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Si hay un presidente en América Latina que conozca el modelo de la Tercera Vía

es Juan Manuel Santos. Antes de llegar a la Casa de Nariño, por allá en 1999, el
hoy mandatario escribió un libro sobre el tema y, en ese momento, lo planteó como
una alternativa para el desarrollo del país.

Hoy, el Presidente, ad portas de emprender su segundo tiempo de mandato,


vuelve a retomar la figura y de paso abrió el debate sobre si este modelo puede
aplicarse o no en Colombia.

La Tercera Vía es, según el Jefe del Estado, un punto medio entre el
capitalismo salvaje o neoliberalismo y el Estado de Bienestar que busca más
beneficios sociales para los sectores más vulnerables.

Con base en esta tesis, el presidente Santos dijo recientemente en la cumbre de


Cartagena, a la que asistieron, entre otros, el expresidente Bill Clinton y el
exprimer Ministro británico, Tony Blair, que “con paz podemos llevar la Tercera Vía
aquí en Colombia a su máximo potencial” y añadió: “La Tercera Vía aplicada aquí
en Colombia nos ha permitido tener un modelo económico no solo exitoso, sino
también más equitativo y todo lo hemos logrado a pesar de un conflicto interno
armado que nos ha afectado en más de medio siglo. Imagínense cuánto más
podríamos lograr si sacamos ese obstáculo del camino”.

Ante esta visión del Presidente, los analistas tienen diferentes ópticas sobre la
factibilidad de aplicar este modelo en Colombia, ya que algunos consideran que las
desigualdades sociales y la ausencia de un pacto entre los sectores productivos de
la economía como se hizo en Europa, no permiten su aplicación, pero, en
contraste, hay quienes creen que el terreno está abonado para hacerlo.

El politólogo Fernando Giraldo aseguró que el presidente Santos lanza esta


propuesta “más por el proceso de paz y para mostrar que entre la primera y la
segunda vuelta él tenía una alternativa mejor y diferente a la de Óscar Iván
Zuluaga”.
Explicó que “de carambola, Santos le envía un mensaje a la izquierda en el sentido
de que sí enfocarse más en lo social y además marca una pauta antes que se
posesione el nuevo Congreso y que nombre su nuevo gabinete”.

Sin embargo, Giraldo consideró que “la Tercera Vía no tiene posibilidades aquí,
sencillamente porque hasta ahora no sabemos cuál es el país que queremos,
además que el país progresa pero la riqueza se concentra en pocas manos y esta
élite no es solidaria para hacer acuerdos como se hicieron en Europa”.

Otro de los que no le ve viabilidad al modelo es el profesor Enrique Serrano, quien


comentó que ese esquema “fracasó en Europa en el 2010, porque países como
Francia e Inglaterra están reacomodando sus economías que quedaron afectadas
con el modelo”.

El exviceministro uribista Rafael Guarín dio otra mirada a la situación. Él se


enfoca en que esa Tercera Vía se aplica en el país a través del Estado Social
de Derecho y advirtió que “esto parece más un tema publicitario del
Presidente”.

En un tono similar, el profesor de la Universidad del Rosario, Mauricio Jaramillo


observó más un tinte político que de modelo económico y social, en la propuesta
del Jefe de Estado.

Jaramillo comentó que “Santos ha insistido mucho en que es moderado y hoy


demuestra que quiere aglutinar a los moderados de todos los partidos políticos y la
Tercera Vía es la respuesta al consenso que hasta el momento no ha logrado
construir”.

Serrano también observó un carácter más político en la propuesta de Santos, y


enfatizó que “él trajo a colación el proceso de paz y la economía social y a través
de ellas buscar una cohesión política para su nuevo mandato”.

El catedrático sustentó que “luego de la victoria, el Presidente mira el sector social


para acercarse al Polo y las fuerzas de izquierda que lo apoyaron, pero ese
carácter de la economía social no es más que un discurso”.

En contraste a las observaciones anteriores, el senador liberal Luis Fernando


Velasco sí cree en la implementación de este modelo y advirtió que “es un buen
inicio para poder determinar hacia dónde va el país, ya que es absolutamente claro
que los países que siguen las directrices del Fondo Monetario Internacional se
quiebran”.

Explicó que este modelo, a diferencia de lo que muchos advierten, no es de


generar más impuestos, sino “hacer una diferenciación para que quienes tienen
más tributen igual y con esos recursos hacer una redistribución para mejorar la
calidad de vida de los más vulnerables”.

Añadió que “este esquema también trae la posibilidad de formalizar, es decir que
puede ofrecer beneficios tributarios para combatir el contrabando y, por qué no,
mirar la posibilidad a bajar la base gravable del IVA”.

Para Velasco es claro que este modelo es clave “para el posconflicto, porque si
hay una redistribución acompañada de una descentralización se pueden sacar
adelante muchos proyectos sociales que terminan por favorecer a los sectores
más vulnerables de la sociedad”.
¿En qué consiste el modelo?
La Tercera Vía, según el analista Fernando Giraldo, es una propuesta social
demócrata y un modelo de gobierno con contenido programático social que
representa el punto medio entre los estados asistencialistas como Dinamarca,
Suecia y Noruega, entre otros, y el neoliberalismo.

Según Giraldo, “con este modelo se crean muchos impuestos en función de la


riqueza y el Estado hace una redistribución de esos recursos en políticas sociales
y culturales. Es decir que reinvierte esos recursos para fortalecer a los sectores
más desprotegidos”.

El principal exponente de esta corriente es el sociólogo Anthony Giddens, autor de


‘Más allá de la izquierda y la derecha: El futuro de las políticas radicales’ y ‘La
Tercera Vía: La renovación de la socialdemocracia’.

El principal precepto de esta corriente se basa en la frase “el mercado hasta donde
sea posible y el Estado hasta donde sea necesario”, por lo que determina un
modelo mixto, en el que trabajan, por igual, el sector público y el privado.

Este modelo fue adoptado por Tony Blair en el Reino Unido; Lionel Jospin en
Francia y Romano Prodi en Italia, quienes vieron en esta corriente una herramienta
para lograr la equidad en sus naciones, con el fin de romper las brechas entre los
grandes capitalistas y la población.