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Método de investigación en psicología

María Teresa Anguera

EDITORIAL SÍNTESIS

Madrid, 1995

Este material se utiliza con fines exclusivamente didácticos

18. METODOLOGÍA CUALITATIVA

18.1. Clarificación conceptual

Mª Teresa Anguera Argilaga

Hasta hace unos años se trataba de una opción metodológica claramente marginal y con escaso poder de convocatoria. La situación en la actualidad parece comenzar a cambiar, aunque el paradigma vigente (en términos kuhnianos, pero sin el sentido excluyente que él le da) siga siendo el empírico positivo. Szent-Györgyi (1980), en una frase epitáfica, se refería al carácter desconocido de gran número de episodios de la naturaleza, en donde aparece una extraña mezcla de lo contradictorio, ilógico e incoherente y en este enclave es donde la metodología cualitativa debería suavizar estas contradicciones y dar una imagen comprehensiva de dicha realidad (Morse, 1994). El laboratorio de quien se dedique a la investigación cualitativa es la vida diaria, y las variables, que no se controlan, no se conocen hasta finalizar el estudio. Benoliel (1984, pág. 3) describió la investigación cualitativa como "modos de cuestionamiento sistemático enfocados a entender a los seres humanos y a la naturaleza de sus interacciones con ellos mismos y con su entorno". Con frecuencia, la investigación cualitativa se describe como holística; es decir, que se preocupa por los seres humanos y su ambiente en toda su complejidad. A menudo se basa en la premisa de que el obtener conocimiento de los seres humanos es imposible sin describir cómo se vive y cómo se define la experiencia humana por los propios actores. Al tratar de conceptualizar la metodología cualitativa, se hace patente la tentación fácil de apoyarnos en el concepto aparentemente mejor delimitado de metodología cuantitativa, pero deberá obviarse esta vía. En la actualidad, en efecto, buen número de discusiones se plantean atendiendo a dicotomías diversas:

investigación nomotética/ideográfica, investigación psicométrica/etnometodología, investigación de laboratorio/de campo, investigación experimental/naturalista (Álvarez, 1986). Con ellas se abordan aspectos complementarios de los que no podrían negarse, además, sus posibilidades de colisión ni su atributo opuesto de mutua exclusividad. Nos hallamos, pues, en una verdadera encrucijada, en la cual retomamos la consideración de la metodología cualitativa como "una estrategia de investigación fundamentada en una depurada y rigurosa descripción contextual del evento, conducta o situación que garantice la máxima objetividad en la captación de la realidad, siempre compleja, y preserve la espontánea continuidad temporal que le es inherente, con el fin de que la correspondiente recogida sistemática de datos, categóricos por naturaleza, y con independencia de su orientación preferentemente idiográfica y procesual, posibilite un análisis (exploratorio, de, reducción de datos. de toma de decisiones, evaluativo, etc.) que dé lugar a la obtención de conocimiento válido con suficiente potencia explicativa, acorde, en cualquier caso, con el objetivo planteado y los descriptores e indicadores a los que se tuviera acceso”(Anguera. 1986a. pág. 24). Se imponen vanas matizaciones a esta conceptualización que pueden estructurarse en torno a criterios epistemológicos, metodológicos, técnicos y de contenido, los cuales facilitan su justificación:

  • a) La vía hipotético-deductiva, implantada tradicionalmente en buen número de líneas de investigación, ofrece graves dificultades en la investigación cualitativa, ya que habitualmente conduce a una pérdida de flexibilidad en la descripción y a su descontextualización. Por el contrario, y sin asumir de forma generalizada la vía inductiva, ésta se, revela con mayor viabilidad, lo cual se halla en consonancia con el carácter previamente no consolidado de los estudios temáticos a los que se dirige (Miles y Huberman 1984).

  • b) Metodológicamente, los datos cualitativos deben ofrecer la necesaria consistencia, y emergen de una descripción y registro cuidadosos, aunque, contenido es variable y su análisis difícil debido a la nula estandarización de las respuestas y su compleja sistematización. El papel fundamental lo juega el proceso de categorización 1971), ya que no se puede aspirar a una adecuada captación de la realidad en sus propios términos si no se logra elaborar les categorías que la hacen explicable y dan coherencia al flujo de eventos y/o conductas necesariamente contextualizados. En este mismo sentido, Denzin (1970) y Patton (1930) están de acuerdo en que la tarea de un metodólogo cualitativo es la de suministrar un marco dentro del cual los sujetos respondan de forma que se representen fielmente sus puntos de vista respecto al mundo y su experiencia.

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  • c) A nivel genérico, las descripciones detalladas procedentes de registros directos y datos documentales (Patton, 1980) constituyen el grueso de los datos cualitativos, requerirán diversos instrumentos de medida, a pesar del importante papel jugado por lo interpretativo (Smith, 1983). De forma particularizada, las técnicas que con mayor propiedad abarca la metodología cualitativa son el registro de conducta en observación y de forma especial observación participante (Becker y Geer, 1970), entrevista, y material documental, entendiendo que la fase definitoria es la de recogida de datos (Blaxter l979) ya que impide que el análisis al cual se sometan los datos implique el adentramos en lo cuantitativo (Blanco, 1983).

  • d) Desde un criterio de contenido, existe una primera gran restricción relativa al nivel de observabilidad (Norris, 1984), y aunque la posición oficial del cognitivismo rechaza los procedimientos introspectivos (Nisbett y Wilson, 1977), se progresa en el camino que pretende el acceso a los fenómenos mentales, reconociéndose que los individuos tienen acceso directo a una gran cantidad de hechos privados. La necesaria contextualización inherente a la metodología cualitativa y sus implicaciones a nivel de los términos acuñados ad hoc en el proceso de categorización (Bulmer, 1979), así como la indudable tradición de de interaccionismo simbólico (Schwartz y Jacobs, 1984) que lo ha propiciado, muestran una inclinación o mejor predisposición temática con dicha orientación, sin dejar de relacionarse con la teoría de la titulación de Howard Becker, la inducción analítica de Florian Znaniecki, la teoría fundamentada de Barney Glaser, o la etnografía básica de John Lofland, por citar algunos de ellos. En la actualidad, y siguiendo a Punch (1986), la investigación cualitativa se entronca, desarrolla y aplica principalmente en psicología, educación, sociología, antropología, relaciones humanas, y justicia; hasta en medicina existen estudios exhaustivos sobre el tema (Donabedian, 1980).

18.2. Configuración histórica de la metodología cualitativa

Las descripciones de situaciones de cualquier variante de la metodología cualitativa son tan antiguas como la historia escrita (Wax. 1971). Sin embargo, si bien los orígenes del trabajo de campo pueden rastrearse desde la civilización griega, es a partir de finales del siglo XIX y principios del XX cuando los métodos que ahora se denominan cualitativos se emplearon conscientemente en la investigación social, y progresivamente en la psicológica. En antropología, la investigación de campo fue rápidamente aceptada y asimilada, y en este sentido Boas (1011) y Malinowski (1932) establecieron el trabajo de campo como un esfuerzo antropológico legítimo. Los métodos cualitativos tienen una rica historia la sociología norteamericana, aunque hasta el momento no hayan sido objeto de una amplia aceptación. El empleo de métodos cualitativos se divulgó primero en los estudios de la Escuela de Chicago, en el periodo que comprende aproximadamente de 1910 a 1940, durante el cual se produjeron detallados estudios de observación participante sobre la vida urbana, historias de vida de criminales y delincuentes juveniles, y un estudio clásico sobre la vida de los inmigrantes y sus familias en Polonia y los EEUU basado en documentos personales. Sin embargo, el interés por la metodología cualitativa declinó hacia el final de la década de 1940 y principios de la de 1950 con la preeminencia creciente de grandes teorías y de los métodos cuantitativos. Desde la década de 1960 resurgió el empleo de los métodos cualitativos con enorme profusión. Lo que alguna vez fue una tradición oral de investigación cualitativa ha quedado registrado en monografías (Lofland. l97l, l976; Shatzman y Strauss, 1973; Van Maanen, Dabbs y Faulkner, 1982) y complicaciones (Emerson, 1983;Filstead, 1970; Glazer, 1972; McCall y Simmons, 1964; Shaffir, Stebbins y Turowetz, 1980) También se publicaron obras que examinan los fundamentos filosóficos de la Investigación cualitativa (Bruyn. 1966), relacionan los métodos cualitativos con el desarrollo de la teoría (Glaser y Strauss, 1967) y contienen relatos personales de las experiencias de los investigadores en el campo (Johnson, 1975; Douglas,

1976).

Los de psicólogos sociólogos, pedagogos, antropólogos y otros estudiosos dedicados a la investigación cualitativa en la actualidad son sorprendentemente similares (Emerson, 1983). Por ello, el concepto, proceso, técnicas, etc., que siguen, se aplican en general a la investigación cualitativa, con

independencia de la disciplina del investigador; en este sentido son aquí pertinentes las palabras de Blummer

(1979, pág. xxxiii): "(

...

)

Cualquier método de investigación que pueda decimos algo acerca de la orientación

subjetiva de los actores humanos tiene derecho a ser tenido en cuenta por los expertos".

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18.3. Perfil de la metodología cualitativa

La investigación cualitativa ha sido considerada desde el rango de paradigma sentido kuhniano, cuyo punto básico de partida es el desarrollo de conceptos y teorías derivados de los datos. Precisamente este interés por los significados sociales y la insistencia en que tales significados sólo pueden ser examinados en el contexto de la interacción de los individuos es lo que caracteriza a este paradigma (Filstead, 1986). Erickson (1977, pág. 61) dice textualmente que "lo que la investigación cualitativa hace mejor y más esencialmente es describir incidentes clave en términos descriptivos funcionalmente relevantes y situarlos en una cierta relación con el más amplio contexto social, empleando el incidente clave como un ejemplo concreto del funcionamiento de principios abstractos de organización social". Son innumerables las discusiones y polémicas que pueden desprenderse estas palabras y de forma especial la detección y plasmación de incidentes clave en términos descriptivos, así como el situarlos en una cierta relación con el más amplio contexto social. ¿Cómo se logra sin caer en una mera praxis acientífica y exenta de rigor? ¿Es que la metodología cualitativa debe quedar proscrita a un mero estudio exploratorio? ¿Se trata de una etiqueta con connotaciones de única verdad para algunos y peyorativas para otros? La metodología cualitativa parte de unos supuestos y se delimita a partir de unas determinadas características, que son las que la configuran, por lo que no cabe atribuirle valoraciones en ningún sentido. Método o metodología significa camino para, y su encuadre en el ámbito de las Ciencias del Comportamiento lo acota en cuanto al contenido y, por consiguiente, delimita las cuestiones sustantivas a las que puede y debe aplicarse. En ocasiones cabe una opción en cuanto al reduccionismo inicial que implica la obtención del dato (por ejemplo, en psicología deportiva, la transcripción de un partido de hockey o de un combate de judo, en los cuales es posible tanto una descripción minuciosa de las acciones concretas en que se plasma la estrategia de juego, como un mero listado de longitudes de desplazamientos, tiempos, ángulos, etc.); por el contrario, en otros casos no cabe otra vía por la propia naturaleza de la situación y el anclaje del marco teórico (por ejemplo, el proceso de elaboración del duelo por la muerte inesperada de un familiar cercano a través de una intervención psicoterapéutica). En el fondo se trata de un problema de operativización, o, lo que es lo mismo, de licitud del reduccionismo que permitirá seleccionar la información considerada relevante, y como consecuencia recoger los datos de una u otra forma. Este es el núcleo del problema y la cuestión esencial en tomo a la cual se conforman las actitudes a favor o en contra, y que, por tanto, dan lugar a la vertebración de una metodología cualitativa o cuantitativa. Es un término —cualitativo y cuantitativo— con el que tenemos nuestras reservas precisamente porque se ha acuñado como epicentro de interpretaciones de todo tipo, siendo sumamente libres, y de ahí que la expresión metodológica cualitativa —como igual ocurre con la de metodología cuantitativa, que parece delimitarse por exclusión— requiera de urgente acotación que elimine malos entendidos y permita la elaboración de una sistemática —pues de lo contrario no sería metodología—, pero en la cual se tomen en consideración el fuerte influjo del marco teórico y la amplia casuística de situaciones problema habitualmente de gran complejidad. Este influjo del marco teórico, a su vez, tiene lugar en un doble sentido. Por una parte, el investigador intenta averiguar qué esquemas de explicación son empleados por las materias sometidas a estudio para proporcionar un sentido al ámbito psicológico en que se hallan, y, por tanto, "qué teorías, conceptos y categorías sugieren los propios datos" (Filstead, 1086.pág, 65); se trata de una vía inductiva, por lo que no resulta extraño oír que un investigador cualitativo prefiere que la teoría emerja de los propios datos. En este sentido, es un hecho que la proximidad al mundo cotidiano y el hallarse presente en la situación —habitualmente va más allá de ser un mero espectador— proporciona un sólido refuerzo respecto a la complejidad del proceso que se estudia y proporciona una mayor garantía inferencial. Pero también se halla presente una vía deductiva en tanto en cuanto que los propios conceptos que se toman como punto de referencia, y los términos utilizados en la descripción se hallan indudablemente modulados e incluso conformados por un marco de referencia teórico, cualquiera que éste sea (cognitivo, dinámico, conductista, humanista, etc.). La estrategia que inspira la metodología cualitativa implica un intercambio dinámico entre la teoría, los conceptos y los datos con retroinformación e incidencia constante de los datos recogidos. En muchas ocasiones, además, el marco teórico, si existe, se halla sumamente debilitado (por la falta de comprobación empírica de sus postulados, sin que por realizar dicha afirmación se nos pueda acusar de reduccionismo), por lo que actúa de manera puramente referencial a modo de metateoría. De ahí que se afirme que el paradigma cualitativo se ha caracterizado por una preocupación por el descubrimiento de la teoría más que por el de su comprobación.

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Las situaciones problema no plantean un necesario cumplimiento de requisitos, a menos que en su formulación quede explícita la operativización que conlleve a iniciar y proseguir el proceso de investigación mediante una metodología cuantitativa; si nos planteamos un estudio relativo a tiempos de reacción ante determinado estímulo es indudable que no resulta pertinente la metodología cualitativa, pero en cambio es indiscutible en una investigación sobre pautas de crianza de los hijos, o de irrupción de sujetos extraños en conducta comunicativa, o en el análisis de redes de apoyo social en tercera edad. La matización que acabamos de realizar tiene y tendrá una enorme trascendencia posteriormente. La decisión inicial sobre la selección de determinada información entresacada del entramado que constituye el problema va a conformar una trayectoria correspondiente a la metodología cualitativa o cuantitativa, siendo éste el rasgo esencial del perfil característico de la metodología cualitativa. Es posible que en fases posteriores predomine el carácter cualitativo o cuantitativo de las operaciones a realizar, pero a nuestro juicio es secundario, a pesar de que tenga su importancia. La naturaleza del dato de partida la vamos a considerar constitutiva para la caracterización de la metodología cualitativa, aunque no todos los autores están de acuerdo con esta consideración.

18.4. Principios inspiradores de los métodos cualitativos

Se trata de características diferenciales de la perspectiva cuantitativa, y, por tanto, las que habitualmente se someten a crítica desde las coordenadas a las que estamos acostumbrados —por ser predominantes— en Ciencias del Comportamiento. Habrá que considerar la existencia de axiomas o principios inspiradores, que constituyen un marco de referencia y que en mayor o menor medida son tenidos en cuenta por las diversas modalidades en que se presenta la metodología cualitativa. Como axiomas comunes podemos señalar los siguientes (Guba y Lincoln, l985; Colás y Buendía.

l992):

  • a) Concepción múltiple de la realidad. Existen muchas realidades que no pueden ser consideradas de forma unitaria, por lo que cabe una diversificación en la interpretación de dicha realidad. Son diversas las facetas que se pueden estar considerando.

  • b) El principal objetivo científico será la comprensión de los fenómenos, Se pretende llegar a captar las relaciones internas existentes, indagando en la intencionalidad de las acciones, sin permanecer únicamente en la capa externa a la que parece propicia la descripción de los fenómenos.

  • c) El investigador y el objeto de la investigación se interrelacionan, de forma tal que se influyen mutuamente.

  • d) Se pretende un conocimiento de carácter idiográfico, de descripción de casos individuales. La investigación cualitativa no pretende llegar a abstracciones universales, y de ahí que abogue por el estudio de casos en profundidad, que luego se compararán con otros, con el fin de hallar regularidades y generar redes, Se pretende averiguar lo que es único y especifico en un contexto determinado y lo que es generalizable a otras situaciones.

  • e) La simultaneidad de los fenómenos e interacciones mutuas hace imposible distinguir las causas de los efectos.

  • f) Los valores están implícitos en la investigación, reflejándose en las preferencias por un paradigma, elección de una teoría, etc.

18.5. Características de la metodología cualitativa

Como consecuencia de los principios inspiradores indicados se derivan una serie de características que concretan los identifican, y que, según sea la técnica concreta de recogida de información, se manifiestan de forma más o menos acusada.

Las principales características son las siguientes:

  • a) La fuente principal y directa de los datos son las situaciones naturales. Ningún fenómeno puede ser entendido fuera de sus referencias espacio-temporales y de su contexto.

  • b) El investigador se convierte en el principal instrumento de recogida de datos, en el sentido de actor del proceso que implica la captación de la realidad, y con la capacidad para aportar datos tan fiables

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como los generados por medios más objetivos. Entre las principales ventajas que ello reporta, destacan:

  • - Su adaptabilidad para registrar información simultánea sobre múltiples factores y a varios niveles.

  • - Visión holística, es decir, capacidad para captar el contexto de forma global.

  • - Mayor amplitud de conocimientos.

  • - Posibilidad de explorar respuestas atípicas e idiosincráticas, las cuales son difíciles de captar por medios ordinarios y tienen una enorme relevancia para lograr una más óptima comprensión.

  • c) Incorporación del conocimiento tácito, es decir el correspondiente a intuiciones, aprehensiones o sentimientos que no se expresan de forma lingüística pero que se refieren a aspectos conocidos de algún modo. Muchos de los matices de la realidad sólo pueden ser captados por esta vía, a la vez que muchas de las interacciones entre investigador e investigado ocurren en este nivel.

  • d) Aplicación de técnicas de recogida de datos abiertas, por adaptarse mejor a las influencias mútuas y ser más sensibles para detectar patrones de comportamiento.

  • e) Muestreo intencional. La selección de la muestra no pretende representar a una población con el objeto de generalizar los resultados, sino que se propone ampliar el abanico y rango de los datos tanto como sea posible a fin de obtener la máxima información de las múltiples realidades que pueden ser descubiertas.

  • f) Análisis inductivo de los datos. Ello implica una primera descripción de las situaciones de cada uno de los casos o eventos estudiados, con el fin de detectar progresivamente la existencia de unas regularidades entre ellos que constituyen la base o germen de una futura teoría adecuada a las condiciones y valores locales.

    • g) La teoría se genera a partir de los datos de una realidad concreta, no partiendo de generalizaciones a priori. Autores relevantes como Goetz y LeCompte (1988) definen la teoría como:

      • - Generativa, por preocuparse por el descubrimiento de constructor y proposiciones.

      • - Inductiva, pues las teorías se desarrollan desde abajo, a través de la interconexión de evidencias y datos recogidos.

      • - Constructiva, dado que las unidades de análisis comienzan a aparecer en el curso de la observación y descripción.

      • - Subjetiva, entendido como el propósito de reconstruir categorías específicas que los participantes utilizan para conceptualizar sus propias experiencias y su visión de la realidad.

  • h) El diseño de la investigación es emergente y en cascada, ya que se va elaborando a medida que avanza la investigación. La situación generadora del problema da lugar a un cuestionamiento continuado y a una reformulación constante, en función de la incorporación de nuevos datos. Esta filosofía de diseños no estándar flexibiliza el estudio de forma acorde con la propia realidad y los datos que se obtienen, lo cual le aporta un infinito número de posibilidades. Además, esto tipo de diseños permite una adecuación a las múltiples realidades, a los contextos específicos y a las interacciones entre investigador y contexto. Un diseño previo prefijado relegaría la realidad vivencial.

  • i) La metodología cualitativa se plantea criterios de validez específicos, utilizando técnicas propias que garantizan la credibilidad de los resultados.

  • 18.6. Exigencias metodológicas

    De acuerdo con los apartados anteriores, puede surgir una seria duda sobre la calidad que se requiere a la metodología cualitativa y, en consecuencia, a los datos que vana obtenerse mediante diferentes técnicas. Patton (1980. pág,22) ha señalado que "los datos cualitativos consisten en descripciones detalladas de situaciones, eventos, sujetos, interacciones y conductas observadas; citas directas de sujetos acerca de sus experiencias, actitudes, creencias y pensamientos; y fragmentos o pasajes enteros de documentos, correspondiente, registros e historias de casos". Pero, ¿qué garantía ofrece este tipo de material? Se pueden señalar diversos marcos de exigencia (Erickson, 1986; Zabalza, 1991) respecto a las condiciones de legitimidad metodológica:

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    • a) Representatividad, relevancia y plausibilidad de los datos (validez semántica de la investigación). Este requisito implica identificar las diversas perspectivas de significación, proceder a una correcta contextualización, y constatar con objetividad los sucesos, o eventos, o conductas que se presentan.

    • b) Ello implica —y en este sentido estamos de acuerdo con Zabalza (1991)— el cumplimiento de determinadas condiciones:

      • - Ampliar al máximo el contexto de análisis, de manera que puedan incorporarse a la situación analizada todas las variables, sujetos o elementos que puedan aportar un papel clarificador respecto al ámbito estudiado. De aquí que se recomiende la triangulación, o uso complementario de varias —al menos tres—modalidades distintas de recogida de datos, lo cual minimizará las carencias de alguna de ellas al complementarse con las virtudes de otras.

      • - Describir el propio proceso seguido en la obtención y análisis de la información. La investigación cualitativa tiene una naturaleza deliberativa, apenas existe estandarización, no existe uniformidad en los procesos seguidos, y algunos de los datos obtenidos pueden ser considerados confusos o parciales; la debilidad que ello comporta exige en contrapartida que el investigador dé cuenta de cómo planteo y desarrolló cada uno de los pasos de su investigación, de manera que ésta pueda ser valorada y, en su caso, replicada en otros contextos.

      • - Configurar la investigación como un auténtico proceso de búsqueda deliberativa, en el que se van presentando —y deben resolverse— cadenas de dilemas de muy diversos órdenes, y sobre los que hay que tomar decisiones (por ejemplo, sobre si anotar un determinado aspecto observado, si conceder o no relevancia a una determinada dimensión de un texto, etc.). Además, es frecuente la obtención de una inmensa cantidad de datos (sobre todo a nivel de descripciones casuísticas), que colocan frecuentemente al investigador ante una perplejidad decodificadora, y con verdaderos problemas al tratar de simplificar la información sin perder datos que pudiesen ser relevantes.

  • c) Fundamentación teórica de la investigación y de los análisis e interpretaciones que incluye (validez hermenéutica de la investigación). La dialéctica entre inductivismo y deductivismo adquiere un especial sentido en metodología cualitativa, pues no en vano se basa fundamentalmente en interpretaciones, o al menos acude frecuentemente a ellas para dar sentido a los datos e interpretaciones. Consideramos obvio que no se puede comprender sin un bagaje previo de preconcepciones, ni tampoco al margen del equipamiento interpretativo del que actúa de intérprete.

  • d) Pero hay que matizar que esta estructura o marco general de significaciones previas (en cuyo seno se puede entender la nueva situación o la nueva información) no constituye una barrera inflexible, sino que se trata de un conjunto de componentes cognitivos y experienciales que van alterando sus contenidos y filtros atendiendo a la interacción con cada nuevo proceso de conocimiento e interpretación.

  • e) Dinámica relacional de la investigación (validez pragmática). Se incluyen esencialmente cuestiones relativas a condiciones metodológicas, optimización de los procesos que se estudian, y salvaguardar los derechos de las personas que participan en la investigación. Se pueden concretar en los siguientes puntos:

    • - Indicación a los participantes de los objetivos del trabajo y, en su caso, información sobre el proceso de negociación previa. Esto no se cumple en los casos en que se obtiene un registro de conducta mediante la observación directa.

    • - Audiencias a las que se debe acudir, y que son los distintos colectivos, o comunidades, o individuos, relacionados con la cuestión que interesa. Resulta obvio considerar la incidencia del colectivo, sea cual sea, así como papel de los propios participantes en la investigación como audiencia preferente.

  • 18.7. Diversificación

    Existen unas características comunes entre sí, y que tienen su razón de ser en la forma de obtener información de la situación estudiada y de su contexto. Todas ellas participan en común de algunas de las estrategias de investigación que configuran la lógica del método científico en Psicología, Educación, Sociología, etc.

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    Resulta obvio que en estudios empíricos realizados bajo esta cobertura se producen datos al traducir la realidad a sistemas de flotación escrita. Pero surge una primera y provisional dicotomización (no una dicotomía real) en función de la manera de llevarlo a cabo, la cual, a su vez, Se halla supeditada en buena medida a la propia naturaleza del problema. Si se trata de un estudio de tiempos de reacción en la respuesta a un estímulo visual que se presenta en un monitor, lógicamente la recogida de datos implicará determinado tipo de datos, seguramente

    expresados en unidades convencionales de tiempo (segundos, décimas de segundo, milisegundos, ...

    ). Pero es

    muy elevado el número de ámbitos de estudio en que en producen igualmente datos, pero en los cuales no es posible su operativización, o ésta no resulta factible sin incurrir en un grave reduccionismo; así, en programas de intervención en familias maltratadoras de niños, ¿sería factible realizar el recuento de algún tipo de cantidad? No, dadas las múltiples manifestaciones del maltrato, la borrosidad algunas de ellas, la necesaria contextualización, la inconsistencia materna en la interacción disfuncional madre-hijo, y seguiría un largo etcétera. Las diversas modalidades se caracterizan en común por las características de los datos pero cabe establecer una gradación en función de su naturaleza, que a su vez da lugar a la propuesta taxonómica en el cuadro 18.1 Existe una gradación que recoge el abanico de posibilidades que se disponen ordenadas entre los datos procedentes del registro de conductas perceptibles —que serán los más fáciles de codificar y cuantificar posteriormente— y los propios de informes o dossiers documentales, en los que prácticamente está muy distante esta posibilidad.

    CUADRO 18.l Criterios taxonómicos en metodología cualitativa.

    Observación directa

    • Observación participante • Auto-observación

    Conducta verbal transformable en material documental

    • Entrevistas en profundidad

    Material documental

    • Discusión de grupo • Documentos personales • Registros biográficos

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    19. RECOGIDA DE DATOS CUALITATIVOS

    19.1 Introducción

    Mª Teresa Anguera Argilaga

    La metodología cualitativa tiene una entidad en sí misma que se manifiesta independientemente de cuál o cuáles sean las técnicas de recogida de datos en cada investigación concreta. El estudioso de la realidad se halla con dos formas básicas de obtención de datos: o los recoge o los produce. Se trata de una dicotomización simplista, pero lógica y real. Cuando observa e comportamiento de los demás o el propio, recoge la información, mientras que cuando se interroga a una o varias personas mediante entrevista o cuestionario se producen nuevos datos que no existían con anterioridad. Además, los principios inspiradores de la metodología cuantitativa añadirían el matiz de que los datos se construyen a partir de un marco teórico, o metateórico existente independientemente de que se recojan o se produzcan. El tipo de respuestas obtenidas juega asimismo un importante papel, y su naturaleza verbal o no verbal da lugar al desarrollo de técnicas distintas con el fin de lograr una mejor adecuación. Debe quedar sumamente claro que ningún método es igualmente adecuado para todos los propósitos, y su elección debe venir condicionada por los intereses de la investigación, las circunstancias que configuran el entorno, las personas a estudiar, y las limitaciones prácticas o de viabilidad que puedan superarse. Estudiamos a continuación las características propias de cada una de dichas técnicas, fijadas en función de la naturaleza del data.

    19.2. Observación directa

    Conviene resolver en primer lugar una posible confusión terminológica, ya que la naturaleza del dato que posibilita el registro de conducta en observación directa en su carácter perceptible por los órganos sensoriales humanos, por la que queda relegada la observación indirecta al material documental. Hay que distinguir esencialmente la metodología observacional como proceso basado en el análisis de la conducta espontánea del sujeto y con el rango de observación científica, por encima del escoramiento que supone el encasillamiento en metodología cualitativa, de la utilización de técnicas o instrumentos que permiten una determinada forma de recogida de datos y desde un concreto planteamiento metodológico, en este caso la metodología cualitativa. Aquí nos referimos a la metodología observacional en su fase de recogida de datos, la cual es esencialmente cualitativa por la propia naturaleza de las conductas que conforman la situación objeto de

    estudio. Por ejemplo, pautas comunicativas entre iguales entre iguales en un parvulario, conductas de prosocialidad, habilidades sociales en grupos de natación de tercera edad, interacción de niños institucionalizados con anticuerpos del SIDA respecto a su monitor, etc.; resulta obvio que se trata, en estos casos y prácticamente en la totalidad del infinito número de los que podrían llegar a plantearse, de situaciones que revisten una gran complejidad, y en donde destaca la gran riqueza de los comportamientos que se desencadenan sin intervención del observador. No negamos que en alguna ocasión se sustraiga la recogida de datos a la metodología cualitativa, pero tiene un carácter anecdótico por su rareza y atipicidad; podría tratarse del caso en que sólo interesara la duración en décimas de segundo de una determinada conducta especifica como el parpadeo. Precisamente la metodología observacional es una estrategia particular del método científico que se propone la cuantificación del comportamiento espontáneo que ocurre en situaciones no preparadas, implicando para su consecución el cumplimiento de una serie ordenada de etapas (Anguera, 1990). Si se propone la cuantificación es precisamente porque el mero registro de conducta coma forma de recogida de datos en observación directa es, por naturaleza, cualitativo, y de ahí su estudie preferente en este capítulo. La razón de ser del registro de conducta en observación directa se materializa en la constatación de problemas (de descripción covariación, causación, secuencialidad etc.) planteados acerca de la conducta manifiesta de sujetos que se hallan en un ámbito natural (es decir, no artificial). Para ello es evidente que deberán cumplirse unos requisitos necesarios (Selltiz, .Jahoda. Deutsch y Cook, 1965, pág. 229) que garanticen unos mínimos a cubrir y que, por otra parte, son comunes a cualquier metodología.

    parte del contenido de este apartado se haya desarrollado en Anguera, M.' T. (1990).

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    • a) Servir a un objetivo ya formulado de investigación. Resulta obvio que los tipos de problemas teóricos que pueden plantearse determinan en gran medida la estrategia científica más adecuada. Así, por ejemplo, el estudio de modelos de percepción recurre a la metodología experimental para provocar artificialmente las condiciones bajo las cuales se incremento o disminuye el tiempo de inspección; sin embargo, para el estudio de la conducta interactiva en díadas madre-hijo es necesario llevar a cabo un registro sistemático, entre otros aspectos, de la iniciativa, duración y direccionalidad de la mirada espontánea a lo largo de un período de tiempo suficientemente prolongado y en situaciones naturales. En general, si el problema se refiere a la conducta compleja que se desarrolla en el entorno habitual de los sujetos se considera que el registro de conducta es la única técnica de que disponemos para realizar una investigación sistemática; el procedimiento en este caso resultará posiblemente más laborioso que si el investigador se limitase aislar y manipular un aspecto particular de la conducta.

    • b) Ser planificado sistemáticamente. Implica la adopción y conjunción de una serie de decisiones y operaciones relativas tanto a las cuestiones que deben ser tenidas en cuenta como al propio acto de observar. Se refiere, en primer lugar, a la previa selección de comportamientos que interesa estudiar, delimitación de la situación, o números o sujetos de observar simultáneamente, temporalización del período de observación, grado de adiestramiento y participación del (de los) observador(es), etc., para que, posteriormente, se pueda proceder a la codificación del flujo conductual —tanto si previamente se ha procedido a la formulación de hipótesis como si no— y correspondiente registro.

    • c) Optimizar los datos recogidos. Incluye dos cuestiones esenciales: por una parte, el uso de medios técnicos y automáticos de registro, que permiten garantizar una mayor precisión al ser éste Independiente de errores perceptivos del observador y de la fugacidad de las conductas emitidas, y, por otra, una mejora de la calidad de los datos una vez ya registrados, así como una selección de aquéllos que ofrecen una mayor consistencia por hallarse exentos de las fluctuaciones del azar, de falta de validez o de bajo grado de acuerdo entre los observadores, y que resultan de la aplicación de técnicas de muestreo observacionales.

    • d) Adecuar la estrategia de análisis en función del objetivo. Ante el uso cada vez más, extendido de técnicas de análisis específicas de la metodología observacional (diseños secuenciales, transversales, secuenciales/transversales), lo esencial será completar el diseño —a nivel cualitativo y cuantitativo— de forma que se objetivicen tanto los datos recogidos a lo largo de las diversas sesiones registradas como su alcance.

    Sin embargo, las dificultades para el cumplimiento de estos cuatro requisitos básicos son en buena parte mayores que en otros métodos. Esto se debe fundamentalmente a la naturaleza de la situación de observación, que no es previsible, y, en consecuencia, no se ajusto en muchas ocasiones a unos criterios de constancia, homogeneidad, regularidad en la generación de la conducta, etc., que facilitarían tal sistematización o logro de control externo; además, no todas las conductas son susceptibles de ser observadas. Es necesario, pues, que para perfilar una correcto conceptualización de la metodología observacional dejemos constancia del atributo de observabilidad y de las coordenadas espacio-temporales en que discurre la situación de observación además de distinguir entre la observación como método y como técnica (Anguera„ 1981a; Moreno, l984).y tanto si se trata desde la metodología cualitativa como si no:

    • a) Como método, tiene entidad suficiente para la obtención de un conocimiento científico que no pretende otro objetivo que plasmar una conducta presente con su suficiente potencia de de descubrimiento, para no solo describir aquella conducta y/o situación, sino llegar a explicarla convenientemente y establecer relaciones diversas, ajustándose a la estructura esquemática del método general de la ciencia, y más específicamente, en el ámbito de la investigación psicológica.

    • b) Como técnica, en cambio no significa otra cosa que una estrategia de recogida de determinado tipo de datos subordinada a las directrices de otra metodología distinta a la observacional (selectiva o experimental). Aquí la observación tiene por misión únicamente el suministro de información complementariamente a las otras formas de recogida de datos, aunque la pura mecánica del proceso es la misma. Incluiría el estudio, en consecuencia, de conductas generadas en situación artificial (Anguera, 1981b)).

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    De aquí se derivan buen número de planteamientos observacionales distintos en estudios cualitativos, ya que cabe desde la observación como método en situación natural hasta la observación como técnica en laboratorio, en los casos habituales, pero sin excluir la posibilidad de un cierto trastrueque que de lugar al seguimiento del método observacional en situación preparada (por ejemplo, estudio de la sincronía entre conducta vocal y gestual en un sujeto que se halle en el quirófano o en una cámara insonorizada suministrando respuestas de carácter fisiológico mediante el polígrafo), o al de la técnica observacional en situación natural (por ejemplo, estudio de la ciclicidad en el análisis espectral de la voz a partir de una conversación informal entre enfermo y sanitario médico). La no interferencia del observador es precisamente la principal característica definitoria de la metodología observacional. Puede manifestarte incluso en una preparación de la situación, en la denominada observación de contextos semi-naturales, artificiales o de laboratorio, que se encuentra en el linde entre observación como método como técnica, y en donde el elemento determinante es la existencia de espontaneidad y naturalidad —que varía a lo largo de un continuum— en la conducta del sujeto observado. Aunque un aula o despacho esté preparado para un registro automático de la conducta (por ejemplo, con una cámara fija instalada), o incluso si se trata de una clase atípica (por ejemplo, celebración de una jornada conmemorativa), no implicaría problema alguno si el sujeto se comporta espontáneamente; el problema está en garantizar tal espontaneidad. Precisamente se ha definido la metodología observacional como procedimiento encaminado a articular una percepción deliberada de la realidad manifiesta con su adecuada interpretación, captando su significado, de forma que mediante un registro objetivo, sistemático y específico de la conducta generada de forma espontánea en el contexto indicado, y una vez se ha sometido a una adecuada codificación y análisis, nos proporcione resultados válidos dentro del marco específico de conocimiento en que se sitúa" (Anguera, 1986b,.1988a. l988b, 1988b, 1989). Fuera del mareo de la metodología cualitativa queda desnaturalizado el concepto de la metodología observacional, ya que no serían posibles las operacional, ya que no serían posibles las operaciones que la sustentan; del mismo modo, es de justicia constatar claramente que el control de la calidad del dato y el análisis posterior de dicho dato requerirá de la contribución de "lo" cuantitativo. Precisamente la observación directa ofrece una clara evidencia sobre lo absurdo que resulta la dicotomización entre metodología cualitativa y cuantitativa. Se trata de dos caras de una moneda que se ven obligadas a complementarse, y en donde la escisión y radicalización implican una mutilación sin sentido en el momento actual. Si atendemos brevemente a la importante matización que desde la metodología cualitativa se puede realizar a algunos de los términos o expresiones contenidos en la definición, o implícitos en ella, destacan quizá por su relevancia las siguientes:

    • a) Percepción de la realidad.

    • b) Carácter manifiesto de la realidad (niveles de respuesta).

    • c) Interpretación.

    • d) Captación del significado.

    • e) Formación del observador.

    • f) Nivel de participación.

    a) Percepción de la realidad

    Implica la inicial contextualización de la situación de observación previamente definida, la cual deberá realizarse a nivel espacial, temporal, de contenido o actividad, y relativo a los sujetos focales (sin olvidar, en su caso, a los presentes en dicha situación que puedan incidir en la misma). A este respecto, una primera pregunta giraría en torno a qué conductas comportan una percepción de la realidad, lo cual permite aunar el proceso representacional y los niveles de respuesta adecuados. Por lo que se refiere al proceso representacional, se distinguirían tres nivelas, que Fassnacht (1982) caracterizaba como primario, constituido por segmentos de la realidad; secundario, en el que se ubican estados físicos y signos no convencionales; y terciario, compuesto por signos convencionales. Podemos aún reconocer una paulatina eliminación de corporeidad en lo que constituye el objeto de la observación, a la vez que comprobar la existencia de un paralelismo entre el nivel primario y terciario con la observación directa (de conductas manifiesta)e indirecta (realizando una inferencia, a través de indicadores, en el caso de conductas encubiertas). En efecto, la observación directa, que podemos considerar como la observación en sentido estricto, y cuyo calificativo habitualmente suprimimos par considerarlo innecesario al suponerlo implícito, reiteramos

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    que requiere conductas perceptibles mediante nuestros órganos sensoriales; por otra parte, la observación indirecta tendría a su cargo diferentes tipos de información que tanto podrían referirse a diversas técnicas "vivas" de investigación social referidas a la colectividad como a las de carácter documental, centradas en las diferentes modalidades de análisis de contenido (véanse los apartados 19.3 y 19.4). En uno y otro caso —directa e indirecta— no hay duda de que existe observación, y en este sentido, Fraisse (1970, pág. 90) afirma que "la observación es siempre la percepción de un evento, de una conducta, de un documento". Y, entre ambas, y correspondiendo al nivel secundario, entendemos que nada se opondría a la posibilidad de ubicar, si así ,se desea, la auto-observación (que daría lugar al correspondiente auto- registro) y lo que podría denominarse como hetero-observación mediante traductores, es decir, el registro de ciertas conductas que, aún perceptibles directamente por observador, sin embargo necesitan ser calibradas a través de un medio técnico con el fin de evitar una subjetividad e inconsistencia en el registro (por ejemplo, el nivel en la conducta vocal, o la direccionalidad en la mirada) (véase el apartado 19.2.2). Si se acepta este paralelismo, es obvio que a los tres niveles les otorgamos rango de observabilidad, y por supuesto operan desde la metodología cualitativa, dado que todos ellos, según Fassnacht (1982), forman parte de la representación esquemática de una observación, y lo único que hemos introducido es la posibilidad de considerarlos individualmente en las situaciones indicadas, de la misma forma que al realizar un análisis de contenido —como veremos mas adelante—, éste no es más que una fase de un proceso que se inició con la percepción de un evento y/o conducta y/o situación que dio lugar a un registro descriptivo que ahora es analizado como texto o documento. En consecuencia, se amplia con cautela el concepto de realidad manifiesta introducido en la conceptualización inicial, y que se refiere al qué puede ser observado Según Longabaugh (1980), es observable la conducta que, si ocurre en presencia de otro sujeto, tiene la capacidad de actuar como estimulo para dicho sujeto, el cual a su vez, puede obtener de ella un registro de conducta. En una primera aproximación, en efecto, y desde una perspectiva científica, "la observación debe recaer sobre hechos" (Fernandez-Ballesteros, 1980, pág. 135), lo cual significa una limitación importante, pero también es cierto que en los últimos años, el cambio teórico que ha afectado a la Psicología ha impulsado una serie de intensos esfuerzos por estudiar objetivamente las conductas encubiertas (Fernández- Ballesteros, Díaz Veiga, Fernández de Trocóniz, Maciá y Pérez Pareja, 1981), basándose generalmente en pruebas empíricas sobre correlatos fisiológicos observables y medibles, que podrían situarse en el nivel secundario indicado. Según Mucchielli (1974, pág. 6), "observar es en primer lugar percibir", por lo que la percepción se constituye en elemento básico de la observación al existir verdaderamente un mundo externo y objetivo con propiedades reales, abstractas, u otras, que pueden ser experimentadas en virtud de la percepción más que como construcciones ficticias mediante diversos procesos cognitivos (intelectivos, mnemónicos imaginativos). Pero ¿qué conductas del ámbito clínico, escolar, etológico, etc., comportan una percepción de la realidad desde la perspectiva de la metodología cualitativa? En primer lugar, para hacer viable la recogida de datos, tendrá que desencadenarse el correspondiente proceso representacional, que proporciona un retrato de la realidad —según Bernard (1976.pág. 41), "el observador debe ser como el fotógrafo de los fenómenos"—, y para el cual se precisa del mecanismo representacional, que actúa selectivamente e implica tanto aspectos orgánicos (cada individuo, ya que sus representaciones son puras y totalmente propias, y no pueden ser experimentadas por otra persona) como inorgánicos (mecanismos autónomos de registro), y se manifiesta mediante signos de diverso orden (sensaciones, elementos convencionales, etc.) que, en cualquier caso, estarán insertos en un contexto de representación que fijará las dimensiones básicas espacio-temporales, etc. El problema y consiguiente pregunta que ello sugiere es: ¿cómo podría obtenerse información sobre conductas en el aula, hospital, despacho de un terapeuta, etc.:, de las que todavía no se posee ningún conocimiento? Mediante un mecanismo orgánico deberá desencadenarse adaptativamente la sucesión de cambios necesarios a lo largo de un proceso de desarrollo que permitirá la representación del correspondiente segmento de la realidad (Fassnacht. l982),y enlazará con el planteamiento inductivo a deductivo de la investigación, que implica, respectivamente, la ausencia o presencia de un conocimiento previo, y permitirá adoptar la decisión acerca de cuándo pueden o deben formularse hipótesis en un estudio observacional. Por último es interesante recalcar el carácter deliberado de la percepción, que se constituye en la más genuina y última condición para que se materialice la observación de acuerdo con nuestra conceptualización. No se observa por casualidad, ni de forma puntual o asistemática. La observación, que deberá planificarse en su proceso de preparación y de recogida de datos, debe contar con un ineludible componente intencional, tanto si la representación se realiza directamente mediante los sentidos humanos como a través de medios técnicos de registro. Esta condición esencial supone el dar testimonio de, dar fe de, atestiguarwitness según Norris (l98l, l984)— que juega un papel esencial para que exista la observación

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    b) Carácter manifiesto de la realidad (niveles de respuesta)

    Como se ha indicado anteriormente, la existencia de problemas de delimitación respecto al atributo de observabilidad nos obliga a precisar más la zona de cobertura en que se pueden efectuar registros de conducta, pues por una parte "la observación no puede considerar válidamente mis que conductas exteriorizadas que presentan un soporte verbal o motar" (Fraisse, 1970, pág. 91), mientras que por otra "no quiere decir —al menos desde un enfoque actual no reduccionista— que por actividades de los sujetos hayan

    de ser entendidas sólo las respuestas manifiestas y a ellas reducir el estudio de la conducta humana (

    ...

    ). El

    hecho de que una importante parte de las actividades de los individuos sean encubiertas o privadas, no impide, en principio, su estudio científico" (Fernández-Ballesteros, 1980, pág. 137) Este segundo bloque de comportamientos a que nos acabamos de referir, que corresponde por tanto a las manifestaciones perceptibles de un sujeto, puede sistematizar— se o clasificarse de muy diversas formas, y atendiendo a criterios dispares. En aras a su repetida utilización y al hecho de considerarse como clásica, aún a sabiendas de sus limitaciones por defecto, indicamos cuál es la clasificación de niveles de respuesta de Weick (1968), que corresponden al contenido de la conducta a observar, y de la que segregaremos el estudio de la conducta verbal (véase el apartado 19.3).

    La conducta no verbal ha sido definida como "los movimientos del cuerpo,

    y… consta de

    ... expresiones motoras que pueden originarse en vanas partes del organismo" (Ekman. 1957, 141). Se trata quizá del área más activa de las recientes investigaciones en metodología observacional, mostrándose que los rnovimientos del cuerpo son índices válidos de distintos procesos psicológicos; basta recordar, a modo de ejemplo, el conocido FACS de Ekman y Friesen (1978). Su registro y estudio es controvertido debido a la existencia de dos tipos de información (Ekman. 1957).

    • - La proporcionada de forma parcelada por las distintas unidades de conducta (sonrisa, parpadeo, intercambio de mirada, gesto), que puede grabarse para después ser analizada, y que puede referirse a aspectos tanto estáticos (posturales, etc.) coma (movimientos de partes del cuerpo, rictus, etc.); el estudio de un sujeto hiperactivo implicaría datos de esta naturaleza.

    • - Información de carácter general, y por tanto molar, que requeriría de inferencia; por ejemplo, el estudio de la expresión facial como manifestación del estado emocional de un sujeto.

    La conducta espacial se refiere, en su aspecto dinámico, al estudio de trayectorias en ámbitos físicos previamente acotados, facilitando la elaboración de varias de las modalidades de mapas conductuales y, en su aspecto estático, posibilita el estudio de las ubicaciones, distancias y accesibilidad visual. En el ámbito escolar, diversas investigaciones recientes permiten un estudio cualitativo de diversos rincones y espacios concretos del centro educativo a partir de la actividad realizada en su interior y/o trayectorias hacia/desde ellos.

    La conducta verbal corresponde al estudio del habla desde la perspectiva de su mensaje o contenido

    y ha dado lugar a un importante volumen de literatura. Su especificidad nos lleva a estudiarla en el apartado

    19.2.

    La conducta vocal acompaña y se supedita habitualmente a la conducta verbal e igualmente la mencionaremos en el apartado 19.2. En principio, sería el nivel de respuesta que se sitúa en una posición más tangencial respecto a la metodología cualitativa. Pero, por el contrario, debería servir de importante elemento de reflexión la consideración de importantes connotaciones aportadas por este nivel de respuesta y que, en cambio, pueden estudiarse minuciosamente (en la actualidad, el fonógrafo permite visionar la descomposición espectral de la voz en un monitor y obtener diversos parámetros que permiten un análisis cuantitativo).

    c) Interpretación

    Si en el proceso observacional sólo actuara la percepción (visual, o; auditiva, u otras) se correría el riesgo de pretender que un medio técnico de registro pudiera sustituir al observador humano, con la cual el registro estaría compuesto de señales vacías de contenido. Es preciso que los datos resultantes del mecanismo representacional (informaciones percibidas) sean interpretados adecuadamente, de forma que se confiera un determinado sentido a lo percibido. Como ejemplo ilustrativo. Mucchielli (1974, pág. 6) transcribe un párrafo de Zazzo en que pone en evidencia no sólo la necesidad de dar un significado a las percepciones sino su gran complejidad: "Mientras

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    Gessell sometía al bebé a diversas pruebas y las cámaras funcionaban, yo trataba de observar. Tomaba mis notas. Después, una vez terminada la grabación, comparaba mis observaciones con los hechos registrados por la cámara. Y descubrí, a la vez decepcionado y rabioso, la pobreza, los errores, la imbecilidad de mi registro y la inteligencia de la cámara. Aprendí a observar, y aprendí con ello que la observación es engañosa para quien no es verdaderamente honesto, así como también que la observación presenta unos límites muy estrechos cuando no está guiada por conocimientos previos y ayudada por técnicas rigurosas. Aprendí el rigor, no de los esquemas rígidos, sino de los matices. Y descubrí sin ningún discurso la infinita diversidad de gestos del niño, y que un sujeto, fuera un niño recién nacido, fuera un asno, nunca es idéntico a otro, incluso en sus relaciones más simples y arcaicas". La interpretación ha sido ampliamente tenida en cuenta y debatida desde la metodología cualitativa. Debe advertirse que puede inducir a riesgos de falta de conceptualización al asignar un significado a lo percibido, así como de proyección de la personalidad del observador respecto a lo observado. Cualquier radicalismo en la fragmentación del flujo de conducta en unidades moleculares o molares extremas también dada lugar a problemas de interpretación, e igualmente una persistente tendencia nivelante (cuando ante una gradación de categorías ordenadas, por ejemplo, niveles de ruido en una oficina, siempre se interpreta la existencia de un término medio, sin contar, por supuesto, con un valor cuantitativo de la misma en, por ejemplo, decibelios) o agudizante (en igual situación de categorías ordenadas, asignación siempre de posiciones extremas —muy bajo o muy alto—).

    d) Captación del significado

    Implica un adecuado equilibrio entre percepción, interpretación y conocimiento previo, y sin que ello obvie la ausencia de determinados sesgos. La captación del significado se halla estrechamente vinculada al cumplimiento de la llamada "ecuación funcional de los observación" (Mucchielli 1974. pág. 11), siendo, [0:

    Observación: P: Percepción; I: Interpretación; C p : Conocimiento previo; S: Sesgas]:

    0 = P + I +C p - S

    Ello conlleva que no se trate estrictamente de un proceso u operación idéntica para todos los observadores, sino que es específica y propia de cada uno, que en cierta medida se identifica en mayor o menor grado con lo percibido. Nos hemos referido a dos de los elementos (percepción e interpretación). En cuanto al conocimiento previo ocasiona problemas por defecto y por exceso. Por defecto, cuando la falta de una necesaria información que ilustre sobre las características de la(s) conducta(s) o situación dificulta su correcto registro o categorización (por ejemplo, en niños bordeline en régimen de integración sin una previa preparación adecuada por parte del maestro de apoyo). Y por exceso, cuando nos basamos en una corriente científica a la que nos adscribimos ciegamente, lo que conlleva una falta de espíritu critico que distorsiona el registro (economía de fichas del conductismo, teorías de a acción en el estadio de conducta interactiva). En la ecuación funcional —y con signo negativo— se incluyen diversos sesgos que amenazan sistemáticamente la observación:

    La reatividad consiste en la alteración de la naturaleza espontánea de las conductas de los sujetos observados que se ocasiona precisamente cuando se aperciben de que están siendo observados. Son muchos los intentos llevados a cabo para evaluar la magnitud del problema, y podemos afirmar que son diversos los factores que intervienen: grado de participación del observador, características de los sujetos observados (niños, adultos, etc.), naturaleza de la respuesta observada (discusión en grupo, conducta agonística en un primate, etc.), longitud de la sesión y sistema de registro (sistema de signos, registro mediante magnetofón, etc.), entre los más importantes. La reactividad recíproca tiene lugar cuando el sesgo de reactividad afecta también al observador, que se ve influenciado al saber que el sujeto observado no actúa espontáneamente por sentirse protagonista de la situación observación. Implica por supuesto, la no utilización del registro. La autorreactividad la influencia que ejerce el autorregistro sobre la ocurrencia de conducta, y es el único caso en que debe valorarse la reactividad como efecto positivo. Por ejemplo, cuando un sujeto fumador sabe los cigarrillos que suele fumar al día y, mediante el autorregistro de su frecuencia, tiende a reducir la frecuencia.

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    La expectativa surge en el observador en forma de previsiones y/o anticipaciones de conductas aún no observadas, tanto en base a un conocimiento previo excesivo, como por el deseo de obtención de determinados resultados, y en lo cual influyen las características personales del observador, motivación, impresiones subjetivas, conocimiento de los efectos de una modalidad de intervención, aparición de los primeros resultados, etc. Se trata de un fenómeno muy complejo, por lo que existe un permanente estado de discusión y controversia sobre su minimización o eliminación.

    Además de los sesgos mencionados, que son propios de la metodología observacional, es frecuente —y de ahí la prevención para evitarlo— que se incurra en fallos de procedimientos, que a su vez pueden ser de carácter diverso, y que se refieren a distintas fases del proceso de observación ángulo de mira incorrecto, fallos de omisión (no tener en cuenta la ocurrencia de una conducta) y de comisión (registrar "una conducta distinta a la ocurrida), no planificar adecuadamente el muestreo observacional, fallos de funcionamiento de medios técnicos, mala definición de las categorías, falta de sincronización entre los observadores de un equipo, etc.

    e) Formación del observador

    Para laborar el registro objetivo, sistemático y específico que se indica en la definición y se pueda realizar a una adecuada codificación y análisis (véase apartado 20.2), es necesario partir de un determinado nivel de competencia del observador, con lo cual se pone sobre el tapete el tema de su formación En efecto, existen unas disposiciones naturales diferentes para cada sujeto, pero está, perfectamente comprobado (Norris, 1984) que la formación y logro de la competencia del investigador especializado en la observación sistemática se fundamenta en la adquisición de unas habilidades especificas a tal metodología (Boice, 1983) con las que debemos ser consecuentes. Efectivamente, ya queda muy lejano el momento del psychologist are born, not made (él psicólogo nace, no se hace)(Reik. 1948, pág. 14), o incluso el de la dificultad de establecer criterios para distinguir a los buenos observadores (Taft, 1955). En la actualidad, al margen de una variabilidad en las capacidades perceptivas o descriptivas de los observadores, se tiende a asumir el logro de unas habilidades muy semejantes y, en consecuencia, obtener informes también similares, y lo mismo ocurre en la auto- observación, revistiendo en ambos casos gran importancia para la consecución de equipos sólidos de observadores. En ello influirá, evidentemente, el grado intrínseco de facilidad o dificultad que presente el nivel de respuesta estudiado. Así, según Boice (1983), existen tres áreas consideradas especialmente óptimas en tanto en cuanto que no suden presentar problemas iniciales de observabilidad; son las de comunicación no verbal, habilidades sociales y terapia. Se podrían incorporar muchas otras, con la tranquilidad de tener medios para detectar la aparición de distorsiones de diferente naturaleza, que podrían evitarse, en buena parte de los casos, con una correcta planificación de la investigación y el necesario adiestramiento; por ejemplo, cuando aparece una inconsistencia en el registro debido a la fuerte variabilidad que ejercen los diferentes momentos o situaciones, o bien elementos externos o contextuales. Ello refuerza nuestro planteamiento en el sentido de que, si bien existen unas ciertas capacidades individuales, que por supuesto aceptamos, en buena medida conseguirse una mejora en el rendimiento como observador, capaz de solventar problemas que antes podían achacarse a una supuesta inobservabilidad del comportamiento.

    f) Nivel de participación

    La característica más relevante de la observación directa es la preservación de la espontaneidad del sujeto observado, por lo que la participación del observador en algún sentido corre el riesgo de vulnerarla. No obstante, han sido tradicionalmente cercanos al interés y características de la metodología cualitativa los grados de mayor participación, que se presentan a continuación como casos particulares.

    19.2.1 Observación participante

    Entre los diversos criterios que permiten taxonomizar la observación destaca el grado o nivel de participación; es decir, la interacción entre observador y observado. En este sentido cabe distinguir entre la figura del investigador que inspira y planifica el estudio , y el mero observador que efectúa el registro de las

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    observaciones, aunque es cierto que en ocasiones una misma persona a una los dos roles. El investigador, quién planifica las fases y actividades de que consta el estudio, debe partir de la base de que se trata de una metodología no interventiva, y por consiguiente no reactiva (Webb, Campbell, Schartz, Sechrest y Grove. 1981), lo cual implica un grado de control interno mínimo o nulo. El control interno significa la existencia de dominio sobre la situación, y, por consiguiente, nivel de intervención o de manipulabilidad. Este criterio es precisamente el que permite diferenciar entre sí las tres metodologías básicas (observacional, selectiva y experimental) (Arnau, Anguera y Gomez, 1990c) que se disponen ocupando tres tramos contiguos en un "continuum" definido por dicho criterio. En el caso del observador con la única función de recogida de datos se puede establecer un continuum gradación ya clásico (y no siempre adaptable a las actuales necesidades del evaluador) relativa a observación no participante, observación participante, participación, observación y auto-observación, En la observación no participante, que en metodología cualitativa ha interesado menos, aunque sin razón lógica rara ello, entre observador y observado no existe ningún tipo de relación, e Incluso puede ocurrir que ni siquiera se conozcan físicamente, como en la evaluación del ritmo en una clase de educación física por parte de un observador que sólo conoce una características identificadora o que ha de observar (p ej., grabando en video al alumno que lleva el chandal rojo). La observación participante consiste en un proceso caracterizado, por parte del investigador, como una forma consciente y sistemática de compartir, en todo lo que le permitan las circunstancias, las actividades de la vida, y, en ocasiones, los intereses y afectos de un grupo de personas. Su propósito es la obtención de datos acerca de la conducta a través de un contacto directo y en términos de situaciones específicas en las cuales sea mínima la distorsión producida en los resultados a causa del efecto del investigador como agente exterior" (Kluckholm, 1940, pág. 33)). Es relativamente frecuente que una observación que inicialmente es no participante, se trasforme en observación participante con el transcurso del tiempo a medida que se van conociendo observador y observado. Aunque tradicionalmente se ha favorecido desde diversos ámbitos (Etnografía, Sociología,

    Pedagogía, Antropología, ...

    ),

    resaltando como aspectos positivo el de una mejor comprensión del

    comportamiento estudiado y la mejor accesibilidad a los sujetos observados, encierra el grave peligro de la subjetividad, atribuyendo al(a los) sujeto(s) observado(s) sus propios sentimientos o prejuicios. La participación-observación resulta de una intensificación de la observación participante, cuando un miembro de un grupo adquiere la cualidad de observador de otro(s) perteneciente(s) a un grupo natural de sujetos como díada madre-hijo, o con una relación interactiva continuada, como profesor-alumno, etc., y aunque implica un posible sesgo de expectativa, disminuye el de reactividad y aumenta la accesibilidad del sujeto, y por consiguiente la viabilidad del estudio, pues no hay que olvidar que en metodología observacional es frecuente el grave problema da falta de acceso al sujeto observado durante todo el tiempo necesario. Existen notables diferencias entre el papel del observador participante y del participante-observador (Babchuk, 1962), referidas, especialmente, a la tarea a realizar, donde el participante-observador tiene mayor libertad de movimientos, pudiéndose relacionar con todas las personas de su grupo en sus propios niveles. El significado de ciertos comportamientos escapa siempre, al menos en parte, a los que observan desde fuera, mientras que observación en el propio grupo ofrece, además de la mayor posibilidad de acceso, garantía de logro de mayor volumen de información.

    19.2.2. Auto-observación/auto-informe

    En el continuum indicado va reduciéndose la distancia entre observador y observado hasta llegar a la auto-observación, en que coinciden en una misma persona. La auto-observación implica el grado más elevado de participación en la observación, donde el observador es a la vez sujeto y objeto. Tradicionalmente se ha desatado una polémica sobre la auto-observación, en la cual actúa un doble proceso consistente, por un lado, en atender deliberadamente ala propia conducta, y, por otro, en registrarla mediante algún procedimiento previamente establecido. La auto-observación se ha revelado especialmente indicada en el estudio de conductas que pertenecen a la esfera de la privacidad (por ejemplo, desavenencias familiares).la que resultan poco detectables observadores externos (como sentimientos de timidez, agresividad controlada) conductas encubiertas (tomar decisiones, reflexionar sobre. determinados argumentos) y aquellas conductas que se supone que están precedidas por reacciones internas o estados emocionales (como comportarse asertivamente, fumar, etc ). Hay que distinguir entre auto-observación de conductas heteroobservables, que se puede contrastar con el registro de un observador que sea una tercera persona (p. ej., mero de cigarrillos fumados en un

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    período de tiempo diario por una persona que está siguiendo un programa de deshabituación al hábito de fumar), de auto-observación introspectiva, que se refiere a vivencias experimentadas en primera persona (como terrores) y que presenta importantes riesgos, especialmente el de inferencia desmesurada y el de distorsión. Como señala Lieberman (1979), la auto-observación o informe de un sujeto sobre sus sentimientos y pensamientos no deberían diferir de la observación externa de sus actividades motoras. El problema, en lo fundamental, en que mientras el primer tipo de comportamiento no siempre puede ser verificado independientemente, sí puede serlo el segundo. De aquí que un reparo habitual hacia la auto-observación se deba a las garantías sobre la calidad del registro cuando se trata de eventos privados inobservables para otros sujetos Ahí se podría argumentar que el mundo privado es igualmente observable aunque sólo para una única persona; y habría que tener presente que el individuo aprende a dar cuenta de su mundo privado según le enseña la comunidad a hacerlo (Pérez Álvarez, 1994). A partir de la auto-observación se obtiene el auto-informe, que es una comunicación mensaje, prioritariamente oral, que emite una persona refiriéndose a sí misma. En la propia definición de lo que entraña un auto-informe reside una enorme heterogeneidad conceptual. Los Informes en primera persona pueden implicar muy distintos eventos: juicios basados en cualidades sensoriales de concretos estímulos presentes en el campo, descripciones de los componentes sensoriales del pensamiento, narración de experiencias, hechos externos, etc. Puede solicitarse también información sobre eventos externos que, por su privacidad, son difícilmente observables, por ejemplo cuántas horas duerme al día; o también sobre eventos internos que son amplificables y, por tanto, externamente contrastables, como, por ejemplo, si tiene el corazón acelerado. Pero también los seres humanos se refieren cotidianamente a muchas otras cuestiones, como qué sienten después de una determinada discusión, qué desean para el siguiente año, etc. La cuestión se complica cuando a la consideración del auto-informe como respuesta, verbal se añade posibilidad de tratarse de una traducción isomórfica de un evento interno, o como un signo o indicador de una estructura interna (Fernández-Ballesteros, 1991). La contrastabilidad de la información que suministra un auto-informe es un campo de batalla a la vez que, según algunos autores, una característica esencial de los mismos. No obstante, mientras que existen auto-informes perfectamente contrastables tanto referidos a eventos externos y comportamientos públicos como privados (respuesta encubierta de carácter fisiológico), otros no lo son, como aquéllos que se refieren a sentimientos, expectativas, emociones, pensamientos, o atribuciones. Son estos últimos los que han sido criticados desde una perspectiva científica y tildados de introspectivos. Se han propuesto (Fernández-Ballesteros, 1991) varias dimensiones para el estadio de los auto- informes:

    • a) Contrastabilidad: son contrastables los auto-informes motores y fisiológicos, y no lo son los

    cognitivos

    • b) Accesibilidad: se trata del grado en el cual el evento informado es conocido o atendido. La

    accesibilidad de lo auto-informado tiene que ver con procesos atencionales, de discriminación sensorial, de

    aprendizaje, así como con el recuerdo y el olvido.

    • c) Tiempo al que se refieren: el momento en que tuvo lugar el evento informado se puede encontrar

    en un amplio continuum que va desde las más remotas experiencias del sujeto instante presente, e incluso a un momento futuro, va que el sujeto puede informar también sobre sus expectativas. La exactitud de un auto- informe, referido tanto a conocimientos como a conductas motoras u otros eventos externos, va a depender, en buena medida, del intervalo existente entre la ausencia del evento y su información. Por ello; gran parte de los errores detectados en las atribuciones auto-informadas se deben a fallos de memoria, además de a las inferencias requeridas de los sujetos.

    Hay dos variantes fundamentales de los auto-informes: los concurrentes y los retrospectivos. Aunque es más frecuente el retrospectivo, comporta mayor riesgo, debido a la deformación añadida por el lapso de tiempo transcurrido entre la ocurrencia del evento informado y su producción. Gran parte de cuestionarios, escalas, inventarios, entrevistas, etc., que contienen autorreferencias son auto-informes retrospectivos, y en la mayoría de los casos se obtienen con una finalidad determinada, permitiendo situar a los sujetos según su posición relativa en referencia con un grupo normativo; en estas autorreferencias se involucran habitualmente eventos internos o externos que ya han ocurrido.

    19.3, Conducta verbal transformable en material documental

    17

    En el análisis de la realidad social ocupan un papel relevante las conductas verbales del sujeto. Es innegable que, como ser social por naturaleza, la comunicación humana se realiza predominantemente mediante conducta verbal, aunque sea igualmente cierto que en la mayoría de los casos se completa y/o modula en virtud de que actúan otros niveles de respuesta, especialmente el vocal y el no verbal. La conducta verbal ofrece la posibilidad de ser analizada desde una doble perspectiva. Por una parte, es perfectamente susceptible de observación directa, sola o complementada con otros niveles de respuesta;

    pero, por otra, se abre lentamente un nuevo horizonte de posibilidades si tenemos en cuenta que además de ser directamente perceptible puede serlo también indirectamente, dado que la interpretación de lo hablado

    puede tener diversos sentidos en función del contexto, del sujeto emisor, del sujeto receptor, de

    ambos. ...

    Es

    obvio además, que la conducta verbal se puede grabar y transcribir, con lo que adopta la forma de material documental. La observación indirecta, muy cuestionada desde diversos án gulos, implica la existencia: de conductas encubiertas que requerirán una inferencia y, por tanto, una carga interjectiva que puede redundar en detrimento y menoscabo de la objetividad requerida en toda metodología científica. De ahí los recelos que inspira y su carácter un tanto ambiguo a la hora de considerar su inclusión (mientras no se especifique lo contrario, con el término "observación" o "metodología observacional" nos referiremos siempre a la observación directa). Sin embargo, y como se indicó anteriormente, en los últimos años se ha avanzado considerablemente en este sentido, y el estudio de los procesos cognitivos superiores ha impulsado su utilización. En la actualidad, por ejemplo, se está trabajando en indicadores externos de la conducta intencional de los niños y en auto-informes. Además, es muy posible que la mejora de las técnicas que permiten su estudio riguroso contribuyo a su progresiva consolidación (véanse los apartados 20.4 y 20.5).

    Forman parte de la observación indirecta (Anguera. l988a. 1988).entre otras posibilidades, las mencionadas a continuación, en todas las cuales la originaria conducta verbal se ha transformado en material

    documental, motivo por el que le serán aplicables las mismas técnicas en cuanto al tratamiento cualitativo de datos:

    • a) Textos documentales obtenidos por la grabación de la conducta verbal de un sujeto y que pueden ser sometidos, proceso que corre en paralelo con el de la observación directa (Markoff, Shapiro y Weitman, 1975), pero con la diferencia fundamental —que constituye un indudable riesgo— de delimitación de las unidades lingüísticas (sintácticas, estructurales y temáticas) y su codificación (Krippendorf, 1980).

    • b) Los datos verbales obtenidos oralmente mediante técnicas diversas (generalmente entrevistas) implican en parte una vuelta al introspeccionismo (Adair y Spinner, 1981) desde el momento en que el sujeto puede estar explicando sus vivencias en un momento determinado. Esta información, que corresponde a los informes verbales o protocolos (Ericsson y Simon, 1984). o análisis de tareas (Rodrigo, 1982), puede ser igualmente susceptible de análisis de contenido, cada vez más sofisticados, e incluso contando con el prometedor apoyo de la teoría de grafos (Camps, 1986). La principal dificultad sigue siendo de garantía de validez.

    • c) Los auto-informes, procedentes del registro propio de la auto-observación, deben también incluirse en tanto en cuanto que se refieren a conductas —en su sentido más amplio— no perceptibles por heteroobservadores (aunque en algunos casos en la auto-observación se registre desde la observación directa —por ejemplo, cigarrillos fumados en un período de tiempo—,debiendo contemplarse como tal), y en donde se externaliza el lenguaje interno de diversas formas, algunas muy características como los diarios (por ejemplo, .el de sujetos anoréxicos) o cartas que dejaron escritas algunos suicidas, y que igualmente deberán someterse al análisis de contenido.

    Con estas premisas, vamos a considerar convencionalmente en este apartado la conducta originariamente verbal que por transcripción posterior se transforma en material documental, mientras que analizaremos separadamente las producciones que originariamente adoptan la forma de material documental (véase el apartado l9.4). Según que la fuente de producción sea un sujeto o varios, se sitúan en este apartado la entrevista en profundidad y la discusión de grupo.

    19.3.1. Entrevista en profundidad

    Las entrevistas consideradas desde la metodología cualitativa son flexibles, dinámicas, no directivas, no estructuradas, no estandarizadas, y abiertas.

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    Por entrevista en profundidad se entiende un encuentro cara a cara entre entrevistador y entrevistado (o, utilizando términos acuñados desde metodología cualitativa, entre investigador e informante) dirigido al conocimiento y/o comprensión de hechos, acontecimientos, experiencias, situaciones, etc., y tal como lo expresan sus propias palabras. Las entrevistas en profundidad siguen el modelo de una conversación entre iguales y no de un intercambio formal de preguntas y respuestas. Mantiene rasgos en común con la observación participante desde la perspectiva de incidencia del entrevistador/observador. Inicialmente se avanza despacio, con el fin de establecer un rapport con los entrevistadores, aunque, a diferencia de la observación participante, aquí no puede hablarse de falta de preparación del escenario. Algunos autores (Taylor y Bogdan, 1984) han sistematizado las diversas modalidades de historias de vida. Desde nuestro punto de vista, podrían señalarse esencialmente dos, que, en realidad, responderían a un planteamiento idiográfico o nomotético:

    • a) Entrevistas dirigidas al conocimiento de actividades y acontecimientos que no se pueden observar directamente. El sujeto entrevistado es un informante en el verdadero sentido del término, y en cuanto tal, su rol no consiste simplemente en revelar sus propios modos de ver, sino que debe describir lo que sucede y el modo en que otras personas lo perciben. Así, por ejemplo, el estudio de Erikson (1976) sobre la reacción de una ciudad de Virginia Occidental ante un desastre natural; investigación que no podía haberse realizado de otro modo a menos que el autor se encontrara accidentalmente en el mismo lugar en que se desarrolló dicho desastre natural.

    • b) Entrevistas que permiten estudiar un número relativamente grande de personas en un lapso que podemos considerar breve si se compara con el tiempo que requeriría una investigación mediante observación participante. Por ejemplo, probablemente se podrían realizar varias entrevistas en profundidad con veinte maestros empleando la misma cantidad de tiempo que abarcaría un estudio de observación participante en un aula única.

    En ambos casos, a pesar del respectivo planteamiento idiográfico y nomotético seguido en cada uno de ellos, los investigadores establecen un rapport con los entrevistados, y a través de contactos a lo largo del tiempo desarrollan una comprensión detallada de sus experiencias y perspectivas. La entrevista en profundidad tiene su punto de partida en la observación participante, ya que de ella surge el patrón que aquí se utiliza para recoger la información. Es absolutamente cierto que solamente mediante la observación directa se puede obtener el grado más objetivo de información y de la forma mas rigurosa, Pero es igualmente cierto que en muchas ocasiones no es viable, ni siquiera la observación participante, como modalidad de la primera que supone una cierta implicación del observador. Es evidente que el observador no puede retroceder en el tiempo para estudiar hechos del pasado, o forzar su entrada en todos los escenarios y situaciones privadas. Además, la observación participante exige una cantidad de tiempo y esfuerzo que no siempre se ve recompensada por la comprensión adicional que se obtendría en comparación con otros métodos. La entrevista en profundidad presenta unas características específicas:

    • a) Sus intereses son claros y están bien definidos. Aunque en investigación cualitativa los intereses de la investigación son necesariamente amplios y abiertos, la claridad y especificidad de lo que se está interesado en estudiar varía según los investigadores. Por ejemplo, un investigador puede estar interesado en términos generales en escuelas y maestros, mientras que otro puede interesarse en el modo en que los maestros ingresan en la profesión. Las experiencias directas anteriores y la lectura de otros estudios cualitativos puede ayudar a ceñir los intereses de la investigación. A esto se debe que las entrevistas en profundidad vayan de la mano con la observación participante.

    • b) Los marcos o escenarios, o las personas, no son accesibles de otro modo. Por ello, como se indicó previamente, se recurre a las entrevistas en profundidad cuando se desean estudiar acontecimientos del pasado no puede tener acceso un determinado tipo de escenario o de personas.

    • c) El investigador tiene limitaciones de tiempo. La ubicación de los marcos o escenarios, negociar el acceso, concertar encuentros o visitas, así como llegar a conocer a los informantes, lleva tiempo. Pero aún así, los estudios basados en entrevistas pueden completarse en un lapso de tiempo más breve que la observación participante, Mientras que el observador participante puede perder tiempo esperando que ocurra un determinado evento o que un sujeto se manifieste de determinada forma, por lo general el entrevistador recoge invariablemente datos durante los periodos que pasa con sus

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    informantes, por lo que se logra un empleo más eficiente del tiempo de que dispone el investigador, frecuentemente limitado y bajo la presión por obtener los datos deseados.

    • d) Es prioritario el planteamiento de estudios idiográficos respecto a los nomotéticos, a pesar de que no se excluyen.

    El investigador quiere esclarecer experiencia humana subjetiva a través de la entrevista en profundidad. Las desventajas de las entrevistas provienen del hecho de que los datos que se recogen en ellas consisten solamente en enunciados verbales o discurso:

    En primer lugar, en tanto es una conversación, las entrevistas son susceptibles de producir las mismas falsificaciones, engaños, exageraciones y distorsiones que caracterizan el intercambio verbal entre cualquier persona. Aunque los relatos verbales en la entrevista pueden aportar comprensión sobre su pensamiento acerca de cómo actúan y del entorno, es posible que exista una gran discrepancia entre lo que dicen y lo que realmente hacen. Benney y Hughes (1970.pág. 137) dicen que "toda conversación posee su propio equilibrio revelación y ocultamiento de pensamientos e intenciones: sólo en circunstancias muy inusuales el discurso es tan completamente expositivo que cada palabra puede ser tomada como auténtica". En segundo lugar, las personas dicen y hacen cosas diferentes en distintas situaciones. Puesto que la entrevista es un tipo de situación, no debe darse por sentado que lo que una persona dice en la entrevista es lo que esa persona cree o dice en otras situaciones. Además, los entrevistadores, en cuanto tales, al no observar directamente a las personas en su vida cotidiana, no conocen suficientemente el contexto para comprender muchas de las perspectivas en las que están interesados. En su comparación de la observación participante con las entrevistas, Becker y Geer (1957) enumeran una serie de defectos de éstas: es probable que las entrevistado-res comprendan mal el lenguaje de los informantes, que éstos no quieren no pueden manifestarse en determinadas cuestiones, o que sólo se pueden conocer a través de su observación en la vida diaria. A pesar de ello, probablemente ningún investigador propugnaría el abandono de las entrevistas en profundidad como enfoque básico en la metodología cualitativa.

    • a) Selección de informantes

    Igual que la observación participante, las entrevistas cualitativas requieren un diseño de la investigación. No se especifica de antemano ni el número ni el tipo de entrevistados, y es difícil tomar una decisión como ésta al inicio de la investigación. El número de casos carece realmente de importancia, pues lo relevante es el potencial de cada caso para ayudar al investigador en el desarrollo de comprensiones teóricas. Después de completar las entrevistas con varios informantes, se diversifica deliberadamente el tipo de personas entrevistadas hasta descubrir toda la gama de perspectivas de las personas en las que estamos interesado: dicho en otras palabras, se llega a ese momento en el que entrevistara más personas no genera información adicional. Tiene importancia la decisión del criterio de selección. que habitualmente se especificará teniendo en cuenta la cuestión central del estudio; así, por ejemplo, si se realiza un estudio sobre delincuentes juveniles, ésta será una primera cuestión que debe cumplirse, a la cual se podrán haber incorporado otros criterios (de edad, características previas en sus eventos de vida, etc.). Son frecuentes los casos en que no se sabe cuantas entrevistas en profundidad habrá que realizar hasta que se comienza a hablar realmente con los informantes Con cada uno de ellos, habrá que avanzar lentamente, diciéndoles que no se les hará perder mucho tiempo: generalmente la entrevista halaga a los entrevistados, con lo que luego no suele resultar difícil discutir el plan para nuevas entrevistas. Es necesario plantear desde el inicio los motivos de la investigación garantizar el anonimato (mediante seudónimos códigos) poder de veto posterior al leer los borradores, privacidad, y acuerdo en cuanto a lo económico nunca es recomendable pagar por las entrevistas, pero, en cambio, sí es frecuente compartir los derechos de autor de un libro con los informantes, lo cual crea un espíritu de compañerismo en el esfuerzo investigador).

    • b) Desarrollo de la entrevista

    Durante las primeras entrevistas, el investigador establece el tono de la relación con los informantes, y debe aparecer coma alguien que desea aprender de ellos. El entrevistador cualitativo debe hallar modos de conseguir que el sujeto comience a hablar sobre sus perspectivas y experiencias.

    20

    Existen diversos modos de guiar las entrevistas iniciales en este tipo de investigación. Según Taylor y Bogdan (1986) se puede realizar mediante preguntas descriptivas, relatos solicitados, entrevistas con cuaderno de bitácora, y documentos personales. Sin embargo, desde nuestra perspectiva, sólo las primeras se situarían en la categoría de conducta verbal transformable en material documental, mientras que las demás ya tienen un carácter documental desde su origen. En el caso de las preguntas descriptivas, se pide al entrevistado que describa, enumere o bosqueje acontecimientos, experiencias, lugares o personas relacionados con su vida, sin que se estructuren las respuestas. Así, en una entrevista a una persona en que la institucionalización tuvo fuerte impacto en su vida, se sigue esta experiencia con profundidad, pidiéndole que describa lugares tales como las salas en que había vivido, un día típico en las diferentes salas, sus amigos en la institución, tareas que le asignaban ,etc. Una de las claves para que la entrevista en profundidad sea fructífera es el conocimiento cuándo y cómo sondear, explorar escudriñar. A lo largo de las entrevistas, el investigador realiza el seguimiento de temas que emergieron como consecuencia de preguntas especificas, alienta al informante a describir sus experiencias en detalle, y presiona constantemente para clarificar sus palabras. En la entrevista cualitativa hay que sondear los detalles las experiencias de las personas y los significados que éstas les atribuyen. Este es el punto en que se apartan de las conversaciones cotidianas: a diferencia de la mayor parte de las personas, el entrevistador está interesado en acontecimientos triviales, los cuales se hallan bajo fuertes influjos carácter cultural. En este sentido, es muy significativo un fragmento de

    Deutscher (1973, pág. 191) que explica cómo palabras aparentemente objetivas pueden tener diferentes significados culturales: "Cuando un camionero norteamericano se queja a la camarera en el coche comedor porque la cerveza está caliente y la sopa fría, el líquido caliente puede tener una temperatura de 10°C, y el

    frío estar a 25°C

    La norma para los mismos objetos puede variar de cultura a cultura, de país a país, de

    ... región a región, y, para el caso, dentro de cualquier unidad social —entre clases, grupos de edad, sexos, o lo que se tenga—; una sopa fría para un adulto puede estar demasiado caliente para un niño". Mientras los entrevistadores cualitativos tratan de desarrollar una relación abierta y honesta con los informantes, deben estar alerta ante eventuales exageraciones y distorsiones en las historias. En la investigación cualitativa, el problema de la sinceridad es difícil, a pesar de que el entrevistador no está interesado en la verdad per ser sino en perspectivas. En contraste con la observación participante, al entrevistador le falta el conocimiento directo del modo en que actúan las personas que estudia en sus vidas cotidianas. Por ello el investigador tiene la responsabilidad de establecer controles cruzados sobré las historias de los informantes. Para ello debe examinar la coherencia de lo expresado en diferentes relatos del mismo acontecimiento o experiencia; asimismo, para controlar las afirmaciones de los informantes se deben apelar a tantas fuentes de datos diferentes como resulte posible. En las primeras obras de la Escuela de Chicago, los investigadores comparaban regularmente las narraciones de los informantes con los registros oficiales conservados por la policía y por organismos de asistencia social. Probablemente el mejor modo de tratar las contradicciones e incoherencias internas consista en plantear el problema directamente. Finalmente, queda pendiente la cuestión de la grabación de la entrevista en algún soporte magnético. Los dispositivos automáticos generan reactividad en el sujeto entrevistado, pero no de igual manera en los casos en que se produce una e licitación respecto que si no la hay. Así, mientras se produce reactividad con toda seguridad en observación directa al introducir un medio de grabación, en la entrevista, dado que su razón de ser es la obtención de una información personalizada, existe como un consenso implícito relativo a la pertinencia y necesidad de guardar esta información para analizarla con el tiempo necesario.

    A diferencia de los observadores participantes, los entrevistadores no pueden quedarse sentados, observando solamente, durante las lagunas en la conversación, y es posible que muchas de las más interesantes entrevistas en profundidad —y las historias de vida que se elaboraron a partir de ellas— nunca hubieran sido posibles sin el empleo de una grabadora. No obstante, es obvio que no se deben grabar las entrevistas si ello hace que los informantes se sienten incómodos; por supuesto, han de dar el consentimiento. Incluso así, el micrófono no debe ser intrusivo; se recomienda que se trate de un aparato pequeño, colocado fuera del campo, visual del sujeto entrevistad, y con la sensibilidad suficiente para no tener que hablar frente a él.

    19.3.2. Discusión de grupo

    Es una modalidad de recogida de datos propia de la metodología cualitativa que ha sido poco

    empleado en

    el

    pasado, pero que posee un gran

    potencial (Ortí, 1989). Se está dando un proceso

    de

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    progresivo desplazamiento o ampliación de modalidades de recogida de datos en investigación cualitativa — probablemente por un desencanto de lo que había sido una idealización triunfalista del cuantitativismo a toda ultranza—, y precisamente la discusión de grupo ha surgido bajo este efecto. Los entrevistadores reúnen grupos de personas para que hablen sobre sus vidas y experiencias en el curso de discusiones abiertas. Como en la entrevista en profundidad, el entrevistador aplica un enfoque no directivo; no obstante, en las discusiones de grupo probablemente nunca se obtenga la discusión honda que se adquiere en las entrevistas persona a persona. Así, por ejemplo, en una investigación realizada por Martínez del Pozo (1993), a lo largo de varios meses se realizaron entrevistas grupales a familiares directos de personas fallecidas de forma inesperada, aprovechándose estas sesiones para realizar una psicoterapia de grupo.

    19.4. Material documental

    En este grupo se incluye un conjunto de materiales de registro que desde su origen adoptan una forma diversa, sean documentos escritos (entre los que se encuentran libros, publicaciones diarias y periódicas, series estadísticas, diarios autobiográficos, documentos históricos, etc.) y materiales audiovisuales (como discos, películas, fotografía. videos, etc.), y en donde ambos pueden ser tanto de carácter privado como público. No obstante, seguiremos considerando como prototipo el material escrito textual.

    Hay que destacar la existencia de múltiples taxonomías que discrepan tanto en criterios como en nomenclatura, y que se deben a su sustento en múltiples tradiciones académicas y tradiciones, que además han generado una gran confusión terminológica y una difícil delimitación conceptual. Consideramos correcta la propuesta por Pujadas (l992), que diferencia entre documento personales y registros biográficos obtenidos por encuesta, y que aquí modificamos ligeramente.

    19.4.1. Documentos personales

    La historia de los documentos personales se enraiza en la conocida Escuela de Chicago como enfoque humanista diferenciado, en donde la tradición sociológica imperante se basó en un sentimiento de, marginalidad, y tal vez esto fue lo que favoreció el surgimiento del documento y la historia personal. Para que el enfoque documental resultase académicamente aceptable fue necesaria la legitimación institucional e intelectual, y ésta fue la tarea que la escuela de Chicago llevó acabo. Desde mediados de la década de l930 estos argumentos comenzaron a tambalearse a medida que se imponían los enfoques más científicos", menos subjetivos. Se instaba al investigador a evitar las abstracciones e ir en búsqueda de lo detallado, lo particular y lo empírico. La clásica y capital aportación de Allport, ya desde 1942, es de vital importancia. Reproducimos un fragmento clarificador acerca de cuál es el concepto de documento personal:

    "todo escrito o manifestación verbal del propio sujeto que nos proporciona, intencionadamente o no, información relativa a la estructura y dinámica de la vida del autor. Se incluyen con toda seguridad en este grupo: 1) las autobiografías, generales o limitadas a un aspecto; 2) diarios personales y anotaciones diversas; 3) cartas; 4) cuestionarios libres (no tests estandarizados); 5) manifestaciones verbales obtenidas en entrevistas, declaraciones 6) ciertas composiciones literarias. Es importante observar que todos estos documentos proceden del propio sujeto; son documentos en primera persona. Existen, además, otros documentos en tercera persona, consistentes en manifestaciones de otros individuos sobre el sujeto: estudio de casos, historias de vida biográficas."

    (Allport, 1970, 472)

    Se trata de cualquier tipo de registro no motivado o incentivado por el investigador durante el desarrollo de su trabajo, que posea un valor afectivo y/o simbólico para el sujeto analizado. Para Thomas y Znaniecki (1958) las historias personales constituyen el tipo perfecto de material sociológico (ambos eran sociólogos), y mantenían la opinión de que si las Ciencias Sociales han de emplear otros materiales es sólo por la dificultad práctica de obtener de momento un número de tales documentos suficiente para cubrir la totalidad de los problemas y por la enorme cantidad de trabajo que requiere un análisis adecuado de todo el material personal necesario para describir la vida de una persona o un grupo. La investigación basada en las historias personales puede ser acusada de insuficiencia técnica, no prestando la debida atención a la representatividad, la validez y la objetividad. Son muchos los problemas que plantea este tipo de material con fines de investigación.

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    En la esencia misma de los documentos personales está su objeto, que es el flujo continuo y vivido, con toda la ambigüedad, variabilidad maleabilidad e incluso singularidad que normalmente implica la experiencia. Son esclarecedoras las palabras de Plummer (1989, pág. 15), las cuales transcribimos por ser un autor relevante en la materia:

    "El mundo está abarrotado de documentos personales. La gente lleva diarios, envía cartas, hace fotos, escribe informes, relata biografías, garabatea pintadas, publica sus memorias, escribe cartas a los periódicos, deja notas de suicidio, escribe frases en las tumbas, filma películas, dibuja cuadros, hace música, e intenta consignar sus sueños personales. Todas estas expresiones de la vida personal son lanzadas al mundo a millones, y pueden ser de interés para cualquiera que se preocupe de buscarlas, Todas son 'documentos personales' en el más amplio sentido (…)"

    Es cierto que el material biográfico es difícil de clasificar, pero, haciendo nuestro el criterio propuesto por Pujadas (l992).se consideran las siguientes categorías en documentos personales:

    autobiografías; diarios personales, memorias y correspondencia; fotografías, películas, vídeos o cualquier otro tipo de registro, iconográfico; y objetos personales.

    • a) La autobiografía puede definirse como "el relato retrospectivo en prosa que una persona real hace de su propia existencia, poniendo el acento sobre su vida individual, y en particular sobro la historia de su personalidad" (Lejeune, 1975.pág. 15). Siempre son narraciones realizadas por la propia iniciativa de una persona, a partir de unas motivaciones, y siguiendo un sistema de elaboración que nos es desconocido y que hay que intentar averiguar para poder evaluar su verdadera significación. La autobiografía puede adoptar una apariencia multiforme, y los criterios propuestos han resultado insuficientes A pesar de ello, Lejeune deja sentadas sus cuatro características principales: forma (relato en prosa), tema (vida de un sujeto), situación de coincidencia entre narrador y autor del relato, y posición del autor (final de una perspectiva retrospectiva en la que se da la superposición de narrador y de personaje principal).

    • b) El diario ha sido muy utilizado, aunque presenta el inconveniente de que no puede esperarse que lo realicen personas procedentes de determinadas capas sociales. Existe relativo consenso en considerar que admite menos posibilidades de error que tara tipo de documentos personales, dada su proximidad a los acontecimientos y, y a que existe una estructuración de la narración menos deliberada, lo cual se debe probablemente a que la estructura del diario tiene que ajustarse al día como unidad de tiempo. La mayoría de autores coinciden en señalar que el diario es altamente revelador de la relación entre los sucesos escritos en el mismo y las estructuras cognitivas del autor del diario en el tiempo en que éste es escrito; en este sentido, Zabalza (1991), al utilizar el diario como instrumento de análisis del pensamiento del profesor, pretende exactamente explorar la expresión que el profesor da de su propia actuación en clase y de la perspectiva personal desde la que la afronta. El diario es un recurso ciertamente costoso, por lo que implica de continuidad en el esfuerzo narrativo, y por lo que supone el tenerse que poner a redactar después de una jornada de intenso trabajo, así como por el propio esfuerzo lingüístico de reconstruir verbalmente episodios densos de vida; pero una vez que se ha entrado en dicha dinámica —podríamos afirmar que hábito—, se le encuentra gran sentido y utilidad por parte de sus actores, y a partir de este momento es frecuente que incluso desborde los objetivos iniciales del investigador. La implicación personal en la realización del diario es multidimensional (Zabalza, 1991) y afecta tanto a la propia semántica del diario (en él apareciendo lo que los actores saben, sienten, hacen, etc., así como las razones por las que lo hacen y la forma en que lo hacen, lo cual convierte propiamente al diario en documento personal) como a su sentido (el diario es ante todo lo que uno cuenta desde sí mismo y para sí mismo, de manera que lo que se cuenta tiene sentido pleno únicamente para aquél que es a la vez autor y principal destinatario de la narración). El diario tiene un carácter longitudinal e histórico que le diferencia de los demás documentos personales, los cuales, o son puntuales (cartas, documentos sobre momentos específicos, etc.) o bien constituyen reconstrucciones de períodos vitales desde momentos distantes en el tiempo a los hechos narrados (biografía, entrevistas, historias de vida, etc.), El diario va estableciendo la secuencia de los hechos desde la proximidad e inmediatez a los propios hechos, lo cual permite conocer cómo evolucionan, y, además, el diario presenta la característica de la segmentación del período general (conjunto del período narrado) en segmentos temporales unitarios.

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    • c) Las cartas han sido menos utilizadas que los diarios debido a que presentan mayores problemas, especialmente el que deriva de la relación diádica que plantean y la necesidad de contextualización, lo que implica el tenerlas que analizar comparativamente con otras del mismo sujeto u otras del mismo tipo.

    • d) Las memorias se construyen habitualmente apoyándose en los diarios y las cartas; su propia naturaleza requiere sobre todo material escrito, documentos de circunstancias y hechos, y su carácter es mucho más impersonal y, consiguientemente, más técnico.

    • e) Finalmente, el material gráfico y objetos personales tiene un carácter residual, y la pregunta recurrente a la que obligan es hasta qué punto ofrecen material válido en alguna medida (Becker, 1986), dadas las innumerables sospec has que los acechan: medida en que fue falseado, criterio de oportunidad, viabilidad material de acceso, amenaza a la privacidad, etc.

    Una circunstancia que queremos resaltar es la dificultad que presenta la localización sobre el terreno de documentos personales de cualquier índole que puedan ser útiles para el análisis de una determinada cuestión. Es lo que le ocurrió a Alloort (1965) con la correspondencia de los últimos años de los últimos años de la señora Jenny Masterson, que llegó a sus manos y sirvió de base a su conocidísima obra Letters from Jenny, considerada coma un trabajo emblemático tanto por el uso magistral de documentos personales como por su tratamiento teórico de los estudios de caso; es muy raro encontrar —y poder disponer de ellos— documentos coma diarios, autobiografías, o correspondencia, aunque sí es más frecuente poseer fotografías e incluso películas que reflejan aspectos de las vidas de las personas.

    19.4.2. Registros biográficos obtenidos por entrevista/encuesta

    La existencia de múltiples tradiciones sobre este tipo de material documental ha generado controversias difíciles de encauzar y sistematizar y que en muchos casos han implicado matices de orden terminológico. Así, con el desarrollo de lo que en 1920 se llamaba el método biográfico (Thomas y Znaniecki, 1958) se empezó a usar el término life history, para describir tanto la narrativa vital de una persona recogida por un investigador como la versión final elaborada a partir de dicha narrativa, más el conjunto de registros documentales y entrevistas a personas del entorno social del sujeto biografiado que permiten completar y validar el texto biográfico inicial. Posteriormente, se introdujo el término life history para referirse exclusivamente a la narración biográfica de un sujeto que, a veces, puede ser publicada sin retocar, con fines de proporcionar una mayor fuerza testimonial, conservando incluso las propias peculiaridades lingüísticas de la persona. Hasta fechas recientes se ha tendido a solapar el significado de ambos términos, hasta que recientemente Denzin, y después Bertaux (1981), han fijado ambos términos. Así, la life story (en francés récit de vie) corresponde a la historia de una vida tal como la relata la persona que la ha vivido, mientras que el término life history (en francés histoire de vie) se refiere al estudio de caso referido a una persona dada, comprendiendo no sólo su life story, sino cualquier otro tipo de información o documentación adicional que permita la reconstrucción de dicha biografía de la forma más exhaustiva y objetiva y que permita la reconstrucción de dicha biografía de la forma más exhaustiva y objetiva posible. Dado que en castellano aún no están acuñados los correspondientes términos, Pujadas (1992) ha propuesto relato de vida para referimos al primer concepto, frente al habitual de historia de vida para el segundo. Desarrollamos brevemente cada uno de ellos:

    a) El relato de vida se sitúa en el ojo del huracán de los registros biográficos en función de la corriente desde la que se contemple. Para la corriente humanista, de filiación idiográfica, se convierte en una especie de bandera que niega de forma radical los avances del positivismo, mientras que para las corrientes objetivistas, de filiación positivista, es visto con escepticismo. Pero, sin embargo, existen múltiples ejemplos que muestran cómo la recopilación de relatos de vida, bien como modalidad básica, o bien como técnica al servicio de diseños de investigación que utilizan otro tipo de material de encuesta, pueden servir a planteamientos teóricos y a concepciones científicas de todo tipo, por supuesto, resulta útil para determinados tipos de survey cuantitativos. Al margen de lo costoso que es obtener buenos relatos de vida, ofrece importantes ventajas, como su extraordinaria riqueza de matices, da respuesta a las eventuales preguntas que se pudieran formular debido a la minuciosidad y detalle con que se recogen las experiencias vitales, permite evaluar el impacto de las transformaciones realizadas en el individuo y su entorno, etc.

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    No obstante, existen también una serie de inconvenientes, derivados principalmente de las dificultades de implementación de la entrevista/encuesta y recopilación de la información, así como del uso posterior que se le dé. Las principales dificultades se concretan en la dificultad de obtener buenos informantes, de completar los relatos iniciados (par cansancio del informante, por problemas de relación con el investigador, o por otra circunstancia aleatoria), de control de la información obtenida (por observación participante, o relatos biográficos cruzados, o mediante cartas, o mediante entrevistas a terceras personas, con el fin de validar la información obtenida), impaciencia del investigador, elaboración de la gran cantidad de material recogido, etc.

    b) La historia de vida es un relato autobiográfico, obtenido por el investigador mediante entrevistas sucesivas, en donde el objetivo es mostrar el testimonio subjetivo de una persona en la que se recojan tanto los acontecimientos como las valoraciones que hace de su propia existencia. En la historia de vida, el investigador es solamente el inductor de la investigación, su transcriptor y también el encargado de retocar el texto, tanto para ordenar la información del relato obtenido en las diferentes sesiones de la entrevista, como el responsable de sugerir al informante la necesidad de cubrir los huecos informativos olvidados por el sujeto. En la etapa de publicación de la narrativa, el investigador podrá, según las circunstancias, hacer retoques ulteriores al texto (siempre de común acuerdo con el biografiado), en el sentido de reducirlo, por ejemplo extrayendo reiteraciones. También será el encargado de establecer las convenciones del texto:

    puntuación, representación de los énfasis, silencios, transcripción de las peculiaridades fonéticas y morfosintácticas del habla del sujeto. Esta modalidad de recogida de datos está a caballo entre material documental y conducta verbal transformable en material documental (véase el apartado l9,3). Publicar una historia de vida presupone condiciones de adecuación científica, pero también otras de carácter predominantemente textual. Además, salvo raras excepciones, los psicólogos no vamos buscando la realización de historias de vida, como estudios de caso únicos, sino que éstos surgen a menudo de casos únicas, sino que éstos surgen a menudo de improviso, a posteriori, después de meses o años de estar trabajando en un determinado tema.

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    20. TRATAMIENTO CUALITATIVO DE DATOS

    • 20.1. Introducción

    Mª. Teresa Anguera Argilaga

    La finalidad del tratamiento de datos, sin importar el tipo de datos que se tenga, es imponer algún orden en un gran volumen de información, así como proceder a una reducción de datos, de manera que sea posible obtener unos resultados y unas conclusiones que se puedan comunicar mediante el informe de investigación. Se detecta una cierta contradicción —al menos aparente— entre el hecho de que el investigador cualitativo prefiere que la teoría emerja de los propios datos, averiguando qué esquemas de explicación son empleados por las materias sometidas a estudio para proporcionar un sentido a la realidad con las que se encuentran, y, por otra parte, que para analizar la información se empleen procedimientos estadísticos de diversa complejidad (Ruiz-Maya, Martín-Pliego, López, Montero y Uriz, 1995). En consecuencia, es preciso esmerarse para resolver la cuestión sin desviarse de la filosofía de referencia, pero con un máximo de rigor. Esta tarea es un reto especialmente en metodología cualitativa por tres principales razones:

    • a) No existen reglas sistemáticas para el análisis y presentación de datos cualitativos, lo cual se debe en parte al carácter "blando" que se les atribuye. La ausencia de procedimientos analíticos y sistemáticos hace difícil la tarea en una investigación cualitativa, en donde además no tiene sentido la replicación.

    • b) Requiere un gran volumen de trabajo. El analista cualitativo debe analizar y darle sentido a páginas y páginas de material que primero fue narrativo y después descriptivo. Por ejemplo, un estudio realizado en un centro hospitalario en donde se realizaran treinta entrevistas a enfermos de cáncer en fase terminal que eran sabedores de su estado, las transcripciones variaron de 40 a 80 páginas por entrevista, lo cual dio como resultado gran cantidad de material que había que leer, organizar y sintetizar, La investigación cualitativa implica una dedicación considerable de tiempo, lo cual, combinado con el hecho de que las muestras son pequeñas, aumenta la dificultad, además de que es costoso, y su generalización es limitada.

    • c) Es precisa una reducción de datos para la elaboración del informe. Con frecuencia, los principales resultados de una investigación cualitativa se pueden esquematizar en algunos cuadros; no obstante, si se sintetizan demasiado, se pierde la integridad del material narrativo de los datos originales. Como consecuencia, es difícil presentar resultados y de investigaciones cualitativas en un formato que sea compatible con las limitaciones de espacio de las publicaciones científicas profesionales.

    Con estas pautas generales, en primer lugar se ex pone con una cierta extensión el proceso de codificación, compuesto de operaciones que consideramos emblemáticas en el tratamiento —que no implica análisis— de datos que son cualitativos, porque ésta era su naturaleza en el momento de su obtención, pero que nada impide que, una vez se han sometido a una serie de operaciones, adquieran una naturaleza cuantitativa (sea solamente cuantitativa, o complementándose una vertiente cualitativa y otra cuantitativa del dato), y entonces sean sometidos a un pertinente análisis, que se deberá llevar a cabo con todo rigor, como también debe gozar de este atributo el tratamiento del dato cualitativo que desarrollamos en este apartado.

    • 20.2. Codificación

    En metodología cualitativa importa el estudio del proceso, no del resultado; por ello cobra especial relieve la transducción de la corriente o flujo de conducta al registro. En este sentido cabe preguntamos si siempre podríamos garantizar que, al efectuar una descripción de una ocurrencia de conducta escena, se extrajera lo esencial acompañado de todos los matices necesarios y no digamos si se hallaría una perfecta correspondencia entre datos recogidos mediante descripciones situadas a distintos planos entre el uso de términos estrictamente empíricos y otros con notable carga conceptual. Además, ¿existiría biunivocidad entre el hecho y su correspondiente descripción?

    Parte del texto de este apartado se haya desarrollado en Blanco, A. Anguera, M.ª T. (1991)

    26

    20.2.1. De la descripción al registro

    Habitualmente usamos el término descripción que, según Dorsch (1976, págs. 236-237), es la "ordenada relación de las características de un objeto o proceso, para dar una idea clara de lo estudiado. Es la expresión verbal del contenido de la observación y la primera tarea que debe llevar a cabo una ciencia"; pero es cierto que actuamos desde niveles de descripción diferentes cuando anotamos rigurosamente cada uno de los movimientos y sonidos emitidos por un recién nacido que cuando describimos globalmente lo ocurrido en una discusión profesional. Por otra parte, Por el registro es una "transcripción de la representación de la realidad por parte del observador mediante la utilización de códigos determinados, y que se materializa en un soporte físico que garantiza su prevalencia" (Anguera, Behar, Blanco, Carreras, Losada, Quera y Riba, 1993, pág. 613). Pero resulta evidente que dicha transcripción no es automática, y habrá que tomar diversas decisiones en su materialización. Uno de los elementos determinantes en estas decisiones y, en consecuencia, en la forma cómo se lleva a cabo la captación del significado es la adopción de un criterio-base (o varios) sobre la segmentación de la conducta y la demarcación de sus unidades, la cual depende a su vez de la naturaleza de los parámetros del comportamiento que se poseen y de los fines específicos de la investigación (Scherer y Ekman, 1982), con lo que se establecerá el carácter predominantemente molar, molecular o mixto (Meazzini y Ricci, 1986) del sistema taxonómico, que está en estrecha relación con un nivel elevado o prácticamente inexistente de abstracción, el interés por una taxonomía predominantemente natural, estructural, o funcional y, de forma relativamente más distante, con la superposición de niveles en la estructura de la conducta al puntualizar su disposición jerárquica (Yela, 1974) En la base de tal diferenciación se sitúa la delimitación de los diferentes eventos, y la consideración de la corriente o flujo de conducta como una secuencia de unidades discretas (Dickmann, 1963; Condon y Ogston, 1967) comportará evidentemente una definición de las unidades de conducta (Zeiler, 1986), previa descripción, y con el fin de conseguir su operativización, y que, en cualquier caso, dependerá del problema de estudio, por lo que su elección es de las más importantes y difíciles decisiones de la investigación, dado que será crucial para su validez (Anguera, 1986c). Altmann (1965) señala, en este sentido, que las unidades de conducta presentan los problemas básicos de cuándo dividirse y cuándo agruparse, y en esto subyace el problema del continuum establecido entre moralidad y molecularidad, con sus contrapesos respectivos de alto nivel de abstracción (con la ventaja de globalidad y no pérdida de vista del contexto) y desmembración de unidades mínimas vacías de contenido (con la ventaja de objetividad). El tipo o modalidad de descripción repercute de forma determinante. No existe criterio unánime en la literatura especializada pero se ha ido imponiendo el de los etólogos. Así, Lehner (1979) distingue entre descripción funcional, que corresponden, respectivamente, a la descripción por operación y descripción por consecuencia. Las categorías obtenidas a partir de una descripción topográfica intentan simplemente catalogar conductas —generalmente motoras— con finalidad normativa, y no es muy habitual en psicología, aunque sí en psicología. Un ejemplo sería la lista suministrada por McGrew (que aparece en el apéndice de Hutt y Hutt. 1970) de 111 conductas motoras de niños en una guardería. Por otra parte, las descripciones funcionales suministran información que puede resultar más valiosa, pero que implica más inferencia por parte del observador, así como más suposiciones implícitas al elaborar las categorías. Por ejemplo, nadar, montar a caballo, etc. Con un ligero matiz diferencial, Martin y Bateson (1992) proponen tres tipos de descripción:

    • a) Descripción de la estructura, apariencia, forma física o pautas temporales de la conducta. La conducta se describe en términos de postura y movimientos de los sujetos, pudiendo alcanzar un gran detalle, y requiriéndose de la capacidad y habilidad del observador para percibir sutiles diferencias.

    • b) Descripción en función de las consecuencias, o efectos de la conducta en el contexto (en sentido amplio, abarcando tanto a otros sujetos como a objetos materiales, como a la especial disposición en que se hallan) en el que se produce su ocurrencia, o en el propio sujeto que la emite, aunque sin referencia a cómo se producen tales efectos. Así categorías como obtener alimento o esquivar a un sujeto serían un claro ejemplo. Su diferenciación de la anterior es clara, y en este sentido, no hay duda de que apagar la luz es una descripción en términos de consecuencias, mientras que apretar con el dedo la pequeña placa saliente del interruptor es una descripción estructural.

    • c) Una tercera forma de descripción se efectúa en términos de la relación espacial entre sujetos en un determinado entorno, por lo que el énfasis se halla no en lo qué hace el sujeto, sino dónde y con

    27

    quién. Por ejemplo, aproximarse o salir se pueden definir en términos de cambios en la relación espacial entre dos sujetos.

    Desde una consideración cercana al grado de implicación del observador, también se distingue entre descripción ética (Coll, 1981; Headland, Pike y Harris, 1990), que tiene un indudable carácter externo, objetivo y exhaustivo, haciendo referencia a categorías previamente explicitadas en donde no actúa una selección de lo relevante y todos los detalles tienen igual importancia, y una descripción émica, que se sitúa en un nivel de identificación y precisión de las categorías significantes para el sujeto, y que se lograría intentando componer y relacionar las informaciones éticas extraídas por el observador. Finalmente, se matiza también entre unidades simples y complejas y es frecuente que, en estos casos, como indica Rosenblum (1978), las propias condiciones bajo las cuales los sujetos son observados influyan directamente de forma que se adopte una taxonomía útil, dada la rigidez de la dicotomía establecida. Si se dispone de una flexibilidad en los niveles descriptivos adecuados, de forma que exista una gradación continuada que incluya una gama de niveles descriptivos intermedios no situados en los extremos de posiciones bipolares, será mayor el ajuste y la articulación entre percepción e interpretación, con lo cual resulta beneficiada la calidad del registro observacional. Podría argüirse en contra que aumentaría la complejidad en la codificación y posterior análisis pero ello puede solventarse adecuadamente si se hace uso adecuado de los parámetros observacionales establecidos y se lleva a cabo un tipo de análisis que se adecue a los datos recogidos. En buena parte de los casos, la inclusión en un mismo registro de varios niveles descriptivos daría lugar a la superposición de diversas unidades y de cubrir el continuum de conducta, lo cual permitirá establecer una convergencia entre diferentes tipos de análisis (Blanco, 1983). De acuerdo con el grado de estructuración o control externo, pueden establecerse diversos niveles de sistematización, cuestión variable en función de la fase de la investigación, así como también de la complejidad de la conducta y/o situación. En principio, existen el registro no sistematizado y el sistematizado, pudiendo optarse además por una gradación de registros de diverso grado de semi- sistematización. La observación no sistematizada, u ocasional, o fortuita, o pasiva, no obedece a ninguna regla y se caracteriza esencialmente por:

    1)

    Falta de concreción en el objetivo.

    2)

    Falta de criterios de inclusión y orden en el registro.

    3)

    Ausencia lógica de hipótesis.

    En definitiva, se acumulan en forma más o menos marginal unas informaciones que no tienen otra finalidad ni pretensión que suscitar una idea de investigación. La observación sistemátizada o activa es la única que interesa en la observación directa y sus principales aspectos característicos son:

    1) El objetivo está perfectamente precisado, tanto en lo que se refiere a comportamientos como a sujetos y situación(es). 2) En consecuencia, los criterios de selección de información (la considerada relevante en función de

    3)

    los fines que interesan) están pautados. Uso de una técnica de registro y de medios técnicos que garanticen la precisión de los datos.

    4)

    Permite la obtención de datos cuantificables mediante diversos indicadores y parámetros (frecuencia,

    5)

    lactancia, ritmo, duración, intensidad, dirección, etc), que en cada caso requerirán, por supuesto, de su previa operativización, Plausibilidad de la formulación de hipótesis.

    20.2.2. Modalidades de registro

    Teniendo en cuenta que el nivel de sistematización (o grado de control externo) se extiende a lo largo de un continuum, adoptamos este criterio para mencionar las diferentes modalidades de registro. Las técnicas de registro más ampliamente difundidas son: registros narrativos y registros descriptivos en ausencia de sistematización, registros semi-sistemáticos, listas de control y escalas de estimación cuando la sistematización es parcial, y registro correspondiente a datos categoriales cuando existe un nivel elevado de sistematización.

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    • a) Registros no sistemáticos

    En la fase pasiva de la investigación, o en el primer registro de la fase activa, el registro es no sistemático, dado el, por lo general, escaso conocimiento de la situación y/o sujeto y/o conductas, y puede ser tanto narrativo como descriptivo; matices que sólo algunos autores han diferenciado (Evertson y Green,

    1986)

    Definimos el registro narrativo como la "descripción de bajo nivel, realizada mediante leguaje oral o escrito, que es propia de fases iniciales de la observación, y que se caracteriza por su falta de estructura" (Auguera. Behar, Blanco, Carreras, Losada, Quera y Riba. l993. pág. 613). Corresponde al registro narrativo un texto en que se pormenoriza lo ocurrido, de forma parecida a como un reportero da cuenta de un acontecimientos, ya que pueden existir lagunas o fallos en la ordenación de los hechos. Corresponde generalmente al período de observación exploratoria, y de ahí su gran importancia, ya que suministra una información básica. Difiere de los sistemas de categorías (aunque éstos se hayan elaborado a partir de un lejano registro narrativo) en su dependencia del sistema perceptivo del observador, de la habilidad que este tiene en cada momento, del filtro intencional realizado sobre lo que conviene o no registrar, o de la adecuación del propio léxico utilizado en la descripción de les hechos, ya que el observador registra narrativamente la información en lenguaje ordinario .Anguera, 1990). A su vez, el registro narrativo puede presentarse bajo diversas modalidades (Fassnacht, 1982; Evertson y Green, 1978):

    • - Diarios (no nos referimos únicamente al típico de la auto-observación, sino especialmente al resultante de la hetero-observación), con problemas generalizados de predominio de la interpretación sobre la percepción. Actualmente en desuso, su punto álgido se alcanzó hacia 1920, momento el que era habitual registrar la actividad diaria del niño en las épocas tempranas de su vida para estudiar su evolución.

    • - Registros anecdóticos, que consisten en breves descripciones de un evento que ha ocurrido de forma inesperada, no interesando tanto la ocurrencia en un determinado sujeto, sino la manifestación de tales tipos de respuestas en general, lo cual constituye el criterio base para u agregación continuada. No requieren una codificación,/`determinada.

    • - Registras continuos, que tratan de captar los elementos importantes de una serie de conductas o sucesos, constituyendo el esqueleto de muchos archivos de estudio de casos.

    • - Registros de muestras, referidos únicamente a escenas concretas que deben transcribirse y en las que se pueden precisar el encadenado y/o anidamiento de objetivos. Estos ya pueden someterse a una detallada codificación.

    El registro descriptivo muestra una evolución y avance respecto al narrativo, ya que existe una cierta estructuración, es frecuenta la utilización de medios automáticos de grabación, la terminología utilizada es más precisa, e incluso aparecen intentos de categorización.

    • b) Registros con sistematización parcial

    Dado que ya anteriormente se mencionaba que el nivel sistematización varía a lo largo de un continuum, incluimos en este grupo todos aquellos registros en que esta en marcha el proceso de consecución de mayor control externo. Tratando de expresar de forma estructurada la información contenida en las conductas eventos forma que no se produzca pérdida de ella o de matiz expresivo. El registro semi-sistematizado, como tal, se usa poco, pero destaca especialmente por su interés didáctico y por facilitar la formación de observadores, dado que es muy útil realizar la transformación de un registro no sistematizado a uno semi-sistematizado, y de éste al sistematizado, y luego proceder por camino inverso para comprobar si se preserva sin distorsión la información relevante, es decir, si se mantiene la coincidencia entre el inicio y el final del proceso. Como principal característica, se establecen las unidades de observación, o mínima cantidad de información —y por tanto con cierto contenido—, referidas a la conducta o evento que constituye el núcleo central de nuestra observación y al entorno que le rodea por estar en interacción constante, actuando como evento antecedente, evento consecuente o como ambos a la vez, si suceden a una conducta y preceden a la siguiente. Destaca de forma notoria no sólido el control temporal (inclusión de marcas referidas a las unidades de tiempo que se tomen como punto de tiempo que se tomen como punto de referencia), que en ocasiones ya se inicia en el registro descriptivo, sino el del orden, indicándose mediante cifras correlativas la sucesión global de las acciones del sujeto y de los eventos antecedentes y consecuentes.

    29

    Las listas de control constituyen un buen recurso siempre que ha de efectuarse un registro esquemático sobre la presencia o ausencia de conductas o eventos concretos. Se corresponden con las listas de acción (Anguera, 1985) y basta llevar a cabo una relación de las alternativas conductuales presentadas a modo de inventario. Existen dos posibilidades:

    • - Los sistemas de signos, obtenidos al muestrear numerosas informaciones diversas de un evento natural sin que exista ninguna suposición previa acerca de su ponderación o importancia relativa.

    • - las listas de rasgos, que si bien inicialmente coinciden con los sistemas de signos, se transformarán en categorías, al sustituir las agrupaciones de rasgos homogéneos por categorías provisionales que se someterán a un proceso de revisión.

    Las escalas de estimación, o de apreciación, o de evaluación, constituyen medidas destinadas se obtienen en el acto de observar mediante un sistema rápido que, sin embargo, presenta gran riesgo de subjetividad. Pueden ser de varios tipos. El más conocido es la rating scale, en la que una serie de estimaciones del observador se asignan a los correspondientes niveles que presenta.

    c) Registros sistematizados

    Cualquiera de los tipos de registro anteriormente mencionados deberá transformarse en registro sistematizado para que la información recogida pueda considerarse como datos netos, y por tanto sea capaz de dar lugar a resultados precisos. No existe una modalidad de registro específica, aunque se requiere un máximo grado de control

    externo.

    20.2.3. De registro a la codificación

    Hemos visto coma se inicia la fase empírica de la observación desde el momento en que el observador empieza a acumular y clasificar información sobre eventos o conductas, con lo que posee unos datos provenientes de una traducción de la realidad, y que deberá sistematizar progresivamente, pudiéndolo hacer a lo largo de una gradación con muchísimos eslabones intermedios –desde la observación pasiva a la activa—, los cuales suelen sucederse entre sí, al menos parcialmente, a medida que avanza el conocimiento del observador acerca de las conductas estudiadas y se acrecienta su rodaje específico. Si se trabaja con notas de campo, transcripciones provenientes de entrevistas no estructuradas, documentos históricos o algún otro material cualitativo, una tarea determinante es la preparación cuidadosa de la codificación (Miles y Huberman. 1484; Strauss y Corbin, 1990) mediante la imposición de alguna estructura en la mayor parte de la información. En primer lugar, al igual que en los estudios cuantitativos, es importante revisar que los datos estén completos, que tengan buena calidad y que estén en un formato que facilite su organización. Se debe confirmar que las transcripciones textuales en realidad lo sean y que se hallen completas. La principal tarea en la organización de los datos cualitativos es desarrollar un método para indizar el material; por ejemplo, listados que relacionan los números de identificación de materia con otros tipos de información, como fechas y lugares de la recogida de datos. Todo registro, por ajustarse al objetivo previamente delimitado, implica una selección de las conductas consideradas relevantes, y en base a sus características, a la técnica de registro elegida ya, los recursos de que se dispone, deberá escogerse un sistema (escrito. oral, mecánico, automático, icónico, etc.) que facilite simplificación y almacenamiento. Ahora bien, el plano en que se sitúa el registro es pobre e insuficiente si pretendemos, como se indicó anteriormente, una elaboración posterior —y también la cuantificación— de la plasmación de la conducta espontánea mediante la observación sistemática. Y de ahí la necesidad, mediante la codificación, de construir y utilizar un sistema de símbolos—que pueden ser de muy diversos órdenes— que permita la obtención de las medidas requeridas en cada caso. Entendemos por codificación el "proceso de elaboración conceptual, mediante un mecanismo representacional, de los comportamientos específicos percibidos. Ello supone una transformación del registro narrativo propio de las primeras fases le la observación a un sistema de símbolos altamente estructurado y asorde con el problema de investigación previamente definido" (Anguera, Behar, Blanco. Carreras, Losada Quera y Riba, 1993, pág. 591). El proceso de categorización, descrito en el apartado 20.3, es precisamente

    30

    una modalidad de codificación, que por su interés y amplitud de uso requiere que sea tratada con mayor detalle.

    20.2.4. De la codificación al dato cuantitativo

    Existe una serie de decisiones, a tomar previamente al registro, que parte del planeamiento del estudio y que inciden directamente sobre la forma en que se llevará a cabo la codificación. Esencialmente son las siguientes:

    • a) Eventos vs. estados. Al fijar Los criterios darán lugar al establecimiento de las unidades de conducta, surge la alternativa acerca de qué conviene más: codificar eventos o estados (Altmann 1974). Los eventos corresponden a conductas de relativamente corta duración, como movimientos o vocalizaciones puntuales, y que pueden considerarse como puntos en el tiempo. Los estados poseen una duración apreciable, correspondiendo a actividades prolongadas. La unidad de medida del evento es su frecuencia, y del estado su duración. Por supuesto, la ejecución de cualquier clase de conducta consume una cierta cantidad de tiempo, por corta que sea; pero si consideramos el momento en que se inicia una conducta, o cualquier otro instante definido, entonces lo que se registra es un evento. Por ejemplo, podemos registrar que un sujeto se halla en postura erecta (de pie), lo cual es un estado, pero por otra parte, el acceso a esta postura es un acto que ocurre en un acto que ocurre en un instante (levantarse) y, por tanto, se trata de un evento.

    • a) La elección entre considerar las conductas como estados o como eventos es algo que depende de las cuestiones que nos planteamos conocer sobre dicha conducta.

    • b) Eventos momentáneos vs. duración. Los dos criterios dicotómicos que se cruzan para dar lugar a los tipos de datos posibles en metodología observacional son: registros secuenciales vs. concurrentes y evento-base vs. tiempo-base. Este segundo criterio marca el paso desde el orden a la duración como unidades de medida. La decisión a adoptar es clara: el máximo de información se consigue con la duración de cada conducta (o, lo que es lo mismo, registrando los momentos de inicio y fin de las ocurrencias de conducta); ahora, si en lugar de la duración sólo tenernos acceso a información sobre intervalos de tiempo, entonces suele ser preferible considerar eventos, que podrán analizarse secuencial o transversalmente a partir del flujo de conducta del que forman parte. Cuando el investigador quiere conocer sólo el orden de los eventos (por ejemplo, el estudio de la negación en el lenguaje, o la formación de la amistad), entonces no se requiere constatar el tiempo, y por tanto no es necesario registrar la duración de las ocurrencias.

    • c) Registro continuo vs. intermitente idealmente, una vez delimitada la situación, el registro continuo implica la ausencia de resquicios a lo largo del flujo de conducta considerado ,.y si nos interesa el análisis secuencial de los comportamientos (lógicamente parte de ellos) que conforman el flujo de conducta, para que éste tenga sentido, el registro de la corriente de conducta que transcurre necesita ser esencialmente continua. La verdad es que es baja la viabilidad para llevarlo a cabo en muchos estudios de forma estricta, puesto que implica que los observadores estén completamente alerta y dispuestos a registrar una conducta en cualquier momento. Para facilitar la obtención de un registro continuo se plantean sesiones de observación de forma que cada una de ellas sea suficientemente prolongada para dar lugar en su transcurso a un registro sin resquicio y que, en este caso, la discontinuidad sólo se refiera a la separación entre sesiones.

    Por otra parte, el registro intermitente corresponde al muestreo observacional en el sentido de seleccionar conductas o intervalos de tiempo a lo largo de las sesiones de observación planteadas a partir del continuum que constituye el flujo de conducta. Por ejemplo, si se observa a un político que está pronunciando un discurso y se decide observarlo durante 10 segundos, dejar de registrar los siguientes 10 segundos para anotar mientras la codificación del intervalo anterior, y así sucesivamente. En la decisión influye el que se trate de evento o de estado. Si es el primero y sólo interesan las ocurrencias de dicho evento, el registro intermitente no permitiría un posterior análisis secuencial. Sin embargo, en situación de estado, dada la estabilidad que significan las sucesivas unidades de tiempo, no implicaría una considerable pérdida de información el disponer de muestras de tiempo —registro intermitente— que representaran sucesivamente a los distintos estados. Por supuesto, la filosofía es distinta a la del registro continuo y representaría una cierta degeneración de la codificación de intervalos, según la cual, una vez transcurrido cada intervalo, se codifica éste en su conjunto, o bien se anota qué eventos codificables, si los hay, han transcurrido en cada uno de ellos, lo que equivale a decir que sólo se registra en ciervos momentos predeterminados, que son los del final de cada intervalo, por ello Bakeman y Gottman

    31

    (1986) los denominan desencadenadores de tiempo, por oposición a los desencadenadores de evento cuando se registran datos siempre que ocurre un evento codificable); en este caso, por supuesto, será fundamental la longitud de intervalo que se haya establecido y su relación con la capacidad de los medios técnicos con que contemos. Por ejemplo, si éstos nos permiten un mínimo discriminativo de 1 segundo, y establecemos intervalos de 1 segundo, se tratará obviamente de una codificación de intervalos que se asimilará a un registro continuo, y el valor de la frecuencia modificada se equiparará al de la frecuencia. La razón de la frecuente utilización de la codificación de intervalos se halla en su precedente histórico, o propensión humana a imponer unidades de reloj a medida que transcurre el tiempo, la tradicional disponibilidad de papel rayado, y la inaccesibilidad hasta tiempos recientes de medios electrónicos de registro. Su principal problema, no obstante, sigue siendo el hecho de que pueda ocurrir mis de una categoría dentro de un intervalo o cerca de los límites entre intervalos, y, por lo tanto, se mezclen dentro de un intervalo los inicios y los fines de los eventos que se estudian, ya que con ello no sólo se estimarían de forma imprecisa las frecuencias y duraciones, sino que se distorsionarían también las secuencias conductuales. Así, si estamos observando la conducta de contacto en una díada madre-hijo y se fijan intervalos de 10 segundos, deberíamos poder asumir que si un intervalo marcado como ocurrencia sigue a uno que no lo está, es que ambos sujetos se aproximaron, y que si se suceden alternativamente una serie de intervalos de ocurrencia y no ocurrencia, no es que ambos sujetos se separen y después retornen para aproximarse, sino que permanecían cerca uno del otro; por tanto para discriminar y precisar mejor, está claro que se deberían proponer intervalos menores, por ejemplo de 1 segundo, para codificar cada uno de ellos adecuadamente y no dar lugar a inferencias erróneas. A partir de los tres tipos de decisión pueden esquematizarse los diferentes tipos de datos observacionales, que, por supuesto, será susceptibles de un análisis que sin problema puede —y a nuestro juicio debe— ser cuantitativo:

    Los datos tipo I. por ser secuenciales y evento-base, corresponden a la que Bakeman y Gottman (1986) denominan codificación de eventos, o estrategia consistente en registrar sucesivamente los códigos (pertenecientes a un sistema exhaustivo y mutuamente excluyente) correspondientes a las distintas ocurrencias de conducta, independientemente de su duración. Por registrar sucesivamente se constata el orden (unidad de medida que aquí es fundamental), y por los requisitos reseñados del sistema de códigos se logra el carácter de datos secuenciales, por lo que se garantiza la continuidad entre unidades sucesivas codificadas, no quedando ningún resquicio en el flujo de conducta.

    Los datos tipo II, concurrentes y evento-base, se obtienen cuando el sistema de códigos no es mútuamente excluyente, y por tanto se van registrando los códigos que corresponden a las distintas conductas, visualizándose cuáles son coincidentes en cada momento, pero sin que importe la duración de ninguna de ellas ni de sus concurrencias. Pueden transformarse en datos tipo I haciendo mútuamente excluyente el sistema de códigos.

    Los datos tipo III, secuenciales y tiempo-base, se obtienen en un registro en que se utiliza un sistema de códigos exhaustivos y mútuamente excluyentes y se anotan los inicios y fines de cada uno de los eventos codificados. Teóricamente al menos, son las unidades de registro más perfectas, ya que reúnen el máximo de información y permiten un estudio secuencial del comportamiento con inclusión de las duraciones de las conductas. Como caso particular, y siempre que nos interese estudiar simultáneamente diversos niveles o subniveles de respuesta, se dispone de sistemas de códigos exhaustivos y mútuamente excluyentes para cada uno de los aspectos que se consideren, los cuales, a nivel de hoja de registro, se disponen siempre en idéntico orden, obteniéndose grupos de códigos encadenados que en cualquier instante nos dan cuenta de la ocurrencia presente en cada uno de los niveles o subniveles considerados. Por ejemplo, el Baby Behavior Code de Landesman-D'wyer (1975) consta de cinco subniveles: Estimulación Externa, Ojos, Rostro, Cabeza y Cuerpo; los observadores utilizaban, en consecuencia, un código compuesto de cinco cifras, correspondiendo cada una de ellas a los respectivos subniveles. Así, el registro 18440 significaba que la estimulación externa consistía en un reflejo (código I), en los ojos se detectaba movimiento REM (código 8), en el rostro aparecía una sonrisa (código 4), la cabeza estaba levantada (código 4), y el cuerpo se hallaba en reposo (código 0). Si el registro 18440 tuviera una duración de 2 segundos y se hallara seguido del 18040, significaría que se mantuvo la misma configuración durante este tiempo, no cambiando nada después respecto a Estimulación Externa, Ojos, Cabeza y Cuerpo, pero pasando el Rostro de sonrisa a reposo (código

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    0). Esta modalidad de registro se denomina formatos de campo temporales, o bien, según Bakeman y Gormar (1986), temporalización de patrones de cambio.

    Los datos tipo IV, concurrentes y tiempo-base, corresponden a datos tipo II (por tanto el sistema de códigos no es mútuamente excluyente) a los que se les incorpora la duración de cada una de las conductas codificadas. Pueden transformarse en datos tipo M si el sistema se hace mútuamente excluyente, o en datos tipo II si se suprime la información sobre duración de las conductas.

    • 20.3. Categorización

    El sistema de categorías constituye el instrumento de medida en la investigación observacional, dado que no existe ninguna situación que pueda considerarse prototípica, ni conducta estándar, ni replicación de ocurrencia, sino que, por ser imprevisible el conjunto de la observación —tanto en conjunto como en cada instante de tiempo—, se requiere la construcción de una especie de andamiaje que proporcione soporte y cobertura a aquellas conductas que, mediante la correspondiente operación de filtrado, son consideradas relevantes de acuerdo con los objetivos de la investigación, y todo ello con un máxima de flexibilidad que posibilite la adaptación al flujo de conducta tal cual transcurre y a la situación y contexto en que se inscriba. Según Hawkins (1982), a la descripción escrita de los eventos a observar y registrar se le añaden ciertas reglas referidas a cómo debe llevarse a cabo dicha observación y registro, y la finalidad de las categorías radicaría en llevar al investigador desde un nivel inicial e impresionístico de observación a otro formal, sistemático cuantitativo y replicable en la medida que caracteriza a las ciencias desarrolladas. El término categoría es equívoco, aunque no arbitrario, y a lo largo de su historia ha dado lugar a numerosas acepciones, habiendo sido utilizado —erróneamente— como equivalente a clasificación, clase y taxonomía. Una categoría existe siempre que dos o más objetos o eventos distinguibles se tratan de forma equivalente (Mervis y Pani, 1980; Mervis y Rosch, 1981). Aquí proponemos como categoría el resultado de una serie de operaciones cognitivas que llevan al establecimiento de clases entre las cuales existen unas relaciones de complementariedad, establecidas de acuerdo con un criterio fijado al efecto y en donde cada una de ellas cumple a su vez requisitos internos de equivalencia en atributos esenciales, aunque pueda mostrar una gama diferencial o heterogeneidad en su forma. Como consecuencia, la categorización es una "modalidad particular de la codificación, caracterizada por un conjunto de símbolos —categorías—, que forman un sistema cerrado que se ajusta a las condiciones de exhaustividad en el ámbito considerado Pide mutua exclusividad. Este sistema implica la presencia de núcleos conceptuales, pertenecientes a uno o más niveles de respuesta, que pueden corresponder a distintas manifestaciones del comportamiento (grado de apertura de la categoría)" (Anguera, Behar, Blanco, Carreras, Losada, Quera y Riba, 1993, pág. 591).

    20.3.1. Pautas específicas

    Existe una cierta diferenciación según la forma en que el proceso de categorización se desarrolle en una investigación con claro sustrato teórico o bien a partir de una mera evidencia empírica de la que sólo existe una constancia descriptiva. En investigaciones de carácter deductivo, las unidades de observación nunca serán ateóricas por principio, y los términos conceptuales que se sitúan en la estructura formal de la teoría en la que el estudio se apoya, sea individualmente o agrupados, darán lugar al contenido que deberá hallarse bajo la cobertura del sistema de categorías, propuesto inicialmente como primer borrador provisional y optimizado en sucesivas revisiones y comprobaciones. Otra cuestión distinta es la definición de las categorías, la decisión sobre su número, las relaciones existentes entre ellas, y el análisis de sus componentes. En este caso, sí podría hablarse de unas bases apriorísticas que configuran un sistema cerrado que se correspondiera con la estructura conceptual de la que se parte. En investigaciones de carácter inductivo, al carecer de marco conceptual de referencia, al menos directo, es la mera transcripción de los hechos, a través del nivel descriptivo adecuado, la que permitirá elaborar la lista de rasgos, o relación de unidades de observación (a partir de las de conducta), preferentemente con un número de orden que actúa de indicador para diferenciar las sucesivas de las simultáneas (perteneciendo generalmente a diferentes niveles de respuesta). Como indican Evertson y Green

    El texto de este apartado se haya desarrollado en Anguera, M.ª T. (1990, 1991).

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    (1986), se trata inicialmente de potencialidades a partir de un sistema abierto, utilizándose los símbolos que se establezcan para llevar a cabo una codificación correspondiente a las unidades de conducta ejecutadas en las distintas ocurrencias registradas —tomando siempre corno referencia los elementos conductuales (Caballo, 1987, pág. 28) o de carácter observable—, y emprender la trabajosa tarea de agruparlas por afinidades y semejanzas, pudiéndose adoptar en este sentido diferentes criterios (topográfico, funcional, nivel de respuesta, etc.), y proponiéndose en consecuencia en primer sistema provisional de categorías que, por supuesto, deberá someterse a comprobación en sesiones dedicadas a este fin para ajustarlo paulatinamente a la realidad, siendo factible desglosar categorías provisionales con contenido excesivamente amplio, agrupar otras afines en las que era irrelevante su diferenciación, proponer categorías nuevas, eliminar las que no tengan una correspondencia con la realidad y, en definitiva, mejorar individual y globalmente todas las categorías del sistema que lo requieran hasta que se garantice un verdadero ajuste de las conductas de las sesiones observadas.

    20.3.2. Componentes de las categorías

    Cada categoría debe estructurarse formalmente en términos de un núcleo concepual (Smith y Media, 1981) y un nivel de plasticidad denominado grado de apertura de la categoría, hallándose consecuentemente necesitada de un procedimiento de identificación. Toda categoría posee una estructura interna y presenta propiedades formales que justifican su carácter alternativo en la descripción de las conductas y su entorno, así como propiedades funcionales, que definen las relaciones contingentes que adquieren entre sí ( estructura inrercategorial, según Lingle, Alton y Medin, 1984). Por otra parte, ello no es propio de la psicología, sino de ámbitos como los de la filología, lingüística, antropología y educación; en este sentido hace unos 2000 años que Aristóteles afirmaba que las categorías se componen de esencia y accidentes, consistiendo la esencia en aquello que es la categoría, mientras que accidente se define por aquellos atributos poseídos por algunos, pero no todos, los miembros de una categoría. Podrá verse que, al corresponderse con una combinación de atributos, la idea de esencia es muy similar a la de núcleo categorial, aunque no tanto la de accidente. El núcleo categorial es el contenido básico o fundamental que da razón de ser a una categoría y que la diferencia de otras; en otros términos, se trata de la esencia que caracteriza a cada categoría, independientemente de cuál(es) sea(n) la(s) manifestación(es) externa(s) del comportamiento o escena estudiados. En las investigaciones de corte esencialmente deductivo, los términos teóricos o hipotéticos, así como las conexiones sintácticas, dan lugar a los núcleos categoriales, y los respectivos conjuntos que forman deben corresponderse, en el sentido de que en el espacio definido por la totalidad de la estructura formal de la teoría deben poderse —y hacerse posible— ubicar todos los núcleos categoriales que darán lugar al posterior sistema de categorías. En las investigaciones que siguen prioritariamente la vía inductiva, los criterios de homogeneidad y semejanza al agrupar los rasgos previamente listados son los que prefijan los núcleos categoriales, en tanto en cuanto establecen los límites de cada uno de los contenidos que constituyen el conjunto. Desde la psicología cognitiva, el núcleo conceptual de una categoría se define como el sistema de propiedades abstractas primariamente responsables de las relaciones que los conceptos adquieren entre sí y de las condiciones en que se activan estas propiedades y relaciones (Sáinz. 1985, 1988). Se trata, pues, de una entidad estructurada en que se hallan organizadas un conjunto de relaciones resultantes de la interacción entre organismo y medio, y sobre la base de una coordinación de los conceptos entre sí en el conjunto del sistema. De aquí que el núcleo conceptual posea un carácter relacional y condicional (Sáinz, 1985), dado que las propiedades se articulan entre sí y, en virtud de sus relaciones, condicionan la asignación del concepto a una ocurrencia (experiencia); es decir, restringen su uso como procedimiento de descripción de las conductas y su entorno. Otra cuestión será la estructura última de este sistema de propiedades, que dependerá de cuál sea el modelo de categorización (Sáinz, 1984). El nivel de plasticidad o grado de apertura de una categoría viene dado por la heterogeneidad aparente de características de ocurrencias que, sin embargo, participan del mismo núcleo categorial y comparten las mismas propiedades abstractas indicadas. Es decir, las diferentes manifestaciones perceptibles —y, por tanto, externas— de la(s) conducta(s) que conforma(n) un núcleo categorial. Este tiene carácter conceptual, mientras que el nivel de apertura se halla fuertemente condicionado por lo empírico, ya que se trata de las características moduladoras o cualidad detectable de los comportamientos. En el nivel de plasticidad deben fijarse los casos extremos que aún permiten la consideración como base del núcleo categorial, y entenderse que la diversidad de circunstancias que pueden influir en ocurrencias

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    conceptualmente idénticas, pero perceptiblemente distintas, estarán lógicamente condicionando el grado de apertura de las respectivas categorías. El uso adecuado de las categorías implicará la asignación de una ocurrencia o aspecto de ella a una determinada categoría, por lo que se entiende que participa del núcleo categorial y encaja en su grado de apertura.

    20.3.3. Adecuación de un sistema de categorías

    No sólo debe estudiarse la individualidad de cada una de las categorías, sino que es fundamental además la estructura del conjunto que forma el sistema. El sistema de categorías debe cumplir dos condiciones; exhaustividad y mútua exclusividad. La exhaustividad se refiere a que cualquier comportamiento del ámbito considerado como objeto de estudio (que habrá sido seleccionado y muestreado del repertorio conductual del sujeto) puede asignarse a una de las categorías; en consecuencia, dicho sector de comportamiento se podría descomponer, a nivel conceptual, en el conjunto de los núcleos categoriales —o esencia, que diría Aristóteles—. La mútua exclusividad significa el no solapamiento de las categorías que componen un sistema, por lo que a cada comportamiento se le asignaría una sola categoría. Sin embargo, y desde el punto de vista de los niveles de respuesta que interesen, puede no ser posible —ni incluso conveniente en ocasiones (Brownell y Caramazza, 1975)—, dado que es evidente la co-ocurrencia de varias conductas pertenecientes a distintos niveles, por lo que en este caso podrían crearse categorías múltiples que abarcaran todas las posibles combinaciones entre las iniciales. Por ejemplo, si <A> corresponde a mirar, <B> a hablar, y <C> a deambular, deberían crearse las nuevas categorías <AB>, <AC>, <BC> y <ABC>. Además, hay una serie de cuestiones que conviene tener en cuenta, corno son:

    • a) Establecimiento de criterios.

    • b) Definición.

    • c) Equivalencia entre sistemas.

    • d) Estabilidad.

    • e) Categoría nula y ficticia.

    • f) Categorías residuales.

      • g) Saliencia y tipicidad

      • h) Escala base.

      • i) Entropía.

  • j) Borrosidad categorial.

    • a) Establecimiento de criterios

    Las categorías deberían situarse en el mismo nivel de descripción, por lo que conviene la previa fijación de criterios, así como de tamaño de las categorías. Prácticamente todos los comportamientos constan de niveles, jerárquicamente ordenados, con conceptos más amplios y más inclusivos (más molares) y otros más moleculares. Entonces surge la pregunta acerca de a qué nivel se deben situar las categorías, aunque en muchos casos coexistan varios niveles en el sistema, lo cual es útil porque asegura y refleja a la vez un cierto volumen de análisis conceptual, hace más compatibles las categorías y facilita el análisis. En abstracto, fuera del contexto de una cuestión concreta, es difícil ofrecer una respuesta satisfactoria a la pregunta anterior, pero de forma relativa se considera más adecuada la tendencia a la molecularización por tres razones (Bakeman y Cotiman, 1936): a) Se incrementa la probabilidad de obtener datos fiables. b) Se puede justificar el posterior agrupamiento si fuera necesario (mientras que difícilmente sería válida la argumentación inversa). c) Las categorías más moleculares, por su menor grado de inferencia y mayor objetividad, pueden revelar datos de interés que ayuden a justificar los resultados, lo cual no sería factible con categorías molares, mucho más difusas y susceptibles de heterogeneidad interpretativa.

    • b) Definición

    Las categorías tienen que definirse de forma que se contemplen todos sus matices, así como acompañarse de ejemplos y contraejemplos para que su especificación sea mayor. Como ejemplos, se transcriben tres definiciones de categorías:

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    Ejemplo I. Procede de Borgatta y Crowther (1965), y se trata de una de las categorías de su sistema IPS (Interaction Process Scores) sobre conducta verbal en situación interactiva, en que intentaban reordenar el conocido sistema de Bales (1951):

    CATEGORÍA: DA SUGERENCIAS SOBRE EL PROCEDIMIENTO

    Incluye acciones dirigidas a una organización para lograr un fin dado, y generalmente dividiendo la responsabilidad o la tarea. Enunciados de este tipo son:

    Posiblemente deba organizar esto así, pienso que debemos organizarlo de manera que sepamos bien lo que hay que hacer, supongo que usted actúa como registro, yo puedo cuidar de este tipo de problema si usted se cuida de los otros, etc.

    También corresponden sugerencias de procedimiento de naturaleza normativa cuando se dirigen las frases a una acción inmediata, como:

    ¿Por qué no lo hace?, pruébelo, por favor, debería hacerlo, etc.

    Hay también que distinguir varios matices: cuando implican orientación se incluirán en la categoría

    8, y cuando los enunciados son tan fuertes que no implican autonomía, .. sólo corresponden expectativas normales sobre la situación.

    corresponden

    a la 17. Aquí, en la 6,

    Ejemplo 2. Categoría elaborada por Martínez del Pozo (1993) que se halla enmarcada conceptualmente en un marco teórico de naturaleza dinámica (hipertensos esenciales en proceso de elaboración del duelo por haber fallecido de forma inesperada un familiar amado y valorado), y en donde, al margen de la mayor dificultad que implica la elaboración del sistema de categorías, habrá que apoyarse en una serie de indicadores que le prestan la necesaria apoyatura empírica:

    CATEGORÍA: SUFRIMIENTO AGUDO

    Núcleo conceptual. Las personas en duelo padecen un sufrimiento físico muy agudo. Suelen también manifestar una serie de síntomas físicos debido a que se producen modificaciones en los diferentes sistemas del organismo: nervioso, hormonal, cardiovascular, respiratorio, inmunológico. Experimentan una serie de sentimientos de naturaleza persecutoria que les resultan muy difíciles de soportar: pesadumbre intensa, anhelo desesperado, sentirse abandonado por el fallecido y los seres del entorno, culpa persecutoria, hostilidad intensa en sus diversos matices, vergüenza y humillación. Se instaura la búsqueda del fallecido en el mundo externo, generándose una hipersensibilidad perceptiva y un estado de alerta en función de esta búsqueda. Los sentimientos internos y persecutorios y el sufrimiento agudo descritos en esta categoría pertenecen a la posición esquizoparanoide.

    Indicadores. A través de las verbalizaciones de los sujetos puede observarse:

    1. Un sufrimiento intenso y agudo. Este puede ir acompañado de sollozos y llantos. 2. Sentimientos intensos y/o estados psicológicos de pesadumbre, anhelo, culpa, hostilidad, vergüenza y humillación.

    • 2.1. Pesadumbre insoportable en sus diferentes matices: desesperación, desconsuelo, tristeza insoportable.

    • 2.2. Sentimientos de anhelo, soledad y abandono en sus diversos matices y en un grado intenso.

    • 2.3. Sentimientos de culpa insoportable o persecutoria que se expresan a través de remordimientos, reproches, necesidad de expiación y castigo.

    • 2.4. Hostilidad relacionada con el anhelo y la frustración de la ausencia expresada mediante diversos sentimientos: envidia, amargura, rencor, resentimiento, competencia y críticas dirigidas a equipos asistenciales y miembros de la familia por considerar que no han evitado la muerte, o hacia la persona perdida, etc. Todos ellos tienen un cariz persecutorio.

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    2.5.

    Sentimientos de vergüenza y humillación, respecto a la dependencia que experimentan hacia la persona perdida u otras personas.

    • 3. Dentro de un contexto de tono paranoide, las molestias somáticas que acompañan a las diferentes emociones y afectos y que suelen denominarse correlatos psicofisiológicos de las emociones. Estas acostumbran a agruparse en torno a la ansiedad y la angustia por un lado y a la depresión por otro: así, pueden acompañar al miedo la taquicardia, a la ansiedad la necesidad de suspirar y la sudoración, a la depresión, la sequedad de boca, el insomnio matutino, la fatiga, etc. En esta categoría, los sujetos perciben sus sentimientos, aunque a veces les cuesta relacionar su malestar físico con su padecimiento emocional.

    • 4. Algunos recuerdos resultan dolorosos, incluso en ocasiones traumáticos, por lo que las personas intentan evitarlos.

    • 5. La tendencia a buscar al fallecido en el mundo externo con la esperanza de reencontrarlo y al mismo tiempo, ante el fracaso de esta conducta, aceptar su inexistencia. Por este motivo suelen frecuentar lugares que había habitado el fallecido (su tierra natal, el lugar de trabajo, espacios de ocio), ciertos pacientes acuden a sesiones de espiritismo y otros se relacionan con personas que tienen características muy similares a las del fallecido, o con objetos que sienten muy significativos por guardar una relación con el fallecido. En ocasiones pueden creer que ven a la persona fallecida.

    • 6. Cienos sujetos pueden intentar sustituir rápidamente a la persona fallecida por otras.

    • 7. Sus dificultades con el transcurso temporal. Estos pacientes pueden tener tanto la sensación de una gran falta de tiempo como, en el caso contrario, no captar adecuadamente el paso del mismo, por lo que no pueden calcular bien el tiempo de que disponen.

    Ejemplo ....

    me siento muy mal, no puedo, me lo paso muy mal, incluso ahora mismo al recordar, no

    lo puedo aguantar. sólo tengo ganas de llorar, se me pone un nudo en la garganta y me ahogo y además me encuentro muy mal.

    Es necesario diferenciar el sufrimiento agudo, que caracteriza esta categoría, del dolor depresivo de la categoría retraimiento depresivo. El sufrimiento agudo es difícil de soportar y obstaculiza en gran medida la mentalización. En cambio, el dolor característico de la categoría retraimiento depresivo es más modulado y puede mentalizarse.

    Contraejemplo ....

    veo que recupero la memoria, ahora sufro pero no es como antes, antes no podía

    con mi alma, es más soportable. Ahora, aunque tenga ganas de llorar, prefiero tener mis recuerdos.

    Ejemplo 3. Procede de Castañer (1992) y se plantea en una situación de clase de Educación Física en un centro escolar. La definición se presenta complementada en el núcleo categorial con la expresión gráfica y la descripción biomecánica correspondiente.

    2.5. Sentimientos de vergüenza y humillación, r especto a la dependencia que experimentan hacia la persona

    CATEGORÍA: HACER VENIR

    Nucleo categorial. Definición: conducta cinésica que se ha de acompañar de la palabra. Indica la intencionalidad del emisor de hacer acercar a la/s persona/s que lo ven en su campo visual.

    Descripción biomecánica: generalmente se utiliza la mano dominante, según la hemidominancia de las extremidades superiores de cada uno. Se hija la articulación del codo de manera que el brazo queda flexionado ante el cuerpo y la mano a la altura de la línea visual directa de los ojos de los receptores (en función de la lejanía de los receptores uno puede levantar y extender más o menos el brazo para hacer visible el gesto regulador de demanda). Al mismo tiempo, el movimiento articular de le muñeca se deja libre para que la mano, en un tono semirrelajado, haga movimientos fuera del cuerpo hacia el propio cuerpo continuamente.

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    Grado de apertura:

    — El mismo movimiento anterior se puede llevar a cabo con las dos manos simultáneamente. Uno puede mostrar cierta irritación y exagerar el trayecto del vaivén del brazo de fuera hacia adentro, con lo cual la flexión-extensión del/los brazo/s se hace más visible. Si el estado de irritación del emisor es todavía más fuerte, es posible que el núcleo categorial descrito se pueda acompañar con algún golpe de pie en el suelo o con una flexión o decantación/torsión del cuerpo para hacer más evidente cinésicamente la intencionalidad de hacer venir. Se puede dar el mismo gesto descrito como núcleo categorial, pero invertido biomecánicamente según el eje horizontal; es decir, la flexión del codo permite hacer caer el antebrazo hacia abajo y hacer que la mano haga el mismo vaivén de abducción a abducción pero con los dedos hacia abajo. Este gesto se da normalmente cuando los receptores son niños pequeños, ya que entonces el campo visual que tienen es más bajo. — También se pueden utilizar una o varias palmadas, que se apreciarán como reguladoras de la acción venir, cuando los receptores hagan esta acción a continuación o incluso mientras se hace la palmada.

    • c) Equivalencia entre sistemas

    Dado que la elección de unas categorías u otras no es única en absoluto, sino que depende de quién las elabore, los sistemas de categorías relativos a una determinada situación o comportamiento (por ejemplo, conducta de aseo de una díada madre-hijo de papiones en régimen de semicautividad) serán equivalentes si durante el proceso de categorización se adoptan los mismos criterios, pero se trata de una equivalencia en su conjunto, no categoría por categoría, sino el conjunto formado por todos los núcleos categoriales. En consecuencia, tiene sentido la comparabilidad de dos o más sistemas de categorías, lo cual puede dar lugar a cuestiones interesantes para ser estudiadas: si el criterio taxonómico es el mismo, se podrían estudiar diferencias en la tipología de observadores independientes a los que simplemente se les hubiera pedido que elaboraran un sistema de categorías con determinado criterio; pero si no existe criterio previamente fijado y se categorías una situación o conducta problema a partir de diversos criterios, registrándose simultáneamente con los respectivos sistemas de categorías, estamos planteando un diseño transversal (perspectiva sincrónica), que tendrá un adecuado tratamiento a nivel de análisis de datos. Incluso puede ocurrir que sistemas de categorías que se diferencian en nivel de análisis sean utilizados en el mismo estudio ayudándose entre sí; en este sentido, Bakeman y Gottman (1986) se refieren al uso de un sistema de categorías basado en un criterio social, en el estudio de la conducta interactiva, para describir estados emocionales en diversos momentos, como enfado, tristeza, etc., pero mientras los observadores anotaban también la producción de expresiones faciales en cada momento estudiado; en este caso, los movimientos faciales se codificaron mediante el sistema FACS (Facial Action Coding System) de aman y Friesen (1978). Dado que también se registraban datos psicofisiológicos durante la interacción y que interesaba conocer la posible existencia de perfiles fisiológicos específicos para categorías también específicas de expresiones faciales, resulta que el sistema basado en lo social se utilizó como ayuda en la utilización de un sistema basado en lo físico y más detallado.

    • d) Estabilidad

    El lento proceso de construcción de un sistema de categorías, que se va optimizando hasta que se adapta adecuadamente a la situación para la cual fue elaborado, puede dar lugar frecuentemente a la consideración de una falsa estabilidad, dado que su carácter de instrumento acabado es tan sólo relativo, puesto que, especialmente en estudios de carácter longitudinal, la propia evolución de las categorías estudiadas puede obligar a modificar el sistema, sea en el sentido de introducir o eliminar categorías, o bien adecuando su definición. Desde esta segunda posibilidad, que obligaría a los observadores a una vigilancia continuada en aras a una adaptabilidad segura, se manifiestan Bakeman y Gottman (1986, pág. 26) al decir que "un sistema de categorías puede evolucionar en le medida en que es utilizado por codificadores inteligentes".

    • e) Categoría nula y ficticia

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    Partimos de la base de que el todo es inobservable en el flujo de conducta, y no por falta de posibilidades o viabilidad técnica, sino por la indefinición conceptual que implicaría. De aquí que las categorías que conforman un sistema constituyen un subconjunto de la realidad observable en la situación estudiada, y la exhaustividad del sistema se refiere solamente al sector (o sectores) del comportamiento que se acotaron previamente. Por este motivo, conviene introducir siempre en el sistema la categoría nula (también denominada categoría conjunto vacío y categoría Z), que se refiere a la ausencia de ocurrencia de cualquiera de las conductas que se consideran relevantes según el sistema y que se convierte en imprescindible cuando interesa un posterior análisis secuencial del comportamiento de forma que, a la vez, el registro dé cuenta del orden real de conductas relevantes, lo cual implicaría constatar la presencia intercalada de otras que no se sometieran a estudio. Asimismo, debería introducirse una categoría dummy o ficticia cuando se presenten dos eventos o conductas sometidos a categorización, en ocurrencias contiguas, sin que medien entre ellos conductas no incluidas en el ámbito estudiado (y por tanto una categoría nula), ni interesa un posterior estudio diacrónico en que se aplique un análisis secuencial de evento base, dado que se requerirá el cumplimiento de que una determinada categoría no pueda sucederse a si misma en el registro.

    f) Categorías residuales

    Es habitual una desafortunada consideración de la categoría conocida corno Anotaciones al margen, a la que se relega cualquier información que no encaja con las categorías de las que se dispone. Debe distinguirse entre la necesidad de registrar informaciones adicionales que podrán ser de utilidad en la interpretación de los resultados (y que sí darían lugar a las anotaciones al margen) de lo que se considera como Varios o Miscelánea en que, tan sólo durante el proceso de elaboración del sistema, tendría el carácter de una categoría provisional, pero de la que se debería ir vaciando el contenido a medida que se avanzase en la adecuación del conjunto de las categorías, sea desglosando algunas de ellas, creando otras, o reelaborando la definición para que tenga un mayor alcance o comprehensividad.

    • g) Saliencia y tipicidad

    Al elaborar el sistema de categorías se ha propuesto por algunos autores, corno Hamerlynck, Handy y Mash (1973), el cálculo de determinados coeficientes o razones ,le observación, como el alfa, que simplemente consiste en una razón de conductas registradas en cada categoría en función de la unidad temporal (intervalo) que se hubiera establecido. Al margen de destacar su carácter estrictamente secundario, dado que forzosamente debe prevalecer el análisis conceptual de las categorías en cuando a amplitud de éstas y exhaustividad, debe dejar paso al grado de saliencia de la categoría, es decir, de repetibilidad acusada —y, por tanto, de elevada frecuencia relativa— respecto a las demás, en función de la situación planteada. Por ejemplo, en una conversación entre sujetos de los que varios son fumadores, todas las conductas gestuales que implica el acto de fumar. Por lo que se refiere a la tipicidad, que se ha de interpretar en función de factores de familiaridad, cada objeto tendrá un grado diferente de ella según la escena en que se incluya, distribuyéndose en una escala que va desde valores muy bajos a los de mayor tipicidad, que significan, respectivamente, de escasa a elevada pertinencia, mientras que los valores más neutros —que ocupan el lugar central en la escala— indican la presencia de objetos o conductas que pueden formar parte de la escena sin producir distorsión alguna, pero también sin tener un papel esencial para la estructuración de dicha escena.

    • h) Escala base

    La mayoría de los sistemas de categorías se plantean en base a escalas nominales —según la clasificación propuesta por Stevens—, dadas las características de las conductas, que son discretas y sólo admiten una identificación diferencial. Sin embargo, no se excluyen otras escalas cuando sea posible, y así, las ordinales han sido útiles en diferentes ámbitos; uno de los más conocidos es el propuesto por Bales (1951), que pretendía estudiar las unidades más pequeñas de interacción en granos también reducidos que se habían propuesto la resolución de problemas de gestión en empresas. y que, a partir de un buen número de categorías provisionales de contenido verbal, llegó a simplificarlas a doce, agrupadas en bloques, dependiendo si el clima socio-emocional presenta un carácter positivo, neutro o negativo, ordenadas en sentido decreciente de bondad, y con un cierro grado de simetría por pares a partir de los dos extremos, es (decir, de las categorías 1 y 12; por otra pare, las escalas de apreciación, o de estimación, o de evaluación

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    (rating scales) son igualmente ejemplos del uso de escalas ordinales. Asimismo, escalas más evolucionadas pueden también utilizarse si lo permite el contenido de la categoría; por ejemplo, el estudio de variables de tono y temporales en parámetros acústicos seleccionados para el estudio de los marcadores emocionales.

    i) Entropía

    Tiene una gran importancia en cualquier operación clasificatoria y se trata de una medida de dispersión para escalas nominales que, aunque ha recibido diversos nombres —divergencia por Kullback (1959), repartición por Maccacaro (1953), medida de información por McGill (1954), información mútua por Abramson (1963), imprecisión por Nath (1968), incertidumbre conjunta por Garner (1962) y Entwisle y Knepp (1970)— y se ha tratado de formas diversas, siempre nos remite al primer teorema de Shannon (1948) que formula la relación existente entre la longitud de un mensaje codificado y la entropía producida, y que, si lo ejemplificáramos, nos llevaría, en caso de tener dos o más categorías y un sujeto que debe ser categorizado en una de ellas con la ayuda de una serie de sesiones de observación, a preguntarnos cuántas sesiones serían necesarias para que pudiéramos categorizarlo de forma correcta. De aquí el papel fundamental que juega la entropía en problemas de clasificación (Capecchi, 1964; Capecchi y Möller, 1968; Möller y Capecchi, 1975) y la necesidad de derivar procedimientos de construcción de clases (class budding), que han tratado de aplicar el concepto de entropía a las Ciencias Sociales, en las que predominan datos cualitativos. En cualquier caso, y sea cual sea el procedimiento seguido, habrá que tener presente, como muy bien afirman Rescigno y Maccacaro (1960), que no estamos clasificando sujetos y conductas sino el conocimiento que tenemos sobre ellos(as).

    j) Borrosidad categorial

    Se trata de una problemática que está directamente relacionada con el tema de las categorías naturales (Rosch, 1973). El modelo de Rosch sobre categorías de objetos naturales parte de considerar la categorización humana como un conjunto de principios psicológicos en los que el estudio de categorías semánticas de objetos o conductas concretas, naturales, se puede considerar en función de dos ejes: uno vertical, que estructura las categorías según relaciones de inclusión, y un eje horizontal, que indica las relaciones de pertenencia de los miembros dentro de cada categoría particular. Por lo que respecta al eje vertical, las categorías presentan una organización jerárquica que se traduce en niveles distintos de abstracción o inclusividad. En el eje horizontal, las categorías a un mismo nivel de inclusividad tienden a ser consideradas como separadas entre sí, siguiendo el principio de economía comitiva, cuya importancia es tal que por este motivo sentimos la necesidad de categorizar lo que nos rodea (Belloch y Mira, 1984). Y aquí radica una cuestión esencial: en los puntos de vista clásicos acerca de la categorización (Sáinz, 1984, 1985), los límites entre categorías se establecían a partir de criterios formales, necesarios y suficientes, para los miembros de cada categoría. En este punto del entramado, Rosch (1978) presenta una postura nítida de centrar su atención en los casos claros o centrales de las categorías, más que en los límites entre ellas. Y precisamente de ahí surgió el concepto de prototipo, definido por el parecido familiar (Rosch y Mervis, 1975), según el cual los miembros de las categorías considerados como más prototípicos son aquéllos que mayor número de atributos comparten con otros miembros de la categoría. Sin embargo, Cantos y Mischel (1979) consideran que la caracterización de las categorías corno conjuntos borrosos es un hecho frecuente en varios casos y especialmente en la categorización de personas. Esta alternativa a la consideración tradicional de las categorías naturales las concibe como vagas o de límites borrosos (fuzzy sets), argumentando que la membrecía respecto a una categoría es más una cuestión de grado que de todo o nada (Zadeh, 1976); de este modo, los objetos o conductas que son muy típicos de una categoría son los que poseerían un alto grado de membrecía respecto a ella, y a la inversa. Una importante implicación de las categorías borrosas sería la ausencia de límites claros entre miembros y no miembros de una categoría, por lo que la membrecía varía a lo largo de un continuum (Roth y Mervis, 1983). La teoría de conjuntos borrosos, corno todos los sistemas matemáticos, es de carácter formal y no tiene contenido empírico, pero aquí interesa en el sentido de que permite la obtención de un modelo preciso sobre las relaciones entre categorías naturales, por lo que se convierte en un instrumento útil. La posibilidad de que las categorías sean borrosas en lugar de bien definidas (McCloskey y Glucksberg, 1978) abre la puerta a importantes consecuencias, como sería la consideración de una configuración de signos, que sugieran que un sector de conducta es claramente explicable mediarle la etiqueta de una categoría particular. No en vano el hecho de que la conducta de un sujeto registre variaciones

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    temporales y situacionales hace muy poco probable que la pertenencia a una categoría dependa de la posesión de un conjunto de características críticas (Belloch y Mira, 1954). En este caso se plantea la cuestión acerca de cuál debe ser la naturaleza de las categorías en los diferentes niveles de abstracción. Aquéllas que se sitúen a un mismo nivel se considerarán como esencialmente continuas, sin límites definidos. Cuanta mayor información se posea sobre unas determinadas conductas, menos influirán las inconsistencias transituacionales, mientras que la prototipicidad que se juzga bajo condiciones de información limitada está en función de, al menos, dos factores: por una parte, el grado de intensidad y consistencia con que se espera que un comportamiento exhiba los atributos centrales de una categoría, y, por otra, el grado de normatividad de las situaciones en las que se produce la conducta.

    20.4. Análisis de contenido

    Aunque se ha matizado notablemente desde diversos puntos de vista, existe acuerdo considerable en reconocer que se trata de una técnica de tratamiento cualitativo de datos que permite realizar inferencias reproducibles y válidas de dichos datos al contexto de los mismos (Krippendorff, 1980). Los mensajes y comunicaciones se refieren a fenómenos que no son directamente perceptibles por sus receptores, y es esta característica lo que obliga al receptor del mensaje a llevar a cabo inferencias. No obstante, en la actualidad se reconoce que el análisis de contenido puede tener tanto un fin descriptivo como inferencial, y puede utilizar tanto técnicas de análisis cualitativo como cuantitativo. Estas dos vertientes se corresponden prácticamente con los desarrollos que ha tenido el análisis de contenido en los países del Centro de Europa y los norteamericanos, especialmente Canadá: en el primer caso predomina la posición hermenéutica, y por tanto marcadamente interpretativista, y en el segundo se trata de una corriente de corte funcionalista. Se parte obviamente de un marco teórico de referencia, y una vez identificado por el investigador el fenómeno de interés, es decir la parcela de realidad que va a ser objeto de investigación, el primer elemento a considerar son los datos. Así, si nos interesa analizar los diarios de una adolescente con anorexia nerviosa a lo largo de tres meses en que sufrió una crisis aguda, es evidente que se incluirán en el análisis el conjunto de diarios escritos en este período (Pubill, 1994). Como muy bien específica Behar (1991), el análisis de contenido posee características específicas y diferenciadoras respecto a otras modalidades de tratamiento cualitativo de datos. Desde nuestro punto de vista, se trata de la más clásica y utilizada forma de analizar material documental, sea porque tiene este carácter en su forma originaria (apartado 19.4), o porque se trata de conducta verbal transformable en material documental (apartado 19.3.). Sin embargo, el hecho de que este tratamiento de material documental se realice desde una doble vertiente cualitativista/cuantitativista que procede de las dos corrientes mencionadas, no obsta para que el desarrollo o lógica del análisis de contenido se efectúe pretendiendo conocer el contenido simbólico de los mensajes, aunque variarán los matices si pensamos en que pueda haber uno o más significados, dada su naturaleza simbólica. El receptor de un mensaje sobre fenómenos no directamente observables realiza inferencias para captar su significado, v esto lo hace desde su interpretación del texto, una vez contextualizado en función del emisor, receptor, temática, y situación más amplia en la cual se enmarca. El primer problema que se plantea al abordar el análisis de contenido es la decisión acerca del volumen de material y criterio de selección, que no es mis que la aplicación ce una peculiar técnica de muestreo no probabilístico intencional. Así, el conjunto de cartas dirigidas de un emisor a un receptor sobre un tema, carta dejada por un suicida, primer párrafo de todos los diarios de una adolescente, diario de clase de un profesor de cada viernes a lo largo de un curso, actas de las reuniones de un comité ejecutivo en un organismo o empresa, etc. Una segunda cuestión, que probablemente es la más crítica y difícil de adoptar, es la delimitación de unidades para el análisis posterior. Los criterios que fueron básicamente propuestos por Krippendorf (1980) son los siguientes:

    • a) Ortográfico: se basa en signos de puntuación utilizados en la transcripción del texto o por su autor. En ambos casos es problemático, por el margen de discrecionalidad que implica por parte de quién transcribe, o por la incidencia de factores culturales, de estilo literario, de fluidez verbal, etc., por parte del que redacta el texto.

    • b) Sintáctico: la delimitación en unidades se lleva a cabo en función de las oraciones compuestas presentes en el texto.

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    c)

    Contextual: el tema o las partes en que puede descomponerse marcan la existencia de distintos fragmentos en el texto que son considerados como unidades, habitualmente molares.

    Cada uno de estos criterios, adoptado de forma solitaria, presenta inconvenientes, los cuales pueden solventarse en buena medida si se complementan todos o parte de estos criterios. Una vez se ha logrado la fragmentación del texto, se inicia el proceso de categorización de forma similar al expuesto en el apartado 20.3., con la diferencia, por supuesto, de que las unidades que se toman como punto de partida aquí son de carácter textual. Posteriormente, el sistema de categorías funciona como instrumento ad hoc para el material documental, y por el proceso inferencial característico que se ha desencadenado, se le impondrán unas exigencias específicas de control de calidad del dato, que entendemos que rebasan el objetivo de este capítulo, y será sometido, por supuesto, al posterior análisis de datos pertinente. En la actualidad, además del análisis de contenido, se empiezan a utilizar algunas alternativas a éste, que aunque todavía adoptan un papel complementario, es probable que se emancipen progresivamente. Nos referimos esencialmente a la aplicación de la teoría de grafos, al álgebra de la narrativa, y al análisis del discurso.

    La aplicación de la teoría de grafos ha experimentado un rápido desarrollo en los últimos años y ha llegado a convertirse en un importante instrumento estadístico-matemático para ámbitos tan diversos como la Investigación Operativa, la Psicología, la Genética, la Lingüística, la Sociología, etc. En Psicología existe ya una cierta tradición en la utilización de la teoría de grafos en los análisis de textos, tanto en México (Heredia, 1983; Huerta, 1982; Salazar, 1979; Solano. 1983) como en España (Camps. 1987; Boada, 1992), y se caracteriza por la posibilidad de visualizar las relaciones entre los distintos elementos de un texto determinado a partir de las transformaciones operadas en una matriz en la cual se parte de códigos binarios (0,1) en función de la dicotomización de respuestas a micropreguntas que se extraen de la fragmentación del texto a analizar. El álgebra de la narrativa ha tenido un desarrollo notable entre los sociólogos (Abell, 1987), aunque en España su uso es muy incipiente. Esta modalidad de tratamiento cualitativo de datos pretende la búsqueda de reglas que permitan extraer la estructura arbórea de un texto, preservando lo esencial y descartando lo no relevante. Finalmente. el análisis del discurso se basa en un modelo que estudia el proceso estratégico durante el cual se construye una representación mental de dicho discurso en la memoria (Van Dijk y Kintsch, 1983), utilizando simultáneamente información externa e interna con objeto de interpretarlo y comprenderlo, y haciendo uso en la actualidad de recursos informáticos (Behar, 1993).

    20.5. Tratamiento informático en datos cualitativos

    No es incurrir en ninguna contradicción pretender un tratamiento informático en metodología cualitativa (Tesch, 1990). Por el contrario, cada vez son más los sistemas informáticos que se han desarrollado para dar respuesta a este tipo de material que alcanza una relevancia creciente en Ciencias del Comportamiento, de la Educación, Ciencias Sociales, etc. Y por supuesto crecen enormemente las publicaciones en esta cuestión. Por otra parte, los métodos tradicionales de organización de datos en unos primeros programas de tres décadas atrás, aunque tienen una larga historia cada vez se vuelven más obsoletos. Algunos sistemas incluyen la numeración de todos los párrafos de las notas de campo del investigador o de las entrevistas, codificando cada párrafo con claves por temas, y después se introduce la información a los correspondientes ficheros. La creciente complejidad de los diversos programas permite que se introduzcan ficheros completos en el ordenador, en donde cada unidad de entrevista o registro se codifica y categoriza, y después las porciones del texto que corresponden a claves específicas se recuperan. Una corta selección de programas informáticos relevantes para el análisis cualitativo son el ETHNOGRAPH (Seidel, Kjolseth y Seymour, 1988), AQUAD (Huber, 1991; Sandín y Medina, 1993), SPAD.T (Lebart y Salem, I988; Cornejo, 1988), SUPERFILE, LEXICLOUD (Behar. 1993), ALCESTE, TEXTAN y LISPQUAL. Cuando un estudio genera más datos cualitativos de los que es conveniente manejar en un ordenador, puede ser necesario usar el QUAL (Morse y Morse, 1939). Estos programas son excelentes herramientas que facilitan en gran medida la codificación y recuperación de material cualitativo complejo, pero, por supuesto, existan muchos más, y en la actualidad se está trabajando intensamente en perfiles de análisis de necesidades (Tesch, 1990) para investigadores que

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    optan por la metodología cualitativa con el fin de resolver informáticamente sus principales problemas, incluso de carácter ético (Akeroyd, 1991) respecto a la naturaleza de los datos.

    20.6. Entidad de la metodología cualitativa e integración con la metodología cuantitativa

    Se impone una honda reflexión a los investigadores y profesionales de las Ciencias del Comportamiento, de la Educación. Sociología, y, en general, situados en el ámbito de las Ciencias Humanas. En muchos momentos podemos tener una angustiosa sensación de que el estudio del comportamiento humano siempre nos aportará resultados contradictorios precisamente porque partimos de procedimientos encontrados entre sí, y, lo que atan es mas grave, es porque nos situamos habitualmente —de ahí que sean muy honrosas las pocas excepciones existentes— en una posición o marco de referencia —que muchos han denominado paradigma— cualitativo o cuantitativo. La radicalización a que se ha llegado está comportando actitudes de mútuo desprecio, e incluso injuriosas, como si alguna de ambas metodologías fuese capaz de resolver en su totalidad los problemas que surgen a diario. Desde el Área de Conocimiento de Metodología de las Ciencias del Comportamiento, que sustenta la enseñanza de diversas asignaturas —Análisis de Datos, Psicometría, Metodología Observacional, Diseños Experimentales, etc.—, la de Metodología Cualitativa plantea una especial sensibilidad por su carácter de complementariedad, respecto a las demás. Para la resolución de la inmensa mayoría de los trabajos de investigación, así cono de muchos estudios concretos que se planteen los psicólogos en su actividad profesional, será necesario acudir a alguna de las formas específicas de recogida de datos que aquí se ofrecen, o bien basarse en planteamientos que atenúen las restricciones de una metodología cuantitativa. Tanta la contrastación empírica de los hechos, como la interpretación y análisis de los discursos que se generan en la interacción social que a todos nos envuelve, constituyen enfoques parciales y vías estrechas para el acceso a esta realidad humana que pretendemos estudiar. No bastan construcciones metodológicas como clásicamente se han presentado, incapaces de abarcar y desentrañar por sí mismas toda la intrincada e insondable densidad real de los procesos psicológicos, análisis de la cotidianeidad, etc. Podemos pensar, a modo de ilustración, y dentro de una actual concepción preventiva en el marco de Psicología de la Salud, que se implementa una campaña de prevención del SIDA en adolescentes. Se tratan corno objetivo una serie de hechos personales y con grandes connotaciones sociales que pueden ser descritos en términos relativamente objetivos, y mediante su definición operativa (que determina y formaliza, de modo verbalmente unívoco o denotativo, sus condiciones de registro) pueden ser cuantificados, aplicándoseles así la metodología estadística (dentro de los límites legítimos de su aplicación a los fenómenos sociales). A esta función se reduce específicamente la encuesta estadística por muestreo —en cuanto técnica cuantitativa usual en este tipo de investigaciones—, diseñada para transformar la observación de los hechos en un registro y tratamiento formalizado y distributivo de los datos. Pero se hace patente un reduccionismo analítico propio de la encuesta estadística que, para registrar y cuantificar corno datos las expresiones o enunciados verbales de los entrevistados, tiene que formalizarlos denotativamente en categorías o enunciados unívocos, de modo estandarizado, lo cual incapacita a la encuesta estadística, en principio, para captar y analizar en profundidad el discurso hablado (relativamente espontáneo v libre) de los sujetos encuestados. No obstante, es cierto que la encuesta estadística que adopta con frecuencia la forma de encuesta de opiniones y actitudes, se articula mediante intercambios verbales entre entrevistador v entrevistado y a veces tiende a limitarse prácticamente a registrar y procesar lo que el sujeto entrevistado dice. Produce respuestas verbales a preguntas verbales (respuestas a datos concretos, como la edad, pero también respuestas a cuestiones morales, o ideológicas, etc. que debieran ser de otro orden ante preguntas de gran calado). En algunos casos, las cuestiones tácticas se resuelven mediante preguntas/acciones verificativas del propio entrevistador que comprueba u observa por sí mismo un determinado hecho o comportamiento, pero en la mayoría de las ocasiones el control directo de los hechos se sustituye (por razones de economía de esfuerzo, tiempo, coste, etc.) por las opiniones subjetivas de los entrevistados sobre lo que ellos mismos hacen o les ocurre, con lo cual empiezan a producirse desviaciones opinativas y malentendidos semánticos. Las desviaciones opinativas aparecen porque el estereotipo de lo habitual y/o de lo prestigioso suele interferir en el recuerdo y conciencia de los entrevistados, modificando en mayor o menor medida la representación de los hechos (cuestión que aflora en estudios que valoran las campañas de prevención del SIDA en adolescentes), e intercalándose filtros en diversas direcciones, al margen de la buena voluntad en. las respuestas. Y los malentendidos semánticos se producen por la inevitable polisemia de las palabras — existencia de distintos significados para un solo significante—, que provoca que éstas sean entendidas de modo distinto en medios sociales diferenciados.

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    Estos problemas motodológicos no anulan la necesidad ni la relativa validez de este tipo de encuestas (encuestas estadísticas sobre cuestiones fácticas mediante respuestas verbales), pues las desviaciones opinativas son en parte sistemáticas (reflejan una mayor o menor desviación ideológica general de los resultados para cada Clase o medio social encuestado, con lo que hay que contar en el momento de interpretación de los resultados), y la existencia de malentendidos semánticos exile precisamente una mayor profundización y refinamiento en los ítems de sucesivas encuestas. Pero se trata de problemas que indican la conveniencia de una apertura cualitativa complementaria, sea mediante observación participante, o mediante un análisis del discurso en entrevistas en profundidad o discusiones de grupo. etc. Lo mismo podríamos argumentar respecto a los cuestionarios con respuestas pre-codificadas, que fuerzan a una estereotipia de las respuestas, si bien hay que reconocer que facilitan enormemente el análisis cuantitativo a que se las somete. Y en el caso piel análisis de contenido, que por paste de uno de sus promotores fue definido como técnica para la descripción objetiva, sistemática y cuantitativa del contenido manifiesto de las comunicaciones, resulta que si bien puede contribuir a confirmar algunas interpretaciones previas, vuelve a desconocer el carácter sistemático del lenguaje, así como la mútua contextualización valorativa de los diversos elementos del discurso y sus contradicciones internas. Por todos estos motivos se produce un fortalecimiento progresivo de la metodología cualitativa, que además ha ido penetrando desde una esfera pretendidamente privada al ámbito público de ideologías y creencias. Esta revalorización —en este sentirlo es sugerente la cualificación del quinto momento que se sugiere por Denzin y Lincoln (1994) en una voluminosa abra de más de 600 páginas dedicada a la metodología cualitativa— representa la superación de la obsesión por la cuantificación absoluta y la verificación estadística, que por supuesto es criticable. Pero también debemos evitar caer en la obsesión por lo cualitativo, que es igualmente ingenuo y falsificador de las posibilidades reales de investigación ante las enormes dificultades que presenta cualquier estudio empírico. En definitiva, la ilusión —esperemos que no sea utopía— que desde hace ya algunos años se manifiesta repetidamente (Alvira, 1983, 1983; Anguera, 1986a, 1986d; Cook y Reichardt. 1986: lanni y Orr, 1986: Trend, 1986) por una complementación entre ambas metodologías. La reflexión anterior nos lleva a sostener que el análisis del proceso requiere procedimientos cualitativos, mientras que la valoración del resultado exige técnicas cuantitativas.(CooK y Reichardt, 1986).

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    BIBLIOGRAFÍA

    . Abell. P. (1937): Tile syntax of social life New York: Oxford University Press. Abramson, J. H. (1990): Survey methods in commutity medicine. London: Churchill Livingstone. Abramson, N. (1953): Information theory and coding