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Universidad de Concepción.

Pedagogía en Filosofía.

La actitud conservadora

Cuando hablamos de conservantismo, no estamos haciendo alusión a un partido


político en específico, sino, más bien, a una mentalidad. En Inglaterra ocurrió un suceso
irónico, ya que, sin identificarse con el partidismo, se fundó el Partido Conservdor, el cual
no fue del agrado de los conservadores más acérrimos en sus posturas, por lo que estos se
declararon en contra de este partido. Sin embargo, el creciente auge del partidismo, vio
como una necesidad tener que organizarse de manera en que fueran aceptadas sus
propuestas por las formas de gobernar de la sociedad, dicho de otra manera, algunos
conservadores se fueron reformando en medida de la necesidad que se estaba dando en la
necesidad. En esencia, el conservador es reacio a la idea del partido político, pero un
porcentaje de personas autodenominadas conservadores, han dado su brazo a torcer para
unirse al partidismo. Esto a convergido en que el Partido Conservador fuera de a poco
cediendo en sus ideales, aceptando el liberalismo que ha entrado en Inglaterra, una muestra
de ello es la aceptación de la libertad individual sobre la intrusión del estado, contagiándose
de la moda reformadora y el virus de la democracia. Si bien estas reformas son necesarias
para acomodarse al contexto político al que se adquiere el partido, representa una peligrosa
entrega contra el principal enemigo del conservantismo: la filosofía del liberalismo.

Si el conservantismo ya se encuentra en apuros por el hecho de que debió articularse


como un partido político, se le sumó el hecho de tener que escuchar a quienes se adscriben
a una línea de pensamiento más ‘moderada’, puesto que el Partido Conservador posee una
tracción sobre el sector moderado al alienarse con el pensamiento de la sociedad libre o
abierta para combatir el socialismo, la cual es considerada como un totalitarismo. Aquí se
presenta la disputa política bajo dos conceptos abstractos que son la libertad contra el
totalitarismo.

Esta distinción entre los conceptos no fue colocada sin intención, ya que tributan a
una distinción basada en la filosofía política como la de Locke o Robert Nozick. Y es en
base a esta distinción que serias decisiones políticas han tenido impacto en la historia,
alzando ‘banderas por la libertad’ o declarándose ‘acérrimos opositores de los
totalitarismo’, un claro ejemplo de ello son las medidas que ha tomado el gobierno
norteamericano así como el discurso que emplea. La postura del conservador frente a esta
distinción es la de simpatizar con las políticas que emanan desde conceptos tan abstractos
como ‘la libertad’ y sus derivaciones, ya que representan un aporte a la batalla que se libra.

La libertad de expresión es, en términos de Scruton, lo siguiente: “Es obvio que no


puede haber libertad de expresión en una sociedad sana, si por libertad de expresión se
entiende el irrestricto y absoluto derecho de decir lo que uno desea y de expresar las
propias opiniones sobre cualquier cosa, en cualquier momento y donde sea”(Scruton,
2016, p.5). Esta forma de entender la libertad de expresión está dada en un sentido amplio
el cual no tiene límites a la hora de dictaminar lo que se expresa, sino que se escupe y
vomita de forma irresponsable, por eso, Scruton asume que este planteamiento es contrario
a la sociedad sana. Esto, bien, lo ve aplicado en la sociedad Inglesa, en donde los liberales
de la isla han asumido que la limitación de la libertad de expresión se da forma negativa,
puesto que, para caracterizar y calificar la libertad, esta debería tener por criterio el daño
que puede causar a través de su ejercicio, así, si mi comentario incita al odio o al racismo,
no debe ser permitido, ni tolerado, puesta que iría en contra de la libertad misma. Las
limitaciones y los criterios que debe asumir la libertad, deben estar encarnadas en los
valores fundamentales que la ley ampare, puesto que la ley es un reflejo de los valores
fundamentales que cada sociedad tiene y por la que se pretende regir.

La liberta de expresión no da cabida, ni permite, ni transa cuando se trata de


producción y distribución que atente contra el status quo de la sociedad inglesa, así todo lo
que amenace esta normalidad social e impulse la subversión, debe ser censurado en pos de
la misma libertad. Así también, entran las agitaciones que subleven e inciten al conflicto
entre comunidades internas de la sociedad, por la ley de la sedición. La correcta aplicación
de esta ley debería ser necesaria para aplicarse frente a casos sobre temas raciales, por
ejemplo, sin embargo, esta idea no tiene posibilidad de ser aplicada en este campo, ya que
la cuestión racial resulta ser un tema de política de poder, puesto que una Ley en contra del
racismo tiene un efecto simbólico con un impacto más poderoso que el aplicar la ley de
sedición, el cual influye el tema de la apatía social en contra del tema del racismo. A pesar
de esto, pareciera que no representa la política de gobierno, sino más bien una política
medida para una clase social en específico. En la modernidad, se asumen leyes que están de
la mano de la libertad de expresión, en miras de no hacer daño perjudicial a sectores
sociales, sin embargo, no quieren hacerse de que las sociedades tienen detractores y
enemigos a los cuales deben reprimir.

El concepto abstracto de libertad no puede ser identificado con la separación de las


instituciones que las rigen, así la libertad está normada por la ley y todo lo que no castigue
la ley es permitido y se es libre de hacer.

Scruton aboga por un concepto de libertad inglés que se ha construido en base a


tradición, costumbres y legados que han sido perpetuado por medio de las instituciones
consolidadas que lo han salvaguardado. Considerar la libertad sin instituciones serían
ciegas, afirma el filósofo inglés. Esta paráfrasis de Kant apunta a que las instituciones son
las que encarnan los valores que cada sociedad quiere enfatizar. De esto, se desliga la idea
de que la libertad, para ser libertad, debe incluir condiciones previas que sean pactadas por
las instituciones. Aquí se marca una diferencia entre el conservador y el liberalismo:
mientras que el segundo aboga por un derecho natural de elección y de libertad individual
absoluta, el primero subordina este valor a los pactos previos y consensos que se den de
antemano, limitándolo al valor de la autoridad del gobierno. La idea anterior queda mejor
expresada en la siguiente idea que escribe Scruton: “El gobierno es la primera necesidad
de todo hombre sujeto a la disciplina de la interacción social, y la libertad es el nombre de
a lo menos una de sus ansiedades” (Scruton, 2016, p.7).
Ahora bien, el conservador mira hacia el marxismo, porque este fija el campo en el
que se tratarán las relaciones. El marxista analizará esta discusión no en términos de
‘autoridad’ sino que con el concepto de ‘realidades del poder’, ya que considera que la
autoridad es la representaciones de quienes tienen el poder, siendo la traducción ideológica
del poder. Esto coloca en la discusión un concepto netamente político, que es el ‘poder’,
cuestión que no se había planteado en la discusión entre liberales y conservadores.

Cuando se intenta llevar a una máxima el conservadurismo, se cae constantemente


en el intento, ya que no es capaz de expresar su propio propósito o de aclarar su punto de
vista. Si el conservadurismo solo se hace consciente cuando se le obliga, no existirá
reciprocidad entre lo planteado teóricamente con la práctica cotidiana del mismo. Scruton
busca dar luces al conservado acerca de ideas que le sean útiles para poder sentar el credo
que, a sus ojos, aún no encuentra. Sin embargo ¿cómo el conservadurismo encuentra su
espacio en la época de personas modernas?

Para el conservantismo, la mentalidad conservadora está ligada al sometimiento


disciplinar de las personas por el hecho de vivir en sociedad, dicho de otra forma, el
conservador concibe que para vivir en sociedad se deben adoctrinar a las personas para la
aceptación de la autoridad del gobierno. Un conservador es opositor de las medidas
liberales y reformistas, para este, primero está el sometimiento a la autoridad de gobierno
antes que el valor de la libertad humana. De esto se liga que el derecho natural que posee
cada integrante de la sociedad es, para los ojos de un conservador, innecesario, primero está
el cumplimiento a su obligación de ser gobernado, luego lo demás. La persona con
mentalidad conservadora aprecia las instituciones y la estructura social que ha mantenido
de pie en la sociedad, por lo que se presenta como adversario de las políticas mercantiles y
la agitación social. La justificación que da el conservador radica en la creencia de un orden
preexistente que fue escrito con anterioridad, por lo que ya se encuentra determinado el
destino al cual debe responder y se siente parte y dueño de ese destino impuesto. El
conservador siente una profunda sensación de pertenencia con aquello que le tocó vivir, se
siente identificado y representado con las instituciones que lo gobiernan, haciendo una
comparación laxa, se podría afirmar que el sentimiento de pertenencia del conservador es
similar al concepto de patriotismo postulado por Taylor (Taylor,1997), puesto que existe en
ambos casos un sentimiento de identificación voluntaria con la sociedad en la que se
encuentra, si bien pueden tener motivaciones distintas, existe una semejanza en el
sentimiento que experimentan y en el hecho de que se fija por medio de las instituciones
sociales. Siguiendo con el texto de Scruton, el sentimiento de pertenencia se encuentra
fundamento en la vitalidad histórica y la vitalidad de vivir de los individuos, puesto que la
primera es la materialización de la segunda. El conservantismo no puede ser ahistórico,
puesto que es el carácter de las tradiciones y costumbres que no siempre están en las
constituciones. El sentimiento de pertenencia que reflejan los conservadores se debe a la
relevancia que ocupa la historia dentro de sus raíces, por ello, ¿Qué queda por conservar
cuando se está convirtiendo en ruinas lo que sentían que les pertenecía? Si bien el cambio
es necesario para el progreso, el cambio, para el conservador, será aceptado siempre que
signifique una continuidad de lo anterior y no un comienzo nuevo que desconozca la
historia. Por ejemplo, una persona que mantenga una actitud conservadora dentro del
espacio que ofrece la Iglesia Católica, estaría en contra de las modas reformistas que
intenten opacar la sagrada palabra que le dijo Cristo a Simón Pedro.

Cuando el conservador se propone hacer política, debe enfrentarse con preguntas que son
frecuentes en política: ¿qué tipo de sociedad se busca? ¿por qué se tiene en la mira ese tipo
de sociedad? y ¿cuáles serán las vías para lograrlo? Sin embargo, ¿la política es un medio o
es un fin? Scruton, afirmará que la política tiene una finalidad intrínseca, porque esta trata
con personas que no pueden ser tomadas como medios para algo, sino como un fin en sí
mismo. Cuando se hace política, se van descubriendo los fines más importante en medida
que se va dando la política, por lo que se puede caracterizar los fines como aquellos con
relevancia y aquellos fines que son pasajeros. La consideración que hay frente a los fines de
la política hace que, para el conservantismo, se entienda la política como un fin en sí
mismo, al igual que la amistad. Sin embargo, el conservador debe buscar en la actividad
política el poder, con esto le hace un guiño al marxismo, ya que considera que este es el
elemento movilizador de la política misma y para poder ejercer su voluntad, que es la
definición de poder, necesita adscribirse al partidismo.
En conclusión, el conservador se opone a la visión del liberalismo sobre la idea de la
libertad absoluta, ya que no tiene sentido sin las instituciones que conservar. Además que el
sentimiento de pertenencia y patriotismo están muy arraigadas en sus concepciones. No
obstante, no presenta una sólida argumentación filosófica como lo hace el liberalismo con
todas sus aristas, sino que presenta formas de conducta, por lo que en esto se cae con
respecto al liberalismo. En la cotidianidad del siglo XXI podemos ver cómo el
conservantismo pierde cada vez más peso en comparación con el liberalismo y las modas
reformistas, sobre todo si se le agrega que el liberalismo ha sabido adaptarse bien a los
cambios contemporáneos que han suscitado. Por otro lado, en la actualidad cada vez se
hace el rechazo más grande al sentido estricto del conservador, como sentido de pertenencia
con un orden preexistente, sin embargo el deseo de conservar, en el sentido laxo, se ha
mantenido aún arraigado en las sociedades contemporáneas. A pesar de esto, existen
sociedad en la actualidad que aún pueden ser llamadas conservadoras en un sentido más
estricto, por ejemplo la sociedad japonesa que mantiene sus valores y costumbres por
medio de las instituciones, pero han tenido que acomodarse y reformarse en la medida de lo
posible a los tiempos contemporáneos para alcanzar el poder.

Javier Abrigo Parra.

Referencias

 Scruton, R., (2016), Centro de estudios públicos,:


https://www.cepchile.cl/cep/site/artic/20160303/asocfile/20160303183304/rev44_rs
cruton.pdf
 Taylor, C., (1997), Argumentos Filosóficos. España, Barcelona: Editorial Paidós,
SAICF.