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Meza, José Luis, Dir. El arte de interpretar en


Teología. Compendio de hermenéutica teológica.
Bogotá: Pontificia Universidad Javeriana, 2017.

El libro da cuenta del tra- rasgos centrales de la hermenéu-


bajo de un grupo de profesores tica que se exponen en diversos
y profesoras de la Facultad de pasajes de la obra que nos ocupa.
Teología de la Pontificia Univer-
El primer rasgo de la herme-
sidad Javeriana en torno al lugar
néutica que se resalta en el texto
que ocupa la hermenéutica y su
es la crítica a un modo monolítico,
plurivocidad creciente en el tra-
cerrado, de entender el saber, el
bajo teológico y en el seno de la
conocimiento y la experiencia. Es
experiencia de fe. Cada uno de
muy conocido que la hermenéu-
los trece capítulos que componen
tica del siglo xx, con Heidegger,
tiene tres apartados: en el prime-
Gadamer y Ricœur a la cabeza,
ro se describe la especificidad del
recoge una larga tradición que
enfoque hermenéutico particular
critica la reducción del saber y
desarrollado en la contribución;
del conocimiento a los cánones
el segundo expone el modo como
del método científico, así como la
«opera» dicho enfoque y el terce-
universalización de lo que habría
ro se centra en las problemáticas
de entenderse respecto a qué es
que podrían ser abordadas recu-
el ser humano, qué es la sociedad
rriendo a las particularidades de
o la historia. Este libro es un eco
la hermenéutica expuesta, así
de esas críticas y cada una de sus
como sus perspectivas y desafíos.
contribuciones se ubica, precisa-
En esta reseña opto no por mente, en las antípodas de una
una descripción o crítica rigurosa reflexión teológica cientificista,
de cada uno de los capítulos, sino universalista, descontextualizada,
más bien por señalar algunos desencarnada. Por ejemplo, en

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palabras de Vergara: «La teo- acontecimiento señala la finitud


logía trasciende, a partir de la propia y, al conmover nuestras
memoria [añadamos: también convicciones, al zarandear nues-
del relato, de la simbología, de tros modos típicos de actuar, de
la experiencia, de la historia] los vernos a nosotros mismos, nos
portentosos muros racionalistas y obliga a vivir de otro modo.
positivistas que la consideran in-
En el libro que hoy nos ocupa
capaz de reclamar y argumentar
leemos varios pasajes en los que
públicamente desde un clamor
aparece la experiencia de Dios
del pasado venido de la cruz»1.
en el modo como acabamos de
Vale la pena recordar que una señalar. La experiencia de Dios
de las reflexiones, especialmente es algo que nos pasa, que nos
de Gadamer, que más contrastan transforma, que configura «una
con la idea y la práctica de la cien- línea de sentido para quien lo
cia moderna está relacionada con vive, por cuanto cuestiona la li-
la experiencia. Para el hermeneu- nealidad del sentido precedente
ta, la experiencia es algo que nos y su suficiencia explicativa, al
pasa, que no dominamos, que no tiempo que pone en escena los
es del reino de la voluntad subje- elementos para el establecimien-
tiva, metódica, calculadora. Nada to de una nueva dirección»3. Y
más lejos de la filosofía hermenéu- más adelante:
tica que declarar sin matices que Si el acontecer originario
el centro de la interpretación lo de la revelación no es una
ocupa el sujeto2. Por el contrario, palabra pronunciada sino
una vivencia interpretada,
en la experiencia el sujeto se dis-
entonces el punto de partida
loca, se pone ante sus límites; el originario de la teología ha de
ser, antes que el análisis de
un texto, el recurso a la ex-
1 José Vergara, «Hermenéutica anamnética.
Hacer memoria de la pasión y muerte de las periencia misma. Considerar
víctimas de ayer y hoy», en El arte de inter- la experiencia como punto de
pretar en Teología. Compendio de hermenéu-
partida de la tarea interpreta-
tica teológica, ed. José Luis Meza (Bogotá:
Pontificia Universidad Javeriana, 2017), 115.
2 De ahí que sea necesario matizar lo que
afirma Luis Escalante en: «Hermenéutica 3 Olvani Sánchez, «Hermenéutica de la reve-
liberadora. Praxis del Reinado de Dios para lación. Comprender para orientar mejor la
la liberación del pobre y del oprimido», en El experiencia creyente», en El arte de interpre-
arte de interpretar en Teología, 224. tar en Teología, 58.

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tiva de la teología tiene como ticidad. De ahí que la teología


intención primera vislumbrar
ha de decidirse siempre «por la
su momento final, su objetivo,
que no es solo la producción ontología de la historicidad del
de discursos teológicos, sino ser en situación y concreción»5,
la reorientación de la praxis decisión que implica, a su vez,
del creyente4.
una apertura radical «al miste-
El segundo rasgo distintivo de rio de amor y de gracia que lo
la hermenéutica es la recupera- constituye de modo singular y
ción de la pregunta por el sentido nominal»6. Dicha decisión por la
del ser y su historicidad. Si nos historicidad de la revelación tiene
remontamos a dos de las obras como consecuencia la asunción
centrales de Heidegger –Ontolo- de una obra de amor en la que
gía. Hermenéutica de la facticidad Dios salva dentro de la historia,
y Ser y tiempo– y seguimos el hilo puesto que «interviene como
hasta Gadamer y el mismo Ri- compañero que se encuentra con
cœur, nos encontramos con un lla- los seres humanos y se encarna
mado de atención para la filosofía, en sus historias»7.
en particular, y para la cultura en De otra parte, la asunción de
general: es necesario salir de eso la historicidad de la experien-
que llama Heidegger «el olvido cia humana obliga al teólogo a
del ser» y recuperar la pregunta reconocerse marcado por una
por quiénes somos, esto es, por el cultura, una identidad de géne-
sentido de nuestra existencia, aquí ro, un idioma, unas condiciones
y ahora; volver a interrogarnos por económicas, políticas, culturales,
nuestro ser-en-el-mundo. específicas en las que Dios mis-
La Teología, según se insiste mo se manifiesta, pero también
a lo largo del libro, da cuenta de
una experiencia que interroga
5 Alberto Parra, «Heidegger y la teología her-
al creyente en primera persona, menéutica. Sobre el ser, el pensar, el creer»,
en su propia historia, en su fac- en El arte de interpretar en Teología, 43.
6 Alberto Parra, «Heidegger y la teología
hermenéutica. Sobre el ser, el pensar, el
creer», 51.
7 Juan M. Torres, «Hermenéutica de la
4 Olvani Sánchez, «Hermenéutica de la reve- correlación. Encuentro entre lo divino y lo
lación. Comprender para orientar mejor la humano, entre la revelación y la fe», en El
experiencia creyente», 63. arte de interpretar en Teología, 175.

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en las que su acción salvífica sus verdades, su lenguaje, sus


parece imposible o lejana. El mediaciones»9.
compromiso con su condición
El tercer rasgo de la herme-
histórica obliga al teólogo no solo
néutica que se resalta en el texto
a comprender la acción de Dios
concierne a la centralidad del len-
en un contexto adverso, sino a
guaje en la comprensión de uno
proponer caminos para que dicho
mismo. Tal como testifica el libro
contexto pueda transformarse:
que presentamos, la hermenéutica
«se busca… salvar la historia,
puede decirse de muchas mane-
haciendo presente y activo el
ras, no es una escuela cerrada de
poder amoroso y salvador de
pensamiento, ni un cuerpo teórico
Dios y ubicando en el centro de
clausurado, ni mucho menos un
las acciones y de la reflexión ese
método bien definido. Sin embar-
poder divino revelado –sugestiva
go, es necesario tener presente que
y reveladoramente– en Jesús de
una de sus marcas de agua radica
Nazaret»8.
en la centralidad del lenguaje
Una última consideración como modo de acceso privilegiado
sobre la historicidad como eje a la comprensión del ser que uno
central de la reflexión herme- mismo es y del ser con otros.
néutica concierne al reconoci-
Entre las diversas formas de
miento del carácter histórico de
nombrar la plurivocidad de la
la teología misma, sobre el que
hermenéutica, hallamos la muy
llama la atención Óscar Arango:
conocida idea de Ricœur según
«toda teología debería explicitar
la cual existirían dos vías de la
su historicidad, su matriz referen-
hermenéutica: la vía corta y la
cial, su horizonte ideológico, su
vía larga. La primera tendría en
medio histórico, el desde dónde
Heidegger e incluso en Gadamer
comprende e interpreta el mis-
a sus principales representantes,
terio. Y si las teologías poseen
y señala que habitamos el mundo
historicidad también la tienen
comprensivamente; así, «herme-

8 Luis Escalante, «Hermenéutica liberadora. 9 Óscar Arango, «Hermenéutica de la realidad


Praxis del Reinado de Dios para la liberación histórica. Una inteligencia volcada sobre la rea-
del pobre y del oprimido», 239. lidad», en El arte de interpretar en Teología, 204.

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néutica» nombra no un método textos– o al cuerpo de imaginarios


de interpretación ni un para- sociales (ideologías y utopías, por
digma particular de las ciencias ejemplo10) en los que vivimos y que
del espíritu, sino la condición de son pieza clave para comprender
nuestra existencia en la que uno nuestro ser.
mismo se comprende en su his-
Si nos atenemos a esta «clasi-
toricidad, en su situacionalidad.
ficación» de Ricœur, diríamos que
La reflexión filosófica explicita
en El arte de interpretar en teología
esta condición, la apalabra de un
se articulan las dos vías11. Por un
modo particular, pero jamás rem-
lado, me parece que ninguno de
plaza la experiencia primigenia
los autores convocados en el libro
del existir comprendiendo.
negaría que «cuando hablamos
La vía larga, en cambio, supo- de hermenéutica teológica, nos
ne que la comprensión de sí mismo referimos a una manera de ser en
requiere el rodeo por los símbolos el mundo y de estar frente a la rea-
culturales. Para Ricœur, nos com- lidad; a la manera como por medio
prendemos mejor gracias al rodeo de nuestra experiencia leemos
por los textos en los que hemos (interpretamos) lo que nos sucede
configurado nuestra identidad y lo que nos rodea, lo que recibi-
personal, de donde hemos bebido mos y comunicamos»12. Por otro,
para aprender los valores y las varias contribuciones proponen
convicciones que orientan nuestra esa especie de rodeo por los textos,
acción, y en cuyo seno compren- especialmente por el texto bíblico.
demos formas de ser, pensar, sentir El rodeo por los textos será la carac-
o actuar diferentes a las nuestras; terística del trabajo hermenéutico
del mismo modo, dejarse instruir que resaltaremos enseguida.
por los textos, eso que Ricœur
llama «discipulado del texto», nos 10 José Vergara, «Hermenéutica anamnética.
Hacer memoria de la pasión y muerte de las
ayuda a (re)orientar nuestra vida, víctimas de ayer y hoy», 116; Oscar Arango,
nos permite imaginar otras formas «Hermenéutica de la realidad histórica. Una
inteligencia volcada sobre la realidad», 213.
de vivir, crear otras formas de na- 11 Para una problematización de esta postura
ricœuriana, ver: Emmauel Falque, «¿Es
rrarnos. Del mismo modo, el rodeo fundamental la hermenéutica?», Ideas y
exigido por esta perspectiva puede valores 152, Vol. lxii, (2016): 199-223.
12 José Luis Meza, «Introducción», en El arte de
ir a las acciones –entendidas como interpretar en Teología, 14.

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Insistamos en que preguntar el texto15. ¿Qué significa esto?


por el sentido de nuestro ser, por Al menos desde la perspectiva
quiénes somos, supone también ricœuriana –y seguramente
una vuelta a los textos que han desde otras presentes El arte
configurado nuestra existencia, de interpretar en Teología–, tal
textos en los cuales se ha sedi- comprensión supone: a) capacidad
mentado nuestro ser histórico, pero de interrogarse por la propia
que se abren a interpretaciones vida ante el texto, de aplicar sus
siempre novedosas. Como se ve propias preguntas a las preguntas
en el libro que hoy celebramos, que se ofrecen allí, cuidando
la interpretación de textos no se que el texto no desaparezca ni
reduce a la aplicación rigurosa de sea reducido a la subjetividad
un método, aunque puede exigirlo de quien lee16. b) refiguración
–especialmente si aceptamos la cé- de la propia identidad. Uno no
lebre sentencia ricœuriana según
la cual «Explicar más es compren-
15 José María Siciliani, «Hermenéutica teo-
der mejor»–. En otras palabras, no lógico-narrativa. La fe cristiana como una
historia», 101. En este sentido, podría ser ar-
hay por qué renunciar a «respetar tificiosa la tajante separación entre lectores
al texto bíblico, en su textura, en profesionales y lectores comunes. El «lector»
profesional que presenta Hans de Witt es «el
su configuración interna»13, para lo exégeta que escudriña el texto como texto,
como entidad lingüística, y espera resultados
cual siguen siendo pertinentes los relacionados con el texto, no tanto con la pro-
recursos que nos ofrece la exégesis pia vida». Hans De Wilt, «Hermenéutica em-
pírica. Ver a través de los ojos del otro», 306.
bíblica, así como el auxilio de otras «Para el lector profesional el acto de lectura
del texto sagrado implica un ejercicio cere-
disciplinas que amplíen la mirada bral, científico, controlable y metódicamente
que puede tenerse sobre un texto14. realizado; para el lector común es más bien
un ritual, caótico a veces, exótico, asociati-
vo». Hans de Wilt, «Hermenéutica empírica.
La lectura, en su más auténtico Ver a través de los ojos del otro», 307). A mi
sentido, supone también que juicio, este es un lector «deforme», «carica-
turizado», muy lejano del que se propone en
uno mismo se comprenda ante hermenéutica, un lector de escritorio que no
es capaz de ver la articulación entre el mun-
do del texto y el mundo del lector, entre la
lectura metódica y la lectura que podríamos
13 José M. Siciliani, «Hermenéutica teológico- llamar existencial del texto.
narrativa. La fe cristiana como una historia», 16 No podemos olvidar que la aplicación no
en El arte de interpretar en Teología, 91. es prescindible para quien dice trabajar
14 Olga Vélez, «Hermenéutica crítica feminista. según el modo hermenéutico. Hans-Georg
Mediación para reconstruir la presencia de Gadamer, Verdad y método, trad. Ana Agud
las mujeres en el cristianismo», en El arte de y Rafael de Agapito, vol. 1 (Salamanca:
interpretar en Teología, 259. Sígueme, 1988), 413-14.

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sigue siendo el mismo después como una historia susceptible


de dejarse cuestionar por el texto, de ser emprendida, vivida y
de entrar en la propuesta de realizada en la historia actual de
mundo que nos lanza el texto, de la humanidad»18; asimismo, la
«dejarse tocar por los personajes, lectura puede permitir «contar de
recrearse en el texto y dejar que nuevo –en clave diferente–» un
el mensaje toque la vida de quien relato en el que las mujeres, los
se acerca, no permanecer lejanos negros, los homosexuales, entre
o inmunes a lo que el texto o el otros seres humanos denostados
personaje quiere transmitir» 17; o invisibilizados, son silenciados
c) (re)activación de la capacidad sistemáticamente por el texto
de actuar, narrar y hacerse bíblico o por los textos de la
responsable de las acciones tradición y el magisterio19. Y, por
propias. Ricœur ha mostrado, por último, leemos a Moltman, citado
ejemplo en Temps et récit y Soi- por Vergara: «en los momentos
même comme un autre, que el en que amenaza el riesgo de
texto literario –y podríamos decir muerte, los relatos sagrados de
aquí: el texto bíblico– abre nuestra la Biblia hablan para despertar la
capacidad de reconocernos sujetos esperanza allí donde no hay nada
capaces de acción, de iniciativa; que esperar»20.
el texto literario también abre
La relación con el/lo otro
nuevos horizontes de sentido en
será el último rasgo de la her-
el que lo posible se articula con
menéutica que presentaremos.
lo existente en el cruce entre
La hermenéutica ha tenido como
el mundo del texto y el mundo
eje central de sus discusiones la
de uno mismo como lector. En
relación con el otro y con lo otro
palabras de algunos autores del
libro: en la lectura, los textos
pueden aparecer como «una 18 José María Siciliani, «Hermenéutica
teológico-narrativa. La fe cristiana como una
posibilidad nueva de existencia, historia», 77.
19 Olga Consuelo Vélez, «Hermenéutica crítica
feminista. Mediación para reconstruir la
presencia de las mujeres en el cristianismo»,
17 Gabriel Suárez, «Hermenéutica analógica- 263.
icónica. Entre el univocismo y el equivocismo 20 José Vergara, «Hermenéutica anamnética.
de las interpretaciones», en El arte de Hacer memoria de la pasión y muerte de las
interpretar en Teología, 164-65. víctimas de ayer y hoy», 119.

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(la tradición, la historia, los textos quienes Dios también ha amado


son considerados como formas de en igualdad de condiciones.
alteridad que nos constituyen21).
Ta m b i é n e s n e c e s a r i o
Aunque hay diferencias nota-
referirnos brevemente al carácter
bles entre los autores e incluso
otro de los textos. Asumir la
matices y autocorrecciones ex-
extrañeza de los textos es una de
plícitas dentro de sus obras, los
las características centrales de un
más importantes representantes
modo de entender la existencia
de la hermenéutica no dudan en
humana que desentroniza la
señalar el carácter constitutivo de
subjetividad, que pone entre
la alteridad en la configuración
paréntesis el carácter primordial
del sí mismo. En respuesta a di-
de la iniciativa del sujeto. Que
cho carácter, se han desarrollado
los textos sean otro que yo y
fructíferas discusiones sobre las
que la alteridad, para que sea
implicaciones éticas de la asun-
tal, no pueda ser subsumida a
ción del carácter constituyente de
mis categorías, a mis conceptos,
la alteridad.
a mi contexto, es uno de los
Podríamos comenzar por principios de interpretación
señalar que Dios mismo es al- de textos, cuyas implicaciones
teridad: se revela, se encarna, éticas se dejan oír a lo largo de la
se hace historia, comparte el tradición hermenéutica. De igual
sufrimiento con los seres huma- forma, el reconocimiento de la
nos y, sin embargo, sigue siendo alteridad de los textos impide que
insondable, inconmensurable. cualquier persona, comunidad,
Es en este sentido como puede corriente o iglesia se atribuya la
entender que la experiencia de fe interpretación única posible. Más
tenga un carácter responsivo a un bien, asumir la alteridad del texto
Amor que ama primero, y que esa es entrar en una «hermenéutica
respuesta, a su vez, se revierta de la hospitalidad»22, en la que se
en beneficio de mis semejantes a
22 Hans de Wilt, «Hermenéutica empírica. Ver
a través de los ojos del otro», 300; José Luis
Meza, «Hermenéutica diatópica. Elaborar
una teología que procura una comunión en
21 Hans-Georg Gadamer, Verdad y método, el mythos», en El arte de interpretar en Teolo-
1:335-36. gía, 346.

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da la bienvenida a otras lecturas transcultural. Traspasar la propia


posibles y en la que el texto frontera representa una caracte-
potencia la fuerza de su alteridad rística central de su difusión»24.
al entrar en contacto con la
Sin embargo, la pregunta
pluralidad de lecturas, validadas
por la alteridad tiene una reso-
intersubjetivamente.
nancia muy fuerte en la herme-
Lo anterior está ligado a una néutica que abraza este libro en
idea que se repite en varias oca- la convicción de que el teólogo,
siones en el libro que estamos y en general el creyente, tiene
presentando. Para la hermenéu- un compromiso con la situación
tica, responder al otro es posible del otro, debe responder a su
si quien responde se abre a la clamor –para usar una expresión
pluralidad humana constitutiva querida por Levinas–, tal como
de nuestro carácter finito. Esta leemos en el texto de Reyes: «En
pluralidad marca también la rica el fondo, los “gritos” son las fron-
experiencia religiosa de los seres teras en las cuales se enseña y se
humanos en las que el cristianis- estudia teología»25. En este libro,
mo, sin renunciar a su especifici- huelga decir, no se habla del otro
dad, reconoce que es únicamente en abstracto, o en términos ge-
una de las perspectivas posibles néricos, sino especialmente del
para leer el mundo. En consonan- otro sufriente, del que ha sido
cia con esta idea, encontramos en borrado de la Historia26; de la
El arte de interpretar en Teología otra, así, declinado en femeni-
declaraciones como la de Torres, no, que ha sido negada por «el
para quien es necesario «reapro- núcleo patriarcal de las tradicio-
piarse de un cristianismo que en
sus orígenes fue también plural y
abierto»23, o la de Hans de Witt, 24 Hans de Wilt, «Hermenéutica empírica. Ver
a través de los ojos del otro», 340.
que anota: «Desde sus inicios el 25 José Reyes, «Hermenéutica sapiencial.
cristianismo ha sido un fenómeno Hontanar de la racionalidad teológica», en
El arte de interpretar en Teología, 139.
26 José Vergara, «Hermenéutica anamnética.
Hacer memoria de la pasión y muerte de las
víctimas de ayer y hoy», 109; Olga Consuelo
23 Juan M. Torres, «Hermenéutica de la corre- Vélez, «Hermenéutica crítica feminista.
lación. Encuentro entre lo divino y lo huma- Mediación para reconstruir la presencia de
no, entre la revelación y la fe», 195. las mujeres en el cristianismo», 262.

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nes bíblicas»27; de los pueblos religiosa escolar y, en últimas, en


otros, «aquellos cuya historia el testimonio de vida del teólogo
se sintetiza en su opresión y en que es, ante todo, creyente.
su fe cristiana»28, que reclaman
Para terminar quiero insistir
salir de los cánones establecidos
en que a lo largo de El arte de
por el capitalismo globalizado,
interpretar en Teología el término
matriz generadora de violencia,
«hermenéutica» es plurívoco; in-
de injusticia y deterioro de la
cluso a veces parece que es usa-
dignidad humana29.
do para remitirse de modo muy
Al retomar lo que significa general a «interpretar», «leer»
comprenderse ante un texto y el o «comprender» la experiencia
reconocimiento de la centralidad de fe, el fenómeno religioso o el
de la relación con la alteridad que texto bíblico. Serán los lectores
acabamos de esbozar, entende- quienes juzguen los alcances,
mos que en el corazón mismo de límites y desafíos de una pluri-
la hermenéutica –no solo la ana- vocidad semejante.
lógica, como sugiere Suárez30– no
Manuel Prada Londoño*
puede plantearse la separación
entre teoría y práctica. Esta re-
lación está señalada a lo largo
de todo el trabajo, y tiene sus
rendimientos en la pastoral, la
catequesis, la liturgia, la forma-
ción de religiosos, o la educación

27 Olga Consuelo Vélez, «Hermenéutica críti-


ca feminista. Mediación para reconstruir la
presencia de las mujeres en el cristianismo»,
256.
28 Luis Escalante, «Hermenéutica liberadora. *
Doctor en filosofía Contemporánea y
Praxis del Reinado de Dios para la liberación Estudios Clásicos por la Universidad
del pobre y del oprimido», 231. de Barcelona, Magíster en Filosofía por
29 Daniel Garavito, «Hermenéutica de la la Pontificia Universidad Javeriana y
acción. Apropiación para una teología de la Licenciado en Filosofía por la Universidad de
acción humana», en El arte de interpretar en San Buenaventura. Es director del Doctorado
Teología, 296. en Humanidades. Humanismo y Persona
30 Gabriel Suárez, «Hermenéutica analógica- de la Universidad de San Buenaventura
icónica. Entre el univocismo y el equivocismo y miembro del Grupo de Investigación
de las interpretaciones», 149. «Devenir». Contacto: mprada79@yahoo.es.

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