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LA VIDA COMO OBRA DE ARTE EN «EL

QUIJOTE DE LA MANCHA» Y «LA MUCHACHA


DE LAS BRAGAS DE ORO»
Brunella Variña Venturini

Trabajo monográfico
SEMINARIO DE LITERATURA ESPAÑOLA II
Mg. Rafael E. Costarelli

“El poeta puede contar o cantar las cosas, no como fueron,


sino como debían ser.” (DQ.II, Cap. 3: 44)

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ÍNDICE

1. Introducción. Concepto de novela y transducción……………………………….pág.3

2. Planteo del tema y del problema…………………………………………………pág.4

3. Estado de la cuestión……………………………………………………………..pág.5

4. Sobre el concepto de ficción.…………………………………………………….pág.6

5. Sobre el concepto de literatura…………………………………………………...pág.7

6. Análisis. La vida como obra de arte en las novelas El Quijote de la Mancha y La


Muchacha de las Bragas de Oro…………………………………………………...pág.8

6.1. Descripción de los personajes analizados: Don Quijote y Luys Forest……pág.8

6.2. Poetas……………………………………………………………………….pág.9

6.3. Conocimientos literarios de los personajes…………………………………pág.13

6.4. Verosimilitud……………………………………………………………….pág.15

6.5. Perspectivismo……………………………………………………………...pág.19

6.6. Una mirada pragmática……………………………………………………..pág.21

7. Conclusión………………………………………………………………………pág.23

8. Bibliografía………………………………………………………………………pág.24

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1. Introducción. Concepto de Novela y transducción

Como señala el autor Bajtín, la novela “es el único género en proceso de formación, todavía
no cristalizado (…), su estructura dista mucho de estar consolidada (…)” (Bajtín, 1989: 449-
450). Sin embargo, Miguel de Cervantes, reconocido autor del Siglo de Oro, contribuyó en gran
medida a crear la novela moderna europea. Si bien no realizó un libro específico de teoría
literaria, a lo largo de sus obras, se puede observar de manera directa e indirecta, comentarios
críticos y teóricos sobre dicho género, tan poco trabajado e investigado hasta ese momento.
Según el autor Riley, en su libro Introducción al Quijote (1972) el periodo en el que fue escrita
la obra de Cervantes se caracteriza por la interacción entre géneros. Uno de los temas más
controvertidos en ese momento era la distinción entre “la tierra firme de la historia y el océano
inabarcable de la poesía.” (Riley, 1972). No existía entonces en castellano ningún término que
definiera a las obras extensas de ficción escritas en prosa. Libro o Historia se empleaban para
significar lo que ahora llamamos novela. Según Riley, Cervantes, nunca habría podido escribir
el Quijote si no hubiera conocido la diferencia entre lo que hoy llamamos novela y romance,
más allá que desconociera esta terminología moderna. De hecho la novela moderna no fue
simplemente la transformación del romance sino que heredó múltiples características de otros
campos literarios. Entonces, como lo plantea el autor en su crítica, la novela moderna podría
considerarse:

“[…]un saco que contiene todo: cartas, sermones, confesiones,


historias, memorias, relatos de viajes, diálogos dramáticos, poemas,
emblemas, resúmenes de información exótica, colecciones de
proverbios, aforismos, chistes, anécdotas, leyendas: casi todo lo que
circulaba por la prensa y la tradición oral”.(Riley, 2000: 29)

Muchos de los críticos coinciden en situar la aparición de la novela moderna, en el


Renacimiento, luego de la aparición del Don Quijote de la Mancha. Sostienen que los estudios
sobre el Quijote y su contexto histórico, han aportado mayor información acerca del concepto
del género y su origen que los discursos teóricos directos.A partir de los aportes de Miguel de

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Cervantes, muchos novelistas posteriores siguieron algunos de sus pasos al momento de
escribir, entre ellos, Juan Marsé, escritor español del Siglo XX.

Es de público conocimiento queun discurso siempre se produce sobre la base de discursos


previos y que todos los fenómenos sociales son observablesy se materializan través en esas
materias significantes. Esto se observa, por ejemplo,en los discursos literariosdonde, si bien
cada autor lleva impreso su sello de originalidad, no es extraño reconocer rasgos o temáticas
(huellas según la terminología de Eliseo Verón) que remitan a obras literarias (discursos) de
otros escritores.

Para referirnos a los aspectos de una obra presentes en otra, utilizaremos el término
transducción (del lat. “traducere” – “pasar de un lado a otro”, compuesto por el prefijo “trans-”
que significa “de un lado a otro” y “ducere” – “guiar, dirigir”: “acción de transformar un tipo
de señal en otro”). Este concepto proviene de la ciencia bioquímica y designa la transmisión del
material genético de una bacteria a otra. En la literatura, este concepto se aplica para definir el
proceso de comunicación literaria que se establecen entre textos de tipo literario (entendidos
como signos, mensajes dentro del circuito), su autor (emisor) y los lectores (receptores) que en
determinada instancia, luego de decodificar el mensaje y extraer determinada significación,
producen nuevos signos-textos con características distintivas. El término «transducción
literaria» fue introducido en 1986 por Lubomír Dolézêl en su artículo Semiotics of Literary
Comunication, y años más tarde, fue implementado por el profesor español José María Pozuelo
Yvancos. Tanto los discursos literarios como los no literarios tienen ilimitadas formas de
recepción y continuación y esto constituye una condición necesaria para la preservación y
existencia de los mismos. Cuando hablamos de transducción literaria también hacemos
referencia a otros fenómenos literarios como la tradición, la intertextualidad, la transferencia
cultural, los temas o estilos, etc.

2. Planteo del tema y del problema

A partir de la explicación del concepto de transducción, lo que pretendemos en este trabajo


es advertir de qué manera algunos mecanismos, temas y motivos Cervantinos presentes en la
obra El Quijote de la Mancha se retoman en una novela de la posguerra civil española: La
Muchacha de las Bragas de Oro (1976) de Juan Marsé. Particularmente lo que se va a intentar

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demostrar en este trabajo es un paralelismo entre la vida de los protagonistas de ambas novelas
y su vinculación con el arte literario, más específicamente se demostrará como ambos
personajes hacen de un momento de sus vidas una obra literaria. Adentrarnos en este tema
implicaría el trabajo con algunas técnicas utilizadas en ambas novelas por sus autores, como la
construcción de diferentes ficciones o modelos de mundo (García Redondo), la verosimilitud y
la idea de perspectivismo.

El objetivo de este trabajo será responder a los siguientes interrogantes: ¿Cómo se


constituyen las ficciones o modelos de mundo de los dos protagonistas, Don Quijote y Luys
Forest, y de qué manera se introducen en la diégesis de la novela? ¿Cuál es el papel que tiene la
literatura en dichas construcciones?

Para desarrollar este tema no nos situaremos en un solo nivel de análisis de la novela porque,
como sostiene la autora Bobes Naves en su libro La novela (, “todo es sintáctico, todo
semántico y todo pragmático en la novela, pero entendemos que metodológicamente se puede
considerar un aspecto independizado de los otros […]” (Bobes Naves, 1998:107). Sí me parece
interesante plantear la vinculación entre los diferentes mundosa los que vamos a aludir en el
análisis. Bobes Naves cita a Ricouerquien se refiere a laintersección entre el mundo del texto y
el mundo de los lectores, a lo que la autora agrega que también podría hablarse de intersección
en referencia a los mundos del autor y del texto, o de composición de los mundos parciales de
los personajes (submundos) frente al mundo ficcional en su conjunto. (Bobes Naves,
1998:192).

3. Estado de la cuestión

Las técnicas Cervantinas y su presencia en la novela moderna, es un tema bastante trabajado


por diferentes autores y bajomúltiples perspectivas. Uno de los trabajos más conocidos es el de
Samuel Amell, profesor en la Universidad Estatal de Ohio, quien escribió el artículo“Presencia
de Cervantes en la novela española actual” en 1988. Es un texto breve pero aporta datos
esclarecedores, como algunos puntos que tienen en común la novela de Don Quijote de la
Mancha de Miguel de Cervantes y La Muchacha de las Bragas de oro de Juan Marsé.

Entre otros trabajos de los cuales nos servimos para realizar nuevas asociaciones entre estas
dos novelas,destacamos el libro La Teoría de la novela en Cervantes(1973) e Introducción al

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Quijote (2000) de EdwardRileyy la tesis doctoral La novela de Juan Marsé (1999) de José Luis
Gundín Vázquez. Ambos trabajos presentan un análisis exhaustivo de las respectivas obras.

En cuanto a la temática del arte y la vida encontramos un trabajo de Juan Bautista Avalle-
Arce denominado Don Quijote como forma de vida. En este trabajo el autor explica cómo don
Quijote hace de su vida una obra artística y lo ejemplifica con el capítulo donde el hidalgo hace
penitencia en Sierra Morena. Reconocemos que, si bien el trabajo de este autor establece un
tipo de relación con la temática que queremos trabajar y sienta algunas bases, los aspectos que
tomamos para trabajar las obras de Cervantes y Marsé son de otro tipo.

En cuanto a la relación particular entre las obras literarias en cuestión, no se han encontrado
muchos trabajos. Esto habilita posibilidades para la incursión en el tema y, por ello, esta
monografía constituye uno de los tantos aportes que pueden realizarse al respecto.

4. Sobre el concepto de ficción

Al trabajar con los submundos que crean los protagonistas de las obras, don Quijote y
Forest, dentro de la diégesis de la novela y su vinculación con el arte literario, no podemos
pasar por alto el concepto de ficción.

Para referirnos a este término recurrimos al autor Fernando Gómez Redondo que presenta
una visión particular del mismo en el libro El Lenguaje Literario (1994). Lo interesante de la
propuesta de este autor es que rompe con otras concepciones clásicas de lo que se considera
ficción, como ser la oposición que se establece entre esta y la realidad. Deshace el equívoco de
considerar a la ficción como algo falso, fingido, simulado, inventado o imaginado, así como
también el hecho de equipararlo con valores como fantasía o ilusión. A partir de esto plantea
que “la ficción no tiene que ser concebida como lo no-real. Sino como uno de los medios más
valiosos (quizá el único) de poder conocer la realidad (…)la ficción no es lo contrario a lo real,
sino precisamente la imagen que de lo real puede constituirse. Es más: la ficción es la única
imagen de la realidad que puede conocerse.” (García Redondo, 1994: 126 - 128). La relación
funcional que existe entre ficción y realidad es de comunicación, lo que demuestra, una vez
más lo antes dicho: la ficción es una estructura de pensamiento no contraria a la realidad, sino
complementaria y realizadora de ella. (García Redondo, 1994:130)

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5. Sobre el concepto de literatura

Por otra parte, resulta fundamental trabajar con el concepto de literatura el cual tampoco es
fácil de determinar debido a que el vocablo guarda una evolución semántica, una historia, que
resulta importante mencionarla brevemente siguiendo al autor Vítor Manuel de Aguiar e Silva
en su libro Teoría de la Literatura.

El vocablo literatura es un derivado erudito de término latino literatura que aparece a fines
del siglo XV. En latín esta palabra significaba “instrucción”, saber relacionado al arte de leer y
escribir, o también gramática, alfabeto, erudición, etc., entendiendo a la literatura como
“ciencia en general o la cultura del hombre de Letras.” (Aguiar e Silva, 1981: 11). Ese
contenido semántico se mantuvo hasta el siglo XVIII. A partir de la primera mitad de ese siglo
se empieza a utilizar la palabra poesía o elocuencia (en el caso de tratarse de una prosa)para
referirse a la literatura. En la segunda mitad del siglo XVIII l palabra literatura ya no designa
más una cualidad del hombre (saber, cultura del hombre de letras) sino más bien designa a una
actividad específica de éste, a un objeto o conjunto de objetos que se pueden estudiar.” Así en
los años 1759 y 1765 aparece publicaciones con el vocablo de literatura entendido como
“conjunto de obras literarias” que más tarde, hacia el fin del tercer cuarto del siglo XVIII el
término pasa a significar el conjunto de las obras literarias de un país. Esta circunscripción del
término a una literatura nacional se abandona a partir de la penúltima década del siglo y pasa a
ser entendida como “creación estética, como especifica categoría intelectual y forma específica
de conocimiento” (1981: 12). En este momento, la noción de ciencia se aparta de la de
literatura y se empiezan a valorar los diferentes géneros literarios y la designación genérica
para estas diferentes “manifestaciones del arte de escribir” pasa a ser la de literatura. Con al
advenimiento del romanticismo el significado del término vuelve a cambiar y sigue
evolucionando a lo largo de los siglos XIX Y XX.

De los muchos sentidos mencionados, en este trabajo nos va a interesar el de literatura como
actividad estética y, en consecuencia, sus productos, sus obras.

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6. Análisis. La vida como obra de arte en las novelas El Quijote de la Mancha y La
Muchacha de las Bragas de Oro.

La interacción entre el arte y la vida es un tema fundamental en el Quijote y, para


Cervantes, descubrir dónde radicaba la diferencia entre ambos conceptos era un problema que
lo confundía al mismo tiempoque lo fascinaba, según el autor Riley en su libro La teoría de la
novela en Cervantes (1972).

Juan Manuel Arce en su artículo Don Quijote como forma de vida (2006) cita a los
autores Ortega y Gasset quienes plantean que la clave del vivir es inventarse un personaje, un
plan de vida, que luego se vive a diario, con variantes impuestas por las circunstancias: Invento
proyectos de hacer y de ser en vista de las circunstancias.

Como se mencionó anteriormente, para explicar el tema de la vida como arte, presente en las
novelas El Quijote de la Mancha (1605 – 1615) y La Muchacha de las Bragas de Oro (1978),
trabajaremos con los protagonistas de las mismas. Dicha temática no se desarrolla de igual
modo en ambas obras porque, si bien los personajes seleccionados comparten algunas
características en común, no ocurre lo mismo con los hechos que se suceden en las respectivas
diégesis en las que estos se encuentran.Sin embargo, en ambas obras los límites entre la vida y
el arte se interfieren continuamente.

6.1 Descripción de los personajes analizados: Don Quijote y Luys Forest

En la novela de Cervantes, su protagonista es un viejo hidalgo llamado originalmente


Alonso Quijano, pero es más conocido como Don Quijote, nombre que se inventa, como
consecuencia de la pérdida de la cordura tras leer descontroladamente libros del género
caballeresco. La credulidad sin discriminación era una cualidad muy común durante la Edad
Media, y aún durante la época de Cervantes. Las personas del vulgo podían creer prácticamente
en cualquier cosa que se les dijera o que leyeran. Es por eso que los libros de caballerías
tuvieron una amplia popularidad en esa época. Por lo tanto, podemos decir que el hidalgo fue
creado como uno de esos lectores ingenuosde la Edad Media, que actúa en consecuencia de su

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fuerte convicción y creencia a los ideales caballerescos, fantasías leídas en esos libros.“La
literatura, que se dirigea las conciencias, actúa sobre ellas, y cuando la acompañan la intención,
el talento y la suerte, dispara en ellas los gatillos de la imaginación y la voluntad de cambio.”
(Galeano, 1989). Don Quijote siente atracciónel mundo representado en esos libros y quiere
transformar en uno de ellos a su realidad, con la cual se encuentra en desacuerdo.

Si nos remitimos a la novela de Marsé, nos encontramos con el personaje de LuysForest, un


viejo escritor falangista que decide escribir su autobiografía1. El aparente objetivo de sus
escrituras, en un principio, es dar a conocer otra versión de los hechos de su pasado a una
sociedad que lo condena,por haber formado parte de uno de los momentos políticos más fuertes
y difíciles de España. Se trata de la dictadura franquista, la cual tuvo lugar desde guerra civil
española (1936-1939) hasta la muerte y sucesión de Franco en 1975. Lo que en un comienzo
parece ser una autobiografía para justificarse ante otras personas, termina siendo un auto
convencimiento para alivianar su conciencia, en el que se incluyen, además de hechos
verídicos, situaciones inventadas.

A continuación pasaremos a explicar de qué manera hacen de sus mundos posibles 2 una
obra artística.

6.2 Poetas

En primer lugar, podemos considerar a los mencionados protagonistas, don Quijote y


LuysForest, artistas, poetas. Esto resulta aún más esclarecedor si tenemos en cuentael concepto
de poesía como imitación (lo que hoy se llamaría literatura) que proponíaAristóteles en su
Poética:

1
En la novela La Muchacha de las Bragas de Oro (1978), su autor, Juan Marsé, utiliza como sinónimos los términos de
autobiografía y memorias para referirse al escrito que realiza el protagonista sobre su vida pasada. Si bien existen diferencias
entre ambos géneros discursivos, tal como lo explica Gundín Vázquez en su tesis doctoral esta obra literaria, queremos
aclarar que en este análisis también emplearemos ambos términos como equivalentes.
2
Leibniz había explicado que frente al mundo de la realidad, hay infinitos mundos, metafísicamente posibles, que no están
actualizados. De aquí surge la Teoría de los Mundos posibles, que atribuye al novelista la función de dar forma por medio de
la palabra a mundos nuevos ficcionales. La novela es el género literario que crea los mundos de ficción al concretar en un
discurso lingüístico uno de esos mundos existentes sólo metafísicamente. (BOBES NAVES, 1999: 190)

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“Puesto que el poeta es imitador como un pintor o algún otro imaginero,
es necesario que imite siempre de una de las tres formas que hay: o
como las cosas eran o son, o como se dicen y parecen, o como es
preciso que sean. Y estas cosas las da a conocer por medio de la
elocución en la que también hay palabras raras, metáforas y muchas
alteraciones del lenguaje”(Riley, 1972: 44)

Esta misma alusión la podemos observar en el capítulo tres de la segunda parte de Don
Quijote de la Mancha, cuando Sansón Carrasco, tras una discusión sobre la diferencia entre la
poesía y la historia, afirma: “el poeta puede contar o cantar las cosas, no como fueron, sino
como debían ser; y el historiador las ha de escribir, no como debían ser, sino como fueron, sin
añadir ni quitar a la verdad cosa alguna”. (DQ.II, Cap.3: 44).

En el análisis que nos ocupa y atendiendo a los mundos narrativos creados por los dos
personajes mencionados, paralelos a los hechos que se suceden en la diégesis de la novela, nos
centraremos en el papel que tiene la literatura como comunicación de las cosas tal como
debían o debieran ser. La alteración del tiempo verbal del verbo “deber” tiene que ver con
que, el personaje de Marsé, quiere modificar hechos acaecidos en su pasado para mejorar su
situación presente y,don Quijote, quiere modificar elementos de su presente para que los
hechos devengan de otra manera en su futuro. Aquí se observa lo que plantea el crítico Kirsh
en el texto de Gundin Vázquez) “[…] el abismo entre realidad y deseo, lo que es y lo que
hubiera gustado ser […]” (Vázquez, 1999:485).

Es en este sentido en que los personajes recurren a la literatura porque qué mejor
herramienta que esa para dar conocer una de las tantas interpretaciones que puede tener la
realidad:

“Al interpretar la realidad, al redescubrirla, la literatura puede ayudar a


conocerla. Y conocerla es el primer paso necesario para empezar a
cambiarla “[…] Las obras "de ficción", suelen revelar más eficazmente
que las de "no ficción" las dimensiones ocultas de la realidad.”
(GALEANO, 1989).

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Podemos decir que don Quijote hace de su vida una novela pero, como sostiene Riley, no la
escribe con tinta sino con hechos.Además actúa en vista de que sus hazañas sean registradas
por un “sabio encantador” o cronista, de modo que se convierte en autor de su propia
biografía.Su afición por los libros de caballerías, lo lleva no solo a creer en el contenido de los
mismos sino a querer vivir como sus personajes y, la única manera de lograrlo, es convirtiendo
la realidad que lo rodea en una de esas obras, es decir, tomando como marcos referenciales los
ideales de dicho género literario. Es por eso que el personaje imita el lenguaje arcaico de los
caballeros andantes, sus acciones y se mueve en base a los valores sociales y morales de la
Edad Media: “No puede representar su papel como a él le gustaría, a no ser en este mundo
fabuloso. Es en este sentido en el que trata de vivir la literatura.”(Riley, 1978: 68). Pero, Si
pensamos en cómo don Quijote utiliza cuidadosamente las palabras con las que va a dirigirse a
los demás personajes de la historia y la manera en que premedita sus acciones para imitar a la
de esos héroes medievales, podemos asimilarlo con la tarea y el proceso que realiza el escritor
de una novela. Cuando lo sucedido en el mundo físico de la novela no se adapta a los libros,
Quijote lo quiere modificar: Ventas en castillos, labradoras en princesas, molinos en gigantes.
De hecho en una parte de la novela nos da a entender que es escritor cuando menciona que
había querido terminar de escribir el romance inacabado de Don Belianís. Don Quijote parte de
los parámetros propuestos por la ficción caballeresca para construir su ficción dentro del
mundo ficcional que propone la novela de Cervantes.

En el capítulo cinco de la primera parte del Don Quijote…cuando el protagonista se


encuentra con un labrador que quiere desacreditar su identidad (creada por él mismo), Don
Quijote responde aludiendo a lo que podría llegar a ser o a convertirse:

“-Yo sé quién soy – respondió don Quijote-, y sé que puedo ser no


sólo lo que he dicho, sino todos los doce Pares de Francia, y aun todos
los nueve de la Fama, pues a todas las hazañas que ellos todos juntos y
cada uno por sí hicieron, se aventajarán las mías.” (DQ I, CAP. 5: P.78)

En la obra de la Muchacha de las Bragas de Oro, su protagonista conoce claramente los


recursos literarios a los que llama “licencias poéticas”, injertos ficticios, de los cuales se sirve
para alterar cuidadosamente algunos sucesos de su pasado en las memorias que escribe: “Juega
a ser lo que no es, quiere ser un héroe y construye sus memorias con ese fin […]”(Vázquez,

11
1999). En este sentido decimos que hace de su vida una novela, ya que en muchos momentos
de su autobiografía altera los hechos de su vida intencionalmente e inventa otros, narrándolos,
no tal cual fueron sino como él hubiese querido que sean. En palabras del personaje:“En cuanto
a mí, hablar de mí mismo es lo que más me aburre en este mundo […] pero no hablo de cómo
soy ni de cómo fui, sino de cómo hubiese querido ser.” (Marsé, 1978:14), “LuysForest se
adentró sin remedio en el juego de buscarse a sí mismo en el otro recuerdo sin fechas, espectral
y frágil, sostenido con invenciones, de lo que pudo haber sido y no fue.” (Marsé, 1978: 26).
Incluso, podemos ver su similitud con otro personaje de la novela que

Podemos decir que ambos personajes, LuysForest y Alonso Quijano, se crean una identidad
alternativa para esos momentos de sus vidas que intentan literaturizar, ambos se erigen
protagonistas de sus propias historias que crean según las circunstancias que a cada uno los
impulsa.

Por un lado, Alonso Quijano, al inventarse su proyecto de ser lo hace en forma


deliberadamente artística, basándose en modelos y recursos literarios. A tal punto que elige
cuidadosamente los nombres para quienes formarán parte de sus caballerescas aventuras y para
sí mismo, quien se dice llamar “Don Quijote de la Mancha”. El mundo en que él aspira a vivir
es un mundo de arte (en su caso, de libros, de libros de caballerías para ser preciso) y, por lo
tanto, todo su vivir diario debe transmutarse en su equivalente poético si aspira a tener un
puesto en el nuevo orden recién creado: el de caballero andante.

Por otra parte, Forest, escribe sus memorias aludiendo a sí mismo pero re versionando los
hechos que lo posicionaron en un presente que tanto lo incomoda. Es decir, se inventa una
imagen de sí para hacer de su vida anterior un pasado más glorioso. Este personaje, parte de su
pasado en teoría fáctico, pero siempre moviéndose sobre “el terreno arenoso de la memoria”
que, de alguna manera, es trabajar con la ficción, ya que un recuerdo no es algo objetivo: “la
ficción es la visión particular que tiene cada individuo de la realidad, cuyos valores, ideas o
conceptos se ven absorbidos por los componentes referenciales que la novela dispone.” (Gómez
Redondo, 1994). Por lo tanto va ficcionalizando su pasado con licencias poéticas, como esos
injertos ficticios los cuales manipula de tal manera que encajen en la historia y resulten
verosímiles en su lectura. De este modo, lo que sucede es que el carácter anecdótico y
testimonial que debiera tener una autobiografía comienza a mezclarse con las artimañas de la

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ficción literaria, los límites genéricos se relativizan y lo que había comenzado como una
autobiografía termina deviniendo en novela, como el mismo Forest reconoce: “Es otra licencia
poética. (…) Son correctivos a la realidad. A fin de cuentas, ése es el trabajo del novelista.”
(Marsé, 1978: 195). Incluso él mismo hace explícito el cambio de objetivo de la escritura de sus
memorias: “Yo nunca he querido ser testimonial, ni siquiera en estas memorias” (Marsé, 1978:
170).También, al igual que Don Quijote, es muy meticuloso al momento de pensar la forma o
el contenido de lo que va a escribir. Un ejemplo de ello lo observamos cuando su sobrina
Mariana, luego de leer sus escritos, alude a la meticulosa escritura de su tío:

“-Corriges demasiado, pluma ilustre. No acabarás nunca.” […] ¿Por qué


tantas precauciones tío? ¿Por qué no vas directo al grano? Las
referencias son como muy simbólicas, confusas.

-Será que todavía creo en los símbolos – dijo él riéndose -. Me refiero a


los literarios, claro.” (Marsé, 1978: 31 - 33)

Por otro lado, en el retrato de Forest que hace su sobrina Mariana, lo describe como un
artista (en el sentido de recrear la realidad) cuando dice:

“[…] sordo a su propia sordera y a su oído poético, antaño tan dotado


para la fabulación y el mito al servicio del poder (que impuso por
decreto la realidad, su descripción de la realidad) generándose a sí
mismo cada día, rememorándose epidérmicamente joven en los espejos
frente a los que sin embargo cruza de prisa y mirándose de reojo:
espiándose.” (Marsé, 1978: 89)

Don quijote justifica sus acciones de una manera más ingenua porque se mueve entre la
locura y la cordura, Forest lo hace de manera más perversa porque, habiendo sido (o fingido
ser) un historiador, él quiere modificar un pasado que no lo beneficia a través de la
manipulación intencional de algunos hechos de su vida: “La imagen privada que se posee de lo
real (esa ficción personal construida a lo largo de una vida, siempre se modifica (para bien o
para mal) en contacto con una visión narrativa”. (García Redondo, 1999:129).

6.3 Conocimientos literarios de los personajes

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Es de destacar que en ambas novelas se puede observar el conocimiento sobre el arte de la
escritura y sobre la literatura que comparten algunos de sus personajes.

Según Riley, es a partir de la novela pastoril en que los personajes de las obras empiezan a
adquirir conciencia literaria, es decir, a ser partícipes de críticas u opiniones sobre determinadas
técnicas narrativas, en el caso de la prosa. Esto es así porque en las novelas pastoriles es
recurrente que sus personajes compitan por quién recita las mejores coplas, las cuales solo
pueden ser producidas y juzgadas por quienes tenganalgunos conocimientos artísticos y
literarios.Es por eso que el crítico Castro, citado por Riley, plantea que las novelas pastoriles
fueron una fuente importante para la escritura novelística de Cervantes. Esto es así porque en
varios capítulos de Don Quijote…podemos observarasus personajes aludiendoa diferentes
técnicas literarias y opinando sobre géneros, obras y estilos de la época.

Remitiéndonos a las novelas de este trabajo es pertinente resaltar que ambos protagonistas,
LuysForest y Don Quijote, poseen conocimientos literarios, desde diferentes tipos de géneros
hasta distintas técnicas narrativas. Esta información se puede constatar en el diálogo mismo de
los personajes y en su interacción con los demás dentro del mundo ficcional de las novelas.

En Don Quijote podemos corroborar su horizonte de experiencia en materia literaria, ya sea


por su biblioteca, destruida por el cura y el barbero, por la mención de diferentes autores y
obras, en especial las de caballerías, y por las constantes correcciones en materia literaria que
realiza a otros personajes. Un claro ejemplo de ello es cuando, Hablando Don Quijote con el
bachiller Carrasco sobre el libro que habían escrito sobre sus aventuras, exclama:“(…) para
componer historias y libros, de cualquier suerte que sean, es menester un gran juicio y un
maduro entendimiento.” (DQ.II, Cap.3: 47). Además es posible apreciar su conocimiento en
materia poética y de otros géneros literarios cuando alude al arte de la poesía para tranquilizar
los pensamientos que Diego de Miranda tiene sobre la vocación de su hijo como poeta:

La poesía, señor hidalgo, a mi parecer, es como una doncella tierna y de


poca edad, y en todo extremo hermosa, a quien tienen cuidado de
enriquecer, pulir y adornar otras muchas doncellas, que son todas las
otras ciencias, y ella se ha de servir de todas, y todas se han de autorizar
con ella (…) Ella es hecha de una alquimia de tal virtud, que quien la

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sabe tratar la volverá en oro purísimo de inestimable precio. Hala de
tener, el que la tuviere, a raya, no dejándola correr en torpes sátiras ni
en desalmados sonetos; no ha de ser vendible en ninguna manera, si ya
no fuere en poemas heroicos, en lamentables tragedias, o en comedias
alegres y artificiosas […] (DQ. II, Cap. 16. 129- 130)

Además, es de destacar que el resto de los personajes de la obra, en muchos momentos


dudan de la locura de su protagonista, justamente por la convicción de sus palabras al momento
de poner en juego sus conocimientos literarios. De hecho, el Hijo de Diego de Miranda, Don
Lorenzo, se siente honrado de que don Quijote alabe sus versos porque, más allá de su falta de
cordura, conoce mucho sobre el arte literario.

Por otro lado, en la obra de Marsé, podemos observar a su protagonista Luys Forest emitir
varias opiniones literarias e incluso hacer uso de “licencias poéticas” para escribir su
autobiografía. Al igual que en don Quijote, también tiene su propia biblioteca de la cual, como
lectores, podemos conocer el nombre de algunos de sus libros y suponer que también le gustaba
leer.

En otro momento de la novela, Forest opina para sí mismo sobre algunas de las correcciones
de su sobrina dejando entrever algunos conocimientos de estilos literarios: “[…] esta chica
tiene razón: realismo descriptivo, estilo lacónico, sin dejar entrever mi intención alegórica.”
(Marsé, 1978: 39)

6.4 Verosimilitud

Como se mencionó anteriormente, ambos personajes literaturizan un determinado momento de


sus vidas, Forest su pasado y Don Quijote su presente y, como el género literario lo presupone,
ambos se preocupan por dar verosimilitud a sus mundos narrativos, hacerlos creíbles, cada uno
a su manera.

El hecho de que los protagonistas hayan querido imponer sus miradas particulares de la
realidad, sus modelos de mundo (ficciones) a la realidad discursiva de la novela, no
representaba una tarea fácil. Una explicación de ello puede ser que muchas veces lo que una
sociedad considera”verdad” para establecer los marcos de lo que cree “realidad” tiene que ver

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con un consenso o acuerdo en ciertas cuestiones, con “un conjunto de certezas compartidas en
una sociedad determinada, en tanto leyes, pensamientos y hábitos.” (Peirce, 1987). El autor
García Redondo también alude a ello cuando explica su concepto de ficción:

[…] una colectividad no puede alcanzar un mínimo grado de


convivencia o de perfeccionamiento si no es capaz, mediante el
lenguaje, de inventar unos modelos mínimos de ficción (o sea, unas
estructuras de pensamiento), que, a su vez, permitan generar imágenes
de la realidad necesarias para poder existir.” (García Redondo,
1994:130).

En estas versiones o mundos posibles que crean los protagonistas hay que tener en cuenta
dos cuestiones importantes que son las que permiten, en ambas obras, este juego entre realidad
y ficción, entre el arte y la vida: el intervalo entre locura y cordura de Don Quijote y los
momentos de recuerdos y olvidos en LuysForest.

En el caso de Don Quijote, como sostiene Riley, su locura tiene una cara privada y una
pública. La parte pública, es decir, la que el personaje manifiesta en la diégesis de la novela
ante los demás,lo pone frecuentemente en conflicto con las normas de la sociedad y hasta en
momentos, lo convierte en una amenaza pública: “la incompatibilidad entre las normas
privadas y las socialmente aceptadas hace que el comportamiento de un individuo sea
considerado demente o criminal.” (Riley, 2000: 71). Desde un punto de vista público y
práctico, sus particulares esfuerzos por ejercer sus creencias no tienen sentido y son dignas de
burla. Pero su convicción en renovar el actual mundo degenerado en el que vive, donde las
apariencias eclipsan la realidad, hace que don Quijote crea más en su versión literaria de la
realidad que la que tiene lugar en la diégesis de la novela. Es por eso que su adorada Dulcinea,
producto de sus invenciones, llena de nobleza y admirables valores, resulta ser más real para él
que cualquier otra muchacha que se presente en su camino. Porque él solo puede ver aquello en
lo que cree. En palabras del autor Echeverría: […] cada individuo, puede hacer de
determinadas creencias, su verdad y hacer de ellas criterios reguladores de sus interpretaciones,
de sus acciones y, en último término, de sus vidas.” (Echeverría 2009:149).

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Como se mencionó anteriormente, don Quijote, quería imponer al mundo narrativo de la
novela, a la “realidad” aceptada por el resto de los personajes, no solo lo sucedido en un género
literario, sino también, conductas y valores presentes en un tiempo histórico anterior, la Edad
Media. Para intentarlo, el hidalgo justifica sus acciones y creencias con las particularidades y
características propias del género caballeresco. Por ejemplo, cuando en la obra constantemente
desacreditan sus pensamientos u ocurrencias, este responde aludiendo a que todos se
encuentran en un gran error y, en muchos casos, atribuye a los “encantadores” (personajes
característicos de las obras de caballerías) la culpa o la responsabilidad de que algunos hechos
no sucedan como él los planea. En un momento de la novela, para convencer a su interlocutor
sobre la existencia de los caballeros andantes, dijo haber visto a uno de ellos, llamado Amadís
de Gaula y qué mejor manera de creer en algo que haber presenciado el suceso. Claro que los
demás personajes son conscientes de su locura y de sus disparatadas invenciones. Sin embargo,
en muchos casos, el hidalgo hace dudar hasta a los más cuerdos por la convicción que
demuestra en sus creencias e invenciones, especialmente cuando emplea sus seleccionadas y
elocuentes palabras. Un ejemplo de ello es cuando el personaje de Diego de Miranda le dice a
su hijo Lorenzo sobre don Quijote: “Le he visto hacer cosas del mayor loco del mundo, y decir
razones tan discretas, que borran y deshacen sus hechos […]” (DQ. II, cap. 18: 143).

En el caso de Forest tiene un papel fundamental para este juego de realidad y ficción, la
memoria porque, como se trata de una persona mayor de edad, es posible que la misma no esté
tan lúcida como para recordar todos los momentos de su vida pasada aunque, muchos de sus
olvidos (sino todos) son intencionales. Sin embargo, la memoria de algunos personajes dentro
de la novela, harán que el personaje empiece a dudar sobre hasta qué punto sus invenciones lo
son realmente. ¿Inventa o renacen en su memoria momentos reprimidos de su pasado?.

Así como don Quijote atribuye la transformación de su amada Dulcinea en una campesina o
la de los gigantes en molinos de viento, a los artificios de un encantador, LuysForest va a
recurrir a las “licencias poéticas” y a determinadas fuentes de información para lograr la
verosimilitud deseada en sus memorias. A diferencia del personaje de Cervantes, Forest, no
está del todo convencido con la credibilidad de algunas de sus invenciones y es que, primero,
tiene que haber una convicción propia para luego persuadir al resto de las personas: “Más que
redactar, lo que hizo fue consultar cintas que había grabado tiempo atrás. Porque necesitaba

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convencerse primero de sí mismo […] Preocupado siempre por cuestiones de tono y ritmo,
dualidad que en definitiva era la púnica capaz de transmitir la verdad y la vida a lo narrado
[…]” (Marsé, 1978: 60- 61)

Llama la atención cómo el personaje de Forest recurre a fuentes de datos supuestamente


verídicas, como su diario íntimo, algunas grabaciones propias e incluso a fuentes científicas
para justificar sus artificios: “Revisando viejas anotaciones en los pequeños bloc de tapas
negras, donde nombres y direcciones reales – pero olvidadas- se mezclaban con
relampagueantes recordatorios de acontecimientos ficticios, mustias metáforas, sueños […]”
(Marsé, 1978: 61). Un ejemplo de la preocupación de este personaje por la verosimilitud de su
escrito es cuando se entrevista con un médico para extraer los síntomas exactos de la
enfermedad que decide inventarle a su difunta esposa. Es decir, se preocupa por detalles
mínimos de su narración para evitar cualquier desacreditación de sus invenciones y de su
creación literaria en general. En caso de que algún lector descubra algunas de sus alteraciones
intencionales en su autobiografía, él lo atribuiría a su memoria senil, del mismo modo que don
Quijote ponía todo en manos de los encantadores. Pero, cuando su sobrina Mariana, correctora
de sus memorias, duda sobre la veracidad de algunos hechos aludidos en la misma, Forest le
responde: “Se trata pues…de un apaño retrospectivo de la verdad, una reforma simbólica o
poética, a la que tengo perfecto derecho incluso en mi autobiografía.”(Marsé, 1978:150). En
capítulos posteriores, cuando su sobrina ya es consciente de las invenciones de su tío y las
compara con lo que sucedió realmente, exclama: “[…] cuando pretendes ser testimonial no
resultas verosímil, no te creo, y cuando inventas descaradamente, digamos cuando mientes sin
red, consigues reflejar la verdad.” (Marsé, 1978: 221). Una vez que como Mariana empezamos
a conocer los verdaderos propósitos del personaje, nos cuesta creer que algunos de sus
“olvidos” no sean intencionales. Aunque en algunos casos pareciera tratarse de algunas de sus
lagunas mentales, en otras, no son más que meras justificaciones de la verosimilitud que intenta
darle a su reinvención de los hechos, como cuando el personaje se dice a sí mismo: “tan
meticulosamente había empezado a distribuir mi olvido…” (Marsé, 1978: 60). De cualquier
manera, cuando uno intenta narrar algo acaecido en su pasado tal cual lo recuerda, nunca se va
a referir a lo sucedido tal como sucedió. El recuerdo es una ficción y la ficción no imita la
realidad, solo intenta explicarla. (García Redondo, 1996). De hecho, el narrador de la novela de
Marsé confirma en los últimos capítulos de La Muchacha…lo que venía haciendo el

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protagonista en su narración: “Nunca quiso Luys Forest narrar escuetamente los hechos por
temor a verlos desmentidos: Inventó, porque la invención sobrevive a la dudosa realidad que
dictan los políticos.” (Marsé, 1978: 230).

6.5 Perspectivismo

Como sostiene Gundín Vázquez en su tesis doctoral sobre las obras de Juan Marsé, la mejor
manera de mostrar la complejidad de lo real es poner de relieve la contradicción entre varias
versiones de una misma historia. El perspectivismo es una de las técnicas cervantinas en donde
se observa el juego permanente entre realidad y ficción y la presencia de una o varias historias
tejidas en el texto de la novela por el narrador o mediante voz de algunos personajes. Se trata
de una idea posmoderna de que no existe una verdad única y que la realidad es engañosa a los
sentidos. Como sostiene el autor García Redondo:

“El individuo posee limitadas certidumbres de aquello que cree real y es


el lenguaje el único medio con el que puede dominar ese mundo, lleno
de apariencias, en el que vive. De esta manera, el ser humano está
condenado a conocer fragmentariamente la realidad, constreñido por las
limitaciones y las carencias lingüísticas que le dominan. Lo que es real
para un individuo, a otro le puede parecer lo contrario […]”(García
Redondo, 1994:129).

Yo creo que jamás creeríamos falso el pasado que empieza a rememorar Forest si no fuese
por los diferentes puntos de vistas que aparecen en la novela sobre determinados hechos,
materializados en la voz de su sobrina Mariana, de su cuñada, de la empleada de la casa y por
los aportes que realiza el narrador cuando se sitúa fuera de la voz de los personajes.

En Don Quijote es un poco más evidente el tema de sus invenciones por el hecho de que
sabemos sobre su locura. En la novela vemos constantemente a personajes que refutan sus
dichos y acciones. . Sin embargo, durante la lectura de la obra de Cervantes, es posible
percibir, al igual que el resto de los personajes de la novela, claros momentos de lucidez o
cordura en su protagonista. Esto se debe a la convicción de su accionar y al de sus palabras.
Después de todo el fin de la literatura no es mostrar lo que socialmente se considera realidad,
sino más bien, recrearla, mostrar otra cara de la misma moneda. Pero como se intentó

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demostrar en este trabajo ellos querían de alguna manera esa realidad inventada por ambos
formara o haya formado parte de sus vidas.

Los personajes de Sancho Panza en la novela de Cervantes y de Mariana en la novela de


Marsé, cumplen un rol similar: ambos van contrastando, al mismo tiempo que aceptando, las
recreaciones de la realidad que realizan sus protagonistas. Sus papeles permiten mostrar al
lector empírico otras versiones de los hechos que presenta don Quijote y Forest en sus
respectivas obras.

En ambas obras, La Muchacha… y Don Quijote… la realidad de la novela se les termina


imponiendo a sus propias “novelas” o submundos de ficción. En el caso de Don Quijote,
cuando uno de los personajes lo derrota en una fingida pelea, el protagonista termina
aceptando la versión de la realidad a la que tanto se oponía: que no es un caballero andante y
que no podría llegar a serlo. Intenta meterse en el género pastoril y fingir ser un pastor para no
alejarse de aquellos mundos literarios presentes en sus libros, pero tampoco puede lograrlo.
Finalmente el personaje recupera la cordura y es consciente de las locuras cometidas que, en mi
opinión, fueron las que lo mantuvieron vivo y con esperanzas. Más allá de los propósitos
personales que tiene Cervantes para culminar su obra con la muerte de don Quijote, mi
apreciación personal es que cuando recupera la cordura y no le queda otra opción que aceptar la
decadente sociedad en la que vive, decide morir. Simplemente porque su vida era una obra de
arte. Cuando terminan sus aventuras literarias, cuando deja de percibir ese mundo añorado,
termina su vida.

Del mismo modo, en la novela de Marsé, muchas de las invenciones de Forest plasmadas en
sus memorias resultan haber sucedido de verdad en su vida pasada. Tal es el caso de la
enfermedad que le inventa a su difunta esposa, hecho que su cuñada termina confirmando o
cuando ella ratifica haber sido la mujer con la que Forest había pasado la noche, dejando al
descubierto que su sobrina era en realidad su hija. A diferencia de lo que sucede en la obra de
Cervantes, en esta obra sí podría decirse que parte de la ficción del protagonista, de su mirada
particular de la realidad, termina formando parte del mundo de la novela. Pero el personaje más
bien se asusta de lo ocurrido y quiere acabar con su vida, habiendo sido víctima, no solo de sus
propias invenciones sino también de las invenciones de los demás. Quiso hacer creer a los
demás su propia versión recreada de los hechos pero fue él quien terminó creyendo las

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ficciones o recreaciones que hicieron los demás durante su pasado. Acá se observa el motivo
cervantino del burlador burlado.

6.6 Una mirada pragmática

El enfoque pragmático considera a la obra literaria no en sí misma, sino en las relaciones


que establece con el exterior. Además de un hecho literario, la novela se trata de un hecho
social, que aparece en unas circunstancias históricas determinadas y que constituye un acto de
habla por el que se inicia un proceso de comunicación a distancia. (BOBES NAVES, 1999:
247). La novela reúne hechos, relaciones y conductas que tienen un marco de referencias en el
mundo empírico del autor y del lector.

Si observamos el anterior análisis desde una perspectiva pragmática, podemos observar que
detrás de las ficciones creadas por estos personajes, detrás de esas identidades inventadas o
imaginadas con un determinado fin, existe una intención de los autores empíricos de las obras.
En el caso de Don Quijote, la intención de Cervantes a la que podemos tener acceso a través de
su prólogo, es la de parodiar los contenidos, técnicas y efectos de los libros de caballerías, tan
consultados durante la Edad Media, sobre todo en lo que tiene que ver con la inverosimilitud de
esas obras. Esta parodia la hace de una forma muy particular: eligiendo a un personaje que
opine lo contrario a él sobre dicho género, es decir, que sienta afición hacia los mismos.

Por otra parte, Juan Marsé decide parodiar el género de las memorias, mejor dicho a quienes
se servían de dicho género, durante el momento de la posguerra civil española, para dar cuenta
de su “reconversión ideológica” después de haber participado del gobierno de Franco.

Del mismo modo que Luys Forest y don Quijote producen una novela para un determinado
fin (en el caso del primero reivindicarse sobre hechos de su pasado y en el caso del segundo ser
un caballero andante para modificar una sociedad en decadencia), también lo hicieron
Cervantes y Marsé. Para ello es imprescindible partir del mundo referencial en el que viven.
En palabras de García Redondo:

“Todo hecho literario (o discurso) proviene de un contexto (o historia),


porque la obra existe, primero, en función de su entidad histórica y,
después, de los modelos de los que parte. La realidad entra, entonces, en

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el espacio textual como coordenada que permitirá introducir un sistema
de referencias, explícito, por ejemplo, por el argumento”. (García
Redondo, 1994:133)

Tanto en la obra de Marsé como en la de Cervantes se evidencian aspectos de las


circunstancias sociopolíticas y culturales de la España correspondiente a la época de cada autor
y una crítica a ciertos aspectos de la misma, ya sean políticos, sociales, morales o estéticos. Y
que mejor herramienta que la literatura para plantear diferentes cuestiones ya que uno de sus
objetivos, a través de sus múltiples recursos y posibilidades, es el tratamiento libre del mundo o
de algún aspecto de la realidad. Entre la idea de literatura que comparten Cervantes y Marsé,
hay una cierta conexión. Ambos creen que la literatura debe entretener pero a la vez promover
el entendimiento, consideran que es una herramienta transformadora, política y social y se
preocupan por el problema de la verosimilitud.

En este sentido nos parece pertinente traer una cita del autor Eduardo Galeano de su
artículo Diez errores o mentiras frecuentes sobre literatura y cultura en América Latina
(1989), en donde se pregunta:

“¿Acaso existe alguna obra literaria que no sea política y social?


Sociales son todas, porque pertenecen a la sociedad humana; y políticas
también son todas, en la medida en que la palabra impresa implica
siempre -lo quiera o no su autor; Io sepa o no- una participación en la
vida pública. Su contenido; liberador o alienante, no está en ningún
caso determinado por el tema. La literatura más política, o más
profundamente comprometida con los procesos políticos de cambio,
puede ser la que menos necesite nombrar la política; en el mismo
sentido, que la más cruda violencia social no necesariamente se
manifiesta través de las bombas y los balazos. En el sistema del silencio
y del miedo, el poder de crear y de inventar atenta contra las rutinas de
la obediencia.” (GALEANO, 1989).

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7. Conclusión

A lo largo de este trabajo pudimos observar algunos paralelismos entre dos obras literarias:
Don Quijote de la Mancha como precursora de la novela moderna y La Muchacha de las
Bragas de Oro de Juan Marsé, producida dos siglos después. Uno de los aspectos que pudimos
observar era la vinculación que los protagonistas de ambas obras tenían con el arte literario, a
tal punto de confundir ciertos momentos de sus vidas con una novela. Esos momentos de sus
vidas que ambos literaturizan quieren ser impuestos al mundo que prevalece en la historia de la
novela, con diferentes fines. Quieren implementar de alguna manera, la mirada particular que
tienen de esa realidad que no los convence y con la cual no se sienten cómodos. Para ello se
sirven de recursos y técnicas literarias propias del discurso narrativo, en especial del género
novelístico. Se trata nada más ni nada menos que de los mismos recursos que utilizan sus
autores empíricos, Cervantes y Marsé, para producir las obras literarias que analizamos en este
trabajo.

Nos pareció interesante trabajar este tema luego de la propuesta de García Redondo sobre el
concepto ficción, quien lo describe no como sinónimo de falsedad u oposición a la realidad,
sino como una mirada particular sobre la misma, como la única forma de conocerla. Entonces,
si cada ser humano posee una visión propia de lo que considera realidad, más allá del conjunto
de verdades que están acordadas y aceptadas socialmente, si cada uno elige la forma de
apropiarse de la realidad, si cada uno tiene su ficción sobre la misma, ¿cuáles son los
verdaderos límites entre el arte y la vida, preocupación que obsesionaba a Miguel de
Cervantes?

Finalmente, queremos destacar que este trabajo representa una de las tantas miradas o
interpretaciones que pueden realizarse sobre estas dos importantes novelas porque, como
sostiene el autor Echeverría “No sabemos cómo las cosas son. Sólo sabemos cómo las
observamos o cómo las interpretamos. Vivimos en mundos interpretativos”. (Echeverría,
2009:150)

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