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Fotografía: Alejandro Saldívar
@alsaldivar - www.alejandrosaldivar.com
“El amor puro no está mezclado con el apego y nace del
deseo de que los demás sean felices; nunca causa proble-
mas, sólo proporciona paz y felicidad tanto a nosotros
mismos como a los demás” : Gueshe Kelsang Gyatso.
PRÓLOGO

P
eriodísticamente, a Juan Pablo Proal le atrae
lo que no inquieta a los demás. Sobrado de
energía, salta de un tema a otro. Atrapado
por una imaginación sin reposo, procesa reportajes
en el aire, los verbaliza, los discute, los organiza en
una atropellada pero coherente secuencia de ideas.
En alguno se detiene. Su adicción por los
marginados, los sin nombre, los excluidos, los
maltratados, los incomprendidos, los humillados,
siempre se impone en la elección.
Vivir en el cuerpo equivocado no es la excepción.
Lejos del melodrama, del retrato fácil, del dato
inocuo, Juan Pablo arma su reportaje arropado en
la sencillez narrativa.
Entonces, nos sumerge en el mundo desgarrador,
hostil, lleno de afrentas, de derrotas crónicas y de
insuficientes luces del transexualismo.
Nos comparte lo que su investigación vuelve
ineludible. El difícil arte de quitar y poner penes,
la horadación que se convierte en vagina, los costos
de las cirugías, la pesadilla de los quirófanos, el
martirio de la vida diaria.
Nos conduce por los laberintos de quienes
no saben por qué su mente no coordina con sus
cuerpos, por qué su familia castra sus sensaciones,
por qué el mercado laboral es inaccesible, por qué
se van quedando solos, por qué provocan repudio,
asco, violencia, discriminación, por qué incitan al
asesinato.
No menos traumático para quienes padecen
disforia de género es resolver la modificación del
acta de nacimiento, las identificaciones personales,
la petición de créditos y el responder la pregunta
recurrente: cómo te trato, cómo mujer o cómo
hombre.
La mayoría, nos cuenta Juan Pablo, sucumbe a
los calabozos de la incertidumbre y acaba atrapado
en el submundo de la prostitución, en la aniquilante
represión.
Los menos presumen una profesión, una pareja.
Aún menos alcanzan la fama efímera que termina
en suicidio o en muertes misteriosas.
Al final de cada capítulo, el autor, aferrado a
un mundo mejor, proporciona datos de apoyo a
transexuales. Desde consejos hasta un directorio
de organizaciones que dan apoyo psicológico y de
salud.
El mundo de la transexualidad, el trastorno de la
identidad es un reportaje complejo, de alto riesgo
para el celo de la objetividad, del que Juan Pablo
sale bien librado.

Alejandro Caballero Matamoros

12
INTRODUCCIÓN

“¿Dios es macho o hembra?”


Miguel de Unamuno

U
na de las características involuntarias que
adquirimos al nacer es el cuerpo. Nadie
elige ser mujer ni hombre, simplemente
hay una bomba biológica en el feto que determina
su rol sexual en la sociedad. Pero la naturaleza a
veces no es muy sabia.
Pasa en uno de cada 37 mil nacimientos. Vendrá
al mundo un hombre que debió tener cuerpo de
mujer o viceversa. Semejante atrocidad sólo la pue-
de cometer una dictadora tan cruel como la biología.
Al nacer el hijo, es costumbre que el doctor inva-
riablemente le de la buena noticia a sus padres. Es
varón, es mujer. No hay más. Y los progenitores se
llenan de orgullo, compran ropa azul o rosa y edu-
can al nuevo miembro de la familia en un rol hetero-
sexual. Pero el médico no advierte de una condición
que es completamente posible: es mujer biológica
pero hombre en su mente, o el polo opuesto.
Las personas transexuales se dan cuenta desde el
jardín de niños que van al baño en el lugar incorrec-
to, que sus padres les ponen ropa del género opues-
to al que deberían. Cuando ocurren los cambios de
la adolescencia se sienten perdidos. Hay quien los
trata como si fueran unos verdaderos monstruos.
Generalmente el gay está conforme con su géne-
ro. En cambio, el transexual casi siempre aborrece
el cuerpo que le designó la naturaleza. Tiene en su
mente la certeza de que nació con el cuerpo equi-
vocado. Y no es una locura ni mucho menos una
exótica ocurrencia. Es una condición.
Apenas a principios del siglo XX la ciencia co-
menzó a investigarlos. Poco a poco, en el primer
mundo, principalmente en los Países Bajos, se les
fue quitando a los transexuales la etiqueta de locos
para comenzar a comprenderlos.
En la sociedad mexicana ser transexual equiva-
le a ser asesinado, mutilado, echado de cualquier
trabajo, discriminado por tu familia, desconocido
por tus padres, ignorado por tus amigos. La Iglesia
los tacha de aberración; en las tiendas no los dejan
comprar y los hoteles los echan de sus habitaciones.
Tampoco pueden ir al baño público: ni de hombres
ni de mujeres.
La sociedad castiga lo que no comprende. Y los
transexuales están lejos de ser entendidos. Existe
una política, consciente o no, de exterminarlos.
Los transexuales no son un invento del mundo
moderno. A decir verdad ni siquiera vienen de la
tierra. Vienen del cielo. Hermafrodita, cuenta la
mitología griega, es el hijo de Afrodita y Hermes.
Sus cuidados en la infancia corrieron a cargo de
las ninfas. Una de ellas, Salmádice, lo cortejó, sin
éxito en un principio. Entonces, recurrió a los dio-
ses y clamó abrazándose a Hermafrodita: “¡Dioses!
Haced que nada pueda jamás separarlo de mí ni
separarme de él”. Los dioses atendieron la súplica
y fusionaron ambos cuerpos en un solo ser de doble
sexo. Así ocurrió, dice la leyenda.
El historiador Miguel León-Portilla investigó a
un dios local: Ometéotl.

14
Ometecuhtli (El Señor Dos) y Omecihuatl (La
Señora Dos). Se trataba de un ser dual, dios y diosa.
Su deber era suministrar energía cósmica universal
a los mortales.
En la India, llamados “Hijras”, contienen un
significado religioso. El también llamado “tercer
sexo” tiene tanto poder que es capaz de bendecir o
maldecir toda una vida.
Se sabe que la mayoría de las plantas son herma-
froditas. En el reino animal, muchas variedades de
peces y hongos cambian de sexo como una respues-
ta para adaptarse y sobrevivir.
Así, siendo parte de la historia humana, de los
mitos, de la biología y de la propia religiosidad, la
sociedad mexicana los escupe a diario.
En un país donde uno desayuna con descuarti-
zados, torturados y “levantados”, un transexual es
tratado como un discapacitado más. Un error. Una
distracción en la vida cotidiana.
Este libro pretende contribuir a que la sociedad
comprenda al también llamado “tercer sexo”, para
así tratarlo con igualdad, como a su semejante.
Los relatos que aquí se incluyen, las explicacio-
nes médicas y las denuncias por homicidio sólo tie-
nen la misión de que como sociedad entendamos la
urgencia de sepultar los prejuicios y reemplazarlos
por sana solidaridad.
Los transexuales tienen una parte tan divina
como cualquier respiro de la creación. No es casua-
lidad que aún los teólogos se preguntan qué quiso
decir Dios en el Génesis bíblico con eso de “creó al
hombre y a la mujer a su imagen y semejanza”.
¿Será Dios el primer trans de la historia?

15
I.- EL DIFÍCIL ARTE DE QUITAR UN PENE

“La paciencia es toda la fuerza que un hombre necesita”:


Sathya Sai Baba

T
oma la navaja de afeitar cuatro veces al día y
la repasa, obsesionado, hasta irritar la piel.
Está convencido de que es un cirujano den-
tista, pero no todos sus clientes pueden distinguirlo
con claridad. La barba ayudaría, mas no es la solu-
ción definitiva.
Una señora de cuarenta, sensual, se sienta a es-
perar a ¿él? o ¿ella?
— ¿Con quién tengo el gusto?
— (Un silencio dubitativo) con Lourdes Sánchez,
para servirle.
— ¿Cómo, eres mujer?
— Sssí.
— ¡Qué lástima!
La dama huye del consultorio. Lourdes acaba de
egresar de la Universidad Nacional Autónoma de
México (UNAM) como cirujano. Durante 24 años
planeó cómo deshacerse de su cuerpo impostor.
No se concibe como lesbiana. Su cuerpo emana
tanta testosterona que se sabe un hombre atrapado
en una jovencita llamada Lourdes. Lourdes Sán-
chez, cirujano dentista, dice su título. Instala su con-
sultorio en un pequeño local propiedad de su padre
y desmenuza el resto del plan. No más Lourdes.
Ahora Guillermo, engrosar la voz, quitarse las tetas,
decirle al mundo que Lourdes pasó a mejor vida.
— ¿Cómo tomaron tus pacientes la etapa de
transformación?
— Afortunadamente se quedaron los que se dan
cuenta de los procesos y siguen siendo leales.
— ¿Algunos se fueron?
— Los menos. La gente dice que anestesio bien
bonito.
Su hermana mayor aún le llama Lourdes, igual
que su padre. Los únicos que aceptan el cambio son
sus sobrinos. Ellos no entienden por qué la familia
llama Lourdes a un barbudo de lentes.

Disforia de género: inconformidad con el género impuesto.


David Barrios, sexólogo.
_._

¿Padecimiento o condición?

A una de cada 37 mil personas, la naturaleza le


juega una broma: nacer en el cuerpo equivocado.
Tres hombres por cada mujer, refieren los cálculos
médicos, aunque los expertos opinan que la preva-
lencia de la disforia de género podría ser mucho
mayor en la realidad, tomando como referencia el
número de intervenciones, cambios de acta, orga-
nizaciones sociales y la cantidad de trabajadores
sexuales.
Los científicos tienen puntos de vista enfrenta-
dos. La parte médica lo considera una patología y
la sexológica una condición.
La identidad de género se establece a los doce meses del na-
cimiento. Hasta la fecha no se conoce el origen cierto de la
transexualidad, a pesar de que hay evidencias de que exis-
te desde tiempos inmemoriales. Juan Luis Álvarez-Gayou

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Jurgenson y Paulina Millán Álvarez en Homosexualidad,
bisexualidad, travestismo y transgeneridad y transexualidad:
Derrumbe de mitos y falacias.
El Manual Diagnóstico y estadístico de trastornos men-
tales (DSM, por sus siglas en inglés) de la Asociación
Psiquiátrica Americana lo define como “trastorno
de la identidad sexual”. La Asociación Mundial de
Profesionales para la Salud Transgenérica y Tran-
sexual (conocida en inglés como WPATH) traza
una diferencia: “La calificación de trastornos de
identidad de género como trastornos mentales no
implica ningún permiso de estigmatizar a los pa-
cientes ni de quitarles sus derechos civiles. El uso
de un diagnóstico formal muchas veces es impor-
tante para proporcionar alivio, para recibir cober-
tura de seguro de enfermedad y para guiar inves-
tigaciones que en el futuro ofrezcan tratamientos
más eficaces”.
_._

Guillermo, con diploma de dentista, es una de


esas víctimas que elige la biología con sus reglas
inexplicables y dictadoras. Tras montar su consul-
torio y contar con dinero, decide dar un paso ade-
lante: comienza a consumir hormonas.
La norma en la ingestión para varones transe-
xuales (mujeres biológicas) es de 250 miligramos
de testosterona. Las mujeres transexuales (hom-
bres biológicos) deben comenzar a meterse etinil
estradiol, acetato de medroxiprogesterona, valera-
to de estradiol, caproato de hidroxiprogesterona…
Las fórmulas químicas del endocrinólogo in-
cluyen goserelina, triptorelina, espironolactona,
finasterida, flutamida y sustancias de nombres

19
igualmente ilegibles que en la mayoría de los ca-
sos jamás deben combinarse con alcohol o tabaco:
pueden provocar daños irreversibles al hígado. El
humo del cigarro no sólo trae consecuencias que
todos conocemos, se ensaña particularmente con
las personas trans que ingieren estos medicamen-
tos: les ocasiona várices y flebitis.
Los beneficios de someterse al tratamiento de
hormonas pesan más que los aspectos negativos.
Varones encapsulados en un cuerpo de mujer asu-
men voz más grave, dejan de sangrar por la mens-
truación, los senos pierden consistencia y comienza
a brotar bello facial, el que tanto anhela Guillermo.
Años después, gracias a su constancia, el dentis-
ta presume de una barba tan tupida que cualquier
hombre lampiño envidiaría. Ya nadie lo confunde
ni se acuerda de Lourdes, salvo, claro, su familia,
que la revive en cada comida dominical.
Ahora sólo le falta una pareja y, para colmo, está
enamorado de su mejor amiga. Un día se lo confie-
sa y ella responde: jamás.
Pero el alcohol provoca que los deseos incons-
cientes y las travesuras más escondidas se consumen.
Y un día, terminan en la cama. “Empezamos a tener
relaciones y dijo, ¡de aquí soy! y dejó a su pareja con
la que llevaba 16 años para irse a vivir conmigo”.
Ella dice que la enamoró el olor de Guillermo.
Transgeneridad: condición humana en la que, independien-
temente de que exista o no concordancia del sexo con la iden-
tidad de género, hay una vivencia permanente en un papel o
rol de género que no coincide con el sexo y el género original-
mente asignado: David Barrios Martínez y María Antonieta
García Ramos en Transexualidad: la paradoja del cambio.

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En el quirófano

Guillermo quiere enterrar a Lourdes y se somete


a una mastectomía. Hay un sinfín de cirugías in-
termedias o reversibles a las que puede incurrir un
transexual. En México las practican cirujanos plás-
ticos certificados, pero también médicos sin pape-
les que han llegado a cometer errores letales, como
se enterará más adelante.
Un cirujano de título acepta hablar de estas ope-
raciones. Sólo exige una condición: no mencionar
su nombre.
“La sociedad no está preparada para eso. Yo no
vivo de estas operaciones, yo vivo de mis chichis, mi
liposucción, y aquí en México como no saben qué
es disforia de género, van a decir que soy el ciruja-
no plástico de los homosexuales”.
Al doctor X nadie le enseñó cómo hacer una re-
asignación de género en la práctica, como al resto
de su gremio, aunque vio una materia al respecto
que se le enseña a los cirujanos en la UNAM. X se
instruyó por su cuenta, comenzó a leer literatura
sobre el tema, asistió a seminarios y pronto se vio
atendiendo a tres o cuatro pacientes por año. Aho-
ra suma tres lustros de experiencia.
La primera reasignación quirúrgica efectuada
en México sucedió en los años 50’. La practicó el
extinto doctor Mario González Ulloa. Los datos so-
bre esta intervención son dispersos y predomina el
recuerdo oral.
En 1920, un holandés logró su reasignación y cam-
bio de nombre a Lili Abner, el primer caso del mundo.
El icono se consolidó en Dinamarca, en 1952.
Un ex soldado estadounidense llamado George

21
Jorgensen se convirtió en la primera activista de
la comunidad: Christine Georgenson. Por primera
vez se utilizó la palabra transexualidad. Hasta en-
tonces, los casos eran metidos en la misma bolsa de
los homosexuales y lesbianas.
Cuando esto se supo, en México un grupo de
cirujanos quiso imitarlo, pero cometió errores irre-
versibles que llevaron a varios suicidios. Se sometió
a homosexuales que creían ser mujeres, al cambio
de cuerpo. Alrededor de quince se arrepintieron –el
caso es guardado con sigiloso secreto por la ciencia
médica y los detalles de esta historia se mantienen
reservados como en una caja fuerte— y al no haber
una palanca de reversa dieron fin a su existencia.
Para evitar tragedias, en la actualidad se somete a
los pacientes primero a terapia psicológica, luego a
hormonización. Sigue un año de prueba de vida en
el rol al que aspira y sólo entonces la operación final.
El cirujano Sergio Landa acumula más de 60
intervenciones de reasignación de género. En su
consultorio del Hospital Ángeles del Pedregal le
pregunto por esos suicidios y asiente:
“Antes se hacían este tipo de cambios sin terapia
psicológica, sin terapia hormonal y eso traía trastor-
nos importantes. Había pacientes que no estaban
preparados y caían en psicosis extremas. Es un pro-
cedimiento que no tiene vuelta atrás, usted no puede
decir voy a cambiar de sexo ahora y mañana venir y
decirme quiero regresar a mi sexo contrario”.
El doctor X asegura que las intervenciones fa-
llidas tuvieron lugar en el hospital Manuel Gea
González. Esta información fue corroborada con
dos médicos expertos en la materia que también
pidieron no ser citados. Se estima que las muertes

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ocurrieron a fines de los ochenta. Ningún familiar
las denunció.
La tecnología ha permitido que algunos transe-
xuales pasen desapercibidos en la calle. Pero, como
todo en la vida, hay servicios para cada bolsillo. De
acuerdo al tratamiento, existen transexuales de pri-
mera y trans, aunque suene feo, de segunda. La socie-
dad no trata igual a una mujer transexual con cadera
de Maribel Guardia, rostro de Belinda y senos de Lo-
rena Herrera, que otra espaldona, de labios gruesos,
pechos planos, alta y con cejas tupidas. La diferencia
son, básicamente, 500 mil pesos. A las primeras les
sobrarán pretendientes, y las segundas tendrán in-
convenientes para encontrar alguien que las acompa-
ñe y acepte como son por el resto de sus vidas.
No es distinta la historia de los hombres transe-
xuales, los que nacieron como mujeres. Si no tienen
los suficientes recursos ni el físico similar al de un
macho, lo más probable es que sean discriminadas
y tratadas como “lesbianas” o “marimachas”.
En el mercado hay toda clase de cirugías. Un
varón biológico (mujer transexual) puede someter-
se a una operación de nariz para hacerla lucir más
afeminada, una liposucción, aumento de grasa en
pómulos, implantes mamarios… Para la mujer bio-
lógica (hombre transexual) hay cirugías para mas-
culinizar los mentones, quitar la manzana de Adán
y hacer prominente la quijada.
Hay decenas de intervenciones en el catálogo de
los médicos. Unas tetas van desde los 100 hasta los
500 mil pesos, depende de si son usadas o del ma-
terial más moderno.
Un puñado de los que pueden permitirse incor-
porar tecnología en su cuerpo evita atravesar el si-

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guiente nivel: la faloplastia (formación de un pene
artificial con los tejidos de la vagina) o la vulvovagi-
noplastia (eliminación del pene y creación de una
vagina). Una etapa sin vuelta atrás.
_._

“Ahora sufro porque no tengo un pene y la ver-


dad sí me gustaría tenerlo, pero son siete operacio-
nes para la faloplastia, y te queda como una salchi-
cha y casi no se siente. A lo mejor da tranquilidad
pero por lo menos ahora siento algo… El terapeuta
y yo hemos trabajado en fantasías para poder lograr
mi placer, pero me gustaría hacer una penetración;
la hago con un montón de juguetes (dildos); ten-
go el chico, mediano y el grande, pero algo sigue
faltando”, confía Guillermo, con el cuerpo echado
para atrás en una silla del consultorio contiguo al
suyo, que pidió prestado para la conversación.
Aparte, en el hospital, el doctor Landa me mues-
tra imágenes de faloplastias y vulvovaginoplastias.
Parecen tomadas de películas de zombies de Geor-
ge A. Romero.
Que te lo expliquen no mejora las cosas. La vagina
nueva se forma con la piel sobrante del abdomen o el
antebrazo, extraídas mediante una microcirugía. Se
conforma una especie de tubo con un hueco interno
para transportar la orina. Con un expansor debajo
del colgajo se recrean los escrotos. Al interior de éstos
se integra una válvula para simular una erección.
Además de que son difíciles de realizar y alta-
mente costosas, las cirugías para la faloplastia dis-
minuyen la sensibilidad erótica. Por eso Guillermo
piensa tanto en hacerse un neopene, aunque su
sueño de tener uno natural permanece.

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Caso contrario es el de Gloria Hazel Davenport.
Nació como hombre y veía a su pene como un in-
secto tan ajeno a su cuerpo como una sanguijuela.
Cuando se sometió a la vulvovaginoplastia el doc-
tor le preguntó si quería conservar sus testículos.
La respuesta fue una inmediata negativa: había lu-
chado 34 años para quitárselos.
La vulvovaginoplastia puede durar hasta cuatro
horas y media. Interviene un anestesiólogo, dos
enfermeras y un cirujano. Este último desliza su
navaja y hace una incisión en forma de “y” en el es-
croto y extrae los testículos. Estos terminan en una
bolsa amarilla que se guarda en el refrigerador del
hospital para posteriormente ser incinerados junto
con el resto de las partes humanas sustraídas en las
otras operaciones que se practican en el día.
No existe clínica especializada en practicar estas
cirugías en México. Entre los sexólogos se sabe: no
más de seis médicos las llevan a cabo en el Distrito
Federal. No obstante, en Tijuana y Ciudad Juárez
hay pacientes que fueron intervenidos sin cumplir
el protocolo establecido.
De regreso a la sala de operaciones, con la piel
del glande se construye la neovagina. Después se
crea un espacio entre la próstata y el recto. Y final-
mente con la piel del escroto se delinean los labios
vaginales. Durante seis semanas el paciente debe
usar una sonda para no orinar por el orificio artifi-
cial, debido a que se puede infectar.
Después de inyectarse hormonas, de someterse a
intervenciones intermedias, a un rol de vida y a la
cirugía final, el paciente casi terminó su ciclo. Sólo
falta un pequeño, pero insufrible detalle: modificar
sus documentos.

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Este sería el proceso ideal. Pero en un país donde
el salario mínimo ronda los 60 pesos diarios, medio
millón es un sueño que sólo un canal de premios de
televisión puede cumplir.
¿Qué es lo más común en la cotidianeidad? Que las
hormonas no las recete un endocrinólogo al que vas a
ver con periodicidad, sino te las recomiende tu amiga
trans de tal o cual estética. ¿Cuáles son las sustancias
que venden? El abogado Menhahem Asher lo sabe
bien, pues le han llegado decenas de casos a partir de
que se especializó en la reasignación de acta:
“Las chicas al querer formas femeninas, aumentar
mamas, glúteos, se inyectan desde aceite de carro,
aceite de avión o acuden a lugares clandestinos para
implantar senos de dudosa calidad o defectuosos.
“Llegan a morir por envenenamiento por plo-
mo, infiltraciones de los implantes, necrosamiento
del músculo. Al momento que los aceites químicos
penetran la piel queman todo. El exceso de hormo-
nas diluye tanto la sangre que si reciben un golpe
pueden desangrarse en dos minutos.
“Un chico transexual tuvo un exceso de inyec-
ciones de testosterona y estuvo a punto de un paro
cardiaco por una deficiencia del hígado”.
Desde su oficina en el sótano del Museo Na-
cional de Antropología e Historia, Yesenia Peña
muestra fotografías de implantes infectados, se-
nos deformados con la piel rota, geles refulgentes
emergiendo de pechos devastados. Un catálogo de
tetas malogradas.
“La población trans no tiene los recursos para
acudir con el doctor Díaz Infante que atiende a las
estrellas, entonces van con la otra persona que a
lo mejor ni cirujano es pero tiene un buen merca-

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do de bubis usadas y te las implanta a ti y al rato
podemos tener procesos de septicemia y procesos
infecciosos. Te inyectan aceite de bebé, de cocina y
lo peor del caso: aceite quemado de automóviles”.
Curiosamente, el aceite de automóviles es una
de las sustancias más utilizadas por los transexuales
sin recursos. ¿La razón? Está esterilizado, es baratí-
simo y en un día ya tienes los senos más levantados.
El único inconveniente es que te puede producir
un derrame cerebral.

Reasignación de acta

Yesenia Peña Sánchez es Maestra en Ciencias


Médicas por la Universidad de Colima, doctora en
Antropología por la UNAM y coordinadora de las
semanas culturales de la Diversidad Sexual desde
2001. Una autoridad en la materia. Sánchez se pre-
gunta por qué las mujeres transexuales imitan a las
modelos de la televisión y quieren sus caderas, las
tetas perfectas, las nalgas más redondas que la tec-
nología pueda concebir. La medicina y la sexolo-
gía, concluye, se han apoderado del fenómeno sin
tomar en cuenta a las ciencias humanas ni sociales.
“¿Cuál es el estereotipo de mujer que te da el
médico? ¿El de la mujer fatal? ¿El de la mujer su-
misa? Si hay tantos tipos de feminidades, cómo el
médico te puede decir cuál sí y cuál no.
“Muchos coinciden con los estereotipos comer-
ciales, el transexual mujer se volvió la mejor mujer
sumisa y el transexual hombre se volvió el mejor
hombre machista precisamente porque se piensa
que la concepción clínica es la que debe dirigir el
comportamiento”.

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Peña encuentra una falla en las reformas a los
códigos civil y penal del DF del 2008, aplaudidas
por gran parte de los activistas mexicanos. En estas
modificaciones se excluye a los antropólgos y los
humanistas del peritaje para modificar legalmente
de nombre.
En la actualidad, el código civil del Distrito Fe-
deral establece la posibilidad de levantar una nue-
va acta de nacimiento y reconoce la obligación del
gobierno de dotar de medicamentos y hormonas a
los pacientes transexuales. También prevé por vez
primera penalizaciones contra quien discrimine a
estas personas.
Es un avance mayúsculo en comparación con las
legislaciones de los estados, donde la reasignación
de acta, cuando mucho, puede hacer que el Regis-
tro Civil tachone tu documento de nacimiento y le
ponga una acotación marginal con tu nuevo nom-
bre. De hormonas, ni hablar, se compran por cuen-
ta propia. ¿Castigos por transfobia? Ninguno.
La única coincidencia es que ni en el Distrito Fe-
deral ni en el resto del país la Secretaría de Salud
se hace cargo de todo el proceso para acompañar
a una persona transexual. Algo que sí ocurre, por
ejemplo, en Canadá. Y qué decir de Cuba, donde
el estado se hace responsable de la salud de las per-
sonas transexuales y de todas sus intervenciones,
incluida la de reasignación de género.
Habrá quien cuestione, por qué el Estado debe-
ría dotar de terapia, hormonas y cirugías a las per-
sonas trans. La respuesta la tiene la Declaración de
Valencia de los Derechos Sexuales, firmada en Va-
lencia España el 29 de junio de 1997, que garantiza
“el derecho a la salud sexual” de todas las personas.

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La Declaración Internacional de los Derechos de
Género también recalca “los derechos a expresar la
propia identidad de género con independencia del
sexo biológico”.
Pero el cambio de papeles es complicado y míni-
mo hay que tener 15 mil pesos. Gloria Daverporth
logró quitarse ese bicho raro que le estorbaba de
su entrepierna, sólo que todos sus documentos es-
tán en masculino y no está dispuesta a cambiarlo a
pesar de que tuvo la oportunidad cuando trabajó
como funcionaria en el GDF: la primera persona
trans en ser servidora pública en toda Latinoamé-
rica.
“Es patético que si una persona que se llama
Pepe, no le gusta su nombre, y de repente se quiere
llamar Rodrigo, va y no necesita de un par de peri-
tajes de 15 mil pesos para tener acceso a su cambio
de nombre y una persona transexual sí, al no tener
documentos no podemos tener acceso al trabajo.
“Las personas gays no se mueren por no casarse,
las personas trans sí nos morimos por desempleo y
falta de dignidad”.
Los 15 mil pesos a los que se refiere Gloria son
en promedio lo que cobran algunos abogados, se-
xólogos y cirujanos para actuar como peritos en
la reasignación de acta ante el Registro Civil. Este
proceso sólo aplica en la capital del país. Cabe di-
ferenciar que existen muchos litigantes y profesio-
nales de la salud que se adaptan al bolsillo de sus
pacientes y no necesariamente cobran esas cantida-
des. Un ejemplo es el Instituto Mexicano de Sexo-
logía (Imesex), por citar al más importante.
En el DF, la reasignación de acta dura alrededor
de cuatro meses para los residentes, estima el liti-

29
gante Víctor Hugo Flores Ramírez, a quien algunos
jueces despectivamente le llaman “abogado trans”.
Las personas de otras entidades que viven en el
Distrito Federal deben comprobar una residencia de
seis meses. Algunos, como Guillermo, debieron mi-
grar temporalmente (en este caso del estado de Mé-
xico a la capital) para poder cambiar documentos.
En los estados el proceso jurídico de reasigna-
ción de acta tarda entre dos y cinco años.
Es sólo el principio. Para ser transexual en Mé-
xico hay que tener paciencia, mucha paciencia. No
sólo se trata de recibir terapia, hormonas y cambiar
de nombre. Habrá locos en la calle que te tirarán
dardos por las noches o te lapidarán o te escogerán
como su víctima para apuñalarte.
Además, ¿esperas que te contrate una empresa
grande? ¿Crees que sea fácil conseguir pareja?, ¿la
presentarías en casa?, ¿has pensado cómo tendrás
relaciones sexuales, con un neopene?, ¿quién se
animará a estrenar tu neovagina? ¿Encontrarás a
un sacerdote dispuesto a casarte?
Paciencia, paciencia. A baldes. Eso necesitas.
_._

¿Y qué dice la Constitución sobre los trans?

Nada. La Constitución Política de los Estados Unidos


Mexicanos carece de apartado alguno que especifique cuá-
les son los derechos y obligaciones de las personas transe-
xuales.
El 25 de abril de 2006 el diputado perredista Inti Mu-
ñoz Santini presentó una iniciativa de ley federal para
reformar el artículo cuarto de la Constitución así como
diversas disposiciones del código civil federal.
La Ley Federal de Identidad de Género preveía garan-

30
tizar los derechos de las personas transexuales y dejarlos
explícitos en la Carta Magna mediante la siguiente aco-
tación en el artículo tercero:
“Toda persona tiene derecho a decidir de manera libre,
responsable e informada sobre el número y espaciamiento
de sus hijos. A nadie podrá coartársele el derecho de ejer-
cer su libertad e identidad sexual, siempre y cuando al
hacerlo no provoque un delito, o afecte derechos de terce-
ros. Nadie podrá ser obligado a la realización de práctica
sexual alguna, sin su pleno consentimiento”.
La iniciativa de Ley Federal de Identidad de Género
garantizaba que “el transexual tiene derecho a adaptar
irreversiblemente su anatomía a la identidad sexual que
siente y vive. Toda persona que haya modificado su sexo,
podrá solicitar la rectificación de la mención registral de
su nombre y de su sexo”.
La iniciativa se turnó a comisiones; permanece en la
“congeladora”.
El federal David Sánchez Camacho, también del PRD,
retomó la iniciativa de su correligionario.
El 6 de marzo de 2007 presentó la Iniciativa con Proyec-
to de Decreto que Reforma el artículo 4 de la Ley Federal
para Prevenir y Eliminar la Discriminación, así como
diversas disposiciones del Código Civil Federal y crear la
Ley Federal para la No Discriminación de los Derechos
Humanos y Civiles de las Personas Transgénero y Tran-
sexuales.
El proyecto fue turnado a las Comisiones Unidas de De-
rechos Humanos y Justicia.
El 10 de julio de 2008 Sánchez Camacho mandó una
excitativa al Senado debido al retraso de las comisiones
en discutir y autorizar la iniciativa. El documento per-
manece archivado.
En cambio, en el Distrito Federal, la Asamblea Legisla-
tiva aprobó en agosto de 2008 las reformas a los códigos
Penal y de Procedimientos Civiles para permitir a la
comunidad travesti, transgénero y transexual cambiar

31
legalmente su identidad sexogenérica, así como obte-
ner acceso a medicamentos y terapia de forma gratuita.
También prevé castigos para quienes incurran en dis-
criminación.
La Clínica Condesa brinda los servicios de hormonas,
psicología y dota de medicinas a las personas transgéne-
ro. Sólo que ahí no se practican cirugías de reasignación
de género.
Una persona transexual en el DF necesita dos dictáme-
nes periciales emitidos por sexólogos o médicos especiali-
zados en la reasignación; el proceso de la emisión de una
nueva acta dura alrededor de cuatro meses.
Los residentes en el DF que sean de otros estados necesi-
tan comprobar seis meses de estancia en la capital para
poder acceder al cambio de acta.
Una vez que el Registro Civil desahogó las pruebas y las
autorizó, notifica a la Secretaría de Relaciones Exterio-
res, el IFE, las procuradurías y la Secretaría de Gober-
nación.
Ningún estado de la República tiene legislación al res-
pecto.
En diciembre de 2009, a raíz de un juicio llevado a cabo
por el abogado Víctor Hugo Flores, la Suprema Corte
de Justicia de la Nación determinó que el sexo sicosocial
debe prevalecer por encima del biológico.
El litigante llevó un caso de un transexual de provincia
–el nombre lo mantiene bajo reserva—que tardó cinco
años en rectificar su acta.
La diferencia de los estados con respecto al DF es que
ahí el Registro Civil únicamente hace una anotación
marginal al acta y no levanta una nueva.
El abogado Flores quiere crear jurisprudencia para lo-
grar ganar al menos cinco casos y que con esos criterios
se rijan los estados para así poder celebrar las reasigna-
ciones de actas en toda la República.

_._

32
¿Cuánto cuesta ser transexual?

Hay presupuestos para cada bolsillo. Lo más económico


es acudir a la Clínica Condesa del DF y ahí las hormo-
nas y la terapia son gratuitas. La reasignación de acta
cuesta entre 15 mil y 30 mil pesos.
En el ámbito de las cirugías el catálogo varía según la
calidad de los implantes, el prestigio del médico o la clí-
nica donde se practiquen.
Las principales intervenciones externas son:
• Aumento de busto
• Levantamiento de busto
• Lipoescultura (reducción de grasa y moldeamiento
del cuerpo)
• Aumento de glúteos con lipoinyección
• Aumento de glúteos con implantes
• Cirugía de Abdomen
• Cirugía de Nariz
• Cirugía de Orejas
• Cirugía de Párpados
• Contorno Facial
• Microlipoplastia Facial (rejuvenecimiento del ros-
tro)
• Resección de ginecomastia (quitar senos)
• Lifting de muslos (delinear las piernas)
• Aumento de pantorrillas

Las operaciones definitivas son:


• Vaginoplastia (nueva vagina)
• Faloplastia (construir un pene)
Depende el número de las cirugías y el hospital donde
se ejecuten, no existe un precio definitivo. Una vagino-
plastia puede costar desde 100 mil hasta 400 mil pesos,
por ejemplo. En las cirugías intermedias depende si los
implantes son usados o con la última tecnología. Pero
hay casos de personas que han invertido más de un mi-
llón de pesos en su cuerpo.

33
Es importante enfatizar que la transexualidad está en la
mente de las personas. Es posible utilizar prótesis, ropa
especial y accesorios, en caso de que no tengas dinero
para la operación. Al final de este libro viene un di-
rectorio de asociaciones, centros de reunión y doctores
especialistas en el tema que te pueden ayudar.
_._

Reasignaciones de acta en el DF

La Consejería Jurídica del gobierno capitalino reportó


46 inscripciones de reasignación de acta entre el 10 de
octubre de 2008 y el 1 de diciembre de 2010.
En total, en ese periodo 28 personas pidieron su cambio
de hombre a mujer y 18 de mujer a hombre.
Dos casos son de originarios de Baja California, igual
número a Oaxaca, y sólo un caso para Michoacán, es-
tado de México y Tlaxcala. El resto son de capitalinos.

Consejos para padres de hijos trans

1. No se culpen. Si su hijo sufre disforia de género no nece-


sariamente quiere decir que hicieron las cosas mal.
2. Hablen con su hijo en vez de imponerle sus decisiones.
La disforia de género no es un vicio ni una enfermedad.
3. Jamás revelar su condición sin su permiso. Ellos deben
decirlo cómo y a quien quieran.
4. Estar en contacto y familiarizado con el mundo trans-
género.
5. No permitir que lo discriminen y reforzarle su amor con
expresiones cariñosas y cuidados.

Fuente: CECASH

34
II.- AVERSIÓN

“Si uno no entiende a otra persona tiende a considerarlo un


loco”: Carl Jung

Homicidios masivos.

Número 117. Valentín Miranda Castro, “La Cynthia”.


25 años. Lugar donde aparece el cadáver: la calle. En-
tidad federativa: México, Tlalpan. Estado del cuerpo:
arma de fuego.
Número 127. José Antonio Lara Arévalo, “La Vicky”.
No especifica edad. Lugar donde aparece el cadáver: la
calle. Entidad federativa: México, Coyoacán. Estado del
cuerpo: arma de fuego.

El Informe de Crímenes de Odio por Homofobia en


México 1995-2008 elaborado a partir de la revisión
de 71 diarios locales y nacionales consigna 80 ho-
micidios contra personas transgénero en todo el
país. Veintinueve de ellos en el Distrito Federal.
Antonio Medina, pieza clave para elaborar el in-
forme, descubrió que, en la mayoría de los casos,
quienes cometían los crímenes de transfobia eran
uniformados.
Número 152. Ricardo Javier Ruvalcava Martínez,
“Linda”. No especifica la edad. Lugar donde aparece
el cadáver: casa. Entidad Federativa: Escobedo, Nuevo
León. Estado del cuerpo: golpeado.
Número 191. Max Humberto Guerrero García. 38
años. Entidad federativa: México, Iztapalapa. Estado
del cuerpo: arma blanca.
El Informe de Crímenes de Odio por Homofobia en
México, 1995-2008 es el único en registrar los ca-
sos de crímenes contra personas transgénero en el
país. Los criterios para elaborar este documento
excluyen “agresiones menores”.

Número 197. Alejandro Delgado Najar. 21 años. Lu-


gar donde aparece el cadáver: hotel. Entidad federativa:
Guadalajara, Jalisco. Estado del cuerpo: asfixia.
Número 246. “La Muda”. Lugar donde aparece el ca-
dáver: calle. Entidad federativa: Tenosique, Tabasco.
Estado del cuerpo: degollado.

Puede saltar la pregunta ¿pero, cómo sucede


esta especie de masacre casi imperceptible? Un po-
licía se lo explica perfectamente a Gaby: “Los putos
como ustedes no tienen derechos”.
A Gaby el cabello rubio rizado le cae como una
cascada sobre su ceñido vestido morado de donde
emergen dos senos que con absoluta disposición
presume orgullosa cuando algún “hetero” la recha-
za. El trabajo sexual y su disciplina en las finanzas
personales le permiten comprarse su casa y amue-
blarla. Pero en este principio de siglo ser transexual
y sexoservidor en México es una combinación fatal.

Número 247. “Dulce”. Lugar donde aparece el cadá-


ver: domicilio. Entidad federativa: Jalapa, Veracruz.
Estado del cuerpo: Arma blanca.
Número 248. “Cork”. Lugar donde aparece el cadáver:
calle. Entidad federativa: Jalapa, Veracruz. Estado del
cuerpo: destrozaron su cabeza con una piedra.

Es una noche mugrienta como suelen ser en las


calles cercanas al Metro Revolución. Zonas de bo-

36
rrachines, saqueos y palizas. A cierta hora no hay
ley. Dicen que durante la noche, todo vale. Otros
juran que vale todo las 24 horas del día. Si existen
reglas, las hacen cumplir a su modo los policías.
Uno de “los tiras” le exige a Gaby quitarse de
la calle. No presenta orden alguna ni documento
judicial. El enunciado imperativo “quítate puto”
es cotidiano y si los transexuales no hacen caso
se arriesgan a ser acusados de alboroto, escánda-
lo, desobedecer a un policía o faltas a la moral. En
2007 Gaby está en la calle, esperando un cliente,
no tiene nada de ilegal su posición. Ningún veci-
no se ha quejado de escándalo, una de las pocas
condiciones para que la policía, legalmente, pueda
obligar a un trabajador sexual a retirarse de una
esquina. Gaby necesita dinero, hay que pagar las
letras vencidas de muebles. Cobra 300 pesos por
desnudo total, sexo oral, caricias, masaje y pene-
tración. Gaby aguarda con los senos casi a la intem-
perie la llegada de un cliente. Pero éste no llega.
“Que te quites”, repite el policía. Gaby se niega. El
uniformado baja de su patrulla, quiere apartarla a
empujones. A Gaby el instinto le cuesta caro: sin
darse cuenta, al defenderse sus uñas arañaron el
rostro del oficial. El error la lleva a pasar tres años
siete meses y quince días tras las rejas.
Hoy en día es difícil platicar con ella. No porque
sea hosca o tímida, Gaby es prácticamente sorda.
Tiene que acercarse a los labios de su interlocutor
casi a dos centímetros y ni así capta con exactitud la
lógica de una pregunta simple. Aunque, eso sí, cuan-
do abre la boca es tan parlanchina como una mujer
en una despedida de soltera. No se entera muy bien
de los diálogos del policía con el Ministerio Público

37
cuando narra lo ocurrido. Ella se lo hace saber a los
presentes. “Hablen más fuerte, no entiendo qué está
pasando”. Lo único que alcanza a escuchar de voz
de un policía es una mentira nada piadosa: “Todo
saldrá bien”. Los tres años, siete meses y quince días
-Gaby recuerda con nitidez el plazo- los transita en
el reclusorio Oriente. Sólo de hombres.

Número 256. Desconocido. 30 años. Lugar donde apa-


rece el cadáver: terreno baldío. Entidad federativa: Eca-
tepec, estado de México. Estado del cuerpo: asfixia, pies
y manos amarradas.
Número 259. Orlando Aguirre. 33 años. Lugar donde
apareció el cadáver: casa. Entidad federativa: México,
Cuauhtémoc. Estado del cuerpo: golpes en la cabeza por
un objeto pesado.

Tras las rejas, Gaby padece en carne propia la


corrupción que opera en el sistema penitenciario
mexicano. A diario debe dar quince pesos a los
guardias para evitar comer “rancho”, un bodrio de
revolturas alimenticias tan apetitoso a la vista como
el vómito de un borracho. Los celadores juran que
es avena de maíz rico en proteínas.
Pasar por ser transexual, ser humillado en la es-
cuela, en casa, en la calle y trabajar para los clientes
de Metro Revolución le ha dado la suficiente pe-
ricia para convivir en el mundo criminal. Nada le
espanta. Se ayuda de su extrovertida personalidad
para hallar un poco de tranquilidad en esas confi-
nadas celdas.
Así da con un contacto que le ofrece un cama-
rote para ella sola, una celda donde puede dormir
sin tener que despertar atrofiada por haber pasado
una noche de pie y amarrada a unos barrotes por

38
falta de espacio, lo que padeció cuando pisó por
primera vez la cárcel.
“Perdí todo, mi casa, mis muebles dejé de pa-
gar, ahorita estoy empezando. Me voy recuperando
y apenas logré sacar mi acta de nacimiento que la
tuve que mandar traer de no sé donde y ya estoy
consiguiendo mis papeles, pero es difícil porque nos
ponen muchas trabas para la credencial de elector”.

Número 260. José Carlos Rodríguez Ramírez. 48 años.


Lugar donde aparece el cadáver: hotel. Entidad federa-
tiva: México, Cuauhtémoc.
Número 270. Desconocido. Lugar donde apareció el
cadáver: domicilio. Entidad federativa: Tijuana, Baja
California Norte. Estado del cuerpo: arma de fuego.

Gaby tiene poco menos de un año fuera de pri-


sión, pero nada la exenta de que el episodio vuelva
a ocurrir, porque regresó a la calle, al mismo lugar
donde se la llevaron.
Por otro incidente policíaco casi idéntico, Coral
estuvo cuatro meses y medio en el reclusorio Norte.
— ¿Con puros hombres?
— Sí, ahí te tienen revueltos, te tienes que de-
fender
— ¿No abusaron de ti?
— No, hasta eso no, pero sí la pasé muy mal.
Para la comida es un desmadre allá adentro, te la
sirven en botes y le echan de todo, yo tuve que co-
mer muchas veces rancho ya cuando comencé a
generar dinero pude comer comida selecta como
tacos. El Reclusorio Norte es el más cabrón que hay
ahorita, yo pienso, está muy pesado. Muy lleno,
más gente, en una celda hay hasta veinte presos.

39
Duermes hasta parado, a mí me tocó dormir para-
da, me amarraron de las manos en la reja y de los
pies y así me quedé dormida, dormida.
— ¿Cómo amaneciste al día siguiente?
— Bien adolorida, ¡imagínate!, amarrada en la cel-
da toda la noche. Como doce horas amarrada. Me col-
garon como si fuera un objeto de ellos, como maniquí.
La organización Transgender Europe (TGEU) ha
documentado 426 homicidios contra personas tran-
sexuales en los últimos dos años y medio en todo el
mundo. Equivale a un asesinato cada tres días.
En Brasil se cometieron 59 homicidios en 2008;
68, 2009, y 40 entre enero y junio de 2010. En Mé-
xico, 4 en 2008; 10 en 2009, y 9 en enero-junio
de 2010. En contraste, en toda Europa se habían
detectado cinco crímenes en 2010 y en Asia única-
mente cuatro.
Existen organizaciones que han llevado una esti-
mación de las agresiones en la ciudad de México. La
asociación Ángeles en Búsqueda de la Libertad, que
integra a trabajadoras sexuales trans, calcula alrede-
dor de 45 homicidios en los últimos 20 años, y ya
dejó de llevar la cuenta de las “agresiones menores”.
Otra es la versión de las autoridades. El exsubpro-
curador de Averiguaciones Previas Centrales de la
Procuraduría General de Justicia del DF, Jesús Ro-
dríguez Almeida, asegura que en los archivos de la
dependencia no hay una sola investigación relacio-
nada con homicidios contra personas transexuales.
En sus oficinas, le hablo del Informe de Crímenes de
Odio por Homofobia en México 1995-2008, de las notas
periodísticas que consignan los homicidios, de los
testimonios de Ángeles en Búsqueda de la Libertad
y de las revelaciones de Transgender Europe.

40
El funcionario insiste en que la PGJ ni siquiera
ha encontrado o recibido denuncias sobre cuerpos
de transexuales asesinados por transfobia.
En cambio, manifiesta que este año la PGJ del
DF ha documentado 120 homicidios en 2010 con-
tra personas homosexuales, de los cuales han sido
resueltos 66. El año pasado la cifra fue de 137 casos
y en 2008 de 73.
Un 95 por ciento de los homicidios por homofo-
bia, refiere Rodríguez Almedia, se trató de “críme-
nes pasionales”.
“En la gran mayoría de estos asuntos los homici-
das tienen una relación ya sea sexual o emocional
o de pareja con las víctimas, en casi todos los asun-
tos que tenemos. Los agresores han sido también
en ocasiones personas muy cercanas a la víctima o
con quienes tenían una relación digamos de orien-
tación sexual similar”.
_._

La discriminación cotidiana

Al Consejo Nacional para Prevenir La Discrimi-


nación (Conapred) han llegado 43 quejas y 19 re-
clamaciones presentadas por la comunidad trans-
género. Por medio de la ley de transparencia obtu-
ve acceso a los recursos.
CONAPRED/DGAQR/166/05/DQ/I/DF/Q77. Acude
al grupo Alcohólicos Anónimos, pero no se le permite
subir a tribuna por ser una persona transgénero.
CONAPRED/DGAQR/379/07/DQ/I/DF/Q174.
Transgénero. Acude a un OXXO, donde solicitó una
tarjeta telefónica que se le había perdido; sin embargo, el
encargado del establecimiento le da un trato denigrante
y la saca con un empujón, lo que provoca su caída.

41
CONAPRED/DGAQR/540/07/DQ/I/BC/Q255. Pre-
senta queja porque la empresa Televisa le niega el em-
pleo de atención a clientes, ventas o telemarketing por
ser una persona transexual y por su apariencia física, ya
que a su consideración se viste muy llamativa.
CONAPRED/DGAQR/438/09/DQ/I/AC/Q205. Es una
persona transgénero y es elegida para participar en la
película “Abel”; sin embargo, durante las grabaciones, se
percata que el personal de producción y vestuario hacen
comentarios discriminatorios por su sexualidad (sic).

Los casos se presentan de manera sucinta. Ape-


nas se aborda en un párrafo el problema en general
y su número de folio. Es por ello que solicito a Hil-
da Téllez Lino, directora General Adjunta de Que-
jas y Reclamaciones del Conapred, una explicación
más detallada.
Me obsequia copias resumidas de algunos casos,
reservándose los nombres tanto de los afectados
como de quienes cometieron actos de discrimina-
ción. Así lo marca la normatividad.
CONAPRED/DGAQR/456/09/DQ/I/QR/Q218. Tra-
vesti. Por políticas del centro nocturno Coco Bongo, per-
sonal de éste se niega a venderle el boleto de entrada,
debido a su forma de vestir —usar vestido y peluca—.
CONAPRED/DGAQR/397/08/DR/II/NAL/R282.
Personas transgénero, gays y lesbianas jaliscienses están
siendo discriminadas y recibiendo abusos por parte de
funcionarios del IFE al tramitar su credencial.
CONAPRED/DGAQR/244/07/DR/II/JAL/R143. Per-
sonal del DIF en Jalisco separa a una niña de su mamá,
en virtud de ser transexual.
CONAPRED/DGAQR/79/06/DR/II/TAB/R36. Las
personas travestis que realizan trabajos sexuales en el
Municipio del Centro en Tabasco son hostigadas, al ser
detenidas por policías y trasladarlas para efectuarles la
prueba de Elisa-VIH sin su consentimiento.

42
Ocurre en Ciudad Juárez, Chihuahua, el 24 de
mayo de 2007. Miembros de la Policía Militarizada
irrumpen sin ninguna orden judicial en cinco domi-
cilios de personas transgénero. Roban sus pertenen-
cias, las golpean y las remiten a la Estación Delicias,
donde se les multa sin explicarles por qué delito.
“Asimismo, en cualquier lugar de la ciudad
amenazan de muerte e intimidación tanto a mu-
jeres transgénero como a personas que se dedican
a prestar sexoservicio, mujeres lesbianas, personas
gay e inclusive contra quienes se dedican a la de-
fensa y promoción de los derechos humanos”, re-
fiere el expediente CONAPRED/DGAQR/295/DR/
II/CHIH/R165.
El Conapred solicitó a la presidencia municipal,
a la Secretaría de Seguridad Pública y Protección
de Ciudad Juárez una investigación al respecto y
pidió la colaboración de la Comisión de Derechos
Humanos del estado.
El organismo carece de facultades para castigar
a las autoridades o particulares que discriminen a
una persona por su orientación u condición sexual.
Lo más que puede hacer es someter a conciliación
una queja y, si este proceso fracasa, emite recomen-
daciones al afectado tales como recurrir a instan-
cias que sí tengan la capacidad de reparar el daño.
La animadversión por las personas transexuales
no excluye a personas letradas u hombres de cien-
cia. Un ejemplo de discriminación es el Consejo
Nacional de Ciencia y Tecnología (CONACYT).
Cita el resumen del expediente CONAPRED/
DGAQR/169/09/DR/I/DF/R90:
“Personal del CONACYT proporcionó un trato
diferenciado a la peticionaria por ser una persona

43
transgénero, al darle un trato cortante y grosero,
refiriéndose hacia ella como aquel hombre o aquel
señor.
“Al CONACYT acudía vestido de hombre, pero
en virtud de que se está realizando sus terapias de
reemplazo de hormonas y su apariencia está cam-
biando, posteriormente acude como mujer, lo cual
trajo como consecuencia que le brinden un mal tra-
to”.
El Conapred interviene ante la queja de la afec-
tada y logra convencer al CONACYT de recibir un
curso de sensibilización sobre la cultura de la no
discriminación dirigido a sus trabajadores.
Ser profesor y transexual, al mismo tiempo, es
otra combinación que no cabe en algunas mentes.
Así ocurre en la Universidad Tecnológica de Mé-
xico (Unitec) plantel Sur. Un profesor es despedi-
do por indicaciones del director de la universidad
mediante su directora académica que le hizo saber
que el responsable del centro de estudios “no que-
ría volver a verlo por homosexual y afeminado y le
indicó también que ‘si no le daba pena ir así, con
pechos y caderas y pelo largo, que no querían gente
como él en ese plantel’”.
La maestra es despedida. El Conapred intervie-
ne y logra que la Unitec pague una indemnización
a la peticionaria, así como expedir una carta de re-
comendación para que consiga otro trabajo.
Pero no todos los casos tienen un final feliz, me-
nos cuando se trata de particulares.
En 2007 Conasida y la Comisión de Derechos
Humanos en Yucatán organizan un congreso sobre
prevención en VIH. Eligen al hotel Ref Club para
hospedarse. Lo que no saben es que las políticas

44
de ese establecimiento son eminentemente homó-
fobas.
Entre los asistentes son convocados personas
transexuales. “(…) El personal de dicho hotel pidió
a los jóvenes asistentes a ese evento que iban vesti-
dos de mujeres, ‘se vistieran como hombres’; hecho
que se repitió cuando personal de ese hotel indicó
a los jóvenes vestidos de travestis que asistieron a
la discoteca del lugar que ‘no podían vestirse así’”.
El Conapred invita al dueño del hotel Ref a par-
ticipar en un procedimiento conciliatorio. El repre-
sentante legal del negocio se niega a asistir, bajo la
argucia de que “no había existido discriminación
en agravio de los participantes y que esa era parte
de las políticas del hotel”.
Llamé al hotel para pedir una explicación por el
caso. Nadie quiso hablar al respecto.
Desde luego, Hilda Téllez Lino, directora Ge-
neral Adjunta de Quejas y Reclamaciones del
Conapred, ratifica que sí hay un acto discrimina-
torio, aunque el organismo no lo puede sancio-
nar. En cambio, sugiere al consejero jurídico del
gobierno de Yucatán y al director de verificación
de la secretaría de turismo del estado “verificar los
lineamientos y reglamentos internos que operan en
dicho hotel”.
A pesar de los agravios contra las personas tran-
sexuales, Téllez Lino llega a una conclusión que la
alienta:
“Es uno de los sectores de la población que tie-
nen un mayor activismo en la defensa de sus dere-
chos”. Y eso significa que rara vez dejan pasar una
discriminación en su contra.

45
_._

Nombre: Alma Delia


Entidad de nacimiento: Guerrero
Años en el servicio sexual: 36
Acusaciones por homicidio: 2

Alma Delia es una estampa fiel de qué le puede


ocurrir a una trans si decide dedicarse al trabajo se-
xual. Y no son pocas las que lo hacen, muchas veces
es la regla. ¿Cómo vas a ascender en una empresa
si tus documentos no corresponden a tu identidad?
Sólo las estéticas y el comercio del cuerpo dejan di-
nero en este universo, salvo contadas excepciones.
Cuando llegues a la calle lo más probable es que
te acusen de algún delito, como robo u homicidio.
También te van a extorsionar. La policía no dejará
de joderte y verás año con año cómo asesinan a tus
compañeras. Claro, si antes tú no fuiste la víctima
fatal.
En los noventa, Alma Delia convalece de hepati-
tis cuando unos policías irrumpen en su casa.
— Tú asesinaste a dos transexuales.
— ¿A quienes?
— Perla e Ivonne.
Alma Delia apenas ve en un par de ocasiones a
las víctimas. Las saluda, como a cualquiera de sus
compañeras de trabajo, pero amigas, no, desde lue-
go que no. “Un amigo, decimos nosotras en el ta-
lón, es un peso en el bolsillo”. La discreción es una
de las reglas no escritas en el ambiente del trabajo
sexual trans.
Que una compañera del talón toque el timbre en
casa de otra y de paso se tome la molestia de plati-

46
car con su marido puede ser interpretado como un
intento de bajar al novio. Y casi nadie quiere aven-
tarse a ser esposo de una trans.
Alma Delia dice que no tiene amigas en su am-
biente de trabajo. Sólo compañeras. Esa ética per-
sonal la lleva a mantener distancias con Perla e
Ivonne. Las saluda por cortesía. No sabe más. Ni
quiere saber.
Durante un mes, interrogan a Alma Delia, mien-
tras su cuerpo es atacado por la hepatitis. ¿Dónde
las mataste?, ¿Cuándo se veían?, ¿de dónde eran
amigas?, ¿de dónde sacaste la pistola?, ¡deja de
mentir, sabemos que lo hiciste!
No hay respuesta satisfactoria para la policía y
ella simplemente no conoce a las dos mujeres.
Ivonne aparece muerta en Periférico Sur y Perla
en las cercanías de esa zona. Ambas trabajan jun-
tas, en pareja, algo común en la calle para evitar
enemigos que acechan. A veces los grupos son de
tres y hasta veinte personas. Trabajan en equipo,
coordinados por una “madrota”, mujer trans que
se encarga del negocio a cambio de un periódico
soborno.
Los cuerpos de Perla e Ivonne fueron baleados.
No es una práctica extraña en la calle.
Justo en Avenida Zaragoza masacran a tiros a “La
Maestra”, una meretriz que complementa su sueldo
con clases particulares de inglés. Muere como mu-
chas trans, en la calle, con un disparo. Una práctica
de los automovilistas por la noche: gatillan como si
fueran patitos de metal en una feria.
Si eres trans, no puedes presentar otros testigos
trans que te defiendan. El juez dirá que no tienen
calidad moral para ratificar tu dicho. Los familiares

47
rara vez respaldan a las víctimas. Consideran que
ya bastante tienen con ser parientes de un “mons-
truo satánico” –así le han llegado a llamar a Alma
Delia clientes después de eyacular, cuando les brota
el sentimiento de culpa-.
Alma Delia se salva de la cárcel por el homici-
dio de Ivonne y Perla. Pero no de la despiadada
corrupción policial. En agosto de 2010 alguien que
nunca ve en su vida la acusa en complicidad con
dos policías para robarle tres mil pesos. Pero ese
solo testimonio basta para que sea llevada por una
patrulla a una agencia del Ministerio Público.
Los policías, el juez y el cliente le piden ocho mil
pesos para reparar el supuesto daño. Alma Delia
jamás carga con esa cantidad de dinero, a veces no
gana nada como trabajadora sexual, otras sólo 100
pesos, el equivalente a un servicio completo. Por
eso también debe vender comida en tiendas de ser-
vicio. Entre sus productos ofrece mixtote y pozole.
Son ocho mil pesos o pudrirse en la cárcel. A ella
le toca ver cómo algunas compañeras pasan tres,
cuatro o hasta cinco años en prisión sólo porque se
niegan a pagar la extorsión oficial. Ya vieron lo que
pasó con Gaby. Alma Delia prefiere conseguir los
ocho mil pesos.
Hoy en día, está endeudada con amigos y fami-
liares, pero prefiere eso a darle el disgusto a su oc-
togenaria madre de tener a una hija en la cárcel.
Bastante tuvo con tratar de comprender términos
como disforia de género.
Las desventuras de Alma incluyen un capítulo
donde su cabeza es tan pateada como un balón de
futbol en la final de la Eurocopa, guardando las
proporciones. Camina por la calle cuando unos

48
fanfarrones no dudan en agredirla con el típico:
“¡Puto!”. Ella responde la ofensa con un automáti-
co: “¡Chinga tu madre”. Los tipos la tunden en el
piso y le provocan ocho puntadas en la cabeza.

Nombre: Laura
Entidad de nacimiento: Distrito Federal
Edad: 39 años

La cara de Laura es una bolsa que guarda resi-


duos de las hormonas más populares del mercado
negro. Se ha inyectado Metrigen Fuerte (jeringas
con benzonato de estradiol), el anticonceptivo Pa-
tector Rosa , Prolidon 500 (progesterona), Perlutal
(Acetofénido de algestona), Gravidinona y distintas
pastillas con estrógenos compuestos. Por acumula-
ción de aceite en su rostro debió someterse a una
intervención si no quería quedar hinchada de por
vida.
Una vez Laura espera a un cliente cuando la ro-
dean dos coches. Desde el interior de los automó-
viles, unos jóvenes le disparan dardos. Otros bajan
con tubos y la golpean en la espalda.
Laura se abraza a un árbol. Intenta cubrirse.
Unas chicas les dicen a sus acompañantes que es
suficiente. Sólo ese clamor logra que los jóvenes
embriagados de ira detengan la paliza.
Más de dos décadas en la calle le dan a Laura
impecables lecciones de intuición. Su cuerpo siente
cuando un cliente es un buen tipo y cuando querrá
acabar con ella. No sabe ponerlo en palabras, no
necesita.
Ese sexto sentido provoca que un día Laura salte
de un automóvil a más de 60 kilómetros por hora.

49
Siente que ese hombre puede ser su asesino. El tra-
to, las palabras, el gesto y un conjunto de factores
que no tiene tiempo de analizar le alertan, es un
criminal, ¡salta! Y eso hace.
No recuerda cómo llega a casa, ni siquiera dón-
de se golpea o en qué lugar ocurre. Sólo sabe que
amanece semidesnuda, en tacones y repleta de ma-
gullones. La bolsa y el teléfono se han esfumado,
pero es lo de menos. Su instinto le salva la vida.

Llamamos transfobia al conjunto de creencias, opiniones, ac-


titudes y comportamientos de agresión, odio, desprecio, ridicu-
lización, etc., que se producen contra las personas trans: Red
Transfobia.

Los clientes de las sexoservidoras trans no son


muy distintos de los que acuden con mujeres “nor-
males”. Les prometen que las sacarán de la calle,
que serán sus esposos y las mimarán con fervor.
Nunca ocurre. Al contrario, cuando eyaculan, hu-
yen como de una escena de crimen.
Rubí Arzola está desencantada. No más prome-
sas para ella. Ha ahorrado lo suficiente para abrir
un salón de belleza en Cuernavaca. Quiere hacer su
vida, fuera de la calle.
Durante año y medio Rubí estudia cosmetología.
Guarda plata para pagar sueldos y permisos del sa-
lón por lo menos desde el día de su apertura hasta
los seis meses. Estima que en ese lapso su salón se
sostendrá por cuenta propia y resolverá las necesi-
dades básicas de la vida.
Los integrantes de Ángeles en Búsqueda de la
Libertad, ONG dedicada a ofrecer servicios jurídi-
cos, de salud, odontológicos y orientación a traba-

50
jadoras sexuales, se enorgullecen de su compañera,
aunque el entusiasmo se evapora.
Rubí aparece cerca de la estación del Metro Can-
delaria. Sin futuro. Y sin vida.
Su cuerpo, atravesado con una varilla de cons-
trucción que entra por el pecho y sale de la espalda.
La cabeza, degollada.
No es la única pérdida para Ángeles en Búsque-
da de la Libertad, organización donde algunos de
sus miembros son simpatizantes del Ejército Zapa-
tista de Liberación Nacional.
Todos recuerdan a “La Rambo”, quien interpreta
en bailes de cabaret al personaje que dio vida Silvester
Stallone. En los clubes gay o del ámbito hipster del DF
es común que a la medianoche haya espectáculos exó-
ticos con trans o drag queens; hombres vestidos de mu-
jer –no necesariamente transexuales—que hacen imi-
taciones de artistas famosos. Es así como se gana la vida
también gente como “Paquita”, una corpulenta trans
que clona a “Paquita la del Barrio” en el bar kitsch La
Perla, en el Centro Histórico del DF. A este tipo de
lugares acuden jóvenes en grupo a divertirse, que ven
en un show travesti la oportunidad de presumir por
Facebook que la pasaron bomba el fin de semana.
“La Rambo” es una de esas atracciones.
Tiene un problema: ha interpuesto una denun-
cia contra su casera. El motivo: los recibos de renta
salen a nombre de una persona distinta a la que
firma el contrato.
Jaime Montejo, líder de Brigada Callejera, in-
tenta explicar a “La Rambo” que lo más probable
es que su casera sea narcomenudista, debido a su
extraño comportamiento, sumado a que vive en
una zona de alta incidencia delictiva.

51
“Entonces nos dice: la que me cobra dirige el ro-
llo del narcomenudeo en la colonia. Le dijimos ¡no
mames te van a matar cabrona!”, recuerda Jaime.
“La Rambo” revira: “A mí la gente me quiere mu-
cho”.
“La Rambo” no vive sola. Tiene como compa-
ñera de departamento a una trabajadora sexual.
Juntas se acompañan, cuidan y vigilan. No es su-
ficiente.
Aparece degollada afuera de su departamento;
las heridas de su cuerpo indican que luchó hasta el
último suspiro contra su agresor. De la compañera
de cuarto de “La Rambo”, ni noticias.
Donde quiera que uno mire, allá hay un trans
víctima de la violencia. Incluso, dentro de la propia
pareja. Como le sucede a Cynthia, su hombre le
quita la vida con una plancha. El novio es stripper.
Tras el crimen, desaparece de la faz de la Tierra.
O la dramática historia de “Mariposa”. De un día
para otro deja de ir a la calle. Sus compañeras se
preocupan. Y cuando se sabe que doce cuchilladas
ponen fin a su existencia, se preocupan aún más.
A Krizna, por poco, la incluyen en la lista de
víctimas fatales de Ángeles en Búsqueda de la Li-
bertad, pero vive para contarlo. Su caso ayuda a
explicar por qué no hay asesinos de transexuales
en la cárcel.
Una noche, un cliente algo borracho sube a
Krizna a su automóvil. No hay tiempo para platicar
cuando una calle después, una patrulla ordena al
conductor detener su automóvil. Dos policías mi-
nisteriales del DF han estado siguiendo a Krizna y al
automovilista. A este último le ordenan bajarse del
vehículo, amén de entregar su licencia y credencial

52
para votar. Krizna lleva años de oficio, pertenece
a una asociación politizada, conoce sus derechos,
obligaciones y sabe que el ejercicio del trabajo se-
xual no es un delito. Cuando mucho puede ser una
falta administrativa si es que los vecinos se quejan
de un gran escándalo. No es el caso. Pasado el mal
trago, eso mismo intenta explicarle al cliente, pero
este enloquece y sin reflexionarlo la arroja del auto.
Krizna regresa a su esquina pensando que se
trata de una extorsión. Otra más. Se cuestiona si
los policías la siguieron o, por el contrario, utilizan
catalejos, como ya le ha ocurrido. Piensa que se ha
salvado del incidente. Pero el cliente reaparece, se
para a pocos metros, apunta con su pistola y lanza:
“¡Ya valiste madres, te voy a matar, tú trabajas de
acuerdo con los policías!”.
Los policías alcanzan al tipo, lo detienen y luego
le recetan una cantaleta de buenas costumbres que
termina con una extorsión. Por lo general, la bofia
amaga con tener videos del encuentro, con acusar a
la víctima de exhibirlo ante su familia o con hundir-
lo en la cárcel. Todo, por hacerse de unos dos mil
pesos, monto promedio de “la mordida”. Para ase-
gurar que su delito se concretara, los uniformados le
aseguran que Krizna trabajaba con ellos; mentira ab-
soluta. Como sea, Krizna tiene frente a sí una pistola
y a un hombre enfurecido dispuesto a dispararla.
Krizna se juega su última carta. “Lo que hice fue
tomarlo de la mano donde tenía la pistola, aga-
rrarlo de la muñeca con la mano izquierda y con
la mano derecha, el codo y los brazos empecé a es-
trujar su cuello en lo que azotaba la muñeca contra
la pared, pero viendo que el cañón de la pistola
apuntara hacia otro lado”.

53
Forcejea con su cliente, cuando dos patrullas de
la delegación Cuauhtémoc, observan la escena y
pasan de largo.
Krizna es corpulenta. Con su fuerza, logra que el
cargador y las balas caigan al piso. Y finalmente, una
patrulla de otra delegación se detiene a intervenir.
Curiosamente, los policías de la delegación
Cuauhtémoc se aparecen en el lugar minutos des-
pués y se hacen cargo de Krizna y su agresor. Los
llevan a la cuarta delegación del Ministerio Público
del DF.
Krizna escucha que un policía reconoce a su
agresor y le dice a otro uniformado: “Ay no mames
güey acabamos de detener a este culero y ahora ya
lo traen ¿por qué?”. Otro explica: “Por intento de
homicidio”. A lo que el primero revira: “Si apenas
si tiene como una hora que lo apañamos”.
Krizna ha perdido esa noche. No llevará dinero
a casa. Tiene casi una hora esperando a que la jus-
ticia atienda su caso cuando los policías de repente
le informan que su proceso se llevará a cabo en la
agencia 50 del Ministerio Público.
Al llegar ahí, Krizna se encuentra con una ma-
raña de reporteros de nota roja. Quieren saber por
qué había querido asesinar a su cliente. Krizna no
tiene más remedio que escabullirse.
Durante dos horas, relata a un escribano los de-
talles del episodio de esa noche. Le advierten que
tendrá que esperar hasta el día siguiente para rati-
ficar su demanda. Conocedora de sus derechos, la
víctima exige una copia de su declaración. El agen-
te se la niega.
Por la mañana Krizna regresa a la agencia del Mi-
nisterio Público para ratificar su demanda. El agente

54
le advierte, “piense bien las cosas, lleva todas las de
perder, mejor retire la demanda”. Krizna amenaza
con denunciarlo ante la Función Pública por incum-
plir con el otorgamiento de un derecho constitucio-
nal. A regañadientes, el hombre ratifica la demanda.
“Los asesinatos se dan porque la misma policía
está coludida o tiene culpa en este tipo de situacio-
nes, porque con tal de seguir extorsionando, con
tal de seguir delinquiendo, nos ponen como chivo
expiatorio”.
El hombre de la pistola sale libre al poco tiempo.
Y Krizna aún trabaja en la calle, a merced de clien-
tes como él.
Ángeles en Búsqueda de la Libertad se ha ente-
rado de casos en que los asesinos de trans obtienen
su libertad a cambio de 150 mil pesos.
El sistema judicial en México no defiende a to-
dos por igual. Al menos, no a alguien que vive en
un cuerpo equivocado. Para los policías, los trans
son carne tierna, ideal para ser extorsionado, acu-
sado de robo, de homicidio, de agresión, de faltar
el respeto en la vía pública, de faltas a la moral, de
atracar a sus clientes… Son su caja fuerte, su gallina
de los huevos de oro.
¿Quién puede probar lo contrario?, ¿quién des-
mentiría a la policía?, ¿otro transexual? Los trans
están atrapados.
Mientras tanto, el gobierno del Distrito Fede-
ral se acerca a las trabajadoras sexuales y les receta
manuales de buena conducta sobre cómo dejar el
talón. Les explica que son víctimas de explotación
sexual, que mejor se consigan un empleo digno; al
mismo tiempo, en los operativos los tratan como si
fueran delincuentes confesos.

55
El 2005 descubre los abusos atroces cometidos
contra los trabajadores sexuales trans.
El gobierno del DF enloquece buscando hallar
a un asesino serial de ancianas, apodado la “Mata-
viejitas”. Los servicios de inteligencia de la admi-
nistración capitalina indican que el homicida es un
transexual. Basta con esa falsa pista para desatar
una guerra.
En Tlalpan, Insurgentes, Izazaga, Revolución y
todos los puntos donde se prostituyen los transe-
xuales se realizan detenciones. Les toman huellas
dactilares, las fotografían, las desnudan, “las fi-
chan”, como se resume en el argot policial.
En octubre de ese año, la comunidad transexual
protesta frente a las instalaciones de la Comisión
de Derechos Humanos. Han sido golpeados, tortu-
rados y en algunos casos, juran, incluso robados en
la comisaría.
“Los policías llegaron gritando que nos subiéra-
mos a las patrullas y a las que no se querían subir
las patearon. Uno de ellos me arrancó mis cadenas
de oro y se llevó mi celular y mi dinero. Fui a la
policía con mis facturas para reclamarles que me
devolvieran mis cosas y me dijeron que ellos no po-
dían hacer nada”, denuncia una víctima. En un solo
fin de semana, detienen a medio centenar de tra-
vestis. A cada una, las multan hasta por 1.400 pesos
por ejercer la prostitución. No hay respiro.
A las trans que se niegan a participar y deciden
permanecer en su automóvil la policía las rocía con
gas lacrimógeno.
La “Mataviejitas” es detenida el 25 de enero de
2006. Se trata de Juana Barraza Samperio: no es
trans, es una enfermera aficionada a la lucha libre

56
con facciones varoniles. Mataba a las mujeres, dijo,
porque de niña su madre la maltrató.
El daño está hecho. La policía tiene toda la in-
formación de las transexuales que han sido deteni-
das durante los operativos.
Los operativos se repiten en 2008, en diciembre
de 2009 y en enero de 2010. En estas ocasiones el
pretexto no es pescar a la “Mataviejitas” sino, dicen,
combatir la trata de blancas y la prostitución infantil.
Jaime Montejo, de Brigada Callejera, conoce per-
fectamente este sistema de extorsión, operativos, re-
dadas, detenciones. A su organización llegan cientos
de trabajadores del talón de todas partes del DF. Una
política de esta asociación es no contar con agremia-
dos. Es sólo un centro de ayuda, no un padrón.
Esta política tiene una razón, en el ambiente tam-
bién hay ladronas y criminales. No todas las sexo-
servidoras son santas que sufren del acoso policial.
El lado oscuro de los seres humanos no se detiene
a discriminar por razones de condición sexual. “La
gente es buena y mala en cualquier lugar”, resume
con simpleza Paul McCartney en su éxito pop Éba-
no y Marfil.
Sólo que Brigada Callejera se ha enfocado en
atender urgencias de trabajadoras de la calle, que
no son pocas. Enfermedades venéreas, embarazos a
corta edad, infecciones en los genitales, en la boca,
cuchillazos, asesinatos, acusaciones por robo. En la
ONG se ve de todo.
Dicen que no hay demasiadas denuncias por dis-
criminación o violación a derechos humanos por-
que cada vez que las realizan, la policía termina
acusándolas de robo, y encarcelándolas con cual-
quier pretexto.

57
Una trans que se atreve a denunciar a un policía
recibe una amenaza directa de un jefe de grupo:
“Si mi elemento se va a la cárcel, te chingo”. Nunca
ratifica la demanda. Aprendió la lección.
El exsubprocurador del Distrito Federal Jesús
Rodríguez Almeida se dice extrañado de los infor-
mes de homicidios, de los masivos crímenes contra
la comunidad trans y de las agresiones en su contra.
Si hubiera tantas muertes, reprocha, habría ase-
sinos tras las rejas.
— Ellos no se animan a poner una denuncia por
temor—le increpo.
— Aunque no la presenten, siempre que aparece
un cadáver investigamos de oficio.
El gobierno del DF no tiene un solo caso de ho-
micidios. Pido una entrevista a la dirección de Pe-
nitenciarias con algún agresor o asesino de trans,
no hallan a uno que pueda ofrecer el testimonio.
Aparte, Ricardo Hernández Forcada, director
del programa de VIH-Sida y derechos humanos de
la Comisión Nacional de Derechos Humanos, rebe-
la que sólo dos expedientes han sido abiertos a lo
largo de diez años relacionados con violación a las
garantías individuales de personas trans.
La CNDH atiende anualmente más de 6 mil ca-
sos por abusos cometidos por autoridades federa-
les. En un supuesto, si el IMSS le hubiera negado
atención a un trans, éste podría interponer un re-
curso en su contra y ser orientado por la CNDH.
¿De qué se tratan esos dos recursos? Ni si quiera
la propia CNDH lo sabe con detalle, se extraviaron
junto a los miles de casos que han llegado los últi-
mos diez años.

58
¿Asesino Serial?

En el sexoservicio se cree que los homicidios es-


tán ligados a la extorsión policial. Clientes que se
cobran venganza tras escuchar de voz de los uni-
formados que el transexual trabaja en colaboración
con ellos.
Sopla el rumor de un asesino serial suelto. Varias
trabajadoras sexuales creen haber tenido un acer-
camiento con él. Muchas lo han visto y no sólo eso,
sino que han estado a punto de caer muertas por
su culpa.
Los trabajadores sexuales trans tienden a des-
plazarse continuamente de su zona de trabajo. Si
no caen clientes en una esquina, van a otra. Si una
colonia ya no deja dinero, hay que mudarse. Por
eso casi todas se conocen, al menos de vista. Algu-
nas han pasado tantas noches juntas en esquinas
diferentes que ya tienen más confianza y se platican
de lo que pasa en el ambiente.
Una de ellas relata que un hombre la sigue hasta
una plaza pública, se le acerca en una banca y saca
una navaja que aprieta contra su cuello. Por suerte,
en ese mismo momento pasa una caravana de po-
licías y la sexoservidora logra salir corriendo y vive
para contarlo.
Krizna tiene un acercamiento directo con este
acechador. En la Alameda, típico lugar de ligue gay
en el DF, comienzan a charlar. Acuerdan ir a un
hotel, el cliente pagará 50 pesos a Krizna y 50 por
una habitación. Dentro del cuarto, jala a Krizna de
los pelos y le ordena morderle el pene.
— Espérame tantito, debo ponerte el condón
por las infecciones…

59
— Me vale madres, me gusta que me la mamen
con los dientes.
Krizna dice que es una homicida múltiple y que
al mismo tiempo goza de destrozar transexuales.
La mentira surte efecto. El cliente no exige más
una felación dental y se excita más al saber que tie-
ne una compañera de crimen con quien platicar.
Entonces, confiesa que una de sus más recurren-
tes fantasías es someter con cuchillo a sus víctimas,
para después penetrarlas.
Una tercera trabajadora también tiene un en-
cuentro con él. En un hotel, el hombre saca la na-
vaja y le canta su muerte: “Ya valiste madres”. La
trans se escabulle hasta la puerta y sale corriendo
del cuarto desnuda.
Se trata de un hombre de 1.78 de estatura, ro-
busto, corte tipo militar y camina como tal. Pronto,
ellas temen, tendrán más noticias.

Paseo de nalgas

No es cómodo vivir en una calle donde todo el


día hay transexuales semidesnudos.
Tomás Zamora desde hace treinta años vende
periódicos en calzada de Tlalpan, a la altura del
metro Chabacano. Antes de ver las primeras planas
de los periódicos, el viejo debe toparse con varios
grupos de trans que desayunan cotidianamente an-
tojitos a unos pasos de su puesto. “Vienen aquí en
la mañana a comerse sus quesadillas y vienen en-
señando las nalgotas. Se ve mal, ya no hay respeto
hacia nadie, ¡hacen lo que quieren!”.
En las afueras de la estación del metro Chaba-
cano se concentran la mayoría de los trabajadores

60
sexuales trans, aunque el corredor se extiende por
cientos de metros sobre la misma calzada de Tlal-
pan.
En esta zona conviven por igual trabajadores
sexuales trans y mujeres naturales. Pero resultan
más escandalosos los primeros. Trans con cuerpa-
zos sacados del molde de alguna modelo no dudan
en abrir sus chaquetas y mostrar sus pezones casi a
toda hora.
Calzada de Tlalpan está lejos de ser una zona
turística open mind donde los nudistas no causen
problemas. Se trata de un barrio con negocios, vi-
viendas, actividad comercial y muchas familias.
Si bien los trans dan sus primeros paseos a las
siete de la noche, a toda hora en algún rincón, en
un hotel, en una calle, hay sexo escondido. Cual-
quier lugar es bueno para una felación de 200 pe-
sos. Hasta un puente.
Un cliente que frecuenta la zona, cuenta por qué
se inclina por los trans.
— ¿Por qué no vas con mujeres prostitutas?
—Es que las trans saben cómo hacerlo.
— ¿Qué te gusta más una mujer o un trans?
— Depende, hay mujeres trans más guapas que
una normal.
— ¿Cómo considerarías tus preferencias sexua-
les?
— No lo sé, porque no me gustan los hombres,
no soy gay.

Tlalpan en la noche es un circo de nalgas a la


intemperie, carne y pezones.
Un trans sale de la oscuridad, aprieta su mano
contra el pene del cliente, le da un beso en la oreja

61
y lo convence de practicarle sexo oral arriba de un
puente peatonal por sólo 200 pesos.
Cuando todo acaba, el cliente descubre que ni su
cartera ni su teléfono celular están en su bolso.
Una vez que llega a su departamento, llama por
teléfono a su propio número celular. Contesta la voz
de un hombre afeminado. El cliente explica que le
han robado y le ruega al extraño devolverle su telé-
fono; este se niega, arguyendo que recién se lo han
vendido y ha pagado 400 pesos por él. El celular vale
más de 5 mil. “Preferí no reportarlo”, me cuenta.
Las trabajadoras sexuales de Insurgentes y Nue-
vo León sospechan que en Tlalpan abundan mu-
jeres que no se dedican al comercio sexual, sino a
atracar clientes. Brigada Callejera ha estudiado con
detenimiento el fenómeno del corredor público de
sexo de Tlalpan. Incluso, concibió un padrón: en la
zona, calculan, trabajan 1.500 trans.
Únicamente entre el tramo que comprende de
Coyoacán a San Antonio Abad, hay 30 grupos de
trabajadoras sexuales. De San Antonio Abad al Es-
tadio Azteca 40. Un grupo puede estar integrado
desde por tres trans hasta por veinte, algunos di-
rigidos por madrotas que controlan el negocio y
otros más por policías del DF.
En todo el DF se estiman 200 puntos de encuen-
tro sexual. Izazaga y La Merced son considerados,
junto con Tlalpan, donde más posibilidades hay de
de ser asaltados.
Un vendedor de cigarros de Tlalpan está fasti-
diado de la presencia de las trabajadoras sexuales
trans: “Nos afecta por el modo de que se desvis-
ten mucho, vulgarmente enseñan de todo, en este
puente van y hacen cosas, se ve muy mal”.

62
En la calle de Guadalupe Victoria, a pocos pa-
sos, está asentada una guardería del IMSS. Tam-
bién en esa misma calzada está la Iglesia Bíblica de
Tlalpan. Por si fuera poco, es la ruta para llegar al
espectáculo anual del circo Atayde.
Un vendedor de pilas de Tlalpan asegura que
al menos una vez al mes le toca observar que acu-
chillen a alguien, a otro sangrado o, cuando me-
nos, un pleito callejero. Todos protagonizados por
trans. Las mujeres “normales”, sopesa, no ofrecen
servicios en cualquier esquina ni a cualquier hora.
Los trans sí. Además, asegura, son ruidosos y ense-
ñan cualquier parte de su cuerpo. “Llegan los clien-
tes y los asaltan o entre mismos homosexuales (mu-
jeres transexuales) se pelean por el cliente o por la
zona. A veces vienen los judiciales me preguntan si
vi algo y digo no, no ni idea, si tu hablas o les seña-
las a alguien van sobre ti, ya te ven mal o ya viene
alguien y ya te empieza a amenazar”.
Una vendedora da una alternativa: cambiarlos
de zona. Las desventajas de este plan serían que
hay más de 200 puntos de comercio sexual trans
sólo en el DF. Hablamos de un número que rebasa
los tres mil.
¿Qué empresa contrataría a tres mil transexua-
les?
_._

México, zona de peligro

En el documento El VIH/SIDA y los Derechos Hu-


manos: el Caso de las y los trabajadores del Sexo
Comercial, la Comisión Nacional de los Derechos
Humanos (CNDH) advierte de una serie de ries-

63
gos respecto a la política que aplica México en el
trabajo sexual. Se trata de una visión abolicionista
y reglamentarista, que provoca las siguientes con-
secuencias:

• Las zonas de tolerancia se convierten en lugares


propios para la explotación sexual de personas,
el trabajo esclavo, la extorsión y otras formas de
violación a los derechos humanos.
• El control sanitario se plantea en beneficio de los
clientes y no de las y los trabajadores del sexo co-
mercial, quienes, por vía reglamentaria y de he-
cho, ven negado su derecho humano y constitu-
cional a la protección a la salud.
• El control sanitario ofrece falsas seguridades a los
clientes, quienes potencialmente pueden adquirir
el VIH y otras infecciones de transmisión sexual
por los periodos ventana entre la infección y la
detección.
• Esta aproximación suele dejar de lado la educa-
ción para la prevención, la cual es obligación del
Estado.
• Fomenta la irresponsabilidad de los usuarios en el
cuidado de su propia salud, al poner la obligación
en el trabajador sexual.
• Ignora los riesgos a que se expone el trabajador o
la trabajadora sexual de adquirir la infección por
parte de los clientes, ya que no hay control sanita-
rio de éstos.
• No atiende al problema de la clandestinidad a la
que se ven forzados a incurrir las y los trabajado-
res sexuales que por alguna razón no cumplen
con los requisitos de las zonas de tolerancia y de
control sanitario.
• Ignora los medios modernos de oferta de trabajo
sexual, como el teléfono, internet, etcétera, donde
no hay ningún control.

64
_._

Prevalecencia de infección por VIH según grupos


con prácticas de riesgo*

• Hombres que tienen sexo con otros hombres (HSH) 5.4


por ciento.
• Usuarios de drogas inyectables (UDI) 0.24%
• Trabajadoras del sexo comercial (TSC mujeres) 0.24%
• Trabajadores del sexo comercial (TSC hombres) menor
que 0.01%

*Fuente: CNDH
_._

Riesgos de los trabajadores sexuales en México*

• Detenciones arbitrarias por parte de cuerpos policíacos


(de los tres niveles de gobierno).
• Negativas de atención médica en los servicios de salud.
• Sometimiento a pruebas de detección del VIH sin con-
sentimiento.
• Violación a la confidencialidad sobre su estatus sexoló-
gico.
• Negativa de inscripción en las escuelas a sus hijos o fa-
miliares.
• Maltrato por parte de los particulares, con anuencia o
tolerancia de los servidores públicos.
• Violaciones tumultuarias por parte de elementos del
Ejército Mexicano, tal como demostró, después de una
minuciosa y amplia investigación, la Comisión Nacio-
nal de Derechos Humanos en Castaños, Coahuila, sobre
la cual se emitió la recomendación 37/2007, en septiem-
bre de 2007.
*Fuente: CNDH

65
_._

Zonas rojas trans

Es difícil establecer un padrón confiable de cuántas mu-


jeres transexuales trabajan en las calles del DF. Algunas
van y vienen de otros estados; otras cambian de zona
recurrentemente.

• Tlalpan. Tal vez es el punto con más trabajadores


sexuales trans de México. Desde metro General
Anaya hasta el Estadio Azteca trabajan 30 grupos
de sexoservidoras. Unos veinte más lo hacen entre
la zona comprendida de Izazaga a Tlalpan. Son
alrededor de mil 500 mujeres y mil 500 mujeres
transexuales. Cobran entre 200 y 400 pesos.
• En el Metro. En las inmediaciones de varias es-
taciones trabajan sexoservidoras transexuales que
cobran desde 100 hasta 400 pesos. Las zonas más
populares son: Pino Suárez, Revolución, Aero-
puerto, San Antonio Abad, Observatorio y Pantit-
lán.
• Zona Rosa. En este sitio, donde confluye la co-
munidad homosexual, también hay prostitución
transexual, principalmente afuera de los bares.
• La Merced. Aunque esta zona es ubicada como
exclusiva de mujeres biológicas, también traba-
jan mujeres transexuales que emergen de algunos
rincones.
• Insurgentes y Nuevo León. Aquí se dan cita las
transexuales con los cuerpos más esculturales.
Llegan a cobrar hasta 2 mil pesos, dependiendo
del físico y su atractivo.

Fuente: Brigada Callejera

66
_._

Trazos del alma

El Colectivo Sol, presidido por el activista Juan


Jacobo Hernández, a quien se le ubica como
quien mejor ha documentado el movimiento ho-
mosexual en México, se ha dado a la tarea de or-
ganizar talleres para personas transexuales y tra-
bajadores sexuales de esta condición.
Juan Jacobo se dedica a motivar a todas las per-
sonas transexuales que han sufrido discriminación
y violencia y les enseña cómo obtener fuerzas para
sobrevivir y reponerse. Uno de sus ejercicios con-
siste en pedirles a las mujeres trans delinear dibu-
jos que resuman su vida.

Estos son algunos de los trazos de sus almas. La


autoría de estos dibujos permanece anónima para
proteger su integridad.

67
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70
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72
Argot de sexoservidoras trans

• Paletazo: robar a un cliente.


• Tener un té: saber un chisme.
• Asics: pareja.
• A chichi y toro: portar SIDA
• La hueva: tener VIH.
• Ponerte la g: hormonarte.
Fuente: trabajadoras sexuales.

¿Qué hacer en caso de extorsión policíaca?

1. Reportar el caso a la Comisión de Derechos Hu-


manos respectiva.
2. Denunciar el abuso en la contraloría interna de la
Secretaría de Seguridad Pública.
3. Levantar el acta en el Ministerio Público.
4. Solicitar la ayuda de una ONG (al final del libro
viene información al respecto)

Consejos para contratar trabajo sexual

1. Asistir en grupo, jamás solo.


2. Visitar a trabajadoras recomendadas por amigos.
3. No ir en estado de ebriedad o bajo la influencia de dro-
gas.
4. No gastar una suma que afecte a tu economía personal.
5. Avisar a familiares o amigos.
6. Acudir a un terapeuta cuando la contratación sexual
reemplace a la vida sentimental.
Fuente: Brigada Callejera

73
III.- MI ESPOSO USA MI LENCERÍA.

“La libertad es un lujo que no todos pueden permitirse”.


Otto von Bismark

Travestis heterosexuales

S
u hija lo sorprende frente al espejo, maqui-
llándose. Irrumpe en el cuarto con la inten-
ción de persuadir a su padre de que le de 25
mil pesos. Ha concluido los estudios de abogacía y
quiere viajar a Inglaterra para terminar su prepa-
ración con unos meses de prácticas profesionales.
Por vez primera descubre a Gina, el alter ego de
su padre: Manuel Furlong.
Manuel tiene un cargo de subdirección en una
empresa telefónica; antes ha egresado como inge-
niero mecánico, se casó y engendró a su única hija.
Tiene una vida casi normal.
El terapeuta Víctor Velasco, especializado en aten-
der casos de travestis heterosexuales, ha encontrado
un patrón común: se casan convencidos de que ese
impulso fue sepultado y por algunos años dejan de
usar ropa de mujeres, pero después de cierto tiem-
po regresan a esa práctica Creen que el matrimonio
les quita esa rara costumbre, pero no es así, sólo la
mantiene escondida por un tiempo, mientras dura
la etapa patológica de enamoramiento.
Ahí está Manuel, pintarrajeado de mujer frente
a su única hija; después de 29 años de matrimonio
y habiendo fracasado en su intento de suicidar a esa
entrometida de Gina. Su hija, entre azorada y des-
encajada, aprovecha el momento para chantajear-
lo. Lo amenaza con rebelar el secreto a su abuela,
madre, vecinos, amigos…
La esposa de Manuel ya lo sabe; lo ha sobrelle-
vado por casi tres décadas, hasta que se entera su
hija y entra en catarsis. Es entonces cuando se des-
morona la familia.
De repente, la esposa de Manuel comienza a
desconfiar de cada uno de sus pasos. “Decía que lo
peor que le podría suceder es que yo tuviera una
relación sexual con un hombre; yo puedo competir
con una mujer, pero cómo voy a competir con un
hombre. Le atormentaba mucho la idea”.
Un día a la mujer de Manuel se le extravía el ma-
quillaje y no tarda en culpar a Gina. En otra ocasión
ve unas medias rotas y también señala a su esposo.
Cuando llega tarde por juntas en la oficina, la espo-
sa no duda en imaginar que la dupla Manuel-Gina
anda gozando en la cama con algún gay.
Manuel, un flacucho desgarbado y altísimo, le
promete fidelidad eterna a su mujer. Y, según sus
palabras, siempre se la cumplió. Sólo le pide que
comprenda algo muy simple: le gusta usar ropa de
dama de vez en cuando. Así como hay esposos que
ven los partidos de futbol frente a la televisión, a
él le relaja ponerse algo de maquillaje y un sostén.
Comprensión, clamaba:
“Intentaba decirle olvídate de que si te engaño
con un hombre o con una mujer, que no lo voy a
hacer. Olvídate si yo soy gay, si soy bisexual o soy
heterosexual. Yo te quiero asegurar a ti y quiero
que comprendas que no me voy a meter con nadie
más que contigo”.

76
Manuel nunca se ha sentido atraído por un
hombre. Se percibe completamente heterosexual.
Incluso en su juventud sentía aversión por los ho-
mosexuales. Sólo que, desde que era niño, tenía un
severo impulso por vestirse de mujer. No entendía
cómo ni de dónde nacía esa obsesión, pero hasta la
fecha, con un enfisema pulmonar que lo acorrala
a la muerte --por meter a sus pulmones hectáreas
enteras de tabaco-- no ha dejado de usar ropa de
dama de vez en cuando. Cada fin de semana si es
que puede. Y no lo hace solo.

El travestismo tiene tres criterios.

1. Que el individuo use ropa del sexo opuesto para


experimentar la membresía temporal en el sexo
opuesto.
2. Que no haya motivación sexual para el uso de
transvestimenta.
3. Que el individuo no tenga deseo de cambiar per-
manentemente al sexo opuesto:

Eli Coleman y F. Pfaefflin

La esposa de Manuel no soporta el bochorno de


que toda su familia sepa del travestismo de su ma-
rido. Pone fin al matrimonio. La hija de Manuel le
retira el habla indefinidamente. Él acude con un
psiquiatra que mantuvo adormilada a Gina hasta
que escucha en la radio a Víctor Velasco, fundador
de la agrupación Crisálida, grupo de ayuda para
travestis heterosexuales. Sólo entonces Gina y Ma-
nuel hacen las paces.
Víctor es un hombre con actitud desenfadada,
habla con desparpajo, como un veinteañero al que

77
no le importara mucho la vida. Estudió sociología
rural en la Universidad Autónoma de Chapingo;
después se formó como sexólogo en el Instituto
Mexicano de Sexología, más tarde egresó del Insti-
tuto Humanista de Psicoterapia Gestalt y finalmen-
te fundó el Centro de Capacitación y apoyo Sexoló-
gico Humanista.
Cuando Manuel escucha a Víctor hablar en el
radio pide una cita con él. Coincide que otro pa-
ciente con idéntica problemática visita al terapeuta
y a los tres se les ocurre la idea de iniciar una sesión
grupal. Han pasado 15 años desde entonces y unos
cuatro pacientes al año acuden con Víctor Velasco
por la misma problemática. Calcula que ha atendi-
do unos 80 casos. Algunos encuentran en Crisálida
su salvación, a otros les queda corta y avanzan en la
escala hasta cambiar de identidad genérica.
En Crisálida nadie es gay. Son un montón de
machos con voz grave, rostros duros y conversacio-
nes de ingenieros. La única diferencia entre ellos
y otro grupo de hombres que se reúne los sábados
para alguna actividad de ocio es quizá el maquilla-
je, las medias, las pelucas, los tacones, etcétera.
“La mayor parte somos ingenieros, él es ingenie-
ro mecánico, él es ingeniero químico, el es trans-
portista…”, señala Gina con áspera voz antes de ser
interrumpida por Paty, quien aclara: “No, no no,
pérame, yo soy ingeniero en navegación terrestre”.
Se sueltan las carcajadas en el grupo. Paty se refiere
a que anteriormente era camionero.
El nombre original de Paty es Enrique, ya es
abuelo, pero en casa nadie sabe de su travestismo.
Así como hay camioneros que se atascan de cocaína,
pastillas y Coca Cola para soportar los extenuantes

78
viajes nocturnos, a Enrique le mantiene despierto
Paty.
“Cuando iba en la carretera empezaba a sentir
sueño y me empezaba a travestir y has de cuenta
que me tomaba diez, quince pastillas para no dor-
mir, era la emoción de en la noche venir manejan-
do, ¡sientes que todo mundo te ve!”, cuenta Paty
con ojos saltones de emoción.
Enrique, el que todos conocen, está lesionado
de un brazo y desde hace tiempo no puede rodar
más por la carretera. Aún trabaja en la empresa de
transportación, pero ahora tiene un puesto admi-
nistrativo. La testaruda Paty quería seguir con vida
y logró sobrevivir gracias a Crisálida.
“Somos más o menos parecidos a Alcohólicos
Anónimos, solamente que en lugar de ser borrachos
somos travestis”, intenta explicar Gina-Manuel.
Corre febrero de 1996 y a Víctor Manuel Velas-
co se le ocurre fortalecer la asistencia del grupo
mediante un anuncio clasificado. No tuvo eco. En
diciembre repite la estrategia, con la esperanza de
esta vez sí obtener resultados satisfactorios. Manda
a publicar en el Universal un texto que pregunta a
manera de invitación:
“¿Eres hombre y te gusta usar lencería? Comuní-
cate con nosotros”.
Y a Gina se suma Myrna, luego Lizbeth. “Tenían
la idea querer desaparecer su travestismo”, recuer-
da Víctor. Sólo que este terapeuta no ve a la nega-
ción como una opción real, sino todo lo contrario,
su solución al problema es precisamente aceptar la
condición.
Además de tener que persuadir a los pacientes
de aceptar su travestismo, el terapeuta debe lidiar

79
con las esposas, que en algunos casos exigen el di-
vorcio inmediato.
Le tocan mujeres furibundas. Se sienten traicio-
nadas por sus esposos, creen que ellos les han ocul-
tado toda una vida que son homosexuales, pero no
es así. Son travestis que cuando se enamoraron de-
jaron de vestirse como mujer, se casaron con ese
alivio y más tarde la condición reapareció como
uno de esos herpes invisibles.
Otras esposas se cuestionan su papel en la cama,
si no son lo suficientemente bellas como para satis-
facer a su marido.
“Yo les decía que el travestismo no tiene nada
que ver con ellas porque algunas han llegado con la
idea de que pensé que se travestía porque yo no era
suficientemente mujer. Estas mujeres tienen mucha
dificultad para asumir qué pasa con ellas, no con su
relación en general, sino en general en sus vidas,
me dicen es que yo había hecho mi proyecto de que
él me resolvía la vida y ahora que me encuentro con
esta faceta pues ya no tengo de dónde agarrarme”.
Algo común es que los esposos, de forma incons-
ciente, comiencen a dejar huellas. Una pantaleta
tirada, unas medias fuera de lugar…
Lorena (Arturo), por ejemplo, lleva a su esposa a
cualquier película que sugiera contenidos homosexua-
les. Al final debaten y ambos acuerdan aceptar la diver-
sidad sexual como un valor propio de su matrimonio.
Por fortuna para Arturo-Lorena, su mujer estudió
sexología en el Imesex. Se trata de una mujer con alto
grado de comprensión de los fenómenos sexuales.
Un día, la esposa de Arturo le confiesa: “Me
gustan tus piernas”. Y el la reta con una doble in-
tención: “¿A ver, cómo se me verían tus medias?”.

80
Después, Arturo se transforma en Lorena y se la
presenta a su mujer.
— ¿Cómo lo tomó?
— No me lo tomó a mal.
— ¿Tienes hijos?
— Sí.
— ¿Lo saben?
— Bueno mi hijo trata de no tocar el tema, mi
hija pues a veces comentamos algunas cosas nada
más.
— ¿Son cerrados al respecto?
—No, no cerrados, lo que ocurre es que aun-
que me asumo como travesti ya en la vida cotidia-
na pues soy un hombre común y corriente y puedo
decir que siento un poco de vergüenza al estar así
frente a mis hijos.
— ¿Qué sientes?
— Es algo interno, de mi formación.
En la actualidad, Víctor Velasco desplazó la tera-
pia Gestalt para tratar a los travestis heterosexuales
y ahora ocupa las constelaciones familiares, un sis-
tema que ha tenido mucho eco en los ambientes de
la metafísica y el New Age.
Víctor coloca a unos muñequitos de la marca ale-
mana Play Móvil y los pone sobre una mesita frente
a su paciente. A unos juguetes los hace interpretar
el rol del padre, a otros de abuelo, a otros de bis-
abuelo… En varios casos el terapeuta ha encontra-
do que los travestis se identifican generalmente con
la abuela, que, curiosamente, había sido vista como
la loca de la familia.
La dinámica funciona así. Víctor pone a un mu-
ñequito junto con otro que representa a una mujer;
detrás a otra pareja, y así consecutivamente, hasta

81
que le pregunta a su paciente con cuál se identifica.
La respuesta de la mayoría de los travestis ha sido
la abuela.
En las constelaciones familiares cuando el pa-
ciente reconoce que está repitiendo la conducta o
el rol de algún antepasado se logra una tranquili-
dad única, pilar para aceptar el travestismo.
En una sesión general, Víctor analiza a su pa-
ciente, para posteriormente resolver el problema
en seis o siete sesiones más.
Amén de la terapia de constelaciones familiares,
Víctor aún ve a Crisálida como una salida efecti-
va para los travestis heterosexuales. Es un mode-
lo que replicó de Estados Unidos, particularmente
de la organización Society for the Second Sex, que
anualmente reúne a travestis heterosexuales de to-
das partes del mundo.
Las reglas son claves. No se aceptan personas
que no sean travestis, tampoco se ingiere alcohol ni
es un lugar de ligue. Se trata de un grupo de apoyo,
donde los asistentes comparten sus confesiones. A
Manuel, el líder de esta organización, le queda un
tiempo corto de vida, no quiere pensar cuándo será
el día final pero sabe que sus pulmones están dan-
do las últimas exhalaciones.
Confía en que el grupo siga con el resto de los
integrantes, que no quieren hablar mucho de la su-
cesión, se han limitado a dejar de fumar en las reu-
niones para evitar afectar a Gina.
Algunos temen por la desaparición de Crisálida,
debido a que el resto de los grupos son para tran-
sexuales, transgénero o se trata de antros de ligue.
Crisálida es única, es para travestis que no quieren
saber nada de homosexualismo ni gays ni ligar ni

82
nada por el estilo. Sólo quieren seguir teniendo un
espacio donde ponerse una peluca una vez por se-
mana, quitársela y regresar a casa como nuevos.
_._

¡Auxilio, hay dos mujeres en mi casa!

Caso 1:

Mi marido quiere vivir su lado femenino y anda por


casa vestido así. Me quiere como amiga, y en la cama yo
tengo que tomar iniciativa sola y adivinar que es lo que
el quiere. Todo se trata de él, y ojalá me pudiera guiar
pero no habla de sus deseos y no soy adivina. Dice que es
hetero pero lo dudo. No quiere ir al sexólogo conmigo.
Por eso me gustaría mucho si alguna persona que ha
vivido lo mismo me puede dar algún consejo. También
me gustaría saber si él como mujer va a necesitar a un
hombre en el futuro. Como mujer me siento muy confu-
sa. Es como estar con una persona desconocida. Antes
el miraba a las chicas en la calle, ahora también pero
para hablar de la ropa que ellas llevan y si a él le gusta
o no (sic).

Caso 2:

Tengo una relación de 5 años con mi marido, cuando


lo conocí me dijo que era travesti, que era heterosexual,
pero me lo dijo como si fuera una diversión como vestirse
un día al año, que casi nunca lo hacia, que no tenia
muchas cosas, pensé que era un juego y así lo tomé. Al
principio fue muy difícil porque descubrí que no solo se
vestía de mujer sino que casi casi vivía como una mujer,
todos los días se ponía pantaletas de mujer, se pintaba
las uñas de los pies , compra revistas para mujeres como
Cosmopolitan y Vanidades. Tenía casi 100 pares de za-

83
patillas de mujer y todo un guardarropa. Descubrir eso
fue lo mas horrible.

Fuente: Grupos de Yahoo

¿Cómo afrontar el travestismo?

1. En el caso de quien lo practica, si lo goza, no hay con-


flicto, pero si hay angustia y se sufre después de hacerlo
es preciso ver a un terapeuta.
2. Las parejas de los travestis deben comprender que no
los podrán cambiar y su autoestima no depende de la
práctica de su compañero. Si puedes aceptar a tu pareja
en esta circunstancia, adelante; de lo contrario, lo sano
es separarse.
3. Si tu marido no puede dejar el travestismo no es porque
le falte carácter o por “no echarle ganas”, sino que esta
expresión de la sexualidad es una parte muy profunda
de su personalidad.
4. El travestismo puede ser un pretexto para enmascarar
los problemas de la pareja. A veces no es la única razón
para terminar una relación.

Fuente: Cecash

84
IV.- EYACULACIÓN CEREBRAL

¡Qué vida, la del salmón, nadando a contracorriente!


Jaime López

La vida de las parejas trans

M
ario y Diana no pueden gozar de una pe-
netración normal como cualquier otra pa-
reja; primero porque él no tiene pene y
segundo porque ella se quitó el suyo
Él antes era celadora en el sistema penitenciario
del Distrito Federal. Ella, ingeniero mecánico elec-
tricista.
Mario asiste a su terapia cotidiana en el Imesex
cuando el doctor le lanza una pregunta que suena a
oportunidad de oro: “¿Quieres conocer a una mu-
jer transexual?”. Corre 2001.
Mario reflexiona durante tres meses hasta que se
decide a llamar a Diana. Acuerdan verse en la es-
tación del metro Balderas, aquella que inmortalizó
el poeta urbano Rockdrigo González con su verso:
“Ahí fue donde yo perdí a mi amor, ahí dejé emba-
rrado mi corazón”.
Durante tres años salen sin compromisos. Un
día Diana le pregunta qué clase de relación tenían.
Y Mario se encoge de hombros. “Pues bueno”,
acepta, “vamos a ser novios”. Mario es pequeño,
barrigón, de barba y bigote. Cuando sonríe mues-
tra toda la dentadura y habla con tono suave. Diana
es más alta, mucho más alta, piel morena. Forman
la primera pareja transexual en formalizar su rela-
ción ante la Ley en toda Latinoamérica.
Sólo que se casaron con sus papeles anteriores,
con su vieja identidad. Para el registro civil, Mario
es mujer y Diana varón.
Diana nace en la popular colonia Obrera en
1962. Su padre es mecánico y su madre secretaria.
Desde muy chico siente la necesidad de robar a
hurtadillas la ropa de su madre y usurpar su papel.
En la radio escucha hablar del Imesex y asiste a su
primera terapia. Ahí le hacen ver que es el único
responsable de continuar con su camino a transfor-
marse en mujer o detenerlo. Opta por la primera
opción.
Mario nace en el cuerpo de una mujer una dé-
cada antes que Diana. Aún hoy lo recuerda como
la conversión de un superhéroe picado por una
maldición. “No imaginé que me esperaba llevar
una vida tan difícil. Esta onda en la adolescencia
es cuando te causa más choque porque es cuando
las hormonas empiezan a hacer toda su labor yo la
verdad no sabía lo que me pasaba. No entendía por
qué mi cuerpo iba tomando otra figura.
Opté por quedarme callado, viví como pude. Me
tocó besarle la mano a mi papá, a mi abuelita, me
tocaron los cuerazos”.
Mario y Diana no quieren hablar de sus vidas
pasadas. Prefieren tener los recuerdos apartados
como perro de pelea. Les gusta, en cambio, con-
versar del día en que todo cambió. Empezando por
ellos mismos.
Nueve años atrás, Mario comienza su proceso de
eliminar cualquier residuo femenino de su cuerpo.
En 2007 se jubila del sistema penitenciario. Como

86
mujer, era guardiacárcel. Para las internas era el in-
fierno, pero para Mario, a veces, era el paraíso. El
reglamento indica que está prohibido intimar con
las reclusas. Pero para el corazón no hay ley que
valga. “Es que hay muchas mujeres muy guapísi-
mas, a mí sí me gustaban como cinco muy guapas”.
Diana escucha a su marido. Dice que no es ce-
losa. Mario aclara: “Ojo”, advierte, “me gustaban
pero no me enamoré. Siempre fui un profesional”.
Nunca descubren su condición. Cada dos por tres,
se muda de penales, como parte de la dinámica na-
tural en la que entran los celadores.
Mientras tanto, y sin conocerse aún, Diana le da
la noticia a su jefe de que dejará de ser ese inge-
niero mecánico que asiste todos los días a trabajar
y lo reemplazará por la mujer que siempre se ha
sentido. Ella piensa que su jefe la dejará en la calle,
pero lo toma con asombrosa sabiduría y le propone
capacitar al resto de la planta para que entiendan
de qué se trata eso de la disforia de género.
Diana es un ejemplo en su empresa, donde acu-
mula quince años seguidos de trabajo. Pero, cuan-
do ve los cambios, el jefe se arrepiente. Le pide que
revirtiera el proceso, que está mejor como hombre.
Diana se niega.
Y ahí comienzan los problemas. Su trabajo con-
siste, entre otras cosas, en supervisar obras e instala-
ciones eléctricas. Pero jamás le dan una credencial
con su nueva identidad, por lo que se ve obligada a
explicar a cualquier desconocido que ese de la foto
es él, y ahora es la misma, nada más que en mujer y
con el nombre de Diana.
En las juntas, su jefe pregunta con tono morboso
al resto de los empleados si Diana va al baño de

87
hombres o al de mujeres. Además, siempre la llama
por su nombre anterior, el que Diana detesta tanto
que ni siquiera quiere volver a pronunciarlo.
Diana quiere que la despidan, para así poder
exigir legalmente una compensación. Del otro ban-
do, su jefe hace todo lo posible para que renuncie.
De cualquier forma eso ya quedó en el pasado,
ahora Diana trabaja en la Procuraduría General de
Justicia del Distrito Federal y está casada con Ma-
rio. Ambos se pasean por foros de antropología,
conceden entrevistas, presumen al mundo que los
transexuales también pueden amarse.
— Ahora los matrimonios son altamente perece-
deros, ¿no temen que fracase su relación?
— Somos muy conscientes de esta situación, en
un momento dado hasta platicamos y somos sin-
ceros entre nosotros si alguien en algún momento
tuviera la oportunidad de tener otra pareja simple-
mente se platica.
— Entonces, ¿creen en la poligamia?
— No, no nos gusta ese rollo.
— ¿Es su sueño casarse por la iglesia?
— Sí, incluso siempre estamos buscando una
iglesia más abierta. Que nos case una ministra y
cuando conozcamos a una mujer ministra que nos
case vamos a hacer la cuestión religiosa.
“Nos llevamos muy bien sexualmente”, dice Ma-
rio, “nosotros somos un hombre y una mujer aquí y
en cualquier parte, y en la cama así nos movemos.
Aunque hay quien lo puede hacer de diferente ma-
nera nosotros tenemos toda la piel para querernos”.
Diana complementa: “No es una relación de coi-
to primero porque yo ya me operé y Mario no pue-
de ponerse un pene por escasez de dinero. Real-

88
mente es una relación armónica entre dos personas
que se quieren, la piel es muy extensa y el principal
órgano sexual es el cerebro”.
¿Piensan adoptar un bebé?, les pregunto. Mario
se lo toma a risa: “¡Mejor que nos adopten a noso-
tros!”

El Ché

Qué confusión para Nélida: su pareja estaba viva


y muerta al mismo tiempo. El Ché, de quien se ena-
moró y casó en Cuba, no existe más; en su lugar
está Irina, con la misma mirada revolucionaria,
aunque sin mata ni la prominente barba; el rostro
maquillado y prendas de mujer.
Nélida conoce a El Ché en 1992, días después de
protagonizar una huelga de hambre en contra del
corrupto líder charro Fernando Espino, aún diri-
gente del Sindicato de Trabajadores del Sistema de
Transportes Colectivo Metro. Fue en una reunión
en el extinto Partido Revolucionario de los Traba-
jadores (PRT), de corte trotskista.
Son las últimas sesiones del PRT, su militancia
se disuelve y gran parte de sus afiliados son absor-
bidos por el recién nacido Partido de la Revolución
Democrática (PRD).
Nélida escucha un discurso de El Che –le dicen así
por su asombroso parecido con el revolucionario—y
de inmediato le pregunta a una compañera, “¿quién
es ése?”. “El compañero Echeverría”, le aclaran.
El Ché anuncia que, pese al ambiente de pesimis-
mo reinante en el PRT, partirá en una misión de la
promotora “Va por Cuba”, que en ese entonces se
propone enviar tres barcos cargados de petróleo a

89
la isla. Tan eufórico es aquel testimonio de El Ché,
que a los dos meses Nélida se va a vivir con él.
Dos años más tarde Nélida y El Ché aparecen en
la televisión y la prensa cubanas con una noticia
que le da una imperceptible bocanada de oxígeno
al ya desprestigiado régimen de Fidel Castro: Pare-
ja de mexicanos se casa en la isla.
En los siguientes años la relación se consolida
con sabrosas pláticas en torno a Star Wars, comu-
nismo, filosofía, Blade Runner y el cine ruso. Cada
quien tiene una habitación por separado, para res-
petar su independencia. En mayo de 2001, todo se
va al cesto.
Nélida llega una noche con el rostro descom-
puesto y le tiene que confesar a su pareja: te que-
darás ciego.
— ¿Qué te pasa?, ¿no escuchaste?
— Sí, ya escuché. No te preocupes.
— Pero, ¡desahógate! No entiendo tu reacción,
cualquier persona estaría derrumbada.
— Es que de verdad, no siento nada.
La aparente indiferencia tiene su historia. No es
la primera vez que a El Ché le dan una noticia pé-
sima relacionada con la salud, más bien ha sido la
regla en su vida.
Al nacer le diagnostican un cóctel de enfermeda-
des. El padecimiento de Charcot-Marie-Tooth, po-
lio y tumores en la médula. Ningún médico le atina
a definir lo que hasta años después le confirmarán:
esclerosis múltiple atípica.
En este caso el diagnóstico puede ser lo de me-
nos. El Ché, a sus escasos cuatro años, vive con las
piernas enyesadas por una operación fallida en el
hospital 20 de Noviembre. En ese sanatorio, un

90
médico intuye que el problema de El Ché es un tu-
mor en una ramificación de los nervios ubicada al
final del cóccix. El cirujano decide extirparlo. La
determinación es equivocada, como años más tarde
le confirmarán otros médicos. Si se hubiera evitado
esa intervención, El Ché aún podría moverse por
cuenta propia y no en una silla de ruedas.
La rehabilitación para reponerse a esa prácti-
ca lleva más de un año. “Presentaba una artrofia
muscular impresionante en piernas y brazos: mis
miembros parecían de trapo”.
Como parte de su proceso de recuperación, los
médicos le ordenan al pequeño utilizar unos zapa-
tos que juntos pesan más de un kilogramo, una car-
ga desproporcionada tomando en cuenta el esque-
lético cuerpo del pequeño.
Lo peor del ritual de usar zapatos de más de un
kilogramo es pasar por la puerta de revisión de la
cárcel. Los celadores, a sus escasos cuatro años, le
piden quitarse ese par para ser sometido a revisión.
Tal vez falta decir que El Ché cada domingo visitaba
a su padre, Rodolfo Echeverría, preso el 3 de enero
de 1969 durante la persecución del gobierno fede-
ral contra los militantes comunistas.
Rodolfo Echeverría era íntimo amigo de los di-
funtos líderes izquierdistas Heberto Castillo y Gil-
berto Rincón Gallardo. De este último El Ché re-
cuerda el buen sazón con que preparaba una sopa
de ajo en la cocina de Lecumberry.
Cuatro intervenciones, consultas semanales con
médicos desde la niñez, zapatos de un kilo y una
enfermedad aún desconcertante seguramente le
dieron a El Ché el estoicismo para enfrentar su in-
minente ceguera.

91
El Ché es el único apelativo con que Irina quiere
recordar su pasado como hombre. Le vino bien el
nombre, al menos mejor que los despectivos apo-
dos que le implantaron sus crueles compañeros de
secundaria, entre ellos “Orco” y “El Hombre Bió-
nico”, debido a los aparatos que utilizaba para ayu-
darse al desplazamiento.
Sólo que después de enterarse de su ceguera, no
quiso ser más El Ché.
“Me dicen que el nervio óptico ya no conecta
completamente con la retina y que por eso tengo
un manchón de luz al centro de la vista y que va
avanzar y que en tres años voy a perder la vista por
completo; sin caminar, sin mover las manos y ciega
¿para qué chingaos vivo?”.
Mientras recuerda los días del diagnóstico, Irina
pide a Nélida que le convide un trago de café. Né-
lida con la paciencia de un yogui por agradar a su
gurú acerca el tarro a Irina, quien no tiene fuerzas
suficientes ni para cargar con un vaso debido a la
esclerosis atípica que sufre. Contrario a la esclerosis
común, que fulmina a sus pacientes en pocos años,
el padecimiento de Irina puede estar de vacaciones
por largos periodos y después atacar masivamente,
para posteriormente volver a desaparecer y regre-
sar con mayor virulencia, en un vaivén infinito.
El Ché hace caso a sus colegas cubanos que le ofre-
cen unas vacaciones en la isla a fin de recuperarse de la
trágica noticia. Antes, leía en promedio tres libros por
semana, además de ser una cinéfila irremediable. Po-
día perderlo todo, menos los ojos. El Ché hace el viaje,
pero le pide a Nélida que esta vez no la acompañe.
Al llegar al hotel que le asignan en Cuba, toma
el elevador, asciende hasta el último piso. Desde

92
ahí, contempla las escalinatas de la Universidad
de la Habana. Justo cuando está a un paso de la
muerte, un pensamiento logra aplazar su decisión.
El Ché reflexiona qué dirá la prensa internacional
respecto a su suicidio. A nadie le importa por qué
decido matarme, concluye, pero será una noticia
de desprestigio para el gobierno cubano. Entonces
regresa al ascensor y se mete al cuarto de hotel. Se
afeita, se corta el pelo y planea lo que hará al día
siguiente.
Por la mañana, le pide a sus compañeros cuba-
nos que la lleven adonde había sido el último cam-
pamento del verdadero Ernesto, “Ché”, Guevara.
No quiere hacer el viaje a bordo del automóvil que
le ofrecen. Sube la montaña de tres kilómetros en
silla de ruedas, soportando las numerosas caídas
que le provoca la hazaña.
En el árbol que daba sombra a Guevara, según
los historiadores, “El Ché” se despide en voz alta de
su personaje:
“Te agradezco que me hayas prestado tu ima-
gen para sobrevivir, pero ya no me haces falta”. Se
quita la estrella de su boina y la entierra al lado del
árbol. Fue su despedida de la isla, regresaría a Mé-
xico sólo para morir.
Elige el canal de Chalco como el escenario de su
muerte. Aprovechando que Nélida está dormida,
huye en silla de ruedas hasta el punto final. Antes
de arrojarse, la voz de Nélida la alcanza milagrosa-
mente:
— ¿Qué te pasa?
— Me siento muy mal. Ya no quiero vivir.
— ¡Expresa tu parte femenina, es que tú nunca
lloras!

93
Esas palabras le resultan un bálsamo. Desde
pequeño, “El Ché” se sentía mujer, “sabía que mi
cuerpo no me gustaba, que el pene me daba asco,
mi pene, y que le tenía una terrible envidia a mi
hermana y a mis primas”.
Una noche a Nélida se le ocurre intercambiar
recámaras. A la mañana siguiente ve a El Ché tra-
vestido de mujer. Piensa que sería un fetiche nada
más, que lo haría en la casa esporádicamente. Ja-
más anticipa que su pareja, de la que se había ena-
morado, no volverá a ser igual. Así nace Irina. Irina
Layevska.
Nélida jamás había escuchado el término tran-
sexual. Para ella existían lesbianas, homosexuales,
bisexuales, ¿pero transexual? Se lo cuenta a su te-
rapeuta y ésta, al igual que sus amigas, le aconseja
abandonar a Irina.
La terapeuta le sugiere que modifique su re-
lación, podrían ser ahora cuates, amigos, herma-
nas… Esta última palabra le gusta más a Nélida,
serán“hermanitas”. El matrimonio se separa, Irina
intenta tener una relación con un hombre pero la
aborta debido a que es un completo machista. A
pesar de la ruptura, Nélida e Irina deciden seguir
viviendo juntas.
Mientras su matrimonio se desvanece al igual
que su vista, los amigos de “El Ché” no aceptan a
Irina.
“Fue un proceso muy solitario. De cada diez
amigos, nueve se fueron para no volver”, lamenta
en su libro de memorias Carta a mi padre.
Cuando le cuenta su decisión a su madre ésta
responde: “mataste a mi hijo, no puedo con esto,
es más fuerte que yo”.

94
Si esa había sido la respuesta de su madre, que
la llevó con los doctores desde muy pequeña y la
acompañó en su enfermedad, Irina no quiere pen-
sar cuál sería la reacción de su virulento padre.
Rodolfo Echeverría había dejado la militancia
comunista a un lado y fue asesor de Carlos Salinas
de Gortari en su programa Solidaridad, interpre-
tado por algunos especialistas como el periodo en
que se instaló el neoliberalismo en México.
La relación de Irina con su padre siempre fue
distante. El hombre se mantuvo lejano a sus pade-
cimientos y, en cambio, era un activo militante del
Partido Socialista Unificado de México y un asiduo
viajero a la extinta URSS.
Pocos recuerdos gratos que tiene de él, le vie-
nen más a la memoria las tremendas golpizas que
le propinaba. Un día, le tronó uno de sus dientes.
Irina consulta con Nélida sobre cómo darle la
noticia. Ambas acuerdan que una buena idea se-
ría echar un vistazo al I Ching. El antiguo oráculo
chino propone que aplacen la confesión. Sólo que
las hermanas de Irina rápidamente le cuentan a su
papá la noticia, que oyen en voz de la madre.
Echeverría llama a su hija y le reclama:
— ¡No me vengas con que a estas alturas del par-
tido eres putito!
—No soy putito, soy mujer y no es que apenas
me haya dado cuenta, pero yo quiero hablar conti-
go personalmente…
— ¡Para mí estás muerto!
En dos ocasiones Irina se cruza con su padre
después de aquella llamada. Una, en el velorio de
Gilberto Rincón Gallardo. El padre la evade. La se-
gunda vez en un acto público, ocurre lo mismo.

95
En vías de ser ciega, sin piernas móviles, con
brazos torpes, abandonada por los brazos del amor
de su pareja, sepultada en vida por sus familiares,
¿qué más le faltaba a esa consecución de nefastas
noticias?
No es el fin de los agravios. Los vecinos de la
unidad habitacional Villa de los Trabajadores, sitio
confinado a cerca de 200 minutos del Distrito Fe-
deral –usando transporte público— no la aceptan y
se ponen duros.
El jefe de los vecinos comienza una campaña
para echar a Irina de su propia casa. E inician una
serie de agravios cometidos por los padres de fami-
lia. En una ocasión la retan a golpes y la empujan
de su silla de ruedas.
— ¡Éntrale a ver si tienes huevos!
— Pues no tengo, ya los tiré, ¿los quieres?
Antes de pensar en hacerse la vaginoplastia, Iri-
na quiere dar el enganche para mudarse de la zona
habitacional.
No es el único problema. Cuando construye una
rampa ayudada por Nélida el rechazo de los veci-
nos es uniforme. Dicen que violaba la ley de Con-
dominios. Lo cierto es que ahora todos los tran-
seúntes pasan por esa rampa, que facilita el tránsito
entre un departamento y otro.
Irina se comienza a hormonar sin receta. Se in-
yecta la peligrosa Perlutal, que le recomendó un
cibernauta en chat para personas transexuales. El
aceite casi la mata.
Pero pronto la vida le retribuirá todo el sufri-
miento. En septiembre de 2008, luchadores socia-
les de la talla de Marta Lamas y Rosario Ibarra fir-
man una carta para promoverla como directora del

96
Consejo Nacional para Prevenir la Discriminación
(Conapred).
Es el perfil idóneo para sustituir a Rincón Ga-
llardo, a quien Irina lo considera más parte de su
familia que los propios Echeverría.
En la carta de respaldo, firmada por más de 50
prominentes líderes y activistas, se destaca la parti-
cipación de Irina en el movimiento estudiantil uni-
versitario (CEU), el Partido Socialista Unificado de
México (PSUM); el Partido Revolucionario de las
y los Trabajadores (PRT), y sus trabajos en movi-
mientos de solidaridad con Nicaragua, El Salvador
y Cuba.
Durante el proceso para relevar al recién falleci-
do Rincón Gallardo, el entonces presidente Felipe
Calderón pide a la Secretaría de Gobernación citar
a los candidatos a presidir el Conapred y someter-
los a un interrogatorio. Asiste también la atleta pa-
ralímpica Perla Bustamante Corona.
Una de las preguntas formuladas por los agen-
tes de Gobernación fue cuál era la definición que
cada una tenía de la familia. La atleta habla de la
familia tal cual postula la iglesia. Cuando le llega
el turno a Irina sale en defensa de los matrimonios
homosexuales. Al día siguiente, Perla Bustamante
se queda con el cargo.
“Evidentemente mi perfil y mi pasado y presente
comunista no le simpatizó nada a Calderón”, re-
flexiona.
Los medios respaldan la candidatura de Irina,
quien por fin ve su trabajo reconocido. Con Nélida,
la intimidad resurge como de un chispazo.
“Estoy contenta con mi vida”, confía Irina. “Es-
toy enamorada de una mujer maravillosa, entrega-

97
da y solidaria. Una mujer que pese a todo y tanto
dolor permanece a mi lado. Ojalá tú y mi madre
aprendieran el verdadero significado del amor.
¿Qué si soy lesbiana? Tal vez, y no me avergüenza.
Traté de aceptar las presiones sociales de la hetero-
sexualidad, pero no obtuve la satisfacción erótica y
emocional que encuentro en las mujeres.
“La única seguridad que tengo es que no me
equivoqué: no me equivoqué al decidir atravesar
este proceso transexual, no me equivoqué al ena-
morarme de Neli, no me equivoqué al luchar por
un mundo más justo. Al fin y al cabo, tengo el cora-
zón del lado izquierdo de mi pecho”.
Nélida tiene que soportar el duelo de perder a
El Ché, pero obtiene a cambio, algo más profundo.
“Cambió la imagen”, dice ella. “Pero la esencia de
la persona que yo conocí sigue existiendo”.

Mil bodas

La Consejería Jurídica del GDF reporta mil uniones


entre personas del mismo sexo desde el 10 de octubre de
2008 hasta el 15 de agosto de 2011.
El GDF no diferencia entre mujeres u hombres tran-
sexuales, simplemente los divide por matrimonio entre
varones (548) y damas (452).
En ese periodo, 119 personas de nacionalidad extranje-
ra han contraído matrimonio con una pareja del mismo
sexo (ya sea hombre o mujer), mexicanos.
Provienen de Rumania, Irlanda, Australia, Alemania,
Holanda, España, Italia, Francia, Inglaterra, Vene-
zuela, Perú, Brasil, Chile Colombia, Estados Unidos,
Canadá, Panamá y Guatemala.
El rango de edad que prevalece es de 30 a 40 años.

98
V.- TRANSGRESORES.

Nombre: La Xóchitl.
Ocupación: matrona
Lugar de nacimiento: Tacámbaro, Michoacán.

E
n el día es Gustavo, rudo y ancho corpulento
que maneja una casa de prostitución integra-
da por afamadas artistas de televisión; por la
noche es Xóchitl, una mujer de casi dos metros de
estatura cubierta por vestidos que superan los 100
mil pesos.
Gustavo tiene nexos con altos políticos, agentes
de tránsito y policías. Es hermético, guarda su in-
timidad en una caja fuerte. Los más cercanos sos-
pechan que lleva actrices de cine a los más altos
miembros del gabinete y sólo así entienden por qué
la protege la policía. Xóchitl organiza fiestas majes-
tuosas, es elegante y discreta.
Xóchitl es un fenómeno del México de los se-
tenta. Carlos Monsiváis escribe sobre el personaje.
Jaime Humberto Hermosillo la incluye en sus pelí-
culas. Manuel Ávila Camacho lo visita. Lola Beltrán
va a sus fiestas. Siendo una figura pública de esas
proporciones, resulta una incógnita cómo es que
nadie supo cómo murió.
_._
Gustavo Xochilteotzin Fernández nació en
Acámbaro, Michoacán en los años treinta. Poco se
sabe de sus padres, su infancia y crecimiento. La
historia pública comienza cuarenta años después.
En los setenta, una mujer con vestidos costo-
sísimos de casi 30 kilogramos de peso empieza a
robar la atención en el ambiente gay de la ciudad
de México. En corto se hace llamar “Xóchitl”. No
usa groserías, es cortés. Tampoco habla de asuntos
privados. Su cultura general es baja, pero la extra-
vagancia de su figura la coloca rápidamente como
un referente en el medio gay.
Cuando el francés Henri Donnadieu llega a la
ciudad de México en 1974 lo invitan a la reinaugu-
ración del salón Los Candiles del Hotel del Prado.
A Henri, amigo de Andy Warhol, le sorprende
ver a una mujer inmensa disfrazada de Cleopatra
cargada en hombros por un grupo de negros mus-
culosos con el dorso descubierto.
Xóchitl está sentada en un amplio trono con los
esclavos a sus pies. Los asistentes a la fiesta la salu-
daban hasta su lugar, como si fuera un “besama-
nos” presidencial.
El escritor Carlos Monsiváis retrató así ese episo-
dio, según recuerda el periodista Guillermo Osor-
no en su artículo “La Cleopatra de la tolerancia”
publicado en El Universal:
“Cleopatra-Xóchitl da la orden y el palanquín des-
ciende y la reina del Nilo, toda en dorado (…) incorpora
humildemente con asentimientos de cabeza los bravos y
ovaciones que elevan al rango de Emoción de la Noche
la tolerancia divertida de las minorías sexuales”.
Samantha Flores, amiga de Xóchitl, la recuerda
siempre rodeada de ricos y poderosos. Era común

100
verla acompañada de Lola Beltrán, Lucha Villa,
Isela Vega e Irma Lozano.
Xóchitl compró un edificio entero en la calle Vahía
de todos los Santos en la colonia Verónica Anzures. Le
gustaba organizar fiestas multitudinarias por su cum-
pleaños o para coronar a la reina gay de la temporada.
En la esquina de Villalongín y Circuito Interior
tenía un penthouse donde cada domingo invitaba
a sus amigos más cercanos. Henry Donnadieu, pro-
pietario del bar Nueve, asistía regularmente a esas
reuniones. Tenía un cuarto entero repleto de ves-
tidos, zapatillas y accesorios. A veces los invitados
sólo platicaban entre ellos, ya que Xóchitl tardaba
horas en arreglarse.
En público siempre estaba rodeada de hombres
guapos. El equipo de futbol americano “Los Pieles
Rojas”, de Ciudad Satélite, la acompañaba recurren-
temente en las fiestas. Incluso Xóchitil los llevó de via-
je todo pagado a Egipto, lo que hablaba de los enor-
mes ingresos que le dejaba su trabajo como matrona.
“La Xóchitl”, como era más conocida, pidió a
Jaime Vite, socio fundador de El Nueve, partici-
par en una fotonovela donde ella sería el personaje
principal en el papel de “Cleopatra” en Egipto.
En la cima de su popularidad, el cineasta Jaime
Humberto Hermosillo llamó a “La Xóchitl” a eje-
cutar el papel de enfermera en la película Las apa-
riencias engañan (1978). También actuó en la película
“María de mi Corazón” (1980), al lado de José Alon-
so y Blanca Torres, con música de Óscar Chávez.
Le pedí a Jaime Humberto Hermosillo una en-
trevista para que me hablara de cómo fue dirigir a
“La Xóchitl”. El cineasta se negó. No le gusta ha-
blar de ese tema.

101
En 1976 la revista Sucesos entrevistó a “La Xó-
chitl”. La “Reina de Reinas de los homosexuales de
México” fue el título de la conversación.
“Cuando fui niño y cuando más tarde fui joven
sufrí mucho por las burlas y las vergüenzas que me
hacían pasar los compañeros de escuela o los otros
muchachos. Además, mi familia fue la primera en
irme formando un grave complejo de culpa por una
falta que yo no había cometido: ser homosexual.
“(…) Xóchitl no es más que un personaje que
yo he creado para refugiarme y sentirme más yo,
sentirme lo que hubiera querido ser de no tener
metida su patita la naturaleza”.
En la entrevista, se resiste a identificar a los per-
sonajes públicos que son sus clientes:
“Mis fiestas se caracterizan porque ahí se en-
cuentran entre sí las gentes conocidas. No soy yo
quién para estar diciendo nombres, no porque mi
casa sea un punto de reunión para degenerados,
como dicen muchos de mis enemigos, no, no es por
ahí, no doy nombres porque no quiero que piensen
los famosos que vienen que quiero aprovecharme
de ellos para hacerme popular o adornarme”.
No hay profetas que calculen con precisión el
futuro. Quién sabe qué habría sido de Xóchitl de
continuar con ese ritmo. Tal vez habría seguido
con su carrera en el cine hasta volverse una actriz
ícono del cine independiente. A lo mejor se habría
convertido en el travesti más poderoso de México.
O sería una empresaria del entretenimiento. Pero
nada de eso pasó. De repente, Xóchitl se esfumó.
Dejó de organizar fiestas. No salía más a las reu-
niones. No le llamaba a sus amigos. No tomaba las
llamadas. Tampoco invitaba a nadie a su casa.

102
Samantha Flores escuchó que murió de diabetes
y acabó sus días en un asilo. Henri supo por Manuel
Ávila Camacho, hijo del presidente de México con
el mismo nombre, que un accidente en automóvil
la dejó con la espalda casi inservible, lo que le impi-
dió volver a usar esos pesados vestidos. Quería que
nadie se diera cuenta de su convalecencia. Prefería
el recuerdo de sus extravagancias a la realidad de
estar inválida.
Entre los conocedores del tema trans hay mu-
chos rumores más. Muchos coinciden en que Xó-
chitil sufría gota y sus sobrinos le arrebataron su
patrimonio. En los hechos, nadie sabe la fecha de
muerte de Xóchitl ni dónde está su tumba. Se cree
que murió a mediados de los ochenta.
Xóchitl nunca abrazó la causa gay. Tampoco
apareció en televisión y durante su enfermedad
mandó al diablo a sus amigos. Por eso la historia la
olvidó; aunque, para Henri Donnadieu, Xóchitl fue
un fenómeno social que jamás tuvo comparación ni
en la más extravagante reunión de Warhol.

Nombre: Francis (1958-2007)


Lugar de nacimiento: Campeche
Ocupación: imitadora, cantante y actriz

Francis se queda dormida el sábado como si el


show que ofreció un día antes en Puebla le hubiera
consumido toda su reserva de calorías. El domin-
go permanece adherida a la cama. El lunes por la
mañana tiene una cita con el conductor Jorge, “Co-
que”, Muñiz. Intenta levantarse, pero sus piernas
no le obedecen.

103
Mira sus extremidades inferiores y se alerta. Re-
flejan un intenso color morado. No llega a la cita
con “Coque” Muñiz.
La llevan de urgencia a un hospital de la colonia
del Valle, en el Distrito Federal. Mientras los médi-
cos le practican una endoscopia, a Francis la ataca
un paro respiratorio.
Un galeno intenta animar a Cynthia Franco, su
mejor amiga. Le propone que se acerque a Francis
y la aliente a luchar por su vida. Cynthia oye las
palabras con escepticismo. Sabe que Francis quería
morirse.
Francis permanece hospitalizada. Pide que na-
die llame a la prensa. Muy pocas personas la acom-
pañan en ese momento. Sólo llegan los bailarines
de su show, Cynthia, y Zula Escalante, su madre.
El miércoles organizan un rosario para pedir por
la recuperación de Francis. Cynthia prende una ve-
ladora, pero se apaga de inmediato. La enciende
por segunda ocasión, y percibe un viento sutil que
le sopla. Lo hace por tercera vez y un presentimien-
to la invade.
Corre al cuarto para ver a Francis. Una doctora
la recibe con ese eufemismo con que los médicos se
refieren a la muerte. “Se hizo todo lo que se pudo”.
El funeral es sobrio. Aunque Francis era parte
de la farándula mexicana y una imagen recurrente
de la televisión abierta, asisten muy pocos artistas
a su sepelio. Sólo dos grandes figuras se despiden
de ella: Silvia Pinal y María Victoria. Esta última le
reza un rosario entero. Cuando la prensa le pide
hablar, dice: “Fue una mujer que siempre se atre-
vió a vivir como quiso, con el plus de divertir sana-
mente a las familias mexicanas”.

104
El día en que Francis ofreció su último show, el
viernes 19 de octubre de 2007, concedió una en-
trevista a la estación “La Nueva Amor”, en Puebla:
“Soy toda una vedette, porque canto, bailo y actúo
sobre el escenario”.
Francis se tomaba en serio su papel. Era tan
adicta al trabajo que evitaba los noviazgos por con-
siderar que le quitaban el tiempo. Tal vez esa obse-
sión por lo perfecto la mató. En sus últimos años no
dormía bien y el estrés la azotaba. Ese cuadro la lle-
vó a tomar una decisión tan letal que acabaría con
su vida poco antes de cumplir los 50 años de edad.
_._

Francisco García Escalante nace en Campeche el


6 de abril de 1958. Sus padres tuvieron dos hijos
antes que él, pero ambos murieron. Desde sus pri-
meros meses, Francisco mostró problemas de salud
relacionados con las vías respiratorias.
Debido al antecedente de sus hermanos muer-
tos, los padres de Francisco lo cuidaban en exceso.
Cuando Francisco era aún un niño, sus progeni-
tores discutían con frecuencia, hasta que un día su
padre dejó a su madre, Zula.
Por su parte, Zula se enamora de otro hombre,
se va a vivir con él y tiene cinco hijos más. Francis
se queda sin hogar y al cuidado de su abuela, doña
Zoyla.
Es un niño alejado de sus compañeros de la es-
cuela. Juega con muñecas. Se viste con los vestidos
de su abuela. Se hace aficionado a las zapatillas.
Los niños de la escuela hablan de él, lo critican
por ser afeminado y lo excluyen. Francis responde
a su manera. Es un alumno responsable, dedicado.

105
Le gustan los festivales, ser el abanderado en los
honores patrios y los carnavales. Es independiente,
como si no necesitara de los demás.
Se hace amiga de la máquina de coser y encuen-
tra a sus dedos maravillosamente diestros para con-
feccionar vestidos. En la tele goza con la imagen
elegante y femenina de Silvia Pinal. Admira a Ma-
ría Félix, quiere bailar como ella.
Comienza a manufacturar vestidos que emulan a
esas estrellas de televisión. Sus compañeras de es-
cuela quedan fascinadas con el arte de Francisco, a
quien todo mundo se refiere ya con el diminutivo
“Francis”, ligado al perfume femenino que deja a
su paso.
Francis tiene claro que su objetivo en esta vida
es ser artista. Quiere salir en la televisión, ser una
mujer deseada, elegante, admirada. Sabe que en su
natal Campeche esa misión está condenada al fraca-
so, así que cuando cumple 18 años se va de su tierra
rumbo a la única ciudad de este país donde la fama
que ella quiere es probable: el Distrito Federal.
Renta un cuarto diminuto en la Lagunilla, don-
de se concentran las tiendas de ropa, sastres y cos-
tureros más prestigiados. Francis tiene la filosofía
de vida de que hacer reír a las personas es el más
grande honor, así que se especializa en ello. Es pí-
cara y alburera. Esas cualidades le abren paso en las
relaciones.
Y casi recién llegada entabla relación con Mitzi,
un gay oaxaqueño que también es diseñador. Mitzi
vive con el prestigiado sastre Gerard, quien le dise-
ña vestidos a las estrellas de la época. Francis teje
una empatía casi musical con la pareja, así que la
invitan a vivir con ellos.

106
Pronto Francis elabora trajes para las vedettes
más reconocidas. Asiste a los cabarets, a los teatros.
Y es como un día conoce a Sasha Montenegro, en-
tonces esposa del presidente José López Portillo.
Montenegro es protagonista de las películas más
atrevidas de ese entonces. Sale con poca ropa y has-
ta desnuda. Sus cintas son catalogadas de vulgares,
de mal gusto. Pero Montenegro es una diva, a su
estilo.
Montenegro necesita a una travesti para su pe-
lícula Noches de cabaret. Francis no se concibe como
travesti. La educación sexual y los términos de los
sexólogos aún no llegan a México. A los gays que se
pintan les llaman “vestidas”. Francis sale a la calle
con jeans, sin zapatillas, pero su rostro es más cer-
cano al de una mujer que al de un hombre.
Francis acepta el papel, sin anticipar que por fin
iniciaría su carrera como artista. Sería la travesti
más famosa de México. La única en salir en la tele,
en ser entrevistada constantemente en radio, pro-
tagonizar telenovelas, películas, shows…
Se volvería una adicta al trabajo, a los compro-
misos, a viajar. Todo el dinero que le entra lo gasta
en vestidos, plumas y zapatillas. Es tanta su ropa
que se ve obligada a rentar una bodega para guar-
darla.
En lo privado, casi no tiene amigos. No le gusta
llevarse con los bailarines de su show porque sus
esposas sospechan que podrían tener una relación
amorosa. Es más bien desconfiada de los demás.
_._

Francis se queda viendo a un hombre en la pri-


mera fila del Teatro Blanquita y lo reta: “Te nom-

107
bro mi representante. De todo lo que me entre te
doy la mitad”. A otro más le pregunta “¿Sí te casas
conmigo?”. Y a un tercero le confiesa: “No sabes lo
difícil que es aumentarme lo que me falta y escon-
derme lo que me sobra”.
En su show goza de provocar a los hombres,
quienes responden con nerviosas carcajadas. Imita
a Lupita D’Alessio, Rocío Durcal, Yuri, María Victo-
ria, Verónica Castro, Silvia Pinal, Niurka.
El criterio con el que elige a las actrices que imi-
tará es simple. Primero piensa si tiene algún pare-
cido con ella y después graba los programas y estu-
dia sus movimientos.
Su espectáculo se basa en el cabaret Lido, ubica-
do en Campos Elíseos, de París. Es su lugar favori-
to. Siente que la experiencia de estar en ese espec-
táculo es lo más bello que le puede pasar a un ser
humano. Por eso, se plantea que con que el público
mexicano se acerque un poco a esa emoción habrá
logrado una hazaña.
Más travestis imitadores se unen a su espectá-
culo, así como bailarines y actores. Inicia giras por
todo el país, la entrevistan en radio, en tele, ofrece
ruedas de prensa. Provoca una inquietud perma-
nente por su identidad sexual. Cuando Verónica
Castro la invita a su programa Mala Noche No, le
pregunta:
— ¿Cómo me refiero a ti, cómo te llamo, eres
él o ella?
— Pues, ¿cómo me ves?
Francis es ambigua en ese terreno, lo que le cos-
tará las críticas de los activistas gay. Algunos la ven
como lo opuesto al movimiento. Una imitadora, el
juguete de la tele.

108
En 1986 debuta en el teatro Fru Frú, administra-
do por la actriz Irma Serrano. El espectáculo gusta
tanto que la invitan al teatro Lírico, los Insurgentes
y finalmente El Blanquita, donde organizaría nue-
ve temporadas.
Es el eje del show. La dirección corre a su cargo,
también el vestuario, la idea original, el guión y la
producción.
La invitan a las telenovelas de Televisa La Fea
Más Bella y Vivo por Elena. A los programas Hasta
en las Mejores Familias, Desde Gayola, El Gordo y
la Flaca, el Show de Cristina.
Aunque por su desparpajo en el show podría de-
ducirse que Francis terminaba ligando a cualquier
hombre, en realidad al terminar siempre se va con
Cynthia Franco y su esposo, Juan Carlos Alonso, a
platicar chismes sobre los bailarines con una cerve-
za.
Francis asume como su única amiga a Cynthia.
A tal grado son los lazos, que es madrina de las ge-
melas de Cynthia. Le cuenta sus preocupaciones y
secretos más íntimos sólo a ella.
Y fue justo Cynthia la que se entera que Francis
no quiere vivir más. A sus 49 años cree que es vieja.
Se siente fracasada en el amor. Y no logra conciliar
el sueño. De las tres cosas, esta última es la que más
le preocupa.
Ana María Chávez, sobrina de Gloria Brindis, ex
representante de la travesti, recomienda a Francis
consumir lexotan, una medicina psiquiátrica que
sólo se debe vender con receta médica. Se trata de
un ansiolítico que provoca dependencia. Si se usa
sin supervisión, puede provocar estados prolonga-
dos de anestesia.

109
Cuando Francis consume el lexotan duerme pro-
fundamente. Comienza a ingerirlo cotidianamente
antes de dormir.
Va a iniciar una nueva gira en octubre de 2007
por toda la República y comienza en Puebla. Un
viernes, al terminar el show regresa a la ciudad de
México e ingiere el lexotan. Cae rendida y duerme
por dos días consecutivos. Cuando quiere levantar-
se se da cuenta que no puede. Una trombosis le
para la respiración.
_._

Los vestidos de Francis se malbarataron a imi-


tadores. Las estrellas de televisión no acudieron a
su entierro. El ambiente gay nunca la reivindicó.
Los shows de cavaret se dejaron de hacer. Ninguno
de sus bailarines retomó el espectáculo. Su madre
ofreció construir un museo que jamás se logró. Un
dvd con su show se quedó en cajas, pues nunca se
comercializó.
Si así terminó sus días“Francis, el más grande
travesti de México”, como le llegaron a nombrar,
se puede explicar cómo acaba en desgracia, por lo
general, un travesti común.

Nombre: Samantha Flores García


Edad: 78 años.
Lugar de nacimiento: Orizaba, Veracruz.
Ocupación: hotelería y relaciones públicas.

La cita con Samantha es en un café VIPS de In-


surgentes. “¿Lo espera la señora, no es cierto?”, pre-
gunta un gerente de saco rojo y señala una cabellera
dorada. Samantha se parece a la abuela de tu mejor

110
amigo. Fina de cara, voz tierna y femenina. Habla
pausadamente, como si fuera a dormir a su nieto.
Hoy en día los mercachifles de la publicidad
venden la idea de que el inglés es tan eficaz en la
vida que nos puede resolver nuestro futuro econó-
mico e incluso ascender de estrato social. Sólo que
a Samantha le toca una época en que eso es com-
pletamente cierto y dominar el idioma de la po-
tencia más fuerte del mundo es suficiente para ser
indispensable en un trabajo de alto nivel. Más en el
terreno del turismo.
El padre de Samantha, obrero de la cervecería
Cuauhtémoc Moctezuma, junta dinero y le paga a ella
(entonces él) y a sus hermanos clases de inglés particu-
lares. Pero no es ahí donde Samantha aprende inglés.
Un día Samantha toma el suplemento de avisos
clasificados. Piensa que algo importante la aguar-
da en esos pequeños recuadros. Salta a la vista un
enorme marco con la pregunta: “¿Quieres apren-
der inglés?”. Informes, dice, en un apartado de Los
Ángeles, California, EE.UU.
Piensa que es su salvación. Dejar su conservadora
ciudad, abandonar a su familia y ser ella, Samantha
y no ese hombre afeminado del que se burlan sus
compañeritos de secundaria. Necesita dinero para
el viaje, amén de conseguir una estancia, juntar
para los viáticos. No es labor sencilla.
El padre de Samantha le consigue un empleo
modesto en la cervecería. Ni ahorrando con obse-
sión puede pagar ese viaje. Pero es 1957 y la fortu-
na está de su lado.
Es fin de año, y, como en cada Navidad, el líder
sindical estrena un automóvil y rifa el que “ya está
viejo” entre los obreros de la cervecería. Samantha

111
gana con el boleto 2527. Es su número de la suerte
desde entonces.
Antes de vender el automóvil y usar el dinero
para partir a Estados Unidos, Samantha se da el
gusto de rodar y divertirse. En Caleta, playa de Aca-
pulco, hace amistad con una pareja de estadouni-
denses que vive en Los Ángeles. Está de suerte: los
recién casados le ofrecen su casa como hospedaje.
¿Por qué es tan importante ese viaje a Estados
Unidos? Fácil, ahí Samantha se juega el destino. El
eterno clóset o la libertad.
“En primero de secundaria me di cuenta de mi
situación social, física, y yo pensé que era el único
en el mundo, que no había nadie más que yo, y cla-
ro, me consideraba un monstruo, afortunadamente
pensé, ¿cómo voy a luchar de aquí en adelante Dios
mío?, ¿qué lucha me espera tan fuerte para que no
me hundan?, para que no me pisen, fíjate que eso
fue muy bueno porque me preparé mentalmente
para luchar; si no puedes con el enemigo únete al
enemigo y para mí todo el mundo era enemigo”.
Los primeros días de estancia en Los Ángeles
son terribles. Samantha no entiende enunciado al-
guno del curso al que se inscribe, especializado en
hotelería y relaciones públicas. La maestra habla y
Samantha asiente para disimular.
El cerebro es maravilloso: a los quince días, sue-
ña en inglés.
Samantha se trata de explicar cómo se vuelve bi-
lingüe en un santiamén: “Todo era en inglés, no
entendía absolutamente nada, nada, y dije al tercer
día ¿qué voy a hacer Dios mío? ¿Me voy a regresar
así a México? No, yo no quiero regresarme, y ni
modo, comencé a platicar con mis compañeros”.

112
Samantha se enamora del aura libertina de Los
Ángeles. Son fines de los 50, y lentamente Ken Kes-
sey y sus secuaces preparan el terreno para sus cé-
lebres “Fiestas del Ácido”, mientras que en México
el dólar está devaluado y algunos llaman “milagro”
a la dictadura del conservador PRI, que se manten-
drá 73 años en el poder.
Una pena: la estancia de Samantha tiene fecha
de caducidad. Una vez concluido el curso, regresa
a México. No quiere volver a casa de sus padres.
Viaja directo al Distrito Federal, a la recién inaugu-
rada Escuela de Hotelería, la primera del país.
Con sus conocimientos del negocio y su dominio
del inglés, se convierte en indispensable para el ho-
tel las Brisas, de los más lujosos de Acapulco, don-
de se hospedan Ringo Starr, Rod Stewart, Elizabeth
Taylor, “Cantinflas” y hasta John F. Kennedy.
Samantha se relaciona con un atractivo joven es-
tadunidense de 17 años. Comparte fiestas, viajes,
desveladas, pachangas, pura diversión; hasta que
un día Samantha llega tras una juerga de fin de
semana, y se encuentra con un puñado de policías
listos para interrogarla.
El chico, le advierten, es estafador de ancianos
homosexuales en Estados Unidos. Afortunadamen-
te no participa en ningún delito mientras sale con
el muchacho, y no libran cargos.
“Era tan femenina tan femenina que mis novios
preferían sacarme vestida de mujer que de niño
porque a mí me gustan muy masculinos, muy mas-
culinos y jóvenes y el contraste era tremendo, todo
mundo se daba cuenta. ¿Qué hace ese muchacho
con ese jotito junto?, era muy incómodo salir en
público y más pena me daba porque en mi época

113
teníamos un novio pero en cuatro paredes, jamás
se atrevía a salir de la puerta”.
En 1958 Samantha, sale maquillada como mu-
jer. En aquel tiempo nadie se llama así mismo tra-
vesti o transexual. Por instinto se delinean las cejas,
se ponen un poco de color debajo del iris y toques
de talco. Así salen fotografiadas.
— ¿Nunca pensó en la reasignación de género?
— Jamás.
— ¿Por qué?
— Personalmente estoy totalmente en contra,
cien por ciento. Yo me formé con mentalidad fe-
menina, pero una cosa es formarte con mentalidad
femenina y otra cosa es formarte con mentalidad
de mujer. Es muy diferente, número uno porque
sabes que nunca vas a poder tener hijos, lo sabes
desde toda la vida, y número dos, que es lo más
importante, que aún siendo yo tan femenina sabía
que no era mujer. Sexualmente el placer lo tengo
en los genitales, ese placer y mis genitales no son
femeninos, son masculinos eso no puede olvidarse
nunca, eso te traumatiza porque no te realiza y tu
autoestima se viene al suelo porque sabes que no lo
vas a conseguir nunca, entonces en cualquier rela-
ción sentimental ya vas perdiendo porque lo que tú
quieres no lo vas a alcanzar nunca.
— Pero ahora hay operaciones…
— ¡Eso no importa, te capan! ¡No hay ninguna
operación exitosa, nunca, quien te diga que hay
una operación exitosa te dice una mentira, si te
cortan testículos y pene ¿qué placer vas a tener?, tu
próstata se atrofia!
Samantha hoy tiene 79 años, algunos la ubican
como la transexual más longeva de México. Hoy

114
cumple con rigor su rol como activista y no sólo de la
causa gay, también pide cooperaciones afuera de los
teatros para enfermos. Y tiene una meta que no la
deja en paz: construir un asilo para homosexuales.
De concretarse, será el primero en México. Sa-
mantha no quiere que el adjetivo pionera deje de
acompañar a su nombre.

Nombre: Dorian Edith Hernández,


Edad: 34 años.
Lugar de nacimiento: Tuxtla Gutiérrez, Chiapas.
Ocupación: Fue Coordinadora de la comunidad Trans
de la Comisión de Diversidad Sexual del PRD

La amiga de Paty no contesta el teléfono y ni ella


ni Dorian tienen dinero en la bolsa. Parece que se la
tragó la tierra y las dos chiapanecas recién llegadas
al Distrito Federal deciden dormir en la estación
del Metro Hidalgo. A ratos Paty permanece des-
pierta y vela para que ningún policía interrumpa
el sueño de Dorian. Luego, cambian las guardias.
Dorian piensa que sólo será una noche. A la ma-
ñana siguiente la amiga de Paty sigue ilocalizable.
El hambre y las horas de viaje no perdonan. Paty y
Dorian no tienen más remedio que mendigar.
El viaje al DF es una odisea: ninguna de ellas ha
salido nunca de Chiapas. Tampoco tienen un peso
en la bolsa ni saben cómo sobrevivir en la inmensa
capital.
¿Qué cómo viajaron Dorian y Paty de Chiapas
al DF si no tenían un quinto? Fácil: por aventones.
Claro, nadie en estos tiempos lo hace por obra de
caridad. A cambio, las chicas obsequian servicios se-
xuales a dos traileros.

115
A los quince días de limosnear, Paty se fastidia y
regresa a Chiapas, aún consiente de la matanza que
ocurre ahí. Con una rapidez siniestra, grupos de
transfóbos comienzan a asesinar a las trabajadoras
sexuales. Así muere Vanesa, la primera gran amiga
de Dorian en el medio, quien le enseña a maqui-
llarse y a travestirse.
Dorian y Paty no quieren ser las 61 y 62 en la
hemeroteca policial. Así que deciden dejar la vida
agrícola de Tuxtla y resguardarse en el aparente-
mente seguro Distrito Federal. Dorian nunca pen-
só que las cosas se complicarían tanto.
Después de la partida de Paty, Dorian se queda
sola, merodeando en el Metro, tratando de sobre-
vivir de la buena voluntad de los pasajeros. En esas
circunstancias de miseria acepta prostituirse. Tie-
ne16, sus abuelos y hermanos siguen en Chiapas.
No conoce a nadie en el DF.
Un hombre la seduce y secuestra. Durante dos
años, la obliga a prostituirse. No le da un centavo.
Si no atrae clientes, la muele a golpes. Aún tiene
grabado su cinturón en una pierna.
Dorian se las ingenia para guardarse unos pesos y
comprarse medias y ropa interior. El explotador ni
siquiera les da ropa. Tiene bellos pies. Un hombre la
contrata para besárselos y cuando ella descubre que
tiene hábitos de sacerdote, el religioso huye.
Pasa sus días encerrada en el departamento de
la madre del padrote, junto con una mujer y una
transexual a quienes también explota y golpea. El
abusador cuida de no pegar a Dorian en la cara ni
en lugares visibles.
Con algunos clientes el maltrato persiste. Es tan
femenina que uno de ellos la sube a su coche sin

116
observar que es trans. Cuando se da cuenta, se des-
quita a golpes.
Vivir una vida ordinaria tampoco es la solución.
Un día Dorian merodea en los aparadores de San-
borns cuando un policía la saca por la fuerza. “Sa-
bes que no puedes estar aquí”. Son los tiempos en
que encarcelan transexuales por lo que sea. Treinta
y dos horas en “El Torito” ó 300 pesos de extor-
sión. Claro, cualquiera elegiría pagar la multa, sólo
que no todas tienen dinero.
Dorian ruega a Dios que la saque de esa casa.
Tiene un plan: Dorian irá con un cliente con el que
guardaba una relación de buenos amigos; el padro-
te, como siempre, la seguiría. Sólo que esta vez, en
lugar de tener sexo el cliente sale por la puerta tra-
sera con Dorian escondida y la lleva a casa de una
amiga. Todo sale a la perfección.
El padrote la busca por todos los puntos de pros-
titución del Distrito Federal hasta encontrarla en
una esquina. Para fortuna de Dorian, pasa una pa-
trulla que escucha su clamor. Será la última vez que
vería al explotador sexual.
Dorian está cansada de esa vida. Ahorra un poco
de dinero y se inscribe en una primaria abierta. No
se conforma con aprender a leer y escribir, conti-
núa con la secundaria y después con el bachillerato.
Estudia mientras ejerce el trabajo sexual.
Se inscribe en el concurso Señorita México, or-
ganizado por los empresarios Carlos y Meche, co-
nocidos en el ambiente de la diversidad sexual por
sus fiestas. Entre el jurado está Francis, de quien
Dorian se hace amiga entrañable. Dorian gana ese
concurso. A partir de ahí, Francis la bautiza como
Dorian Pocahontas, por su asombroso parecido con

117
el dibujo animado de Disney. El pelo negro le cae
debajo de la cintura, como queriendo tocar el piso.
Comienza a practicar imitaciones de artistas fa-
mosos. En el año 2000, baila a la perfección cancio-
nes de Cher, y monta un espectáculo para clubes
nocturnos. Al mismo tiempo, estudia como maqui-
llista. Trabaja como modelo para firmas tan impor-
tantes como Michelín. Ninguno sospecha que es
trans.
Trabaja en el espectáculo de Francis, la travesti
más conocida de todo México. La recuerda siem-
pre con una sonrisa, bromista al extremo de no sa-
ber controlar su lengua.
Se identifica con ella porque también fue explo-
tada cuando llegó de su tierra natal, Mérida.
Francis es exageradamente glamorosa. Las me-
jores pelucas, plumas, zapatillas, bolsos… Dorian
hereda esa manía: cuenta con más de 200 pares de
zapatos y 50 bolsos.
Dorian Edith hoy lucha por los derechos huma-
nos en el ámbito partidista, incluso fue coordinado-
ra de la comunidad Trans de la Comisión de Diver-
sidad Sexual del PRD.
De salirse analfabeta de su comunidad en Chia-
pas, su fuerza de voluntad la llevó a ocupar un car-
go político relevante. Pero no se siente completa,
extraña a sus hermanos, a quienes apenas si reco-
noce físicamente. Si tuviera un millón de pesos, lle-
varía a su familia a recorrer el mundo.
“Ha sido triste porque me he forjado y he creado
mi personalidad y mi propia leyenda yo sola, si tu-
viera ese dinero regresaría a casa con mi madre, en
ese campo tan hermoso que es mi tierra, estar entre
los arroyos en donde crecí, oler a tierra húmeda, ver

118
el sol, oír a los pájaros cantar, tener tiempo con mis
sobrinos, comería como loca porque siempre me he
cuidado…”. En su pequeña oficina del PRD, inmer-
sa en la concurridísima calle de Monterrey, a unas
cuadras de Insurgentes, la avenida más larga y tran-
sitada de Latinoamérica, Dorian no para de llorar.

Nombre: Génesis.
Edad: 37 años.
Lugar de nacimiento: Guanajuato, Gto.
Ocupación: historiador y futbolista.

La revelación se desata en el kinder, cuando la


maestra la asigna al baño de niñas. Ahí Génesis cae
en cuenta de que algo no anda bien.
Siente que un ángel curioso se apropió de su
cuerpo. Luego piensa que en sus vidas pasadas ha
sido tan malo que por justicia divina ahora recibe
su merecido castigo cambiándola de cuerpo.
En la adolescencia, Génesis (su nombre original
prefiere sepultarlo tan profundo como se entierra
un cuerpo putrefacto) escucha hablar de la diver-
sidad sexual. Entonces, se asume lesbiana por diez
minutos.
“Después lo empecé a analizar y pensé: es que
ellas son felices siendo niñas y yo no; eso no es lo
que yo tengo, para nada, pensé que era el único en
este universo”.
La familia de Génesis es tan católica como el es-
tado de donde es originario: Guanajuato. Sabién-
dose único en el mundo, opta por guardar su se-
creto 29 años. Un día no puede más: y lo confiesa.
“Te cansas de seguir el jueguito de que estoy
bien y no me pasa nada. Te estancas, ya no sabes ni

119
para dónde ir ni cómo seguir. Ya no me interesaba
nada”.
Gracias a los millones de cibernautas que ofrece
el internet, Génesis da con una amiga virtual que le
menciona por vez primera el término transexual.
Una vez que comprende su condición, Génesis
la explica a sus padres. A partir de su confesión no
vuelve a casa. Le cierran las puertas.
Se muda al Distrito Federal con la esperanza de
reiniciar su vida como el hombre que siempre se ha
sentido.
Se corta el pelo al ras. Viste pantalones de mezcli-
lla y cambia las blusas por camisas de hombre. “Lo
único que me delataba es la voz”, recuerda Génesis,
quien aún conserva un tono ligeramente femenino.
Estudia Historia en la facultad de Filosofía y Le-
tras de la Universidad Nacional Autónoma de Mé-
xico. En el departamento de Psiquiatría de esa ins-
titución le proporcionan las primeras hormonas.
El 18 de octubre de 2010 se somete a dos in-
tervenciones quirúrgicas simultáneas. Una mas-
tectomía radical (extracción de los senos) y una
estereotomía (remoción del aparato reproductivo
femenino). Debido al proceso de reasignación, la
destreza de Génesis al jugar futbol –es un goleador
envidiado y un excelente portero- queda rezagada.
A pesar de sentirse torpe en ese deporte, la con-
vocan en julio de 2010 a representar a México en
el mundial de competencias gay celebrado en Co-
lonia, Alemania. El equipo llega a semifinales; cae
contra Inglaterra.
Génesis pertenece a la organización Tri Gay, un
colectivo que ve al deporte como forma de combi-
nar disciplina física con activismo.

120
Génesis tuvo cinco novias; con cuatro de ellas fra-
casa porque son bisexuales y no se compenetran con
un hombre trans. La excepción es su última pareja.
Llevan cuatro años juntos: 48 largos meses en que
no han sostenido relaciones sexuales. Génesis aún se
siente incómodo con su cuerpo. Le falta la operación
final: colocarse un pene y desplazar a su vagina.
También quiere modificar sus papeles. Un abo-
gado le ofrece ayudarlo en el proceso de reasigna-
ción de acta y le pide que consiga a dos peritos que
corroboren su condición. Génesis se siente culpa-
ble. No entiende cómo él puede completar su pro-
yecto de vida mientras a cientos de transexuales en
el resto del país las constituciones estatales les ha-
cen imposible ejercer ese derecho.
Hoy, busca crear jurisprudencia. Lucha porque,
con sus papeles como guanajuatense, se le reconoz-
ca su nueva identidad en su estado natal.
En tanto termina su proceso, Génesis finaliza
su tesis para graduarse como historiador. Se trata,
precisamente, sobre dos personajes mexicanos que,
descubrió, fueron transexuales. Los nombres se los
reserva para el día del examen.
A veces piensa que le gustaría tener un hijo, pero
se siente frustrado por no poder embarazar a su no-
via. ¿Y adoptar a un niño? “No”, responde tajante.
Génesis recibe hormonas gratuitamente en la
clínica Condesa, operada por el gobierno del Dis-
trito Federal. En ese mismo sanatorio se brindan
servicios de asesoría y medicamentos a pacientes
con VIH. Génesis ve a los enfermos y a veces se
deprime:
“No es el ambiente para nosotros, ver a los pa-
cientes a veces es un poco desmotivante”.

121
No tiene trabajo y aún no concluye su tesis. Hay
cosas más importantes en su vida, como, por ejem-
plo, borrar todo rastro femenino de su pasado y
salir a la calle como un hombre con pene y todos
sus papeles en masculino.
Aun así tiene una meta: en diez años estar en un
cubículo de la UNAM y ser un reconocido investi-
gador. También piensa irse a vivir con su novia y
comenzar una vida juntos. “Mi frase favorita es vive
y deja vivir”.

Nombre: Fabiola Estradiol Lullier


Edad: 46 años.
Lugar de nacimiento: Tacuarembó, Uruguay.
Ocupación: escritora.

Uno de los tíos es dinamitero y el otro repar-


te panfletos. Ambos participan activamente en el
Movimiento de Liberación Nacional Tupamaros,
organización de izquierda radical en Uruguay que
opera con el sello de guerrilla urbana.
La dictadura de ese país persigue no sólo a mi-
litantes, también a los familiares. Lo menos que
puede esperarse de ser capturado es la cárcel. Las
desapariciones forzadas, la tortura y el homicidio
político son parte de la jerga cotidiana.
Fabiola, sus dos hermanas, un tío, su madre y
su padre huyen del país en automóvil. Viajan du-
rante tres meses, recorren Centroamérica y parte
de Sudamérica. Contratan a un conductor distinto
para cada territorio, con el fin de evitar ser deteni-
dos como extranjeros.
El último recuerdo que tiene Fabiola de su ma-
dre son palabras que aún retumban con dulzura en

122
sus oídos: “Duérmete, pronto vamos a llegar”. Eso
sucede en Chilpancingo, Guerrero, México. Des-
pués, la memoria de Fabiola se borra.
Amanece en un orfanato, en Querétaro. Su her-
mana mayor queda a resguardo de una tía en Ta-
cuarembó, Uruguay, y la menor en una casa de
refugio para niños en la ciudad de México. Un ac-
cidente automovilístico pone fin a la madre de Fa-
biola. Su padre sobrevive, junto con su tío, pero al
ser descubiertos —gracias al percance— como in-
documentados en territorio mexicano son deporta-
dos a Uruguay.
El orfanato donde cae Fabiola con siete años, es
atendido por salesianos. Uno de ellos, tiene la cos-
tumbre de llamar a los niños a la enfermería, don-
de los manosea y abusa sexualmente.
Un día, Fabiola ve la puerta abierta y sale co-
rriendo. Tiene nueve años.
“Es como la cárcel, nadie aprecia su libertad
hasta que ha estado una noche encerrado; además,
me afectaba mucho encontrarme entre otros niños
y ver que llegaran parejas de adultos y los niños
corrían a decirles: papá, mamá, llévame, eso te las-
tima mucho”.
Escapa con un amigo. Y atraviesa 50 kilómetros
hasta llegar a Aculco, en Querétaro. Detiene su an-
dar con el exquisito olor a pan recién horneado
que emanaba de un expendio. Una señora se com-
padece de la escena y la acoge.
No se concibe ni como mujer ni como hombre.
No es por un capricho arbitrario o por querer di-
ferenciarse del resto del mundo. Es, simplemente,
porque en su cuerpo conviven un ovario y un testí-
culo: Fabiola es intersexual.

123
“No vivo como mujer, vivo entre las mujeres
porque es donde menos me molestan; no me in-
teresa ser mujer, me interesa que no me molesten,
vivir en paz”.
Gracias al pequeño ovario, eventualmente le cre-
cen los senos y carece absolutamente de vellos en
las piernas; el testículo le permite generar esper-
mas. Aunque, eso sí, ni pensar en una erección.
En la escala de uno al diez, dice ella, la líbido de
una persona intersexual es de menos cinco:
“Lo último que te pasa en la vida es tener ganas
de contacto sexual con alguien; en lo particular, a
mí no me gusta que me toquen”.
Las personas intersexuales –comúnmente llama-
das hermafroditas—nacen con los aparatos repro-
ductivos masculino y femenino, uno de ellos más
desarrollado. La explicación médica suena sencilla,
pero vivir bajo esa indefinición de la naturaleza
está lejos de serlo.
Fabiola está acostumbrada a que la expulsen de
los baños públicos. Si entra al de mujeres la echan
recriminándole que debe ingresar al de hombres;
caso contrario, del de varones la sacan no sin antes
reprocharle que debió acudir al de damas.
“Si me visto como mujer dicen que soy joto y
si me visto como hombre también”, se queja, con
resignación. En consecuencia, ha optado por auto-
excluirse de la vida social. Le resulta enfadoso es-
cuchar siempre la misma pregunta: ¿Cómo te trato,
como mujer o como hombre?
Y es que cuando Fabiola abre la boca su voz es evi-
dentemente masculina. También su enorme cuerpo
y sus carnosas pantorrillas. Pero tiene el pelo largo,
se pinta, la nariz es delicada, como una pizca de sal.

124
Apenas Fabiola recuerda el accidente automovi-
lístico en que perdió a sus padres se suelta a llorar
como una nube descontrolada en pleno diluvio:
“Hay duelos que no he terminado”.
Fabiola menciona que en esa etapa robó, ayudó
a transportar estupefacientes de Tijuana a Estados
Unidos, durmió en la calle y una noche una parte
de su vientre y la ingle fue abierta por el golpe de
una metralleta de policía.
Fabiola Estradiol. Claro, Estradiol no es un ape-
llido común. Bueno, ni siquiera es apellido. Fabiola
en latín significa “la que cultiva habas” y el estra-
diol es la hormona responsable del crecimiento del
útero, las trompas de Falopio y la vagina.
Es madre de dos hijas: Elizabeth, de 13 años y
Beatriz, de 8. Ha tenido una sola pareja. Es una
mujer con la que acumula 18 años de matrimonio.
Han sido más de 215 meses donde Fabiola no sólo
ha sido una compañera oculta para la sociedad,
sino también un padre que jamás ha asistido a un
festival de escuela de sus hijas.
El pene de Fabiola mide dos centímetros. “Es como
una canica”, lo describe. ¿Qué cómo pudo concebir a
dos hijas? La respuesta fácil es: gracias a los avances
de la medicina. Fabiola tuvo que consultar a un ge-
netista, después pasar por un urólogo y finalmente
con un ginecólogo. Entre los tres especialistas se les
ocurrió introducir un catéter al cuerpo de Fabiola y
extraer los espermas. Los de más alta calidad fueron
inseminados y así nacieron Elizabeth y Beatriz.
Fabiola no puede pasar por ellas a la escuela ni
tampoco cantar a los cuatro vientos el nombre de
su pareja. Lo tiene prohibido. Ni tampoco conoce
a los amigos de sus hijas que llegan a visitar la casa.

125
Para ella sólo existen dos amigas: Marisa, su re-
presentante, y Ximena, una sexoservidora. No asis-
te a fiestas ni a reuniones sociales, vive apartada de
la sociedad que la ha excluido.
Hombres, mujeres o transexuales, todos le re-
sultan iguales. Están inmersos en vanas preocupa-
ciones de las que no tiene las mínimas ganas por
enterarse:
“Tanto hombres como mujeres tienen las mis-
mas neurosis, las mismas paranoias, se preocupan
por las mismas cosas y lloran por las mismas condi-
ciones, la única diferencia es que unos se maquillan
y otros no”.
— ¿Cuáles son esas preocupaciones?
— La pareja, el que no los quieren, el qué va a
pensar la otra parte, si te hizo caso, si no te hizo
caso…
La verdadera pasión de Fabiola es escribir. Estu-
dió lingüística en la Escuela Nacional de Antropo-
logía e Historia, donde cursa la maestría en Semió-
tica del Cuerpo. En la Universidad Complutense
de Madrid se graduó de Fenomenología de la Re-
ligión.
Actualmente asesora tesis, coordina dos talleres
literarios y tiene varios libros publicados.
Es así como creó al personaje de Dolto, cuyo
acrónimo significa Devorador Ortográfico Léxico
de Todo Orden. Se trata de la historia un mamífe-
ro de dos metros de largo que vive en medio de las
hojas de papel y cuya tarea principal es resguardar
el cuidado de la ortografía de los niños.
También ha montado pastorelas para niños y
dos de sus libros son lecturas de texto en igual nú-
mero de escuelas.

126
En 1995 Radio Francia escogió varios de sus
guiones y los reprodujo para la audiencia infantil.
Dice sentir especial cariño por la infancia, tal vez
porque ella jamás tuvo una.
A pesar de su asombroso currículum, Fabiola a
veces debe recurrir al trabajo sexual; ser escritor
intersexual no deja siempre para comer. Aunque
tiene una peculiaridad, sus clientes ya la conocen
y prefieren charlar con ella en vez de eyacular. La
razón es simple, Fabiola es una excelente conver-
sadora, no sólo sabe alemán y algo de arameo y
francés, sino que también tiene una cultura general
amplísima. Incluso puede hablar de rock, el pro-
gresivo es su obsesión y Jethro Tull su banda favo-
rita.
— Si pudieras darle un consejo a la humanidad,
¿cuál sería?
— Lo que realmente importa del sujeto es lo que
aporta a la sociedad. No es verdad que existan dos
tonos, blanco o negro, hombre o mujer, hay mu-
chas cosas más y lo más importante es ser producti-
vo, uno debe de aportar algo a los demás.
Escribe teatro, cuentos y poesía. Un poema lo
bautiza con un nombre que lo dice todo: “No soy
Persona”.
Dice así:
Tu forma de vivir es errónea, me han dicho.
Yerro mi existir.
Puedo cerrarme los ojos, la boca, una puerta, un libro;
quizá,
contener ochenta segundos la respiración, mas no sé
cómo dejar de escuchar, no obstante sonidos vacíos.
Paso las noches sobre un lecho viscoso de dudas.

127
Miro el amanecer
y me calzo los callos de la angustia canguelos,
pedazo de suela y correas.
Si alzo el andar en no pocos seré el polvo en sus miradas.
Ahí voy.
Sin ir al frente; sólo ir.
Si a la palabra Querer no ofendo por recurrir a ella,
quiero ser un sueño de muchos días, de varios años.
Un sueño propio en estas manos prestadas de cuerpo
finito.
Una gota de vapor de la tierra;
una molécula sin dirección ni fusión.
Un sueño.
Un raro sueño, me dicen.
Pequeños sintagmas o cortos vocablos,
la connotación es muy próxima: Distinto, Diverso, Ale-
gre.
Qué saben.
Entradas de diccionario con las cuales me designa la
gente.
Y, lo son, pregunto.
Nunca he sido un nombre sino un calificativo.
No lastima ser cuanto se es.
Soy.
Errónea existencia la mía, aún expresan;
qué importa el orden.
Un demonio vivo para otros soy.

128
Yo soy mi diablo, mi propio mal,
mi irremediable cura, también.
Yo no soy de mí nada.
Soy un dolor.
Un raro dolor.
_._

129
ANEXOS

Trans en la historia

Lili Elbe (1882 – 1931, Dinamarca,): Nació como


hombre con el nombre de Einar Mogens Wege-
ner. Algunas fuentes médicas refieren que Lili era
intersexual. En 1930 se sometió a una cirugía re-
constructiva y después a un transplante de ovarios
que salió frustrado, provocándole la muerte.
Christine Jorgensen (1926-1989, Estados Uni-
dos): Nació con el nombre de George William Jor-
gensen, Jr. Es ubicada como la primera persona
del mundo en someterse a una cirugía de reasig-
nación de sexo.
Coccínelle (1931-2006, Francia): Cantante y ar-
tista. En 1953 debutó en el célebre cabaret parisi-
no ‘Chez Madame Arthur’. En 1958, en Marrue-
cos, se sometió a una vaginoplastia, la noticia co-
rrió por todo el mundo. Compartió escenario con
Edith Piaf; participó en las películas como ‘Nuit
D’Europe’, ‘Interpol Attaque’, ‘Les Dons Juans
sur la côte d’Azur’ y ‘Los viciosos’. Existen cua-
tro biografías sobre ella: ‘Coccinelle es él’, de Ma-
rio A. Costa (1963), ‘Los Travestis’, por Jacques-
Louis Delpal (1974); “Coccinelle por Coccinelle’
(su autobiografía), y en 2001, ‘Montmartre Beaux
jours... et belle de Nuit’, de Jacqueline Strahm.
Renée Richards (1934, Estados Unidos): Oftal-
móloga, escritora y jugadora profesional de tenis.
Los organizadores del US Open en 1976 suspen-
dieron su participación en el cuadro femenil ar-
gumentando que nació como un hombre. Renée
defendió sus derechos ante el Tribunal Supremo
de Nueva York, que falló a su favor pudiendo así
participar en el US Open de 1977. Sirvió a la Ma-
rina de Estados Unidos como teniente comandan-
te. En 1986 publicó su autobiografía.
Lynn Conway (1938, Estados Unidos).- Se dedi-
có a la informática y desarrolló su carrera profe-
sional en el antiguo emporio de las computadoras
IBM. Esta compañía la corrió en 1968, tras confe-
sar su condición de transexual. Ha trabajado para
Xerox y DARPA. Como académica, ha imparti-
do cátedras en la Universidad de Michigan y fue
aceptada en la Academia Nacional de Ingeniería
de Estados Unidos.
Esdras Parra (1939, Venezuela).- Poeta, ensa-
yista, traductora y narradora. En 1967 publicó su
primera obra, El insurgente. Autora también de
Por el norte el mar de las Antillas (1968) y Juego lim-
pio (1968). Fue miembro fundador de la revista
Imagen. Ganó el Premio de Poesía de la II Bienal
Mariano Picón Salas de Mérida (1993) con “Este
suelo secreto” (Monte Avila Editores, 1995).
Caroline Coss (1954, Inglaterra).- Modelo. Posó
para las revistas Vogue, Play Boy e incluso parti-
cipó en la película Sólo para tus Ojos de James
Bond en 1981. Cuando la prensa reveló que se
trataba de una mujer transexual y no de una dama
biológica, Caroline se quiso suicidar. Desde 1992
vive casada con el canadiense David Finch.
Bibiana Manuela Fernández Chica (Tánger,
1954).- Nació con el nombre de Manuel Fernán-

132
dez Chica. Posteriormente inició su transforma-
ción a mujer. Se hizo popular por su participación
en la película Cambio de sexo, de Vicente Aranda.
El cineasta español Pedro Almodóvar la toma en
cuenta para la película Trailer para amantes de lo
prohibido. Y más adelante en: Matador, la ley del
deseo, Kika y Tacones Lejanos.
Georgina Beyer (1957, Nueva Zelanda).- En
1995 llegó a la alcaldía de Carterton. El Partido
Laborista de Nueva Zelanda la postuló al Parla-
mento en 1998. En 2002 fue reelegida parlamen-
taria. Durante sus dos periodos impulsó iniciativas
legislativas a favor de la comunidad homosexual y
el trabajo sexual.
Ru Paul (1969, San Diego, California).- Drag
Queen, modelo y actriz. Saltó a la fama por su
participación en la canción “Don’t Go Breaking
My Heart”, a dueto con Elton John. Tuvo un talk
show en la cadena VH1 y ahora dirige el reality
show llamado RuPaul’s Drag Race.
Amanda Simpson (1961, Estados Unidos).- Es la
primera mujer transexual contratada en la Casa
Blanca. El presidente Barack Obama la nombró
consejera del Departamento de Comercio. Su últi-
mo cargo había sido Director Adjunto de Desarro-
llo de Tecnología Avanzada de Raytheon.
Dana International (Tel-Aviv, 1972).- Nació
con el nombre de Yaron Cohen y posteriormente
cambió su nombre a Sharon Cohen. Comenzó su
carrera como cantante en Inglaterra. Su primer
número uno en Israel fue la canción “Así me gusta
a mí”. En 1998 representó a Israel en el festival de
la canción de Eurovisión y ganó con 172 puntos.
_._

133
Rostros trans en México

• Gloria Hazel Davenporth: periodista y activis-


ta. Primera funcionaria trans en México, al ser
nombrada jefa del Departamento de contacto con
ONG del Consejo Nacional para la Prevención
del Sida (CENSIDA), de la Secretaría de Salud de
México . Trabajó como reportera en la agencia de
noticias Notimex. En 2011 se publicó el libro “Ha-
zel”, con retratos de ella dirigidos por el fotógrafo
Heriberto García Martínez.
• Roshell Terranova: cantante, bailarina e imitado-
ra. Es dueña del bar de Roshell, un centro de cam-
bio de imagen para transexuales. En este lugar se
reúnen los trans del Distrito Federal. Ofrece show
en vivo.
• Diana Sánchez Barrios: es la primera mujer trans
en aspirar a una curul en la Asamblea Legislati-
va del Distrito Federal. Milita en el PRD, donde
funge como Comisionada Nacional de Diversidad
Sexual.
• Angie Rueda Castillo: es Licenciada y Maestra en
Sociología, con estudios de Doctorado en Ciencias
Sociales en la Universidad Iberoamericana. Acti-
vista del Frente Ciudadano Pro Derechos de Tran-
sexuales y Transgéneros (Frente Trans). Colaboró
en la Jefatura de Servicios de Derechos Humanos
y Participación Social de la Subdirección de Aten-
ción a la Derechohabiencia del ISSSTE. En 2011
publicó el libro autobiográfico Hola, soy Angie.
• Diana Marroquín Bayardo: En 2011 se registró
como suplente de Óscar Nájera García por la pre-
sidencia municipal de Tulanlcingo, en Hidalgo.
La postularon el PT y Convergencia. Nájera decli-

134
nó a favor del senador Francisco Xavier Berganza,
del Panal.
• Libertad: Fue conocido como actor varón con el
nombre de Armando Palomo, con el que participó
en las telenovelas Rosa Salvaje, Juana Iris, La Pí-
cara Soñadora, Más Allá del Puente y Alondra. Ya
como Libertad, se presentó en la obra de teatro
“Aventurera” en el papel de “La Bugambilia” y en
la telenovela “Los Sánchez”, de Televisión Azteca
• Alejandra Bogue: Protagonizó el programa “Des-
de Gayola”, en Telehit, con Horacio Villalobos.
En teatro presenta la obra “No soy Madonna pero
soy la Bogue”.
• Agnés Torres. Activista trans egresada de la carre-
ra de psicología por la Universidad Veracruzana.
Colaboró con la organización Humana Trans, que
busca el reconocimiento y respeto de las perso-
nas transgénero y transexuales a nivel nacional.
Fue también colaboradora de organizaciones Red
Democracia y Sexualidad (DEMYSEX) y Erósfera.
Fue asesinada en marzo de 2012, a la edad de 28
años. Se trató de un crimen de odio. Su cadáver
presentaba heridas a lo largo del cuello, así como
huellas de torturas, aparentemente quemaduras.

135
DIRECTORIO

Orientación Psicológica y de Salud


*Cecash
Niza 74, depto. 201, Col. Juárez, Delegación
Cuauhtémoc - Tel. 5207-8897

*Instituto Mexicano de Sexología


Calzada de Las Águilas 657, Col. Ampliación
Águilas, Del. Álvaro Obregón. Tel / Fax: 5564
2850 / 5574 9070

*Caleidoscopía
Pirineos 86 bis A y B, colonia Portales (entre Bél-
gica y Balboa), cerca del metro Ermita. Teléfonos
56 01 41 77 y tel- fax 56 01 28 92.

*Clínica Especializada Condesa


Benjamín Hill 24, Col. Condesa. Teléfono 5515-
4093 y 52716439

Ong’s
*Brigada Callejera
Calle Corregidora 115, Apt. 204, Col. Centro,
Del. Venustiano Carranza, Tel-fax: 5542-7835

*Colectivo Sol
Cuauhnochtli 11 , Col. Pueblo Quieto, Tlalpan.
Tel. 52 (55) 5606 –7216
*Letra S
Canarias No. 45, Col. San Simón Ticumac, 03660,
México, D.F. Tels./Fax: 5532-2751 y 5672-7096.

Comunidad
*El lugar de Roshell
Aragón 75, colonia Álamos, tel 6279 7741.

*Grupo Crisálida (Travestismo Heterosexual)


cecashdf@prodigy.net.mx Tel. 5207-8897

*Grupo Gen-T
Cel. 04455-3479-7116 marioshajar@yahoo.com.
mx

*Red Transgénero México (Guadalajara)


transgeneromexico@yahoo.com.mx

*Las Tarascas en Busca de Libertad, A.C. (More-


lia)
Tel. 4432669650 y 4432370780
tarascaslibertad@yahoo.com.mx

*Colectivo Transexual del Estado de Puebla


colectivotransexual@hotmail.com

138
RETRATOS
(FOTOGRAFÍAS DE ALEJANDRO SALDIVAR)
Una muñeca cuelga en el baño de una ONG que atiende tran-
sexuales en Centro. Foto: Alejandro Saldívar

141
Gaby. Está casi sorda. Fue detenida por la policía y sufrió prisión por más
de tres años. Lleva pocos meses tratando de rearmar su vida. Perdió su casa
y todas sus pertenencias. Trabaja en Metro Revolución. Foto: Alejandro
Saldívar

142
Gina Furlong. Fundadora del grupo de travestis heterosexua-
les Crisálida. Actualmente sufre de enfisema pulmonar.

143
Roshell. Propietaria de un centro de diversión para transexua-
les. Cada viernes ofrece un cabaret de sátira política. México,
D.F. Foto: Alejandro Saldívar

144
Coral. Sueña con tener un hombre que la ame tal cual es. Se
automedica y ejerce el sexoservicio en distintos puntos del DF.

145
Delia estuvo en la cárcel acusada injustamente, ahora lucha por sus derechos
en la organización Ángeles en busca de la libertad. Foto: Alejandro Saldívar

146
Krizna. Trabaja en Metro San Antonio Abad. Es sexoservido-
ra y activista. Cree en el EZLN y es de las pocas que se han
atrevido a denunciar los excesos que sufre en la calle mediante
la organización Ángeles en Búsqueda de la Libertad. Es sobre-
viviente de un intento de homicidio por parte de un transfobo.
Foto: Alejandro Saldívar

147
Diana y Mario. Es conocida como la primer pareja transexual
en casarse de Latinoamérica. Viven juntos y ofrecen su testi-
monio en distintas universidades y congresos. Foto: Alejandro
Sadívar

148
El lugar de Roshell, centro de diversión para transexuales. México, D.F.
Foto: Alejandro Saldívar

Al centro, Gina Furlong, fundadora del grupo de travestis Crisálida. Actual-


mente sufre de enfisema pulmonar. Al lado izquierdo "Alma", se dedica a vender
celulares. Al derecho, "Jorge", se dedica a transportar mercancia en traileres.
Foto: Alejandro Saldívar

149
Un hombre vestido en el centro nocturno de Roshell, ubicado en Lorenzo Bo-
turini 440. Cada viernes ofrece un show de travestis. Foto: Alejandro Saldívar

150
AGRADECIMIENTOS.

E
l autor de este libro no habría emprendido
su viaje en el periodismo sin la ayuda de de-
cenas de almas generosas.
Quisiera agradecer en particular sus bendiciones
y amor a: Mi madre y padre. Mis hermanos y sus
familias. Mis tías Rocío y Pilar.
También la imprescindible ayuda de amigos y
familiares.
En particular, su gratitud para con: Julio Sche-
rer García, por tanta generosidad. A Rafael Rodrí-
guez Castañeda, por su mano, siempre tendida.
Alejandro Caballero, por su eterna fe y confianza,
Alejandro Saldivar, compañero de viaje y a Jena-
ro Villamil, por la amistad cómplice. También a:
Salvador Corro, Juan Alberto Cedillo, Celso José
Garza, Arturo Rodríguez, Santiago Igartúa y Álvaro
Delgado, Raúl Monge, Germán Canseco y a todos
mis compañeros de la revista Proceso. A: Cicco,
José Cruz, Rodolfo Ruiz, Martín Hernández, José
María Argüelles, Jaime Ornelas y Juan Pablo Ra-
mos.
_._

Esta obra jamás se habría escrito sin la colabora-


ción de: Juan Jacobo Hernández, Fabiola Estradiol,
Samantha Flores, Gloria Hazel, Ménahem Asher,
Roshell Terranova, Víctor Hugo Flores Ramírez,
Víctor Velasco, David Barrios, Gilda Jara, Guiller-
mo Hernández, Mario y Diana, Juan Luis Álvarez-
Gayou, Antonio Medina, Irina Layevska, Dorian
Edith Hernández, Jaime Montejo y todos los que
generosa y valientemente aportaron su testimonio.
ÍNDICE

Prólogo / 11
Introducción / 13

I.- El difícil arte de quitar un pene / 17


¿Padecimiento o condición? / 18
En el quirófano / 21
Reasignacion de acta / 27
¿Y qué dice la Constitución sobre los trans? / 30
¿Cuánto cuesta ser trans? / 33
Reasignaciones de acta en el DF / 34
Consejos para padres de hijos trans / 34

II.- Aversión / 35
Homicidios masivos / 35
La discriminación cotidiana / 41
¿Asesino serial? / 59
Paseo de nalgas / 60
México, zona de peligro / 63
Riesgos de las trabajadoras sexuales en México / 65
Zonas rojas trans / 66
Trazos del alma / 67
¿Qué hacer en caso de extorsión policial? / 73
Consejos para la contratación de trabajo sexual / 73

III.- Mi esposo usa mi lencería / 75


Travestis heterosexuales / 75
¡Auxilio, hay dos mujeres en mi casa! / 83
¿Cómo afrontar el travestismo? / 84
IV.- Eyaculación cerebral / 85
La vida de las parejas trans / 85
Mil bodas / 98

V.-Transgresores / 99
La Xóchitl / 99
Francis / 103
Samantha Flores / 110
Dorian Edith Hernández / 115
Génesis / 119
Fabiola Estradiol / 122

Anexos / 131
Trans en la historia / 131
Rostros trans en México / 134

Directorio / 137
Retratos / 139
Agradecimientos / 153