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Literatura y Lingüística Nº19

ISSN 0716-5811 / pp. 235-250

Austin y Searle: la relación entre


verbos y actos ilocucionarios
Marco Antonio Alarcón S*

Resumen:
El presente artículo intenta dar cuenta de la relación entre los actos de habla
y la semántica a partir de los criterios utilizados por Austin y Searle en la ela-
boración de sus respectivas taxonomías de actos ilocucionarios. Para esto, se
rastrean bibliográficamente algunos de los conceptos que utiliza Austin en sus
conferencias de Harvard de 1955 (Austin, 1996) con la pretensión de intentar
desambiguar en parte los criterios utilizados en la elaboración de sus catego-
rías de verbos ilocucionarios. Luego, se revisan algunos conceptos de Searle
y su taxonomía de actos ilocucionarios descritos en “Actos de Habla” (Searle,
1994); y desarrollados en “Una taxonomía de los actos ilocucionarios”(Searle,
1991b). Finalmente, a partir de la revisión de las clasificaciones y la discusión
de la idea de significado que sustenta cada autor se obtiene que el significado
de los verbos no depende solamente de su constitución léxica dada, sino que
además se potencia en la interacción o uso de una expresión en una emisión
real, en que se constituye como acto ilocucionario.

Palabras Clave: Acto de habla, Fuerza ilocucionaria, Verbos ilocucionarios,


Significado

Abstract:
The present article reviews the criteria used by Austin and Searle on elabora-
ting their respective taxonomies of illocutionary acts to account for the way
in which speech acts and semantics relate both authors. In addition, some
concepts of Searle and his taxonomy described in “Speech Acts” (1994) and
developed in “A taxonomy of Illocutionary acts” (1991) are reviewed. Finally,
the idea of meaning sustained by each author is discussed.

Key words: Speech Act - Illocutionary force - Illocutionary verbs - meaning

*
Profesor de Estado en Castellano, Magíster en Lingüística Universidad de Santiago de
Chile, Profesor Adjunto Universidad Católica Silva Henríquez, Carrera de Pedagogía en
Castellano, Carrera de Pedagogía en E. Básica. Profesor Adjunto Carrera de Fonoaudio-
logía Universidad del Mar.

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Austin y Searle: la relación entre los verbos y actos ilocucionarios /
Marco Alarcón Silva

1. Introducción
La problemática que identifica Austin (1996) –conciliar los actos de
habla con la semántica– y que luego continúa Searle (1991a, 1991b, 1994)
y otros filósofos del lenguaje es la base de una de las cuestiones claves
dentro de la filosofía del lenguaje durante el siglo XX y lo que va del
presente siglo. Dicha discusión apunta al hecho de -cómo se entiende el
significado-, ya sea ligado al significado léxico dado, o en la interacción
entre la lengua y el uso, tal situación aún no ha sido finiquitada de una
forma aceptada por todos los investigadores de la filosofía del lenguaje
(Cornejo, 2004).

Las clasificaciones de actos de habla tanto de Austin como de Searle


pueden ser claves en la búsqueda de un anclaje entre actos de habla y
semántica, lo cual puede servir en parte para entender la problemática del
significado, en particular a partir de los criterios utilizados por cada uno de
estos filósofos para elaborar sus clasificaciones de actos ilocucionarios.

Dado el interés que pueden aportar los planteamientos de estos


investigadores proponemos dar cuenta del tratamiento que cada uno
otorga, tanto al aspecto semántico como al aspecto acto de habla en la
búsqueda de conciliación entre estos dos niveles o aspectos.

Para dar cuenta de este problema este artículo abordará los elementos
que consideran Austin y Searle para constituir sus categorías de verbos
ilocucionarios, para ir en búsqueda de la idea de significado que susten-
tan en sus respectivas taxonomías. Este propósito implica la revisión de
conceptos como ilocución y fuerza ilocucionaria que utilizan estos autores.
Luego, se presentan las propuestas de verbos y actos ilocucionarios y los
respectivos criterios utilizados para su elaboración por cada investigador.
Finalmente, a partir de la revisión de las clasificaciones se discute la idea
de significado que sustenta cada autor.

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2. Marco Teórico
Mencionaremos el conflicto del significado entre semántica y prag-
mática; luego revisaremos las definiciones y clasificación de actos ilocu-
cionarios, primero de Austin y luego de Searle.

Como planteáramos en la introducción, la discusión sobre los límites


del significado es un tema aún no zanjado, ya que coexisten al menos dos
maneras de entender el significado. Para algunos autores la semántica
es el estudio del significado lingüístico ligado al significado léxico dado;
para otros investigadores como Wittgenstein, Austin, Searle y Grice,
entre otros, es necesario incorporar el uso de la lengua en el significado
(Cornejo, 2004).

De la segunda perspectiva, entre la estructura y el uso de la lengua


surge la pragmática. Dicha disciplina apunta al estudio del significado
de las ilocuciones lingüísticas en la interacción de los hablantes de una
lengua. Por ello, el aspecto pragmático del significado lingüístico es
entendido como experiencia subjetiva, por lo tanto, el estudio del uso
de la lengua tiende a ir más allá de la descripción estructural del signi-
ficado en sí mismo y centra la atención en la comprensión subjetiva de
las ilocuciones (Cornejo, 2004).

Cornejo (2004) sostiene que gran parte de la investigación que se


puede clasificar hoy como pragmática asume, implícita o explícitamen-
te una definición del significado lingüístico ajena a la experiencia del
significado. En dicha perspectiva los aspectos pragmáticos se reducen
a las inferencias que son subsidiarias y complementarias al significado
en sí mismo del léxico mental que continúa siendo considerado como
el significado lingüístico verdadero. Para Cornejo (2004) la pragmática
clásica no ha abandonado la opinión estructuralista del significado, esto
debido a la falta de conciliación entre la semántica y la pragmática.

A partir de lo sostenido por Cornejo (2004) con respecto a la prag-


mática clásica podemos considerar que la idea de clasificar actos de
habla de Austin (1996) y Searle (1991b) sigue vigente. La pregunta que
posiblemente debieron tratar de responder estos autores debe haber
similar a: ¿cómo identificamos los valores de significado subjetivo de
expresiones lingüísticas que se ven modificadas por el uso?

Un punto a considerar antes de la revisión conceptual es que la


construcción de la “pragmática” como nueva disciplina o área de la lin-
güística toma su conceptualización a partir de la adaptación y traslado
de conceptos que originalmente fueron creados para la filosofía del len-
guaje y que en muchos casos pasan a la lingüística sin una clarificación
ni adecuación (Vallejos, 1987).
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Austin y Searle: la relación entre los verbos y actos ilocucionarios /
Marco Alarcón Silva

2.1. Conceptos de Austin


Un primer elemento a considerar quizá como un principio de Austin
(1996) es que “decir es hacer”, es decir, la emisión de una expresión
lingüística produce una acción en el mundo, por cuanto los enunciados
performativos o realizativos ejercen una acción en el mundo.

Austin (1996) comienza sus conferencias aclarando que existen


enunciados que no son descriptivos, y por tanto no pueden calificarse
como verdaderos o falsos, es decir, existen enunciados que no describen
la realidad, ni pueden evaluarse en términos de verdad o falsedad. Estos
enunciados al ser pronunciados hacen o ejecutan la acción.

Los verbos que participan de este tipo de enunciados tienen por


característica básica no describir, ni registrar ningún hecho, no son ver-
daderos, ni falsos y al ser expresados en una oración la acción se ejecuta.
Para Austin (1996: 47): “emitir la expresión es realizar una acción”. Agrega
el autor: “al emitir nuestros realizativos estamos sin duda, y en un sentido
correcto, “realizando acciones””. (Austin, 1996: 52).

Para Austin (1996: 66) una expresión realizativa es:

“aquella expresión lingüística que no consiste, o no consiste


meramente, en decir algo, sino en hacer algo, y que no es
un informe, verdadero o falso, acerca de algo”.

Agrega Austin (1996: 49):

“expresar las palabras es, sin duda, por lo común, un episo-


dio principal, sino el episodio principal, en la realización del
acto, cuya realización es también la finalidad que persigue
la expresión”.

Considera además Austin: “siempre es necesario que las circunstan-


cias en que las palabras se expresan sean apropiadas, de alguna manera”
(Austin, 1996: 49)

Para que una acción se ejecute exitosamente además del hecho de


pronunciarlas es requisito que otros aspectos sean considerados (Aus-
tin, 1996). Tales aspectos a estimar son analizados por Austin (1996) y
a partir de ellos el autor elabora su teoría de los infortunios. Esta teoría
corresponde a una serie de condiciones que debe cumplir un enunciado
realizativo para ser considerado satisfecho, de no cumplir tales condicio-
nes el enunciado no logra ser un realizativo.

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Al finalizar la conferencia IV Austin (1996) se propone distinguir los


enunciados constatativos de los realizativos. En esta búsqueda de un
criterio de identificación entre ambos tipos de enunciados surgen los
realizativos primarios y los realizativos explícitos. Los primarios correspon-
den a la base realizativa que está implícita; los explícitos corresponden
a los enunciados realizativos directos. Como en el ejemplo que ofrece
Austin (1996): 1) expresión primaria: “estaré allí”, 2) realizativo explícito:
“le prometo que estaré allí”.

Según Austin (1996) el realizativo explícito es el resultado de la


evolución del realizativo primario. El lenguaje como tal, en sus estadios
primitivos, no es preciso, y tampoco es explícito en el sentido que estamos
dando a esta última palabra.

La expresión de un enunciado se estructura en tres tipos de actos


simultáneos, el acto locucionario, el acto ilocucionario y el acto perlocu-
cionario. El acto locucionario corresponde a la realización de una emisión,
es realizar una ilocución. Para determinar el acto ilocucionario hay que
determinar el uso de la locución. La locución presenta fuerza ilocucionaria,
la de realizar un acto o la de llevar a cabo el acto de decir algo.

Austin (1996) sostiene que los filósofos se han desentendido del estu-
dio y tratan todos los problemas como problemas de uso locucionario.

En la conferencia IX Austin concluye que el divorcio entre las acciones


físicas y los actos de decir algo no es del todo completo: hay vinculación,
por cuanto “el acto ilocucionario es un acto convencional” (Austin, 1996:
197).

2.2. La clasificación de fuerzas ilocucionarias de Austin


Austin (1996: 197) propone “una lista de fuerzas ilocucionarias de
una expresión”. Considera que los test para identificar los realizativos
explícitos son adecuados para identificar los verbos que “explicitan la
fuerza ilocucionaria de una expresión” o “ponen de manifiesto cuál es
el acto ilocucionario que estamos realizando al emitirla” (Austin, 1996:
197), es decir, a Austin le interesa identificar qué actos ilocucionarios se
realizan al emitir determinados verbos.

En relación al test planteado como criterio de identificación de fuerzas


ilocucionarias o acto ilocucionario Austin (1996: 197-198) sostiene que:

“Usaremos pues, con cautela, el test simple de la primera


persona del singular del presente del indicativo en la voz
activa, y recorreremos el diccionario animados por un es-

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Marco Alarcón Silva

píritu liberal. Obtendremos una lista de verbos en el orden


de 10 a la tercera potencia.”

El acto ilocucionario se realiza en la interacción entre hablantes al


pronunciar determinadas expresiones lingüísticas que explicitan dichas
fuerzas ilocucionarias.

Austin (1996) plantea así su propuesta:

“Clasificaré estas expresiones en función de sus fuerzas


ilocucionarias, y les asignaré estos nombres:
1) verbos de judicación, o judicativos;
2) verbos de ejercicio, o ejercitativos;
3) verbos de compromiso, o compromisorios;
4) verbos de comportamiento, o comportativos; y
5) verbos de exposición, o expositivos.

Austin (1996:199) sostiene que: “debemos tener claro desde el co-


mienzo que quedan amplias posibilidades de que se presenten casos
marginales o difíciles, así como superposiciones”. Y, agrega: “En modo
alguno estoy proponiendo nada definitivo”.

El foco de Austin (1996) es la clasificación de expresiones en función


de sus fuerzas ilocucionarias.

Tabla Nº1 A partir de Austin, 1996


Nombre Acto típico Características
Judicativos Emitir un veredicto o El rol social del hablante debe facultarlo para
juicio sobre algo dictaminar o arbitrar a través de un juicio.
Ejercitativos Ejercicios de poder, Se decide sobre la conducta pasada o futura de
derechos o influencia otros, en orden a realizar ciertos actos.
Compromisorios Prometer o El hablante se compromete a cierta línea de
comprometer a hacer acción sobre acciones futuras o consecuencias
algo. supuestas.
Comportativos Actitudes y Son una reacción frente a la conducta o
comportamiento condición de otros, o bien pueden ser
social actitudes frente a la conducta pasada o
inminente de otros.
Expositivos Modo como Son recursos que utiliza un expositor para
expresiones, encajan expresar opiniones, conducir debates y
en un argumento o clarificar usos y referencia.
conversación

2.3. Conceptos de Searle


Para Searle (1991a: 432) el acto ilocucionario: “es la unidad mínima
de la comunicación lingüística” (…) “la comunicación lingüística incluye

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Literatura y Lingüística Nº19

esencialmente actos”, es decir, la base del significado de la comunica-


ción lingüística estaría en el acto ilocuionario, a través de los cuales nos
comunicamos.

Para Searle (1991a) “una proposición no es un acto aunque el acto de


expresar una proposición sea una parte de la realización de ciertos actos
ilocucionarios”. El significado no está en la proposición, sino en el acto
que la expresa, por cuanto este autor focaliza la base del significado en
el acto ilocucionario.

La realización de actos obedece a un tipo de conducta, para Searle


(1991a: 432): “realizar un acto ilocucionario es tomar parte de una forma
de conducta gobernada por reglas”, es decir, conocer los significados es
conocer las reglas para su uso, y no el significado anclado sólo en el nivel
léxico de las palabras empleadas en las proposiciones.

Searle (1991a) reconoce que otros filósofos han negado el punto de


vista de que el significado es un asunto de reglas y han aseverado que
no existen en absoluto reglas semánticas del género propuesto.

Para Searle (1991a) existen dos clases de reglas semánticas, las reglas
que regulan las formas de conducta existentes y las reglas que definen
nuevas formas de conducta.

Una distinción importante en Searle (1991b) es la que opera entre un


acto ilocucionario y el contenido proposicional. Para este autor desde un
enfoque semántico una oración posee un indicador proposicional y un
indicador de fuerza ilocucionaria. El primero corresponde al indicador
de proposición, es decir, la proposición misma; y el segundo, contiene
el indicador de función, es decir, al acto de habla en cuestión.

El significado no es para Searle (1991a) un asunto de intención sino


que “es un asunto de convención” (Searle, 1991a: 440), es decir, para que
la expresión de una emisión produzca un acto, este acto debe estar sujeto
a reglas convencionalizadas y no pretender que con la sola intención
del hablante se manifieste el significado de cualquier acto que no esté
sujeto a reglas.

No obstante lo anterior, según Searle (1991a: 440) “En nuestro análisis


de los actos ilocucionarios debemos capturar tanto los aspectos conven-
cionales como los intencionales y especialmente las relaciones entre ellos”,
es decir, es necesario establecer un puente entre el significado intencional
que manifiesta un sujeto al pretender comunicarse y el uso que este sujeto
realiza, a través del manejo de las reglas de uso de una lengua y que se
manifiesta en las expresiones convencionalizadas por el uso.

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Austin y Searle: la relación entre los verbos y actos ilocucionarios /
Marco Alarcón Silva

Para Searle (1991a), al realizar un acto ilocucionario el hablante intenta


producir un cierto efecto logrando que el oyente reconozca su intención
de producir ese efecto, y además, si está usando las palabras literalmente,
intenta que este reconocimiento se logre en virtud del hecho que las
reglas para el uso de las expresiones que emite asocien las expresiones
con la producción de ese efecto.

Para dar cuenta de las reglas que participan del uso de un acto ilo-
cucionario, Searle (1991b) analiza el verbo prometer a la luz de 12 con-
diciones, con el fin de obtener de dicho ejercicio la base para formular
reglas que sean comunes a todos los actos ilocucionarios. A partir de esto
extrae las condiciones que corresponden al indicador de función y que
son aplicables a todos los tipos de actos ilocucionarios.

Searle (1991b: 450) tiene muy claro que: ”los verbos ilocucionarios son
parte de un lenguaje particular: francés, alemán, castellano, o cualquier
otro”, y que : “las ilocuciones son parte del lenguaje como opuesto a los
lenguaje particulares”, por ello considera que Austin (1996) se equivoca
al equiparar verbos ilocucionarios con actos ilocucionarios.

En el mismo sentido, Searle (1991b) considera que los verbos pudien-


do ser una buena guía de identificación de actos ilocucioanrios, no sirven
para establecer diferencias en los actos ilocucionarios. Ya que, en casos
como los actos de petición y orden, que comparten el objeto ilocuciona-
rio, el cual consiste en “el intento de lograr que los oyentes hagan algo”,
difieren en cuanto a su fuerza ilocucionaria. La petición apunta a una
solicitud de acción favorable al hablante y en la que la posición de ambos
interactuantes puede ser más bien simétrica, por cuanto no hay obliga-
toriedad de la acción a solicitar al oyente; en cambio, la orden apunta a
una relación más bien asimétrica en que se manifiesta la obligatoriedad
de la acción hacia el oyente. Por consiguiente para Searle (1991b) el “ob-
jeto ilocucionario” no es lo mismo que la “fuerza ilocucionaria”, si bien el
“objeto ilocucionario” es parte de la “fuerza ilocucionaria”.

2.4. Categorías de actos ilocucionarios de Searle


La primera condición o criterio aplicable a todo acto ilocucionario
considerada por Searle (1991b) será la que distingue el objeto ilocucio-
nario de la fuerza ilocucionaria. En el análisis la fuerza ilocucionaria de la
emisión se codificará como (F) y su contenido proposicional como (p). El
propósito de Searle es clarificar los diferentes tipos de fuerza ilocucionaria,
que pueden aislarse del contenido proposicional.

Es importante considerar que no toda expresión puede tener un


contenido proposicional, pero si toda expresión posee una fuerza ilocu-

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cionaria. Como el caso de la expresión: ¡Hurra!, que constituye un tipo de


acto ilocucionario que carece de contenido proposicional.

Un segundo criterio lo constituye la dirección de ajuste entre pala-


bras y el mundo, la cual considera dos posibilidades, la primera es que
las palabras encajen con el mundo y la segunda es que el mundo encaje
con las palabras. Las aserciones corresponderían al primer tipo y las
promesas y ruegos corresponderían al segundo. La dirección de ajuste
es una consecuencia del objeto ilocucionario.

Un tercer criterio corresponde a las diferencias en los estados psicoló-


gicos expresados. Ya que, en la realización de cualquier acto ilocucionario
con un contenido proposicional, el hablante expresa alguna actitud o
estado psicológico hacia ese contenido proposicional. El estado psico-
lógico expresado en la realización de acto ilocucionario es la condición
de sinceridad del acto.

Estas tres dimensiones o criterios, que en la práctica constituyen cua-


tro elementos: objeto ilocucionario, contenido proposicional, dirección
de ajuste y condición de sinceridad (Ver cuadro Nº 1) son la base de la
clasificación o taxonomía de actos ilocucionarios propuesta por Searle
(1991b).

Cuadro Nº 1 Basado en Searle, 1991b.............. .............

1. asertivos o representativos
2. directivos
3. comisivos
4. expresivos
5. declarativos

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Austin y Searle: la relación entre los verbos y actos ilocucionarios /
Marco Alarcón Silva

Tabla Nº 2 A partir de Searle, 1991b


Nombre Propósito Mundo-Lenguaje Sinceridad
Representativos Comprometer al hablante La palabra se Tales actos se creen.
con la verdad de la ajusta al mundo y Son evaluables
proporción expresada es verdad o no. según valoración
Verdadero o Falso.
Directivos Intentar que el oyente El mundo es el Conducen estado de
haga algo que se ajusta al deseo.
lenguaje
Comisivos Comprometer al hablante El mundo se ajusta El hablante debe
en una acción futura al lenguaje tener la intención
o bien actuar como
dice.
Expresivos Expresar el estado No hay dirección Corresponderá al
psicológico del hablante, de ajuste. estado psicológico
especificado en la del hablante.
condición de sinceridad
sobre el estado de
cosas especificado en el
contenido proposicional.
Declarativos Modificar una situación, Relación recíproca Es irrelevante en
creando una nueva quien habla.

3. Metodología
A partir de la revisión conceptual del marco teórico discutiremos
las propuestas de Austin y Searle en relación a la idea de significado
subyacente a la vinculación entre actos de habla y semántica desde las
clasificaciones de actos ilocucionarios.

4. Discusión
En relación a la propuesta de Austin (1996) no podemos considerar
que el criterio del test y la búsqueda de diccionario sea un criterio de
clasificación propiamente tal, sí podemos considerarlo un método de
búsqueda, pero no nos entrega información sobre cómo agrupar o cate-
gorizar los actos ilocucionarios. Por ello debemos intentar inferir la idea
de significado de Austin a partir de la clasificación y relación general que
establece con respecto a los actos de habla y los verbos.

Habiendo considerado lo planteado en el párrafo anterior sostenemos


que Austin (1996) pretende explicar “cuando decir X significa hacer Y”. Su
foco está más en las “características” de la clasificación de fuerzas ilocucio-
narias, que en “fijar” un verbo a una única clasificación, es decir, cuando

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Literatura y Lingüística Nº19

un verbo se corresponde con determinado acto ilocucionario. Por ello,


la locución de un mismo verbo, puede participar del significado de más
de una fuerza ilocucionaria a la vez, dependiendo de ciertas condiciones
o características de la emisión de dicha locución.

Una misma expresión puede servir para hacer distintos actos, ya


que puede modificarse la fuerza ilocucionaria. Además, si bien se ha
criticado a Austin por equiparar fuerza ilocucionaria con expresión
(Searle, 1991b, 1994), sus dudas y comentarios previos a la propuesta
de “listado de fuerzas ilocucionarias” dejan entrever que él considera la
posibilidad de la superposición, pero no sostiene que la relación entre
acto ilocucionario y verbo sea uno a uno, como plantea Searle (1991b)
en sus críticas a Austin.

Probablemente la confusión de Austin (1996) entre categorías que


se superponen provenga del hecho de que una misma expresión puede
ser utilizada en distintas interacciones y si además consideramos que el
significado de una expresión puede “enriquecerse” en diversas condicio-
nes, el valor de una misma expresión puede variar, adquiriendo distintos
significados.

En otras palabras Austin (1996) busca un anclaje en “listas de verbos”


de las fuerzas ilocucionarias, resultando entonces que una misma expre-
sión –verbo de la lista– puede corresponder a más de una categoría de
fuerza ilocucionaria.

En este mismo sentido podemos cuestionar entonces ¿qué aspectos


son los que modifican a una “expresión X” a significar en ciertas inte-
racciones “hacer Y” o “hacer Z”.?. Entre “X”, que en la “interacción 1 vale
hacer Y”; y “X” que en la “interacción 2 vale hacer Z”. ¿Qué es lo que hace
que “X” en la “interacción 1” tenga un valor distinto a “X” en la “interac-
ción 2”?. Si pensamos que es sólo un valor asociado a la expresión “X”,
confundiremos los verbos de una lengua como si fuesen universales, y
efectivamente estaremos equiparando un verbo de una lengua natural
con un acto ilocucionario que es universal; o bien, si consideramos que la
modificación del significado corresponde a un valor asociado a la interpre-
tación que se considera convencionalizada (Austin, 1996) y que además
entenderemos como subjetiva (Cornejo, 2004). Se produce entonces que
el significado de la misma expresión difiere entre una “interacción 1” y
una “interacción 2”, portando valores distintos.

El hecho que hayan superposiciones entre expresiones que aparecen


entre una y otra categoría demuestra que Austin al forzar la expresión
y tratar de obtener –expresiones– que correspondan sólo a una clase o
categoría de fuerza ilocucionaria, genera la ambigüedad entre las catego-

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rías. Además, si consideramos que lo superpuesto no son las categorías


de fuerzas ilocucionarias, sino los significados de ciertos verbos, podemos
explicar el porqué se modifica su valor como fuerza ilocucionaria.

Es posible afirmar, entonces, que el valor de una fuerza ilocucionaria


no está fijo a una determinada expresión. Quizá el error de Austin esté
justamente en este punto, al focalizar el valor de las fuerzas ilocucionarias
en las expresiones como pertenecientes a categorías, es decir, al focali-
zarse en la categoría genera la confusión y la ambigüedad y por ende la
inestabilidad de su taxonomía.

Dicho de otra forma, el error de Austin puede ser el conectar las


categorías y relacionarlas, en vez de relacionar las fuerzas ilocucionarias
presentes en una misma expresión y que en ese sentido pueden formar
parte de distintas categorías de fuerzas ilocucionarias, pero no de verbos
ilocucionarios.

Una posible corrección de la clasificación de Austin debiera tener


en cuenta que si el significado de la fuerza ilocucionaria de un verbo se
modifica por interacción –el criterio debiera ser ubicar las fuerzas ilocu-
cionarias prototípicas, describir situaciones e interacciones y luego buscar
la posibilidad de categorizar las fuerzas ilocucionarias–. Las condiciones
lógicas posiblemente emanadas desde este punto pueden ser la base de
una categorización y no los verbos, ya que así un mismo verbo si cumple
con “X” condiciones de fuerza ilocucionaria en ciertas situaciones pue-
de pertenecer a una u otra categoría de fuerza ilocucionaria y no estar
determinado a una clase.

Si consideramos que el significado de la fuerza ilocucionaria se enri-


quece en la interacción, lo que se modifica son las interacciones, lo que
a su vez modifica el significado de una misma expresión. Entonces, el
significado no está al parecer completamente dado sólo en la expresión,
sino que la interacción modifica el significado.

También, podemos sostener que existe parte del significado de la


fuerza ilocucionaria que sí está en la expresión y que luego se enriquece
en la interacción, o ¿es sólo el significado de la interacción el que vale?.
Además, es posible que no ocurra lo mismo con todos los verbos, lo que
complejiza aún más las posibles reglas que soporten las relaciones entre
los actos ilocucionarios y la semántica de los verbos.

Por otro lado, existe una condición implícita de Austin, la cual consiste
en considerar los actos de habla en situaciones ritualizadas instaladas en
la sociedad, lo cual puede verse muy claramente en las caracterizaciones
de los tipos de fuerzas ilocucionarias. De manera que no están presentes
en su clasificación las situaciones cotidianas.
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Además, el foco de su clasificación está en los realizativos explícitos,


ya que considera a los realizativos primarios como actos de habla indi-
rectos, a través de los cuales una misma fuerza ilocucionaria puede ser
generada de manera indirecta. Lo cual dificulta aún más la pretensión
de la categorización.

En cuanto a la taxonomía de actos ilocucionarios propuesta por Searle


(1991b), diversos autores consideran que es un paso adelante en relación
a la clasificación de Austin (Vallejos, 1987; Bertuccelli, 1996; Escandell,
2003; Charaudeau y Maingueneau, 2005).

Searle (1991b) sostiene que no intentó clasificar verbos ilocucionarios,


dado que sus criterios o dimensiones abordan cuatro puntos claves: el
objeto ilocucionario, la dirección de ajuste, la condición de sinceridad y
el contenido proposicional. Tales criterios le permiten plantear que no se
debe confundir nombres de verbos que pueden ser ilocucionarios con
nombres de géneros ilocucionarios.

No obstante, el avance que puede significar la propuesta de Searle


en relación a Austin, existen investigadores como Sadock (1994) quien
considera que algunos de los aspectos de la clasificación de Searle están
fuera de foco, como por ejemplo la dimensión “dirección de ajuste” entre
las palabras y el mundo, la cual no tendría ningún sentido de realidad,
independiente de la estructura de los actos de habla. La crítica de Sadock
(1994) apunta al hecho de no encontrar fundamento en Searle (1991b)
para sostener que ciertos actos de habla son primitivos de los que se
supone son indirectos.

Por otro lado, el propio Sadock (1994) plantea que no puede ser mera
coincidencia que la taxonomía de Austin (1996) presente cinco clases de
ilocucionarios al igual que la de Searle (1991b). (Ver la siguiente tabla).

Tabla Nº 3 A partir de Sadock, 1994


(Austin, 1996) Criterio Ambiguo (Searle, 1991, 1994) 1. Coincide con Autin de
1. Veridictivos 1.Asertivos 1-4; 5 refinamiento de 5 en
2. Ejercitativos 2.Directivos Austin.
3. Comisivos 3.Comisivos 2. Fuera de Foco. Desajuste
4. Conductuales 4.Expresivos entre palabras y el mundo.
5. Expositivos 5. Declarativos No hay sentido de realidad.
3. Valores arbitrarios, ¿de
dónde saca los primitivos?,
porque no considera actos
como maldecir, quejarse y
suponer.

Para Sadock (1994), la taxonomía de Austin presenta un criterio am-


biguo. Searle (1991b) sostiene que su clase asertiva contendrá la mayoría

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Austin y Searle: la relación entre los verbos y actos ilocucionarios /
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de los expositivos de Austin y muchos de sus veridictivos. Y, muchos


ejercitativos de Austin son también de esta clase. Los actos de agradeci-
miento, de disculpas y de condolencias ocurren en la lista de Austin de los
conductuales y son incluidos entre los expresivos de Searle. La categoría
expositiva es absorbida casi en su totalidad dentro de los asertivos de
Searle. No obstante las posibles relaciones que se puedan establecer,
Sadock (1994) señala que las cinco categorías difieren completamente
entre uno y otro autor.

Independiente de las críticas que pueda recibir la propuesta de Searle


(1991b) es indudable que la formalización a partir de las cuatro dimensio-
nes de análisis de una expresión, permite visualizar de forma muy adecua-
da la idea de varios continuum que constituyen los actos ilocucionarios,
lo cual es un avance en relación a la metáfora de la fuerza ilocucionaria
de Austin (1996) que sugería que las diferentes fuerzas ilocucionarias
ocupaban posiciones diferentes en un único continuum de fuerza.

Searle (1991b: 450) sostiene que: “lo que efectivamente sucede es que
existen varios continuos distintos entrecruzados”, es decir, no es posible
igualar verbo ilocucionario y acto ilocucionario, por cuanto “las ilocucio-
nes son parte del lenguaje como opuesto a los lenguaje particulares”.

El significado de los actos ilocucionarios corresponde claramente a una


consideración universal, y los verbos son realizaciones particulares dentro
de una determinada lengua. Lo interesante es entonces detectar cuales son
las reglas que subyacen al uso de determinados verbos que se conectan
con determinados actos y producen una modificación de significado.

Si bien existe indudablemente un significado léxico asociado a verbos


que pueden estar en el diccionario, este significado no está completo, y
no es posible obtenerlo en relación uno a uno con respecto a los actos
de habla. La dificultad radica entonces en detectar teóricamente como se
vincula el continuum de actos ilocucionarios con verbos que en diversas
interacciones producen determinados actos ilocucionarios.

5. Conclusión
Esta investigación consistió en intentar dar cuenta de la idea de
significado que subyace en la relación entre actos de habla y verbos, o
también podemos decir, entre la semántica y la pragmática. Para ello
revisamos algunos conceptos que consideramos importantes en Austin
y Searle y que vinculamos a las clasificaciones de actos ilocucionarios
que propone cada uno, en particular en relación a los criterios utilizados
para abordar el problema.

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Literatura y Lingüística Nº19

Podemos identificar que existen reglas que sustentan las conven-


ciones entre los significados que poseen los verbos y que a través de la
interacción pragmática constituyen su significado. Por cuanto el signi-
ficado de los verbos no depende solamente de su constitución léxica
dada, sino que se potencia dicha constitución léxica en la interacción o
uso de una expresión en una emisión real, en que se constituye como
acto ilocucionario.

La intención que si bien está presente en el nivel pragmático es una


dimensión que aporta significado, pero que sin una convención no se
logra una comunicación o intersubjetividad.

Los actos ilocucionarios constituyen varios continuum de fuerza ilo-


cucionaria y no un único patrón de continuum.

Los aportes de Austin son fundamentales para constituir la relación


entre la lengua y el uso. La confusión que puede haber generado la
relación entre las categorías de actos y los verbos debe ser superada y
entender la globalidad de la propuesta de Austin en la cual su aporte al
desarrollo de la pragmática es vital.

La formalización de Searle en las cuatro dimensiones es muy intere-


sante, el análisis del contenido proposicional y la conexión con la fuerza
ilocucionaria permite estructurar el análisis, aún cuando puede llevar la
discusión a la sintaxis y alejarla de la semántica. Incluso es posible vin-
cular esta propuesta con la idea de estructura de superficie y estructura
profunda de Chomsky.

Un aporte importante de este trabajo puede ser en particular la


discusión sobre la propuesta de Austin vista desde una perspectiva más
analítica. La principal debilidad puede ser la amplitud de la problemática
que cuesta situar.

Puede ser importante continuar la revisión con otras categorizaciones


de los actos de habla y plantear revitalizadamente la discusión sobre el
significado enriquecido por la interacción en el uso de la lengua.

6. Referencias Bibliográficas
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Bertuccelli, M. (1996) Qué es la pragmática. Barcelona: Paidós.

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249
Austin y Searle: la relación entre los verbos y actos ilocucionarios /
Marco Alarcón Silva

Charaudeau, P. & Maingueneau, D. (2005)


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Valdés (edit.) La búsqueda del significado. pp. 431-
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Vallejos, G. (1987) “Algunas bases filosóficas de la pragmática


lingüística”. Lenguas Modernas 14, 5-56.

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