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Anatomía de un

Problema
I. Introducción
Nadie desea tener problemas, sin embargo, es la
realidad de vivir en un mundo caído. Ser sabio significa
tener la habilidad de hacerle frente a los problemas
que la vida plantea. En este estudio es mi intención el
mostrar alguna de las razones por las que surgen
problemas en las relaciones que tenemos con los
demás. La comunicación y el respeto hacia los demás
es un factor muy importante en el éxito que tengamos
en solucionar problemas.

II. Qué es un Problema


La Biblia enseña que los pleitos vienen de la carnalidad
que hay en nosotros:

1 ¿De dónde vienen las enemistades y las peleas que se dan


entre vosotros, si no es de esa ansia de placeres que lucha en
vuestro propio interior? 2 Codiciáis, pero nada conseguís;
asesináis y os devora la envidia, pero no alcanzáis lo que queréis;
lucháis y peleáis por algo, pero no lo obtenéis porque no lo pedís
debidamente (Santiago 4:1-2).
Un problema es aquello que crea inseguridad, quita la
paz, frustra y provoca ira; porque te hace sentir que no
tienes el control de la situación y no sabes cómo
hacerle frente.

No todos los problemas son iguales, algunos son


resultados del ambiente o la sociedad en la cual
vivimos, y de los que no tenemos control ni soluciones.
El presente estudio tiene que ver con los problemas
personales.

Sujeto activo y pasivo en un problema

Los problemas personales son causados por una de las


partes en la relación, uno es activo y el otro pasivo. El
pasivo es el afectado, el que reacciona ante la
situación. En tales circunstancias la responsabilidad
recae sobre el agente activo.

Hay problemas que son producto de tus propias


acciones. Ejemplo: si para lograr lo que deseas
mientes, esto te causará problemas cuando se
descubra la verdad. Te afectara porque sentirás
vergüenza cuando descubran que has hecho mal.

III. Ejemplo de un problema y las reacciones que


este provoca
La mejor manera de entender lo que nos causa
conflicto es ilustrándolo. En mi casa tenemos en la
bañera del baño principal una puerta compuesta de
tres paneles de cristal, con un espesor de media
pulgada, sin marco que la soporte, sostenida por cuatro
tornillos. Ella tiene un valor de unos 3,000 dólares. A
menudo, le llamo la atención a mi esposa y a mi hijo
por dejarla abierta, lo cual es para mi un problema.
Esto trae intercambio de palabras entre nosotros,
incomodidades y crea un ambiente negativo. ¿Cómo
resolvemos este conflicto?

IV. ¿Cuándo un Problema no es Problema?


Una acción o situación que no te afecta no es un
problema. Lo que para uno es asunto de preocupación
no lo es necesariamente para el otro. Las condiciones
sociales, económicas, el ambiente y el modo de pensar
hacen que te afecten los problemas.

V. El problema se necesita identificar


Los problemas no siempre se presentan de igual
manera. Algunos los provoca tu condición económica,
el sentimiento de rechazo, convicciones religiosas,
críticas, deseo de dominio, celos e inseguridad
personal. Estos son algunos entre tantos de los que
constantemente experimentamos.

Para poder solucionarlos lo primero que necesitamos


hacer es: identificarlos. Que aspecto de tu vida te está
afectando. El no poder determinar con propiedad
porque te sientes ofendido o molesto te incapacitará
para encontrar solución al conflicto. En el caso que
ilustramos la causa de mi reacción es: “la puerta
abierta”. Nota que el problema tiene identificación, lo
determina la acción que lo provoca.

¿Cómo lo solucionamos? Algunos han sugerido


quitando la puerta. Pero esto no es una solución al
problema. Estamos acostumbrados a huir de los
conflictos porque hacerle frente equivale a reconocer
nuestra responsabilidad en el mismo, y esto nos
acobarda.

En el ámbito del matrimonio, ante los conflictos, la


pareja decide tomar el camino fácil del divorcio. El
divorcio, no es una solución, es la manera de escapar a
las dificultades que se causan mutuamente. Lo que las
personas no entienden es que los mismos problemas
que causaron el divorcio los seguirán al segundo y
tercer matrimonio. Porque son los defectos de carácter
de la persona los cuales no se han identificado y han
quedado sin resolver.

VI. Todo problema tiene causa y efecto


Sabes que hay conflictos en tus relaciones personales
por la manera en que los demás reaccionan ante tus
palabras o actos. Responden de diversas maneras, por
lo general verbal o físicamente. Gritan, lloran, se
enojan, se retraen y se deprimen. Para encontrar la
solución a los conflictos es necesario preguntarte: ¿Por
qué las personas reaccionan verbal o físicamente ante
determinada acción? ¿Por qué pelea y discute? ¿Por
qué se enoja y se siente ofendida? ¿Qué he hecho para
que se sientan así? A menudo será necesario que
vuelvas atrás y analices tus palabras o tus acciones para
determinar cuál es la causa por la cual está ofendida.

En toda dificultad de carácter relacional y social dos


personas están envueltas: el que causa la ofensa, como
el ofendido. El que causa la ofensa lo llamamos un
agente activo y al ofendido, un agente pasivo. El
agente pasivo es el afectado, al cual le disgusta o
reacciona frente a las acciones del agente activo. Lo
que a su vez le causa una molestia al agente activo, ya
que recibe la reacción del agente pasivo. Por lo que, el
que causa el problema, prepara la cama donde luego
tendrá que acostarse.

Los labios del necio traen contienda; Y su boca los azotes llama. 7
La boca del necio es quebrantamiento para sí, Y sus labios son
lazos para su alma. 21 La muerte y la vida están en poder de la
lengua, Y el que la ama comerá de sus frutos. (Proverbios 18).

Cuando ninguna de las partes reconoce quién inició la


disputa, y el agente activo se justifica, esto hace que las
desavenencias aparenten no tener solución ya que cada
uno está viendo su problema y no entiende por qué la
otra persona reacciona en la manera que lo hace.
VII. Cómo identificar el nacimiento de un Problema
Cada conflicto tiene un punto inicial donde es más fácil
reconocer quién lo ha comenzado. Ese momento es
cuando observas la reacción en la persona con la cual
te relacionas. Si la persona está enojada, hablando
rudo o retraída es un indicio de que algo has hecho
(consciente o inconscientemente) que ha creado una
situación que terminará en un enfrentamiento.

En ese momento puedes asumir la posición de auto-


justificación y decir que la parte ofendida no tiene
razón para actuar como lo hace, convencerte que es
una tontería, o puedes hacer que la situación termine
antes que engendre una condición peor. Lo puedes
hacer:

A. Prestando atención en cómo tus palabras y acciones


afectan a las personas sicológica y emocionalmente

La solución al problema comienza tomando con


seriedad los sentimientos de la persona afectada.
Cuando ves que alguien está ofendido tiendes a tener
en poco sus sentimientos por lo que te es difícil
entender su reacción. Tus palabras o acciones causan
problemas cuando afectan sicológica y
emocionalmente a otras personas. El no entender el
porqué reaccionan como lo hacen en determinado
momento te hará indiferente a sus sentimientos. Lo
que es un problema para otros no lo es necesariamente
para ti, pero lo es para la persona afectada, por lo
tanto, necesitas ponerte en su lugar y reconocer sus
sentimientos.

Los problemas te afectan porque crean incomodidad e


inseguridad; te hacen sentir avergonzado e impotente.
Adelantas los resultados, por lo que el mañana no
parece alentador y prefieres salir huyendo y en
ocasiones hasta la misma muerte. Crea un sentido de
abandono y soledad. Una sensación de impotencia de
la que piensas que no hay salida.

En la ilustración de la puerta abierta de la bañera, la


pregunta que se necesita hacer es cómo afecta
emocional y sicológicamente la acción descrita. Y por
qué lo hace. Esto ayudará a entender mi reacción y a
simpatizar conmigo.

B. Ejerciendo amor hacia los sentimientos de la otra


persona

Nada es tontería para la persona que lo afecta una


acción o situación. Por pequeña que sea, si la perturba,
esto será suficiente para que pongas todo esfuerzo en
resolver la condición que creaste. Sólo el amor puede
otorgarte paciencia, y capacitarte para condescender y
entender a la otra persona. Pablo describe la actitud
del que ama al decir;

“El amor es paciente y benigno; el amor no tiene celos ni envidia;


el amor no es resumido ni vanidoso; no hace nada indebido, ni
es egoísta, irritable o rencoroso; no se alegra de la injusticia, mas
se alegra si triunfa la verdad. El amor sufre sin desánimo, no
desconfía de nada, no pierde la esperanza y soporta toda
adversidad” (1 Corintios 13:4-7).

La puerta abierta de la bañera puede expresar


descuido, indiferencia, ignorancia de la manera en que
me afecta. Sólo el amor puede hacer que se tome con
seriedad mi preocupación y actúen de acuerdo con lo
que pido.

C. Tome acción en el momento.

Cuando eres el agente activo en el problema eres


responsable de tomar el primer paso en la solución del
mismo. ¿Cómo puedes saber que eres responsable del
problema? Si tus palabras o acciones causan una
reacción negativa en la otra persona, entonces debes
reconocer que eres el causante, has iniciado la
controversia y has desencadenado una serie de efectos
y consecuencias. El orgullo y la auto-justificación son las
razones por las cuales no enfrentas a tiempo el
problema y pones en acción la solución.

Al no tomar los pasos necesarios para eliminar la


dificultad, crearas nuevas situaciones y actitudes que
harán tu vida miserable. Llegará el momento en que te
será difícil identificar la causa de los continuos
conflictos y, por consiguiente, imposible de encontrar
la solución.
VIII. Cómo solucionar los problemas
Vas al psicólogo y al consejero para que te orienten en
cómo encontrar solución a tus problemas cuando la
realidad es que es sumamente sencillo. Los conflictos
de relaciones personales se resuelven cuando la parte
agente reconoce los sentimientos de la otra persona, le
otorga el valor necesario y aún cuando no crea que son
justificables, a pesar de ello, condesciende, y acepta
obrar de acuerdo a lo que se espera de él. En otras
palabras, un problema se resuelve haciendo o dejando
de hacer lo que se te dice que no hagas.

En la ilustración que presentamos, el problema de la


puerta abierta, se resuelve: cerrándola.

IX. Conclusión
¿Por qué entonces se nos hace tan difícil solucionar el
problema? Dos razones:

1. Primero, la justicia propia, el orgullo, el no querer


reconocer que se está equivocado da combustible
al problema. No se hace porque significaría
reconocer que hemos iniciado el problema y
somos responsables, lo cual nos desnudaría y nos
expondría en público. Por lo que preferimos insistir
en la rectitud de nuestras acciones en lugar de
tomar cartas sobre el asunto.
2. Segundo, la falta de consideración de los
sentimientos e inseguridades de los demás. Los
tildamos de reaccionar a estupideces, y los
consideramos infantiles e inmaduros. Exigimos que
maduren, solo para justificar nuestra intolerancia, y
continuar insistiendo en nuestra conducta. En
nuestra ignorancia creemos que nos hemos salido
con la nuestra, la realidad es que nuestro egoísmo
finalmente nos alcanza, haciendo nuestra vida
miserable.

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