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INTEGRANTES

1. ALEJANDRO SANCHEZ DENISSE YESSEL

2. ALFARO RESENDIZ MONTSERRAT


STEPHANÍA

3. CABRERA CABRERA ANA MARÍA

4. MUÑOZ DOMÍNGUEZ GUADALUPE MALENIE

GRUPO. 4HM5

PROFESORA. GAMEZ ARRIOLA PAULA

MATERIA. ANTROPOLOGÍA MÉDICA


1.- Concepto de salud

La salud era considerada como un equilibrio del


organis- mo y la enfermedad como la pé
rdida de ese
equilibrio.

Las culturas precolombinas empleaban una intrincada


mezcla de religión, magia y ciencia para combatir la
enfermedad. La religión, porque determinados dioses
eran los responsables de las enfermedades, y sus
sacerdotes, los protectores de sus devotos. La
magia, porque algunas enfermedades podían ser
causadas por enemigos o rivales; de modo que la
curación requería de rituales mágicos. Y la ciencia,
porque gracias a ella y mediante la aplicación de
remedios elaborados a base de animales, plantas y
minerales, según determinados procedimientos
médicos, algunos de ellos aceptados hasta hoy,
lograban sanar al enfermo. Los códices precolombinos
y las crónicas realizadas por los europeos acerca
del nuevo continente dieron a conocer la exuberante
y rica cultura náhuatl.

La medicina de estos pueblos precolombinos era por


esencia teúrgica y su concepto de la enfermedad,
sobrenatural.

El tratamiento de las enfermedades combinaba


elementos mágicos, religiosos y empíricos. El Códice
Badiano (1552), los códices (Historia general de las
cosas de Nueva España) de Sahagún (1572) o
el Magliabecchi contienen información de naturaleza
médica acerca de la terapéutica que aplicaban los
aztecas. El códice Magliabecchi es un manuscrito
pintado de tipo calendárico ritual que contiene
pictogramas de los dioses de la medicina, plantas
alucinógenas, escenas de diagnóstico y pronóstico
médico y autosacrificios de penitencia para algunas
enfermedades. Está descrito los procedimientos para
obtener sangre y ofrecerla a los dioses, según un
ritual terapéutico azteca que perseguía la salud de
los enfermos y el descanso de los difuntos.
Dioses de la medicina azteca

Los dioses aztecas relacionados con los conceptos de


fertilidad, lluvia, salud y sus contrarios. A cada
dios le correspondía un aspecto de la vida de las
personas, el trabajo, las ceremonias, la
reproducción de la especie, de la comunidad y del
cosmos en su totalidad.

Quetzalcóatl. La imagen de Quetzalcóatl acompañaba a


los médicos cuando emitían el diagnóstico de las
enfermedades. Se le representaba con una mitra en la
cabeza coronada de plumas, la cara pintada de negro,
vestido con una camisa labrada, calzas de cuero de
tigre con pequeños caracoles marinos y sandalias.
Tláloc. Los aztecas creían que algunas enfermedades
provenían del frío procedente de las montañas. Allí
moraba Tláloc, el dios del agua y de la lluvia,
quien producía los enfriamientos y catarros, así
como también podía causar neumonía y enfermedades
reumáticas. Se le representaba muchas veces junto a
dos serpientes.

Xochiquetzal. Flor preciosa, era la diosa del amor y


la fertilidad. Representaba los vicios y las
virtudes de las mujeres, por lo que se la
consideraba diosa de las prostitutas. Según afirmaba
fray Bernardino de Sahagún, provocaba enfermedades
contagiosas, particularmente venéreas y
complicaciones del embarazo y el parto.
Frecuentemente aparecía muy bien vestida, portando
capas muy finas y faldas bordadas, adornada con
lujosa joyas y con el rostro cubierto por una
máscara amarilla.

Los ticitl, o médicos indígenas prehispánicos,


proporcionaban al paciente los recursos necesarios
para su sanación. El concepto de enfermedad entre
los aztecas aparece en el Código Tudela (1553) muy
relacionado con la ira de los dioses: “(…) cuando
algún indio enfermaba tenía muchos demonios (dioses)
a quienes sacrificaban y rogaban por la salud, y
para aplacar los demonios, si rogando y sacrificando
al uno no sanaba, iba a otros, y desta causa tenían
muchos demonios y diablos (dioses) para las
enfermedades, y si en el tiempo que rogaban a uno,
acontecía sanar decían: que aquel demonio le había
dado salud (…)”.

Distintos tipos de sanadores

Entre los pueblos aztecas había distintos tipos de


sanadores. El ticitlexaminaba a las personas
enfermas y las curaba con remedios basados en sus
conocimientos. Hoy sería nuestro médico de cabecera
o de familia.
El nahualli actuaba mediante la confección de
horóscopos y era capaz de predecir el pronóstico de
los males al mismo tiempo que curaba con métodos
secretos y determinados rituales simbólicos. Se
centraba más en el espíritu que en el cuerpo, y
estaría más bien relacionado con lo que hoy en día
tratan de hacer los psicólogos y psiquiatras.

Otros sanadores destacaban por sus habilidades:

el cirujano, tetecqui o texoxotla ticitl;


el sangrador, tezoc o teximani;
la comadrona, tlamatqui o temixintiani;
el boticario, papiani o panamacani.

Sabían curar fracturas y mordeduras de serpientes.


Las mujeres ejercían la medicina una vez alcanzada
la menopausia. Porque la menstruación y el parto se
consideraban impurezas del cuerpo y ponían, por
consiguiente, en riesgo su práctica.
2. Concepto de enfermedad

Para los habitantes del pueblo mexica la enfermedad


era considerado como un desajuste energético también
era importante conocer el origen para poder saber
cómo es que se iba a llevar a cabo el tratamiento de
dicha enfermedad, también dependía de en qué región
se encontraba esta.

Estas también iban a tener una causa religiosa


porque determinados dioses eran los responsables de
las enfermedades, y sus sacerdotes, los protectores
de sus devotos. La magia, porque algunas
enfermedades podían ser causadas por enemigos o
rivales; de modo que la curación requería de
rituales mágicos. Y la ciencia, porque gracias a
ella y mediante la aplicación de remedios elaborados
a base de animales, plantas y minerales, según
determinados procedimientos médicos, algunos de
ellos aceptados hasta hoy, lograban sanar al
enfermo, de los que se comentara más adelante.

3. Diagnostico

La intervención divina en la salud de los aztecas es


la enfermedad pre-decretada. Los aztecas poseían una
estructura de los signos de nacimiento bien
establecida, tal y como la astrología moderna. Los
bebés nacidos en días específico se esperaba que
crecieran como niños enfermizos y que murieran a
corta edad. En cambio, los bebés nacidos en otros
días podían esperar la bendición de los dioses y
vivir vidas felices y libres de enfermedades. Si
algunos de estos bendecidos desarrollaran una
enfermedad, esa persona muy seguramente debió haber
olvidado guardar un debido homenaje a los dioses.

Se dedicaban a tratar los síntomas no las causas de


la enfermedad, entonces diagnosticaban al enfermo
mediante la observación.
4. Tratamiento

Según consta en las crónicas de Francisco Javier


Clavijero (1731-1787), humanista novohispano, Los
mexicas contaban con algunos centros de salud que
bien podemos llamar hospitales. Moctezuma Xocoyotzin
poseía una casa para las enfermedades incurables y
raras que estaba junto a su palacio. Anexado al
Templo Mayor existía una especie de hospicio, el
Netlaltiloyan, dedicado al dios Nanáhuatl -el dios
humilde que se sacrificó en la hoguera de los dioses
teotihuacanos-, en cual iban a parar los leprosos.

Los médicos que curaban en estos lugares, y fuera de


ellos, eran los tlamatepati, también llamados
tícitl, que empleaban medicamentos basados en la
herbolaria; estaba también el tepatiliztli, dedicado
a sanar úlceras, heridas y luxaciones, tumores y
fracturas; el médico especialista en las
enfermedades de los ojos recibía el nombre de
teixpati; tlancopinaliztli era el que tenía a su
cargo los dientes y sus enfermedades: y el papiani
(panamacami) conocía y manejaba toda clase de
hierbas medicinales. Los llamados teximani
auxiliaban a los cirujanos en sus operaciones. A los
lugares a los que acudían las personas enfermas con
la esperanza de ser curadas se le denominaba
cocoxcalli, “casa del enfermo”.

Estos cocoxcalli no se limitaban a la Ciudad de


Tenochtitlan, sino que los había en Tlaxcala,
Cholula, y en otras pequeñas ciudades de
importancia. Según el cronista fray Bartolomé de las
Casas (1474-1566) en estos hospitales se recibía a
los enfermos pobres. Ahí se suturaban heridas con
pelo humano, se curaban fracturas inmovilizando la
parte dañada por medio de emplastos que se ponían
duros, o entablillando el hueso roto con férula y
cintas de piel de animales; las parteras eran
capaces de realizar embriotomías con instrumentos
adecuados al caso, y se practicaban trepanaciones,
entre otros muchos procedimientos médicos. Para
todas las curaciones los mexicas contaban con un
equipo médico asombroso. Según constata el
incomparable fray Bernardino de Sahagún, el
verdadero y consciente médico tenía amplio
conocimiento de las hierbas, piedras, árboles y
raíces curativas, basado en la experiencia de muchos
años; daba masajes, curaba huesos, suministraba
purgas, hacía sangrías, cosía heridas y las cubría
con cenizas.

A las heridas los médicos las clasificaban según su


condición: tlaxilli era una herida grave y profunda:
temotzoliztli, el rasguño; vistli, una herida
contusa; y teixiliztli se denominaba a la herida
punzante. Los sanadores atendían hemorroides,
desarticulaciones, amputaciones, y efectuaban
sangrías con púas huecas de huitztlacuatzin, una
especie de puerco espín, o con puntas de maguey.
Asimismo, los médicos curaban mordeduras y picaduras
de animales ponzoñosos, quitaban verrugas y limaban
las caries dentales.

La aplicación de los medicamentos era variada, se


usaban en lavativas, fumigaciones, buches,
gargarismos o colutorios, inhalaciones, cataplasmas,
emplastos, unciones, en infusiones, y en píldoras
que se tragaban. Los mexicas conocían ya los
desinfectantes y los cicatrizantes. Los medicamentos
curativos se podían comprar en los puestos de
herbolarios de los tianguis como el de Tlatelolco y
de Tenochtitlan; donde se exponían raíces, yerbas,
ungüentos y emplastos.

La texoxotlaliztli, la cirugía, estaba bastante


avanzada, y se empleaba para curar heridas, tumores,
úlceras y fracturas, y otros trastornos. Como
instrumentos, tepuztepatoliztli, , los mexicas
empleaban cuchillos de obsidiana, espinas de maguey,
púas, cuchillos y agujas de hueso, espigas huecas
que servían para poner lavativas, y pinzas de cobre,
oro o plata, entre otros más que se nos escapan.
Todos los instrumentos se guardaban en cajas
llamadas tepuztepatolinicoyouyo.

CHIA DE COLIMA. En varios depósitos rurales,


principalmente en el interior de las vasijas Tláloc,
se han encontrado gran cantidad de diferentes
semillas, entre las que destaca la chía de Colima
(Hyptis suaveolens), también llamada chía gorda o
blanca (chiantzotzol). Es interesante su presencia,
ya que esta especie procede de las regiones cálidas,
fuera de la Cuenca de México. Actualmente se le
aprovecha en el noroccidente del país, desde el sur
de Sonora hasta Michoacán, como alimento y medicina.

5. Tipo de terapéutica

Para curar las heridas de la cabeza se usaba la


matlaxihuitl para lavarla y detener la hemorragia, y
luego se untaban baba de maguey. Para las
dislocaciones se usaba raíz de cucucpatli y sangrías
para desinflamar. En algunas enfermedades de mujer
se empleaba la raíz de oquichpatli. Para el
salpullido y el dolor de la picadura de araña se
daba una bebida llamada huiztli. Para curar
fracturas se aplicaban polvos de “raíz de la tuna” y
se entablillaba la parte lesionada. Y para las
lesiones en el pecho ocasionadas por una mala caída
se daba a beber una bebida caliente de orina
mezclada con lagartijas molidas.

6. Formación médico-social

En cuanto a la educación de los sanadores aztecas se


iniciaba en el Calmécac: la escuela para los nobles
en donde se transmitía su propio acervo cultural, su
historia, los cantares a los dioses y la ciencia
calendario. Luego, se continuaba el aprendizaje
junto al maestro o temachtiani. El aprendiz debía
saber interpretar el Tonalamatl augural y también,
conocer las virtudes de las hierbas medicinales.
Entre los pueblos aztecas había distintos tipos de
sanadores. El ticitl examinaba a las personas
enfermas y las curaba con remedios basados en sus
conocimientos, hoy sería nuestro médico de cabecera
o de familia, el nahualli actuaba mediante la
confección de horóscopos y era capaz de predecir el
pronóstico de los males al mismo tiempo que curaba
con métodos secretos y determinados rituales
simbólicos. Se centraba más en el espíritu que en el
cuerpo, y estaría más bien relacionado con lo que
hoy en día tratan de hacer los psicólogos y
psiquiatras.
Otros sanadores destacaban por sus habilidades: el
cirujano, tetecqui o texoxotla ticitl; el sangrador,
tezoc o teximani; la comadrona, tlamatqui o
temixintiani; el boticario, papiani o panamacani.

7. Concepto de cuerpo:

El ser humano es un microcosmos que reproduce la


estructura y el orden del universo. En esta visión
del mundo, el hombre, que se designaba mediante la
palabra tlácatl, que quiere decir “en medio”, “el de
en medio”, era considerado precisamente como el ser
del centro; criatura de los dioses en cuya
estructura se resumía la constitución del universo,
ya que contenía unas partes celestes y otras del
inframundo y las amalgamaba de una manera particular
participando en el devenir y convirtiéndose en
corresponsable del destino del universo.
Ya ubicado en su correspondencia del universo, el
cuerpo fue dividido en partes y órganos de acuerdo a
lo que se podía o se quería separar e
individualizar. De tal modo podemos hablar de un
conocimiento anatómico, aunque no se cuenta con
descripciones detalladas de órganos y elementos
anatómicos y menos aún de relaciones, ya que las
necesidades no orientaban a distinguir lesiones,
sino situaciones dinámicas que se expresaran como
enfermedad.
Los aztecas tenían una relación amor-odio con
sus dioses y se veían a sí mismos como meros peones
en las manos de las deidades.
Corazón y sangre simbolos de la vida

8.- Relación alma, mente y lo espiritual

Para los mexicas el cuerpo equivalía la totalidad


del universo

9. Concepto de mito-rito-símbolo

Los mitos son particularmente elocuentes al


respecto. De hecho, el acto sacrificial se presenta
como un verdadero motor en la trama mítica, acto a
partir del cual surgen diversas creaciones. Veamos
el caso de antiguos cultos al Sol que ellos acuñaron
en su afán de adquirir un rostro. Al asimilarlos
también cambiaron sus propios dioses, tratando de
colocarlos al mismo nivel de los antiguos dioses del
panteón Nahua. De esta manera, elevaron sus dioses
tutelares, Huitzilopochtli y Coatlicue, al nivel de
las antiguas deidades,
como Tláloc, Quetzalcóatl y Tezcatlipoca.
Dicho esto, existe un culto dominante sobre los
demás dioses, el de su dios del Sol y
la Guerra, Huitzilopochtli.
Tenochtitlan era un lugar sagrado para adoratorios
donde se celebraban funerales de los más importantes
dignatarios mexicas, sus restos eran cremados y
depositados en urnas. Otro lugar sagrado era la casa
de las águilas donde llevaban a cabo ceremonias de
élite mexica, rituales que incluían oraciones, así
como también penitencia y realización de ofrendas.
La decoración de esta indicaba que la ofrenda de
sangre era una de las principales ceremonias que se
llevaban a cabo. Otros de sus importantes centros
era el templo rojo Norte y la catedral metropolitana
que podrían ser considerados como símbolos, ya que
cada decoración, cada estatua y cada parte de la
arquitectura significaba algo para esta cultura.
En cuanto al Templo Mayor de igual manera que en los
otros se llevaba n a cabo rituales dedicados a sus
dioses más importantes, nombramientos de líderes y
los funerales de la nobleza
El sacrificio para ellos simbolizaba la inclusión
del hombre en el ámbito de lo divino, ya que el
hombre estaba destinado a la muerte la cual
representaba la justa retribución al sacrificio
perpetuado por los dioses para la creación del
quinto sol. Otros símbolos importantes para ellos
eran el corazón y la sangre que simbolizaba la vida,
se convierte en una fuerza cósmica y divina que
servía para alimentar al dios de sol y la Tierra.

10. Formación económico-social

El poder económico y político de los mexicas se


manifestaba a través del tributo y el control de las
principales rutas de comercio, con lo cual obtenían
alimentos, mantas, plumas, joyas y diversos objetos
exóticos, así como materiales y mano de obra
principalmente para los cultivos, la maquila y para
la construcción de grandes templos o edificios
públicos.
El tributo como consecuencia de las guerras de
expansión era impuesto de varias maneras a los
grupos sometidos, los mexicas imponían el tributo de
varias maneras a las provincias conquistadas.
El mexica al conquistar determinado lugar,
seleccionaba tierras de las que se obtenía el
tributo que le tenían que dar. Otra manera de
tributar era exigir algunos de los productos o
materias primas de la región.
En el caso de alimentos, se señalaban tierras cuyo
producto era enviado al poder central, mientras los
bienes en especie eran por lo general productos
locales: aquellos de carácter básico llegaban desde
el área cercana a la cuenca de México, pero los
bienes de lujo procedían de regiones más distantes.
Algunos señoríos, incluso, tributaban bienes que
debían obtener fuera de su territorio por la vía del
comercio.

La actividad comercial era de vital importancia para


los mexicas, ya que a través de sus comerciantes o
pochtecas – que eran considerados como espías –
realizaban conjuntamente con su actividad de
intercambio un espionaje sobre los pueblos que
querían someter. La muerte o atentado a un pochteca
era considerado como una provocación de guerra.
En los materiales obtenidos de las excavaciones del
Templo Mayor se encuentran diversos objetos que
manifiestan la presencia de estas dos actividades
tan importantes para el grupo mexica.

El tributo para el mexica, además de ser la


manifestación de su dominio político sobre
diferentes poblaciones, era la principal fuente para
la obtención de diversos productos. El tributo era
pagado por los grupos sujetos por lo regular cada
veinte u ochenta días. Consistía en la entrega de
alimentos, mantas, piedras, plumas, metales, etc.,
pero no sólo con especie se podía pagar, al parecer
muchos lugares tributarios servían de maquiladores,
a los cuales se les entregaba la materia prima para
la elaboración de trajes de guerrero, objetos
elaborados en piedra, pluma, metal, etc. También era
importante la mano de obra para la construcción de
templos, calzadas, cultivos, en fin, todo lo
necesario para el engrandecimiento y embellecimiento
de la ciudad de Tenochtitlan.
El tributo era repartido entre los integrantes de la
Triple Alianza, quedando distribuido de la siguiente
manera: dos quintas partes para Tenochtitlan, dos
más para Texcoco y la restante para Tacuba.
Con el fin de cubrir las extensas redes de
intercambio que había en Mesoamérica, los
comerciantes se encontraban coaligados dentro de una
confederación llamada Pochtecáyotl; ello permitió a
los mexicas tener acceso a productos de lejanas
tierras como Xicalanco, Xoconochco (Soconusco) o las
actuales Yucatán y Centroamérica.
Se tenía cuidado del mercado, de todas las
mercancías, para bien de la gente del pueblo, de la
gente de los varios pueblos, de los huérfanos, de
los pobres, para que no fueran burlados, para que no
pasasen trabajos, para que no los menospreciaran…
los supervisores tenían cuidado de todo, veían que
nadie engañara a otros, como se ponían los precios,
el modo como se vendían las mercancías.

11.- Relación medico paciente

Si había una relación ya que los médicos ven, lo que


les cuentan los enfermos y lo que refieren de éstos
y sus problemas, terceras personas (familiares,
allegados, otros).

12. Medidas de salud publica

Colector de aguas negras: era un conducto hecho de


ladrillos utilizado para la recolección de aguas
negras, construido en el año 1900.
Los mexicas se bañaban frecuentemente, hábito que se
inculcaba a los jóvenes por medio de la educación.
Tenían productos vegetales que sustituían el jabón y
que producían tanta espuma que se utilizaban no sólo
para el aseo personal sino también para lavar la
ropa. El no bañarse implicaba un martirio y la
abstención en el uso del jabón se hacía solo en caso
de penitencia. El baño de vapor, el temiscalli,
estaba tan extendido que la mayor parte de las casas
tenían anexo el pequeño cuarto para tomarlo. Esta
costumbre perdura hasta hoy en algunas aldeas
mexicanas.
Los problemas de subsuelo lodoso que padecían asi
como las frecuentes inundaciones que sufrían durante
las crecidas de los lagos los hicieron realizar
cimentación clavando estacas del árbol conocido como
ahuejote en el lecho lacustreo en la isla, que se
afianzaban con fragmentos de tezontle y lodo.asi
preparaban el terreno para levantar los basamentos
que consistían de un nucleo de tierra y piedra
volcánica
EXTRA

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