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Considero que una de las formas de ser y estar en el mundo, ni mejor ni peor que otras.


dentro de esta forma de ser y estar, es donde se juega la libertad y por ende, la voluntad de
ser-estar-hacer. Y ello produciría cierta satisfacción personal al estar en el mundo,
compartiendo con los otros, viviendo con los otros desde una postura solidaria, reconociendo
que se puede, no sólo como verbo sino como categoría de poder, ser-estar-hacer con el otro o
los otros, pasando de una egología a una ecología.

El voluntariado es sólo realizado por quienes tienen satisfechas sus necesidades básicas. Una
de las frases que dijo la Lic. Nora Contreras fue “nadie es tan pobre que no pueda dar ni nadie
es tan rico que no pueda recibir”. Obviamente, el pensamiento inicial del que se parte surge
desde una concepción mercantilista que, en cierta medida poseo, todo tiene un valor de uso y
un valor de cambio. Pero esta lógica no implicaba el cobro por todo. En el voluntariado se
movilizan no solo la materialidad, sino otros tipos de recursos que no tienen que ver con el
dinero, principalmente. Los capitales sociales y simbólicos están totalmente presentes y bien
apuntados, reconfortan más que lo salarial o retribución económica que se pudiera tener. Lo
que sucede es la diferenciación de ámbitos creo, entre lo profesional/humano o tal vez no,
sino no verse como escindido, que sería lo más sano y lo más normal.