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Mendieta, Fray Jerónimo de, “Libro Primero: que trata de la introducción del

Evangelio y Fe cristiana en la isla


española y sus comarcas, que
primeramente fueron
descubiertas”, en Historia
Eclesiástica Indiana, México,
Antigua Librería, 1870, pp. 13-71

El Libro Primero de Historia Eclesiástica Indiana, escrita por fray Jerónimo de


Mendieta1, es un libro acerca de la conversión de los indios al cristianismo y los
motivos sobre el por qué los españoles tienen derecho sobre las tierras ultramar y
sobre la conversión de sus habitantes.

A pesar de que gran parte del Libro Primero se ocupa de cómo fueron
convertidos los primeros indígenas de La Española y las injusticias cometidas
contra estos, no quiero abordar esto, ya que (incluso dicho por el propio
Mendieta) sería repetir lo ya dicho por el obispo de Chiapa2, siendo él una
persona más adecuada para dar una relación sobre dichos acontecimientos.
Algo que llama mi especial atención es la justificación divina detrás de la
Conquista y la Evangelización: América como una dádiva a la Corona
española.

Mendieta hablará sobre cómo Dios recompensa a los reyes (dada su


naturaleza de nobles), pero recompensa más aún a aquellos que se empeñen
en extender la fe cristiana y acercar a las personas, fieles o no, al “banquete
del reino de Dios”, usando una parábola de Cristo, esto es, extender los
dominios de la fe, y preocuparse por la salvación de dichas almas,
independientemente de la clase de pecadores que sean. Este mismo empeño
en extender la fe cristiana es lo que dará motivos para que los Reyes
Católicos se vean favorecidos por Dios, según la explicación de Mendieta, y
la razón por la que se les presente el Nuevo Orbe a ellos, y Alejandro VI les
otorgue derecho de conquista sobre esta nueva Tierra. Mendieta los enuncia

1
Aclaro que la edición usada para la presente reseña lo escribe como “Gerónimo”.
2
Las Casas, Fray Bartolomé de, Brevísima historia de la destrucción de las Indias, edición y notas de Trinidad
Barrera, España, Alianza Editorial, 2014, 199 pp.
como “caudillos de Dios”, que, junto con lo anterior, implica una justificación
apoyada en el derecho divino para el dominio español.

Retomando la parábola del banquete, perfila 3 grupos que deben ser


llamados: judíos, moros e idólatras, y junto con ellos, los grados de
evangelización necesarios para la conversión de estos. Los judíos, al estar
educados en las Sagradas Escrituras, representan un desafío mayor; los
moros, al tener “falsedades o mentiras” por su profeta Mahoma, implican una
dificultad mayor, mientras que los idólatras, al no estar enterados en lo
mínimo de la fe cristiana, representan un problema a tratar más complicado.

Aterrizando lo anterior en el descubrimiento del Nuevo Mundo,


Mendieta habla sobre las improbabilidades del éxito de la empresa de Colón,
y de la serie de circunstancias casi excepcionales que tuvieron que haberse
dado para que su viaje se viera financiado, y habla de esto como un designio
divino, que, de otra manera, no pudo haberse llevado a cabo. Llama tanto a
Colón como a Cortés “instrumentos”. Sin embargo, no va a reparar, al igual
de Bartolomé de las Casas, en hacer mención de los malos tratos a los indios,
y los retos que esto presenta para su conversión, interrumpiendo la misión
de los Reyes Católicos, además de que, los conquistadores (no siendo
hombres doctos, temerosos de Dios), van a incitar repudio en los indígenas
hacia los cristianos, dedicando capítulos a estragos causados por los
conquistadores entre los indígenas, entre ellos, una rebelión contra religiosos
franciscanos, condenando la parcialidad de la versión entregada por los
conquistadores.

Aunque la justificación ocupa una porción pequeña del Libro Primero,


es interesante ver cómo surge la justificación fundamentada en cierto
providencialismo hispano. Además, tampoco hay que desechar el resto del
texto: Mendieta presenta un, por llamarlo de manera burda, justo medio entre
la postura de Bartolomé de Las Casas y Juan Ginés de Sepúlveda, la
justificación española del proceso de Conquista y Evangelización junto a la
denuncia de los actos repudiados tanto por Las Casas como por Mendieta,
calificados de injustos, abogando por los indios (aunque Mendieta se apoye
más en la necesidad de conversión que en el humanismo del obispo de
Chiapa).