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Introducción.

El origen del hombre y la cultura indígena en América puede ser un eslabón


perdido en la construcción de la Historia de la humanidad. A la llegada de los
“descubridores” aparece todo un Mundo cultural, completamente desconocido e
individual y, por supuesto, ajeno a la cultura Occidental, poseedora de unos
ideales religiosos, sociales y políticos que vendrían a la tierra virgen a imponerse.
Conquistar no solo la tierra sino la cultura fue el cometido; aunque la visión
europea se trasvasó al Nuevo Mundo, los indígenas que en sus comunidades
ejercían como sabios o forjadores de cantos cuicapicqueh, educadores y
estudiantes tlamatinimeh se esforzaron por no renunciar a su visión del mundo.
Pero no todo el trasvase de la cultura occidental fue violento; frailes del siglo XVI
se dedicaron a conocer la trascendencia cultural hasta realizar la labor de la
alfabetización de los cantares y saberes de los pueblos de Mesoamérica. Es ese
el centro mismo de la presente investigación, el paso de la oralidad a la escritura
del que se desprende la posibilidad del conocimiento posterior del pensamiento de
las culturas indígenas, enfocado especialmente al legado cultural Náhuatl y la
evidencia de sus formas literarias y pensamiento filosófico
El Pensamiento Náhuatl.

1. CULTURA Y FILOSOFÍA NAHUAS.

Mesoamérica. Los monumentales edificios, la escultura, la orfebrería, los códices,


la cerámica. Testigos de una gran historia que poco a poco se ha venido
descifrando a partir de las revelaciones y la memoria de estos bellos objetos de la
producción humana. La piedra, el metal, el amate y el barro.

Pero la creación de estos pueblos ancestrales no se limita a las construcciones


materiales. Éstas se encuentran íntimamente vinculadas con la reflexión sobre el
origen y el Cosmos, con la pregunta sobre la procedencia y el destino último del
hombre; en una palabra, con el pensamiento.

Los nahuas. Grupo mesoamericano cuyas manifestaciones culturales causan


asombro a propios y extraños. México-Tenochtitlan, Tezcoco, tal vez los ejes
principales. Los tlamatinime, los poetas y los tlacuhilos.

El barro, sus formas, secretos y colores; el canto, su densidad lírica, su música, la


profundidad de su pensamiento. Una mirada al pensamiento náhuatl expresada a
través de in xóchitl in cuícatl: la flor y el canto.

La cosmovisión nahuátl
¿Qué es cosmovisión? Es, sencillamente, la manera de ver e interpretar el mundo
y el universo. Todos los pueblos del planeta han construido la propia a partir de la
contemplación de su entorno, así como de la necesidad de explicarse, primero, los
fenómenos naturales y, después, en una fase más profunda, a sí mismos. El ser
humano trae en él la urgencia de explicarse su origen primero y de desentrañar
el significado de la vida y de la muerte. De ahí, de esos cuestionamientos, surge la
filosofía.

1.1 El Origen

En Teotihuacán, en la absoluta oscuridad del mundo sin sol, reuniéndose los


dioses. Entre ellos se encontraba Nanahuatzin (el Purulento), dios empobrecido, y
Tecuciztécatl, que era un dios rico. Nadie quería sacrificarse para dar luz al
planeta. Fi nalmente, Nanahuatzin lo hizo: voluntariamente se arrojó a las llamas y
se convirtió en el Sol; lo siguió Tecuciztécatl, quien desde entonces es la Luna.
Nanahuatzin, el sol. Tecuciztécatl, la luna.

El resto de los dioses se lanzó también a las llamas, pues así lo exigía el Sol para
poder alimentarse con su sangre. Ehécatl, dios del viento y advocación de
Quetzalcóatl, con su aliento ayudó para que ambos astros se movieran e
iluminaran sucesivamente al mundo. De aquí surge, entonces, el orden del
cosmos

Sacrificios rituales en honor a Tezcatlipoca.


1.2 Vision nahua del mundo.

El pensamiento de los nahuas es particularmente dual, todo cuanto existe posee


esta característica, principalmente representada en la figura de Ometeotl o el Dios
dual y de Quetzalcóatl que, literalmente, traduce serpiente de plumas de quetzal y
que es el Dios dual supremo y cuya manifestación o aspecto femenino recibe el
nombre de Cihuacóatl como la serpiente femenina.

La dualidad está presente no solo en el orden divino sino en la separación del


mundo mortal, correspondiente a los hombres, al cual ningún Dios podía acceder y
del mundo de los dioses, a quienes se les podía invocar por medio de sacrificios
aunque no se pudiera sostener ningún tipo de diálogo por estar necesariamente
separados el ámbito humano y el divino.

Los dioses no ejercen acción en la vida humana ni en las decisiones tomadas en


la misma, tampoco se hacen visibles, así como no tienen el poder de asistirlos o
castigarlos ni mucho menos dirigir sus acciones, claro está, de manera directa
pues lo que media entre el poder divino y las acciones de los hombres es la
autonomía que le es conferida naturalmente a estos últimos, sin por ello ignorar
que aquellos ostentaban un poder total y superior sobre el mundo. Al cantar
desarrolla una división muy importante a la hora de entender los rituales y las
creencias de los nahuas y es que estos en lugar de ser representaciones eran
acontecimientos en los cuales el hombre debía en primacía obtener la gracia de
los dioses, no provocar su ira, comprender el sentido de la vida y los propósitos
divinos para ayudar a que, por medio del derramamiento de sangres o los
sacrificios, cualquier falla fuera redimida y los propósitos de la relación entre los
vasallos y sus señores fueran alcanzados. En la búsqueda de esa gracia divina,
los hombres se vestían de animales o elementos de la naturaleza, danzaban y
entonaban sus himnos; este ritual, en la época de La Conquista, era visto por
soldados y frailes como idolatría perversa o pura obra del Demonio, cosa muy
cuestionable debido a que el simbolismo de esos cultos solo era conocido por
quienes participaban desde dentro, y para los espectadores o miradas externas
estaba a expensas de razonamientos adheridos a formas religiosas o creencias en
esencia diferentes y que no otorgarían sentido, sino infortunadas interpretaciones
a lo que ante su mirada tenían.
1.3 El Universo

Para los mexicas, el Universo estaba conformado por dos planos: uno horizontal y
el otro vertical. El horizontal se llamaba Tlaltícpac y era la superficie del mundo,
habitada por los seres humanos, animales y plantas. El vertical se dividía en dos:
uno hacia arriba, el supramundo u Omeyocan; y otro hacia abajo, el inframundo o
Mictlán. El cruce de ambos planos era el ombligo de la creación entera y se
encontraba en el Templo Mayor, lugar sagrado de México-Tenochtitlan.

Para los Tlaltícpac, es el nivel terrestre. De su centro surgen los cuatro rumbos del
universo. A cada uno de ellos le correspondía un dios creador: el oriente era
territorio de Tezcatlipoca Rojo; el norte, de Tezcatlipoca Negro; el sur, de
Huitzilopochtli o Tezcatlipoca Azul; y el poniente de Quetzalcóatl.

La primera parte del plano vertical, estaba conformado por trece cielos y se
estableció a partir de la observación y el movimiento de los astros. Aunque existen
varias versiones, podemos mencionar, por ejemplo, que el primer “cielo” era la
casa de la luna y de las nubes, y el octavo era el sitio donde se gestaban las
tempestades. Los dioses, por su parte, habitaban el noveno, décimo y undécimo;
los últimos dos eran la morada de la dualidad, de Ometecuhtli y Omecíhuatl.

Por último, el inframundo estaba constituido por nueve lugares que precedían al
Mictlán, cada uno regido por deidades relacionadas con la muerte, mismos que
tenían que recorrer los que habían perecido de muerte natural. Algunos de estos
sitios son, según el Codex Vaticanum, el pasadero de agua, el lugar del viento de
obsidiana y el lugar donde son comidos los corazones de la gente. Pero Fray
Bernardino de Sahagún menciona otros, como las sierras que chocan entre sí y el
lugar del viento frío de navajas. Quienes superaban estos graves peligros,
llegaban a la presencia de Mictlantecuhtli, señor de la muerte.

Pequeña escultura representativa de Mictlantecuthli


1.4 La existencia, la muerte.

Los nahuas concebían un estrecho vínculo entre la vida y la muerte. Esta


afirmación se puede constatar a partir del mito sobre el origen del Sol y de la Luna,
así como aquél sobre la generación de una nueva estirpe humana por parte de
Quetzalcóatl.

Para que haya vida, debe haber primero muerte. El arte de estos pueblos
atestigua lo anterior, ya que es abundante la existencia de calaveras
frecuentemente representadas con ojos luminosos y brillantes, lo cual habla de
una creencia de vida después de la muerte.

El tzompantli, advocación y veneración de la muerte como ciclo


vital.

Por otro lado, tenemos las muy discutidas ofrendas humanas, que se han
practicado en diversas culturas. Una vez más nos remitimos al sacrificio de los
dioses para crear el cosmos, a la sangre de Quetzalcóatl que unida a los huesos
de los muertos—daba vida a una nueva raza. Así, la muerte de los guerreros
capturados en batalla era una ofrenda a los dioses, como agradecimiento por su
propia inmolación y para preservar la vida sobre la Tierra. Una vez más la relación
vida muerte.

Referencias Bibliográficas.

Alcantar, J. (s/f). Filosofía Náhuatl. Recuperado de: http://www.wiphala.org/nahuatl23.pdf.

www.uniquindio.edu.com.: SUPERVIVENCIA DEL PENSAMIENTO MESOAMERICANO:


LEGADO HISTÓRICO DE LA EXPRESIÓN NÁHUATL.