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Arendt, H. (2009). Conferencias sobre la filosofía política de Kant. Buenos Aires: Paidós.

Post Scriptum a “El pensamiento”____________________________________________________

• El juicio y la voluntad, a diferencia del pensamiento que trata siempre con invisibles en la
experiencia, tratan siempre con lo particular y se encuentran más cerca del mundo de las
apariencias.
• La hipótesis principal de Arendt, dice ella misma, es que “a los juicios no se llega por
deducción ni por inducción. En dos palabras, el juicio no tiene nada en común con las
operaciones lógicas” (p. 16). Con Kant, el juicio aparece com un talento que sólo puede ser
ejercitado, no enseñado. Si bien las ideas reguladoras pueden auxiliarlo, lo cierto es que
posee su propio modus operandi.
• Oposición Hegel-Kant: o bien decimos con Hegel que la Historia del mundo es el tribunal
del mundo o bien se afirma con Kant la autonomía del espíritu humano y su independencia
potencial de las cosas como son o como han llegado a ser.

Conferencias sobre la filosofía política de Kant__________________________________________

Primera conferencia.
• Primer problema: Kant nunca escribió una filosofía política. Sin embargo, su Crítica del
Juicio es el libro que, de no haber sido escrito, se echaría de menos en la obra de Kant.
• Tras la cuestión del gusto -abordado en La metafísica de las costumbres-, Kant había
descubierto una facultad humana completamente nueva, el juicio. Y, al mismo tiempo,
sustrajo las proposiciones morales del ámbito de competencia de esta facultad. “Ahora”
-dice Arendt- “es algo más que el gusto lo quev a a discernir entre lo bello y lo feo; pero la
cuestión [moral] del bien y del mal no será resuelta ni por el juicio, sino sólo por la razón.

Segunda conferencia.
• Hacia el final de la vida de Kant, quedaban dos cuestiones pendientes: 1) Cuestión de la
sociabilidad, esto es, que ningún hombre puede vivir solo. Incluso, que ningún hombre
puede pensar solo y, particularmente, para pooner en práctica la facultad del juicio. 2) La
segunda cuestión es relativa a la naturaleza humana. Acerca de por qué existen los hombres,
cuáles son sus propósitos.
• Acerca de los vínculos entre las dos partes de la obra de la cual, dice Arendt, parecen estar
frágilmente conectadas. En primer lugar, en ninguna de las dos partes se habla del hombre
como un ser cognoscente o inteligible: no hay aquí un interés por la verdad. “La primera
parte se ocupa de los hombres en plural, cómo son de verdad [al parecer, única vez en que
aparece este concepto] y cómo viven en sociedad; la segunda, de la especie humana” (p. 33).
El segundo vínculo radica en que la facultad de juzgar se ocupa de los particulares, esto es,
de aquellos fenómenos que, en consideración a lo universal, “encierran algo contingente”. A
su vez, los particulares son de dos clases: A) Objetos del juicio propiamente dichos; B)
Aquello que no puede ser subsumido a una causa general.
• Los temas abordados en la Crítica del juicio, dice Arendt, presentan una profunda relevancia
política: A) La cuestión de lo particular, ya se trate de un acontecimiento histórico o de un
hecho natural; B) La facultad de juzgar, entendida como la facultad de la mente humana
para tratar de lo particular; C) La sociabilidad como condición para ejercer dicha facultad.
El juicio de lo particular, dice Arendt, no tiene cabida en la filosofía moral de Kant.
• En los últimos años de vida de Kant aparece un interés que, dice la autora, “no podemos
remontar al período pre-crítico”: el interés por cuestiones estrictamente constitucionales e
institucionales. El problema que ocupó a Kant es precisamente el de “cómo organizar a la
gente en un Estado, cóm constituir el Estado, cómo fundar una comunidad política, cómo
resolver los problemas jurídicos relativos a tales cuestiones” (p. 37-38).

Tercera conferencia.
• Punto de partida: cómo reconciliar la filosofía moral kantiana con la organización del
Estado. Kant, dice Arendt, diferencia las categorías de “buen ciudadano” y “buen hombre”.
El primero, es necesario para formar un buen Estado; el segundo, para formar un buen
pueblo. Sin embargo, el buen ciudadano sólo puede darse en el marco de una ciudad buena.
Esto se vincula, entonces, con lo relativo a la naturaleza humana: ¿cómo fundar un buen
orden si no existe una antropología optimista?
• Según las Observaciones acerca del sentimiento de lo bello y lo sublime, aparecen una serie
de elementos esenciales en lo referente a la filosofía política kantiana: 1) La existencia de un
“gran designio de la naturaleza”; 2) Existe la certeza de que no se necesita una conversión
moral del hombre; 3) Existe una insistencia en las constituciones y en lo público.
• Arendt señala la irreconciabilidad de las ideas políticas y de la filosofía moral kantiana.
Incluso, señala, ninguna de las tres cuestiones centrales que invitan al hombre a filosofar -
¿Qué puedo conocer? ¿Qué debo hacer? ¿Qué cosa me está permitido esperar?- se refieren
al ser humano como ser político.
• Si bien existe un impulso a señalar el carácter político de la filosofía práctica kantiana,
Arendt señala que la misma no es estrictamente política pues, princiaplmente, no se ocupa
del hombre en su existencia plural, sino del hombre en soledad. Es una interrogación que no
atraviesa la categoría de acción política, que se preocupa por el interés propio y no por el
interés por el mundo.
• Menciona, hacia el final de la conferencia, el vínculo entre filosofía y política dado por “la
actitud que los filósofos suelen tener por el ámbito político en su conjunto” (p. 46).

Cuarta conferencia.
• A raíz de las concepciones sobre la vida y el cuerpo de los antiguos y modernos, Arendt
llega a la siguiente conclusión: en Kant existen tres “antropologías”. 1) La especie humana
sometida a la historia y a la astucia de la naturaleza, bajo una perspectiva teleológica a partir
de la idea de fin (propio de la segunda parte de la Crítica del juicio). 2) El hombre como ser
racional sometido a las leyes de la razón práctica que él se da autónomamente (propio de la
Crítica de la razón práctica y de la Crítica de la razón pura). 3) Hombres como criaturas
ligadas a la tierra que viven inter homines esse y están dotados de un sensus communis,
sentido comunitario. Se necesitan unos a otros incluso para pensar (propio de la primera
parte de la Crítica del juicio).

Quinta conferencia.
• Arendt continúa con el conflicto entre filosofía y política. Dice que Kant renunció a que el
filósofo viva solo y que el conflicto entre gobernantes y filósofos no es resuelto, a la Platón,
mediante el gobierno de los filósofos sino a través del consejo: el gobernante debe escuchar
al filósofo.
• Reflexión acerca del término “Crítica” en las obras de Kant.

Sexta conferencia.

• Aparición de la frase “comprender a un autor mejor de lo que se comprendió a sí mismo”.


• Interrogación de la figura de Kant como filósofo a través de su comparación con Sócrates.
Carácter “anti-autoritario” del pensamiento crítico y dirección hacia lo público del mismo:
comunicabilidad general de la razón.
Séptima conferencia.
• Especificidad de Platón al asumir el Logon didonai, esto es, el tener que “dar cuenta”,
justificar ante los demás sus afirmaciones. Arendt señala que esta rendición de cuenta es
muy propia del ámbito político en virtud de las resposabilidades públicas. El responder y
justificar frente a la pregunta es lo que dio lugar al pensamiento crítico, señala nuestra
autora, y fue Kant quien más conciente resultó de sus implicaciones.
• Arendt señala la cuestión de la “imparcialidad”, esto es, como sinónimo de objetividad. La
cuestión central en este punto es la incorporación de los otros puntos de vista. Dice Arendt:
“La imparcialidad se obtiene considerando los puntos de vista de los demás; no es el
resultado de una posición superior que finalizaría la disputa situándola por completo por
encima de ella” (p. 83).
• Para llegar a a imparcialidad, entonces, resulta necesario un “modo de pensar extensivo”. La
facultad que permite este tipo de pensamiento es la de la imaginación. Y, mientras más uso
de esta facultad haga, esto es, cuanto más amplio y extenso sea el pensar del hombre, más
“general” será su pensamiento -y aquí, la generalidad funge como sinónimo de objetividad o
imparcialidad-.
• El punto de vista general no nos informa como actuar. Frente a ello, la pregunta que se hace
Arendt es la siguiente: ¿el punto de vista general es el punto de vista del espectador?
Incluso, el punto de vista cosmopolita es un punto de vista del espectador. La ciudadanía
cosmopolita, en sí, es una ciudadanía pasiva.

Octava conferencia.
• Planteamiento de la obediencia irrestricta al statu quo, cualquiera sea el carácter del mismo.
Esto implica que Kant haya estado en contra de todas las rebeliones, excepto de una
(irlandeses versus ingleses). Uno no tiene que verse involucrado en aquello que, si es
exitoso, aplaudiría.
• Principio trascendental de la publicidad que rige todas las acciones políticas, esto es, “un
principio que no pueda manifestar en alta voz sin que se arruine al miso tiempo mi propio
propósito (...) [que] debería permanecer secreto para poder prosperar y que no puedo
confesar públicamente sin provocar indefectiblemente la oposición de todos, un principio
semejante sólo puede obtener esta general y necesaria reacción de todos contra mí,
cognoscible a priori, por la injusticia con que amenaza a todos” (p. 93).
• Kant mismo menciona dos argumentos que contradicen el razonamiento que identifica
justicia con publicidad. 1) Se trata de un principio negativo: sólo sirve para conocer lo que
no es justo con respecto a los otros. 2) Quien posee el supremo poder de decisión no necesita
ocultar sus principios. Kant entonces formula un principio “trascendetal” y “positivo”, a
saber: todas las máximas que necesitan de la publicidad (para no fracasar en sus propósitos)
concuerdan con el derecho y la política a la vez.
• El hombre, para Kant, no es libre si no tiene libertad de opinión. Para Kant, la justificación
de la rebelión se da cuando es abolida la libertad de opinión. A esto le subyacen dos
hipótesis: 1) el continuo progreso hacia lo mejor; 2) el mal se autodestruye. En política, el
cuidado del mundo precede al cuidado de uno mismo, del cuerpo o del alma.

Novena conferencia.
• Arendt se detiene aquí en el momento en que un fenómeno particular puede resultar
“sublime” y, además, esto sublime puede coincidir con un designio oculto de la naturaleza.
• Aparece aquí la categoría de “juicio estético y reflexionante” a partir del cual ve el lado
sublime de la guerra -el coraje del hombre- y el que la pluralidad y fricción existente entre
las naciones pueden engendrar el progreso.
• Este juicio estético y reflexionante se opone a la filosofía práctica, que le dice al individuo
que debe actuar como si la máxima “no debe haber guerra” fuese un deber a cumplir.
• Arendt señala dos elementos que aparecen todo el tiempo: 1) La posición del espectador es,
en virtud de su desinterés, superior al del actor que representa. En términos filosóficos, esto
significa superioridad del bios theoretikos sobre la vita activa; 2) La idea de progreso.
Noción de Historia [history].

Décima conferencia.
• Relación entre actor y espectador análoga a la relación entre teoría y práctica política. El
espectador presupone al actor, sin embargo, la originalidad del artista depende de su
capacidad para hacerse comprender por el público.
• Diferenciación entre genio y gusto.
• La facultad de juzgar, el sentido común y el discernir entre lo correcto y lo incorrecto se
fundan en el sentido del gusto. Facultad de la imaginación.

Undécima conferencia.
• La solución al problema del gusto está en las facultades de la imaginación y del sentido
común.
• La imaginación es la facultad de hacer presente aquello que está ausente. “Sólo lo que
conmueve y afecta en la representación cuando no se puede seguir estando afectado por la
presencia inmediata (...), puede ser juzgado como bueno o malo, importante o irrelevante,
bello o feo, o algo intermedio” (p. 124).
• En el sentido común existe un elemento no subjetivo: aparece en él la intersubjetividad. El
juicio, y principalmente los juicios de gusto, toman en consideración el gusto de los demás.

Duodécima conferencia.
• En el juicio, dice Arendt, se dan dos operaciones: 1) La operación de la imaginación por la
que se juzgan objetos que ya no están presentes. 2) Operación de la reflexión, esta es la
auténitca operación de juzgar algo. Esta operación doble instaura la condición para todos los
juicios: la condición de imparcialidad. La ventaja del espectador sobre el actor se revela
aquí: al cerrar los ojos y representarse en su interioridad aquello que tiene que juzgar, la
representación se le aparece como un todo. Al actor, en cambio, sólo se le revela el papel
que desempeña.
• Aprobación o desaprobación a posteriori. ¿Cómo se elige entre una y otra? El criterio es de
la comunicabilidad o la publicidad. La pauta para decidir sobre ello es el sentido común.
• Tres tipos de juicios: a) Juicios sobre la sensación de los sentidos. Son comunicables pero la
comunicación de los mismos no implica que sean válidos para los demás. b) Juicios morales
dictados por la razón práctica. Su validez es independiente de la comunicación. c) Juicios
sobre lo bello. Sentido común como sensus communis (“ha de entenderse la idea de un
sentido que es común a todos, es decir, de una facultad de juzgar que, en su reflexión, tiene
encuenta por el pensamiento (a priori) el modo de representación de los demás para atener
su juicio, por decirlo así, a la razón total humana”). Este sensus communis cuenta con una
serie de máximas: a) pensar por uno mismo; b) situarse con el pensamiento en el lugar del
otro; c) estar de acuerdo con uno mismo. Las máximas no son propias del conocimiento
científico (ámbito de la verdad), sino del ámbito de la opinión y del juicio.

Decimotercera conferencia.
• El gusto (me agrada o no me agrada) está siempre enraizado en el sentido comunitario y, por
tanto, abierto a la comunicación una vex transformado por la reflexión, que toma en
consideración a los demás y sus sentimientos. Cuando se juzga, se lo hace como miembro de
la comunidad, guiado por un sentimiento counitario. Y se es miembro de una comunidad
mundial por el simple hecho de ser hombre, esa es la existencia cosmpolita. Cuando se juzga
y cuando se actúa en el ámbito político, uno se orienta según la idea de que se ess un
ciudadano del mundo y así, un Welbetrachter, un espectador del mundo (p. 139).
• Diferencia entre juicio determinando y juicio reflexionante. El juicio determinante es aquel
que subsume lo particular a lo general -una regla, un principio, una ley-. Con el juicio
reflexionante, en cambio, aparece el problema de pensar lo particular cuando solo lo
particular está dado, de modo que hay que encontrar lo general. Para juzgar aquí es
necesario un tertium comparationis. 1) La idea de un pacto originario de la humanidad como
un todo. 2) Validez ejemplar, tomar un particular que en su misma particularidad revela la
generalidad que no podría determinarse de otro modo.