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INTERNEGATIVOS

por Raúl Hernández Garrido

I - MÁGICO MUNDO DE ILUSIONES


Sería difícil mantener abiertos los ojos.
Tal vez: un mundo acabado.
Tal vez: un pasado no escrito, olvidado.
Tal vez: un futuro demasiado cercano, demasiado lejano.
Nada que haya sucedido, nada que vaya a suceder.
Al borde de la oscuridad. La luz daña.
Lluvia negra.
La calle está desierta de gente y coches. Una vegetación salvaje rompe el asfalto.
Sólo se oye el zumbido del reactor de la cercana central nuclear.
(El humo de las hogueras en un mundo sin electricidad.)
Una pantalla vacía: el fantasma del cine, ruinas sin techo.
Vagabundos, desarraigados.
Un viento cálido les quema el rostro. Su piel se crispa de frío.
Sobre sus cabezas un eterno crepúsculo. Un color púrpura, ensuciado por el verde de las
nubes.
Van a calentarse al cine. Un grupo pequeño pero heterogéneo. Por ejemplo, tres
hombres, una mujer. Se ríen y actúan como posesos. Con ellos, aparte de ellos, una
mujer embarazada.
La pantalla amarillenta les observa en silencio. El viento vaga por el patio de butacas.
Arrancan las butacas y prenden con ellas fuego.
Llevan obligada a la embarazada. La miran y se ríen. La tocan y se ríen.
Comen, defecan, fornican en el cine.
La mujer embarazada: la atan, la amordazan. Les divierte hacerle daño.
Alguien encuentra una lata de película. Juegan con ella, se hacen cintas para el pelo, la
cortan, la despedazan. Utilizándola como vendas, recubren a la mujer con la película.
El proyector se pone en marcha.
La luz. Todos se quedan fascinados, prevenidos ante un posible daño.
Un tiro.
Uno de ellos cae y se convulsiona como un animal.
Terror.

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Desaparecen.
Queda la mujer embarazada.
Y el cadáver del que fue alcanzado por los disparos.
La llaman. Pero ella no puede salir.
Pide ayuda.
El Guardián se acerca.
La mujer se defiende a pedradas.
Alguno se arriesga. Se enfrenta al Guardián. Va a recuperar su comida, que le importa
mucho más que la embarazada.
Forcejeo.
El hombre retrocede, malherido. Alcanza la verja. Sus compañeros le malayudan a
saltarla. Desaparecen, auyando.
El Guardián también ha resultado herido.
El Guardián va hacia la mujer. Alarga la mano. La mujer retrocede, poniéndose a la
defensiva. El hombre rompe el equívoco y la acaricia.
El hombre le habla del pasado. Habla a través de frases de películas, de bellos tópicos
en technicolor. Ensueños en cinemascope.
La mujer le muerde.
El Guardián la abofetea.
El Guardián se pone furioso.
El Guardián va a por cuerdas para atar a la mujer.
La mujer retrocede, se esconde entre las butacas.
Gritos, un alarido. Llueven piedras. El Guardián se cubre. Nuevos intrusos le hacen
frente.
OSCURO.
Los intrusos forman un círculo alrededor de la hoguera.
Devoran.
Un llanto de un bebé.
Alguno se inquieta.
Le dicen : “Ve a ver”. (O, entre gruñidos, algo así.)
Va a ver. O tal vez no.
Se queda aparte.
Le llaman.
Vuelve.
El llanto se acalla en el silencio del sueño.
Pasa cierto tiempo. Tal vez alguno se echa una siesta, algún otro orine.
No hay nadie en el viejo cine. Nada se mueve, nada se oye.

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Tímidamente, luego a plena potencia, la pantalla se ilumina con una luz suave.

II- SI FUERA NOCHE DE LUNA

1.- EXT.- ESTACIÓN FERROVIARIA ABANDONADA.- NOCHE.


Vías muertas. Los vagones, desde hace tiempo fuera de uso, son esqueletos de gigantescos
insectos. Potentes faros barren la estación, intentando romper el muro oscuro de una noche
cerrada. Grupos de guardianes, corpulentos y de hombros cuadrados, altas botas negras;
sobre el uniforme, hasta los tobillos, abrigos largos; metralletas y linternas en las manos,
patrullan la zona. Sus rostros se ocultan, oscuros, tras máscaras respiratorias transparentes
que dan a sus mentones mayor aspecto de máquina.
Un grupo de guardianes cruza ante un vagón, marcando el paso.
Tras él, se oculta PERRO, una persona que no podríamos asegurar si es vieja o joven. Alto,
delgado, rasgos marcados, de constitución nerviosa. Su pelo se enreda, hirsuto. Su rostro
está cubierto de barro. Viste una acumulación de andrajos, en la que las prendas han
perdido identidad propia para confundirse unas con otras y con la piel, oscurecida, curtida.
Lleva entre los brazos, bien amarrada, una pierna, tal vez de cerdo que, recién arrancada,
aún sangra.
La patrulla pasa a su lado, y él se detiene, evitando hacer ningún ruido. Los soldados pasan
de largo, y él puede seguir, tranquilo. PERRO vislumbra el final de la zona controlada: una
oscuridad profunda en la que le será fácil escapar. Corre, ansioso por ponerse a salvo.
Suena una sirena. PERRO se detiene, alerta.
El haz de una linterna. El haz de dos linternas, le cercan. Suenan los silbatos. PERRO,
angustiado, no sabe por dónde escapar.
Las patrullas, puestas sobre aviso, corren, se dirigen hacia donde está él.
PERRO no tiene opción. De un salto gana una escalerilla que le lleva al techo del vagón,
sin soltar la pierna desmembrada. Voces ininteligibles, huecas y amplificadas por los
altavoces, se dirigen a él, que hace caso omiso de ellas. Las balas hacen peligrar su huida,
haciendo impacto peligrosamente cerca.
El vagón se acaba y PERRO salta al suelo. La caída le ha dañado en la cadera, pero él,
reprimiendo el dolor, se reincorpora y sigue adelante. Su camino es interceptado por un
guardia que, alzando la mano, le ordena detenerse. PERRO, sin detenerse, le golpea en la
cabeza con la pierna. El guardia cae en redondo al suelo.
PERRO gana la oscuridad. La patrulla dispara contra lo negro. El que parece el jefe les
ordena seguir al perseguido, con gritos en un idioma extraño y grandes gestos elocuentes.
Pero ninguno se decide a obedecerle.

2.- EXT.- BOSQUE- NOCHE


PERRO se arrastra entre la espesura. Su rostro se retuerce en una mueca. El dolor le hace
agacharse y tocarse la cadera dañada.
Se levanta y continúa la huida, sin correr, pero sin demorarse, ignorando el dolor.
El rumor creciente de un motor le obliga a ocultarse en la espesura.

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Los faros encendidos, un camión atraviesa el bosque.
El camión se detiene. Voces de hombre, militares, quizá, que farfullan bromas obscenas en
el idioma extraño de los guardianes.
Uno de ellos se acerca a la cuneta.
PERRO, intentando contener la respiración, se pega completamente al suelo.
El guardián orina. Voces de su compañero le apuran. El guardián responde con
monosílabos de fastidio y se sube la cremallera a la carrera.
Las puertas se cierran y el camión sigue su marcha.
PERRO se atreve a levantarse. Vigila a un lado y otro. No ve nada.
Pero cuando va a reiniciar la marcha, una sombra se sitúa tras de él, hundiéndole en la
espalda lo que puede ser el cañón de un arma.
PERRO suelta la pierna y alza las manos.
PERRO: No dispare. Me rindo. Tomaré todas las pastillas. Haré los ejercicios
.Siempre me porto bien. Pregúnteselo a las monjas. Todo fue por culpa
de él. Me obligó a acompañarle. Rompió los cristales para salir de la
casa. Los rompí... No, fue él. Él fue el que me obligó. Por favor, no me
dispare.
Lo que amenaza a PERRO se hunde más hondamente en su espalda. Entonces se advierte
que simplemente es la rama arrancada a un árbol.
SATUR: Le vas a pedir a tu monja que te limpie el culo, cacho Perro.
La expresión de PERRO muestra desconcierto. Hace ademán de bajar los brazos y mirar
hacia atrás.
PERRO: Satur, ¿eres tú?
SATUR, un hombre de edad, bajo, fornido, con la piel curtida, rasgos marcados y un gesto
de inteligencia malévola, levanta la estaca y hace caer los palos sobre la espalda de
PERRO.

3.- INT.- NAVE INDUSTRIAL ABANDONADA.- NOCHE


Una hoguera en un rincón de lo que en otros días debió ser una fábrica. El suelo está lleno
de escombros y cristales rotos.
PERRO yace en el suelo. Su pierna está entablillada.
SATUR come con voracidad la pierna de cerdo, casi cruda.
PERRO le mira con hambre y desesperanza. Entre dientes, emite un ruido que es como un
gemido canino.
SATUR le mira y escupe. Le tira la pierna a sus pies. PERRO tiene que retorcerse para
conseguirla. Come mirando con miedo a SATUR.
SATUR le da una patada en la herida. PERRO aúlla de dolor.
SATUR: Lástima que no te la rompieras del todo. Lástima que no te hubiera
trincado la bofia. Un perro sería mejor compañía. (RÍE) Siempre me

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podría comer un perro. Tal vez me sabría mejor que esa pierna que has
traído. No te has roto la cabeza escogiéndola.
PERRO: Era lo mejor que había.
SATUR se acuesta al lado del fuego. Mira a PERRO con desprecio.
SATUR: Si sólo tiene hueso... Cuando lleguemos vas a aprender lo que es vivir a
cuerpo de rey. Si eres listo podrás comer todos los días. Comida de
verdad. Todo lo que los ricos no pueden comer... Que es casi todo. Lo
más sabroso.
PERRO: Tengo ya ganas de estar ahí... Tengo ya ganas de estar ahí...
SATUR: Pronto, pronto... Entonces te haré pagar todo lo que me dijiste antes. Y
me estarás agradecido.
PERRO, avergonzado, hunde el hocico en la pierna. SATUR coge una piedra del suelo y
se la tira a la cabeza.
SATUR: Deja de comer ya, no sea que el viaje se haga largo. Y ven aquí, que hace
frío.
PERRO da un último mordisco, guarda la pierna en una bolsa de basura sucia, y se
arrebuja al lado de SATUR.
ENCADENA CON:

4.- INT.- NAVE INDUSTRIAL ABANDONADA.- NOCHE


MÁS TARDE:
La hoguera consume el rescoldo. PERRO y SATUR, acostados muy juntos, dándose calor
el uno al otro.
Mas PERRO no duerme. Yace con los ojos abiertos.
El chasquido de una rama rota le hace mirar a un lado y otro. Se incorpora en silencio.
Una sombra se arrastra al otro lado de la hoguera. Rápida y ágil como una rata, la sombra
revuelve entre las pertenencias de los fugados. Echa mano a la bolsa en la que se adivina la
forma de la pierna.
PERRO le pone la mano encima del hombro, deteniéndole. El extraño se vuelve
sorprendido. PERRO le da un golpe en el estómago que le hace doblarse. El extraño se
defiende y le rodea la garganta con las manos. PERRO intenta liberarse. Sus manos arañan
la cara del agresor. Bajan al cuerpo, se aferra a la ropa y tira de ella, desgarrándola, de la
que emergen dos pechos. Las manos de PERRO realizan ese descubrimiento. La CHICA
se cubre la desnudez. PERRO y CHICA se quedan quietos mirándose.
La CHICA inicia una maniobra para huir, rodeando a PERRO, que la mira abobado.
PERRO se echa encima de ella, riendo como un idiota. Le aprisiona las manos tras la
espalda, mientras que con la otra mano le manosea el pecho, maltratándolo. Su mano sube
a los labios, que aplasta con sus dedos sucios.
La CHICA le muerde la mano, y no la suelta aunque los dientes abren en la carne del otro
una herida. PERRO aúlla.

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La sangre de PERRO llena la boca de la CHICA y resbala por el brazo de él. Con la otra
mano, PERRO empuja la cara de la CHICA, la golpea, intentando que ésta afloje la fuerza
de las mandíbulas.
La CHICA menea la cabeza para hincar los dientes aún más profundamente.
Alrededor de su cuello, unas manos ennegrecidas, cubiertas de arrugas, de dedos
regordetes, entran lentamente, desde detrás de la CHICA, lo rodean y comienzan a apretar.
Son las manos de SATUR, que ha acudido en defensa de su compañero.
La CHICA no reacciona al principio a la presión de las manos, pero ésta va aumentando
progresiva e inexorablemente.
Tanto que la CHICA, pese a no querer soltar a su presa, acaba cediendo. De un manotazo,
PERRO acaba la faena de SATUR y libera su mano de las fauces de la CHICA.
La CHICA, inconsciente, ha caído al suelo. SATUR no le suelta la garganta. Se arrodilla
sobre el pecho de ella y continúa apretando. En su boca babeante una sonrisa lasciva. En
sus ojos brilla la perversión.
PERRO se repone del ataque. Se mira la herida y, gimiendo, se la lame. Entonces se da
cuenta, por los jadeos de SATUR, de que sigue estrangulando a la CHICA y que si
continúa ésta no tardará en morir.
PERRO mira a la CHICA, a SATUR, y toma una determinación.
Le empuja. Carga contra él con todas sus fuerzas. SATUR, que no esperaba esto, no
soporta el empellón. Suelta a la CHICA y es derribado entre los cascotes.
SATUR, desde el suelo, se toca la cabeza. Una pequeña brecha le mancha de sangre. Mira
a PERRO. En sus palabras no hay resentimiento, sino ironía y burla.
SATUR: Que resulta que al galán le gusta la damisela. ¿Verdad o no? Que la
bragueta aprieta y entonces no hay quien conozca a vivos o muertos.
Pues quién te lo impide, hombre. Quién te va a negar una satisfacción.
SATUR se levanta. PERRO intenta mantener la distancia, sin separarse mucho del cuerpo
de la CHICA, que queda entre uno y otro vagabundo.
SATUR: Pero no bajes la guardia. Hagas lo que hagas, bien seguro. No nos vaya a
joder un capricho tuyo la huída. Y del resto, tú sabrás, de lo que te pegue
esta guarra.
SATUR escupe. Se inclina sobre la chica, arrancándole jirones de ropa. PERRO se
adelanta, pero SATUR se levanta, enseñándole por qué ha arrancado la ropa a la CHICA:
está haciendo una cuerda con ella.
SATUR: Haz lo que quieras, pero átala y amordázala. Y del resto, allá tú. Yo
prefiero lo que nos espera cuando lleguemos. ¿Sabes lo que le va a las
señoras, a señoras de verdad? Acostarse con alguien como nosotros. ¡Y
tienes dónde elegir!
SATUR ata jirones de ropa entre sí. Se inclina sobre la CHICA y la amordaza. Su mano
roza algo extraño. Con cuidado de que no se entere PERRO, comprueba lo que es: una
medalla con la figura de Nuestra Señora. SATUR sigue hablando, para desviar la atención
de PERRO.
SATUR: Huelen a gloria bendita. Te dan de comer y de beber. ¡De lo mejor! Y en
una cama de verdad. Alcánzame un trozo de plástico, rápido.

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PERRO no se mueve. SATUR eleva la voz.
SATUR: Vamos! ¿No me oyes? ¡Rápido!
PERRO se vuelve hacia la hoguera, donde se encuentran las impedimentas de los
vagabundos. SATUR le mira, entornando los ojos. Sin perder un segundo, de un tirón
arranca la cadenita. La aprieta en su mano y la guarda en su gabán.
PERRO vuelve con un trozo de plástico, que ofrece a SATUR. Éste lo coge con
brusquedad y se lo introduce a la CHICA en la boca, asegurándoselo con la venda que ha
fabricado.

5.- SECUENCIA DE MONTAJE.- NOCHE


DETALLES:
n Las manos de SATUR rompen la ropa de la CHICA.
n El deseo en los ojos de PERRO.
n Las manos de SATUR atan a la CHICA.
n La CHICA es conducida fuera de la nave. Sus pies se arrastran entre los
cascotes.
n La cabeza de la CHICA cuelga del cuello, boca abajo.
ENCADENA CON:
6.- EXT.- BOSQUE.- NOCHE.
DESPLAZAMIENTO que recorre el tronco sombrío y nudoso de un árbol. En OFF, unos
jadeos guturales, de animal. Es PERRO, que disfruta poseyendo a la CHICA. Alrededor
del tronco del árbol, las manos atadas de la CHICA se crispan inútilmente.
Por encima de la mordaza que cubre su boca, los ojos de la CHICA se abren, las pupilas
dilatadas, con horror.
PERRO fuerza a la CHICA, sin mirarla. Sus ojos, sin fijarse en ningún objeto fijo, apuntan
hacia el suelo.
SATUR está presente, sin intervenir, en la violación. Sentado en una piedra, con los bultos
de viaje de los vagabundos a sus pies, espera pacientemente a que PERRO acabe.
La CHICA aguanta como puede los embates de PERRO. No puede evitar que su cabeza
golpee contra el árbol en cada empujón.
SATUR se impacienta. Coge una piedrecilla y se la tira a PERRO.
SATUR: Eh, tú. Perro. Vete acabando ya.
PERRO redobla el ataque entrecortado. La CHICA cierra los ojos y, tras la mordaza, llega
un grito sofocado y mantenido. Los jadeos de PERRO crecen, hasta convertirse en un
aullido lastimoso.
Llega el momento del clímax. Cosa que llama la atención de SATUR, que inclina el
cuerpo, apoyando la mano en su rodilla, adelantándolo hacia el lugar de la violación,
esforzando los ojos en la oscuridad.
El cuerpo de PERRO se pone tenso, y en un segundo, se desploma. Se retira, y la cara de la
CHICA delata un último gesto de dolor.

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PERRO, cara de idiota, sonrisa boba, se levanta torpemente, recogiéndose el sexo y
arreglándose las ropas.
SATUR escupe, y se levanta, estirándose.
SATUR: Vamos. Hemos perdido un tiempo precioso.
Las palabras despectivas de SATUR provocan un cambio en el semblante de PERRO, que
le mira resignado, con ojos de cordero degollado.
SATUR no le mantiene la mirada. Se da la vuelta y emprende camino. PERRO no se
mueve, y le grita.
PERRO: ¿Y ella? ¿Qué pasa con ella? No la vamos a dejar aquí.
SATUR: No pretenderás que carguemos con ella. Si quieres, liquídala. Así no será
una carga para nadie.
PERRO: ¿Ella no puede venir?
SATUR: ¿Este zorrón te ha robado el corazón?
PERRO le mira avergonzado. SATUR le mira con odio. Se busca dentro del gabán, y al
sacar la mano lleva una navaja automática. La aprieta. El filo brilla fantasmal en la noche
sin luna. La voltea en la misma mano y se la pasa a PERRO.
SATUR: Ya sabes cómo se utiliza. No tardes.
PERRO se queda pasmado, ensimismado y ahogado en el mar de dudas que provoca la
hoja afilada del cuchillo.

7.- EXT.- CARRETERA ABANDONADA.- NOCHE


SATUR y PERRO se atreven a caminar por la carretera abandonada. Es noche cerrada.
SATUR: ¿No lo hueles ya? El aroma de la calzada recién asfaltada, el alquitrán
aún caliente. El monóxido de carbono de un millón de automóviles.
Gasolina quemada al tuntún. (DESPECTIVO) Y decías que preferías
quedarte. El señor prefería quedarse en el hospital con sus monjas.
PERRO: ¡Basta! Ando, ando y no veo nada. ¡No se ve nada!
SATUR: Duda todo lo que quieras. ¿Y qué? Nunca pararás de preguntarte, porque
no sabes nada.
PERRO: No es verdad.
SATUR: No sabes nada y te dejas llevar. Y es lo mejor que puedes hacer.
PERRO: No es verdad.
SATUR: Y cuando tomas la iniciativa lo único que haces es joderla bien jodida.
PERRO se lleva las manos a las orejas y grita.
PERRO: ¡No es verdad, no es verdad!
PERRO, aún gritando, cae al suelo, de rodillas, ante SATUR.
SATUR se ríe entre dientes, complacido por la reacción de indefensión de PERRO.
Le acaricia el cogote, como haría con un perro.

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SATUR: Mi buen Perro, mi Perro, animal mío. No pretendas pensar. No te
conviene.
PERRO alza la cabeza y mira SATUR. Entre las lágrimas, sus ojos se cargan de odio.
Algo llama la atención de SATUR, que desprecia el peligro potencial de PERRO y le da la
espalda, mirando más allá del horizonte.
PERRO se levanta. Extiende las manos. No se decide a saber para qué sirven. Se las mira.
Las alza lentamente.
SATUR grita de alegría.
SATUR: Si tienes ojos, ¡mira!
SATUR se vuelve hacia él. En sus ojos hay un brillo de esperanza, de ilusión infantil.
SATUR: ¡Ahí está!
PERRO: Sí, ahí está. Aquí está.
SATUR advierte entonces el peligro. Su tono se vuelve conciliador. Cautelosamente, se
aleja, caminando de espaldas, de PERRO, que le sigue, paso a paso.
SATUR: Mírala. Te lo dije, y ahora puedes ver que era verdad. Las torres, míralas.
Los rascacielos, están ahí. Las autopistas rebosantes de tráfico. Lo hemos
conseguido, mi amigo.
PERRO: No soy amigo. Sólo perro. No es bueno pensar.
Pero PERRO no cede a las súplicas y continúa la aproximación.
SATUR: Comida todos los días. Las mujeres que quieras. Libertad de hacer lo que
quieras. Y yo sé todos los trucos. Todos los contactos. Tengo un amigo
que vive en el punto más alto de la ciudad. Ya verás.
PERRO: No me conviene pensar.
SATUR: No lo mandes todo a la mierda al final. ¿Qué es lo que más quieres en
esta vida? ¡Cuando lleguemos, yo te lo conseguiré! Porque tú y yo sí que
somos amigos.
PERRO: ¿Desde cuándo?
SATUR: Siempre. Siempre lo hemos sido. Tú y yo. Por eso pensé en ti para huir, y
no en nadie más. Amigos.
PERRO: (CON DESPRECIO:) ¿Amigos? ¿Desde cuándo amigos?
SATUR: (CONCILIADOR, ÚLTIMO Y DESESPERADO INTENTO:) ¿Amigos?
Un rumor se acerca. Un ruido que no encuentra ubicación en la mente de los vagabundos.
El ruido crece hasta volverse amenazador. Aguzan el oído. Husmean el aire. El ruido
parece haberse alejado definitivamente, desaparecido. SATUR mira a PERRO con
inquietud. No sabe en qué punto de la trifulca están ahora.
PERRO gira la cabeza y se lanza contra SATUR que, en sus manos, ya da su vida por
perdida.
Un camión atraviesa la carretera, a gran velocidad, dirigiéndose allí, adonde SATUR
señaló la presencia de una ciudad.
PERRO se echa encima de SATUR y le tira a la cuneta, fuera de la carretera.

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El camión les pasa rozando, estando como están caídos al borde de la cuneta.
ENCADENA CON:
8.- EXT.- SALIDA DEL BOSQUE.- AMANECER
PERRO estira el cuello. Llena los pulmones de aire. Escucha con gran atención, intentando
localizar el origen de eso que escucha: algo que apenas percibimos entre ráfagas de viento.
Una especie de canción sin palabras, una melodía en que las notas se suceden suavemente.
Una voz femenina la canta.
PERRO cierra los ojos. Saborea el sonido.
ENCADENA CON:
9.- EXT.- CLARO DEL BOSQUE.- DÍA
Una imagen construida en lo imposible. La luz crea parches brillantes de color en el suelo
cubierto de hierba, en la yedra que tapiza los árboles, en el envés de las hojas, en los
pistilos de las flores. Una abeja divide en mil tonalidades, con sus alas, un rayo de sol.
ELLA está sobre la yerba. Es joven, resplandeciente, delgada. Su ropa, toda su presencia,
parece bañada en un halo que difumina la visión que tenemos de ella. Se peina una larga
cabellera dorada. En su rostro, serenidad, equilibrio, belleza. Una suave sonrisa.
CORTA A:
10.- EXT.- CALLES DE LA CIUDAD.- NOCHE
La manga de agua de un trabajador de limpieza que riega la calle. El chorro se eleva por
encima de una gran calzada, dentro de la ciudad, aunque a éste no llegamos a verle. La
ciudad parece extrañamente desierta, como si el tiempo se hubiera paralizado.
Los vagabundos, triunfales, entran en la ciudad. Nadie va a recibirles, nadie se acerca a
ellos.
Sus pasos les conducen al interior de la ciudad.
CORTA A:
11.- EXT.- CALLES DE LA CIUDAD.- NOCHE
IMAGEN DOCUMENTAL:
Imagen tipo E.N.G., tomadas con un equipo ligero, a modo de documental. Las imágenes
muestran distintas actitudes y comportamientos de mendigos, vagabundos y sin casa en la
ciudad.
Comiendo, bebiendo en la calle, mendigando, orinando, vendiendo "La Farola",
durmiendo en los pasos subterráneos, incordiados por la policía.

FIN

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