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ISIDRO GOMÁ CIVIT

REFLEXIONES EN
TORNO A LOS
TEXTOS BIBLICOS
DOMINICALES
Prólogo de Olegario González de
Cardedal
Misioneras de Nazaret
Publicacions de 1’Abadia de Montserrat
1988
Primera edición, febrero de 1988
© Isidro Gomá Civit, 1988
ISBN 84-7202-906-9
Depósito legal: B. 44.722-88
Impreso en Diagráfic, S.A. - Constitució, 19 - 08014 Barcelona
JUSTIFICACIÓN
Este libro recoge textualmente todos los comentarios a los
textos litúrgicos que la Hoja Dominical de Barcelona ha
publicado, desde el año 1972. Las reflexiones van
acompañadas del texto correspondiente a fin de facilitar su
manejo a los lectores. No han sido revisadas de nuevo por su
autor con motivo de esta publicación.
Por tratarse de artículos destinados a una publicación que
cuenta con un espacio muy limitado, el autor ha tenido que
ceñirse inexorablemente a un determinado número de líneas,
siempre el mismo, al hacer su comentario. Esto le ha obligado
a seleccionar minuciosamente cada palabra, dándole un rigor y
una densidad inusuales.
No se pueden leer deprisa estas reflexiones. Las largas horas
de estudio del autor
—toda una vida— unidas a las no menos largas horas de
oración, han dado tal plenitud a cada una de las frases, que
aparecen como pequeña filigrana de orfebre, perfecta en sí
misma, pero que no puede ser entendida si no es en su
conjunto. Así, el sentido pleno de un comentario se ilumina con
los otros y se completan mutuamente.
Es un material extraordinario para preparar una clase o una
hornilla, para llevarlo a la oración de manera que nos ayude a
saborear mejor el hondo e inagotable tesoro de la Sagrada
Escritura. Es muy útil incluso para aprender a hacer un
comentario o una crítica a un texto, a nivel literario.
Su autor, Isidro Gorná Civit, canónigo de la Catedral de
Barcelona, Prelado de honor de Su Santidad, Profesor de
Sagrada Escritura de la Facultad de Teología de Barcelona, ha
publicado además dos volúmenes dedicados a comentar el
Evangelio según San Mateo, obra obligada para todo el que se
interese por el primer evangelio, y un bello comentario al
Magnificat, muy bien documentado, amén de muchas
colaboraciones en revistas nacionales y extranjeras.
PRÓLOGO
Divinas palabras, por el texto sagrado que ofrecen, y palabras
humanas, por la explicación del Dr. Gomá que lo acompaña,
nos ofrece este libro. Él recoge todos los textos bíblicos del año
litúrgico y junto a él pone breve comentario. La liturgia es el
lugar supremo donde la palabra de Dios llega al hombre como
palabra salvadora. Allí logra toda su fecundidad porque va
junto al sacramento en el que se hace realidad lo que la
palabra narra, proclama, exige y promete al hombre. « Cristo
está presente en su palabra, pues cuando se lee en la Iglesia la
Sagrada Escritura, es Él quien habla» (Vaticano II, Sobre la
Liturgia, 7).
El comentario no reclama un puesto propio en este libro, sino
que quiere desaparecer para que el texto aparezca en su
máxima claridad y se perciba que es Cristo quien habla, se le
oiga hablando, se recree su semblante y el lector pueda
sentirse uno más entre los que vieron de su rostro la
hermosura junto al lago de Genesaret, en Betania, ante la
puerta del Templo o en la noche de la Cena.
1
¿ Cuál es, sin embargo, la misión de todo el que interpreta la
palabra de Dios, de manera especial aquella que es
proclamada en la celebración de los divinos misterios, que
hacen presente, «re-presentan», lo que ella anuncia? El
comentarista tiene que dejar sentir los seis niveles que la
palabra tuvo en la boca de Jesús, y los seis niveles que está
destinada a alumbrar cuando llega a nuestra vida. Expuestos
brevemente son los siguientes:
1. Hechos. Las lecturas bíblicas nos hablan de sucesos
acontecidos en un tiempo y lugar de la historia. Fueron vividos
por hombres y mujeres a ras de tierra. Esta vivencia pudo ser
de doble naturaleza, bien porque los ejecutaron y padecieron
realmente o porque el escritor los vivió él mismo en su
conciencia como realidad posible y real para todos y los
transmite con idéntica fuerza y normatividad. El
8 0. GONZÁLEZ DE CARDEDAL
comentarista tiene que hacer presente a los ojos del lector esa
realidad pasada como si fuese presente, devolver aquel tiempo
a nuestro tiempo; hacernos contemporáneos y partícipes de
aquella experiencia histórica ya agotada.
2. Sentido. Las narraciones nos ofrecen hechos que fueron
vividos como formas de existencia, proyectos de vida,
acontecimientos transidos por la ilusión, el deseo, el temor y la
esperanza de unos hombres. Hechos que tuvieron sentido y,
por pertenecer a las entrañas primordiales de la vida humana,
siguen teniendo hoy un sentido real de humanidad, que hay
que descubrir y en el que hay que sumergirse. Hay que vivir
los dramas y sentir el dolor de quienes sufren y lloran en los
textos. Dios ha hablado a los hombres por medio de palabras y
de hechos plenos de sentido. Este sentido a veces transparece
en acciones violentas y crueles. Los textos entonces no dan por
buena su inmoralidad ni es ésta o la correspondiente moralidad
su centro, sino que el centro es la totalidad de sentido de la
historia narrada.
3. Verdad. A través de unos acontecimientos históricos
narrados, a través de unos mitos tomados incluso de otras
literaturas, a través de la sabiduría de los pueblos helenísticos,
y casi siempre ahondando en la memoria colectiva del propio
pueblo, los autores nos ofrecen una enseñanza humana, a la
que confieren autoridad divina, Dios habla por ellos. Lo que
ellos afirman es afirmado por Dios. Una vez descubierto ese
nivel propio en que Dios ha bla por medio de historias, poesía,
didáctica o conversación amical, la verdad de Dios habita allí.
Hay revelación, existe verdad, las cosas son tal como son
afirmadas. El hombre puede encontrar allí una lámpara que
guíe sus pasos, un criterio a que atenerse, una promesa fiel de
que fiarse.
4. Experiencia. La palabra de Dios narrada en la Sagrada
Escritura no ha caído impoluta del cielo sino que ha nacido de
unas vidas humanas, transidas unas veces por pasión y otras
por el consuelo. Son esas pasiones arrebatadas o esos sueños
pacificadores, pasando por toda la infinita gama de
sentimientos que da de sí el corazón humano, los que han
pasado a la Biblia. Libro de la experiencia de Dios con un
pueblo; la vez que libro de la experiencia de un pueblo con
Dios. A nosotros nos tiene que llegar con esa vibración
experiencial. Y tenemos que dejarnos introducir en esa doble
experiencia; sabiéndonos hombres y mujeres con quienes Dios
sigue haciendo en común una historia. Historía de bendición;
de gracia y de pecado, de esperanza y de redención. Y a la vez
mirar en el espejo de ese pueblo (primero Israel y luego la
Iglesia) para descubrir sus fidelidades e infidelidades, aprender
de ellas, y a la luz de los hermanos regir y corregir el curso de
nuestra vida de creyentes. Hay que sentir, padecer,
experienciar la palabra de Dios con el ser entero: corazón,
entrañas, manos, pies y ojos. No sólo entenderla con la razón.
5. Exigencia. Dios es amigo del hombre y con él ha hecho el
camino de la historia. Jesús es Dios encarnado y se ha hecho
camino nuestro al pasar por nuestro camino, que le ha llevado
a degustar el dolor supremo en la cruz. Dios es el origen y es el
término de la vida humana. Pero a la vez es el Señor soberano
de ella. La confianza ante él debe ser suma y a la vez fundida
de respeto y de adoración. No lo podemos dominar, ni
sometérnoslo como se posee un objeto, se apropia una cosa,
se pliega un pañuelo. Dios es el Señor y puede ordenarnos. Su
palabra por ello tiene también esta dimensión: es un mandato
que hay que percibir con el oído, acoger con el corazón,
realizar con las manos y los pies en la vida entera. La palabra
bíblica por eso ofrece múltiples imperativos: «Sal de tu tierra».
«Sube al monte». «Ve y dile al pueblo». «Ven y sígueme». -
PRÓLOGO 9
6. Promesa. La historia de Dios con su pueblo no está agotada,
sino que aún está abierta y casi toda ella está por venir. El
Futuro absoluto, aquel en que la plenitud y la felicidad
advendrán al hombre, está en manos de Dios, y hacia ese
recodo de sus manos, como a cuenca definitiva donde morar,
es adonde nos conduce también la palabra bíblica. Esa palabra
se convierte así a la vez que en memoria y experiencia, en
promesa absoluta del absolutamente fiel. Con ella miramos al
pasado de otros miembros de la historia sagrada, al presente
nuestro y al Futuro de Dios, que se nos ofrece como nuestro
propio futuro. Promesa fiel de parte de Dios y acogimiento
confiado de parte nuestra, la Biblia es así el libro donde
confluyen los tiempos y donde podemos descubrir cual es su
real y divina plenitud: aquella en la que se recapituló todo lo
anterior (encarnación) y donde se anticipó todo lo futuro
(resurrección) para luz y salvación de los hombres.
Estos son los niveles de sentido que la palabra de Dios nos
ofrece siempre, acentuando unas veces unos y otras veces
otros, pero nunca quedándose en uno solo. El comentarista por
ello no puede olvidar el resto cuando comenta uno. Porque
entonces sucumbiría al grave peligro de la parcialidad, de
extraer uno con silencio de los demás, y esto es lo que
llamamos «herejía».
Así quien fuerza el primer sentido hasta el límite y deja que se
agoten los hechos en el pasado nos convertirá la Biblia en libro
de pura historia positiva. Quien se desentienda del realismo de
lo acontecido y sólo bus que el sentido, caerá en la mera
interpretación sin realidades fundantes, haciendo al sujeto
dueño y señor, no fiel oyente, de la palabra. Quien quiere
extraer sobre todo verdad, y mostrar la significación universal
y perenne, puede ser tentado a convertir la lectura bíblica en
un manojo de demostraciones evidentes; cosa que
patentemente no es, pues Dios quiere alumbrar la libertad del
hombre para que ella se ejerza, no ligarla en la evidencia para
que no pueda hacer otra cosa. Quien prefiere ver la legítima
parte de experiencia humana existente en los textos puede
sucumbir al vivencialismo, o pura psicología, ajena todavía a
los textos sagrados. Quienes reconocen sobre todo lo que hay
de imperativo y exigencia en la palabra de Dios, ¿ no se
inclinarán a un legalismo mortal, convirtiéndola en seca
moralidad. Y para quienes es sobre todo promesa, ¡no nos lo
fíen todo al futuro, y olvidando las gestas ya realizadas por
Dios y los signos actuales de su presencia transformadora, no
nos lo conviertan en utopía sola o nos lo degraden a proyecto
histórico intramundano!
II
Esa es la tarea de todo aquel que se acerca a la palabra de
Dios y quiere hacérsela transparente a los demás. Porque
ninguna humana palabra puede competir o quererse
substantiva al lado de la palabra de Dios. Esta es lámpara que
alumbra los pasos del hombre, espada que escinde y discierne
el corazón, creadora del mundo y suscitadora de futuro.
De manera admirable el Dr. Gomá ha subrayado la entraña de
cada texto, poniendo en relación el acontecimiento central del
Nuevo Testamento con lo que le ha precedido como signo
anunciador en el Antiguo y como realización explícita en la
Iglesia. No olvida recordarnos cómo algunas de estas palabras
han trasformado la vida de otros creyentes. Así, comentando
Romanos 13, 11-14: «La noche está
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avanzada, se acerca el día», nos explica cómo esas palabras
decidieron la conversión de San Agustín, relato que podemos
leer en sus Confesiones (8, 12). Palabras litúrgicas que llegan,
por tanto, hasta nosotros cargadas con toda lafe de hermanos
nuestros que durante siglos las han oído, llevado en su corazón
y queriendo vivir de ellas no han cesado de meditarlas. Ya
María iniciaba así la tarea de todo cristiano «guardando en su
corazón y n todas las palabras de Jesús» (Lucas 2, 19; 2,51).
La historía de la verdad y de la fidelidad cristiana es así la
historia del contacto y meditación de las Sagradas Escrituras.
«Permanecer es fidelidad. Y la forja de la fidelidad cristiana es
el contacto cordial desde niños con las Sagradas Escrituras»
(pág. 993). ¿ Y cómo no recordar a todos los hermanos que
desde el origen rememoraron así la palabra de Jesús y se les
encendió el corazón en su amor y se convirtieron en testigos,
misioneros, mártires, y por eso ha llegado ardiente y
vivificadora hasta nosotros? El relato de Emaús ofrece el
itinerario de lo que fue la experiencia de los primeros testigos y
su narración a los demás:
«Al escribir esto, San Lucas pensaba en las homilías de la
Iglesia apostólica, donde él había descubierto a Cnsto. Y donde
también a él, mientras le leían la Biblia y se la explicaban
refiriéndola al Mesías Jesús, se le encendía el corazón. Cuando
en la Iglesia se lee autorizadamente la Escritura, es el mismo
Señor de la gloría quien habla. Los servidores de su Palabra
sean claridad, precisión y pura transparencia
Claridad, precisión, transparencia... eso tendrían que ser la
palabra y la vida de quien predica, de quien oye, de quien, una
vez abandonado el lugar de la celebración, testimonia ante el
mundo. La palabra oída pasa al corazón, lo traspasa y
permeando los muros de la propia carne se hace realidad
vivida y por ello viva. Todo lo escrito es nada sin lo vivido. Por
ello los textos escritos gritan hacia vivir y hacia ser (palabra-
obra).
Todo escrito se sabe ordenado a la palabra viva y vivida,
porque sólo ella es eficaz. Ya Platón sabía de esta gloria y
pesadumbre del escritor:
«Pero mucho más excelente es ocúparse con seriedad de estas
cosas, cuando alguien buscando un alma adecuada, planta y
siembra palabras con fundamento, capaces de ayudarse a sí
mismas y a quien las planta, y que no son estériles, sino
portadoras de simientes de las que surgen otras palabras que
en otros caracteres son canales por donde se transmite en
todo tiempo, esta semilla inmortal, que da felicidad al que la
posee en el grado más alto posible al hombre». (Fedro, 276e-
277a).
Por estas pocas palabras verdaderas, pal de fundamento y con
semilla dentro, le debemos profunda gratitud al Dr. Gomá.
Palabras que traen sobre sí la humildad de largos años y la
sobria ebriedad de la renuncia. Para quienes así nos anuncian
la palabra de Dios nos había dejado este encargo un autor de
la primitiva iglesia: «Ama como a la niña de tus ojos al que así
te comunica la palabra de Dios» (Cartas de Bernabé, 19,9).
OLEGARJO GONZÁLEZ DE CARDEDAL
CICLO A
PRIMER DOMINGO DE ADVIENTO
PRIMERA LECTURA
Lectura del libro del profeta Isaías 2,1-5
Visión de Isaías, hijo de Amós, acerca de Judá y de Jerusalén:
Al final de los días estará firme el monte de la casa del Señor,
en la cima de los montes, encumbrado sobre las montañas.
Hacia él confluirán los gentiles, caminarán los pueblos
numerosos. Dirán: Venid, subamos al
- monte del Señor, a la casa del Dios de Jacob.
El nos instruirá en sus caminos y marcharemos por sus sendas;
porque de Sión saldrá la ley, de Jerusalén la palabra del Señor.
Será el árbitro de las naciones, el juez de pueblos numerosos.
De las espadas forjarán arados; de las lanzas, podaderas.
No alzará la espada pueblo contra pueblo, no se adiestrarán
para la guerra. Casa de Jacob, ven; caminemos a la luz del
Señor.
Salmo responsorial Sal 121,1-2. 3-4a (4b-5. 6-7). 8-9
R. Qué alegría cuando me dijeron:
Vamos a la casa del Señor..
Qué alegría cuando me dijeron:
. a la casa del Señor..’ Ya están pisando nuestros pies tus
umbrales, Jerusalén.
Jerusalén está fundada como ciudad bien compacta. Allá suben
las tribus, las tribus del Señor.
14 CICLO A
Según la costumbre de Israel, a celebrar el nombre del Señor.
En ella están los tribunales de justicia en el palacio de David.
Desead la paz a Jerusalén:
Vivan seguros los que te aman, haya paz dentro de tus muros,
seguridad en tus palacios.
Por mis hermanos y compañeros voy a decir: La paz contigo.
Por la casa del Señor nuestro Dios, te deseo todo bien.
SEGUNDA LECTURA
Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los Romanos 13,11-
14
Hermanos: Daos cuenta del momento en que vivís; ya es hora
de espabilarse, porque ahora nuestra salvación está más cerca
que cuando empezamos a creer. La noche está avanzada, el
día se echa encima: dejemos las actividades de las tinieblas y
pertrechémonos con las armas de la luz.
Conduzcámonos como en pleno día, con dignidad. Nada de
comilonas ni borracheras, nada de lujuria ni desenfreno, nada
de riñas ni pendencias. Vestíos del Señor Jesucristo, y que el
cuidado de vuestro cuerpo no fomente los malos deseos.
ALELUYA Aleluya, aleluya.
Sal 84,8 Muéstranos, Señor, tu misericordia y danos tu
salvación. Aleluya.
EVANGELIO
Lectura del santo evangelio según san Mateo 24,37-44
En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos:
—Lo que pasó en tiempos de Noé, pasará cuando venga el Hijo
del hombre.
Antes del diluvio la gente comía y bebía y se casaba, hasta el
día en que Noé entró en el arca; y, cuando menos lo
esperaban, llegó el diluvio y se los llevó a todos; lo mismo
sucederá cuando venga el Hijo del hombre:
Dos hombres estarán en el campo: a uno se lo llevarán y a otro
lo dejarán; dos mujeres estarán moliendo: a una se la llevarán
y a otra la dejarán.
Estad en vela, porque no sabéis qué día vendrá vuestro señor.
Comprended que si supiera el dueño de casa a qué hora de la
noche viene el ladrón estaría en vela y no dejaría abrir un
boquete en su casa.
Por eso estad también vosotros preparados, porque a la hora
que menos penséis viene el Hijo del hombre.
1 DOMINGO ADVIENTO 15
ADVIENTO o Advenimiento (del latín «Adventus») traduce en el
Nuevo Testamento el vocablo griego «Parusía». Con este
vocablo, la Iglesia de los Apóstoles significaba la expectación
de la Venida gloriosa de Cristo.
Los cristianos somos Adviento. Nuestra Fe da seguridad a
nuestra Esperanza. Por eso caminamos con alegría hacia «la
Casa del Señor» [ interleccional, que era el cántico de los
peregrinos cuando llegaban a las puertas de Jerusalén].
Subimos a la Ciudad edificada en la serena cumbre donde no
llega la mentira ni el odio [ de Isaías, que es una visión
profética de la Jerusalén-ideal o Reino de Dios].
Hoy es el primer día del Año litúrgico. Según antigua
costumbre, se leen unas líneas del «Sermón escatológico».
Resumen de las enseñanzas con que Jesús adoctrinaba a sus
discípulos en vista al definitivo Reino de Dios. Adaptándose a
las maneras de hablar de su pueblo, les hizo comprender que
en este mundo todo pasa y se desmorona. Que el tiempo es un
vuelo a la eternidad. Que nuestra vida en la tierra sólo vale en
cuanto es preparación, signo y preludio de la Vida plenamente
feliz a que estamos llamados en la Casa del Padre. El momento
trascendental será la VENIDA (o «parusía») DE CRISTO. Es
decir, nuestro personal encuentro con El. Abrazo de eterna
comunión (1 Tes 4,15-17). Ser rechazado en este encuentro,
constituiría el único verdadero fracaso, infinito, del hombre.
El fragménto del «Sermón escatológico» que leemos hoy
inspira serias reflexio nes:
1. — «No sabéis qué día va a venir vuestro Señor». Cada día y
minuto nos puede ser la frontera de la Eternidad. Recordar esto
no turba ni espanta a quienes tenemos al Señor por Amigo,
que ya vive en el corazón.
2. — « en vela!». «Velar» es estar despierto mientras tantos
duermen... «Ya es hora de despertar!», grita la segunda lectura
a los siervos de la vulgaridad. Estas palabras de la Carta a los
Romanos son las que decidieron la conversión de San Agustín
cuando hizo caso de aquella voz que le decía: «toma y lee...»
(Confesiones, VIII, 12).
3. — « preparados!>. No como los irreflexivos del tiempo de
Noé. Ni como el descuidado que no guarda la casa. El Señor
juzgará a cada uno por su no comunicable responsabilidad
personal: de dos que trabajaron juntos, uno podrá ser elegido y
otro reprobado. Nada estimula mejor a liberarnos de esa
común pereza de espíritu como pensar en el cercano, sublime,
gozoso Encuentro con el Dios que viene
—Encuentro del que Navidad será albricias y pregustación.
Adviento es esperanza. El hombre ama y piensa, trabaja, vive y
muere en esperanza. Todas las ideologías intentan dar
satisfacción a su esperanza. La Palabra de Dios la cumple en
plenitud.
En el antiguo latín cristiano, Adventus traducía el griego
«Parusía». Parusía significa el acto de venir, acentuando el
momento de llegar. Es decir, la Presencia. La
Liturgia de Adviento quiere despertarnos al gozo de sentir la
cercanía de Dios. Como en la celebración eucarística de cada
día, pedimos con ardencia la «Venida» o manifestación gloriosa
del Cristo, que sabemos por la fe que ya está entre nosotros:
16 CICLO A
« Ven, Señor Jesús!». Navidad, término del Adviento litúrgico,
será un ensayo o pregustación real del definitivo Adviento,
«Parusía» o Presencia de la Gloria.
El inciso de la Carta a los Romanos [ lectura] da la consigna: «
Ya es hora de despertar!». Son las palabras que transformaron
al joven Agustín, en el jardín de Milán, cuando obedeció a
aquella voz misteriosa: «Toma y lee». Quiera Dios que el grito
de San Pablo despierte a tantos jóvenes y no jóvenes
dormidos. —La primera lectura es de Isaías, el libro que
entusiasmó a San Agustín. Habla de la Ciudad de Dios, Patria
común de los hombres; única donde las espadas son inútiles.
—El Salmo responsorial canta el gozo de la Iglesia peregrina,
de la humanidad peregrina, que camina hacia esta «Casa» o
Ciudad.
La lectura principal, la del Evangelio, es un fragmento del
«Sermón Escatológico» según San Mateo. San Mateo recopiló y
estructuró en dos intensos capítulos (24 y 25) toda la Doctrina
de Jesús sobre la Escatología. Es decir, sobre la infinita
Esperanza. Jesús era pedagogo, y se adaptó al lenguaje y
categorías mentales de su pueblo. Concentró todo su ideal
colectivo, su anhelo y esperanza en una imagen entonces
fascinadora: «la Venida del Hijo del Hombre». Para
comprenderla y sentirla nosotros, tenemos que meditar con
inteligencia el capítulo siete del profeta Daniel. Lo damos por
supuesto. La «Venida del Hijo del Hombre’> para establecer el
«Reino de los Santos» (una vez aniquilados todos los imperios
inhumanos de la historia) es una manera de describir el «Día
de Yahvé» o «Día del Señor». La transfiguración del Universo.
Cuando Dios será todo en todos: evidencia de Verdad,
comunión de Amor, Paz y Justicia, realización de Libertad,
plenitud de Vida. Lo que el pueblo sabe y siente cuando dice:
«el Cielo». Para los que no hayan querido aceptarlo, la
exclusión será su tormento.
El Sermón Escatológico según San Mateo es largo y complejo.
Primero habla por extenso de lo que tendrán que hacer y sufrir
los cristianos antes de que llegue el Día de Dios (la «Venida del
Hijo del Hombre»). Luego asegura que absolutamente nadie
sabe su momento (24,36). A continuación da y repite con la
mayor insistencia la consigna del hombre sensato: Estar
siempre a punto. Hoy leemos un breve fragmento de esta
última parte: a) el ejemplo bíblico del Diluvio; b) el peligro del
fracaso; c) el. ejemplo popular del ladrón.
a) Ejemplo bíblico del Diluvio (y. 37-39). La catequesis judía
daba por supuesto que Noé había advertido y amonestado a
sus contemporáneos. No le hicieron caso. Perdieron sus bienes
y su vida. Jesús avisa a todos: Preparad vuestra Salvación.
Estáis en la frontera de la eternidad. Cada instante pueden
llamaros a cruzarla. Servíos del tiempo con la conciencia de
existir para el más allá. Cada hombre recapitula en su
personalidad todo el universo y toda la historia. Su último paso
le es el Fin del «mundo». La realización de su Adviento. Su
«Parusía». Merece la pena reflexionar.
b) Porque es trascendental el riesgo del fracaso (y. 41-42). De
dos que estén en idéntica situación externa de vida y trabajo,
si uno ha elegido libremente estar por dentro en actitud
negativa ante Dios, «será dejado». Excluido de su Presencia.
Eterna infelicidad (25,41).
c) Maestro popular, Jesús alude a un hecho reciente que todos
conocerían. Por no «estar en vela», un hombre vio desvalijada
su casa por los ladrones. La Salvación eterna vale más que el
ajuar. «velad!». Velar es estar despierto y atento cuando otros
duermen. Son infinitos, hoy y siempre, los que se encuentran
cara a cara con Dios sin
1 DOMINGO ADVIENTO 17
previo aviso. « alegría» (salmo resp.) si es el abrazo del Amigo
hacia el que ha caminado en su vida, minuto tras minuto,
siempre a punto (25, 1-13).
Vuelve un año más la liturgia de Adviento a desvelar, con sus
hermosos textos, el sentido cristiano de la esperanza.
El Libro de Isaías canta la Jerusalén ideal; la Ciudad de Dios,
que será Hogar de todos los pueblos del mundo en la era
mesiánico-escatológica. Su Luz y su Derecho, la Palabra de
Dios. Su ritmo, la Paz que se realiza en el trabajo (no espadas,
sino arados...).
En la Carta a los Romanos, San Pablo, bajo la alegoría del
despertar, exhorta a sentirnos conscientes de vivir en el
«ahora» de la Salvación. La noche ya pasó:
renunciar, pues, a lo que era propio de las «tinieblas» (criterios
paganos, degradación moral). Amanece: baste ya de «dormir».
Se acerca el pleno Día (la Venida del Señor):
«vestirse» de Cristo ( configurar nuestra personalidad a
imagen de la suya).
Leemos un inciso del Sermón escatológico según Mateo (cap.
24-25). Dicho «Sermón» consta de dos secciones: a) sobre la
Venida gloriosa (o «Parusía») del Señor; b) sobre la actitud de
quienes lo esperan. La primera parte dice: pasado un período
de sufrimientos (24, 6-8), persecuciones (9-13) y
evangelización-testimonio (14) y después de la ruina de
Jerusalén (15-28), vendrá gloriosamente el Señor (29-35).
Sigue una frase de transición (nadie sabe cuándo: vers. 36),
que introduce la segunda parte: por tanto, estad siempre a
punto de recibirlo (37-44), como el mayordomo fiel (45-51), las
vírgenes sensatas (25, 1-13) o los administradores diligentes
(14-30); en fin, como quienes realizan su amor a Cristo en el
amor de los hermanos (31-46).
Las líneas que leemos hoy, dando por conocida la primera
parte e introduciendo la segunda, subrayan la «frase de
transición» (y. 36: nadie sabe...) con tres reflexiones:
1> (y. 38-39). — La «Parusía» o encuentro definitivo con el
Señor sorprenderá desprevenidos a los religiosamente
inconscientes, como sucedió (según la catequesis popular
judía) el día del Diluvio. «Comían y bebían, etc.» quiere decir
que vivían absortos y seguros en su «normalidad» terrena, sin
querer dar oídos a quien les anunciaba (según dicha
catequesis) el trance ante el que no cabía más dilema que
haberse preparado antes un medio de salvación o perecer.
2> (y. 40-41). — Insistencia: el Señor llegará sin previo aviso.
Manera popular de decirlo: encontrará a la gente en su trabajo
ordinario (en un ambiente rural: la labor del campo, las faenas
de casa). Su Venida provocará un discernimiento o Juicio, a
base de la íntima conciencia de cada uno. Manera de expresar
esta idea: de dos externamente en la misma situación, uno
será recibido (en el Reino de Dios), al otro lo dejarán fuera.
3> (y. 42-44). — Parábola del ladrón. Ejemplo realista, del que
más de un oyente del Señor tendría resentida experiencia. El
ladrón no se anuncia. Unica defensa: la precaución
permanente. Por eso, dice el Señor, «velad!». Y lo traduce por:
estad siempre a punto. «Habitualmente en acto». Además de la
común y en orden a ella, a cada uno le aguarda su personal
«parusía»: que cuando el Señor llegue y llame, le pueda abrir
gozoso la puerta de su vida, sin tragedia ni sorpresa. Sin el
(inútil) sentimiento de que hubiera sido mejor que esperara
otro día...
18 CICLO A
Empieza hoy el año litúrgico con el primer domingo de AD
(vocablo que significa «Venida»): el Señor viene, y nosotros
vamos hacia El. El último paso de todo Adviento será un
encuentro con Cristo.
La liturgia de la Palabra tiene por centro la consigna
evangélica:. «j Velad!». Es el leitmotiv de la segunda mitad del
Sermón escatológico según San Mateo. La primera parte
anuncia la gloriosa Venida (o «Parusía>) de Jesús. Termina
afirmando que absolutamente nadie sabe el día en que
sucederá. La certeza del hecho junto a la ignorancia de su hora
es el fundamento de la actitud evangélica del hombre en este
mundo: siempre a punto de recibir al Señor. Toda la segunda
parte del Sermón escatológico exhorta a perseverar en esta
actitud. Empieza aconsejando imitar a Noé en su juiciosa
previsión, que le valió salvarse del diluvio, y no a sus
contemporáneos que perecieron por su alegre inconsciencia.
Porque cuando venga el Señor habrá un Juicio o
discernimiento, y una separación: algunos que por fuera
parecían iguales en esta vida (como dos hombres o dos
mujeres que trabajan juntos) resultarán tan radicalmente
distintos en la verdad del más allá que unos serán admitidos
en el Reino de Dios y otros rechazados fuera. Por tanto,
prosigue el Sermón, ¡ Velad!. («Velar» es estar despierto
cuando tantos duermen). Si el dueño de una casa supiera que
un ladrón está al acecho, ciertamente no dormiría...
Es hora de despertar, proclama también San Pablo. Este
fragmento de la Carta a los Romanos es el que leyó Agustín
cuando, a sus treinta y tres años, luchaba con lágrimas entre la
gracia y el pecado en el jardín de su residencia cerca de Milán.
Le pareció oír, desde la casa vecina, una voz infantil que
repetía cantando: «toma y lee, toma y lee». Se acercó al
volumen que tenía a mano, lo abrió al azar y terminó la lectura
en el mismo punto que nosotros hoy. La Palabra de Dios a
través de Pablo le había trasformado. El Apóstol sigue gritando
a tantos débiles de hoy: ¡ dejad ya de vivir como paganos;
haceos imagen y semejanza de Cristo Jesús!
Isaías es el profeta clásico del Adviento. Nos encontraremos de
nuevo con su libro los próximos tres domingos (y también en la
misa de la mayor parte de los días. laborables). El de Isaías fue
precisamente el primer libro que el obispo San Ambrosio
recomendó al recién convertido San Agustín. El fragmento de
hoy canta la peregrinación de todos los pueblos de la tierra a la
montaña donde tiene su Templo el verdadero Dios. Arbitro de
las naciones, les dicta desde allí su Ley que es la Paz:
«Nunca más los unos contra los otros». «Nunca más la guerra»
(jqué cerca de nuestro mundo está la antigua voz de Isaías!).
—Aceptemos su invitación como el Salmista: « a la Casa del
Señor!».
SEGUNDO DOMINGO DE ADVIENTO
PRIMERA LECTURA
Lectura del libro del profeta Isaías 11,1-10
En aquel día:
Brotará un renuevo del tronco de Jesé,
un vástago florecerá de su raíz.
Sobre él se posará d espíritu del Señor:
espíritu de ciencia y discernimiento, espíritu de consejo y valor,
espíritu de piedad y temor del Señor. Le inspirará el temor del
Señor.
No juzgará por apariencias, ni sentenciará de oídas; defenderá
con justicia al desamparado, con equidad dará sentencia al
pobre. Herirá al violento con el látigo de su boca, con el soplo
de sus labios matará al impío. Será la justicia ceñidor de sus
lomos; la fidelidad, ceñidor de su cintura. Habitará el lobo con
el cordero, la pantera se tumbará con el cabrito, el novillo y el
león pacerán juntos:
un muchacho pequeño los pastorea. La vaca pastará con el
oso, sus crías se tumbarán juntas; el león comerá paja con el
buey. El niño jugará con la hura del áspid, la criatura meterá la
mano en el escondrijo de la serpiente. No harán daño ni
estrago
20 CICLO A
por todo mi Monte Santo:
porque está lleno el país de la ciencia del Señor, como las
aguas colman el mar.
Aquel día la raíz de Jesé
se erguirá como enseña de los pueblos:
la buscarán los gentiles, y será gloriosa su morada.
Salmo responsortal Sal 71,2. 7-8. 12-13. 17
R. Que en sus días florezca la justicia y la paz abunde
eternamente.
Para que rija a tu pueblo con justicia,
a tus humildes con rectitud.
Que en sus días florezca la justicia y la paz hasta que falte la
luna; que domine de mar a mar, del Gran Río al confín de la
tierra.
Porque él librará al pobre que clamaba, al afligido que no tenía
protector; él se apiadará del pobre y del indigente, y salvará la
vida de los pobres.
Que su nombre sea eterno
y su fama dure como el sol;
que él sea la bendición de todos los pueblos
y lo proclamen dichoso todas las razas de la tierra.
SEGUNDA LECTURA
Lectura de la Carta del apóstol san Pablo a los Romanos 15,4-9
Hermanos: todas las antiguas Escrituras se escribieron para
enseñanza nuestra,de modo que entre nuestra paciencia y el
consuelo que dan las Escrituras mantengamos la esperanza.
Que Dios, fuente de toda paciencia y consuelo, os conceda
estar de acuerdo entre vosotros, como es propio de cristianos,
para que unánimes, a una voz, alabéis al Dios y Padre de
nuestro Señor Jesucristo.
En una palabra, acogeos mutuamente como Cristo os acogió
para gloria de Diós. Quiero decir con esto que Cristo se hizo
servidor de los judíos para probar la fidelidad de Dios,
cumpliendo las promesas hechas a los patriarcas, y, por otra
parte, acoge a los gentiles para que alaben a Dios por su
misericordia. Así dice la Escritura: «Te alabaré en medio de los
gentiles y cantaré a tu nombre.
ALELUYA Aleluya, aleluya.
LC 3,4.6 Preparad el camino del Señor, allanad sus
senderos.
Todos los hombres verán la salvación de Dios. Aleluya.
II DOMINGO ADVIENTO 21
EVANGELIO
Lectura del santo evangelio según san Mateo 3.1-12
Por aquel tiempo, Juan Bautista se presentó en el desierto de
Judea predicando:
—Convertíos, porque está cerca el reino de los cielos.
Este es el que anunció el profeta Isaías diciendo: «Una voz
grita en el desierto: preparad el camino del Señor, allanad sus
senderos.»
Juan llevaba un vestido de piel de camello, con una correa de
cuero a la cintura, y se alimentaba de saltamontes y miel
silvestre.
Y acudía a él toda la gente de Jerusalén, de Judea y del valle
del Jordán; confesaban sus pecados y él los bautizaba en el
Jordán.
Al ver que muchos fariseos y saduceos venían a que los
bautizara, les dijo:
—Raza de víboras, ¿quién os ha enseñado a escapar de la ira
inminente?
Dad el fruto que pide la conversión.
Y no os hagáis ilusiones pensando: «Abrahán es nuestro
padre>, pues os digo que Dios es capaz de sacar hijos de
Abrahán de estas piedras.
Ya toca el hacha la base de los árboles, y el árbol que no da
buen fruto.será talado y echado al fuego.
Yo os bautizo con agua para que os convirtáis; pero el que
viene detrás de mí puede más que yo, y no merezco ni llevarle
las sandalias.
El os bautizará con el Espíritu Santo y fuego.
El tiene el bieldo en la mano: aventará su parva, reunirá su
trigo en el granero y quemará la paja en una hoguera que no
se apaga.
ADVIENTO, esperanza activa. No se espera a Dios con ios
brazos cruzados. «Preparad el camino del Señor».
1. «Preparad el camino del Señor». Voz de Juan Bautista,
profeta y testigo de Jesús. Forjó su personalidad en el Desierto,
que es escuela de Dios. Los auténticos profetas y testigos de
Cristo se forman durante años en el «Desierto»: silencio abierto
a la Palabra, oración espontánea, asimilación vital de las
Sagradas Escrituras y no fingida austeridad. Pero Juan no cayó
en el egoísmo de aislarse en su paz. Quiso llevar el espíritu del
Desierto al corazón de los que tienen que vivir en la Ciudad.
Multitudes, siempre hambrientas de Dios, acudieron a él por
instinto. A hipócritas influyentes les dijo la verdad a la cara, sin
temor.
2. — «Convertíos, que llega el Reino de los Cielos». El
evangelista Mateo anticipa en labios de Juan el Precursor las
exactas palabras de Jesucristo (4, 17), que serán luego de ios
Apóstoles (10, 7). Venir el «Reino de los Cielos» quiere decir, en
el lenguaje de entonces, que Dios ha de ser centro de nuestra
vida humana ya en la tierra, como sol a mediodía en un
firmamento sin nubes. El Niño de Belén será presencia, luz y
calor de Dios en nuestro firmamento humano. «Convertíos»:
imperativo de Adviento. Porque la vida que llevamos no es
camino recto para el Encuentro con Dios. Convertirse no es
cambiar, que nada arregla, sino mejorar. Volverse de cara y no
de espaldas a la Verdad. Cuanto más uno «camina» de
espaldas a la Verdad más se aleja de ella.
3. — «Todo cuanto se consignó en las Escrituras fue escrito
para enseñanza nuestra, a fin de que con firmeza y con el
aliento que dan las Escrituras mantengamos la Esperanza».
Reflexión de San Pablo, siempre de pedagógica actualidad.
Feliz el
22 CICLO A
pueblo que inspiró su común pensar y sentir en el Libro de
Dios, en espontánea conjunción con la humana sabiduría. Y
Dios perdone a quienes se empeñen en no querer
comprenderlo. La Biblia está en la raíz de nuestra cultura, y el
árbol muere cuando se le corta la raíz. En la «conversión de
Adviento» entraría de lleno la decisión de mantener o recobrar
un afectuoso, reflexivo y cotidiano contacto sin prisas con la
Palabra de Dios. Hoy, por ejemplo, escuchamos en el Libro de
Isaías y en el Salmo interleccional un antiguo y siempre nuevo
Cántico, nunca literariamente superado, a la Justicia social, a la
Sensatez y a la Paz.
Adviento, infinita Esperanza. Es Dios quien la ha puesto en el
horizonte de los hombres, e invita a caminar hacia ella. Actitud
para emprender el camino, la Conversión.
La Conversión es mensaje propio del segundo domingo de
Adviento. Su heraldo, Juan Bautista.
En la primera lectura, Isaías dice a los hombres el objetivo
inmediato de su Conversión-a-la-Esperanza: un mundo
sinceramente reconciliado —lobos en paz con los corderos—
unidos bajo el Mesías del Espíritu.
Forja de esta Paz amada y no impuesta: la Justicia. Glosando a
Isaías, lo canta el Salmo responsorial. Mensaje tan reciente hoy
como cuando se escribió hace veintiocho siglos.
Porque «todas las Escrituras fueron pre-escritas [ Dios] para
enseñanza nuestra», nos recuerda San Pablo en la segunda
lectura. A fin de que por ellas «mantengamos la Esperanza».
Dichoso el pueblo que inspira su ideología común, ideal y
criterios en el Libro de Dios, y no en fáciles mitos. Gratitud a
los antepasados que así forjaron nuestro pueblo. Por eso jamás
hemos perdido ni perderemos la Esperanza.
El Evangelio resume esquemáticamente la personalidad y
carácter de Juan Bautista, su significación profética, su
Mensaje, su actividad y un ejemplo característico de su
predicación:
a) Personalidad y carácter. Profeta del Desierto. Desde un siglo
antes de Jesús, hombres hastiados de la corrupción ambiental
habían salido al Desierto de Judá para reencontrar a Dios y a sí
mismos en la oración profunda, en el silencio activo, en la
dignificante austeridad. La fuerza regeneradora del «Desierto»
es una lección permanente de la historia. Posible tentacion de
los ascetas del Desierto es aislarse en su paz. Juan la supera,
conjugando espiritualidad con la misión al mundo.
b) Significación profética. La declara una cita alusiva de la
segunda parte de «Isaías»: Preparad el camino del Señor...
Prólogo del «Libro de la Consolación de Israel, que tiene por
tema fundamental el gran retorno de la cautividad. Término de
la esclavitud. Liberación. Redención. Dios hecho Guía de su
pueblo, en «éxodo» feliz, a través del desierto, hacia la Patria.
Alegoría transparente de la Hora de Cristo. Juan tiene la misión
de «Precursor». En imagen expresiva: preparar el camino. Es
un tema constante en la Biblia el de que Dios, al realizar sus
obras, quiere siempre la mediación humana. Un instrumento
ministerial. Cristo no entra en las personas ni en
II DOMINGO ADVIENTO 23
las instituciones si no le abre el camino un «precursor». La
austeridad de vida acredita a Juan ante el pueblo [ del domingo
próximo]. El vestido, evocación del de Elías, lo caracteriza
como profeta.
c) Mensaje (vers. 2). La Conversión. Porque ha llegado la Hora
de Dios. Realidad trascendente a que quiere despertarnos cada
Adviento. Mientras el hombre cierre su perspectiva dentro del
horizonte terreno y temporal nunca llegará a realizarse.
Conversión es no negarse a abrir los ojos del entendimiento y
del corazón, que necesitan luz divina. Pocos años más tarde,
los Apóstoles tradujeron «convertirse» por «creer en el
Evangelio» (Mc 1, 15).
d) Actividad. Al comprobar que era voz sincera del Desierto,
acudieron a él de todas las Ciudades (y. 5). Predicación y rito.
El pueblo necesita signos. Entrar de lleno en el agua del río
sagrado era palabra viva e impresión inolvidable de
compromiso, decisión y pureza.
e) Ejemplo de predicación (y. 7-12). El evangelista Mateo
canaliza las palabras de Juan (seleccionadas entre otros
recuerdos de él: Lc 3, 10 ss) contra el complejo de «seguridad»
que habían tenido muchos judíos y empezaban a tener algunos
cristianos de su iglesia. No basta ser «hijos de Abrahán». No
basta pertenecer jurídicamente al Pueblo de Dios. Porque el
severo Juicio es para todos (y. 12). Convertirse no es teoría: es
«dar fruto». Un árbol estéril es leña para el fuego (10). Puede
quedar en el aire la pregunta: ¿cuál ha de ser el «fruto»?. Por
respuesta, todo el Evangelio. Y la conciencia sincera: o sea,
Dios mismo en el fondo de nuestro ser.
En este segundo domingo de Adviento el Evangelio nos
presenta la figura de Juan el Bautista. Su actividad en el
desierto y una síntesis de su llamada a la conversión ante la
venida del Reino de Dios. Su oficio de «precursor», descrito con
palabras de Isaías. Algunos rasgos de su austeridad. La
multitud de los que piden ser bautizados por él. Su diatriba
contra los que acuden por hipocresía. El gran anuncio de que
viene el Mesías a santificar el mundo con el Espíritu de Dios y a
juzgarlos según su actitud.
Fue gloria del Bautista preparar el camino a Jesús. Esta imagen
de Isaías está inspirada en las visitas de los antiguos soberanos
orientales, antes de cuyo viaje había que trazar una pista recta
y llana a través del desierto. Pero la realidad es más profunda.
En nuestra voluntad libre está el dilema de ser o buen grano o
paja para el fuego cuando venga el Señor. Bendita la voz
austera del amigo que nos ayude a hacer de nuestra libertad
camino de Dios. Para la generación de los israelitas
contemporá neos de Jesús esta voz fue la de Juan, el profeta de
la sinceridad. Su figura es arquetípica: a cada venida de Cristo
precede la voz de un «precursor»
El texto de Isaías canta poéticamente el Reino del Mesías que
ha de venir. Será de la familia de David. Lleno del Espíritu de
Dios, que le colmará de todos sus dones. Justo y defensor de
los pobres contra la opresión. La’paz de su reino será un reflejo
del paraíso. En la raíz de todos estos bienes estará el
conocimiento de Dios.
El Salmo responde como un eco a esta profecía de Isaías. Es un
himno al Rey justo, protector de los débiles y artífice de la paz
universal.
El Evangelio es alma de un mundo llamado a ser así. También
es misión de Precursor decirle a nuestro mundo el tesoro de
paz y justicia que lleva, a partir de Cristo, en su misma
entraña.
24 CICLO A
Es lo que procuró hacer San Pablo en la Carta a los Romanos:
proclamar a judíos y gentiles que en Cristo tienen su camino de
Justicia y Salvación. El breve fragmento que leemos hoy son las
últimas líneas de una cálida exhortación a la caridad,
atmósfera y garantía de la paz: todos un mismo corazón, un
mismo sentir y un mismo cántico de alabanza al único Mesías,
que ha redimido a todos, judíos y gentiles, con un mismo amor.
TERCER DOMINGO DE ADVIENTO
PRIMERA LECTURA
Lectura del libro del profeta Isaías 35,l-6a. 10
El desierto y el yermo se regocijarán, se alegrarán el páramo y
la estepa, florecerá como flor de narciso, se alegrará con gozo
y alegría.
Tiene la gloria del Líbano,
la belleza del Carmelo y del Sarón.
Ellos verán la gloria del Señor,
la belleza de nuestro Dios.
Fortaleced las manos débiles, robusteced las rodillas
vacilantes, decid a los cobardes de corazón:
sed fuertes, no temáis.
Mirad a vuestro Dios, que trae el desquite;
viene en persona, resarcirá y os salvará.
Se despegarán los ojos del ciego, los oídos del sordo se
abrirán, saltará como un ciervo el cojo, la lengua del mudo
cantará, y volverán los rescatados del Señor.
Vendrán a Sión con cánticos:
en cabeza, alegría perpetua; siguiéndolos, gozo y alegría. Pena
y aflicción se alejarán.
26 CICLO A
Salmo responsorial Sal 145, 6c-7. 8-9a 9bc-10
R. Ven, Señor, a salvarnos. (o Aleluya)
El Señor mantiene su fidelidad perpetuamente, hace justicia a
los oprimidos, da pan a los hambrientos.
El Señor liberta a los cautivos.
El Señor abre los ojos al ciego, el Señor endereza a los que ya
se doblan, el Señor ama a los justos, el Señor guarda a los
peregrinos.
Sustenta al huérfano y a la viuda y trastorna el camino de los
malvados. El Señor reina eternamente; tu Dios, Sión, de edad
en edad.
SEGUNDA LECTURA
Lectura de la carta del apóstol Santiago 5,7-10
Tened paciencia, hermanos, hasta la venida del Señor.
El labrador aguarda paciente el fruto valioso de la tierra
mientras recibe la lluvia temprana y tardía.
Tened paciencia también vosotros, manteneos firmes, porque
la venida del Señor está cerca.
No os quejéis, hermanos, unos de otros para no ser
condenados. Mirad que el juez está ya a la puerta.
Tomad, hermanos, como ejemplo de sufrimiento y de paciencia
a los profetas, que hablaron en nombre del Señor.
ALELUYA Aleluya, aleluya.
Is 61,1 El Espíritu del Señor está sobre mí; me ha enviado para
dar la Buena Noticia a los pobres. Aleluya.
EVANGELIO
Lectura del Santo evangelio según san Mateo 11,2-1 1
En aquel tiempo, Juan, que había oído en la cárcel las obras de
Cristo, le mandó a preguntar por medio de dos de sus
discípulos:
— tú el que ha de venir o tenemos que esperar a Otro?
Jesús les respondió:
—Id a anunciar a Juan lo que estáis viendo y oyendo: los ciegos
ven y los inválidos andan; los leprosos quedan limpios y los
sordos oyen; los muertos resucitan, y a los pobres se les
III DOMINGO ADVIENTO27
anuncia la Buena Noticia. ¡Y dichoso el que no se sienta
defraudado por mí! Al irse ellos, Jesús se puso a hablar a la
gente sobre Juan:
—iQué salisteis a contemplar en el desierto, una caña sacudida
por el viento? O qué fuisteis a ver, ¿un hombre vestido con
lujo? Los que visten con lujo habitan en los palacios. Entonces,
¿a qué salisteis, a ver a un profeta?
Sí, os digo, y más que profeta; él es de quien está escrito: «Yo
envío mi mensajero delante de ti para que prepare el camino
ante ti.»
Os aseguro que no ha nacido de mujer uno más grande que
Juan el Baustista, aunque el más pequeño en el reino de los
cielos es más grande que él.
El Evangelio de este tercer domingo de Adviento vuelve a
hablar de Juan el Precursor. Mártir de la Esperanza cristiana,
vivió en paciencia activa: como el labrador que aguarda la
cosecha (segunda lectura).
Con una trasparente alegoría, la primera lectura habla de los
desterrados en Babilonia que vuelven a Jerusalén. Mirando a la
patria en el horizonte, el desierto que cruzan les parece un
vergel. Pasan con alegría. La alegría es la nota dominante de
nuestra Liturgia. Navidad está a la vista. Nuestras Navidades
en la tierra son preparación, signo y preludio de la Navidad
eterna.
1. — « tú el que ha de venir, o tenemos que esperar a otro?».
Juan Bautista reprendió a Herodes Antipas por su inmoralidad
pública en la vida matrimonial. Aquel pequeño poderoso no
encontró mejor respuesta que encarcelar al profeta. Como
todos los grandes santos, Juan pasó también por la «noche
oscura» del alma. No duda, pero desea más luz. Y, sobre todo,
quiere más luz para sus discípulos. Por eso envía una comisión
de ellos para que pidan a Jesús que declare abiertamente si es
el Salvador «que ha de venir>’, el que todos esperan.
2. — «Anunciad a Juan lo que estáis viendo y oyendo». En vez
de dar una respuesta explícita, Jesús apela a sus Obras y su
Doctrina. Sus Obras, que son gestos de Bondad y signos de
Salvación. Su Doctrina, que es el Evangelio de los Pobres,
divinamente resumido en el Sermón de la Montaña. El
Evangelio de las Bienaventu ranzas. Muchos, tal vez la mayor
parte, no esperaban un Mesías así. Preferían un divino
solucionador de sus problemas temporales. Cuando no la
ilumina el Espíritu de Dios, la mente humana forja fáciles mitos
y utopías. Por eso surgieron, también en tiempo de Jesús,
tantos falsos «mesías». Dichosos los ojos que saben ver y los
oídos que no se niegan a oír. La Esperanza cristiana, la de
quien ha asimilado el Evangelio, libera de los mitos.
3. — « Yo envío mi Mensajero para que prepare tu camino».
Jesús era parco en elogiar. Pero a Juan, el mártir de la
Esperanza, le dedica un elogio inmortal. El más grande de
todos los que han preparado el Reino de los Cielos (y. 11).
Mensajero de Dios, anunciado por los profetas; arquetipo de
cuantos quieran preparar entre los hombres un camino a
Cristo. Austero y firme. No como las cañas junto al Jordán (hoy
diríamos como las veletas de los campanarios), que se mueven
con rendida obediencia al viento que sopla. Mártir de la
Esperanza, Juan dio su vida por ser fiel a la Verdad y a la Moral
según Dios.
Adviento es caminar con Fe hacia la plenitud de la Esperanza.
El tercer domingo
28 CICLO A
exhorta a seguir nuestro camino con alegría, sin impaciencias
ni amarguras, sin desaliento.
Con alegría. La primera lectura canta el retorno de Babilonia.
En el corazón de los repatriados la dureza del desierto que han
de cruzar tiene sabor de paraíso. Porque a quien camina en
Esperanza, la austeridad de la vida se le ilumina con reflejos de
cielo. La Liturgia permite o aconseja hoy peculiares signos de
alegría.
Sin impaciencia. Como el sembrador que, durante meses, vive
de pura fe en la fecundidad de la semilla, contemplando en
espíritu la cosecha que sus ojos todavía no ven [ lectura]. Sin la
amargura contagiosa de los que quieren segar al día siguiente
de sembrar [ vers. 9]. Toda la vida del cristiano es «adviento»:
serenidad de paciencia activa.
Sin desaliento. El Evangelio presenta otra vez en primer plano
a Juan Bautista. Su Desierto es ahora la cárcel. Testigo-mártir
del Mesías.
El texto se distribuye en dos mitades: a) Juan pide a Jesús que
defina su Misión; b) Jesús elogia a Juan.
A. — Iniciativa de Juan. Había acusado la inmoralidad pública
de Herodes Antipas. Herodes pretendió ahogar su palabra,
internándolo en el castillo de Maqueronte. Mantiene relación
con su pequeño círculo de discípulos. Le cuentan la actividad
de Jesús. No coincide con la que ellos y muchos israelitas
esperaban del «Mesías». Creían que debía ser de efectos más
tangibles: urgente, fulminante contra el mal y los malos.
Abatidos y al fuego los árboles inútiles (Mt 3, 10).
Juan toma una decisión atrevida. Provocar en público una
declaración de identidad por parte de Jesús. ¿Es o no es el
Mesías? (en lenguaje popular: «el que ha de venir»). La
aristocracia de Jerusalén había tomado, poco tiempo antes,
una iniciativa análoga en relación con Juan Un 1, 19 ss).
No es imposible que el interrogante acongojase al mismo
Precursor. Todos los héroes del espíritu han pasado su noche
oscura. Pero parece más conforme a la intención del
evangelista considerar su embajada como un gesto de
testimonio. Le duele la falta de comprensión de los discípulos
que le permanecen a adheridos (los más inteligentes, ya los
pasó a Jesús: Jn 1, 35 ss). Los compromete a ponerse en
contacto con el verdadero Maestro, con la esperanza de que
vean claro.
Como afirmación de identidad, Jesús apela a la Misión que está
realizando en el pueblo. En dos líneas: Obras y Palabras:
1. — Las Obras que ven son las que había anunciado el profeta
Isaías. Gestos de Misericordia en favor de los desvalidos.
Signos de la Salvación total del hombre, que, en su profunda
realidad ante Dios, era ciego y sordo, leproso y paralítico. San
Mateo ha recogido previamente una antología de estas «Obras
de Salvación» en los capítulos 8 y 9.
2. — Las Palabras que oyen son el Evangelio de los Pobres de
Yahvé. El propio y único del verdadero Ungido de Dios, según el
capítulo 61 de Isaías. San Mateo ha presentado ya a sus
lectores un sublime resumen de estas Palabras o Doctrina del
Mesías en los capítulos 5, 6 y 7 (= «el Sermón de la Montaña»).
Al margen y por encima de los mitos, Jesús realiza la
Esperanza. El Evangelio de Dios. No la violencia. No la
ambición personal o colectiva revestida de celo. No el fácil
éxito de engañar a los sedientos mostrando espejismos en el
horizonte. Algunos no lo querrán comprender; por eso termina
con una de sus características «bienaventuranzas»:
¡Feliz el que no se sienta decepcionado por mi sinceridad!...
III DOMINGO ADVIENTO29
B. — El elogio de Juan es un tributo de ardiente gratitud.
Proclama su firmeza (y. 7), su austeridad (8), su excepcional
carisma de Precursor (10). Reprobación, por contraste, de
tantas veletas o cañas dóciles al viento, de tanta
condescendencia bien cobrada ante los poderosos, de tantos
que se establecen a sí mismos ante el pueblo. La gloria de
Juan, personificación del Adviento, fue ser aurora del mediodía
de Cristo Un 3,30). Máximo por su caracter y pérsonalidad
entre los hombres en cuanto hombres (hebraísmo: «los nacidos
de mujer»). Ello no valdría nada sin la Gracia de Dios (el valor
propio del «Reino de los Cielos»). Pero también en este orden
Juan fue, precisamente por su humildad, inmensamente grande
Un 5, 35 a).
El Evangelio nos vuelve a poner ante los ojos la figura ejemplar
de Juan el Bautista. En la primera parte pide a Jesús una
declaración de mesianidad. En la segunda, Jesús le elogia
públicamente.
Juan había reprendido a Herodes Antipas por su escandalosa
conducta moral. Herodes, naturalmente, le metió en la cárcel.
La sinceridad y Herodes no cabían en un mismo territorio. Jesús
elogia la firme rectitud del profeta: no es de los que se inclinan
al viento que sopla, como los cañaverales del Jordán. Elogia
también su austeridad, censurando de paso el lujo de la corte
herodiana. Juan es más que un profeta: el el heraldo que
prepara el camino del Señor. Ningún hombre había tenido una
misión tan grande en la Historia de la Salvación antes de
abrirse la era del Reino de los Cielos.
Este es el interrogante crítico de la primera parte de la lectura
evangélica: ¿ha sonado ya la hora del Reino de Dios? ¿Jesús es
o no el Mesías, «el que ha de venir» para inaugurarlo? En la
manera como preguntan los legados de Juan se trasparenta
una duda. Muchos creen que era el mismo Juan quien dudaba;
y no sería extraño en la escuela del espíritu que el mayor de
los santos pasase también por su noche oscura. Pero no hace
falta recurrir a esta suposición. Juan, el héroe de la soledad,
compromete a sus propios discípulos, demasiado lentos, a
ponerse en contacto personal con Jesús, convencido de que por
sus «obras de Cristo» le sabrán reconocer. El Maestro sigue
esta línea pedagógica: los enfermos, dice, recobran la salud y
se proclama en la tierra el Evangelio de los pobres. Con estas
características había descrito Isaías la era mesiánica. Por
consiguiente, el Reino de Dios ya está aquí: llevad al prisionero
el gozo de vuestra experiencia. Quizá soñabais un Mesías
violento, triunfal; que la sencillez de un Jesús dedicado a los
pobres y enfermos no os cierre el camino de la fe. No esperéis
a otro salvador.
La primera lectura es uno de los varios textos de Isaías a los
que alude Jesús en su respuesta a Juan. Canta el retorno a
Jerusalén de los desterrados en Babilonia. A su paso florecerá
el desierto como un vergel. Las tinieblas del pueblo se
transformarán en luz, y sus penas en alegría perenne. Son
imágenes poéticas y proféticas de los bienes que esperamos
en el Reino definitivo del Señor.
El Salmo es un himno al Dios de las Bienaventuranzas
evangélicas, que nos hace presentir ya en espíritu estos
bienes.
La palabra, siempre austera, de Santiago amonesta a los
impacientes. Tened la fe
30 CICLO A
del labrador cuando espera la cosecha. Que el Reino de los
Cielos ya es semilla en
vosotros —y pronto será espiga.
***
Durante el Adviento, la liturgia recuerda a Juan el Precursor
como maestro en el arte que preocupa a tantos hombres de
Iglesia: el de preparar los caminos por donde Cristo. llegue al
pueblo y el pueblo a Cristo.
La primera lectura, del Libro de Isaías, tiene por centro una
afirmación: Dios viene a salvarnos. El profeta contempla en
primer plano la caravana de los judíos repatriados de Babilonia:
a su paso florece el desierto, los desvalidos reciben de milagro
la salud, su peregrinar es una liturgia de alegría. Estas
imágenes poéticas tienen intención escatológica: bajo el signo
de una inmediata y humilde restauración nacional, el profeta
anuncia la gloria, todavía lejana, del definitivo Reino de Dios.
Un fragmento de la Carta de Santiago exhorta a la Paciencia
activa. Disposición del que vive toda su vida en espíritu de
Adviento, fiel a Dios durante muchos días como si cada uno
fuese el único. Paciencia curtida en trabajo y fe, como la del
labrador que confía en la tierra sembrada porqué espera la
lluvia del cielo (y. 7). Sin crispaciones justicieras para con los
demás (y. 9). Perseverar así requiere fortaleza de mártir (y. 10).
En la lectura del Evangelio se pueden distinguir doí partes: una
sobre la identidad de Jesús (y. 2-6), otra sobre la de Juan
Bautista (7-11).
A. — El interrogante: « es Jesús? se lo plantearon muchas
veces sus oyentes. Jesús reveló su personalidad más en obras
que en afirmaciones, y los Evangelios reflejan este método. El
lector o discípulo tiene que reflexionar: si hizo «las obras del
Mesías» (y. 2) es realmente Mesías; si muchas de sus obras son
divinas, es el Hijo de Dios.
El interrogante de Juan Bautista se centra en un título
mesiánico que resumía entonces las esperanzas de Israel: «el
que ha de venir» (Mt 3, 11). En la manera de preguntar se
insinúa una desilusión: « que esperar todavía a otro?». El
proceder paciente de Jesús defrauda a quienes habían soñado
un liberador de otro estilo, que limpiase deprisa de mal y de
malos el pueblo de Dios.
Por respuesta, Jesús invita a los mensajeros a que reflexionen
sobre sus obras y su predicación bajo la luz del Libro de Isaías:
a) los milagros de salud (y. Sa) son signo de que llega la hora
de la Salvación (Is 35, 5-6); b) en la evangelización de los
pobres se manifiesta el rostro auténtico del Ungido del Señor
(Is 61, 1 = Lc 4, 18 ss). Misericordia, humildad y pobreza no
son «ocasión de escándalo» (y. 6), sino garantía de la Misión de
Cristo. Aviso y norma para sus seguidores.
B. — Más que resolver una duda personal, la iniciativa de Juan
tenía por objeto fomentar la adhesión de sus discípulos a
Cristo. Encadenado por haber dicho la verdad a Herodes,
pronto moriría mártir. Jesús proclama su elogio: asceta del
desierto, héroe de firmeza (y. 7) y austeridad (8). Profeta (9) o
mucho más: Precursor del Mesías (10). El mayor, en la historia
de la Salvación, de cuantos habían actuado hasta él (
La última frase (lib) no rectifica ni limita. Jesús no
desaprovechaba ocasión de adoctrinar al pueblo sobre el Reino
de Dios. En él todos (también Juan) van a ser
III DOMINGO ADVIENTO31
elevados a un orden superior, divino, donde el más pequeño
excede todo valor humano (incluso el de Juan, para quienes lo
consideran en perspectiva anterior al Reino).
CUARTO DOMINGO DE ADVIENTO
PRIMERA LECTURA
Lectura del libro del profeta Isaías 7,10-14
En aquellos días, dijo el Señor a Acaz:
—Pide una señal al Señor tu Dios en lo hondo del abismo o en
lo alto del cielo. Respondió Acaz:
—No la pido, no quiero tentar al Señor. Entonces dijo Dios:
—Escucha, casa de David: ¿no os basta cansar a los hombres
sino que cansáis incluso a Dios? Pues el Señor, por su cuenta,
os dará una señal.
Mirad: la virgen está encinta y da a luz un hijo, y le pone por
nombre Emmanuel (que significa: Dios-con-nosotros»).
Salmo responsorzal Sal 23,1-2. 3-4ab. 5-6
R. Va a entrar el Señor:
El es el Rey de la Gloria.
Del Señor es la tierra y cuanto la llena, el orbe y todos sus
habitantes:
él la fundó sobre los mares, él la afianzó sobre los ríos.
¿Quién puede subir al monte del Señor? ¿Quién puede estar en
el recinto sacro? El hombre de manos inocentes y puro
corazón, que no confía en los ídolos.
IV DOMINGO ADVIENTO33
Ése recibirá la bendición del Señor, le hará justicia el Dios de
salvación. Este es el grupo que busca al Señor, que viene a tu
presencia, Dios de Jacob.
SEGUNDA LECTURA
Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los Romanos 1,1-7
Pablo, siervo de Cristo Jesús, llamado a ser apóstol, escogido
para anunciar el Evangelio de Dios.
Este Evangelio, prometido ya por sus profetas en las Escrituras
Santas, se refiere a su Hijo, nacido, según lo humano, de la
estirpe de David; constituido, según el Espíritu Santo, Hijo de
Dios, con pleno poder por su resurrección de la muerte:
Jesucristo nuestro Señor.
Por él hemos recibido este don y esta misión: hacer que todos
los gentiles respondan a la fe, para gloria de su nombre. Entre
ellos estáis también vosotros, llamados por Cristo Jesús.
A todos los de Roma, a quienes Dios ama y ha llamado a
formar parte de su pueblo santo, os deseo la gracia y la paz de
Dios nuestro Padre y del Señor Jesucristo.
ALELUYA Aleluya, aleluya.
Mt 1,23 La virgen concebirá y dará a luz un hijo, y le pondrá
por nombre Emmanuel (que significa: <Dios-con-nosotros
Aleluya.
EVANGELIO
Lectura del santo evangelio según San Mateo 7,18-24.
La concepción de Jesucristo fue así:
La madre de Jesús estaba desposada con José, y antes de vivir
juntos resultó que ella esperaba un hijo, por obra del Espíritu
Santo.
José, su esposo, que era bueno y no quería denunciarla, decidió
repudiarla en secreto. Pero apenas había tomado esta
resolución se le apareció en sueños un ángel del Señor, que le
dijo:
—José, hijo de David, no tengas reparo en llevarte a María, tu
mujer, perque la criatura que hay en ella viene del Espíritu
Santo. Dará a luz un hijo, y tú le pondrás por nombre Jesús,
porque él salvará a su pueblo de los pecados.
Todo esto sucedió para que se cumpliese lo que había dicho el
Señor por el profeta:
Mirad: la virgen concebirá y dará a luz un hijo, y le pondrá por
nombre Emmanuel (que significa: <
Cuando José se despertó hizo lo que le había mandado el ángel
del Señor y se llevó a casa a su mujer.
ADVIENTO nos hace revivir la certeza de que Dios es la
Esperanza del hombre. Por eso el Hombre, forjado a imagen de
Dios, es, por definición, Esperanza. Hemos escuchado en los
textos bíblicos de Adviento la voz de los grandes profetas de la
34
CICLO A
Esperanza activa: Isaías, Juan Bautista. Hoy escuchamos el
silencio de San José. San José fue una obra maestra de Dios
Padre. Le configuró el alma y el rostro de
manera que el Niño, al contemplarlo en Belén, Egipto y
Nazaret, viese en él la plenitud y transparencia de su Amor
paterno. Lo hizo milagrosamente capaz de vivir en absoluta
sintonía de ideal, colaboración, diálogo y silencio con María
Virgen.
Como todos los predilectos de Dios —personas o comunidades
— José tuvo que pasar por la prueba de Fidelidad en la
Esperanza, que es la «noche oscura» del espíritu.
1. — «José, hijo de David...» La más antigua Cristología del
Nuevo Testamento (testigo San Pablo en la segunda lectura)
subrayaba que Jesús era el Mesías por ser el Descendiente y
Heredero de David. Del «David» según los planes de Dios, que
se complace en amasar los grandes designios del Cielo con las
pequeñas realidades de la Tierra. Del David de cuya estirpe
tenía que nacer el Niño <>Emmanuel» (primera lectura).
<>Emmanuel» es un nombre simbólico —iDios-está-con-
nosotros!— que cifra el concepto bíblico de la SALVACION.
Conforme a la mentalidad del pueblo de Israel es el padre
quien transmite la herencia espiritual y jurídica de la familia.
Jesús es «el Hijo de David» por San José.
«Hijo de David» quería decir rey-por-derecho. San José era un
modesto artesano. Empiezan las divinas paradojas del
Evangelio. Vida sencilla y amor al trabajo serán nobleza de un
«pueblo de reyes».
2. — «Le pondrás por Nombre JESUSx’. Imponer el nombre al
hijo era signo y consagración de la autoridad paterna. En
sintonía con su Esposa, José fue el educador de Jesús. Le
transmitió la manera de pensar, sentir y hablar de su casa y de
su pueblo. La Iglesia, continuidad del Nombre de Jesús, le debe
Fidelidad a San José.
3.— «... porque él salvará a su pueblo de sus pecados». JESUS
es signo y realidad de lo que la palabra significa en hebreo:
DIOS-SALVA. La raíz de la Salvación del mundo está en las
«manos inocentes y corazón limpio» de cada persona humana
(salmo responsorial). Anunciar frutos de Salvación de un árbol
sin raíces sería mito, y utopía esperarlos. — San José —oración,
silencio y docilidad— hizo lo que le mandaba «el Angel del
Señor» (que es Presencia y Voz de Dios mismo). Con la
deliciosa fiesta popular de costumbre se constituyó el Hogar de
Nazaret. Preludio de Navidad.
Adviento es Esperanza; sed de Presencia divina. Las lecturas
de este último domingo giran en torno a la realización de un
augurio bíblico, que transfigura nuestra Esperanza en Felicidad:
Dios-está-con-nosotros. «Dios-con-nosotros» es traducción del
nombre EMMANUEL. En hebreo, «Immanú-El». «El» significa
Dios. «Imma nú-», con nosotros —Presencia, Poder y Amor—
¿por qué o por quién tenemos que temer?... San Pablo dejó
escrita en su Carta a los Romanos la más ardiente glosa del
nombre «Emmanuel» (Rom 8, 31-39).
Este nombre-augurio Eminanuel lo forjó e! profeta Isaías un día
que se enfrentó con el rey Acaz. Los enemigos querían invadir
Jerusalén. Entnba en sus planes aniquilar la familia real,
extinguiendo así la dinastía de David. Pero era Palabra de Dios
que de la Descendencia de David tenía que nacer el Mesías.
Olvidando esta promesa y obcecado por el terror, Acaz puso su
única confianza en equivocados
IV DOMINGO ADVIENTO35
proyectos político-estratégicos. Isaías hizo lo posible para
infundirle fe y sensatez. Al ver que era inútil su esfuerzo,
pronunció ante él la profecía que escuchamos en la primera
lectura. Quiere decir que, a pesar del ejército enemigo y no
obstante los errores de Acaz, Dios cumplirá su Palabra. Será
«signo» de esta seguridad el futuro maravilloso nacimiento de
un Niño, de la estirpe de David. Este Niño demostrará al mundo
que Dios-está-con-nosotros. Por eso se le dará el nombre
simbólico-augural de Emmanuel.
Pasaron casi ocho siglos, durante los cuales esta profecía
quedó en la Biblia como un interrogante abierto. Muchos
apoyaban en ella la esperanza de un Rey inmensamente feliz
según la medida de este mundo. Gloria, prosperidad, imperio.
En el Evangelio escuchamos la respuesta divina: el Emmanuel
es JESÚS. Podemos considerar en el texto cuatro puntos: a) el
mensaje fundamental; b) el problema planteado a José; c) la
Misión que le comunica el Angel del Señor; d) su cumplimiento.
a) Como mensaje central, San Mateo destaca la plena
realización de la profecía. Al cumplir sus promesas, Dios
sobrepasa infinitamente lo que los hombres esperaban. Antes
los purifica de sus ilusiones. La dinastía de David perdió
riquezas y trono, saboreó el destierro y el olvido. Por fin, quedó
representada por un artesano de Nazaret. Humildad y sencillez
en pobreza activa. Entonces Dios la elevó a la cumbre de su
gloria. No le dio un rey temporal, sino su propio Hijo. A los
primeros cristianos les gustaba confesar explícitamente que el
Hijo de Dios había nacido, al venir al mundo, «de la estirpe de
David» [ lectura]. En su origen humano interviene el espíritu de
una manera excepcional; el Símbolo de la Fe resume esta
página del Evangelio con exacta sencillez: «Fue concebido por
obra del Espíritu Santo, nació de María Virgen».
b) Testigo de la Virginidad de María, San José entra en la
«noche oscura>’ por la que tienen que pasar todos los héroes
de la Fe. Aludiendo a su angustia, el evangelista no quiere
satisfacer nuestra imaginación, sino destacar su incondicional
humildad que deja todos los caminos abiertos al plan de Dios y
espera su Palabra.
c) «El Angel del Señor», tran del mismo Dios, le habla, como a
los
Patriarcas de la Biblia, en inefable comunicación mística. Le
confirma su Vocación de
Esposo de María. Le confiere la Misión de poner al Niño divino
el Nombre de Jesús.
Misión que es ejercicio real de paternidad.
d) José acepta y cumple gozosamente la Palabra de Dios.
Cuando llegó la hora, puso al Niño el Nombre de Jesús (vers.
25). «Jesús» concreta la significación de Emmanuel: Dios está
con nosotros para salvarnos. La Navidad cristiana es sinfonía
de Amor, Alegría y Gratitud en torno al Nombre y Realidad de
JESUS. Que en este Adviento de Esperanza, José y María nos
transfundan el arte de saberlo pronunciar y sentir como ellos.
Los textos bíblicos de este último domingo antes de Navidad
tienen por centro el misterio de una mujer que da a luz un
niño, cuyo nombre es EMMANUEL. El misterio se contempla
desde tres perspectivas:
a) Perspectiva de Isaías. Siglo octavo antes de Cristo. Acaz se
considera perdido
36 CICLO A
ante una amenaza de invasión. Decide pedir ayuda a los asirios
(lo que equivale a vender la independencia). El profeta intenta
disuadirle: el pueblo de Dios ha de confiar en solo Dios. Pero el
rey no tiene tanta fe. Dios le ofrece un signo de su protección.
Acaz rehúsa, con fingida piedad. Entonces Isaías le anuncia en
nombre de Dios otra señal profética: aunque el país será
devastado (como dice en la página siguiente, que no leemos),
la «Casa» o dinastía de David (que Acaz indignamente
representa) no se extinguirá. Tanto es así que un día nacerá de
ella un niño que será el Rey ideal. Su nombre, EMMANUEL.
(Isaías lo describe luego hermosamente; veánse, por ejemplo,
las primeras lecturas del 2° domingo de Adviento y de la
medianoche de Navidad de este año).
El nombre-augurio Jmmanú (= «con nosotros») —El ( «Dios»)
significa que, mediante el Niño-rey, Dios manifestará al pueblo
su Presencia protectora, que lo hará invencible. Algo así como
un grito de victoria: « [ con nosotros!». La reina madre será
una doncella o virgen: delicada insinuación a distancia de un
misterio, que el Evangelio pondrá a plena luz.
b) Perspectiva de San José. Noche cerrada para un joven todo
amor y todo rectitud. Sin respuesta para su silencioso
interrogante, escoge el dolor de caminar en tinieblas sin
camino. Momento propicio para la revelación. Dios se le
comunica en sueños; es decir, le habla con evidencia
misteriosa al fondo de la intimidad. En el Evangelio de la
Infancia según Mateo, José es el íntimo de Dios y, por tanto, su
obediente.
La revelación divina le es comentario hecho vida de la profecía
del Emmanuel. Su esposa es aquella reina madre, que ha sido
y permanece Virgen en el exacto sentido de la palabra. En el
punto de partida de la existencia del Niño ha intervenido el
Espríritu Santo. José le impondrá el nombre por un derecho de
paternidad que comparte con el mismo Dios. Ha llegado a su
término glorioso la dinastía de David, cuyo palacio ejemplar es
ahora un taller de artesano. En el Niño se realiza con plenitud
de sentido la Presencia de Dios entre los hombres. Su victoria,
librar al pueblo de los pecados. Victoria que se llama Salvación
y se proclama cada vez que uno pronuncia con fe el nombre
propio JESUS (que, en su forma hebrea, dice: «jDios [ salva!»).
c) Perspectiva de San Pablo. Introducción al primer gran
documento de la teología cristiana (Carta a los Romanos). El
Evangelio que proclaman los apóstoles y anunciaron los
profetas es Jesucristo, Hijo de David e Hijo de Dios. Dios hecho
Hombre entre los hombres. Immanú-El en la sublime realidad
de un pueblo que es de Dios porque Dios es suyo.
Inminente Navidad, el Evangelio evoca otra figura de Adviento:
San José. Maestro en el arte de acoger a Cristo en la intimidad,
con el silencio que es vocación de la mayoría.
Del Profeta Isaías, el signo del «Emmanuel». Los sin fe como
Acaz temían la derrota total, y con ella la extinción del linaje de
David. Contra ellos se afirma la esperanza: del linaje humillado
nacerá un Niño incomparable (9, 5-6; 11, 1 ss), cuyo «nombre
significativo» será anuncio de Salvación: ¡Dios [ con nosotros!
La profecía del «Emmanuel» sólo alcanzó plenitud de sentido
en Jesús y su Madre.
Dentro del saludo inicial (y. la y 7) de la carta a los Romanos,
San Pablo incluye
IV DOMINGO ADVIENTO37
una definición del Evangelio (y. ib) como realidad central entre
el anterior Profetismo (y. 2) y el consiguiente Apostolado (y. 5-
6). El Evangelio es Jesuo’isto, en su Humanidad como «Hijo de
David» y en su Divinidad como «Hijo de Dios» (y.
3-4).
El Evangelio de la Infancia según Mateo ofrece un compendio
de Doctrina cristológica. La primera página (1, i -17) presenta a
Jesús en su concreta Humanidad; descendiente de Abrahán,
«Hijo de David». Hacia el fin (y. i6) deja entrever que su venida
al mundo fue por especial intervención divina.
La segunda página (la que leemos hoy) explica en qué
consistió esta intervención:
fue concebido por obra del Espíritu Santo, nació de Madre
Virgen y es «Dios-con- nosotros».
Después de María, el Misterio se anunció a José. San Mateo
recoge y redacta este momento cordial de su biografía. Fue
una comunicación «en sueños», como a los antiguos Patriarcas.
Es decir, a un nivel de interioridad que otros llamarían
«mística». José el íntimo de Dios. Le habló el Angel del Señor:
el acento intencional recae sobre la palabra «Señor», siendo el
ángel pura transparencia.
En el texto podemos distinguir: a) circunstancia; b) mensaje; c)
testimonio profético; d) decisión.
a) La circunstancia se limita a los datos esenciales, que sirven
de introducción al Mensaje: la certeza que José tuvo del hecho,
y la «justicia» (bondad o santidad) que le inspiró la actitud más
generosa: la de sacrificarse él.
b) El Mensaje es revelación y orden. Revelación del origen
directamente divino del Niño. Orden de ser esposo de María. Y,
por tanto, padre de Jesús por delegación divina, respetando el
Misterio de su origen. Con autoridad paterna «pondrá el
Nombre» que significa la Salvación del mundo. Por serlo de
José, el Salvador aparecerá en Israel como «Hijo de David»
conforme a las promesas.
c) La Iglesia de los Apóstoles leía a Cristo en los Profetas,
entrando así en la intención total de Dios al inspirar las
-Escrituras. Mateo ve en la Reina madre del Emrnanuel a María
siempre Virgen. Y entiende que el Nombre-mensaje del Niño
quiere decir Dios con nosotros en la nueva comprensión de
quienes saben que Jesús es Dios y que su Presencia constituye
la Iglesia (i8, 20 y 28, 20b).
d) La decisión fue en José obediencia gozosa. La orden del
ángel confirmaba la ilusión de su vida: María era suya. Los
hombres de fe reconocen en su mano la experiencia de haber
guiado, en paz y en angustia, los pasos del Niño Emmanuel.
NATIVIDAD DEL SEÑOR MISA DE LA VIGILIA
PRIMERA LECTURA
Lectura del libro del profeta Isaías 62,1-5
Por amor de Sión no callaré, por amor de Jerusalén no
descansaré, hasta que rompa la aurora de su justicia y su
salvación llamee como antorcha.
Los pueblos verán tu justicia, y los reyes, tu gloria; te pondrán
un nombre nuevo pronunciado por la boca del Señor.
Serás corona fúlgida en la mano del Señor y diadema real en la
palma de tu Dios.
Ya no te llamarán «abandonada
ni a tu tierra «devastada
a ti te llamarán «Mi favorita’>,
y a tu tierra «Desposada»;
porque el Señor te prefiere a ti
y tu tierra tendrá marido. Como un joven se casa con su novia,
así te desposa el que te construyó;
la alegría que encuentra el marido con su esposa, la
encontrará tu Dios contigo.
Salmo responsorial Sal 88,4-5. 16-17. 27 y 29
R. Cantaré eternamente las misericordias del Señor. Sellé una
alianza con mi elegido,
NATIVIDAD DEL SEÑOR 39
jurando a David, mi siervo:
((Te fundaré un linaje perpetuo, edificaré tu trono para todaa
las edades.((
Dichoso el pueblo que sabe aclamarte:
caminará, oh Señor, a la luz de tu rostro; tu nombre es su gozo
cada día, tu justicia es su orgullo.
Él me invocará: ((Tú eres mi padre, mi Dios, mi Roca
salvadora.» Le mantendré eternamente mi favor, y mi alianza
con él será estable;
SEGUNDA LECTURA
Lectura de los Hechos de los Apóstoles 13,16-17. 22-25
Al llegar a Antioquía de Pisidia, Pablo se puso en pie en la
sinagoga y, haciendo seña de que se callaran, dijo:
—Israelitas y los que teméis a Dios, escuchad:
El Dios de este pueblo, Israel, eligió a nuestros padres y
multiplicó al pueblo cuando vivían como forasteros en Egipto, y
con brazo poderoso los sacó de allí.
Y después suscitó a David por rey; de quien hizo esta alabanza:
((Encontré a David, hijo de Jesé, hombre conforme a mi
corazón, que cumplirá todos mis preceptos.»
De su descendencia, según lo prometido, sacó Dios un
Salvador para Israel: Jesús.
Juan, antes de que él llegara, predicó a todo el pueblo de Israel
un bautismo de conversión; y, cuando estaba para acabar su
vida, decía:
—Yo no soy quien pensáis, sino que viene detrás de mí uno a
quien no merezco desatarle las sandalias.
ALELUYA Aleluya, aleluya.
Mañana quedará borrada la maldad de la tierra, y será nuestro
rey el Salvador del mundo. Aleluya.
EVANGELIO
Lectura del santo evangelio según san Mateo 1,1-25
[ de Jesucristo, hijo de David, hijo de Abrahán.
Abrahán engendró a Isaac, Isaac a Jacob, Jacob a Judá y a sus
hermanos. Judá engendró, de Tamar, a Farés y Zará, Farés a
Esrón, Esrón a Aram, Aram a Aminadab, Aminadab a Naasón,
Naasón a Salmón, Salmón engendró, de Rahab, a Booz; Booz
engendró, de Rut, a Obed; Obed a Jesé, Jesé engendró a David
el rey.
David, de la mujer de Urjas, engendró a Salomón, Salomón a
Roboam, Roboam a Abías, Abías a Asaf, Asaf a Josafat, Josafat a
Joram, Joram a Ozías, Ozías a Joatán, Joatán a Acaz, Acaz
40 CICLO A
a Ezequías, Ezequías engendró a Manasés, Manasés a Amós,
Amós a Josías; Josías engendró a Jeconías y a sus hermanos,
cuando el destierro de Babilonia.
Después del destierro de Babilonia, Jeconías engendró a
Salatiel, Salatiel a Zorobabel,
Zorobabel a Abiud, Abiud a Eliaquín, Eliaquín a Azor, Azor a
Sadoc, Sadoc a Aquim, Aquim a
Eliud, Eliud a Eleazar, Eleazar a Matán, Matán a Jacob; y Jacob
engendró a José, el esposo de
María, de la cual nació Jesús, llamado Cristo.
Así las generaciones desde Abrahán a David fueron en total
catorce, desde David hasta la deportación a Babilonia catorce y
desde la deportación a Babilonia hasta el Mesías catorce.]
El nacimiento de Jesucristo fue de esta manera:
La madre de Jesús estaba desposada con José y, antes de vivir
juntos, resultó que ella esperaba un hijo, por obra del Espíritu
Santo.
José, su esposo, que era bueno y no quería denunciarla, decidió
repudiarla en secreto. Pero apenas había tomado esta
resolución, se le apareció en sueños un ángel del Señor que le
dijo:
—José, hijo de David, no tengas reparo en llevarte a María, tu
mujer, porque la criatura que hay en ella viene del Espíritu
Santo. Dará a luz a un hijo y tú le pondrás por nombre Jesús,
porque él salvará a su pueblo de los pecados.
Todo esto sucedió para que se cumpliese lo que había dicho el
Señor por el Profeta:
Mirad: la virgen concebirá y dará a luz un hijo, y le pondrá por
nombre Emmanuel (que significa <
Cuando José se despertó, hizo lo que le había mandado el
ángel del Señor, y se llevó a casa a su mujer.
Y sin que él hubiera tenido relación con ella, dio a luz un hijo; y
él le puso por nombre Jesús.
MISA DE MEDIANOCHE
PRIMERA LECTURA
Lectura del libro del profeta Isaías 9,1-3. 5-6
El pueblo que caminaba en tinieblas vio una luz grande;
habitaban tierra de sombras, y una luz les brilló.
Acreciste la alegría, aumentaste el, gozo:
se gozan en tu presencia, como gozan al segar, como se
alegran al repartirse el botín.
Porque la vara del opresor, y el yugo de su carga, el bastón de
su hombro, los quebrantaste como el día de Madián.
Porque un niño nos ha nacido, un hijo se nos ha dado:
lleva a hombros el principado, y es su nombre:
Maravilla de Consejero,
Dios guerrero,
NATIVIDAD DEL SEÑOR 41
Padre perpetuo,
Príncipe de la paz.
Para dilatar el principado con una paz sin límites, sobre el trono
de David y sobre su reino.
Para sostenerlo y consolidarlo con la justicia y el derecho,
desde ahora y por siempre. El celo del Señor lo realizará.
Salmo responsorial Sal 95,1-2a. 2b-3. 1142. 13
R. Hoy nos ha nacido un Salvador:
el Mesías, el Señor.
Cantad al Señor un cántico nuevo, cantad al Señor, toda la
tierra; cantad al Señor, bendecid su nombre.
Proclamad día tras día su victoria. Contad a los pueblos su
gloria, sus maravillas a todas las naciones.
Alégrese el cielo, goce la tierra, retumbe el mar y cuanto lo
llena; victoreen los campos y cuanto hay en ellos, aclamen los
árboles del bosque.
Delante del Señor, que ya llega, ya llega a regir la tierra, regirá
el orbe con justicia y los pueblos con fidelidad.
SEGUNDA LECTURA
Lectura de la carta del apóstol san Pablo a Tito 2,11-74.
Ha aparecido la gracia de Dios, que trae la salvación para
todos los hombres, enseñándonos a renunciar a la impiedad y
a los deseos mundanos, y a llevar ya desde ahora una vida
sobria, honrada y religiosa, aguardando la dicha que
esperamos: la aparición gloriosa del gran Dios y Salvador
nuestro, Jesucristo.
El se entregó por nosotros para rescatamos de toda impiedad y
para prepararse un pueblo purificado, dedicado a las buenas
obras.
ALELUYA Aleluya, aleluya.
Lc 2,10-11 Os traigo la buena noticia: nos ha nacido un
Salvador: el Mesías, el Señor. Aleluya.
42 CICLO A
EVANGELIO
Lectura del santo evangelio según san Lucas 2,1-14
En aquellos días, salió un decreto del emperador Augusto,
ordenando hacer un censo del mundo entero.
Este fue el primer censo que se hizo siendo Cirino gobernador
de Siria. Y todos iban a inscribirse, cada cual a su ciudad.
También José, que era de la casa y familia de David, subió
desde la ciudad de Nazaret en Galilea a la ciudad de David,
que se llama Belén, para inscribirse con su esposa María, que
estaba encinta. Y mientras estaban allí le llegó el tiempo del
parto y dio a luz a su hijo primogénito, lo envolvió en pañales y
lo acostó en un pesebre, porque no tenían sitio en la posada.
En aquella región había unos pastores que pasaban la noche al
aire libre, velando por turno su rebaño.
Y un ángel del Señor se les presentó: la gloria del Señor los
envolvió de claridad y se llenaron de gran temor.
El ángel les dijo:
—No temáis, os traigo la buena noticia, la gran alegría para
todo el pueblo: hoy, en la ciudad de David, os ha nacido un
Salvador: el Mesías, el Señor. Y aquí tenéis la señal:
encontraréis un niño envuelto en pañales y acostado en un
pesebre.
De pronto, en torno al ángel, apareció una legión del ejército
celestial, que alababa a Dios, diciendo:
—Gloria a Dios en el cielo, y en la tierra, paz a los hombres que
Dios ama.
MISA DE LA AURORA
PRIMERA LECTURA
Lectura del libro del profeta Isaías 62,11-12
El Señor hace oír esto hasta el confín de la tierra:
Decid a la hija de Sión:
Mira a tu salvador que llega, el premio de su victoria lo
acompaña,
la recompensa lo precede.
Los llamarán «Pueblo santo’>, «redimidos del Señor»; y a ti te
llamarán «Buscada», «Ciudad no abandonada».
Salmo responsorial Sal 96,1 y 6. 11-12
R. Hoy brillará una luz sobre nosotros, porque nos ha nacido el
Señor.
NATIVIDAD DEL SEÑOR 43
El Señor reina, la tierra goza, se alegran las islas innumerables.
Los cielos pregonan su justicia
y todos los pueblos contemplan su gloria.
Amanece la luz para el justo, y la alegría para los rectos de
corazón. Alegraos, justos, con el Señor, celebrad su santo
nombre.
SEGUNDA LECTURA
Lectura de la carta del apóstol san Pablo a Tito 3,4-7
Ha aparecido la Bondad de Dios y su Amor al hombre. No por
las obras de justicia que hayamos hecho nosotros, sino que
según su propia misericordia nos ha salvado con ci baño del
segundo nacimiento y con la renovación por el Espíritu Santo;
Dios lo derramó copiosamente sobre nosotros por medio de
Jesucristo nuestro Salvador.
Así, justificados por su gracia, somos, en esperanza, herederos
de la vida eterna.
ALELUYA Aleluya, aleluya.
Lc 2,14 Gloria a Dios en el cielo, y en la tierra paz a los
hombres que ama el Señor. Aleluya.
EVANGELIO
Lectura del Santo evangelio según san Lucas 2,15-20
Cuando los ángeles los dejaron, los pastores se decían unos a
Otros:
—Vamos derechos a Belén, a ver eso que ha pasado y que nos
ha comunicado el Señor.
Fueron corriendo y encontraron a María y a José y al niño
acostado en el pesebre. Al verlo, les contaron lo que les habían
dicho de aquel niño.
Todos ios que le oían se admiraban de lo que decían los
pastores. Y María conservaba todas estas cosas, meditándolas
en su corazón. Los pastores se volvieron dando gloria y
alabanza a Dios por lo que habían visto y oído; todo como les
habían dicho.
44 CICLO A
MISA DEL DÍA
PRIMERA LECTURA
Lectura del libro del profeta Isaías 52,7-10
¡Qué hermosos son sobre los montes ios pies del mensajero
que anuncia la paz, que trae la buena nóeva, que pregona la
victoria, que dice a Sión: Tu Dios es Rey
Escucha: tus vigías gritan, cantan a coro, porque ven cara a
cara al Señor, que vuelve a Sión.
Romped a cantar a coro, ruinas de Jerusalén, que el Señor
consuela a su pueblo, rescata a Jerusalén:
el Señor desnuda su santo brazo a la vista de todas las
naciones, y verán los confines de la tierra la victoria de nuestro
Dios.
Salmo responsorial Sal 97,1. 2-3ab. 3cd-4. 5-6
R. Los confines de la tierra han contemplado la victoria de
nuestro Dios.
Cantad al Señor un cántico nuevo,
porque ha hecho maravillas.
Su diestra le ha dado la victoria, su santo brazo;
el Señor da a conocer su victoria, revela a las naciones su
justicia:
se acordó de su misericordia y su fidelidad en favor de la casa
de Israel.
Los confines de la tierra han contemplado la victoria de nuestro
Dios.
Aclama al Señor, tierra entera, gritad, vitoread, tocad.
Tocad la cítara para el Señor, suenen los instrumentos:
con clarines y al son de trompetas aclamad al Rey y Señor.
NATIVIDAD DEL SEÑOR 45
SEGUNDA LECTURA
Lectura de la carta a los Hebreos 7,7-6
En distintas ocasiones y de muchas maneras habló Dios
antiguamente a nuestros padres por los profetas. Ahora, en
esta etapa final, nos ha hablado por el Hijo, al que ha
nombrado heredero de todo, y por medio del cual ha ido
realizando las edades del mundo.
El es reflejo de su gloria, impronta de su ser. El sostiene el
universo con su palabra poderosa.
Y, habiendo realizado la purificación de los pecados, está
sentado a la derecha de Su Majestad en las alturas; tanto más
encumbrado sobre los ángeles, cuanto más sublime es el
nombre que ha heredado.
Pues, ¿a qué ángel dijo jamás: ‘<Hijo mío eres tú, hoy te he
engendrado> Yen otro pasaje, al introducir en el mundo al
primogénito, dice: «Adórenlo todos los ángeles de Dios.»
ALELuYA Aleluya, aleluya.
Nos ha amanecido un día sagrado; venid, naciones, adorad al
Señor, porque hoy una gran luz ha bajado a la tierra. Aleluya.
EVANGELIO
Lectura del santo evangelio según san Juan 1,1-18.
En el principio ya ezistía la Palabra,
y la Palabra estaba junto a Dios,
y la Palabra era Dios.
La Palabra en el principio estaba junto a Dios. Por medio de la
Palabra se hizo todo,
y sin ella no se hizo nada de lo que se ha hecho.
En la Palabra había vida,
y la vida era la luz de los hombres.
La luz brilla en la tiniebla,
y la tiniebla no la recibió. [ un hombre enviado por Dios,
que se llamaba Juan:
éste venía como testigo, para dar testimonio de la luz, para
que por él todos vinieran a la fe. No era él la luz, sino testigo
de la luz.]
La Palabra era la luz verdadera, que alumbra a todo hombre. Al
mundo vino y en el mundo estaba; el mundo se hizo por medio
de ella, y el mundo no la conoció. Vino a su casa, y los suyos
no la recibieron.
Pero a cuantos la recibieron,
les da poder para ser hijos de Dios,
46 CICLO A
si creen en su nombre.
Estos no han nacido de sangre, ni de amor carnal, ni de amor
humano, sino de Dios.
Y la Palabra se hizo carne,
y acampó entre nosotros,
y hemos contemplado su gloria:
gloria propia del Hijo único del Padre,
lleno de gracia y de verdad.
[ da testimonio de él y grita diciendo:
—Este es de quien dije: «El que viene detrás de mí pasa
delante de mí, porque existía antes que yo».
Pues de su plenitud todos hemos recibido gracia tras gracia:
porque la ley se dio por medio de Moisés, la gracia y la verdad
vinieron por medio de Jesucristo.
A Dios nadie lo ha visto jamás:
El Hijo único, que está en el seno del Padre, es quien lo ha
dado a conocer.]
Navidad. «Dios está con nosotros». Felicidades: porque la
Felicidad del hombre
está en poseer a Dios. Y Jesús es nuestro. «Nos ha nacido un
Niño», repetimos con
Isaías. Y el Angel de Belén proclama: «Os ha nacido un
Salvador, que es el Mesías, el
Señor». El rostro de la Felicidad es la Alegría. Por eso la Iglesia
rebosa de gozo en la
Liturgia de Navidad, al unísono con la Virgen del Magnificat
consciente de tener a
Jesús dentro de sí: «Mi espíritu exulta en Dios, mi Salvador».
El Evangelio de la triple celebración eucarística de Navidad
ofrece dos maneras de contemplar el Misterio: la de San Juan,
teólogo (misa del día), y la de San Lucas, historiador y artista
(misa de medianoche y de la aurora). El texto de San Juan se
repetirá el domingo día 4 de enero. El de San Lucas se
distribuye en tres escenas: el Nacimiento, el anuncio del Angel,
la visita de los Pastores.
1. — El Nacimiento. San Lucas destinaba su libro a una
constelación de comunidades cristianas esparcidas por la
geografía social griega y romana. Empieza mencionando al
más excelso entre todos los grandes de la tierra: Augusto.
Ordenar un censo de todo el mundo significaba, según el
criterio de la Biblia (recordar la historia de David) un gesto de
ilimitada soberbia. Por contraste, la infinita Humildad. Nace
Dios en la tierra. Fuera del hogar. En incómoda obediencia de
súbdito (al revés de los que ahora llaman «zelotas», que se
alzaron en armas contra la orden del gobernador «Cirino> o
Quirinio). Sin hospedaje. Sin cuna. Para expresar la suprema
Pobreza, San Lucas acierta con la palabra que ha
immortalizado su relato: el Pesebre. Bajo esta palabra —el
Pesebre— nuestro pueblo ha proclamado el Evangelio a todo el
mundo contemporáneo con la más deliciosa realización
poético-musical. Feliz el pueblo que sabe cantar ante el
Pesebre su alegría, su calor de hogar y su Fe. Jesús, la Palabra
de Dios, habla a los ojos y al corazón antes de hablar a los
oídos. El Pesebre de Belén es la sinceridad del sermón de la
Montaña.
2. — El anuncio del Angel. A los Pastores del Desierto, que eran
encarnación de los «Pobres de Israel». No hay más Salvador, ni
Mesías, ni «Señor» (que quiere decir Dios) que el Niño del
Pesebre. No los «Augustos». La historia de la razón del Angel.
Augusto acababa de inaugurar su Altar de la Paz (Ara Pacis) en
la Roma
NATIVIDAD DEL SEÑOR 47
omnipotente. El «ejército» del Cielo avisa que la Paz de los
Hombres, indivisible mente unida a la Gloria de Dios, tiene su
altar en el Pesebre de Belén.
3. — La visita de los Pastores. Corren a Belén, encuentran al
Niño del Pesebre y se alegran en la Verdad. Privilegio de los
que tienen alma de niño y corazón de pobre. Como tales
vendrán también los sabios con su oro, su incienso y su mirra.
Dios Niño y Pobre se ofrece a todos. Es Navidad. Felicidades.
Navidad. Nació el Niño, que realiza para siempre la profecía del
«Emmanuel» [ lectura de medianoche]. Para los que tienen Fe,
Navidad es el gozo sin límite de saber y sentir que Dios-está-
con-nosotros.
Los textos evangélicos de las tres misas de Navidad sugieren
dos maneras de contemplar el Misterio: según San Lucas en las
de la medianoche y la aurora; según San Juan en la del
mediodía. San Lucas escribe una meditación histórica. San Juan
un himno teológico.
A. — La meditación histórica de San Lucas se desarrolla en tres
fases: a) el hecho del Nacimiento y sus circunstancias; b) el
mensaje angélico; c) la visita de los pastores.
a) El Nacimiento y sus circunstancias (2, 1-7). San Lucas ha
preparado esta contemplación del Nacimiento en las páginas
anteriores. Empieza el ángel anunciando a María que va a
tener un hijo: será el Mesías, el Hijo de Dios (1, 26-38). Luego
Isabel la recibe como «Madre del Señor» (1, 43). María canta
con el Magnificat la victoria de Dios en favor de los Pobres
contra el engreimiento del Poder y el Orgullo (1, 46-55). El
Magnificat se hace carne y vida en las circunstancias del
Nacimiento. José, María y el Niño obligados a declararse como
un insignificante número más en el inmenso registro del
imperio de Augusto. Bajo la administración local de Quirinio (la
que provocó una inútil reacción de violencia: Hechos 5,37).
Inoportunidad de la fecha. Angustia del viaje. Sin recursos para
una posada conveniente. Sin más cuna que un pesebre.
Augusto y el Hijo de Dios en los extremos del Poder y de la
Humillación. Pero la Virgen del Magnificat y los que con Ella
tienen Fe, saben que el Niño es centro del universo. El único
Señor.
b) El Mensaje a los pastores (2, 8-14) es Voz de Dios que revela
a los hombres la gloria de su Hijo por medio de los ángeles.
San Lucas ve en los ángeles de Navidad el arquetipo, preludio
y signo de los apóstoles de Cristo. Luz en la oscuridad.
Evangelio de alegría para el pueblo (y. 10). Hablan a pastores
de la estepa, que representaban, en aquel país, el menosprecio
hecho carne a los ojos de los bien instalados. Preludio y signo
de los que sabrán entrar en sintonía con el Niño del Pesebre.
Con la Palabra de Dios. Tres afirmaciones sobre el Niño en el
mensaje angélico: es el Salvador, el «Mesías» o Cristo, el
Señor. La redacción de San Lucas pone el acento en el título de
Salvador o «Sotér», trasposición helenista del Nombre «Jesús»
(cf. Mt 1, 21). Estaba de moda en aquel tiempo dar el título de
«soter» a dioses y emperadores. La afirmación de que
Jesucristo es el único Salvador resume todo el pensamiento de
San Lucas, como el de San Pablo. El hombre no se salva a sí
mismo, ni por otros salvadores que no sean el Unico. De este
Unico, el ángel da a los pastores un signo de inconfundible
identidad: la Pobreza (vers. 12).
Un inmenso coro de ángeles rubrica el mensaje con un Himno.
Ejemplo perfecto
48 CICLO A
de poesía hebrea. Paralelismo exacto, con tres elementos.
Quiere decir, triple abrazo cordial, inseparable: del Cielo con la
Tierra, de Dios con los Hombres, de la Gloria divina con la Paz
del mundo. En hebreo, la palabra Paz o Shalom tiene el amplio
significado de «Felicidad perfecta». Con el himno, los ángeles
felicitan a la humanidad por el nacimiento de su «Emmanuel
Dios y Hombre. Plenitud conjunta de todos ios valores del Cielo
y de la Tierra. Al mismo tiempo que felicitan, los ángeles
invitan: si de veras queréis la Paz, seguid el Camino de Belén...
c) La visita de los pastores al Niño (2, 15-20) es dócil a la
Palabra, constatación de su realidad, generosidad de
comunicar su gozo. Leeremos de nuevo este fragmento el
próximo domingo.
B. — El himno teológico de San Juan (1, 1-18) ofrece temas de
profunda reflexión ante la Humildad de Pesebre. El Niño es la
Palabra de Dios, que nos habla en el Silencio. La que creó el
universo. Origen de toda Vida. Luz de toda Verdad. Intimidad
eterna del Padre. Su Hijo único, en infinito diálogo de Amor. Ha
venido a morar entre nosotros. Dentro de nosotros. Quiere ser
«Emmanuel» Salvador de todos. Aceptarlo es Paz. Mirarlo en
silencio afectuoso es dialogar con Dios.
En la misa del día de Navidad las lecturas bíblicas giran en
torno a un tema fundamental: Jesucristo es LA PALABRA de
Dios.
Hablar es comunicar a otro algo de mi pensar y sentir. Se lo
puedo decir al oído y a los ojos, con vocablos o con otros
signos: un gesto, una sonrisa... El que habla sincero, comunica
al otro algo de su propia intimidad.
Dios nos ha hablado. A la Palabra de Dios a los hombres, en el
lenguaje teológico la llaman Revolución. Durante siglos, el
Invisible se fue revelando progresivamente por medio de sus
profetas. A veces se manifestaba con lenguaje humano;
también con signos y con hechos. El mismo universo es una
palabra inmensa del Creador.
Pero al llegar el momento vértice de la historia (escuchamos en
el prólogo de la Carta a los Hebreos), Dios nos ha hablado con
definitiva claridad en su Hijo. Y ésta es la idea que desarrolla el
Evangelio: Jesús es LA PALABRA que revela a nuestros ojos
humanos la inaccesible intimidad de Dios.
El prólogo del Evangelio según Juan es la página más profunda
de cuantas se han escrito. Tiene forma de himno. Resumimos
los temas más destacados (indicamos entre paréntesis los
versículos):
Era imposible para el hombre ver a Dios; pero el Hijo, que vive
eternamente en la intimidad del Padre, nos la ha manifestado
(18). Porque él es su PALABRA (en griego, Logos; en latín,
Verbum — de ahí la expresión teológica tradicional: «el
Verbo»). Eterno como el Padre; Dios como él (1-2). Creador de
todas las cosas (3). Principio del orden sobrenatural, que es
Vida y Luz: gracia y verdad (4-5).
Para manifestarnos el Padre, «ha venido» al mundo (9). Más
claro: siendo Dios, se ha hecho «carne» (hebraísmo por
«hombre»), y ha puestó sti tienda (como antaño Yahvé durante
el Exodo) en nuestro campamento de pobres humanos en ruta
de peregrinos... (14).
<‘Las tinieblas» (5), o «el mundo» (10-11) en su sentido
peyorativo, no lo aceptaron. Pero el Bautista dio testimonio de
él (6-8 y 15). Y nosotros (los apóstoles o testigos inmediatos)
vimos su Gloria: la Gloria divina que él tiene como Unigénito
NATIVIDAD DEL SEÑOR 49
del Padre (14). Su nombre: Jesucristo (17), plenitud (14) y
fuente de la Gracia y la Verdad (16-17). Su regalo para quienes
lo reciben con fe es el de ser, a imagen suya, hijos de Dios (12-
13).
- Esta primera página del Evangelio de San Juan la saben
muchos de memoria. Extasis de fe para quien la repase
mirando a Jesús en la cuna. La palabra que creó y sostiene el
universo nos habla aquí, en silencio, a los ojos. No hay hombre
auténtico que pueda cruzar su mirada con la de un niño y no
sonreír. ¡Qué mejor acto de fe para un hombre hoy que el de
responder con una sonrisa sincera a la del Niño de Belén! En la
humildad de su carne, la Palabra nos revela toda la intimidad
del corazón de Dios.
En la primera lectura, Isaías describe el gozoso correr, sobre
los montes, del mensajero que lleva a Jerusalén en ruinas la
bue noticia de su redención. Imagen del más hermoso destino
a que puede aspirar un hijo de nuestro mundo; llevar hasta los
confines de la tierra el Evangelio de la Gloria de Dios, de la Paz
para los hombres, del Amor entre todos — el Evangelio que
amaneció en Belén.
Después de las lecturas sencillas de medianoche y aurora, los
textos de la tercera celebración eucarística de Navidad
abruman por su elevación teológica. Tema central: Cristo,
Palabra de Dios.
Del Libro de Isaías escuchamos el hermoso y conocido cántico
a los «evangelizadores» de la Victoria salvífica de Dios.
El prólogo de la Carta a los Hebreos prepara y ambienta el del
Evangelio de San Juan: la Palabra definitiva con que Dios se
nos ha comunicado en la plenitud de la historia es su propio
Hijo.
La primera página (o «prólogo») del Evangelio de San Juan
tiene forma de himno. Meditación teológica sobre la Venida de
Jesucristo al mundo. Repasarla ante el Niño del Pesebre es
delicia de Fe y éxtasis de admiración.
Sólo en las últimas líneas se le llama explícitamente
«Jesucristo» (y. 17) e «Hijo único, Dios» (y. 18). En el resto del
himno se le da el título de Logos, Verbo o Palabra. Palabra es
comunicación, expresión de la intimidad. En Cristo, Dios infinito
se comunica, se «expresa» a los hombres. La Palabra
comunicada pide respuesta. En Cristo, el Amor y la Sabiduría
de Dios espera de los hombres un diálogo de corazón, un
encuentro luminoso de inteligencia.
El punto de partida de la meditación teológica sobre la Venida
de Jesucristo se remonta a la eternidad. «En el principio» antes
de la existencia del mundo, el Verbo Hijo de Dios ya era
«expresión» del Padre. Todo fue creado por él, y cada criatura
es testigo de su Poder. Sabiduría y Amor. Al hombre, obra
maestra de sus manos, lo eleva a la participación de su Vida y
de su Luz o Verdad.
El centro del himno proclama la Encarnación. Los hombres no
sabían reconocer la voz del verbo en el mensaje del Universo. Y
el Verbo se les hizo compañero de peregrinación, «carne»
(hebraísmo), es decir, hombre. Hermano de todos los hombres
sin dejar de ser eterno, creador, infinito, Dios. Los ojos
amorosamente inteligentes, como los de Juan, vieron en su
humanidad el resplendor de la Gloria divina.
50 CICLO A
Dos estrofas intercaladas (y. 6-8 y 15) se refieren a la misión
del Bautista Precursor. Testigo de la luz. Pedagogo de la Fe.
Fe es «recibir» o aceptar la Palabra de Dios hecha humana en
Jesucristo. Dejarse iluminar por su Luz. Corresponder a la
manifestación de su intimidad con inteligencia sincera, corazón
abierto y voluntad dócil. Quienes así creen reciben la suprema
en la comuunión con su Vida. Negarse a creer (11) es
«Tiniebla» (5).
Hacia el fin (16-17), la meditación contempla la Comunidad de
los creyentes como una participación en la Gracia y la Verdad
de Cristo. Y subraya una vez más que el Hijo de Dios hecho
hombre, Jesucristo, es la «expresión» (en griego, la «ezégesis»
o explicación) del Dios invisible al mundo (18).
La Palabra ya habla en silencio desde el Pesebre. En la
respuesta de Fe, el mundo tiene a mano su Vida y su Paz.
Los abundantes textos bíblicos en la liturgia son un regalo de
pensamiento y emoción. Memorial de un hecho histórico, su
valor presente, su trascendencia eterna. Todo converge en la
entrañable seguridad de que Jesús nos es Eramanuel:
«Dios-con-nosotros». Cada hombre y todo el género humano
están sin paz hasta que se encuentran a sí mismo en Dios.
Navidad es Paz.
Indicamos algunas reflexiones a propósito de los dos textos
evangélicos —el de San Lucas y el de San Juan— que se leen
en las misas de medianoche, aurora y día.
Relato de la Navidad según San Lucas (2,1-20). Contempla el
Misterio desde su circunstancia exterior. Pero San Lucas,
teólogo y artista, no redacta cQn técnica de fotógrafo sino de
pintor. En la sincera objetividad de los hechos y personas, el
pintor sabe expresar el alma, los sentimientos, las ideas. Por
eso, todo el Evangelio de la Infancia según Lucas es una
Cristología a partir de la historia. Anotemos algunos temas en
la lectura, de Navidad;
a) Entronque y conjunción con la historia del mundo. El
evangelista se complace en relacionar los acontecimientos
religiosos con la situación civil (cfr. también 3, 1-2):
el imperio de Augusto, el censo bajo Quirinio. La Salvación
avanza en el cauce de esta situación. Actúa con hechos
concretos en la entraña del mundo. No es mito ni especulación
académica. Jesucristo está en el centro tangible de la historia
humana.
—San Lucas alude intencionadamente al «censo», que fue
pretexto y punto de partida de la revolución zelota (cf. Act
5,37). José y María interpretan las circunstancias con otro
espíritu muy diverso, que es propio del Evangelio.
b) Navidad, «Evangelio» de la alegría a los pobres. Gran parte
de la narración se concentra en el anuncio a los pastores. Los
pastores de Judá pertenecían entonces a la categoría social
más humillada: «el pueblo de la tierra». Baja para hablarles un
Angel, que es transparencia de Dios. Se reúnen para cantarles
todos los ángeles de Dios. San Lucas no podía dar una lección
más hermosa y austera a los mensajeros humanos del
Evangelio. «Os evangelizo una gran alegría, que lo será para
todo el pueblo: os ha nacido un Salvador, que es Cristo, el
Señor» (vers. 10-11). Cuando el pueblo de los humildes
redescubra que su alegría está en la Salvación de Cristo,
también los evangelizadores sentirán el gozo de haber
cumplido su misión, como aquellos ángeles. -
NATIVIDAD DEL SEÑOR 51
c) Cielo y tierra al unísono. En la concepción bíblica del
universo, mediaba una distancia trascendental entre el cielo de
Dios y la tierra de los hombres. El Himno de Navidad (y. 14)
inaugura un nuevo estilo. Sobre la cuna de Belén y el rostro de
los pastores inciden en unidad los intereses divinos y los
humanos. La Gloria de Dios y su Amor («buena-Voluntad» o
Beneplácito) es Paz de los hombres; la Paz entre los hombres
es Gloria de Dios.
d) Evangelio activo, comunicativo. Aquellos «pastores» o
pueblo de los pobres, primicias de la Fe, son ya Evangelio
hecho vida. No saben permanecer inactivos:
corren, comprueban, comunican...
e) María, silencio activo (y. 19). Pero un alma excepcional habla
con el silencio. Toda su palabra es el Niño. Gracias a ella
tenemos el Evangelio.
Contemplación de Jesucristo Dios, Hijo y Palabra del Padre,
según San Juan (1, 1-18). Considera el Misterio de la Navidad
eterna en la perspectiva de Dios. Poema de la Encarnación; el
Verbo de Dios viene a ser Hombre con los hombres para
elevarlos al conocimiento, amor y vida íntima del Padre.
Centro de este poema cristológico, el concepto de «Palabra»
aplicado al Hijo de Dios. Palabra es comunicación de la propia
interioridad a otro, para que sintonice con ella. En Jesucristo
Hombre se nos transparenta el pensamiento y corazón de Dios.
«Habla» su silencio, en el Pesebre como en la Cruz. Jesucristo
glorificado sigue siendo Palabra en la historia, para los
hombres que tienen abierto el sentido de la Fe. Cuando el
vangelista dice que ha puesto su tienda de campaña (o
Tabernáculo de la [ Alianza) entre nosotros (y. 14), incluye en la
palabra «nosotros» a todos los peregrinos del Pueblo santo.
Sublime la meditación de esta primera página de San Juan ante
el Nacimiento. El Verbo de Dios, que es este Niño, existía antes
del principio de todas las cosas, creó el universo, es fuente de
toda Luz, de toda Vida, y ha venido para hablarnos. Si su carne
de Niño pide un beso de los labios, su Palabra como Dios pide
los brazos abiertos de la Fe y el Amor hecho Vida. Y la perfecta
alegría de la Gratitud.
Es tradición celebrar la Navidad de Cristo a medianoche. Signo
del silencio con que Dios entró en la historia de los hombres.
Contemplamos en la significativa sencillez del Evangelio según
San Lucas el momento central de esta nuestra historia.
El Profeta Isaías lo canta en la imagen de la restauración de
Israel por manos de un Niño (el mismo <cEmmanuel» de 7,14)
que tendrá en su centro la fuerza de la Paz. El Apóstol, en la
Carta a Tito, contempla el misterio de Belén como «epifanía» o
espléndida-manifestación de la Gracia de Dios. Es decir, de su
Amor salvífjco hecho invencible sonrisa de niño, que viene a
«enseñarnos» con su sola presencia a cuánto debemos todavía
renunciar y en qué generosa actitud de Evangelio tenemos que
abrirnos a su Gracia.
San Lucas redacta su contemplación del Nacimiento (2,1-20)
con sensibilidad histórica, pedagogía espiritual y arte de
expresar con popular sencillez la más profunda Cristología.
1. — Formado en el horizonte universal del helenismo como
hombre y de San Pablo como cristiano, el evangelista sitúa el
nacimiento del Mesías en el marco de la
52 CICLO A
historia universal, cuyo centro, para él, era la Roma de
Augusto. De esta realidad y centralidad de Cristo en la historia
conservamos un signo, que es la numeración de los años. San
Lucas deja entender un intencionado contraste cuando el
ángel, en su mensaje a los pastores, da a Jesús los títulos que
solían darse también a los Emperadores por adulación áulica y
aun por culto religioso (»Sotér» o Salvador, «Kyrios> o Señor,
fuente de «evangelios» o felicidad para el mundo...). Es
sugestivo reflexionar con perspectiva histórica sobre la verdad
de lo que se decía en los ambientes oficiosos del Imperio y lo
que se proclamó en el Desierto de Judá. Lo que fueron los
Césares y lo que es Jesucristo para los hombres.
2. — Pedagogo de la más selecta espiritualidad, el evangelista
presenta el Nacimiento como una «enseñanza a los ojos» de lo
que el Maestro dirá luego en el Sermón de la Montaña.
Testimonio de pobreza aceptada en unción de paz. Docilidad a
los signos del querer divino trazados por manos humanas. En
los pastores:
prontitud de «vigilancia», abertura a la Revelación, efectividad
e irradiación de Fe. En todos, atmósfera de Dios, que lo es de
alegría. Arquetipo de silenciosa y fecunda contemplación en la
Madre Virgen (y. 19), voz y alma de esta historia de la Navidad
en el pensamiento del evangelista.
3. — Historia que es soporte de una síntesis popular de
Cristología. Sin necesidad de citar textos, muestra por
transparencia, como en filigrana, el cumplimiento de las
grandes profecías mesiánicas (sobre todo, la de Miqueas que
se leyó el 4•0 domingo-C de Adviento). En relieve la condición
humana y a plena luz la trascendencia divina del Niño («el
Mesías, el Señor»). Hijo y heredero de David (1,32s), Pastor en
situación y ambiente de pastores. Con él amanece para el
mundo la jubilosa novedad del «evangelio» de la Salvación.
En sus horas decisivas, la religiosidad bíblica invita a cantarle
al Señor un «cántico nuevo». El artista San Lucas presenta a
los ángeles enseñando a los hombres el cántico nuevo de la
Redención. Son las palabras del Evangelio más conocidas y
repetidas, dentro y fuera de la Iglesia (al menos, en su segundo
inciso). En Belén se manifiesta al mundo la obra máxima de
Dios: el Misterio de la Encarnación que realiza de una vez para
siempre la indivisible sintesis de armonía entre el cielo («las
alturas») y la tierra, entre Dios y los hombres. Síntesis
indivisible que enlaza en mutuo compromiso la proclamación
de la Gloria de Dios y la Paz entre los hombres. En el cántico
nuevo y eterno de Navidad no se debe borrar ni oscurecer
ninguna de las dos mitades: no invoque la luz quien niega el
sol. Desde el cielo de Belén los ángeles vieron a los hombres
del mundo renovado bajo la luz de la «Buena-Voluntad»:
Beneplácito o Amor eficaz con que los ama Dios al verlos
hermanos de su Unigénito.
El Evangelio de San Lucas nos propone la contemplación del
misterio de Belén en tres escenas: el nacimiento del Niño, el
anuncio del Angel, la visita de los Pastores.
1. — El nacimiento del Niño (2,1-7). La Virgen Madre «dio a luz
a su hijo primogénito, lo envolvió en pañales y lo acostó en un
pesebre». Meses antes, Gabriel le había anunciado que su
Jesús sería el Rey Mesías, el Hijo de Dios. Un inoportuno
desplazamiento la ha llevado lejos del hogar. No tiene para su
niño más cuna que un pesebre. Anonadamiento del Infinito. El
relato evangélico se abre con el nombre de Augusto y su
voluntad de catalogar a todos los hombres de la tierra como
quien se
NATIVIDAD DEL SEÑOR 53
cree su dueño total. Arquetipo de la prepotencia. Contraste
entre el supremo orgullo y la suprema humildad. Lucas
menciona también al gobernador Quirinio por cuanto su
memoria iba asociada a la inútil sublevación de los «zelotas»
judíos contra el censo romano. Patriotas caídos en la tentación
de la espada. José y María prefirieron, con casi todo el pueblo,
la fecunda paciencia activa de la paz.
2. — El anuncio del Angel a los pastores (2,8-14). Los pastores
de Belén simbolizan a todo el pueblo de los sencillos. Los
pobres de Yahvé. Les habla un ángel, luz de revelación que
viene de lo alto. Dice quién es el Niño. Es el Salvador; por eso
lo llamarán «Jesús». El Mesías, en quien se cumple toda
esperanza. El Señor. Con el título de «Señor» o Kyrios, los
cristianos para quienes escribía San Lucas expresaban su fe en
la divinidad de Cristo. En su humildad, el Niño del Pesebre es
centro del universo y de la historia. No los césares. Augusto y
otros como él quisieron que se les llamase «Salvador». Pero el
pueblo de los sencillos, el que escucha al ángel de Navidad,
sólo entiende por Salvación la que trae el Niño del Pesebre. La
que el himno celeste de Belén glosa en dos valores
inseparables: la paz de los hombres y la Gloria de Dios.
3.— La visita de los pastores al Niño (2,15-20). Diligente
prontitud —como la de la Virgen en su Visitación— para
aceptar y verificar el mensaje del Angel. Milagro de la fe, que
ve un Niño acostado en un pesebre y reconoce al Señor de la
Gloria. En el gozo con que los pastores comunican a los demás
su experiencia y la expresan con cánticos de alabanza, San
Lucas ve prefigurado el entusiasmo con que los cristianos de
su iglesia vivían y propagaban la fe. Admirador y discípulo
espiritual de María, San Lucas nos la presenta, junto a José y al
Niño, como arquetipo de interioridad reflexiva. Atesoraba y
meditaba en su corazón toda Palabra de Dios. Cuando la Iglesia
hace lo mismo, se descubre a sí misma en el corazón, en la
reflexiva interioridad, de María.
Navidad es un Misterio infinito que se expresa en signos
humildes. Junto al Pesebre coinciden a un mismo nivel la
adoración teológica de los ángeles, la ciencia de los sabios
orientales y el villancico de los pastores. Podemos contemplar
a Dios en el rostro de un niño.
Ambos aspectos del Misterio —profundidad y sencillez— se nos
ofrecen en los diversos textos evangélicos. Por una parte, la
meditación sublime de San Juan (misa del día). Por otra, el
relato popular de San Lucas (tnisas de medianoche y aurora).
1. — El Prólogo de San Juan es un himno a Jesucristo,
Comunicación del Padre a los hombres. El Dios inaccesible (y.
18) y nuestra sed de Infinito se han encontrado en el Misterio
de la Encarnación (y. 14). E4-Jesús de la historia, el de Nazaret
y Belén, es el Logos o Verbo creador del Universo (y. 3), eterno
y divino (y. 1-2). Es la «Palabra»; o sea, la fiel comunicación
personal de la intimidad del Padre a nosotros (y. 18 y Hebr. 1,1-
6 = segunda lectura). «Recibir» o aceptar plenamente a
Jesucristo-Palabra es creer, entrar en comunión con él y
participar de su filiación divina (y. 12).
Es impresionante una repetición lenta y saboreada del Prólogo
de San Juan mirando al Niño del Pesebre. Nos habla su silencio.
Voz irresistible de la divina sencillez, pobreza y amor. Nos
hablará después su generosidad entre las multitudes.
54 CICLO A
Su infinita entrega en el Calvario y en la Eucaristía. Es
imposible conocer a Jesús y no amar a Dios sobre todas las
cosas.
2. — En la narración de San Lucas (2,1-20) se armonizan a
nivel popular la sinceridad histórica, la teología, el arte y la
espiritualidad. Con la sugestión pedagógica de un «pesebre
viviente». Podemos contemplar diversos personajes:
— Los ángeles de la anunciata. Fiel al método bíblico, San
Lucas pone la primicial comunicación del Misterio en boca de
ángeles. Es decir, de «mensajeros» de Dios. Pero al mismo
tiempo, como discípulo de San Pablo y colaborador en su
ministerio, se complace en presentar a estos ángeles como
arquetipo ejemplar de los «evangelizadores’> o apóstoles. Por
la delicadeza de comunicarse directamente con los más
humildes y humillados (tales eran entonces, en la sociedad
judía, los pastores nómadas). Por el arte de presentar el
Evangelio no como un peso sino como una inmensa alegría. Por
la exactitud de proclamar a Jesús Mesías «el Señor» (en
sentido teológico) y reconocerlo como el único Salvador
(cuando en la sociedad helenística era costumbre y casi
exigencia dar el título de «salvador» a ídolos humanos y al
mismo César).
— Los ángeles del Cántico (2,13-14). A través de todo el
Evangelio de la Infancia según Lucas, el gozo de la Salvación
se expresa en himnos. Lo mismo hacía la Iglesia apostólica en
espontánea liturgia (Col 3,16, etc.). El coro angélico de Belén
ha regalado a los hombres el cántico eternamente nuevo de su
Paz. Cántico que será nostalgia hasta que la Paz del mundo
coincida, como enseñaron los ángeles, con la Gloria de Dios.
— Los pastores. Arquetipo de los que el Evangelio llama
«pobres», primicias y aristocracia espiritual de la Iglesia
naciente. Tienen corazón de fe, abierto a la palabra de los
ángeles. Capaces de admirarse. Y de gozar en la sencillez.
Inteligentes para aceptar al Mesías reclinado en un pesebre.
Genérosos en comunicar su gozo a los demás. Navidad nos
invita a convertirnos a la sincerid de aquellos pastores.
— María. Con José, inseparable del Niño. San Lucas la describe
en actitud de reflexión profunda (2,19). Personificación de la
Iglesia actuada en su más alto ejercicio, que es contemplar,
vivir e irradiar el Misterio de Dios-con-nosotros. El Misterio
infinito de la Navidad, que se expresa en signos tan sencillos.
Invitación a cuantos quieran imitarla, haciendo de su vida una
perenne Navidad interior.
LA SAGRADA FAMILIA. JESÚS, MARÍA Y JOSÉ
PRIMERA LECTURA
Lectura del libro del Eclesiástico 3,3-7. 14-17a
Dios hace al padre más respetable que a ios hijos
y afirma la autoridad de la madre sobre la prole.
El que honra a su padre expía sus pecados, el que respeta a su
madre acumula tesoros; el que honra a su padre se alegrará de
sus hijos, y cuando rece, será escuchado;
el que respeta a su padre tendrá larga vida, al que honra a su
madre el Señor le escucha.
Hijo mío, sé constante en honrar a tu padre, no lo abandones,
mientras viva; aunque flaquee su mente, ten indulgencia, no lo
abochornes, mientras seas fuerte.
La piedad para con tu padre no se olvidará,
será tenida en cuenta para pagar tus pecados.
Salmo respdnsorial Sal 127,7-2. 3. 4-5
R. Dichoso el que teme al Señor, y sigue sus caminos!
¡Dichoso el que teme al Señor, y sigue sus caminos! Comerás
del fruto de tu trabajo, serás dichoso, te irá bien.
56 CICLO A
Tu mujer, como parra fecunda, en medio de tu caaa;
tus hijos, como renuevos de olivo, alrededor de tu mesa.
Esta es la bendición del hombre que teme al Señor:
Que el Señor te bendiga desde Sión, que veas la prosperidad
de Jerusalén todos los días de tu vida.
SEGUNDA LECTURA
Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los Colosenses 3,12-
21
Hermanos: Como pueblo elegido de Dios, pueblo sacro y
amado, sea vuestro uniforme: la misericordia entrañable, la
bondad, la humildad, la dulzura, la comprensión.
Sobrellevaos mutuamente y perdonaos, cuando alguno tenga
quejas contra otro.
El Señor os ha perdonado: haced vosotros lo mismo.
Y por encima de todo esto, el amor, que es el ceñidor de la
unidad consumada.
Que la paz de Cristo actúe de árbitro en vuestro corazón: a ella
habéis sido convocados, en un solo cuerpo.
Y sed agradecidos: la Palabra de Cristo habite entre vosotros
en toda su riqueza; enseñaos unos a otros con toda sabiduría;
ezhortaos mutuamente.
Cantad a Dios, dad gracias de corazón, con salmos, himnos y
cánticos inspirados.
Y todo lo que de palabra o de obra realicéis, sea todo en
nombre de Jesús, ofreciendo la Acción de gracias a Dios Padre
pof medio de él.
Mujeres, vivid bajo la autoridad de vuestros maridos, como
conviene en el Señor.
Maridos, amad a vuestras mujeres, y no séais ásperos con
ellas.
Hijos, obedeced a vuestros padres en todo, que eso le gusta al
Señor.
Padres, no exasperéis a vuestros hijos, no sea que pierdan los
ánimos.
ALELUYA Aleluya, aleluya.
Col 3,15a. 16a Que la paz de Cristo actúe de árbitro en vuestro
corazón; que la Palabra de
Cristo habite entre vosotros en toda su riqueza. Aleluya.
EVANGELIO
Lectura del santo evangelio según san Mateo 2,13-15. 19-23
Cuando se marcharon los Magos, el ángel del Señor se
apareció en sueños a José y le dijo:
—Levántate, coge al niño y a su madre y huye a Egipto;
quédate allí hasta que yo te avise, porque Herodes va a buscar
al niño para matarlo.
José se levantó, cogió al niño y a su madre de noche; se fue a
Egipto y se quedó hasta la muerte de Herodes; así se cumplió
lo que dijo el Señor por el Profeta: «Llamé ami hijo para que
saliera de Egipto.»
LA SAGRADA FAMILIA
Cuando murió Herodes, el ángel del Señor se apareció de
nuevo en sueños a José en Egipto y le dijo:
—Levántate, coge al niño y a su madre y vuélvete a Israel; ya
han muerto los que atentaban contra la vida del niño.
Se levantó, cogió al niño y a su madre y volvió a Israel.
Pero al enterarse de que Arquelao reinaba en Judea como
sucesor de su padre Herodes, tuvo miedo de ir allá. Y avisado
en sueños se retiró a Galilea y se estableció en un pueblo
llamado Nazaret. Así se cumplió lo que dijeron los profetas, que
se llamaría nazareno.
Bajo la inspiración del Concilio, la Iglesia decidió celebrar la
fiesta de la SAGRADA FAMILIA en la inmediata cercanía de
Navidad. Porque el Hijo de Dios, sincero en su Encarnación,
vino a ser hijo y centro de una família humana en la tierra.
Familia de Belén, Egipto y Nazaret. Familia que es de él y
también nuestra, pues en él estábamos todos.
Cada familia tiene su archivo de recuerdos. Los capítulos
preludiales de Mateo y Lucas (que suelen llamar «Evangelios
de la Infancia») evocan y meditan circunstan cias por las que
pasó la familia de José, María y Jesús. Huésped de limosna en
Belén, peregrina en el Templo, exiliada en Egipto, escondida en
Nazaret.
1. — « a Egipto..!». Que está cerca, a hora y media de camino,
Herodes el Grande. Arquetipo de tantos «herodes» como irán
desfilando por la historia. La casa de José tiene el sello social
de contar entre sus ascendientes a David. Ello la constituye
sospechosa para quienes no ven ni entienden nada que no sea
ambición de Poder. Herodes ha oído a los «magos)> y le da
uno de tantos arrebatos de manía persecutoria. Teme y odia
hasta a los niños. José con la esposa y el hijo, avisado por el
Angel del Señor, huye al extranjero. Jesús y los suyos tienen
que saborear desde primera hora la aspereza del exilio.
2. — « Vuelve a la Tierra de Israel! Experto en dolor y gozo,
José es pura docilidad a las órdenes del «Angel del Señor».
Enseña más su silencio activo que mil elucubraciones sobre la
obediencia. Evocando un texto de Oseas (11,1), el evangelista
Mateo ve a Jesús como el «verdadero Israel» que sube, llamado
y guiado por el Padre Dios, desde Egipto a la Tierra Prometida.
Pero en el centro de la Patria domina otro tirano, Arquelao, y
sería temeridad establecerse a dos pasos de él en la casa de
Belén. José es jefe de familia responsable, prudente, decidido.
Por eso
3. — «se retirá a la comarca de Galilea y se estableció en una
población llamada Nazaret». El caserío de Nazaret era
entonces tan insignificante (sin ni siquiera muralla) que
sumergía en el anonimato de la pobreza. Allí tenían ya un
pequeño hogar. La palabra NAZARET fue cifra de Humildad. A
los discípulos de Jesús los llamaron (todavía hoy en Israel),
como a él, «nazarenos». San Mateo ve en esta denominación el
cumplimiento de cuanto dijeron los profetas sobre el Mesías-
humilde. En la casa de Nazaret fueron vida, antes de ser
palabra, las Bienaventuran zas y el Padrenuestro. Se respiraba
el Magnificat. Se cumplía con amor cuanto dicen hoy la primera
y segunda lecturas de la misa. A aquella Familia la llamamos
«sagrada»: que quiere decir espacio donde se realiza en la
tierra la Santidad de Dios. Toda familia humaña es «sagrada»,
y no maravilla que el espíritu del Mal concentre contra ella su
actividad. —Nuestro pueblo tiene a honor haber dado a la
Sagrada Familia su corazón, varias instituciones y el
monumento arquitectónico más genial.
58 CICLO A
En este domingo de la Sagrada Familia el Evangelio nos invita
a repasar el camino que siguió José, con Jesús y María, desde
que salió fugitivo de Belén hasta que llegó a Nazaret para
establecer allí su domicilio. El viejo Herodes receló una
conspiración en torno al descendiente de David. Su palacio
estaba a menos de dos horas de Belén. Dios comunica a su
íntimo José la consigna urgente de huir al extranjero, como
cualquier otro sospechoso. Días y noches a través del desierto.
El Emmanuel en el exilio. La Familia arquetipo tenía que serlo
de todas las situaciones: también de los emigrantes; y de los
desterrados y proscritos. Llega la noticia de que ha muerto el
rey, y los tres emprenden el retorno de Egipto a la patria, como
antaño Moisés y los israelitas en el Exodo. Malas noticias en la
frontera: Arquelao no es menos peligroso que su padre. Pero en
el reparto de la herencia no le ha tocado la comarca de Galilea.
José, siempre atento a la inspiración del Señor, se refugia allí,
más de cien kilómetros al norte, y establece su domicilio en
aquel caserío de montaña llamado Nazaret, donde ya habían
residido (al menos María) antes de nacer Jesús.
Nazaret fue el horizonte cotidiano de Jesús durante los años de
infancia y juventud en que se nos configura la concreta
psicología humana. En el centro de este horizonte, su casa. La
casa de sus cinco o diez mil días de sencillez inédita, de
laboriosidad amable, de convivencia disciplinada y, por tanto,
gozosa. Allá las Bienaventuranzas fueron vida antes de ser
palabra en el Sermón de la Montaña. Cuando el Niño decía a
Dios: «Padre... » miraba, de paso, el rostro de José. Y al decir
«Madre» a María se sentía ya hermano de todos los que por El
y en El la llamaríamos así.
«Nazareno» o «de Nazaret» fue el sobrenombre que dio la
gente a Jesús cuando empezó a predicar por los pueblos de
Palestina. Al tiempo que San Mateo escribía su Evangelio, los
judíos llamaban «nazarenos» a los cristianos. Este nombre, que
se decía entonces con un dejo de menosprecio, el evangelista
lo quiere coronar de gloria:
lo somos, porque lo fue Jesús. (Y así de humilde y sencillo lo
habían descrito los profetas). ¡Si cada familia cristiana fuese
también un reflejo de la de Nazaret...!
El autor del Eclesiástico (un viejo lleno de experiencia, llamado
también Jesús, hijo de Sirah, del siglo II a. de C.) recogió en un
voluminoso libro lo mejor de la sabiduría tradicional de su
pueblo. La primera lectura de hoy nos ofrece una parte de su
glosa al cuarto Mandamiento. Pensamientos como éstos eran
los que inculcaban a los niños y jóvenes los mayores de
Nazaret.
En las Cartas de San Pablo, sobre todo en las de sus últimos
años, se puede recoger un código de ascética familiar. Es moral
y pedagogía del buen sentido común, sellada por el Apóstol
con su expresión característica: «en el Señor». Al contacto del
Señor, Cristo, la bondad humana se eleva a la santidad. El
último párrafo de la segunda lectura de hoy pertenece a esta
categoría de catecismo familiar. Los párrafos precedentes
hablan del espíritu que debe reinar en la comunidad cristiana o
Iglesia, que es la gran Familia de Dios.
LA SAGRADA FAMILIA 59
Al hogar humano del Hijo de Dios en Belén, Egipto y Nazaret
nuestro pueblo le ha dado el nombre evocador de «Sagrada
Familia>. Síntesis de Evangelio para los sencillos. Hoy es su
fiesta.
El autor del «Libro del Eclesiástico» (s. I a.C.) se propuso
inculcar a sus jóvenes discípulos criterios más nobles que los
del ambiente paganizado que estaba invadiendo el pueblo de
Dios. Criterios de la que entonces llamaban «Sabiduría»; es
decir, del buen sentido común confirmado e iluminado por la
Fe. Escuchamos un fragmento de la página en que trata de la
actitud de los hijos para con sus padres.
El texto de la Carta a los Colosenses desarrolla la imagen del
«hombre nuevo» expuesta unas líneas antes (y. 10). Su nuevo
ser es participación del de Cristo (y. 11). Su «vestido» [ al rito
bautismal] es la Caridad, que se realiza en una entrañable
comprensión bondadosa (y. 13-14) y fructifica en la concordia
de la paz (y. 15). La reunión eclesial de los así «revestidos» es
intercambio enriquecedor de experiencia en la Palabra,
vibración de salmos y cánticos, gozo de Eucaristía (y. 16-17).
En sus hogares (y. 1 8ss), las relaciones entre esposos, padre e
hijos son orden querido y suavidad de pedagogía en el Amor.
Cada familia sabe su historia íntima, entrelazada de amor,
trabajo y sacrificio. Los cristianos sentimos también como
propia la historia íntima del hogar de José, María y Jesús. La
lectura litúrgica evoca hoy tres momentos, seleccionados del
Evangelio de la Infancia según Mateo: la huida a Egipto, el
regreso a la patria, el refugio en Nazaret.
A. — Al recordar la huida a Egipto (y. 13-15), la intención del
evangelista se concentra en el texto de Oseas (11,1) citado en
el vers. 15. El profeta se refería al pueblo de Israel. Mateo
intuye en sus palabras que Jesús es el verdadero Israel, Hijo de
Dios en plenitud de sentido, que realiza en su carne la
experiencia del destierro y del Exodo. En la teología de San
Mateo, «el verdadero Israel» es la Iglesia, que contempla en la
Infancia de Jesús su propio destino: el de vivir en este mundo la
espiritualidad del Exodo, en exilio, persecución y peregrinación.
En el extremo peligro, Dios Padre manifiesta su providencia
sobre el Niño y su familia no por camino de poder (destruir el
perseguidor) sino de humildad. José, el íntimo de Dios, actúa
de protagonista en el drama. Mediante un procedimiento
literario muy bíblico (repetir en la ejecución de la orden
exactamente las mismas palabras de la orden comunicada por
el ángel), el evangelista destaca en José la virtud fundamental
del hombre de Fe: la obediencia absoluta, que no pide razones
al Señor. El inciso «de noche» envuelve en angustia el trance
de la huida.
B. — Al evocar el regreso, San Mateo refleja conscientemente
la historia de Moisés (Ex 4,19), el salvador del pueblo. José
siempre abierto a la Palabra del Señor, siempre a punto de
obedecerla (y. 19-21).
C. —José pensaría establecerse en Belén. Cerca ya de la patria,
nuevas informaciones reavivaron la angustia: Arquelao no era
menos sanguinario que su padre. José llevaba en su identidad
social el peligro de ser descendiente de David:
bajo los Herodes (y luego bajo los romanos) lo constituía
sospechoso y candidato a víctima. Su prudencia y la Palabra
del Señor guiaron sus pasos a Nazaret. Aldea apenas conocida
entonces, donde les abrigaría el silencio de la pobreza y el
menosprecio ambiental. Nazaret, signo del Mesías humilde
anunciado por «los profetas». Honor de tantas familias que
viven silencionsamente a su imagen la auténtica santidad del
Evangelio.
SOLEMNIDAD DE SANTA MARÍA,
MADRE DE DIOS
PRIMERA LECTURA
Lectura del libro de los Números 6,22-27
El Señor habló a Moisés:
Di a Aarón y a sus hijos:
Esta es la fórmula con que bendeciréis a los israelitas:
El Señor te bendiga y te proteja,
ilumine su rostro sobre ti
y te conceda su favor;
el Señor se fije en ti
y te conceda la paz.
Así invocarán mi nombre sobre los israelitas
y yo los bendeciré.
Salmo responsorial Sal 66,2-3. 5. 6 y 8
R. El Señor tenga piedad y nos bendiga. El Señor tenga piedad
y nos bendiga, ilumine su rostro sobre nosotros:
conozca la tierra tus caminos, todos los pueblos tu salvación.
Que canten de alegría las naciones, porque riges el mundo con
justicia, riges los pueblos con rectitud, y gobiernas las naciones
de la tierra. Oh Dios, que te alaben los pueblos, que todos los
pueblos te alaben. Que Dios nos bendiga; que lo teman hasta
los confines del orbe.
SOLEMNIDAD DE SANTA MARÍA 61
SEGUNDA LECTURA
Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los Gálatas 4,4-7
Hermanos: Cuando se cumplió el tiempo, envió Dios a su Hijo,
nacido de una mujer, nacido bajo la ley, para rescatar a los que
estaban bajo la ley, para que recibiéramos el ser hijos por
adopción.
Como sois hijos, Dios envió a vuestros corazones al Espíritu de
su Hijo, que dama: ¡Abba! (Padre). Así que ya no eres esclavo,
sino hijo; y si eres hijo, eres también heredero por voluntad de
Dios.
ALELUYA Aleluya, aleluya.
Hb 1,1-2 En distintas ocasiones habló Dios antiguamente
a nuestros padres por los
profetas; ahora, en esta etapa final, nos ha hablado por el Hijo.
Aleluya.
EVANGELIO
Lectura del santo evangelio según san Lucas 2,1 6-21
En aquel tiempo, los pastores fueron corriendo y encontraron a
María y a José, y al niño acostado en el pesebre. Al verlo, les
contaron lo que les habían dicho de aquel niño.
Todos los que lo oían se admiraban de lo que decían los
pastores. Y María conservaba todas estas cosas, meditándolas
en su corazón.
Los pastores se volvieron dando gloria y alabanza a Dios por lo
que habían visto y oído; todo como les habían dicho.
Al cumplirse los ochos días, tocaba circuncidar al niño, y le
pusieron por nombre Jesús, como lo había llamado el ángel
antes de su concepción.
Convergen en este día la fiesta de Año Nuevo, la octava de
Navidad, la veneración de María Madre de Dios, la jornada de
la Paz.
La primera lectura actualiza una antigua Bendición de Israel.
Según el pensamiento bíblico, cuando uno «bendice»
transfunde al otro la riqueza interior en que rebosa. Entre los
bienes que comunica al «bendecir)> destaca el de la Paz. El
vocablo hebreo «Paz» o Shalom connota la síntesis de toda
Felicidad. En la aurora del Año la Iglesia quiere expresar al
mundo, con estas palabras de la Biblia, su más entrañable
Felicitación augural.
El inciso de la Carta a los Gálatas centra nuestra reflexión en el
Misterio fundamental del Cristianismo: el Hijo de Dios se ha
hecho Hombre. Advierte delicadamente San Pablo que la
autenticidad con que Dios se incorpora a la Familia humana
requiere la cooperación de una Mujer: su Madre.
Toda la historia y eternidad de María se concentra en el
momento en que recibió y aceptó la Vocación de ser Madre del
Mesías, Hijo de Dios. San Lucas describe esta Vocación o
experiencia sobrenatural de la Virgen en la página más
hermosa de su
62 CICLO A
Evangelio: la Anunciación (1,26-38). Cuando redactó esta
página, San Lucas se sentía portavoz de la Iglesia Apostólica,
que, adorando a Jesús, no podía menos de reconocer y elogiar
la trascendencia teológica de su Madre. En el relato evangélico
de la Anunciación, al unísono con la voz del Angel, la Iglesia de
los Apóstoles saluda a María como Predilecta de Dios, que la ha
colmado de su Gracia (1, 28.30). Pocas líneas más adelante la
proclama, como Isabel, «la Madre de mi Señor» (1,43).
El fragmento de Evangelio que leemos en la Misa evoca dos
escenas: la visita de los pastores al Mesías recién nacido y la
imposición del Nombre «Jesús»:
1. — La Visita de los Pastores (2,16-20) tiene por centro una
idea: la de que vieron, experimentaron, comunicaron a los
demás y tradujeron en cánticos de gloria la exacta verdad de lo
que el Angel del Señor les había anunciado (vers. 8-12). San
Lucas refleja en el «Evangelio de la Infancia> su propia
experiencia cristiana. El Angel de la Navidad es arquetipo del
Apóstol que anuncia el Evangelio. Los Pastores representan a
los pobres y sencillos que lo reciben con sinceridad de
admiración, van al encuentro de Jesús que reconocen junto a
José y María, les encanta su humildad de Niño reclinado en su
pesebre, irradian a los demás su Fe y con ella transfiguran la
propia vida en gratitud y cántico.
La Visita de los Pastores al Niño ofrece una vez más a San
Lucas la ocasión de realzar la personalidad de la Madre: «María
conservaba todas estas Palabras, reflexionando sobre ellas en
su corazón» (vers. 19). «Corazón», en lenguaje bíblico, es toda
la interioridad consciente de la persona. «Conservar» es
guardar un valor con perseverante continuidad, sin pérdida ni
mengua. «Palabras» es una expresión hebraizante, predilecta
de San Lucas en el «Evangelio de la Infancia»: quiere decir
«hechos» o Acontecimientos en cuanto realizan y expresan la
Palabra o mensaje que Dios quiere comunicar a los hombres.
Todos los «hechos» de la Infancia de Jesús fueron Palabras.
María los recogió e hizo de ellos su vida interior —memoria,
reflexión y cántico— durante años de silencio social. De su
«corazón» o interioridad pasaron luego a la Iglesia, para
cristalizar en Evangelio escrito. La interioridad reflexiva de
María es lección de carácter. Lo más alejado de esa frívola
superficialidad que está malogrando tantas vidas.
2. — La imposición del Nombre «Jesús» (y. 21) es el único
relieve que destaca el evangelista a propósito del rito y fiesta
con que, en la octava de su nacimiento y como todos los
demás niños, el Hijo de Dios fue oficialmente incorporado a la
Comunidad de Israel y constituido «bajo la Ley» [ lectura].
«Poner el nombre» era ejercicio de autoridad; María (Lc 1,31) y
José (Mt 1,21) fueron instrumento de la Voluntad del Padre
comunicada por el Angel. El «Nombre», según la Biblia, define
la persona por su vocación, misión y destino. «Jesús», en
hebreo, es una afirmación:
Dios salva. Dios está con nosotros. Quien tiene a Dios con él,
no teme. Ignora el vacío. Ha descubierto la vena profunda de
su Paz. Millones de humildes y sencillos han saboreado en la
palabra-realidad de «Jesús» aquella Felicidad infinita que nadie
más puede dar.
SEGUNDO DOMINGO DESPUÉS DE NAVIDAD
PRIMERA LECTURA
Lectura del libro del Eclesi4stico 24,1-4. 12-16
La sabiduría hace su propio elogio,
se gloría en medio de su pueblo.
Abre la boca en la asamblea del Altísimo
y se gloría delante de sus Potestades.
En medio de su pueblo será ensalzada
y admirada en la congregación plena de los santos;
recibirá alabanzas de la muchedumbre de los escogidos
y será bendita entre los benditos. Entonces el Creador del
Universo me ordenó,
el Creador estableció mi morada: -
—Habita en Jacob, sea Israel tu heredad.
Desde el principio, antes de los siglos, me creó,
y no cesaré jamás.
En la santa morada, en su presencia ofrecí culto y en Sión me
estableció;
en la ciudad escogida me hizo descansar, en Jerusalén reside
mi poder.
Eché raíces en un pueblo glorioso,
en la porción del Señor, en su heredad.
Salmo responsorial Sal 147.12-13. 14-15. 19-20
R. La Palabra sc hizo carne y acsmpó entre nosotros.
(o Aleluya)
64 CICLO A
Glorifica al Señor, Jerusalén, alaba a tu Dios, Sión:
que ha reforzado los cerrojos de tus puertas, y ha bendecido a
tus hijos dentro de ti.
Ha puesto paz en tus fronteras, te sacia con flor de harina; él
envía su mensaje a la tierra, y su palabra corre veloz.
Anuncia su palabra a Jacob, sus decretos y mandatos a Israel;
con ninguna nación obró así, ni les dio a conocer sus
mandatos.
SEGUNDA LECTURA
Lectura de la carta del apóstol San Pablo a los Efesios 1,3-6.
15-18
Bendito sea el Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo, que
nos bendijo en Cristo con toda clase de bendiciones
espirituales, en el cielo.
Ya que en El nos eligió, antes de la creación del mundo, para
que fuésemos santos e irreprochables en su presencia, por
amor.
Nos predestinó a ser hijos adoptivos suyos por Jesucristo,
conforme a su agrado; para alabanza de la gloria de su gracia,
de la que nos colmó en el Amado.
Por lo que yo, que he oído hablar de vuestra fe en Cristo, no
ceso de dar gracias por vosotros, recordándoos en mi oración,
a fin de que el Dios de nuestro Señor Jesucristo, el Padre de la
gloria, os dé espíritu de sabiduría y revelación para conocerlo,
e ilumine los ojos de vuestro corazón, para que comprendáis
cuál es la esperanza a la que os llama y cuál la riqueza de
gloria que da en herencia a los santos.
ALELUYA Aleluya, aleluya.
ITm 3,16 Gloria a ti, Cristo, proclamado a los gentiles.
Gloria a ti, Cristo, creído en el mundo.
Aleluya.
EVANGELIO
Lectura del santo evangelio según san Juan 1,1-18
En el principio ya existía la Palabra,
y la Palabra estaba junto a Dios,
y la Palabra era Dios.
La Palabra en el principio estaba junto a Dios. Por medio de la
Palabra se hizo todo,
y sin ella no se hizo nada de lo que se ha hecho.
II DOMINGO DESPUÉS DE NAVIDAD 65
En la Palabra había vida,
y la vida era la luz de los hombres.
La luz brilla en la tiniebla,
y la tiniebla no la recibió.
[ un hombre enviado por Dios, que se llamaba Juan:
éste venía como testigo, para dar testimonio de la luz, para
que por él todos vinieran a la fe. No era él la luz, sino testigo
de la luz.]
La Palabra era la luz verdadera, que alumbra a todo hombre. Al
mundo vino y en el mundo estaba; el mundo se hizo por medio
de ella, y el mundo no la conoció. Vino a su casa, y los suyos
no la recibieron.
Pero a cuantos la recibieron, les da poder para ser hijos de
Dios, si creen en su nombre.
Estos no han nacido de sangre, ni de amor carnal, ni de amor
humano, sino de Dios.
Y la Palabra se hizo carne,
y acampó entre nosotros,
y hemos contemplado su gloria:
gloria propia del Hijo único del Padre,
lleno de gracia y de verdad.
[ da testimonio de él y grita diciendo:
—Este es de quien dije: <(El que viene detrás de mí pasa
delante de mí, porque existía antes que yo.’>
Pues de su plenitud todos hemos recibido gracia tras gracia:
porque la ley se dio por medio de Moisés, la gracia y la verdad
vinieron por medio de Jesucristo.
A Dios nadie lo ha visto jamás:
El Hijo único, que está en el seno del Padre, es quien lo ha
dado a conocer.]
Escuchamos hoy una vez más la primera página del Evangelio
de San Juan, que se leyó en la misa del día de Navidad.
Compuesta en forma de himno, nos lo ofrece la liturgia como
una meditación teológica ante el Jesús que ha nacido en Belén.
1. — «En el principio existía la Palabra...» Se refiere al
«Principio» según la primera línea del Génesis, cuando de la
Nada surgió el Universo. La PALABRA DE DIOS ya existía.
Eterna. Omnipotente, fornió el Cielo y la Tierra. Luz intelectual
llena de Amor. Toda criatura es un reflejo de su amor y su Luz.
Al margen de ella no hay Pensamiento ni Vida.
La Palabra de Dios es Dios mismo. «Verbo» o «Logos» del Padre
en eterno diálogo interior. Nuestro universo es la realización de
un Pensamiento de Dios. Y nosotros, los hombres, somos la
razón de ser de este universo. Dios «nos eligió en El
66 CICLO A
(en Jesucristo, su Verbo o Palabra) antes de la creación del
mundo para que fuésemos santos e iinmaculados en su
presencia por amor». Expresiones de la segunda lectura, que
es un breve extracto del Cántico de la Vocación Cristiana con
que empieza la Carta a los Efesios.
La grandeza de nuestra vida humana no es ilusión. Cada uno
de nosotros ha vivido desde toda la eternidad en el corazón de
Dios. Corazón o intimidad de Dios que es su Palabra. Para que
podamos abrazarla y acunarla ha venido hasta nosotros y se
ha hecho niño en Jesús.
2. — «Vino a su casa, y los suyos no la recibieron». En su
humildad, la Palabra de Dios necesita testigos. Como Juan
Bautista, que vino para dar testimonio de la Luz. A fin de que
esta «casa» de Dios que es nuestra humanidad de hoy,
azorada por infinidad de palabras inútiles, «vea» y reciba la
Palabra de Dios hacen falta testigos auténticos, transparentes,
audaces.
3. — «La Palabra se hizo carne, y acampó entre nosotros».
«Carne» es un modismo hebraizante para expresar la tangible
realidad humana. Dice «acampó» por alusión al Tabernáculo o
Santuario de la Presencia de Dios que acompañaba a su pueblo
en la peregrinación del Exodo. Jesús es DIOS-CON-NOSOTROS
por el camino de la vida. Sabiduría (primera lectura), Fortaleza
y Ley (salmo responsorial). «Lleno de gracia y de verdad»: que
quiere decir expresión evidente del Amor y Fidelidad Divina. —
La Palabra pide respuesta. Diálogo. En Jesús de Belén, de
Nazaret, del Calvario y del Cielo nos habla Dios. A los ojos y al
corazón. Feliz el hombre que sepa hacer de su existencia —
existencia eterna— un «divino diálogo interior».
Leemos otra vez (como en el día de Navidad) la primera página
del Evangelio de San Juan. Su pensamiento central está en
aquella frase tan conocida: El Verbo (o «Palabra») se hizo
carne, y habitó entre nosotros».
En el texto original, el vocablo correspondiente a habitar
sugiere la imagen de «plantar la tienda de campaña». Alude al
Tabernáculo o tienda sagrada, en la que Yahvé manifestaba su
Presencia en medio del pueblo de Israel cuando peregrinaba a
través del desierto hacia la tierra prometida. El signo
característico de la divina presencia era aquella nube
resplandeciente, que los israelitas llamaban «la Gloria de
Yahvé». Cuando el evangelista dice que ha contemplado la
«gloria» de Cristo, se refiere al resplandor de su divinidad que
irradiaba en sus obras, en sus palabras (y alguna vez, como en
la Transfiguración, hasta en su rostro).
Los hombres de corazón limpio, dice la sexta Bienaventuranza,
verán a Dios. Juan era un joven de alma transparente, y sintió
en su trato con Jesús el calor de la divinidad. En el fondo de su
pureza mantuvo aquella sed de infinito que define al hombre.,
Y descubrió en Cristo que el Infinito ya no nos es lejanía, sino
intimidad; porque El ha venido a hacernos fácil, humana,
familiar la convivencia con Dios. Cada celebración eucarística
reenciende la llama de este mensaje. El mejor regalo que
podríamos hacer a la próxima generación es enseñar a los
niños de hoy a comprenderlo.
Al componer su prólogo, San Juan tenía presentes algunos
textos del Antiguo Testamento. Entre ellos, una de las páginas
más hermosas de la Biblia: la
I DOMINGO DESPUÉS DE NAVIDAD 67
autopresentación y elogio de la Sabiduría en el capítulo 24 del
libro de Ben Sirah (o «Eclesiástico»). La primera lectura nos
ofrece un breve fragmento: la Sabiduría escogió por morada
predilecta el pueblo de Israel y, sobre todo, la ciudad santa de
Jerusalén. (El Salmo responsorial la invita a dar gracias). Es un
lejano atisbo, poético y profético al mismo tiempo, de lo que
haría Jesús, Palabra y Sabiduría de Dios, al venir al mundo y
habitar entre los hombres.
En la segunda lectura escuchamos dos fragmentos de la
obertura de la Carta de los Efesios. Es un himno al misterio de
la unión de todos los hombres en Cristo, contemplado en la
perspectiva del pensamiento de Dios antes de la creación del
mundo. Porque desde toda la eternidad el Padre nos eligió y
destinó a ser hijos suyos, santos e inmaculados en su
presencia, profesionales de la Caridad. El centro de este plan
eterno de Dios es Jesucristo. El destino y la esperanza de toda
la familia humana es formar con él una inmensa Unidad. Con
Cristo, el Emmanuel o «Dios-con- nosotros», que ofrece el cielo
a la tierra. Ideal fascinador, aunque difícil de comprender: el
Apóstol pedía al Padre para sus discípulos que «les iluminase
los ojos del corazón», a fin de que lo comprendieran.
Las lecturas de este domingo invitan a reflexionar una vez más
sobre el sentido de la Navidad: si Dios ha venido a establecer
su morada entre los hombres, la tierra puede y debe ser un
reflejo del Cielo.
El capítulo 24 del «Eclesiástico» es obra maestra de la
literatura bíblica sapiencial, de la que apenas dan idea los dos
fragmentos aislados que leemos. Arquetipo de toda belleza,
manantial de todo bien, Presencia activa de Dios, en el mundo,
la Sabiduría ha fijado su residencia en Sión y desde allí irradia
al pueblo de Israel. El Sirácida identificaba la «Sabiduría» con
la Torá o Ley de Moisés (vers. 23ss). Imagen provisional de lo
que iba a ser Cristo-Sabiduría y su Evangelio para todos los
hombres.
La lectura de la Carta a los Efesios une también dos
fragmentos. El primero forma parte del Himno introductorio,
que bendice al Padre por habernos elegido, predestinado y
llamado a ser cistianos. En el segundo (1,1 Sss), el Apóstol pide
para sus lectores la Sabiduría de la Fe: aquella que intuye con
sabrosa evidencia cordial la infinita riqueza, felicidad y
hermosura a que nos destina Dios elevándonos al orden de la
Gracia.
Escuchamos una vez más el Prólogo del Evangelio según Juan.
La página más densa de la Biblia. Durante siglos fue normal
saberla de memoria.
Una primera estrofa (y. 1-2) contempla al Logos o Verbo en su
divina eternidad. Otra (3-5), en su acción creadora. Luego (9-
13) se habla de su manifestación al mundo y de la diversa
actitud (fe o incredulidad) de los hombres ante ella. Sigue la
estrofa culminante (y. 14), que proclama el misterio de la
Encamación. En las últimas líneas (16-18), la Comunidad de los
Creyentes o Iglesia se reconoce a sí misma como participación
de la plenitud de Cristo, Verbo o «Palabra» del Padre.
Participación en su Gracia o Vida divina. Reflejo de su Verdad o
conocimiento perfecto de Dios, que sólo El ha revelado. Dos
incisos intercalados (6-8 y 15) evocan la misión del Bautista.
68 CICLO A
El Prólogo de San Juan es glosa de un himno con el que los
cristianos de la Región de Efeso confesaban a Jesús Dios y
Hombre, Vida y Luz de los hombres, que ha venido a hacerse
nuestro para hacernos suyos.. Reflejando textos sapienciales
del Antiguo Testamento, quiere dar a entender que Jesucristo
es la verdadera y sustancial Sabiduría de Dios manifestada al
mundo. Aplicando a él lo que los rabinos contemporáneos
decían de la Ley, significa que Jesús la ha superado (vers. 17) y
que la verdadera «Ley» de Dios se manifiesta y realiza en su
Persona. [ otras palabras: para el mundo, a partir de Cristo, la
Ley es el Evangelio Por la región de Éfeso se tenía en gran
aprecio la filosofía. El vocablo «logos» fascinaba a muchos
como cifra de supremos ideales. Al resumir en él la teología de
la Palabra de Dios, Juan insinúa a sus lectores helenistas que
Jesucristo-Logos realiza y trasciende todo ideal humano de
realidad, belleza y orden universal.
El punto focal del himno está en la afirmación de que el Verbo
(eterno, Dios, creador) se hizo «carne» y plantó entre nosotros
su «tienda» de peregrino. «Carne» es hebraísmo: significa
hombre, subrayando su concreta realidad, con esta expresión,
Juan prepara la catequesis eucarística del capítulo 6. La
imagen de la <ctienda» (sugerida en el texto original) se
refiere al «Tabernáculo» o Templo del Pueblo de Dios peregrino
en el Desierto. En la Iglesia, el auténtico Templo es Jesucristo
Un 2,19-22), Verbo-«Carne» que está siempre (Mt 28,20)
«entre nosotros».
Dios nos habla. Su Palabra es Cristo. El Niño del Pesebre, cuyas
manos rigen el Universo y la Historia. En él la Sabiduría eterna
se ha hecho presente al mundo y vive entre nosotros [ lectura].
Dichoso el que tiene iluminados, para entenderla, los ojos del
corazón [ lectura]. -
En el Evangelio, escuchamos el PROLOGO DE SAN JUAN. Himno
a Jesucristo, la Palabra de Dios. Reliquia preciosa de la
primitiva liturgia. El texto original está saturado de misteriosa
belleza. El pensamiento se va desarrollando en tres ciclos
concéntricos: a) Contemplación del Verbo desde la eternidad y
en su acción creadora; b) en su venida al mundo; c) en el
Misterio de la Encarnación.
1. — «En el principio, ya existía... » Antes de la Creación,
Jesucristo en cuanto Hijo de Dios era desde siempre el
«Logos», Verbo o Pensamiento-y-Palabra inmanente del Padre.
Intimidad divina, gloriosamente feliz. Todo fue creado por él y
en todo se transparenta su ideal. La Fe sabe admirar al Creador
en cada criatura. Y como tal amarla y respetarla. Por pensar
así, Francisco de Asís vivió la más alta Sabiduría. Flor de la
Creación es la Vida y la Luz —victoria sobre las Tinieblas— que
Dios comunica de Sí mismo a los hombres.
2. — <‘Vino al mundo...)> Atestiguado por Juan Bautista.
Incomprendido del «mundo». Rechazado de su propia patria
como un extraño. Pero los que creen en su Nombre, los que
aceptan la Luz, reciben la dignidad de ser hijos de Dios.
3. — «Se hizo carne... » Misterio de Nazaret en la virginal
intimidad de María. Entrañable liturgia de Belén que adora y
abraza a Dios en un Niño. El Misterio de la Encarnación es el
centro de la Historia humana. Cuando lo reconozca, la
Humanidad hallará su cauce. Su «Paz en la Tierr,a». «Acampó
entre nosotros» —compañero y guía de un pueblo de siempre
nómadas, peregrinos hacia su divina plenitud humana. «Lleno
de Gracia y de Verdad» Jesucristo, por encima y más allá de la
Ley, nos ha
II DOMINGO DESPUÉS DE NAVIDAD 69
establecido en una situación de Gracia o vida eterna, que es la
suprema Verdad. No hay felicidad mayor que la de ser
cristiano. Estar en diálogo de confianza con la infinita PALABRA
DEL PADRE, que nos habla ahora desde el Pesebre y luego
desde la Cruz, desde la Eucaristía, desde el Evangelio —y
siempre dentro del propio corazón.
Los teztos bíblico-litúrgicos de hoy, densos y difíciles, iluminan
uno de los aspectos más sugestivos del Misterio que se
manifiesta en la Navidad. El de que Dios se ha hecho Hombre
para estar con nosotros los hombres. Y nosotros con él.
Algunos escritores del Antiguo Testamento prepararon la plena
revelación de la Presencia divina en medio de su Pueblo
personificando la Sabiduría de Dios. Uno de ellos, el autor del
Libro del Eclesiástico (que identificaba la Sabiduría con la
«Ley» o Torá), proclama, en la primera lectura, el honor de la
santa Jerusalén, centro y morada de la «Sabiduría» en este
mundo. El Salmo responsorial pide a Jerusalén que reconozca y
cante su gloria. La lectura cristiana de la Biblia aplica al
universal Pueblo de Dios lo que la letra dice de «Jerusalén».
Con esta perspectiva, el Apóstol en la Carta a los Efesios
bendice al padre por habernos llamado a todos a formar urja
Comunidad eterna de Santidad y Amor en Jesucristo.
En la lectura evangélica escuchamos una vez más el «Prólogo
de San Juan». La página más profunda de cuantas se han
escrito, y una de las más difíciles. En otras épocas era normal
saberla de memoria.
Los entendidos comparan este Prólogo a una «obertura» o
preludio musical, que anticipa y resume intensamente los
grandes «temas» de todo el cuarto Evangelio. En síntesis:
Jesucristo es la (única) Luz y Vida de los hombres. La Verdad y
la Gracia. Gloria y Palabra del Padrç. El Hijo de Dios. Dios
verdadero, creador del universo. Sin dejar de serlo, se hizo
Hombre entre los hombres. Se nos ha manifestado, y así ha
manifestado al Padre. Nos comunica una participación de su
Plenitud divina. De esta manera, liberándonos del orden de la
«Ley», nos establece en un nuevo órden divino-humano de
Gracia y de Verdad (y. 16-17). Suyos son el mundo y los
hombres; quienes, cuando «viene» y se manifiesta, lo aceptan
y se entregan a él por la Fe viva, obtienen el don de ser hijos
de Dios. Quienes por el contrario no lo reciben permanecen en
la Tiniebla.
- El Prólogo tiene ritmo poético. Tal vez fue himno litúrgico en
las iglesias de Efeso. El evangelista intercala unas líneas sobre
Juan el Precursor, «testigo de la Luz». El texto original es de
incomparable belleza. Difícil para nosotros por su estilo cíclico
y reiterativo; por su lenguaje alusivo y, en apariencia,
abstracto.
Pero en la mente de San Juan era concreto y personal desde la
primera hasta la última línea. Todo habla del Jesús que vio,
amó y comprendió. Dice de él las maravillas que los teólogos
judíos decían de la «Sabiduría» y de la «Ley». Y le aplica en
sentido trascendente sus reflexiones sobre la Palabra de Dios.
Meditando el primer capítulo del Génesis atribuían a la Palabra
(o «Memrá») de Adonai la creación a partir de la nada, el orden
sobre el caos, la luz como victoria sobre las tinieblas, la vida, la
comunicación con el hombre. San Juan ve realizado todo esto
con plena verdad en Jesucristo, porque él es el Hijo único de
Dios (y. 18).
70 CICLO A
Este tftulo, el Unigénito de Dios, puesto al final del Prólogo
constituye su punto culminante. Por ser Hijo, es «Palabra».
Expresión y comunicación a nivel humano de la misteriosa
intimidad del Padre (y. 18). El que entiende a Cristo, no puede
ignorar a Dios.
«Y acampó entre nosotros». La expresión greco-bíblica del
texto original sugiere el sentido de establecer la Tienda (o
«tabernáculo») de la Alianza como santuario de la Presencia
divina entre nosotros. En Cristo Hijo de Dios se encuentran
todos los hombres entre sí y con el único Padre. Al decir que el
Verbo se hizo «carne» (hebraísmo realista, equivalente a
«hombre»), San Juan prepara la catequesis eucarística del
capítulo seis de su Evangelio. La Eucaristía es el ámbito normal
del encuentro divino-humano. Cuando al recibirle
eucarísticamente Jesús puede decir de cada uno «En mí
permanece y Yo en él» (Jn 6, 56), llega a plenitud el misterio de
Presencia divina que nos ha manifestado la Navidad.
En los textos bíblicos de este domingo saboreamos la
presencia del Niño de Belén con el corazón iluminado por la fe.
El es la Sabiduría de Dios, que ha querido morar en nuestro
pueblo [ lectura]. Fuente de toda bendición, santidad y amor
[ lectura]. Palabra del Padre [
Escuchamos una vez más el Prólogo de San Juan. Obertura y
síntesis del cuarto Evangelio. La más profunda, difícil y
hermosa página de toda la Biblia. Siendo inagotable su riqueza
doctrinal, no podremos glosar más que algunos rasgos.
1. — «En el principio existía la Palabra». Palabra es expresión y
comunicación de la propia interioridad. En su «Palabra» (Logos
en griego, Verbum en latín) Dios manifiesta y transmite su
Vida, Hermosura y Amor. Irradiación de su Gloria.
Transparencia de su Pensamiento. El prólogo de San Juan es un
himno a Jesucristo reconocido y adorado como «Palabra del
Padre». En cuanto tal, existía ya en el principio, antes de la
creación del universo, cuando todo era solo Dios en un eterno
diálogo de Espíritu entre el Padre y la infinita «Palabra»
pronunciada por él —que es su Hijo.
2. — «Por medio de la Palabra se hizo todo». La creación en su
totalidad y cada uno de los seres creados son obra de arte de
la Palabra de Dios. Conocer la naturaleza obliga a admirarla;
quien la sepa admirar, proclamará la gloria de su Artista.
Pensamiento sublime para saborearlo ante el Niño de Belén,
principio, razón de ser y centro del universo.
3. — «Y la Palabra se hizo carne...» En la humanidad del Niño
de Belén nos sonríe la Palabra de Dios. Todo este himno del
«prólogo de San Juan» gira en torno a la realidad fundamental
del cristianismo: la Encarnación. El Unigénito de Dios se ha
hecho hombre. Acampa entre nos9tros, compañero y guía de
nuestra humana peregrinación. Plenitud y comunicacirrn a los
hombres de su Vida y Luz, de su Gracia y Verdad. Luz o Verdad,
que hacemos nuestra por la fe. Vida o Gracia que nos eleva a
filiación divina. Dios se nos ha hecho cercano y transparente
en la humanidad de Cristo; si la conocieran, no habría ateos. Y
si nosotros tenemos amor y trato cotidiano con la Palabra tal
como en el Evangelio se nos da a conocer, nuestra vida será su
testimonio.
II DOMINGO DESPUÉS DE NAVIDAD 71
El tiempo litúrgico de Navidad se entrecruza con la celebración
social de Año Nuevo, cuando reflorece entre los hombres un
anhelo de Felicidad, un augurio de Renovación. Los textos
bíblicos de estas fiestas nos invitan a su Fuente divina, que
está en el Cielo, en Belén y dentro de nosotros.
El leccionario señala para este domingo el Prólogo de San Juan,
como en el día de Navidad. La primera lectura prepara el tema
con el Elogio de la Sabiduría, que, viniendo de lo alto, se
establece y arraiga en «Jerusalén» (el Pueblo de Dios). En el
salmo, «Jerusalén» canta el gozo de esta Presencia
excepcional, que le asegura la Paz. En la Carta a los Efesios,
San Pablo bendice y da gracias por la felicidad infinita a que
hemos sido llamados los cristianos, y pide que tengamos
inteligencia para comprender nuestra vocación.
El Prólogo de San Juan resume, a manera de una «profesión de
fe», los pensamientos fundamentales del Cuarto Evangelio. Lo
mismo se puede leer antes de todo el libro como un
«preludio», que después como una «síntesis» o recapitulación.
Estilo propio de un teólogo contemplativo. Aire de himno
litúrgico.
Se refiere todo aJesucristo, a quien se designa con este nombre
hacia el fin (y. 17), después de haberle atribuido el título de
Verbo (o «Palabra»), la fontalidad de la Vida y la Luz, la
plenitud de la Gracia y la Verdad. Su identidad personal es la
de «Unigénito» del Padre (y. 14 y 18). Al principio y al final se
afirma explícitamente su Divinidad. En el centro (y. 14), su
Humanidad.
La primera mitad del Prólogo desarrolla cuatro temas. La
segunda mitad los repasa en orden inverso:
A. — En la intimidad de Dios (y. 1-2). Evocando el comienzo del
Génesis («En el principio...»), San Juan afirma que Cristo, en
cuanto Dios, existió eternamente, antes de toda creación, en
diálogo de vida con el Padre. Le da el título de Logos, al que
corresponde el latinismo Verbo. Si se quiere traducir por.
Palabra, hay que dar a «palabra» mayor plenitud de sentido del
que tiene en el lenguaje común. En el vocabulario de San Juan,
Logos da a entender que el Hijo de Dios es imagen exacta del
Padre. Irradiación de su Gloria (y. 14). Expresión perfecta y
activa de su eterno Pensamiento de salvar, santificar y
glorificar a los hombres.
B. — En la Creación y en la Historia (y 3-5). Todas y cada una
de las creaturas del Universo son artesanía del Hijo de Dios. El
es el «Logos» o Ideal divino de cuanto existe, acontece y vive.
Hermoso pensamiento para saborearlo ante el Niño de Belén.
En la Creación-hecha-Historia, todo es signo. Todo es Luz o
transparencia de Dios... si no hay tiniebla en el espíritu del
hombre (y. 5).
C. — Testimonio de Juan Bautista (y. 6-8). Por veneración hacia
su antiguo maestro, el evangelista elogia y define la misión del
Precursor.
D. — Venida del Verbo al mundo (y. 9-13). Ya que los hombres
no supieron reconocerlo en la Creación (Rom 1,18-23), el
mismo Verbo ha venido en persona al mundo de los hombres a
hacerse presente y visible. Aun así, muchos no lo han
«recibido». Pero cuantos lo reciben; es decir, los que creen
plenamente en él y a él se entregan, alcanzan la máxima
dignidad: la de devenir hijos de Dios.
La segunda mitad del Prólogo recoge esta última idea (D) y la
concreta en la más conocida fórmula del Misterio de la
Encarnación: El Verbo (eterno, divino...) se hizo carne y puso su
tienda de campaña en medio de nosotros. «Carne»: expresión
hebraizante, que connota la realidad y debilidad de la
naturaleza humana. La
72 CICLO A
«tienda» alude al Tabernáculo (o Templo) de la Alianza, espacio
de la Presencia total de Dios. La «Gloria» o nube luminosa
denotaba esta Presencia. La Gloria de Jesucristo (sus obras, su
Evangelio, su Redención) irradia la del Padre. Imposible
conocer a Cristo y ser ateo.
Las últimas líneas repasan y amplían las ideas precedentes. El
testimonio de Juan (y. 15). El nuevo y definitivo orden cristiano
de la Creación-hecha-Historia (y. 16). La afirmación de que
Jesucristo, el único testigo de Dios, nos comunica desde la
intimidad del Padre su perfecto conocimiento (y. 18). Es la
Palabra divina, que, desde el silencio de Belén, nos habla de
Paz y Amor.
EPIFANÍA DEL SEÑOR
PRIMERA LECTURA
Lectura del libro del profeta Isaías 60,1-6
¡Levántate, brilla, Jerusalén, que llega tu luz; la gloria del Señor
amanece sobre ti!
Mira: las tinieblas cubren la tierra, la oscuridad los pueblos,
pero sobre ti amanecerá el Señor, su gloria aparecerá sobre ti;
y caminarán los pueblos a tu luz; los reyes al resplendor de tu
aurora.
Levanta la vista en torno, mira:
todos ésos se han reunido, vienen a ti:
tus hijos llegan de lejos, a tus hijas las traen en brazos.
Entonces lo verás, radiante de alegría; tu corazón se
asombrará, se ensanchará, cuando vuelquen sobre ti los
tesoros del mar, y te traigan las riquezas de los pueblos.
Te inundará una multitud de camellos,
los dromedarios de Madiári y de Efá.
Vienen todos de Sabá, trayendo incienso y oro, y proclamando
las alabanzas del Señor.
Salmo responsorzal Sal 71,2. 7-8. 10-11. 12-13
R. Se postrarán ante ti, Señor, todos los reyes de la tierra.
74 CICLO A
Dios mío, confía tu juicio al rey, tu justicia al hijo de reyes:
para que rija a tu pueblo con justicia, a tus humildes con
rectitud.
Que en sus días florezca la justicia y la paz hasta que falte la
luna; que domine de mar a mar, del Gran Río al confín de la
tierra.
Que los reyes de Tarsis y de las islas le paguen tributos;
que los reyes de Sabá y de Arabia le ofrezcan sus dones, que
se postren ante él todos los reyes, y que todos los pueblos le
sirvan.
Porque él librará al poder que clamaba, al afligido que no tenía
protector; él se apiadará del pobre y del indigente, y salvará la
vida de los pobres.
SEGUNDA LECTURA
Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los Efesios 3,2-3a. 5-
6.
Hermanos: Habéis oído hablar de la distribución de la gracia de
Dios que se me ha dado en favor vuestro.
Ya que se me dio a conocer por revelación el misterio que no
había sido manifestado a los hombres en otros tiempos, como
ha sido revelado ahora por el Espíritu a sus santos apóstoles y
profetas: que también los gentiles son coherederos, miembros
del mismo cuerpo y partícipes de
la Promesa en Jesucristo, por el Evangelio.
ALELUYA Aleluya, aleluya.
Mt 2,2 Hemos visto salir su estrella, y venimos a adorarlo.
Aleluya.
EVANGELIO
Lectura del santo evangelio según san Mateo 2,1-12.
Jesús nació en Belén de Judá en tiempos del rey Herodes.
Entonces, unos Magos de Oriente se presentaron en J
preguntando:
— está el Rey de los judíos que ha nacido? Porque hemos visto
salir su estrella y venimos a adorarlo.
Al enterarse el rey Herodes, se sobresaltó y todo Jerusalén con
él; convocó a los sumos pontífices y a los letrados del país, y
les preguntó dónde tenía que nacer el Mesías.
EPIFANÍA DEL SEÑOR 75
Ellos le contestaron:
—En Belén de Judá, porque así lo ha escrito el Profeta: «Y tú,
Belén, tierra de Judá, no eres ni mucho menos la última de las
ciudades de Judá; pues de ti saldrá un jefe que será el pastor
de mi pueblo Israel.»
Entonces Herodes llamó en secreto a los Magos, para que le
precisaran el tiempo en que había aparecido la estrella, y los
mandó a Belén, diciéndoles:
—Id y averiguad cuidadosamente qué hay del niño, y, cuando
lo encontréis, avisadme, para ir yo también a adorarlo.
Ellos, después de oír al rey, se pusieron en camino, y de pronto
la estrella que habían visto salir comenzó a guiarlos hasta que
vino a pararse encima de donde estaba el niño.
Al ver la estrella, se llenaron de inmensa alegría. Entraron en la
casa, vieron al niño con María, su madre, y, cayendo de
rodillas, lo adoraron; después, abriendo sus cofres, le
ofrecieron regalos: oro, incienso y mirra.
Y habiendo recibido en sueños un oráculo para que no
volvieran a Herodes, se marcharon a su tierra por otro camino.
El misterio del Hijo de Dios hecho hombre se realizó en silencio.
Pero tenía que manifestarse a todo el mundo en Palabra de
humildad. «Manifestación espléndida» se dice en griego
Epifanía, y tiene por símbolo el amanecer de la luz. Los que
aman a Cristo desean y bendicen con gozo sus «epifanías». La
liturgia, el Pueblo de Dios y sus mejores, que son los niños,
celebran con alborozo la que consideran como primera o
arquetipo: la ofrecida a aquellos «Magos de Oriente>, a
quienes Dios habló silenciosamente en sintonía con la voz de
una estrella.
En la primera lectura, del Libro de Isaías, un profeta testigo de
las ruinas de Jerusalén canta la certeza de su resurrección. La
nueva «Jerusalén» o Ciudad de Dios será convergencia de los
caminos de Salvación del mundo, porque todos los pueblos
verán en ella el resplandor de la Gloria de Dios. Ideal teológico
de la Iglesia (ver Mt 5,14-16), cuya misión es ofrecer a todos la
Presencia eficaz del que es Lumen Gentium, Jesucristo.
En la Carta a los Efesios, San Pablo proclama la Unidad
universal en Cristo. Destinados a una común escatológica, es
deber de los hombres anticipar en este mundo su fraternidad
sin barreras, como hijos de Dios. Misión de Ekklesía universal,
que fascinó el dinamismo apostólico de San Pablo. Su
admiración y gozo era ver como los paganos buscaban y
hallaban la Paz en Jesucristo, el Mesías de los judíos, como un
día los Magos en Belén.
Leemos un episodio del «Evangelio de la Infancia» según
Mateo. El autor recoge la memoria de unos hechos, que en su
dimensión histórica fueron divinamente sencillos, y la
condensa en un relato lleno de dramatismo donde cada
persona, gesto y actitud tiene transparencia significativa.
a) Herodes, el arquetipo del perseguidor. La çomunidad
cristiana en que escribía Mateo ya había conocido tres
generaciones de la dinastía «Herodes», y este nombre les
sonaba tan fatídico como el de «Nerón» en la iglesia romana.
Habituado a ser tirano sin control, le sobresalta el anuncio de
un Mesías que viene a limitar su arbitrio. Astucia, furor, sangre
inocente (16-19). El contraste entre el poderoso «rey Herodes»
y la humildad del «Rey de los Judíos» anticipa el tema
agustiniano de las dos Ciudades, cada una con su amor y
servicio.
76 CICLO A
b) Los colaboradores de Herodes. No sin dolor, el evangelista
presenta a los dirigentes religiosos e intelectuales del judaísmo
de su tiempo interpretando correctamente las Escrituras, pero
al servicio de «Herodes». Y a «toda Jerusalén» participando en
sus sentimientos.
c) Las primicias de la Fe. En contraste con la actitud negativa
de los responsables del Pueblo de Dios, unos «Magos» venidos
del extranjero o gentilidad personifican la Fe en camino. Nada
concreto se sabe de ellos, más que su heroica ejemplaridad.
Expertos en preguntar al firmamento el sentido de sus
maravillas, han interpretado en clave mesiánica el orto de una
estrella. El evangelista no teme llevar hasta el límite la
«condescendencia» de un Dios que sabe hablar a los hombres
de cada cultura en su lenguaje. Para el que tiene corazón de
Fe, todo es signo de la Fe. En la simbología de Israel, la
«estrella» era cifra del Mesías (vgr. Nuni 23,17; Apoc 22,16). A
su Voz, la docilidad de los Magos se realiza buscando a Cristo.
Ascética de una Fe que ha de ser al mismo tiempo regalo y
conquista, gracia y riesgo, humildad de consulta y alegría de
descubrimiento (10).
d) «Lo adoraron». Protagonista de toda la narración es el Niño.
La «estrella» fue sintonía de su Palabra silenciosa, la que llama
por dentro a quienes tienen corazón de Fe. Los Magos realizan
la definitiva actitud cristiana en su gesto litúrgico de adorar.
Actitud de reconocer y darse a Dios en Cristo. Actitud hecha
sacrificio, poesía y sinceridad en la entrega de nuestro «oro,
incienso y mirra». Teólogo y pedagogo de la Fe, San Mateo no
deja de advertir que los Magos, buscando a Jesús, lo
encontraron con María.
El vocablo griego Epifanía quiere decir «espléndida
manifestación» de lo que estaba oculto. Sugiere el amanecer
de una luz intensa. La gran Epifanía de Cristo será su
Glorificación universal al fin de los tiempos. Pero ya durante la
vida terrena de Jesús hubo algunas epifanías preludiales.
Nuestra liturgia contempla hoy y reproduce en espíritu la que
describe San Mateo en el Evangelio de la Infancia.
Al poner por escrito la gesta de los Magos, San Mateo reflejó la
situación de su Iglesia. En contraste con cierta hostilidad de los
ambientes judíos, cada día eran más los que, procedentes del
paganismo, abrazaban el Evangelio. Pensando en ellos, Mateo
elevó el gesto de aquellos orientales adoradores del Niño
(gesto que debió realizarse en divina sencillez) a arquetipo de
la Fe de todos los pueblos. Fe Generosa y tenaz que, siglo tras
siglo y en tal diversidad de Naciones, ha constituido y sigue
constituyendo la mejor Epifania de Jesucristo en la Historia.
1. — Los Magos y la estrella. Para el que tiene corazón de Fe,
todo es signo de Dios. Los Pastores de Belén escucharon a un
ángel. A los Magos les fue toque de atención un fenómeno
singular del firmamento. La Gracia habla al oído interior de
cada hombre en su propio lenguaje. Cuando el espíritu no es
rebelde, infinidad de caminos llevan a Belén.
2. —Jerusalén. Llamada a ser luz de Dios y capital del mundo
[ lectura]. Su vocación no dejará de cumplirse. Aunque, en
perspectiva inmediata, Mateo tiene que constatar con pena la
mala voluntad de Herodes el Grande, prototipo de todos los
«Herodes», y la servil cooperación de sus sometidos. Pero es
exactamente en la línea torcida de su maldad que Dios lleva a
los Magos hasta Belén.
EPIFANÍA DEL SEÑOR 77
3. — El Niño. Estrella y término de todos los caminos del
Hombre, simbolizados en el de los Magos. Plenitud de aquella
«inmensa alegría», que es la Felicidad en acto. Rey de la Paz
en la Justicia [ responsorial]. Estábamos allí, porque el
evangelista ha querido plasmar la Vocación de todos en la Fe
inteligente de aquellos sabios o «magos». Adoran a Cristo.
Generosos, en signo de entrega personal le ofrecen su oro, su
incienso, su mirra. Hoy reproducimos este signo en los niños
que son imagen viva del Señor. Testigo de la religiosidad
apostólica, San Mateo observa que los Peregrinos de la Fe
encontraron a Jesús «con María su Madre».
BAUTISMO DEL SEÑOR
PRIMERA LECTURA
Lectura del libro del profeta Isaías 42,1-4. 6-7.
Esto dice el Señor:
Mirad a mi siervo, a quien sostengo;
mi elegido, a quien prefiero.
Sobre él he puesto mi espíritu,
para que traiga el derecho a las naciones.
No gritará, no clamará,
no voceará por las calles.
La caña cascada no la quebrará,
el pábilo vacilante no lo apagará.
Promoverá fielmente el derecho,
no vacilará ni se quebrará
hasta implantar el derecho en la tierra
y sus leyes, que esperan las islas. -
Yo, el Señor, te he llamado con justicia, te he tomado de la
mano, te he formado y te he hecho alianza de un pueblo, luz
de las naciones.
Para que abras los ojos de los ciegos,
saques a los cautivos de la prisión,
y de la mazmorra a los que habitan en las tinieblas.
Salmo responsorial Sal 28,la y 2. 3ac-4. 3b y 9b-1O
R. El Señor bendice a su pueblo con la paz.
Hijos de Dios, aclamad al Señor, aclamad la gloria del nombre
del Señor, postraos ante el Señor en el atrio sagrado.
BAUTISMO DEL SEÑOR 79
La voz del Señor sobre las aguas, el Señor sobre las aguas
torrenciales. La voz del Señor es potente, la voz del Señor es
magnífica.
El Dios de la gloria ha tronado.
En su templo, un grito unánime: ¡Gloria!
El Señor se sienta por encima del aguacero.
El Señor se sienta como rey eterno.
SEGUNDA LECTURA
Lectura de los Hechos de los Apóstoles 10,34-38.
En aquellos días, Pedro tomó la palabra y dijo:
—Está claro que Dios no hace distinciones; acepta al que lo
teme y practica la justicia, sea de la nación que sea. Envió su
palabra a los israelitas anunciando la paz que traería
Jesucristo, el Señor de todos.
Conocéis lo que sucedió en el país de los judíos, cuando Juan
predicaba el bautismo, aunque la cosa empezó en Galilea. Me
refiero a Jesús de Nazaret, ungido por Dios con la fuerza del
Espíritu Santo, que pasó haciendo el bien y curando a los
oprimidos por el diablo; porque Dios estaba con él.
ANTÍFONA Aleluya, aleluya. -
Mc 9,6 Los cielos se abrieron y se oyó la voz del Padre: Este es
mi Hijo, el amado; escuchadio. Aleluya.
EVANGELIO
Lectura del santo evangelio según san Mateo 3,13-17 -
En aquel tiempo, fue Jesús desde Galilea al Jordán y se
presentó aJuan para que lo bautizara. Pero Juan intentaba
disuadirlo diciéndole:
—Soy yo el que necesita que tú me bautices, ¿y tú acudes a
mí?
Jesús le contestó:
—Déjalo ahora. Está bien que cumplamos así todo lo que Dios
quiere.
Entonces Juan se lo permitió. Apenas se bautizó Jesús, salió del
agua; se abrió el cielo y vio que el Espíritu de Dios bajaba
como una paloma y se posaba sobre él. Y vino una voz del
cielo, que decía:
—Este es mi Hijo, el amado, mi predilecto.
A raíz de su BAUTISMO en el Jordán, Jesús dio por terminada la
vida oculta de Nazaret e inauguró la Misión evangelizadora. «
Ungido por Dios con la fuerza del Espíritu Santo, pasó por el
mundo haciendo el bien» [ lectura].
80 CICLO A
1. — «Jesús, viniendo de Galilea al Jordán, se presenta a Juan
para que lo bautice». Hijo del pueblo, peregrina tres o cuatro
jornadas con ios que de su pueblo bajan al río sagrado con el
fin de ser «bautizados» en él. El Jordán marca la frontera de la
Tierra Prometida. Por él entró Israel en la patria. Cruzándose
pasó Elías de este mundo a Dios. Practicar una inmersión o
baño ritual en sus aguas (etimología de «bautismo») expresaba
la decisión de trascender o pasar de un mundo de pecado a la
sincera Patria de los hombres, que es la de Dios. San Mateo
dice que Juan se maravilló frente a tan humilde gesto. San
Lucas (1,43) anticipa esta admiración en la de Isabel, hiadre
del profeta, cuando vio que se había dignado venir a ella María
de Nazaret, la Madre del Señor. El cuarto evangelio pone en
labios del mismo Juan la razón teológica de este misterio que
hoy contemplamos: Jesús es «el Cordero de Dios que ha
tomado sobre sí (para redimirlo con su sacrificio) el Pecado del
mundo» Un 1,29). Aquel «Bautismo» ya era signo y preludio
del «bautismo» (Mc 10,38 y Lc 12,50) de la Cruz.
2. — «Se le abrieron los Cielos, y vio que el Espíritu de Dios
bajaba y venía sobre él». Jesús entra con los pecadores en el
Jordán sabiendo que así lo quiere el Padre. En el fondo de la
humillación siente la clara experiencia de su Ser divino. El
Evangelio la describe a manera de una «teofanía». Ver que el
Cielo se abre es signo de intercomunicación familiar con Dios.
En Cristo Jesús se abrazan lo divino y lo humano. Desciende el
Espíritu Santo y habita en la Humildad.
3. — «Y una Voz dijo desde el Cielo: Este es mi Hijo amado, en
quien me he complacido». «Voz del Cielo» que significa
Revelación. Sólo Dios Padre podía «revelar» o manifestarnos a
su propio Hijo (Mt 11,27 y 16,17). Antes, el Señor hablaba de
su «Siervo» [ lectura]. Unidos por el Espíritu Santo a Cristo, el
Hijo único, podemos experimentar desde su corazón el Amor
del Padre —sabiendo que también somos sus hijos en El y con
El. Fue la Gracia infinita que recibimos cuando nos bautizaron
en el Nombre de la divina Trinidad. No hay mayor felicidad que
la de saber, pensar y vivir que Dios también nos llama «hijos»,
gracias a Jesús.
Los textos de la misa, en esta festividad del Bautismo del
Señor, empiezan con el primero de aquellos cuatro «Cánticos
del Siervo de Yahvé» incluidos en la segunda parte del libro de
Isaías. Jesús leía en estos cánticos su destino trazado por el
amor del Padre: su vocación de iluminar y redimir el mundo.
En este primer cántico, Dios presenta a su Servidor. El
concepto bíblico de servicio supone trabajar
desinteresadamente, siempre y sólo obra del Mesías-Servidor
consistirá, según esta profecía, en proclamar, promover e
instituir en todo el mundo el «Derecho» (entiéndase: la
Voluntad, Justicia o definitiva Ley de Dios); será, por tanto, «luz
de los pueblos» y misionero de su libertad. Su fisonomía
psicológica, suavidad y mansedumbre; su táctica, una
inagotable comprensión paciente con los débiles. Invencible,
porque es el mismo Yahvé quien lo eligió, lo ama y lo protege:
él lo ha consagrado con su Espíritu, que es la fuerza de Dios.
Cuando los primeros cristianos repasaban este cántico,
contemplaban en él, por transparencia, el rostro de Jesús
(véase Mt 12, 15-21).
El Evangelio relata el bautismo de Jesús en el Jordán, junto con
la teofanía (o «manifestació de Dios») que le siguió.
BAUTISMO DEL SEÑOR 81
Las teofanías bíblicas suelen tener dos fases: una visión, por la
que la presencia del Dios invisible se manifiesta a los ojos
mediante un signo, y una voz, que traduce con palabras al oído
el sentido de la visión. La teofanía del Jordán representa a los
ojos del descenso del Espíritu Santo desde los cielos abiertos.
Al mismo tiempo, la voz de Dios proclama Hijo suyo a Jesús,
sobre quien reposa el Espíritu.
Estas palabras del Padre reflejan intencionadamente el
comienzo de los Cánticos del Siervo. Quiere decir que se van a
realizar aquellas profecías en Jesús de Nazaret. El Espíritu de
Dios, que le ungió Mesías-Servidor, le indica la hora de iniciar
su misión al mundo (como hará con la Iglesia en Pentecostés).
En la conciencia humana de Jesús, la teofanía del Jordán
confirma, actualiza y eleva a tensión mística su vocación.
En vez de «mi Siervo», el Padre lo llama «mi Hijo, el Amado>.
(«El Amado» corresponde a una expresión semítica equivalente
a Unico). Novedad infinita del Evangelio: la revelación de un
Dios que es Padre, Hijo y Espíritu. La ascética del servido, en la
psicología de Jesús, sin perder un átomo de su autenticidad se
transfigura en espíritu filial.
La excelsa teofanía del Jordán, preludio del Tabor, tiene por
marco la mayor humillación: Jesús ha querido ser bautizado
entre los pecadores, asumiendo en sí todo el peso del pecado
humano para transformarlo en Justicia (véase el Evangelio del
domingo próximo). Según Lucas, la teofanía se realizó mientras
estaba en oración al salir del agua; de pie, con los brazos
abiertos, trazaba ya en el aire el signo de la Redención.
Al narrar como catequistas la actividad de Jesús, sus testigos
empezaban por el bautismo en el Jordán. Así lo hizo Pedro en
casa del centurión Cornelio, en la extensa alocución de la que
leemos sólo un breve fragmento. Los cristianos vemos en este
misterio un arquetipo de nuestra regeneración como hijos de
Dios en el agua bautismal por el Espíritu.
La Iglesia apostólica entendió el Bautismo del Señor como una
fiesta inaugural. Señaló la hora de la acción, madurada en el
silencio de Nazaret. La hora de proclamar y realizar el
Evangelio. Con su Bautismo en el Jordán empezó la Vida
Pública de Cristo.
El relato de San Mateo se desarrolla en dos fases: la primera
evoca el Bautismo; la segunda describe la inmediata
Revelación divina o «teofanía».
A. — Al evocar el Bautismo (vers. 13-15), destaca la iniciativa
de Jesús. Juan intenta oponerse, pero el Señor da su razón y
decide.
Jesús, en efecto, tomó la iniciativa de peregrinar desde Galilea
—tres o cuatro jornadas— para entrar religiosamente en el
agua del Jordán bajo la dirección del Bautista. Lo mismo que
hacían tantos otros. Sintonía con el alma del pueblo. Sencillez
de aceptar normas y ri,tos. Juan quiere atajarlo: ¿cómo puede
el Señor, el que viene a bautizar en Espíritu Santo, someterse a
aquel signo de previa conversión que administra su siervo?
(3,11).
La respuesta de Cristo resume todo su programa. Traduciendo
a la letra, diría:
«Nos corresponde cumplir así toda justicia» (vers. 15). La
palabra «Justicia», en el
82 CICLO A
Evangelio según San Mateo, abarca todo el plan salvífico de
Dios en cuanto es norma de vida para el hombre. Más sencillo:
«Justicia» es la Voluntad del Padre conocida, amada y hecha
propia. Jesús viene a «cumplirla>. No sóio en el sentido de
«practicarla», -sino en el de llevarla a su definitiva perfección.
Juan tuvo la misión de promover la «Justicia» con su bautismo
de agua, que era un signo de conversión y de preparación al
Evangelio. Jesús asume este bautismo, y le da plenitud de
sentido transfigurándolo en arquetipo del Bautismo cristiano.
Fue estilo de Jesús asumir los valores humanos para elevarlos a
nivel divino. De esta manera «cumplía»; es decir, daba plenitud
a la voluntad del Padre.
B. — La Revelación que sigue al Bautismo (vers. 16-17) se
describe con el estilo bíblico de las teofanías: Dios habla a los
ojos por medio de «signos» y a los oídos por una «voz celeste».
1. — El signo de los «cielos abiertos» (16a) anuncia la
intercomunicación y -la entrañable intimidad entre el orden
divino y el humano.
2. — El signo del Espíritu que desciende en forma visible afirma
la realización de la profecía que escuchamos en la primera
lectura (Is 42,1; véase también la 1,2). Jesús es aquel «Siervo
de Yahvé» elegido para iluminar con la verdad y el derecho de
Dios a todos los pueblos de la tierra. Según la teología bíblica,
cuando Dios escoge a un hombre para encomendarle una
Misión, le da su Espíritu. Es decir, se le da él mismo para
hacerlo instrumento de su Acción. La presencia activa del
Espíritu suscita en cada concreta situación humana el
«carisma» oportuno. El de la palabra profética, de la sabiduría,
de la fuerza, de la prudencia, del buen gobierno (Is 11,1-5)...
Los dones concretos del Espíritu en cada elegido determinan su
Vocación y marcan el programa de su Misión.
3. — La « Voz del Cielo» (17) es palabra de Dios Padre que
define la Personalidad Vocación de Jesús. Cita el comienzo de la
mencionada profecía del Siervo de Jahvé. Quiere decir que la
va a realizar: será el Profeta firme y humilde que describió el
Libro de Isaías, el Mártir por los pecados del pueblo. Pero la
«Voz del Cielo» eleva el presentimiento de Isaías a un nivel de
infinita plenitud: Jesús llevará a término la obra del «Siervo»,
pero es EL HIJO.
La Revelación de JESÚS HIJO DE DIOS es tema central del
Evangelio de hoy. Al mirar al cielo con sus ojos se ilumina la
infinita alegría de saber y sentir que Dios es PADRE. Y que el
ESPIRITU SANTO que los une es infinita realidad personal. La
teofanía del Bautismo proclama la Vocación de Jesús.
Manifestarse Hijo de Dios en su humanidad. Enseñar a los
hombres el auténtico sentido de la vida: el de llegar a ser y
sentirse con él hijo de Dios, en un mismo Espíritu (Gal 4,4-7).
Las antiguas liturgias orientales celebran con exultante alegría
el Bautismo de Jesús en el Jordán. Y los peregrinos de Tierra
Santa miran y tocan el agua del río con devoción evocadora.
Nuestro Jordán fue el bautismo sacramental. Nos unió con
Cristo, el único Amado y Predilecto del Padre. Tenemos su
vocación y carisma existencial: El de ser ante el mundo
transparencia de Filiación divina. Y, por tanto, hermanos
sinceros.
Con el «Bautismo» en el Jordán se inauguró la misión
evangelizadora de Jesús, se afirma su personalidad de Hijo de
Dios y Mesías Siervo de Yahvé, se prefigura su Pasión y Gloria.
La Iglesia celebró desde muy antiguo este Misterio como una
de las grandes «epifanías» del Señor.
BAUTISMO DEL SEÑOR 83
Del Libro de Isaías escuchamos el primer «Cántico del Siervo
de Yahvé». La voz del Padre en el Jordán refleja sus primeras
palabras, dando a entender que es Jesús quien va a realizar el
ideal de este poema. Invencible en su mansedumbre activa, el
Siervo llevará la Verdad, Derecho y Libertad de Dios a todos los
pueblos de la tierra.
El Libro de los Hechos cuenta en el capítulo 10 la
evangelización de la familia de
Cornelio, la primera no israelita que se incorporó a la Iglesia. El
sermón de San Pedro
(y. 34-43), del que leemos las primeras líneas, es un esquema
de la «Catequesis
apostólica», que consistía en una reflexión doctrinal sobre la
Vida de Jesús a partir del
Bautismo de Juan.
El Evangelio describe una manifestación de la divinidad
(teofanía) en el marco de un rito penitencial («bautismo»).
• A. — El «bautismo’> o baño religioso a que invitaba Juan era
un signo de conversión. Expresaba, de por sí, sentimiento del
pecado. Cuando los apóstoles explicaban a los catecúmenos
esta humillación de Cristo en el Jordán tenían que prevenir dos
dificultades: a) ¿acaso Jesús se había reconocido inferior a Juan
[ pretendía algún discípulo de éste]?; b) si en el Hijo de Dios es
inconcebible el pecado
¿qué sentido pudo tener para él un «bautismo» de penitencia?
San Mateo responde a estos interrogantes en los vers. 14 y 15:
a) Juan intuye en Jesús al Mesías (cf. 3,11) y Jesús,
implícitamente, lo acepta [ ahora...>]: ambos dan ejemplo de
hun en la verdad; b) la razón profunda que mueve a Jesús es
«cumplir toda Justicia» [ dice el texto original].
Son éstas las primeras palabras de Jesús en el Evangelio según
Mateo. El evangelista las pone en sus labios no como
explicación de un solo acto sino como síntesis- programática
de toda su Misión. En San Mateo, la palabra «Justicia» (que
fascinaba entonces al pueblo judío) equivale a realización de la
Voluntad del Padre. Entiende siempre por «Voluntad del Padre»
la Salvación mesiánico-escatológica de los hombres. «Cumplir»
no es simplemente «hacer», sino llevar-a-plenitud o toda
perfección. Estas primeras palabras de Jesús quieren decir,
según Mateo, que su «bautismo» ya es un acto salvífico, en
relación de continuidad con todos los demás que culminarán
en el Sacrificio redentor. Como en la Cruz, Cristo en el Jordán
lleva en sí «el pecado del mundo» Qn 1,29). Su gesto prefigura
el de los discípulos de todo el mundo (Mt 28,19) que entrarán,
por el Bautismo-sacramento, en comunión con la Santidad de
Dios Padre, Hijo y Espíritu Santo.
B. — La teofanía (y. 16-17) muestra el Espíritu bajando sobre
Jesús y al Padre declarándolo Hijo suyo unigénito, centro de
todo su Amor. Al- contemplar este Misterio, los lectores de San
Mateo (y él mismo) pensaban en el Bautismo cristiano, por el
que somos constituidos hijos de Dios en Cristo al recibir el
Espíritu Santo. La Ley del bautizado es, como Jesús, cumplir
toda justicia (= realizar en amor la Voluntad del Padre). —
Desde el punto de vista cristológico, la teofanía declara la
Filiación divina de Jesús, su plenitud de Espíritu según las
Escrituras (Is 11,lss; 61,lss, etc.); su misión de Mesías al estilo
del «Siervo de Yahvé» (Is 42,1). La unión entre el «bautismo»
(humillación redentora) y la teofanía (glorificación) presignifica
el Misterio pascual.
PRIMER DOMINGO DE CUARESMA
PRIMERA LECTURA
Lectura del libro del Génesis 2,7-9; 3,1-7
El Señor Dios modeló al hombre de arcilla del suelo, sopló en
su nariz un aliento de vida y el hombre se convirtió en ser vivo.
El Señor Dios plantó un jardín en Edén, hacia Oriente, y colocó
en él al hombre que había modelado.
El Señor Dios hizo brotar del suelo toda clase de árboles
hermosos de ver y buenos de comer; además el árbol de la
vida, en mitad del jardín, y el árbol del conocimiento del bien y
el mai.
La serpiente era el más astuto de los animales del campo que
el Señor Dios había hecho. Y dijo a la mujer:
— es que os ha dicho Dios que no comáis de ningún árbol del
jardín? La mujer respondió a la serpiente:
—Podemos comer los frutos de los árboles del jardín;
solamente del fruto del árbol que está a mitad del jardín nos ha
dicho Dios: No comáis de él ni lo toquéis, bajo pena de
muerte.»
La serpiente replicó a la mujer:
—No moriréis. Bien sabe Dios que cuando comáis de él se os
abrirán los ojos y seréis como Dios en el conocimiento del bien
y el mal.
La mujer vio que el árbol era apetitoso, atrayente y deseable
porque daba inteligencia; tomó del fruto, comió y ofreció a su
marido, el cual comió.
Entonces se les abrieron los ojos a los dos y se dieron cuenta
de que estaban desnudos; entrelazaron hojas de higuera y se
las ciñeron.
Salmo responsori4 Sal 50,3-4. 5-6a. 12-13. 14 y 17
R. Misericordia, Señor, hemos pecado.
Misericordia, Dios mío, por tu bondad; por tu inmensa
compasión borra mi culpa. Lava del todo mi delito, limpia mi
pecado.
1 DOMINGO CUARESMA 85
Pues yo reconozco mi culpa, tengo siempre presente mi
pecado. Contra ti, contra ti solo pequé, cometí la maldad que
aborreces.
Oh Dios, crea en mí un corazón puro, renuévame por dentro
con espíritu firme; no me arrojes lejos de tu rostro, no me
quites tu santo espíritu. Devuélveme la alegría de tu salvación,
afiánzame con espíritu generoso. Señor, me abrirás los labios,
y mi boca proclamará tu alabanza.
SEGUNDA LECTURA
Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los Romanos 5,12-
19.
Hermanos: Lo mismo que por un solo hombre entró el pecado
en el mundo, y por el pecado la muerte, y la muerte se
propagó a todos los hombres, porque todos pecaron...
[ aunque antes de la ley había pecado en el mundo, el pecado
no se imputaba porque no había ley.
Pues a pesar de eso, la muerte reinó desde Adán hasta Moisés,
incluso sobre los que no habían pecado con un delito como el
de Adán, que era figura del que había de venir.
Sin embargo, no hay proporción entre la culpa y el don: si por
la culpa de uno murieron todos, mucho más, gracias a un solo
hombre, Jesucristo, la benevolencia y el don de Dios
desbordaron sobre todos.
Y tampoco hay proporción entre la gracia que Dios concede y
las consecuencias del pecado de uno: la sentenc4a contra uno
acabó en condena total; la gracia, ante una multitud de
pecados, en indulto.]
Si por la culpa de aquél, que era uno solo, la muerte inauguró
su reino, mucho más los que reciben a raudales el don gratuito
de la amnistía vivirán y reinarán gracias a uno solo, Jesucristo.
En resumen, una sola culpa resultó condena de todos, y un
acto de justicia resu indulto y vida para todos.
En efecto, así como por la desobediencia de un solo hombre,
todos fueron constituidos pecadores, así también por la
obediencia de uno solo, todos serán constituidos justos.
VERSÍCULO No sólo de pan vive el hombre, sino de toda
palabra que sale de la boca de Dios. Mt 4,4b
EVANGELIO
Lectura del santo evangelio según san Mateo 4,1-11
En aquel tiempo, Jesús fue llevado al desierto por el Espíritu
para ser tentado por el diablo. Y después de ayunar cuarenta
días con sus cuarenta noches, al final sintió hambre.
86 CICLO A
Y el tentador se le acercó y le dijo:
—Si eres Hijo de Dios, di que estas piedras se conviertan en
panes.
Pero él le contestó diciendo:
—Está escrito: ((No sólo de pan vive el hombre, sino de toda
palabra que sale de la boca de Dios.»
Entonces el diablo lo lleva a la Ciudad Santa, lo pone en el
alero del templo y le dice:
—Si eres Hijo de Dios, tírate abajo, porque está escrito:
«Encargará a los ángeles que cuiden de ti y te sostendrán en
sus manos para que tu pie no tropiece con las piedras.»
Jesús le dijo: -
—También está escrito: «No tentarás al Señor, tu Dios.»
Después el diablo lo lleva a una montaña sltísima y
mostrándole todos los reinos del mundo y su esplendor le dijo:
—Todo esto te dará si te postras y me adoras.
Entonces le dijo Jesús:
—Vete, Satanás, porque está escrito: «Al Señor, tu Dios,
adorarás y a él solo darás culto.»
Entonces lo dejó el diablo, y se acercaron los ángeles y lo
servían.
Fue el Espíritu Santo quien guió los pasos de Jesús hacia el
Desierto. Allí, con aquel ejercicio ascético de «cuarenta Días y
cuarenta noches» (al estilo de Moisés: Ex 34,28), nos dejó el
arquetipo de la Çuaresma cristiana. Nuestra Cuaresma ha de
ser ejercicio práctico de Espiritualidad.
Cristo venía del Bautismo en el Jordán, donde se manifestó
sobre él el Espíritu al tiempo que la voz del Padre decía: «Tú
eres mi Hijo, el Amado». Jesús vivió el silencio de aquellos días
en la ardiente conciencia de sentirse HIJO DE DIOS. Con la
misión de comunicar esta gloria a sus hermanos los hombres.
Gracias a él, en nuestro bautismo recibimos también el Espíritu
Santo, que nos constituyó hijos de Dios. Que la Cuaresma haga
reflorecer en nosotros, como una primavera del alma, la feliz
responsabilidad de vivir como tales.
El Espíritu quiso que Jesús fuese tentado. Es decir, que
venciese la TENTA ClON. Adán sucumbió (primera lectura), y
con él todos (segunda lectMra). Confesémoslo (salmo
responsorial). La Cuaresma es tiempo de purificación. En el
último inciso del Padrenuestro llamamos «liberación» a la
victoria contra el Mal que nos tienta. Cuando no se antepone
esta victoria personal contra el Pecado, se frustra todo
proyecto humano de liberación.
En el relato evangélico de las tres tentaciones tenemos una
«escenificación catequética» (que el mismo Señor sugeriría a
sus discípulos) de la victoria de Cristo contra Satanás. El
Tentador quería desviar su misión de HIJO DE DIOS. La lección
espiritual, en cada una de las tres escenas, se centra en el
texto bíblico que cita Jesús. Los tres textos son del
Deuteronomio. El Deuteronomio es una «meditación» sobre la
historia del Exodo. Cada una de las tres escenas alude a
situaciones de la peregrinación de Israel por el Desierto, en las
que el Pueblo se rebeló contra Dios. Jesús inculca una plena
docilidad.
1. — El hombre vive, no sólo de pan, sino también «de toda
Palabra que sale de la boca de Dios». Alusión a la historia del
maná (Ex 16). Lección ciertamente difícil, de la heroica
confianza que el Hijo de Dios tiene siempre en su Padre. Jesús
la explanó en el Sermón de la Montaña (Mt 6, 25-33).
2. — «No tentarás al Señor, tu Dios» El diablo sugiere a Jesús
una exhibición
1 DOMINGO CUARESMA 87
espectacular, fantástica. Así aceptarían todos sus divinas
credenciales... Pero la Fe no quiere razones mágicas. En el
estilo de la Encarnación lo divino fluye por cauces humanos,
sencillos, normales. -
3. — «Al Señor, tu Dios, adorarás». Sólo a El, único Señor y
centro de la vida. «Adorar a Satanás» es transparente alegoría
de vender alma y conciencia a otros «dioses» por ventajas
temporales. A partir del Calvario, servir al único Dios se suele
pagar con el martirio.
A partir de este primer domingo de Cuaresma la selección de
teztos bíblicos en la misa obedece a un plan temático. Después
del tiempo pascual reanudaremos. la lectura semicontinua de
San Mateo.
El Génesis nos recuerda la figura de Adán, rendido al pecado
por la tentación. En el Evangelio contemplamos la figura de
Cristo venciendo al tentador. Como puente
entre ambas lecturas, la Carta a los Romanos compara las dos
respectivas situaciones del hombre: bajo el dominio del pecado
y la muerte por su solidaridad con Adán; en el reino de la
gracia por su incorporación a Cristo.
El relato de las TENTACIONES sigue, en el Evangelio, al del
Bautismo y la teofanía en el Jordán. Allí la voz del cielo declara
a Jesús Hijo de Dios. El Espíritu que descendió sobre él le
impulsa hacia el DESIERTO. Eran muchos por aquel tiempo los
israelitas que buscaban el encuentro con Dios en el desierto
mediante una ascética de austeridad, oración y reflezión sobre
las Sagradas Escrituras. Su ambiente preferido estaba en la
vertiente oriental de los montes de Judá. Jesús quiso practicar
también una temporada, a nivel heroico, la espiritualidad del
desierto. Su ejemplo es invitación al cristiano moderno, que la
necesite como el pan.
El Maestro hablaría a veces con los discípulos, en la intimidad,
de su combate íntimo contra el Espíritu del Mal. Algn así como
una meditación de las «dos banderas». Ellos hicieron de sus
confidencias, en estilo convencional, lección para la Iglesia. Las
respuestas a las tres «tentaciones» evocan, por alusión, la
indocilidad del antiguo pueblo de Dios cuando peregrinaba a
través del desierto. Y destacan, sobre todo, la pura docilidad de
Cristo al camino señalado por el Padre. Camino de dólor,
sencillez y pobreza. El evangelista resumirá en una sola, en el
Calvario, la multiforme tentación satánica: «Si eres Hijo de
Dios, baja de la cruz» (27,40). Cuando él subió a la cruz
precisamente por ser Hijo de Dios. A la cruz que anuló aquellas
falsas ilusiones mesiánicas de su pueblo, puestas por el
Evangelio de hoy en boca del diablo:
taumaturgia egoísta, ézitos apocalípticos, poderío temporal y
riqueza. La firme docilidad de Jesús al camino trazado por el
Padre es norma y criterio para que en la Iglesia de los hijos de
Dios nunca se doble la rodilla ante Santanás.
Cristo vencedor. Adán vencido. El proceso de la tentación y del
pecadó está descrito en el Génesis de mano maestra. Ser
como Dios, árbitro autónomo del bien y del mal... Ilusión
sacrílega del primer Adán, y de nuestro Adán de cada día. Por
respuesta, la desnudez; manera bíblica de expresar la
absoluta, miserable, ridícula indigencia de la nada que ha
rechazado su apoyo en el Todo. Esta primera lectura es uná
llamada a todo hombre sincero a que sepa reconocer en su
íntima fisonomía al pate+ttçsco> qile -le une cQn Adán.
(Recordar que «Adam» -significa «hombre»).
El SalMo la respiX dél hombre sincero.
88 CICLO A
San Pablo proclama (en el clásico y difícil texto sobre el pecado
original) el gozoso mensaje de que, sólo por Cristo y en Cristo,
el hombre es elevado de su condición de pecador en Adán a la
participación de la Justicia o Santidad de Dios.
Cuaresma: primavera del espíritu. La Liturgia de la Palabra en
este primer domingo repasa los jalones fundamentales de la
Historia de la Salvación. El Hombre creado por Dios. Vencido
por el Mal en Adán. Vencedor del Mal en Cristo.
La primera lectura invita a recordar en su totalidad los tres
primeros capítulos del Génesis. Son teología en lenguaje del
pueblo. Lección de fe en torno a la pregunta:
« es el Hombre?». Dos vertientes en la respuesta. Primera: el
Hombre es artesanía de Dios. Obra máxima de su Creación.
Materia ennoblecida por su aliento, que es la Vida. Vida a nivel
de espíritu, inteligencia y amor. Vida que necesita desarrollarse
en familiaridad de comunicación con Dios y con sus
semejantes. Vida que, para serlo, pide Felicidad sin término —
por encima y más allá de la muerte. En su segundo aspecto, la
respuesta del Génesis define a la Persona humana libre y
responsable. «Tentada» por Alguien, inteligente y exterior a él,
que le enciende en orgullo de ser igual a Dios: ilimitada, fuente
del Bien y del Mal. Hacer propio este Orgullo (que, en el obrar
concreto, asumirá mil rostros distintos) se llama Pecado.
En la segunda lectura, San Pablo afirma el misterio de nuestra
solidaridad con el Hombre-Salvador, comparándolo y
sobreponiéndolo al misterio de nuestra previa solidaridad con
el Hombre-Pecador, Adán. Página difícil. Antes de explicarla,
conviene leer por entero los ocho primeros capítulos de la
Carta a los Romanos. Sin Cristo, todos y cada uno de los
hombres están en situación de Pecado. Enfermos en su
libertad. Incapaces de Salvación y de Justicia. Fruto y signo de
esa Esclavitud, la Muerte. Pero la Salvación de Cristo es victoria
infinita sobre el Mal (Rom 8). Perdón. Justicia. Vida. Espíritu.
Libertad. Filiación divina. Con una palabra —la más hermosa en
labios cristianos— GRACIA.
El Evangelio resume la Victoria del HIJO DE DIOS, en forma de
una lección viva, inspirada en el Deuteronomio, que el Señor
comunicará a sus discípulos. A partir del Bautismo (contexto
precedente: 3, 13-17), el Hijo de Dios busca la atmósfera de la
Gracia en el «desierto» (intensa comunicación con el Padre, en
actitud de peregrinación, Exodo). También en el «ayuno»
(austeridad con elevación religiosa, sin ostentación). La
Tentación es segura. Actualiza en cada uno la de Eva y Adán.
Su táctica podrá ser desconcertante. Hasta ingenua. Pero
converge y culmina en la Tentación suprema: Gloria y Poder a
cambio de negar a Dios. Postrarse en adoración ante el «ídolo»
de turno. Jesús vence y enseña a vencer con la Palabra de Dios
asimilada. Su última respuesta (vers. 1Db) es la Profesión de
Fe, hecha oración personal, que reza cada israelita todas las
mañanas y todas las noches.
SEGUNDO DOMINGO DE CUARESMA PRIMERA LECTURA
Lectura del libro del Génesis 12,1-4a
En aquellos días, el Señor dijo a Abrahán:
—Sal de tu tierra
y de la casa de tu padre
hacia la tierra que te mostraré.
Haré de ti un gran pueblo,
te bendeciré, haré famoso tu nombre
y será una bendición.
Bendeciré a los que te bendigan,
maldeciré a los que te maldigan.
Con tu nombre se bendecirán
todas las familias del mundo.
Abrahán marchó, como le había dicho el Señor.
Salmo responsorial Sal 32,4-5. ¡8-19. 20 y 22
R. Que tu misericordia, Señor, venga sobre nosotros, como lo
esperamos de ti.
La palabra del Señor es sincera
y todas sus acciones son leales;
él ama la justicia y el derecho,
y su misericordia llena la tierra.
Los ojos del Señor están puestos en sus fieles, en los que
esperan en su misericordia, para librar sus vidas de la muerte
y reanimarlos en tiempo de hambre.
90 CICLO A
Nosotros aguardamos al Señor:
él es nuestro auxilio y escudo;
que tu misericordia, Señor, venga sobre nosotros, como lo
esperamos de ti.
SEGUNDA LECTURA
Lectura de la segunda carta del apóstol san Pablo a Timoteo i,
Querido hermano: -
Toma parte en los duros trabajos del Evangelio, según las
fuerzas que Dios te dé. El nos salvó y nos llamó a una vida
santa no por nuestros méritos, sino porque antes de la
creación, desde el tiempo inmemorial, Dios dispuso darnos su
gracia, por medio de Jesucristo; y ahora, esa gracia se ha
manifestado por medio del Evangelio, al aparecer nuestro
Salvador Jesucristo, que destruyó la muerte y sacó a la luz la
vida inmortal.
VERSÍCULO En el esplendor de la nube se oyó la voz del Padre:
Éste es mi Hijo, el amado; escuchad
EVANGELIO
Lectura del santo evangelio según san Mateo 17,1-9
En aquel tiempo, Jesús tomó consigo a Pedro, a Santiago y a su
hermano Juan y se los llevó aparte a una montaña alta.
Se tranfiguró delante de ellos y su rostro resplandecía como el
sol y sus vestidos se volvieron blancos como la luz.
Y se les aparecieron Moisés y Elías conversando con él.
Pedro, entonces, tomó la palabra y dijo a Jesús:
—Señor, ¡qué hermoso es estar aquí! Si quieres, haré tres
chozas: una para ti, otra para Moisés y otra para Elías.
Todavía estaba hablando cuando una nube luminosa los cubrió
con su sombra, y una voz desde la nube decía:
—Este es mi Hijo, el amado, mi predilecto. Escuchad
Al oírlo, los discípulos cayeron de bruces, llenos de espanto.
Jesús se acercó y tocándolos les dijo:
—Levantaos, no temáis.
Al alzar los ojos no vieron a nadie más que a Jesús solo.
Cuando bajaban de la montaña, Jesús les mandó:
—No contéis a nadie la visión hasta que el Hijo del hombre
resucite de entre los muertos.
La Cuaresma nos prepara a la Pascua. El Éxodo fue camino a la
Patria. La vida mortal de los que son hijos de Dios tiene por
destino la Gloria. El domingo pasado vimos al Hijo de Dios
pasando su «cuaresma)> de sacrificio y tentación. Hoy lo
contemplamos transfigurado.
II DOMINGO CUARESMA 91
Jesús era buen pedagogo. Hablaba a los ojos más que a los
oídos. «Transfigurar- se» ante los discípulos fue lección de
teología. Ocho días antes les había dicho por primera vez que
es necesario pasar por la Cruz (Mt 10, 21-24). Les pareció
absurdo. Por eso, en el Tabor les deja entrever —como anticipo
de la Resurrección— la otra cara del Sacrificio. Sacrificio es la
puerta de acceso a Dios. Tenebrosa cuando se mira desde aquí.
Puro resplandor si se contempla desde donde la ilumina la
Verdad.
Los evangelistas condensaron en breves líneas el recuerdo de
aquella hora. En conformidad con su estilo didáctico, en la
redacción todo es «signo». Cifra de un pensamiento teológico.
Debe interpretarse bajo la luz de la historia bíblica. Por
exigencia de brevedad, nos limitaremos a insinuar la
traducción de dichos signos.
1. — TRANSFIGURACION. La «alta montaña» evoca el Sinaí. O
sea, el Lugar sacral del encuentro con Dios, donde El
manifiesta su Gloria, su Ley y su Alianza.
—«Moisés y Elías» fueron los dos grandes profetas, que, en la
Historia Antigua, subieron al Sinaí para conversar con Dios en
la cumbre y ser confirmados en su carisma de conductores del
Pueblo. —Una Luz intensa, no-natural, aviva la Presencia de
Dios. Significa, en el Tabor, que Jesús es Plenitud,
Transparencia y Comunicación de la divinidad. Luz ardiente en
Amor, Amor hecho Bondad, Bondad que infunde
Bienaventuranza. —De ahí la reacción de Pedro, quien, por
estar ante Jesús- manifestado, se siente del todo feliz. -
2. — REVELACION. La «Nube luminosa fue en Israel, desde el
Exodo, el signo privilegiado de una especialísima presencia de
Dios que va a intervenir en un momento decisivo. —La «Nube»
envuelve también a los tres Discípulos, germen y arquetipo de
la Comunidad de la Nueva Alianza; es decir, de la Iglesia. —La
« Voz desde la nube» es divina Revelación. El que habla, al
decir: «mi hijo», se autodefine PADRE. Su doctrina se centra en
una afirmación: Jesús, auténtico Hombre, es EL HIJO DE DIOS.
En El está todo su Amor. En obedecerle se resume toda ley:
ESCUCHADLE.
3. — SILENCIO. Al término, «Jesús solo». Sin Resplandor ni
Nube. Sin profetas: quien ha escuchado al Padre ya no necesita
a «Moisés» ni a «Elías»... Pedro, Santiago y Juan tienen que
«bajar de la Montaña» y caminar con Cristo hacia la Cruz, en
silencio. La verdadera Gloria (que en las «horas de Tabor» sólo
se pregusta) está al otro lado del Sacrificio.
Las lecturas de este segundo domingo de Cuaresma invitan a
reflexionar sobre algunas etapas fundamentales de la Historia
de la Salvación: siendo el género humano pecador (tema del
domingo pasado), Dios misericordioso (Salmo) le da a conocer
su vocación a constituir un inmenso pueblo o familia (primera
lectura), en la que la existencia del hombre tiene por ideal y
término la gloria que se manifiesta en Jesús transfigurado
(Evangelio).
El Apóstol resume toda esta Historia salvífica en un breve
inciso de la CARTA A TIMOTEO. Dios nos salvó de pura gracia;
nosotros no lo podíamos merecer. Esta gracia, decidida desde
la eternidad, se ha manifestado y realizado en Cristo Salvador.
Por él, en el Evangelio, se nos da la vocación a la santidad.
Porque Cristo venció a la muerte y (dice en significativa
expresión el texto original) «ha iluminado la vida». [ que el
bautismo se llamó antiguamente «Iluminación», y que los
cristianos se sentían «Luz en el Señor» (Efes 5,8).]
92 CICLO A
La vocación de Abrarn marca una hora decisiva en la Teología
de la historia. En los once primeros capítulos, el GENESIS
describe el rostro pecador del mundo en las figuras de Adán y
de Caín, en la generación del diluvio y en los constructores de
Babel. Sobre este mundo pecador alborea desde el principio,
en el horizonte de futuro, una promesa de Salvación. Con
Abram, casi veinte siglos antes de Cristo, esta promesa divina
se enraíza en un pueblo y en una tierra concreta. El Patriarca
de todos los redimidos se presenta como arquetipo de fidelidad
a la vocación: dócil a la Palabra, heroico en la renuncia,
peregrino sin condiciones, «amigo de Dios».
En el EVANGELIO, la imagen de Jesús transfigurado se presenta
como ideal y término a los peregrinos de la Salvación. Hacía
poco que había anunciado su próximo camino a Jerusalén para
sufrir allí Pasión y muerte. Añadió luego que cada uno debía
caminar, con su propia cruz a cuestas, en pos del Mesías. Esta
perspectiva abrumó a los discípulos. El Maestro dio a gustar a
los más íntimos una anticipación de la plena experiencia
pascual: por la Cruz a la Gloria.
La liturgia de la Palabra nos actualiza esta lección. El Hijo del
Hombre se manifiesta en la alta montaña hecho un ascua de
luz. La luz era signo de la presencia divina. La alta montaña
evoca el Sinaí, donde Moisés y Elías alcanzaron antaño el
privilegio de hablar con Yahvé. Ahora conversan con Jesús. La
proximidad de lo divino contagia felicidad; Pedro la quisiera
hacer permanente con una celebración escatológica de la
fiesta de los tabernáculos. Se repite, más explícita, la teofanía
del Jordán. Dios Padre dice a los hombres su única palabra del
Nuevo Testamento: «Es mi Hijo —escuchadle». Cuando los
discípulos en adoración volverán a abrir los ojos ya no verán
más (nota significativamente el evangelista) que «a Jesús
solo». Ni Moisés ni Elías: Jesús basta. El Padre ya no tiene más
que decir, porque en él ha revelado todo su pensamiento, todo
su corazón.
También hoy sigue resonando desde la nube luminosa del
Tabor la respuesta divina a todos los interrogantes del mundo:
«Escuchad a Cristo».
Cuaresma, camino de Pascua. Peregrinamos hacia la Gloria de
Cristo.
La primera lectura, del Génesis, nos presenta a Abrahán como
patriarca y arquetipo de todos los creyentes. Deja la
comodidad de sus limitaciones —tierra y casa— para
constituirse peregrino de Dios. Por su obediencia germina la
Bendición, que se extenderá a todo el mundo. El Nuevo
Testamento vio cumplirse la Bendición universal de Abrahán en
la Gracia de Cristo. Abrahán muestra a la humanidad el Camino
de la Fe. Fe es aceptar en activo la Palabra de lo alto que llama
al Hombre y lo conduce a un destino infinitamente superior a sí
mismo.
La segunda lectura es parte del «testamento pastoral» de San
Pablo. Lo envía desde la cárcel a Timoteo, su discípulo
predilecto, tentado de timidez. Le da aliento para trabajar y
también sufrir por el Evangelio. Porque Dios, desde la
eternidad, nos llama a una vida santa. Es decir, a un nivel de
pensamiento, amor y acción, que sea transparencia de la
hermosura divina. Jesucristo vino a hacer realidad este ideal
eterno de Dios sobre el Hombre. Y el Evangelio irradia la
vivencia de Cristo a todos los pueblos y a toda la historia.
Código de la Perfección, divina y humana a un tiempo. No hay
servicio más útil a la Humanidad que trabajar para que
conozca y viva el Evangelio.
II DOMINGO CUARESMA 93
En la lectura principal contemplamos la TRANSFIGURACIÓN.
Pocos días antes, Jesús había manifestado por primera vez a
los discípulos el programa de su Pasión y Muerte. Está a punto
de dejar Galilea, y va a emprender el Camino de la Cruz. Con
un gesto de pedagogía, hace ver y preguntar a sus íntimos la
última razón de la Cruz, que es la Gloria. La Liturgia imita esta
pedagogía, haciéndonos contemplar, ya en este segundo
domingo de Cuaresma, la figura de Cristo Glorificado. En la
pedagogía de la Biblia, se dan a conocer las realidades divinas
por medio de signos. La luz es signo de la gloriosa Presencia de
Dios. La carne transfigurada de Jesús irradia a los ojos el
misterio de su Divinidad. La «alta montaña» evoca el Sinaí,
donde Moisés y Elías conversaron con Dios —y ahora siguen
conversando con Jesús. El Sinaí fue cátedra de la Palabra de
Dios, y ahora Dios dice al mundo que escuche a su Hijo,
Palabra sustancial. Vuelve la «Nube» del Exodo. Era signo de la
Presencia activa de Dios en el corazón de su Pueblo. Ahora la
Nube recubre también a los tres discípulos, germen y arquetipo
de la Iglesia. Cuando se levantan de su gesto de adoración, no
ven más que a Jesús, solo. Unico Señor. Unica verdad. Como
ellos, peregrinaremos durante la Cuaresma de la vida con los
ojos ya iluminados por el reflejo de la Gloria de Cristo, que
también es nuestra.
TERCER DOMINGO DE CUARESMA
PRIMERA LECTURA
Lectura del libro del Éxodo 17,3-7
En aquellos días, el pueblo, torturado por la sed, murmuró
contra Moisés:
— ha hecho salir de Egipto para hacernos morir de sed a
nosotros, a nuestros hijos y a nuestros ganados?
Clamó Moisés al Señor y dijo:
—iQué puedo hacer con este pueblo? Poco falta para que me
apedreen.
Respondió el Señor a Moisés:
—Preséntate al pueblo llevando contigo algunos de los
ancianos de Israel; lleva también en tu mano el cayado con
que golpeaste el río y vete, que allí estaré yo ante ti, sobre la
peña, en Horeb; golpearás la peña y saldrá de ella agua para
que beba el pueblo.
Moisés lo hizo así a la vista de los ancianos de Israel.
Y puso por nombre a aquel lugar Massá y Meribá, por la reyerta
de los hijos de Israel y porque habían tentado al Señor
diciendo: ¿Está o no está el Señor en medio de nosotros?
Salmo responsorial Sal 94,1-2. 6-7. 8-9
R. Escucharemos tu voz, Señor.
Venid, aclamemos al Señor, demos vítores a la Roca que nos
salva; entremos a su presencia dándole gracias, vitoreándolo al
son de instrumentos.
Entrad, postrémonos por tierra, bendiciendo al Señor, creador
nuestro. Porque él es nuestro Dios
y nosotros su pueblo, el rebaño que él guía.
III DOMINGO CUARESMA 95
Ojalá escuchéis hoy su voz:
«No endurezcáis el corazón como en Meribá, como el día de
Massá en el desierto, cuando vuestros padres me pusieron a
prueba y me tentaron, aunque habían visto mis obras.
SEGUNDA LECTURA
Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los Romanos 5,1-2.
5-8
Hermanos: Ya que hemos recibido la justificación por la fe,
estamos en paz con Dios, por medio de nuestro Señor
Jesucristo. Por él hemos obtenido con la fe el acceso a esta
gracia en que estamos; y nos gloriamos apoyados en la
esperanza de la gloria de ios hijos de Dios. La esperanza no
defrauda, porque el amor de Dios ha sido derramado en
nuestros corazones con el Espíritu Santo que se nos ha dado.
En efecto, cuando todavía estábamos sin fuerzas, en el tiempo
señalado, Cristo murió por los impíos; —en verdad, apenas
habrá quien muera por un justo; por un hombre de bien tal vez
se atrevería uno a morir—; mas la prueba de que Dios nos ama
es que Cristo, siendo nosotros todavía pecadores, murió por
nosotros.
VERSÍCULO Señor, tú eres de verdad el Salvador del mundo;
dame agua viva; así no tendré Jn 4,42 y 15 más sed.
EVANGELIO
Lectura del santo evangelio según san Juan 4,5-42
En aquel tiempo, llegó Jesús a un pueblo de Samaría llamado
Sicar, cerca del campo que dio Jacob a su hijo José: allí estaba
el manantial de Jacob.
Jesús, cansado del camino, estaba allí sentado junto al
manantial. Era alrededor del mediodía.
Llega una mujer de Samaría a sacar agua, y Jesús le dice:
—Dame de beber.
(Sus discípulos se habían ido al pueblo a comprar comida.) La
Samaritana le dice:
— tú, siendo judío, me pides de beber a mí, que soy
samaritana?
(Porque los judíos no se tratan con los samaritanos.)
Jesús le contestó:
—Si conocieras el don de Dios y quién es el que te pide de
beber, le pedirías tú, y él te daría agua viva.
La mujer le dice:
—Señor, si no tienes cubo y el pozo es hondo, ¿de dónde sacas
el agua viva?; ¿eres tú más que nuestro padre Jacob, que nos
dio este pozo y de él bebieron él y sus hijos y sus ganados?
Jesús le contesta:
—El que bebe de esta agua vuelve a tener sed; pero el que
beba del agua que yo le daré nunca más tendrá sed; el agua
que yo le daré se convertirá dentro de él en un surtidor de
agua que salta hasta la vida eterna.
96 CICLO A
La mujer le dice:
—Señor, dame esa agua: así no tendré más sed, ni tendré que
venir aquí a sacarla. [ le dice:
—Anda, llama a tu marido y vuelve. La mujer le contesta:
—No tengo marido. Jesús le dice:
—Tienes razón, que no tienes marido: has tenido ya cinco y el
de ahora no es tu marido. En eso has dicho la verdad.
La mujer le dice:]
—Señor, veo que tú eres un profeta. Nuestros padres dieron
culto en este monte, y vosotros decís que el sitio donde se
debe dar culto está en Jerusalén.
Jesús le dice:
—Créeme, mujer: se acerca la hora en que ni en este monte ni
en Jerusalén daréis culto al Padre. Vosotros dais culto a uno
que no conocéis; nosotros adoramos a uno que conocemos,
porque la salvación viene de los judíos.
Pero se acerca la hora, ya está aquí, en que los que quieran dar
culto verdadero adorarán al Padre en espíritu y verdad, porque
el Padre desea que le den culto así. Dios es espíritu, y los que
le dan culto deben hacerlo en espíritu y verdad.
La mujer le dice:
—Sé que va a venir el Mesías, el Cristo; cuando venga él nos lo
dirá todo. Jesús le dice:
—Soy yo, el que habla contigo.
[ esto llegaron sus discípulos y se extrañaban de que estuviera
hablando con una mujer, aunque ninguno le dijo: «iQué le
preguntas o de qué le hablas?»
La mujer, entonces, dejó su cántaro, se fue al pueblo y dijo a la
gente:
—Venid a ver un hombre que me ha dicho todo ‘o que he
hecho: ¿será éste el Mesías? Salieron del pueblo y se pusieron
en camino adonde estaba él.
Mientras tanto sus discípulos le insistían:
—Maestro, come.
El les dijo:
—Yo tengo por comida un alimento que vosotros no conocéis.
Los discípulos comentaban entre ellos:
—ELe habrá traído alguien de comer? Jesús les dijo:
—Mi alimento es hacer la voluntad del que me envió y llevar a
término su obra. ¿No decís vosotros que faltan todavía cuatro
meses para la cosecha? Yo os digo esto: Levantad los ojos y
contemplad los campos, que están ya dorados para la siega; el
segador ya está recibiendo salario y almacenando fruto para la
vida eterna: y así se alegran lo mismo sembrador y segador.
Como todo, tiene razón el proverbio: «Uno siembra y otro
siega». Yo os envié a segar lo que no habéis sudado. Otros
sudaron y vosotros recogéis el fruto de sus sudores.]
En aquel pueblo muchos samaritanos creyeron en él [ el
testimonio que había dado la mujer: «Me ha dicho todo lo que
he hecho.”]
Así, cuando llegaron a verlo los samaritanos, le rogaban que se
quedara con ellos. Y se quedó dos días. Todavía creyeron
muchos más por su predicación, y decían a la mujer:
—Ya no creemos por lo que tú dices, nosotros mismos lo hemos
oído y sabemos que él es de verdad el Salvador del mundo.
Hoy y los próximos dos domingos vamos a leer tres páginas
sublimes del Evangelio de San Juan. Tres pasos de una
Catequesis bautismal: la meditación del Agua, de la Luz, de la
vida. La Cuaresma ha de ser «primavera» del espíritu.
III DOMINGO CUARESMA 97
Reflorezca en nuestra conciencia la alegría de haber sido
bautizados, de ser hijos de Dios.
El primer domingo de Cuaresma vimos al hijo de Dios luchando
contra el Mal en el Desierto. El segundo, lo contemplamos
gozando de la Gloria del Padre en la Transfiguración. Hoy,
tercer domingo, reflexionamos sobre su tesoro que es el
Espíritu Santo (bajo la alegoría del «Agua viva»).
La primera lectura recuerda la peregrinación de Israel por el
Desierto. Imagen de la vida humana. Sin el agua de aquella
Roca, que era símbolo de Dios, hubieran muerto de sed. El
Evangelio de la Samaritana es una meditación sobre el Agua
de Dios, que da la Vida. En la lectura intermedia, San Pablo
habla sin alegorías: el «agua» es el Espíritu Santo, que ha
impregnado nuestro corazón; es decir, lo más profundo de
nuestra existencia.
1. — «Si conocieras el don de Dios...» El «don» o regalo de Dios
es la presencia eficaz de Cristo entre nosotros. En la gran
familia humana. En la vida de cada uno. La «samaritana» lo
está viendo, y lo ignora. Cristo, tan presente y tan ausente en
nuestro corazón, en nuestra cultura, en nuestro pueblo...
2. — «... tú le pedirías de beber, y él te daría Agua viva». En
este diálogo entre el Maestro y la mujer de Samaría, San Juan
resume todo el Mensaje cristiano. A ella, pecadora y sin
horizonte, Jesús le ofrece un Manantial interior de felicidad. Si
se lo acepta, nunca más tendrá sed. Es decir, esa angustiosa
insatisfacción que está en la raíz de todos los vicios. Un
Manantial de Agua viva, que no se agotará en toda la
eternidad. —A través de esta página de San Juan, Cristo nos
está diciendo a todos los humanos sedientos (sin más
horizonte que el del pozo) que le pidamos el Espíritu Santo. El
Espíritu que nos enseñe a adorar a Dios tal como Dios quiere
ser adorado. Que nos eleve por encima de miserias que
dividen, como dividían a judíos y samaritanos. Que nos libre de
la esclavitud de creer que no somos más que materia y nos
ilumine en la verdad de pensar y sentir como hijos de Dios.
3. — «Contemplad los campos, que ya están dorados para la
siega». El Evangelio de la «samaritana» es una optimista
invitación misional a «los discípulos», a la Iglesia. La mayor
parte creían entonces que Samaría estaba muy lejos del
Evangelio (que faltaban meses para la siega...). Jesús, junto al
pozo de Jacob, se despreocupa hasta de la comida por su
apasionante misión de evangelizar. Son muchos, tal vez, los
«campos» de nuestro mundo que están esperando que se les
hable del Espíritu, de la Verdad, de Dios...
La lectura del ÉXODO recuerda cómo el pueblo no murió de sed
gracias al agua que salió de la roca. (Cuando se camina por el
desierto, el agua es condición y signo espontáneo de la vida).
En el EVANGELIO escuchamos una instrucción dialogada de
Jesús a partir de este simbolismo: agua-vida-Espíritu. Un inciso
de la CARTA A LOS ROMANOS invita a reflexionar, sin alegorías,
sobre el don del Espíritu Santo que nos comunica la Vida y el
Amor de Dios.
La protesta de los hijos de Israel que nos refiere el ÉXODO era
humanamente comprensible. Carecer de agua en el desierto es
un caso límite. Pero Dios espera de su pueblo una confianza sin
límite (la que, por contraste, manifestó Jesús en la primera
98 CICLO A
tentación de su desierto). Entre el pueblo indócil y Yahvé surge
la figura del mediador, Moisés. Mediador de la angustia del
pueblo ante Dios y de la gracia de Dios en favor del pueblo.
Bendita misión la del mediador. Dios estaba sobre la roca:
manera bíblica de sugerir que era él la fuente de agua viva.
En muchos textos poéticos de la Biblia se llama «Roca» al
mismo Dios. Así, por ejemplo, en el Salmo responsorial, que
invita a escuchar su palabra con religiosa dócilidad, ajena a los
nombres fatídicos de «Meribá» (= protesta) y «Masá» (=
tentación).
La escena junto al pozo de Jacob, en el EVANGELIO DE SAN
JUAN, es obra maestra de espiritualidad y estilo pastoral. Con
delicadeza amable, Jesús eleva el pensamiento de la extranjera
samaritana de la materia al espíritu, y en ella ofrece al mundo
el regalo divino de su «agua». Manantial generoso de la vena
de Dios, que mana y corre desde el corazón de cada hombre, si
lo acepta. San Juan suele repetir y explicitar los temas
fundamentales en sucesivas páginas de su Evangelio. Durante
la fiesta de los Tabernáculos (7,37-39) el Mesías invita a los
sedientos a beber de su «agua»: acercarse a la Fuente es
creer; el agua es el Espíritu Santo que brota de su entraña. En
la redacción de Juan es clara la alusión a la roca del Horeb.
(También San Pablo vio en ella la imagen simbólica de Cristo-
fuente de la Vida: 1 Cor 10,4). Por fin, en la hora suprema del
Calvario, el evangelista contempló en el costado herido del
Redentor esta Fuente de agua (19,33), signo de la Vida divina
que reciben los creyentes. En la última visión del Apocalipsis,
toda la Iglesia (la nueva Jerusalén) es un milagro de fecundidad
salvadora gracias al «río de agua viva» (el Espíritu Santo) que
procede del Padre y de Cristo (Apoc 22, 1-2).
El largo Evangelio de hoy contiene otras profundas lecciones,
que no hay tiempo de repasar. A los antiguos catecúmenos
(testigo el arte paleocristiano), la roca del Horeb y el pozo de
Jacob les hablaban del agua bautismal. Al infinito sediento y
fatigado que es el hombre, la Palabra de Dios le señala hoy su
oasis, donde beber de gracia, al pie de la Roca, Vida, gozo,
libertad.
La CARTA A LOS ROMANOS, con la habitual densidad del
lenguaje de Pablo, nos recuerda también que los creyentes han
recibido, por Cristo, el Espíritu Santo. Con él, la paz, la justicia,
la puerta abierta hacia Dios, la esperanza firme de la gloria. En
una palabra que lo resume todo: la comunión personal en
aquel Amor, que es vida eterna de Dios.
Cuaresma, tiempo de prepatarse al Bautismo. O de revivirlo en
sinceridad.
La primera lectura presenta al pueblo del Exodo en actitud de
protesta, porque temen morir de sed. Se les hace insoportable
la libertad. Preferirían la pretérita servidumbre. Olvidan que
Dios está en su camino. Signo de tantos pesimismos en la
historia. Los defiende la Fe y Oración de Moisés. Y la presencia
salvadora de Dios se les hace presente en la Roca del Sinaí. El
agua que mana de la «Roca» —de Dios— es símbolo de la Vida.
De la Gracia. En el arte paleocristiano, la imagen del pueblo
que recibe el agua de la roca golpeada por Moisés (o por
Pedro) evoca el Bautismo.
En la Carta a los Romanos, San Pablo nos habla de nuestro
paso a la Gracia de
III DOMINGO CUARESMA 99
Dios por la Fe, en virtud del Sacrificio de Jesús. Estábamos «sin
fuerzas». Enfermos en la libertad. Incapaces de Paz, de Vida,
de Esperanza, de Amor. Si ahora podemos «gloriamos», es
todo y sólo por Cristo.
La lectura de San Juan es una elevación teológica en dos
tiempos: el diálogo con la Samaritana y el diálogo con los
discípulos. El primero se eleva de la sed de agua a la sed de
Espíritu y Verdad. El segundo, del hambre de pan al hambre de
Apostolado para transformar el mundo en mies abundante para
Dios. —La Samaritana es pecadora y hostil. Pedagogo experto,
Jesús entra en diálogo pidiendo un favor. Luego instruye y
corrige. Levanta desde la vulgaridad al deseo de la Salvación.
El «don de Dios» es encontrarse con Cristo (vers. 10). «El agua
viva» significa su Verdad, Amor y Gracia, que el Espíritu Santo
hará real y viva dentro de cada uno que lo acepte por la plena
Fe Un 7,37-39). En consecuencia, la Adoración al Padre (la
liturgia, la oración) se hará «en Espíritu y Verdad» (vers. 23).
Quiere decir, bajo la acción del Espíritu Santo y en unión con el
Hijo de Dios, Jesucristo, que es la Verdad (Rom 8,10-30). La
Samaritana reconoce al Salvador, olvida su sed material y se
transforma en apóstol (y. 25-30). A continuación, el Maestro
exhorta también a los discípulos a elevarse y centrar más y
mejor la vida en trabajar por la Cuaresma (y los que
recordamos el Bautismo con infinita gratitud) entienden en
este Evangelio que la más auténtica felicidad humana es tener
sed de Dios. Sed de «agua viva».
CUARTO DOMINGO DE CUARESMA
PRIMERA LECTURA
Lectura del primer libro de Samuel 16,lb. 6-7. 1O-13a
En aquellos días, dijo el Señor a Samuel:
—Llena tu cuerno de aceite y vete. Voy a enviarte ajesé, de
Belén, porque he visto entre sus hijos un rey para mí.
Cuando se presentó vio a Eliab y se dijo: «Sin duda está ante el
Señor su ungido.» Pero el Señor dijo a Samuel:
—No mires su apariencia ni su gran estatura, pues yo lo he
descartado. La mirada de Dios no es como la mirada del
hombre, pues el hombre mira las apariencias, pero el Señor
mira el corazón.
Hizo pasar Jesé a sus siete hijos ante Samuel, pero Samuel dijo:
—A ninguno de éstos ha elegido el Señor. Preguntó, pues,
Samuel a Jesé:
-—eNo quedan ya más muchachos? El respondió:
—Todavía falta el más pequeño, que está guardando el rebaño.
Dijo entonces Samuel a Jesé:
—Manda que lo traigan, porque no comeremos hasta que haya
venido. Mandó, pues, que lo trajeran; era rubio, de bellos ojos y
hermosa presencia. Dijo el Señor:
—Levántate y úngelo, porque éste es.
Tomó Samuel el cuerno de aceite y lo ungió en medio de sus
hermanos.
Salmo responsorial Sal 22,1-3a. 3b-4. 5. 6
R. El Señor es mi pastor, nada me falta.
El Señor es mi pastor, nada me falta:
en verdes praderas me hace recostar; me conduce hacia
fuentes tranquilas y repara mis fuerzas.
IV DOMINGO CUARESMA 101
Me guía por el sendero justo, por el honor de su nombre.
Aunque camine por cañadas oscuras, nada temo, porque tú
vas conmigo:
tu vara y tu cayado me sosiegan.
Preparas una mesa ante mí, enfrente de mis enemigos; me
unges la cabeza con perfume, y mi copa rebosa.
Tu bondad y tu misericordia me acompañan todos los días de
mi vida, y habitaré en la casa del Señor por años sin término.
SEGUNDA LECTURA
Lectura de la carta del apóstol San Pablo a los Efesios 5,8-14
Hermanos: En otro tiempo erais tinieblas, ahora sois luz en el
Señor. Caminad como hijos de la luz (toda bondad, justicia y
verdad son fruto de la luz) buscando lo que agrada al Señor,
sin tomar parte en las obras estériles de las tinieblas, sino más
bien poniéndolas en evidencia. Pues hasta ahora da vergüenza
mencionar las cosas que ellos hacen a escondidas. Pero la luz,
denunciándolas, las pone al descubierto, y todo lo descubierto
es luz. Por eso dice: <Despierta tú que duermes, levántate de
entre los muertos y Cristo será tu luz.
VERSÍCULO Yo soy la luz del mundo, dice el Señor; quien me
sigue tendrá la luz de la vida. Jn 8,12b
EVANGELIO
Lectura del santo evangelio según san Juan 9,1-41
En aquel tiempo, el pasar Jesús vio a un hombre ciego de
nacimiento.
[ sus discípulos le preguntaron:
—Maestro, ¿quién pecó: éste o sus padres, para que naciera
ciego?
Jesús Contestó:
—Ni éste pecó ni sus padres, sino para que se manifiesten en
él las obras de Dios. Mientras es de día tengo que hacer las
obras del que me ha enviado: viene la noche y nadie podrá
hacerlas. Mientras estoy en el mundo, soy la luz del mundo.
Dicho esto,] escupió en la tierra, hizo barro con la saliva, se lo
untó en los ojos al ciego, y le dijo:
—Ve a lavarte a la piscina de Siloé (que significa Enviado).
El fue, se lavó, y volvió con vista. Y los vecinos y los que antes
solían verlo pedir limosna preguntaban:
—ENo es ése el que se sentaba a pedir? -
Unos decían:
102 CICLO A
—El mismo.
Otros decían:
—No es él, pero se le parece. El respondía:
—Soy yo.
[ le preguntaban:
— cómo se te han abierto los ojos? El contestó:
—Ese hombre que se llama Jesús hizo barro, me lo untó en los
ojos y me dijo que fuese a Siloé y que me lavase. Entonces fui,
me lavé y empecé a ver.
Le preguntarón:
—€Dónde está él?
Contestó:
—No sé.]
Llevaron ante los fariseos al que había sido ciego. (Era sábado
el dia que Jesús hizo barro y le abrió los ojos). También los
fariseos le preguntaban cómo había adquirido la vista.
El les contestó:
—Me puso barro en los ojos, me lavé y veo. Algunos de los
fariseos comentaban:
—Este hombre no viene de Dios, porque no guarda el sábado.
Otros replicaban:
— puede un pecador hacer semejantes signos? Y estaban
divididos. Y volvieron a preguntarle al ciego:
—Y tú ¿qué dices del que te ha abierto los ojos? El contestó:
—Que es un profeta.
[ los judíos no se creyeron que aquél había sido ciego y había
recibido la vista, hasta que llamaron a sus padres y les
preguntaron:
—€Es éste vuestro hijo, de quien decís vosotros que nació
ciego? ¿Cómo es que ahora ve? Sus padres contestaron:
—Sabemos que éste es nuestro hijo y que nació ciego; pero
cómo ve ahora, no lo sabemos nosotros, y quién le ha abierto
los ojos, nosotros tampoco lo sabemos. Preguntádselo a él, que
es mayor y puede explicarse.
Sus padres respondieron así porque tenían miedo a los judíos:
porque los judíos ya habían acordado excluir de la sinagoga a
quien reconociera a Jesús por Mesías. Por eso sus padres
dijeron: <(Ya es mayor, preguntádselo a él.»
Llamaron por segunda vez al que había sido ciego y le dijeron:
—Confiésalo ante Dios: nosotros sabemos que ese hombre es
un pecador. Contestó él:
—Si es un pecador, no lo sé; sólo sé que yo era ciego y ahora
veo. Le preguntan de nuevo:
— te hizo, cómo te abrió los ojos? Les contestó:
—Os lo he dicho ya, y no me habéis hecho caso: ¿para qué
queréis oírlo otra vez?, ¿también vosotros queréis haceros
discípulos suyos?
Ellos lo llenaron de improperios y le dijeron:
—Discípulo de ése lo serás tu; nosotros somos discípulos de
Moisés. Nosotros sabemos que a Moisés le habló Dios, pero ése
no sabemos de dónde viene.
Replicó él:
—Pues eso es lo raro: que vosotros no sabéis de dónde viene,
y, sin embargo, me ha abierto los ojos. Sabemos que Dios no
escucha a los pecadores, sino al que es religioso y hace su
voluntad. Jamás se oyó decir que nadie le abriera los ojos a un
ciego de nacimiento: si éste no viniera de Dios, no tendría
ningún poder.]
IV DOMINGO CUARESMA 103
Le replicaron:
—Empecatado naciste tú de pies de cabeza, ¿y nos vas a dar
lecciones a nosotros? Y lo expulsaron. Oyó Jesús que lo habían
expulsado, lo encontró y le dijo:
— tú en el Hijo del hombre? El contestó:
— quién es, Señor, para que crea en él? Jesús le dijo:
—Lo estás viendo: el que te está hablando ése es. El dijo:
—Creo, Señor.
Y se postró ante él. [ Jesús:
—Para un juicio he venido yo a este mundo: para que los que
no ven vean, y los que ven se queden ciegos.
Los fariseos que estaban con él oyeron esto y le preguntaron:
— nosotros estamos ciegos? Jesús les contestó:
—Si estuvierais ciegos, no tendríais pecado; pero çomo decís
que veis, vuestro pecado persiste.]
Domingo central de Ja Cuaresma. Evangelio de aquel ciego a
quien Cristo regaló la Luz. Lo leían a los catecúmenos en esta
su inolvidable jornada del «gran escrutinio». Ya el arte
paleocristiano de las Catacumbas representaba la historia del
ciego de nacimiento como símbolo del Bautismo. En efecto, la
Iglesia antigua vio en esta página del Cuarto Evangelio una
meditación bautismal.
1. — «Mientras estoy en el mundo, soy la Luz del mundo». Al
pueblo de la Biblia le era connatural expresarse por medio de
símbolos. Uno de los más expresivos fue el de la «Luz». Sobre
todo, en contraste con las «Tinieblas». En cuanto símbolo
religioso, «Luz» nunca indicó una abstracción teórica. En el
lenguaje de la Biblia, «Luz» es Verdad, Pasión y Hermosura.
Vida palpitante en Amor. Sinceridad y Transparencia. Alma y
espíritu atraídos por la Altura. Pureza. «Tinieblas» significa lo
contrario. Y no hay otra «Luz» que la que viene de su fuente:
Dios. —El fragmento de la Carta a los Efesios que escuchamos
en la lectura intermedia, nos trae el eco de una homilía
bautismal apostólica. Erais «tinieblas» (dice a los que habían
compartido las inmoralidades del paganismo); pero ahora sois
Luz en el Señor. Para cuantos agradecemos el regalo de haber
sido bautizados, estas palabras suenan a felicitación:
aun sintiéndonos polvo, tenemos la misión de ser en el mundo
Luz de Cristo.
2. — «Creo, Señor. Y se postró ante él» Cuando se leían estas
palabras a los
catecúmenos, ellos las hacían suyas y las rubricaban recitando
el Credo. En el
Evangelio de San Juan, la antítesis entre Luz y Tinieblas
significa el contraste entre la
Fe y la Incredulidad. Aquel ciego personifica el pueblo de los
sencillos. Descubre a
Jesús paso a paso. Cumple sus indicaciones. Acepta su Palabra.
Lo confiesa y adora.
A su alrededor se mueven los indecisos, los que no se quieren
comprometer con la
Verdad por miedo a los «fariseos».
3. — «Para que los que no ven, vean, y los que ven, queden
ciegos». Expresión paradójica, al estilo oriental. «Los que ven»
quiere decir los que, en las cosas de Dios, están seguros de
saberlo ya todo con sus propios alcances. Autosuficientes. No
hay camino mejor para perder la Fe (o no tenerla nunca) que la
soberbia de mente y
104 CICLO A
corazón. Por el contrario, «los que no ven», los que tienen
conciencia de su limitación, saben ir con paso humilde, en
actitud bautismal, al agua de Siloé. Transparentes, se
identifican con la Luz que los iluminó un día y sigue
iluminándolos: Cristo.
Nota dominante de los textos bíblicos de este domingo central
de Cuaresma:
Jesucristo, Luz del mundo. Por la fe y el bautismo el hombre es
iluminado con su Luz (EVANGELIO). Sus buenas obras serán
irradiación de esta luz de Cristo (CARTA A LOS EFESIOS). La
lectura del ANTIGUO TESTAMENTO evoca el gesto significativo
con que Samuel ungió a David rey del pueblo de Dios. Cristo, el
Hijo de David, es «el Ungido» por excelencia; el bautizado
participa de su unción (reflejo poético en el SALMO).
Los que ordenaron esta liturgia de la Palabra pensaban en la
catequesis bautismal, propia de Cuaresma (recordar que el
bautismo se llamaba también «Iluminación»). En el antiguo
catecumenado (y donde se haya restablecido) corresponde a
estos días la impresionante ceremonia del «gran escrutinio».
En el EVANGELIO del domingo pasado contemplábamos a Jesús
fuente de VIDA. El de hoy lo manifiesta LUZ del mundo. Luz y
Vida son los dos grandes valores eternos que el hombre recibe
por Jesucristo según la teología de San Juan. Revelación y
Gracia. Verdad y divina Filiación. Ambos valores confluyen en el
encuentro con Dios por el Amor.
Cuando San Juan narra los milagros que obró el Señor los
presenta, además, como signos de una realidad sobrenatural.
En la curación del ciego de nacimiento describe el proceso del
hombre que pasa espiritualmente de las «tinieblas» a la «luz».
El marco ambiental de la escena fue la fiesta de los
Tabernáculos; espléndidas iluminaciones en el Templo
recordaban cómo Yahvé se hizo luz para Israel guiándolo en su
peregrinación por el desierto. Jesús se declara «Luz del
mundo» (8,12): el que le siga no caminará en tinieblas. El
milagro comenta esta declaración.
Nótense los personajes del drama en torno a Jesús: el ciego (le
es dócil, ve y se compromete); los fariseos (oposición
obcecada); la familia del ciego (el interés por encima de la
verdad). El papel que juegan los fariseos es el del pecado
contra el Espíritu; cerrar los ojos para no ver la luz. Ser árbitros
y no discípulos de la Verdad. Autosuficiencia intelectual
humana, ceguera incurable en la fe. El mendigo, en cambio,
sabía que era ciego: sin culpa. Dócil al camino de las cosas
sencillas: barro, agua ( qué anticuada sería para el hombre
religioso la demoníaca pretensión de querer ser tratado como
un espíritu puro! ¡y qué divina la pedagogía de los
sacramentos, de los ritos, del sentido misterioso de las cosas!).
El ciego iluminado da testimonio de Jesús con sus ojos abiertos
y su palabra; inflexible ante la presión social; agradece, cree,
adora. Al trasluz de la narración se lee en filigrana el itinerario
típico del llamado a la fe, catecúmeno, bautizado y testigo de
Cristo en clima de persecución.
El inciso de la CARTA A LOS EFESIOS tiene reflejos de homilía
bautismal. San Pablo proyecta la alegoría de la luz al campo de
la moral concreta (véase el contexto precedente: desórdenes
sexuales y codicia). La falta de limpieza se cubre con las
IV DOMINGO CUARESMA 105
«tinieblas» ( qué algunas «pérdidas de fe»?); la luz acusa,
exige, purifica.
La lectura del ANTIGUO TESTAMENTO prosigue en el método de
ir señalando, a lo largo de la Çuaresma, los grandes jalones de
la Historia bíblica de la Salvación (Adán-Abrahán-Exodo-
David...). La unción real preludia, a distancia, el misterio del
Ungido («Cristo») com el Espíritu de Yahvé. La Iglesia perpetúa,
en la liturgia del bautismo, esta unción sobre los miembros de
Cristo.
Cuaresma: alegría de vivir con plena conciencia de la LUZ DE
CRISTO.
En los primeros tiempos de la Iglesia, llamaban al Bautismo
«Iluminación». Por estas fechas (mitad de camino en los
ejercicios cuaresmales) se tenía el principal examen o
«escrutinio» de los catecúmenos, que se preparaban a recibirlo
en la noche de Pascua. Para ambientar este examen, se leía el
Evangelio del ciego de nacimiento. Transparencia de una
catequesis bautismal.
La primera lectura de los domingos de Cuaresma evoca los
grandes momentos de la Historia de la Salvación. Hoy presenta
una figura central: David, el ungido del Señor. «Ungido» es
connotación etimológica de Mesías o Cristo. Ungen al que es
bautizado para significar que su ser, vida y acción será reflejo
de Cristo. Cristiano.
En el fragmento de la Carta a los Efesios escuchamos el eco de
una homilía bautismal de la edad apostólica. Erais tinieblas, les
dice. Paganismo. Degradación a nivel de vergüenza en el
pensar y sentir, en el hablar y obrar. Despertad. Cristo es
vuestra Luz, y vosotros —cristianos— sois en el mundo Luz de
Cristo.
El Evangelio es una elevación teológica y pastoral en torno a la
declaración de Cristo: YO SOY LA LUZ DEL MUNDO Un 8,12). La
iluminación del ciego es a un mismo tiempo hecho histórico y
signo de transformación sóbrenatural. Imaginemos a San Juan
desarrollando de viva voz esta catequesis en su Comunidad
cristiana. Tres perspectivas: a) la luz (el ciego que cree); b) las
tinieblas (los «fariseos», que se niegan a creer); c) los
imprecisos... A.— El ciego no tenía la culpa de serlo. Pobre y
sincero, acepta la presencia y el misterioso contacto (o
«unción») de Jesús. Va con docilidad a lavarse en el agua
significativa de Siloé. Consciente de que su Luz es Gracia, lo
proclama frente a la ironía y las insidias, hasta ser testigo-
<cmártir» de la Verdad, y, en consecuencia, excluido de la
sociedad de los hipócritas. Reconoce a Cristo, cree en él y lo
adora. B.— Los que San Juan llama convencionalmente
«fariseos» representan el pecado contra el Espíritu: cerrar los
ojos pra negar la Luz. Actitud tan infeliz como inútil Un 1,5). C.
— Entre la luz y las tinieblas, los imprecisos (vecinos y familia
del mendigo). Han visto o presienten la Verdad. Pero no están
dispuestos a comprometer por ella su situación. —Cuando el
menosprecio ambiental hacía heroico el ser cristiano, los
catecúmenos se veían reflejados en esta historia. Agradecidos
a Cristo por el regalo de su Fe, se sentían serenamente ajenos
a la inquietud de los ciegos voluntarios.
QUINTO DOMINGO DE CUARESMA
PRIMERA LECTURA
Lectura del libro del profeta Ezequiel 37,12-14
Esto dice el Señor:
—Yo mismo abriré vuestros sepulcros,
y os haré salir de vuestros sepulcros, pueblo mío,
y os traeré a la tierra de Israel.
Y cuando abra vuestros sepulcros
y os saque de vuestros sepulcros, pueblo mío,
sabréis que soy el Señor:
os infundiré mi espíritu y viviréis;
os colocaré en vuestra tierra,
y sabréis que yo el Señor lo digo y lo hago.
Oráculo del Señor.
Salmo responsorial Sal 129, 1-2. 3-4ab. 4c-6. 7-8
R. Del Señor viene la misericordia, la redención copiosa.
Desde lo hondo a ti grito, Señor; Señor, escucha mi voz:
estén tus oídos atentos a la voz de mi súplica.
Si llevas cuenta de los delitos, Señor, ¿quién podrá resistir?
Pero de ti procede el perdón, y así infundes respeto.
Y DOMINGO CUARESMA 107
Mi alma espera en el Señor, espera en su palabra; mi alma
aguarda al Señor, más que el centinela la aurora. Aguarde
Israel al Señor, como el centinela la aurora.
Porque del Señor viene la misericordia, la redención copiosa;
y él redimirá a Israel de todos sus delitos.
SEGUNDA LECTURA
Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los Romanos 8,8-11.
Hermanos: Los que están en la carne no pueden agradar a
Dios.
Pero vosotros no estáis en la carne, sino en el espíritu, ya que
el Espíritu de Dios habita en vosotros.
El que no tiene el Espíritu de Cristo no es de Cristo.
Si Cristo está en vosotros, el cuerpo está muerto por el pecado,
pero el espíritu vive por la justicia.
Si el Espíritu del que resucitó a Jesús de entre los muertos
habita en vosotros, el que resucitó de entre los muertos a
Cristo Jesús vivificará también vuestros cuerpos mortales, por
el mismo Espíritu que habita en vosotros.
VERSICULO Yo soy la resurrección y la vida, dice el Señor; el
que cree en mí no morirá para Jn 11,25a. 26 siempre.
EVANGELIO
Lectura del santo evangelio según san Juan 11,1-45
En aquel tiempo, [ cierto Lázaro, de Betania, la aldea de María
y de Marta, su hermana, había caído enfermo. (María era la que
ungió al Señor con perfume y le enjugó los pies con su
cabellera: el enfermo era su hermano Lázaro).]
Las hermanas le mandaron recado a Jesús, diciendo:
—Señor, tu amigo está enfermo.
Jesús, al oírlo, dijo:
—Esta enfermedad no acabará en la muerte, sino que servirá
para la gloria de Dios, para que el Hijo de Dios sea glorificado
por ella.
Jesús amaba a Marta, a su hermana y a Lázaro. Cuando se
enteró de que estaba enfermo, se quedó todavía dos días en
donde estaba.
Sólo entonces dice a sus discípulos:
—Vamos otra vez a Judea.
[ discípulos le replican:
—Maestro, hace poco intentaban apedrearte los judíos, ¿y vas
a volver allí?
108 CICLO A
Jesús contestó:
—ENo tiene el día doce horas? Si uno camina de día, no
tropieza, porque ve la luz de este mundo; pero si camina de
noche, tropieza porque le falta luz.
Dicho esto añadió:
—Lázaro, nuestro amigo, está dormido: voy a despenarlo.
Entonces le dijeron sus discípulos:
—Señor, si duerme, se salvará.
(Jesús se refería a su muerte; en cambio, ellos creyeron que
hablaba del sueño natural.) Entonces Jesús les replicó
claramente.
—Lázaro ha muerto, y me alegro por vosotros de que no
hayamos estado allí, para que creáis. Y ahora vamos a su casa.
Entonces Tomás, apodado el Mellizo, dijo a los demás
discípulos:
—Vamos también nosotros, y muramos con él.]
Cuando Jesús llegó, Lázaro llevaba ya cuatro días enterrado.
[ distaba poco de Jerusalén: unos tres kilómetros; y muchos
judíos habían ido a ver a Mar y a María, para darles el pésame
por su hermano.] Cuando Mana se enteró de que llegaba Jesús,
salió a su encuentro, mientras María se quedaba en casa. Y dijo
Marta a Jesús:
—Señor, si hubieras estado aquí no habría muerto mi hermano.
Pero aún ahora sé que todo lo quepidas a Dios, Dios te lo
concederá.
Jesús le dijo:
—Tu hermano resucitará. Marta respondió:
—Sé que resucitará en la resurrección del último día. Jesús le
dice:
—Yo soy la resurrección y la vida: el que cree en mí, aunque
haya muerto vivirá; y el que está vivo y cree en mí, no morirá
para siempre. ¿Crees esto?
Ella le contestó:
—Sí, Señor: yo creo que tú eres el Mesías, el Hijo de Dios, el
que tenía que venir al mundo. [ dicho esto, fue a llamar a su
hermana María, diciéndole en voz baja:
—El Maestro está ahí, y te llama.
Apenas lo oyó, se levantó y salió a donde estaba él: porque
Jesús no había entrado todavía en la aldea, sino que estaba
aún donde Mana lo había encontrado. Los judíos que estaban
con ella en casa consolándola, al ver que María se levantaba y
salía deprisa, la siguieron, pensando que iba al sepulcro a llorar
allí. Cuando llegó María adonde estaba Jesús, al verlo se echó a
sus pies diciéndole:
—Señor, si hubieras estado aquí, no habría muerto mi
hermano.]
Jesús, [ llorar a ella y viendo llorar a los judíos que la
acompañaban, sollozó y] muy conmovido preguntó:
— lo habéis enterrado? Le contestaron:
—Señor, ven a verlo.
Jesús se echó a llorar. Los judíos comentaban:
— lo quería!
Pero algunos dijeron:
—Y uno que le ha abierto los ojos a un ciego, ¿no podía haber
impedido que muriera éste? Jesús, sollozando de nuevo, llegó a
la tumba. (Era una cavidad cubierta con una losa.) Dijo Jesús:
—Quitad la losa.
Marta, la hermana del muerto, le dijo:
—Señor, ya huele mal, porque lleva cuatro días. Jesús le dijo:
—ENo te he dicho que, si crees, verás la gloria de Dios?
Entonces quitaron la losa.
V DOMINGO CUARESMA 109
Jesús, levantando los ojos a lo alto, dijo:
—Padre, te doy gracias porque me has escuchado; yo sé que tú
me escuchas siempre; pero lo digo por la gente que me rodea
para que crean que tú me has enviado.
Y dicho esto, gritó con voz potente:
—Lázaro, ven afuera.
El muerto salió, los pies y las manos atados con vendas, y la
cara envuelta en un sudario. Jesús les dijo:
—Desatadio y dejadio andar.
Y muchos judíos que habían venido a casa de María, al ver lo
que había hecho Jesús, creyeron en él.
«YO SOY LA RESURRECCIÓN», dice el Señor. Pensamiento
dominante en las lecturas de este domingo. Ezequiel anuncia
de parte de Dios la Resurrección del Pueblo. Profeta de
Esperanza. La Esperanza es el sentimiento principal en la
Biblia. El Evangelio de la Resurrección de Lázaro es un poema
de Esperanza. Sería bueno meditarlo sin prisa, como si uno
estuviese presente aquellas horas en el hogar de Betania.
Recordemos, de paso, que la Cuaresma es tiempo oportuno
para decidirnos a meditar (no solamente a «leer») un tema del
Evangelio cada día.
1. — « Yo soy la Resurrección y la Vida». Vigorosa afirmación
cristológica, que recapitula el mensaje de la extensa lectura.
En esta página de San Juan todo es a un tiempo narración y
teología, realidad y signo. La real muerte y vuelta a la vida
temporal de Lázaro significa la futura Resurrección a la Gloria
eterna. Y asimismo la presente «Resurrección» espiritual del
pecador a la Gracia. —Fascinadora la personalidad de Jesús:
tan humano, que llora por el amigo; tan divino, que tiene poder
sobre la Muerte; tan filial, que actúa en la absoluta seguridad
de que el Padre lo escuchará.
2. — «El que cree en mí, aunque haya muerto vivirá». Estas
palabras glosan la primera parte de la afirmación precedente
(= «Yo soy la Resurrección»). Resucitar es recobrar plenamente
la propia vida después de haber muerto. Infinito regalo de
Cristo a los que creen en él. Cuando los catecúmenos
escuchaban este Evangelio como preparación a su próximo
Bautismo de la noche de Pascua, presentían el gozo de sentirse
moralmente liberados de una situación de «sepulcro» para
emprender su renovada vida de santidad, llenos del Espíritu de
Cristo. De este vida sinceramente «espiritual» nos habla San
Pablo en la segunda lectura.
3. — « Y todo el que está vivo y cree en mí, no morirá para
siempre». Glosa a la segunda parte de la afirmación principal
(= «Yo soy la vida»). La Resurrección de Lázaro es un ejercicio
práctico de Fe, protagonizado por Marta. Cuando San Juan
habla de la Fe, se refiere a la Fe total, que es adhesión a la
persona de Cristo en plenitud de pensamiento, corazón y
obras. Fe que el Bautismo consagra y la Eucaristía mantiene en
llama viva. Así entendida, la Fe es manantial de Vida eterna,
germen de Resurrección. Por encima del inevitable destino de
nuestra muerte corporal, que ningún progreso ha suprimido ni
suprimirá, el que cree —y sólo el que cree— tiene Esperanza.
110 CICLO A
«Yo soy la RESURRECCIÓN», dice Jesús: la VIDA para siempre, a
través y por encima de la muerte. Esta es la idea principal de
las lecturas de hoy. El EVANGELIO la ilumina con la historia de
la resurrección corporal de Lázaro. La visión de EZEQUIEL fue
un atisbo simbólico y profético de la «resurrección» del pueblo,
gracias al Espíritu de Dios. En la CARTA A LOS ROMANOS el
Apóstol exhorta a vivir en el Espíritu Santo, como corresponde
a quienes por el Bautismo han entrado en comunión personal
con la muerte y resurrección de Jesucristo.
Está cerca el fin de los ejercicios cuaresmales. Para los
catecúmenos, las enseñanzas de hoy son preludio a la
contemplación del Misterio pascual.
El EVANGELIO debería leerse como si uno se hallase presente
en Betania. En aquel hogar de Lázaro, Marta y María, Jesús era
de casa. Ideal de una comunidad cristiana, donde lo que de
veras cuenta es el amor recíproco de los hermanos con Jesús.
Teólogo de la Encarnación, Juan presenta al Hijo de Dios en la
sincera humanidad de quien llora por el amigo, y con la
majestad divina del que puede resucitar a los muertos.
El milagro de Lázaro fue realidad y signo. Manifestó la gloria de
Dios. Para los seguidores del Maestro, último paso del itinerario
de la fe que empezaron en Caná.
El sentido profundo del hecho se centra en la declaración de
Jesús: « Yo soy la Resurrección y la Vida...», y en el
correspondiente acto de fe: «Sí, Señor, yo creo... » (vers. 25-
27). El Redentor es fuente de Vida para el hombre (tema del
tercer domingo de Cuaresma). Pero el hijo de Adán era súbdito
de la muerte por el pecado (tema del primer domingo). Por
eso, vivir en cristiano es resucitar (»eI que cree en Mí, aunque
haya muerto vivirá). Lo que el mundo llamaba «muerte» será,
en Cristo, «dormición»: (c.. y el que está vivo y cree en M4 no
morirá para siempre»). Conforme a su pedagogía de hablar a
los ojos, el Maestro dio esta lección a través de un hecho
impresionante: la resurrección corporal de Lázaro. Este
Evangelio se presta a una catequesis sobre la «resurrección
primera» (Apoc 20,5-6) por la Gracia o Vida divina.
La CARTA A LOS ROMANOS señala la vertiente práctica de esta
catequesis al exhortar a los justificados a vivir en el Espíritu
Santo. Es el supremo don de Cristo glorificado. «Espíritu de
Cristo» en nosotros, nos hace semejantes a El: hombre& de
espíritu, conscientes de ser hijos de Dios, seguros de la victoria
sobre el pecado y la muerte, libres de los criterios de la
«carne» (es decir, del hombre limitado a su solo ser y obrar
natural). Esperando la muerte o «dormición» temporal, el
cristiano vive ya en su espíritu su condición de resucitado.
Superada la muerte, el Espíritu que vive en él transfigurará
todo su ser, también corporal, en la participación de la Gloria
eterna de Cristo.
El texto de EZEQUIEL son las últimas líneas de aquella
impresionante visión. Un inmenso campo lleno de huesos.
Imagen del pueblo cautivo en Babilonia, sin esperanza. Diálogo
entre Dios y el profeta: los huesos pueden revivir. Pasa sobre
ellos una ráfaga de Espíritu. Recobran los nervios, la carne, la
piel. Se levanta un inmenso ejército. Porque Dios hace florecer
los sepulcros en vida. (Meditación para tiempo de pesimismo.
Leer 2 Cor 1,9). En el SALMO el pecador pide su resurrección
espiritual. Del abismo a la cumbre; de las tinieblas de la noche
al amanecer de Dios.
* * •1
y DOMINGO CUARESMA 111
La Cuaresma nos lleva al Cristo que libera al hombre de la
Muerte. El pensamiento más destacado en las lecturas bíblicas
de este domingo es el de la Resurrección. La cercanía de
Pascua ilumina el horizonte. Los catecismos presienten su
próxima «Resurrección)) en el bautismo (Rom 6,3-11).
Ezequiel proclama la esperanza. Su pueblo la habrá perdido. Lo
describe bajo la alegoría de una hondonada llena de
esqueletos (y. 1-10). En cuanto aliente sobre ellos el Espíritu
del Señor, los huesos secos florecerán en vida.
El Espíritu, enseña San Pablo, define la existencia cristiana. Es
auténtico cristiano aquel en quien habita y actúa el Espíritu de
Dios. Lo libra de «comportarse según la carne». De ser esclavo
de su humana tendencia al mal (Rom 7,14-25). En la hora
suprema la librará de la muerte, por solidaridad con la
Resurrección de Cristo.
La resurrección de Lázaro es una de aquellas acciones
admirables, que el Evangelio de San Juan llama signos. En cada
«signo» se pueden subrayar tres aspectos: a) manifiesta la
Gloria divina; b) ilumina la Fe; c) es transparencia del Misterio
de la Salvación.
A. — En efecto, al recibir el mensaje de Marta y María, Jesús
declara que la enfermedad del amigo tendrá por finalidad
suprema la gloria de Dios (v.4).
B. — Repite con insistencia que esta glorificación se realizará
mediante la Fe; es el tema principal del diálogo con los
discípulos (v.15), del encuentro con Marta (y. 25-27), de la
escena frente al sepulcro (y. 40.42.45).
C. — Además, en el «signo» de Lázaro se transparenta un
Misterio superior. Jesús solía inculcar las verdades
trascendentes sirviéndose de hechos que impresiona sen los
sentidos. Por eso el evangelista pudo hacer de esta historia
una lección de teología. Lázaro, objeto del amor de Cristo,
sugiere la imagen del cristiano. En su hogar de Betania se
respira la Fe. Marta la expresa con vigor. Ella y María la viven
con ardencia. Jesús se les hace presente: YO SOY LA
RESURRECCION Y LA VIDA (y. 25-26). Vida eterna y divina, que
trasciende toda muerte. Creer es aceptar y darse en plenitud a
Cristo-Viviente, que en plenitud se nos da. Quien así cree, vive
en él para siempre. La muerte corporal, aunque digna de
lágrimas (y. 35), no le será más que una provisional
«dormición» (y. 11-14). El que cree, ama y espera, saborea la
Eternidad en el centro de su alma.
DOMINGO DE RAMOS
EVANGELIO
Lectkra del santo evangelio según san Mateo 21,1-11
Cuando se acercaban a Jerusalén y llegaron a Betfagé, junto al
monte de los Olivos, Jesús mandó dos discípulos, diciéndoles:
—Id a la aldea de enfrente, encontraréis en seguida una borrica
atada con su pollino; desatadlos y traédmelos. Si alguien os
dice algo contestadie que el Señor los necesita y los devolverá
pronto.
Esto ocurrió para que se cumpliese lo que dijo el profeta: Decid
a la hija de Sión: Mira a tu rey, que viene a ti, humilde,
montado en un asno, en un pollino, hijo de acémila.
Fueron los discípulos e hicieron lo que les había mandado
Jesús: trajeron la borrica y el pollino, echaron encima sus
mantos y Jesús se montó. La multitud extendió sus mantos por
el camino; algunos cortaban ramas de árboles y alfombraban
la calzada. Y la gente que iba delante y detrás gritaba:
— el Hijo de David! ¡Bendito el que viene en nombre del Señor!
¡Viva el Altísimo! Al entrar en Jerusalén, toda la ciudad
preguntaba alborotada:
— es éste?
La gente que venía con él decía:
—Es Jesús, el profeta de Nazaret de Galilea. Palabra de Dios.
PRIMERA LECTURA
Lectura del libro del profeta Isaías 50,4-7
Mi Señor que ha dado una lengua de iniciado,
para saber decir al abatido
una palabra de aliento.
DOMINGO DE RAMOS 113
Cada mañana me espabila el oído,
para que escuche como los iniciados.
El Señor Dios me ha abierto el oído;
y yo no me he rebelado ni me he echado atrás.
Ofrecí la espalda a los que me golpeaban,
la mejilla a los que mesaban mi barba.
No oculté el rostro a insultos y salivazos.
Mi Señor ene ayudaba, por eso no quedabá confundido;
por eso ofrecí el rostro como pedernal,
y sé que no quedaré avergonzado.
Salmo responsorial Sal 21,8-9. 17-18a. 1 23-24
R. Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado?
Al yerme se burlan de mí, hacen visajes, menean la cabeza:
«Acudió al Señor, que le ponga a salvo; que lo libre si tanto lo
quiere.»
Me acorrala una jauría de mastines, me cerca una banda de
malhechores:
me taladran las manos y los pies, puedo contar mi huesos.
Se reparten mi ropa, echan a suerte mi túnica.
Pero tú, Señor, no te quedes lejos; fuerza mía, ven corriendo a
ayudarme.
Contaré tu fama a mis hermanos, en medio de la asamblea te
alabaré. Fieles del Señor, alabadlo, linaje de Jacob, glorificadlo,
temedlo, linaje de Israel.
SEGUNDA LECTURA
Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los Filipenses 2,6-11
Hermanos: Cristo, a pesar de su condición divina, no hizo
alarde de su categoría de Dios; al contrario, se despojó de su
rango, y tomó la condicióq de esclavo, pasando por uno de
tantos. Y así, actuando como un hombre cualquiera, se rebajó
hasta someterse incluso a la muerte, y una muerte de cruz. Por
eso Dios lo levantó sobre todo, y le concedió el «Nombre-sobre-
todo- nombre»; de modo que al nombre de Jesús toda rodilla se
doble —en el Cielo, en la tierra, en el Abismo—, toda lengua
proclame: «Jesucristo es Señor!», para gloria de Dios Padre.
VERSÍCULO Cristo por nosotros se sometió incluso a la muerte,
y una muerte de cruz. Por eso, FIp 2,8-9 Dios lo levantó sobre
todo, y le concedió el «Nombre-sobre-todo-nombre».
114 CICLO A
EVANGELIO
Pasión de nuestro Señor Jesucristo según san Mateo 26,14—
27,66
C. En aquel tiempo [ de los Doce, llamado Judas Iscariote, fue a
los sumos sacerdotes y les propuso:
5. — estáis dispuestos a darme si os lo entrego?
C. Ellos se ajustaron con él en treinta monedas. Y desde
entonces andaba buscando ocasión propicia para entregarlo.
El primer dia de los ázimos se acercaron los discípulos a Jesús y
le preguntaron:
5. — quieres que te preparemos la cena de Pascua?
C. El contestó:
—Id a casa de Fulano y decid ((El Maestro dice: mi momento
está cerca; deseo celebrar la Pascua en tu casa con mis
discípulos.»
C. Los discípulos cumplieron las instrucciones de Jesús y
prepararon la Pascua. Al atardecer se puso a la mesa con los
Doce. Mientras comían, dijo:
—Os aseguro que uno de vosotros me va a entregar.
C. Ellos, consternados, se pusieron a preguntarle uno tras otro:
5. — yo acaso, Señor?
C. El respondió:
—El que ha mojado en la misma fuente que yo, ése me va a
entregar. El Hijo del hombre se va como está escrito de él;
pero, ¡ay del que va a entregar al Hijo del hombre!, más le
valdría no haber nacido.
C. Entonces preguntó Judas, el que lo iba a entregar:
C. — yo acaso, Maestro?
C. El respondió:
—Así es.
C. Durante la cena, Jesús cogió pan, pronunció la bendición, lo
partió y lo dio a los discípulos diciendo:
—Tomad, comed; esto es mi cuerpo.
C. Y cogiendo un cáliz pronunció la acción de gracias y se lo
pasó dicien4o:
—Bebed todos; porque ésta es mi sangre, sangre de la alianza
derramada por todos para el perdón de los pecados. Y os digo
que no beberé más del fruto de la vid hasta el día que beba
con vosotros el vino nuevo en el reino de mi Padre.
C. Cantaron el salmo y salieron para el monte de los Olivos.
Entonces Jesús les dijo:
—Esta noche vais a caer todos por mi causa, porque está
escrito: »Heriré al pastor y se dispersarán las ovejas del
rebaño.» Pero cuando resucite, iré antes que vosotros a Galilea.
C. Pedro replicó:
5. —Aunque todos caigan por tu causa, yo jamás caeré.
C. Jesús le dijo:
—Te aseguro que esta noche, antes que el gallo cante tres
veces, me negarás.
C. Pedro le replicó:
5. —Aunque tenga que morir contigo, no te negaré.
C. Y lo mismo decían los demás discípulos.
Entonces Jesús fue con ellos a un huerto, llamado Getsemaní, y
les dijo:
—Sentaos aquí, mientras voy allá a orar.
C. Y llevándose a Pedro y a los dos hijos de Zebedeo, empezó a
entristecerse y a angustiarse.
Entonces dijo:
—Me muero de tristeza: quedaos aquí y velad conmigo.
C. Y adelantándose un poco cayó rostro en tierra y oraba
diciendo:
DOMINGO DE RAMOS 115
—Padre mío, si es posible que pase y se aleje de mí ese cáliz.
Pero no se haga lo que yo quiero, sino lo que tú quieres. -
C. Y se acercó a los discípulos y los encontró dormidos. Dijo a
Pedro:
—ENo habéis podido velar una hora conmigo? Velad y orad
para no caer en la tentación, pues el espíritu es decidido, pero
la. carne es débil.
C. De nuevo se apartó por segunda vez y oraba diciendo:
—Padre mío, si este cáliz no puede pasar sin que yo lo beba,
hágase tu voluntad.
C. Y viniendo otra vez, los encontró dormidos, porque estaban
muertos de sueño. Dejándolos de nuevo, por tercera vez oraba
repitiendo las mismas palabras.
Luego se acercó a sus discípulos y les dijo:
—Ya podéis dormir y descansar. Mirad, está cerca la hora y el
Hijo del hombre va a ser entregado en manos de los
pecadores. ¡Levantaos, vamos! Ya está cerca el que me
entrega.
C. Todavía estaba hablando, cuando apareció Judas, uno de los
doce, acompañado de un tropel de gente, con espadas y palos,
mandado por los sumos sacerdotes y los senadores del pueblo.
El traidor les había dado esta contraseña:
5. Al que yo bese, ése es: detened
C. Después se acercó a Jesús y le dijo:
5. — Maestro!
C. Y lo besó. Pero Jesús le contestó:
—Amigo, ¿a qué vienes?
C. Entonces se acercaron a Jesús y le echaron mano para
detenerlo. Uno de los que estaban con él agarró la espada, la
desenvainó y de un tajo le cortó la oreja al criado del sumo
sacerdote.
Jesús le dijo: —
—Envaina la espada: quien usa espada, a espada morirá.
¿Piensas tú que no puedo acudir a mi Padre? El me mandaría
en seguida más de doce legiones de ángeles. Pero entonces no
se cumpliría la Escritura, que dice que esto tiene que pasar.
C. Entonces dijo Jesús a la gente:
— salido a prenderme con espadas y palos como a un bandido?
A diario me sentaba en el templo a enseñar y, sin embargo, no
me detuvisteis.
C. Todo esto ocurrió para que se cumpliera lo que escribieron
los profetas. En aquel momento todos los discípulos lo
abandonaron y huyeron.
Los que detuvieron a Jesús lo llevaron a casa de Caifás, el
sumo sacerdote, donde se habían reunido los letrados y los
senadores. Pedro lo seguía de lejos hasta el palacio del sumo
sacerdote y, entrando dentro, se sentó con los criados para ver
en qué paraba aquello.
Los sumos sacerdotes y el Consejo en pleno buscaban un falso
testimonio contra Jesús para condenarlo a muerte y no lo
encontraban, a pesar de los muchos falsos testigos que
comparecían. Finalmente, comparecieron dos que- declararon:
5. —Este ha dicho: «Puedo destruir el templo de Dios y
reconstruirlo en tres días.))
C. El sumo sacerdote se puso en pie y le dijo:
5. —ENo tienes nada que responder? ¿Qué son estos cargos
que levantan contra ti?
C. Pero Jesús callaba. Y el sumo sacerdote le dijo:
5. —Te conjuro por Dios vivo a que nos digas si tú eres el
Mesías, el Hijo de Dios.
C. Jesús le respondió:
—Tú lo has dicho. Más aún, yo os digo: desde ahora veréis que
el Hijo del hombre está sentado a la derecha del Todopoderoso
y que viene sobre las nubes del cielo.
C. Entonces el sumo sacerdote rasgó sus vestiduras diciendo:
5. —Ha blasfemado. ¿Qué necesidad tenemos ya de testigos?
Acabáis de oír la blasfemia. ¿Qué decidís?
C. Y dios contestaron:
5. —Es reo de muerte.
C. Entonces le escupieron a la cara y lo abofetearon; otros lo
golpearon diciendo:
116 CICLO A
S. —Haz de profeta, Mesías; dinos quién te ha pegado.
C. Pedro estaba sentado fuera en el patio y se le acercó una
criada y le dijo:
5. —También tú sndabas con Jesús el Galileo.
C. El lo negó delante de todos diciendo:
5. —No sé qué quieres decir.
C. Y al salir al portal lo vio otra y dijo a los que estaban allí:
S. —Este andaba con Jesús el Nazareno.
C. Otra vez negó él con juramento:
S. —No conozco a ese hombre.
C. Poco después se acercaron los que estaban allí y dijeron:
S. —Seguro; tú tsmbién eres de ellos, se te nota en el acento.
C. Entonces él se puso a echar maldiciones y a jurar diciendo:
5. —No conozco a ese hombre.
C. Y en seguida cantó un gallo. Pedro se acordó de aquellas
palabras de Jesús: «Antes de que cante el gallo me negarás
tres veces.» Y saliendo afuera, lloró amargamente.
Al hacerse de día, todos los sumos sacerdotes y los senadores
del pueblo se reunieron para preparar la condena a muerte de
Jesús. Y atándolo lo llevaron y lo entregaron a Pilato, el
gobernador.
Entonces el traidor sintió remordimiento y devolvió las treinta
monedas de plata a los sumos sacerdotes y senadores
diciendo:
5. —He pecadó, he entregado a la muerte a un inocente.
C. Pero ellos dijeron:
5. — nosotros qué? ¡Allá tú!
C. El, arrojando las monedas en el templo, se marchó; y fue y
se ahorcó. Los sacerdotes, recogiendo las monedas, dijeron:
5. —No es lícito echarlas en el arca de las ofrendas porque son
precio de sangre.
C. Y, después de discutirlo, compraron con ellas el Campo del
Alfarero para cçmenterio de forasteros. Por eso aquel campo se
llama todavía «Campo de Sangre’>. Así se cumplió lo escrito
por Jeremías el profeta: «Y tomaron las treinta monedas de
plata, el precio de uno que fue tasado, según la tasa de los
hijos de Israel, y pagaron con ellas el Campo del Alfarero, como
me lo había ordenado el Señor.»]
Jesús fue llevado ante el gobernador, y el gobernador le
preguntó:
5. — tú el rey de los judíos?
C. Jesús respondió:
—Tú lo dices.
C. Y mientras lo acusaban los sumos sacerdotes y los
senadores no contestaba nada. Entonces Pilato le preguntó:
5. —ENo oyes cuántos cargos presentan contra ti?
C. Como no contestaba a ninguna pregunta, el gobernador
estaba muy extrañado. Por la fiesta, el gobernador solía soltar
un preso, el que la gente quisiera. Tenía entonces un preso
famoso, llamado Barrabás. Cuando la gente acudió, dijo Pilato:
5. —jA quién queréis que os suelte, a Barrabás o a Jesús, a
quien llaman el Mesías?
C. Pues sabía que se lo habían entregado por envidia. Y
mientras estaba sentado en el tribunal, su mujer le mandó a
decir:
5. —No te metas con ese justo porque esta noche he sufrido
mucho soñando con él.
C. Pero los sumos sacerdotes y los senadores convencieron a la
gente que pidieran el indulto de Barrabás y la muerte de Jesús.
El gobernador preguntó:
5. — cuál de los dos queréis que os suelte?
C. Ellos dijeron:
5. —A Barrabás.
C. Pilato les preguntó:
5. — qué hago con Jesús, llamado el Mesías?
DOMINGO DE RAMOS 117
C. Contestaron todos:
5. —Que lo crucifiquen.
C. Pilato insistió:
5. —Pues ¿qué mal ha hecho?
C. Pero ellos gritaban más fuerte:
5. —jQue lo crucifiquen!
C. Al ver Pilato que rodo era inútil y que, al contrario, se estaba
formando un tumulto, tomó agua y se lavó las manos en
presencia del pueblo, diciendo:
5. —Soy inocente de esta sangre. ¡Allá vosotros!
C. Y el pueblo entero contestó:
5. — sangre caiga sobre nosotros y sobre nuestros hijos!
C. Entonces les soltó a Barrabás; y a Jesús, después de
azotarlo, lo entregó para que lo crucificaran.
Los soldados del góbernador se llevaron a Jesósal pretorio y
reunieron alrededor de él a toda la compañía: lo desnudaron y
le pusieron un manto de color púrpura y trenzando una corona
de espinas se la ciñeron a la cabeza y le pusieron una caña en
la mano derecha. Y, doblando ante él la rodilla, se burlaban de
él diciendo:
5. — rey de los judíos!
C. Luego lo escupían, le quitaban la caña y le golpeaban con
ella la cabeza. Y, terminada la burla, le quitaron el manto, le
pusieron su ropa y lo llevaron a crucificar.
Al salir, encontraron a un hombre de Cirene, llamado Simón, y
lo forzaron a que llevara la cruz.
Cuando llegaron al lugar llamado Gólgota (que quiere decir:
((La Calavera»), le dieron a beber vino mezclado con hiel; él lo
probó, pero no quiso beberlo. Después de crucificarlo, se
repartieron su ropa echándola a suertesy luego se sentaron a
custodiarlo. Encima de la cabeza colocaron un letrero con la
acusación: Este es Jesús, el rey de los judíos. Crucificaron con
él a dos bandidos, uno a la derecha y otro a la izquierda. Los
que pasaban, lo injuriaban y decían meneando la cabeza:
5. —Tú que destruías el templo y lo reconstruías en tres días,
sálvate a ti mismo; si eres Hijo de Dios, baja de la cruz.
C. Los sumos sacerdotes con los letrados y los senadores se
burlaban también diciendo:
5. —A otros ha salvado y él no se puede salvar. ¿No es el Rey
de Israel? Que baje ahora de la cruz y le creeremos. ¿No ha
confiado en Dios? Si tanto lo quiere Dios, que lo libre ahora.
¿No decía que era Hijo de Dios?
C. Hasta los bandidos que estaban crucificad s con él lo
insultaban.
Desde el mediodía hasta la media tarde vinieron tinieblas sobre
toda aquella región. A media tarde, Jesús gritó:
—Elí, Elí, lamá sabaktaní. C. (Es decir:
—Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado?)
C. Al oírlo algunos de los que estaban por allí dijeron:
5. —A Elias llama éste.
C. Uno de ellos fue corriendo; en seguida cogió una esponja
empapada en vinagre y, sujetándola con una caña, le dio de
beber. Los demás decían:
5. —Déjalo, a ver si viene Elías a salvarlo.
C. Jesús dio otro grito fuerte y exhaló el espíritu.
Entonces el velo del templo se rasgó en dos de arriba abajo; la
tierra tembló, las rocas se rajaron, las tumbas se abrieron y
muchos cuerpos de santos que habían muerto resucitaron.
Después que él resucitó salieron de las tumbas, entraron en la
Ciudad Santa y se aparecieron a muchos.
El centurión y sus hombres, que custodiaban a Jesús, al ver el
terremoto y lo que pasaba dijeron aterrorizados:
118 CICLO A
S. —Realmente éste era Hijo de Dios.
[ Había allí muchas mujeres que miraban desde lejos, aquellas
que habían seguido a Jesús desde Galilea para atenderlo; entre
ellas, María Magdalena y María, la madre de Santiago y José, y
la madre de los Zebedeos.
Al anochecer llegó un hombre rico de Arimatea, llamado José,
que era también discípulo de Jesús. Este acudió a Pilato a
pedirle el cuerpo de Jesús. Y Pilato mandó que se lo
entregaran. José, tomando el cuerpo de Jesús, lo envolvió en
una sábana limpia, lo puso en el sepulcro nuevo que se había
excavado en una roca, rodó una piedra grande a la entrada del
sepulcro y se marchó.
María Magdalena y la otra María se quedaron allí sentadas
enfrente del sepulcro.
A la mañana siguiente, pasado el dia de la Preparación,
acudieron en grupo los sumos sacerdotes y los fariseos a Pilato
y le dijeron:
S. —Señor, nos hemos acordado que aquel impostor estando
en vida anunció: «A los tres días resucitaré.» Por eso da orden
de que vigilen el sepulcro hasta el tercer día, no sea que vayan
sus discípulos, se lleven el cuerpo y digan al pueblo: «Ha
resucitado de entre los muertos.» La última impostura sería
peor que la primera.
Pilato contestó:
S. —Ahí tenéis la guardia: id vosotros y asegurad la vigilancia
como sabéis.
C. Ellos fueron, sellaron la piedra y con.la guardia aseguraron
la vigilancia del sepulcro.]
Último domingo de Cuaresma. «De Ramos» y «de pasión>.
Contraste (que es armonía) entre ios Hosanna del Monte de los
Olivos y la Cruz, tan próxima, del Calvario. Se lee en la misa LA
PASION SEGUN SAN MATEO. Los que asistan a la Bendición de
las Palmas escucharán, además, el Evangelio de la Entrada en
Jerusalén.
A. — «Decid a la Hija de Sión: Mira a tu Rey, que viene a ti;
humilde, montado en un asno... » El Maestro Jesús sabía hablar
a los ojos. Con el humanísimo gesto de pedir prestado el asno
de Betfagé, transforma aquella equívoca expansión de
entusiasmo popular en escenificación pedagógica de una
profecía bíblica, que todos conocían. Zacarías había anunciado
que el Mesías de los Pobres se presentaría a Jerusalén en
actitud de Paz. Exigiendo el desarme: «suprimirá los carros de
guerra... los caballos... el arco de combate... » (Zac 9,9). Signo
de esta actitud, entrar montado en un asno inofensivo (9,9);
los belicosos montaban a caballo... —La liturgia procura
actualizar a su manera, años tras año, aquella Manifestación
por el Reinado de la Paz. Ramos de olivo en manos inocentes.
Hosanna triunfal en labios sin odio. Posiblemente muchos de
los que entonces aclamaron a Jesús ardían en ideales de
horizonte terreno. Incluso de «santa» violencia. Jesús los
desautorizó en el Calvario. «Mira a tu Rey humilde, hija de
Sión...» La palabra correspondiente a «humilde» es la misma
que emplea San Mateo en la segunda Bienaventuranza (5,4) y
cuando el Señor se declara a sí mismo «suave y sencillo de
corazón» (11,29). Interpretada por el Evangelio, la liturgia de
las palmas es aclamación a Jesucristo Rey de los Humildes. De
los no-soberbios. Es decir, de los auténticos «pobres» según la
Biblia. Los no-violentos, que trabajan y hasta saben morir por
la paz.
B. — «Este es Jesús, el Rey de los judíos». Es decir, el Mesías.
La Cruz, infinita sinceridad del que proclamó el Reinado de la
paz, de la no-violencia, de la humildad y verdadera pobreza
según Dios. Coronación de las Bienaventuranzas. Por eso, los
cristianos de espíritu, cuando han leído y meditado todo el
Evangelio, lo «ven» resumido en Jesús Crucificado. El relato de
la Pasión es teología narrativa. Nació y se desarrolló en la
Iglesia de los Apóstoles como «texto explicativo» de la Fracción
DOMINGO DE RAMOS 119
del Pan. Los sufrimientos y muerte de Jesús no fueron trágica
fatalidad, sino Sacrificio consciente y voluntario por la
Salvación de los hombres. El que se «actualiza» en cada
Celebración eucarística. Todos y cada uno de los pormenores
del relato significan, adoctrinan, amonestan. Al cristiano de
espíritu la Pasión le pide estudio profundo, meditación
frecuente. Conocerla mejor en su impresionante realidad
histórica, comprenderla y asimilar en ella la Ciencia de la Cruz
podría ser un fecundo propósito de esta Semana Santa.
La liturgia de la Palabra tiene hoy por centro la PASIÓN SEGÚN
MATEO. Los que participen en la procesión de las palmas, oirán
también el Evangelio de la entrada de Jesús en Jerusalén. Las
lecturas de ISAIAS (tercer Cántico del Siervo de Yahvé) y de
SAN PABLO (Himno cristológico de la Carta a los Filipenses) nos
invitan a una reflexión teológica sobre los sufrimientos del
Mesías.
La conmemoración de la entrada del Señor en Jerusalén da al
presente domingo su encanto popular. Liturgia imitativa, que
hace resonar de año en año el eco de aquel ¡Hosanna! en el
que se encontraron la revelación de Cristo y la fe pura de los
niños. Pedagogo popular, el Mesías se ofreció a los ojos de la
gente en la escenificación plástica de una profecía, que habían
oído muchas veces en la sinagoga (Zacarías 9,9-10): el tan
esperado Hijo de David y Rey de Sión no entraría al frente de
un ejército y montado a caballo al estilo de los hombres de
guerra, sino sobre un asno, como los sencillos príncipes de
antaño: signo de paz y de humildad. Revelación pública de
Cristo, Rey de los «anawim» o «pobres de Yahvé». Zacarías le
señala también su misión en el mundo: «Desaparecerá el arco
de guerra —proclamará la paz a las naciones».- La ingenua
procesión de hoy, palmas y olivo en manos inocentes, forma un
sublime contraste, con los desfiles belicosos que suelen
encuadrar, en cualquier época de la historia, la presentación
de los grandes de la tierra. Fiesta de la séptima
Bienaventuranza, cantemos hoy el Hosanna de la paz.
La entrada en Jerusalén y la simbólica toma de posesión del
Templo fue para Cristo preludio de la PASION. La lectura asidua
y reflexiva del relato evangélico ha sido fuente inagotable de
espiritualidad en la historia del cristianismo. Su estructura
didáctica podría compararse a la de una elipse çon dos focos:
la Cena eucarística y la Crucifixión. El primero da la
interpretación teológica del segundo: la muerte de Jesús es el
Sacrificio de la Nueva Alianza (es decir de la unión definitiva
del pueblo con Dios, realizada y sellada con la sangre de la
Víctima). Sacrificio de expiación por los pecados del mundo. En
el Misterio de la Cena pascual, el discípulo entra en comunión
con la Víctima (y, por tanto, asimila su vida y su actitud). Al
redactar las distintas fases de la pasión, sepultura y
resurrección, los evangelistas pensaban en la atmósfera
religiosa de la Fracción del Pan: no se trataba de un hecho
simplemente pasado, sino de algo que la Iglesia revive cada
día.
En el libro de ISAÍAS, los cuatro Cánticos del Siervo de Yahvé
dibujaron con siglos de anticipación el auténtico rostro de
Cristo. Se leyó el primero en la fiesta del Bautismo del Señor.
Parte del segundo, el domingo siguiente. El cuarto, el más
conmovedor, se lee al principio de la acción litúrgica del
Viernes Santo. El tercero,
120 CICLO A
hoy: canta la docilidad, firmeza, martirio del Mesías. El «SALMO
de la Pasión» está
en línea paralela con estos Cánticos.
En la CARTA A LOS FILIPENSES Pablo nos conserva un
antiquísimo himno cristiano, que es una reflexión histórico-
teológica sobre la figura del Siervo de Yahvé. a) Jesús, desde
toda la eternidad, en la Gloria del Padre. b) Humildad de la
Encarnación en espíritu de servido (el Apóstol usa la palabra
fuerte «esclavo»). c) El servicio obediente, hecho Cruz. d)
Glorificación divina del Redentor, «Kyrios» o Señor del
Universo. Pablo escribía en tono de exhortación, para que
aprendamos de Cristo el humilde servicio de la Cruz.
Lectura principal de este domingo: la Pasión. Le sirve de
preludio, en la procesión de las Palmas, el Evangelio de la
Entrada en Jerusalén.
— La Entrada en Jerusalén fue una manifestación popular.
Discípulos, gente sencilla y también niños (Mt 21,15). Los
niños, cuando no se lo anublan los mayores, tienen el instinto
de Dios (21,16). Sentían la necesidad de aclamar en público a
Jesús. Molestaron (21,10 y 15). Se improvisó la fiesta
entretejiendo reminiscencias de gestos históricos
(entronización de reyes) con ritos y cantos litúrgicos (de la
procesión en la solemnidad de los Tabernáculos). Al aire de los
¡Hosanna! se lanzaban gritos de entusiasmo religioso y
mesiánico. Estos, en el ánimo de algunos (particularmente en
«la ciudad»: 21,10) podían suscitar resonancias nacionalistas y
políticas. —Jesús se mostró, como siempre, superior a las
circunstancias. Con un sencillo gesto transforma la imprecisa
manifestación en una parábola viviente. Para ello pide el asno
de Betfagé: «el Señor lo Pecesita» (v.3). Todos habían oído
muchas veces en la sinagoga el himno mesiánico del profeta
«Zacarías», que San Mateo cita alusivamente (v.5). Para
comprender la intención de Cristo, sería oportuno leer dicho
himno por entero. Felicita a Jerusalén porque viene a ella el Rey
humilde. El Rey de la Paz, «montado en un asno»... (Zac 9,9).
La palabra «humilde» significa sencillo, suave, «pobre». Rey de
las Bienaventuranzas. «Proclamará la paz», exigiendo el
desarme:
«suprimirá los carros de guerra... y los caballos de Jerusalén; y
desaparecerá el arco de la guerra» (Zac 9,10). Para los que
conocían las Escrituras, el asno de Betfagé decía a los ojos el
programa de no-violencia de Jesús. Los belicosos montaban,
armados, a caballo. —La Procesión de las Palmas actualiza
aquella parábola viviente de Jesús. Liturgia de Paz. Acto de Fe
en la Bienaventuranza de los sencillos.
— La Pasión fue heroica fidelidad de Jesús a su programa. Los
violentos lo hicieron víctima, y no resistió. Humilde. Pacífico.
Mártir. El cristiano que vive las Bienaventuranzas sintoniza
incansablemente con el relato evangélico de la Pasión. Por eso
el pueblo sencillo ha concentrado siempre en ella su
religiosidad. El relato de la Pasión es el núcleo más antiguo del
Evangelio. Se configuró en torno a la celebración eucarística.
Por eso empieza con la evocación de la Cena en que Jesús la
instituyó. La Eucarist:a ilumina el sentido teológico de la
Pasión. La entrega del Cuerpo y de la Sangre es Realidad-
hecha-signo de la Generosidad divina con que Cristo se da por
nosotros en Sacrificio de Alianza eterna. Y se nos da para
incorporarnos a él. Los que viven la Eucaristía se sitúan por
connaturalidad en el centro de la Cruz. San Pablo resumía la
Pasión diciendo que «Cristo nos amó y se
DOMINGO DE RAMOS 121
entregó a sí mismo por nosotros» (Ef 5, 2). Darse es la palabra
infalsificable del Amor. En la Pasión, Cristo nos la dice ¿on
infinita evidencia.
VIGILIA PASCUAL Y DOMINGO DE RESURRECCIÓN
EPÍSTOLA
Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los Romanos 6,3-11
Hermanos: Los que por el bautismo nos incorporamos a Cristo
fuimos incorporados a su
muerte. -
Por el bautismo fuimos sepultados con El en la muerte, para
que, así como Cristo fue despertado de entre los muertos por
la gloria del Padre, así también nosotros andemos en una vida
nueva. Porque, si nuestra existencia está unida a él en una
muerte como la suya, lo estará también en una resurrección
como la suya.
Comprendemos que nuestra vieja condición ha sido crucificada
con Cristo, quedando destruida nuestra personalidad de
pecadores y nosotros libres de la esclavitud del pecado; porque
el que muere ha quedado absuelto del pecado. -
Por tanto, si hemos muerto con Cristo, creemos que también
viviremos con El; pues sabemos que Cristo, una vez resucitado
de entre los muertos, ya no muere más; la muerte ya no tiene
dominio sobre El. Porque su morir fue un morir al pecado de
una vez para siempre; y su vivir es un vivir para Dios.
Lo mismo vosotros consideraos muertos al pecado y vivos para
Dios en Cristo Jesús, Señor nuestro.
Salmo responsorial Sal 117,1-2. l6ab-17. 22-23
R. Aleluya, aleluya, aleluya.
Dad gracias al Señor porque es bueno, porque es eterna su
misericordia. Diga la casa de Israel:
eterna es su misericordia.
La diestra del Señor es poderosa,
PASCUA DE RESURRECCIÓN 123
la diestra del Señor es excelsa. No he de morir, viviré, para
contar las hazañas del Señor.
La piedra que desecharon los arquitectos, es ahora la piedra
angular.
Es el Señor quien lo ha hecho, es un milagro patente.
EVANGELIO
Lectura del santo evangelio según san Mateo 28,1-10
En la madrugada del sábado, al alborear el primer día de la
semana, fueron María la Magdalena y la otra María a ver el
sepulcro. Y de pronto tembló fuertemente la tierra, pues un
ángel del Señor, bajando del cielo y acercándose, corrió la
piedra y se sentó encima. Su aspecto era de relámpago y su
vestido blanco como la nieve; los centinelas temblaron de
miedo y quedaron como muertos. El ángel habló a las mujeres:
—Vosotras no temáis, ya sé que buscáis a Jesús el crucificado.
No está aquí: Ha resucitado, como había dicho. Venid a ver el
sitio donde yacía e id aprisa a decir a sus discípulos: «Ha
resucitado de entre ios muertos y va por delante de vosotros a
Galilea. Allí lo veréis Mirad, os lo he anunciado.
Ellas se marcharon a toda prisa del sepulcro; impresionadas y
llenas de alegría corrieron a anunciarlo a los discípulos.
De pronto, Jesús le salió al encuentro y les dijo:
—Alegraos.
Ellas se acercaron, se postraron ante él y le abrazaron los pies.
Jesús les dijo:
—No tengáis miedo: id a comunicar a mis hermanos que vayan
a Galilea; allí me verán.
PRIMERA LECTURA
Lectura de los Hechos de los Apóstoles 10,34a. 37-43
En aquellos días, Pedro tomó la palabra y dijo.
—Hermanos: Vosotros conocéis lo que sucedió en el país de los
judíos, cuando Juan predicaba el bautismo, aunque la cosa
empezó en Galilea. Me refiero a Jesús de Nazaret, ungido por
Dios con la fuerza del Espíritu Santo, que pasó haciendo el bien
y curando a los oprimidos por el diablo; porque Dios estaba con
él.
Nosotros somos testigos de todo lo que hizo en Judea y en
Jerusalén. Lo mataron colgándolo de un madero. Pero Dios lo
resucitó al tercer día y nos lo hizo ver, no a todo el pueblo, sino
a los testigos que él había designado: a nosotros, que hemos
comido y bebido con él después de su resurrección.
Nos encargó predicar al pueblo, dando solemne testimonio de
que Dios lo ha nombrado juez de vivos y muertos. El testimonio
de que Dios lo ha nombrado juez de vivos y muertos. El
testimonio de los profetas es unánime: que los que creen en él
reciben, por su nombre, el perdón de los pecados.
124 CICLO A
Salmo responsorial Sal 117,1-2. I6ab-17. 22-23
R. Éste es el día en que actuó el Señor:
sea nuestra alegría y nuestro gozo.
[ Aleluya].
Dad gracias al Señor porque es bueno, porque es eterna su
misericordia. Diga la casa de Israel:
eterna es su misericordia.
La diestra del Señor es poderosa, la diestra del Señor es
excelsa. No he de morir, viviré para contar las hazañas del
Señor.
La piedra que desecharon los arquitectos, es ahora la piedra
angular.
Es el Señor quien lo ha hecho, ha sido un milagro patente.
SEGUNDÁ LECTURA
Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los Colosenses 3,1-4
Hermanos: Ya que habéis resucitado con Cristo, buscad los
bienes de allá arriba, donde está Cristo, sentado a la derecha
de Dios; aspirad a los bienes de arriba, no a los de la tierra.
Porque habéis muerto; y vuestra vida está con Cristo escondida
en Dios. Cuando aparezca Cristo, vida nuestra, entonces
también vosotros apareceréis, juntamente con él, en gloria.
ALELUYA Aleluya. Aleluya.
¡Co 5,7b-8a Ha sido inmolada nuestra víctima pascual: Cristo.
Así pues, celebremos la Pascua. Aleluya.
EVANGELIO
Lectura del santo evangelio según san Juan 20,1-9
El primer día de la semana, María Magdalena fue al sepulcro al
amanecer, cuando aún estaba oscuro, y vio la losa quitada del
sepulcro.
Echó a correr y fue donde estaba Simón Pedro y el otro
discípulo, a quien quería Jesús y les dijo:
—Se han llevado del sepulcro al Señor y no sabemos dónde lo
han puesto.
Salieron Pedro y el otro discípulo camino del sepulcro. Los dos
corrían juntos, pero el otro discípulo corría más que Pedro; se
adelantó y llegó primero al sepulcro; y, asomándose, vio las
vendas en el suelo: pero no entró.
PASCUA DE RESURRECCIÓN 125
Llegó también Simón Pedro detrás de él y entró en el sepulcro:
vio las vendas ene! suelo y el sudario con que le habían
cubierto la cabeza, no por el suelo con las vendas, sino
enrollado en un Sitio aparte.
Entonces entró también el otro discípulo, el que había llegado
primero al sepulcro; vio y creyó.
Pues hasta entonces no habían entendido la Escritura: que él
había de resucitar de entre los muertos.
Al celebrar la Pascua, saboreamos una triple experiencia de Fe:
Cristo ha resucitado; hemos resucitado con él; somos testigos
de la Resurrección.
1. — CRISTO HA RESUCITADO. Tema central de las páginas de
Evangelio que se leen en la Vigilia, Día y Semana de Pascua.
<‘Ha resucitado» quiere decir que Jesús de Nazaret, el que
murió en la Cruz, vive con su misma real humanidad en la
Gloria divina. Su «paso» de la Muerte a la Vida —acto de
infinito Poder, Sabiduría y Amor— se realizó en silenciosa
trascendencia. Luego, Jesús glorificado fue comunicando
pedagógicamente a los discípulos la verdad de su
Resurrección, que ya antes les había predicho. Sirvió de
«signo» inicial el Sepulcro vacío, cuyo significado les interpretó
el Angel. Se sucedieron las diversas apariciones a algunos en
particular:
a María de Magdala y compañeras, a los de Emaús, a Pedro y
otros apóstoles. Por fin, a todos reunidos. Al compás de lo que
veían y sentían, actuaba dentro de cada uno la gracia divina de
la Fe, más íntima que cualquier humaña evidencia. —La Pascua
israelita evoca y renueva año tras año el Paso de la esclavitud
a la libertad. Con su Paso de la Muerte a la Vida, Cristo le ha
dado plenitud de significación. No habría peor esclavitud para
el hombre que sentirse destinado a una muerte definitiva. De
ella Jesús nos ha liberado.
2. — « Ya que habéis resucitado con Cristo, buscad los bienes
de allá arriba, donde está Cristo...’> Los textos de la Carta a
los Colosenses [ del Día] y a los Romanos [ la Vigilia] son
puntos homiléticos de espiritualidad bautismal. El Bautismo
nos incorporó a Jesucristo. La Eucaristía mantiene viva,
consciente y dinámica esta incorporación. Jesucristo es él y
toda la Humanidad incorporada a él. Su Resurrección nos
constituye en situación de Gloria. Transfigura a lo divino
nuestra existencia humana. Nos asegura que el dolor germina
en Bienaventuranza y que el mismo acto de la necesaria
muerte corporal nos manifestará la Vida eterna, que en Cristo
ya poseemos.
3. — «Nosotros somos testigos... » Autopresentación de San
Pedro según el libro de los Hechos [ lectura de la misa del Día].
Para pertenecer al grupo fundacional de los Apóstoles fue
condición haber sido testigos de la Resurrección de Jesús. La
Iglesiá es continuidad de la misión apostólica en el mundo. Su
testimonio de Cristo glorificado es inmanente: el que se da
siendo fiel a la razón de la propia existencia. Si nuestra Vida es
Cristo, ha de irradiar en la transparencia de su Verdad eterna,
de su Amor abnegado. Y también de la superconceptual Alegría
cristiana, que no se compra con dinero, placer o poder. Alegría
que tiene su manantial en aquella manera de vivir,
característica de Pascua florida, que el catecismo llama «estar
en Gracia de Dios».
126 CICLO A
Para quienes hayan tomado el gusto a la Palabra de Dios, las
lecturas y cánticos de la Vigilia Pascual son un festín de gloria.
La misa del día repite el mensaje de la noche luminosa: JESUS
HA RESUCITADO. En el EVANGELIO, Juan evoca el momento en
que esta fe alboreó en su espíritu. Los HECHOS muestran a los
Apóstoles, y en concreto a Pedro, irradiando al mundo esta fe.
En la CARTA A LOS DE COLOSAS, Pablo invita a profundizar en
ella desde el punto de vista de la incorporación de los
bautizados a Cristo.
Los evangelistas no describieron el hecho mismo de la
Resurrección, sino los acontecimientos sucesivos. Al referirlos
con amplia libertad de perspectiva, coinciden los cuatro en
estas tres fases: a) la sorpresa del sepulcro vacío y su
interpretación; b) las apariciones o encuentros de Jesús con
personas privadas, indicando o inspirando que llevan la noticia
a los apóstoles; c) el encuentro solemne con los apóstoles
reunidos y su misión a todos los pueblos de la tierra. Cada uno
de los cuatro relatos tiene como centro de gravedad este
momento definitivo: cuando el Colegio apostólico volvió a
reunirse con el mismo Jesús de antes, vivo después de muerto,
para recibir su mandato de evangelizar el. mundo. -
Leemos hoy la primera fase en el EVANGELIO SEGUN JUAN. (La
segunda es el conmovedor encuentro de la Magdalena con el
Señor: «María» — «Rabboní...» [ de la misa del martes]. La
tercera se leerá el domingo próximo.)
El primer signo de Resurrección fue el sepulcro vacío. Como
hecho verificable, sobresaltó a las fervorosas madrugadoras.
Como signo, por sí solo insuficiente (vers. 2), necesitaba una
interpretación autorizada. Según ios Sinópticos, quien la dio
fue un Angel del Señor (Evang. de la Vigilia). El cuarto
evangelista quiso dejar constancia de un recuerdo
autobiográfico: él mismo (= «el discípulo a quien Jesús
amaba»), junto con -Pedro, corrió al sepulcro; allí, al caer en la
cuenta de los que Jesús les había predicho según las Escrituras,
vio y creyó. Sintonizaba con sus ojos esa mirada limpia del
corazón que reconoce, por instinto, la Verdad.
Nacimiento a la Gloria eterna desde el sepulcro. Plenitud de
Vida, también corporal, a través de la muerte. La Resurrección
de Cristo inaugura esencialmente la era definitiva en la Historia
de la Salvación. Amanece en ella lo que en la Escatología
bíblica llaman «el Día de Yahvé». Los cuatro evangelistas
subrayan a una y con énfasis que se realizó en el primer día de
la semana. Pronto el sentido teológico de la Iglesia consagró
este día como «el Día del Señor». En este puente entre la
historia y la eternidad que es la existencia cristiana, el Día del
Señor o domingo («dominica dies») deben ser horas de cielo,
primacía del Espíritu, encuentro gozoso con el Señor:
siempre Pascua florida bajo el sol de la Gracia.
Según los HECHOS, la proclamación fundamental de los
Apóstoles fue su testimonio de la Resurrección. Sin ella no
habría Fe, ni Esperanza, ni Evangelio, ni Iglesia. El testimonio
es una llama divina que va prendiendo de persona a persona.
La llama que arde en nosotros se encendió junto al Sepulcro
vacío, al amanecer de la primera Pascua cristiana.
PABLO nos recuerda 9 por el bautismo, fuimos incorporados a
Cristo. En cuanto morimos, sea con El; en cuanto vivimos,
nuestra vida (pensamiento, amor, paz, gozo) es participación
de su Gloria. Un día, por lógica de la Redención total, hará
«vacío» nuestro sepulcro, y plenamente gloriosa nuestra
condición humana, también corporal.
PASCUA DE RESURRECCIÓN 127
PASCUA, «Día del Señor». La Glorificación de Jesús es el punto
culminante de la Historia.
1. — La Celebración litúrgica invita a gustar la experiencia de
la Fe: CRISTO HA RESUCITADO. El Evangelio recuerda cómo se
inició esta experiencia ante el Sepulcro vacío. Para la
Comunidad apostólica de Jerusalén, el Santo Sepulcro junto al
Calvario era signo y documento de la continuidad entre el
Cristo de la Cruz y el de la Gloria. Despojo de la Muerte en la
noche del viernes; triunfo de la Vida al amanecer del domingo.
Un ángel, voz de Revelación, proclama el Misterio: el
Crucificado ya no está aquí; VIVE. Durante la jornada manifestó
su inconfundible identidad a varios discípulos (Lc 24, 13-35). Al
término —hora de la última Cena— se hizo presente en medio
de la Comunidad reunida Qn 20, 19-23).
En el cuarto Evangelio, el Discípulo Predilecto evoca su
experiencia personal de haber sido el primero en ver-y-creer.
De paso, hace constar su respeto a la principalidad de Pedro
Qn 20, 1-10).
2. — La experiencia de la Fe se hizo imperativo de
comunicación. A partir de María Magdalena y sus compañeras
Qn 20, 17-18; Mt 28, 10), el honor de ver a Jesús confiere el
deber de anunciarlo a los demás. La Fe es un don divino a
compartir; o se transmite o se pierde. En la lectura de los
Hechos Apostólicos escuchamos a Pedro anunciando a Cristo
Resucitado Nuestra Fe de hoy es una llama ardiente, que
prendió al amanecer de Pascua junto al Santo Sepulcro y se ha
ido comunicando en la Iglesia, de vida en vida, hasta cada uno
de nosotros.
3. — Pascua transforma nuestra vida. Cristo resucitó por
nosotros (1 Cor 15,
20-22). En la de Cristo, la inmensa Familia de los bautizados
celebra su propia
Resurrección (Rom 6, 1-11). Por eso tiene en la altura —donde
está Cristo
Glorificado— el centro de sus valores, la luz de su pensamiento
y la fortaleza
insobornable de su amor (= Col 3, 1-4).
4. — Pascua es Alegría interior, que se manifiesta en la
incansable repetición del ALELUYA. La alegría es una
transfiguración de la existencia. Calor de una llama divina,
ardiente en la profundidad del propio ser. Participar hoy en la
Resurrección de Cristo quiere decir, con lenguaje del
catecismo, «estar en Gracia de Dios». Los cristianos sinceros
saben por experiencia que, en el silencio del alma, la Gracia de
Dios y la Alegría se abrazan en la Paz. Pascua es la fiesta
hermosa de la Gracia de Dios.
• SEGUNDO DOMINGO DE PASCUA
PRIMERA LECTURA
Lectura de los Hechos de los Apóstoles 2,42-47
Los hermanos eran constantes en escuchar la enseñanza de los
apóstoles, en la vida común, en la fracción del pan y en las
oraciones.
Todo el muodo estaba impresionado por los muchos prodigios y
signos que los apóstoles hacían en Jerusalén. Los creyentes
vivían todos unidos y lo tenían todo en común; vendían
posesiones y bienes y lo repartían entre todos, según la
necesidad de cada uno. A diario acudían al templo todos
unidos, celebraban la fracción del pan en las casas y comían
juntos alabando a Dios con alegría y de todo corazón; eran
bien vistos de todo el pueblo y día tras día el Señor iba
agregando al grupo los que se iban salvando.
Salmo responsorial Sal 117,2-4. 13-15. 22-24
R. Dad gracias al Señor porque es bueno, porque es eterna su
misericordia.
[ Aleluya].
Diga la casa de Israel:
eterna es su misericordia.
Diga la casa de Aarón:
eterna es su misericordia.
Digan los fieles del Señor:
eterna es su misericordia.
Empujaban y empujaban para derribarme, pero el Señor me
ayudó;
el Señor es mi fuerza y mi energía, él es mi salvación.
Escuchad: hay cantos de victoria en las tiendas de los justos.
II DOMINGO PASCUA 129
La piedra que desecharon los arquitectos es ahora la piedra
angular.
Es el Señor quien lo ha hecho, ha sido un milagro patente.
Este es el día en que actuó el Señor; es nuestra alegría y
nuestro gozo.
SEGUNDA LECTURA
Lectura de la primera carta del apóstol san Pedro 1,3-9
Bendito sea Dios, Padre de nuestro Señor Jesucristo, que en su
gran misericordia, por la resurrección de Jesucristo de entre los
muertos, nos ha hecho nacer de nuevo para una esperanza
viva, para una herencia incorruptible, pura, imperecedera, que
os está reservada en el cielo.
La fuerza de Dios os custodia en la fe para la salvación que
aguarda a manifestarse en el momento final. Alegraos de ello,
aunque de momento tengáis que sufrir un poco, en pruebas
diversas: así la comprobación de vuestra fe —de más precio
que el oro que, aunque perecedero, lo aquilatan a fuego—
llegará a ser alabanza y gloria y honor cuando se manifieste
Jesucristo nuestro Señor.
No habéis visto a Jesucristo, y lo amáis; no lo veis, y creéis en
él; y os alegráis con un gozo inefable y transfigurado,
alcanzando así la meta de vuestra fe: vuestra propia salvación.
ALELUYA Aleluya, aleluya.
Jn 20,29 Porque me has visto, Tomás, has creído —dice el Señor
—. Paz a vosotros. Dichosos los que creen sin haber visto.
Aleluya.
EVANGELIO
Lectura del santo evangelio según san Juan 20,19-31
Al anochecer de aquel día, el primero de la semana, estaban
los discípulos en una casa con las puertas cerradas, por miedo
a los judíos. Y en esto entró Jesús, se puso en medio y les dijo:
—Paz a vosotros.
Y, diciendo esto, les enseñó las manos y el costado. Y los
discípulos se llenaron de alegría al ver al Señor. Jesús repitió:
—Paz a vosotros. Como el Padre me ha enviado, así también os
envío yo.
Y, dicho esto, ezhaló su aliento sobre ellos y les dijo:
—Recibid el Espíritu Santo; a quienes les perdonéis los
pecados, les quedan perdonados; a quienes se los retengáis,
les quedan retenidos.
Tomás, uno de los doce, llamado «el Mellizo», no estaba con
ellos cuando vino Jesús. Y los otros discípulos le decían:
—Hemos visto al Señor.
Pero él les contestó:
—Si no veo en sus manos la señal de los clavos, si no meto el
dedo en el agujero de los clavos y no meto la mano en su
costado, no lo creo.
A los ocho días, estaban otra vez dentro los discípulos y Tomás
con ellos. Llegó Jesús,
130 CICLO A
estando cerradas las puenas se puso en medio y dijo:
—Paz a vosotros.
Luego dijo a Tomás:
—Trae tu dedo, aquí tienes mis manos; trae tu mano y métela
en mi costado; y no seas incrédulo, sino creyente.
Contestó Tomás:
— mío y Dios mío!
Jesús le dijo:
— me has visto has creído? Dichosos los que crean sin haber
visto.
Muchos otros signos, que no están escritos en este libro, hizo
Jesús a la vista de los discípulos. Estos se han escrito para que
creáis que Jesús es el Mesías, el Hijo de Dios, y para que,
creyendo, tengáis vida en su nombre.
Se encuentran en el Evangelio algunas Bienaventuranzas, que
no están entre las del Sermón de la Montaña. Hoy escuchamos
la principal: « los que tienen Fe!)>.
1. — «Vino Jesús, se puso en medio de ellos y les dijo: ¡Paz a
vosotros». Fue la primera Pascua y primer domingo cristiano. A
la misma hora que se habían reunido tres días antes, el Jueves
Santo. Entonces Jesús se despidió, anunciándoles que volvería.
Les prometió la Paz, la Alegría, el Espíritu. Los exhortó a que
permanecieran unidos. En estas páginas, San Juan evoca los
recuerdos inmortales de su juventud. Ahora, anciano, tiene
cada domingo con sus fieles la celebración eucarística. Al
evocar el primer atardecer de Pascua nos ofrece, junto con
aquella experiencia histórica, la perenne espiritualidad de
todas las reuniones eucarísticas dominicales. Jesús se hace
presente «en medio» de ellos (Mt 18, 20). Trasciende la
materia, pero se deja tocar. Manos y corazón llagado. Señor de
la Gloria y Cristo de la Cruz. Humanísimo y Dios. Su Presencia
es la Alegría. Su Palabra, la Paz. Transfunde su propia Misión a
la Iglesia comunicándole, como aliento creador (Gen 2, 7), el
Espíritu Santo. Con su poder de liberar al mundo del Pecado.
2. — «Si antes no veo.., si no meto el dedo... y la mano... ¡no
creeré!». Juan evangelista debió de encontrarse con más de un
difícil «Tomás» a lo largo de su vida. Al amigo apóstol,
constituido patrono de los que dudan, lo recuerda con afecto.
Tenía «su» razón...
3. — «Respondió Tomás y le dijo: ¡mi Señor y mi Dios!». El más
alto pensar, el más hondo sentir, el más claro hablar ante el
Jesús divino de la Gloria, ante el Jesús humano de las llagas
abiertas. Agradezcamos al Señor, que nos declara dichosos a
cuantos creemos sin necesidad de haber visto. Como aquellos
a quienes se dirige San Pedro en su preciosa Carta
[ intermedia]. LaFe cristiana tiene encendido su hogar en
medio de la Comunicación Apostólica. La Fe no es para
«razonadores» aislados. El libro de los Hechos [ lectura]
describe el ideal siempre nuevo de la Comunión Apostólica:
Doctrina, Fraternidad, Eucaristía, Oración. La increduli dad
empieza por no frecuentar, por ausentarse, por alejarse de ese
hogar de la Fe.
—Las últimas líneas (30-31) sirven de epílogo a todo el Cuarto
Evangelio. Dicen que su Autor lo escribió para que
mantengamos la Fe en Jesús, y creyendo obtengamos la Vida.
Sepamos agradecérselo.
II DOMINGO PASCUA 131
En el EVANGELIO, Juan destaca los momentos esenciales de la
manifestación de Cristo resucitado al colegio de sus apóstoles.
Tema central: la Misión. La resistencia a creer del ausente
Tomás hace pasar a primer plano, en la aparición siguiente, el
problema de la Fe. Los HECHOS dibujan el rostro ejemplar de la
más antigua comunidad cristiana de Jerusalén. Empieza la
lectura semicontinua de la primera ÇARTA DE SAN PEDRO:
domina en toda ella el tono de exhortación u homilía a los
recién bautizados.
Los primeros acontecimientos del domingo de Resurrección (el
sepulcro vacío, el aparecerse a algunos en particular)
preparaban el gran encuentro de Cristo con el colegio
apostólico reunido. Durante el ministerio público, los discípulos
habían formado con el Maestro una indisociable unidad. La
tentación de Getsemaní los dispersó (Mt 26, 31). La inmediata
solicitud del Resucitado fue la de restablecer aquella unión. Al
manifestárseles, insiste en afirmar su real identidad: «Soy yo
mismo...» (Lc 24, 39). En el EVANGELIO DE JUAN el signo
concreto de esta realidad e identidad está en las manos
llagadas el costado abierto (vers. 20, 25 y 27). Línea de
absoluta continuidad entre el Jesús a quien siguieron en
Galilea, el que se inmoló en la cruz y es el Señor de la Gloria.
Cuando lo ven, se cumple en ellos la promesa del Sermón de la
Cena: el gozo que no les quitará nadie Un 16, 22) y la paz que
el mundo no sabe dar Un 14,27). Los discípulos en torno a
Cristo, transparencia de Iglesia. Cada reunión eucarística es
atardecer de Pascua. Gozo y paz por la Presencia del Señor de
la Gloria, que conserva llagadas las manos y abierto el
corazón.
Con la sencillez de lo divino, Jesús transmite a sus apóstoles la
Misión que recibió del Padre. No renuncia a ella, la comunica:
desde ahora, el Yo profundo de la Iglesia en acción será Cristo.
Cristo, el Servidor o «Cordero» de Dios que vino a quitar el
pecado del mundo Un 1,29) en orden a establecer el reino de la
Santidad, la Justicia, el Amor. También sus enviados.
Unicamente por la fuerza del Espíritu. Con un gesto simbólico
se lo trasfunde. Línea de continuidad entre Dios Padre,
Jesucristo su Hijo y el Espíritu santificando el mundo a través
de los apóstoles.
La crisis de Tomás desemboca en la afirmación cumbre de la
cristología evangélica: ¡Tú eres «mi Señor y mi Dios»! Y en la
Bienaventuranza de la Fe post-apostólica: la de los ya no
testigos oculares (que creyeron porque «vieron», como el
mismo Tomás), sino dóciles oyentes de la Palabra. A ellos (a
nosotros) dedica Juan el epílogo del Evangelio (.c... se ha
escrito para que creáis... y creyendo tengáis Vida»).
La comunidad ejemplar de Jerusalén, según los HECHOS, tenía
por centro de su vida la asidua Fracción del Pan, o celebración
eucarística. Ambientada en la Doctrina de los apóstoles y en
las oraciones. Fuente de «koinonía» o comunión fraterna,
sincera y práctica. Por eso (porque era fiel a su identidad)
irradiaba alegría y contagiaba fe.
La primera página de la CARTA DE SAN PEDRO es un himno de
bendición a Dios y un elogio a los fieles por los valores
sustanciales del cristianismo: nacimiento a la Vida divina, fruto
y reflejo de la Resurrección de Cristo. Esperanza, Fe y Amor (sin
haber «visto»...). Autenticidad en el crisol de la «prueba» o
persecución. Alegría rebosante, preludio de la Gloria.
132 CICLO A
En la lectura del Evangelio se suceden tres apartados:
A. — Encuentro del Resucitado con la Comunidad de sus
Discípulos, al anochecer de Pascua (y. 19-23). Tiene dos
momentos. En el primero, se constata que los Díscipulos son
Testigos de la Resurrección. En el segundo, que son Enviádos
(«apóstoles») de Cristo. Ambos empiezan con el saludo de la
PAZ. Dicho por Jesús no era fórmula, sino eficacia Qn 14, 27).
Cuando escribe Juan, este saludo de la Paz ya era nota
característica del lenguaje litúrgico. La Paz en la Iglesia será
siempre atmósfera, signo y criterio de la Presencia de Jesús.
1.— El primer momento (y. 19-20) se concentra en la
experiencia de ver al Señor. Con plenitud de Alegría Qn 15, 11;
16, 22-24; 17, 13). Alegría es el rostro de la Fe. Vieron las
heridas de la Pasión; quiere decir que el Señor de la Gloria es el
mismo de la Cruz. Insinúa que la vocación cristiana a la Gloria
no consiste en suprimir el dolor y la muerte, sino en hacer, por
divino milagro, que de su misma entraña germine la Vida y la
Felicidad.
2.— En el segundo momento (y. 21-23) Jesús transfiere su
Misión, comunica con palabra y signo la Energía que la
garantiza y declara una de sus funciones esenciales. a) La
Misión es la misma que él ha recibido del Padre Qn 17, 18).
Hacer universal y perenne el Evangelio-en-Acción (Mc 16, 15;
Mt 28, 19). Dios, Cristo y la Iglesia están en línea indivisible. b)
Su Energía es la presencia dinámica del Espíritu Santo.
Anticipación de Pentecostés (Hch 1, 8). El signo con que la
expresa (y. 22) insinúa el misterio de una nueva creación (Gen
2, 7). c) Promover el Perdón de los Pecados fue esencial en la
vocación del Siervo de Yahvé Qn 1, 29), y lo es en la urgencia
del Apostolado.
B. — Dialéctica entre «ver» y «creer» (vers. 24-29). El segundo
apartado es una página transparente en torno a Tomás,
patrono de los que quieren dudar. Viendo la humanidad del
Señor, creyó por Gracia en su divinidad (y. 28). Pero serán
infinitos los que, por la Palabra de los Apóstoles Qn 17, 20),
creerán sin necesidad de ver. El autor del Evangelio personifica
en «Tomás» a los que creen que creerían si viesen
directamente a Jesús —olvidando que entre la Iglesia, Cristo y
Dios hay una continuidad indivisible.
C. — Las últimas líneas (vers. 30-31) son conclusión y rúbrica
de todo el Evangelio de San Juan. Invitan a la Bienaventuranza
de la Fe, que el Señor ofrece a los que «no han visto» (20, 29
b).
TERCER DOMINGO DE PASCUA
PRIMERA LECTURA
Lectura de los Hechos de los Apóstoles 2,14. 22-28
El día de Pentecostés, se presentó Pedro con los once, levantó
la voz y dirigió la palabra:
—Escuchadme, israelitas: Os hablo de Jesús Nazareno, el
hombre que Dios acreditó ante vosotros realizando por su
medio los milagros, signos y prodigios que conocéis. Conforme
al plan previsto y sancionado por Dios, os lo entregaron, y
vosotros, por mano de paganos, lo matasteis en una cruz. Pero
Dios lo resucitó rompiendo las ataduras de la muerte; no era
posible que la muerte lo retuviera bajo su dominio, pues David
dice:
Tengo siempre presente al Señor,
con él a mi derecha no vacilaré.
Por eso se me alegra el corazón,
exulta mi lengua
y mi carne descansa esperanzada.
Porque no me entregarás a la muerte
ni dejarás a tu fiel conocer la corrupción.
Me has enseñado el sendero de la vida,
me saciarás de gozo en tu presencia.
Hermanos, permitidme hablaros con franqueza: El patriarca
David murió y lo enterraron, y conservamos su sepulcro hasta
el día de hoy. Pero era profeta y sabía que Dios le había
prometido con juramento sentar en su trono a un descendiente
suyo; cuando dijo que «no lo entregaría a la muerte y que su
carne no conocería la corrupción», hablaba previendo la
resurrección del Mesías. Pues bien, Dios resucitó a este Jesús, y
todos nosotros somos testigos.
Ahora, exaltado por la diestra de Dios, ha recibido del Padre el
Espíritu Santo que estaba prometido, y lo ha derramado. Esto
es lo que estáis viendo y oyendo.
134 CICLO A
Salmo responsorial Sal 15,1-2a y 5. 7-8. 9-20. 11
R. Señor, me enseñarás el sendero de la vida. [ Aleluya].
Protégeme, Dios mío, que me refugio en ti; yo digo al Señor: Tú
eres mi bien. El Señor es el lote de mi heredad y mi copa, mi
suerte está en tu mano.
Bendeciré al Señor que me aconseja; hasta de noche me
instruye internamente. Tengo siempre presente al Señor, con él
a mi derecha no vacilaré.
Por eso se me alegra el corazón, se gozan mis entrañas, y mi
carne descansa serena:
porque no me entregarás a la muerte ni dejarás a tu fiel
conocer la corrupción.
Me enseñarás el sendero de la vida, me saciarás de gozo en tu
presencia, de alegría perpetua a tu derecha.
SEGUNDA LECTURA
Lectura de la primera carta del apóstol san Pedro 1,17-21
Queridos hermanos:
Si llamáis Padre al que juzga a cada uno, según sus obras, sin
parcialidad, tomad en serio vuestro proceder en esta vida.
Ya sabéis con qué os rescataron de ese proceder inútil recibido
de vuestros padres: no con bienes efímeros, con oro o plata,
sino a precio de la sangre de Cristo, el cordero sin defecto ni
mancha, previsto antes de la creación del mundo y
manifestado al final de los tiempos por nuestro bien.
Por Cristo vosotros creéis en Dios, que lo resucitó y le dio
gloria, y así habéis puesto en Dios vuestra fe y vuestra
esperanza.
ALELuYA Aleluya, aleluya.
Lc 24,31 Señor Jesús, explícanos las Escrituras. Enciende
nuestro corazón mientras nos hablas. Aleluya.
EVANGE1 10
Lectura del santo evangelio según san Lucas 24,13-35
Dos discípulos de Jesús iban andando aquel mismo día, el
primero de la semana, a una aldea llamada Emaús, distante
unas dos leguas de Jerusalén; iban comentando todo lo que
había
III DOMINGO PASCUA 135
sucedido. Mientras conversaban y discutían, Jesús en persona
se acercó y se puso a caminar con ellos. Pero sus ojos no eran
capaces de reconocerlo.
Elles dijo:
— conversación es esa que traéis mientras vais de camino?
Ellos se detuvieron preocupados. Y uno de ellos, que se
llamaba Cleofás, le replicó:
—€ Eres tú el único forastero en Jerusalén, que no sabes lo que
ha pasado allí estos días? El les pregunto:

Ellos le contestaron:
—Lo de Jesús el Nazareno, que fue un profeta poderoso en
obras y palabras ante Dios y todo el pueblo; cómo lo
entregaron los sumos sacerdotes y nuestros jefes para que lo
condenaran a muerte, y lo crucificaron. Nosotros esperábamos
que él fuera el futuro liberador de Israel. Y ya ves, hace dos
días que sucedió esto. Es verdad que algunas mujeres de
nuestro grupo nos han sobresaltado, pues fueron muy de
mañana al sepulcro, no encontraron su cuerpo, e incluso
vinieron diciendo que habian visto una aparición de ángeles,
que les habían dicho que estaba vivo. Algunos de los nuestros
fueron también al sepulcro y lo encontraron como habían dicho
las mujeres; pero a él no lo vieron.
Entonces Jesús les dijo:
—jQué necios y torpes sois para creer lo que anunciaron los
profetas! ¿No era necesario que el Mesías padeciera esto para
entrar en su gloria?
Y comenzando por Moisés y siguiendo por los profetas, les
explicó lo que se refería a él en toda la Escritura.
Ya cerca de la aldea donde iban, él hizo ademán de seguir
adelante, pero ellos le apremiaron diciendo:
—Quédate con nosotros porque atardece y el día va de caída.
Y entró para quedarse con ellos. Sentado a la mesa con ellos
tomó el pan, pronunció la bendición, lo partió y se lo dio. A
ellos se les abrieron los ojos y lo reconocieron. Pero él
desapareció.
Ellos comentaron:
—ENo ardía nuestro corazón mientras nos hablaba por el
camino y nos explicaba las Escrituras?
Y, levantándose al momento, se volvieron a Jerusalén, donde
encontraron reunidos a los once con sus compañeros, que
estaban diciendo: -
—Era verdad, ha resucitado el Señor y se ha aparecido a
Simón.
Y ellos Contaron lo que les había pasado por el camino y cómo
lo habían reconocido al partir el pan.
Jesús Resucitado está presente en la Iglesia. El Evangelio de los
discípulos de Emaús es una meditación sobre esta Presencia.
Presente en la Palabra de Dios. En la Fracción del Pan. En la
Comunidad Apostólica.
1. — En la Palabra de Dios. Al evocar el hecho real de aquel
camino de Emaús, San Lucas lo transfigura en diorama de una
liturgia de la Palabra. Sin darse cuenta, los dos caminantes
están escuchando a Jesús de Nazaret. Cuando en la comunidad
eclesial se proclama la auténtica Palabra de Dios y
auténticamente se explica, Cristo está presente. Jesucristo, la
Palabra viva, que por medio de signos escritos y orales entra
en el profundo pensar y sentir del hombre para elevarlo a
sintonía con el pensar y sentir de Dios. A los dos de Emaús,
antes hundidos en el pesimismo, les arde el «corazón»
mientras escuchan al incógnito Maestro (y. 32). Explicar las
Sagradas Escrituras de manera que se conviertan dentro de
cada uno en fuego de la propia alma es oficio principal en la
Iglesia. Y, sobre todo, gracia de Dios. Fundamento y corona
136 CICLO A
de toda Catequesis, desde el nivel infantil hasta la más alta
teología. [ preguntan qué textos del Antiguo Testamento pudo
comentar el Señor, camino de Emaús. En el pensamiento de
San Lucas tendrían prioridad aquellos que él pone en boca de
los Apóstoles a lo largo del libro de los Hechos. Así, por
ejemplo, en la primera lectura de hoy nos presenta a San Pedro
el día de Pentecostés, comentando cristológicamente el Salino
15. Luego lo saboreamos en el canto interleccional. Quien hace
suyo este Salmo, descubre en él un manantial inagotable de
poesía y de espiritualidad.]
2. — En la Fracción del Pan. Ya en la iglesia de los evangelistas
se leía y comentaba la Palabra de Dios para prepararse a la
celebración eucarística. A la «Fracción del Pan». «Quédate con
nosotros, que anochece...» Oración sencilla y plena, que ha
reflorecido en infinidad de peregrinos de Emaús. La Eucaristía
es hogar de la Fe. En el momento en que los ojos exteriores de
los dos discípulos se quedan sin su aparente objeto, se les
ilumina la mirada interior de la Verdad para «ver» y sentir la
real Presencia de Cristo. Cada eucaristía nos reenciende el
júbilo de Emaús.
3. — En la Comunidad Apostólica. Sin esperanza, los dos
discípulos de Emaús se iban de Jerusalén, donde habían
quedado los Apóstoles. Aquella noche, Jesús se quería
manifestar a todos, reunidos, para cenar con ellos en signo de
fraternidad y darles la Misión de llevar el Evangelio al mundo.
Es el tema de las siguientes líneas de San Lucas (24, 36-49),
que están en continuidad con el relato de Emaús. La
experiencia de Cristo pone en el alma de los dos la necesidad
de volver a Jerusalén. Es decir, a la Comunidad Apostólica,
donde el Amor de cada uno a Cristo se funde en el amor y
unidad de todos.
Con el EVANGELIO de hoy completamos la visión global de las
tres fases en que los evangelistas distribuyeron los
acontecimientos del domingo de Resurrección. En efecto,
después que hubieron encontrado el sepulcro vado de
madrugada (Ev. del dom. de Pascua) y antes de que el Señor
se manifestase a los apóstoles reunidos al anochecer (Ev. del
2> dom.), se apareció a algunos discípulos en particular. De
estas apariciones, San Lucas nos cuenta la de Emaús.
A través de la lectura de los HECHOS vemos a los Apóstoles
proclamando al pueblo hebreo, bajo la luz de las Escrituras, el
misterio de la muerte y resurrección de Jesús de Nazaret. La
CARTA DE SAN PEDRO nos exhorta a sentirnos conscientes y
responsables de que el precio de nuestra libertad es la sangre
de Cristo.
Los dos de Emaús se marcharon de Jerusalén cuando ya corría
entre los discípulos la noticia de que el sepulcro estaba abierto
y sin el cadáver; pero no la de que Jesús se hubiese
manifestado vivo. El evangelista da el nombre de uno de los
dos, Cleofás, que algunos suponen pariente próximo del Señor
Un 19, 25).
En su reportaje al compañero desconocido (vers. 18-24) todos
los verbos están en pretérito. Jesús fue. Le mataron. Estamos
ya en el tercer día desde que todo esto sucedió. En el centro, el
pretérito del ideal frustrado: «esperábamos que él iba a ser el
libertador de Israel».
El desconocido se les transforma en maestro. Pedagogo, no
teme reprender:
« Evocando textos de la Biblia les muestra cómo el auténtico
Mesías o
III DOMINGO PASCUA 137
«Cristo» no era el que ellos esperaban. Es el hombre del dolor;
el que va y lleva a la Gloria por la Cruz. El corazón de Cleofás y
del otro se hicieron llama viva (vers. 32). Porque en los
hombres de buena voluntad arde la esperanza si se les habla
de Cristo, del auténtico Cristo, claro, directo, al corazón.
En la manera de describir esta escena real se advierte el pincel
de artista y el alma apostólica de San Lucas. Porque los dos
peregrinos encarnan la fisonomía del hombre desalentado,
quizá frustrado, pero capaz de Evangelio. Aun alejándose de
Jerusalén, donde precisamente ha amanecido la esperanza, en
su camino ya no van solos. Su momento crítico, cuando viene
la noche, será decirle al Desconocido: «Quédate con nosotros...
«
« Y entró para quedarse con ellos». La hora de Emaús. Del
camino de la Palabra a la mesa de la Presencia (ver Apoc 3,20).
Luego corrieron a comunicar su fe con la de los Apóstoles
reunidos en Jerusalén. Y les contaron «cómo se les dio a
conocer en la Fracción del Pan».
En la manera de referir el hecho histórico, San Lucas refleja su
propia experiencia de cristiano. La de cuantos tienen abiertos
los ojos del espíritu para vivir, en torno a la Mesa de la Fracción
del Pan, su hora de Emaús.
Acto seguido el evangelista cuenta la manifestación del Señor
a los Apóstoles
(vers. 36-49). A fin de llevar su mensaje al mundo, les da el
carisma de interpretar las
Escrituras (y. 45-48) y les promete el Espíritu Santo (49). La
lectura de los HECHOS
nos ofrece un ejemplo de cómo los Apóstoles predicaban a
Cristo a partir de la Biblia.
(Concretamente del SALMO 15, que sirve hoy de canto
interleccional).
Prosigue la CARTA DE SAN PEDRO. Fuimos «redimidos» (=
liberados de la esclavitud) no con dinero sino con la sangre (=
sacrificio) de Cristo. Precio infinito. El cristiano no vende por
nada su íntima libertad de vivir como hijo de Dios.
Tres momentos en la lectura del Evangelio: el camino de
Emaús, la fracción del pan, el retorno a Jerusalén. Palabra,
Eucaristía y Misión.
1. El camino de Emaús. A San Lucas le gustaba contemplar a
Jesús caminando. Por eso, entre los recuerdos del Día de la
Resurrección, da importancia principal a la historia de los dos
discípulos. Se les han caído las alas de la Esperanza, porque
habían esperado mal (y. 21). Saben lo del Sepulcro vacío y se
van de Jerusalén, alejándose de la Comunidad de los Apóstoles.
Se hablan el uno al otro en diálogo cerrado, con lo que sólo
consiguen hacer más oscuro su pesimismo. Los dos discípulos
personifican el desaliento, enfermedad característica de la Fe
cuando no se nutre de la Palabra de Dios.
El Resucitado sigue siéndoles Maestro. Pedagogo eficaz,
examina, reprende y catequiza. Su lección se centra en el tema
clave del Misterio Cristiano: la Gloria germina de la Cruz. Tiene
por método la explicación de las Sagradas Escrituras. Al pasar
por sus labios, la letra bíblica se enciende en el Espíritu que la
inspiró, y su llama transfigura el corazón de los que escuchan
(vers. 27 y 32). Cristo camino de Emaús es ideal y norma de
los que sienten la responsabilidad de comunicar al mundo la
Palabra de Dios.
2. La Fracción del Pan. San Lucas escribe esta página para los
cristianos que
138 CICLO A
tienen en la celebración eucarística el hogar ardiente de su Fe.
El Camino hacia Emaús ha sido Liturgia de la Palabra. La
Memoria de Cristo abre la sed de su Presencia. Lo invitan bajo
el misterio del peregrino. La invitación de Emaús resume la
entrañable confianza con que miran a Jesucristo cuantos
entienden «los signos de los tiempos»: Quédate con nosotros,
que anochece...
La Fracción del Pan ilumina los ojos de la Fe con la certeza del
Invisible. San Lucas y sus lectores entendían el Gozo
inagotable que sugiere este momento. Cada Eucaristía
consciente es Emaús.
3. — El retorno a Jerusalén. Los que han recobrado laPrc sencia
de Cristo sienten la interior necesidad de recobrar la de la
Comunidad Apostólica. Volver a «Jerusalén» es reintegrarse al
hogar. Misioneros de su noticia, los dos de Emaús descubren
que su Fe ya es la de todos los hermanos. Con ellos van a
participar, al término de la inolvidable jornada, en la Presencia
eclesial del Señor (24,36 ss), que les confía la Misión de llevar
el Evangelio a todo el mundo. Gracias a los que nos
evangelizaron, podemos revivir en cada Celebración
Eucarística la experiencia de que Jesucristo se queda con
nosotros. El Gozo de Emaús.
CUARTO DOMINGO DE PASCUA
PRIMERA LECTURA
Lectura de los Hechos de los Apóstoles 2,14a. 36-41
El día de Pentecostés se presentó Pedro con los once, levantó
la voz y dirigió la palabra:
—Todo Israel esté cierto de que al mismo Jesús, a quien
vosotros crucificasteis, Dios lo ha constituido Señor y Mesías.
Estas palabras les traspasaron el corazón, y preguntaron a
Pedro y a los demás apóstoles:
— tenemos que hacer, hermanos? Pedro les contestó:
—Convertíos y bautizaos todos en nombre de Jesucristo para
que se os perdonen los pecados, y recibiréis el Espíritu Santo.
Porque la promesa vale para vosotros y para vuestros hijos y,
además, para todos los que llame el Señor Dios nuestro,
aunque estén lejos.
Con éstas y otras muchas razones los urgía y los exhortaba
diciendo:
—Escapad de esta generación perversa.
Los que aceptaron sus palabras se bautizaron, y aquel día se
les agregaron unos tres mil.
Salmo responsorial Sal 22,1-3a. 3b-4. 5. 6
R. El Señor es mi pastor, nada me falta.
[ Aleluya].
El Señor es mi pastor, nada me falta:
en verdes praderas me hace recostar, me conduce hacia
fuentes tranquilas y repara mis fuerzas.
140 CICLO A
Me guía por el sendero justo, por el honor de su nombre.
Aunque camine por cañadas oscuras, nada temo, porque tú
vas conmigo:
tu vara y tu cayado me sosiegan.
Preparas una mesa ante mí, enfrente de mis enemigos; me
unges la cabeza con perfume, y mi copa rebosa.
Tu bondad y tu misericordia me acompañan todos los días de
mi vida, y habitaré en la casa del Señor por años sin término.
SEGUNDA LECTURA
Lectura de la primera carta del apóstol san Pedro 2,20b-25
Queridos hermanos:
Si obrando el bien soportáis el sufrimiento, hacéis una cosa
hermosa ante Dios, pues para esto habéis sido llamados, ya
que también Cristo padeció su pasión por vosotros, dejándoos
un ejemplo para que sigáis sus huellas.
El no cometió pecado ni encontraron engaño en su boca;
cuando lo insultaban, no devolvía el insulto; en su pasión no
profería amenazas; al contrario, se ponía en manos del que
juzga justamente. Cargado con nuestros pecados subió al leño,
para que, muertos al pecado, vivamos para la justicia. Sus
heridas os han curado. Andabais descarriados como ovejas,
pero ahora habéis vuelto al pastor y guardián de vuestras
vidas.
ALELUYA Aleluya, aleluya.
Jn 10,14 Yo soy el buen Pastor —dice el Señor—, conozco a mis
ovejas y las mías me conocen. Aleluya.
EVANGELIO
Lectura del santo evangelio según san Juan 10,1-10
En aquel tiempo, dijo Jesús a los fariseos:
—Os aseguro que el que no entra por la puerta en el aprisco de
las ovejas, sino que salta por otra parte, ése es ladrón y
bandido; pero el que entra por la puerta es pastor de las
ovejas. A éste le abre el guarda y las ovejas atienden a su voz,
y él va llamando por el nombre a sus ovejas y las saca fuera.
Cuando ha sacado todas las suyas camina delante de ellas, y
las ovejas lo siguen, porque conocen su voz: a un extraño no lo
seguirán, sino que huirán de él, porque no conocen la voz de
los extraños.
Jesús les puso esta comparación, pero ellos no entendieron de
qué les hablaba. Por eso añadió Jesús:
IV DOMINGO PASCUA 141
—Os aseguro que yo soy la puerta de las ovejas. Todos los que
han venido antes de mí son ladrones y bandidos; pero las
ovejas no los escucharon.
Yo soy la puerta: quien entre por mí se salvará y podrá entrar y
salir, y encontrará pastos.
El ladrón no entra sino para robar y matar y hacer estrago; yo
he venido para que tengan vida y la tengan abundante.
Domingo del Buen Pastor. El pueblo que escuchaba a Jesús
comprendía por intuición la alegoría religiosa del Pastor y su
rey. La Biblia y la Liturgia se lo habían hecho connatural. Un
israelita sabe concentrar toda la audacia de su fe y la ternura
de su confianza en el Salmo, que también nosotros cantamos:
«El Señor es mi Pastor:
nada me falta... »
El Mesías anunciado por los profetas tenía que aparecer ante el
pueblo como representación y presencia del único Pastor
supremo, que es Dios. Al afirmarse Pastor de Israel, Jesús se
definió Mesías. Para la Iglesia de los Apóstoles y de las
Catacumbas, la imagen del Buen Pastor era símbolo del Amor
de Cristo.
El vocabulario «pastoral» se extendió también (y ahora quizá
más que nunca) a la acción eclesiástica. Por respeto a su
origen, quienes lo hacen suyo se comprometen a mostrarse
ante el mundo transparencia del único Pastor.
1. — «Jesús les dijo esta comparación». Se refiere al texto de
los cinco primeros versículos. Instantánea alegorizante de un
aprisco en plena vida. Significa el Pueblo de Dios. El vallado
tiene una única puerta, que discierne dos estilos. Entrar y salir
por ella es libertad y derecho del Pastor. Saltar el muro,
habiendo puerta, es alevosía de ladrón.
2. — «Yo soy la Puerta». A lo largo del capítulo diez de San
Juan, el Maestro va comentando la alegoría bajo dos
perspectivas: la de la PUERTA y la del PASTOR. El leccionario
litúrgico corta el tezto en esta primera parte, dejando la
segunda y principal (la que tiene por lema « Yo soy el Buen
Pastor») para el ciclo B, que se leerá dentro de un año. —La
imagen de la «Puerta» no tiene sentido material, sino
funcional. PUERTA quiere decir legítimo entrar y salir. Línea de
encuentro entre familiares y amigos. Norma de gozosa libertad
activa que lleva el hogar al mundo y el mundo al hogar. La
Puerta juzga al que, con gesto de ladrón, se empeña en entrar
sin. pasar por ella. Las palabras con que el Señor acusa a
«ladrones y bandidos» aluden a situaciones concretas de la
historia reciente de su Pueblo. Falsos redentores equivocados y
criminales, expertos en robar, matar, destruir.
3. — «YO HE VENIDO PARA QUE TENGAN VIDA». Pensamiento
central de todo el capítulo, que introduce las reflexiones
siguientes bajo el lema «Yo soy el Buen Pastor» (vers. 11). El
que entrega su propia Vida en Sacrificio, a fin de que el Pueblo
tenga la Vida verdadera, «abundante». En el Evangelio, la
palabra Vida tiene una infinita plenitud de significado. Esta
frase, con que termina hoy nuestra lectura, condensa toda la
Misión Pastoral de Jesús y, por tanto, de su Iglesia.
El tema principal de la liturgia de la Palabra da fisonomía
propia a este «Domingo del Buen Pastor». (En la nueva
ordenación de textos se ha retrasado una semana con el fin de
no interrumpir la continuidad de la catequesis sobre las
manifestaciones del Señor resucitado durante los domingos 1°,
2° y 3° de Pascua).
142 CICLO A
El texto fundamental de la imagen eclesiológica de Cristo-
Pastor está en el capítulo 10 del EVANGELIO SEGUN SAN JUAN.
El SALMO 22 nos la traduce a cántico espiritual. En la CARTA
DE SAN PEDRO, la guía del Pastor-mártir nos invita a seguirlo
con docilidad.
La lectura de los HECHOS nos ofrece, lo mismo que el domingo
pasado, un fragmento de la primera predicación apostólica al
pueblo hebreo.
En el EVANGELIO de la Misa sólo se lee, este año, la primera
mitad de la alegoría del Pastor (la otra mitad la escucharemos
el año próximo). En su composición se siguió el procedimiento
pedagógico de la «revelación de la verdad en dos fases»: la
primera suscita un interrogante, la segunda le da la respuesta.
Entre ambas hay un momento intermedio, en el que los
oyentes manifiestan su falta de comprensión.
La primera fase (vers. 1-5) se limita a describir una escena de
la vida real de Palestina. Un aprisco vallado por un muro de
cerca, en el que hay una sola puerta. El pastor entra y sale por
ella; llama a sus ovejas, y éstas le reconocen la voz; las
conduce a los pastos, y le siguen. Si entra un ladrón, tendrá
que saltar la tapia; va dispuesto a matar; las ovejas no le
querrán seguir.
En el momento intermedio (vers. 6) los oyentes (los fariseos)
comprenden que el Maestro debe de hablar con alguna
intención; pero no la saben descubrir.
Por eso, en una segunda fase, Jesús irá destacando y
traduciendo a sentido religioso los cinco elemeütos de la
descripción inicial: el redil, la puerta, las ovejas, el pastor, el
ladrón.
De momento, en los vers. 7-9, el foco de la explicación se
concentra sobre el elemento «puerta». Pasar o no por ella
cuando se entra en el «redil» es el criterio que discierne al
«pastor» del «ladrón». En consecuencia, Jesús acusa a los que
vinieron antes de él. Venir suele tener en el Evangelio
resonancia mesiánica. Alude a los que, por declaración
explicita o con su actitud, se arrogaron la misión de salvadores
de Israel. Poi que abundaron los falsos mesías. Cristo es la
única «puerta» y se insinúa la del Mesía -Pastor («Yo he
venido..»). Esta se afirmará solemnemente en el 11: YO SOY EL
BUEN PASTOR... En las líneas siguientes sg habla del amor con
ue da la vida por sus ovejas, por su pueblo. Pero esta segunda
parte y su comentario corresponden al siguiente ciclo de
lecturas.
Bajo la luz de su explicación, la imagen inicial (vers. 1-5) se
transfigura. Ya no hay aprisco ni ovejas, sino la voz amiga de
Cristo que entra en sintonía con la intimidad de cada uno de
sus discípulos o «seguidores»: la huella de sus pasos es ley de
nuestro camino. Es lo que nos dice San Pedro en su Carta. Y el
Salmo canta la felicidad de tener tal Pastor. Honor y exigencia
para quienes han sido llamados al oficio de actualizar en la
Iglesia su amor pastoral. «Las ovejas le siguen, porque
reconocen su voz; no seguirán a un extraño, porque no
reconocen la voz de los extraños».
El capítulo 10 de San Juan recapitula lo que Jesús dijo de sí bajo
la imagen del PASTOR. Cada pueblo ha recibido de su tradición
un concreto tesoro de imágenes. Las «imágenes asimiladas»,
de las que el pueblo se sirve como de un lenguaje de casa, son
palabras de luz que hablan al alma.
IV DOMINGO PASCUA 143
En el «tesoro de imágenes» de Israel sobresalía la del PASTOR.
Miraban a Dios como realidad y arquetipo del Pastor bueno
(léase el Salmo interleccional). Y acusaban de malos pastores a
los dirigentes indignos (léase el capítulo 34 de Ezequiel). El
Mesías esperado tenía que ser Acción y Presencia pastoral de
Dios en medio del Pueblo.
Diciendo que él es EL BUEN PASTOR, Cristo afirma su
identidad.
Esta página de Evangelio empieza fijando la atención en una
escena de la vida real:
lo que sucede en un aprisco (vers. 1-5). Es obvio que Jesús
invita a reflexionar, pero no le comprenden (6). Entonces
explica su pensamiento con afirmaciones d.irectas (7-18).
Pedagogía del Maestro, que, mirando las cosas del orden
terreno (un aprisco), hace intuir y saborear las del orden
celeste (el Pueblo de Dios). De la Parábola a la Catequesis.
La «Parábola» esboza dos contrastes. El Pastor auténtico se
contrapone primero al ladrón (1-2) y luego al apacent ajeno o
«extraño», que las ovejas no (re)conocen (3-5). La
«Catequesis» desarrolla ambos contrastes. El primero con la
afirmación, repetida dos veces: YO SOY LA PUERTA. Los que no
entran por ella son ladrones (7-10). El segundo con la
afirmación, también repetida dos veces: YO SOY EL BUEN
PASTOR. El Buen Pastor conoce, ama, sirve, cuida, defiende y
acrecienta el «rebaño» (el Pueblo de Dios, la Iglesia) —hasta
dar la vida por él. En todo se contrapone al egoísta, que
«pastorea» únicamente por la paga. Esta segunda mitad de la
Catequesis (11-18), la más sustantiva, la deja el leccionario
para el año próximo. Es oportuno recordarla. Sólo anotamos el
texto delimitado para hoy:
1.— «YO SOY LA PUERTA». La puerta señala el legítimo «entrar
y salir» (9).
Acceso a la libertad positiva. Línea de encuentro con el familiar
y el amigo. Criterio
de rectitud para el que viene. Autocondena para quien tiene
que saltar por otro sitio
(1), porque su disposición lo aparta de ella. —Para el Pueblo en
su abertura a la
Salvación y a la Libertad, que es de solo Dios, no hay otra
puerta sino Cristo. El
Evangelio califica (y. 8) a quienes hayan pretendido serlo
«antes de él».
2. — «YO HE VENIDO PARA QUE TENGAN VIDA». Pensamientó
central de toda esta Catequesis. Transición hacia la imagen
principal del Pastor (vers. 11 ss), que da su vida (mortal) por la
VIDA (eterna) de las «ovejas». Jesús se contrapone a los falsos
mesías de aquella época, que no tuvieron más disposición ni
resultado que robar, matar y destruir. La Misión Pastoral
Cristiana es totalmente otra. Se concentra en la palabra VIDA,
con la infinita profundidad de sentido que le da el Evangelio.
QUINTO DOMINGO DE PASCUA
PRIMERA LECTURA
Lectura de los Hechos de los Apóstoles 6,1-7
En aquellos días, al crecer el número de los discípulos, los de
lengua griega se quejaron contra los de lengua hebrea,
diciendo que en el suministro diario no atendían a sus viudas.
Los apóstoles convocaron al grupo de los discípulos y les
dijeron:
—No nos parece bien descuidar la Palabra de Dios para
ocuparnos de la administración. Por tanto, hermanos, escoged
a siete de vosotros, hombres de buena fama, llenos de espíritu
de sabiduría, y los encargaremos de esta tarea; nosotros nos
dedicaremos a la oración y al servicio de la palabra.
La propuesta les pareció bien a todos y eligieron a Esteban,
hombre lleno de fe y de Espíritu Santo, a Felipe, Prócoro,
Nicanor, Simón, Parmenas y Nicolás, prosélito de Antioquía. Se
los presentaron a los apóstoles y ellos les impusieron las
manos orando.
La Palabra de Dios iba cundiendo y en Jerusalén crecía mucho
el número de discípulos; incluso muchos sacerdotes aceptaban
la fe.
Salmo responsorial Sal 32,1-2. 4-5. 18-19
R. Que tu misericordia, Señor, venga sobre nosotros, como lo
esperamos de ti.
[ Aleluya].
Aclamad, justos, al Señor, que merece la alabanza de los
buenos; dad gracias al Señor con la cítara, tocad en su honor el
arpa de diez cuerdas.
V DOMINGO PASCUA 145
La palabra del Señor es sincera
y todas sus acciones son leales;
él ama la justicia y el derecho,
y su misericordia llena la tierra.
Los ojos del Señor están puestos en us fieles, en los que
esperan en su misericordia, para librar sus vidas de la muerte
y reanimarlos en tiempo de hambre.
SEGUNDA LECTURA
Lectura de la primera carta del apóstol san Pedro 2,4-9
Queridos hermanos:
Acercándoos al Señor, la piedra viva desechada por los
hombres, pero escogida y preciosa ante Dios, también
vosotros, como piedras vivas, entráis en la construcción del
templo del Espíritu, formando un sacerdocio sagrado para
ofrecer sacrificios espirituales que Dios acepta por Jesucristo.
Dice la Escritura: <Yo coloco en Sión una piedra angular,
escogida y preciosa; el que crea en ella no quedará
defraudado.
Para vosotros los creyentes es de gran precio, pero para los
incrédulos es la piedra que desecharon los constructores: ésta
se ha convertido en piedra angular, en piedra de tropezar yen
roca de estrellarse.
Y ellos tropiezan al no creer en la palabra: ése es su destino.
Vosotros, en cambio, sois una raza elegida, un sacerdocio real,
una nación consagrada, un pueblo adquirido por Dios para
proclamar las hazañas del que os llamó a salir de la tiniebla y a
entrar en su luz maravillosa.
ALELUYA Aleluya, aleluya.
Jn 14,5 Yo soy el camino y la verdad y la vida —dice el Señor—.
Nadie va al Padre, sino por mí. Aleluya.
EVANGELIO
Lectura del santo evangelio según san Juan 14,1-12
En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulo:
—No perdáis la calma, creed en Dios y creed también en mí. En
la casa de mi Padre hay muchas estancias, si no, os lo habría
dicho, y me voy a prepararos sitio. Cuando vaya y os prepare
sitio volveré y os llevaré conmigo, para que donde estoy yo
estéis también vosotros. Y adonde yo voy, ya sabéis el camino.
Tomás le dice:
—Señor, no sabemos adónde vas. ¿Cómo podemos saber el
camino?
Jesús le responde:
—Yo soy el camino y la verdad y la vida. Nadie va al Padre sino
por mí. Si me conocierais a mí, conoceríais también a mi Padre.
Ahora ya lo conocéis y lo habéis visto.
146 CICLO A
Felipe le dice:
—Señor, muéstranos al Padre y nos basta.
Jesús le replica:
—Hace tanto que estoy con vosotros, ¿y no me conoces,
Felipe? Quien me ha visto a mí ha visto al Padre. ¿Cómo dices
tú: «Muéstranos al Padre>’? ¿No crees que yo estoy en el Padre
ye! Padre en mí? Lo que yo os digo no lo hablo por cuenta
propia. E! Padre, que permanece en mí, él mismo hace las
obras. Creedme: yo estoy en e! Padre y e! Padre en mí. Si no,
creed en las obras. Os lo aseguro: el que cree en mí, también
él hará las obras que yo hago, y aun mayores. Porque yo me
voy al Padre.
Escuchamos en el Evangelio unas palabras del SERMÓN DE LA
CENA. Despedida de Jesús en el Cenáculo, horas antes de su
Pasión y Muerte. San Juan nos ha dejado en estos cinco
capítulos del «Sermón de la Cena» (Jn 13-17) los más
entrañables recuerdos del Maestro, que él comunicaba a su
iglesia en torno a la celebración eucarística. A lo largo de los
cinco capítulos se repiten con insistencia tres sentimientos: a)
Me voy al Padre... [ y Muerte]; b) pror volveré a vosotros...
[ Resurrección y apariciones]; c) luego caminaremos juntos
hacia el Padre [ vida y actividad de los cristianos con Cristo en
el mundo]
1. — «Me voy aprepararos sitio». Habla del infinito dolor de su
Cruz y se expresa con la sabrosa alegoría de un viaje a la Casa
del Padre. Para que los hombres pecadores pudiéramos entrar
en esa «Casa», es decir, en la intimidad eterna con Dios, quiso
adelantarse él, sacrificado por todos en redentora unicidad.
2. — «Luego de haber ido a prepararos sitio, volveré... »
Promesa de la Resurrección. Ausencia de unas horas, preludio
de una eterna Presencia. Al «volver», Jesús Glorificado trae a
los suyos, a la Comunidad Apostólica, a la Iglesia el aura divina
que él respira en la Casa del Padre...
3. — «... y os llevaré conmigo, para que donde estoy yo estéis
también vosotros». Caminar juntos y permanecer siempre
juntos. Idea cumbre de la espiritualidad del Nuevo Testamento:
seguir a Cristo; trabajar, padecer y gozar, morir y vivir en
Cristo. Estar con Cristo es cielo en la tierra. —Tomás apóstol,
patrono de los temperamentos contradictorios, dice no
entender la alegoría del «camino». Ello da pie a la afirmación
principal, que resume todo el Evangelio: YO SOY EL CAMINO, Y
LA VERDAD Y LA VIDA. El CAMINO de que habla Jesús no es una
línea trazada en el campo, que debamos recorrer. Es su misma
Persona. Dejar que él viva, piense, sienta y actúe en nuestro
«caminar», que es nuestro vivir. Jesús-Camino es la VERDAD
que se nos da en el Evangelio, la VIDA que arde en nosotros
por la Eucaristía. —Felipe apóstol suplica, como tantos
ingenuos, una experiencia tangible del Padre Dios. Hay que
recordarles que, en este mundo, basta Cristo. Que en la
humanidad glorificada de Cristo (el que tenemos en el
Evangelio, en la Eucaristía) DIOS se nos hace transparente,
cercano, de casa.
El EVANGELIO es un fragmento del «Sermón de laCena» según
San Juan. Lo serán también los de los dos domingos siguientes.
Ya de muy antiguo era costumbre leer este Sermón durante el
tiempo pascual. —Prosiguen independientemente las
V DOMINGO PASCUA 147
lecturas semicontinuas de los HECHOS APOSTÓLICOS y de la
primera CARTA DE SAN PEDRO.
La situación vital del EVANGELIO es la de Jesús despidiéndose
de los discípulos en el Cenáculo, ausente ya Judas, antes de
salir para Getsemaní. El evangelista distribuye las Palabras de
despedida del Señor (o «Sermón de la Cena») en tres grandes
secciones. El fragmento de hoy pertenece a la primera sección.
Esta primera sección Un 13,31 — 14,31) tiene ritmo de diálogo:
mientras habla el Maestro le interrumpen uno tras otro Pedro,
Tomás, Felipe, Judas Tadeo. Empieza anunciando que se va. Les
deja pot legado el amor fraterno-eclesial. Pedro protesta que
quiere ir con él. El Señor le predice su caída. Fn seguida vienen
las palabras que leemos hoy.
El sentimiento fundamental del primer párrafo es el que
distingue la despedida de Jesús de todas las demás. El
leitmotiv de la forma literaria «despedida del que va a morir»
sueLe ser: me voy, y no nos veremos más. En cambio Jesús
dice: me voy (entiéndase su muerte), y pronto volveré a
vosotros (su resurrección y presencia en la Iglesia).
Prosiguiendo en la alegoría del «viaje a la casa paterna», añade
que su ida tiene por objeto preparar la de ellos. El mismo les
acompañará luego, y estarán todos unidos allí, con el Padre,
para siempre. Expresión perfecta de la Comunidad
escatológica: una Familia.
Salta el pesimista del grupo, Tomás. Al evocar aquella noche,
Juan evangelista pensaba en su iglesia de Efeso, continuidad
teológica del Cenáculo, como la nuestra. ¡ Cuántos tampoco
saben a dónde vamos, y menos el camino! La respuesta de
Jesús es definitiva, programática: «YO SOY EL CAMINO: LA
VERDAD Y LA VIDA». Revelación y Gracia, luz y ardencia del
Amor, YO, «Verdad y Vida», SOY EL CAMINO. La universal
alegoría del «camino» les era familiar a los judíos: norma,
seguridad y condición para que nuestra vida llegue a su
término. Su término que es el Dios verdadero, que Cristo nos
manifestó como Padre.
Con una imperceptible transición, el Maestro pasa de la
metáfora del «camino a la realidad de su identificación con el
término. El que entra en comunión con Cristo no solamente va
hacia Dios sino que está ya en Dios. En Cristo Jesús conoce y
ve al Padre. En el vocabulario de Juan, «conocer» y «ver» no se
limitan a una contemplación teórica, sino que expresan una
experiencia vital.
Interrumpe ahora el ingenuo, Felipe. Es de los que no conciben
una experiencia religiosa que no les sea sensible, espectacular.
No se contenta con menos que con una teofanía (o «aparición»
divina). El Maestro da un paso más en la revelación del
misterio de Dios, y prepara la transición hacia los temas que
toca leer el domingo próximo.
Los HECHOS recuerdan la primera crisis de concordia en la
historia de la Iglesia, y cómo los apóstoles, de acuerdo con la
comunidad, procuraron encauzarla con realismo y prudencia.
Nótese la defensa de su plena entrega al ministerio de la
Oración y la Palabra. En la perspectiva literaria de San Lucas,
esta página es prólogo a los «Hechos» del protomártir Esteban
(cap. 6-7), cuya actividad y testimonio influyó de manera
decisiva en la difusión universal del cristianismo.
SAN PEDRO anima a los recién bautizados a realizarse en su
nueva situación de
148 CICLO A
Iglesia, Templo espiritual de piedras vivas, Pueblo de santos,
partícipes de la realeza y
sacerdocio de Cristo, Pueblo de Dios.
La lectura evangélica es del «Sermón de la última Cena». Tal
como la resume San
Juan, aquella Conversación del Señor con los Apóstoles ocupa
cinco capítulos (13-17)
y gira en torno a tres pensamientos: 1) Me voy al Padre, 2)
pero luego vendré a
vosotros 3) para llevaros conmigo al Padre.
San Juan la condensó por escrito con el fin de hacerla saborear
a su iglesia en torno a la Mesa de la Eucaristía. Jesús, en la
víspera de su Muerte, debió de poner el acento en la
Despedida («me voy al Padre...»). Pero San Juan lo pone en su
renovada Presencia gloriosa («vengo a vosotros») y, sobre
todo, en el Dinamismo escatológico que esta Presencia nos
infunde («os llevaré conmigo al Padre»).
Principales temas del fragmento que leemos hoy:
A. — «Voy al Padre». Fue la permanente actitud psicológica de
Jesús. la que daba sabor a su vida en la tierra. Por eso llamaba
«mi Hora» al último paso (Jn 13, 1, etc.). Tras el cancel de la
Muerte, veía «la Casa» paterna. La Casa es la razón del
Camino. El primer Camino lo tuvo que hacer a solas Un 13,33 y
36), por ser el único Redentor que con su Sacrificio podía
«preparar sitio» para los demás en aquel Hogar celeste, de
infinitas mansiones (14, 2)
B. «Vendré de nuevo, y os llevaré conmigo...» Hablando a sus
Apóstoles, se dirige a toda la Iglesia. Dos ideas: a) los
cristianos tenemos el centro de la vida donde está Cristo ( para
que donde estoy yo estéis también vosotros»); b) peró
podemos ir si no viene él mismo a llevarnos consigo. Según
San Juan, esta «Venida» o Presencia eficaz de Cristo se realizó
en la Resurrección (14, 18-24; 16, 16-24); permanece en la
Iglesia; se nos actualiza en cada Eucaristía; se manifestará
gloriosa al fin de los tiempos.
C. — «YO SOY EL CAMINO...» Tomás ( nosotros tantas veces!)
no sabe adónde hay que ir ni por dónde. La respuesta es
precisa: no hay más fin último que DIOS, y el único camino es
CRISTO: «nadie va al Padre sino por mí». El (metafórico)
«camino» es una Persona. No pide recorrer una distancia, sino
sintonizar la vida con él. Con Jesús. Pensar, sentir y obrar a su
ritmo. Seguirlo (14, 36). «La Verdad» y «la Vida» son
explicitación de la palabra «Camino». De ahí la frase entera,
que debe leerse así: YO SOY EL CAMINO: (es decir) LA VERDAD
Y LA VIDA.
D. « Yo estoy en el Padre y el Padre está en mí». Intercomunión
perfecta. En su misma humanidad, Jesucristo es transparencia
de LA VERDAD de Dios. Palabra divina a los hombres (Jo 1, 18).
Plenitud y mediación de LA VIDA de Dios (Jo 1, 16-17). Su obrar
y hablar es pura Misión del Padre (14, 10-1 1). Para
comprender esto, hay que mirarlo y «conocerlo» con ojos de Fe
(cosa que Felipe entonces y tantos otros hoy no saben hacer:
14, 8-9).
E. — Por consiguiente, nos dice Cristo, vosotros que «creéis en
Dios, creed también en mí (14, Ib). Si creéis de veras,
participaréis conmigo en la fuerza divina (14, lib). Y por la FE
tendréis aquella PAZ que trasciende toda adversidad y libera
del miedo (14,ia = 14, 27 y 16, 33).
SEXTO DOMINGO DE PASCUA
PRIMERA LECTURA
Lectura de los Hechos de los Apóstoles 8,5-8. 14-17
En aquellos días, Felipe bajó a la ciudad de Samaría y
predicaba allí a Cristo. El gentío escuchaba con aprobación lo
que decía Felipe, porque habían oído hablar de los signos que
hacía y los estaban viendo: de muchos poseídos salían los
espíritus inmundos lanzando gritos, y muchos paralíticos y
lisiados se curaban. La ciudad se llenó de alegría.
Cuando los apóstoles que estaban en Jerusalén, se enteraron
de que Samaría había recibido la palabra de Dios, enviaron a
Pedro y a Juan; ellos bajaron hasta allí y oraron por los fieles,
para que recibieran el Espíritu Santo; aún no había bajado
sobre ninguno, estaban sólo bautizados en el nombre del Señor
Jesús. Entonces les imponían las manos y recibían el Espíritu
Santo.
Salmo responsorial Sal 65,1-3a. 4-5. 6-7a 16 y 20
R. Aclama al Señor, tierra entera. [ Aleluya].
Aclama al Señor, tierra entera; tocad en honor de su nombre,
cantad himnos a su gloria. Decid a Dios: < temibles son tus
obras.>
Que se postre ante ti la tierra entera, que toquen en tu honor,
que toquen para tu nombre. Venid a ver las obras de Dios, sus
temibles proezas en favor de los hombres.
150 CICLO A
Transformó el mar en tierra firme, a pie atravesaron el río.
Alegrémonos con Dios, que con su poder gobierna
eternamente.
Fieles de Dios, venid a escuchar;
os contaré lo que ha hecho conmigo.
Bendito sea Dios que no rechazó mi súplica.
SEGUNDA LECTURA
Lectura de la primera carta del apóstol San Pedro 3,15-18
Hermanos: Glorificad en vuestros corazones a Cristo Señor y
estad siempre prontos para dar razón de vuestra esperanza a
todo el que os la pidiere; pero con mansedumbre y respeto y
en buena conciencia, para que en aquello mismo en que sois
calumniados queden confundidos los que denigran vuestra
buena conducta en Cristo; que mejor es padecer haciendo el
bien, si tal es la voluntad de Dios, que padecer haciendo el
mal.
Porque también Cristo murió una vez por los pecados, el justo
por los injustos, para llevarnos a Dios. Murió en la carne, pero
volvió a la vida por el Espíritu.
ALELUYA Aleluya, aleluya.
Jn 14,23 Si alguno me ama guardará mi palabra —dice el eñor
—, y mi Padre lo amará y vendremos a él. Aleluya.
EVANGELIO
Lectura del santo evangelio según san Juan 14,15-21
En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos:
—Si me amáis, guardaréis mis mandamientos. Yo le pediré al
Padre que os dé otro Defensor que esté siempre con vosotros,
el Espíritu de la verdad. El mundo no puede recibirlo porque no
lo ve ni lo conoce; vosotros, en cambio, lo conocéis porque vive
con vosotros y está con vosotros.
- No os dejaré desamparados, volveré. Dentro de poco el
mundo no me verá, peru vosotros me veréis, y viviréis, porque
yo sigo viviendo. Entonces sabréis que yo estoy con mi Padre,
vosotros conmigo y yo con vosotros. El que acepta mis
mandamientos y los guarda, ése me ama; al que me ama, lo
amará mi Padre, y yo también lo amaré y me revelaré a él.
La lectura del Evangelio es continuación de la del domingo
pasado. En torno a la mesa del Cenáculo, Jesús se despide de
sus Discípulos. Se va a la Casa del Padre pasando por la Cruz.
Pero les asegura que volverá muy pronto. Luego se quedará
con ellos para siempre: invisible a los ojos, evidente en el
corazón. Juan evangelista escribe estas palabras, meditadas
durante más de medio siglo, para infundir a los de su
VI DOMINGO PASCUA 151
iglesia, a los de la Iglesia de siempre, el sabor de la Presencia
de Cristo. Está en medio de nosotros el mismo Jesús de Nazaret
y de Jerusalén, transfigurando nuestra fraternidad —la Iglesia—
en Casa del Padre.
Para ello nos comunica el Espíritu Santo. Bajo la condición del
Amor cristiano.
1. — «Yo se lo pediré al Padre, y os dará otro Paráclito para que
esté siempre con vosotros, el Espíritu de la Verdad». Dentro de
quince días celebramos una vez más la Venida del Espíritu
Santo. Amor sustancial de Dios, que el Padre ha regalado por
Cristo al corazón de la Iglesia para que la Iglesia lo haga suyo
propio. Dice que el «mundo» no lo puede recibir. Juan
evangelista llama con «mundo» a los que con clara advertencia
y voluntad se niegan a la Fe. Cerrar los ojos para afirmar que la
luz no existe. Fe es mantener abierto el corazón y la
inteligencia al Espíritu de la Verdad, que es Dios mismo
viniendo a nosotros. «Paráclito», o sea, el que siempre está
junto a quien lo invoca para aconsejar, dirigir, defender,
consolar.
2. — «Aquel día comprenderéis que yo estoy en mi Padre, y
vosotros en m4 y yo en vosotros» (vers. 20). Preludio de la
«Oración Sacerdotal», que llena el capítulo 17 de San Juan y
contiene la más profunda Teología de la Iglesia. Los que de
veras se sienten Iglesia la deberían meditar muchas veces. La
unión de los cristianos por Cristo con el Padre en el Espíritu
constituye interiormente la Iglesia y hace de ella, ya en la
tierra, «la Casa del Padre» —que en boca de Jesús quiere decir
el Cielo.
3. — «Si me amáis...». La lectura evangélica de este domingo
empieza y termina con la condición del Amor cristiano (vers. 15
y 21). Aire y luz de la Casa del Padre. Las dos expresiones,
«amar a Cristo» y «guardar sus mandamientos» son pura
identidad. Y los «mandamientos» de Jesús se unifican todos en
el de la caridad fraterna. Amar así a Cristo nunca será éxito
personal, sino aceptación obediente y activa del Amor que nos
da el Padre en el Espíritu Santo. Esto no es mística de iniciados,
sino cotidiana sencillez, que sólo comprenden y practican los
que tienen un corazón de niño según el Evangelio.
El texto del EVANGELIO está tomado, como el del domingo
precedente, de la primera parte del Sermón de la Cena (o
despedida de Jesús la víspera de su muerte), en conversación
de intimidad con los apóstoles. Los HECHOS resumen la
historia de la primera evangelización de Samaría. La CARTA DE
SAN PEDRO da consejos de serenidad cristiana en tiempo de
persecución.
El EVANGELIO corresponde al momento de mayor elevación
teológica en la primera parte de la despedida de Jesús. Idea
dominante: gracias a su ausencia, relativa y temporal, los
discípulos tendrán para siempre el gozo de su Presencia activa
como Dios, junto con el Espíritu y el Padre.
Estas breves líneas están recargadas de doctrina. Tenemos que
limitarnos a un puro esquema. Distingamos dos términos de
relación: por un parte, los discípulos (y, en contraste con ellos,
«el mundo»); por otra, Dios.
10. Los discípulos. En dimensión histórica, los once apóstoles
del Cenáculo. Pero Juan, escribiendo años después, los
consideraba germen y signo de la Iglesia. En el evangelio
escrito, Jesús habla a la Iglesia: nos habla. El código del
auténtico discípulo se proclama dos veces (vers. 15 y 2fl: amar
a Cristo y cumplir sus mandamientos. Es
152 CICLO A
condición de la presencia del Espíritu. No dos cosas sino una,
indivisible. Obediencia sin amor, esclavitud; amor sin
obediencia, un contrasentido.
Por contraste con los discípulos se menciona, en negativo, «el
mundo». Es terminología convencional; se refiere a los no-
discípulos por expresa voluntad.
2°. Dios. Por el ruego de Cristo-hombre (entiéndase como
intención de su Sacrificio) el Padre enviará a los discípulos el
Espíritu Santo, que estará con ellos y en ellos para siempre. Es
«el Espíritu de la Verdad» que hace perennemente actual en la
Iglesia el magisterio de Cristo (vers. 26). Les dice que será para
ellos «otro» Paráclito, significando que primero lo fue Jesús (1
Carta de Jn 2,1). «Paráclito» es un término griego intraducible,
de significación general: «el que ayuda con su asistencia».
(Abogado, Defensor, Intercesor, etc. son aspectos concretos de
una más amplia ((Asistencia activa-eficaz»).
Después de su «ida al Padre» (muerte), Cristo volverá
(resurrección), y se realizará entre él y sus discípulos la más
estrecha unidad para siempre (18-19). El texto original dice a
la letra: «vosotros en mí y yo en vosotros» (tema de la alegoría
de la Vid y los sarmientos: Jn 15, 1-11). Irisaciones de esta
unión serán, para el discípulo:
«ver» a Cristo, vivir de su Vida (19), experimentar su Amor,
recibir la manifestación de su intimidad (21).
Esta Presencia de Cristo glorificado, sin dejar de ser humana,
es formalmente divina. Como tal, inseparable de la del Padre
(20). En los versículos que siguen al punto final de la perícopa
litúrgica se dice del auténtico discípulo: «mi Padre le amará, y
vendremos a él, y en él haremos morada» (23).
Recapitulando: fruto de la muerte y glorificación de Jesús para
cada uno de los discípulos y para todos a una, la más íntima
presencia personal activa («inhabitación>) de Dios Padre,
Jesucristo, Espíritu Santo.
A la muerte de Esteban su equipo tuvo que dispersarse. Felipe
evangelizó Samaría: primera misión «exterior» de la iglesia
madre de Jerusalén (los judíos observantes consideraban
ajenos a los samaritanos; incluso los odiaban). Los apóstoles
autorizaron y completaron la misión. Por su ministerio vino el
Espíritu Santo también sobre los samaritanos a confirmar su fe
y consagración bautismal.
La lectura evangélica es continuación de la del domingo
pasado. Un fragmento de la Conversación de Jesús con sus
Apóstoles en la última Cena. Estas palabras del Señor se
consignaron por escrito en la iglesia de Juan, el Discípulo
Predilecto, a fin de que las escuchásemos a perpetuidad y las
considerásemos dirigidas a nosotros cuantos nos reunimos en
torno a la Mesa de la Eucaristía.
El apartado que leemos hoy insiste en el segundo de los tres
pensamientos fundamentales del «Sermón de la Cena»: el de
la Presencia Divina en la Iglesia a partir de la Resurrección.
Presencia del mismo Jesucristo. Presencia del Padre. Presencia
del Espíritu Santo.
A. — Presencia de Cristo. «No os dejaré huérfanos: vengo a
vosotros» (y. 18). Les anuncia la Resurrección. Con la
Resurrección comenzó la Presencia de Jesucristo Glorificado en
la Iglesia. El texto griego del Evangelio de San Juan habla de
esta Presencia como de una «Venida». La misma Venida-y-
Presencia que al fin de los
VI DOMINGO PASCUA 153
tiempos se manifestará al Universo. (La que algunos llaman
«Parusía»). Las Apariciones a los Discípulos fueron
demostración perceptible a los sentidos de esta Presencia del
Resucitado. Pregustación del Gozo escatológico, y signos para
afirmar la Fe. «Vosotros me veréis». Como los de Emaús, que
empezaron a «ver)) auténticamente al Señor Glorificado desde
el momento en que se retiró de su mirada corporal. La
Eucaristía es nuestro Emaús. Presencia (real) del (en
apariencia) Ausente. La Fe es ver con ojos del espíritu la
Verdad divina, que la Revelación ha hecho transparente en sus
signos. — Dice que «el mundo» no verá a Cristo. San Juan
llama convencionalmente «mundo» a los que libre y
culpablemente rechazan la Fe. Esa parte de la humanidad que
no tiene más ideal ni horizonte que el de los Pecados capitales
(1 Jn 2, 16).
B. — Por Cristo con el Padre. «Aquel Día, (re)conoceréis que Yo
estoy en mi Padre, vosotros en Míy Yo en vosotros» (y. 20).
«Aquel Día» quiere decir la Pascua perenne de la Iglesia. «Estar
en Cristo, y Cristo en nosotros» es la sublime experiencia de la
Vida cristiana según San Juan (vgr. 15, 1-17). Participando de
su Filiación divina (1 Jn 3, 1-3), estamos con él en nuestro
Padre. Criterio, sabor y epifanía de esta intimidad con Dios es
la Caridad sincera y la guarda de los Mandamientos (vers. 21).
C. — En el Espíritu Santo. A lo largo del «Sermón de la Cena»,
Jesús anuncia cinco veces a su Iglesia la Venida-y-Permanencia
del Espíritu Santo. Hoy escuchamos el primero de estos cinco
textos (vers. 16-17). Invitación a que nos preparemos a revivir
en profundidad la fiesta perenne de Pentecostés. Es infinita la
actividad del «Paráclito» en la Iglesia. Espíritu de la Verdad,
mantiene ardiente el diálogo-de-vida entre la Fe de los
Discípulos y la Verdad de Dios.
Dicen que la más alta conquista de la inteligencia es llegar a
comprender que Dios vive en nosotros. Y la más honda
sabiduría, sentir y gustar que nosotros vivimos en Dios. El
Evangelio invita a reflexionar.
LA ASCENSIÓN DEL SEÑOR
PRIMERA LECTURA
Lectura de los Hechos de ¡os Apóstoles 1,1-II
En mi primer libro, querido Teófilo, escribí de todo lo que Jesús
fue haciendo y enseñando hasta el día en que dio instrucciones
a los apóstoles, que había escogido movido por el Espfritu
Santo, y ascendió al cielo. Se les presentó después de su
pasión, dándoles numerosas pruebas de que estaba vivo y,
apareciéndoseles durante cuarenta días, les habló del reino de
Dios.
Una vez que comían juntos les recomendó:
—No os alejéis de Jerusalén; sguardad que se cumpla la
promesa de mi Padre, de la que yo os he hablado. Juan bautizó
con agua; dentro de pocos días, vosotros seréis bautizados con
Espíritu Santo.
Ellos lo rodearon preguntándole:
—Señor, ¿es ahora cuando vas a restaurar la soberanía de
Israel? Jesús contestó:
—No os toca a vosotros conocer los tiempos y las fechas que el
Padre ha establecido con su autoridad. Cuando el Espíritu
Santo descienda sobre vosotros, recibiréis fuerza para ser mis
testigos en Jerusalén, en toda Judea, en Samaría y hasta los
confines del mundo.
Dicho esto, lo vieron levantarse hasta que una nube se le quitó
de la vista. Mientras miraban fijos al cielo, viéndolo irse, se les
presentaron dos hombre vestidos de blanco, que les dijeron:
—Galileos, qué hacéis ahí plantados mirando al cielo? El mismo
Jesús que os ha dejado para subir al cielo volverá como le
habéis visto marcharse.
Salmo responsorsal Sal 46,2.-3. 6-7. 8-9
R. Dios asciende entre aclamaciones, el Señor, al son de
trompetas.
to Aleluya].
ASCENCIÓN DEL SEÑOR 155
Pueblos todos, batid palmas, aclamad a Dios con gritos de
júbilo; porque el Señor es sublime y terrible, emperador de
toda la tierra.
Dios asciende entre aclamaciones, el Señor, al son de
trompetas; tocad para Dios, tocad, tocad para nuestro Rey,
tocad.
Porque Dios es el rey del mundo; tocad con maestría.
Dios reina sobre las naciones, Dios se sienta en su trono
sagrado.
SEGUNDA LECTURA
Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los Efesios 1,17-23
Hermanos: Que el Dios del Señor nuestro Jesucristo, el Padre
de la gloria, os dé espíritu de sabiduría y revelación para
conocerlo. Ilumine los ojos de vuestro corazón para que
comprendáis cuál es Ja esperanza a la que os llama, cuál la
riqueza de gloria que da en herencia a los santos y cuál la
extraordinaria grandeza de su poder para nosotros, los que
creemos, según la eficacia de su fuerza poderosa, que
desplegó en Cristo resucitándolo de entre los muertos y
sentándolo a su derecha en el cielo, por encima ds todo
principado, potestad, fuerza y dominación, y por encima de
todo nombre conocido, no sólo en este mundo, sino en el
futuro.
Y todo lo puso bajo sus pies y lo dio a la Iglesia, como Cabeza,
sobre todo. Ella es su cuerpo, plenitud del que lo acaba todo en
todos.
ALELUYA Aleluya.
Mt 28,19 y 20 Id y haced discípulos de todos los pueblos, dice
el Señor. Y sabed que yo estoy con vosotros todos los días
hasta el fin del mundo. Aleluya.
EVANGELIO
Final del santo evangelio según san Mateo 28,16-20
En aquel tiempo, los once discípulos se fueron a Galilea, al
monte que Jesús les había indicado.
Al verlo, ellos se postraron, pero algunos vacilaban.
Acercándose a ellos, Jesús les dijo:
—Se me ha dado pleno poder en el cielo y en la tierra. Id y
haced discípulos de todos los pueblos bautizándolos en el
nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo; y
enseñándoles a guardar todo lo que os he mandado.
Y sabed que yo estoy con vosotros todos los días, Iasta el fin
del mundo.
156 CICLO A
El Libro de ‘os Hechos evoca en forma narrativa el MISTERIO
DE LA ASCENSION (1). Con ella empieza el tiempo de la Iglesia
en el mundo, cuyo programa resume San Mateo (2). La Carta a
los Efesios augura que la Gloria de Cristo sea para nuestra
Iglesia el único centro de su pensar, querer y existir (3).
1.— «Y ascendió al Cielo». Dios es maestro en pedagogía de los
signos. «Cielo» significa el ámbito de la evidente realidad,
amor y goce de Dios. La humanidad de Jesús es asumida a
compartir la Gloria del Padre. Desde este momento, el universo
proclama a un mismo tiempo la Gloria de Dios y la de
Jesucristo Dios-y-Hombre. Pensamiento fecundo para los que
gusten de leer el Evangelio en la naturaleza. San Lucas
contempla al Jesús de la Ascensión, no a la manera de un Elías
montado en carro bélico de fuego, sino con su característica
sencillez de siempre. En este preludio del Libro de los Hechos,
filigrana de «teología narrativa», San Lucas destaca la
dimensión eclesiológica y misional de la Ascensión. A partir de
ella, los Apóstoles van a recibir desde el «Cielo» la efusión del
Espíritu Santo, que los impregnará de Fuerza divina para
irradiar el Testimonio de Jesús desde el lugar de la Redención,
Jerusalén, hasta todo el mundo.
2. — «Id y haced discípulos a todos los pueblos». El Resucitado
convoca a su Colegio Apostólico en Galilea. Donde les había
adoctrinado con el Sermón de la Montaña. En estas últimas
líneas de su libro, Mateo ofrece una síntesis de todo el
Evangelio. Tres afirmaciones: a) Cristo ha sido constituido por
el Padre Señor del Universo («en el cielo y en la tierra»). b) La
Iglesia de sus Apóstoles tiene el deber y el derecho de
proclamar a todos los pueblos su Doctrina, administrar su
Bautismo, enseñar sus Mandamientos. c) Cuando la Iglesia
desarrolla esta Misión, en ella está presente y activo Cristo
Glorificado. Sin intermitencias («todos los días»). Sin límite
(«hasta el fin del mundo»).
3. — «Que el Dios de nuestro Señor Jesucristo, el Padre de la
Gloria.., ilumine los ojos de vuestro corazón». Que os infunda el
divino regálo de su Sabiduría, que trasciende todo humano
pensar y sentir. Comprender ya en esta vida la cercanía de
Cristo Glorioso, invisible a nuestros ojos pero evidente en el
corazón. La Ascensión no nos lo aleja; nos lo interioriza.
Celebrar el Misterio de Jesús elevado a los Cielos nos recuerda
que todos los humanos tenemos nuestro centro en su Altura. Y
que si vivimos «en Cristo Jesús», sentiremos el Cielo muy
cerca, muy dentro.
Las tres lecturas ofrecen otros tantos puntos de vista para
considerar el misterio de la ASCENSION: una memoria
narrativa, un deseo de contemplación, una consigna
eclesiológica.
1. — La memoria narrativa la debemos a San Lucas. Es la
primera página de los Hechos Apostólicos, enlazando con las
últimas líneas de su Evangelio (Lc 24, 50-53). La Ascensión
concluye la historia terrena de Jesús e inicia la de la Iglesia.
Durante un período de tiempo (en lenguaje bíblico, «cuarenta
días»), el Señor Resucitado confirma la Fe de sus apóstoles y
completa su formación (vers. 3). Les aviva la conciencia
imperativa de su Misión a todo el mundo (y. 8). La Ascensión
significa para los apóstoles el término de estas
manifestaciones habituales de la Presencia del Señor. Empieza
el «tiempo de la Iglesia», paréntesis de Fidelidad activa entre la
Resurrección y el definitivo Reino de Dios (vers. 3, 7 y 11).
Durante este paréntesis,
ASCENCIÓN DEL SEÑOR 157
la Iglesia tendrá su sentido, sabor y eficacia de la Presencia
divina en el Espíritu Santo (vers. 4-5 y 8).
San Lucas describe el Misterio de la Ascensión con la sencillez
y familiaridad eternamente características de Jesús (vers. 9 y
Lc 24, 50-52). Para sentir y gustar los Misterios, la inteligencia
humana tiene que recurrir a la pedagogía de los signos. El de
Jesucristo subiendo én su Humanidad al «Cielo» significa que el
centro de su Vida está allí. Más allá de toda imaginación, en la
omnipresente Realidad de Dios. Quien entienda con ojos de Fe
lo que significa la Ascensión, sentirá una inefable proximidad
de Cristo en toda dimensión del Universo. Y descubrirá en su
Presencia eucarística la anticipación del Gozo escatológico. Con
el lenguaje de los sencillos (más auténtico que el de los
«sabios»), un sabor de «Cielo».
2. En la segunda lectura, el Apóstol nos quiere comunicar un
deseo de contemplación. Que Dios «ilumine los ojos» de
nuestra profunda Interioridad (o «corazón»). Es el regalo de
una «sabiduría», que trasciende todo humano pensar.
Comprender la Gloria infinita de Jesucristo, por encima de todo
ideal, fuerza, valor o sistema del Universo. Descubrir que esta
Gloria es nuestro destino. Que la Iglesia es «Plenitud» de Cristo
Glorificado.
3. — La consigna eclesiológica de Cristo Glorificado según el
Evangelio de San Mateo pediría un comentario extenso. Es una
síntesis de las instrucciones que el Resucitado dio a los
discípulos [ lectura]. Afirmación, mandato y promesa. a)
Afirmación: el Padre lo ha constituido Señor del Universo (Mt
28, 18; cf. 11,27). b) Mandato: es en nombre de esta Soberanía
incondicional que la Iglesia de los Apóstoles tiene el deber-y-
derecho de ejercer su Misión de proclamar y enseñar el
Evangelio. De «hacer discípulos» y bautizar a quienes lo
acepten. c) Promesa (y. 20 b): Cristo Glorificado está en la
Misión apostólica. Sin intermitencias («todos los días»). Hasta
el fin del mundo.
SÉPTIMO DOMINGO DE PASCUA
PRIMERA LECTURA
Lectura de los Hechos de ios Apóstoles 1,12-14
Después de subir Jesús al cielo, los apóstoles se volvieron a
Jerusalén, desde el monte que llaman de los Olivos, que dista
de Jerusalén lo que se permite caminar en sábado. Llegados a
casa subieron a la sala, donde se alojaban: Pedro, Juan,
Santiago, Andrés, Felipe, Tomás, Bartolomé y Mateo, Santiago
el de Alfeo, Simón de Celotes, y Judas el de Santiago.
Todos ellos se dedicaban a la oración en común, junto con
algunas mujeres, entre ellas María, la madre de Jesús, y sus
hermanos.
Salmo responsorzal Sai 26,!. 4. 7-8a
R. Espero gozar de la dicha del Señor en el país de la vida.
[ Aleluyaj.
El Señor es mi luz y mi salvación, ¿a quién temeré?
El Señor es la defensa de mi vida, ¿quién me hará temblar?
Una cosa pido al Señor, eso buscaré:
habitar en la casa del Señor por los días de mi vida; gozar de la
dulzura del Señor contemplando su templo.
VII DOMINGO PASCUA 15
Escúchame, Señor, que te llamo; ten piedad, respóndeme.
Oigo en mi corazón: «‘Buscad mi rostro.
SEGUNDA LECTURA
Lectura de la primera carta del apóstol san Pedro 4,13-16
Queridos hermanos:
Estad alegres cuando compartís los padecimientos de Cristo,
para que, cuando se manifieste su gloria, reboséis de gozo.
Si os ultrajan por el nombre de Cristo, dichosos vosotros,
porque el Espíritu de la gloria, el Espíritu de Dios, reposa sobre
vosotros.
Que ninguno de vosotros tenga que sufrir por homicida, ladrón,
malhechor o entrometido. Pero si sufre por ser cristiano que no
se avergüence, que dé gloria a Dios por este nombre.
ALELUYA Aleluya, aleluya.
Jn 14,18 No os dejaré desamparados —dice el Señor—; me voy,
pero volveré y os llenaré de gozo. Aleluya.
EVANGELIO
Lectura del santo evangelio según san Juan 17,1-ha
En aquel tiempo, levantando los ojos al cielo, Jesús dijo:
—Padre, ha llegado la hora, glorifica a tu Hijo, para que tu Hijo
te glorifique
y, por el poder que tú le has dado sobre toda carne, dé la vida
eterna a los que le confiaste.
Esta es la vida eterna:
que te conozcan a ti, único Dios verdadero,
y a tu enviado, Jesucristo.
Yo te he glorificado sobre la tierra,
he coronado la obra que me encomendaste.
Ahora, Padre, glorifícame cerca de ti,
con la gloria que yo tenía cerca de ti
antes que el mundo existiese.
He manifestado tu Nombre
a los hombres que me diste de en medio del mundo.
Tuyos eran y tú me los diste,
y ellos han guardado tu palabra.
Ahora han conocido que todo lo que me diste procede de ti,
porque yo les he comunicado las palabras que tú me diste
y ellos las han recibido
160 CICLO A
y han conocido verdaderamente que yo salí de ti,
y han creído que tú me has enviado.
Te ruego por ellos;
no ruego por el mundo,
sino por éstos que tú me diste y son tuyos.
Sí, todo lo mío es tuyo y lo tuyo mío;
y en ellos he sido glorificado.
Ya no voy a estar en el mundo,
pero ellos están en el mundo
mientras yo voy a ti.
El ambiente del EVANGELIO vuelve a ser el Cenáculo, a punto
de bajar a Getsemaní. En actitud de Sacerdote, Jesús expone al
Padre el sentido e intenciones de su Sacrificio, como si recitase
la plegaria eucarística. En su corazón y sus palabras se unifican
tres perspectivas: la Cruz, la Iglesia, la Gloria.
El fragmento de los Hechos nos invita a sintonizar hoy, entre la
Ascensión y Pentecostés, con la comunidad apostólica que se
preparaba (según tradición, en el mismo Cenáculo) a recibir el
Espíritu Santo. El SALMO expresa la disposición religiosa
fundamental: desear y buscar la presencia de Dios.
Termina la lectura semicontinua de la primera CARTA DE SAN
PEDRO con una glosa a la Bienaventuranza de los perseguidos
por la causa de Cristo, porque de ellos es la predilección y el
gozo del Espíritu Santo.
En el EVANGELIO se lee parte de la que suelen llamar «Oración
sacerdotal». La ORACION SACERDOTAL Qn 17) es la tercera y
última sección de la despedida de Jesús después de la Cena
eucarística. Habla como quien está en el mismo acto del
Sacrificio. Juan ha querido sintetizar en esta página el legado o
testamento espiritual del Maestro (que resume, al mismo
tiempo, su teología de la Iglesia). Va entrelazando historia,
doctrina y súplicas en torno a un centro que se dilata en
círculos concéntricos. El centro es el mismo Jesús (vers. 1-5). El
primer círculo, los apóstoles (6-19). Un círculo más amplio, los
gue creerán en Cristo por la palabra de los apóstoles (20-23).
Termina con una recapitulación (24-26). Quien consiga el don
de sintonizar con el estilo de Juan, no encontrará página de
mayor profundidad, emoción y actualidad perenne.
1. —Jesús habla de sí mismo (vers. 1-5). Empieza mirando al
cielo, como quien señala el camino. Ha llevado a término su
Misión. Es la Hora decisiva (terminología escatológica: empieza
el Reino de Dios). Pide al Padre su Gloria (la manifestación de
su ser divino y eterno como el del Padre). Fruto de esta
glorificación será la Fe de los hombres (los hombres = «toda
carne»; la fe = «que te conozcan a Ti, etc.». Entiéndase
«conocer» y «fe» según la teología de Juan: fe total, personal,
viva). Por esta Fe, obtendrán la Vida eterna (la regeneración, la
gracia y la gloria). Así Cristo Redentor glorificará al Padre por la
salvación del mundo.
2. — Los apóstoles. A partir del vers. 6 habla de los discípulos
presentes en el Cenáculo. Recuerda su vocación (= el Padre se
los dio a Cristo). Elogia su fe, su fidelidad. Por anticipación, los
llama su gloria (y. 10: ¡qué ideal, ser gloria de Cristo!). Expone
al Padre el motivo de su preocupación y por qué va a rogar por
ellos: se
VII DOMINGO PASCUA 161
quedan en el mundo sin su presencia visible... [ este punto
termina la perícopa litúrgica. En las líneas siguientes, Jesús
declara sus conmovedoras peticiones por ellos, y luego por
toda la Iglesia.]
En la lectura de los HECHOS San Lucas nos da la primera de
sus <‘instantáneas’> literarias en que suele sintetizar la
imagen viva de la Iglesia (ver 2, 42-47; 5, 32-34, etc.). Todos,
unánimes, dedicados a la oración. Con los apóstoles. El autor
del Evangelio de la Infancia no podía menos de mencionar
explícitamente, en la que será la Iglesia de Pentecostés, a
María, Madre de Jesús.
DOMINGO DE PENTECOSTÉS
PRIMERA LECTURA
Lectura de los Hechos de los Apóstoles 2,1-11
Todos los discípulos estaban juntos de día de Pentecostés. De
repente un ruido del cielo, como de un viento recio, resonó en
toda la casa donde se encontraban. Vieron aparecer unas
lenguas, como llamaradas, que se repartían, posándose
encima de cada uno. Se llenaron todos de Espíritu Santo y
empezaron a hablar en lenguas extranjeras, cada uno en la
lengua que el Espíritu le sugería.
Se encontraban entonces en Jerusalén judíos devotos de todas
las naciones de la tierra. Al oír el ruido, acudieron en masa y
quedaron desconcertados, porque c2da uno los oía hablar en
su propio idioma. Enormemente sorprendidos preguntaban:
—ENo son galileos todos esos que están hablando? Entonces,
¿cómo es que cada uno los oímos hablar en nuestra lengua
nativa?
Entre nosotros hay partos, medos y elarnitas, otros vivimos en
Mesopotamia, Judea, Capadocia, en el Ponto y en Asia, en
Frigia o en Panfilia, en Egipto o en la zona de Libia que limita
con Cirene; algunos somos forasteros de Roma, otros judíos o
prosélitos; también hay cretenses y árabes; y cada uno los
oímos hablar de las maravillas de Dios en nuestra propia
lengua.
Salmo responsorial Sal 103, ¡ab y 24ac. 29bc-30. 31 y 34
R. Envía tu espíritu, Señor,
y repuebla la faz de la tierra.
[ Aleluya].
Bendice, alma mía, al Señor. ¡Dios mío, qué grande eres!
Cuántas son tus obras, Señor;
la tierra está llena de tus criaturas.
DOMINGO DE PENTECOSTÉS 163,
Les retiras el aliento, y expiran,
y vuelven a ser polvo;
envías tu aliento y los creas,
y repueblas la faz de la tierra.
Gloria a Dios para siempre, goce el Señor con sus obras. Que le
sea agradable mi poema, y yo me alegraré con el Señor.
SEGUNDA LECTURA
Lectura de la primera carta del apóstol san Pablo a los Corintios
12,3b-7. 12-13
Hermanos: INadie puede decir «Jesús es Señor», si no es bajo
la acción del Espíritu Santo. Hay diversidad de dones, pero un
mismo Espíritu; hay diversidad de servicios, pero un
mismo Señor; y hay diversidad de funciones, pero un mismo
Dios que obra todo en todos. En cada uno se manifiesta el
Espíritu para el bien común.
Porque, lo mismo que el cuerpo es uno y tiene muchos
miembros, y todos los miembros del cuerpo, a pesar de ser
muchos, son un solo cuerpo, así es también Cristo.
Todos nosotros, judíos y griegos, esclavos y libres, hemos sido
bautizados en un mismo Espíritu, para formar un solo cuerpo. Y
todos hemos bebido de un solo Espíritu.
ALELUYA Aleluya, aleluya.
Ven, Espíritu Santo, llena las corazones de tus fieles y enciende
en ellos la llama de tu amor. Aleluya.
EVANGELIO
Lectura del santo evangelio según san Juan 20,79-23
Al anochecer de aquel día, el día primero de la semana,
estaban los discípulos en una casa, con las puertas cerradas,
por miedo a los judíos. En esto entró Jesús, se puso en medio y
les dijo:
—Paz a vosotros.
Y, diciendo esto, les enseñó las manos y el costado. Y los
discípulos se llenaron de alegría al ver al Señor. Jesús repitió:
—Paz a vosotros. Como el Padre me ha enviado, así también os
envío yo.
Y, dicho esto, exhaló su aliento sobre ellos y les dijo:
—Recibid el Espíritu Santo; a quienes les perdonéis los
pecados, les quedan perdonados; a quienes se los retengáis,
les quedan retenidos.
San Juan, en el Evangelio, contempla a Jesús que infunde el
Espíritu a los Discípulos el mismo Domingo de Resurrección (1).
San Lucas, en los Hechos Apostólicos, describe el
PENTECOSTES inaugural de la Iglesia (2). San Pablo, en la
164 CICLO A
Carta a los Corintios, habla de la multiforme acción del Espíritu
en la vida de una concreta comunidad (3).
1. — «Recibid el Espíritu Santo». Atardecer de la primera
Pascua cristiana. Cumpliendo la promesa que había hecho tres
días antes en el <(Sermón de la Cena», Jesús comunica el
Espíritu Santo al núcleo funcional de su Iglesia. Mediante un
ges to simbólico —alentar sobre ellos— evoca la Creación del
Hombre tal como la representa el Génesis (2,7). El cristiano es
Nueva Creación: Hombre Nuevo, que respira el aliento de
Jesús. El Espíritu que reciben los Discípulos de Cristo es la
Fuerza de su Misión: la misma Misión que Cristo recibió del
Padre. Su primer objeto es «quitar el Pecado del mundo» Un 1,
29). Dicho en forma positiva, promover la Santidad. Santidad
es dejarse poseer, transformar y dirigir por Dios, el único
Santo. La de hoy es fiesta de nuestra vocación a la Santidad.
Momento oportuno para agradecer el sacramento de la
Confirmación. Y para revivirlo, haciendo muy nuestra la
multiforme riqueza de sentimientos que suscitan el himno Veni
Creator o la «Secuencia» de la misa.
2.— «Se llenaron todos de Espíritu Santo». «PENTECOSTÉS» (=
el «quincua gésimo» día después de Pascua) se consideraba
entonces la fiesta de la Alianza. El viento y el fuego recuerdan
el Sinaí. Pero ya no es vínculo de la Alianza la «Ley» externa,
sino el ESPIRITU DE DIOS. En esta página, San Lucas nos da
una «teología narrativa» de la Iglesia. Instrumento de la
Palabra espiritual, ardiente llama divina. Palabra que es ante
todo Alabanza, y luego Predicación. Un mismo decir se expresa
en milagrosa unanimidad a través de todas las lenguas del
mundo. Redención del pecado de Babel. La Comunidad de
Pentecostés es la que San Lucas ha descrito en la página
anterior (Hch 1, 13-14): los Apóstoles y otros Discípulos,
unánimes en oración con María la Madre de Jesús Como María,
la Iglesia ha de ser plenitud, transparencia y comunicación de
Dios.
3. — «Hay diversidad de dones, pero un mismo Espíritu». La
comunidad local de Corinto ya utilizaba los dones del Espíritu
(los «carismas») para dividirse entre ellos. En una larga
reflexión (ca. 12-14), el Apóstol les exige colaboración mutua,
concordia, caridad, orden. Porque todos los «dones» proceden
de un solo Dios, un único Señor, un mismo Espíritu. Y se
ordenan al servicio de una única Iglesia.
La esperanza de un mundo renovado se realizaría, según los
profetas, cuando el Espíritu de Dios llenase de su presencia
eficaz toda la tierra. Las lecturas de hoy nos invitan a
considerar el momento fontal de esta renovación, en la
intimidad del Cenáculo (EVANGELIO), en la proclamación
abierta de Pentecostés (HECHOS), en la vida cotidiana de una
comunidad apostólica (CARTA A LOS CORINTIOS).
El EVANGELIO ya se leyó el segundo domingo de Pascua.
Primer encuentro del Resucitado con sus discípulos. Se cumple
el «volveré» del Sermón de la Cena, con su regalo de paz y
alegría. Les comunica su Misión. Les da el Espíritu Santo.
Al estilo pedagógico de los orientales, Cristo acompaña sus
palabras con un gesto en función de signo. Juan lo describe con
la misma expresión con que el Génesis (2, 7) describe a Dios
infundiendo la vida al Hombre, después de haberlo modelado
en arcilla. Los discípulos eran Iglesia en estado de creación. El
Señor les infunde el
DOMINGO DE PENTECOSTÉS 165
aliento divino del Espíritu Santo, que será para siempre el alma
de la Iglesia.
La característica del Espíritu de Dios según la Biblia es su
dinamismo eficaz, renovador. Por ser Espíritu de Santidad, al
entrar en contacto con el mundo de los pecadores, determina
en ellos una crisis de «discernimiento)) entre los que
libremente aceptan su Amor y los que lo rehúsan. Los primeros
son santificados a través del perdón; los otros, puestos en
evidencia de pecado y condenados. Cristo hace a los apóstoles
instrumentos del Espíritu en su divina actividad de santificar
perdonando.
El capítulo segundo de los HECHOS describe la espléndida
manifestación del Espíritu el día de Pentecostés. La presencia
activa de Dios hecha señsible en los signos del fuego y del
viento recuerda el Sinaí. (Los hebreos conmemoraban aquel día
la promulgación de la Ley). Como entonces nació el antiguo,
así nace ahora e inaugura su acción en el mundo el nuevo
Pueblo de Dios.
Pueblo que será en positivo lo que fue en negativo el de la
torre de Babel (primera lectura de la misa de la vigilia). Allí,
muchas lenguas y división; aquí, muchas lenguas y unidad.
Porque allí fue ley el orgullo humano, que divide; y aquí es
alma el Espíritu Santo, que unifica. En la enumeración de
pueblos (vers. 9-11). Lucas repasa mentalmente en círculo el
mapamundi de su tiempo: muchos países y muy diversos,
todos llamados a formar Iglesia.
La CARTA A LOS CORINTIOS contiene una larga instrucción
sobre los dones espirituales (o «carismas)>). La segunda
lectura nos da un breve extracto. Los de Corinto, fáciles en
problematizar, habían hecho de la variedad de dones
espirituales pretexto de discordia. El Apóstol exhorta al
equilibrio entre la diversidad y la unidad. Equilibrio que es
garantía de paz, eficacia y belleza. Ejemplo, el organismo
humano. Cuanto somos y tenemos cada uno de bueno es
participación de un mismo Espíritu. En él se desdibujan todas
las diferencias («judíos y griegos, etc.»: traducir a lenguaje
actual).
El SALMO invita a contemplar la Creación como un poema del
espíritu de Dios. La SECUENCIA lleva esta contemplación al
mundo, no menos fascinador, de la intimidad personal. Una
lápida de las Catacumbas dice sencillamente, después del
nombre de la difunta: vivas in Spiritu Sancto. El que vive ya
ahora en el Espíritu Santo, posee anticipadamente el Bien
escatológico; para él la muerte no es más que un paso de
frontera.
El Evangelio contempla a Jesucristo comunicando el Espíritu
Santo a los Discípulos, en el centro del Misterio de Pascua. Los
Hechos Apostólicos evocan el PENTECOSTES inaugural del
Cristianismo. La Carta a los Corintios habla de la acción del
Espíritu Santo en la vida cotidiana de la Iglesia.
1. — El Evangelio resume la Aparición del Resucitado, en medio
de la reunión de sus Discípulos, la tarde de Pascua. Cumple las
promesas que les hizo tres días antes, a la misma hora, en el
«Sermón de la Cena» Qn 13-17). La de que muy pronto
volvería a ellos. Que les infundiría su Paz y su Gozo. Sobre todo
la seguridad —reafirmada cinco veces— de que recibirían el
Espíritu Santo.
166 CICLO A
El Señor expresa esta comunicación del espíritu con unas
palabras (<>recibid el Espíritu Santo») y al mismo tiempo con
un signo. Signo es una palabra hecha luz, que entra por los
ojos. El signo o gesto de alentar sobre los Discípulos se refiere
intencionadamente al relato bíblico de la Creación del Hombre
(Gn 2,7). Significa que Cristo Resucitado es el Creador de una
Nueva Humanidad, vivificada por el Espíritu Santo.
Inmediatamente antes, Jesús Glorioso ha mostrado sus heridas,
afirmando que es el mismo que murió en la Cruz. Insiste en la
herida del costado (vers. 20, 25 y 27). De ella manó Sangre y
Agua—también signo del Espíritu Un 19, 31-37 y 7,37-39). En
la teología de San Juan, la donación del Espíritu Santo a la
Iglesia resume todo el Beneficio de la Cruz-y-Gloria de Cristo.
Su regalo perenne de Pascua.
La comunicación del Espíritu Santo a la Nueva Humanidad se
realiza en la Misión Apostólica (y. 21). Continuidad de la Misión
de Cristo, hecha tiempo y espacio de la Iglesia. Procede del
Padre, y es su acto de Amor al mundo Un 3, 16).
Cristo vino a quitarle al mundo su Pecado Un 1, 29). El Espíritu
continuará esta obra en la Misión de la Iglesia (vers. 23). Dicho
en positivo, liberar de los pecados equivale a infundir la
Santidad. El Espíritu Santo viene para hacer de la Nueva
Humanidad un pueblo de santos.
En el pensamiento bíblico, la santidad del hombre no es otra
cosa sino su contacto positivo con Dios —el único Santo. El
Misterio de Pentecostés se resume en la realidad de que, si lo
aceptamos, Dios está en nosotros. Contacto con Dios, que
transfigura. Para saborear este pensamiento léase despacio la
«Secuencia» de la misa.
2. — Los Hechos Apostólicos ofrecen una evocación narrativa
del primer Pentecostés cristiano. Para Israel, «Pentecostés»
significaba entonces la gran fiesta de la Alianza, memorial del
Sinaí. San Lucas subraya la universalidad de la Nueva Alianza.
La voz de la misma Fe, hecha oración en el fuego del Espíritu,
se hace inteligible en todas las lenguas de la tierra. Unidad
profunda, en la armónica variedad de expresión y cultura. Al
revés de «Babel», que significó confusión en la fingida unidad.
3. — La Carta a los Corintios exhorta a mantener la auténtica
Unidad profunda de la Iglesia, dentro de la enriquecedora
multiplicidad que suponen en ella la vocación, misión y carisma
de cada uno. El que vive sinceramente en el Espíritu Santo será
feliz en su concreta situación, y sabrá comprender la infinita
variedad de matices con que se manifiesta y actúa en los
demás.
LA SANTÍSIMA TRINIDAD
PRIMERA LECTURA
Lectura del libro del Éxodo 34,4b-6. 8-9
En aquellos días, Moisés subió de madrugada al monte Sinaí,
como le había mandado el Señor, llevando en la mano las dos
tablas de piedra.
El Señor bajó en la nube y se quedó con él allí, y Moisés
pronunció el nombre del Señor. El Señor pasó ante él
proclamando:
—Señor, Señor, Dios compasivo y misericordioso, lento a la ira
y rico en clemencia y lealtad. Moisés al momento se inclinó y
se echó por tierra.
Y le dijo:
—Si he obtenido tu favor, que mi Señor vaya con nosotros,
aunque ése es un pueblo de cerviz dura; perdona nuestras
culpas y pecados y tómanos como heredad tuya.
Salmo responsorial Dn 3,52. 53. 54. 55. 56
R. A ti gloria y alabanza por los siglos.
Bendito eres, Señor, Dios de nuestros padres:
a ti gloria y alabanza por los siglos.
Bendito tu nombre santo y glorioso;
a él gloria y alabanza por los siglos.
Bendito eres en el templo de tu santa gloria.
Bendito eres sobre el trono de tu reino.
Bendito eres tú, que, sentado sobre querubines, sondeas los
abismos.
Bendito eres en la bóveda del cielo.
168 CICLO A
SEGUNDA LECTURA
Lectura de la segunda carta del apóstol san Pablo a los
Corintios 13,11-13
Hermanos: Alegraos, trabajad por vuestra perfección, animaos;
tened un mismo sentir y vivid en paz.
Y el Dios del amor y de la paz estará con vosotros. Saludaos
mutuamente con el beso santo.
Os saludan todos los fieles.
La gracia de nuestro Señor Jesucristo, el amor de Dios y la
comunión del Espíritu Santo esté siempre con vosotros.
ALELUYA Aleluya, aleluya.
Ap 1,8 Gloria al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo. Al Dios que
es, que era y que vendrá. Aleluya.
EVANGELIO
Lectura del santo evangelio según san Juan 3,16-18
En aquel tiempo, dijo Jesús a Nicodemo:
—Tanto amó Dios al mundo que entregó a su Hijo único, para
que no perezca ninguno de los que creen en él, sino que
tengan vida eterna.
Porque Dios no mandó a su Hijo al mundo para condenar al
mundo, sino para que el mundo se salve por él.
El que cree en él no será condenado; el que no cree ya está
condenado, porque no ha creído en el nombre del Hijo único de
Dios.
La más alta sabiduría, para el hombre consciente de su
destino, es anticipar ya de alguna manera en este mundo la
«Bienaventuranza» con que ha de vivir eternamente en el
amoroso conocimiento intuitivo de Dios Padre., Hijo y Espíritu
Santo. Esta celebración litúrgica de la SANTISIMA TRINIDAD
brinda un momento oportuno para pensar en DIOS.
1. — Lectura del Exodo. El pueblo que salió de Egipto ha
adorado el becerro de oro. Moisés sube al Sinaí para interceder.
Dios baja a su encuentro. Moisés suplicante invoca el Nombre
de Yahvé: síntesis de toda su Fe, Amor y Dolor. Dios le
responde glosando su propio Nombre con una sucesión de
títulos. Se resumen todos en uno:
RICO EN MISERICORDIA Y FIDELIDAD. Esta página del Exodo es
una profunda lección de teología descriptiva. El vocablo hebreo
correspondiente a MISERICORDIA(<Hésed») se puede traducir
también por Gracia y por Amor. El atributo de Dios que más
elogia la Biblia. FIDELIDAD (»émet») es la firmeza de roca con
que Dios mantiene su Verdad, sus designiós, sus promesas. Al
Dios de Misericordia y Fidelidad corresponde por parte del
hombre una infinita respetuosa Confianza.
2. Lectura de San Juan. Porque mira con Misericordia al mundo
que sufre la
LA SANTÍSIMA TRINIDAD 169
«miseria» del pecado y sus consecuencias, por Fidelidad al
designio de Salvación, Dios nos ha entregado su Hijo. Es su
propia Vida. De Nazaret al Calvario, de la Cruz a la Gloria, el
Evangelio de Cristo es el poema de la Misericordia y Fidelidad
de Dios hecha presente en el corazón del mundo. La respuesta
de nuestra infinita Confianza tenemos que darla a Dios en
Jesús. Quien con ojos de Fe ve a El, ve al Padre.
3. — Lectura de San Pablo. La bendición final de la segunda
Carta a los Corintios, escrita hacia la mitad del siglo primero,
insinúa el Misterio de la divina Trinidad, que es sello
característico de nuestra Fe, nuestra Oración y nuestra Vida
cristiana —en la que tantas veces escuchamos y repetimos:
«en el Nombre de/Padre y del Hijo y del Espíritu Santo». Desde
el pensamiento y corazón de Cristo sabemos y sentimos que
Dios es PADRE, que estamos «en» su HIJO, que el ESPIRITU
SANTO nos une a todos en Comunión.
Misterio del Dios Uno y Trino, que no comprendemos y por eso
adoramos. Dios Infinito no se encierrra en nuestros límites. Lo
admiramos y gozamos proclamando su Grandeza, como María
en el Magnificat. No hay mayor fuente de alegría que alabar y
glorificar de corazón a Dios —tan inmenso, tan nuestro, tan
íntimo.
Ser cristiano es vivir en comunión de amor con Dios Padre, Hijo
y Espíritu Santo. Todo ejercicio de fe, culto o acción en la
Iglesia tiene por centro el Misterio de Dios uno y trino. La
liturgia de hoy nos invita a saborear este Misterio principal.
El Antiguo Testamento preparó la revelación del Dios-padre
(reservada a Jesucristo) con la revelación del Dios-Bondad. Uno
de sus pasajes fundamentales es el que leemos del Exodo. Para
comprenderlo mejor, convendría recordar el contexto (33, 18—
34, 35), que expresa con lenguaje de entonces la más
entrañable experiencia teológica de Moisés. El verdadero Dios
de la Biblia es Amor comprensivo, cercano, fiel, exigente (y. 7),
único.
La lectura evangélica es parte de la conversación de Jesús con
Nicodemo Un 3, 1-21). Prolongándola, Juan presenta un esbozo
de Teología de la Salvación. En el corto fragmento eleccionado
por la liturgia destacan dos ideas:
a) Jesucristo, revelación y presencia del Amor del Padre. Según
el Nuevo Testamento, el amor teologal en su concepto fuerte
(= «agape») es siempre eficaz, y se realiza en dar y darse (Gal
2, 20; ‘Ef 5, 25, etc.). Dios ama al «mundo» (quiere decir: a los
hombres en necesidad de Salvación) y su amor consiste en
darles a Cristo. El comentario más inmediato de este pasaje se
encuentra en la primera Carta de San Juan (4, 8-16). La idea de
dar (y. 16) o enviar (y. 17) Dios a su Hijo abarca el Misterio de
la Encarnación en toda su amplitud y perennidad, aunque
centrando el punto de vista en’el Sacrificio de la Cruz (y. 14-
15). Quien mira a Cristo, ve el Amor de Dios.
b) Por la Fe en Cristo a la comunión de Vida con Dios. La
palabra «creer», en la teología de San Juan, tiene un horizonte
de significación tan amplio como la palabra amar y entregarse.
Fe cristiana es la respuesta positiva del hombre a la Palabra
sustancial de la Verdad-y-Amor de Dios hecha presente al
mundo en Jesucristo. Respuesta del hombre-total: inteligencia
y voluntad; actitud y actos concretos; corazón y vida. El que
cree así se une con Cristo Un 15, 1-11), y en él entra en
comunión con la Vida de Dios. El que «se niega a creer»
(suponiendo que la luz ha
170 CICLO A
llegado a sus ojos; cf. vers. 19-21), ha rehusado la Vida eterna;
mientras permanezca en su actitud, «ya está condenado».
La intención catequética de la liturgia al mandarnos leer estas
líneas en la fiesta de la Trinidad se concentra en la insistencia
con que Cristo es llamado «el Hijo único» de Dios. Este es el
título principal de Jesús en el Nuevo Testamento; quien no lo
reconoce como Hijo de Dios (en el sentido estrictamente
teologal de la expresión) no cree en él.
Desde su conciencia de Filiación, Jesús habló al mundo de Dios-
Padre. Y en la cumbre de la Revelación, manifestó también al
Espíritu.
Los creyentes reflejaron en su vida el Misterio de Dios con
espontánea connaturalidad de Fe. Unidos al Hijo en el Espíriu,
aprendieron a llamar a Dios
«iPadre!» (Rom 8, 14-17; Gal 4, 4-7). Y se sintieron todos
hermanos, para siempre, en la comunión de un infinito Amor.
Cada fiel y toda la Iglesia descubrieron su gozo en ser morada
e imagen de Dios uno y trino. Expresaron su fe en fórmulas tan
hermosas como la de la segunda Carta a los Corintios (23,13),
que hoy nos es familiar. Y, sobre todo, en la de la conclusión de
San Mateo (28, 19), que nos ha enseñado a signar todo nuestro
ser, pensar y obrar «en el Nombre del Padre, y del Hijo, y del
Espíritu Santo».
Cristo ha venido para incorporar el hombre a la vida íntima de
Dios. El misterio de la intimidad de Dios revelada por Cristo es
el tema central en esta solemnidad del domingo después de
Pentecostés. Misterio que invita más a la adoración admirativa
en silencio que a la difícil expresión en palabras. Repasemos
los textos bíblicos de la
Misa. -
La lectura del EXODO evoca el momento inicial de la
renovación de la Alianza en el Sinaí, después que el pueblo
había apostatado adorando el becerro de oro. Dios se
manifiesta a Moisés, el intercesor. Pronuncia su Nombre
inefable (« Yahvé, Yahvé. . . ») y lo ilumina con una definición
descriptiva (el vers. 6, junto con el 7 que el texto litúrgico
omite). Sus palabras centrales son: «rico en misericordia y
fidelidad». La palabra hebrea correspondiente a «misericordia»
se puede traducir también por gracia o amor. La
correspondiente a «fidelidad» expresa una firmeza segura en la
que puede reposar la confianza, porque nunca falla. Estas dos
actitudes —misericordia y fidelidad— son los atributos más
característicos de Dios en los demás libros del Antiguo
Testamento. Fue la aurora del mediodía cristiano: Dios es Amor
eterno.
La lectura del EVANGELIO DE SAN JUAN nos habla de este Amor
de Dios manifestado en toda su plenitud por la entrega de su
Hijo al mundo. El fragmento pertenece a la última parte del
coloquio entre Jesús y Nicodemo. Suele decirse que amar es
dar. A condición de que lo que uno da sea signo sincero de sí
mismo. Porque amar de veras es darse. El evangelista ve la
expresión adecuada del Amor de Dios a los hombres (al
«mundo») en el hecho de que les dio su Hijo, el Unigénito. El
mejor comentario de estas palabras lo escribió el mismo Juan
hacia el final de su primera Carta (4, 7-21). Ver a Cristo con
ojos de fe (Encarnación y vida entre los hombres, Eucaristía,
Cruz, Gloria) es contemplar el inmenso don, el infinito amor de
Dios.
LA SANTÍSIMA TRINIDAD 171
Al llamar a Cristo Hijo único de Dios, el Evangelio reconoce a
Dios como Padre. Esta es la principal enseñanza de Jesús a los
hombres. El Eterno no es un abstracto solitario. Su vida es
diálogo íntimo a nivel infinito de inteligencia, belleza y
felicidad. El Amor recíproco del Padre y del Hijo con que se
entregan y compenetran mutuamente es divino y personal
como ellos. Misterio que trasciende los límites del humano
pensar y decir.
San Pablo termina la segunda CARTA A LOS CORINTIOS
(después de unas afectuosas recomendaciones y augurios)
invocando sobre ellos la bendición de Dios único y trino. En el
pensamiento del Apóstol, la Gracia (don o regalo) de Jesucristo
«el Señor» (título divino) comprende toda la obra de la
Redención (leer, en la misma Carta, 5, 14—6, 1). El Amor de
Dios (en el vocabulario de Pablo, «Dios» se refiere al Padre) es
la fuente primordial de esta Gracia (misma idea que el
Evangelio de.hoy). La Comunión del Espíritu Santo es la unión
de amor que él realiza entre todos y con Dios al incorporarnos
a Cristo (1 Cor 12, 13 y contezto).
El ideal divino sobre los hombres es el de una inmensa
fraternidad en el Hijo único (Rom 8, 29), por la que, elevados
ala dignidad de hijos de Dios (1 Jn 3, 1), puedan llamarle
¡Padre! en un mismo Espíritu (Rom 8, 15).
La fe viva en la SANTISIMA TRINIDAD (indisociable de la fe viva
en al Encarnación) es el manantial más fecundo de una robusta
vida cristiana en el orden íntimo personal (el alma del justo es
su reflejo), doméstico (ella es arquetipo del «amor de familia»),
eclesiástico (tema de la última parte de la Oración sacerdotal
de Jesús: Jn 17, 20-26).
Este domingo dedicado explícitamente a la SANTÍSIMA
TRINIDAD es ocasión de conocer y gustar mejor nuestra
participación en el Misterio de la Vida interior de Dios. Jesús
vivía en el corazón de este Misterio, y sus palabras lo
reflejaban por connatural experiencia: era Dios que hablaba de
Dios con humana familiaridad.
Entre los testimonios de Jesús sobre la interioridad de Dios, el
Evangelio de la misa escoge un fragmento de su entrevista con
Nicodemo. Fue San Juan quien resumió la eztensa conversación
Qn 3, 1-21), dándole Íorma de una catequesis sobre la Fe. La
dirige a todos los «Nicodemos» de la historia: los que de buena
gana creerían, si no se lo impidiese el respeto a su contorno
social.
Ez el fragmento que leemos se pueden anotar estas
consideraciones:
1. — Dios ama al mundo. El vocabulario de San Juan entiende
por «mundo» la Humanidad en cuanto está inmersa en
situación de pecado. Es en esta situación que Dios la amó
(Rom 5,8). Porque Dios es Amor (1 Jn 4, 7-16). Se identificó ya
como tal en el Sinaí [ lectura]. A nivel divino, la idea de Amor
trasciende toda limitación y debilidad. Es la fuerza interior del
infinito Bien, que, por serlo, tiende infinitamente a comunicarse
—como tiende la luz a iluminar y ci fuc a dar su calor.
2. —Jesucristo, expresión del Amor de Dios a los hombres.
Jesús vivió en la tierra con la clara conciencia de ser el Hijo de
Dios. Cuando lo llamaba «Padre», ponía en la vibración
humana de esta palabra toda la experiencia de su eterno
diálogo con él. Al
172 CICLO A
enviar y entregar su Hijo a los hombres, Dios se dio en él a sí
mismo. Dar-se es la sinceridad del Amor.
3. — «El que cree en él, no será condenado... » Porque el Amor
del Padre tiene por inmediato objetivo la Salvación del mundo.
Si hay algo evidente es que el «mundo»
—la pobre comunidad humana— necesita Salvación. Dios se la
ófrece en Cristo. Creer es aceptarlo. Entrar en su comunión de
pensamiento y vida. Pero si alguien lo rechaza con un gesto de
incredulidad consciente, el Evangelio advierte que ha escogido
la condenación.
La bendición final de la Carta a los Corintios [ lectura], que
suele abrir nuestras celebraciones eucarísticas, muestra la
espontánea sencillez con que los fieles de la Iglesia Apostólica
expresaban la experiencia de su intimidad con Dios. Miraban a
Jesucristo y su obra como un infinito regalo o «Gracia» divina
(Gal 2, 20-21). En hermandad con él, se sentían también hijos
de Dios (Rom 8, 29), saboreando el Nombre y el Amor del
Padre. Sabían por fe y experiencia que esta familiaridad era
fruto de la participación o comunión del Espíritu Santo (Gal 4, 6
y Rom 8, 15-16). Con la misma catequística sencillez
consagraban al Dios único los creyentes «en el Nombre del
Padre y del Hijo y del Espíritu Santo» (Mt 28, 19). Vivir esta
consagración será nuestro cielo, que ya presentimos en la
tierra.
SEGUNDO DOMINGO DEL TIEMPO ORDINARIO
PRIMERA LECTURA
Lectura del libro del profeta Isaías 49,3. 5-6
« eres mi siervo (Israel)
de quien estoy orgulloso.
Y ahora habla el Señor,
que desde el vientre me formó siervo suyo. para que le trajese
a Jacob, para que le reuniese a Israel,
—tanto me honró el Señor y mi Dios fue mi fuerza—:
Es poco que seas mi siervo
y restablezcas las tribus de Jacob
y conviertas a los supervivientes de Israel;
te hago luz de las naciones,
para que mi salvación alcance
hasta el confín de la tierra.
Salmo responsorial Sal 39,2 y 4ab. 7-8a. 8b-9. 10
R. Aquí estoy, Sei para hacer tu voluntad.
Yo esperaba con ansia al Señor:
El se inclinó y escuchó mi grito; me puso en la boca un cántico
nuevo, un himno a nuestro Dios.
Tú no quieres sacrificios ni ofrendas,
y en cambio me abriste el oído;
174 CICLO A
no pides sacrificio expiatorio, entonces yo digo: «Aquí estoy
—como está escrito en mi libro— para hacer tu voluntad.’
Dios mío, lo quiero,
y llevo tu ley en las entrañas.
He proclamado tu salvación ante la gran asamblea;
no he cerrado los labios:
Señor, tú lo sabes.
SEGUNDA LECTURA
Comienzo de la primera carta del apóstol san Pablo a los
Corintios 1,1-3
Yo, Pablo, llamado a ser apóstol de Jesucristo, por voluntad de
Dios, y Sóstenes, nuestro hermano, escribimos a la Iglesia de
Dios en Corinto, a los consagrados por Jesucristo, al pueblo
santo que él llamó y a todos los demás que en cualquier lugar
invocan el nombre de Jesucristo Señor nuestro y de ellos. La
gracia y la paz de parte de Dios, nuestro Padre, y de Señor
Jesucristo, sea con vosotros.
ALELUYA Aleluya, aleluya.
frs 1,14. 12b La Palabra se hizo carne, y acampó entre
nosotros. A cuantos la recibieron, les dio poder para ser hijos
de Dios. Aleluya
EVANGELIO
Lectura del santo evangelio según san Juan 1,29-34
En aquel tiempo, al ver Juan a Jesús que venía hacia él,
exclamó:
—Este es el Cordero de Dios, que quita el pecado del mundo.
Este es aquel de quien yo dije:
«Tras de mí viene un hombre que está por delante de mí,
porque existía antes que yo.» Yo no lo conocía, pero ha salido a
bautizar con agua, para que sea manifestado a Israel.
Y Juan dio testimonio diciendo:
—He contemplado al Espíritu que bajaba del cielo como una
paloma y se posó sobre él.
Yo no lo conocía, pero el queme envió a bautizar con agua me
dijo: «Aquel sobre quien veas bajar el Espíritu y posarse sobre
él, ése es el que ha de bautizar con Espíritu Santo.
Y yo lo he visto, y he dado testimonio de que éste es el Hijo de
Dios.
Juan, el profeta que «bautizaba» en el Jordán, recibió de Dios
Misión y Gracia para ser TESTIGO DEL MESIAS ante Israel. Hoy
escuchamos en síntesis el Testimonio que dio el Bautizador
hablando de Jesús. «Dar testimonio» significa decir la verdad
de la que uno está seguro con irresistible convicción, porque la
ha «visto»
II DOMINGO TIEMPO ORDINARIO 175
Estas líneas se redactaron de modo que las pudiesen
comprender los cristianos a quienes iba dirigido el Cuarto
Evangelio (junto con las Cartas de San Juan y el Apocalipsis).
En fidelidad al pensamiento del Bautista. Se da por supuesto
que Dios le reveló de alguna manera el misterio de la
personalidad de Jesús en aquella hora sublime, cuando lo
bautizó en el Jordán. Antes «no lo conocía». El Testimonio de
Juan el Precursor lo recapitulan cuatro afirmaciones:
1. —Jesús es el Siervo de Yahvé (y. 29). Lo expresa con una
alegoría inspirada en el capítulo 53 de Isaías: «Este es el
Cordero de Dios...» Se refiere a aquel «Siervo», esperanza de
Salvación para Israel y todo el mundo, del que habla
reiteradamente la segunda parte del libro de Isaías [ ej. en la
primera lectura de hoy]. La alegoría evoca al mismo tiempo la
inmolación liberadora del Cordero de Pascua. Y también su
eterna victoria sobre el Mal, proclama en el Apocalipsis. —La
Iglesia actualiza cada día la afirmación de Juan en uno de ios
momentos más entrañables de la Eucaristía:
«Este es el Cordero de Dios... » también la del «Cordero» es
palabra de luz que habla al corazón. —«Quita el Pecado del
mundo». Porque el «mundo», o sea, la Humanidad dejada a sí
misma, piensa y actúa connaturalmente en clave de Pecado. Y
el Mesías-<cCordero» lo «quita»: es decir, lo asume sobre sí
para anularlo en su propio Sacrificio. Jesucristo Redentor. En la
Cristología del Evangelio, toda Liberación humana pasa por la
Redención.
Por falta de espacio nos limitamos a enunciar las otras tres
afirmaciones:
2. —Jesús, aunque nació después de Juan, existía antes que él
(y. 30). Los lectores del Cuarto Evangelio veían insinuada en
esta «pre-existencia» su condición divina.
3. —Jesús es para nosotros plenitud y comunicación del Espíritu
Santo (32-33).
4. —Jesús es el Hijo de Dios (34). Afirmación definitiva,
fundamento de la Fe cristiana, la Esperanza y el Amor. —
Después de estas líneas, el Evangelio presenta una serie de
vocaciones al apostolado: Andrés, el Discípulo anónimo, Simón
Pedro, Felipe, Natanael... (y. 35-51). Vocaciones que florecieron,
como florecerán siempre, al calor de un sincero Testimonio de
Cristo.
La lectura del Evangelio continúa el tema del domingo pasado:
en el marco histórico de su Bautismo en el Jordán, el Precursor
da testimonio de Jesús, lo manifiesta al pueblo, lo declara
Mesías Redentor.
Como punto de partida de esta declaración le da el título de
Cordero de Dios. Era la imagen alegórica que mejor podía
suscitar en el alma hebrea una resonancia profunda de
emociones y pensamiento. Evocaba, ante todo, el sacrificio del
cordero pascual, memoria de la salida de Egipto y signo de
liberación que los israelitas renovaban todos los años con
máximo gozo y esperanza. Hablarles de un «cordero»
misterioso orientaba su imaginación y espíritu al altar de los
holocaustos en el Templo y al banquete familiar de la noche de
Pascua. A ello se añadía una intencionada alusión al cuarto
«Cántico del Siervo de Yahvé» (Isaías, cap. 52-53 primera
lectura en la acción litúrgica del Viernes Santo); cargado con
los pecados de todos, el Mesías-Servidor es llevado, con
mansedumbre de cordero, a su muerte martirial. [ filólogos
indican la curiosa posibilidad de que la palabra aramea
subyacente en la declaración de Juan fuese «talyá», que
significaba a un tiempo «cordero» y «servidor».]
176 CICLO A
La misión de Jesús en cuanto Mesías servidor y víctima
consiste en quitar el pecado del mundo. Estas palabras
resumen el antiguo ideal de los grandes profetas: el de que el
Reino de Dios será un reino de Santidad. Jesús viene a
instaurarlo, y su obra en la tierra tiene por objetivo suprimir el
pecado. «El Pecado», en singular absoluto:
es decir, todo cuanto signifique hostilidad a Dios, injusticia,
impiedad, mentira, depravación. A través de la liturgia el
Precursor sigue repitiendo su testimonio ante nuestro mundo
de hoy, miles de veces cada día, en la Fracción del Pan: «éste
es el Cordero de Dios... » Sea vida y claridad nuestra
celebración eucarística, y seremos Evangelio de santidad para
el mundo.
Para purificar al mundo de su pecado (prosigue el testimonio
de Juan), el Mesías, Hijo de Dios, lo llenará de su Espíritu
santificador. Del Espíritu que se manifestó sobre él
visiblemente en la teofanía del Jordán, y se llama, por
definición, Santo.
La lectura de Isaías nos ofrece un extracto del segundo
«Cántico del Siervo de Yahvé». Místicamente identificado con
su pueblo, Israel, y consciente de una fuerza divina, siente en
sí la vocación misionera universal de llevar a todos los pueblos
del mundo la verdad y la salvación de Dios. Pablo se
consideraba partícipe de esta misión (Hechos 13, 47), que lo es
de todos los colaboradores de Cristo.
El Salmo es la generosa respuesta del Siervo que se consagra a
la voluntad del Señor: «Aquí estoy!»... (Carta a los Hebreos 10,
5-10).
Empieza, independiente de los otros textos, la lectura
semicontinua de la primera Carta a los cristianos de Corinto.
Escuchamos hoy el saludo inicial. Al saludar de corazón,
deseamos el máximo bien. Para el Apóstol lo era la Paz de Dios
y su Gracia.
Juan Bautista, primer testigo de Jesús ante el pueblo, nos habla
en el Evangelio resumiendo su vocación y testimonio.
La escena está ambientada en un lugar llamado «Betania»,
junto al Jordán (1, 28). Poco después del Bautismo y Teofanía
que conmemoramos el domingo pasado. Son palabras
recogidas por Juan, el futuro evangelista, que seguramente se
contaba entonces entre los discípulos del Precursor (1, 37-40).
Para sintetizar por orden las ideas de este fragmento
autobiográfico, las esquematizamos en seis puntos:
1.— «Yo no lo conocía» (y. 31 y 33). Quiere decir que, antes de
la Teofanía, aunque tuviese un alto aprecio de Jesús de
Nazaret, no «conocía» el misterio de su Personalidad
trascendente.
2. — «El que me envió a bautizar con agua, me dijo: Aquel
sobre quien veas bajar el Espíritu y permanecer sobre él, ese
es el que bautizará con Espíritu Santo» (y. 33). Juan tenía clara
conciencia de su vocación: el mismo Dios lo envió a promover
la conversión del pueblo (1,6). Junto con la misión, le infundió
la esperanza segura de ver al Mesías.
3. — «He venido a bautizar con agua, para que sea
manifestado a Israel» (y. 31). Dócil a la misión encomendada,
Juan polariza toda su actividad a un supremo objetivo: que el
Pueblo conozca a su Salvador (cf. 1, 7).
II DOMINGO TIEMPO ORDINARIO 177
4. — «Dije: Detrás de mí viene un hombre que está por delante
de mí, porque
existía antes que yo» (y. 30). Frase sentenciosa, con la que el
autor del cuarto
Evangelio resume todo el anuncio profético que el Precursor
hizo del Mesías (1, 15).
Humildad del siervo ante el Señor (1, 27). Gozo de menguar
para que crezca su gloria
(3, 27-30).
5. — «He visto al Espíritu que bajaba del cielo como una
paloma, y permaneció sobre él» (y. 32). « Yo he visto, y he
dado testimonio de que éste es el Hijo de Dios» (y. 34). Alusión
a la Teofanía del Jordán (Mt 3, 16 par). Momento cumbre de su
vida: ¡el signo que Dios le había anunciado (punto 2) se realiza
en el humilde Jesús de Nazaret (punto 1)! «Yo he visto». En el
vocabulario del cuarto Evangelio, «ver» expresa una
experiencia personal ardiente, infalsificable. Sólo el que «ha
visto» puede -dar testimonio (cf. 19, 35), y la eficacia
comunicativa de su testimonio es invencible como el contacto
de una llama (5, 35). Juan insiste en la afirmación de que el
Espíritu «permaneció» sobre Jesús. Manera plástica de referir a
él las grandes profecías mesiánicas de Isaías que así lo
describían. La del Vástago de Jesé (Is 11, 2). La del
Evangelizador de los Pobres (Is 61, 1). Principalmente, la del
Siervo de Yahvé (42, 1). Apoyándose en esta última tal como la
interpretó la «Voz del Cielo» en el Bautismo (Mt 3,17 par),
afirma que Jesús es «el Hijo de Dios».
6. — Por haber comprendido que el Misterio dél Bautismo y su
Teofanía asume en plenitud las profecías o «Cánticos» de Isaías
sobre el Siervo de Yahvé, Juan define a Jesús por su rasgo más
característico: «ESTE ES EL CORDERO DE DIOS, QUE QUITA EL
PECADO DEL MUNDO’> (y. 29 y 36). Es la síntesis del cuarto y
último «Cántico» (Is 53), que describe al Siervo-Mártir
entregando su vida en sacrificio por los delitos de la Multitud.
Sin violencia. Sin resistencia ni odio: «como un cordero... »
(53,7). Jesús hizo suya esta profecía (Mt 20, 28). La más
antigua catequesis explicaba a partir de ella su Acción
redentora (Act 8, 27-35). A la evocación de Isaías se añadió la
significación del Cordero pascual Qn 19, 36; 1 Cor 5, 7, etc.). La
Liturgia repite cada día las palabras de Juan en el momento
más entrañable de la Eucaristía: «Este es el Cordero de Dios...
»
Estas palabras piden al «mundo» la sinceridad de reconocer
que está en situación de Pecado. Si intenta olvidarlo, lo humilla
la evidencia. Cristo ha venido para «quitar» el Pecado (= 1 Jn
3, 5). Además de «quitar», el verbo del texto original
significa «tomar sobre sí» (para llevar como una carga propia).
San Pedro saboreaba estos pensamientos en la contemplación
de Jesús crucificado (1 Pe 2,24). Quitarle su Pecado es la única
manera de regenerar y transformar el mundo a partir del alma.
Cristo comunicó el Espíritu Santo a los Apóstoles para que esta
Misión suya sea perenne Qn 20, 21-23).
El domingo que sigue a la fiesta del Bautismo tiene todavía por
tema principal la «epifanía» o manifestación de Jesús.
Instrumento de esta manifestación es la voz de Juan, el
Precursor.
Del Libro de Isaías escuchamos una parte del segundo
«Cántico del Siervo de
Yahvé». El Siervo, identificándose con su pueblo («Israel»), se
siente elegido por
Dios como mediador de la Salvación para todo el mundo.
Intuición universalista, que
preludia el himno mesiánico de Simeón (Lc 2, 32) cuando tenía
en sus brazos a Jesús
Niño.
178 CICLO A
Empieza la primera Carta de los Corintios. Como en las demás
Epístolas y según norma çle la época, la «inscripción»
menciona primero al remitente (vers. 1) y a ios destinatarios (y.
2), después formula el saludo (y. 3). Entre los hebreos, el
saludo era «jPaz!». Entre los helenistas, una expresión que
evocaba la palabra «Gracia y Paz»:
síntesis de cuanto nos ha dado Dios en Cristo, si lo
entendemos en el profundo sentido teológico con que lo decía
San Pablo.
Las palabras que el cuarto Evangelio pone en labios del
Bautista glosan aquella afirmación del Prólogo (1,7) «vino para
dar testimonio». Son reflexiones a propósito del Bautismo de
Jesús. El evangelista, sin deformar el pensamiento del
Precursor, da a estas palabras el sentido con que las entendían
él y su comunidad de Efeso a plena luz de la definitiva
Revelación. Podemos distinguir cuatro temas:
A.— Jesús, Redentor del mundo (y. 29). Los expresa con la
imagen del Cordero. Alude al Cordero pascual Un 19,36). Su
inmolación va a ser un Sacrificio propiciatorio (1 Jn 2, 2 y 4,
10). La «redención» o liberación costosa [ «precio» de sangre:
1 Pe 1, 19] se refiere a los pecados de los hombres (1 Jn 3, 5).
Considerándolos en conjunto, se puede decir, como aquí, en
singular: «el Pecado» del mundo. Minimizaría la Redención de
Cristo quien la limitase a una sola categoría de órdenes. En la
acción de «quitar» (los pecados) se sobrentiende el matiz:
«cargándolos sobre sí» , por cuanto esta imagen del «cordero»
alude también a lo que dice Isaías del Siervo de Yahvé (Is 53, 4.
7. 12). Como vimos el domingo pasado, cuando Jesús se acercó
al Bautismo ya iba en actitud de Redentor. Este testimonio de
Juan se repite cada día en el altar, antes de la Comunión. El
Apocalipsis (5, 6-10) desarrolla el tema en un contexto
sublime.
B.— Tr4scendencia de Cristo (y. 30). En estilo oriental de
enigma (= 1, 15), Juan proclama a Jesús mayor que él (1, 27),
porque, aunque posterior en manifestación temporal, le es
superior por su Preexistencia (eterna, divina: Jn 1, 1-2; 8, 58 y
17, 5. 24).
C.— Cristo, plenitud y fuente del Espíritu (y. 32-33).
Amaestrado por el mismo Dios, Juan ha comprendido que
reside en Jesús la plenitud del Espíritu Santo por el signo de su
descenso sobre él, como una paloma, después del Bautismo
del Jordán (Mt 3, 16). El Mesías comunicará el Espíritu Santo (7,
37-39), especialmente por medio de un nuevo y superior
Bautismo (3,5).
D.— Jesucristo, el Hijo de Dios (y. 34). Punto culminante de este
resumen de Doctrina cristológica que el Evangelio pone en
labios del Bautista. Juan se hace eco de la Voz del Padre (Mt 3,
17) que declara a Jesús Hijo suyo: el Amado y «Elegido» del
primer «Cántico del Siervo de Yahvé» (Is 42, 1).
TERCER DOMINGO
PRIMERA LECTURA
Lectura del libro del profeta Isaías 9,1-4
En otro tiempo el Señor humilló el país de Zabulón y el país de
Neftalí; ahora ensalzará el camino del mar, al otro lado del
Jordán, la Galilea de los gentiles.
El pueblo que caminaba en tinieblas vio una luz grande;
habitaban tierra de sombras, y una luz les brilló.
Acreciste la alegría, aumentaste el gozo:
se gozan en tu presencia como gozan al segar, como se
alegran al repartirse el botín.
Porque la vara del opresor, y el yugo de su carga, el bastón de
su hombro
los quebrantaste como el día de Madián.
Salmo responsorial Sal 26,1. 4. 13-14
R. El Señor es mi luz y mi salvación.
El Señor es mi luz y mi salvación;
¿a quién temeré?
El Señor es la defensa de mi vida;
¿quién me hará temblar?
180 CICLO A
Una cosa pido al Señor, eso buscaré; habitar en la casa del
Señor por todos los días de mi vida; gozar de la dulzura del
Señor contemplando su templo.
Espero gozar de la dicha del Señor en el país de la vida. Espera
en el Señor, sé valiente, ten ánimo, espera en el Señor.
SEGUNDA LECTURA
Lectura de la primera carta del apóstol san Pablo a los Corintios
1,10-13. 17.
Hermanos: Os ruego en nombre de nuestro SeñorJesucristo:
poneos de acuerdo y no andéis divididos. Estad bien unidos
con un mismo pensar y sentir. Hermanos, me he enterado por
los de Cloe de que hay discordias entre vosotros. Y por eso os
hablo así, porque andáis divididos diciendo: «Yo soy de Pablo,
yo soy de Apolo, yo soy de Pedro, yo soy de Cristo.’> ¿Está
dividido Cristo? ¿Ha muerto Pablo en la cruz por vosotros?
¿Habéis sido bautizados en nombre de Pablo? No me envió
Cristo a bautizar, sino a anunciar el Evangelio, y no con
sabiduría de 9alabras, para no hacer ineficaz la cruz de Cristo.
ALELUYA Aleluya, aleluya.
Mt 4,23 Jesús predicaba el Evangelio del Reino, curando las
enfermedades del’pueblo. Aleluya.
EVANGELIO
Lectura del santo evangelio según san Mateo 4,12-23.
Al enterarse Jesús de que habían arrestado a Juan se retiró a
Galilea. Dejando Nazaret se estableció en Cafarnaún, junto al
lago, en el territorio de Zabulón y Neftalí. Así se cumplió lo que
había dicho el profeta Isaías:
«País de Zabulón y país de Neftalí, camino del mar, al otro lado
del Jordán, Galilea de los gentiles.
El pueblo que habitaba en tinieblas vio una luz grande;
a los que habitaban en tierra y sombras de muerte, una luz les
brilló.»
Entonces comenzó Jesús a predicar diciendo:
—Convertíos, porque está cerca el Reino de los cielos.
[ junto al lago de Galilea vio a dos hermanos, a Simón, al que
llaman Pedro, y a Andrés, que estaban echando el copo en el
lago, pues eran pescadores.
Les dijo:
III DOMINGO TIEMPO ORDINARIO 181
—Venid y seguidme y os haré pescadores de hombres.
Inmediatamente dejaron las redes y lo siguieron. -
Y pasando adelante vio a otros dos hermanos, a Santiago, hijo
de Zebedeo, y a Juan, que estaban en la barca repasando las
redes con Zebedeo, su padre. Jesús los llamó también.
Inmediátamente dejaron la barca y a su padre y lo siguieron.
Recorría toda Galilea enseñando en las sinagogas y
proclamando el Evangelio del Reino, curando las enfermedades
y dolencias del pueblo.]
A partir de hoy y durante los «domingos ordinarios» se leerán
por orden unos treinta fragmentos seleccionados del Evangelio
según San Mateo. Es regalo de Dios gozar con tal abundancia
de su Palabra. Son muchos, y ojalá fueran todos, los cristianos
que además leen personalmente día tras día el Evangelio en su
integridad.
Esta página que escuchamos hoy- sirve de introducción a la
primera parte de San Mateo: LA MISION EN GALILEA.-
1. — Sentido profético de la Misión en -Galilea. Llegada la hora
de proclamar el Evangelio al mundo, Jesús deja el silencio de
Nazaret y establece su centro de actividad en Cafarnaúm, a
orillas del Mar de Galilea. San Mateo, israelita de mente y
corazón, contempla los hechos salvíficos bajo la luz del Antiguo
Testamento. En este caso, del texto de Isaías que nos ofrece la
primera lectura. Los asirios habían devastado la región norte
de Palestina. Las comarcas de Zabulón y Neftalí. El pueblo sabe
que el Señor es Luz y Salvación (salmo). Presiente el futuro y
anuncia el amanecer de la Redención sobre aquellas tierras.
San Mateo pone el acento en la expresión «Galilea de los
Gentiles». Por su historia y situación fronteriza había en ella
mucha influencia pagana. Mateo escribe en una iglesia
cordialmente hebrea, pero ardiente en deseo de llevar el
Evangelio de Jesús a todo el paganismo. Como San Pablo.
«Para el que tiene Fe, todo es signo». Por eso Mateo ve en la
circunstancia de que Jesús dedicase la mayor parte de su
tiempo a evangelizar la Galilea un «signo» de que su intención
era dirigirse a todo el mundo. En la «Misión de Galilea»
estábamos todos. El Sermón de la Montaña y demás
enseñanzas, que iremos repasando, nos hablan directamente
al corazón de cada uno.
2. — Manifiesto de Jesús. Se resume en una frase (y. 17):
«Convertíos, que llega el Reino de los Cielos». Reino de los
cielos es un modismo hebraizante, habitual en San Mateo, que
quiere decir Reino de Dios. Jesús hablaba el lenguaje de su
pueblo, que se expresaba así. Hoy nos diría que Dios es y será
el único centro de nuestra vida. De nuestra vida personal y
comunitaria. Jesús transfiguró el concepto que los hombres
teníamos de Dios manifestando que es su Padre y nuestro
Padre. El programa del Reino de Dios está en el «Padre
nuestro». Desde que Jesús anunció el REINO DE DIOS, toda
reducción de Dios a lo implícito y secundario es antievangélica.
—»Convertíos...» Las Bienaventuranzas, que escucharemos el
próximo domingo, señalan el camino de la Conversión. —Y no
olvidemos los cristianos que, en nuestro deber de Conversión,
está el de trascender discordias desde la altura de Cristo:
véase la segunda lectura.
• A partir de este domingo empezamos una lectura
semicontinua del Evangelio según Mateo.
182 CICLO A
Sus dos primeros capítulos forman el «Evangelio de la
Infancia’>, que leímos ya durante los tiempos de Adviento y
Navidad. Sigue un resumen de la predicación del Precursor (2°
domingo de Adviento), el Bautismo de Jesús (domingo después
de Epifanía) y sus Tentaciones (1° de Cuaresma). A
continuación viene la actividad pública del Mesías. Nuestro
evangelista, hombre de método, empieza esta sección con
cuatro anotaciones previas, que leemos hoy: 1) el lugar del
ministerio de Jesús; 2) el tema de su predicación; 3) la
institución de un grupo inicial de discípulos, que le
acompañarán siempre; 4) un sumario o síntesis de su doble
actividad misionera por todo aquel país: enseñar, y curar
enfermos.
Por exceso de materia, y en atención a la rúbrica que autoriza
omitir la lectura de los puntos 3 y 4, nos limitaremos a los dos
primeros:
1. — Por un conjunto de circunstancias, signos del querer de
Dios, Jesús desarrolló la mayor parte de su actividad en Galilea.
Su centro misional fue una mediocre población a orillas del
Lago: Cafarnaúm. Desilusión y paradoja para quienes daban
por descontado que el ambiente social del Mesías, Hijo de
David, no podía ser otro que Judea en torno a su capital
Jerusalén, la gloriosa ciudad del Rey y de Yahvé. Pero en este
humilde condicionamiento topográfico Mateo ve realizada una
intuición profética de Isaías. Para los cristianos, la palabra
Galilea respira sencillez, espontaneidad. El Evangelio tiene allí
sabor de patria.
2. — Jesús proclama un acontecimiento trascendental: ¡El
Reino de Dios está aquí! En consecuencia, exige al pueblo una
previa decisión: ¡Convertíos! En las páginas siguientes el
Evangelio propone un amplio programa de conversión: el
Sermón de la Montaña. El próximo domingo escucharemos su
preludio y síntesis: las Bienaventuranzas.
La primera lectura nos anticipa el texto de Isaías que cita
Mateo. Es el comienzo de aquel cántico a la venida del
Emmanuel que escuchábamos en la misa de Nochebuena.
Amanecerá sobre Galilea (sometida entonces por los asirios) el
gozo de la libertad. Victoria de la luz sobre las tinieblas. Para su
hijo del antiguo Oriente, las tinieblas eran cifra de todo mal, y
la luz de todo bien. Al meditar el poema de Isaías, Mateo
contemplaba sobre Galilea el resplandor divino de la Luz de
Cristo, el Salvador. [ Salmo responsorial proclama el gozo de
esta Luz.] Por estar muy en contacto con los extranjeros, la
llamaban «Galilea de los gentiles»; el evangelista interpreta
esto como un signo de la evangelización del mundo pagano.
El primer defecto que reprende San Pablo escribiendo a la
iglesia local de Corinto es el de sus divisiones internas. Le
duele que la estrechez de unas preferencias humanas
comprometa a la unidad de Cristo. El magisterio religioso de
San Pablo ha sido actualidad siempre.
A lo largo de los «domingos ordinarios» del presente año
litúrgico ( ciclo A) leeremos por orden unos treinta textos
seleccionados del Evangelio según San Mateo. El de hoy tiene
por objeto introducir la Misión de Jesús en Galilea. Indica cuatro
aspectos de ella: el lugar, el programa, los colaboradores, el
método.
a) El lugar (vers. 12-16) donde se desarrolló gran parte de la
Misión evangelizadora de Jesús fue una comarca de la baja
Galilea. El centro de actividad. Cafarnaúm: una población
mediocre a orillas de su pequeño «mar». Zona periférica
III DOMINGO TIEMPO ORDINARIO 183
en la tierra de Israel. De escasa incidencia política o social en
el conjunto de la nación. Cada lector podrá imaginar en su país
alguna situación semejante. Dice que Jesús se «retiró» a
Galilea. En San Mateo, el verbo «retirarse» suele connotar
persecución o peligro. Para el Mesías de las Bienaventuranzas
pronto se mostraba ajena y hostil la mentalidad de los
influyentes. Su Evangelio necesitaba un horizonte humano de
modestia y sencillez. Galilea le sirvió de patria.
San Mateo se complace en iluminar con textos proféticos cada
una de las circunstancias de la Vida de Jesús. El hecho de que,
siendo el Mesías, no pudiese instalar su residencia en la
capital, Jerusalén, y tuviese que refugiarse en una pobre
comarca, da pleno sentido a una de las páginas más hermosas
de Isaías. Nos la ofrece, en parte, la primera lectura y la
escuchamos por completo en la misa de Navidad. Durante la
juventud de Isaías, las tropas de Asiria devastaron la baja
Galilea: las tierras de Zabulón y Neftalí. El profeta reacciona en
esperanza; el pueblo que ahora está sumergido en las
«tinieblas» (la opresión de los paganos) verá en el futuro el
amanecer de una inmensa «Luz» (el Emmanuel o Mesías,
Príncipe de la Justicia y de la Paz: Isaías 8, 23 — 9, 6).
Al citar este texto, San Mateo pone el acento en la expresión
«Galilea de los Gentiles». En la frontera del paganismo y
sometida a su influencia, Galilea era la puerta de Israel al
mundo. San Mateo ve en ello un «signo» de la universalidad
del Evangelio. Destinado a «todas las Naciones» de la tierra
(Mt 28, 19), no se encerró en la clausura de unas murallas;
amaneció en el corazón de un país sufrido y pobre,
profundamente arraigado en la fe de Israel, pero abierto a
todos los caminos.
b) El programa de la Misión (y. 17) se resume en un indicativo:
«Llega el Reino de los Cielos», y un imperativo: « «Reino de los
Cielos)> es una expresión hebraizante, característica de San
Mateo. Muchos judíos, para evitar la excesiva repetición de la
palabra «Dios», la velaban bajo un sinónimo sacral; en este
caso, «el Cielo». San Marcos y San Lucas, que escribieron para
lectores no judíos, dicen siempre: «el Reino de Dios». «Reino» o
«Reinado», como expresión de una realidad religiosa y
trascendente, quiere decir soberanía. Dios, único Poder
supremo. Amor sin límites. Verdad absoluta en cuya luz se
comprueba toda verdad. Manifestando a los hombres que Dios
es Padre, Jesús transfiguró el concepto de Reino en el de
Familia. Todos hermanos. No por pacto, ficción literaria o
conveniencia, sino por ser. Proclamando que en el firmamento
de la humanidad hay un único sol, Jesucristo la libera de todos
los demás «absolutos». Porque Dios no se niega: se sustituye.
Los que creen no creer en él, pronto lo adoran en un ídolo. Y los
ídolos algún día se encarnan o «personalizan», ya individual ya
colectivamente, en tiranía. Jesucristo vino a liberar al hombre
proclamando que Dios es el único centro de su vida. Por eso,
porque tantas veces tenemos otros centros, nos dice en
imperativo: «jConvertíos!». Como programa de Conversión
escucharemos, el próximo domingo, las Bienaventuranzas.
c) Por colaboradores de su Misión. Jesús empezó a llamar
«seguidores» o discípulos (vers. 18-22). Primicias de los
apóstoles o misioneros. Los que en su Nombre y con su Gracia
comunicarán a los hermanos —en pensamiento, corazón y vida
— la Verdad de Dios.
d) El método de la Misión, por toda Galilea (y. 23), fue Palabra
de enseñanza (principalmente en la celebración litúrgica de las
sinagogas), que es al mismo tiempo Evangelio de Caridad o
Amor sincero.
184 CICLO A
La lectura principal de los <(domingos ordinarios’> durante
este año será del Evangelio según Mateo. La de hoy introduce
la evangelización de Galilea.
El texto de Isaías se refiere a la invasión de Galilea por los
ejércitos del asirio Teglat Falasar (s. VIII a.C.), deportación de
sus habitantes y sucesiva colonización pagana. Profetiza su
liberación, gracias al Niño-Rey heredero de David (9, 5-6). Esta
liberación mesiánica se expresa con la alegoría de la Luz
después de la tiniebla, la del gozo del segador, o del vencedor,
o del oprimido cuando ve rotos el yugo y el látigo del tirano.
En la primera sección de su Carta a los Corintios, San Pablo
exhorta a la perfecta unidad. Para comprender su pensamiento
sería bueno leer esta sección (1, 10—4, 21) de una vez, sin
cortes. Los neófitos de Corinto perdían tiempo, paz y provecho
subdividiéndose en grupos de fascinación por este o aquel
maestro humano. Para el Apóstol, todos somos de Cristo (3,
23); y sus ministros en la Iglesia tienen que aparecer como
pura transparencia suya, puro servicio (3, 5-8).
San Mateo dedica una gran parte de su libro a la
evangelización de Galilea. Las líneas que leemos hoy sirven de
introducción, indicando: a) el lugar; b) el tema; c) el círculo
íntimo de los «seguidores» o discípulos; d) el círculo amplio o
pueblo.
a) Lugar (y. 12-16). Jesús establece su centro misional en
Cafarnaúm, población mediocre en la ribera noroccidental del
«mar» de Galilea. El Mesías proclama el Evangelio en una
comarca provinciana, no en la capital. San Mateo considera
esta elección de Galilea como un «refugio» contra el peligro
que amenazaba en Judea y Jerusalén (= 2, 22). Y ve en ella una
realización en plenitud de aquella profecía de Isaías. En el
pensamiento de Mateo, la «Galilea de los gentiles» (bastante
paganizada, aun perteneciendo a Israel) es signo del mundo
pagano. El hecho de que el Mesías la evangelice, preludia la
universalidad del Cristianismo. Cuantos acepten el Evangelio
en «todas las naciones» (28, 19) se sentirán representados por
aquellos galileos que escucharon el Sermón de la Montaña. —
En su rostro humano, Galilea es sencillez, abertura,
disponibilidad: la Palabra de Jesús tiene allí sabor de patria.
b) El tema fundamental de la primera proclamación del
Evangelio se resumía en dos palabras (y. 17): un indicativo:
llega el reino de Dios; un imperativo: ¡convertíos! «Convertíos»
había sido la interpelación urgente de muchos profetas al
pueblo de Israel. Significa rectificar el camino, a veces en
sentido diametralmente contrario al que uno seguía. Supone la
docilidad de mente y corazón, capaz de reconocer el propio
error al contacto con la Palabra de Dios. Jesús expondrá su
programa de Conversión a lo largo de todo el Evangelio; sobre
todo, en el Sermón de la Montaña. para quien no teme la
Verdad, la Conversión es una actitud perenne; por ella se
define la juventud del alma, capaz de renacer cada día. Basta
leer las Bienaventuranzas para ver cuánto nos queda por
«convertirnos». —El motivo de la conversión es la proximidad
del Reino de Dios. [ escribiendo en ambiente judío, suele decir:
«de los Cielos», que es un hebraísmo del todo sinónimo]. Este
Reino de Justicia, Amor y Paz está en el horizonte del futuro,
pero desde allí ya ilumina eficazmente el presente; el «Padre
nuestro» pide que se realice así en la tierra como en el cielo.
Cuando más el hombre se convierte, más cerca está el Reino
de Dios.
[ puntos c) y d) son de lectura libre. Las lecciones que
contienen reaparecerán en otras perícopas.]
CUARTO DOMINGO
PRIMERA LECTURA
Lectura del libro del profeta Sofonías 2,3; 3,12-13
Buscad al Señor los humildes, que cumplís sus mandamientos;
buscad la justicia, buscad la moderación, quizá podáis
ocultaros el día de la ira del Señor.
Dejaré en medio de ti un pueblo pobre y humilde, que confiará
en el nombre del Señor.
El resto de Israel no cometerá maldades, ni dirá mentiras, ni se
hallará en su boca una lengua embustera; pastarán y se
tenderán sin sobresaltos.
Salmo responsorial Sal 145,7. 8-9a. 9bc-1O
R. Dichosos los pobres en el espíritu, porque de ellos es el reino
de los cielos.
El Señor hace justicia a los oprimidos, da pan a los
hambrientos.
El Señor liberta a los cautivos.
El Señor abre los ojos al ciego, el Señor endereza a los que ya
se doblan, el Señor ama a los justos, el Señor guarda a los
peregrinos.
186 CICLO A
El Señor sustenta al huérfano y a la viuda y trastorna el camino
de los malvados. El Señor reina eternamente, tu Dios, Sión, de
edad en edad.
SEGUNDA LECTURA
Lectura de la primera carta del apóstol san Pablo a los Corintios
1,26-3 1.
Hermanos: Fijaos en vuestra asamblea, no hay en ella muchos
sabios en lo humano, ni muchos poderosos, ni muchos
aristócratas; todo lo contrario, lo necio del mundo lo ha
escogido Dios para humillar a los sabios.
Aún más, ha escogido la gente baja del mundo, lo
despreciable, lo que no cuenta para anular a lo que cuenta, de
modo que nadie pueda gloriarse en presencia del Señor.
Por él vosotros sois en Cristo Jesús, en este Cristo que Dios ha
hecho para nosotros sabiduría, justicia, santificación y
redención.
Y así —como dice la Escritura— el que se gloríe que se gloríe
en el Señor.
ALELUYA Aleluya, aleluya.
Mt 5,12a Estad alegres y contentos, porque vuestra
recompensa será grande en el cielo. Aleluya.
EVANGELIO
Lectura del santo evangelio según San Mateo 5,1-12a
En aquel tiempo, al ver Jesús al gentío subió a la montaña, se
sentó y se acercaron sus discípulos, y él se puso a hablar
enseñándoles:
Dichosos los pobres en el espíritu,
porque de ellos es el reino de los cielos.
Dichosos los sufridos,
porque ellos heredarán la tierra.
Dichosos los que lloran,
porque ellos serán consolados.
Dichosos los que tienen hambre y sed de justicia,
porque ellos quedarán saciados.
Dichosos los misericordiosos,
porque ellos alcanzarán misericordia.
Dichosos los limpios de corazón,
porque ellos verán a Dios.
Dichosos los que trabajan por la paz,
porque ellos se llamarán los hijos de Dios».
Dichosos los perseguidos por causa de la justicia,
porque de ellos es el reino de los cielos.
Dichosos vosotros cuando os insulten, y os persigan, y os
calumnien de cualquier modo por mi causa. Estad alegres y
contentos, porque vuestra recompensa será grande en el cielo.
IV DOMINGO TIEMPO ORDINARIO 187
Hoy escuchamos las BIENAVENTURANZAS en la redacción con
que las presenta San Mateo. Así las aprendimos en el
Catecismo. San Lucas tiene otra redacción más breve (6, 20-
23).
Las Bienaventuranzas introducen y al mismo tiempo resumen
el «Sermón de la Montaña». Bosquejan el ideal del Hombre
según el Evangelio. Cuando Jesús, en diversas ocasiones, las
iba proclamando, felicitaba aquel pueblo sencillo que le seguía.
Con ello daba a entender cómo quería que fuera, en cualquier
época y circunstancia, su Pueblo, su Iglesia. Siempre que las
instituciones de la Iglesia sienten la necesidad de reafirmarse
en lo esencial, vuelven a la meditación de las
Bienaventuranzas. Para el hombre qúe cree en el Evangelio
significa una apasionante invitación a la santidad.
En las Bienaventuranzas podemos considerar tres aspectos: la
proclamación de la Felicidad, las cualidades de quien la recibe,
su razón suprema que es el «Reino de
-Dios».
1. — Afirmación de la Felicidad. Reiterada nueve veces: «
¡ Dichosos...! » La verdadera Felicidad infunde un
superconceptual sentido de plenitud. Manantial de alegría, que
desea comunicarse a los demás. Si un cristiano no se considera
feliz es que todavía no ha descubierto el Evangelio.
2. — Cualidades de quienes la reciben. Decimos «la reciben»
porque la Felicidad es regalo de Dios. Y Dios la da de pura
gracia a quienes por gracia suya viven liberados, en espíritu y
práctica, del afán de poseer y dominar; a los humildes, a los
dispuestos al sacrificio, a los apasionados en favor de la Justicia
(es decir, del plan de Salvación que tiene Dios sobre el mundo).
También es condición de la Felicidad hacer Misericordia, irradiar
Paz, tener limpio no sólo manos y rostro, sino ante todo el
corazón. Quien vive así, será lógicamente calumniado y
perseguido por las mismas razones que lo fue Cristo; pero
también en ello recibirá Felicidad. Las Bienaventu ranzas
evangélicas son irradiación de una única luz. Indisociables. El
que quisiere fomentar unas desvalorizando las otras se
quedará sin ninguna.
3. — Razón suprema de la Felicidad. «Porque de ellos es el
Reino de los Cielos». Las demás expresiones de la segunda
parte de cada una de las Bienaventuranzas (poseerán la Tierra
Prometida, verán a Dios, etc.) son diversas maneras de decir la
misma realidad: «el Reino de los Cielos» Esta expresión propia
del pueblo de Jesús significa la plena comunión con Dios. El
«Reino de los Cielos» será eterno; pero ya está presente en la
esperanza de los que tienen Fe. Y en muchas realizaciones
cristianas que lo presignifican y permiten pregustarlo ya en
esta vida.
Prosigue la lectura del Evangelio según Mateo. Despueá de
haber afirmado, en general, que el Señor recorría la Galilea
predicando la doctrina del Reino de Dios y dando la salud a los
enfermos (4, 23), presenta dos amplias panorámicas de esta
doble actividad: la de Jesús Maestro (cap. 5-7) y la de Jesús
fuente de Salud para el hombre
(8-9).
Como ejemplo y síntesis de aquel Magisterio nos ofrece el
Sermón de la Montaña. Son las páginas que dibujan con más
vigor el rostro del auténtico discípulo según Cristo.
Preludio al Sermón de la Montaña son las BIENAVENTURANZAS.
Jesús - las debió de repetir muchas veces, aisladas o juntas, en
uno u otro orden. Su forma
188 CICLO A
literaria estaba en la línea de la tradición sapiencial del antiguo
Oriente. En cada
«bienaventuranza» decían tres cosas: que uno es feliz; qué es
lo que le hace o hará feliz; por qué disposición personal entra
en dicha felicidad. Así, por ejemplo, el discípulo según el
Evangelio 1) ha encontrado la felicidad 2) en el Reino de Dios
3) gracias a ser pobre en espíritu.
Las ocho Bienaventuranzas no describen distintas categorías
de personas. Son rasgos de un mismo rostro ideal; facetas de
un diamante único, indivisible. Un misericordioso no limpio de
corazón, un pobre o perseguido que no hiciese obra de paz, no
entrarían en la felicidad del Evangelio. En cada discípulo podrá
destacar un rasgo más que otro. Jesús las realizó todas en
plenitud y exacta armonía: las Bienaventuranzas son su
autorretrato espiritual. Es sublime contemplarlas en El, por
ejemplo, al pie de la cruz.
La primera y última señalan explícitamente el REINO DE LOS
CIELOS (manera hebrea de decir «Reino de Dios») como centro
de la felicidad humana. Las demás glosan la misma idea con
imágenes o temas bíblicos: tratados con misericordia en el
Juicio ( y compensados de su dolor (3a), entrarán en la Tierra
prometida (2a) serán admitidos a la mesa generosa del Padre
Dios (4a), contemplando su rostro (6a) pues son hijos suyos
(7a).
Son así bendecidos los que tienen por ideal ardiente la
JUSTICIA (4a), hasta el martirio (80. No sólo tienen limpias las
manos, sino también su más profunda intimidad (6a). Libres de
los tres errores fundamentales del hombre que busca su
felicidad por el camino de la riqueza (la), o del orgullo (2a), o
del placer (3>). Profesionales del amor hecho obras en favor
del necesitado (5>); constructores de la Paz (7>).
Los llamados a la CONVERSIÓN por el Evangelio tienen en las
Bienaventuran zas su programa. Los que las han aceptado, su
felicitación. Los santos, su biografía. Todos, la invitación a
reencontrar en ellas su profunda identidad de Hombre
reformado «a imagen y semejanza» de Dios.
El SALMO proclama el amor a los pobres del Dios de las
Bienaventuranzas. SOFONIAS describe el futuro de Dios como
el pueblo de los anawim de Yahvé:
sencillos y pobres, sinceros y humildes; el pueblo de los que
confían en un solo Dios, el que cantó siete siglos más tarde, la
Virgen en su Magnzficat (que es un reflejo perfecto de las
Bienaventuranzas). En la CARTA A LOS CORINTIOS el Apóstol
recuerda a los cristianos de siempre que es sabiduría de Dios
escoger a los humillados según el mundo para encarnar en
ellos el gozo divino de las Bienaventuranzas.
Al describir la Misión de Jesús en Galilea, lo primero que
destaca San Mateo es su Doctrina. Subió a la Montaña, y
enseñaba. En la Montaña del Sinaí Moisés había recibido de
Dios la «Torá»: código de pensamiento y vida para Israel. En el
monte de Galilea, Jesús proclama el Evangelio: camino de Vida
abierto al mundo.
A este Mensaje o Proclama inaugural de Jesús según Mateo (5-
7) suelen llamarlo «el Sermón de la Montaña». Jamás se han
pronunciado palabras más fecundas. Gandhi las citaba de
memoria. Para un cristiano son vida y nervio del pensamiento.
IV DOMINGO TIEMPO ORDINARIO 189
El Sermón de la Montaña tiene por obertura o preludio las
BIENAVENTU RANZAS. Es el texto de la misa de hoy.
Como forma literaria, la «bienaventuranza» era expresión
espontánea de los antiguos orientales. Esparcidas por el
Antiguo Testamento se encuentran más de cincuenta. Al
analizar cualquier «bienaventuranza», se distinguen tres
elementos: 1.°:
afirma que alguien es feliz; 2.°: indica la cualidad que lo
dispone a serlo; 3.°: señala el bien que constituye su felicidad.
Jesús dijo muchas «bienaventuranzas». La más característica y
sorprendente fue la de la Pobreza. En torno a ella, los
evangelistas formaron pequeñas colecciones (p.ej., Lc 6,20-
23). La más conocida es ésta de San Mateo, que contiene ocho
(repitiendo dos veces la última). La repasamos según los tres
elementos indicados:
1.— « Es decir (en lenguaje de la Biblia), «felices» o
«dichosos» desde dentro. Gozo del alma, que impregna la vida.
El misterio de una
Felicidad real, independiente del placer, honores y riqueza, es
privilegio de la Fe.
Repitiéndolo nueve veces, como un leitmotiv, este preludio del
Sermón de la
Montaña define la actitud evangélica. La palabra griega
«Evangelio» fue sinónimo de Alegría. Creyentes nominales que
ofreciesen al mundo un rostro de insatisfacción,
serían propagandistas de la incredulidad.
2. — «... los Pobres en el espíritu». Cualidad distintiva del
«hombre evangélico». Al proclamarla, Jesús se inspiraba en el
Libro de Isaías (Lc 4, 16-21). Las demás Bienaventuranzas son
facetas del único diamante. Lo que aquí formula con palabras,
Jesús lo dijo en vida desde el pesebre a la cruz. El «Pobre de
corazón» (= Mt 11,29) es suavidad (v.4). Capacidad de dolor
fecundo (v.5). Peregrino ardiente de la Justicia según Dios (v.6).
Comprensivo (v.7). Transparente (v.8). Sincero constructor de la
Paz (v.7). Con Cristo y como Cristo, es lógicamente
incomprendido, calumniado y perseguido por quienes piensan,
sienten y obran lo contrario (y. 10-11). El «Pobre de corazón»
es o desea ser pobre de verdad. Pero su pobreza tiene alma. La
que alienta en todo el Evangelio. Sin ella —cuerpo sin alma—
sería muerta.
3. — «... porque de ellos es el Reino de los Cielos». Es decir, la
plena integración en la Familia de Dios. Definitivamente, por la
Escatología feliz. Ya desde ahora, en su pregustación real y
consciente por la Fe, la Esperanza y el Amor. Por la Comunión
eucarística, eclesial y fraterna. «Incluidos» entre la mención
inicial (v.3) y final (y. 10 y 11) del «Reino de los Cielos» se dan
varios sinónimos: La Patria (v.4). La liberación de todo Dolor
(v.5). El Banquete escatológico (v.6). El Perdón divino (v.7). La
beatificante Visión con que los hijos de Dios contemplarán
eternamente el rostro de su Padre (y. 8 y 9; cf. 1 Cor 13,12s).
Cuando nos obsesionen problemas secundarios, será oportuno
repasar las Bienaventuranzas. El mejor «examen de
conciencia».
QUINTO DOMINGO
PRIMERA LECTURA
Lectura del libro del profeta Isaías 58,7-70
Esto dice el Señor:
Parte tu pan con el hambriento, hospeda a los pobres sin
techo, viste al que va desnudo, y no te cierres a tu propia
carne.
Entonces romperá tu luz como la aurora, en seguida te brotará
la carne sana; te abrirá camino la justicia, detrás irá la gloria
del Señor.
Entonces clamarás al Señor
y te responderá.
Gritarás y te dirá:
Aquí estoy.
Cuando destierres de ti la opresión, el gesto amenazador y la
maledicencia, cuando partas tu pan con el hambriento y sacies
el estómago del indigente, brillará tu luz en las tinieblas, tu
oscuridad se volverá mediodía.
Salmo responsorial Sal 111,4-5, 6.7. 8a y 9
R. El justo brilla en las tinieblas como una luz.
En las tinieblas brilla como una luz el que es justo, clemente y
compasivo. Dichoso el que se apiada y presta y administra
rectamente sus asuntos.
y DOMINGO TIEMPO ORDINARIO 191
El justo jamás vacilará, su recuerdo será perpetuo. No temerá
las malas noticias, su corazón está firme en el Señor.
Su corazón está seguro, sin temor, reparte limosna a los
pobres, su caridad es constante, sin falta, y alzará la frente con
dignidad.
SEGUNDA LECTURA
Lectura de la primera carta del apóstol san Pablo a los Corintios
2,1-5
Hermanos: Cuando vine a vosotros a anunciaros el testimonio
de Dios, no lo hice con sublime elocuencia o sabiduría, pues
nunca entre vosotros me precié de saber cosa alguna, sino a
Jesucristo, y éste crucificado.
Me presenté a vosotros débil y temeroso; mi palabra y mi
predicación no fue con persuasiva sabiduría humana, sino en la
manifestación y el poder del Espíritu, para que vuestra fe no se
apoye en la sabiduría de los hombres, sino en el poder de Dios.
ALELUYA Aleluya, aleluya.
Jn 8,12 Yo soy la luz del mundo, dice el Señor. El que me sigue
no camina en las tinieblas, sino que tendrá la luz de la vida.
Aleluya.
EVANGELIO
Lectura del santo evangelio según San Mateo 5,13-16
En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos:
—Vosotros sois la sal de la tierra. Pero si la sal se vuelve sosa,
¿con qué la salarán?
No sirve más que para tirarla fuera y que la pise la gente.
Vosotros sois la luz del mundo. No se puede ocultar una ciudad
puesta en lo alto de un monte.
Tampoco se enciende una vela para meterla debajo del
celemín, sino para ponerla en el candelero y que alumbre a
todos los de casa.
Alumbre así vuestra luz a los hombres para que vean vuestras
buenas obras y den gloria a vuestro Padre que está en el cielo.
El fragmento del «Sermón de la Montaña» que escuchamos
hoy sigue en inmediata continuidad a las Bienaventuranzas,
que se proclamaron el domingo pasado. Al decir «vosotros»,
Jesús mira a sus Discípulos: a los verdaderos cristianos de todo
tiempo y condición. En el supuesto de que han hecho suyas las
Bienaventuranzas. Las Bienaventuranzas han esbozado el
rostro de la Iglesia tal como
192 CICLO A
debe ser ante Dios. Estas líneas afirman la misión que la Iglesia
tiene que realizar en el mundo.
1. — < sois la sal de la tierra». A Jesús le encantaba ezpresarse
con el lenguaje de las cosas sencillas. Por contexto, la «sal»
significa la sabiduría del Evangelio. El .xsabor» o sentido de
Dios que infunden las Bienaventuranzas a la vida del hombre.
El fuerte sabor de la sal se comunica con suavidad y proporción
a los alimentos que sazona. Los que se entregan a la práctica
de la santidad suelen ser relativamente pocos. Pero su
presencia confiere a la «tierra», es decir, a la sociedad
humana, un imperceptible pero real y eficaz sentido de cielo.
2.— «Vosotros sois la luz del mundo». La alegoría de la luz es
habitual en la Biblia. Funde en una única superconceptual
vivencia divina las nociones de Verdad, Amor y Alegría. Su
contrario son «las Tinieblas de la Muerte»: recordar aquel tezto
de Isaías citado por San Mateo (4,16), que leímos hace poco.
Los que hacen suyas las Bienaventuranzas —la santidad según
el Evangelio— son presencia de la Verdad, Amor y Alegría de
Dios en el mundo. El tezto que escuchamos hoy insiste en que
esta Luz no puede ni debe ocultarse. Es tanta hipocresía
decirse «sal» sin serlo, como cobardía esconder la Luz. Quien
posee la Verdad y no la comunica la pierde, como se apaga la
luz bajo el celemín. Cristo quiere a su Iglesia como aquella
ciudad en lo alto del monte, que presintió Isaías (2,1-5).
3.— «... que vean vuestras buenas obras y glorifiquen a
vuestro Padre que está en los Cielos». En esta última frase, la
expresión «los hombres» quiere decir lo mismo que «el
mundo» y «la tierra» en las precedentes. El ideal de la Iglesia
en su paso por el tiempo es ser «alma del mundo». No para
recibir gloria mundana, sino para transparentar la Gloria de
Dios. Del Padre común, que desea reunirnos a todos en una
universal Familia humana que sepa decir el «Padre nuestro». Y
aceptar su Paz, «así en la Tierra como en el Cielo». Las
«buenas obras» de los hijos de Dios serán realidades tangibles
de Amor fraterno (primera lectura y salmo responsorial). De un
Amor que es pura Gracia del Padre y, por tanto, exclusiva
Gloria de él. El camino normal para que «los hombres» acepten
creer en Dios es que vean a los que se consideran hijos de Dios
realizando «buenas obras»: obras de Amor fraterno y Verdad
divina que son sinceridad de su Fe y transparencia —espiritual
evidencia— de la Gracia del Padre.
Prosigue la lectura del SERMÓN DE LA MONTAÑA. En su
introducción o preludio define a la comunidad de los discípulos
de Cristo en tres dimensiones: a) en su relación con el Reino de
Dios (Ev. del domingo pasado: las Bienaventuranzas); b) en su
relación con el mundo (Evangelio de hoy); c) en su relación con
«la Ley y los Profetas» (Ev. del domingo próximo).
Pedagogo y oriental, Jesús solía incorporar sus ideas a
imágenes sencillas, familiares. Le gustaba, además, desdoblar
un pensamiento en dos expresiones paralelas, que se
complementan entre sí. De ahí, en el texto que leemos hoy, las
metáforas de la SAL y de la LUZ. A esta última se le coordinan
otras dos: la ciudad en lo alto de la montaña, la lamparita
encima del candelero.
Ambas imágenes indican una virtualidad o eficacia esencial. La
luz ilumina; si no, no es luz. Si lo que era sal deja de salar, se
tira por inútil. Cristo habla a una
V DOMINGO TIEMPO ORDINARIO 193
comunidad definida: « Vosotros...», los discípulos. No les dice lo
que deberían ser o podrían llegar a ser, sino lo que son si es
que son discípulos: «sois la sal de la tierra», «sois la luz del
mundo». Tierra y mundo son sinónimos con la &presión de la
última frase: «los hombres»; la gran familia humana. El
Evangelio habla a una pequeña comunidad que está entre
ellos. Pero da por supuesto que no es igual que ellos, pues, de
lo contrario, ya no les podría ser ni «sal» ni «luz».
El «vosotros» inicial resume el «vosotros» del último inciso de
las Bienaventuran zas, y se refiere a sus profesionales.
Vosotros, los pobres y sencillos; los de corazón puro; con
hambre y sed de ser justos según Dios, y perseguidos por ello;
los que hacéis en el mundo obra de misericordia y de paz.
Sal que sazona la tierra de sentido cristiano y luz que no se
puede esconder. Ya Isaías (2) con Miqueas (4) habían
contemplado proféticamente la futura Ciudad de Dios puesta
en lo alto de una montaña como centro de atracción para todas
las naciones del mundo. No sería evangélico refugiarse en la
invisibilidad.
« Vosotros sois la luz del mundo» es resonancia corporativa de
una declaración inalienable de Cristo: «Yo soy la luz del
mundo» Qn 8,12). El resplandor social de la Iglesia es
resplandor de Cristo, que él recibió del Padre (léase 2 Cor 3,18
- 4,6). Por eso, cuando «las buenas obras» de los discípulos son
realización auténtica de las Bienaventuranzas, el mundo ve en
ellas, por transparencia, la gloria de Dios. Este ha sido y será
siempre el camino real de la Fe.
La lectura de Isaías promete al «justo» que su vida se
transformará en luz. El salmo traduce la misma idea a poesía
sapiencial. En oriente, la luz es símbolo de todo bien. La
justicia que proclaman Isaías y el Salmo preludia la del Juicio
Final según Cristo (Mt 25, 31-46): pan al hambriento, abrigo al
desnudo, hogar al sin techo...
Pablo evoca un momento crítico de su apostolado: cuando
llegó a Corinto, insatisfecho del ensayo que había hecho en
Atenas, de hablar a los filósofos con palabras de sabiduría.
Decidió, desde entonces, no hablar ya más que directamente
de Cristo. Del Cristo que había dicho que atraería a todos a sí
desde la Cruz Qn 12,32). Pablo constató que el Maestro tenía
razón.
«Sal de la tierra» y «luz del mundo». Dos expresiones
alegóricas de Jesús, que recogió el Evangelio de Mateo para
definir la situación y misión de la Iglesia apostólica en medio
de una sociedad que aún no conocía al verdadero Dios.
Estas palabras del Sermón de la Montaña pertenecen todavía a
su «preludio», formando una sola unidad con las
Bienaventuranzas (que leímos el domingo pasado). El Maestro
empezó proponiendo el ideal evangélico, en tercera persona:
«Dichosos los pobres y sencillos, los que anhelan la Justicia, los
que hacen Paz y Misericordia... porque de ellos es el Reino de
Dios». Luego se dirige concretamente al grupo de sus
Discípulos, en segunda persona: «Dichosos vosotros cuando os
persigan por ser así...» (vers. 11 y 12). Y prosigue: «Vosotros
sois la sal de la tierra...»
Cuando se escribió el Evangelio, entendieron que Jesús, al
decir «vosotros», se refería a los Apóstoles. Los que fueron
germen y arquetipo de la Iglesia. Cristianos de fe,
sacramentos, vida y acción. Encarnación de las
Bienaventuranzas ante el mundo.
194 CICLO A
Para todos los demás, estas palabras son invitación imperativa.
Ser cristiano es gracia, honor y compromiso. Compromiso de
reactualizar en cada nueva circunstancia de la historia aquella
fidelidad con que los primeros Apóstoles fueron para su tiempo
«sal)> eficaz y «luz» irradiante.
a) La significación alegórica de la sal era entonces tan amplia
como imprecisa. Se consideraba absolutamente necesaria.
Podía connotar la idea de sacrificio. Aunque de sabor ingrato
en sí misma, da sabor y preserva de la corrupción. Pero si es
ella misma la que se «corrompe» o echa a perder, no sirve
para nada ni tiene remedio. En la redacción de San Mateo, la
«sal» es la Sabiduría evangélica de las Bienaventuranzas.
b) La imagen de la luz es de las más frecuentes en la Biblia. Lo
contrario son las tinieblas: síntesis de toda miseria, desdicha y
pecado. La luz sugiere la Verdad:
respiración y alimento del espíritu. No se concibe la luz sin
llama: sin calor y ardencia. Para un discípulo de la Biblia, no
hay Verdad sin Vida y sin Amor. La luz es atmósfera de
laAlegría.Cuando el hombre de la Biblia pronuncia la palabra
«Luz» en sentido pleno, levanta instintivamente los ojos y mira
al Infinito. Toda luz es efluvio de la Gloria de Dios. Por eso, al
decir de los Apóstoles: «Vosotros sois la Luz del mundo», Jesús
los declara transparencia de sí mismo Qn 8,12) y del Padre (1
Jn 1,5). Como aquella Ciudad mesiánica, en lo alto de la
montaña, de que habló Isaías (2,2; 60, 1-3). Cordialmente,
como la lamparita que ambienta el hogar.
La llama de esta luz apostólica son las buenas obras (vers. 16).
Diciendo «buenas obras», Jesús se refería principalmente a las
de amor fraterno con los necesitados (Mt 25, 3 1-46). Buenas
obras que son la sinceridad de la Fe. Viéndolas, el mundo será
testigo de la Gloria del Padre. Quiere decir que es el mismo
Padre quien inspira y mueve las «buenas obras» de sus hijos,
los auténticos cristianos. Ellos lo saben, y por eso no se glorían
en sí mismos, sino en solo Dios. Y pues buscan la gloria de su
Padre se han afanado siempre para encender en la tierra
antorchas de su Fe, que son las obras de Paz y Bien inspiradas
por las Bienaventuranzas.
La lectura semicontinua del Evangelio según Mateo ofrece hoy
un fragmento del «Sermón de la Montaña». Declara al discípulo
de Cristo su responsabilidad de ser instrumento de la Gloria de
Dios en el mundo.
Empiezan las lecturas con un fragmento de la tercera parte del
Libro de Isaías. El mensajero de la Palabra se dirige a los recién
llegados del exilio (s. VI a.C.), que se afanan por reconstruir la
Comunidad de Israel. Dicen que Dios no les atiende, y
quisieran «obligarlo» con ritos y ayunos. Pero descuidan los
deberes de fraternidad (cfr. todo el capítulo 58). El profeta les
recuerda un punto clave del auténtico sentido religioso: que la
Fe se realice en obras de asistencia a todo hermano que lo
necesite. Sólo entonces el Señor aceptará diálogo (vers. 9a). Y
cada uno y todos juntos en el Pueblo santo serán luz de la
Gloria de Dios (y. 8 y lOb); es decir, instrumento de su
Presencia eficaz en el mundo.
Las reflexiones de la Carta a los Corintios se refieren todavía al
tema de las divisiones en la Comunidad (del que hablábamos
hace dos domingos). Algunos se constituían en grupos de
aislamiento, fascinados por la «sabiduría» humana de éste o
aquél. San Pablo encarna en su propia experiencia el deber de
toda predicación
y DOMINGO TIEMPO ORDINARIO 195
cristiana: ser transparente sinceridad del Evangelio, sin
envolverlo en nieblas ajenas aun cuando su contenido sea tan
austero, como el mensaje de la Cruz.
San Mateo se distingue por su arte en presentar las Palabras
de Jesús temáticamente ordenadas en amplios conjuntos o
«sermones». El primero y principal es el «Sermón de la
Montaña». Programa detallado de aquella Conversión que el
Señor proclamaba por toda la Galilea (4,17). Empieza por las
Bienaventuranzas (5,3-12), que son a un tiempo su preludio y
su síntesis.
El tezto que leemos hoy está redaccionalmente unido a las
Bienaventuranzas y tiene que interpretarse en función de ellas.
El pronombre «vosotros» interpela a los discípulos (5,1) en
cuanto realizan en su persona el ideal de «Justicia» o santidad
trazado en las Bienaventuranzas. Pero si uno llamado
«discípulo» por profesión externa o compromiso social no
encarna en su vida las Bienaventuranzas, deja de ser «sal» y
se apaga su «luz». Ambas imágenes, sal y luz, son alegoría de
la fuerza de irradiación contagiosa que tiene en sí la verdadera
santidad evangélica. El «mundo», es decir «los hombres», se
enciende sólo por contacto de quien sea llama viva de Fe.
a) Conforme a una antigua manera de pensar, común en
bastantes pueblos, San Mateo ve en la «sal» un símbolo de la
«sabiduría». Para él, no hay más Sabiduría que la ciencia
práctica de vivir según las Bienaventuranzas. El buen discípulo
la tiene y la comunica a los demás. Si la pierde personalmente,
ha cesado su razón de ser; no le queda más destino que el
menosprecio y la reprobación (vers. 13b).
b) En la Biblia, la imagen de la luz suele tener relación con la
gloria de Dios. «Dios es Luz» (1 Jn 1,5); Cristo es «la Luz del
mundo» ( 8,12), y los discípulos su transparencia (cfr. 2 Cor
4,6). La alegoría de la luz, en la Biblia, no se refiere a una
ciencia teórica sino a una vida que sea expresión ardiente de la
Verdad. Por eso, cuando el mundo ve la «luz» de los discípulos,
es decir, sus buenas obras, intuye que en ellos todo es Gracia,
cree en Dios y proclama su Gloria.
Si el mundo tiene que «ver», la luz de los discípulos no debe
esconderse. El Evangelio subraya esta idea con la doble
imagen de la lamparita (que ha de estar en el centro de la
habitación) y de la Ciudad (sobre la montaña: alusión al
oráculo de Isaías y Miqueas sobre la Jerusalén mesiánica).
Irradiar la Gloria de Dios no es falta de humildad en la Iglesia;
antes todo lo contrario.
SEXTO DOMINGO
PRIMERA LECTURA
Lectura del libro del Eclesiástico 15,16-21
Si quieres, guardarás sus mandatos, porque es prudencia
cumplir su voluntad; ante ti están puestos fuego y agua, echa
mano a lo que quieras;
delante del hombre están muerte y vida:
le darán lo que él escoja. Es inmensa la sabiduría del Señor,
es grande su poder y lo ve todo; los ojos de Dios ven las
acciones, él conoce todas las obras del hombre; no mandó
pecar al hombre, ni deja impunes a los mentirosos.
Salmo responsorial Sal 118,1-2. 4-5. 17-18. 33-34
R. Dichosos los que caminan en la voluntad del Señor.
Dichoso el que con vida intachable camina en la voluntad del
Señor; dichoso el que guardando sus preceptos lo busca de
todo corazón.
Tú promulgas tus decretos para que se observen exactamente;
¡ojalá esté firme mi camino para cumplir tus consignas!
VI DOMINGO TIEMPO ORDINARIO 197
Haz bien a tu siervo: viviré y cumpliré tus palabras;
ábreme los ojos y contemplaré las maravillas de tu voluntad.
Muéstrame, Señor, el camino de tus leyes
y lo seguiré puntualmente;
enséñame a cumplir tu voluntad
y a guardarla de todo corazón.
SEGUNDA LECTURA
Lectura de la primera Carta del apóstol san Pablo a los
Corintios 2,6-10
Hermanos: Hablamos, entre los perfectos, una sabiduría que no
es de este mundo ni de los príncipes de este mundo, que
quedan desvanecidos, sino que enseñamos una sabiduría
divina, misteriosa, escondida, predestinada por Dios antes de
los siglos para nuestra gloria.
Ninguno de los príncipes de este mundo la ha conocido, pues si
la hubiesen conocido, nunca hubieran crucificado al Señor de
la gloria.
Sino como está escrito: Ni el ojo vio, ni el oído oyó, ni el
hombre puede pensar lo que Dios ha preparado para los que lo
aman.»
Y Dios nos lo ha revelado por el Espíritu, y el Espíritu todo lo
penetra, hasta la profundidad de Dios.
ALELUYA Aleluya, aleluya.
Mt 11,25 Te doy gracias, Padre, porque has revelado los
misterios del Reino a la gente sencilla. Aleluya.
EVANGELIO
Lectura del santo evangelio según san Mateo 5,77-37
En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos:
[ creáis que he venido a abolir la ley o los profetas: no he
venido a abolir, sino a dar plenitud.
Os aseguro que antes pasarán el cielo y la tierra que deje de
cumplirse hasta la última letra o tilde de la ley.
El que se salte uno solo de los preceptos menos importantes, y
se lo enseñe así a los hombres, será el menos importante en el
reino de los cielos.
Pero quien los cumpla y enseñe, será grande en el reino de los
cielos.]
Os lo aseguro: si no sois mejores que los letrados y fariseos, no
entraréis en el reino de los cielos.
Habéis oído que se dijo a los antiguos: no matarás, y el que
mate será procesado.
Pero yo os digo: todo el que esté peleado con su hermano será
procesado. [ si uno llama a su hermano «imbéci1 tendrá que
comparecer ante el Sanedrín, y si lo llama renegado», merece
la condena del fuego.
198 CICLO A
Por tanto, si cuando vas a poner tu ofrenda sobre el altar, te
acuerdas allí mismo de que tu hermano tiene quejas contra ti,
deja allí tu ofrenda ante el altar y vete primero a reconcilias-te
con tu hermano, y entonces vuelve a presentar tu ofrenda.
Con el que te pone pleito procura arreglarte en seguida,
mientras vais todavía de camino, no sea que te entregue al
juez, y el juez al alguacil, y te metan en la cárcel. Te aseguro
que no saldrás de allí hasta que hayas pagado el último
cuarto.]
Habéis oído el mandamiento: <(No cometerás adulterio,>.
Pues yo os digo: el que mira a una mujer casada deseándola,
ya ha sido adúltero con ella en su interior.
[ tu ojo derecho te hace caer, sácatelo y tíralo. Más te vale
perder un miembro que ser echado entero en el abismo.
Si tu mano derecha te hace caer, córtatela y tírala, porque más
te vale perder un miembro que ir a parar entero al abismo.
Está mandado: <‘El que se divorcie de su mujer, que le dé acta
de repudio.>
Pues yo os digo: el que se divorcie de su mujer —excepto en
caso de prostitución— la induce al adulterio, y el que se case
con la divorciada comete adulterio.]
Sabéis que se mandó a los antiguos: <‘No jurarás en falso> y
<‘cumplirás tus votos al Señor.»
Pues yo os digo que no juréis en absoluto: [ por el cielo, que es
el trono de Dios; ni por la tierra, que es estrado de sus pies; ni
por Jerusalén, que es la ciudad del Gran Rey. Ni jures por tu
cabeza, pues no puedes volver blanco o negro un solo pelo]. A
vosotros os basta decir sí o no. Lo que pasa de ahí viene del
Maligno.
Escuchamos otra página del SERMÓN DE LA MONTAÑA. Habla
de la actitud que tomó Cristo ante la Ley Antigua. La
<(Montaña)> de las Bienaventuranzas evoca la del Sinaí,
donde se promulgaron los Mandamientos de la Ley de Diós.
En aquellos «Mandamientos» se expresa la Voluntad de Dios,
que orienta el camino de nuestra vida. Voluntad de Dios que
afirma y respeta la libertad [ lectura]. La libertad es un divino
privilegio que otorga al Hombre el honor de autodecidirse a
hacer el Bien. Para ayudarle, Dios lo ilumina con su propia
Sabiduría [ lectura]. Menospreciar esta Sabiduría, desviarse de
su Palabra, de sus Mandamientos, significa autocondenarse a
la Mentira. «iFeliz el que camina en la Voluntad del Señor!»
[ responsorial].
1. — «No he venido a abolir, sino a dar plenitud». Algunos
acusaron a Jesús de que con su conducta y doctrina anulaba
determinados aspectos de la Ley Antigua, que era el tesoro
más entrañable amado por Israel. Cristo replica diciendo que
no ha venido a destruir. Afirmación absoluta. Su Evangelio no
suprime valor alguno de ningún pueblo, de ninguna cultura.
Pero tampoco deja las cosas como estaban. Porque ha venido a
dar plenitud. A conducir ideas e instituciones hacia su
definitiva perfección. En líneas de profundidad y de
crecimiento, no de ruptura. La fructificación no destruye el
árbol; le da la plenitud a la que estaba destinado. En el
Evangelio de Jesús puede y debe «fructificar» todo valor
humano.
2. — «El que se salte uno solo de los preceptos más
insignificantes y se 16 enseñe así a los hombres será tenido
por insignificante en el Reino de los Cielos». Cuando se escribió
esta página del Evangelio ya defendían algunos en la
comunidad cristiana el egoísmo de limitar la vigencia de la
Voluntad de Dios a sólo los deberes de primera magnitud. Pero
Dios es pedagogo y artista, que se complace en forjar a sus
santos con la filigrana de las «pequeñas fidelidades». Consta,
además, por experiencia que las «pequeñas fidelidades» son la
garantía única de la gran Fidelidad.
VI DOMINGO TIEMPO ORDINARIO 199
3. — «Habéis oído que se dijo a los antiguos... Mas yo os
digo...)> San Mateo recoge unos cuantos ejemplos de cómo
Jesús reinterpretaba en plenitud la Antigua Ley. «No matarás»
exige no tener odio en el corazón ni en los labios. Porque del
rencor y del insulto germinan la violencia y el asesinato. —No
cometer adulterio ni con la mirada.
—Inquebrantable unión de los esposos. —Absoluta verdad en la
palabra. —El próximo domingo seguirán otros ejemplos.
El PRELUDIO AL SERMÓN DE LA MONTAÑA empezó trazando el
ideal de los discípulos de Cristo en su relación con el Reino de
Dios (las Bienaventuranzas), y afirmó luego que,
manteniéndose fieles a este ideal, son la luz del mundo. Ahora
considera una tercera dimensión fundamental del discípulo: su
actitud ante la Ley.
Para no desenfocar estas líneas conviene tener presente la
situación psicológica de aquellos israelitas que escuchaban a
Jesús en Galilea (y también la de los judeocristianos, que eran
mayoría en las comunidades a que se dirigía el primer
Evangelio).
En efecto, el buen hijo de Israel escucha en la sinagoga,
sábado tras sábado, una lectura bíblica de «la Ley» (o «Torá») y
una de «los Profetas». «La Ley y los Profetas» le son Palabra de
Dios y Revelación de su plan en favor del Pueblo. Israel tiene
en la Torá toda su luz, esperanza y camino. Es la manifestación
de la Voluntad del Señor. Y no reconoce más perfecta sabiduría
que cumplirla.
En sus tres primeras frases, el Evangelio de hoy se defiende de
una crítica de parte de un sector del judaísmo de entonces: la
de que la Doctrina de Jesús estaba en contra o al margen de la
Torá. Concreta su pensamiento en tres afirmaciones: a) la Torá
es un valor permanente, más que el mismo universo (y. 18). b)
Por tanto, el Mesías no vino a suprimirla. Pero sí a llevarla a la
definitiva perfección a que estaba destinada desde siempre
según el plan de Dios (17). c) En consecuencia, si un discípulo
del Evangelio menospreciase, teórica o prácticamente, un solo
mandamiento (en la perspectiva de perfección de que habla el
Maestro), quedaría descalificado en orden al Reino de Dios
(19).
En la cuarta frase (v.20) el Evangelio acusa a los acusadores. El
texto original dice:
«Si vuestraJusticia no es más abundante que la de los escribas
y fariseos...» La palabra
Justicia sugería entonces perfección moral, santidad,
cumplimiento exacto de la Ley.
Desautoriza a un sector concreto de los guías del pueblo de
Dios en aquel tiempo.
También es caridad señalar a los débiles un peligro.
En estas primeras frases se trasluce un rasgo de la pedagogía
de Jesús: su sentido de continuidad en proceso de
perfeccionamiento. Ni destruir ni dejar las cosas como estaban.
Aceptó, cumplió, desarrolló y orientó hacia su intrínseca
plenitud terminal los valores religiosos de su Pueblo. Un día
Israel comprenderá que el Evangelio era su propio destino.
A partir del versículo 21 se enumeran seis ejemplos de
interpretación de la Tor en plenitud evangélica. «No matarás»
significa ahora no odiar, no maldecir, perdonar siempre... «No
cometer adulterio» es ni siquiera desearlo, y cortar con energía
toda ocasión... El divorcio, nunca... Cualquier «sí» o «no» de un
cristiano debe ser tan verdad como un juramento... Más
adelante Jesús dirá la palabra definitiva: amar sin límite a Dios
y al prójimo, esto es la Ley y los Profetas.
200 CICLO A
Dios que da al hombre su Ley, y con ellael camino de la vida, le
da también la capacidad de decidirse «desde dentro», con
propia y plena responsabilidad. Así lo afirma Ben Sirá en la
primera lectura. El Salmo es fragmento de una larga
meditación de un joven que canta su amor a la Ley de Dios: El
amor es energía de la libertad. San Pablo completa el
pensamiento del domingo pasado: en el misterio de Cristo,
revelado por el Espíritu, está la suprema sabiduría.
SÉPTIMO DOMINGO
PRIMERA LECTURA
Lectura del libro del Levítico 19,1-2. 17-18
Dijo el Señor a Moisés:
—Habla a la asamblea de los hijos de Israel y diles:
Seréis santos, porque yo, el Señor vuestro Dios, soy santo.
No odiarás de corazón a tu hermano. Reprenderás a tu pariente
para que no cargues tú con su pecado.
No te vengarás ni guardarás rencor a tus parientes, sino que
amarás a tu prójimo como a ti mismo.
Yo soy el Señor.
Salmo responsorial Sal 102,1-2. 3-4. 8 y 10. 12-13
R. El Señor es compasivo y misericordioso.
Bendice, alma mía, al Señor,
y todo mi ser a su santo nombre.
Bendice, alma mía, al Señor
y no olvides sus beneficios.
Él perdona todas tus culpas
y cura todas tus enfermedades;
él rescata tu vida de la fosa
y te coima de gracia y de ternura.
El Señor es compasivo y misericordioso, lento a la ira y rico en
clemencia. No nos trata como merecen nuestros pecados. ni
nos paga según nuestras culpas.
202 CICLO A
Como dista el oriente del ocaso, así aleja de nosotros nuestros
delitos; como un padre siente ternura por sus hijos, siente el
Señor ternura por sus fieles.
SEGUNDA LECTURA
Lectura de la primera carta del apóstol san Pablo a los Corintios
3,16-23
Hermanos: ¿No sabéis que sois templos de Dios y que el
Espíritu de Dios habita en vosotros?
Si alguno destruye el templo de Dios, Dios lo destruirá a él;
porque el templo de Dios es santo: ese templo sois vosotros.
Que nadie se engañe. Si alguno de vosotros se cree sabio en
este mundo, que se haga necio
para llegar a ser sabio. -
Porque la sabiduría de este mundo es necedad ante Dios, como
está escrito: «El caza a los sabios en su astucia.» Y también:
«El Señor penetra los pensamientos de los sabios y conoce que
son vanos.»
Así pues, que nadie se gloríe en los hombres, pues todo es
vuestro: Pablo, Apolo, Cefas, el mundo, la vida, la muerte, lo
presente, lo futuro. Todo es vuestro, vosotros de Cristo y Cristo
de Dios.
ALELUYA Aleluya, aleluya.
lJn 2,5 Quien guarda la palabra de Cristo, ciertamente el amor
de Dios ha llegado en él a su plenitud. Aleluya.
EVANGELIO
Lectura del santo evangelio según san Mateo 5,38-48
En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos:
—Sabéis que está mandado: «Ojo por ojo, diente por diente.»
Pues yo os digo: No hagáis frente al que os agravia. Al
contrario, si uno te abofetea en la mejilla derecha, preséntale
la otra; al que quiera ponerte pleito para quitarle la túnica, dale
también la capa; a quien te requiera para caminar una milla,
acompáñale dos; a quien te pide, dale, y al que te pide
prestado, no lo rehúyas.
Habéis oído que se dijo:
«Amarás a tu prójimo y aborrecerás a tu enemigo.»
Yo, en cambio, os digo:
Amad a vuestros enemigos, haced el bien a los que os
aborrecen y rezad por los que os persiguen y calumnian. Así
seréis hijos de vuesfro Padre que está en el cielo, que hace
salir su sol sobre malos y buenos y manda la lluvia a justos e
injustos.
Porque si amáis a los que os aman, ¿qué premio tendréis? ¿No
hacen lo mismo también los publicanos? Y si saludáis sólo a
vuestros hermanos, ¿qué hacéis de extraordinario? ¿No hacen
lo mismo también los paganos? Por tanto, sed perfectos como
vuestro Padre celestial es perfecto.
VII DOMINGO TIEMPO ORDINARIO 203
Jesús no vino a destruir lo Antiguo. Tampoco a dejarlo donde
estaba. Vino a dar plenitud. En el Evangelio del domingo
pasado esçuchamos cuatro ejemplos de cómo Jesús
interpretaba en plenitud la Antigua Ley: a) «no matar» quiere
decir no odiar; b) el adulterio ya se realiza en los ojos y el
corazón; c) la unión de los esposos es inquebrantable; d) «no
perjurar» significa jamás mentir. Hoy se leen los dos últimos
ejemplos de este capítulo del Sermón de la Montaña: la Ley de
Dios según el Evangelio va más allá de la «justicia» según los
hombres; exige el Amor, que es la Justicia según Dios.
1. — «Habéis oído que se dijo: Ojo por ojo y diente por
diente...)> Fórmula popular de la antigua «ley del talión»,
recogida ya por el código de Hammurabi y por las Doce Tablas.
No deja la pena del malhechor al arbitrio de la venganza
privada (Gen 4,23-24), sino que la confía a la autoridad pública
y exige una norma de proporcionalidad. Pero el Maestro no
dicta una clase de derecho a los legisladores de este mundo,
que se limitan a su ámbito externo de poder y deber. Habla el
corazón de cada persona humana y le revela el arte divino de
devolver bien por mal en orden a superar la arrogancia del Mal
con la invencible soberanía del Bien. Radicalmente opuesto al
«zelotismo» con que algunos quisieron ofuscar el auténtico
rostro de Jesús. Las cuatro «situaciones» con que ilustra este
arte divino (vers. 39-41) son hiperbólicas al estilo oriental.
Espíritu y no letra. Exigirlas a la letra sería recaer en el más
exacto fariseísmo. En nuestra vida cotidiana hay mil
«situaciones» reales que nos brindan la ocasión de vencer el
Mal con el Bien.
2. — «Amad a vuestros enemigos». Sublime intuición del Padre
universal, que es «compasivo y misericordioso» (salmo).
Distribuye por igual sol y lluvia a los que lo aman y a los que lo
desprecian. El hijo de Dios no pone fronteras a su
«misericordia», que debe ser transparencia y comunicación de
la que él mismo ha recibido del Padre. Su «justicia» dejará de
ser egoísmo para alcanzar la altura o la libertad del Amor.
Meditemos la última Encíclica de Juan Pablo TI.
3. — «Seréis perfectos, como es perfecto vuestro Padre
celestial». «Seréis santos», dice el Levítico (primera lectura). Y
San Lucas, «misericordiosos» (6,36). Las tres expresiones
significan lo mismo. El hombre es hombre en cuanto imagen de
Dios. Presencia viva del Espíritu (segunda lectura). Sagrado.
Exigiendo a nuestro vivir humano un nivel divino, Jesús no pide
imposibles. Indica la cumbre hacia la que debemos caminar
con los ojos, el corazón y las obras. El camino es nuestro. La
infinita cumbre será (y ya es para muchos) Gracia de Dios.
OCTAVO DOMINGO
PRIMERA LECTURA
Lectura del libro del profeta Isaías 49,14-15
Sión decía: «Me ha abandonado el Señor, mi dueño me ha
olvidado.»>
— que puede una madre olvidarse de su criatura, no
conmoverse por el hijo de sus entrañas?
Pues, aunque ella se olvide, yo no te olvidaré.
Salmo responsoríal Sal 61,2-3. 6-7. 8-9ab
R. Descansa sólo en Dios, alma mía..
Sólo en Dios descansa mi alma, porque de él viene mi
salvación; sólo él es mi roca y mi salvación, mi alcázar: no
vacilaré.
Descansa sólo en Dios, alma mía, porque él es mi esperanza;
sólo él es mi roca y mi salvación, mi alcázar: no vacilaré.
De Dios viene mi salvación y mi gloria; él es mi roca firme, Dios
es mi refugio.
Pueblo suyo, confiad en él, desahogad ante él vuestro corazón.
VIII DOMINGO TIEMPO ORDINARIO 205
SEGUNDA LECTURA
Lectura de la primera carta del apóstol san Pablo a los Corintios
4,1-5
Hermanos: Que la gente sólo vea en nosotros servidores de
Cristo y administradores de los misterios de Dios. Ahora, en un
administrador lo que se busca es que ses fiel. Para mí lo de
menos es que me pidáis cuentas vosotros o un tribunal
humano; ni siquiera yo me pido cuentas. La conciencia, es
verdad, no me remuerde; pero tampoco por eso quedo
absuelto: mi juez es el
Señor. -
Así pues, no juzguéis antes de tiempo, dejad que venga el
Señor. El iluminará lo que esconden las tinieblas y pondrá al
descubierto los designios del corazón; entonces cada uno
recibirá de Dios lo que merece.
ALELUYA Aleluya, aleluya.
Hb 4,12 La palabra de Dios es viva y eficaz, juzga los deseos e
intenciones del corazón. Aleluya.
EVANGELIO
Lectura del santo evangelio según san Mateo 6,24-34
En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos:
—Nadie puede estar al servicio de dos amos. Porque
despreciará a uno y querrá al otro; o, al contrario, se dedicará
al primero y no hará caso del segundo. No podéis servir a Dios
y al dinero.
Por eso os digo: no estéis agobiados por la vida pensando qué
vais a comer, ni por el cuerpo pensando con que ós vais a
vestir. ¿No vale más la vida que el alimento, y el cuerpo que el
vestido? Mirad a los pájaros: ni siembran, ni siegan, ni
almacenan y, sin embargo, vuestro Padre celestial los alimenta.
¿No valéis vosotros más que ellos? ¿Quién de vosotros, a
fuerza de agobiarse, podrá añadir una hora de tiempo de su
vida?
¿Por qué os agobiáis por el vestido? Fijaos cómo crecen los
lirios del campo: ni trabajan ni hilan. Y os digo que ni Salomón,
en todo su fasto, estaba vestido como uno de ellos. Pues si a la
hierba, que hoy está en el campo y mañana se quema en el
horno, Dios la viste así, ¿no hará mucho más por vosotros,
gente de poca fe? No andéis agobiados pensando qué vais a
comer, o qué vais a beber, o con qué os vais a vestir. Los
paganos se afanan por esas cosas. Ya sabe vuestro Padre del
cielo que tenéis necesidad de todo eso.
Sobre todo buscad el Reino de Dios y su justicia; lo demás se
os dará por añadidura. Por tanto, no os agobiéis por el mañana,
porque el mañana traerá su propio agobio. A cada día le bastan
sus disgustos.
Estas palabras del Sermón de la Montaña las dijo de corazón el
Hijo de Dios y luego fueron consignadas por escrito en una
atmósfera de Fe donde todos sabían y sentían que Dios es
Padre nuestro. A uno que viviese como huérfano de Dios le
resultaría imposible comprenderlas.
1. — «No podéis servir a Dios y al Dinero». Servir a Dios quiere
decir tenerlo por centro de la vida. No hay mayor libertad que
la de sentirse «servidor de Dios». Servir
206 CICLO A
a Dios, que es la lógica de amarle, equivale a reinar en espíritu,
desde su altura, por encima de toda servidumbre que nos
quieran imponer. —En vez de «Dinero», el texto primigenio
transcribe el correspondiente vocablo arameo que usaría Jesús
hablando a los de su tierra: «Mammón’>. Vocablo que sugiere
una personificación idolátrica de la Riqueza. Porque en toda
criatura inteligente radica un instinto de adoración. Pero
cuando lo desvía del auténtico Dios, diviniza en su lugar a un
ídolo y se pone a su servicio, no ya como hijo en comunión con
el padre sino como esclavo sometido a un tirano. «Servir a la
Riqueza» significa afirmar e imponer la primacía de las cosas
materiales sobre las personas. Consecuencia de ello, una
ilimitada injusticia y la pérdida de la paz.
2. — «Por eso os digo: no os angustiéis... » Elevación espiritual
de Jesús, que tantas veces había meditado en Nazaret la
presencia amorosa del Padre a través de la naturaleza. Le
encantaban las flores silvestres («los lirios del campo») y no el
fausto de los palacios. Al que en esto no sintonice con él, le
costará entender el Evangelio. «No os angustiéis...» El Maestro
quiere infundir paz en la vida personal de cada uno, sin lo cual
nunca florecerá la paz de todos. No induce al quietismo.
Enseña a trabajar con toda el alma, como hizo él siempre, pero
con paz y serenidad. Porque Dios es PADRE, y su amor
entrañable y concreto nos asiste en cada paso de la vida: en el
gozo como en el sufrimiento; en la prosperidad, en la
decadencia, en la muerte. Vivir en esta Fe no es comodidad
sino heroísmo: recordemos a Cristo en Getsemaní.
3. — «Buscad por encima de todo el Reino de Dios y su
Justicia». Lo contrario sería evadirnos de la única Realidad que
nos envuelve ahora y por siempre. El Padre Dios tiene su plan
eterno, que se realizará. Jesús llama a este plan su «Reino». El
Reino que pedimos en el Padrenuestro. Tiene por programa
elevar la humanidad a su altura. Altura que es Amor en la
Verdad, Paz en la Justicia, Perdón y Fraternidad en la Familia
universal del único Padre. Es honor infinito que Dios nos llame
a colaborar en su Reino, a «buscarlo», a trabajar por él.
Con la nueva serie de «domingos ordinarios» vuelve la lectura
seguida del Evangelio según San Mateo, que se interrumpió al
empezar la Cuaresma.
Estas palabras fueron pronunciadas por el Señor y escritas por
el evangelista en ambiente de Fe. Al margen y por encima de
la sabiduría humana. Son para quienes hayan aceptado las
Bienaventuranzas y recen de verdad el Padrenuestro.
A. Un solo Señor (vers. 24). Jesús invoca la experiencia del
pueblo al que habla:
no tendrá paz quien se empeñe en servir a dos amos a un
mismo tiempo. Porque servir suponía dedicarse plenamente.
Cuando la Biblia entiende por «amo» a Dios, concentra en la
noción de «servicio» todo el potencial del espíritu humano.
Entonces servir es darse en afecto y acción; tener al Señor y su
Gloria por centro de la vida. Cuando la Biblia llama a alguien
«siervo de Dios», expresa la más alta nobleza. Su antítesis es
servir a los ídolos. ídolo es un dios sin verdad y sin amor. «No
podéis servir a Dios y a la Riqueza». En vez de «riqueza», el
texto del Evangelio conserva el vocablo arameo «Mammón» —
el que usaría Jesús. Con ello da a entender que la personifica
como un ídolo. También el Apóstol llamó idolatría el insaciable
afán de poseer más y más (Col 3, «Servir a Mammón» (a la
riqueza material como valor / supremo) le cuesta al mundo
inmensos sacrificios: guerras, injusticias, esclavitud.
VIII DOMINGO TIEMPO ORDINARIO 207
B. — «No os angustiéis...» A lo largo de los versículos 25-33,
Jesús transfunde a los discípulos el sabor de la pobreza serena
que vivió en Nazaret. Las aves y las flores del campo le
hablaban de la atención providente del Padre. Jesús tenía el
sentido de la naturaleza, hermosa y pura, que es la mejor
preparación al evangelio. El pensamiento-clave de esta
secuencia es no angustiarse. La angustia ante el porvenir es el
tributo que paga la «poca fe» (v.30). La Fe-de-verdad
transfigura la vida en confianza. Se siente afirmada y dirigida
por la mano de un amor entrañable [ lectura]. No es inercia,
sino paz activa. Tampoco es seguro contra infortunios; pero
cuando llega el dolor sabe con evidencia que es de la mano del
Padre, que todo lo ordena al bien (Rom 8,28), y no necesita
más consuelo.
«Buscad ante todo su Reino [ Padre) y su Justicia». Para San
Mateo, el programa de este «Reino» y esta «Justicia» se
formula en el Padrenuestro, centro y síntesis del Sermón de la
Montaña.
C. — El último consejo (y. 34) —no angustiarse por el mañana—
era refrán sapiencial en varios pueblos antiguos. Vivir día tras
día el solo hoy, no el ayer ni el mañana, ahorra sufrimiento
inútil y es clave de la eficacia y de la paz. El Evangelio lo
entiende con la religiosa serenidad de quienes piden cada día
en el Padrenuestro su Pan de hoy. Y saben por fe y ezperiencia
que Dios es Padre (Mt 7,7-11).
NOVENO DOMINGO
PRIMERA LECTURA
Lectura del libro del Deuteronomio 11,18. 26-28.
Moisés habló al pueblo diciendo:
—Meteos mis palabras en el corazón y en el alma, atadias a la
muñeca como un signo y ponedias de señal en vuestra frente.
Mirad: hoy os pongo delante maldición y bendición: la
bendición, si escucháis los preceptos del Señor vuestro Dios
que yo os mando hoy; la maldición, si no escucháis los
preceptos del Señor vuestro Dios y os desviáis del camino que
hoy os marco, yendo detrás de dioses extranjeros que no
habíais conocido.
Salmo responsorial Sal 30,2-3a. 3bc-4. ¡7 y 25
R. Sé la roca de mi refugio, Señor.
A ti, Señor, me acojo:
no quede yo nunca defraudado; tú que eres justo, ponme a
salvo; inclina tu oído hacia mí, ven aprisa a librarme.
Sé la roca de mi refugio, un baluarte donde me salve, tú que
eres mi roca y mi baluarte; por tu nombre dirígeme y guíame.
Haz brillar tu rostro sobre tu siervo, sálvame por tu
misericordia. Sed fuertes y valientes de corazón, los que
esperáis en el Señor.
IX DOMINGO TIEMPO ORDINARIO 209
SEGUNDA LECTURA
Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los Romanos 3,21-
25a. 28
Hermanos: Ahora, la justicia de Dios, atestiguada por la Ley y
los profetas, se ha manifestado independientemente de la Ley.
Por la fe en Jesucristo viene la justicia de Dios a todos los que
creen, sin distinción alguna. Pues todos pecaron y todos están
privados de la gloria de Dios, y son justificados gratuitamente
por su gracia, mediante la redención de Cristo Jesús, a quien
Dios constituyó sacrificio de propiciación mediante la fe en su
sangre.
Sostenemos, pues, que el hombre es justificado por la fe, sin
las obras de la Ley.
ALELUYA Aleluya, aleluya.
Jn /5,5 Yo soy la vid, vosotros los sarmientos; el que permanece
en mí y yo en él, éste da fruto abundante. Aleluya.
EVANGELIO
Lectura del santo evangelio según san Mateo 7,2 1-27
En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos:
—No todo el que me dice «Señor, Señor» entrará en el Reino
de los Cielos, sino el que cumple la voluntad de mi Padre que
está en el cielo.
Aquel día muchos dirán: «Señor, Señor, ¿no hemos profetizado
en tu nombre, y en tu nombre echado demonios, y no hemos
hecho en tu nombre muchos milagros?»
Yo entonces les declararé: «Nunca os he conocido. Alejaos de
mí, malvados.»
El que escucha estas palabras mías y las pone en práctica se
parece a aquel hombre prudente que edificó su casa sobre
roca. Cayó la lluvia, se salieron los ríos, soplaron los vientos y
descargaron contra la casa; pero no se hundió, porque estaba
cimentada sobre roca.
El que escucha estas palabras mías y no las pone en práctica
se parece a aquel hombre necio que edificó su casa sobre
arena. Cayó la lluvia, se salieron los ríos, soplaron los vientos y
rompieron contra la casa, y se hundió totalmente.
Concluido el período litúrgico de Pascua, vuelve la lectura
semicontinua del Evangelio según Mateo. El fragmento de hoy
pertenece al epílogo del «Sermón de la Montaña».
Le preceden unas líneas del Deuteronomio. Son también
epílogo de una reflexión de «Moisés» sobre la fidelidad a las
palabras del Señor. Porque a esta fidelidad está condicionada
la Alianza. Y sólo por la Alianza con Dios pasa el cauce de sus
Bendiciones. Quien la quebranta, se escogió la «Maldición». Lo
que más tentaba al Israel de entonces era la idolatría. La
infidelidad de «ir en pos de dioses extranjeros» consistía, para
un cristiano hoy, en hacer norma de su vida los principios y
valores antievangélicos.
Recogiendo y ordenando una selección de palabras de Cristo,
el «Sermón de la Montaña» según San Mateo (5-7) resume el
programa fundamental del Reinado de
210 CICLO A
Dios y señala la actitud del hombre que quiera aceptarlo.
Empieza con las Bienaventuranzas y termina con tres avisos
sobre otros tantos matices de una misma posibilidad de
fracaso en su práctica: la ilusión del camino fácil (7,13-14), la
del error disfrazado de profetismo (7,13-20), la de una
religiosidad que compromete palabras y gestos, pero no la vida
(7,21-23). Leemos el tercer aviso, y la parábola final (7, 24-27)
que los rubrica.
El tercer aviso consta de dos partes: una Sentencia sobre la
condición de entrar en el Reino de Dios (y. 21) y una evocación
del Juicio Final (22-23).
a) Jesús promulgó bastantes «Sentencias de condición de
entrada en el Reino de los Cielos». Era una manera pedagógica
de formular la indispensable cooperación de la libertad del
hombre a la Gracia de la Salvación. La presente es la
fundamental:
«Cumplir la Voluntad del Padre». El texto griego dice «hacer»:
verbo frecuente en San Mateo, con el que expresa la actuación
abierta y cordial de la propia voluntad: es decir, de la íntima
libertad humana. El buen discípulo del Evangelio no se
«somete» a la Voluntad de Dios como un esclavo; coincide con
la Voluntad del Padre como hijo, hermano de Jesús (28,10). La
Voluntad que otros, mirándola desde fuera, considerarían como
sola «ley», él la contempla desde dentro en su realidad de
Amor, y la hace suya con obediencia libre. Su actitud filial se
resume en la tercera petición del Padrenuestro.
El «hacer» evangélico fructifica en obras. Según San Mateo, el
canon o norma de las «buenas obras» (5,16) es el Amor
manifestado a Cristo en sus «hermanos
- pequeños»: los necesitados a quienes debemos atender
(25,31-46). Es decir, la Caridad a un tiempo teologal,
cristológica y fraterna. Por contraste, los que limitan su Fe a
palabras y ritos. En los primeros tiempos de la Iglesia, invocar
a Jesús como «Señor» o Kyrios era una Profesión de Fe (1 Cor
12,3b).
b) Quienes exteriorizaron su Fe con énfasis, aunque fuesen
taumaturgos, exorcistas y profetas, si no realizaron la Voluntad
del Padre en obras de Caridad, serán reprobados «aquel Día»:
cuando Cristo, el Señor, juzgará al mundo. En el texto griego
los llama «obradores de iniquidad». La «iniquidad» o anomía,
según el Sermón escatológico (24,12), equivale a la falta de
Amor. Lo mismo que en la descripción del Juicio final (25,31-
46). Sólo el Amor es vida de la Fe. Cuando San Pablo (p. ej. en
la Carta a los Romanos) expone las excelencias de la Fe, se
refiere siempre a la Fe viva.
La parábola conclusiva (y. 24-27) traduce a imagen el contraste
(escatológico) entre el hombre de Fe=vida y el que hubiese
aceptado la Palabra de Cristo, el Señor, únicamente como
objeto de adhesión teórica, emoción estética o
convencionalismo exterior.
Se reanuda la serie de domingos «per annum», interrumpida
desde Cuaresma. Al suprimirse, por ajuste de calendario, el 70
y el 8°, la lectura del Evangelio según Mateo llega, con el 90, al
final del Sermón de la Montaña. La primera lectura ofrece, por
analogía, parte de la conclusión de uno de los «sermones»
atribuidos a Moisés en el Deuteronomio. En la segunda lectura
empieza, independientemente, una serie de dieciséis
fragmentos selectos de la Carta a los Romanos.
IX DOMINGO TIEMPO ORDINARIO 211
El EVANGELIO contiene las últimas advertencias del Maestro en
el epílogo del Sermón de la Montaña. Se divide en tres
secciones:
1. — Una Sentencia de las que llaman «condiciones de entrada
en el Reino de Dios». Dice que no entrará quien se limite a
decir: «Señor, Señor» (Kyriel Kyriel). En el vocabulario de los
primeros cristianos, decirle a Jesús Kyrios («Señor») no era una
simple invocación piadosa, sino una profesión de Fe.
Significaba reconocer la Soberanía divina de Cristo. A propósito
de ello, el Evangelio afirma que no basta la Fe de palabra. La
Fe es entrega a Cristo de toda la persona: pensamiento,
corazón, palabra y vida. Y la vida es acción. Ley y norma del
hacer cristiano, dice Jesús, es la Voluntad del Padre. Ante Dios
uno se podría sentir súbdito y siervo. Pero ante Dios revelado
como Padre el cristiano se siente hijo. El hijo auténtico no ve en
la voluntad del padre una ley externa sino un dictado de su
propio corazón. Su imperativo de bondad le sale de dentro,
gozoso y libre.
2. — Sigue una referencia al último juicio. Todas las
instrucciones de Jesús en el Evangelio según Mateo terminan
hablando del Juicio. Los que aparecen ante el Juez son
cristianos (dicen: «Señor, Señor»). Y no cualesquiera, sino
profetas, exorcistas, taumaturgos... (En el inexacto lenguaje de
algunas épocas, los llamarían «carismáti cos»). No obstante,
son reprobados. No cumplieron personalmente la Voluntad del
Padre. Hicieron el apóstol sin ser discípulos.
3. — Termina ilústrando la misma idea con una parábola, al
estilo popular que fascinaba a los orientales. Contraste entre
dos hombres, uno «sabio» y otro «necio» (recordar, por
analogía, la parábola de las diez jóvenes). Porque uno cimienta
su casa en firme, y el otro en falso. Cuando venga la
tempestad (imagen también del Juicio en la simbología de
entonces), la construcción del primero permanecerá
(salvación), la del segundo será reducida a escombros
(reprobación).
La lectura del DEUTERONOMIO corresponde al término de un
largo Sermón, en el que «Moisés» recuerda y repromulga a los
israelitas la Ley del Señor. Les exhorta a que la lleven siempre
a flor de conciencia, como se lleva un brazalete o una diadema
(de ahí el uso de las «filacterias» o tefil-lín entre los judíos). La
Palabra de Dios les juzgará, o, mejor, ellos mismos se juzgarán
por su fidelidad o no a la Palabra de Dios.
Si alguno quisiere comentar, esta temporada, la CARTA A LOS
ROMANOS, pida ayuda a un buen libro y luz al Espíritu Santo. El
fragmento de hoy es de una densidad doctrinal abrumadora.
Supone los capítulos precedentes, donde Pablo muestra como
ni en el paganismo ni en el judaísmo consiguieron los hombres
la Justicia según Dios. El mundo entero estuvo bajo el dominio
del Pecado. La Justicia nos viene únicamente por Cristo-
Redentor. Para participar en ella, de pura gracia, son inútiles
las obras humanas independientes de la Fe. Es la Fe la que
pone en contacto con Cristo y la Justicia; la Fe plena y sincera
de que nos habla el Evangelio. («Hacer la Voluntad del Padre»
también es gracia de Cristo al discípulo; menospreciaría el que
se cerrase en su propia voluntad).
Leemos en el Evangelio las últimas líneas del Sermón de la
Montaña. Avisos
212 CICLO A
contra la fácil ilusión de decir y no hacer. Integran el fragmento
tres pequeñas unidades literarias: una «condición para entrar
en el Reino de Dios’>; una alusión al Juicio final; una parábola.
1. — Condición para entrar en el Reino de Dios (v.21). «Entrar
en el Reino de los Cielos» era una manera sencilla de expresar
la Salvación escatológica. El encuentro positivo con Dios al
terminar el «camino» de la vida temporal (Mt 7,14). La Vida
eterna (Mt 25,46b). No basta decir « ¡Señor!». Cuando el
evangelista puso por escrito estas palabras, invocar a Jesús
con el Nombre de «Señor» o Kyrios equivalía a confesar su
divinidad (Fil 2,11). Tener Fe cristiana y manifestarla en
Oración. Repetir el vocativo (Kyrie! Kyrie! = Mt 25,11) subraya
la vehemencia con que el creyente implora. Fe y Oración
hermosas, que no bastan. Dios acepta a quien lo acepte a él en
inseparable sinceridad de pensamiento, palabra y obra. Jesús
exhorta a esta lógica de la Fe con una manera de decir que
sabe a família: «hacer la Voluntad del Padre». Si es Dios y es
Padre, lo que «quiere» de cada hombre está pensado con
infinito amor. No hay más alta sabiduría que «hacer propio» el
Querer divino. Jesús nos da en el Evangelio la revelación
concreta de la «Voluntad» del Padre.
2. — Alusión al Juicio final (y. 22-23). Una dramática
«composición de lugar» subraya el precedente aviso. «Aquel
Día» quería decir el del Juicio escatológico: paso de frontera a
la eternidad. Jesús lo hizo tema de sus catequesis; por ejemplo,
para grabar a fuego el Mandamiento del Amor cristiano (Mt
25,31-46). Aquí pone en escena a unos sublimes creyentes,
aureolados en vida ante sí y los demás. «Profetas»
—que además echan demonios y obran maravillas. Su fracaso
ante Dios recuerda el descrito en la parábola de las diez
doncellas (Mt 25,11-12). Los rechaza como ajenos porque son
(dice el texto) de aquellos que «obran la iniquidad». La palabra
correspondiente a «iniquidad» (a-nomía; a la letra «sin ley»)
significa para San Mateo la antítesis del Amor cristiano (24,12),
que es plenitud y síntesis de la «Ley» o Voluntad de Dios (Mt
22, 37-40).
3. — Parábola de los dos constructores (24-27). Hablando claro,
el Maestro dice a cada uno (y nadie juzgue al otro: Mt 7, 1-5)
que ni el entusiasmo religioso ni los éxitos de acción exterior
valen sin la personal aceptación-en-obra del Evangelio. La
parábola es un díptico de contraste: en una tabla la sensatez,
en otra la necedad. Sensato el que edifica sobre base firme,
necio el que no. La tempestad es imagen de la «prueba» o
Juicio escatológico. La perenne sensatez consiste en traducir-
a--vida las Palabras de Cristo. <Hacerlas», dice el texto. —Dios
da para ello la necesaria sobrenatural energía, con su Gracia, a
los que creen de verdad [ a los Romanos]. Estos, mejor que en
la Antigua Alianza, llevan la Fidelidad a la Palabra en el corazón
y en el alma, en las manos y en la frente [
DÉCIMO DOMINGO
PRIMERA LECTURA
Lectura del libro del profeta Oseas 6,3b-6
Esforcémonos por conocer al Señor:
su amanecer es como la aurora
y su sentencia surge como la luz. - Bajará sobre nosotros como
lluvia temprana,
como lluvia tardía que empapa la tierra. »eQué haré de ti,
Efraín?
¿Qué haré de ti, Judá?
Vuestra misericordia es como nube mañanera, como rocío de
madrugada que se evapora.
Por eso os herí por medio de profetas,
os condené con las palabras de mi boca. Porque quiero
misericordia y no sacrificios,
conocimiento de Dios más que holocaustos.»
Salmo responsorial Sal 49,1 y 8. 12-13. 14-15
R. Al que sigue buen camino, le haré ver la salvación de Dios.
El Dios de los dioses, el Señor habla:
convoca la tierra de Oriente a Occidente. No te reprocho tus
sacrificios, pues siempre están tus holocaustos ante mí.
214 CICLO A
Si tuviera hambre no te lo diría, pues el orbe y cuanto lo llena
es mío. ¿ Comeré yo carne de toros, beberé sangre de cabritos?
Ofrece a Dios un sacrificio de alabanza, cumple tus votos al
Altísimo
e invócame el día del peligro, yo te libraré y tú me darás gloria.
SEGUNDA LECTURA
Lectura de la carta del apóstol San Pablo a los Romanos 4,18-
25
Hermanos: Abrahán, apoyado en la esperanza, creyó, contra
toda esperanza, que llegaría a ser padre de muchas naciones,
según lo que se le había dicho: ((Así será tu descendencia.)>
No vaciló en la fe, aun dándose cuenta de que su cuerpo
estaba medio muerto —tenía unos cien años— y estéril el seno
de Sara.
Ante la promesa no fue incrédulo, sino que se hizo fuerte en la
fe por la gloria dada a Dios al persuadirse de que Dios es capaz
de hacer lo que promete, por lo cual le fue computado como
justicia.
Y no sólo por él está escrito: «Le fue computado», sino también
por nosotros a quienes se computará si creemos en el que
resucitó de entre los muertos, nuestro Señor Jesucristo, que fue
entregado por nuestros pecados y resucitado para nuestra
justificación.
ALELUYA Aleluya, aleluya.
Lc 4,18-19 El Señor me ha enviado para dar la Buena Noticia a
los pobres, para anunciar a los cautivos la libertad. Aleluya.
EVANGELIO
Lectura del santo evangelio según san Mateo 9,9-13
En aquel tiempo, vio Jesús a un hombre llamado Mateo sentado
al mostrador de los impuestos, y le dijo:
—Sígueme.
El se levantó y lo siguió.
Y estando en la mesa en casa de Mateo, muchos publicanos y
pecadores, que habían acudido, se sentaron con Jesús y sus
discípulos.
Los fariseos, al verlo, preguntaron a los discípulos:
— es que vuestro maestro come con publicanos y pecadores?
Jesús lo oyó y dijo:
—No tienen necesidad de médico los sanos, sino los enfermos.
Andad, aprended lo que significa «misericordia quiero y no
sacrificios’>: que no he venido a llamar a los justos, sino a los
pecadores.
X DOMINGO TIEMPO ORDINARIO 215
La idea en que coinciden hoy las lecturas del Evangelio y de
Oseas es la primacía religiosa del amor actuado en
misericordia.
La Carta a los Romanos presenta a Abrahán como arquetipo
del hombre que, por la fe, obtiene de Dios la justícia.
El EVANGELIO une dos escenas: a) la vocación de Mateo al
seguimiento de Cristo; b) el convite ofrecido al Señor por el
nuevo discípulo, con asistencia de muchos colegas suyos en el
oficio de «publicano».
A propósito de la primera escena habría que hablar del tema:
Seguir a Jesús. Se considera actualmente tema central de la
espiritualidad evangélica. Abarca un extenso arco de
consideraciones teológicas acerca de la elección, vocación,
renuncia a todo otro valor, dedicación total, comunión de vida
y misión, sintonía con el ritmo misionero de la vida terrena de
Cristo, connaturalidad con el camino de la cruz.
Pero el conjunto de la liturgia de la Palabra pone hoy el acento
sobre la segunda escena. El tema del convite tiene gran
importancia en la historia de la cultura humana, de manera
especial en el antiguo oriente. La comunión de mesa es a un
tiempo expresión y fragua del espíritu de familia. El convite
sella las buenas relaciones (p. ej. de un pacto), la amistad, la
fraternidad, la comunión de vida.
En el tiempo y pueblo de Jesús, toda comida familiar tenía
sentido religioso por estar siempre incluida y ambientada entre
oraciones o «Bendiciones». Además, con cierta frecuencia (y
en algunos ambientes cada día), la comida en reunión era un
acto específicamente religioso.
La gente entendía a Jesús cuando expresaba la esperanza del
Reino de Dios bajo la imagen de un banquete en torno a la
mesa del Padre. Y así le dio a su Comunidad o Iglesia, como
centro dinámico de su vida, un convite —anticipación en la
tierra del cielo— que fuese expresión y fragua de lo que la
Iglesia es y debe aparecer: la gran Familia de Dios.
El Maestro hablaba con palabras y, tanto o más, con actos.
Cuando organizó en el desierto el inmenso convite de los
pobres, su gesto hablaba de Iglesia. Lo mismo cuando se
sentaba a la mesa de los pecadores atraídos, de cerca o
todavía de lejos, a su Justicia.
Y esta es la severa lección del convite de Mateo:Jesús
comensal de los publicanos. Suponémos al lector informado de
lo que significaba un «publicano» en Israel. El no desmiente
que fueran pecadores y enfermos de espíritu (aunque tampoco
dice si más o menos que los otros). Pero su Corazón no llevaba
dentro las fronteras que suele llevar el de los que todavía no
siguen de veras a Jesús.
OSEAS, ya en el Antiguo Testamento, es un clásico de la
teología del corazón religioso. En las primeras líneas del
fragmento de hoy cita, quizá no sin ironía, palabras fervorosas
de sus contemporáneos penitentes. Dios les interrumpe,
acusando su veleidad. Sacrificios y holocaustos eran la cumbre
en la escala de valores. Dios pone por encima, sin rebajar
aquéllos, el del Amor actuando en Misericordia. El profeta
Oseas se refiere al escandaloso menosprecio de los deberes de
justicia y relación social por parte de sus contemporáneos.
La CARTA A LOS ROMANOS expone cómo la justificación
cristiana tenía ya su paradigma bíblico en la historia de
Abrahán, el justo. A la Fe sin sombra en la
216 CICLO A
palabra y promesa del Dios que lo puede todo, corresponde,
por parte de Dios, el regalo de su Justicia.
El Evangelio nos da unas palabras de Jesús engarzadas en un
marco narrativo. El «marco» lo forman tres escenas: la
vocación de Mateo, el convite de los publicanos, la crítica de
los fariseos. Repasemos el texto en orden inverso, empezando
por las palabras de Jesús.
A. — Las palabras de Jesús se concretan en tres Sentencias:
una declaración sobre su Venida al Mundo, un proverbio, una
referencia bíblica.
1. — <‘No he venido para llamar a justos, sino a pecadores».
Las afirmaciones del Señor que empiezan por la fórmula: «he
venido a... » equivalen a las que dicen: «el Padre me ha
enviado a...». Con tales Sentencias, Jesús definía su Misión al
mundo. Les daba énfasis reforzando la afirmación con la
negación de los contrario. La frase con que concluye el
Evangelio de hoy asevera que su Venida al mundo tiene por
objeto llamar-a-sí a los pecadores. Se entiende: para salvarlos.
Hermosa glosa de esta afirmación en la primera Carta a
Timoteo (1,15). Salvar al hombre-pecador es ponerlo en
comunión con la Justicia o Santidad de Dios. Tema de toda la
Carta a los Romanos. El hombre-pecador ha de corresponder
con una Fe-absoluta, al estilo de la de Abrahán [ lectura].
2. — «No necesitan médico los sanos, sino los enfermos».
Proverbio, que es una parábola en germen: los «enfermos» son
el Hombre-pecador; el «médico», Cristo. Precisamente San
Mateo ha situado esta escena en la sección de su Evangelio
(cap. 8-9) que presenta al Mesías sanando enfermos. Bajo la
dolorosa realidad de cada uno de ellos, se transparenta en
signo a interioridad del pecador, que es, ante Dios, ciego,
paralítico, leproso... No hay hombre que no necesite Salud-
trascendente (Salvación) en su vivir, pensar y ser libre. Y no es
capaz de lograrla por sí solo. O la acepta de Cristo, o acabará
mendigándosela a los ídolos.
3. — «Misericordia quiero, y no Sacrificio». Cita del profeta
Oseas [ lectura]. «Misericordia» traduce el hebreo Hésed:
bondad, amor, ternura, gracia. «Sacrificio», por contexto, no se
refiere al culto en Espíritu y Verdad, sino al mero cumplimiento
de las normas y los ritos. Si con ello el «cumplidor» se oculta
bajo su «legalidad» cuando Dios le habla al corazón pidiendo
Hésed, es un hipócrita.
B. — Sirve de «marco narrativo» el Convite ofrecido por Mateo.
Jesús y sus discípulos comparten la comensalidad de los
«publicanos». Los estrictos cumplidores de la legalidad, que el
Evangelio llama «fariseos», tenían a los publicanos por
pecadores-evidentes. Quizá no exageraban al afirmar, aunque
sí al discriminar... Participar en un Convite era acto y signo de
cordialidad, benevolencia, Hésed. Los fariseos —es su
profesión— criticaron. El escándalo sublime fue que Jesús era
audaz en su independencia: aceptaba ser comensal de los
publicanos, y también de los fariseos. Sería arriesgado traducir
su actitud al vocabulario de nuestra sociedad.
Mateo evangelista escribió esta página en defensa de su
Iglesia, generosamente abierta a los «pecadores». No para
contagiarse de ellos, sino para transformarlos en hijos de Dios
y hermanos de Jesús, que ha venido para ser el Cristo de todos.
X DOMINGO TIEMPO ORDINARIO 217
Dos instantáneas en el Evangelio de hoy: a) la vocación de un
publicano; b) el convite de Jesús a la mesa de los pecadores.
Ambas convergen en una cita del Profeta Oseas, cuyo contexto
escuchamos en la primera lectura. Es reminiscencia de una
liturgia penitencial dialogada. No se engaña Dios con la
conversión veleidosa que su pueblo le ofrece (vers. 1-5).
Quiere una conversión integral, de más valor que los
holocaustos (y. 6): la Misericordia; es decir, el Amor eficaz al
prójimo en su concreta necesidad de afecto y ayuda. Tal
misericordia va unida y en realidad equivale al Conocimiento
de Dios. Se refiere Oseas a un «conocimiento» en el sentido
hebreo de la palabra: entrañable y asimilador, como la Fe viva.
Dios es Amor eficaz, y «conocerlo» así compromete a hacer de
nosotros mismos un reflejo y transparencia de su Misericordia.
a) La primera instantánea del Evangelio presenta al Señor
llamando a un «publicano» para que le siga. La expresión
«seguir a Jesús» significaba, en la Iglesia primitiva, la
consagración personal-total del discípulo a su escuela, destino
y misión. Nadie puede seguirlo si no es llamado por El. El
seguidor renuncia a todo (profesión anterior, hacienda, familia,
hogar) y a sí mismo. Su gesto es la más alta realización de
afecto a Cristo y de interés por la salvación del pueblo. La
vocación que contemplamos hoy es de uno de los doce
Apóstoles, «Mateo el publicano» (10, 3), cuyo nombre va unido
al origen literario del primer Evangelio.
b) En la segunda escena pasamos de la aduana de Cafarnaúm
a la casa donde «Mateo» celebra con Jesús la alegría de su
liberadora vocación. Dice San Lucas (5, 29) que organizó «un
gran convite», al que fueron invitados sus hasta ahora colegas.
Empleados del fisco, a los que el Evangelio da el nombre
genérico de publicanos. Servidores de un poder contestado,
herían la sensibilidad económica, nacional y religiosa de gran
parte del pueblo. Al criterio de los «fariseos», había que
considerarlos pecadores públicos.
Jesús se sentó a la mesa de los «pecadores». Palabra de Dios y
pedagogo, hablaba a los ojos con sus actos haciéndolos
expresión viva de su Misión. Aquella comunión de mesa, signo
social de Fraternidad en su pueblo, pasaba a ser signo religioso
de Amor salvífico. Según los fariseos, comer con los pecadores
contagiaba de pecado. Les contesta con la parábola insinuada
del médico, cuyo deber es estar con los enfermos para darles
salud. Quien tiene personalidad como Cristo no es contagiado
por el mal, porque contagia el bien. El evangelista ha centrado
esta escena en el conjunto de los capítulos 8 y 9, que recogen
una serie de curaciones milagroso-significativas de
enfermedades: lepra, fiebre, parálisis... Curaciones que son
transparencia de la liberación más profunda del hombre: la del
espíritu del mal (8, 28-33) y el pecado (9, 1-8). Obra del Amor
salvífico de Cristo, o «Misericordia» según Oseas: primer
principio de su Ley, al que tienen que corresponder todos los
ordenamientos, incluso el de los «sacrificios».
En la respuesta de Jesús hay, además, ironía. El mayor pecador
era allí el fariseo, precisamente por considerarse justo y
discriminar a los otros. Algo hace insignifican tes las diferencias
humanas ante la Verdad del Evangelio: la universal necesidad
de Salvación y la común alegría de sentarse todos a la misma
mesa de la Gracia de Cristo, en una sola Fe.
UNDÉCIMO DOMINGO
PRIMERA LECTURA
Lectura del libro del Éxodo 19,2-6a
En aquellos días, los israelitas, al llegar al desierto de Sinaí,
acamparon allí, frente al monte. Moisés subió hacia Dios. El
Señor le llamó desde el monte diciendo:
—Así dirás a la casa de Jacob y esto anunciarás a los israelitas:
Ya habéis visto lo que he hecho con los egipcios y cómo a
vosotros os he llevado sobre alas de águila y os he traído a mí.
Ahora, pues, si de veras escucháis mi voz y guardáis mi
alianza, vosotros seréis mi propiedad personal entre todos los
pueblos, porque mía es toda la tierra; seréis para mí un reino
de sacerdotes y una nación santa.
Salmo responsorial Sal 99, 2. 3. 5
R. Nosotros somos su pueblo y ovejas de su rebaño.
Aclama al Señor, tierra entera, servid al Señor con alegría,
entrad en su presencia con vítores.
Sabed que el Señor es Dios:
que él nos hizo y somos suyos, su pueblo y ovejas de su
rebaño.
El Señor es bueno, su misericordia es eterna, su fidelidad por
todas las edades.
XI DOMINGO TIEMPO ORDINARIO 219
SEGUNDA LECTURA
Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los Romanos 5,6-11
Hermanos: Cuando todavía estábamos sin fuerzas, en el
tiempo señalado, Cristo murió por los impíos; —en verdad,
apenas habrá quien muera por un justo; por un hombre de bien
tal vez se atrevería uno a morir—; mas la prueba de que Dios
nos ama es que Cristo, siendo nosotros todavía pecadores,
murió por nosotros. -
¡ Con cuánta más razón, pues, justificados ahora por su sangre,
seremos por él salvos de la cólera!
Si cuando éramos enemigos, fuimos reconciliados con Dios por
la muerte de su Hijo, ¡con cuánta más razón, estando ya
reconciliados, seremos salvos por su vida!
Y no sólo eso, sino que también nos gloriamos en Dios, por
nuestro Señor Jesucristo, por quien hemos obtenido ahora la
reconciliación.
ALELUYA Aleluya, aleluya.
Mc 1,15 Está cerca el Reino de Dios.
Convertíos y creed la buena noticia. Aleluya.
EVANGELIO
Lectura del santo evangelio según san Mateo 9,36—10,8
En aquel tiempo, al ver Jesús a las gentes se compadecía de
ellas, porque estaban extenuadas y abandonadas, »como
ovejas que no tienen pastor». Entonces dijo a sus discípulos:
—La mies es abundante, pero los trabajadores son pocos;
rogad, pues, al Señor de la mies que mande trabajadores a su
mies.
Llamó a sus doce discípulos y les dio autoridad para expulsar
espíritus inmundos y curar toda enfermedad y dolencia.
Estos son los nombres de los doce apóstoles: el primero,
Simón, el llamado Pedro, y su hermano Andrés; Santiago el
Zebedeo, y su hermano Juan; Felipe y Bartolomé, Tomás y
Mateo el publicano; Santiago el Alfeo, y Tadeo; Simón el
fanático, y Judas Iscariote, el que lo entregó.
A estos doce los envió Jesús con estas intrucciones:
—No vayáis a tierra de paganos ni entréis en las ciudades de
Samaría, sino id a las ovejas descarriadas de Israel.
Id y proclamad que el reino de los cielos está cerca. Curad
enfermos, resucitad muertos, limpiad leprosos, arrojad
demonios. Gratis habéis recibido, dad gratis.
En el Evangelio se lee la introducción y el comienzo del
«Sermón apostólico». Por analogía, el Exodo nos recuerda el
momento en que Dios ofrece a Israel la gracia de ser su Pueblo.
El fragmento de la Carta a los Romanos es parte de una página
de transición entre el tema de la Justificación (ya realizada o
realizándose en la Fe) y el de la Salvación (que pregustamos en
la Esperanza).
220 CICLO A
Una de las características del EVANGELIO según Mateo son los
extensos «Sermones» de Jesús. El primero y fundamental es el
«Sermón de la Montaña>’ (cap. 5-7). El segundo (cap. 10)
resume las principales instrucciones que dio el Señor a los
apóstoles en orden a su actividad misional.
Antes de cada Sermón, el evangelista describe una escena
significativa que lo encuadre y ambiente. En este caso la
escena representa a Jesús manifestando a sus discípulos la
impresión que le produce el pueblo.
Como es normal en Israel, el Maestro se expresa con imágenes
(que entendían sin dificultad, por aludir a textos conocidos de
la Biblia):
a) La imagen del rebaño. Correlativa a la del «pastor». Jesús
deplora el abandono del pueblo por parte de los que tenían el
deber de servirle de guías religiosos. Puede servir de glosa al
tema el capítulo 34 de Ezequiel.
b) La imagen de la mies. Predilecta del Maestro en sus
parábolas. Inmensa la disponibilidad del pueblo a dar fruto
para el granero de Dios. Pero faltan «labradores».
Por metodología de la gracia, ante un problema de espíritu y no
de técnica, invita a la plegaria: «rogad al Señor de la mies... »
San Lucas (6,12) dice explícitamente que Jesús, antes de elegir
a los apóstoles, pasó la noche en oración.
Acto seguido Mateo presenta el equipo de los doce discípulos o
Apóstoles. Pastores y segadores de la Heredad de Dios.
Patriarcas del nuevo Israel.
Porque el Mesías diseña la estructura de su Comunidad
conforme a la imagen bíblica del Pueblo a que pertenece y
cuyas promesas viene a realizar en plenitud. La primitiva
Iglesia se sentía Israel de Dios, realización escatológica de las
Doce tribus (recordar el Apocalipsis), unidad en pluralidad
indivisible. Bajo el signo de Doce patriarcas, de- los que uno
era «el primero». Hay indicios de que las iglesias locales
judeocristianas, y también otras, se organizaron durante algún
tiempo a imagen de la gran Iglesia, con un colegio sacerdotal
de doce u once bajo la autoridad de uno. Exigencias de los
tiempos desdibujaron luego este hermoso signo. Pero la Iglesia
y las iglesias de Cristo nunca podrán ser rebaño sin pastor,
porque dejarían de ser Iglesia de Cristo.
La Mujer vencedora del Apocalipsis, imagen a un tiempo de la
Madre de Jesús y de la Iglesia, aparece coronada de Doce
estrellas. Los Apóstoles son gloria de la Iglesia.
Se leen, por fin, las primeras líneas del «Sermón a los
apóstoles». Volveremos sobre él el domingo próximo.
El ÉXODO nos traslada a la preparación del momento
fundacional, mediante el sacrificio de la Alianza, del antiguo
Pueblo de Dios. Dios mismo le señala al pueblo su ideal, y las
condiciones para realizarlo.
La CARTA A LOS ROMANOS exhorta a apoyar la esperanza de la
Salvación en el Amor de Dios, que se manifestó infinito en la
muerte redentora de Cristo. Una crisis de Esperanza sería una
crisis de Fe en el Amor.
Jesús quiso la continuidad de su Obra. Para ello constituyó el
Apostolado.
San Mateo dedica a la Misión Apostólica el capítulo 10 de su
Evangelio. Será tema de nuestra reflexión este domingo y los
dos siguientes. Distribuimos el fragmento de hoy en cinco
apartados:
XI DOMINGO TIEMPO ORDINARIO 221
1. — Sintió entrañable compasión por el Pueblo.., porque eran
«como ovejas sin Pastor». %lude a varios pasajes de la Biblia.
Sobre todo, al Libro de los Números (27, 17 y contexto).
También a Ezequiel (cap. 34), Zacarías (11, 7-11) y otros. La
imagen del PASTOR era una de esas palabras de luz que
hablan al alma. El Pueblo tenía a solo Dios por. «Pastor»
auténtico, y, para reconocer a alguien como buen pastor quería
verlo transparencia de él. Por indignidad de los pastores, Jesús
encontró a las multitudes «maltrechas y abatidas». Se
conmovió su corazón. La idea de constituir el equipo apostólico
nació de un acto de Amor al Pueblo.
2. — La Mies es mucha, pero los trabajadores pocos... Al decir
esto, Jesús pensaba de momento en Israel; al escribirlo, el
evangelista extendió su pensamiento a la Iglesia y a todo el
mundo. El Pueblo, sembradío de Dios, tiene una infinita
disponibilidad a los valores del espíritu. Para quienes
reconozcan el destino eterno del hombre, es máximo deber
social hacer lo posible para que haya el número suficiente de
«trabajadores» o profesionales que lo ayuden a elevarse a la
dignidad para la que ha nacido. Jesús, que conoce el misterio
de la libertad humana, indica el método: Rogad al Señor de la
Mies... Al Unico que puede encender en la intimidad de la
conciencia, en especial de los jóvenes, la llama del ideal más
útil y hermoso.
3. — El equipo fundacional. Jesús aceptó las categorías de su
pueblo, para elevarlas y transcenderlas. Pues Israel constaba
de Doce Tribus, eligió a Doce nuevos Patriarcas (Mt 19, 28).
«Doce» era cifra significativa de universalidad. «Israel» estaba
llamado a ser germen del Mundo transfigurado en Pueblo de
Dios. Los Doce Apóstoles son arquetipo de perfecta unidad en
el Nombre y Amor de Jesús dentro de una sincera diversidad en
carácter y opción. Hasta el extremo de coincidir un
«publicano», Mateo, con un «zelota», Simón. Monumento del
respeto de Dios a la
-- libertad humana, uno fue traidor.
4. — Su Poder y Misión. En el lenguaje transparente del
Evangelio (cfr. Mt 12,
22-50), la Autoridad-absoluta (»exusía<) para echar el
Demonio y sanar la Dolencia del Pueblo expresa la asociación a
la Obra del Mesías. Obra de Liberación trascendente, en orden
a la Redención y Salvación escatológica. Liberación anticipada
ya (y expresada con signos reales) en la Historia.
5. — Su programa. A partir del capítulo 10 versículo 5 empieza
un extenso «compendio de criteriología misional», en el que
San Mateo recoge, por fidelidad histórica, los consejos
provisionales que dio Jesús a los discípulos en su primerizo
ensayo por sola la Galilea, añadiendo luego las normas que
miran a la Misión universal. En el truncado fragmento que
leemos hoy se pueden inspirar provechosas reflexiones. Pero al
que desee conocer el Programa apostólico de Jesús y de la
Iglesia de San Mateo, le conviene estudiar el Sermón en su
integridad (10, 5-42).
Entre los temas fundamentales del Evangelio según Mateo
destaca el de que los Discípulos tienen que extender y
prolongar «hasta el Fin de los tiempos» (28,20) la Misión de
Cristo. Con prioridad en el pueblo de Israel (10,6), y después en
todo el mundo (28,19). Son enviados, misioneros, «apóstoles».
El capítulo 10 recoge, en forma de «sermón» o monólogo
seguido, una antología de las consignas, reflexiones y
enseñanzas en orden a la Misión que, en distintas ocasiones,
les iba dando el Maestro. De este primer Programa misional de
la Iglesia leemos hoy la introducción temática y el comienzo.
222 CICLO A
Es objeto de la Misión preparar a la Comunidad de Israel y de
todas las naciones para que, libre de pretéritas servidumbres,
realice su vocación de ser Pueblo y Reino de Dios. Por eso
leemos antes, en el Libro del Exodo, el pasaje clásico de esta
elección, cuando los israelitas acamparon junto al Sinaí, y
Yahvé estableció con ellos su Alianza.
El evangelista introduce el Programa misional evocando la
Institución de los Doce Apóstoles (10, 1-4). Le dan relieve dos
reflexiones de Jesús sobre la situación del pueblo, expresada
por medio de dos alegorías: la del Rebaño sin Pastor (9, 36); la
de la Mies sin segadores (9, 37-38).
a) La imagen del Rebaño sin Pastor evoca varios pasajes
bíblicos (p. ej. Num 27, 17). Sobre todo, el capítulo 34 de
Ezequiel. El Evangelio alude a la deplorable situación
contemporánea del pueblo de Jesús en cuanto a sus dirigentes
religiosos (comparar con Jn 10,8). Situación arquetípica de toda
comunidad donde no haya pastores o fallen en su oficio. La
afirmación «se compadeció», en el texto original, expresa el
afecto sensible de «entrañable-misericordia», característico de
Jesús, del que nace siempre un gesto eficaz de solución. Quiere
decir que la idea de instituir el oficio apostólico nació del Amor
de Cristo a su pueblo.
b) La alegoría bíblica de la Mies se orienta casi siempre a la
fase escatológica del Reino de Dios: Los braceros del campo
del Señor durante la historia preparan la «cosecha» de
santidad para la Casa eterna del Padre (Mt 13,43 y contexto).
«La Mies es mucha’>: es decir, el mundo estaría a punto para
Dios, si- hubiera suficientes segadores. El Evangelio advierte
que este problema máximo tiene una solución:
orar...
c) Cuando el Evangelio de Mateo habla de los Discípulos se
refiere al grupo fundacional de «los Doce», que en griego
llamaron Apóstoles. Jesús les comunica su propio poder contra
el dominio del Mal, manifestado en milagros de curación (9,
35). Se añade el catálogo nominal, con el rasgo humano
característico de alguno de ellos. Por ejemplo, el de Mateo,
publicano, y el de Simón que era considerado «cananeo» (Mt
10, 4) o zelota (Lc 6, 15). Antítesis extrema para quien conozca
la situación política de entonces. Mateo ve realizarse en la
escuela de Jesús el ideal de reconciliación que intuyó
poéticamente Isaías (11, 6-8). Es tan alto el apostolado, que
desde su perspectiva se nivela cualquier rivalidad de este
mundo.
El comienzo del Programa misional señala el primer campo de
acción (sólo Israel:
15,24). El tema del Mensaje (el mismo de Jesús: 4, 17). Las
credenciales o signos sensibles de la Salvación (= los de Cristo:
cap. 8 y 9). El desinterés, arraigado en la experiencia de que la
Salvación es pura Gracia (y así será también gracia el sustento
del misionero: vers. 9-15
DUODÉCIMO DOMINGO
PRIMERA LECTURA
Lectura del libro del profeta Jeremías 20,10-13
Dijo Jeremías:
—Oía el cuchicheo de la gente:
«Pavor en torno;
delatadio, vamos a delatarlo.»
Mis amigos acechaban mi traspié:
«A ver si se deja seducir y lo violaremos,
lo cogeremos y nos vengaremos de él.
Pero el Señor está conmigo, como fuerte soldado; mis
enemigos tropezarán y no podrán conmigo.
Se avergonzarán de su fracaso
con sonrojo eterno que no se olvidará.
Señor de los ejércitos, que examinas al justo y sondeas lo
íntimo del corazón, que yo vea la venganza que tomas de ellos,
porque a ti encomendé mi causa.
Cantad al Señor, alabad al Señor,
que libró la vida del pobre de manos de los impíos.
Salmo responsorial Sal 68,8-10. 14 y 17. 33-35
R. Que me escuche tu gran bondad, Señor.
Por ti he aguantado afrentas,
la vergüenza cubrió mi rostro.
224 CICLO A
Soy un extraño para mis hermanos, un extranjero para los hijos
de mi madre, porque me devora el celo de tu templo, y las
afrentas con que te afrentan caen sobre mí.
Pero mi oración se dirige a ti, Dios mío, el día de tu favor; que
me escuche tu gran bondad, que tu fidelidad me ayude.
Respóndeme, Señor, con la bondad de tu gracia; por tu gran
compasión vuélvete hacia mí.
Miradlo los humildes y alegraos, buscad al Señor y vivirá
vuestro corazón. Que el Señor escucha a sus pobres, no
desprecia a sus cautivos. Alábenlo el cielo y la tierra, las aguas
y cuanto bulle en ellas.
SEGUNDA LECTURA
Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los Romanos 5,12-
15
Hermanos: Lo mismo que por un solo hombre entró el pecado
en el mundo, y por el pecado la muerte, y la muerte se
propagó a todos los hombres, porque todos pecaron...
Pero aunque antes de la ley había pecado en el mundo, el
pecado no se imputaba porque no había ley.
Pues a pesar de eso, la muerte reinó desde Adán hasta Moisés,
incluso sobre los que no habían pecado con un delito como el
de Adán, que era figura del que había de venir.
Sin embargo, no hay proporción entre la culpa y el don: si por
la culpa de uno murieron todos, muchos más, gracias a un solo
hombre, Jesucristo, la benevolencia y el don de Dios
desbordaron sobre todos.
ALELUYA Aleluya, aleluya. -
Jn 15,25b.27a El Espíritu de la Verdad dará testimonio de mí,
dice el Señor, y también vosotros daréis testimonio. Aleluya.
EVANGELIO
Lectura del Santo evangelio según san Mateo 10,26-33
En aquel tiempo, dijo Jesús a sus apóstoles:
—No tengáis miedo a los hombres porque nada hay cubierto
que no llegue a descubrirse; nada hay escondido que no llegue
a saberse.
Lo que os digo de noche decidlo en pleno día, y lo que os digo
al oído pregonadlo desde la azotea.
XII DOMINGO TIEMPO ORDINARIO 225
No tengáis miedo a los que matan el cuerpo, pero no pueden
matar el alma. No; temed al que puede destruir con el fuego
alma y cuerpo. No se venden un par de gorriones por unos
cuartos? Y, sin embargo, ni uno solo cae al suelo sin que lo
disponga vuestro Padre. Pues vosotros hasta los cabellos de la
cabeza tenéis contados. Por eso, no tengáis miedo, no hay
comparación entre vosotros y los gorriones.
Si uno se pone de mi parte ante los hombres, yo también me
pondré de su parte ante mi Padre del cielo. Y si uno me niega
ante los hombres, yo también lo negaré ante mi Padre del
cielo.
A partir de hoy y hasta Adviento se reanuda la serie de
«domingos ordinarios», interrumpida desde la Cuaresma.
Prosigue la lectura del Evangelio según Mateo. En el capítulo
10 resume los principales consejos que iba dando Jesús a los
Apóstoles en vista a su futura misión. El fragmento que leemos
subraya una consigna: ¡NO TENGAIS MIEDO!)>. Tres
perspectivas: durante la proclamación del Evangelio (1); en el
martirio (2); ante el juicio de Dios (3).
1. — «No tengáis miedo... proclamad... » Jesús desarrolló su
magisterio personal en un ámbito reducido. Un país
insignificante. Poco tiempo. Grupos de discípulos escasos y no
selectos. Para el que era Sabiduría de Dios debió de significar
uno de los aspectos, y no el menos abnegado, de su Kénosis o
«anonadamiento» (Flp 2, 7). Pero contaba con que los
Apóstoles llevarían a todas partes su Evangelio. Se lo da a
entender parodiando un refrán popular: «no hay nada tan
oculto que no se llegue a saber... » Así pues, les dice, lo que yo
he tenido que enseñar ahora casi al oído, proclamadlo después
vosotros a todo el mundo. El Libro de los Hechos da testimonio
de cómo la Iglesia de los Apóstoles vivió este espíritu misionero
universal, sin el cual no hay Iglesia. «NO TENGAIS MIEDO»,
sigue diciendo el Señor a la Iglesia de siempre.
2. — «No tengáis miedo a los que matan... » Sólo será apóstol
quien esté dispuesto a ser mártir. El Evangelio prevé una
situación límite, en la que no queda más opción que dar la vida
por la Fe y la Palabra o callar la Palabra negando la Fe. Pero los
asesinos «no pueden matar el alma». Muchos, incluso niños,
humillaron al verdugo con este pensamiento. Pedagogo
realista, Jesús propone dos motivos complementa rios de
Fidelidad. El riesgo de la Condenación escatológica para el que
apostata y, sobre todo, la seguridad de que el Amor del Padre
está presente en el sacrificio de sus hijos. No que Dios se
complazca en el sufrimiento. Pero sabe que sólo el dolor
voluntariamente aceptado demuestra, purifica y eleva a infinita
perfección lo único que vale ante el Padre, que es el amor
sincero.
3. — «El que se pone de mi parte ante los hombres... El que me
niega ante los hombres... » Confesar abiertamente a Cristo o
negarlo es cuestión de ser o no ser en la Vida eterna. Simón
Pedro lo negó en el patio de Caifás por miedo al ambiente. Pero
luego se rehabilitó y dio testimonio de él ante amigos y
enemigos, hasta la muerte. Para más de uno, el «miedo al
ambiente» —la criada de Caifás— ha sido razón única de su
perder, de su negar la Fe. Que la gracia de Dios y su propia
sinceridad les ayude a imitar a Pedro también en el retorno.
226 CICLO A
En el Evangelio escuchamos una parte del «Sermón
apostólico», cuya introduc ción leímos el domingo pasado.
Exhorta a la confesión intrépida de la Fe. Como ejemplo de
esta firmeza en el antiguo profetismo, se nos ofrece la figura
de Jeremías.
Prosigue la selección de textos de la Carta a los Romanos. El de
hoy es uno de los más difíciles; compara y contrapone la
esclavitud bajo el pecado y la muerte introducida en el género
humano por Adán, y el orden de gracia y vida establecido por
Cristo.
El EVANGELIO SEGÚN MATEO nos ofrece en el «Sermón
apostólico» un compendio de metodología y espiritualidad
misionera del cristianismo primitivo. El evangelista nos da, con
las palabras de Jesús, también la experiencia de su Iglesia. La
nota dominante de todo el capítulo es la de que la misión del
discípulo reproduce la del Maestro en sus tres dimensiones de
palabra, obras y sufrimiento. Dando por supuesta la
identificación entre «apóstol» y «perseguido», una gran parte
del discurso son consejos en vista a la persecución.
Dentro de este contexto de persecución, el breve inciso de la
misa de hoy está articulado en torno a una consigna repetida
tres veces: ¡no tengáis miedo!».
El primer aviso contra el miedo (vers. 26-27) subraya el
imperativo de proclamar a plena luz lo que los apóstoles
aprendieron en la intimidad del Maestro. Son altavoz del
Espíritu. Cristo o quiere una Iglesia en silencio. «No temáis» no
es un seguro contra infortunios; quiere decir que acepten de
antemano con valentía la inevitable persecución (veánse los
vers. precedentes: 24-25).
El segundo aviso (vers. 28) es de una impresionante seriedad.
Supone al discípulo en el caso límite: o infidelidad o muerte por
la fe. Ante el caso límite nadie es héroe sino por motivos
supremos. Cristo no se desdeña de proponer como tal también
el temor de Dios. Muchos mártires han aludido a esta frase del
Evangelio en su respuesta a los jueces.
El tercer aviso o reflexión (vers. 29-3 1) complementa y
perfecciona el segundo. La mirada del que se siente hijo de un
Dios omnipresente ve la mano del Padre en cada pormenor del
mundo, hasta en la muerte de un pajarillo. La última razón que
mueve la mano del Padre (razón, a veces, terriblemente
oscura) es el Amor. Cuando el apóstol de Cristo sufre o muere
por serlo, sabe con certeza de fe que detrás de la mano que le
hiere está la mano que le ama.
Termina esta serie de exhortaciones a la confesión intrépida de
la Fe con otra referencia al Juicio escatológico (vers. 32-33). Al
que se haya declarado abiertamente de Cristo ante los
hombres, Cristo le declarará abiertamente suyo ante el Padre.
El que aquí finja desconocerle, allí será desconocido.
JEREMÍAS es el arquetipo de la victoria sobre el miedo que
viene de fuera y sobre el miedo que nace de uno mismo.
Hombre de fe entre impíos, clarividente entre miopes, tímido
entre prepotentes, su vida fue incomprensión, persecución y
desaliento. Ancora de todas sus tempestades, la fidelidad
heroica a la vocaci6n de profeta que Dios selló con su promesa:
«Yo estoy contigo» (Jerem 1, 8. 19). El fragmento de hoy
pertenece a una serie de esbozos autobiográficos, que
moderna mente han dado en llamar «Confesiones de
Jeremías».
XII DOMINGO TIEMPO ORDINARIO 227
La página de la CARTA A LOS ROMANOS sobre Adán y Cristo
(apenas iniciada en la segunda lectura) es célebre por su
relación con la doctrina del pecado original. La justificación es
el paso liberador de la esclavitud del Pecado y la Muerte bajo el
signo de Adán al reino de la Gracia y la Vida en comunión con
Cristo.
A lo largo del entero capítulo 10, San Mateo nos presenta a
Cristo dirigiendo una Exhortación programática a sus Doce
Apóstoles.
La tercera parte (10, 26-33) —la que leemos hoy— se refiere a
las persecuciones que acaba de predecir (10-16-25) y repite
con insistencia una única consigna: « tengáis miedo!». Estas
palabras del Señor, las transmite San Mateo a la Iglesia
Apostólica de siempre, que, por fidelidad a su institución, es
evangelizadora, y en consecuencia será siempre perseguida.
Las reflexiones para no temer se suceden en cuatro apartados:
1. Es voluntad de Cristo que sus apóstoles difundan a plena luz
las enseñanzas que de él recibieron en la intimidad. Se lo dice
con sencillez, glosando un proverbio popular (vers. 26) con dos
expresivos contrastes (y. 27). A partir de Pentecostés, los
Apóstoles llevaban en la sangre esta consigna; léase, por
ejemplo, el capítulo 4 del Libro de los Hechos. Consigna que es
al mismo tiempo afirmación. Quiere decir que ningún poder
externo ni cobardía interior podrá impedir que su Palabra se
propague al aire libre de todo el mundo.
2. — No tengáis miedo... a los que no pueden matar el alma (y.
28). Muchos mártires han humillado al verdugo con este
pensamiento. En el lenguaje de Israel, el vocablo
correspondiente a «alma’> connotaba en primer plano la idea
de vida. El hombre de fe (y de sana filosofía) se sabe inmortal.
—La segunda parte de la frase advierte austeramente el riesgo
de una Condenación total en la situación escatológica negativa
que el pueblo llamaba entonces «la Gehena». Cristo consideró
pedagógica mente válido inspirar a sus discípulos, como
motivación teológica contra el Mal, el «temor» de una sanción
eterna.
3. — Ni uno solo cae [ que lo disponga] vuestro Padre... (y. 29-3
1). Inmensamente más entrañable el pensamiento de la
asistencia del [ a todas las circunstancias de nuestra vida.
Contemplativo de la Naturaleza, Jesús veía su mano en la vida
y en la muerte de cada uno de los pajarillos. Quiere decir que
nada es fatalidad. Tampoco el dolor y el martirio. Para el que
tiene Fe, todo es signo y contacto de un infinito personal Amor.
Fe transfigurante, que no suprime la sensibilidad; actuarse en
este pensamiento les costó a Jesús sudar sangre en Getsemaní.
4. — Si uno me «confiesa» ante los hombres... Si uno me niega
ante los hombres... (y. 32-33). Otra referencia al Juicio
escatológico. «Confesar» a Cristo es declararse abiertamente
en comunión de pensamiento y amor con él. Epifanía de la Fe.
Negarle es lo que hizo Pedro en el atrio de Caifás. Cobardía en
la que cayeron no pocos ante la persecución. La persecución
tiene muchos rostros. Para algunos débiles, lo puede ser la
simple tacha social de no aparecer actualizados. No pocos de
los que creen haber perdido la Fe, recordarán que todo empezó
un día «negándola» sin más motivación que el temor al
ambiente. Para aviso de todos, quiso el apóstol Pedro que
contase en el Evangelio su pecado, y también su penitencia.
228 CICLO A
Leemos en el Evangelio una parte del Programa misional o
apostólico, cuya introducción consideramos el domingo
pasado. Como persiguieron a Jesús, igualmente perseguirán a
su apóstol. El tema de hoy es una consigna a los perseguidos:
la afirmación intrépida de la Fe.
Escuchamos antes unas líneas autobiográficas de Jeremías.
Evocan su figura ejemplar de profeta perseguido por anunciar
con exactitud, sin concesión al gusto contrario de la gente, los
mensajes que le inspiraba Yahvé. Sus palabras son un canto de
confianza absoluta en el Dios de la fortaleza; confianza
expresada con el lenguaje de la época, parecido al de algunos
salmos (y no siempre al mismo nivel que el del Evangelio).
Este fragmento del Programa de Misión supone haber leído las
instrucciones precedentes, que tratan de las persecuciones del
apóstol (10, 16-25). Se recapitulan todas en la consigna: « los
temáis!» (a los perseguidores, alegorizados antes en la figura
de <‘lobos» en relación con las «ovejas»: vers. 16 a).
El Maestro glosa este «No temáis» con la orden de una
intrépida proclamación del Evangelio (y. 26-27). Siguen tres
motivaciones teológicas de fidelidad en la fortaleza:
a) el valor relativo de la muerte (28); b) el sentido de la
Providencia (29-31); c) el Juicio Final (32-33).
Estas Palabras las recogió y ordenó San Mateo en su libro
cuando ya era normal entre sus primeros lectores ser
perseguido por la Fe de Cristo, y muchos estaban dispuestos al
martirio (mientras otros «temían)>). Llevan en sí la emoción
con que las dijo el Señor y la que le dio aquella Iglesia mártir al
hacerlas suyas.
1. — Orden de proclamar el Evangelio «sin miedo» (26-27).
Jesús toma como punto de partida un dicho sentencioso o
proverbio popular: no hay nada tan escondido que un día no se
descubra (26). En paralelismo con este pensamiento, distingue
dos fases en la revelación del Evangelio (27): la de su
ministerio terreno, limitado a un pequeño país y muchas veces
reservado a solos los discípulos, y la universal encomendada a
los Apóstoles. El principal motivo de su reserva fue el de que
los hombres no podían comprender en plenitud lo más esencial
de su Mensaje antes de realizarse el Misterio de su Cruz y
Glorificación. En la experiencia luminosa de este Misterio, los
apóstoles tienen que proclamarlo abiertamente a todo el
mundo. Son el medio de comunicación de la Palabra de Cristo.
Reducirlos al silencio, sería enfrentarse contra la Voluntad de
Dios (Act 5, 26-42). Reducirse ellos, sería traición (1 Cor 9,16).
2. — Motivos de fortaleza apostólico-martirial, a) El valor
relativo de la muerte (28). Quien tiene fe en el Más Allá, sabe
que ningún tirano le puede quitar la auténtica vida (o «alma»);
consciente de su inmortalidad en manos de Dios, sólo teme la
«gehena» o condenación escatológica. b) La Providencia del
Padre (29-31). Hasta en las mínimas circunstancias está Dios.
Jesús vivía así, en connaturalidad, la transparencia religiosa de
la.s cosas y los hechos. Su discípulo y hermano, hijo de Dios,
ve en todo la mano del Padre. Por eso entiende que todo, hasta
la contrariedad y la muerte, es gracia de un infinito Amor. c) El
Juicio final (32-33). En San Mateo, todas las series de
reflexiones terminan con la perspectiva del último Juicio. Ser
fiel o no a la confesión pública de Cristo condiciona la
Salvación (Rom 10, 9-10).
DECIMOTERCER DOMINGO
PRIMERA LECTURA
Lectura del segundo libro de los Reyes 4,8-11. 14-16a
Un día pasaba Eliseo por Sunem y una mujer rica lo invitó con
insistencia a comer. Y siempre que pasaba por allí iba a comer
a su casa. Ella dijo a su marido:
Me consta que ese hombre de Dios es un santo; con frecuencia
pasa por nuestra casa. Vamos a prepararle una habitación
pequeña, cerrada, en el piso superior; le ponemos allí una
cama, una mesa, una silla y un candil y así cuando venga a
visitarnos se quedará aquí.
Un día llegó allí, entró en la habitación y se acostó. Dijo a su
criado Guiezi:
— podemos hacer por ella? Contestó Guiezi:
—No tiene hijos y su marido ya es viejo. Elle dijo:
—Llama a la Sunamita.
La llamó y ella se presentó a él. Eliseo dijo:
—El año que viene, por estas mismas fechas abrazarás a un
hijo.
Salmo responsorzal Sal 88,2-3. 16-17. 18-19
R. Cantaré eternamente las misericordias del Señor.
Cantaré eternamente las misericordias del Señor, anunciaré tu
fidelidad por todas las edades. Porque dije: «Tu misericordia es
un edificio eterno, más que el cielo has afianzado tu fidelidad.»
230 CICLO A
Dichoso el pueblo que sabe aclamarte:
caminará, oh Señor, a la luz de tu rostro; tu nombre es su gozo
cada día, tu justicia es su orgullo.
Porque tú eres su honor y su fuerza,
y con tu favor realzas nuestro poder.
Porque el Señor es nuestro acudo,
y el santo de Israel, nuestro rey.
SEGUNDA LECTURA
Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los Romanos 6,3-4.
8-11
Hermanos: Los que por el bautismo nos incorporamos a Cristo
fuimos incorporados a su muerte.
Por el bautismo fuimos sepultados con él en la muerte, para
que, así como Cristo fue despertado de entre los muertos por
la gloria del Padre, así también nosotros andemos en una vida
nueva.
Por tanto, si hemos muerto con Cristo, creemos que también
viviremos con él, pues sabemos que Cristo, una vez resucitado
de entre los muertos, ya no muere más; la muerte ya no tiene
dominio sobre él. Porque su morir fue un morir al pecado de
una vez para siempre y su vivir es un vivir para Dios.
Lo mismo vosotros consideraos muertos al pecado y vivos para
Dios en Cristo Jesús.
ALELuYA Aleluya, aleluya.
IPe 2,9 Vosotros sois una raza elegida, un sacerdocio real, una
nación consagrada, para proclamar las hazañas del que os
llamó a salir de las tinieblas y a entrar en su luz maravillosa.
Aleluya.
EVANGELIO
Lectura del santo evangelio según san Mateo 10,37-42
En aquel tiempo, dijo Jesús a sus apóstoles:
—El que quiere a su padre o a su madre más que a mí, no es
digno de mí; y el que quiere a su hijo o a su hija más que a mí,
no es digno de mí; y el que no toma su cruz y me sigue, no es
digno de mí. El que encuentre su vida, la perderá, y el que
pierda su vida por mí, la encontrará. El que os recibe a
vosotros, me recibe a mí, y el que me recibe, recibe al que me
ha enviado. El que recibe a un profeta porque es profeta,
tendrá paga de profeta; y el que recibe a un justo porque es
justo, tendrá paga de justo. El que dé a beber, aunque no sea
más que un vaso de agua fresca, a uno de estos pobrecillos,
sólo porque es mi discípulo, no perderá su paga, os lo aseguro.
Leemos las últimas líneas de la extensa Exhortación de Jesús a
sus Apóstoles, que San Mateo resumió en el capítulo diez del
Evangelio. Lo que el Señor dijo a los doce
XIII DOMINGO TIEMPO ORDINARIO 231
Apóstoles interesa por igual, en cualquier época, a todos los
Discípulos consagrados a su obra de Salvación.
La primera mitad de esta página habla de los sacrificios a que
deben estar dispuestos. La segunda, de su dignidad como
representantes de Cristo. En cada una de las dos partes se
enlazan tres frases o «sentencias» análogas, que el Señor diría
en diversas circunstancias.
A. — El sacrificio del apóstol. Se da por supuesto que una
Iglesia fiel a su quehacer vivirá connaturalmente en clima de
persecución. Qui se consagre al apostolado podrá encontrar
dificultades por parte de la familia (y. 37), seguirá ciertamente
un camino de cruz (38), tendrá que estar siempre dispuesto a
dar la vida (39). — a) Posibles dificultades por parte de la
familia. El Evangelio ha puesto en la cumbre de los valores
humanos el amor entre padres, hijos, esposos. Pero más alto
está Dios. La legítima entrega al apostolado no es alistarse a
un programa cualquiera de orden terreno, sino consagrarse
personalmente a Cristo, el Hijo de Dios, al servicio de la
Salvación del mundo. Ningún familiar que entienda esto querrá
impedirlo; pero, silo quisiere, habría que recordarle aquello que
un día contestaron los Apóstoles ante el tribunal (Hechos 5,
29). — b) Camino de cruz. Decir uno que «sigue a Cristo» e ir al
mismo tiempo tras ventajas temporales y vida fácil sería una
burla o, al menos, una equivocación. — c) Disposición a perder
la vida. La del versículo 39 es una sentencia de corte
paradójico, repetida varias veces en el Nuevo Testamento: por
la Vida (eterna) hay que perder, si es preciso, la vida
(temporal). En tiempos de persecución sangrienta era un aviso
a los tentados de apostasía. Tal vez ahora en el mundo sean
pocos los cristianos que tengan ocasión de morir mártires. Pero
son muchos los que tienen que «vivir mártires» si quieren
mantener la Vida de Dios, sin ceder a ideologías, actitudes y
actos incompatibles con ella.
B. — La dignidad del apóstol (vv. 40-42). En estas tres últimas
sentencias se los considera representantes de Cristo, profetas,
justos, «pequeños»... Denominaciones bajo las que se
engloban todos los que de alguna manera se consagran al
apostolado. Recibirlos, acogerlos, ayudarlos es aceptar a Cristo
y colaborar con él en la Salvación del mundo.
El Evangelio nos ofrece por tercera vez un fragmento del
«Sermón apostólico», el último. Su primera mitad es parte de
una sección en la que el Señor advierte a los apóstoles acerca
de los máximos sacrificios a que tienen que estar dispuestos.
La segunda mitad es el epílogo de todo el Sermón; domina en
él la idea de que recibir a un enviado de Cristo es recibir al
mismo Cristo. La lectura del Antiguo Testamento sirve de
ilustración catequística a este último pensamiento (mérito y
bendición del que acoge a un enviado de Dios).
La Carta a los Romanos invita a reflexionar sobre el sentido
teológico del Bautismo en la perspectiva general de la
Justificación.
La primera mitad del fragmento de EVANGELIO exige a los
apóstoles una entrega absoluta. La frase-clave es: «ser digno
de Cristo». Para serlo, hay que poner a Cristo por encima de
todos los demás valores. Para expresar con vigor esta idea se
compara la fidelidad al llamamiento de Cristo con los dos
máximos valores humanos:
a) la familia; b) la vida.
232 CICLO A
a) La familia. Ningún sistema o religión ha puesto el amor de
familia más en el vértice de los valores humanos que el
Cristianismo. De ahí la asombrosa energía del versículo 37:
Cristo es más. Sólo Dios puede hablar así.
b) La vida. En aquellos primeros tiempos de la Iglesia, la
perspectiva normal de todo cristiano, y con mayor razón del
apóstol, era el martirio. El de Jesús fue considerado como
arquetipo de todos; de ahí que la expresión «llevar la cruz y
seguirle» (se entiende, hasta el Calvario inclusive), era una
manera fuerte de significar la disponibilidad a morir mártir
como y con Cristo. — A continuación (vers. 40), una sentencia
de estilo proverbial y paradójico subraya esta exigencia de
disponibilidad. Como todas las paradojas, juega con un doble
sentido de un mismo vocablo. Concretamente, entre la «vida»
(temporal) y la «Vida» (para siempre). El que ante el caso
límite de morir por Cristo ponga A salvo su vida temporal (por
la apostasía real o fingida), perderá la eterna; obtendrá la
eterna el que sacrifique la temporal. Recordemos que todas las
series de enseñanzas de Jesús en San Mateo terminan con una
referencia al devenir escatológico.
Es de agradecer el realismo del Maestro. Como buen
pedagogo, no engaña. Cuando su apóstol o consagrado sienta
el multiforme peso cotidiano de la cruz, no podrá hablar de
desengaño si es que leyó el Evangelio.
Con el versículo 40 empieza el epílogo del Sermón apostólico.
Resultaría más lógico leyéndolo después del 15 (del 16 al 39 es
una digresión a propósitio de las persecuciones). Los apóstoles
o «enviados» son en el mundo presencia activa de Cristo, el
Evangelio del Padre. Acogerlos, ayudarlos, colaborar con ellos
son gestos de fe que tienen por término al mismo Cristo y en él
a Dios. Hasta el de darles un vaso de agua en su sed por
Cristo. El Evangelio llama aquí a los apóstoles, con terminología
bíblica, «profetas» y «justos». Los supone en situación
profesional de pobreza, humildad y dedicación absoluta. Está
en germen en estas líneas la teología de la «cooperación (de
todos) al apostolado (de los dedicados a él por vocación,
consagración y misión)».
La PRIMERA LECTURA nos recuerda en extracto un ejemplo
delicioso de esta cooperación con «el hombre de Dios» en el
Antiguo Testamento.
La CARTA A LOS ROMANOS ve significado y realizado en el rito
bautismal
(cuando el neófito se sumergía en el agua y emergía de ella) el
misterio de la
Justificación, por el que el creyente muere para siempre a la
situación y servicio del
pecado y resucita para siempre a una Vida que es participación
y reflejo de la de
Cristo glorioso.
Escuchamos las últimas líneas del «Sermón o Exhortación
Misional a los Doce Apóstoles, resumida por San Mateo en el
capítulo 10. En su Evangelio, Mateo considera a «los Doce»
como núcleo fundacional y arquetipo de todos los Discípulos
consagrados a Cristo.
Esta Exhortación Misional, en su conjunto, está formada por
dos largas secuencias: P —el apóstol es un ENVIADO de Cristo;
22 —el apóstol será PERSEGUIDO por su fidelidad a Cristo. La
primera mitad del texto que leemos hoy concluye el segundo
tema; la otra mitad concluye el primero.
A. — El apóstol, PERSEGUIDO. La secuencia sobre la
Persecución empezó en el
XIII DOMINGO TIEMPO ORDINARIO 233
versículo 16, que decía: «Yo os envío como ovejas en medio de
lobos...» Termina en los versículos 37-39, con los que empieza
la lectura de hoy. Su alta tensión emotiva está en función del
tema. Quiere decir que, cuando entra en juego la Fidelidad a la
consagración con que uno se ha comprometido a seguir a
Cristo, hay que estar pronto hasta para los máximos sacrificios.
Ejemplifica la idea con tres situaciones- límite: hasta Fa ruptura
con la familia, hasta la cruz, hasta dar la vida.
1. — Hasta la ruptura con la familia (y. 37). Nadie como
Jesucristo ha elevado el amor etre padres e hijos a nivel
sagrado. De ahí la infinita energía de estas palabras. Sólo Dios
puede hablar así. Alude a un caso extremo en que el afecto
familiar se ponga en trance de quebrar el compromiso de Amor
a Cristo. ¡Cuánto más si lo quebrase cualquier afecto o servicio
a una opción interesada o a una ideología incompatible!
2. — Hasta la cruz (y. 38). El imperativo de tomar sobre sí la
«cruz» para seguir a Cristo se repite en cinco o seis textos de
los Evangelios, y San Pablo alude a él varias veces. En aquella
época, cuando tantos habían visto con horror lo que era el
caminar de un hombre cargado con su cruz hacia el martirio, la
expresión tenía una fuerza impresionante. Sólo un Amor
encendido por el mismo Dios puede mantener una tal Fidelidad
en seguir a Cristo.
3. — Hasta dar la vida (y. 39). Sentencia de estilo paradójico,
que también se repite en seis contextos evangélicos. Ante la
decisiva opción de ser Cristo, ha «encontrado» la eterna. Si
apostata por miedo a la muerte, ha perdido la (auténtica) Vida.
B. — El apóstol, ENVIADO. Los versículos 40-42 concluyen la
secuencia sobre la Misión, cortada en el 15 por la digresión
sobre las Persecuciones. Se sobrentiende que el Enviado es
continuidad y presencia de Quien lo envía. Los Apóstoles, de
Cristo; Cristo, del Padre Qn 17,18). Ante un enviado fiel a su
definición, el que lo recibe o acoge entra en contacto con quien
lo envió. Con las denominaciones «profeta», «justo» y
«discípulo», San Mateo alude a diversas actualizaciones
ministeriales de la Misión en su Comunidad. Colaborar con
cualquiera de ellas, con la mirada puesta en Cristo presente y
activo a través de sus servidores, es asociarse a la Misión
Cristiana. La de elevar nuestro mundo comunicándole
Evangelio. Salvación y Paz.
DECIMOCUARTO DOMINGO
PRIMERA LECTURA
Lectura del libro del profeta Zacarías 9,9-10
Así dice el Señor:
Alégrate, hija de Sión; canta, hija de Jerusalén; mira a tu rey
que viene a ti justo y victorioso, modesto y cabalgando en un
asno, en un pollino de borrica.
Destruirá los carros de Efraín, los caballos de Jerusalén,
romperá los arcos guerreros, dictará la paz a las naciones.
Dominará de, mar a mar,
desde el Eufrates hasta los confines de la tierra.
Salmo responsorial Sal 144,1-2. 8-9. 10-11 l3cd-14
R. Te ensalzaré, Dios mío, mi rey, bendeciré tu nombre por
siempre jamás.
[ Aleluya].
Te ensalzaré, Dios mío, mi rey, bendeciré tu nombre por
siempre jamás. Día tras día te bendeciré
y alabaré tu nombre por siempre jamás.
XIV DOMINGO TIEMPO ORDINARIO 235
El Señor es clemente y misericordioso, lento a la cólera y rico
en piedad; el Señor es bueno con todos, es, cariñoso con todas
sus criaturas.
Que todas las criaturas te den gracias, Señor. Que te bendigan
tus fieles, que proclamen la gloria de tu reino, que hablen de
tus hazañas.
El Señor es fiel a sus palabras, bondadoso en todas sus
acciones. El Señor sostiene a los que van a caer, endereza a
los que ya se doblan.
SEGUNDA LECTURA
Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los Romanos 8,9.
11-13
Hermanos: Vosotros no estáis en la carne, sino en el espíritu,
ya que el Espíritu de Dios habita en vosotros.
El que no tiene el Espíritu de Cristo no es de Cristo.
Si el Espíritu del que resucitó a Jesús de entre los muertos
habita en vosotros, el que resucitó de entre los muertos a
Cristo Jesús vivificará también vuestros cuerpos mortales por el
mismo Espíritu que habita en vosotros.
Por tanto, estamos en deuda, pero no con la carne para vivir
carnalmente. Pues si vivís según la carne, vais a la muerte;
pero si con el Espíritu dais muerte a las obras del cuerpo,
viviréis.
ALELUYA Aleluya, aleluya.
Cf. Mt 11,25 Te doy gracias, Padre, porque has revelado los
misterios del Reino a la gente sencilla. Aleluya.
EVANGELIO
Lectura del santo evangelio según san Mateo 11,25-30
En aquel tiempo, Jesús exclamó:
—Te doy gracias, Padre, Señor de cielo y tierra, porque has
escondido estas cosas a los sabios y entendidos y las has
revelado a la gente sencilla. Sí, Padre, así te ha parecido mejor.
Todo me lo ha entregado mi Padre, y nadie conoce al Hijo más
que el Padre, y nadie cónoce al ‘Padre sino el Hijo y aquél a
quien el Hijo se lo quiera revelar.
Venid a mí todos los que estáis cansados y agobiados y yo os
aliviaré. Cargad con mi yugo y aprended de mí, que soy manso
y humilde de corazón, y encontraréis vuestro descanso. Porque
mi yugo es llevadero y mi carga ligera.
236 CICLO A
Escuchamos hoy una de las páginas más hermosas del
Evangelio. Un «himno»
puesto en boca de Jesús. Tiene profunda semejanza con el
Magnijicat de su Madre.
San Lucas dice que se lo sugirió el Espíritu Santo en un
momento de jubilosa alegría
(Lc 10, 21). Tres estrofas: en la primera, bendice al Padre; en la
segunda, se define
Hijo de Dios; en la tercera, abre su corazón a los que buscan la
paz.
1. — «Te bendigo, Padre, Señor del cielo y de la tierra... porque
has revelado estas cosas a los pequeñuelos». Jesús habla por
experiencia. Lleva tiempo evangelizando. Los «pequeñuelos»,
los que tienen alma de pobre y corazón de niño, le han hecho
caso. Son los que escuchan con agrado las Benaventuranzas.
El pueblo del Sermón de la Montaña. Los que aprendieron a
rezar sinceramente el Padrenuestro. Humildad es mantener
abierto el propio ser —amor, pensamiento y vida— a la Gloria
de Dios. El humilde es capaz de recibir y abrazar la Verdad. El
orgulloso, por el contrario, se cierra en sí como centro único de
sí mismo. No deja entrar la luz de lo alto. A los que Jesús llama
con ironía«sabios y entendidos», el Magníficat los declara
«soberbios de mente y corazón».
2. — «Todo me ha sido entregado por mi Padre... » En la
segunda estrofa (y. 27) Jesús, el más humilde de los humildes,
exulta y da gracias, como la Virgen en el Magnificat, porque el
Padre lo ha colmado de grandeza. Cuatro afirmaciones: a) ha
puesto en sus manos el universo [ misma afirmación que en Mt
28, 18]; b) el Misterio de la Filiación divina de Jesús sólo lo sabe
Dios —y, por tanto, él puede y quiere «revelarlo»; es decir,
comunicar al hombre este conocimiento por la gracia de la Fe
(Mt 16, 17); c) la profunda identidad de Dios —la de ser PADRE
— sólo la conoce Jesús, c) y, por tanto, sólo él puede revelarla,
y de hecho la ha revelado.
—Como dice en la primera estrofa, «estas cosas» o realidades
de Fe únicamente las aceptan los «pequeñuelos». Los sencillos.
Los que mantienen alma y corazón abierto al cielo de las
Bienaventuranzas.
3. — « Venid a mí...» La tercera estrofa habla a los sencillos.
Cansados de aguantar sistemas y dirigentes de rostro
inhumano. Invita, alienta y ofrece. a) Invita a adherirse a él:
«venid a mí». A ser discípulos suyos: «aprended de mí».
«Tomad mi yugo» era una conocida metáfora, equivalente a
«entrad en mi escuela». b) Alienta indicando que su escuela es
humana. No regida por el dominio, sino por el amor (1 Jn 5, 1-
4). El Maestro es cordialmente suave y humilde —como han de
ser sus representantes. c) Ofrece «el reposo del alma». La paz-
asimilada, la que tiene su fuente en el propio interior.
El fragmento de Evangelio que escuchamos hoy está en el
centro de dos capítulos de San Mateo (11-12), en los que Jesús
aparece rodeado de incomprensión y oposición. Habían
esperado un Mesías tan distinto... Pero el texto de Zacarías da
testimonio de que también los profetas habían descrito ya, de
alguna manera, el estilo peculiar de Jesús.
De la Carta a los Romanos toca el primero de seis fragmentos
del capítulo octavo que se irán leyendo en domingos sucesivos.
Dicho capítulo expone los valores positivos esenciales de la
Justicia cristiana en orden a la Salvación y Glorificación.
Las palabras de Jesús en el EVANGELIO tienen la forma de un
himno,
XIV DOMINGO TIEMPO ORDINARIO 237
compuesto de tres elementos o «estrofas)>:
Primero (vers. 25-26). Oración al Padre. El buen israelita dice
cada día un gran número de oraciones breves, que llaman
Berakhot o «Bendiciones>. Cada Berakhá o «Bendición» consta
de un verbo («Bendito seas...»), un vocativo («Señor Dios...») y
una motivación («porque...»). En ésta de Jesús el verbo se
podría traducir lo mismo por «bendecir» (espiritualidad más
oriental) como por «dar gracias» (mentalidad más occidental).
El vocativo, como siempre que Jesús se dirige a Dios, es
«jPadre!»
Lo que da carácter propio a cada Berakhá es su motivación.
Para comprender la de Jesús, téngase presente que en poesía
hebrea es normal expresar una idea mediante un contraste
negativo-afirmativo. La negación sirve de fondo para destacar
más la afirmación. Jesús bendice al Padre «porque ha revelado
estas cosas a los sencillos». «Estas cosas» se refiere, en
general, a las verdades del Evangelio. Refiriéndose a los
sencillos y humildes, el texto original dice: «los niños-
pequeños». Con todos sus defectos, saben que son pequeños;
así debe ser el hombre en su profunda intimidad ante Dios. En
resumen, Jesús bendice al Padre porque ha querido que la Fe
cristiana sea un abrazo entre la Verdad de Dios y la Íntima
Humildad del hombre. Situarse en actitud de orgullo es negar
el abrazo. Jesús los llamó, con ironía, «los sabios». En la
manera hebrea de expresar los conceptos, se puede decir que
Dios «les oculta» la Verdad. Pero la causa de este eclipse de Fe
no está fuera, sino dentro del hombre.
Segundo (vers. 27). Revelación del Hijo. La crisis de Fe que
describen los capítulos 11-12 de Mateo giraba en torno a una
pregunta: ¿Quién es Jesús? Los «sabios» daban respuestas
diversas, desconcertantes. Uno diría que se está perfilando hoy
una situación análoga. El versículo 27 da la respuesta que es
luz de los sencillos. Jesús es el Hijo de Dios. Su intimidad con el
Padre es un diálogo de conocimiento amoroso. El Padre lo ha
constituido Señor universal.
Tercero (vers. 28-30). Invitación a entrar en la Escuela de Jesús.
El Mesías suave y sencillo llama al pueblo de los humildes para
formar juntos su Comunidad. Los maestros de Israel les habían
impuesto un yugo pesado, y estaban rendidos; Jesús les ofrece
reposo bajo un yugo ligero. No que el Evangelio no tenga
exigencias heroicas. La profunda realidad de la promesa está
en las primeras palabras: «Venid a Mí». El contacto personal
con Cristo transforma el corazón, que ya no considera su yugo
como carga sino como amor, que no pesa.
Vimos ya el texto de ZACARÍAS, incluido en el Evangelio del
Domingo de Ramos. El rey que espera Sión es el Mesías.
Vencedor, pero sencillo. No entra montando a caballo (signo
entonces de guerra), sino sobre un asno (signo de paz).
La CARTA A LOS ROMANOS expone un aspecto fundamental de
la vida cristiana, que es el dominio del Espíritu sobre la carne.
El Espíritu de Dios ilumina y dirige al hombre, haciéndole
triunfar de sus tendencias menos ordenadas.
Escuchamos en el Evangelio unas Palabras del Hijo de Dios,
distribuidas en tres estrofas. En la primera habla al Padre. En la
segunda se define a sí mismo. En la tercera invita a los
hombres que buscan paz.
A. — La primera estrofa (11,25-26) es un himno de alabanza. El
pueblo de Jesús entretejía su vivir cotidiano con expresiones de
alabanza a Dios. Empezabán
238 CICLO A
invocándolo con un Nombre hermoso. Por ejemplo, «Señor del
cielo y de la tierra». Pero Jesús anteponía un vocativo de sabor
infinito: PADRE. Luego le decían el porqué de su gozo y
gratitud. Por ejemplo, porque nos has dado este pan, o este
día, o esta noche... Jesús bendi;e y alaba por lo que otros
considerarían un fracaso: porque su actividad evangelizadora
sólo tiene aceptación entre los sencillos: Te bendigo, Padre,
Señor del cielo y de la tierra, porque — escondiendo estas
cosas [ Evangelio] a los «sabios y entendidos» — las has
revelado a los «pequeñuelos».
«Sabios y entendidos» está dicho, con ironía. Entiéndase,
aquellos que se creían serlo. Dios mismo ha puesto en la
mirada limpia del espíritu humano una capacidad de
admiración, que lo hace sensible a los signos de Dios. El orgullo
anubla esta mirada. Jesús quería a los niños por su mirada
limpia, y llama con afecto «pequeñuelos» a los mayores que la
conservan. Dice lo que su Madre en el Magnificat: Dios acoge a
los sencillos, y aparta de sí a los soberbios.
B. — La segunda estrofa (y. 27) es proclamación de Fe. Habla
Jesús en la perspectiva de su Glorificación: el Padre le ha
comunicado la soberanía del Universo (= Mt 28, 18 b). Sólo el
Padre conoce de por sí el Misterio que define su personalidad:
el de ser EL HIJO DE DIOS [ es el Padre quien lo revela a los
sencillos, según ha dicho en la primera estrofa; cf. Mt 16, 17].
Correlativamente, sólo el Hijo conoce de por sí el Misterio
fuente de toda luz: el de que Dios es realmente PADRE. Y esta
es su infinita Revelación o Mensaje-divino a los hombres.
C. — La tercera estrofa (y. 28-30) se dirige a los fatigados, que
buscan paz. Refleja el antiguo lenguaje, de cuando la Sabiduría
invitaba a su escuela (p. ej., Sirac 51, 23-30). Pero Jesús
subraya que el centro de convocación es su propia Persona.
«Venid a mí», «aprended de mí» y la metáfora (entonces
popular) «tomad mi yugo» son expresiones sinónimas. A
quienes acepten, ofrece la profunda Paz intçrior:
«vuestro reposo». Es garantía, manantial y ejemplo de esta Paz
el carácter del Maestro: «suave y humilde de corazón» [ con la
primera lectura, de Zacarías]. Ajeno a los estilos y sistemas de
rostro inhumano que fascinaban entonces, y a los de siempre.
Sorprende la última afirmación. La invitación a «tomar mi
yugo» está muy cerca, en el Evangelio, de la que pide a cada
uno «tomar su cruz». Y la cruz no es ligera.
—Pero el Maestro habla a los creyentes (primera estrofa), que
lo reconocen Hijo de Dios y aprenden de él que Dios es PADRE
(segunda estrofa). A los de Fe encendida en Amor: la que
transfigura la existencia y da alas al espíritu para volar por
encima de toda «fatiga y agobio». La mejor glosa a este
pensamiento estaría en el entero capítulo 8 de la Carta a los
Romanos (o en el 5 de la Primera de San Juan).
El evangelio que escuchamos hoy tiene una excepcional
densidad. Proclama y canta la Gracia de la Fe, que es privilegio
de los humildes.
Oímos antes el pregón mesiánico de la segunda parte del libro
de Zacarías. La figura del Rey de Sión se contrapone a la de los
reyes paganos de la época (helenista):
ricos, opresores, arrogantes. El Mesías será justicia, salvación,
paz universal. En su venida, un signo externo de pacificante
pobreza: el asno (el caballo era montura de ricos y, sobre todo,
de guerreros). El Domingo de Ramos Jesús hizo un comentario-
en-acción de esta profecía a la vista de toda Jerusalén.
XIV DOMINGO TIEMPO ORDINARIO 239
A partir del capítulo once, San Mateo pone en primer plano la
cuestión de la Fe cristológica. Jesús se ha manifestado ya en
doctrina, acción y programa (cap. 5-10). Juan Bautista abre el
interrogante: ¿quién es Jesús? (11, 2-5). Un repaso al ambiente
constata menosprecio (11, 16-19), inercia (11,20-24), oposición
(12, 1-14), calumnia (12,22 ss). En el centro de esta actitud
negativa ambiental, una sublime excepción: los «pequeñuelos»
comprenden a Jesús. A ellos se dedica el himno que leemos
hoy.
El himno consta de tres estrofas. En la primera (A), bendice al
Padre. En la segunda (B), Jesús se define. En la tercera (C),
invita a su Escuela. Para seguir la línea lógica del pensamiento
conviene empezar por la segunda.
B. —Jesús, Hijo de Dios y Señor del universo (y. 27). Tres
afirmaciones: a) El Padre y el Hijo se conocen mutuamente. El
concepto bíblico-hebreo «conocer» implica proximidad,
experiencia, afecto. Ninguna otra criatura puede participar de
por sí en este conocimiento. Es decir, Jesús vive con el Padre
en la región del Misterio absoluto, por cuanto Jesús es el Hijo
único de Dios en el sentido más estricto y singular de la
expresión. b) Dios Padre ha puesto todas las cosas en manos
de Cristo. Afirmación que refleja la profecía del «Hijo del
Hombre» según Daniel (7, 14), y el Resucitado proclama más
explícitamente al término del Evangelio (28, 18). El ejercicio y
finalidad de esta Soberanía universal es esencialmente
salvífico. c) En esta Soberanía salvífica, entra de manera
principal el poder de revelar a los hombres el conocimiento de
Dios.
A. — Sólo a los humildes se revela el Misterio de Cristo (y. 25-
26). En la forma litúrgico-popular judía de una Berakhá o
Bendición, Jesús canta la sabiduría del Padre que ha
condicionado la Fe a la Humildad. Fe es comunión obediencial
del hombre en el conocimiento que Dios tiene de sí y de todas
las cosas en él. Desde la Encarnación, es base fundamental de
la Fe reconocer que Jesús es de veras el Hijo de Dios, y en él y
con él ver y sentir a Dios como Padre. Los «sabios y listos’> no
entienden esto. La expresión se refiere a los que por tales se
tienen, apoyándose en su solo criterio. La idea de humildad se
expresa con una imagen predilecta de Jesús: «los
pequeñuelos». Humildad es realismo humano; saber y sentir
que uno es todo de Dios, y estar abierto sin condición a su
Palabra.
C. — «Venid a mí... » (y. 28-30). En virtud del paralelismo,
«venid a mí» es sinónimo de «aprended de mí» (exactamente:
«haceos discípulos míos»). «Yugo» y «carga» son alegorías de
la disciplina en la Escuela. Escuela gozosa, porque el Maestro,
lección viva de las Bienaventuranzas, es humilde-de-corazón.
Liberación de tantas escuelas «cansantes y agobiadoras» (cf.
23, 4). La Fe es Gracia, y con ella el Espíritu de Cristo (ver 2.
lectura) se hace Amor y Ley a un tiempo en la vida de quien,
como su Maestro, es humilde-de-corazón. Los demás no
pueden entenderlo.
DECIMOQUINTO DOMINGO
PRIMERA LECTURA
Lectura del libro del profeta Isaías 55,1041
Esto dice el Señor:
Como bajan la lluvia y la nieve desde el cielo, y no vuelven
allá, sino después de empapar la tierra, de fecundarla y
hacerla germinar, para que dé semilla al sembrador y pan al
que come, así será mi palabra que sale de mi boca:
no volverá a mí vacía, sino que hará mi voluntad y cumplirá mi
encargo.
Salmo responsorial Sal 64, l0abcd. lOe-II. 12-13. 14
R. La semilla cayó en tierra buena y dio fruto.
Tú cuidas de la tierra, la riegas y la enriqueces sin medida; la
acequia de Dios va llena de agua.
Tú preparas los trigales:
riegas los surcos, igualas los terrenos, tu llovizna los deja
mullidos, bendices sus brotes.
XV DOMINGO TIEMPO ORDINARIO 241
Coronas el año con tus bienes, tus carriles rezuman
abundancia; rezuman los pastos del páramo, y las colinas se
orlan de alegría.
Las praderas se cubren de rebaños, y los valles se visten de
mieses
que aclaman y cantan.
SEGUNDA LECTURA
Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los Romanos 8,18-
23
Hermanos: Considero que los trabajos de ahora no pesan lo
que la gloria que un día se nos descubrirá. Porque la creación
expectante está aguardando la plena manifestación de los
hijos de Dios; ella fue sometida a la frustración no por su
voluntad, sino por uno que la sometió; pero fue con la
esperanza de que la creación misma se vería liberada de la
esclavitud de la corrupción, para entrar en la libertad gloriosa
de los hijos de Dios.
Porque sabemos que hasta hoy la creación entera está
gimiendo toda ella con dolores de parto.
Y no sólo eso; también nosotros, que poseemos las primicias
del Espíritu, gemimos en nuestro interior aguardando la hora
de ser hijos de Dios, la redención de nuestro cuerpo.
ALELuYA Aleluya, aleluya.
La semilla es la Palabra de Dios. El sembrador es Cristo. Quien
lo encuentra, vive para siempre. Aleluya.
EVANGELIO
Lectura del santo evangelio según san Mateo 13,1-23
Un día, salió Jesús de casa y se sentó junto al lago. Y acudió a
él tanta gente que tuvo que subirse a una barca; se sentó y la
gente se quedó de pie en la orilla.
Les habló mucho rato en parábolas:
—Salió el sembrador a sembrar. Al sembrar, un poco cayó al
borde del camino; vinieron los pájaros y se lo comieron.
Otro poco cayó en terreno pedregoso, donde apenas tenía
tierra, y como la tierra no era profunda, brotó en seguida; pero
en cuanto salió el sol, se abrasó y por falta de raíz se secó.
Otro poco cayó entre zarzas, que crecieron y lo ahogaron.
El resto cayó en tierra buena y dio grano: unos, ciento; otros,
sesenta; otros, treinta. El que tenga oídos que oiga.
[ le acercaron los discípulos y le preguntaron:
— qué les hablas en parábolas?
El les contestó:
—A vosotros se os ha concedido conocer los secretos del Reino
de los cielos y a ellos no. Porque al que tiene se le dará y
tendrá de sobra, y al que no tiene se le quitará hasta lo que
tiene.
242 CICLO A
Por eso les hablo en parábolas, porque miran sin ver y
escuchan sin oír ni entender. Así se cumplirá en ellos la
profecía de Isaías:
<(Oiréis con los oídos sin entender; miraréis con los ojos sin
ver;
porque está embotado el corazón de este pueblo, son duros de
oído, han cerrado los ojos;
para no ver con los ojos, ni oír con los oídos, ni entender con el
corazón, ni convenirse para que yo les cure.»
Dichosos vuestros ojos porque ven y vuestros oídos porque
oyen. Os aseguro que muchos profetas y justos desearon ver lo
que veis vosotros y no lo vieron, y oír lo que oís y no lo oyeron.
Vosotros oíd lo que significa la parábola del. sembrador:
Si uno escucha la palabra del Reino sin entenderla, viene el
Maligno y roba lo sembrado en su corazón. Esto significa lo
sembrado al borde del camino.
Lo sembrado en terreno pedregoso significa el que la escucha y
la acepta en seguida con alegría; pero no tiene raíces, es
inconstante, y, en cuanto viene una dificultad o persecución
por la Palabra, sucumbe.
Lo sembrado entre zarzas significa el que escucha la Palabra,
pero los afanes de la vida y la seducción de las riquezas la
ahogan y se queda estéril. Lo sembrado en tierra buena
significa el que escucha la Palabra y la entiende; ése dará fruto
y producirá ciento o setenta o treinta por uno.]
«LES HABLÓ EN PARÁBOLAS». Las «parábolas» del Evangelio
son «comparaciones» inspiradas en cosas de la tierra, que
hacen pensar en las cosas del cielo. Casi la mitad de las
enseñanzas de Jesús nos han llegado en forma de parábolas. A
la gente sencilla que lo escuchaba no le era posible leer libros,
pero vivían en contacto con la naturaleza. Y el Maestro procuró
con sus parábolas que todas las realidades de su mundo se les
transformasen en palabra de vida y les hiciesen pensar en el
Reino de Dios: el campo y su laboreo, el mar con sus barcas y
redes, la vida del
-pastor, el ambiente doméstico, la relación social.
1. — «Salió el sembrador a sembrar... » (y. 3-8). Meditación
ante una tierra sembrada. Como en la mayor parte de
parábolas, Jesús está aludiendo a su experiencia personal:
lleva tiempo «sembrando» Evangelio en su patria y, a simple
vista, el fruto es mínimo. Doble reflexión. La primera, de
optimismo a largo plazo: la cosecha, al fin, será espléndida (al
ciento, sesenta, treinta por uno: cifras hiperbólicas). Se refiere
al Reino escatológico — pero también, como signo y preludio, a
la Iglesia o Comunidad de sus discípulos ya en este mundo.
Segunda reflexión: de nada servirá que la semilla sea fecunda
si le es ingrata la tierra en que ha caído.
2. — «< qué les hablas en parábolas?». Siguen unas cuantas
sentencias del Señor (y. 10-17), pronunciadas en diversas
ocasiones y enlazadas aquí por los evangelistas. Giran en torno
al problema de la Fe. Oyendo las mismas palabras de Jesús
(como antaño las de Isaías), algunos creyeron, pero la mayor
parte no. La Fe no se impone por sí misma. Pide ojos limpios,
oídos dóciles, corazón sencillo, ganas de creer. De lo contrario,
es como el que oye pero no escucha, como el que mira, pero
XV DOMINGO TIEMPO ORDINARIO 243
no ve. Ya puede el Maestro hablar en parábolas, que no les
importa pensar en lo que significan...
3. — «Lo sembrado en tierra buena significa el que escucha la
Palabra y la comprende; ése dará fruto... » Las últimas líneas
son esbozo de una plática en torno a las diversas actitudes con
que puede responder el hombre cuando oye la Palabra de Dios.
Cuatro perspectivas: a) Absoluta indiferencia. No le interesa. Ni
quiere pensar en ella. b) Superficialidad. Puro sentimiento.
Diletantismo. Sin «raíces». Ningún esfuerzo. Traicionará la Fe a
la primera dificultad. c) Voluntad de «servir a dos Señores» (Mt
6, 24). A Dios y a los ídolos de la Riqueza, del Placer.
Naturalmente, dejará de servir a Dios. d) Tierra buena. La del
que ha superado los precedentes defectos. La semilla se hará
espiga. La del que ha superado los precedentes defectos. La
semilla se hará espiga. La Palabra de Dios fructificará en Vida
cristiana profunda, permanente, sincera.
Sabrosas lecturas las de hoy para quienes tengan sentido
religioso de la naturaleza. En el Evangelio, una reflexión sobre
la eficacia de la Palabra de Dios a lavista del proceso biológico
de la siembra, maduración y siega (Parábola del Sembrador).
Tema parecido a propósito de la lluvia y la nieve en el Libro de
Isaías. El Salmo responsorial canta la gratitud al Señor que ha
bendecido la tierra con una cosecha generosa.
En la Carta a los Romanos San Pablo asocia la creación entera
a nuestra impaciencia escatológica de hijos de Dios.
La lectura semicontinua del EVANGELIO según Mateo llega al
tercer gran «Sermón»: el de las Parábolas. La parábola
evangélica habla de realidades del cielo con imágenes de la
tierra. Por consiguiente, hay que fijarse en tres cosas: 1) la
imagen terrena y 2) su proporción o analogía con 3) la realidad
espiritual religiosa.
1. La imagen es la historia en síntesis de un campo de trigo
desde otoño a verano. Cuatro momentos: a) unas semillas se
pierden al sembrarlas, por caer en tierra dura; b) otras
germinan antes de tiempo y se secan por no haber penetrado
en profundidad; c) otras arraigaron bien, pero crecen entre
cardos que las ahogan; d) las demás crecen hasta la mies y
dan fruto con fecundidad maravillosa, unas más y otras menos.
2. — Ante este cuadro tan sencillo, el Maestro invita a
reflexionar sobre lo que sucede, por analogía, en las cosas del
Reino de los Cielos. La clave de la comparación está en traducir
«semilla» por Palabra de Dios y «tierra» por corazón del
hombre. [ el lenguaje bíblico, «corazón» significa toda la
intimidad psicológica, abierta a su propia conciencia y a la
mirada de Dios.]
3. — Se siembra para cosechar. En la simbología bíblica, la
mies es la consumación escatológica. Para los que en el campo
de Dios hayan llegado a plena sazón, el cielo.
Pero la parábola expresa y explica una situación de crisis. La
paradoja de que no todos los que oyeron a Cristo creyeron. Y
de los que un día creyeron, no todos perseveraron. Esto fue
causa de extrañeza para unos; para otros de escándalo: ¿no es
omnipotente la Palabra de Dios? (Isaías: primera lectura).
La Palabra de Dios es un misterio de fecundidad. Como la
semilla: toda la técnica
244 CICLO A
no ha podido fabricar un grano de trigo que germine. Por eso la
música de los trigales en sazón sigue siendo, también para el
hombre técnico, un himno de gratitud a Dios (salmo
responsorial). Aunque no habría trigales sin sembrador, tierra,
lluvia y sol.
La Palabra de Dios es un misterio de fecundidad, pero no una
fuerza mágica. La Fe germina de la compenetración entre ella
y el <(corazón» del hombre. Toda la sabiduría y el poder
humano no producen una palabra-de-Dios que santifique. Por
eso la santidad será siempre gracia y cántico de gratitud. Pero
tampoco habría santidad o vida cristiana sin el laboreo íntimo
de cada voluntad, a fin de que sea para la Palabra de Dios lo
que la tierra buena para la semilla. La parábola indica tres
categorías de fracasados: los que no ofrecen ninguna acogida
interior a la Palabra; los que la reciben en la superficie del
sentimiento y caen a la primera prueba de voluntad; los que
pretenden compartir su único corazón entre el Evangelio y el
antievangelio.
[ larga digresión (vers. 10-17), cuya lectura puede omitirse, se
refiere a la. actitud de Jesús ante la incredulidad colectiva de
su pueblo. Tema imposible de resumir en pocas líneas.]
Profunda intuición la del Apóstol en la CARTA A LOS ROMANOS.
A la plena glorificación del hombre, también corporal, se
asociará la creación entera, partícipe ahora de nuestro dolor.
Es humano y cristiano amar religiosamente la naturaleza, como
la amó Jesús.
El Evangelio de hoy podría llevar por título: Meditación de la
tierra sembrada.
A. — Introducción (13, 1-3). «Les habló mucho en parábolas...»
Jesús habló casi siempre a gentes sencillas. Relacionaba su
pensamiento con las cosas que tenían entre manos y ante los
ojos. La naturaleza y el quehacer cotidiano. Los que lo
escucharon durante algún tiempo saboreaban luego sus ideas,
sin darse cuenta, en el fondo de todo lo que veían. En el campo
y el mar, en el pastor, en la artesa, en el rostro de un niño. En
todo: porque el Evangelio completo no deja sin «idea» ni una
sola de las «cosas» que constituían el horizonte del pueblo
sencillo palestinense en tiempo de Jesús. De esta manera nos
da a entender que la Creación es transparencia y voz divina, lo
mismo en su inmenso conjunto que en cada mínima
circunstancia actual. Felices los ojos que ven y los oídos que
oyen (v.16).
Los demás textos bíblicos de hoy están en la misma clave.
Contemplación de la lluvia y la nieve en Isaías. Mieses que
«aclaman y cantan» en el Salmo. Angustia de la Creación, que
es grito de la fecundidad en esperanza según San Pablo.
B. — Meditación de la tierra sembrada (vers. 3-9). Las
parábolas evangélicas dan la «idea» o intuición religiosa por
analogía con una «imagen», tomada del contorno real y
humano. La «imagen» a veces apenas se insinúa, a veces se
desarrolla por extenso, a veces además se explica. Los
evangelistas suponen que Jesús, cuando habló ante el pueblo,
desarrolló pero no explicó la «imagen» del campo sembrado (o
Parábola del Sembrador). Invitó a reflexionar: «que oiga (=
entienda) el que tenga oídos (= «entendederas»)...
La parábola es autobiográfica. Cristo llevaba tiempo trabajando
por el Reino de Dios, y gran parte de su labor caía en el vacío.
El problema no está en la sembradura
—---quiere decir— sino en la disponibilidad del terreno a su
germinación. Y hay
XV DOMINGO TIEMPO ORDINARIO 245
terrenos imposibles... Que cada uno entienda. Pero al Fin habrá
una Mies espléndida. Realismo mirando al tiempo, y optimismo
o confianza segura en vista a la Eternidad.
C. — «Oídio que significa la pará bola...» Al término (vers. 18-
23), el evangelista presenta a Jesús analizando la parábola a
solas con sus Discípulos. La rúbrica permite omitir la lectura de
estas líneas. Son esquema de una lección de pedagogía de la
Fe. El «terreno» y la «semilla» pasan a ser el hombre concreto
y LA PALABRA DE CRISTO. Los que no llegan a «dar fruto» es o
porque se cerraron a ella (y. 19), o porque sólo la admitieron a
nivel de sentimiento (20-21), o porque han pretendido
armonizarla con el ídolo-Riqueza (22).
• D. — «Felices vuestros ojos, porque ven... » Las difíciles
reflexiones sobre la fe y la incredulidad, recogidas en los vers.
10-17, también son de lectura discrecional. Imposible glosarlas.
Es Dios mismo quien da a los sencillos, de pura gracia, la
mirada limpia del «corazón» y el oído interior para captar los
signos de Dios. Los que con su actitud han preferido sustraerse
a esta Gracia, aun teniendo delante la luz no la ven. El
Evangelista no se refiere a todo el Pueblo de Jesús, sino a un
determinado sector de aquel tiempo. Y proclama, al otro lado,
la Bienaventuranza de los ojos limpios y los oídos atentos.
La Parábola del Sembrador resume la ezperiencia misional de
Jesús en Galilea. Es una invitación a r&flezionar sobre la
teología y la ascética de la Fe. Por la palabra, Dios comunica su
Verdad, Amor y Poder. El universo y la historia son la respuesta
dócil de los hechos y las cosas a la Palabra de Dios. Lo que más
destaca la Biblia en la Palabra de Dios es su eficacia. Nos lo
recuerda en la primera lectura un inciso de la segunda parte
del Libro de Isaías.
Fe es la respuesta positiva del hombre a la Palabra de Dios.
Respuesta infinitamente graduable, según la claridad con que
a cada uno se le manifieste.
Jesucristo es la manifestación definitiva de la Palabra de Dios.
La explica su doctrina, la realizan sus obras, la expresa su
persona. Para el hombre que se encuentra con él, Fe es aceptar
a Jesucristo.
Primicias del encuentro con Jesús, fueron los pueblos de
Galilea. Oyentes de sus enseñanzas, testigos de sus obras,
admiradores de su personalidad. Unos lo aceptaron, y entraron
por el camino de la Fe (recordar el Evangelio del domingo
pasado); otros se situaron en la indiferencia, oposición o
calumnia. De los mismos que habían empezado a creer,
algunos, ante las dificultades, se volvieron atrás.
El Maestro condensó su experiencia en una «parábola» o
comparación pedagógica popular. San Mateo la puso al
principio de una antología de ellas, én el capítulo trece. La
lectura completa de hoy tiene tres partes: en la primera, la
parábola; en la tercera, su explicación; en la segunda, unas
reflexiones sobre la fe y la incredulidad.
A. La parábola (y. 3-9). Cuadro en acción, que sintetiza el
proceso de un sembrado, de otoño a verano. A primera vista,
sensación de fracaso (icuánta semilla perdida!). En perspectiva
final, cosecha espléndida (las cifras del y. 8 son hiperbólicas,
expresión de una milagrosa fecundidad). Imprecisa, casi
enigmática, la parábola invita a reflexionar: y. 9• Sus oyentes
sabían que Jesús hablaba siempre del Reino de Dios, y
adivinarían que la parábola se refería, más allá de las
dificultades presentes, a su futura espléndida realización.
246 CICLO A
C. — Su explicación (y. 18-23). Una o más veces el Maestro
glosaría la parábola a solas con sus discípulos. Luego ellos
incluyeron en el Evangelio la explicación, enriquecida ya con la
experiencia de la Iglesia. La tierra es el hombre, considerado
en su «corazón» (e.d., en su interioridad: inteligencia, afecto,
reflexión, decisión). La semilla es la Palabra de Dios, gracia
ofrecida a la «tierra» por manos del Enviado. Divinamente
eficaz en sí, exige la cooperación y, sobre todo, la no-
frustración por parte de la «tierra». Cuando la «tierra» (el
hombre) acoge la «semilla» (la Palabra) ha empezado a
germinar la Fe, en orden a granar en «fruto» (obras-de-Fe). Tres
capítulos de frustración: a) la superficialidad (y. 4 y 19): la
Palabra es mero sonido exterior; b) el sentimentalismo (y. 5-6 y
20-21): «alegría» o sensación estética, sin reflexión ni
voluntad: c) el doble servicio (v.7 y 22) o jugar a dos barajas
(comentario en Mt 6,19-34 y 1 Jn 2,15-17).
B. — Las reflexiones intermedias (y. 10-17) no cabe explicarlas
en pocos minutos:
véase un buen libro. En sustancia: Jesús acusa a (un sector de)
sus oyentes de haber caído en la primera frustración: oyen
(fonéticamente) sin oír (en inteligencia reflexión-decisión). Por
eso no se les revelan las verdades profundas de Dios (último
motivo en Mt 11,25). Por contraste, bienaventurados los ojos
que ven (y. 16): los hombres de corazón sencillo, que tienen Fe.
DECIMOSEXTO DOMINGO.
PRIMERA LECTURA
Lectura del libro de la Sabiduría 12,13. 16-19
No hay más Dios que tú, que cuidas de todo, para demostrar
que no juzgas injustamente.
Tu poder es el principio de la justicia,
y tu soberanía universal te hace perdonar a todos. Tú
demuestras tu fuerza a los que dudan de tu poder
total y reprimes la audacia de los que no lo conocen. Tú,
poderoso soberano, juzgas con moderación
y nos gobiernas con gran indulgencia,
porque puedes hacer cuanto quieres.
Obrando así enseñaste a tu pueblo que el justo debe ser
humano, y diste a tus hijos la dulce esperanza de que, en el
pecado, das lugar al arrepentimiento.
Salmo responsorial Sal 85,5-6. 9-10. 15-16a
R. Tú, Señor, eres bueno y clemente.
Tú, Señor, eres bueno y clemente, rico en misericordia con los
que te invocan. Señor, escucha mi oración, atiende a la voz de
mi súplica.
Todos los pueblos vendrán a postrarse en tu presencia, Señor,
bendecirán tu nombre:
«Grande eres tú y haces maravillas, tú eres el único Dios.»
248 CICLO A
Pero tú, Señor, Dios clemente y misericordioso, lento a la
cólera, rico en piedad y leal, miráme, ten compasión de mí.
SEGUNDA LECTURA
Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los Romanos 8,26-
27
Hermanos: El Espíritu viene en ayuda de nuestra debilidad
porque nosotros no sabemos pedir lo que nos conviene, pero el
Espíritu mismo intercede por nosotros con gemidos inefables.
El que escudriña los corazones sabe cuál es el deseo del
Espíritu, y que su intercesión por los santos es según Dios.
ALELUYA Aleluya, aleluya.
Cf. Mt 11,25 Te doy gracias, Padre, porque has revelado los
misterios del Reino a la gente sencilla.
Aleluya.
EVANGELIO
Lectura del santo evangelio según san Mateo 13, 24-43
En aquel tiempo, Jesús propuso esta parábola a la gente:
—El Reino de los cielos se parece a un hombre que sembró
buena semilla en su campo; pero, mientras la gente dormía; un
enemigo fue y sembró cizaña en medio del trigo y se marchó.
Cuando empezaba a verdear y se formaba la espiga apareció
también la cizaña. Entonces fueron los criados a decirle al amo:
«Señor, ¿no sembraste buena semilla en tu campo?
¿De dónde sale la cizaña?» El les dijo:
«Un enemigo lo ha hecho.» Los criados le preguntaron:
«iQuieres que vayamos a arrancarla?» Pero él les respondió:
«No, que podríais arrancar también el trigo. Dejad crecer juntos
hasta la siega, y cuando llegue la siega diré a los segadores:
“Arrancad primero la cizaña y atad en gavillas para quemarla,
y el trigo almacenad en mi granero.”
[ propuso esta otra parábola:
—El Reino de los cielos se parece a un grano de mostaza que
uno siembra en su huerta; aunque es la más pequeña de las
semillas, cuando crece es más alta que las hortalizas; se hace
un arbusto más alto que las hortalizas y vienen los pájaros a
anidar en sus ramas.
Les dijo otra parábola:
—El Reino de los cielos se parece a la levadura; una mujer la
amasa con tres medidas de harina y basta para que todo
fermente.
Jesús ezpuso todo esto a la gente en parábolas y sin parábolas
no les exponía nada.
XVI DOMINGO TIEMPO ORDINARIO 249
Así se cumplió el oráculo del profeta:
«Abriré mi boca diciendo parábolas;
anunciaré lo secreto desde la fundación del mundo.»
Luego dejó a la gente y se fue a casa. Los discípulos se le
acercaron a decirle:
—Acláranos la parábola de la cizaña en el campo.
El les contestó:
—El que siembra la buena semilla es el Hijo del hombre; el
campo es el mundo; la buena semilla son los ciudadanos del
Reino; la cizaña son los partidarios del Maligno; el enemigo que
la siembra es el diablo; la cosecha es el fin del tiempo, y los
segadores los ángeles.
Lo mismo que se arranca la cizaña y se quema, así será al fin
del tiempo: el Hijo del hombre enviará a sus ángeles, y
arrancarán de su Reino a todos los corruptores y malvados y
los arrojarán al horno encendido; allí será el llanto y el rechinar
de dientes. Entonces los justos brillarán como el sol en el Reino
de su Padre. El que tenga oídos, que oiga.]
«Jesús expuso todo esto en parábolas». Con la pedagogía de
las parábolas consiguió que aquel pueblo sencillo, viendo y
viviendo las cosas de su tierra, pensase en las del cielo. Si el
Maestro nos hablase hoy, también lograría que todas las cosas
de nuestro mundo nos recuerden a Dios. Este domingo se leen
tres parábolas: una muy difícil (la de la cizaña) y otras dos
transparentes (que no tenemos espacio para glosar. Son las de
la mostaza y la levadura. Quieren decir: ¡qué grande y fecundo
es en realidad el Reino de Dios, aunque algunos lo vean ahora
insignificante y, al parecer, inútil!...).
«Señor, ¿no sembraste buena semilla en tu campo? ¿de dónde
sale la cizaña?’>. Era una vulgar manera de vengarse de
alguien sobresembrar mala semilla en su campo. Se
comprende la indignación de los mozos cuando, al cabo de
unos meses, ven granar cizaña donde se había sembrado buen
trigo. —Como casi todas las Parábolas de Jesús, también ésta
tiene mucho de autobiográfico. Llevaba tiempo anunciando el
Reino de Dios en compañía de sus Discípulos. Muchos ya se
habían separado de él por una u otra dificultad [ de la
precedente parábola, la «del Sembrador»]. Pero algunos, aun
manifestando actitudes claramente negativas, seguían dentro
de su «campo». Mala hierba. Algún día tuvo que saltar la
protesta de los que se consideraban del todo fieles: «iSeñor, y
por qué están aquí? ¿no sería mejor echarlos?... » La parábola
de la cizaña es una lección de fe serena. Todavía no. No es
vuestro quehacer condenar a los hermanos. Vendrá,
ciertamente la hora decisiva, y entonces Dios mismo purificará
de «mala hierba» su Reino.
Cuando San Mateo puso por escrito esta parábola en el
Evangelio, la Iglesia-en-el-mundo ya llevaba unos decenios de
experiencia. Y se notaba lo mismo que con los Discípulos en
torno a Jesús: cierta incómoda convivencia apenas discernible
entre el buen grano y la cizaña... San Mateo desdibuja la
imagen agrícola y hace de la parábola un esquema de
meditación alegórica sobre el Juicio Final. La reflexión no se
dirige precisamente a los públicos responsables del derecho y
la justicia (que han de cumplir su deber), sino a los hermanos
de una Fraternidad. Quienes, entre ellos, sean «mala hierba»,
sepan y piensen en su destino —la eterna condenación (vers.
40-42)—— si no se purifican ellos mismos a tiempo. Y los otros
sean justos, pero no justicieros; limpios, pero no puritanos ni
celotas. Que el celo sin amor y el estar muy seguros de su
propia limpieza podría ser ya, bajo la mirada de los ángeles,
cizaña en el propio corazón...
250 CICLO A
Prosigue en el Evangelio el «Sermón de las Parábolas)>. Un
fragmento del libro de la Sabiduría armoniza con la lección de
mesura que da la parábola del trigo y la cizaña.
Otro inciso del capítulo octavo de la Carta a los Romanos
presenta al Espíritu Santo como luz, guía y fuerza de la
esperanza cristiana hecha oración.
En el tercer gran «Sermón» de su EVANGELIO San Mateo
recoge y ordena siete parábolas del Señor. Vimos la
fundamental el domingo pasado. La lectura de hoy propone
tres. Las tres restantes se leerán el domingo próximo.
La rúbrica permite reducir la lectura de hoy a sola la parábola
de la cizaña. Por exigencia de espacio nos limitaremos a ella.
La lección de las otras dos no es difícil: a partir de la obra del
Jesús histórico, el Reino de Dios se está realizando ya én este
mundo conforme a un proceso de crecimiento, por virtualidad
propia, desde una ínfima pequeñez hasta una inmensa
grandeza. Crecimiento de extensión visible (p. del grano de
mostaza) y en eficacia interna de transformación (p. de la
levadura). Cada cristiano y la Iglesia entera están
comprometidos en la dinámica de este proceso; y es prudencia
saber armonizar por dentro el ideal de una mayor grandeza
con cada pequeña pero fecunda realidad.
La parábola de la cizaña es otra perspectiva de la misma
imagen fundamental del campo sembrado (o «parábola del
sembrador»). Responde a un dogma y a una experiencia: la
simultaneidad del bien y del mal en este mundo. Ni el
optimismo iluso de que todo es bueno, ni el pesimismo fácil de
que todo es malo.
En los últimos tiempos antes de venir Jesús, la expectación
mesiánica de su pueblo se había contaminado
progresivamente de radicalismo. En doble dirección: la
antecedente (el Reino de Dios será sólo para los que el Mesías
encuentre «justos» o santos) y la consecuente (el Mesías
eliminará inmediatamente del Reino de Dios a todos los no
justos o santos). El primer aspecto fomentó una espiritualidad
puritana, de la que eran exponente los fariseos y los esenios. El
otro aspecto derivó hacia el celotismo y otras formas de
violencia al servicio del ideal mesiánico.
Jesús, enraizado como nadie en el alma de su pueblo, supo
trascender por encima de los errores de su pueblo. Salta a la
vista, a lo largo del Evangelio, que estos errores respiraban en
la misma escuela íntima de sus discípulos. Maestro de
serenidad, practicó la parábola antes de enseñarla. Algún día
no faltarían impacientes que fueran a decirle, a su manera: «
que arranquemos la cizaña?» Entonces o cuando lo consideró
oportuno les dio la difícil lección, que, meditada y vivida por la
Iglesia apostólica, leemos hoy en el Evangelio.
La clave de esta enseñanza está en la doble fase de realización
del Reino de Dios:
su crecimiento progresivo en la historia y su definitiva
consumación en el más allá escatológico. Entonces la cizaña
será para el fuego. ¡Pero no invoquéis antes de su hora el
fuego de Dios sobre la cizaña (Lc 9,54-55)! Los que aspiran al
Reino del Padre, crezcan y maduren en paz como buen trigo,
sin envidiar ni imitar la cizaña que les rodea.
Como todas las comparaciones, también la de la cizaña es
incompleta e ilumina sólo una parte de la realidad. Porque en
la realidad humana la cizaña siempre está a tiempo de
volverse trigo. Es la perspectiva del fragmento de la
SABIDURIA: nada atrae a la conversión como la poderosa
bondad de Dios —y la humilde paciencia activa de sus hijos.
XVI DOMINGO TIEMPO ORDINARIO 251
San Pablo sabía por experiencia de fe lo que dice en la Carta a
los Romanos: que el Espíritu Santo envuelve y eleva nuestra
pobre oración en su aliento divino para hacerla digna del
Padre. Dichoso el que tenga un poco de esta experiencia de fe.
Continúa el capítulo de las Parábolas. Se puede escoger la
lectura corta que comprende sólo la de la cizaña, o la extensa,
en la que entran también las de la mostaza y la levadura.
A. — La Parábola de la cizaña es una variación de la del
domingo pasado. Podría llevar por título: el buen grano y la
mala hierba. Reflexión ante un campo sembrado de trigo, y
sobresembrado de la planta nociva que llaman cizaña. Primer
tiempo: un rencoroso, de noche, contamina el campo recién
sembrado. Segundo tiempo: han transcurrido meses, y los
servidores ven con sorpresa cómo está creciendo la mala
hierba: se ofrecen a extirparla, pero el amo no se lo permite.
Tercer tiempo, en perspectiva de futuro: al tiempo de la siega,
el amo mandará separar la cizaña del trigo.
Como en otras parábolas, también en ésta hay un reflejo
autobiográfico de Jesús. Llevaba meses o años sembrando
buena Semilla en ejemplo, palabra y acción. Pero en su
«campo», en el pequeño mundo de su Pueblo, seguía
germinando el Mal junto al Bien. Un día se dejaron oír los
impacientes de la Bondad total. Quizá habían entendido que el
Bautista anunciaba un Mesías que iba a purificarlo todo, en
seguida, a hierro y fuego (Mt 3,11-12). La impaciencia de
algunos se revestía entonces de fariseísmo: separar a los
«malos» y aislarse en casta de perfección. En otros, la
impaciencia se armaba de celotismo: extirpar a los «malos».
Por ser la Bondad auténtica, Jesús estaba por encima de todos,
en paciencia activa. «Hasta la siega», les dice. En la simbología
de entonces, la «siega» era transparencia, de cuando la
historia humana llegará a su definitiva madurez, y pasará a la
Eternidad a través del Juicio de Dios.
Cuando el evangelista puso por escrito esta parábola, pensaba
en su Iglesia, en la que seguía coexistiendo el Mal con el Bien.
No sin desdibujar algo la imagen agrícola, acentuó la alegoría
escatológica (13,30 y 13,40-43). Mateo había aprendido del
Señor y de la experiencia que conviene insistir en la
consideración del Juicio final (p.ej., 25,31-46).
Esta página no es letra de Código, sino lección de espíritu.
Lección difícil: para acertar la buena actitud cristiana ante el
Mal, hace falta también el consejo y sabiduría del Espíritu
Santo [ lectura]. Imitar la paciencia fuerte y eficaz de Dios
[ lectura]. La frontera entre el Bien y el Mal no se puede trazar
en mapas o en gráficos. Pasa por nuestra propia interioridad;
por el «corazón» de cada uno, donde siembra Cristo, pero
también el Enemigo. Quien lo reconozca, tratará con prudencia
la «cizaña» exterior. El que no quiera reconocerlo, se expone a
ya ser «cizaña» —si no como los «malvados» (y. 41), al menos
como los justicieros injustos. Recordar el Sermón de la Montaña
(7, 1-5).
B. — Con las Parábolas de la mostaza y de la levadura el
Maestro respondió a
soñadores de grandeza temporal, desilusionados ante las
condiciones de pequeñez y
escaso aprecio en que se desenvolvía (y sigue
desenvolviéndose en muchos ambientes)
la acción de su Evangelio. Pero es precisamente arte de Dios la
línea de continuidad
252 CICLO A
vital que va de la Humillación a la inmensa Grandeza
(escatológica, eterna). La Fe del cristiano, si se mantiene en
esta línea, descansa en la seguridad de que Dios no fracasa.
Prosigue el Sermón de las Parábolas. La de la buena y mala
semilla nos exhorta a comprender y no frustrar la pedagógica
paciencia del gobierno divino sobre los «malos» mientras viven
en este mundo.
Una lección análoga desarrolla el Libro de la Sabiduría desde la
mitad del capítulo 11 y por todo el 12. Es una meditación sobre
la historia. La primera lectura ofrece un breve extracto: Dios es
fuerte, y por eso comprensivo. La dilatada perspectiva con que
programa su justicia hace que la tolerancia con los pecadores
sea puerta abierta a su conversión. Los que quieren ser justos,
debieran imitarle.
San Mateo reúne en el capítulo 13 siete «parábolas» o
comparaciones populares sobre el Reino de Dios. Responden a
la crisis de fe, que el evangelista supone en gran parte de los
oyentes de Jesús hacia el término de la evangelización de
Galilea. La del Sembrador aseguraba una espléndida cosecha
de santidad en el Reino, más allá y por encima de la crisis
(cuyas causas, de paso, analiza: superficialidad, falta de
voluntad, apego a los valores mundanos). La Parábola de la
cizaña previene una tentación: la de los que, teniéndose por
buen trigo en el campo del Señor, un día descubren con
escándalo que entre ellos también hay mala hierba. Su celo les
impulsa a pasar de justos a justicieros. Podemos ver la lección
fundamental de esta parábola, formulada con expresiones más
directas, en la Carta a los Romanos 12,17-21.
En la lectura completa del Evangelio de hoy se distinguen tres
apartados: A: la parábola de la cizaña; C: su comentario; B:
otras dos parábolas y una reflexión del evangelista.
A. — La Parábola de la cizaíia (y. 24-30). Es una prolongación
de la del Sembrador. Promesa de trigo en tierra buena, sin
pedregal ni espinos. Fue antigua venganza de ambiente rural la
de sobresembrar mala hierba en el campo del odiado. Cuando
empieza a distinguirse, ya están las raíces tan entrelazadas
que no se puede arrancar sin perjuicio de toda la cosecha. El
ofrecimiento de los servidores no es más que un procedimiento
literario para dar pie a la declaración del dueño, punto focal de
la parábola: hay que tener paciencia hasta la «siega». Los que
han estudiado el vocabulario de San Mateo ven por
transparencia en la manera de describir la «siega» una
alegoría del Juicio Final.
C. — Explicación (y. 36-43). Mateo esquematiza en estas líneas
el pensamiento de Jesús, vivido ya en la experiencia de su
Iglesia. Aparte una breve alusión a la gloria de los hijos de Dios
(y. 43a: Dan 12,3), toda la atención converge en la condena
escatológica de la «cizaña», designada ya por su nombre
propio (vers. 38 b y 41). Pero antes habrá un tiempo
seguramente largo, durante el cual los justos tendrán que
soportar su convivencia. Es norma de espíritu; no artículo de
un código organizativo (cfr. Mt 18,15-17). Espíritu contrario al
de muchos contemporáneos de Jesús (fariseos, esenios,
discípulos del Bautista...), según los cuales el Mesías tenía que
suprimir inmediatamente a todos los «malos» (viéndoles cada
uno desde su perspectiva...) y crear una Comunidad temporal
de exclusivamente puros. En la Escuela de Cristo, quien sufre
por lacizaña no tiene más deseo de venganza que la de
XVI DOMINGO TIEMPO ORDINARIO 253
desear que se convierta en trigo (Rom 12,21).
B. — El grano de mostaza y la levadura (y. 31-33). Contra los
de mentalidad «apocalíptica», que esperaban la epifanía de un
Reino de Dios inmenso desde el punto de partida. Pero los
hombres de Fe saben que toda su grandeza teológica está ya
en la inicial pequeñez, desarrollada en humilde, paciente,
laboriosa continuidad.
—Sabiendo que muchos no entendían estas cosas, Jesús se las
decía en imprecisas y casi enigmáticas «parábolas» (y. 34-35).
DECIMOSÉPTIMO DOMINGO
PRIMERA LECTURA
Lectura del primer libro de los Reyes 3,5. 7-12
En aquellos días, el Señor se apareció en sueños a Salomón y
le dijo:
—Pídeme lo que quieras.
Respondió Salomón:
—Tú trataste con misericordia a mi padre, tu siervo David,
porque caminó en tu presencia con lealtad, justicia y rectitud
de corazón; y fiel a esa misericordia, le diste un hijo que se
sentase en su trono: es lo que sucede hoy. Pues bien, Señor,
Dios mío, tú has hecho que tu siervo suceda a David, mi padre,
en el trono, aunque yo soy un muchacho y no sé
desenvolverme. Tu siervo se encuentra en medio de tu pueblo,
un pueblo inmenso, incontable, innumerable. Da a tu siervo un
corazón dócil para gobernar a tu pueblo, para discernir el mal
del bien, pues ¿quién sería capaz de gobernar a este pueblo
tan numeroso?
Al Señor le agradó que Salomón hubiera pedido aquello y Dios
le dijo:
—Por haber pedido esto y no haber pedido para ti vida larga ni
riquezas ni la vida de tus enemigos, sino que pediste
discernimiento para escuchar y gobernar, te cumplo tu
petición: te doy un corazón sabio e inteligente, como no lo ha
habido antes ni lo habrá después de ti.
Salmo responsorial Sal 118,57 y ‘2. 76-77. 127-128. 129-130
R. Cuánto amo tu voluntad, Señor.
Mi porción es el Señor, he resuelto guardar tus palabras.
Más estimo yo los preceptos de tu boca, que miles de monedas
de oro y plata.
Que tu voluntad me consuele, según la promesa hecha a tu
siervo; cuando me alcance tu compasión, viviré, y mis delicias
serán tu voluntad.
XVII DOMINGO TIEMPO ORDINARIO 255
Yo amo tus mandatos, más que el oro purísimo; por eso aprecio
tus decretos, y detesto el camino de la mentira.
Tus preceptos son admirables, por eso los guarda mi alma; la
explicación de tus palabras ilumina, da inteligencia a los
ignorantes.
SEGUNDA LECTURA
Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los Romanos 8,28-
30
Hermanos: Sabemos que a los que aman a Dios todo les sirve
para el bien: a los que ha llamado conforme a su designio.
A los que había escogido, Dios los predestinó a ser imagen de
su Hijo para que él fuera el primogénito de muchos hermanos.
A los que predestinó los llamó; a los que llamó los justificó; a
los que justificó los glorificó.
ALELUYA Aleluya, aleluya.
Mt 11,25 Te doy gracias, Padre, porque has revelado los
misterios del Reino a la gente sencilla. Aleluya.
EVANGELIO
Lectura del santo evangelio según san Mateo 13,44-52 -
En aquel tiempo, dijo Jesús a la gente:
—El Reino de los cielos se parece a un tesoro escondido en el
campo: el que lo encuentra, lo vuelve a esconder, y, lleno de
alegría, va a vender todo lo que tiene y compra el campo.
El Reino de los cielos se parece también a un comerciante en
perlas finas, que al encontrar una de gran valor se va a vender
todo lo que tiene y la compra.
[ Reino de los cielos se parece también a la red que echan en
el mar y recoge toda clase de peces: cuando está llena, la
arrastran a la orilla, se sientan, y reúnen los buenos en cestos
y los malos los tiran.
Lo mismo sucederá al final del tiempo: saldrán los ángeles,
separarán a los malos de los buenos y los echarán al horno
encendido. Allí será el llanto y el rechinar de dientes.
¿Entendéis bien todo esto?
Ellos le contestaron:
—Sí.
El les dijo:
—Ya veis, un letrado que entiende del-Reino de los cielos es
como un padre de familia que va sacando del arca lo nuevo y
lo antiguo.]
256 CICLO A
Últimas tres parábolas de las siete que San Mateo recoge en el
capítulo trece de su Evangelio. Todas hablan del REINO DE
DIOS. (San Mateo, al modo hebraizante, dice «Reino de los
Cielos»). El que pedimos en el Padrenuestro: «venga tu Reino».
El Reino de Dios es Dios mismo amado, gozado, poseído. Las
primeras parábolas hablan de su valor; la tercera, del riesgo de
perderlo.
1. — «El Reino de los Cielos se parece a un tesoro escondido en
el campo... » Tres sugerencias: la alegría de aquel labrador; su
motivo; su precio. a) Lleno de alegría». La alegría es el rostro
de la felicidad. El Evangelio es alegría por definición. Si no nos
lo parece, es que todavía no lo hemos descubierto. b) El motivo
ha sido encontrar un tesoro. En todos los pueblos hay memoria
o leyenda de tesoros escondidos. La imagen de un «tesoro» es
signo de un inmenso valor. De un valor infinito, que es «el
Reino de Dios». Dios mismo. Si alguien tiene la experiencia de
haber descubierto a Dios, sabe que no hay felicidad que se le
pueda comparar. c) El precio: «va y vende todo cuanto tiene y
compra aquel campo... » Poseer a Dios vale, pero cuesta. No se
llega a él sin sacrificio. Los mártires por él dieron la vida. Los
apóstoles dejaron sus bienes, su oficio, su hogar. El que no
renuncia a algo por Dios, nunca tendrá a Dios.
2. — «El Reino de Dios se parece a un comerciante que va en
busca de perlas finas... » Lección muy parecida a la de la
parábola anterior. La del «tesoro» parece sugerir un
descubrimiento por pura sorpresa. La de la «perla» sugiere la
alegría, más sabrosa, del que halla lo que lleva tiempo
buscando con ilusión. «Buscar el Reino de Dios» es supremo
quehacer del hombre (Mt 6,33), perfecta sabiduría [ lectura].
3. — «El Reino de los Cielos se parece a la red que echan en el
mar... » La parábola de la «red barredera» forma paralelismo
con la de la cizaña (que leímos el domingo pasado). Misma
lección: en el mundo, y también en la Iglesia que está en el
mundo, conviven el mal y el bien. La perfecta separación (que
algunos desearían anticipar...) no vendrá hasta el Juicio
escatológico. Motivo de seria reflexión para los que hayan
elegido el Mal. —Termina el Sermón de las Parábolas con una
«parábola insinuada»:
la del padre de familia que tiene la sabiduría de ir armonizando
en su hacienda lo nuevo con lo antiguo. Aviso contra dos
pasiones, tan fáciles como igualmente dañosas, que ya
entonces florecían: la de todo conservar y la de todo innovar.
Tercera y última lectura del «Sermón de las Parábolas» en el
Evangelio. Las imágenes del «tesoro» o la «perla» se habían
aplicado antiguamente a la Sabiduría (p. ej., Prov 2,4 y 3,15);
en esta línea, la plegaria de Salomón según el Libro de los
Reyes puede servir de trasfondo a la enseñanza evangélica.
Todavía otro fragmento del capítulo octavo de la Carta a los
Romanos: una visión panorámica de la historia de nuestra
salvación desde la perspectiva de Dios.
Leemos las tres últimas de las siete parábolas recogidas en el
capítulo trece del EVANGELIO SEGUN MATEO. La rúbrica
permite omitir la última, que es paralela a la de la cizaña: una
red llena de peces buenos y malos (fase temporal del Reino de
Dios), que son separados al llegar a la orilla (Juicio
escatológico).
Las otras dos también son paralelas entre sí y expresan una
misma lección. Jesús
XVII DOMINGO TIEMPO ORDINARIO 257
hablaba al alma popular. Fruto de siglos de inseguridad, mucha
gente no conocía mejor medio de salvaguardar sus objetos
preciosos que el de enterrarlos. De ahí el folklore abundante en
historias de tesoros escondidos, olvidados y encontrados. Por
otra parte, Palestina era lugar de paso (y de oportunidad para
intermediarios) en el comercio internacional de perlas, que
alcanzaron a veces precios fabulosos.
En este ambiente, la imagen de ambas parábolas era muy
sencilla. En el mundo del negocio es sabiduría saber invertir.
Un comerciante en perlas advierte que una es excepcional.
Calla, «va y vende todo lo que tiene» (previo despojo táctico
para disponer de fondos suficientes) «y la compra»
(enriquecimiento superior). Lo mismo otro que descubre un
tesoro enterrado: «va y vende todo lo que tiene» (tal vez
pasando por insensato ante quienes no saben de qué va) «y
compra el campo» (operación perfecta).
Moralistas y juristas discutirán la ortodoxia del procedimiento.
En sus parábolas populares, Jesús unía a veces la analogía con
el contraste. Si los hijos de las tinieblas (decía a propósito de
otra curiosísima: Lc 16,8) son tan listos en sus manejos, ¿por
qué los hijos de la luz no tienen que ser más inteligentes en los
negocios del alma?
Y ahí apunta la lección espiritual. Esta última parte del
«Sermón de las Parábolas» (a partir del vers. 36) va dirigida en
particular a los Discípulos. En la iglesia apostólica sabían de
memoria cómo Jesús formulaba la vocación o llamamiento al
discipulado:
«Si quieres... ve y vende todo lo que tienes, y dalo a los pobres
y tendrás un tesoro en el cielo; entonces ven y sígueme» (Mt
19,21).
Al resumir estas parábolas del tesoro y la perla, San Mateo las
hizo transparencia de la vocación y biografía simbólica del
perfecto discípulo (Mt 19,27) repitiendo la frase indicativa: «va
y vende todo lo que tiene... » Es la sabiduría evangélica de
saber renunciar a todo para alcanzar el Todo. Lección difícil,
que a veces se olvida. Pero el Señor no deja de enviar a cada
generación su Francisco de Asís que la recuerde en carne viva.
Sin llegar a su medida, en realidad son innumerables los que
por la causa de Dios han sacrificado algo o mucho de su
porvenir humano, comodidad e intereses.
El LIBRO DE LOS REYES presentará al joven Salomón orando
para obtener la gracia del buen gobierno, no riquezas. Sus
palabras (no tanto su conducta) quedan como norma perennç
de los constituidos en autoridad.
El inciso de la CARTA A LOS ROMANOS traza en síntesis la
historia del amor eficaz de Dios sobre los redimidos. Su ideal:
que reproduzcan la imagen de su Hijo. Así los vio desde la
eternidad. A esto los destinó y para esto los llamó y justificó.
Esta es y será su Gloria eterna.
En el capítulo trece de su Evangelio, San Mateo recogió siete
Parábolas de Jesús. Hoy leemos las tres últimas.
A. — La parábola del labrador que descubre un tesoro y la del
comerciante que da con una perla de excepcional valor son
expresión significante de una única experiencia. A Jesús
Maestro le gustaba iluminar una misma idea con dos ejemplos
o imágenes paralelas, a fin de que se más eficazmente en el
alma de la gente sencilla. En la realidad que expresan las
parábolas del tesoro y de la perla podemos considerar dos
aspectos:
258 CICLO A
1. La Alegría de encontrar. «Hallar» algo de tanto valor que, a
partir de aquel momento, transfigura nuestra vida y le da
sentido de plenitud es la más honda de las emociones
humanas. Dichoso quien tiene la experiencia. Pudo ser por
sorpresa, como la del labrador en el campo. También pudo ser,
más sabroso, fruto de una búsqueda tenaz, como la del
comerciante en perlas. Ambas parábolas se refieren a una
emoción incomparable: la de descubrir a Dios. Cuando Jesús
las dijo, era una experiencia viva en torno a él. Su palabra y su
presencia irradiaban plenitud de Dios, y muchos sencillos lo
comprendieron (Mt 11,25-27). Para el que abre los ojos del
espíritu, Dios es, en cada instante, novedad eterna en infinita
admiración. Felicidad. La. Felicidad en acto se llama Alegría.
2. — El precio de la Alegría. Labrador y comerciante intuyen
que lo que acaban de encontrar vale más que lo que poseen.
Cada uno «va, vende todo lo que tiene y», jugando con
ventaja, compra el campo o la perla excepcional. Los que
entonces acompañaban a Jesús captaban al acto la alusión
porque sabían de memoria la consigna: «va, vende todo lo que
tienes (es decir, renuncia y dáselo a los pobres) y síguerne».
Para los que han recibido la luz del Evangelio, encontrar a Dios
es seguir a Cristo. Y seguir a Cristo exige renunciar a lo que es
incompatible con él. El precio de la Alegría es el Sacrificio. A
algunos pide la renuncia de todo. A todos pide la renuncia de
algo. La verdadera historia del Pueblo de Dios es un inmenso
tejido de vidas sencillas que, por los valores del espíritu, han
renunciado libremente a muchas ventajas materiales con
humildad, amor y silencio.
B. La parábola de la «red barredera» [ lectura discrecional
según la rúbrica] está en paralelismo con la de la cizaña, que
se leyó el domingo pasado. En orden al «Reino de los Cielos»,
el Evangelio prevé una laboriosa etapa de preparación
temporal en este mundo. Y en este mundo (también dentro de
la Iglesia) la convivencia entre el mal y el bien es una realidad
ineludible. Lección de paciencia para muchos. Aviso serio del
Juicio de Dios para todos.
C. — El. «Sermón de las Parábolas» concluye con una reflexión,
que es otra parábola-insinuada (vers. 52). La del jefe de casa
que conserva los valores antiguos y los sabe armonizar con las
nuevas adquisiciones. Así es el maestro que asimila el estilo de
Jesús. Nadie como él habló en sintonía con el antiguo
pensamiento y lenguaje de la Biblia (Mt 5,17-19). Y nadie como
él lo hizo revivir en trascendente novedad, dándole, con la
plenitud evangélica, la milagrosa capacidad de reflorecer en
cada época y cultura. Es fácil ser antiguo o ser moderno. Ser
cristiano de veras es un arte divinamente superior.
Prosigue y termina la lectura íntegra del Sermón de las
Parábolas. Destaca la del que descubre un tesoro, junto con la
del que encuentra una perla excepcional.
Joyas y tesoros sirven, en la literatura sapiencial de Israel,
como término de contraste para encarecer que la Sabiduría
vale indinitamente más (vgr. Prov 8,10-21). Como hecho de
vida que encarnase esta idea, presentaron el del joven rey a
quien tocó asumir la difícil sucesión de David, cuando pide
como suprema gracia no las riquezas, sino la Sabiduría práctica
correspondiente a su oficio; es decir, el carisma del buen
gobierno en favor del pueblo.
XVII DOMINGO TIEMPO ORDINARIO 259
En esta última parte del <(Sermón)> o antología de Parábolas,
el evangelista da por supuesto que Jesús ya no habla a la
multitud (13,2), sino a solas con «los discípulos» (13,36). Una
de las notas que, según Mateo, caracterizan a «los discípulos»
en contraste con los demás (13, 10-17) consiste en que, pese a
su cortedad y sólo por gracia de las explicaciones que les da el
Maestro, acaban entendiendo (13,51).
En el texto que leemos hoy, podemos distinguir tres partes: a)
las parábolas del tesoro y la perla; b) la de la red; c) una
reflexión final.
A. — Parábolas del tesoro y de la perla (y. 44-46). Fue estilo de
Jesús desdoblar una misma idea en dos imágenes paralelas,
que se complementan. Uno que trabaja en campo ajeno,
descubre un tesoro por sorpresa; otro viajando con afán,
encuentra lo que buscaba. Esquema de aventuras felices, que
la gente oía con afición. En tiempo de guerras e invasiones, era
frecuente esconder «tesoros», que luego permanecían
olvidados (Qumrán, a su manera, es un ejemplo). Y el lujo
helenista había hecho subir hasta lo inverosímil la cotización de
las buenas perlas.
Con sus parábolas, Jesús enseñaba a reflexionar en clave
religiosa a partir de hechos profanos. La reflexión se apoya en
la actitud de las personas que intervienen. En el caso presente,
destaca en primer plano la sabiduría práctica de quienes saben
apreciar un valor excepcional, relativizando los demás. Saben
desposeerse para poseer mejor.
Al resumir las parábolas de Jesús, San Mateo redacta de tal
manera que una palabra o frase característica señale la
intención. El lector atento no puede menos de relacionar la de
hoy: «va, vende todo lo que tiene, etc» con aquélla otra
(19,21): «Ve, vende lo que tienes y dáselo a los pobres, y
tendrás un tesoro en el cielo, y ven, síguerne>. Las dos
parábolas son transparencia del descubrimiento de Cristo, que
invita a la renuncia de todo a fin de seguirle.
Detalle hermoso: «con alegría» (13,44). Por el contrario, aquel
joven que no supo renunciar se fue triste (19,22)...
B. — Parábola de la red (y. 47-50). Forma díptico paralelo con la
de la cizaña (24-30), ya explicada a «los discípulos» (36-43).
Para éstos, lección de realismo sobre la coexistencia del bien y
el mal durante el «tiempo de la Iglesia». Para todos, un aviso
sobre la seriedad del Juicio escatológico.
C. — Reflexión final (y. 5 1-52). El buen discípulo, el que
aprende en la escuela íntima de Jesús, entiende. Su renovado
descubrimiento de la verdad se va armonizando con la verdad
que ya poseía. Como el responsable de una casa, que armoniza
lo heredado con lo adquirido. Mateo se retrata a sí mismo en
este pensamiento, colofón de la primera parte de su libro. Hijo
sincero de Israel y discípulo de Cristo, busca y acierta la línea
de continuidad entre la Ley y el Evangelio (5,l7ss), la raíz y el
fruto. Ejemplo de una actitud, que es la menos fácil; pero, a
largo plazo, la única fecunda.
DECIMOCTAVO DOMINGO
PRIMERA LECTURA
Lectura del libro del profeta Isazas 55,1-3
Esto dice el Señor:
Oíd, sedientos todos, acudid por agua
también los que no tenéis dinero:
Venid, comprad trigo; comed sin pagar
vino y leche de balde.
¿Por qué gastáis dinero en lo que no alimenta? ¿Y el salario en
lo que no da hartura?
Escuchadme atentos y comeréis bien,
saborearéis platos sustanciosos.
Inclinad el oído, venid a mí:
escuchadme y viviréis.
Sellaré con vosotros alianza perpetua,
la promesa que aseguré a David.
Salmo responsorial Sal 144,8-9. 15-16. 17-18
R. Abres tú la mano, Señor, y nos sacias de favores.
El Señor es clemente y misericordioso, lento a la cólera y rico
en piedad; el Señor es bueno con todos, es cariñoso con todas
sus criaturas.
Los oos de todos te están aguardando,
tú les das la comida a su tiempo;
XVIII DOMINGO TIEMPO ORDINARIO 261
abres tú la mano,
y sacias de favores a todo viviente.
El Señor es justo en todos sus caminos, es bondadoso en todas
sus acciones; cerca está el Señor de los que lo invocan, de los
que lo invocan sinceramente.
SEGUNDA LECTURA
Lectura de la Carta del apóstol san Pablo a los Romanos 8,35.
37-39
Hermanos: ¿Quién podrá apartarnos del amor de Cristo?: ¿la
aflicción?, ¿la angustia?, ¿la persecución?, ¿el hambre?, ¿la
desnudez?, ¿el peligro?, ¿la espada?
Pero en todo esto vencemos fácilmente por Aquel que nos ha
amado. Pues estoy convencido de que ni muerte, ni vida, ni
ángeles, ni principados, ni presente, ni futuro, ni potencias, ni
altura, ni profundidad, ni criatura alguna podrá apartarnos del
amor de Dios manifestado en Cristo Jesús, Señor nuestro.
ALELUYA Aleluya, aleluya.
Mt 4,4b No sólo de pan vive el hombre, sino de toda palabra
que sale de la boca de Dios. Aleluya.
EVANGELIO
Lectura del santo evangelio según san Mateo 14,13-21
En aquel tiempo, al enterarse Jesús de la muerte de Juan el
Bautista, se marchó de allí en barca, a un sitio tranquilo y
apartado. Al saberlo la gente, lo siguió por tierra desde los
pueblos.
Al desembarcar, vio Jesús el gentío, le dio lástima y curó a los
enfermos. Como se hizo tarde, se acercaron los discípulos a
decirle:
—Estamos en despoblado y es muy tarde, despide a la multitud
para que vayan a las aldeas y se compren de comer.
Jesús les replicó:
—No hace falta que vayan, dadles vosotros de comer. Ellos le
replicaron:
—Si aquí no tenemos más que cinco panes y dos peces. Les
dijo:
—Traédmelos.
Mandó a la gente que se recostara en la hierba y tomando los
cinco panes y los dos peces alzó la mirada al cielo, pronunció la
bendición, partió los panes y se los dio a los discípulos; los
discípulos se los dieron a la gente. Comieron todos hasta
quedar satisfechos y recogieron doce cestos llenos de sobras.
Comieron unos cinco mil hombres, sin contar mujeres y niños.
Aquella tarde de la Multiplicación de los Panes quedó para
siempre en la memoria de los Apóstoles. Todo lo que hacía
Jesús era a la vez realidad y signo. Historia y
262 CICLO A
Catequesis. Años más tarde los evangelistas pusieron por
escrito el recuerdo de aquella tarde. Su relato es transparencia
doctrinal. Meditación sobre el Pueblo de Dios.
1. — «Se retiró de allí, en barca, hacia un lugar desierto». Por
varios motivos, Jesús necesitaba unas horas de soledad con
sus discípulos. Pero la gente de las poblaciones junto a la
ribera del lago se dieron cuenta, corrieron hacia donde
adivinaban que se dirigía la barca, llegaron antes y
transformaron el «desierto» en multitud. No obstante sus
incomprensiones, el pueblo sencillo y neutral sentía una
instintiva atracción hacia el Señor. Lo siente en cualquier
tiempo y lugar apenas conoce a Jesús, mientras no vienen
otros a estorbárselo. Aquel pueblo amaba a Jesús, no porque
entendiese su doctrina, sino porque intuía con evidencia que
Jesús lo amaba. Curó a sus enfermos. Hablaba con ellos.
Pasaban las horas en incansable compañía. —Los discípulos,
frustrados en el proyectado día de reposo, sí que se cansaban.
Y, con el pretexto de que la multitud se iba a quedar aquel dfa
sin comer, rogaron al Maestro que los despidiese.
2. — «Dadles vosotros de comer». Acababan de decirle:
«Estamos en un lugar desierto». La redacción griega de esta
página está cuajada de alusiones bíblicas. Decir «desierto»
significaba pensar en el Exodo. Un Pueblo inmenso en ruta
hacia la Patria de Dios —y suya— que necesitaba Pan. Jesús,
definitivo Moisés, no va a repetir el signo del maná.
Responsabiliza a los que ha constituido colaboradores suyos en
la misión de conducir al Pueblo, y les dice: «Dadles vosotros de
comer». Consigna que, una vez puesta por escrito en el
Evangelio, va dirigida a todos los responsables del Pueblo de
Dios.
3. — «Comieron todos y se saciaron». Resonancia de varios
textos de la Biblia, especialmente del Salterio. También del
Magnificat: «a los hambrientos los llenó de bienes». Y de la
cuarta Bienaventuranza según Mateo (5,6). El evangelista
describe una inmensa Cena de Fraternidad (como el «ágape»
en la Iglesia primitiva); un banquete sin desigualdades entre
los Pobres de Yahvé, en torno al Mesías, bajo el cielo de todos.
«Cinco mil» es cifra de multitud eclesial (Hch 4,4). Los gestos
de Jesús prenuncian intencionadamente la Eucaristía. La
Eucaristía, Pan de Cristo que se reparte a todos, significa y
exige una sincera Fraternidad humana, donde no haya
hambrientos junto a saciados.
El Evangelio recuerda aquella tarde de la multiplicación de los
panes, retablo vivo de la Iglesia en peregrinación hacia el Reino
de Dios.
Como lejana música de fondo, escuchamos en la primera
lectura las palabras del Señor que invita a sus fieles
hambrientos y sedientos [ exiliados en Babilonia]. En la nueva
Alianza obtendrán de balde, al solo precio de la fidelidad, la
plena satisfacción de su sed y su hambre.
En la historia de Jesús, la multiplicación de los panes vino a
resultar el acto conclusivo de su misión popular en Galilea.
Gesto de comprensión, testimonio de afecto, signo y preludio
de la nueva Comunidad mesiánica. Cuando los Apóstoles
daban a conocer a los nuevos creyentes los recuerdos de Jesús,
insistían en el de aquella tarde. Reflejan esta insistencia los
Evangelios escritos, con sus seis relatos, y
XVIII DOMINGO TIEMPO O 1INARIO 263
también el arte paleocristiano. Cada uno de los evangelistas
matizó la narración común con algunos rasgos peculiares; hoy
escuchamos los de San Mateo. Todos los perfiles de la
redacción (los comunes y los peculiares) reflejan algún
pensamiento o vivencia, porque el Evangelio era para ellos
tezto fundamental de Doctrina.
Quien esté habituado a contemplar el Evangelio «como si
presente se hallase», tendrá gozo y provecho en repasar
aquella jornada con la imaginación. Al amanecer, Jesús con los
discípulos pasa en barca de una ribera a otra del lago de
Genesaret (seguramente de la orilla noroeste a la nordeste).
Buscan una pausa de paz. La gente de los pueblos lo advierte,
y se les adelantan recorriendo a pie el breve arco de orilla
entre ambos puntos. Encuentro y convivencia. Gestos de
comprensión y misericor dia. Cena de inmensa fraternidad al
caer de la tarde.
1. Perspectiva —pueblo. Nota dominante: la atracción casi
instintiva con que «sigue» a Jesús (y. 13). A partir del capítulo
once, Mateo lo supone poco sensible a su Doctrina, pero
mucho al amor de compasión con que atiende a su necesidad
de salud (14) y de pan. El tezto original insiste en que han ido
a un «lugar desierto» (y. 13) y se encuentran en un «lugar
desierto» (13); es obvia la alusión al Ezodo: son imagen de
Israel, que fue al Desierto siguiendo a Moisés, y allí, en su
hambre, comió y se sació (20) de un Pan milagroso. La
ezpresión «hacer recostar sobre la hierba» (además de
constatar que era primavera, cerca de Pascua) es alusión al
Salmo del Buen Pastor (23,2 hebr.).
2. — Perspectiva —Jesús. Centro de gravedad para el pueblo.
Amor compasivo (v.14), fuente de Salud. Nuevo «Moisés»,
único guía, realiza en signo y promesa lo que Israel esperaba:
el inmenso «Banquete» del Pueblo de Dios, inaugurando ya en
la tierra su Reino. Al describirlo (v.19), los evangelistas reflejan
intencionadamente el rito de la Cena eucarística.
3. — Perspectiva —discípulos. Muy acentuada en San Mateo. Se
encomienda a su responsabilidad (16), aun sin medios (17),
que el pueblo no pase hambre. Mediadores de la gracia del Pan
entre Cristo y el pueblo (19b). Solícitos por la continuidad de
esta gracia (20b).
En síntesis, el evangelista evoca aquella asamblea de
entusiastas en el «desierto» como una meditación de Iglesia.
Pueblo de los humildes seguidores de Jesús, que ahora reciben
su Pan de mano de los Discípulos. Pueblo inmenso (y. 21: cifra
«significativa»; comparar con Act 4,4), del que no se ezcluyen
(como en las soñadas multitudes belicosas de ciertos
mesianismos) las mujeres y los niños... San Juan, en el capítulo
6, profundizará esta meditación eclesial bajo la luz del Misterio
eucarístico.
DECIMONOVENO DOMINGO
PRIMERA LECTURA
Lectura del primer libro de los Reyes 19,9a. 11-13a
En aquellos días, al llegar Elías al monte de Dios, al Horeb, se
refugió en uiia gruta. El Señor le dijo:
—Sal y aguarda al Señor en el monte, que el Señor va a pasar.
Pasó antes del Señor un viento huracanado, que agrietaba los
montes y rompía los peñascos:
en el viento no estaba el Señor. Vino después un terremoto, y
en el terremoto no estaba el Señor. Después vino un fuego, y
en el fuego no estaba el Señor. Después se escuchó un susurro.
Elías, al oírlo, se cubrió el rostro con el manto y salió a la
entrada de la gruta.
Salmo responsorial Sal 84,9ab-1O. 11-12. 13-14
R. Muéstranos, Señor, tu misericordia y danos tu salvación.
Voy a escuchar lo que dice el Señor.
Dios anuncia la paz.
La salvación está ya cerca de sus fieles
y la gloria habitará en nuestra tierra.
La misericordia y la fidelidad se encuentran, la justicia y la paz
se besan;
la fidelidad brota de la tierra
y la justicia mira desde el cielo.
XIX DOMINGO TIEMPO ORDINARIO 265
El Señor nos dará la lluvia y nuestra tierra dará su fruto. La
justicia marchará ante él, la salvación seguirá sus pasos.
SEGUNDA LECTURA
Lectura de la Carta del apóstol san Pablo a los Romanos 9,1-5
Hermanos: Como cristiano que soy, voy a ser sincero; mi
conciencia, iluminada por el Espíritu Santo, me asegura que no
miento. Siento una gran pena y un dolor incesante, pues por el
bien de mis hermanos, los de mi raza y sangre, quisiera incluso
ser un proscrito lejos de Cristo.
Ellos descienden de Israel, fueron adoptados como hijos, tienen
la presencia de Dios, la alianza, la ley, el culto y las promesas.
Suyos son los patriarcas, de quienes, según lo humano, nació
el Mesías, el que está por encima de todo: Dios bendito por los
siglos. Amén.
ALELUYA Aleluya, aleluya.
Sal 129,5 Mi alma espera en el Señor,
espera en su palabra. Aleluya.
EVANGELIO
Lectura del santo evangelio según san Mateo ¡4,22-33
Después que se sació la gente, Jesús apremió a sus discípulos
a que subieran a la barca y se le adelantaran a la otra orilla
mientras él despedía a la gente.
Y después de despedir a la gente subió al monte a solas para
orar. Llegada la noche estaba allí solo.
Mientras tanto la barca iba ya muy lejos de tierra, sacudida por
las olas, porque el viento era contrario. De madrugada se les
acercó Jesús andando sobre el agua. Los discípulos, viéndole
andar sobre el agua, se asustaron y gritaron de miedo,
pensando que era un fantasma.
Jesús les dijo en seguida:
— soy yo, no tengáis miedo! Pedro le contestó:
—Señor, si eres tú, mándame ir hacia ti andando sobre el agua.
El le dijo:
—Ven.
Pedro bajó de la barca y echó a andar sobre el agua
acercándose a Jesús; pero, al sentir la fuerza del viento, le
entró miedo, empezó a hundirse y gritó:
—Señor, sálvame.
En seguida Jesús extendió la mano, lo agarró y le dijo:
—iQué poca fe! ¿Por qué has dudado? En cuanto subieron a la
barca amainó el viento. Los de la barca se postraron ante él
diciendo:
—Realmente eres Hijo de Dios.
266 CICLO A
Este relato evangélico continúa el de la Multiplicación de los
Panes. Al anochecer, Jesús despide al Pueblo. Ordena a los
Discípulos que emprendan el viaje de regreso en barca, sin él.
Se retira a un altozano para hacer oración. De madrugada
viene al encuentro de los Discípulos, que bregan contra el
vendaval y el oleaje. Ha querido poner a prueba su Fe. Esta
página vale por un tratado sobre la que los maestros de
espiritualidad llaman «Noche oscura».
1.— «Subió al monte, a solas, para orar. Ya de noche, estaba
allí, solo». Solo: es decir, con el Padre (Jn 16,32). Cierto que la
multitud aquella tarde se ha entusiasmado con él; pero no le
comprende. Tampoco los Discípulos. Si la Multiplicación de los
Panes preludia en cierto modo la Cena eucarística, la oración
del monte hace pensar en Getsemaní.
2. — «La barca iba ya muy lejos de tierra, azotada por las
olas». Desde aquel monte o pequeña elevación sobre el lago,
Cristo podía ver la angustia de sus Discípulos. Evocando
aquella noche cercana a la Pascua, el evangelista sugiere una
dramática meditación sobre la Iglesia. La barca azotada
(«atormentada», dice a la letra el texto griego) por las olas es
transparencia de la Iglesia perseguida. Pasión de Jesús en su
Cuerpo místico. Y el Señor parece estar, no ya dormido (como
en el primer relato de la tempestad: Mt 8,24), sino ausente...
3. — « Soy Yo: no tengáis miedo». Momento central. Ya alborea.
Cristo camina ingrávido sobre el «mar». Actualización
cristológica de un conocido tema de la Biblia de Israel: el de
Yahvé que se manifiesta Señor de los elementos, y salva en el
mar a los que estaban a punto de ser devorados por el abismo.
Motivo de adoración e infinita confianza. Al oído educado en la
Biblia, la declaración «SOY YO» de Jesús suena como un eco del
Nombre divino: Yahvé. Los de la «barca» lo adoran y confiesan
Hijo de Dios. Presencia de Cristo glorioso en la Iglesia azotada
por la persecución. « no tengáis miedo», dice entonces como
hoy a los creyentes de poca Fe. San Mateo personifica la «poca
Fe» de los que creen en la oscilante actitud de Pedro: ardiente
como en el Cenáculo, temeroso como en el patio de Caifás. La
fortaleza invencible de «Pedro» como Roca de la Iglesia (Mt
16,18) se la da únicamente la mano de Cristo (14,31). Y en
cuanto Cristo junto con Pedro de su mano suben a la «barca»,
cesa el vendaval (14,32)...
El Evangelio de hoy es una segunda parte del de la
multiplicación de los panes (que correspondía al domingo
precedente, pero no se leyó por caer la Transfiguración en la
misma fecha). Tema de fondo: «la prueba de Fe de la
comunidad apostólica». Se puede considerar como remota
analogía la historia que evoca la lectura del Libro de los Reyes.
El fragmento de la Carta a los Romanos es una introducción a
tres capítulos (9-11) de intrincadas reflexiones en torno a un
problema que angustiaba a los apóstoles:
¿por qué el pueblo de Israel no acepta el Evangelio de Jesús?
En la lectura del EVANGELIO (que se prestaría a una
impresionante contemplación imaginativa) distingamos cuatro
momentos:
A. — La tempestad. La tarde anterior Jesús organizó una
comida de milagrosa abundancia en un lugar junto al lago, que
evocaba el desierto (tema del Exodo). Para
XIX DOMINGO TIEMPO ORDINARIO 267
la multitud de galileos peregrinos a la Pascua era un signo de
que había llegado la hora del Mesías. Estuvieron al borde de
promover uno de aquellos desorientados movimientos
«mesiánicos» característicos de Palestina en el siglo primero.
Jesús obró con energía: se despidió del pueblo; exigió a los
discípulos que se marchasen inmediatamente, solos y de
noche, en su barca. El se apartó, lejos, a hacer oración.
B. — La aparición de Jesús. Tanto no contaban con él, que lo
tomaron por un fantasma. [ deja de ser lástima que a veces se
confundan realidades divinas con fantasmas, y viceversa]. Se
convencieron cuando oyeron su inconfundible Palabra:
«Soy Yo» (asonancia bíblica del Nombre de Yahvé); «no
temáis...» Comparar con la incertidumbre de los discípulos y el
estilo de Jesús en las Apariciones pascuales (p. ej., Lc 24,36-
39).
C. — Los contrastes de Pedro. A lo largo de estos capítulos
centrales de su Evangelio, San Mateo presenta la Comunidad
de los discípulos como Iglesia en estado de formación. Y
destaca en ella constantemente la figura de Simón Pedro.
Además le dedica tres incisos peculiares; el de hoy es el
primero. Rasgo predominante: una adhesión ardiente al
Maestro, que no le permite estar separado de él ni un
momento más (comparar con Jn 21,7). Tan presto para meterse
por amor a Cristo en medio de la tempestad como miedoso
una vez en ella. Del primer momento al segundo va la misma
distancia que del Cenáculo al patio de Caifás.
Pero hay un tercer momento: el de la mano de Jesús. Gracias a
ella no se hunde Pedro, que se hundiría por sí solo. San Mateo
suele preparar unas páginas antes las lecciones fundamentales
de su Evangelio. Cuando poco más adelante se proclame más
fuerte que el Abismo la Iglesia edificada sobre Pedro, ya se
entiende que es porque la debilidad de Pedro se apoya en la
fuerza del Señor.
D. — La Fe purificada. «Cuando subieron a la barca, cesó el
viento». («Cuando subieron», en plural: Jesús con Pedro. El
evangelista Mateo suele ser intencionado en los pequeños
detalles de u redacción). La barca era símbolo de la Comunida4
de los discípulos. Estos («los de la barca») reciben al Señor con
un gesto litúrgico, y con la profesión de Fe puramente religiosa
propia de la Iglesia apostólica: « Verdaderamen te, eres el Hijo
de Dios».
La singular manifestación de Dios en el Sinaí (= Horeb)
después de la tempestad (lectura del LIBRO DE LOS REYES)
pone término a una larga noche del espíritu soportada por Elías
(ver todo el capítulo). Es una ley fundamental de los caminos
del Señor: que se prueba en las tinieblas la fidelidad al amor de
la luz.
Conmovedor el testimonio de afecto a su Pueblo que da el
Apóstol en la CARTA A LOS ROMANOS, y la enumeración de sus
títulos de gloria. Por encima de todos, el que Cristo sea de su
linaje; Cristo, Señor del universo y Dios... De ahí el dolor
inexplicable por su resistencia a la Fe.
Los que tienen experiencia de Dios saben lo que es «la noche
de la Fe». Saboreando un recuerdo de la vida de Cristo, San
Mateo nos ofrece una impresionante meditación sobre el tema.
1. —Jesús obligó a los discípulos a que subieran a la barca...
Por ser arquetipo de
268 CICLO A
obediencia, el Maestro lo fue también de autoridad. En los
momentos críticos sabía mandar, y era impensable no cumplir
su orden. Aquella tarde había multiplicado los cinco panes para
saciar a los cinco mil hombres. Era un evidente signo
«mesiánico», y les pareció la hora de proclamarlo Rey Un
6,15a). En la concreta situación política era un gesto suicida de
rebelión. Toda la actividad pública de Jesús fue un difícil
ejercicio práctico de amor al pueblo para ni herir sus
sentimientos ni condescender con sus errores. Se despidió de
ellos, y huyó a la soledad Un 6,15b). A sus discípulos les
costaría tanto separarse del pueblo, con cuyo ideal coincidían,
como de Jesús, cuya presencia les infundía seguridad. Por
obediencia, se embarcaron solos.
2. — Subió a la montaña para orar en soledad. Incomprendido
de todos, menos del Padre (cf. Jn 16,32). Los que saben algo de
esta experiencia de Jesús se acogen como él a la infinita
solución de todos los problemas: rezar.
3. — La barca, ya lejos de tierra, era combatida por las olas. El
evangelista dice exactamente «era atormentada». Los que han
estudiado a fondo la crítica literaria de esta página de San
Mateo y de su correspondiente del capítulo 8 (vers. 23-27) han
visto claro que en la «barca» alegoriza la Comunidad de los
Discípulos. La Iglesia. «El viento les era contrario».
Persecución. Desánimo de los barqueros. Olvido de que Cristo
está con ellos, orando desde «la Montaña».
4. — Se acercó a ellos... y se conturbaron diciendo: «/es un
fantasma!». Tema hermoso, frecuente en la Biblia: a la
«noche» de la Ausencia de Dios sigue infaliblemente el «día»
de su Presencia. Por eso, los firmes en la Fe siguen creyendo
«aunque es de noche» (recuérdese aquella poesía, quizá la
más profunda, de San Juan de la Cruz). Lástima que, a la hora
de la Luz, algunos confundan la Realidad con un «fantasma»
(cf. Lc 24,37), después de haber tomado tantos fantasmas por
realidades.
5. — Al sentir (Pedro) la fuerza del viento, le entró miedo y
gritó: «jSeñor, sálvame!». En todo el Nuevo Testamento, Pedro
es paradigma de la debilidad que se hace partícipe de la fuerza
del Señor por saber asirse a su mano. Los que antaño se
complacían en amplificar los fallos humanos de «Pedro» no
hacían más que iluminar su verdadera gloria: la de ser pura
transparencia de la Acción de Cristo.
6. — Y en cuanto subieron a la barca, cesó el viento. El plural
«subieron» se refiere a Jesús junto con Pedro. Los pormenores
redaccionales de San Mateo nunca dejan de tener intención.
7. — Y los que estaban en la barca se postraron diciendo: «j
Verdaderamente, eres Hijo de Dios!». Al recordar, casi medio
siglo más tarde, aquella noche y aquel amanecer, Mateo ve en
la «barca» una imagen de la Iglesia. La religiosidad popular de
Israel estaba segura de que Yahvé, y sólo él, puede dominar el
viento y el mar (cf. Mt 8,27). Jesús, enseña Mateo, es «Dios—
con-nosotros» (Mt 1,24), y está en medio de la Iglesia (Mt
18,20 y 28,20) . qué temer el viento contrario, o el desánimo
de los remeros, o la noche qu -es preludio del día —si tenemos
de verás «mucha Fe»?
El Evangelio continúa la’ «meditación de Iglesia», iniciada el
domingo pasado con la multiplicación de los panes.
El centro de esta meditación está en la seguridad de la
Presencia de Jesús, incluso cuando los hombres de poca fe lo
dan por ausente. Preparando esta idea, la primera lecturá
evoca uno de los ejemplos clásicos de «experiencia de Dios»
en la historia
XIX DOMINGO TIEMPO ORDINARIO 269
sagrada. Elías peregrina al Sinaí a beber en su fuente el
espíritu de la renovación de Israel. Dios se le manifiesta allí
como a Moisés, pero ya no en la simbología de lo
extraordinario (incendio, huracán, terremoto), sino en el signo
de una nueva intimidad normal.
En la narración evangélica distinguiremos cinco momentos:
1. — Epílogo de la multiplicación de los panes (v.22).
Anochecía. Jesús exige a sus discípulos que se separen de él.
También aleja de sí al pueblo. Se entrevé una situación tensa,
de la que Juan indica la razón (Jn 6,15): aquellos hombres
querían proclamarlo rey. Oportunidad tentadora, por cuanto
muchos estarían a punto de peregrinar a Jerusalén por la
Pascua. En Palestina, y sobre todo en Galilea, se daban con
cierta frecuencia movimientos de mesianismo inmediato
político. Algunos terminaron en tragedia. Jesús actuaba en otro
plano, aun cuando comprendía los anhelos del pueblo y evit.ba
en lo posible perder su confianza. Sus mismos discípulos
respiraban el ambiente común. Aquella tarde tuvo que
mostrarse enérgico para impedir un gesto inútil, que hubiera
desfigurado su Misión.
2. —Jesús en oración (y. 23). Admirado, pero incomprendido de
los hombres, su diálogo abierto era con el Padre. El evangelista
subraya que estaba solo (pero cf. Jn 16,32b). Más que
indicación topográfica, «montaña» en San Mateo es expresión
significativa evocando el Sinaí: encuentro de cielo y tierra,
atmósfera de revelación, principio de importantes decisiones.
3. — Paz en la tempestad (y. 24-27). Los que conocen el estilo
alusivo de Mateo ven por la transparencia en estas líneas
(según el texto griego) una imagen de la Iglesia en
persecución: la barca es «atormentada» por las olas... A la
última vela de la noche, viene Jesús caminando sobre el mar...
El mar personificaba al enemigo trascendente, que sólo Dios
puede domeñar. La noche evoca el poder de las tinieblas.
Cuando se escribió el Evangelio, «la barca» ya era alegoría de
la Iglesia. En el «Yo soy» de Jesús advertían un reflejo del
Nombre divino «Yahvé». Como en las apariciones pascuales, el
miedo y la poca fe tomaron la realidad por fantasma (Lc
24,37). Jesús quiere de los suyos una Fe que venza el temor en
la Confianza Qn 16,33), porque, aun cuaüdo se sienten solos, El
está con ellos (Mt 28,20).
4. — Pedro al encuentro de Jesús (y. 28-31). Sólo Mateo añade
este episodio, remachando la lección de la perfecta Fe. El
inicial arrojo de Pedro y su inmediato temor recuerdan el
camino del Cenáculo al patio de Caifás. Su generosa Fe en
tentación se purifica por el sentido de la Gracia: por la
humildad de saber y experimentar que la Salvación está
únicamente en asirse de la mano del Señor.
5. — Profesión de Fe (y. 32-33). Evocando hechos reales, Mateo
ha redactado esta página como una meditación de Iglesia. El
final tiene aire litúrgico. Cuando Jesús y Pedro de su mano
suben a la barca, vuelve la paz. Era axioma en la cosmología
de Israel que sólo Dios tiene dominio sobre el viento y el mar
(cf. 8,27). Por eso, «los de la barca» (los fieles de la Iglesia) se
postran en ado y aclaman a Cristo con la expresión-síntesis de
su Fe: «Verdaderamente, eres el Hijo de Dios».
VIGÉSIMO DOMINGO
PRIMERA LECTURA
Lectura del libro del profeta Isaías 56,1. 6-7
Así dice el Señor:
Guardad el derecho, practicad la justicia, que mi salvación está
para llegar
y se va a revelar mi victoria.
A los extranjeros que se han dado al Señor, para servirlo,
para amar el nombre del Señor
y ser sus servidores,
que guardan el sábado sin profanarlo
y perseveran en mi alianza:
los traeré a mi Monte Santo,
los alegraré en mi casa de oración;
aceptaré sobre mi altar
sus holocaustos y sacrificios,
porque mi casa es casa de oración
y así la llamarán todos los pueblos.
Salmo responsorial Sal 66,2-3. 5. 6 y 8
R. Oh Dios, que te alaben los pueblos, que todos los pueblos te
alaben.
El Señor tenga piedad y nos bendiga, ilumine su rostro sobre
nosotros:
conozca la tierra tus caminos, todos los pueblos tu salvación.
XX DOMINGO TIEMPO ORDINARIO 271
Que canten de alegría las naciones, porque riges la tierra con
justicia, riges los pueblos con rectitud y gobiernas las naciones
de la tierra.
Oh Dios, que te alaben los pueblos, que todos los pueblos te
alaben. Que Dios nos bendiga; que le teman hasta los confines
del orbe.
SEGUNDA LECTURA
Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los Romanos ¡1,13-
15. 29-32
Hermanos: A vosotros, gentiles, os digo:
Mientras sea vuestro apóstol, haré honor a mi ministerio, por
ver si despierto emulación en los de mi raza y salvo a alguno
de ellos.
Si su reprobación es reconciliación del mundo, ¿qué será su
reintegración sino un volver de la muerte a la vida?
Los dones y la llamada de Dios son irrevocables.
Vosotros, en otro tiempo, desobedecisteis a Dios; pero ahora, al
desobedecer ellos, habéis obtenido misericordia.
Así también ellos que ahora no obedecen, con ocasión de la
misericordia obtenida por vosotros, alcanzarán misericordia.
Pues Dios nos encerró a todos en desobediencia, para tener
misericordia de todos.
ALELUYA Aleluya, aleluya.
Mt 4,23 Jesús predicaba el Evangelio del Reino, curando las
enfermedades del pueblo. Aleluya.
EVANGELIO
Lectura del santo evangelio según san Mateo 15,21-28
En aquel tiempo, Jesús salió y se retiró al país de Tiro y Sidón.
Entonces una mujer cananea, saliendo de uno de aquellos
lugares, se puso a gritarle:
—Ten compasión de mí, Señor, Hijo de David. Mi hija tiene un
demonio muy malo. El no le respondió nada. Entonces los
discípulos se le acercaron a decirle:
—Atiéndela, que viene detrás gritando. El les contestó:
—Sólo me han enviado a las ovejas descarriadas de Israel. Ella
los alcanzó y se postró ante él, y le pidió de rodillas:
—Señor, socórreme.
El le contestó:
—No está bien echar a los perros el pan de los hijos. Pero ella
repuso:
272 CICLO A
—Tienes razón, Señor; pero también los perros se comen las
migajas que caen de la mesa de los amos.
Jesús le respondió:
—Mujer, qué grande es tu fe: que se cumpla lo que deseas.
En aquel momento quedó curada su hija.
En su tierra se iba formando a propósito de Jesús un ambiente
cada vez más crítico. Consideró oportuno retirarse algún
tiempo al ezterior de la frontera de Israel. Fue con sus
discípulos a Fenicia, a la comarca de «Tiro y Sidón». Cierto día
le salió al encuentro una mujer, suplicándole que curase a su
hija enferma. San Mateo la llama «cananea» para subrayar su
condición de extranjera y pagana. Jesús tenía conciencia de
que durante la vida mortal debía limitar su misión a ser el
Mesías de Israel. Dio a entender que no podía aceptar la
súplica. Pero ante las lágrimas de una madre pudo más el
corazón que las normas. Pues tenía Fe, realizó en su favor —
aun siendo »cananea»— uno de los signos mesiánicós de la
Salud, reservados de momento a los hijos de Israel.
Después de la Resurrección, Cristo ordenó a sus Apóstoles que
llevasen el Evangelio a todas las naciones. Ellos comprendieron
entonces que ya el mismo Jesús había realizado durante su
vida mortal signos de universalismo. Uno de los más hermosos,
el de la cánanea. Cuando años más tarde San Mateo lo puso
por escrito, procuró redactarlo de manera que sirviese de aviso
a dos sectores igualmente incómodos que se enfrentaban en
su Iglesia. Los que, añorando el nacionalismo religioso de
Israel, veían con malos ojos a los cristianos venidos del
paganismo. Y algunos de estos recién llegados, que no
reconocían el honor debido a los hijos de Israel.
1. — «Ten compasión de mí, Señor, Hijo de David». San Mateo
personifica en aquella mujer la Iglesia de los Gentiles, que
reconoce a Jesús como Mesías («Hijo de David») y Señor o
«Kyrios». Fuente de la Misericordia o Amor-compasivo, que es
el sello característico de la Redención. Jesús contesta con el
silencio: su Misión personal se limita a Israel.
2. — «Ella vino apostrarse ante él, y decía: ¡Señor,
socórreme!». Tiene Fe. Por eso adora y suplica. Orar es la
respiración de la Fe. Los que dicen que han perdido la Fe, es
que antes perdieron la Oración. Jesús le brinda la ocasión de
humillarse (no hay Fe sin Humildad) reconociendo el honor de
Israel [ a fin de cuentas habrá dicho a los israelitas, no sin
ironía, que los paganos ya no son »perros», sino
comensales...].
3. — « mujer! ¡grande es tu Fe!». Habla el que tantas veces se
ha quejado de la incredulidad o «poca fe» de los suyos. Qué
aleccionador es este Evangelió cuando uno encuentra
cristianos ardientes, extramuros de la propia rutina...
Dios confió la verdad religiosa al pueblo de Israel con el fin de
que por medio de él se difundiese por todos los demás pueblos
del mundo. La Fe de la Cananea, en el Evangelio, preludia y en
cierta manera anticipa la hora de esta difusión universal. Ya en
el Antiguo Testamento, por medio de los profetas, el Señor iba
educando lenta y
XX DOMINGÓ TIEMPO ORDINARIO 273
progresivamente a su pueblo en orden al universalismo
religioso; leemos hoy un ejemplo concreto del Libro de Isaías. Y
otro de estilo litúrgico-popular en el Salmo.
La Carta a los Romanos fue escrita en una situáción paradójica.
Cuando un pequeño grupo de israelitas (los Apóstoles) habían
llevado ya por toda la tierra el mensaje universal del Mesías de
Israel, resultó que era precisamente Israel el que se negaba a
recibirlo. San Pablo, después de reflexionar angustiosamente
sobre este problema, predice la victoria definitiva del plan de
Dios sobre el mundo: un día también el pueblo de Israel será
cristiano.
El EVANGELIO de la Cananea es una lección en forma
dramática sobre la Fe. Fascinador cuando uno lo imagina con
realismo. Para comprenderlo, tengamos en cuenta dos
observaciones:
1 . La situación personal de Jesús en el plan de la Historia de la
Salvación. Mientras no se consumase su Sacrificio redentor,
actuaba en una etapa previa a la del universalismo realizado.
Con plena conciencia de ser el Enviado del Padre, sabía que su
Misión inmediata estaba circunscrita a los límites de «la Casa
de Israel». La fidelidad heroica a estos límites es precisamente
uno de los rasgos más impresionantes de la serenidad humana
de Jesús. Y de su capacidad de abnegación.
2. La intención pedagógica de San Mateo al redactar esta
página. Según dos puntos de vista: a) ante todo, con relación a
los judíos. En el amplio contexto anterior y posterior a esta
escena, el evangelista destaca con energía la incredulidad de
la mayor parte del pueblo, e incluso la poca fe de los
discípulos. La pagana Cananea (como antes el pagano
Centurión: 8,5-13), con su gran fe, juega un papel de luminoso
contraste. Mateo (judío también él, y de corazón) pone en
práctica lo que dice San Pablo en la segunda lectura de hoy:
«ver si despierto emulación en los de mi raza...» b) También
con relación a los cristianos convertidos del paganismo. Los
había muchos en la Iglesia cuando escribía Mateo. Y ya les
había entrado a algunos cierto complejo de «instalación en la
Fe». Perdía claridad aquella evidencia fundamental de que para
el creyente todo es pura gracia. También empezaban a olvidar
que su Salvación venía de Israel. El evangelista les presenta la
Cananea como arquetipo de cómo tiene que ser su Fe.
Aquel viaje de Jesús a tierras de Fenicia (actual Líbano) no era
de evangelización sino de retiro, casi de refugio. Una
angustiosa convergencia de situaciones había hecho incómoda
e incluso peligrosa su presencia en Galilea. Fuera de «la Casa
de Israel», su acción se reducía al pequeño grupo de discípulos
que le acompañaban.
La pobre madre de una enferma incurable pide una excepción.
Su pertinaz insistencia rinde los nervios de los apóstoles.
Sorprende, en Jesús, su silencio y luego las desabridas
respuestas. En la estructura pedagógica de la narración tiene
dos finalidades: 1) dar a entender la seriedad del plan de Dios
y de su aceptación por parte del Mesías; 2) poner de
manifiesto la extraordinaria «gran fe» de la mujer. Las
curaciones milagrosas eran signo y preludio de la Salvación
mesiánica. En atención a la Fe de la Cananea, Dios hace una
excepción a sus planes, y anticipa significativa mente la hora
de la Misión universal.
Entre los reflejos de esta Fe, notemos la audacia de la
humildad suplicante. El que en las cosas del Reino de Dios
piensa o espera tener algo sin oración es que olvidó que todo
es gracia. La oración es la voz de la Fe.
274 CICLO A
El «Evangelio de la Cananea» es recuerdo de una entrañable
obra de bondad. Al consignarlo por escrito, San Mateo hizo de
este recuerdo una meditación sobre la Fe.
A. — Recuerdo de una obra de bondad. Jesús se retira hacia la
costa de Fenicia, que corresponde al Líbano actual. Un conjunto
de circunstancias hacen incómoda su presencia en Galilea.
Consciente de que su misión personal de Mesías tiene que
limitarse, de momento, al pueblo de Israel, dedica su actividad
al pequeño grupo de discípulos que lo acompañan. Pero una
pobre mujer, que tiene a su hija gravemente enferma y sin
esperanza humana, le suplica un milagro. Jesús se encuentra
ante el humanísimo conflicto —tan frecuente— en que la ley
del corazón puede y debe sobreponerse a los programas y
normas. Pone a alta tensión la fe de la madre, hace constar
que se trata de un caso excepcional y concede la gracia que le
pide.
B. — Meditación sobre la Fe. Cuando San Mateo escribe esta
página, muchos paganos aceptan el Evangelio. La Iglesia
Apostólica se abre gozosa al universalismo. Mateo presenta a
la «Cananea» como ejemplo sublime, en contraste con la
frialdad de tantos hijos de Israel. Es conmovedor el diálogo
entre Jesús y la madre.
1. — «Oh, mujer, grande es tu Fe! Que se cumpla para ti lo que
quieres» (vers.
28). San Mateo ha acusado en páginas precedentes la actitud
de muchos que se niegan a la Fe. También la «poca fe» de los
Discípulos. Se refería siempre a israelitas. Hombres del Pueblo
de Dios. Ahora proclama la gran Fe de una extranjera y
pagana. Mateo ve en su rostro los rasgos de tantos ayer
idólatras, que ahora se sientan en la Iglesia a la mesa de Dios,
más fervientes que los ya «acostumbrados» . —Antes de
elogiar esta gran fe, el evangelista la ha descrito hecha oración
humilde. La oración es la voz de la Fe. Y cuando calla muere,
como muere el fuego sin llama. Muchos que aseguran haber
perdido la Fe, si fueran sinceros dirían que todo consistió en
dejar la oración cuando la tenían.
2. — «... también los perros comen las migajas de la mesa de
sus amos». Expresión dura, que debe comprenderse en el
contexto viviente al que la refiere San Mateo. Por parte de
algunos recién convertidos del paganismo empezaba el
desprecio de los judíos. La humildad de la Cananea es un aviso.
Dios es libre en sus planes, y escogió como Pueblo suyo a
Israel. Y es a través de Israel que Dios ha dado al mundo sus
máximos valores Qn 4,22).
3. — «No he sido enviado sino a las ovejas descarriadas de la
Casa de Israel». Jesús habla con sinceridad. La misión que
recibió de su Padre era limitada, concreta y humilde.
Aceptándola fue Salvador del mundo. Los que colaboran
profesionalmente en la Obra de Cristo tienen ejemplo en su
actitud. La sabiduría del apostolado está en sintonizar con los
planes de Dios, que no siempre coinciden con nuestra
metodología. Con la anchura de corazón con que Jesús vio en
la Fe excepcional de la Cananea un signo de la Voluntad del
Padre. La «gran Fe» es un don tan principal, que eleva el
hombre hasta el nivel del querer de Dios, y le concede
escuchar de sus labios:
«que se cumpla para ti lo que quieres... »
En la liturgia de la Palabra, todos los textos bíblicos tienen hoy
por tema dominante la universalidad de la Salvación.
Empieza por unas líneas de la tercera parte del Libro de Isaías.
Israel se ofrece como centro de la unidad espiritual del mundo.
Su Templo será casa de oración
XX DOMINGO TIEMPO ORDINARIO
275
abierta a todas las naciones. Se bosqueja, todavía imprecisa, la
idea de un nuevo «Israel» universal, que será fraternidad
religiosa y no estructura política. —San Pablo trabajó por esta
idea. Incomprendido por la mayoría de connacionales, habla de
su dolor en los capítulos 9-11 de la Carta a los Romanos.
El Evangelio de la Cananea refleja el problema del
universalismo en la Iglesia primitiva.
Dócil al programa divino de la Salvación, Jesús limitó su
actividad personal a la realización del Reino de Dios en Israel.
De aceptarlo, Israel con Jerusalén y el Templo hubieran sido
hogar religioso y cátedra del mundo.
Por encima del aparente fracaso, la Comunidad apostólica
continuó la Misión de Cristo. Muchos querían mantener el
antiguo condicionamiento de que los paganos recibiesen la
Salvación incorporándose a Israel. Pero el Espíritu fue
iluminando a quienes comprendiesen que tal condicionamiento
había cesado: todas las naciones debían entrar por igual en el
Reino de Dios.
Mateo escribió para una iglesia en la que aún convivían ambas
tendencias. El las armoniza y supera distinguiendo con claridad
entre el tiempo de la Misión terrena de Jesús [ solo Israel:
15,24] y el tiempo de su actividad celeste a través de la Misión
apostólica [ todas las naciones: 28,18-20]. Además recoge y
explica con cariño los momentos excepcionales de la vida
terrena de Jesús que fueron preludio y anticipo de la Misión
universal.
El más hermoso fue aquel diálogo con la Cananea:
a) súplica y silencio (y. 21 -23a). «Tiro y Sidón» es expresión
significativa del mundo pagano (= 11,21). En lenguaje bíblico,
«cananea» marca una antítesis religioso-cultural en contraste
con «israelita». Pero aquella extranjera-pagana reconoce la
prioridad teológica del pueblo judío, invocando y llamando
«Señor» al Hijo de David. [ el paganismo, todos tuvieron que
reconocer que «la Salvación vino de los judíos»: Jn 4,22]. La
Cananea, más que pedir, expone (al que es Misericordia, le
basta saber).
b) Razón del sdencio (23b-24). Los discípulos, al intervenir, dan
pie a una declaración de Jesús: «Sólo he sido enviado... » El
pasivo teologal es un frecuente hebraísmo que equivale a:
«Dios me ha enviado únicamente.., a Israel». Afirmación
sincera. Revela la humilde docilidad de Jesús al plan divino, y
explica a los lectores del Evangelio el porqué de su limitada
actividad.
c) Insistencia y repulsa (y. 25-26). Conmovedor el gesto de la
madre. Varios textos del Antiguo Testamento consideran la
oración como una «lucha» del hombre con Dios, en la que Dios
es vencido. La respuesta tiene un acento pedagógicamente
duro, a fin de que la victoria de la madre resulte más sublime.
d) El milagro de la Fe (y. 27-28). En efecto, ella, recogiendo la
humillación, la transfigura en fascinante plegaria que arranca
de Jesús una excepción a su norma. Quien acusó hace poco de
incredulidad a su pueblo y de «poca fe» a sus discípulos,
proclama ahora con énfasis la gran Fe de la pagana
«cananea». Es voz y testimonio de la Fe la oración humilde,
activa, en confianza sin límite. En aquella madre, Mateo ve
el rostro de tantos paganos atraídos por Jesús, que-ya se
sentaban en su iglesia al lado de los antiguos judíos, sin más
título que la Fe viva. A unos y a otros quiere dar a entender
que, ya en su Misión limitada a Israel, Jesús presignificó la
universalidad del Cristianismo.
VIGESIMOPRIMER DOMINGO
PRIMERA LECTURA
Lectura del libro del profeta Isaías 22,19-23
Así dice el Señor a Sobna, mayordomo de palacio:
Te echaré de tu puesto,
te destituiré de tu cargo.
Aquel día llamaré a mi siervo, a Eliacín, hijo de Elcías:
le vestiré tu túnica, le ceñiré tu banda, le daré tus poderes;
será padre para los habitantes de Jerusalén, para el pueblo de
Judá.
Colgaré de su hombro la llave del palacio de David:
lo que él abra nadie lo cerrará,
lo que él cierre nadie lo abrirá.
Lo hincaré como un clavo en sitio firme,
dará un trono glorioso a la casa paterna.
Salmo responsorial Sal 137,1-2a. 2bc-3. 6 y Sbc
R. Señor, tu misericordia es eterna,
no abandones la obra de tus manos.
Te doy gracias, Señor, de todo corazón; delante de los ángeles
tañeré para ti.
Me postraré hacia tu santuario, daré gracias a tu nombre.
XXI DOMINGO TIEMPO ORDINARIO 277
Por tu misericordia y tu lealtad, porque tu promesa supera a tu
fama. Cuando te invoqué me escuchaste, acreciste el valor en
mi alma.
El Señor es sublime, se fija en el humilde y de lejos conoce al
soberbio. Señor, tu misericordia es eterna, no abandones la
obra de tus manos.
SEGUNDA LECTURA
Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los Romanos 71,33-
36
¡Qué abismo de generosidad, de sabiduría y de conocimiento el
de Dios! ¡Qué insondables sus decisiones y qué irrastreables
sus caminos! ¿Quién conoció la mente del Señor? ¿Quién fue
su consejero? ¿Quién le ha dado primero
para que él le devuelva?
El es el origen, guía y meta del universo.
A él la gloria por los siglos. Amén.
ALELUYA Aleluya, aleluya.
Mt 16,18 Tú eres Pedro, y sobre esta piedra edificaré mi Iglesia
y el poder del infierno no la derrotará. Aleluya.
EVANGELIO
Lectura del santo evangelio según san Mateo 16,13-20
En aquel tiempo, llegó Jesús a la región de Cesarea de Felipe y
preguntaba a sus discípulos:
—iQuién dice la gente que es el Hijo del hombre? Ellos
contestaron:
—Unos que Juan Bautista, otros que Elías, otros que Jeremías o
uno de los profetas. El les preguntó:
—Y vosotros, ¿quién decís que soy yo? Simón Pedro tomó la
palabra y dijo:
—Tú eres el Mesías, el Hijo de Dios vivo. Jesús le respondió:
—iDichoso tú, Simón, hijo de Jonás!, porque eso no te lo ha
revelado nadie de carne y hueso, sino mi Padre que está en el
cielo.
Ahora te digo yo: Tú eres Pedro, y sobre esta piedra edificaré
mi Iglesia, y el poder del infierno no la derrotará. Te daré las
llaves del reino de los cielos; lo que ates en la tierra quedará
atado en el cielo, y lo que desates en la tierra quedará
desatado en el cielo.
Y les mandó a los discípulos que no dijeran a nadie que él era
el Mesías.
278 CICLO A
Esta conversación que mantuvieron Jesús y sus Discíp en la
comarca de Cesarea concluye la primera mitad del Evangelio
según Mateo. Todos los hechos y enseñanzas de esta primera
mitad se han oricntado hacia el interrogante decisivo:
¿QUIEN ES JESUS? El texto que leemos hoy ofrece tres temas:
la opinión ambiental, la Fe de los Discípulos, unas Palabras del
Señor en vista a su Iglesia.
1.— «éQuién dicen los hombres que es el Hijo del Hombre?’>.
Ven en él una extraordinaria personalidad. Dicen que es un
profeta. Lo admiran. Mas no lo comprenden. Uno piensa en
ciertas encuestas de nuestro tiempo sobre Jesús.
2.— «Y vosotros, ¿quién decís que soy Yo?». «Vosotros» se
refiere a los Discípulos. Dentro del Evangelio de Mateo, «los
Discípulos» designan en arquetipo y germen a la Comunidad
Cristiana. Por todos responde uno. Pensamiento y voz de la
Comunidad. San Mateo, que ha escrito su Evangelio «en medio
de la Iglesia», pone en labios de Simón Bar-Yoná la Profesión de
Fe de la Iglesia. Desde la perspectiva cristiana (no desde otras
perspectivas), afirmar que Jesús es EL MESIAS o Cristo incluía
confesar que es EL HIJO DE DIOS. Jesús pronuncia sobre Simón
la Bienaventuranza de la Fe. Su Fe no se la ha dado «la carne y
la sangre» (= el ser humano limitado a sí mismo). Si ha
reconocido al Hijo de Dios es porque se lo ha revelado de pura
Gracia el único que lo conoce: el Padre celeste. Aquel que
revela a los «pequeños», no a los que se tienen por «sabios y
entendidos», quién es Jesús (Mt
11,25-27).
3. — «Sobre esta ‘Piedra’ edificaré mi iglesia». Jesús da a
Simón el sobrenombre «Pedro». En arameo diría Kefa, que
significa «piedra» o «roca». Tanto lo repitieron los primeros
cristianos, que acabó por convertirse en su nombre personal.
Llamar a alguien «roca» en que se apoya un edificio (= una
institución) es hablar en alegoría de su firmeza (Mt 7,24-27). La
Ekklesía o Comunidad de la Nueva Alianza no puede tener otra
firmeza que la de Cristo. Pero Cristo quiso hacer partícipe de
ella por gracia o carisma a su primer Apóstol. Hombre que
mostró más de una vez su fragilidad. Es arte divino vencer a
los fuertes sirviéndose de los débiles (1 Cor 1,27-29). La
alegoría de las «llaves» y la de «atar y desatar» explican y
subrayan su misión en la Iglesia. Ser signo eficaz de comunión
en la Verdad, en elCamino, en la Vida. Misión, oficio y carisma
que, mientras la Iglesia lea el Evangelio, entenderá que sigue
siendo actual.
Del Evangelio se lee el célebre diálogo ambientado cerca de
Cesarea de Filipo. Se habla metafóricamente de unas «llaves»;
un pasaje de Isaías ilustra esta imagen.
San Pablo termina la parte dogmática de su Carta a los
Romanos con un himno de admiración. Dichoso el que sabe
admirarse, porque todavía es inteligente. El hombre de fe no
alcanza en esta vida a comprender los caminos de Dios; pero
descansa, seguro de estar en manos de una Sabiduría eterna.
El EVANGELIO es de una singular riqueza de contenido.
Tenemos que reducirnos a un esquema:
1. — Marco circunstancial. Otro viaje de retiro hacia el norte, en
el límite o más allá de la frontera de Israel. Tierra paganizada.
2. — Balance de la evangelización de Galilea. Todos han
reconocido en Jesús
XXI DOMINGO TIEMPO ORDINARIO 279
«algo» extraordinario. Más o menos, se le tiene por «un
profeta». Pero nadie le ha visto a la luz de la fe, en su
verdadera personalidad.
3. — Examen de los discípulos. Responde uno por todos. Voz
representativa y personal a un tiempo. Cuando escribía San
Mateo, las palabras de San Pedro sintetizaban el pensamiento
cristológico de la Iglesia (Mesianidad y Filiación divina de
Jesús); y en este sentido las consigna el evangelista.
4. — Silencio mesiánico (último versículo). Ni el pueblo ni los
mismos discípulos estaban en condiciones de comprender la
verdadera significación de la palabra «Mesías» (ver el
Evangelio del próximo domingo). Jesús era buen pedagogo, y
sabía cuánto valen los silencios de espera.
- Estos cuatro puntos son comunes a los tres Sinópticos. Entre
el 3 y el 4, San Mateo añade la síntesis de las palabras con que
Jesús encumendó a Pedro.su misión peculiar. Tres apartados:
a) La Bienaventuranza de la Fe. Consta de tres elementos,
como todas las «bienaventuranzas» orientales: 1.-
«Felicitación»; 2.- Indicación del destinatario (estrictamente
individual: nombre y patronímico); 3.- Motivo de la «felicidad»:
el no dejarse llevar por un criterio «natural» (hebraísmo: por
cosas «de carne y sangre») sino por la docilidad a la Revelación
(alusión a Mt 11,25).
b) Imposición de (sobre)notnbre. Cuando un superior imponía
solemnemente un (sobre)nombre a alguien, significaba
proclamar su augurio y darle una misión. Jesús impone a
«Simeón bar-Yoná» el de Kefah. En arameo quiere decir
«piedra» o roca. Nunca había sido ni era nombre de persona.
Simón siguió llamándose Simón. Pero luego los cristianos, en
atención al Señor, le llamaron «Simón Kefa(s)>, o,
sencillamente, «Kefa(s)>. Los de lengua griega tradujeron
Pétros, los latinos Petrus, y así sucesivamente. En el Nuevo
Testamento griego se le llama «Kefas» 9 veces y «Pétros 154.
Son 163 alusiones conscientes a la Misión que le dio Jesús,
sintetizada en este nombre-título. El Maestro da su
interpretación en positivo y en negativo. En positivo: Kefas será
la base firme en que se apoyará su Iglesia, como un edificio
sobre la roca (leer Mt 7,24-27). En negativo: las «Puertas del
Infierno» no podrán contra ella. (Cualquiera que fuese la
significación concreta de la expresión, indicaba un Poder
trascendente maligno, superior a todos los poderes humanos.)
c) Delegación de autoridad. Dos imágenes complementarias: 1)
la entiega de «las llaves». Mañera de decir que se confía a uno
el ejercicio del poder de quien sigue siendo dueño de «las
llaves». (Ejemplo concreto en la primera lectura: Eliaquim en la
casa real de Ezequías). Concepto de «vicariedad>. 2) La
facultad de «atar y desatar». Frase hecha, que se usaba mucho
y en diversos sentidos (magisterial, disciplinar, moral, jurídico).
Por contexto, subraya la amplitud y eficacia del poder de las
llaves. Se refiere también y sobre todo a la facultad de
perdonar pecados (como en Jn 20,23).
Jesucristo Hijo de Dios vino a los hombres para establecer con
ellos el orden definitivo de Santidad, Unidad y Felicidad que, en
la lengua de su pueblo, llamaban
entonces—«el-Reino--de--los--Cielos».--Lo-pensó-como- una
inmensa Familia, en la que todos —Israel y el mundo entero—
serán verdaderamente hermanos, hijos de un mismo Padre que
está en el Cielo y en el Cielo nos quiere. En el pensamiento de
Jesús, «Cielo» quiere decir Vida divina.
280 CICLO A
Jesús sabía que este «Reino» iba a llegar pronto, pero no
inmediatamente, a su plena realización escatológica. Para el
tiempo de preparación, estableció una Comunidad. La
Comunidad de sus Discípulos. Cuando hubo que expresar el
Evangelio en lengua griega, se dio a esta Comunidad el
nombre más adecuado y sugestivo que se le podía dar: el de
«Eleklesía». La Comunidad establecida por Jesús tiene por
misión pre-significar, preparar y, sobre todo, iniciar ya la Vida
divina de la eterna Familia de Dios. Pensar, sentir y vivir «así
en la Tierra como en el Cielo».
En el Evangelio de hoy, San Mateo resume un profundo diálogo
(que tal vez se desarrolló en varias etapas durante la vida de
Jesús). En nombre de la Comunidad, Simón Pedro dice su Fe a
Cristo. En la persona de Simón Pedro, Cristo da su firmeza, su
misión y su poder a la «Ekklesía».
A. — Simón «Bar-Yoná» dice su Fe a Jesús. El Maestro pregunta
qué piensa de él su pueblo (16,13). Respuestas positivas, pero
insuficientes (y. 14). Lo admiran, lo consideran un hombre
extraordinario; pero no lo comprenden. El Maestro examina
directamente a los Discípulos (v.15). Los Discípulos tienen la
responsabilidad de que en el pueblo haya Fe. En nombre de
todos, responde Simón, «hijo de Juan» Qn 1,42). Voz personal
suya, que es la voz de todos. El evangelista llama
anticipadamente a Simón con el nombre de Pedro, insinuando
que pone en sus labios la profesión de Fe con el pleno sentido
con que la mantendrá en la Iglesia Apostólica. La que reconoce
en Jesús no solamente al «Mesías)> o Cristo, sino también al
Hijo de Dios en el más estricto sentido teológico de la
expresión.
B. —Jesús afirma el oficio de Simón en la Iglesia. Lo declara
arquetipo de los Humildes que aceptan la Fe (relacionar 16,17
con 11,25). Al estilo bíblico, le da un sobrenombre que significa
su destino. El sobrenombre Kefa en arameo, que, pasando por
el griego y el latín, se ha transformado en Pedro. Piedra, o,
mejor, Roca. Lo que da confianza, porque es firme. Aunque el
Enemigo trascendente ataque a la Ekklesía que en ella se
apoya. Su firmeza viene por gracia de la única «Roca», que es
Dios. Lo mismo que la administración de las «llaves» y la
eficacia teológica de «atar y desatar» singularmente al igual
que los demás en corporación (Mt 18,18). Estas palabras se
consignaron en el Evangelio para todo el tiempo de la Iglesia
en este mundo. Simón «Bar-Yoná» murió, pero no su peculiar
oficio y responsabilidad.
El Evangelio presenta a Jesús planeando el porvenir de su obra:
la «edificación» de la Iglesia.
Por piedra fundamental elige al primer discípulo, Simón Bar-
Yoná. La lectura de Isaías evoca una lejana situación análoga:
la investidura de El-yaquim como virrey ideal de la Casa de
David. Lo mismo que en tantcs pueblos antiguos y actuales, la
entrega de la llave (de gran tamaño entonces) se considera
símbolo eficaz de la delegación de autoridad.
San Mateo ha compuesto esta página central de su Evangelio a
manera de díptico:
a) ¿quién es Jesús?; b) ¿quién es Simón Pedro?
A. — ¿Quién es Jesús? (y. 13-16). La primera tabla del díptico se
subdivide en dos preguntas: informe sobre la opinión del
pueblo, examen de fe de los discípulos. Se da por concluida la
evangelización de Galilea. Como signo de no aceptación en su
tierra,
XXI DOMINGO TIEMPO ORDINARIO 281
el evangelista sitúa a Jesús más allá de la frontera de Israel.
1. — Informe sobre la opinión del pueblo (13b-14). Los diversos
pareceres coinciden en considerar a Jesús a nivel de uno de los
grandes hombres que prepararon la venida del Mesías y en no
reconocerlo como Mesías. Recogiendo la memoria de los
hechos del Señor, Mateo quiere al mismo tiempo reflejar la
situación contemporánea a sus lectores. Aquí acusa la mala
información de muchos. También hoy sería impresionante la
encuesta: ¿quién decís que es Jesús?
2. — Examen de Fe de los discípulos (15-16). Mateo ha ido
acentuando en los capítulos precedentes (cf. 13) la distinción
entre la multitud que no entiende y la escuela de Jesús abierta
a su Revelación. La escuela son «los Doce Discípulos», imagen
viva del nuevo Israel. Concluida la evangelización, los examina.
Voz de todos, pero voz singular, responde «Simón Pedro». El
redactor anticipa el sobrenombre «Pedro» (que el Señor
todavía no ha impuesto) porque piensa en situación de Iglesia.
Por eso pone en labios de «Pedro» la definitiva Fe explícita de
la Comunidad postpascual: Jesús no es solamente «el Mesías»,
sino también el Hijo de Dios en el más estricto sentido único de
la expresión.
B. — ¿Quién es Pedro? (y. 17-19). En el esquema seguido por
Marcos (8,27-30) y Lucas (9,18-21), Mateo incluye una
apretada síntesis sobre el carisma eclesiológico de Pedro
recogiendo Palabras del Señor pronunciadas en esta o diversa
ocasión. La misma doctrina se encuentra en otra forma y con
otras palabras en Lucas (22, 31-32) y en Juan (21, 15-17).
Está en el centro la idea de «Ekklesía» o Comunidad
escatológica de Salvación, «convocada» por y en el Mesías.
Iglesia, que Jesús llama suya. Se compara a un edificio (que se
va edificando incesantemente, dirá el mismo Pedro en su
Primera Carta 2,5). Casa, Templo o Ciudad en trance de
combate con las «Puertas» o fuerzas del Infierno (todo cuanto,
sobrehumano o humano, se opone a su programa de
Salvación). Ya en la tierra, la Iglesia es ámbito de
intercomunicación con el «Cielo» u orden divino (19b).
El Mesías proclama a Simón arquetipo de la Fe de los humildes
(comparar 16,17 con 11,25). Le asigna en su Iglesia el valor de
firmeza y cohesión que simboliza la «Roca» en que se apoya un
edificio (cf. 7,24-25). De áhí el sobrenombre augural arameo
Kefa, traducido al griego en Pétra/Petros. Ninguna persona lo
había llevado hasta entonces; por eso, cada vez (163!) que lo
usa el Nuevo Testamento es afirmación consciente del oficio
que significa. Símbolo equivalente el de la entrega de las
llaves, coordinado a la plena autorizada responsabilidad
(disciplinar, doctrinal, moral) de atar-y-desatar. —Aunque
Simón Bar-Yoná ya había muerto, el evangelista consignó estas
palabras del Señor como doctrina actual, seguro de que
«Pedro» seguía y seguirá viviendo mientras haya Iglesia.
VIGESIMOSEGUNDO DOMINGO
PRIMERA LECTURA
Lectura del libro del profeta Jeremías 20,7-9
Me sedujiste, Señor, y me dejé seducir;
me forzaste y me pudiste.
Yo era el hazmerreír todo el día,
todos se burlaban de mí.
Siempre que hablo tengo que gritar Vio1encia», y proclamar
«Destrucción».
La palabra del Señor se volvió para mí
oprobio y desprecio todo el día.
Me dije: no me acordaré de él, no hablaré más en su nombre;
pero la palabra era en mis entrañas fuego ardiente, encerrado
en los huesos;
intentaba contenerla, y no podía.
Salmo responsorial Sal 62,2. 3-4. 5-6. 8-9
R. Mi alma está sedienta de ti, Señor, Dios mío.
Oh Dios, tú eres mi Dios, por ti madrugo, mi alma está sedienta
de ti;
mi carne tiene ansia de ti, como tierra reseca, agostada, sin
agua.
¡Cómo te contemplaba en el santuario viendo tu fuerza y tu
gloria! Tu gracia vale más que la vida, te alabarán mis labios.
XXII DOMINGO TIEMPO ORDINARIO 283
Toda mi vida te bendeciré
y alzaré las manos invocándote.
Me saciaré como de enjundia y de manteca
y mis labios te alabarán jubilosos.
Porque fuiste mi auxilio,
y a la sombra de tus alas canto con júbilo;
mi alma está unida a ti,
y tu diestra me sostiene.
SEGUNDA LECTURA
Lectura de la Carta del apóstol San Pablo a los Romanos 12,1-2
Hermanos: Os exhorto, por la misericordia de Dios, a presentar
vuestros cuerpos como hostia viva, Santa, agradable a Dios;
éste es vuestro culto razonable.
Y no os ajustéis a este mundo, sino transformaos por la
renovación de la mente, para que sepáis discernir lo que es la
voluntad de Dios, lo bueno, lo que agrada, lo perfecto.
ALELUYA Aleluya, aleluya.
Ef 1,17-18 El Padre de nuestro Señor Jesucristo ilumine los ojos
de nuestro corazón, para conocer cuál es la esperanza a la que
nos llama.
Aleluya.
EVANGELIO
Lectura del santo evangelio según san Mateo 16,21-27
En aquel tiempo, empezó Jesús a explicar a sus discípulos que
tenía que ir a Jerusalén a padecer allí mucho por parte de los
senadores, sumos sacerdotes y letrados y que tenía que ser
ejecutado y resucitar al tercer día. Pedro se lo llevó aparte y se
puso a increparlo:
— lo permita Dios, Señor! Eso no puede pasarte.
Jesús se volvió y dijo a Pedro:
—Quítate de mi vista, Satanás, que me haces tropezar; tú
piensas como los hombres, no como Dios.
Entonces dijo a los discípulos:
—El que quiera venirse conmigo que se niegue a si mismo, que
cargue con su cruz y me siga. Si uno quiere salvar su vida, la
perderá; pero el que la pierda por mí, la encontrará. ¿De qué le
sirve a un hombre ganar el mundo entero, si inalogra su vida?
¿O qué podrá dar para recobrarla? Porque el Hijo del hombre
vendrá entre sus ángeles, con la gloria de su Padre, y entonces
pagará a cada uno según su conducta.
Empieza la segunda mitad del Evangelio según Mateo. La
primera se recapituló en la afirmación: Jesús es el Mesías. La
segunda abre una perspectiva, que ningún
284 CICLO A
contemporáneo de Jesús había imaginado ni era capaz de
entender: el Mesías ha de establecer el Reino de Dios pasando
por la Cruz.
Esta segunda parte irá dirigida casi exclusivamente a los
Discípulos. Los adoctrina sobre el signo de la Cruz. Ellos
manifiestan una y otra vez su incomprensión. Pero el Maestro
no cede. —En las primeras líneas, que leemos hoy, aparecen
ya los tres aspectos: Jesús anuncia lo que ha de padecer en
Jerusalén. Pedro se opone. Jesús insiste: sólo quien emprenda
el Camino de la Cruz será Discípulo suyo.
1. — «Tenía que ir a Jerusalén y padecer allí mucho». Jesús
había aceptado que Simón Pedro lo llamase «el Mesías». El
concepto «mesías» —equivalente a «rey»— cifraba una
imprecisa gran esperanza: la restauración del Reino de Israel
por obra de un «hijo de David». Jesús asumió los ideales de su
pueblo. Pero los elevó a un orden inmensamente más alto.
Conoce la Voluntad del Padre y la ha hecho su deber filial:
«tiene que ir a Jerusalén... » No forjará su Reino la guerra ni la
política, sino el Misterio de la Cruz-y-Resurrección. Misterio que
entraña la Salvación del mundo.
2. — «Tus pensamientos no son los de Dios, sino los de los
hombres». Pedro cuenta con su valor y su espada Un 18,10-
11). Pensamientos de los hombres. Creyéndose héroe del Reino
y su Justicia, se ha puesto al servicio del Tentador (comparar el
texto con Mt 4,10). Desengañado al fin de su espada, Pedro
morirá en una cruz como el Maestro. Los evangelistas se
complacen en referir la humana fragilidad de Simón; así queda
claro que fue y es Roca firme de la Iglesia por pura Gracia de
Cristo.
3. — «Si alguien quiere venir en pos de mí...» Después del
episodio de Simón Pedro, preludio y símbolo de las
incomprensiones cristianas de la Cruz, vienen cuatro
Sentencias, que el Señor pronunciaría en diversas ocasiones.
Coinciden en un pensamiento común: por la Vida (eterna) hay
que poner en actitud de Sacrificio nuestra vida (temporal). —La
Pasión de Jesús se prolonga en la de sus Discípulos. La primera
Sentencia lo dice con una imagen impresionante: ser Discípulo
es seguir a Cristo, sustituyendo el innato egoísmo (niegue su
propio «yo»...) por el abrazo de la propia «cruz». No hay quien
no sepa por experiencia (a veces de sólo Dios comprendida)
cuál es su «cruz».
El Evangelio tiene por centro la primera de las tres
«Predicciones de la -Pasión». La lectura del Antiguo Testamento
pertenece a las «Confesiones» de Jeremías:
angustia del profeta que tiene que decir a su pueblo todo lo
contrario de lo que el pueblo quisiera oír.
San Pablo suele añadir a la siempre difícil parte doctrinal de
sus Cartas unas exhortaciones prácticas, en estilo claro y
sencillo. El fragmento de hoy es introducción a los cuatro
capítulos (12-15) de tales exhortaciones, con que termin Carta
a los Romanos. La vida cristiana, dice, es como una liturgia
espiritual. Su norma, la amable voluntad de Dios.
El EVANGELIO continúa y completa el diálogo junto a Cesarea
de Filipo (lectura del domingo pasado). Se trataba de una
pregunta fundamental: « Quién es Jesús?» Simón confesó que
Jesús es el Mesías.
Pero esta afirmación abría otro interrogante: « cómo será el
Mesías?» Entre los israelitas se daban opiniones. Para muchos,
un gran Rey. Según otros, un Profeta. O quizá un Sacerdote
ideal. También los había (p. ej. en Qumrán) quienes
imaginaban
XXII DOMINGO TIEMPO ORDINARIO 285
un Israel bajo dos poderes paralelos, con dos Mesías: el de
David (un Rey ideal) y el de Aarón (un Sumo Sacerdote
perfecto).
Absolutamente nadie esperaba un Mesías-víctima.
Y esta fue la desconcertante novedad de Jesús. «Desde
entonces» (dice el texto a la letra) empezó Jesús Mesías a
mostrar a sus discípulos...>. «Desde entonces», cuando le
hubieron reconocido claramente por Mesías; no antes. «A sus
discípulos» o apóstoles; no al pueblo en general. «Empezó...»
no a decírselo una sola vez, sino a hacer de su pasión y muerte
tema habitual de las conversaciones. El Evangelio insistirá
sobre ello en las páginas sucesivas.
Pedro protesta con su característica inmediatez. En el fondo de
sus palabras se adivina el ofrecimiento de impedir a toda costa
lo que Jesús presiente. El mesianismo de todos iba envuelto
entonces en la humana ilusión de la violencia, que para Pedro
fue la inútil espada de Getsemaní.
Jesús era buen pedagogo y, por tanto, sabía reprender. Pedro
no ha hablado como un discípulo de Dios, sino como un
hombre cualquiera entre los hombres. Es admirable el camino
de la «formación» de Pedro. Para constituirlo Roca de la Iglesia,
Jesús lo hizo experto en humillaciones. Arquetipo de lo que
puede la gracia sobre la debilidad cuando es dócil.
La reprensión consta de un imperativo y un vocativo. Un
vocativo: «Satán’>. Vocablo hebreo que significa Adversario.
Sinónimo de Tentador. Se entendía por «tentar» incitar a uno a
desviarse del recto «camino». Pedro se ha interpuesto delante
del Maestro.
El imperativo dice (traducido al pie de la letra): « detrás de
mí!» Es una manera de recordarle que es discípulo y no
maestro. En el Evangelio se entiende por discípulo «el que
sigue a Jesús». Este imperativo prepara la inmediata Sentencia
fundamental sobre el «seguimiento»:
«El que quiera venir en pos de mí... » Condición previa:
«niéguese a sí mismo». Decir NO, por Cristo, a lo que era Sí por
egoísmo (propios criterios, intereses, tendencias...). Sólo así es
posible que cada discípulo, generosamente, «tome su cruz». La
cruz era signo del sacrificio de la propia vida como Cristo, con
Cristo, por Cristo. En resumen, quiere decir que la vocación al
discipulado equivale a la vocación al martirio. De hecho,
cuando se escribió el Evangelio, era normal que el cristiano
muriese mártir.
Las tres frases siguientes insisten en la misma idea: por la Vida
(escatológica o eterna) hay que dar la vida (temporal). Porque,
¿de qué serviría en esta vida tener todas las riquezas del
mundo, si se pierde la eterna? Como siempre en el Evangelio
de Mateo, el Señor termina con una alusión al Juicio Final.
Al cabo de una semana, Jesús, que era buen pedagogo, llevó a
Pedro con otros dos testigos al monte de la Transfiguración.
El Evangelio recuerda la hora impresionante en que Jesús
empezó a comunicar con solos sus Discípulos el que hasta
entonces se había reservado como absoluto secreto: que en la
próxima visita a Jerusalén le esperaba un abismo de
padecimientos y la más horrible pena de muerte.
La página que escuchamos se divide en tres apartados: Cristo
anuncia su propia
286 CICLO A
Pasión; Pedro protesta; Cristo anuncia la Pasión de todos los
que quieran ser Discípulos suyos.
A. —Jesús anuncia su Pasión (16,21). Pedro acababa de
reconocerlo como Mesías (16,15-20). Faltaban pocos días para
la radiante experiencia del Tabor (17,1-6). Entre los Discípulos
ardía una hoguera de entusiasmo. En el peligroso título
«mesías» los galileos concentraban entonces, a punto de
estallar, la plenitud de todas las esperanzas colectivas, tanto
religiosas como temporales. La mayor parte lo imaginaban rey;
otros profeta, jefe, reformador, sacerdote o todo a la vez.
Absolutamente nadie había imaginado que pudiese ser un
Mártir, hundido en la humillación a la vista del mundo.
Jesús asume las esperanzas de su Pueblo, pero las trasciende.
Por encima de todas las ilusiones, se define como el Mesías de
una Resurrección que se ha de forjar en la Cruz. No da más
razón sino la de que «tiene que ser» así. En el sencillo lenguaje
de Jesús, «tener que ser» traducía a conversación ordinaria su
conciencia de que era Voluntad del Padre. En Getsemaní lo dirá
claro. Para su psicología filial, «Voluntad del Padre» significaba
obediencia; es decir, coincidencia espontánea y libre con un
Amor inteligente a lo divino. Contra todos los «mesianismos»
por imposición, Jesús va a realizar el único humano: el de
salvar a los demás (y enseñar a que cada uno contribuya a
salvar a los demás) dando en sacrificio la propia vida.
B. — Pedro protesta (16, 22-23). Todavía inteligente a lo
humano (23b), Pedro lleva su espada escondida bajo la túnica
(Jn 18,10-11). Pedro reprendido (Mt 16,23a), humillado (26, 69-
75) y convertido (Lc 22,32), renunciará a la espada y morirá en
Cruz, como Cristo, en el Circo Vaticano, para ser arquetipo y
centro primacial de todos los Discípulos en la Iglesia (Mt 16,
18-19).
C. —Jesús señala a los Discípulos el camino de la Pasión (16.24-
27). Cuatro Sentencias del Señor, pronunciadas en diversas
ocasiones, que coinciden en un mismo pensamiento. La Vida-
divina vale más que el mundo entero (v.26). Más que la propia
vida (v.25). Fuera de la Vida-divina la única opción es un eterno
fracaso (v.27). Por la Vida-divina hay que renunciar al egoísmo,
seguir las pisadas de Cristo y abrazar la Cruz (v.24). Palabras
duras si se entienden en negativo; sublimes si en positivo.
Porque la Vida-divina, regalo de Cristo al mundo, traspone la
persona humana a un nivel infinitamente superior a sí misma.
El hombre es tristeza mientras se encierra en su propia
dimensión. Sólo es feliz, libre y alegre quien entrega y
consagra su vida, minuto a minuto, por algo (por alguien) que
vale más que él mismo. Más que la persona humana, sólo Dios.
Cristo enseñó el camino. En la entraña de la Cruz-aceptada se
encuentra la gozosa libertad.
San Mateo evoca el momento en que Jesús abrió por primera
vez a los ojos de sus discípulos una perspectiva nueva,
desconcertante, abrumadora: la Cruz.
Sirven de preludio unas palabras de Jeremías. Precisamente
por amar a su pueblo y hablar con sinceridad, el profeta fue
incomprendido, hecho objeto de burla, maltratado. En muchos
rasgos de su fisonomía se anticipa un reflejo de la de Cristo.
La lectura evangélica se nos ofrece como un díptico. En la
primera tabla, la Pasión de Jesús. En la segunda, la del
Discípulo.
XXII DOMINGO TIEMPO ORDINARIO 287
A. — La Pasión de Jesús (y. 21-23). A lo largo de los capítulos de
transición entre el diálogo de Cesarea de Filipo y la entrada en
Jerusalén, la «Catequesis sinóptica» presenta tres veces a Jesús
profetizando su muerte dolorosa y resurrección. Después de
cada una de las tres predicciones, uno o varios discípulos
manifiestan su incomprensión. A partir de ella, el Maestro los c-
orrige, y proyecta sobre ellos el reflejo de la Cruz. Hoy leemos
la primera predicción. El discípulo que no comprende es el
mismo Simón Pedro.
1.— La profecía (y. 21). Jesús tenía conciencia de que iba al
encuentro de una muerte violenta. En virtud de su
conocimiento divino. También humanamente, dadas las
circunstancias en que se movía. Los evangelistas insisten
mucho en este pre-conocimiento a fin de destacar la libre
voluntad con que aceptó el Martirio. Habla de algo que «tiene
que» cumplir como un deber, como un Servicio (20, 28). Más
profundamente, como Voluntad del Padre (cf. Getsemaní). Esta
libre aceptación de la Cruz es lo qué ha hecho fascinadora la
imagen del Crucificado; no víctima fatal de un destino, sino
Ofrenda de Sacrificio generoso.
Confió su secreto a solos los discípulos, luego que lo
reconocieron como Mesías. A oídos hebreos, «Mesías» sonaba
a «Rey». Unos lo esperaban imperialista, otros apocalíptico,
quizá algunos sacerdotal. Pero nadie había imaginado que su
Reino tuviese que realizarse a través del fracaso y el patíbulo.
Por eso, en la conclusión de la lectura precedente vimos que
prohibió a sus discípulos que dijesen a los demás que él era el
Mesías. No podían comprenderlo. Tampoco lo comprendían los
discípulos...
2. — La incomprensión 4 Pedro (y. 22). El evangelista se
complace en darle el sobrenombre eclesiológico de Pedro (Kefa
o «Roca») a fin de evidenciar que la Gracia de su elección
como vicario del Mesías reposaba sobre carne frágil. A quienes
ofusca la fragilidad de los instrumentos de la Gracia
establecidos por Cristo, son analfabetos en Evangelio.
3. — La corrección (y. 23). Jesús rechaza el entremetimiento de
Pedro como una tentación (comparar con 4,10). Traduciendo en
positivo la censura, le enseña que el buen Discípulo tiene a
veces que pensar, sentir y obrar «no como los hombres»...
B. — La Pasión del Discípulo (y. 24-27). Manual de formación
cristiana, el Evangelio proyecta el deber o Servicio de la Cruz
también sobre el seguidor de Cristo En la precedente respuesta
a Pedro, el tezto original dice: « en pos de mí...!» (y. 23). Y
ahora añade: «El que quiera venir en pos de mí, niéguese a sí
mismo, tome su cruz y sígame». La ezpresión «seguir a Jesús»
resumía el ideal de quienes le conocieron directamente y se
consagraron a El. Comprendían que en El se había manifestado
la suprema perfección humana según Dios. El imperativo de
llevar la cruz significaba la vocación o disponibilidad al
martirio. Muy pronto (ya San Lucas 9, 23) se aplicó al sacrificio
cotidiano. Siguen tres Sentencias análogas, mirando a la Vida y
Gloria escatológica (o al peligro de frustrarse eternamente).
Todo ello es preludio, en el Evangelio, de una lección
fascinadora sobre el último sentido de la Cruz: la
Transfiguración (17, 1-9).
VIGESIMOTERCER DOMINGO
PRIMERA LECTURA
Lectura del libro del profeta Ezequiel 33,7-9
Esto dice el Señor:
A ti, hijo de Adán, te he puesto de atalaya en la casa de Israel;
cuando escuches palabra de mi boca, les darás la alarma de mi
parte.
Si yo digo al malvado:
< eres reo de muerte», y tú no hablas, poniendo en guardia al
malvado, para que cambie de conducta, el malvado morirá por
su culpa, pero a ti te pediré cuenta de su sangre.
Pero si tú pones en guardia al malvado, para que cambie# de
conducta, si no cambia de conducta, él morirá por su culpa,
pero tú has salvado la vida.
Salmo responsorial Sal 94,1-2. 6-7. 8-9
R. Ojalá escuchéis hoy su voz:
«No endurezcáis vuestro corazón.»
Venid, aclamemos al Señor, demos vítores a la Roca que nos
salva; entremos a su presencia dándole gracias, aclamándolo
con cantos.
XXIII DOMINGO TIEMPO ORDINARIO 289
Entrad, postrémonos por tierra, bendiciendo al Señor, creador
nuestro. Porque él es nuestro Dios
y nosotros su pueblo, el rebaño que él guía.
Ojalá escuchéis hoy su voz:
<‘No endurezcáis el corazón como en Meribá, como el día de
Masá en el desierto:
cuando vuestros padres me pusieron a prueba y me tentaron,
aunque habían visto mis obras.»
SEGUNDA LECTURA
Lectura de la carta del apóstol San Pablo a los Romanos 13,8-
10
Hermanos: A nadie le debáis nada, más que amor; porque el
que ama tiene cumplido el resto de la ley. De hecho, el <‘no
cometerás adulterio, no matarás, no robarás, no envidiarás», y
los demás mandamientos que haya, se resumen en esta frase:
«Amarás a tu prójimo como a ti mismo.”
Uno que ama a su prójimo no le hace daño; por eso amar es
cumplir la ley entera.
ALELUYA Aleluya, aleluya.
2Co 5,19 Dios estaba en Cristo reconciliando al mundo consigo,
y a nosotros nos ha confiado el mensaje de la reconciliación.
Aleluya.
EVANGELIO
Lectura del santo evangelio según san Mateo 18,15-20
En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos:
—Si tu hermano peca, repréndelo a solas entre los dos. Si te
hace caso, has salvado a tu hermano. Si no te hace caso, llama
a otro o a otros dos, para que todo el asunto quede confirmado
por boca de dos o tres testigos. Si no les hace caso, díselo a la
comunidad, y si no hace caso ni siquiera a la comunidad,
considéralo como un pagano o un publicano.
Os aseguro que todo lo que atéis en la tierra quedará atado en
el cielo, y todo lo que desatéis en la tierra quedará desatado
en el cielo.
Os aseguro además que si dos de vosotros se ponen de
acuerdo en la tierra para pedir algo, se lo dará mi Padre del
cielo. Porque donde dos o tres están reunidos en mi nombre,
allí estoy yo en medio de ellos.
El fragmento de Evangelio que leemos hoy está en el centro de
una plática familiar del Señor con sus Discípulos, ambientada
en la casita de Cafarnaúm. Les inculca el espíritu pastoral con
que deberán actuar en cada concretE comunidad de Iglesia. En
la
290 CICLO A
primera parte (18, 1-14) ha hablado de ios niños y los débiles,
de los que son causa de escándalo, de los que están en trance
de perderse. Ahora les da normas para el posible caso de que
un miembro de la iglesia se ponga en actitud de pecador
público.
1. — «Si tu hermano peca...» Se entiende por «hermano» un
miembro de la Fraternidad cristiana, no los ajenos (1 Cor 5, 9-
13). No se refiere a aquellas «motas en el ojo» (Mt 7, 3-5), por
las que sería mezquindad importunar. Tampoco a la vulgar
cizaña, que hay que tratar con paciencia (Mt 13, 24-30). Piensa
en un grave y mantenido escándalo, que hace incompatible la
permanencia de un determinado miembro en la iglesia (18, 8-
9). Situación que se le planteó a San Pablo en Corinto (1 Cor 5).
Callar redundaría en complicidad [ lectura]. El Evangelio indica
un procedimiento que es (suavizándolo mucho) el que seguían
otras asociaciones contemporáneas en Israel. Empezar por una
entrevista personal, de corazón a corazón. Insistir luego ante
un mínimo número de testigos. Si persiste en su actitud, hacer
que sepa y confirme la reprensión toda la «ekklesía» en cuyo
ámbito se ha producido el escándalo. Si la menosprecia, él
mismo ha manifestado que quiere ser tenido por ajeno («como
un pagano»...). Podrá reincorporarse cuando vuelva y pida
perdón. —Estas líneas de Evangelio son espíritu, no artículo de
código. Sin traicionar el espíritu, habrá que adaptarlas a cada
distinta situación.
2. — «En la tierra... en el cielo...» Siguen dos solemnes
aseveraciones del Señor (18-19). Prometen a sus Discípulos en
la tierra la eficaz cooperación del Padre Dios que está en el
cielo. La primera extiende a los otros Discípulos unidos con
Pedro —al Apostolado permanente— la facultad de «atar y
desatar» que poco antes (16, 19) había otorgado a solo Pedro.
En la segunda les dice que el Padre escuchará siempre la
oración que le dirijan en común sintonía. -
3. — «Donde están dos o tres congregados en mi Nombre, allí
estoy en medio de ellos». Razón profunda de la Iglesia. Jesús el
Señor está en ella (Mt 28, 20). El Cielo y toda su Realidad
hecho presencia e intercomunicación con todas las realidades
de la tierra. «Dios-con-nosotros».
El Evangelio es una parte del cuarto «Sermón» o amplia
antología de Palabras del Señor, recogidas y ordenadas por San
Mateo. Dicho Sermón llena el capítulo 18, tiene por auditorio el
solo grupo íntimo de los Discípulos y les ofrece una especie de
«directorio pastoral» en germen. El fragmento que leemos hoy
indica el procedimien to con que hay que intervenir cuando un
miembro de la comunidad escandaliza con su comportamiento.
El profeta Ezequiel expresa este sentido de solidaridad
disciplinar entre los miembros del Pueblo de Dios mediante una
imagen: la del centinela.
Los cuatro capítulos (12-15) de exhortaciones prácticas de la
Carta a los Romanos insisten varias veces en el precepto
capital del Amor fraterno. El inciso que leemos hoy lo relaciona
con las leyes morales particulares (sobre todo, las que
protegen el derecho del prójimo). La Caridad unifica su
indispensable multiplicidad en una superior actitud: el que
ama, realiza por el otro, a partir de su gozosa interna libertad,
todo y más de lo que le exigen desde fuera cada una de las
leyes. Estas, además, ya no le estorban; como no estorba la
oportuna señalización a lo largo del camino que uno sigue
porque «quiere».
XXIII DOMINGO TIEMPO ORDINARIO 291
El cuarto Sermón del EVANGELIO según Mateo se desarrolla en
tres ciclos de reflexiones y consignas ascético-pastorales. El
primer ciclo (vers. 1-14) proclama la primacía de los humildes
en el Reino de Dios (1-4) y declara a los «pequeños» o débiles
objeto primordial del quehacer apostólico, tanto en positivo
(ayudarlos: 5. 10-14) como en negativo (no «escandalizarlos»:
6-9). Hoy leemos el segundo ciclo (15-20), y el domingo
próximo el tercero.
Este segundo ciclo empieza con un tema realista. En la Iglesia
del Mesías no todo será buen grano. Es de prever que algún día
habrá un «hermano» o miembro públicamente pecador. No
según aquella normal miseria que conviene tolerar (recuérdese
la parábola de la cizaña). En el primer ciclo se habla de
«escándalos». La situación a que se refiere Mateo se dio, por
ejemplo, en la iglesia de Corinto recién fundada por San Pablo
(léase 1 Cor 5, 1-13, que es el mejor comentario). Ante el caso
grave no cabe la inhibición: hay que actuar por razón de iglesia
(jamás por aquel mezquino instinto fiscalizador ridiculizado por
el Sermón de la Montaña: Mt 7, 3-5).
A semejanza de otras agrupaciones religiosas judías de la
época, inspirándose en el Levítico (19, 17) y el Deuteronomio
(19, 15), el Evangelio indica un procedimiento que aúna en su
sencillez el celo, la caridad, la prudencia y la eficacia. Tres
pasos. Primero, de corazón a corazón con el solo culpable. Es
difícil el arte de reprender. Si tiene éxito, ha «ganado» un
hombre para Dios. El segundo paso es más incómodo:
reiterar la reprensión ante uno o dos testigos. El tercero nos
costaría imaginarlo actualmente (ver 1 Cor 5, 4-5): poner al
culpable en evidencia ante la iglesia local reunida. Si tampoco
hace caso del reproche común, él mismo se ha declarado ajeno
a la iglesia, y ésta formaliza públicamente su separación.
Siguen tres Sentencias del Señor. La primera (vers. 18)
reconoce colegialmente a los Discípulos la autoridad de «atar y
desatar» otorgada poco antes (16, 19) a San Pedro. La segunda
(19) asegura la especial eficacia de la oración cuando la hacen
juntos dos o más miembros de la comunidad. El texto griego
compara esta oración fraterna a una «sinfonía» o acorde
musical. Quiere decir que los Discípulos nunca deberían poner
en acto su poder de «atar y desatar» sin previo y cordial
recurso al diálogo con el Padre celeste del buen gobierno y
amor. La tercera Sentencia (20) asegura la Presencia de Cristo
en el centro de la Iglesia y de cada auténtica comunidad
eclesial reunida «en su Nombre». La conciencia de que Jesús es
«Dios-con-nosotros» (Mt 1,24) y está con los Discípulos hasta el
fin de los tiempos (Mt 28, 20) es para la Iglesia exigencia divina
de purificación y santidad.
El Evangelio de hoy constituye la sección central de unas
Instrucciones del Señor a sus Discípulos sobre el espíritu con
que deberán ejercer el oficio pastoral en la Comunidad
Cristiana. Humildad y firmeza; comprensión y autoridad. En el
contexto anterior (18, 1-4) habló de la atención a los niños y a
los débiles. Y también de los que dan o sufren «escándalo». En
el fragmento que leemos se distinguen dos partes:
A. — Corrección del hermano pecador (y. 15-17). El Evangelio
llama «hermanos»
a los miembros de la Comunidad cristiana, que es por vocación
una Fraternidad (Mt
23, 8). Al decir que un hermano «peca», no se refiere a las
pequeñas debilidades de
todo humano (7, 1-5), ni a la cizaña común (13, 24-30). San
Mateo piensa en algún
292 CICLO A
hecho impresionante y escandaloso, lo mismo que San Pablo
escribiendo a los de Corinto (1 Cor 5). Si la Fraternidad calla
ante el escándalo provocatorio de un miembro suyo, se
compromete la entera Fraternidad.
Pero el arte de corregir en cristiano pide amor y respeto en la
firmeza. Primero a solas, de corazón a corazón. Si no hace
caso, insistir ante un mínimo número de testigos (Dt 19, 15). Si
tampoco cede, que la Comunidad sepa y confirme la
reprensión. Por «comunidad» San Mateo dice Eleklesía. Se
refiere a la «Iglesia» en cuyo ámbito se ha producido el mal
ejemplo. Si el culpable persiste en él, pide con su actitud que le
consideren «como un ajeno». Podrá reentrar cuando vuelva y
pida perdón.
Estas normas reflejan (suavizándolas mucho) las de otras
asociaciones hebreas de aquel tiempo. Intentan realizar en
amor [ lectura] la fidelidad del centinela [ lectura]. Sin apagar
su espíritu, habrá que adaptarlas a las circunstancias de cada
época y situación.
B. — Presencia divina en la Comunidad. Siguen tres Sentencias
del Señor, reunidas aquí por San Mateo. Asegura a sus
Discípulos que trabajan «en la tierra» la asistencia eficaz del
Dios que está «en el Cielo»:
1. — Con relación al oficio de «atar y desatar» (y. 18). «Todo lo
que atéis... todo lo que desatéis... » Amplia autoridad religiosa,
que antes dio a Pedro en singular (Mt 16, 19 b). Cuando la
ejerce él, o con él «los Discípulos» a quienes el Señor da esta
responsabilidad en la Iglesia, Dios en el Cielo se solidariza con
sus decisiones.
2. En la oración (y. 19). Por contexto, la promesa de atender la
petición que sale al unísono de varios corazones hermanos se
refiere a la oración que ha de preceder e iluminar aquellas
decisiones que los responsables tomarán en bien de la
Comunidad. Por ejemplo, la de corregir (vv. 15-17).
3. En la vida de la Iglesia (y. 20). Esta última frase es, tal vez,
en todo su Evangelio la que mejor resume el pensamiento de
San Mateo. Cristo en la Iglesia. En efecto, Jesucristo «Dios-con-
nosotros» (Mt 1, 24) estará siempre con ella, hasta el fin del
mundo (Mt 28, 20).
El capítulo 18 de San Mateo presenta a Jesús instruyendo a los
Discípulos sobre el espíritu de humildad, celo, autoridad y
comprensión con que deben proceder en la Iglesia. Un esbozo
de «directorio ascético-pastoral», del que leemos un
fragmento.
Las normas que se dan en este fragmento presuponen una
convicción: que el hermano no puede inhibirse ante el terror o
pecado de su hermano. Como preludio a estas líneas del
Evangelio, escuchamos unas palabras de Ezequiel afirmando
dicho sentido de responsabilidad bajo la imagen del centinela.
El «directorio ascético-pastoral» del capítulo 18 de San Mateo
empieza con una lección de humildad. Jesús pone un niño en
medio de los Discípulos, y lo declara signo de la grandeza ante
Dios (18, 1-4). Añade que atender a un niño con espíritu
cristiano es atender a Cristo (y. 5).
De la imagen del «niño» pasa a la idea, más amplia, de los
pequeños o débiles, susceptibles de «escándalo». Advertencia
severísima contra quienes lo fomentan (y.
6-9).
XXIII DOMINGO TIEMPO ORDINARIO 293
El peligro del escándalo trae el recuerdo de algunos que ya se
han desviado de la Comunidad, y están en trance de perderse
del todo. Jesús pide a los Discípulos en favor de cada uno de
ellos (alegorizado en una «oveja descarriada») la solicitud
incansable del Buen Pastor (y. 10-14).
Del que está a punto de caer, la atención se desplaza al que ya
ha caído plenamente. El hermano pecador. En el vocabulario de
Mateo, «hermano» quiere decir miembro de la Comunidad
cristiana. No se refiere a las connaturales flaquezas de cada
uno, ante las que Jesús exige cerrar los ojos (léase Mt 7, 1-5).
Ni se trata de la «cizaña» normal, objeto de la tolerancia hasta
el fin de este mundo (13, 24-43). Habla de un escándalo
singular, inconciliable con la profesión de «hermano’> en la Fe.
Para comprender el ambiente vivo de estas líneas, léase el
capítulo 5 de la 1 Carta a los Corintios.
El Señor habla a «los Discípulos» (18, 1). En el pensamiento de
Mateo, personifican a toda la Iglesia considerada en sus
ministros responsables. Les da unas normas de procedimiento,
y les recuerda tres principios eclesiológicos.
A. — Normas de procedimiento (y. 15-17). Inspiradas en la
tradición y costumbres contemporáneas del judaísmo. Primero,
una visita cordialmente severa a cuatro ojos; es gesto de
caridad (Lev 19, 17-18), del que puede salir una conversión (y.
15 b; cf. Sant 5, 19-20). Si fracasa, insistir ante el mínimo
número de testigos a norma del Deuteronomio (19, 15). Si no
hace caso, reprensión pública en la asamblea de la comunidad
o iglesia local (1 Cor 5,4; 2 Tes 3,14). En último término,
declararlo no perteneciente a la Comunidad (y. 17 b = ex-
comunión pedagógica o «medicinal»:
cf. 2 Tes 3, 15; 1 Cor 5, 5 b y 9-1 1). Son normas adaptadas a
una situación concreta, que habrá que modificar en otras
situaciones, manteniendo “ espíritu.
B. — Principios eclesiológicos (18. 19. 20): a) El poder de atar-
y-desatar (= 16, 19 b), sancionado por Dios (<-en el Cielo»),
reside en el Colegio de «los Discípulos». Poder de la Iglesia,
actuado en sus ministros autorizados. Además de la facultad
de aceptar o no en la comunión eclesiástica (y. 15-17), se
extiende al perdón teológico de los pecados (= Jn 20, 23). —b)
La oración acorde es el alma de esta eficaz intercomunión
entre el orden divino y el humano (el Cielo y la tierra), qüe se
realiza en la Iglesia. —c) Porque la Iglesia, en cualquier
congregación legítima («en mi Nombre»), aun mínima («dos o
tres»), donde se actualice, es ámbito de la eficaz Presencia
divina del Señor (28, 20 b).
[ última parte de este capítulo 18 (vers. 21-35), que no
leeremos este año, enseña a los mismos Discípulos que tienen
que velar por la pureza de la Iglesia (= y. 15-17), a perdonar
siempre las ofensas personales (y. 21).]
VIGESIMOCUARTO DOMINGO PRIMERA LECTURA
Lectura del libro del Eclesiástico 27,33—28,9
El furor y la cólera son odiosos:
el pecador los posee.
Del vengativo se vengará el Señor
y llevará estrecha cuenta de sus culpas.
Perdona la ofensa a tu prójimo,
y se te perdonarán los pecados cuando lo pidas. ¿Cómo puede
un hombre guardar rencor otro
y pedir la salud al Señor?
No tiene compasión de su semejante,
¿y pide perdón de sus pecados?
Si él, que es carne, conserva la ira,
¿quién expiará por sus pecados?
Piensa en tu fin y cesa en tu enojo,
en la muerte y corrupción y guarda los mandamientos.
Recuerda los mandamientos
y no te enojes con tu prójimo,
la alianza del Señor, y perdona el error.
Salmo responsorial Sal 102,1-2. 3-4. 9-10. 11-12
R. El Señor es compasivo y misericordioso, lento a la ira y rico
en clemencia.
Bendice, alma mía, al Señor,
y todo mi ser a su santo nombre.
Bendice, alma mía, al Señor,
y no olvides sus beneficios.
XXIV DOMINGO TIEMPO ORDINARIO 295
Él perdona todas tus culpas
y cura todas tus enfermedades;
él rescata tu vida de la fosa
y te coima de gracia y de ternura.
No está siempre acusando, ni guarda rencor perpetuo.
No nos trata como merecen nuestros pecados ni nos paga
según nuestras culpas.
Como se levanta el cielo sobre la tierra, se levanta su bondad
sobre sus fieles;
como dista el oriente del ocaso, - así aleja de nosotros nuestros
delitos.
SEGUNDA LECTURA
Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los Romanos 14,7-9
Hermanos: Ninguno de nosotros vive para sí mismo y ninguno
muere para sí mismo. Si vivimos, vivimos para el Señor; si
morimos, morimos para el Señor. En la vida y en la
muerte somos del Señor. Para esto murió y resucitó Cristo,
para ser Señor de vivos y muertos.
ALELUYA Aleluya, aleluya.
Jn 13,34 Os doy el mandato nuevo: que os améis mutuamente
como yo os he amado, dice el Señor. Aleluya.
EVANGELIO
Lectura del santo evangelio según san Mateo 18,21-35
En aquel tiempo, acercándose Pedro a Jesús le preguntó:
—Si mi hermano me ofende, ¿cuántas veces le tengo que
perdonar? ¿Hasta siete veces?
Jesús le contesta:
—No te digo hasta siete veces, sino hasta setenta veces siete.
Y les propuso esta parábola:
—Se parece el reino de los cielos a un rey que quiso ajustar las
cuentas con sus empleados. Al
empezar a ajustarlas, le presentaron uno que debía diez mil
talentos. Como no tenía con qué
pagar, el señor mandó que lo vendieran a él con su mujer y sus
hijos y todas sus posesiones, y
que pagara así. - El empleado, arrojándose a sus pies, le
suplicaba diciendo:
«Ten paciencia conmigo y te lo pagaré todo.’>
El señor tuvo lástima de aquel empleado y lo dejó marchar,
perdonándole la deuda. Pero al salir, el empleado aquel
encontró a uno de sus compañeros que le debía cien denarios,
y agarrándolo lo estrangulaba diciendo:
«Págame lo que me debes.’>
296 CICLO A
El compañero, arrojándose a sus pies, le rogaba diciendo:
‘<Ten paciencia conmigo y te lo pagaré.»
Pero él se negó y fue y lo metió en la cárcel hasta que pagara
lo que debía.
Sus compañeros, al ver lo ocurrido, quedaron consternados y
fueron a contarle a su señor todo lo sucedido. Entonces el
señor lo llamó y le dijo:
‘ malvado! toda aquella deuda te la perdoné porque me lo
pediste. ¿No debías tú también tener compasión de tu
compañero, como yo tuve compasión de ti?»
Y el señor, indignado, lo entregó a los verdugos hasta que
pagara toda la deuda.
Lo mismo hará con vosotros mi Padre del cielo si cada cual no
perdona de corazón a su hermano.
La página de Evangelio que leemos hoy termina aquella
conversación del Maestro con sus discípulos en la casita de
Cafarnaúm. Antes les inculcó el espíritu cristiano de la
humildad y una predilección pastoral en favor de los niños, los
débiles y los pecadores. Ahora concluye con el Mandamiento
del Perdón fraterno. El más realista ejercicio del amor. La
Iglesia y cada comunidad de Iglesia será familia de hermanos
mientras sepamos pedir perdón y perdonar sin límite.
1. — El Mandamiento del Perdón fraterno se declara en las
primeras líneas. Era pedagogía de aquel tiempo introducir una
sentencia importante del Maestro con la pregunta de un
discípulo. La de Pedro es voz de todos: ¿de veras tendremos
que perdonar hasta «siete veces» al hermano que persevera
en ofendernos? La expresión «siete veces’> equivalía a
siempre. Jesús acentúa el modismo popular con un inmenso
subrayado: «setenta y siete veces». Quiere decir:
absolutamente siempre. Alusión por contraste a la insolencia
de Lamek, aquel arquetipo de violentos que prometía vengarse
«setenta y siete veces’> por cada injuria recibida (Génesis 4,
24).
2. — La parábola de. la infinita Misericordia. Jesús ilustraba su
doctrina con ejemplos que impresionasen la imaginación de la
gente sencilla. Aquel mal administrador había defraudado al
rey una cantidad que excedía al entero presupuesto anual del
reino. Por vía de justicia estaba perdido para siempre. Apela a
la compasión y se le perdona al punto toda la culpa y deuda.
Generosidad que nunca se ha visto en el orden humano y es
pura transparencia de lo que significa para nosotros el divino
perdón. Somos responsables, cada persona humana, de un
inmenso tesoro de Gracia mal administrada. Si alguien no
siente la urgencia de pedir perdón, y al pedirlo no se siente
infinitamente perdonado, todavía desconoce a Dios.
3. — Condenación del que no tiene Misericordia. La suprema
razón por la que debemos perdonar siempre al hermano es la
generosidad con que nos perdona siempre el Padre Dios.
Somos miembros de un Reino de Dios que es Familia y tiene
por Ley fundamental la Misericordia. Aquel siervo infinitamente
perdonado cometió la insensatez de vejar al «consiervo» por
una deuda que representaba la millonésima parte de la que él
mismo había contraído. Cuando decimos al Padre Dios en la
oración de cada día «perdónanos... corno nosotros hemos
perdonado», firmamos nuestra Salvación — o nuestra condena.
El Evangelio nos ofrece la última parte del Sermón o «directorio
pastoral» del capítulo 18 de San Mateo. Tema central: el
perdón ilimitado de las ofensas personales.
XXIV DOMINGO TIEMPO ORDINARIO 297
Puede considerarse un comentario a aquella petición del
Padrenuestro: «perdónanos como nosotros perdonamos...)) Ben
Sirá, en su código de sensatez que llamamos el Eclesiástico,
prepara muy de cerca esta lección del Evangelio: ¿cómo va a
pedir misericordia a Dios el que es vengativo con su prójimo?
Termina con este domingo la serie de fragmentos de la Carta a
los Romanos. En las líneas que preceden al de hoy, San Pablo
da consejos de comprensión a propósito de ciertas curiosas
divergencias que habían surgido en la comunidad de Roma.
Sabiendo muy bien que los problemitas a ras de suelo apenas
sirven más que para dividir, les exhorta a sentirse unidos en el
más alto ideal: todo por Cristo. El que ama, trabaja y está
dispuesto a morir por servir a Cristo, no tiene por qué
incomodarse con otros hermanos que también, a su legítima
manera, aman y sirven al mismo único Señor.
El EVANGELIO DE SAN MATEO termina su cuarto «Sermón)) con
una severa advertencia contra el instinto de venganza.
Distingamos: a) la respuesta de Jesús a una pregunta de Pedro
(vers. 21-22); b) la parábola del inmenso deudor y mezquino
acreedor (23-34); c) la lección conclusiva (35).
a) La respuesta o Sentencia del Señor sobre el perdón de las
ofensas es una réplica a la ley de la venganza, que tuvo su
ezpresión clásica en el canto de Lamek: «... si Caín habría sido
vengado siete veces, Lamek lo será setenta y siete)) (Gen 4,
24). Siete quería decir «muchas)>; setenta y siete,
«muchísimas»: sin límite. El Génesis estigmatiza en el
salvajismo de Lamek la insaciable sed de venganza
característica de los descendientes de Caín (entiéndase: de la
sociedad moralmente degenerada). Cristo vino a transformar el
corazón humano infundiéndole una ilimitada capacidad de
perdonar. El Evangelio introduce pedagógicamente esta lección
con la pregunta de Pedro, el discípulo ya muy generoso, pero
todavía no en absoluta plenitud.
b) La parábola destaca el motivo pedagógico del mandamiento
del perdón. Su colorido literario refleja el sistema de
administración pública de un reyezuelo de la época. Tres
escenas: en la primera, un gestor de la hacienda real se
encuentra al descubierto. La deuda es enorme (equivalente al
rédito anual de un pequeño estado), muy por encima de la
capacidad económica de un particular. El código penal es
riguroso; pero el soberano lo perdona todo (generosidad
inconcebible en el orden humano) ante la súplica dolorida del
mal administrador. La escena es puramente significativa. En el
pueblo de Jesús llamaban «deuda» al pecado. La parábola
quiere decir que la culpabilidad del pecador ante Dios es
misteriosamente casi infinita, que el hombre no se puede
redimir a sí mismo, que su única esperanza es la Misericordia y
que ésta le abre los brazos con sólo pedir perdón de veras.
En la segunda escena (28-30), el deudor perdonado aparece
como acreedor de una cantidad insignificante (algo así como
una millonésima parte de lo que él debía). Detalle por detalle,
el Evangelio contrasta su conducta con la del Señor. En su
infamia se estigmatiza la de todo hombre que no quiere
perdonar. La última escena (3 1-34) expresa en forma
dramática lo que la Carta de Santiago (2, 12) dice sin
imágenes: «el juicio (escatológico) será sin misericordia para el
que no hizo misericordia». Quien se niega a ser imagen y
semejanza de la Misericordia del Señor ha escogido libremente
su condenación. Y la acepta de nuevo cada vez que osa pedir
en el Padrenuestro que se le perdone como él ha perdonado...
c) La lección conclusiva (35) añadc al verbo «perdonar» un
matiz sabrosamente
298 CICLO A
evangélico: «de corazón». El hombre transfigurado por la
gracia sabe que allí, en su profunda intimidad o «corazón», es
Dios mismo quien ama por él, y con él «hace misericordia».
Con el Evangelio de hoy termina la lectura del capítulo 18 de
San Mateo. Todo el capítulo es una conversación del Señor con
los Discípulos sobre el espíritu de humildad, fraternidad y
rectitud que debe animar su Iglesia. En esta última página
promulga y explica el Mandamiento del Perdón fraterno.
A. — Introduce el Mandamiento del Perdón una pregunta de
Pedro, el discípulo que representa a todos. Pedro encuentra
suficiente y heroico perdonar hasta siete veces. En la manera
de hablar de entonces, «siete» quería decir muchas. Jesús
subraya con énfasis: setenta y siete veces. Es decir,
«muchísimas»: sin límite, siempre.
La respuesta de Jesús a Pedro alude al cántico de Lamek,
referido en el Génesis (4, 24). Lamek, personificación del
hombre degradado, afirma que se ha de vengar de las ofensas
no «siete» sino «setenta y siete» veces. Glorificación salvaje
del odio, que ha reducido gran parte de la historia universal a
un elenco de guerras. El Evangelio es la absoluta antítesis del
rostro inhumano de «Lamek». Estar siempre dispuesto a
perdonar y reconciliarse es la más ardua victoria del espíritu.
Ser cristiano no es una fácil teoría.
B. — Una parábola sobre el Juicio escatológico ilumina esta ley
evangélica del perdón. Las Parábolas de Jesús eran un recurso
pedagógico para dar relieve y color a su doctrina. En ellas todo
era transparencia significante, y así lo intuían espontánea
mente quienes lo escuchaban. Una deuda de diez mil talentos
(algo así como trescientas o más toneladas de plata) excedía
toda ponderación. Era decir que aquel servidor o ministro del
rey había dilapidado el íntegro tesoro del estado. Convicto y
condenado a una pena severísima, es perdonado sólo por pedir
perdón. Generosidad inverosímil a nivel humano. Acto seguido
se encuentra con un compañero que le debe ¡poco más de una
millonésima parte! de lo que debía él, y lo maltrata con
inconcebible despotismo. Los oyentes de Jesús encontrarían
lógica la última escena, cuando el soberano revoca su perdón y
hace caer sobre aquel insensato todo el peso de la justicia.
Una frase de la Carta de Santiago (2, 13) resume la situación
final de la parábola:
«Juicio sin misericordia para el que no hizo misericordia».
C. — Insistimos en que la parábola es una «transparencia
significante». El pueblo de Jesús entendía directamente su
intención teológica. El religioso pueblo de Jesús llamaba deuda
al pecado (así lo decimos todavía en el Padrenuestro), y sabía
que Dios es trascendente. Quien acepta el Pecado formal
defrauda un tesoro (los «talentos» que Dios le ha dado para
administrar), de valor casi infinito. Sin más recurso ni
esperanza que el divino perdón.
Jesús, que veía el corazón del Padre, enseñó con apasionada
ilusión a los hombres que Dios es infinito en perdonar. Y quiere
que sus hijos sean en la Iglesia y ante el mundo presencia viva
de su Corazón. Reflejos de aquella Misericordia, Bondad o
Gracia que la Biblia considera el rasgo más característico de la
fisonomía de Dios. Si un cristiano rehusase el Mandamiento del
Perdón fraterno, se condenaría a sí mismo cuando reza el
Padrenuestro.
VIGESIMOQUINTO DOMINGO
PRIMERA LECTURA
Lectura del libro del profeta Isaías 55,6-9
Buscad al Señor mientras se le encuentra,
invocadio mientras está cerca;
que el malvado abandone su camino,
y el criminal sus planes;
que regrese al Señor, y él tendrá piedad,
a nuestro Dios, que es rico en perdón. Mis planes no son
vuestros planes,
vuestros caminos no son mis caminos
—oráculo del Señor—. Como el cielo es más alto que la tierra,
mis caminos son m altos que los vuestros, mis planes, que
vuestros planes.
Salmo responsorial Sal 144,2-3. 8-9. 17-18
R. Cerca está el Señor de los que lo invocan.
Día tras día te bendeciré, Dios mío, y alabaré tu nombre por
siempre jamás. Grande es el Señor y merece toda alabanza, es
incalculable su grandeza.
El Señor es clemente y misericordioso, lento a la cólera y rico
en piedad; el Señor es bueno con todos, es cariñoso con todas
sus criaturas.
300
CICLO A
El Señor es justo en todos sus caminos, es bondadoso en todas
sus acciones;
cerca está el Señor de los que lo invocan, de los que lo invocan
sinceramente.
SEGUNDA LECTURA
Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los Filipenses l,20c-
24. 27a
Hermanos: Cristo será glorificado en mi cuerpo, sea por mi vida
o por mi muerte. Para mí la vida es Cristo, y una ganancia el
morir. Pero si el vivir esta vida mortal me supone trabajo
fructífero no sé qué escoger.
Me encuentro en esta alternativa: por un lado, deseo partir
para estar con Cristo, que es con mucho lo mejor; pero, por
otro, quedarme en esta vida veo que es más necesario para
vosotros.
Lo importante es que vosotros llevéis una vida digna del
Evangelio de Cristo.
ALELUYA Aleluya, aleluya.
Cf. Hch 16,24 Abre, Señor, nuestro corazón, para que
comprendamos las palabras de tu Hijo. Aleluya.
EVANGELIO
Lectura del santo evangelio según san Mateo 20,1-16
En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos esta parábola:
—El Reino de los cielos se parece a un propietario que al
amanecer salió a contratar jornaleros para su viña. Después de
ajustarse con ellos en un denario por jornada, los mandó a la
viña.
Salió otra vez a media mañana, vio a otros que estaban en la
plaza sin trabajo, y les dijo:
«Id también vosotros mi viña, y os pagaré lo debido.
Ellos fueron. Salió de nuevo hacia mediodía y a media tarde, e
hizo lo mismo. Salió al caer la tarde y encontró a otros,
parados, y les dijo:
« es que estáis aquí el día entero sin trabajar? Le respondieron:
«Nadie nos ha contratado. Elles dijo:
«Id también vosotros a mi viña.«
Cuando oscureció, el dueño dijo al capataz:
«Llama a los jornaleros y págales el jornal, empezando por los
últimos y acabando por los primeros.«
Vinieron los del atardecer y recibieron un denario cada uno.
Cuando llegaron los primeros, pensaban que recibirían más,
pero ellos también recibieron un denario cada uno. Entonces se
pusieron a protestar contra el amo:
«Estos últimos han trabajado sólo una hora y los has tratado
igual que a nosotros, que hemos aguantado el peso del día y el
bochorno.
El replicó a uno de ellos:
XXV DOMINGO TIEMPO ORDINARIO 301
«Amigo, no te hago ninguna injusticia. ¿No nos ajustamos en
un denario? Toma lo tuyo y vete. Quiero darle a este último
igual que a ti. ¿Es que no tengo libertad para hacer lo que
quiera en mis asuntos? ¿O vas a tener tú envidia porque yo soy
bueno?’>
Así, los últimos serán los primeros y los primeros los últimos.
Hoy escuchamos la Parábola de los llamados a trabajar en la
Viña. La vid y la viña eran símbolo nacional de Israel, como el
cedro lo es del Líbano. Los símbolos, cuando vienen
consagrados por la tradición, son palabras de luz que hablan al
alma.
A Jesús le gustaba desarrollar parábolas en torno a la Vid y la
Viña. Hasta los analfabetos entendían por transparencia que
hablaba de su propio Pueblo. Pueblo elegido por Dios para
promover en todo el mundo su Reinado de Justicia y de Paz.
«Trabajar en la Viña» significa, por tanto, dedicarse al servicio
del Reino de Dios. Creer y vivir el Evangelio. Nadie imaginaba
que el «jornal» de este trabajo representase unas monedas de
plata. Es la Gracia de pertenecer al Reino. Honor y felicidad
que excede toda riqueza material.
En sus parábolas, Jesús se refiere muchas veces a sí mismo y a
su actividad evangelizadora. Es él quien «al caer de la tarde»
(a la hora undécima, en lenguaje bíblico) vino como Dueño de
la Viña para llamar a los que nadie había llamado. Los
menospreciados del pueblo de la tierra. Religiosamente
marginados. Denominados «pecadores» por quienes se tenían
por justos. Entraron y «trabajaron» con entusiasmo en su inicial
Comunidad mesiánica. De entre ellos fueron elegidos los
Apóstoles. Formaron el auténtico Israel o Pueblo de Dios,
germen de la Iglesia. Jesús los acogió con el mismo amor que a
todos, e incluso con predilección.
Algunos que se consideraban aristocracia religiosa, fieles
desde antiguo, murmuraron. Por ejemplo, un sector de los
fariseos. Es tema constante del Evangelio. No criticaban por
sentido de justicia, sino por envidia. La envidia es cáncer del
amor fraterno. Y sin amor fraterno no hay Pueblo de Dios. La
parábola de hoy es un aviso a los que padecen esa
enfermedad espiritual de la envidia. Los que por considerarse
«primeros» en su estimación pasan a ser «últimos» ante Dios.
A nivel de relaciones humanas cabría discutir la conducta del
propietario. Pero las parábolas del Evangelio son pura
transparencia de una lección religiosa. Quiere decir que Dios
llama a todos a «trabajar» en su Reino. En todas las épocas de
la historia y en cualquier edad de la vida. Abraza con la misma
Bondad a los que entran a «última hora» (como el buen ladrón
en la cruz) y a los que le sirvieron desde la. primera infancia.
Aceptamos en comunión con su Bondad a las personas,
instituciones o pueblos que entren, aunque sea «a última
hora», en nuestra Familia eclesial. Sin envidia, que es cáncer
del amor y raíz de todas las tensiones.
La parábola del Evangelio invita a reflexionar sobre algunas
características de la historia de la Salvación, que no siempre
comprendemos los hombres. Porque los caminos de la gracia
de Dios están muy por encima de nuestras medidas y criterios,
302 CICLO A
como dice con religiosa admiración el Libro de Isaías.
San Pablo escribe desde la cárcel a sus cristianos de Filipos.
Presiente la liberación y su continuidad en el trabajo
apostólico; pero tampoco ignora que sus cadenas podrían
terminar en la riuerte. Dedicado a la gloria de Cristo en cuerpo
y alma, le es igual fiesta vivir que morir. Consciente de su
tesoro, quisiera que los demás lo descubran también y lo
compartan.
En el EVANGELIO DE SAN MATEO se encuentran, algo
separadas una de otra, tres parábolas a propósito de una Viña.
El orden litúrgico de lecturas las presenta seguidas en tres
domingos consecutivos (25, 26 y 27). No se olvide que en toda
parábola evangélica conviene distinguir bien la imagen terrena
de la verdad religiosa. La imagen refleja costumbres de la
época, sin aprobarlas ni reprobarlas. Como el de todo signo, el
valor de la imagen es puramente relativo y pedagógico.
La «Viña» era símbolo de Israel en cuanto Pueblo de Dios. Un
tema común a las tres parábolas es el de que Dios encomienda
a los hombres el laboreo de su Viña. Esta vocación de trabajar
al servicio directo de los intereses de Dios constituye la más
alta misión, responsabilidad y gloria del hombre.
En la parábola de hoy se destaca la continuidad histórica de
esta vocación. La expresa el afán de un terrateniente que,
desde el amanecer hasta última hora, va una y otra vez a
contratar jornaleros en la plaza del pueblo, donde se sitúan
esperando una oportunidad los sin empleo fijo. En el orden
humano no tendría sentido seguirlos contratando incluso
cuando sólo falta una hora para terminar la jornada laboral.
Diríase que el propietario quiere a toda costa, por encima del
interés de su hacienda, que ni un solo hombre tenga que
regresar al hogar con el alma y las manos vacías.
El acuerdo entre el dueño y sus trabajadores sugiere el tema
bíblico de la Alianza. A la fidelidad servicial del hombre
corresponde Dios con los bienes de la Salvación. Israel fue el
primer llamado. Pero a última hora (en la perspectiva de los
contemporáneos del Evangelio) vino el Señor a ofrecer también
un puesto en sü «Viña» a los hasta entonces «sin trabajo»: los
del pobre pueblo de la tiérra, los postergados por inútiles, los
tenidos por pecadores. Quienes se consideraban privilegiados
en exclusiva del Reino de Dios lo vieron con escándalo. Mucho
más cuando la invitación se extendió abiertamente a los
paganos. Los de la antigua fidelidad murmuraron. Quizá
hubieran tolerado a los r&ién venidos en un plano de
inferioridad. Pero Cristo y la Iglesia los sentaban al mismo nivel
en la mesa de la Alianza mesiánica. Incluso aparecían y eran
tratados como los predilectos.
Jesús dijo esta parábola para desautorizar a los murmuradores.
La narración es puramente significativa. Hubiera sido normal,
en el orden humano, que los trabajadores de primera hora se
molestasen. Pero los oyentes del Maestro sabían que no se
refería para nada a una situación laboral, sino a una actitud
religiosa. Y en este plano salta a la vista la mezquindad de los
que se entristecen, a fin de cuentas, porque la generosidad del
Señor es infinita. La parábola no se refiere al premio
escatológico personal, proporcionado al mayor o menor mérito
de cada uno (sería absurdo imaginar que los santos protestan
en el Juicio). Refleja una situación de Iglesia o Pueblo de Dios.
Invita a gozarnos cada vez que observemos como los
hermanos de última hora son considerados igual o mejor que
los que llevamos años al servicio del Dueño; ¿qué mayor dicha
que la de haber trabajado más tiempo por él? Dice, sobre todo;
a los que se sientan llamados a última hora, que no duden:
sabrán por experiencia «que el Señor es bueno...»
XXV DOMINGO TIEMPO ORDINARIO 303
Al Maestro le gustaba proponer reflexiones sugeridas por la
imagen de una Viña. La viña o también la vid se consideraban
símbolo de Israel. La gente lo entendía sin necesidad de
explicación. Símbolo de Israel en cuanto a Pueblo que Dios
cuidaba como <(propiedad)) suya.
Decir en una parábola que el dueño salió a contratar braceros
para trabajar en su Viña significaba que Dios llama a cada uno
a cooperar en la misión confiada a su Pueblo. La misión de
preparar el Reino de Dios, abriendo caminos a su plan de
Salvación. Desde los primeros pasos en la Historia de la
Salvación hasta el momento decisivo en que Jesús viene al
mundo (en la parábola: desde el amanecer hasta la última hora
de la jornada laboral), el Dueño no ha cesado de llamar a los
hombres con insistencia. Le duele que quede alguno sin
«trabajar>’. No es el interés lo que le mueve, sino el deseo de
favorecer a todos. Por eso sigue contratando trabajadores
incluso en «la hora oncena», cuando los hasta entonces
ociosos apenas podrán prestar un rendimiento mínimo.
Porque, al pedir cooperación, el Señor ofrece «jornal». La
alegoría del jornal debía resultar sabrosa para el auditorio
sencillo y pobre que escuchaba a Jesús. Significa los Bienes
que Dios concede en su Alianza. Superiores a toda humana
imaginación. Como los que recibió el Ladrón convertido en el
Calvario cuando Jesús, a «la hora oncena», le aseguró para
antes de la noche la felicidad infinita de estar para siempre con
él.
La lección peculiar de esta parábola está en su última escena,
cuando todos los que en su momento respectivo han aceptado
la llamada reciben el «jornal» completo. Si se tratase de un
relato documental histórico, cabría discutir el comportamiento
del amo. Pero la narración parabólica es pura «transparencia
significante» de una realidad superior, y asi lo entendía el
pueblo que escuchaba a Jesús.
En efecto, Jesús está alegorixando la experiencia de su propia
actividad evangelizadora. En los «de primera hora» caracteriza
a aquellos hijos de Israel que se consideraban a sí mismos
continuadores y depositarios de la más antigua Fidelidad. Los
«últimos» representan a los que vivían del todo ajenos a la
Salvación hasta que el Señor los invitó a convertirse. Muchos
aceptaron. Y él los recibió al mismo nivel que a los demás en el
goxo del Evangelio. Contra esta abertura divinamente
generosa refunfuñaron algunos de la antigua Fidelidad —con
aquel antipático ceño con que protestó ante su Padre el
hermano mayor del «hijo pródigo».
Dos errores al trasluz de su protesta. Consideran servidumbre
de mercenario haber «trabajado» desde siempre por un Dueño,
que (en el sentido único de la parábola) es el mismo Dios —
cuando, para el que tiene fe y corazón, no hay honor más alto
ni gozo más pleno. Miran a los recién llegados como intrusos —
cuando son hermanos.
En cada generación del Cristianismo ha habido «últimos» que,
por la Bondad del Amo de la Viña (y. 15 b), han venido a unirse
en plan de igualdad con los que se gloriaban de ser «los
primeros». Incluso a sobrepasarlos (en número, en iniciativa,
en éxito). Como los convertidos del paganismo en relación con
los judeocristianos ?n
304 CICLO A
tiempo de San Mateo. Cuando suceda algo parecido, los
«antiguos» de corazón grande no se resentirán, antes se
alegrarán entrañablemente con el Señor.
El Evangelio es una lección de catecismo sobre la incansable
Bondad de Dios. Siempre abierta para acoger a quienes
aceptan su llamada. De paso, reprende la estrechez de corazón
de algunos hombres que se creen buenos.
En la lectura inicial, el autor de la segunda parte del Libro de
Isaías exhorta a los exiliados de Babilonia. Que venzan el
desánimo acudiendo al Señor. Está cerca y llama: su capacidad
de perdonar y acoger es inmensa como la anchura del
firmamento.
La Parábola de los jornaleros de la Viña fue pronunciada por el
Señor y luego escrita por San Mateo en unas circunstancias
concretas, y según ellas debe ser comprendida.
Cuando la pronunció Jesús, seguramente hacia el término de su
misión, se habían definido en el público dos actitudes. Por una
parte, la disponibilidad a la conversión por parte de muchos,
que el ambiente había estigmatizado como «pecadores»; por
otra, la autosuficiencia crítica de los que se tenían a sí mismos
por fieles y justos desde siempre. Convencionalmente, la
primera actitud acabó por personificarse en la figura típica del
«publicano>, y la segunda en la del «fariseo». Pero en realidad,
no pocos adictos sinceros de Jesús llevarían en sí la tentación
«farisaica» de sentirse superiores a los recién convertidos, que
el Mesías acogía en plano de igualdad, e incluso de afectuosa
preferencia. Jesús los amonestó con varias instrucciones y
parábolas. Sobre todo, con la del Padre que tenía dos hijos: uno
pecador-y- arrepentido (el «pródigo»), otro siempre fiel. Si la
Bondad ilimitada del Padre para con el pecador hirió el alma
del siempre fiel, es porque no tenía espíritu de hermano (cf. Lc
15, 11-32).
La parábola de hoy sigue la misma línea. Las parábolas de
Jesús eran ejemplos sencillos, en parte realistas y en parte
paradójicos, a través de los cuales la gente veía por
transparencia una lección religiosa. La «Viña» era para todos
un símbolo connatural del Pueblo o Reino (Israel), cuyo dueño
es Dios. Dios quiere que todos los hombres, de cualquier
época, edad y condición, colaboren en su obra. Para expresar
esto con énfasis, presenta a un propietario rural que acude,
hora tras hora, a la plaza del pueblo a contratar braceros.
Incluso a la «hora undécima», cuando, según la manera de
contar de entonces, sólo falta una hora para terminar la
jornada laboral. Al propietario poco le puede interesar su
mínimo rendimiento; pero no quiere que en el pueblo quede un
solo hombre con las manos vacías y la tristeza de una noche
sin jornal.
Para ello, da a todos el salario íntegro. Signo de la buena
voluntad con que se adhirieron a su obra, cada uno en el
momento en que fue llamado. Signo, en último término, de su
buen corazón (vers. 15 b). Al decir esto, el autor de la parábola
no piensa en el propietario humano (cuya conducta pudiera ser
objeto de discusión); a través de su figura paradójica, describe
por transparencia el estilo de la Gracia, maravillosamente
distinto y superior a los pensamientos humanos.
Ejemplo de «llamado a la hora undécima» fue el Buen Ladrón.
Sería absurdo que
XXV DOMINGO TIEMPO ORDINARIO 305
un «justo desde siempre» criticase a Jesús por ello... De
manera análoga aparece inconveniente la murmuración de los
trabajadores de primera hora, si la entendemos en clave
teológica. Miraron a los demás como incómodos adventicios, y
no con la alegría de quien tiene corazón de hermano.
Lo que sucedía en torno a Jesús, pasó también en la iglesia de
Mateo. Los antiguos judeocristianos miraban como de «última
hora» a los convertidos del paganismo. Y les molestaba la
predileción que se tenía por ellos. En su favor el evangelista, al
poner por escrito la parábola, acentuó la idea de que muchas
veces, los últimos pasan a ser los primeros. Sobre todo, cuando
a los (que se creen) «los primeros» les falta lo único necesario:
la Caridad.
VIGESIMOSEXTO DOMINGO
PRIMERA LECTURA
Lectura del libro del profeta Ezequiel 18,25-28
Esto dice el Señor:
Comentáis: no es justo el proceder del Señor.
Escuchad, casa de Israel: ¿es injusto mi proceder?; ¿o no es
vuestro proceder el que es injusto?
Cuando el justo se aparta de su justicia, comete la maldad y
muere, muere por la maldad que cometió.
Y cuando el malvado se convierte de la maldad que hizo, y
practica el derecho y la justicia, él mismo salva su vida.
Si recapacita y se convierte de los delitos cometidos,
ciertamente vivirá y no morirá.
Salmo responsorial Sal 24,4bc-5. 6-7. 8-9
R. Recuerda, Señor, que tu misericordia es eterna.
Señor, enséñame tus caminos, instrúyeme en tus sendas, haz
que camine con lealtad;
enséñame, porque tú eres mi Dios y Salvador, y todo el día te
estoy esperando.
Recuerda, Señor, que tu ternura y tu misericordia son eternas;
no te acuerdes de los pecados ni de las maldades de mi
juventud; acuérdate de mí con misericordia, por tu bondad,
Señor.
XXVI DOMINGO TIEMPO ORDINARIO 307
El Señor es bueno y es recto y enseña el camino a los
pecadores;
hsce caminar a los humildes con rectitud, enseña su camino a
los humildes.
SEGUNDA LECTURA
Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los Filipenses 2,1-Ji
Hermanos: Si queréis darme el consuelo de Cristo
y aliviarme con vuestro amor,
si nos une el mismo Espíritu
y tenéis entrañas compasivas, dadme esta gran alegría:
manteneos unánimes y concordes
con un mismo amor y un mismo sentir.
No obréis por envidia ni por ostentación,
dejaos guiar por la humildad
y considerad siempre superiores a los demás.
No os encerréis en vuestros intereses,
sino buscad todos el interés de los demás.
Tened entre vosotros los sentimientos propios
- de una vida en Cristo Jesús. [ a pesar de su condición divina,
no hizo alarde de su categoría de Dios;
al contrario, se despojó de su rango
y tomó la condición de esclavo,
pasando por uno de tantos.
Y así, actuando como un hombre cualquiera,
se rebajó hasta someterse incluso a la muerte,
y una muerte de cruz.
Por eso Dios lo levantó sobre todo y le concedió el «Nombre-
sobre-todo-nombre», de modo que al nombre de Jesús toda
rodilla se doble
—en el Cielo, en la Tierra, en el Abismo— y toda lengua
proclame:
«Jesucristo es Señor!», para gloria de Dios Padre.]
ALELUYA Aleluya, aleluya.
Jo 10,27 Mis ovejas oyen mi voz, dice el Señor, yo las conozco
y ellas me siguen. Aleluya.
EVANGELIO
Lectura del santo evangelio según san Mateo 21,28-32
En aquel tiempo, dijo Jesús a los sumos sacerdotes y a los
ancianos del pueblo:
—iQué os parece? Un hombre tenía dos hijos. Se acercó al
primero y le dijo: «Hijo, ve hoy a
308 CICLO A
trabajar en la viña.’
El le contestó: «No quiero». Pero después se arrepintió y fue.
Se acercó al segundo y le dijo lo mismo.
El le contestó: «Voy, señor.» Pero no fue.
Quién de los dos hizo lo que quería el padre?
Contestaron:
—El primero.
Jesús les dijo:
—Os aseguro que los publicanos y las prostitutas os llevan la
delantera en el camino del Reino de Dios. Porque vino Juan a
vosotros enseñándoos el camino de la justicia y no le creisteis;
en cambio, los publicanos y prostitutas lo creyeron. Y aun
después de ver esto vosotros no os arrepentisteis ni le
creisteis.
Tenemos en el Evangelio de hoy otra de aquellas parábolas que
solía proponer Jesús en torno al símbolo tradicional de la
«Viña». Intervienen tres personas: un padre y sus dos hijos.
1. — El padre. Quiere que sus hijos dediquen manos y corazón
a la heredad familiar: «hijo, ve hoy a trabajar en la viña».
Muchos, entre la gente sencilla, poseían un modesto viñedo.
Los que escucharon a Jesús entendían por transparencia que la
«Viña», en una parábola, significa Israel. Jesús amaba con
pasión a Israel, su tierra y Pueblo elegido de su Padre. Lo hizo
religiosamente universal al extender a todo el mundo esta
vocación de ser Pueblo de Dios. Dios da a cada uno de los
hombrçs la misión de trabajar por su Pueblo: «ve a trabajar en
la Viña». Hoy: sin refugiarse en la evasión de un «mañana»
menos incómodo. Trabajar es promover la Salvación de los
hermanos. Construir Verdad y Paz, Justicia con Misericordia.
Evangelizar. Dios nos habla al interior de cada uno,
llamándonos «hijo» e infundiéndonos una concreta vocación de
hacer el bien. Con gloriosa responsabilidad personal [ lectura].
Quien afirma no percibir su voz, es que nunca entró en su
propio corazón.
—También Jesús, cuando vino al mundo, obedecía a la orden
del Padre: «Hijo, ve hoy a trabajar en la Viña...»
2. — El hijo que responde: «jVoy, Señor!»; pero no cumple.
Hipócrita. De aquellos que «dicen y no hacen» (Mt 23, 3). Por
contexto redaccional, el Evangelio atribuye esta actitud a los
que se habían constituido dirigentes religiosos y políticos de
Jerusalén. Por no renunciar a situaciones adquiridas, se
cerraron al Mensaje de la Salvación. En su imagen está la
realidad de todos los que, siendo como ellos buenos
recitadores de palabras divinas e impecables actores de ritos,
le dicen a Dios una y mil veces: «hágase tu Voluntad», para
seguir haciendo ellos la suya propia.
3. — El que responde: «iNo quiero ir!»; pero luego se arrepiente
y va. Insolente al principio con su padre. Sombra del pecador.
De los «pecadores» que con su conducta dicen no al Señor, el
Evangelio menciona dos categorías (entonces arq los
publicanos y las prostitutas. Pero muchos se convirtieron y
entraron por el Camino de la Salvación, mientras los hipócritas
se quedaban fuera.
—Quizá esta parábola, de catequística sencillez, nos reproche
algo en el secreto de la conciencia. Mas, por encima de ello,
nos ha de inspirar un sentimiento principal: la gratitud al Padre
Dios que nos concede el honor, «hoy» y cada día, de llamarnos
a trabajar por su Reino.
XXVI DOMINGO TIEMPO ORDINARIO 309
/
En el Evangelio destacan dos temas principales: 1) no entra en
el Reino de Dios el que sólo «dice», sino el que «hace’>; 2) por
la conversión o arrepentimiento, el mayor pecador se
transforma en justo.
Ezequiel fue el predicador de la responsabilidad personal en
una época en que se consideraba a los individuos envueltos en
la culpa o mérito colectivos de su clan. Insistió, además, en la
siempre actual capacidad de rectificar o de pervertir el camino
de la propia vida, y en que es esta decisión presente la que
cuenta ante el juicio de Dios. De sus textos clásicos en torno a
estos temas (14, 12-23; 18, 1-32 y 33, 10-20) leemos sólo un
breve inciso. El autor del Salmo reconoce que no podría
enderezar su camino a no ser por la gracia y la misericordia del
Señor.
En la comunidad cristiana de los Filipenses no habían surgido,
por excepción, problemas internos de orden doctrinal ni
práctico. Pero apuntaba, en sus relaciones de fraternidad, el
defecto que es semilla de todos los malestares de iglesia: la
pequeña discordia. Maestro sincero, el Apóstol indica sin
ambages cuál es el auténtico fallo: la crisis de humildad, cuyos
síntomas son la envidia, la vanagloria y el egocentrismo. Unico
método para educarse en la humildad fraterna: asimilar vital y
dinámicamente los sentimientos o psicología humana de
Cristo. [ continuación, San Pablo analiza su Humildad a través
del «himno cristológico», que se leyó en la misa del Domingo
de Ramos.]
Escuchamos hoy la segunda de las tres parábolas de la viña
conservadas en. el EVANGELIO DE SAN MATEO. La «Viña» era
símbolo de Israel en cuanto Pueblo o Reino de Dios. Leída con
ojos cristianos, la parábola se refiere a la Voluntad del Padre
que sigue encomendando a cada uno de sus hijos un trabajo o
vocación concreta en la obra de promover en el mundo su plan
de Salvación, Justicia y Amor.
Uno de los hijos desobedece descaradamente (« quiero!») a la
orden del Padre. Pero luego le sabe mal, y cumple lo mandado.
En lenguaje religioso, es un pecador que se ha arrepentido.
Ejemplo familiar y realista de «conversión». Jesús amplió y
dramatizó el mismo tema en la otra clásica «parábola de los
dos hijos» (Lc 15, 11-32).
Por çontraste, el retrato del que inclina la cabeza («voy,
señor...») y se queda tranquilo en su voluntad. Es de los
hipócritas que «dicen y no hacen» (Mt 23,3).
El Maestro utilizaría esta parábola para ilustrar aquel axioma
ascético, que se inculca en el epílogo del Sermón de la
Montaña (Mt 7, 21-27): no los que sólo dicen («Señor,
Señor...»), sino los que hacen (la Voluntad del Padre) entrarán
en el cielo.
Pero en el contexto vital a que se refiere San Mateo, dos días
antes de la Pasión, la parábola sirvió para juzgar y reprobar a
los responsables contemporáneos de Israel, así religiosos (los
jefes sacerdotales) como laicos (los «Ancianos» o senadores
del Pueblo), que se negaron a recibir al Mesías. Fueron el hijo
hipócrita. Artistas en recitarle a Dios palabras hermosas. Pero
sordos cuando manifestó su Voluntad, que no era la de ellos,
mediante el testimonio de Juan Bautista.
Por el contrario, muchos que habían sido pecadores públicos
(Jesús los caracteriza con las dos palabras más duras del
vocabulario de entonces) se convirtieron ante el ejemplo y
predicación del Precursor. Entraron por su «Camino de la
Justicia» (Lc 1, 76-79) y luego aceptaron el Evangelio. Primero
habían dicho «no» a Dios en lo íntimo de su conciencia. Pero al
fin abrazaron su Voluntad. Cuando se leían estas enseñanzas
en las primitivas comunidades apostólicas, no pocos ex-
rebeldes al Padre reconocían su propia historia y cantaban en
su corazón el
310 CICLO A
cántico de la Misericordia. Su gratitud se realizaba trabajando
con alegría en la «Viña» del Señor. Y todavía queda trabajo
para tantos...
El Evangelio trae otra parábola a propósito de una viña. Ya
sabemos que «la Viña» era símbolo de Israel. Símbolo familiar,
ya que muchos poseían un modesto viñedo, o, si más no, una
vid emparrada en su casita. Los que viven en comarcas donde
es tiempo de vendimia, podrán comprender con más realismo
que otros la alegoría: «trabajar en la viña».
La parábola es breve y sencilla. Intervienen tres personas:
1. — El padre. Cuando el Maestro contó este ejemplo, todos
vieron por transparencia que, al decir «padre», se refería a
Dios. La intención moral de la parábola se pone de manifiesto
en la pregunta: « hizo su voluntad?» (y. 31 a). En el
pensamiento de Jesús, «hacer la Voluntad del Padre»
significaba la más hermosa felicidad, perfección y plenitud.
Al entablar diálogo con el hombre, Dios lo llama «hijo». Cuanto
pida u ordene a partir de este sabroso vocativo, no podrá
menos de recibirse como un imperativo de espontánea
fidelidad. « Ve, hoy —le dice— trabaja en mi Viña». Es decir, en
mi Obra, que es la Salvación del mundo. La promoción de sus
valores divino-humanos: la Justicia, la Reconciliación y la Paz;
la Libertad responsable; la Santidad en el Amor. «Trabaja» por
el bien de un Pueblo que es tuyo, de tus hermanos y de Dios.
En otra parábola más conocida, en vez de «trabajar en la Viña»
el Señor da la responsabilidad de «hacer fructificar los
talentos» que cada uno ha recibido. No hay persona reflexiva
que no haya sentido este imperativo de Dios en la sinceridad
de su conciencia.
2. — El que se limita a decir que «sí»... Arquetipo de aquella
religiosidad inconsecuente, que el Señor acusó con severidad.
Los que «dicen y no hacen» (Mt 23, 3). Honran a Dios con
palabras, pero su vida está lejos de él (Mt 15, 7-8). Injustos y
sin caridad, no cesan de gritar: «jSeñor! ¡Señor!...» (Mt 7, 21-
23). Condenando a los hipócritas que le oían entonces, Cristo
reprobó a los de siempre. También a los que adornan con
palabras vacías y estériles su declaración de cristianismo, sin
que en la vida se distingan apenas de los paganos.
3. — El que dijo «no», pero después se convierte. Jesús y la
Iglesia apostólica gozaron con la sublime experiencia de ver
que muchos pecadores calificados se convertían de veras, para
luego vivir en ardiente fidelidad al Evangelio. Cristo avisa a sus
interlocutores, ritualmente intachables, que se exponen a
quedar excluidos del Reino de Dios, mientras aquéllos ya están
entrando (y. 31 b). Sólo Dios sabe-cuántas veces, bajo su
mirada, se han repetido en la Iglesia situaciones análogas...
La insistencia final (vers. 32) acusa a los altos dirigentes por
haberse cerrado en indiferencia frente a la Misión de Juan el
Bautista. Por el contrario, los sencillos y también muchos
pecadores la secundaron con abierta sinceridad. En cada
generación, Dios suscita enviados a imagen del Bautista para
actualizar la llamada a «trabajar» en serio por la Salvación del
mundo. Trabajar en serio connota disciplina, continuidad,
fatiga. Los que no comprendan que en nuestro tiempo también
está resonando esta llamada, pidan al Señor que los ilumine.
XXVI DOMINGO TIEMPO ORDINARIO 311
El Evangelio traduce a parábola un criterio práctico de la fe:
cuando el Padre Dios manifiesta su querer, la sinceridad filial
del hombre no está en er hermoso decir sino
en el dócil actuar. -
La primera lectura es simple evocación de una de las ideas
características de Ezequiel, reiteradamente inculcada a lo largo
del capítulo 18: la de la responsabilidad moral individual.
Muchos entonces acallaban su conciencia bajo el pretexto de
una maldad colectiva (y, por tanto, ajena), que recubría
fatalmente al pueblo ya a partir de sus antepasados. El profeta
proclama, en estilo popular, el honor y peso de la libertad de
cada persona humana, responsable en último término de sus
decisiones: capaz de convertirse de su pecado y de apostatar
en su rectitud.
Podemos considerar la lectura evangélica en dos fases: a) la
«Parábola de los dos hijos»; b) su aplicación a una determinada
circunstancia.
A. — La parábola (vers. 28-31 a). Acostumbrado al simbolismo
religioso, el público que escuchaba a Jesús entendía por
transparencia que el «padre» representa a Dios, y la «viña» al
pueblo de Israel en cuanto beneficiario principal y responsable
de su plan salvífico sobre el mundo. Dios encomienda a los
hombres de Israel la realización de su plan. En el
comportamiento de los dos hijos se significan dos actitudes.
Unos primero se niegan (= son pecadores), luego vuelven
sobre sí (se convierten) y cumplen lo mandado. Otros aceptan
con respetuoso asentimiento el mandato de Dios, y luego no lo
cumplen. Al estilo de las escuelas rabínicas, el Maestro termina
pidiendo a los oyentes que juzguen ellos mismos (y. 31).
El juicio corresponde a la doctrina expuesta en la primera
lectura: es el pecador eficazmente arrepentido quien realiza la
Voluntad del Padre. Al otro habría que aplicarle el epílogo del
Sermón de la Montaña: no los que se limitan a decir: «jSeñor,
Señor!» entrarán en el Reino de los Cielos (Mt 7, 21-23). 0 la
censura de los hipócritas, que «dicen y no hacen» (Mt 23,3).
En su significación esencial y permanente, la parábola interesa
a todos. En el «hoy» (y. 28) de cada circunstancia nos habla,
personal y concreta, la Voluntad del Padre invitando a
colaborar en su programa de Salvación. Jesús sustituyó con la
teológica expresión «Voluntad del Padre» (y. 31) el frío
concepto de «Ley» Para quien tiene corazón de hijo, el querer
del Padre es convicción y fuerza de su propia libertad.
B. — La parábola en sus circunstancias concretas (vers. 31b—
32). El Evangelio presenta como destinatarios de la parábola a
aquellos dirigentes responsables del pueblo judío, que fueron
incrédulos ante la predicación de Juan Bautista, de Jesús y de
los Apóstoles. Su Mensaje era el «hoy» de la Voluntad del
Padre, que los invitaba a entrar en su Reino. Representantes
oficiales del Pueblo que antaño había dicho «sí» a la Ley de
Dios (y lo repetían ineficazmente en sus ceremonias), no
aceptaron a la hora de la verdad su invitación, como el hijo
hipócrita. Por el contrario, grandes pecadores se convirtieron, y
llenaron la mesa del Reino.
Cuando San Mateo transcribió esta parábola en su Evangelio,
pensaba segura mente en los muchos ex-paganos que habían
aceptado «el Camino de la Justicia» y constituían, con
admiración y quizá escándalo de algunos antiguos, lo mejor de
su iglesia.
VIGESIMOSÉPTIMO DOMINGO
PRIMERA LECTURA
Lectura del libro del profeta Isaías 5,1-7
Voy a cantar en nombre de mi amigo
un canto de amor a su viña.
Mi amigo tenía una viña en fértil collado.
La entrecavó, la descantó
y plantó buenas cepas
construyó en medio una atalaya y cayó un lagar. Y esperó que
diese uvas, pero dio agrazones. Pues ahora, habitantes de
Jerusalén,
hombres de Judá,
por favor, sed jueces entre mí y mi viña.
¿Qué más cabía hacer por mi viña
que yo no lo haya hecho?
¿Por qué, esperando que diera uvas,
dio agrazones?
Pues ahora os diré a vosotros
lo que voy a hacer con mi viña: quitar su valla para que sirva
de pasto, derruir su tapia para que la pisoteen.
La dejaré arrasada:
no la podarán ni la escardarán, crecerán zarzas y cardos,
prohibiré a las nubes que lluevan sobre ella.
La viña del Señor de los ejércitos
es la casa de Israel;
son los hombres de Judá su plantel preferido. Esperó de ellos
derecho,
y ahí tenéis: asesinatos;
esperó justicia, y ahí tenéis: lamentos.
XXVII DOMINGO TIEMPO ORDINARIO 313
Salmo responsorial Sal 79,9 y 12. 13-14. 15-16. 19-20
R. La viña del Señor es la casa de Israel.
Sacaste, Señor, una vid de Egipto, expulsaste a los gentiles, y
la trasplantaste. Extendió sus sarmientos hasta el mar y sus
brotes hasta el Gran Río.
¿Por qué has derribado su cerca, para que la saqueen los
viandantes, la pisoteen los jabalíes
y se la coman las alimañas?
Dios de los ejércitos, vuélvete:
mira desde el cielo, fíjate, ven a visitar tu viña, la cepa que tu
diestra plantó, y que tú hiciste vigorosa.
No nos alejaremos de ti;
danos vida, para que invoquemos tu nombre. Señor Dios de los
ejércitos, restáuranos, que brille tu rostro y nos salve.
SEGUNDA LECTURA
Lectura de la carta del apóstol San Pablo a los Filipenses 4,6-9
Hermanos: Nada os preocupe; sino que en toda ocasión, en la
oración y súplica con acción de gracias, vuestras peticiones
sean presentadas a Dios. Y la paz de Dios, que sobrepasa todo
juicio, custodiará vuestros corazones y vuestros pensamientos
en Cristo Jesús. Finalmente, hermanos, todo lo que es
verdadero, noble, justo, puro, amable, laudable; todo lo que es
virtud o mérito tenedlo en cuenta. Y lo que aprendisteis,
recibisteis, oisteis y visteis en mí ponedlo por obra. Y el Dios de
la paz estará con vosotros.
ALELUYA Aleluya, aleluya.
Jn 15,16 Soy yo quien os he elegido, para que vayáis y deis
fruto, dice el Señor. Aleluya.
EVANGELIO
Lectura del santo evangelio según san Mateo 21,33-43
En aquel tiempo, dijo Jesús a los sumos sacerdotes y a los
senadores del pueblo:
—Escuchad otra parábola:
Había un propietario que plantó una viña, la rodeó con una
cerca, cayó en ella un lagar,
314 CICLO A
construyó la casa del guarda, la arrendó a unos labradores y se
marchó de viaje.
Llegado el tiempo de la vendimia, envió sus criados a los
labradores para percibir los frutos que le correspondían. Pero
los labradores, agarrando a los crisdos, apalearon a uno,
mataron a otro, y a otro lo apedrearon.
Envió de nuevo otros criados, más que la primera vez, e
hicieron con ellos lo mismo. Por último, les mandó a su hijo
diciéndose: «Tendrán respeto a mi hijo.»
Pero los labradores, al ver al hijo se dijeron: «Este es el
heredero: venid, lo matamos y nos quedamos con su
herencia.»
Y, agarrándolo, lo empujaron fuera de la viña y lo mataron.
Y ahora, -cuando vuelva el dueño de la viña, ¿qué hárá con
aquellos labradores?
Le contestaron:
—Hará morir de mala muerte a esos malvados y arrendará la
viña a otros labradores que le entreguen los frutos a sus
tiempos.
Y Jesús les dice:
—€No habéis leído nunca en la Escritura:
«La piedra que desecharon los arquitectos es ahora la piedra
angular.
Es el Señor quien lo ha hecho, ha sido un milagro patente»?
Por eso os digo que se os quitará a vosotros el Reino de los
cielos y se dará a un pueblo que produzca sus frutos.
Otra parábola de Jesús, una vez más en torno al símbolo de la
<‘Viña». En el mismo símbolo se inspiran el Salmo responsorial
y el «cántico de amor» de Isaías.
Teztos antiguos del pueblo de Israel, que se proclamarían
durante las fiestas de acción de gracias por la vendimia. Es
arte y eficacia de la pedagogía bíblica elevar el hombre a
pensamientos religiosos desde la concreta realidad terrena en
que se halla inmerso.
En el Cántico de la Viña de Isaías se trasluce otra alegoría: la
de Israel Esposa de Yahvé. El profeta echa en cara al
Pueblo/<’Esposa» la mayor infamia a que puede rebajarse
quien ha jurado amor: la de ser infiel.
La parábola de Jesús glosa el Cántic