

http://www.uv.es/femavi/Elda1.pdf