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Elementos de lógica proposicional

Mercedes O’Lery y Jorge Paruelo

En países futboleros como el nuestro estamos acostumbrados a escuchar por radio y


televisión comentarios y especulaciones futurológicas sobre resultados y posiciones. Hace
unos años pudimos escuchar algo como esto en radio (hemos cambiado los nombres de
los clubes para protegernos de irracionales hinchas): “El campeonato local de fútbol
termina muy disputado este año, Atlético Proposicional tiene 36 puntos, Deportivo
Predicado, 35 y Difuso Fútbol Club, 33. Estamos frente a la última fecha en la que el
Atlético y el Deportivo se enfrentan entre sí. Con este panorama lo único que podemos
asegurar es que Difuso no tiene chances de salir campeón”. Esta reflexión del conductor
del programa involucra un razonamiento que le permite concluir que no hay ninguna
combinación de resultados que permita que quien está tercero salga campeón.

La lógica es una disciplina que se ocupa de analizar razonamientos como el anterior y, en


general, la forma que tenemos los seres humanos de hacer inferencias.
Si revisamos las áreas que abarca la lógica (en la acepción más amplia del término y
algunos de sus diversos usos) podemos encontrar una variedad de ramas: lógica
deductiva, inductiva, abductiva, lógica dialéctica y muchas otras que registran diferentes
formas que tenemos los seres humanos de hacer inferencias. Acá sólo nos ocuparemos
de un aspecto de la lógica clásica deductiva: la lógica proposicional. Haremos alguna
mención a los razonamientos inductivos con el fin de distinguirlos de los deductivos o los
aparentemente deductivos, pero no nos ocuparemos particularmente de ellos. Una de las
tareas de la lógica deductiva es distinguir razonamientos correctos de aquellos que,
aunque lo parezcan, no lo son. En muchos casos la lógica proposicional no es suficiente
para decidir esto (como ocurre en el caso del razonamiento realizado por nuestro
periodista deportivo).

El cambio de la ciencia antigua a la ciencia moderna incluyó varios aspectos como vimos
en capítulos anteriores. Más allá de todas las diferencias hay un recurso que es empleado
tanto en una como en la otra: la deducción. Aunque estamos acostumbrados a utilizar el
término en el lenguaje cotidiano, no siempre es usado con el significado que se le da
desde la lógica. Suelen citarse las reflexiones de Sherlock Holmes como modelos de
deducción aunque, en realidad, sólo una parte mínima de lo que se relata en los libros
involucra deducciones y buena parte de lo que se presenta son conjeturas y evidencias.

Como toda disciplina, la lógica tiene una historia y áreas diferenciadas de trabajo. Si
revisamos sus antecedentes vemos que es una de las disciplinas más antiguas.
Aristóteles desarrolló una forma de abordar el estudio, la llamada “lógica aristotélica”, que
guió el trabajo en el área hasta el siglo XX y que aún hoy se estudia en algunos ámbitos.
Varios fueron los aportes que tuvo esta área de conocimiento, pero es recién a principios
del siglo XX cuándo se sistematiza la lógica que se estudia actualmente y que se conoce,
a pesar de su poco tiempo de desarrollo, como “lógica clásica”.1

1
Esta lógica permitió el surgimiento de otras lógicas como la lógica difusa, la lógica contrafáctica, o
las no consistentes entre otras.
Proposición

La lógica proposicional tiene como unidades de análisis a las proposiciones. En nuestro


hablar cotidiano enunciamos constantemente proposiciones: “Tomé unos mates antes de
salir”, “Entiendo lo que decís” “No todo lo que brilla es oro” y tantas otras expresiones que
usamos a diario. Para dar una caracterización, dado que definirla no es tan sencillo,
diremos que una proposición es lo que expresa un enunciado del que tiene sentido
afirmar que es verdadero o falso. Si entendemos "proposición de esta manera, podemos
ver que el enunciado “Se cortó la corriente” expresa una proposición pues tiene sentido
afirmar que eso es verdadero tanto como que es falso. En cambio, si preguntamos “¿Qué
hora es?” no estamos expresando una proposición ya que no tiene ningún sentido
sostener que esa pregunta es verdadera o bien falsa.2 Tanto las preguntas como los
enunciados imperativos no expresan proposiciones. Si el docente dice “Lean el capítulo 5
para la clase próxima” no está diciendo algo de lo que tenga sentido afirmar que es
verdadero o falso, es una indicación que puede cumplirse o no. Hay que tener en cuenta
que para que un enunciado exprese una proposición no es necesario que sepamos cuál
es su valor de verdad (verdadero o falso), sólo es necesario saber que tiene alguno. Por
ejemplo, si decimos “En este instante está lloviendo en Beijing” estamos enunciando una
proposición pues, aunque no sepamos qué está ocurriendo en esa ciudad china en este
momento, sabemos que alguna de las dos cosas, que llueve o que no llueve, está
ocurriendo y por lo tanto que lo que se expresa es verdadero o falso.

Entre las proposiciones hay algunas que son simples y otras que están compuestas a
partir de otras más simples. Si decimos:

[1] “La hamburguesa está fría y el helado derretido”

Estamos enunciado una proposición que podemos considerar compuesta de otras dos
proposiciones: “La hamburguesa esta fría” es una y “El helado está derretido” la otra.

Si utilizamos letras mayúsculas para representar proposiciones podemos identificar:

A: “La hamburguesa está fría y el helado derretido”


B: “La hamburguesa está fría”
C: “El helado está derretido”

Y podemos ver que “A” representa lo mismo que “B y C”.


Es interesante notar que podemos expresar lo mismo que en [1] de maneras distintas.3

Podemos decir:

[2] “La hamburguesa está fría tanto como el helado derretido”

2
No confundir la pregunta con la respuesta: la respuesta que demos a la pregunta, por ejemplo “En
este momento son la diez y cuarto” sí expresa una proposición.
3
Las diferentes formas de expresión suelen reflejar diferentes giros intencionales del usuario del
lenguaje, algo que no analizaremos acá.
[3] “La hamburguesa está fría pero el helado derretido”

En estas dos expresiones decimos lo mismo que en [1] pero no usamos “y” como en el
primer caso sino expresiones lingüísticas que cumplen una función similar. Para evitar los
problemas que acarrean las distintas expresiones de la misma proposición, la lógica
recurre al uso de símbolos para realizar su análisis. Ya vimos que se pueden representar
proposiciones utilizando letras mayúsculas, ahora agregamos que la lógica introduce
conectivas lógicas para reflejar de manera inequívoca lo expresado en [1], [2] y [3]. En
este caso la conectiva empleada es la conjunción que se simboliza con “” o “” (acá
usaremos el primero) y nos permite simbolizar la proposición expresada en [1], [2] y [3]
como sigue:

BC

Más adelante volveremos con esta y otras conectivas lógicas y veremos más ventajas del
uso de símbolos. Por el momento, reparemos en que si trabajamos sólo con la
representación simbólica es conveniente representar la proposición “La hamburguesa
está fría y el helado derretido” como “B  C” pues de esa manera se ve reflejado, en los
símbolos, la relación que existe entre las proposiciones, algo que se pierde si utilizamos
"A" para representar a todo lo afirmado.

Valores de verdad

Las proposiciones que estamos considerando tienen dos posibles alternativas: son
verdaderas (V) o son falsas (F). Estos son llamados “valores de verdad” de una
proposición. No nos preocupa en esta instancia determinar cuáles es el valor de verdad
de cada proposición ni tampoco analizar la manera cómo se asignan tales valores. Sólo a
los fines prácticos, podemos asumir que las proposiciones simples son verdaderas en
tanto se cumpla en los hechos lo que enuncia la proposición. “La hamburguesa está fría”
es verdadera si ocurre que la hamburguesa que tengo en la mano está efectivamente fría.
Si queremos saber si la proposición

B  C : “La hamburguesa está fría y el helado derretido”

es verdadera, tenemos que ver si en los hechos ocurre, por un lado que la hamburguesa
esté fría y por otro si el helado está derretido y si resulta que ambas cosas ocurren
entonces podremos afirma que la proposición es verdadera. Pero hacer esto equivale a
revisar si B es verdadera por un lado y si lo es C por el otro y una vez revisadas cada una
por separado, combinarlos. Si ambas son verdaderas no dudaremos en sostener que la
proposición compuesta es verdadera pues lo que estamos expresando en la proposición
compuesta es que ambas cosas se dan juntas, a la vez. En cambio, si una de ellas es
falsa no dudaremos en decir que la compuesta es falsa pues la pretensión que teníamos
al expresar la oración era que ambas cosas ocurran a la vez y eso no se cumple.
Analizando lo dicho antes, vemos que el valor de verdad de la proposición compuesta
depende de, o es función de, los valores de verdad de las proposiciones simples que la
componen. Esto se expresa muchas veces diciendo que el valor de verdad de las
proposiciones compuestas es función de verdad de las componentes.

Variables proposicionales y forma proposicional


Si decimos “Voy al recital el sábado y el domingo juego la final” estamos expresando una
proposición compuesta que podemos simbolizar:

[4] DE

Donde D reemplaza a “Voy al recital el sábado” y E a “El domingo juego la final”.

La proposición [4] tiene la misma forma que la proposición [1] aunque lo que expresan sea
completamente diferente. La forma de simbolizar las proposiciones que hemos adoptado
no es suficiente para representar esta identidad de forma. Una mejor herramienta para
esta representación es utilizando variables proposicionales. En la expresión:

pq

tanto p como q son variables proposicionales que deben ser entendidas como cajas
vacías que pueden llenarse con proposiciones. El único requisito es que en cada caso
particular que tomemos a la misma variable la reemplacemos por la misma proposición.
La forma proposicional p  q no es ni verdadera ni falsa pues no es una proposición.
Según cual sea la proposición que reemplace a las variables se obtendrá una proposición
compuesta verdadera o una falsa. Como se mencionó, cada variable puede reemplazarse
por una proposición verdadera o por una falsa y si tenemos más de una proposición habrá
más de dos alternativas de combinación de valores de verdad. Por ejemplo si tenemos
dos proposiciones, como en la forma dada antes, tendremos 4 posibilidades (es útil
volcarlas en una tabla):

p q
V V
F V
V F
F F

Conectivas lógicas

Las conectivas lógicas permiten expresar en el lenguaje formal ciertas relaciones


establecidas en el interior de una proposición compuesta. Veamos, a continuación,
algunas de estas conectivas y las relaciones lógicas formalizadas por ellas.

Conjunción

La proposición “La hamburguesa está fría y el helado derretido”, que representamos antes
mediante “BC”, es una proposición compuesta en la que se afirma una relación de
conjunción entre las proposiciones B y C. El punto “.” representa la conectiva lógica que
empleamos para expresar esa relación de conjunción. De igual modo, la forma
proposicional p.q es forma proposicional de una conjunción y puede leerse como “p y q”.
Tal como se dijo antes, el valor de verdad de la proposición compuesta depende de los
valores de verdad de las proposiciones simples que la componen y es, precisamente, la
conectiva lógica la que establece cuál será ese valor de verdad. Cada conectiva lógica, de
este modo, constituye una función veritativa, es decir, impone condiciones de verdad.
En el caso de la conjunción, toda proposición que se ajuste a la forma lógica p.q será
verdadera cuando ambas proposiciones integrantes lo sean, y falsa en cualquier otro
caso. Plasmadas en una tabla de verdad, las distintas alternativas de valores de verdad
para una conjunción serán:

p q pq
V V V
F V F
V F F
F F F

Informalmente podemos decir que la conjunción de dos proposiciones es verdadera


cuando ocurren, a la vez, lo expresado por las proposiciones componentes y es falsa
cuando no se da una de las ocurrencias.

Disyunción

La lógica registra otras expresiones de proposiciones del lenguaje natural mediante otras
conectivas. Algunas conectivas gramaticales pueden expresar proposiciones que la lógica
registra con diferentes conectivas lógicas. Tal es el caso de la “o”.

a) Podemos decir, refiriéndonos a las elecciones:

“Voto por Fulana o voto por Mengana”

y lo que queremos expresar es que votamos por una candidata o por la otra, pero en
ningún caso votamos por las dos.

b) También podemos afirmar en la convocatoria a un recital solidario:

“Entra al recital aquel que entrega un juguete o entra quien lleva un alimento no
perecedero”

En este caso lo que queremos expresar es que entra quien lleva un juguete, quien lleva
un alimento, pero también entra quien lleva ambas cosas.

El caso a) la lógica lo registra mediante la disyunción exclusiva y el b) con la disyunción


inclusiva. Muchas veces para evitar confusiones se utilizan otras formas gramaticales
para expresar las proposiciones y que se distinga de qué disyunción se habla. En el caso
a) se usa “o bien” y en el caso b) “y/o”. Diríamos:

“O bien voto por Fulana o bien por Mengana” en un caso y “Entra al recital quien lleva un
juguete y/o un alimento no perecedero”

En nuestro caso nos limitaremos a la disyunción inclusiva y la simbolizaremos mediante


“”. Así, toda forma proposicional pvq expresa una disyunción inclusiva y puede leerse
como “p o q”.

La tabla de verdad que define la disyunción inclusiva es la que sigue y refleja lo que
expresan este tipo de proposiciones, es decir que es verdadera la proposición compuesta
si al menos una de las componentes lo es (lo que incluye la posibilidad de que ambas lo
sean):

p q pq
V V V
F V V
V F V
F F F

Negación

A diferencia de las anteriores, que son conectivas diádicas (conectan dos proposiciones),
la negación es monádica (se aplica sobre una sola proposición). Cuando decimos

[5] “La hamburguesa no está fría”

estamos negando B. Simbolizaremos esto mediante “~”, y entonces:

~B: “La hamburguesa no está fría”

No debemos asociar el símbolo de negación con la palabra “no”. Si representamos:

G: “No está lloviendo”

Entonces su negación será

~G: “Está lloviendo”

Toda forma proposicional ~p representa una negación y puede leerse como “no p”.

La tabla de verdad que define esta conectiva es:

p ~p
V F
F V

Condicional material

La última conectiva que vamos a considerar es el condicional material. Cuando decimos:

[6] “Si tardamos más de 30 minutos en entregar la piza entonces se la regalamos4”

estamos expresando un condicional.

En general las proposiciones condicionales se expresan en el lenguaje cotidiano diciendo:

4
Es usual que no se enuncie la cláusula "entonces" y se exprese lo mismo diciendo "Si tardamos
más de 30 minutos en entregar la piza, se la regalamos"
Si F entonces G

donde F y G son proposiciones a las que se las denomina antecedente y consecuente del
condicional respectivamente.

En el caso del condicional material lo simbolizaremos mediante “”, de modo que la


proposición [6] puede simbolizarse como “FG”. Y, al igual que para las anteriores
relaciones, toda forma proposicional p  q representa la forma de un condicional material,
donde p es antecedente y q es consecuente, que puede leerse como “si p, entonces q”.

Es un poco más difícil que con las otras conectivas interpretar la definición del condicional
material mediante su tabla de verdad. Una de las razones de esto es que en nuestro
hablar cotidiano empleamos una variedad de condicionales, entre los cuales está el
condicional material, expresándolos mediante la fórmula lingüística “si…entonces…”.5
Cuando enunciamos cualquier proposición, salvo que lo hagamos irónica o
sarcásticamente, lo hacemos con la pretensión de que sea verdadera. En el caso de los
condicionales materiales lo hacemos con el agregado de que también el antecedente se
pretende verdadero. Así, resultan poco 'intuitivos' los renglones de la tabla en los que se
supone falso el antecedente. La tabla que define el condicional material es la que sigue:

p q pq
V V V
F V V
V F F
F F V

Tomemos otro ejemplo de enunciado condicional:

"Si tengo señal en el celular, bajo la aplicación de la cátedra"

Esta proposición es claramente verdadera si ocurre que hay señal y que quien la enuncia
baja la aplicación a su teléfono. Del mismo modo, es falsa si hay señal, pero quien la dice
no baja la aplicación. Estos son casos de los dos primeros renglones de la tabla.
Es más complejo interpretar los últimos dos a partir de ejemplos. ¿Qué ocurre si no hay
señal? Usualmente no nos preocupamos en analizar si el enunciado condicional es o no
verdadero. Pero en nuestro análisis debemos asignarle un valor de verdad. Los usos en
ciencia muestran lo conveniente de considerar verdadero el condicional material en los
casos en que el antecedente es falso. No se nos ocurre ningún ejemplo de uso en el
lenguaje cotidiano de condicionales con antecedente falso y consecuente verdadero. Del
último caso, antecedente y consecuente falsos, podemos considerar algún uso cotidiano,
aunque indirecto. Si hablando con mis amigos digo "Si Huracán sale campeón, yo me
hago cura" inmediatamente mis interlocutores (que saben que yo jamás me haría cura)
entienden que lo que estoy diciendo es que Huracán no va a salir campeón. Esto es así
porque asumen que la proposición condicional es verdadera ("Si Huracán sale campeón,
yo me hago cura") y que el consecuente ("yo me hago cura") es falso. La única alternativa

5
Por ejemplo, si decimos “Si hubiera tomado el subte entonces habría llegado a tiempo” estamos
empleando “si…entonces…” pero no enunciamos un condicional material.
posible para que eso ocurra es que también el antecedente ("Huracán sale campeón")
sea falso. Es decir que se interpreta lo que quiero expresar porque se entiende que el
enunciado condicional verdadero corresponde a uno de antecedente y consecuente
falsos, un caso del último renglón de la tabla.

Otro posible modo de verlo puede ser el siguiente. El antecedente de un condicional


material se ofrece como la condición suficiente para la verdad del consecuente. De
manera que, si suponemos como verdadera la relación expresada en la proposición
condicional, entonces de ser verdadera la proposición antecedente, también deberá serlo
la consecuente. Pero ser condición suficiente no debe ser entendido como “única
condición posible”. Que sea condición suficiente tener dengue para tener fiebre no anula
el hecho de que se pueda tener fiebre aun sin tener dengue, ni tampoco el que no se
tenga ni dengue ni fiebre. Sólo afirma que si se tiene dengue, entonces se tiene fiebre.
Así, un condicional material puede ser verdadero cuando tiene antecedente verdadero y
consecuente verdadero, tanto como cuando tiene antecedente falso, independientemente
del valor de verdad del consecuente. Por otro lado, el consecuente se presenta como la
condición necesaria para el antecedente. Y por ello, la verdad del consecuente no
asegura la verdad del antecedente, pero a la inversa sí: la falsedad del consecuente (de
ser verdadero el condicional material) hace necesaria la falsedad del antecedente. Así, en
la proposición “si el auto arranca, entonces tiene nafta”, se afirma que el que el auto tenga
nafta es una condición necesaria para que arranque. Se podrá ver, entonces, que el que
el auto tenga nafta no asegura que arrancará, pero si sabemos que no tiene nafta
podemos estar seguros que no arrancará. Sólo cuando el antecedente es verdadero y el
consecuente es falso se evidencia que la relación condicional no se cumple. En este único
caso quedaría evidenciado que el antecedente no es condición suficiente para la verdad
del consecuente (pues de ser verdadero el antecedente, debería serlo también el
consecuente), y que el consecuente no es condición necesaria para el antecedente (pues
de ser falso el consecuente, obligaría a ser falso al antecedente).

Razonamientos y formas de razonamiento

Estamos habituados a obtener conclusiones a partir de algunos datos, alguna información


o simplemente de suposiciones. Lo hacemos en la vida diaria, lo leemos en novelas, lo
escuchamos en analistas de televisión y en charlas de café.6 Para referirnos a esta acción
de obtener conclusiones, decimos que razonamos o que inferimos y el producto de lo que
hacemos es un razonamiento o una inferencia. Si sabemos que siempre que Juan ve
sangre, se desmaya y que en este momento tiene un corte importante en su mano que
sangra sin parar, todos tenemos claro cuál es el estado de Juan en este momento. Lo
mismo ocurre si sabemos que siempre que hay baja presión atmosférica, llueve y nos
informa el servicio meteorológico que la presión es especialmente baja. En este caso
esperaremos ver la lluvia en breve porque es nuestra conclusión inmediata. ¿Por qué en
los casos anteriores todos obtenemos la misma conclusión? La respuesta es que ambos

6
Breve digresión: "charla de café" desde hace bastante tiempo remite a conversaciones de poco
rigor y argumentación y por eso en muchas ocasiones se usa de manera peyorativa. "Analistas de
TV" en cambio parece tener mayor seriedad y rigor. En estos tiempos sospecho que las cosas han
cambiado y los que carecen de total rigor y seriedad son los analistas de TV (no todos por
supuesto, pero sí los más afamados) mientras que hay excelentes charlas de café. Los
razonamientos televisivos suelen ser bastante pobres bajo la mirada de la lógica. Esperemos que
el lenguaje cotidiano registre esto y el uso peyorativo pase a manos del "analista de TV".
razonamientos tienen la misma forma y dicha forma es una de las que usamos a diario y
tenemos incorporada para obtener conclusiones. Así como hay una serie de movimientos
que realizamos para lavarnos los dientes y los hacemos ‘sin darnos cuenta’ porque los
aprendimos desde muy chicos (lo mismo ocurre al andar en bicicleta, patinar o hacer
malabares) hay muchas formas de razonamiento que usamos para sacar conclusiones
‘sin darnos cuenta’ porque las tenemos incorporadas desde la práctica cotidiana. Una
tarea importante de la lógica es identificar esas formas, clasificarlas y determinar cuáles
de ellas son formas de razonar correctamente (desde algún criterio) y cuáles, no.
Un razonamiento, en lógica, es un conjunto de proposiciones entre las cuales hay una que
se distingue del resto y que cumple el rol de conclusión. El resto son las que constituyen
el punto de partida del razonamiento y que son llamadas premisas. El objetivo es
determinar si la conclusión ‘se sigue’ correctamente de las premisas (en un sentido de
‘correcto’ que debemos establecer). Una tarea importante de la lógica es determinar si un
razonamiento es correcto o incorrecto, algo que en el lenguaje técnico más usual se
menciona como “válido” o “inválido”.
Si volvemos al razonamiento de nuestro comentarista de radio podemos ordenarlo
identificando las premisas y la conclusión poniendo las proposiciones en columna y
separando la conclusión mediante una línea horizontal:

Atlético proposicional tiene 36 puntos


Deportivo predicado tiene 35 puntos
Difuso Fútbol Club tiene 33 puntos
Falta una fecha para que termine el campeonato
Atlético Proposicional y Deportivo Predicado se enfrentan en la última fecha
Ganar suma 3 puntos y empatar 1

Difuso Fútbol Club no sale campeón

El razonamiento tiene 6 premisas y su conclusión es “Difuso FC no sale campeón”

Tomemos otros dos ejemplos de razonamientos que escribimos ordenados como el


anterior (premisas sobre la línea y conclusión debajo):

Comemos o tomamos mate Vendo mi alma al diablo o envejezco


Si no hay yerba, no tomamos mate Si uso todo lo que recomiendan en TV, no envejezco
No hay yerba Uso todo lo que recomiendan en TV

Comemos Vendo mi alma al diablo

A pesar de tener proposiciones diferentes que se refieren a cosas muy disímiles, ambos
razonamientos tienen la misma forma. Comencemos simbolizando las proposiciones más
simples que aparecen en cada uno como sigue:7

A: Comemos D: Vendo mi alma al diablo


B: Tomamos mate E: Envejezco

7
Cabe aclarar que las proposiciones involucradas están expresadas en un lenguaje coloquial. Para
ser más precisos, en lugar de “Comemos” deberíamos poner “Nosotros (Fulana/o y Mengano/a)
comemos el día D a la hora H”. Del mismo modo, en lugar de “Envejezco” deberíamos decir “Yo
(Jorge) envejezco a lo largo de mi vida”. Para no complicar la comprensión de lo que son los
razonamientos y sus formas mantenemos la manera abreviada de enunciar las proposiciones.
C: No hay yerba F: Uso todo lo que recomiendan en TV

Usando estos símbolos y los que propusimos antes para las conectivas lógicas, los
razonamientos resultan:

AB DE
C ~B F ~E
C F

A D

Podemos ver que ambos razonamientos tienen la misma forma. Para apreciar esto basta
reemplazar en el primer razonamiento la proposición A por la D, la B por la E y la C por la
F para que obtengamos el segundo razonamiento. Podemos entonces generalizar esto y
representar la forma de estos razonamientos utilizando formas proposicionales. Si
empleamos las variables p, q y r podemos escribir la forma de los razonamientos
anteriores como sigue:

pq
r ~q
r

Si reemplazamos las variables por las proposiciones correspondientes podemos obtener a


partir de la forma tanto el primer razonamiento como el segundo y también muchos otros
más que tienen la misma forma. Les proponemos buscar uno o más ejemplos de esta
forma.8

Como veremos, los dos razonamientos de nuestro ejemplo o son ambos válidos o son
ambos inválidos pues la validez depende de la forma del razonamiento y no de las
proposiciones por las que reemplacemos las variables y en este caso ambos
razonamientos tienen la misma forma.

Antes de abordar qué es un razonamiento válido caractericemos un tipo de razonamiento


que nos va interesar más adelante.

Razonamientos inductivos

Muchas veces, nuestros hábitos se sostienen sobre algún razonamiento del que solemos
olvidarnos con el tiempo o del que no nos percatamos que hemos usado. Salimos de casa
a la mañana para tomar el colectivo que siempre pasa a la misma hora y lleva, en general,

8
Al reemplazar variables por constantes, en este caso variables proposicionales por proposiciones
hay una regla importante que debe seguirse: una misma variable debe reemplazarse en todas sus
apariciones por la misma proposición. Dicho de otro modo, una misma variable no puede
reemplazarse por dos proposiciones diferentes en distintas instancias. Sí es posible reemplazar
distintas variables por la misma proposición pero esto no es lo mismo que lo que dijimos antes.
a la misma gente que reconocemos de verla a diario. Pero nuestro hábito matutino de
viaje probablemente no haya comenzado el primer día del mismo modo. El primer día
habremos salido antes para llega a tiempo, digamos que a las 8 estábamos en la parada y
el colectivo llegó 8 y diez. Al segundo día volvimos a ir a la parada a las 8 y el colectivo
volvió a pasar 8 y diez. Tal vez nos haya ocurrido esto algunos días más hasta que
tomamos la decisión de tomar un mate más en casa y salir para llegar a la parada 8 y
nueve minutos.
En la decisión de llegar a las 8 y nueve minutos en lugar de a las 8 hubo un razonamiento
involucrado que nos llevó a concluir que el colectivo pasa siempre 8 y diez a partir de
haber observado eso durante algunos días. Un razonamiento que se asocia con la
generalización de ocurrencias del mismo tipo. En el caso de nuestro colectivo podemos
esquematizar el razonamiento como sigue:

El día 1 el colectivo llegó 8 y diez a la parada


El día 2 el colectivo llegó 8 y diez a la parada
El día 3 el colectivo llegó 8 y diez a la parada
…………………………………………………..
…………………………………………………..

Todos los días el colectivo llega 8 y diez a la parada

Tenemos un conjunto de premisas que indican algo que ocurre regularmente y una
conclusión en la que se generaliza esto afirmando que siempre ocurrirá del mismo modo.
Este tipo de razonamiento es el que se conoce como razonamiento inductivo.9
En la vida cotidiana estos razonamientos son bastante usuales. Cuando alguien afirma
“Siempre que se juntan mi mamá y su hermana, discuten” posiblemente haya llegado a
esa conclusión luego de haber presenciado que en las ocasiones en que vio juntas a su
madre con su tía, discutieron. Esquematizado el razonamiento es algo como esto:

En Año nuevo se juntaron y mi mamá y mi tía discutieron


En el cumpleaños de Tito se juntaron y mi mamá y mi tía discutieron
El día de la madre se juntaron y mi mamá y mi tía discutieron
………………………………………………………………………….
………………………………………………………………………….

Siempre que se juntan mi mamá y mi tía, discuten

Podemos generalizar este tipo de razonamientos así:

En la ocasión 1 ocurrió X
En la ocasión 2 ocurrió X
En la ocasión 3 ocurrió X
…………………………….
…………………………….

9
Cuando se menciona “razonamiento inductivo” o simplemente “inducción”, a veces se hace
referencia a razonamientos en los que la conclusión es sólo probable. Los ejemplos que
presentamos en esos casos se suelen identificar entonces como “inducción enumerativa”. Nos
referiremos acá sólo a este tipo de razonamientos, y los mencionaremos directamente como
“inducción” o “razonamiento inductivo”.
En toda ocasión ocurre X

Es interesante notar que en este tipo de razonamientos no hay manera asegurar que la
conclusión es verdadera si lo que sabemos es que las premisas lo son. A pesar de haber
pasado el colectivo cientos de veces a las ocho y diez, es posible que mañana pase a las
ocho y cuarto y del mismo modo es posible que se encuentren madre y hermana del
segundo ejemplo y no peleen, a pesar de haberlo hecho todas las veces anteriores.

Aun así, como se dijo, en nuestra vida cotidiana empleamos razonamientos inductivos con
más frecuencia de lo que creemos. Por ejemplo, si nos exigieran fundamentar una opinión
tal como “todos los políticos son corruptos”, no haríamos más que presentar un cierto
número de casos de personajes que se han dedicado a la política y han sido enjuiciados
por corrupción. Pero, aunque esos casos particulares pudieran haber sido verdaderos, no
constituyen la totalidad de las personas que se han dedicado, dedican o dedicarán a esa
actividad.

También en ciencia son muy comunes las generalizaciones inductivas. Por ejemplo, en
1885 Luis Pasteur mostró que, mediante la inyección de una vacuna, un animal mordido
por un perro rabioso podía resistir la enfermedad. Poco más tarde, en ese mismo año, se
atrevió a tratar a un niño de nueve años de Alsacia que había sido mordido en varias
partes de su cuerpo por un perro rabioso logrando evitar la hidrofobia. A este incidente
siguió, en 1886, el eficaz tratamiento de varios campesinos rusos atacados por un lobo
rabioso. Los esfuerzos de Pasteur representaron un fundamento a favor de la eficacia de
esta vacuna contra la enfermedad. El curso de este razonamiento, mediante el cual se
estableció una alta probabilidad de eficacia para la vacuna contra la rabia, sería el
siguiente:

Un animal mordido por un perro rabioso resistió la hidrofobia al ser vacunado con
la vacuna x.
Un niño de nueve años mordido por un perro rabioso resistió la hidrofobia al ser
vacunado con la vacuna x.
Varios campesinos mordidos por un lobo rabioso resistieron la hidrofobia al ser
vacunados con la vacuna x.
Luego, toda persona propensa a contraer hidrofobia por la mordedura de un
animal rabioso se recuperará si se le inyecta la vacuna x.

En este tipo de razonamientos, el aumento del número de premisas no hará concluyente a


la conclusión, es decir, no hará inmediatamente verdadera ni falsa a la misma, sino que
simplemente modificará —aumentará o disminuirá— su grado de probabilidad.

Dejaremos de lado por ahora este tipo de razonamientos para ocuparnos de los
razonamientos deductivos o de manera más amplia, aquellos que parecen ser deductivos
(claramente no son inductivos)

Razonamientos válidos

Uno de los autores, aprendió a resolver cuestiones técnicas antes de interesarse por los
fundamentos de los fenómenos naturales o de las formas de actuar y pensar de los seres
humanos. Dicho en otros términos, supo cambiar un tomacorriente antes de saber qué es
un razonamiento válido. Al cambiar el toma, cortaba la corriente mediante la llave de corte
que hay en todas las instalaciones eléctricas de manera de prevenir una electrocución.
Para estar bien seguro, dejaba una luz encendida y constataba, luego de mover la llave
del cortacorriente, que se hubiera apagado antes de tocar los cables que debía manipular
para llevar a cabo la conexión deseada. La luz apagada le aseguraba que la corriente
estuviera cortada … ¿o no?
Años después aprendió algo de lógica y pudo reconstruir y analizar su razonamiento. Es
algo así:

Si se corta la corriente, se apaga la luz


Se apaga la luz

Se corta la corriente

Que simbólicamente podemos representar:

AB
B

Cuya forma de razonamiento es:

pq
q

Lo interesante del caso es que por más grande que sea nuestra confianza en ese
razonamiento, puede ocurrir que sea cierto que si se corta la corriente, se apaga la luz,
que también lo sea que la luz se apagó, pero que sin embargo suceda que no funciona la
llave que corta la corriente y que justo en el momento en que se mueve la llave de corte,
la lamparita que nos daba luz, se queme. A partir de conocer esto, el autor mencionado,
tomó otros recaudos adicionales al tocar los cables.

El razonamiento anterior es un caso de razonamiento inválido y no nos es extraño porque


muchas veces cuando tenemos garantía de que las premisas son verdaderas, confiamos
ciegamente en la verdad de la conclusión. Nuestra tarea ahora es distinguir
razonamientos como este que aparentan ser deductivos de aquellos que efectivamente lo
son. Para eso es necesario determinar qué quiere decir que un razonamiento sea válido.

Como dijimos, la validez de un razonamiento depende de la forma del razonamiento y no


de su contenido. Como nos limitamos a lógica proposicional, nuestra unidad de análisis
son las proposiciones, algo que limita las posibilidades de evaluar razonamientos. Por
ejemplo, el razonamiento que concluye que Difuso Fútbol Club no sale campeón no lo
podemos evaluar desde la lógica proposicional para determinar que es válido, debemos
recurrir a la lógica de predicados (desde la lógica proposicional su forma resulta inválida)10
Los razonamientos que utilizamos cotidianamente tienen puntos de partida muy disímiles,
no sólo en el contenido de las proposiciones de las que partimos sino también en su valor
de verdad. No necesariamente partimos de proposiciones verdaderas para sacar
conclusiones. Muchas veces partimos de proposiciones falsas. Pensemos sino en las
veces en que suponemos cosas que no ocurrieron para ver qué conclusión se obtiene o
cuando especulamos con amigos partiendo de afirmaciones como “le compré el yate a
Messi” de ahí a terminar cenando con el dueño de la aerolínea de Qatar en una playa de
Dubai, hay unos pocos pasos (lógicos). Las novelas nos ponen en mundos en los que se
razona a partir de premisas que sabemos falsas pero que sin embargo nos conducen por
ese mundo ficticio donde transcurre el relato. La biblioteca de Babel que describe Jorge
Luis Borges no existe en ningún lado y sin embargo concluimos, y hay artículos escritos al
respecto, que no es infinita. Partimos de premisas falsas y obtenemos conclusiones. Más
allá de concluir afirmaciones falsas, en estos casos es importante que los razonamientos
sean correctos. En la buena ciencia ficción, no cualquier cosa puede ocurrir, todo
depende de cómo son los principios del mundo creado por el autor y de las
consecuencias, obtenidas mediante razonamientos válidos, que se obtienen de ellos.

De lo anterior surge que lo que nos interesa es buscar qué es un razonamiento válido sin
que necesariamente se parta de proposiciones verdaderas. Pero entonces ¿qué le vamos
a pedir a un razonamiento para que resulte válido? La lógica no le va a pedir que parta de
‘verdades’, algo que en el fondo no le interesa a la lógica. Lo que le va a pedir es que su
forma sea válida y esto quiere decir que no pueda perderse la verdad. Es decir, que si
reemplazamos las variables de modo que las premisas sean proposiciones verdaderas no
debe ser posible que la conclusión resulte falsa. Es importante observar que estamos
caracterizando una forma de razonamiento como válida porque hay una alternativa
imposible: que de premisas verdaderas se siga una conclusión falsa.

Las que siguen son dos definiciones intuitivas equivalentes de la noción de validez.

i) Un razonamiento deductivo es válido cuando su forma asegura la imposibilidad


de obtener una conclusión falsa a partir de premisas verdaderas.

ii) La validez garantiza que cualquiera sea el caso de sustitución que se lleve a
cabo sobre la forma de un razonamiento, si se completan las premisas con
proposiciones que las hagan verdaderas, entonces la conclusión necesariamente
también lo será.

Sin embargo, una forma válida no puede asegurar nada acerca de la conclusión si
completamos las premisas con información que las hagan falsas.

Del mismo modo, una forma inválida no garantiza que de premisas verdaderas no pueda
nunca seguirse una conclusión también verdadera, tal como veremos a continuación. Así,
la verdad de la conclusión, en estos casos, no debe entenderse como necesaria, sino
como circunstancial. La invalidez queda evidenciada al tomar otro ejemplo de sustitución

10
Si un razonamiento es válido desde la lógica proposicional, lo será también desde la lógica de
predicados. Pero si es inválido desde la proposicional, puede resultar ser válido cuando es
analizado desde la lógica de predicados. No nos detendremos en esto.
en donde premisas igualmente verdaderas arrojan una conclusión falsa. Las formas de
razonamiento inválidas pueden, así, resultar sumamente engañosas puesto que algunos
ejemplos de sustitución podrían contribuir a que se las tome como válidas cuando en
realidad no lo son.

Por otro lado, esto nos permite mostrar que si bien la validez —siempre que se dispongan
premisas verdaderas— asegura la verdad, lo inverso no ocurre necesariamente, es decir,
la verdad de las proposiciones que componen un razonamiento no garantiza la validez del
mismo. La verdad de las proposiciones compuestas depende de la relación que se
establece entre las proposiciones simples que la componen, y la verdad de éstas a su vez
depende de la relación que se establezca entre lo que allí se afirma y la realidad.
Debemos recordar que la validez de un razonamiento no está ligada a su contenido sino a
la disposición de las premisas y la conclusión dentro de la estructura del mismo. El
siguiente cuadro expone, entonces, cuáles son los posibles casos de sustitución que
pueden darse sobre formas de razonamiento válidas y cuáles sobre inválidas:

Forma válida Forma inválida

V V V
V V F

F F F F
V F V F

Este cuadro debe interpretarse del siguiente modo: si en una forma de razonamiento
válida se sustituyen las premisas por proposiciones que las hagan verdaderas, su
conclusión sólo podrá ser verdadera; si en una forma de razonamiento inválida las
premisas son reemplazadas por proposiciones que las hacen verdaderas, entonces no es
posible asegurar nada respecto de su conclusión: la misma puede ser tanto verdadera
como falsa. Esta última posibilidad queda excluida si la forma es válida. Por otro lado,
independientemente de si la forma de razonamiento es válida o inválida, si las premisas
son sustituidas por proposiciones que las hacen falsas (basta con que una de las
premisas sea falsa para que se considere falso al conjunto completo de premisas),
entonces no es posible asegurar nada respecto de la conclusión: la misma puede resultar
tanto verdadera como falsa. Así, no podemos prever cuál será el valor de verdad de la
conclusión de un razonamiento con forma inválida, aun cuando aseguremos la verdad de
sus premisas. Del mismo modo, no podemos prever el valor de verdad de la conclusión
de un razonamiento cuando disponemos de premisas falsas, aun cuando su forma sea
válida. Sin embargo, lo que sí podemos asegurar, y esto es lo que posibilita la validez, es
que si la forma de razonamiento es válida, entonces de premisas verdaderas
obtendremos una conclusión también verdadera.

Volvamos a la experiencia con el tomacorriente. El razonamiento es inválido pues su


forma lo es. ¿Cómo sabemos que una forma de razonamiento es inválida? Esto no es
complicado, basta encontrar un ejemplo de reemplazo de proposiciones donde resulten
verdaderas las premisas y falsa la conclusión (¡el caso imposible de los válidos!). En el
caso del toma corriente cuya forma es:
pq
q

basta reemplazar p por una proposición falsa y q por una verdadera para obtener el caso.
Podría ser lo citado antes, que p sea “se corta la corriente” y q, “se apaga la lamparita” y
que ocurra que no se corte la corriente y se queme la lamparita. O también que p se
reemplace por “Soy un/a seductor/a” y q por “uso perfume ‘aromita’”. En este caso es
posible que sea cierto que nuestro/a protagonista use ‘aromita’ y no sea seductor/a en lo
más mínimo. O, también, podemos reemplazar a p por “tengo gripe” y q por “tengo fiebre”
y considerar que supuesta la verdad de que si tengo gripe tendré fiebre, y que tengo
fiebre, aun así pueda ser falso que tenga gripe.

Consideremos, ahora, un razonamiento distinto. Supongamos que el presidente de


aerolíneas Qatar finalmente, a partir de la relación de uno de los autores con Messi (de
público conocimiento), lo invitó a cenar a su casa. Y que, considerando los usos y
costumbres de la cultura árabe, nuestro protagonista decide llevar a la cena una botella
de vino o una pastafrola. Dado que fue verdadero que llevó un costoso vino. Tal vez
alguien pueda estar tentado de concluir que finalmente no llevó pastafrola. Sin embargo,
pudo aun así haberlo hecho. Y en tal caso la conclusión producto de la tentación sería
falsa. Este razonamiento tiene a la base una forma de razonamiento inválida:

pvq
p

~q

Algo más trabajoso es probar que una forma de razonamiento es válida. En este caso no
alcanza con encontrar ejemplos. Supongamos que alguien afirma que “Es imposible que
una vaca tenga un sólo estómago”, para probar que es falso basta encontrar una vaca
con un sólo estómago. Pero para probar que es verdadero habría que revisar todas y
cada una de las vacas que hay, hubo y podría haber. Algo imposible a menos que
encontremos alguna forma general de hacerlo. Por suerte, para probar que es verdadero
“Es imposible que esta forma de razonamiento tenga un reemplazo con premisas
verdaderas y conclusión falsa” tenemos métodos generales, algunos más mecánicos que
otros, algunos con menos pasos que otros. Volvamos al caso de la forma del
razonamiento:

pq
r ~q
r

que es la de aquellos razonamientos en que concluimos "comemos" en un caso y "vendo


mi alma al diablo" en el otro. Veamos si es válida. Para eso vamos a ver qué posibilidades
de reemplazo hay para p, q y r si las premisas son todas verdaderas. Empecemos por lo
más sencillo: para que la tercera premisa sea verdadera debe reemplazarse r por una
proposición verdadera. Pero entonces para que la segunda sea verdadera, dado que el
antecedente del condicional, en el reemplazo, es verdadero, debe ser el consecuente
también verdadero. Como el consecuente es la negación de la proposición que
reemplazamos por q, debe ser, este reemplazo, falso. Pero si q se reemplaza por algo
falso, la única alternativa posible para que la primera premisa sea verdadera es que se
reemplace a p por algo verdadero. Luego, la conclusión no puede ser otra cosa que
verdadera. De esta manera henos podido determinar que cualquier razonamiento que
tenga la forma mencionada es válido.

Tengamos presente las tablas de verdad para las conectivas lógicas vistas antes, y
hagamos un nuevo intento por comprender lo básico de la validez o invalidez de ciertas
formas de razonamiento. Consideremos, por ejemplo, la forma de razonamiento inválida
que acabamos de ver (la del razonamiento de la incógnita sobre la pastafrola). Si fuera
válida la forma de razonamiento, de ser verdaderas sus premisas, sería necesariamente
verdadera su conclusión. Pues entonces, debemos suponer reemplazos verdaderos para
sus dos premisas. La primera de ellas es una disyunción. Así, suponemos una disyunción
verdadera. Las condiciones de verdad para la disyunción indican que al menos una de las
proposiciones que la componen, los reemplazos en p o q, debe ser verdadera. La
segunda premisa, de suponerla (como debería) verdadera nos señala que la proposición
que reemplaza a p es verdadera. Ahora bien ¿podría ser verdadera la disyunción p v q,
aun cuando tanto p como q lo fueran? La respuesta es: sí, podría serlo perfectamente.
Entonces, ¿con qué grado de certeza podemos concluir que lo reemplazado en q es
falso? Puede verse que las premisas propuestas no son argumento suficiente para
defender con necesidad la conclusión pretendida. Dado que, a partir de esas mismas
premisas podría seguirse tanto la falsedad de lo reemplazado en q como su verdad. [De
aquí en adelante y para abreviar, diremos que la variable proposicional es verdadera para
decir que reemplazamos la variable por una proposición verdadera. Así, “p es verdadera”
debe entenderse “se reemplaza la variable p por una proposición verdadera”. De manera
similar, usaremos “p es falsa”]

Consideremos, ahora dos formas de razonamiento que involucran a proposiciones


condicionales:

1) p  q
p
q
y

2) p  q
~q
~p

Del mismo modo que en el anterior, vamos a suponer la verdad de las premisas para
evaluar la necesidad de la conclusión propuesta en cada caso. En ambos, deberemos
suponer la verdad de una proposición condicional. Sabemos, a partir de lo ya visto, que
esa proposición tiene tres situaciones posibles que la harían verdadera. Lo que sabemos
que no ocurre (dado nuestro supuesto de partida) es que p sea verdadero y q falso. Así,
descartando ese caso de sustitución en la primera premisa, en la forma de razonamiento
1) la verdad de p asegurada en la segunda premisa, nos obliga a concluir con
inevitabilidad la verdad de q. Es decir, no había otro posible valor de verdad para q,
supuesta la verdad de las dos premisas. Algo similar ocurre en la forma 2): supuesta la
verdad de ~q en la segunda premisa, sólo puede esperarse la verdad de ~p en la
conclusión.
Ambas formas de razonamiento son válidas. La primera de ellas se reconoce bajo el
nombre Modus Ponens y la segunda Modus Tollens.

La forma de razonamiento inválida que estaba a la base del ejemplo del tomacorriente,
como podrán advertirlo, es muy parecida a la del Modus Ponens. Y en dicho parecido
radica su capacidad de pasar inadvertidamente como un modo de razonar correcto,
cuando no lo es. Esta forma de razonamiento recibe el nombre de Falacia de afirmación
del consecuente. Aplicando este análisis a esa forma, puede verse que, supuesta la
verdad del condicional, puede esperarse que siendo verdadero su consecuente, también
lo sea su antecedente. Pero que pueda esperarse no es lo mismo que sea necesario,
inevitable. Y en ello radica su incorrección o insuficiencia formal: en la pretensión de
concluir como necesario algo que sólo es posible.

En lo que hace al análisis de las teorías científicas y en particular al modo en que las
evaluamos, la consideración de la validez o invalidez de estas formas de razonamiento
cobra aún más importancia. Por ejemplo, si consideramos como real el que los planetas
describen órbitas circulares, se seguirá de ello con bastante fuerza la necesidad de
observar que en un período breve de tiempo las posiciones de Marte en el cielo grafiquen
una línea recta. Y, si finalmente pudiéramos constatar esto último ¿qué podríamos
entonces concluir acerca de las órbitas de los planetas? Esquemáticamente, si H
simboliza a la proposición “los planetas describen órbitas circulares” y C la proposición
“durante el período de tiempo t, las sucesivas posiciones de Marte en el cielo permiten
dibujar una línea recta”, tendríamos la siguiente primera premisa:

H C

Y, además, si se ha podido determinar la ocurrencia de lo afirmado en C, tendríamos la


segunda premisa:

Pero dadas esas premisas ¿sería lícito inferir que entonces es verdadero el enunciado H?
El esquema del razonamiento sería el siguiente:

H C
C

Este modo de razonar es inválido pues descansa en la falacia de afirmación del


consecuente. ¿Ayudaría en algo obtener conclusiones sobre la base de una forma de
razonamiento válida como lo es Modus Ponens? De hacerlo, tendríamos el razonamiento:

H C
H

C
Claramente, no ayudaría a poder concluir nada relevante. Pues en ese caso, la verdad de
H ya la tendríamos asegurada en la premisa. Pero es justamente acerca de H es que
queremos poder concluir algo, de modo que si ya conociéramos su verdad no sería
relevante seguir preguntándose acerca de ella.
Y ¿si apelaramos a razonar siguiendo el curso de un Modus Tollens?

H C
~C

~H

En este caso, sí podríamos concluir algo de manera rigurosa acerca de la proposición H:


su falsedad.

Anexo (condicional asociado)

En lo anterior se expuso la cuestión de la validez de los razonamientos deductivos y la


necesidad de identificar y diferenciar las formas de razonamiento válidas de las inválidas.
Ahora, presentaremos uno de los métodos propios de la lógica proposicional para evaluar
las formas de razonamientos y determinar la validez o invalidez de las mismas,
denominado Técnica de Condicional Asociado. Este método exige el empleo de tablas de
verdad y la comprensión de la noción de forma de enunciado tautológica. Por ello, antes
de presentar el método veamos cómo confeccionar una tabla de verdad para una forma
proposicional y los distintos tipos de proposiciones que pueden darse en función del
resultado de dicha tabla.

Construcción de tablas de verdad

En lo anterior hemos recurrido al uso de tablas de verdad para mostrar cada una de las
conectivas lógicas. Ahora, vamos a presentar los pasos a tener en cuenta al momento de
construir tablas de verdad para fórmulas más complejas.

En primer lugar, debemos calcular el número de filas que tendrá la tabla. Para ello,
consideramos el número de variables proposicionales que aparecen en la fórmula y
completamos la siguiente expresión:

2n

La base, 2, corresponde al número de valores de verdad. El sistema de lógica


proposicional con el que estamos trabajando es un sistema bivalente, es decir, considera
sólo dos valores de verdad, por lo que la base será siempre la misma. El exponente “n”
será reemplazado por el número de variables proposicionales que aparezcan en la
fórmula.

El segundo paso será asignar los valores de verdad para formar las combinaciones. A la
primera variable que aparece asignaremos, comenzando con el valor V, valores
alternados de uno en uno. Para la siguiente variable duplicaremos este número por lo
que, también comenzando con el valor V, alternaremos valores de dos en dos. En la
tercera variable, se duplicará este último número por lo que asignaremos valores
alternados de cuatro en cuatro y así sucesivamente dependiendo de la cantidad de
variables que intervengan. De este modo, nos aseguraremos de estar considerando todas
las posibles combinaciones de valores.

Finalmente, se calculará el valor de verdad correspondiente a las columnas de cada uno


de los conectores. La columna correspondiente al conector principal de la fórmula será la
última en ser calculada, para ello deberán tenerse en cuenta los signos de puntuación. Al
igual que en una expresión matemática, los paréntesis, corchetes y llaves indican el orden
en que se debe ir resolviendo las columnas. Por ejemplo, para hallar el valor numérico de
“[(2 + 3) – 8]” nadie dudaría en resolver primero “(2 + 3)” y sólo después restar 8 al valor
obtenido. Al igual que sucede con esta expresión matemática, donde la función principal
es la resta, en una fórmula lógica es indispensable identificar el conector principal pues la
columna de este conector es la que indicará los valores de verdad para la fórmula
completa.

Ahora, nada mejor que exponer los anteriores pasos mediante un ejemplo. Examinemos
la siguiente fórmula compuesta:

(p . q)  (q v ~ r)

El número de variables contenidas en esta fórmula es 3 (p, q y r) por lo que el número de


columnas para su tabla será 8 (23 = 8). De acuerdo con los signos de puntuación, consiste
en una proposición condicional pues el conector principal es . Primero, entonces,
deberán resolverse las expresiones lógicas contenidas en los paréntesis. La fórmula que
constituye el antecedente de este condicional es una conjunción, mientras que el
consecuente es una disyunción inclusiva la que, a su vez, presenta negado uno de sus
disyuntivos. Ésta sería la tabla de verdad para la fórmula:

( p . q )  ( q v ~ r )
V V V V V V F V
F F V V V V F V
V F F V F F F V
F F F V F F F V
V V V V V V V F
F F V V V V V F
V F F V F V V F
F F F V F V V F
1 7 2 8 3 6 5 4

Los números debajo de la tabla indican el orden en que se completan las columnas. Los
pasos 1, 2, 3 y 4 corresponden a la asignación de valores para las variables. En el paso 5
se calcula la negación de r. La columna 6 se obtiene al calcular los valores de la
disyunción a partir de las columnas 3 y 5. La columna 7 expone los valores de la
conjunción obtenidos a partir de las columnas 1 y 2. Finalmente, la columna del conector
principal, el condicional, se calcula a partir de las columnas 7 y 6.
Formas proposicionales: tautología, contradicción y contingencia

Desde el punto de vista del análisis lógico, las formas de enunciados pueden clasificarse
en tres tipos: tautológicas, contradictorias y contingentes. A continuación ejemplificamos
cada una de ellas.

Tautología

Una tautología o forma tautológica es una forma proposicional que corresponde a una
proposición lógicamente verdadera, es decir, verdadera por su sola forma lógica. Esto es,
independientemente de la verdad o falsedad de las proposiciones que la integren, una
proposición cuya forma sea tautológica siempre será verdadera. Mediante las tablas de
verdad podemos mostrar que en la proposición “si es falso que el Sol no es una estrella,
entonces el Sol es una estrella” subyace una forma tautológica. Si reemplazamos la
proposición “el Sol es una estrella” por p, la forma lógica a evaluar será la siguiente:

~~pp

y su tabla:
~ ( ~ p)  p
V F V V V
F V F V F

Toda forma proposicional que obtenga en la columna del conector principal sólo valores
verdaderos se considerará tautológica.

Contradicción

Una contradicción o forma contradictoria es una forma proposicional que corresponde a


una proposición lógicamente falsa, es decir, falsa por su sola forma lógica. Es decir,
independientemente de la verdad o falsedad de los enunciados que lo integren, un
enunciado cuya forma sea contradictoria siempre será falso. Por ejemplo, la proposición
“no es cierto que la Tierra es esférica o no lo es” puede considerarse contradictoria en
función de su forma. La forma lógica a evaluar será la siguiente:

~ ( p v ~ p)

y su tabla:
~ [ p v (~ p )]
F V V F V
F F V V F

Toda forma proposicional que obtenga en la columna del conector principal sólo valores
falsos se considerará contradictoria. La negación de toda forma tautológica se convierte
en una contradicción. De la misma manera que la negación de toda forma contradictoria
resulta en una tautología.

Contingencia
A diferencia de lo que sucede con las formas tautológicas y las contradictorias, pueden
presentarse otras formas de enunciados que no obtengan uniformidad de valores en la
columna del conector principal. Una contingencia o forma contingente es una forma
proposicional que corresponde a una proposición lógicamente indeterminada, es decir,
una proposición cuyo valor de verdad no depende de su forma lógica sino del valor de
verdad de las proposiciones que la integran. Por ejemplo, si construimos la tabla de
verdad para la forma lógica subyacente al enunciado “ni Popper ni Lakatos aceptarían la
confirmación de una teoría científica” (donde “Popper aceptaría la confirmación de una
teoría científica” será reemplazado por p y “Lakatos aceptaría la confirmación de una
teoría científica” será sustituido por q) obtendríamos lo siguiente:

~p . ~ q

y su tabla sería:

~ p . ~ q
F V F F V
V F F F V
F V F V F
V F V V F

Toda forma proposicional que obtenga en la columna del conector principal tanto valores
verdaderos como falsos se considerará contingente. La verdad o falsedad del enunciado
no estará garantizada por su sola forma lógica sino que dependerá de las combinaciones
de valores de las proposiciones contenidas en él.

Técnica de Condicional Asociado

Ahora sí, podemos ver cómo aplicar la Técnica de Condicional Asociado para determinar
la validez de un razonamiento. Este método consiste básicamente en transformar una
forma de razonamiento en una forma proposicional para luego decidir sobre ésta a partir
de las tablas de verdad. Para ello se construye, a partir de la forma de razonamiento que
se está evaluando, una forma proposicional condicional donde el antecedente será la
conjunción de las premisas del razonamiento mientras que la conclusión se ubicará como
consecuente de dicho condicional. Una vez obtenida la forma de proposición se construye
su tabla de verdad. La forma de razonamiento se considerará válida sólo cuando la forma
proposicional resulte ser tautológica. Si esto no ocurre, es decir, si es contradictoria o
contingente, será inválida la forma de razonamiento. Por ejemplo, determinemos la
validez o invalidez del siguiente razonamiento:

Oscar Wilde fue condenado a dos años de prisión por la acusación de “sodomita”
por parte del marqués de Queensberry o por predicar conforme a la opinión
pública. Luego, la acusación del marqués fue decisiva para su condena puesto
que la opinión pública también lo condenó a causa de sus discursos.

Abreviado, el curso del razonamiento anterior es el siguiente:

Oscar Wilde fue condenado a prisión por la acusación del marqués o por predicar
conforme a la opinión pública.
Sus discursos no eran aceptados por la opinión pública.
Luego, Oscar Wilde fue condenado a prisión por la acusación del marqués.

Y su forma lógica:

pvq
~q

La forma proposicional condicional y su tabla para determinar la validez de la forma de


razonamiento sería:

[( p v q ) . ( ~ q )]  p
V V V F F V V V
F V V F F V V F
V V F V V F V V
F F F F V F V F

Dado que la forma proposicional resultó ser tautológica, la forma de razonamiento se


determina como válida. Nótese que el resultado obtenido para la tabla de verdad de la
proposición condicional no permite concluir que el razonamiento evaluado siempre tendrá
conclusión verdadera, simplemente asegura que se cumple que las premisas sean
condición suficiente para la conclusión, es decir, que en ningún caso la conjunción
verdadera de las premisas llevará a una conclusión falsa.