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"Quiero que tu mundo empiece y termine conmigo"- Cyara

Sinopsis
Your love, my drug cuenta la historia de una joven irlandesa
llamada Cyara O'Neil que vive en Washington D.C., en donde
es gerente del banco francés. Es soltera, reservada, un
misterio para quienes apenas la conocen.
Cyara parece ser una mujer con un pasado tan oscuro como
el significado de su nombre.
Entra en escena Christian Donnovan, un joven bancario,
quien conoce a Cyara en una cena de negocios. El amor y la
electricidad se compaginan ante la primera mirada. Y
Christian caerá a los pies de aquella mujer que despertará en
él una atracción tan fuerte que empezará con una obsesión
por conocerla, hasta sucumbirse en una profunda adicción.
Protagonistas:
Matt Bomer es Christian Donnovan
Alexis Bledel es Cyara O’Neil
Bruce Willis es Ei
Jane Fonda es Sra. Angela Donnovan
Max Martini es Jason Taylor
Alex O’Loughlin es Garreth Donnovan
Josh Holloway es Patrick, hijo de Ei
"¿Se puede amar alguien completamente, al punto tal de llegar a la
locura y hacer lo que sea porque esa persona sea tuya y de nadie
más? ¿Puede ser que el amor, además de ser loco, sea adictivo?

Una silueta de una dama vestida de traje negro, cuyo cuerpo tan fino
como las cuerdas de un arpa, camina con paso seguro hacia las dos
grandes puertas de vidrio, enmarcadas en un acero brillante.

El edificio es un antiguo banco, cuyas columnas externas de color


blanco y desgastado revelan los años de antigüedad del
establecimiento. La mujer de traje sigue su trayecto hasta el ascensor
gris, marcando con su índice el quinto piso. Su mirada es apagada, su
rostro inexpresivo. Antes que las puertas se cierren, algunos
empleados bancarios ingresan. Uno de ellos, de cabello castaño y ojos
marrones le frunce una sonrisa.

-Buenos días, señorita O'Neil.


-Buenos días, John.- contesta secamente, frunce los labios y regresan
a su estado inerte de seriedad. Ella se quita su pañuelo gris de seda
porque el encierro es sofocante. Se abre camino entre los hombres
para salir, todos se hacen a un lado, con mucho respeto. Es su jefa, la
gerente del personal, la encargada de controlar que todas las
transacciones de un banco a otro sean enviadas sin obstáculos.
Su larga cabellera rojiza la lleva fuertemente atada a un rodete,
aunque algunas mechas salvajes se desprenden del mismo debido al
ir y venir de los cubículos de sus empleados.
-Adam, asegúrate que el dinero de Hong Kong haya llegado a Suiza
sin inconvenientes, ¿Puedes hacerlo?
-Si, señorita O'Neil.- Había empezado a hacer otro traspaso de dinero.
Oyó sus uñas contra el escritorio, la señorita Cyara O'Neil estaba
impaciente.
-¿Quiere que lo haga ahora?- Ella le respondió con una mirada
amenazante,
-Por favor.- La suplica no sonaba como tal. Adam colgó el teléfono y
volvió a marcar, pero al banco chino, como ella le había ordenado.
Era sorprendente que veinte hombres y cuatro mujeres obedecieran a
semejante mujer. Su altura no era lo que dominaba, sino su carácter,
frío y hostil que mantenía a raya a sus empleados.

Cuando llegaba el superior de Cyara, su comportamiento asemejaba


al de un ángel, dulce, gentil, utilizando su rostro de facciones
armoniosas, usando su tono de voz de manera más gentil y educada.
-¡Señor Matthews!- Su jefe era un hombre alto, de cabello blanco y
ojos marrones, casado por tercera vez consecutiva y esperando su
quinto hijo.- ¡Me sorprende que haya venido! Creí que extendería sus
vacaciones en España.
-¡Me encantaría darme ese lujo, Cyara! Pero dentro de algunos días
tendremos una cena ejecutiva junto a los del banco alemán y el
nacional. Te necesito esa noche, ¿No tienes nada que hacer el
próximo viernes?
-No, señor. Estoy disponible para usted esa noche- De hecho, Cyara
no tenía vida social fuera del trabajo. Sus padres vivían en Seattle y su
hermana mayor, Kate, en Wisconsin con sus tres hijos y esposo. No
tenía amigas, sólo un chófer de un taxi que suele llevarla cuando
llueve y al portero del edificio donde vive.
-¡Magnífico!- Recibió una llamada del móvil que llevaba en el bolsillo
del pecho.- ¡¿Qué?! ¡¿Es necesario que vaya?! ¡No, está bien!- Cerró
la tapa de su celular y guardó en su sitio.- Debo ir a Filadelfia, hubo un
percance.
-¡¿Es algo grave del banco?!
-No, no, no. Me temo que no creo que pueda asistir la otra semana, es
mi esposa y es probable que tenga labor la próxima semana. ¿Podrías
representar al banco por mí? ¡Sé que es una responsabilidad enorme,
Cyara! Pero por tus años de experiencia aquí, pongo el banco en tus
manos.
-Señor, yo... No sé si pueda.
-Claro que puedes. Confío que sí.

Seattle
Un hombre de cabello negro corto se dirige a su auto, su chófer le
espera dentro. Por el vidrio retrovisor, unos ojos grises muestran el
brillo del sol de otoño. Aquel hombre de mirada enigmática lleva un
traje azul de Gucci, ceñido al cuerpo, unos zapatos de charol y una
corbata gris impecable.
-¿A dónde lo llevo señor Donnovan?
-Al aeropuerto. He de ir a Washington, Duleque. Me espera una cena
la semana entrante y debo estar días antes. Cuida que todo esté en
orden aquí.
-Si, señor.
Al día siguiente, Christian llegó a Washington, hospedándose en el
hotel Hilton de la ciudad, en donde sería la cena de aquel viernes.
Estaba cansado, ojeroso por las horas de vuelo. En su recámara del
hotel se cambió de ropa, metió la sucia en un pequeño bolso, se
desvistió y se sumergió a la ducha. El agua fría le ayudaba a
despertarse, sería una mañana agitada y tendría que ir a comprarse
un traje nuevo para la flamante cena que le esperaba el viernes. Se
envolvió en una toalla blanco, dejando el torso desnudo, con otra toalla
se secaba el torso, los abdominales marcados que estaban perdiendo
su marca por la edad pero seguían allí. Tenía treinta y seis años, con
noviazgos fallidos, un intento de casamiento frustrado porque la novia
estaba saliendo con su contador. Se miró al espejo y se cepilló el
cabello.
-¿Qué tengo de malo?- se dijo en voz baja.- Tengo un trabajo seguro.
Quizá no debí nacer en ésta época. Tal vez Jane Austen me hubiera
amado.- se dijo. Se quitó la toalla y caminó desnudo hasta su maleta,
cogió unos calzoncillos y medias negras.
Iba a salir con su traje azul de rayas y su corbata favorita que iba a
juego.

Cyara se despertó temprano. Había ido a correr a las seis, luego un


baño rápido, se puso crema en sus piernas y brazos, el ritual que
siempre solía hacer cada mañana después de cada baño. Su melena
rojiza era lacia, la maltrataba en coletas o rodetes en el trabajo pero en
casa lo llevaba suelto. Hoy debía ir al hotel a hacer unos arreglos para
el salón. Su jefe no le había dicho que tendría la temática de gala y
antifaz. Le había llegado un fax minutos después de desayunar.
Tenía la taza en su mano mientras que con la otra libre sostenía el
papel, leyendo los pedidos del señor Matthews.

Buscó en su armario qué podía llevar. Eligió una camisa blanca de


Dior y una falda por abajo de la rodilla, un saco a juego con ella y el
collar de perlas de su abuela materna. Fue a por su espejo a
maquillarse, siempre usando tonos claros acorde a su piel y al celeste
de sus ojos. Un rosado tenue, un labial humectante, ya que los de
color no le gustaban y pasó suavemente el rímel a sus finas pestañas.
Por último el delineador con un lápiz negro. Apretó los ojos así el
delineado se marcara en la parte inferior, el cual se notaba poco,
logrando ese efecto de make-up casual.

Cyara saludó a su portero y subió al taxi. Su conductor, Elliot, siempre


la iba a buscar cuando llovía. El día estaba gris y en la radio
pronosticaban lluvias. Le dio una suma considerable a su chófer y bajó
deprisa al hotel Hillton. Los stilettos que llevaba eran altos, apenas
podía caminar.
Christian había olvidado algo en su cuarto y esperaba a que
descendiera el ascensor. Vio a Cyara y quedó anonadado con su
belleza física, delgada, no muy alta, con los tacones llegaba al metro
setenta, quizá entonces medía un metro sesenta y cinco. Quiso reírse
al verla correr hacia él en punta de pies. Creyó que no podría frenar y
la tomó de los brazos.
-Tenga cuidado, señorita, el piso está encerado.
-Lo sé.- dijo cortante. Christian se mordió el labio inferior, una joven
con carácter fuerte.
-Debió traer zapatos con mejor suela, esos no son para ésta clase de
piso.- Le indicó con la mano el brillante suelo café con detalles de la
época victoriana.
Cyara arrugó el entrecejo, se liberó de él con brusquedad y arregló su
ropa con sus manos. Él volvió a mirar al ascensor, de reojo le miraba
alisarse la falda. Las manos de ella eran pequeñas, blancas, suaves.
Algo en su mente le hizo pensar cómo sería tenerla en su cama. Se
sintió incómodo, se arregló la corbata. Se pasó la lengua por los
labios, algo que Cyara no pudo evitar en mirar.
-Por cierto, ¿A qué piso va?- Ella le ignoró pretendiendo en buscar
algo en su cartera.
-¿Qué? ¿Dijo algo?- Él se río.- ¿Qué es gracioso?
-Me recuerda a una compañera de la universidad.-Pensó en las
palabras adecuadas.- Tenía un carácter como usted. Cyara
permaneció cruzada de brazos.
-¿Ah, sí?
-Si, era un poco gruñona.- El ascensor se abrió, estaba vacío. Cyara
liberó un suspiro y entró. Le estaba empezando a irritar aquel
desconocido. Encima, debía compartir segundos con él dentro del
ascensor.
Christian apretó el botón 6 por error.
-¡¿Pero que hizo?!
-¡Tranquilícese, señorita! Es sólo un piso más. A ella le estaban
matando los zapatos, se reprimió a sí misma no haberlos estirado en
casa. Se los quitó y los llevó en una mano.
-Seguramente se compró un talle más chico.- Cyara le fulminaba con
la mirada.
-¡¿Puede callarse?!- Se hacía eterno entre aquellas cuatro paredes de
acero. A él le latía el corazón con fuerza. Hacía tiempo que no tenía
una mujer tan cerca. ¿Uno, dos años, quizás? El tiempo había pasado
y su abstinencia despertó del letargo. El encierro causaba más calor.
Cyara se abrió un botón, uno que desencadenó lo siguiente. No supo
cómo Christian se abalanzó a ella, dándole un beso lento que
humedeció sus labios y le arrebató el labial. Su cuerpo radiaba calor,
como un magma en actividad. Sus labios emitieron un gemido que a
Christian le gustó. Volvió a besarla, él quiso tocar su espalda pero ella
le mantuvo las manos en la cintura. Se alejó de ella cuando se
abrieron las puertas en el cuarto piso. Cyara salió como un rayo.
-¿Tu nombre?- preguntó él.
-Cyara
-Christian,
Las puertas se cerraron pero sus ojos no dejaron de mirarse fijamente.
Cyara y Christian no se volvieron a ver desde aquel lunes a la
mañana, en el ascensor.

Jueves, medianoche, Washington DC

En su cama, mirando la luna, Christian pensaba en ella. Lo había


hechizado desde el primer momento hasta que se adueñó de su boca
en el elevador. Recordaba cómo la sostuvo de la cintura contra él. Su
libido le proyectaba a imaginar qué más pudo haber pasado, si se
hubiera dejado llevar por el calor de Cyara.
Y ese inocente gemido que lo había vuelto loco. Si no hubiera sido
porque las puertas que se abrieron automáticamente, le habría hecho
el amor ahí mismo.
Cerró los ojos, dejándose llevar por su fantasía mental.
Recorriendo con sus dedos la suave y blanca piel de Cyara,
percibiendo su perfume de Carolina Herrera, el dulzor de su cuello,
paseando por él con la lengua, llevándola lentamente a experimentar
el placer de amor, no del sexo. Él no era de ese tipo de hombres, de
hacerlo y marcharse, se la veía en su mente clamando más y su
respiración acelerada por la excitación.

Seguía soñando con Cyara, a quien seguía besando su vientre, las


curvas que formaban sus pechos, uniendo cada peca de su abdomen
en un beso lento y cálido.
-Cyara...- Murmuró - ¿Qué has hecho en mi?- Con sólo haber abierto
ese minúsculo botón de su camisa, había puesto un hechizo sobre él,
un encantamiento el cual él no podía dormir, pensar, vivir sin ella.

Cyara estaba por salir mientras todos dormían. Le faltaba poco para
pagar su tesis en administración y el postgrado en contabilidad. Debía
hacerlo aunque hubieran pasado los años. Caminó descalza, envuelta
en una bata rosada, hasta el closet. Prendió la lámpara del hilo
colgante, deslizó la ropa a ambos lados y abrió la puerta secreta que
escondía su lado más oscuro.
Sacó el contenido del escondite, una bolsa negra de tintorería que no
revelaba el contenido.
-Buenas noches, Cyara. Bienvenida, Condesa.
Jueves

El Hotel Hilton brillaba en todo su resplandor. Coches de alta gama


estacionaban a ambos lados de la calle principal.
En uno de ellos salió Christian, muy apuesto con un traje negro y
corbata del mismo tono. Se iba a reunir con unos empresarios. En el
hall principal vio a una mujer de espaldas, usando un conjunto color
beige, la escaneó de pies a cabeza. Tenía unas pantorrillas definidas,
perfectas, un trasero pequeño y sexy, un cabello rojizo que se
desprendía lentamente de su ajustada coleta.

Cyara ladraba ordenes al empleado a que cambiara las cortinas del


salón, tan sólo quedaban horas, ya que mañana sería el gran día. El
hombre de uniforme gris refunfuñaba en hispano y ella no lograba
entender qué decía. Su peón se estaba yendo e iba a por él, de no
haber sido por un fastidioso cable. Cyara se iba a torcer con el taco de
veinte centímetros y a caer hacia atrás, pero sintió la fuerza de alguien
que la sostuvo. Ella abrió los ojos, era él, el sujeto del ascensor, como
le apodó ella. Pero su faceta de Condesa le llamaba "boca de fuego".
-¡Christian!
-Cyara.- No quería que la toque, se movió con torpeza, su cuerpo
respondía como idiota cuando lo tenía tan cerca. Él la sostuvo de la
cintura.
-¡No sea atrevido!
-Entonces la dejo caer.- le iba a soltar la mano, ella ahogó un grito.
-¡No!
-Otra vez con zapatos inadecuados. No tienen suela de goma, por eso
patina.
-¡No me diga qué zapatos debo usar!- La acercó hacia él, lo cual la
tomó por sorpresa.
-Disculpe, señorita Cyara. Hace mucho que no soy interactivo con el
sexo opuesto. Rico perfume, por cierto.- La coleta se desarmó y su
cabello se liberó como fiera enjaulada. Un leve rubor se adueñó de sus
pálidas mejillas.
-¡¿No tiene nada más que hacer que toparse conmigo?!
-No se sienta perseguida. Creo que usted siempre viene a mí. No me
eche la culpa, quizá es el destino.
-¡No creo en el destino!
-¡Tranquila, no es para excitarse tanto! Perdón, exaltarse, quise decir. -
Él se mordió el labio para dejar de decir cosas sin sentido delante de
ella, le hizo reverencia y se fue. Ella le vio caminar, contemplándolo
por detrás.
-Es tan irritante.- dijo en voz baja.
-Pero con un buen trasero. ¡Se ve rico!- le dijo el decorador. Cyara
puso los ojos en blanco. Aunque su asistente tenía razón, Christian
tenía un buen cuerpo, una espalda que desearía arañar, un trasero
que pellizcar y un cuello para saborear. Su vaso térmico que le pasó el
decorador casi se le cayó con tan sólo imaginarse encima de él,
arañándolo y llenando de besos.
-¡Eh! ¿Se te perdieron los ojos en las pompas de ese papi rico?
-¡Ay, ve a hacer tu trabajo!- le gritó. Sostuvo la taza con ambas manos
hasta ver a Christian saludar a unos coreanos. El apretón de manos
era fuerte, demostraba seguridad, control, poder. "Poder", algo que ella
solía tener, pero en la noche. Le temía porque estaba comenzando a
percibir que Christian sería una tentación muy amenazante.
Viernes

Atrium Style Lobby, Hilton Hotel

El majestuoso lobby estaba decorado para la reunión entre tres


grandes bancos, en las condiciones que el jefe de Cyara le había
solicitado. El secretario del señor Mathews iba a ser el que presentaría
a Cyara a cada presidente de cada banco.

Una limosina plateada la pasó a recoger por su casa con destino al


evento. El señor Matthews le había llamado para avisarle que hiciera
un buen trato con los representantes del banco alemán, los cuales
pretendían compartir inversionistas con el banco de Cyara.
-Si, señor, no se preocupe. Manejaré la situación sin problemas.
-Me reconforta oír eso. Debo dejarte, he de entrar a ver a hijo nacer.
-¡Por supuesto!- Entre tanto ajetreo se había olvidado que su superior
sería padre.- Mis felicitaciones a su esposa.
-¡Claro, claro! ¡Ya nos veremos, Cyara! Después quiero saber todos
los detalles.- Colgó. Estaba nerviosa y le temblaban las piernas. Podía
hacerlo, lo sabía en su interior. Si tenía a sus empleados en la palma
de su mano ¿Cómo no iba a poder con unos más? Apretó con firmeza
su cartera, el coche se detuvo y el chófer le tendió una mano para
salir.
Llevaba puesto un vestido blanco perlado con piedras en el torso, un
solo tirante en el hombro derecho y una chalina de seda que le cubría
la espalda casi desnuda, tenía un tajo del lado izquierdo de su pierna y
llevaba unos zapatos de taco alto que hacían juego con la cartera.

Christian ya estaba allí, con un traje negro nuevo, de Armani, una


camisa color marfil y una corbata lisa. Miraba impresionado el
decorado del lobby.
Sus profundos ojos azules observaban las luces, las mesas, el salón
donde supuestamente iban a bailar con máscaras. Un camarero les
pasaba antifaces a los caballeros, él agradeció y se lo puso. Mientras
se lo acomodaba, vio desde las escalinatas a una mujer vestida de
blanco con un antifaz que cubría su rostro menos los labios, de color
carmesí. La persiguió con la mirada, iba junto con un joven que la
introducía a los demás banqueros. Intuía que reconocía el rojizo
cabello recogido pero no se acordaba bien.

Cyara y su acompañante subieron las escalinatas. Christian estaba de


espaldas, no la vio hasta que fueron presentados. Ella le reconoció por
lo erguido que estaba, esos hombros, esa espalda."No puede ser, que
no sea él", se dijo.
-Cyara, te presento al gerente del Banco Alemán de Seattle, el señor
Christian Donnovan. Lo miró a través del antifaz, sus ojos se
encontraron con los de él, ese azul mar que ella tanto temía.
-Señor Donnovan, la señorita O'Neil, representante del Banco
Francés. El señor Matthews no pudo venir por cuestiones personales,
pero ella sabe tanto del banco como él.- Christian tomó su delicada
mano, tardó en soltarla, quería sentir el aroma de la crema en su piel.
Ella tragó saliva con dificultad, sentía la garganta seca. Tan sólo sentir
su respiración en sus nudillos la hizo estremecer.
-Un placer conocerla.- La miró con cierta picaría.
-Encantado en conocerlo.- El secretario se fue unos pasos lejos de
ellos.
-Luce exquisita en ese vestido. Un ángel caído del cielo.
-El blanco también puede usarlo el Diablo. ¿Sabía?
-¿Me está sugiriendo que no es santa del todo?
-Todos tenemos un ángel negro en nuestra personalidad. ¿Usted no?
-No lo tengo. O quizá no ha salido a la luz aún.- El brillo de sus ojos la
inquietaba. Una joven con una bandeja trastabilló, empujando a Cyara
más contra él.
-Lo... Lo siento...
-No lo sienta. Hacemos una buena combinación usted y yo. ¿No lo
cree?
-Nos hemos cruzado más de dos veces, deja el formalismo. Ya sé
quién eres. Dime Cyara.
-Vas a tener que convencerme mucho para que comparta a mis
clientes con tu banco.
-¿Y qué tengo que hacer para que lo haga?
-Ilumíneme. Ya su encanto lo está haciendo.- La calor le subió al
rostro.
-¿Bailaría conmigo?
-¿A cambio que firme mi contrato de unión de bancos?
-Si baila conmigo, iré cediendo.- Lo miraba con cautela, estaba por
meterse por un rumbo poco profesional.

Los violines de una pequeña orquesta y un sonido moderno de fondo


radiaron una atmósfera sensual en el salón. Christian posó su mano
entre la espalda de ella y donde terminaba el vestido. Ella sintió el
calor de sus yemas, un calor que le derretía como un abrazo.
-Baila muy bien...- dijo ella y se corrigió- Bailas bien, Christian.
-Sé hacer de todo un poco.- El "todo" quedó fijo en la mente de ella.
Mantenía su rostro distante de él. Sus sentidos estaban agudos, podía
oler la colonia de él, era suave, refrescante como la brisa del viento,
dulce como miel. Él no le apartaba los ojos aunque ella le desviaba.
-¿Qué ocurre?
-Deja de mirarme así.
-La hostilidad no es buen ingrediente en los negocios, ¿Sabes?
-¿Qué quieres de mí?
-Que seas más abierta.- La inclinó un poco, la gravedad le ayudó a
acercarse al rostro de ella hasta que sus narices se tocaron.
-Ésta no es mi manera de negociar, me estás seduciendo.- respondió
Cyara.
-¿Acaso nunca mezclaste negocios y placer?
-No, jamás lo hice.
-Podrías, al menos una vez.- Subió sus dedos por su espalda. Cyara
comenzaba a excitarse por su tacto.
-Deja de hacerlo.
-¿Hacer qué?
-Tocarme así.
-¿Te da miedo que te recorra la espalda?- Se miraron fijamente por
unos segundos. El terror se adueñó de ella, se apartó de él.
-No puedo hacer esto. No mezclo mi trabajo con las relaciones
personales.- Caminó presurosa entre la gente, Christian fue tras ella.
-¡Cyara! ¡Espera!- Ella se paró en seco sin voltearse.
-Sólo quiero que firmes el contrato con Matthews, nada más.
-¡Al diablo Matthews! Me importas tú. Has causado algo en mí que
pensé que jamás volvería a experimentar.
-¡Aléjate de mí!- se giró al fin, al borde de llorar.- ¡No soy el tipo de
mujer que estás buscando!
-¡¿Por qué no?!
-No lo entenderías.- Caminó hacia ella y sin pensarlo dos veces la
besó con una pasión que hervía dentro de él. Cyara se liberó con
brusquedad.
-No soy para ti. Lo siento.- Bajó la acera y alzó el brazo para llamar un
taxi.
-¡No me rendiré tan fácil! ¡¿Me oyes?! Quiero conocerte.
-Por favor, no lo intentes. Ingresó al coche. Christian quiso correr
detrás del auto pero se detuvo hasta perderlo.
-No voy a rendirme. Quiero tenerte, Cyara O'Neil.
Lunes

Christian estaba desesperado, viviendo una tortura sin saber dónde


podía vivir Cyara. El secretario de Matthews no quiso dar información
privada de sus empleados, mucho menos de ella, quien estaba como
representante del banco.
Soñaba con ella, con aquel beso en el que sus labios y lengua se
habían unido a ella. No pensaba rendirse y perder a Cyara así como si
nada. Nunca en su vida perdió nada, ganaba en el polo, en el cricket,
en tenis, en todo. Como tal ganador que era, conseguiría los medios
necesarios para hallar a Cyara, aunque tuviera que dar vuelta todo
Washington DC.

Tenía hambre y compró unos muffins en la famosa tienda de Cupcakes


DC de las hermanas griegas, atravesó la plaza que quedaba cerca a la
Casa Blanca, caminó unas manzanas más hasta que recordó a un
viejo amigo de la universidad, un freak informático que era bueno para
irrumpir ilegalmente en la red.
-¿Sigue siendo el número de Kin Sung?
-Por supuesto, el mismo habla. ¿Christian? ¿Eres tú?
-Si, y necesito tu ayuda para que encuentres a una mujer que me ha
vuelto loco. ¿Crees que puedas hacerlo?
-¡Claro!
-Su nombre es Cyara O'Neil, quiero que investigues todo de ella,
dirección, CV, teléfono...
-¡Vaya, si que estás obsesionado! ¿Está muy buena?
-No te imaginas cuanto. Te pagaré una buena suma si me consigues
todo lo que pido.
-¡A la orden! ¡En menos de 24 horas te enviaré la información por mail!
-Pero no sabes... - Se río- Sabes mi correo.
-El carismático bancario de Seattle,
christiandonnovan2010@gmail.com y outlook.com, con dirección en...
-¡Has esa búsqueda así de minuciosa con ella!
-¡Copiado!
-Gracias Kin.
-No hay de qué.

Llamó a su chófer de Seattle, ex-agente de la CIA, a que hiciera una


búsqueda en paralelo sobre Cyara.
De un modo u otro la iba a hallar.

Cyara tenía asuntos que resolver, uno de los cuales tenía que ver con
su labor nocturna. Un hombre del poder venía exigiendo verla y lo
había evitado desde el primer día que chocó con Christian. El dinero le
servía para pagar la hipoteca de la casa de sus padres, debía hacerlo,
obligatoriamente por el bien de sus padres, quienes vivían sólo de una
pensión por retiro de la armada. Tenía además a su prima, quien
huérfana estaba al resguardo de ella, debía mantener sus estudios de
preparatoria y alimentación.
Debía llevar su ropa de Condesa a la tintorería, estaba sucia, por su
uso hacía más de tres días atrás.

En los suburbios de la ciudad tenía su sitio donde solía llevar el traje,


ya que en las del centro siempre se encontraba con gente del trabajo.
Tomó el interurbano hasta unas cuadras más que debió continuar a
pie, con unos zapatos de taco no muy alto. Sin embargo, las veredas
eran irregulares y estaban rotas con pedazos de cemento sueltos.
-Genial. Sólo a mí se me ocurre venir en esto.- Se reprimía a sí
misma. Llevaba su cabello suelto, un traje bordó y unas medias negras
con rombos más su cartera a tono.
La campana de la tienda sonó, una señora japonesa le atendió. Cyara
le habló en japonés, quería que le atendiera la joven de siempre, quien
mantenía total confidencialidad con ella. La chica, hija de la dueña, se
acercó al mostrador.
-Necesito si... Si puedes quitarle la mancha de la parte del tul negro.-
Le dijo en voz baja.-Tiene... -Iba a decir lo que era la mancha.- Tiene
sem... Mmm eso. Por favor, lo necesito limpio para mañana martes, si
es posible.
-No se preocupe, señorita O'Neil.- La joven creía que lo hacía por
extrema necesidad. Así era, una necesidad que con los años ya se
había vuelto un hábito de su vida. ¿Qué hombre toleraría una mujer
como ella, con una vida de día y otra completamente diferente de
noche? Nadie.

Se fue tomando atajos hasta arribar al centro. Había avanzado mucho


hasta que en la vereda de enfrente oyó a alguien llamándole.
-¡¡Cyara!!- "Esa voz. ¡Corre!", se dijo en su interior y emprendió la
huida.
Christian corrió como un león tras su presa, tratando de abrir camino
entre la multitud de gente.
-¡Cyara!- gritaba casi sin aliento. Ella no miraba hacia atrás,
simplemente corría. Dobló hacia su derecha, la ventaja que tenía eran
los transeúntes. Se escondió en una tienda de abrigos. Por suerte
tenía sus tarjetas a mano, compró uno gris y unas gafas negras. Hurgó
en su cartera un moño y se lo hizo rápidamente un rodete. Todos en
Washington llevaban abrigos grises, iba a mimetizarse,
desapareciendo entre la gente. Salió de la tienda y caminó a paso
lento, su corazón latía con una fuerza increíble.

Christian pasó a centímetros de ella. Contuvo la respiración. Rezaba


por dentro que no se girara y la viera. Para resguardarse, bajó con
más personas al subterráneo. Christian también bajó las escaleras.
"Mierda", masculló ella. Al girar a la izquierda a pagar el ticket, chocó
con un hombre. Era John, uno de sus empleados.
-¡Cyara! ¡Qué bonita sorpresa encontrarla por aquí! Creí que tenía
auto.
-Se me averió.-Christian iba hacia donde estaba ella, pagó rápido y se
fue.
-¡Nos vemos, señorita O'Neil!- gritó John.- "¡Rayos!", volvió a maldecir.
Christian buscó con la mirada si aquella O'Neil era la suya, hasta que
la identificó entre la muchedumbre que iba hacia la puerta del tren
abierto.
Con todas sus fuerzas trataba de llegar hasta ella, pero fue inútil.
Corrió pero las puertas se cerraron. Alcanzó tocar el vidrio.
-Te necesito.- Fue lo que ella pudo leer de sus labios.
-No lo hagas.- Le respondió. Él quedó con la vista clavada en los ojos
de ella hasta que se desvanecieron con el tren en marcha.
Su teléfono vibró, era una notificación pero no podía abrirla ya que
estaba en el subterráneo. Tuvo que salir de allí y buscar red de wifi
para abrir su correo por su Blackberry.
Era un mensaje de Kin.
"Washington Ave. 1101 Piso 9, Dpto. 2B"
Christian marcó el número de Kin.

-Lo conseguiste en menos de...


-¡¿24 Horas?! Lo sé, me amo por ser tan audaz.- Christian sonrió.
-Te mereces una buena suma y un yate. ¿Estás seguro que es ahí?
¿No se mudó?
-Hasta ahora y por los datos, no. Vive allí desde el 2008.
-¿Conseguiste lo demás?
-No, sigo en ello.
-Bien, porque quiero saber todo de ella.- Se rascó el mentón,
pensativo. ¿Por qué huía a él? ¿Cuáles eran las razones? "¿Qué
ocultas detrás de ese rostro tan puro e inocente?", se preguntaba.
Hoy debía hacer otras cosas vinculadas a su trabajo, pero al día
siguiente iba a ir a su casa, sin avisar.
Martes

Cyara lo tenía a centímetros de ella en la reunión entre bancos.


Compartir inversionistas sería un gran avance. Christian firmó el
contrato que le alcanzó el secretario de Matthews. El acuerdo estaba
por concretarse cuando llegó Matthews a la sala de reuniones.
-¡Buenos días a todos! Ya estoy de vuelta.-dijo eufórico. Saludó en un
apretón de manos con Christian.
Caminó hasta Cyara, a quien le habló al oído, por lo visto, pidiéndole
que pudiera irse ya.
-Gracias por cubrirme, Cyara. Puedes volver a tu puesto.- Le indicó.
Intercambió miradas con Christian, quien se despidió de ella, tomando
su mano como todo profesional.
-Un gusto haber hecho negocios con usted.- Sus ojos azules intensos
no pestañeaban. La atmósfera se tornó tensa, como si el aire no
entrara en la habitación. El corazón de Cyara comenzaba a
acelerarse. Para no hacer notar lo que causaba en ella, bajó la mano
lentamente, el sudor lo secó en su falda gris.
-Lo mismo digo.

Ella regresó al área de los cubículos. Una empleada la saludó.


-Se veía hermosa la noche de la cena.
-Gracias, Jeannine.
-¿No sabe?
-¿Saber qué?
-Salió en el periódico de Seattle, junto al señor Donnovan.- Le acercó
el periódico de hacía varios días. Tan fuera de sí estaba que ni
recordaba que les habían tomado una foto. En blanco y negro, salían
los dos juntos. Inconscientemente, pasó el dedo sobre la foto, por el
lado donde salía Christian.
-¿Me lo dejas?
-Seguro. ¡Se ven tan perfectos ahí!- Cyara alzó la vista, con ganas de
morderla por ese comentario, Jeannine huyó caminando deprisa. Se
fue a su oficina de gerencia, cerró la puerta y se sentó en su asiento
giratorio, se giró mirando la vista de Washington. Volvió su vista al
papel de diario donde salían ellos y el titular "Se unen Bancos de
Francia & Alemania". Christian lucía sonriente. Hasta ese entonces se
pudo percatar que tenía una bella sonrisa, atractiva. Recorrió con su
índice las facciones de su rostro, el mentón, el cabello. Las miles de
fantasías que podía imaginarse con él, las mil y un cosas que podría
hacer con él.
Pero veía en Christian algo que ninguno de sus clientes tenía:
corazón. Un hombre con corazón era un peligro según ella, aunque
fuera uno en un millón, aunque fuera el tipo de hombre que hubiera
deseado cuando era una niña que leía novelas de romance de época.
Abrió una gaveta de su escritorio y arrojó allí el periódico. El negocio
ya estaba hecho, Christian se iría y no le volvería a ver.

Taylor, el chófer de Christian, bajó del avión que llegaba a Washington.


Allí, Christian le esperaba, quien estaba vestido de forma casual, con
un sweater negro cuello alto, una chaqueta de cuero negra y jeans con
zapatillas negras.
-Señor, se ve diferente.
-Para variar un poco. ¿Cómo te fue en la búsqueda?
-La señorita O'Neil es un absoluto misterio, al menos hasta el 2003.
Estudió en Yale, luego consiguió un postgrado en contaduría en
Columbia, buen promedio, de familia de clase media. Su padre estuvo
en el ejército, en Irak el 2002, su madre, ex-marina de las Fuerzas
Marítimas. Hija única, tuvo sólo tres novios, un médico de Harvard, un
ingeniero en Michigan y un Forense de Filadelfia. No tiene email, ni
facebook, ni instragram.
-¡Vaya!
-Sin embargo, hay un correo de nombre delayxxx@yahoo. com que
tiene origen de IP aquí en la ciudad, con datos de ella, aunque con un
nombre totalmente distinto.
-¿Y cuál es?
-Rose Avoy. Señor, con todo respeto, creo que podría encontrar una
mujer a su nivel. Ésta señorita me da... Una muy mala espina-
Christian suspiró y se cruzó de brazos.
-Agradezco tu preocupación, Taylor, pero la quiero a ella, solamente a
ella.

Cyara estaba entrenando para lo que depararía la noche. Llevaba


bastante tiempo estudiando nuevas destrezas para poder cobrar más
caro a sus exigentes clientes. La Condesa debía mejorar, resaltar
sobre cualquier otra. Tenía un caño clavado en lo que era un área de
living, un cuarto que quedaba al fondo del pasillo. Había hecho las
refacciones necesarias para separar su cuarto propio de su otro
mundo nocturno.

Estaba en su recamara, buscando clips para ajustar lo que parecía ser


una peluca morena. En su mesa de luz tenía una foto de sus padres,
en otro marco, su prima y ella. Liberó un suspiró. Por otro lado, no
podía negar que aquello había pasado de necesidad a actividad
rutinaria cada día a la noche.
Se castigaba así misma por tomarlo como un hábito, corriendo más las
cutículas de las uñas para que lucieran más largas.

Regresó al cuarto del caño, prendió la radio a un volumen alto y siguió


con la rutina de "serpiente y fuego", un baile provocativo que quería el
hombre al que vería en unas cuantas horas.

Estaba anocheciendo. Taylor con Christian anduvieron recorriendo el


barrio donde, acorde a la dirección de Kin, podía vivir Cyara.
El timbre del departamento de Cyara sonó, ella miró el reloj de
pulsera, había llegado de acuerdo a la hora.
Un hombre mayor, de cabello blanco y ojos marrones saltones la
miraba de pies a cabeza.
-¿Condesa?
-La misma, pase.

Taylor iba preparado por si acaso, con un arma, en caso que la


enigmática dama fuera un peligro para su jefe. Caminaron hasta el
edificio, Tocaron timbre al portero, quien les interrogó.
-¿A quién buscan?
-A la señorita Cyara O'Neil.
-No hay nadie aquí con ese nombre.-Christian miró a Taylor, quien se
comportaba como todo un agente federal.
-Disculpe, me refería a Rose Avoy.
-No creo que se encuentre.
-¿Nos dejaría pasar al menos?- Taylor sacó una placa del F.B.I de su
chaqueta. El portero abrió los ojos como platos.
-Si, pasen, por favor.- Les abrió la puerta automática e ingresaron.
Christian estaba sorprendido por el perfil de su chófer.
-No me mire así señor.
-Me sorprendes cada vez más. Tomaron un ascensor que los llevó al
piso donde debía vivir Cyara.
Taylor tocó la puerta. Nadie respondía. Le vio sacar el arma.
-¡¿Por qué traes una?!
-Precaución, señor Christian. Hoy en día no se puede confiar ni en una
cara bonita.-Le respondió. Pateó la puerta. El lugar lucía amueblado
como si habitara alguien pero no había nadie. Taylor entró a lo que era
una habitación, vio una melena pelirroja, alguien sentado en un sillón.
Se acercó a él y era simplemente un maniquí.
-Sabía que vendríamos.- Dijo Taylor.- ¿Cómo lo supo?- Taylor se rascó
la barba impaciente. Christian caminó hasta el maniquí, había una
carta que rezaba:

"No me busques más, déjame en paz. No soy para ti, ya te lo he dicho.


Y tu agente de la CIA, jamás podrá encontrarme. Sé cómo tapar mi
rastro, no insistas"
Christian arrugó el papel, tiró el sofá al piso de la impotencia.
-Señor, mejor sería que...
-¡No hay nada mejor, Taylor! ¡No estaré tranquilo hasta tenerla en mis
manos! ¡¿Te queda claro?!- Se pasó la mano sobre el cabello, la
frustración se había adueñado de nuevo.

Lo quería volver loco por ella, y lo estaba logrando.

Mientras lo hacía con su cliente, Cyara pensaba cómo habría sido la


reacción de Christian al ver que ella no vivía en tal lugar. Por un lado,
su oscuridad se alegraba en saber que él estaba obsesionado con
ella. Sonrió y se agazapó sobre aquel sujeto, con los ojos cerrados,
pensando en Christian.
Miércoles

Era un viejo apartamento que había mantenido amueblado con


amueblados baratos pero que reflejaban una buena posición social.
Taylor registró el lugar por completo, no había nada personal de ella,
en cuanto a papeles respectaba. Abrió el closet, había mucha ropa,
zapatos de taco de todos los modelos en cajas. Christian dio una
mirada al armario, robó un pañuelo de cuello.
-Si quiere jugar al gato y al ratón, estoy dispuesto.
-Señor... ¿Está realmente seguro lo que está haciendo? Ésta mujer
puede ser peligrosa.
-¡Taylor, Taylor! Eres como un hermano para mí y aprecio tu
preocupación. Sé muy bien lo que hago. Me ha cautivado y no pienso
dejarla huir tan fácil.
-¿Está tan enamorado? Hay tantas mujeres que se rendirían a usted...
-Ese es el problema. Todas se ofrecen. Ésta no. Tiene algo especial,
no sé qué es, pero me gusta. Es reservada, enigmática. Su misteriosa
actitud me excita.
Taylor frunció los labios, consternado y no muy convencido.
-Desearía poder comprender sus gustos, pero sólo soy su chófer y
guardaespaldas. La mujer es una criatura difícil de interpretar y si
fuera usted, a ésta señorita la dejaría en paz. Algo esconde.
-Todos escondemos algo, Taylor.- Alzó una ceja, recordándole que su
chófer también escondía su pasado.
-Lo mío fue meramente profesional. Me retiré. La señorita O'Neil. o
Avoy, como se llame... Puede correr peligro con ella.
-¡No exageres! Ni que fuera de la KGB. La tendré en mis brazos y en
cama, cueste lo que cueste.

Jueves

Taylor debía regresar a Seattle. Antes de irse, Christian le alcanzó un


móvil.
-Ten, así me tienes en contacto más fácil. Dile a mi madre que no
volveré hasta finales de mes. Taylor suspiró, sabía que no sería fácil
lidiar con Lydia Preston de Donnovan, la madre de Christian.
-Va a matarme cuando baje del avión sin usted.
-¡Lo comprenderá! Ya verás. Dile que estoy de descanso.
-¿Se creerá semejante mentira de quien más trabaja?
-Pues utiliza tu encanto para persuadirla. Le gustas, Taylor.- Su chófer
se ruborizó, se ajustó la corbata nervioso.
-¡En absoluto, señor!
-He notado cómo se miran. No soy idiota. Vete tranquilo, sabré
apañármelas solo.
-Cualquier cosa, llámeme.
-Lo haré. Te lo prometo.

Cyara fue al local de Tiffany a comprarse un par de aros nuevos. Le


antojaba de vez en cuando renovar su joyería. Kin la reconoció, estaba
seguro que la había visto en algún sitio de la red, pero con el cabello
diferente. Iba a colocar un chip de rastreo en la cartera blanca que
llevaba en el hombro. Ella, indecisa, estaba eligiendo el par de aretes.
Kin se apoyó cerca de ella. Cyara se enojó por dentro, contaba
mentalmente hasta diez, se giró y vio a un joven asiático alto de ojos
cafés y cabello largo, atado en una coleta.
-¡Discúlpeme, señorita!- Ella alzó la vista, frunció una pequeña sonrisa.
-Perdóneme a mí, me corrí demasiado hacia atrás.- Kin la miraba. Por
algo Christian estaba empecinado en tal mujer, era increíblemente
atractiva, delicada como un pétalo de flor, de lejos podía sentirse el
halo de perfume que llevaba.
-Si fuera usted, elegiría los dorados.-le indicó el par, ella los miró y
aprovechó arrojar el minúsculo chip dentro de la cartera.
-Tiene razón, son hermosos. Gracias, señor...
-Ukusama.- inventó el apellido, creado entre nombres de animé. Él se
fue de la tienda, caminó un buen trayecto y marcó el número de
Christian. Éste salía del aeropuerto, cuando su móvil sonó.
-Donnovan, ¿Quien habla?
-Soy yo.- Al oír la voz de Kin, los ojos le chispeaban de ansiedad.-
¿Qué encontraste de Cyara?
-La princesa de hielo está pescada.
-¡Háblame sin términos de freak informático, por favor!
-La tengo, Christian. Lleva un chip de rastreo, a donde vaya, la
encontrarás. Tu celular acaba de recibir la aplicación. Christian deslizó
el pulgar a otro sector de la pantalla, tenía un ícono nuevo.
-¡¿Cómo hiciste para que mi móvil...?!
-Cuando hablamos en el café.
-¡¿Cómo sabes que es ella si no tengo fotos?!
-Tengo mis medios. Lo importante ahora es que la puedes encontrar.
Debo irme, suerte.

Era tarde. Cyara se había ido a su verdadero apartamento a


cambiarse de ropa, quitarse su conjunto blanco y ponerse una blusa
de media manga azul y una falda gris que le quedaba un poco más de
la rodilla. No había podido negarse a la reunión con unas compañeras
del trabajo, Clare y Fiona, encargadas en el área de caja y atención al
público. Clare era una joven afroamericana en sus medianos treinta,
prometida con un agente federal, mientras que Clare era una solterona
en sus treinta que le gustaba salir de juergas.
Cyara no tenía amigas, pero no podía ser anti-social con ellas, sino
pensarían mal de ella y no le volverían a dirigir la palabra. Tuvo que
suspender una cita con uno de sus clientes para salir con ellas, lo cual
le molestó bastante ya que ese cliente iba a pagarle mucho.

Se arregló para lucir decente y fue al bar-resto de la calle Kennedy.


Llevaba una pequeña cartera negra al hombro. No conocía el lugar
muy bien, a lo mucho había estado allí tomando unas copas como
Condesa con un empresario de Shell hacía un año atrás.
Clare alzó la mano, estaba con Fiona en una mesa dorada y blanca
pequeña y unos asientos en forma de sillón. El lugar era elegante,
confortante.
-¡Viniste! ¡Pensamos que te habías negado a último momento!- dijo
Fiona.
-¡¿Cómo no iba a venir?!- era una gran actriz para mentir. Reía con
ellas y hablaban de cosas banales, como la moda y los chismes de la
farándula.
-¡¿Y cómo fue la cena de la vez pasada?!- preguntó Fiona.
-¡Fue maravillosa! ¡Un cuento de hadas! ¡Todos despampanantes y
vestidos de gala! ¡Qué pena que no fuiste! ¿Verdad que estuvo bueno,
Cyara?- preguntó Clare.
-¡Si! Todo salió muy bien.
-¡Los del banco alemán estaban para comérselos!- dijo Clare, Fiona
reía con ella.

Bastante gente comenzó a llegar. Cyara miraba rápido su reloj de


mano, las ocho rezaba. Pretendía escuchar cuando entre los hombres
que ingresaban, logró verle.
Christian andaba de jeans, campera de cuero negra, ceñida al cuerpo.
Cyara apretó los labios, pero disimuló bastante bien. Christian fingió
no haberla visto, pero afuera, por el vidrio del sitio, la había visto. Clare
siguió la vista de Cyara,
-¿Ese no es Donnovan del banco alemán?- Fiona se giró a mirar y su
amiga le pellizcó.- ¡No voltees, tonta!
-¡Auch! ¡¿Quién es?!
-El hijo del dueño de Donnovan & Smiths, la cadena de autos BMW,
en Seattle. ¡Si leyeras más el área de economía, sabrías de quien
hablo, Fiona!- le mostró el celular con la foto de él.
-¡Me lo voltearía en más de una noche! ¿Es casado?- preguntó Fiona,
antes de tomar su copa de whisky. Cyara había pedido un Martini pero
se le fue el apetito por su ritual de todos los miércoles apenas le vio.
Christian se comportó como un ligón con la chica que atendía, pidió
una entrada de salmón con lechugas y tomate y una Pepsi. Luego le
preguntó a la joven mesera si podía prender un habano.
"Está alardeando como un pavo real", se dijo Cyara. Volvía y venía su
vista a sus amigas y a Christian. Segundos más tarde, una mujer de
vestido rojo se sentó y le tapó la vista. Cyara apretó el pañuelo fuerte
en su regazo.
-No es casado. Tuvo varias, eso sí. Pero no le duró ni una.
-Entonces es un mujeriego narcisista.- No pudo evitar escupir sus
pensamientos.
-¡No creo! ¡La última iba a casarse con él!- Cyara prestó atención la
conversación en ese entonces.
-¡Oh! ¿Pero?- Fiona estaba enganchada en el cotilleo, mientras que
Cyara ladeaba la cabeza para verle, ya que la extraña mujer le
obstruía. Alcanzó ver a Christian hablándole al oído a la dama de rojo.
Su cara media tapada en la melena morena de aquella mujer la
llevaba a fantasear con él, cómo sería tenerlo debajo de ella,
abrazándolo, poder lamer ese torso y quién sabe qué más...

-¡Cyara!- le llamaron sus amigas


-¿Qué? ¿Qué pasa?
-¿Qué vas a pedir de comer? Yo tengo hambre.- dijo Fiona. El mesero
estaba con el anotador en la mano.
-No tengo hambre, otro Martini, por favor.
-¡No terminaste el primero y ya quieres otro!- le reprochó Clare. Cyara
se lo tomó de un sorbo e iba a comer la aceituna cuando sus ojos se
encontraron con los de Christian. Ella tomó el palillo y se introdujo la
aceituna con sensualidad, de tal manera que él lo notó.
-¿Christian? Te quedaste paralizado, querido.- le dijo la mujer, una
cualquier desconocida que había pagado para alardear.
-Ríete ahora y gime bajo. Te pagaré el doble de lo acordado.
-Hecho.- La mujer siguió sus instrucciones. Muchos se giraron al oírla
gemir. Cyara abrió los ojos como platos, se tomó su bebida de una
sola vez, lo dejó en su lugar aunque se le derramó un poco en el
vestido.
-¡Mierda!
-¡Ya te has soltado, Cyara!- Sus amigas empezaban a ponerse ebrias,
habían comido poco de sus ensaladas pero bebían alcohol en exceso.
-Iré al baño a limpiarme. Miró con furia a Christian, culpándolo de su
impertinencia.

-Ha surtido efecto, quédate aquí, ya regreso.- Le indicó Christian,


yendo tras Cyara. Él fue hasta el baño de damas, no había nadie.
Frunció el ceño y fue al de caballeros. Iba a orinar a una cabina pero
alguien le tironeó a una de las puertas de los retretes.
-¡¿Qué haces aquí?! ¡¿Cómo me encontraste?!-Le había puesto un
abrecartas al cuello.
-No importa cómo. ¿Te importaría bajar ese abrecartas? Ella lo bajó
hasta su entrepierna.
-Te dije que me dejaras en paz.
-No puedo.
-¡¿Por qué no?!
-Estoy loco de amor por ti.
-Yo no amo a nadie, mucho menos te amaría a ti.-Temía que le cortara
ahí abajo, pero se atrevió de besarla con deseo. El cuerpo de Cyara le
respondió en contra, el beso la sorprendió, haciendo caer la cuchilla.
Como una araña, se prendió a él, subiendo su falda mientras que
Christian pasaba sus manos en sus rosadas piernas.
La mezcla del alcohol, la adrenalina y el deseo la llevaron a besar a
Christian con más fuego y pasión. Le desabrochó el pantalón con
rapidez, metiendo su mano por dentro del bóxer.
-¿Esto quieres?
-Si. Te quiero a ti, Cyara, Es a ti.- dijo jadeante.
-No puedo. Iba a huir pero Christian puso su mano entre ella y la
puerta del cubículo.
-El amor no es mi especialidad. No manejo esa materia.
-¿Qué sabes manejar?
-Otras cosas. Si lo que buscas es amor conmigo, te equivocaste de
mujer. Le empujó pero él no se inmutó. La empujó a ella contra la
pared del baño.
-Me cansé de ser cortés contigo.
-¿Vas a abusar de mi? Gritaré.
-¿Lo harías?- Bajó la vista al pantalón medio abierto, su masculinidad
estaba excitada.
-¡Auxilio!- le tapó la boca con otro beso sorpresivo. Cyara le respondió
con una bofetada.
-Te lo diré una vez más. Déjame en paz.- Le cedió la puerta para que
se fuera.
"Te encontraré de todos modos", se dijo. Miró su móvil, la luz del
rastreador titilaba. Se iba alejando cada vez más.
Jueves, Seattle

Taylor seguía en su investigación a pesar que Christian le dijo de


abortará con su misión. Era innato, ya que había dedicado diez años
de su vida al servicio de inteligencia. Fue a un club VIP de Seattle,
donde se reuniría con una fuente.
La música dentro del oscuro pub era estridente.
Su teléfono sonó en su bolsillo.
-Disculpe Taylor, será mejor decírselo por teléfono.
-Sólo dígame qué sabe de Rose Avoy.
-Ese es su nombre real, Cyara Rose O´Neil Avoy. Nació en Sligo, fue
adoptada por un matrimonio Escocés.
-Eso ya lo sé. ¿Qué esconde?
-Es líder de una red de Condesas. Hay cientos de ellas en la red a lo
largo y ancho del país.
-¿Prostitución? ¿Vive de eso?
-Es más que eso. Son la base, entrenan a las novatas. Llámele como
quiera. Si fuera usted, dejaría de buscar a Rose. Es un peligro ante
cualquier hombre que se le cruce.
-¿Hay algo más que deba saber?
-Tiene un muerto en el placard. Un mal cliente con el que terminó mal.
Le mató y fui testigo. Me extorsionó que si hablaba, mandaría fotos a
mi esposa. Soy un hombre de la justicia, señor Taylor.
-Comprendo. Gracias por la información.- Colgó, cogió su abrigo,
maldiciendo. Christian corría peligro y debía protegerle a como dé
lugar.
Llegó a la mansión de los Donnovan, ingresando por la puerta del
servicio. Eran las seis de la madrugada. Prendió la luz de la cocina, se
asustó al ver a la madre de Christian despierta, vestida, con una
maleta y su campera de cuero.
-Señora.
-Buenos días, Taylor. Quisiera que me lleves a Washington.- Sus ojos
azules eran más intimidantes que los de Christian.
-¿Con qué motivo?
-Sabes muy bien. Lleva demasiado tiempo fuera de Seattle y me
preocupa. Iré a verle a ver qué tanto está haciendo en Washington.
-Negocios, mi señora. Está ocupado.
-¡Me importa un cuerno! Es mi hijo y voy a ir. Prepara el auto y vamos
al aeropuerto.
-¿Disculpe?
-Oíste bien. Vienes conmigo.

Cyara despertó luego de una alocada noche como Condesa. Su


cliente dormía aún, era joven, guapo. Se quedó mirándolo. Sin querer
se imaginó a Christian allí junto a ella. Arrugó el entrecejo, se levantó y
fue a bañarse. Se secó el cabello y volvió a ponerse la peluca rubia y
unas gafas. Sacudió al muchacho para que se despertara.
-Debes irte.
-¿Qué hora es?
-Las seis y media. Tengo otras cosas que hacer.
-¿Puedo llamarte?
-No estos días. Estaré ocupada. Si quieres otro encuentro,
coordinaremos el día y la hora.- Él le dio la suma y un poco más por
haberse quedado más de la hora pactada.
-Fuiste encantadora.
-Tu también.- dijo con frialdad.-Estaremos en contacto.- Cerró la
puerta, abrazando el fajo de dinero.-¡Si! ¡Si, si, si, si! Con esto acabaré
con la hipoteca y lo demás.-Lo guardó en el sitio de siempre, en una
vieja lunchera bajo su cama.

Christian aprovechaba su estadía en Washington para hacer más


tratos con otras empresas, representando la embestidura de
Donnovan & Smith. Vestido informal con una campera de cuero nueva
que se antojó en comprar, con lentes de sol, una camiseta azul, jeans
y zapatos, caminaba con destino al hotel cuando le pareció ver un auto
en el que conducía Taylor. Un custodio salió del coche y abrió la
puerta. Una señora vestida de blanco con sombrero descendió del
automóvil.
-¡¿Madre?! ¿Qué haces aquí?
-Vine a verte. ¿Acaso no puedo? ¿Qué tanto haces aquí? ¿Es una
mujer?- Su madre era demasiado intuitiva.
-¿No te parece que ya estoy grande para que me vigiles?
-Cuido tu bienestar. Llevas mucho tiempo solo y si es una mujer el
motivo por el que sigues aquí, me gustaría conocerla, es todo.
-Madre... Es una situación compleja.-Miró a Taylor bajar del auto, con
unas ojeras importantes. Le tiró del brazo y le habló al oído.-Te dije
que la mantuvieras en casa.
-Su madre insistió.
-¡¿No podías decir que no?!
-¡Taylor hace lo que le ordeno! Pienso quedarme hasta que te decidas
en volver a Seattle. Con o sin novia, te vendrás conmigo.

Viernes (madrugada)

Taylor se cuidó de no hacer ruido en su suite. Entró sigilosamente al


cuarto de la madre de Christian, a quien sedó para que durmiera por
más tiempo. La miró antes de irse, le acarició la mejilla y le dio un
beso en la frente.
-Lo siento, Angela. Pero debo cuidar de él y de ti. Son lo único que me
queda. Te amo.- Le dijo, dándole un beso en los labios.
Fue al cuarto de Christian, quien dormía también. Sabía que solía
despertarse a eso de las cuatro a tomar agua, le dejó una pastilla de
sueño deshacerse en su vaso en la mesa de luz.

Esa noche se disponía en investigar en clubs y cabarets en averiguar


más sobre Cyara. Llegó hasta un club de nombre "Echantress". Por el
nombre, intuía que allí sería la base donde ella trabajaría de noche.
El lugar estaba lleno de la juventud de Washington, algunos
consumiendo éxtasis y alcohol, otros fornicando en las zonas oscuras,
y los de sector V.I.P colocándose con heroína. Mostró la foto que
había encontrado en una página XXX a varias bailarinas hasta que
una aceptó hablar con él. Era una mujer joven, de unos veinte y ocho
años, rubia, musculosa, vestida de cuero de pies a cabeza, botas,
falda y top.
Se presentó a Taylor como Regina, su nombre falso.
-La conozco. Rose, esa mujer es increíblemente buena en lo que
hace. Nos ha superado a todas en número de clientes. Y no hablo sólo
de sadomaso, es habilidosa en todo.
-No me interesa el servicio que ofrece. ¿Qué sabes de su pasado?
-Su padre era alcohólico, murió de cirrosis. Su padrastro abusó de ella
cuando tenía diez y le mató de un tiro en la frente.
-¿Qué hay de Robert Prince?
-No puedo hablar de eso.
-Por favor. Necesito saber. Mi hijo se ha enamorado de ella y temo que
corra peligro con ella.- Mintió para poder convencerla que hablara.
-Está bien. Robert Prince intentó dominarla por la fuerza, una regla
que está prohibida si la que manda es la Condesa. La golpeó hasta
romperle la nariz. Tuvo que tomar medidas drásticas y le mató en
defensa. Ei se encargó de borrar y limpiar todo.
-¿Ei?
-Quien armó todo. Escuche, ya bastante tengo con ser el cebo del FBI
como para que usted también me utilice de informante.- Taylor le dio
una tarjeta de la pequeña empresa de custodia que manejaba.
-Llame a Walls, dígale que va de parte de Jason Taylor. Le daré
protección por si en algún momento corre peligro.- Ella miró la tarjeta,
quiso llorar pero se contuvo.
-Rose no es una mala mujer, pasó por mucho y es lo que es por eso.
Ei le dio una vida mejor y pudo estudiar gracias a él. Sus padres
adoptivos son de escasos recursos y ella aspira a más, Ei le ofreció
mucho, ella, a cambio, sigue trabajando para él para devolverle peso
por peso lo que le mantuvo en la universidad y ahora en un postgrado.
-¿Acaso no gana bien en el banco?
-Sus padres actuales son un asco, y le demandan dinero por la
hipoteca y una pequeña adolescente que tienen en custodia. No hay
dinero que le alcance si tiene unos padres adoptivos que quieren que
pague todo. Además, está acostumbrada a esto. Es su mundo.
-Gracias, Regina.
-Si su hijo es bueno con ella, me temo que no querrá nada serio. Rose
no se ata con nadie, no es una mujer como para casarse- Taylor bajó
la mirada.
-Aprecio su sinceridad.

Viernes, mediodía.

Angela Donnovan abrió las cortinas de par en par en el cuarto de hotel


de su hijo. Christian gruñó, con los ojos entrecerrados. Se tocó el
pecho, recordando que dormía sin camiseta, solo con bóxer.
-¡Angela!- le llamaba así cuando se enojaba.
-¡Andrew Christian Jace! ¡Levántate que vamos a buscar a tu chica
misteriosa! Por cierto, ¿Cómo se llama? Dime al menos que
conseguiste su nombre y celular.
-¿Taylor te dijo algo?
-No. Salió temprano, creo. Su cama está hecha.
-¿Entraste a su cuarto sin su permiso?
-¡Es mi empleado! Y como su patrona, hago lo que me plazca. Le dejé
una colonia nueva, ya no le quedaba mucha en la del bolso.
-¡¿Cuándo va a ser el día que formalicen en serio?!- Se había puesto
un jean y se colocaba una camisa color crema mientras ella seguía
abriendo las cortinas.
-Nos llevamos bien así. A él le gusta mantener esa "formalidad". A mí,
me encanta sentirme como en "El Guardaespaldas", claro que Taylor
es más apuesto que Kevin Costner...
-¡Listo! ¡No quiero oírte más!
-¡Es mucho mejor en la cama que lo que era tu padre, que Dios lo
tenga en la gloria!
-¡¡Madre!! Es veinte años menos que papá, es obvio que es... Eso.
-¡Ay, hijo! No seas tan escueto y habla en concreto. ¡¿En qué siglo te
criaste?! ¡Parece que más que treinta y algo tuvieras setenta! ¡Taylor
lo tiene más grande que tu padre, eso pasa y me satisface mejor!
-¡La, la, la, la! Pretenderé que no escuché eso. ¡Dios! Me iré a comer
algo. Su madre tomó el viejo periódico donde salían él y Cyara,
-¿Es ésta? Mmm... Se ve tierna, me gusta. Aunque hoy en día
desconfío de las mojigatas, son de lo peor.
-¡Mamá!- le quitó el diario de un tirón.
-¡Aah! Con que es esa. ¿La del staff de Matthews?
¿Durmieron juntos después de esa hermosa velada?
-No, madre.
-¡Ay! ¡Tú siempre tan corto! ¡Ya no estamos en la edad media! ¡Deja
esa estupidez del cortejo y ve al grano!
-No soy como tú.- Angela se sentó en una silla y le miró.
-Claro que no. Saliste así a tu padre, un caballero de armadura, no
como el ligón de Lancelot, sino todo un Rey Arturo, demasiado fiel y
romántico. ¿Quieres que te recuerde a dónde te llevó lo leal y cortés?
Te plantaron en un altar mientras la novia tenía sexo oral con tu mejor
amigo.
-No volveré a discutir contigo ese tema, es del pasado.
-¿Y con ésta chica, qué? Tiene treinta y dos, como tú.
¿Cuál es el problema?
-¡Ella huye de mí! No sé qué tengo que se rehúsa a tener algo
conmigo.
-¡Entonces es una total idiota! ¡Busca otra!
-No puedo.
-¡¿Por qué no?!- Christian miraba al suelo y luego a su madre.
-Porque la amo. Estoy locamente enamorado. No puedo quitármela de
la cabeza. La besé una vez y desde ese entonces no puedo...- Su
madre se quedó pensando con sus ojos azules clavados en los de su
hijo. Se puso de pie de un brinco.
-Ese brillo en tus ojos me dice la verdad. Te hechizó esa joven. Pues
ve a por ella. Esto es como la pesca, hijo. Con calma y paciencia,
verás que picará el anzuelo.- Cogió el diario de la cama, la analizó
hasta la vista. Notó algo duro en su mirar en la dureza de la
mandíbula.
-Se nota que es una mujer indomable, tenaz. Pero todas tenemos una
parte que nos hace doblegar. Si no es la entrega de amor, quizá sea
otra cosa, como buscar protección, cariño, buen trato. Voy a ayudarte
a encontrarla.- Se acercó a él y posó su mano en su mejilla izquierda.
-Me estoy haciendo más vieja y no quiero morir sabiendo que estás
solo y sin descendencia. Si la amas con todo tu corazón, lucha por
ella.
-Gracias, mamá. Pensé que no entenderías el por qué de que
estuviera aquí tanto tiempo.
-¡Si me hubieras dicho antes, ya hoy te habría casado!

En el lobby encontraron a Taylor desayunando. Angela se puso las


manos a la cintura, mirándolo como si fuera un niño.
-¡¿Nos dejaste dormir tarde y ni siquiera nos dejaste desayuno en las
suite?!
-Lo siento, señora. Tenía asuntos que resolver.
-¿De la agencia? ¿Se enteraron que estás...?
-¡Sh! Mamá... - Christian le pidió que se callase.
-No. Es respecto a Cyara.- Angela se fue a pedir a la recepción unos
cafés con medialunas.

-¿Qué descubriste?
-Sale a bailar a veces a estos clubs.- Le mostró los panfletos y el de
"Enchantress"- Recurre más a éste, y por lo que me dijeron, será ésta
noche, antes de la una.
-¡Eres un genio, Taylor!
-Como hombre y padre que fui, te pido que por favor tengas cuidado.
-Lo tendré. Taylor, entiéndeme, por favor. Ésta mujer ha hecho algo en
mí que ninguna otra ha podido.
-Si se refiere a que se le escapa con facilidad...
-Estoy adicto a ella. La besé ese día en el ascensor y desde entonces
no puedo vivir. Notaron que su madre no volvía cuando la vieron que
salía. Angela se envolvió el cuello con su pañuelo blanco y se puso
sus gafas.
-¡¿Y bien?! ¡¿Qué están esperando, señoritas?! ¡Vamos a buscar a
Cyara, entonces! Taylor, tu conduces.
-Si, mi señora.- Christian se reía por la renovada actitud de su madre.
Le había sorprendido ya que tiempo atrás había sido más severa.
Desconocía el motivo de tan rápido cambio.

Cyara parecía como una aguja en el pajar. Parecía que de día no


hacía nada. No había registros de compras por ninguna parte. Taylor
se encargaba de preguntar si pagaba con tarjeta y si era bajo el
nombre de Rose Avoy. El chip de rastreo se averió días atrás, era por
ello que ahora la búsqueda era más difícil.

Diez de la noche, club "Enchantess"

Cyara empujó a Regina contra el lavabo.


-¡¿Qué le dijiste?!
-¡No mucho! ¡Rose, me estás lastimando!
-¡Pete me dijo que te vio hablar con un hombre sobre mí! ¡Habla o te
doblaré el brazo más que ahora! Regina le pateó hasta liberarse, le
devolvió la cachetada. Ella era más alta que Cyara y corpulenta. No
tuvo remedio que sacar su cortaplumas.
-¡Retrocede o te clavaré esto sin pestañear!
-¡Soy la única amiga que tienes aquí, Cyara! ¡Piénsalo!
-Nunca tuve amigas antes, menos tendré ahora.-Le clavó despacio el
puñal, dejándola con cuidado en el suelo.
-¡Ah!
-Perdóname.
-Ojalá te vayas al infierno, Cyara. Por guardar tu secreto, te estás
llevando más muertos que vivos.- Regina se debilitó y quedó
inconsciente. La herida comenzaba a emanar sangre, la arrastró hasta
una cabina de baño, donde la dejó sentada, apoyada a un costado.
Buscó un trapeador para limpiar la mancha del piso.

Angela avanzaba hacia aquel club. Christian y Taylor avanzaron el


paso para alcanzarla.
-¡Vigila a mi madre!
-¡Sabe cuidarse sola! ¡Iré con usted!
-¡Taylor, no! ¡Obedece una vez!- lo tomó del brazo.
-¡Escúchame, maldición!- Taylor le empujó.- ¡Llevo más años en esta
vida que tu, muchacho! Le prometí a tu padre que te cuidaría de
cualquier peligro, inclusive de una mujer.- Christian vio a su madre en
la barra tomando un brandy.
-¡No maltrates a Taylor!- Se bajó de la silla y caminó hacia ellos.- ¡Te
ha cuidado como un padre! ¡Vuelves a levantarle la voz y no
responderé de mí! Taylor, acompáñale, yo estaré bien.- Bebió su copa
de brandy hasta el fondo.- ¡Quiero divertirme! Ustedes hagan lo suyo.-
Decía mientras movía los hombros al compás del reggaetón.

Ei Neal observaba desde el piso superior la actividad de la disco. En


minutos abría la parte oculta de "Enchantress". Era un hombre en sus
sesenta, calvo, de ojos grises. Cyara se acercó sigilosa a él, como una
felina domesticada.
-¿Todo bien, mi querida Rose?
-Si, todo en orden.
-La próxima vez, limpia mejor el baño. Comienza a aprender a dejar
sin rastros, ¿Quieres?
-Si, señor. - Se giró y tomó su cara.
-No, cariño. No me digas señor.
-Ei.
-Así está mejor.-La besó ansioso hasta saciarse lo suficiente.- Ve a
arreglarte, en un par de minutos, empieza tu ronda.- Le dijo al oído, sin
antes pasar su mano por su espalda hasta ingresar sus dedos por
dentro del escote.
-¿Estás de buenos días o de los malos?
-Buenos.- Él tragó saliva, se mordió la boca y se rascó la barbilla.- Te
falta todavía pagar conmigo tus estudios... Si no es en dinero, ya
sabes... - Cyara apretó la mandíbula.
-Dígame cuándo y la hora.
-Mañana, medianoche, el lugar de siempre. Ponte ese perfume que
me encanta.
-De acuerdo, Ei. ¿Puedo irme ya?
-Puedes irte.- Le miró por detrás mientras caminaba.

Las luces se apagaron súbitamente. Taylor estaba lejos de Christian


pero hicieron contacto visual para no perderse. Se encendió un foco
rojo que iluminó un caño de poledance, donde una mujer de cabellera
roja larga hasta la cintura y antifaz negro comenzó a bailar.
Christian caminó más para ver de cerca. No era Cyara pero el cabello
le hizo recordar a ella. La rutina fue simple y sin mucha acrobacia
hasta que las luces se fueron a otro sector más alto, a una jaula.
La bailarina se movía como una araña, parada sobre el techo de acero
de la jaula, vestida de un rojo intenso, una lencería negra que cubría
sus piernas. No llevaba peluca, sino su cabello natural.
Taylor siguió la vista anonadada de Christian hasta ella, en efecto, esa
era la famosa Rose Avoy. Su rutina era impactante ya que descendía
hasta un caño en el que hacía movimientos y giros como bailarina de
torneo.
Christian estaba hipnotizado, no pestañeaba, no quería perder un
momento sin mirarla porque no sabía si iba a volver a verla de nuevo.
Fue en un instante cuando ella se detuvo al verle allí.
"¡¿Cómo mierda supo este lugar?!", se dijo. Miró al otro lado, vio a
Taylor. Hizo unos trucos más hasta lanzar una bomba de humo para
huir. Taylor corrió hasta la puerta de emergencia. Se odió así mismo
porque le faltaba el aliento, ya estaba viejo para correr tanto.
Se encontró con un callejón y containers de basura. Había uno que
desprendía un olor nauseabundo. Lo abrió. Había una bolsa negra, vio
una muñeca con un tattoo de un águila. Recordó que Regina tenía uno
así.
-¡Mierda!
-¡No voltee!- Cyara le apuntaba con la cuchilla. La vio con el rabillo
que temblaba, la tiró al suelo de una trompada. Cyara se limpió la
sangre del labio, iba a coger su móvil cuando Taylor empuñó su arma.
-¡Las manos en alto! Donde pueda verlas- Taylor le quitó el móvil.
-¿De ésta manera me encuentra Donnovan? se puso de pie.
-Mi jefe está obsesionado con usted, Cyara Rose O'Neil Avoy,
adoptada por Escoses, abandonada en Sligo a la edad de diez.
Abusada por su padrastro, quien dos años después apareció muerto.
¿Su primer cadáver? Me olvidaba, le seguía Robert Prince, hijo del
senador Wallace de Michigan.- Ella se asustó, Taylor había averiguado
todo sobre ella.- En la red Enchanted entró como novata hasta
ascender a Condesa, Ei es el líder de la red, un mafioso de Wisconsin
que le dio todo para solventar su universidad ¿Me equivoco?. Esto y
mucho más sé de usted.
-¿Le ha dicho todo esto a Christian?
-No. Pero se lo dirá usted en persona.-
-De acuerdo, baje el arma que me pone nerviosa. Se sacó los zapatos.
Taylor descendió un poco los brazos. Con rapidez, ella tomó con
fuerza el zapato, forcejearon hasta que cayeron al suelo. Cyara le
clavó el taco al cuello.
-¡Aa!
-Lo siento, pero nadie puede saberlo. Mucho menos Christian.-Taylor
se apretó la herida con ambas manos.
-Entonces si le interesa... ¿Está tan loca de amor como él está por
usted?- Ella le miró en el suelo.
-¿Loco de amor?
-¡Me ha oído bien! ¡Está obsesionado!- Volvió a colocarse el zapato, le
pateó el celular así llamara al 911.
-¿No va a matarme como todos los que saben su secreto?
-Usted fingió su muerte para cambiar de trabajo y la C.I.A no lo sabe.-
Taylor la miraba con odio.- ¿Ve? Yo también tengo mis recursos.
Guardaré su secreto como usted el mío. Llega a decir una palabra a
Christian, llamaré a la C.I.A y les diré que Jasón Taylor está vivo.
-Maldita- susurró- Llega a poner sus manos sobre Christian, le juro
que...
-No está en posición de amenazarme.- Quiso quitarle la mano para
que perdiera sangre cuando le pareció ver a Christian de lejos.
-¡¿Taylor?!- Ella huyó. Christian corrió hacia Taylor, su madre le seguía
y gritó al ver a Taylor casi inconsciente.
-¡Taylor! ¡Resiste, Taylor! ¡¿Quién era esa mujer?! ¡¿Era ella?! ¡¿Ella
te hizo esto?! No la vi del todo.
-No era ella. Alguien de mi pasado- Dijo, con su vista clavada en la
prófuga. Angela llamó al 911, luego de ello, se quitó su pañuelo y lo
envolvió en el cuello de él.
-¡No te irás, Jason! ¡Te lo prohíbo!
-Estaré bien, Angela.- Ella le tomó la mano ensangrentada. Taylor se
desmayó. Segundos después, llegó la ambulancia y le llevaron.
Christian mandó a su madre. Él se quedaba.

Si había sido Cyara capaz de lastimar a quien quería como un padre,


su obsesión se tornaría en venganza.
Ella cruzó la línea, lastimando a su mano derecha.
Cyara se resguardó más lejos, se apoyó al frío concreto.

-Va a odiarme por esto. Que sea así y me olvide para siempre.- Se
dijo.

Hospital de Washington

Christian fue a ver a Taylor. Su madre estaba en una silla dormida.


Había estado cuidando de él toda la noche. Él suspiró, se sentó en la
silla vacía junto a la cama.
-¿Por qué no me dijiste la verdad de Cyara? He leído tus papeles.-
Taylor abrió despacio los ojos, habló bajo.
-Quería protegerte.
-Perdóname. Debí hacerte caso.- Taylor tosió, ladeó la cabeza.
-¿Qué vas a hacer ahora que sabes que es una Condesa?
-Le enfrentaré de una vez por todas. Te hizo daño y no me lo
perdonaré nunca.
Club Enchantress

-¡¿Se puede saber por qué huiste a treinta minutos de terminar la


rutina?!- Ei estaba furioso- ¡¿Acaso no sabes cuantos clientes
frustrados perdí?!
-Lo siento. Fue un percance.
-¡Que no vuelva a suceder! ¡Por lo de anoche, aumentaré tu deuda!
-¡¿Qué?! ¡¡No!!- protestó.
-¡¿Qué dijiste?!- Cyara permaneció callada. Le dio una cachetada que
la hizo caer con silla y todo.
-¡No quiero oírte decirme no otra vez! Si no, tu prima y padres
adoptivos terminarán en una zanja. ¿Entendido?
-Si, Ei.
-Ahora, quítate la ropa.

Sábado en la madrugada, Club Enchantress

El Club aún no abría. Ei, en su despacho, conversaba con el alcalde,


un hombre mayor que él, un poco excedido de peso, de ojos celestes
y cabello negro teñido.
-Escuché por ahí que Regina no trabaja más.
-No, me temo que no. La despedí, era una pobre muchacha que no
respetaba mis condiciones. Rose es la única, tu sabes. Ella es el
ejemplo que todas han de seguir, es intachable, perfecta en lo suyo,
delicada como una flor exótica.- Decía Ei mientras contemplaba a
través del cristal cómo ella ensayaba vestida de jogging.- Fue una de
mis primeras Condesas.
-Me gustaría probarla, si es que me permites.
-Me encantaría, pero ella es exclusiva para determinados clientes. No
es que no seas del status, pero... No encajas en el rubro donde ella se
especializa.
-Ah. O sea que atiende a empresarios, abogados, jueces, comisarios,
me imagino.
-¡Exacto!- le dio un palmo en el hombro.- Necesito que tu gente me
averigüe quiénes eran los dos hombres que figuran en la cámara de
seguridad de anoche- Le entregó un DVD.- Uno de ellos persiguió a
Rose y el otro me llama la atención. Es joven, de unos treinta y algo.
¿Me harías este gran favor?
-¿A cambio de qué?
-Podría buscar la posibilidad de persuadir a Rose que te agregue a su
lista. ¿Qué te parece?- Le tendió la mano.- Eso sí, ella pide caro por
sus servicios.
-Puedo sacar de las arcas o de los impuestos, no te preocupes.

Taylor estaba practicando tiro, en lo que era el sector del F.B.I, donde
un amigo suyo le brindó espacio para ello. Tenía el ego herido, había
sido tan ingenuo y sólo por un taco de aguja estuvo a punto de morir.
Christian caminó sin hacer ruido. Taylor estaba en alerta, por poco y
casi dispara el gatillo.
-¡Avisa, maldición! Lo siento, yo...
-Me gustaría que me vuelvas a enseñar.
-No. Ya no estoy para ser tu maestro. Sabes disparar desde los
quince, Christian. No le he dicho esto a tu madre pero he de volver a la
agencia. Si éste bastardo es el mismo Ei que forma parte de la red de
tratas en Brasil, debo atraparle. Tiene a la ley y a la policía local
comiendo de su mano.
-La agencia va a hacerte pedazos por fingir tu muerte.
-No lo creo. No si tengo información suficiente y la evidencia a mano
para que me ayuden a capturarle.
-No volverás con nosotros.
-Me temo que no. Haré esto sólo por ti, no por ella.- dijo, refiriéndose a
Cyara.-Quiero verte feliz, y si crees que ella es la indicada, haré lo que
tenga a mi alcance para liberarla de ese bastardo proxeneta. Podrías
pedir ayuda a tu medio hermano.
-¿Garreth? No lo creo.
-Está trabajando para S.W.A.T. Debo recopilar aún datos más precisos
y de momento tenerlo a él de fuente.
-No nos hablamos desde la muerte de papá.
-Lo sé, pero es mayor que tú y podría darte una mano. Piénsalo.

Cyara buscó su traje para probar el caño con el puesto. Eran


pantalones negros, zapatos de un taco alto fino y un saco con su
pañuelo turmalina encima, sin corpiño de por medio. Se puso la
chaqueta y vio a Ei por el espejo.
-¿Te molesta que no toque?
-En absoluto.- Pestañeó rápido, buscó su necessaire para retocar su
maquillaje.
-Te ves bien con poco. Con o sin make-up, tu rostro ya es perfecto.-
Pasó su mano de su cuello hasta entre sus pechos.- ¿Alguna vez
tuviste miedo de mi?
-No.
-Entonces... ¿Por qué ahora te noto tan distante? ¿Hay algún hombre
en esa coraza? Me dolería mucho saber que haya alguien por encima
de mí.- Cyara bajó la vista.
-Hipotéticamente... Si ocurriera algo como eso...
-¿Alguien más?
-Si. ¿Cuáles serían las consecuencias?- Ei arrugó el ceño, se cruzó de
brazos, apoyándose en la puerta del placard. Ella alzó la vista.
-Me parece que se te olvidaron algunos términos. ¿Acaso no leíste
antes de firmar el contrato, Rose? ¿No pensabas en lo que estabas
haciendo?
Eres mía desde que firmaste. No hay manera que puedas tener un
hombre para ti sola.
-Sólo decía una hipótesis...
-No. Ni ejecutes conjeturas. No vas a salir de esto. O si lograrás
escapar, la única vía será en una fosa. Mira a Hannah, era de Sligo,
como tú. Quiso novio, lo tuvo. Murieron juntos tratando de huir de mí.
De Regina, lo hiciste tú y me sacaste un estorbo de encima, era un
topo de los federales. Ya no tendré más problemas gracias a ti. Somos
casi iguales, tu y yo, mi bella Rose. ¿Quién podría en su sano juicio
amarte tal como eres? Fría, calculadora, solitaria, malvada. Dime
¿Quién?
-Nadie.
-¡Muy bien! Acuérdate siempre de ésta conversación. ¡Uf! Me urge.
Date vuelta, contra la pared y bájate la falda.- Cyara apretó los ojos,
cerró sus manos en puños, rezando para que lo hiciera rápido y se
fuera.
-¡Ah! Me siento liberado. Lávate y regresa a lo que estabas haciendo.-
Cerró la puerta con el seguro, se acurrucó hasta caer al suelo,
llorando.

Christian odiaba la propuesta de Taylor en acudir a su medio hermano,


Garreth, el arrogante agente del escuadrón especial de policía. Por
otro lado, su cabeza no dejaba de repetir lo dicho por Taylor, que gente
de la ley y la fuerza acudían a dichas redes de prostitución. Imaginarse
a su medio hermano con Cyara le descomponía.
La puerta del café sonó con la campanilla. Un hombre alto de cabello
negro más corto que Christian, con cazadora azul y camisa de jean
con su pantalón negro de uniforme se sentó frente a él.
-¡Pequeño Jace! ¡¿Cuándo nos vimos por última vez?!
-Cuando enterramos a papá.
-Claro. Si. Dime ¿En qué puedo ayudarte?
-Quiero que irrumpas en el club de Enchantress y arrestes a Ei.
-¿Con autorización de quién? Chris, no puedo sin una orden de un
juez, o de los feds, o de cualquier superior. SWAT no opera sin una
orden previa.- Christian se levantó.
-¡Fui un idiota en llamarte! Sabía que no me servirías.
-Esto no es Seattle, Chris. Tú manejas allá con tu madre. Washington
es tierra de nadie, los poderosos manejan todo. Vete a casa, no
pierdas el tiempo en ésta ciudad. Aquí, las cartas ya están lanzadas.
¿Comprendes?- Había algo diferente en Garreth. Le vio un tatuaje raro
que salía de la manga.
-Pensé que en SWAT no permitían tatuajes.- Garreth no respondió.
Christian se fue de allí, volvería con Taylor, era el único en quien podía
confiar.

Garreth esperaba a alguien más allí. El alcalde Lions se sentó donde


segundos atrás se había sentado Christian.
-¿Y bien?
-¿Y bien a cambio del dinero y mi transferencia a Chicago, señor
alcalde?
-¡Tranquilo, Garreth! Ei ya tiene todo para ti. ¿Era ese el del video?
-Si. Podría llevárselo a Ei en bandeja. Es mi pequeño medio hermano.
-Excelente.

10:00 PM

Taylor regañaba entre dientes regresar a ese club.


-Llámame por el handie. No quiero ver a esa muchacha.
¿Si me hubiera matado, la hubieras seguido buscando igual?-
Christian se mordió el labio.
-Tu muerte no me habría impedido en ir a por ella. La amo.
-¡Claro, está bien! Del chófer nadie lloraría.
-Yo si.- Angela apareció vestida de negro, como sacada de una
película de espías.
-¡¡Mamá!! ¡Te dije que te quedaras en el hotel!
-Puedo distraer al viejo éste... Y ustedes sacan a la chica...
-¡No me digas...! ¡Entraste a mi suite y leíste mis papeles! ¡¡Qué
familia de metiches!
-¡¡Para ser de la C.I.A eres demasiado confiado en los que te rodean!!
Debiste dejar tu puerta con llave.- le retó ella.-¡¡Quiero ayudar!!
-Angela, es un hombre peligroso. No voy a ponerte en riesgo
semejante.- dijo Taylor.
-¡Tu CV decía que eras peligroso y con un taco de zapato te caíste al
piso! ¡Muy patético!
-¡Mamá, basta!
-Diré que tengo un cabaret y que necesito chicas. ¡Se las compro a
todas, las libero, fin del problema!- Taylor puso los ojos en blanco.
-Ojalá fuera tan fácil. Aunque no es un mal plan para empezar.
-¡¡Taylor, estamos hablando de mamá!!
-¡¿Qué tengo de malo?! ¡Ay, mejor voy ya! Si ustedes no se ponen de
acuerdo...- Caminó con elegancia, se quitó la parte de arriba de su
traje de superagente, dejando una blusa negra y su collar de perlas.
-¡Cuida que Ei no le haga nada!- Al entrar ya había espectáculo. La
música de las Pussycats Dolls era potente. Cyara bailaba a ojos
cerrados, con su traje negro y su pañuelo, con otras chicas menores
de edad, se podía notar la diferencia por el desarrollo de sus cuerpos
en comparación con Cyara.
Había un público mayoritariamente masculino.
Angela movía la cabeza en desaprobación al ver hombres de todas las
edades mirando como babosos.
-Asco me dan.- murmuró en voz baja. Taylor la escoltaba hasta el piso
superior.
-Buenas noches, quisiera hablar con el dueño.
-¿De parte de quien?- preguntó un custodio.
-De...
-Lydia Huges.- dijo Taylor.- Los guardaespaldas se miraron entre si y
abrieron la puerta de vidrio. Ei estaba aferrado a la barandilla, se giró y
prestó atención a Angela.
-¡Vaya! Entre la oscuridad veo un jazmín. Angela liberó una risa
inocente, sacó su abanico por el calor que le dio el piropo.
-¡Gracias por el cumplido!
-Un placer para mí. Hace tiempo que no veo una flor de mi época.-
Rieron a la vez. Taylor se mantenía alerta, tenía su auricular
encendido, conectado a seis móviles de la agencia en caso de que
algo saliera mal.

Christian siguió a Cyara, cada paso que hacía. Ella miró hacia arriba,
Ei no estaba vigilándola. Descendió sus ojos a los de Christian.
Caminó hacia él y le dejó el pañuelo al cuello. Se quitó el saco, quedó
con la camisa que llevaba abierta, transparente por la que veían sus
pequeños pechos. De su cuello colgaba un collar que llegaba hasta su
ombligo. Movía sus caderas como serpiente. Se liberó más al saber
que Ei no estaría mirándola. Christian la vio sonreír, como feliz para
él.

Garreth apareció detrás de Taylor, apuntándole a la nuca.


-¡Jason, el peón de los Donnovan! ¡El padre postizo del niño mimado!
-Garreth. Estas en esto también. ¿Por qué no me sorprende? Cierto,
eres un policía corrupto.
Angela se asustó. Ei no le hizo nada a ella pero antes que lo intentara
rompió la botella de vino, agarró a Ei y uso el pedazo como arma.
-¡Le disparas a Jason, lo mato a él!- gritó Angela.
-¡¿En qué te metiste Angela, por tu estúpido hijo?!- le dijo Garreth.-
Vinieron a morir ¿Con qué fin? ¿Liberar a una cualquiera?
-Angela... ¿Recuerdas el tango?- le dijo Taylor. Ella frunció una
sonrisa.
-¡Cómo no olvidarlo!- Angela pasó el vidrio por la cara de Ei,
arrojándose a un lugar seguro. Taylor se giró, pateó a Garreth. Aún
podía defenderse con el karate, sin embargo, Garreth se lo devolvió
peor. Ei se arrastraba para escapar pero Angela le lanzó un jarro en la
cabeza.
-Espero no haberlo matado.- Hurgó en el escritorio por si había un
arma. Encontró un revólver calibre 39. Extendió sus brazos y colocó el
arma contra la espalda de Garreth.
-¡No te muevas! ¡Siempre quise decir eso!
Taylor cansado le dio un golpe knock out a Garreth.
-¿Y Ei?- Angela se volteó.
-¡Mierda! ¡Se escapó!

Cyara estaba por terminar su rutina de striptease cuando fuerzas de la


agencia vestidos como federales irrumpieron el lugar. Christian
aprovechó el caos, se quitó la chaqueta, le cubrió el torso desnudo.
-Ven conmigo.- Ella al principio se petrificó.
-No puedo.
-¡Es ahora o nunca! ¡Reacciona, Cyara!- La sacudió hasta fue capaz
de correr con él.
-Taylor metió en el coche a Angela, aceleró hasta estar seguros. Llamó
al handie a Christian.
-¡¿Dónde están?!
-A salvo, estaremos bien.- Cyara caminó unos pasos lejos de él. Había
alcanzado en coger su cartera y una blusa negra. Le dio la espalda
para vestirse. Él la miró de reojo.
-Ya sabes lo que hago, por ende, intuyo que sabes todo. ¿No?
-Si.
-Lamento lo de tu guardaespaldas, no quería que...
-¿Supiera tu vida nocturna?
-Tú nunca viviste sin comida, sin abrigo. No lo entenderías. Hago esto
por mis propios motivos.
-Déjame enfrentar éste mundo a tu lado. No puedes vivir así. Esto no
es vida, es cautiverio. Déjame entrar en tu mundo, sólo así podré
entender y ayudarte.
Te amo demasiado. Me encandilaste desde aquel beso en el ascensor
y eres como la nicotina en mis pulmones.
-¡No, no quiero oírte más! Debo irme a casa.- Lo impacientaba, la
sacudió y atrajo más a él.
-¡Vas a escucharme porque estoy cansado que te me escapes! Me
tienes hipnotizado, no tengo control de mí. Estoy dependiente de ti,
quiero volverme adicto a tu piel, fallecer sobre ti.- Ella estaba agotada,
apoyó su cabeza a su pecho.
-Ya no puedo más con esto...
Si puedes... Si quieres... Has que el hielo en mi se convierta en fuego
de nuevo. No quisiera sentir contigo, pero no puedo evitarlo, Christian.
No puedo.
-Entonces déjame amarte.- Entrecerraron sus ojos, acercándose cada
vez más hasta fundir sus labios en un tierno beso sin lenguas ni
pasión de por medio, sólo amor puro.

En casa de ella, el tiempo distante y el deseo de estar juntos ocurrió


esa noche. Encendidos en el deseo, se abrazaron, en medio de una
melodía de jadeos y besos.
-Voy a darte todo el amor que mi corazón tiene guardado. Estoy
haciendo el amor contigo, como nunca lo hice con una mujer.
-Es mi primera vez que me dejo tocar así, con calidez y suavidad.
Nadie en toda mi vida me ha tratado así como tú.- Christian la abrazó,
dándole otro beso un poco más intenso. Recorrió con sus manos su
tersa piel, beso las curvas de sus pechos, sus brazos, lentamente y
con cariño.
En medio de aquella situación sensual, Cyara liberó aquellas dos
palabras que a ningún hombre había podido decir.
-Te amo.
Ei se encontraba en un sitio seguro, respaldado por el medio hermano
de Christian, Garreth.
-No te preocupes por la policía, están de tu lado, pase lo que pase.- le
dijo. Ei miraba al horizonte, pensante.
-Un solo hombre enamorado es como una hormiga rodeada de
depredadores. Ella no abandonará el imperio que ha forjado gracias a
mí, está en su naturaleza. Volverá a mí, lo presiento.
-¿Y si no llega a ser así? ¿Qué vas a hacer?
-Matarle. Ella es mía, de nadie más. O matar a ambos, si es necesario.
No perderé lo que tengo por dos piezas deformes en mi juego. Yo
decido, ellos no. Bríndale lo que necesite, has que venga a mí. En
cuanto a Cyara, amenázala. Con un poco de escarmiento tendrá que
ceder.

Taylor ayudaba a Angela, sugiriéndole que no era seguro quedarse en


Washington.
-¡Por favor, dame tu palabra que Christian saldrá bien de esto! ¡No he
visto a mi futura nuera siquiera!
-Angela, esto es muy serio. Y es mejor que vuelvas a Seattle, tengo mi
gente allá que podrá cuidarte. Por favor, te pido.- Tomó su mano, la
miró a los ojos. Ella observó su mano sobre la suya, notó que
temblaba. Nunca le había visto así.
-¡¿En qué se ha metido, Taylor?! ¡¿Es tan fuerte el amor por ella?!
Está poniendo su vida en riesgo...
-Te juro por tu marido que Christian saldrá vivo de esto. Daré mi vida si
es preciso.
-Taylor... Cuídate tú también. Te lo suplico, perder a cualquiera de los
dos, me destrozaría.- Ella sostuvo su mano, Taylor dejó que su
impulso actuara sobre su protocolo y le besó los labios rápido, antes
de cerrar la puerta del auto. Golpeó el techo para que el chófer
emprendiera rumbo. Mantuvo sus ojos en ella, movió los labios
diciéndole "te amo, Angela". Ella sacudió la cabeza, en señal de
pedirle que no se despidiera así. No dejaron el contacto visual hasta
que el auto negro se perdió en la multitud de vehículos.

Christian no quería ir de nuevo a los pies de Garreth, pero consideraba


que podría servirle, aunque tenía la duda. Si era una red de trata o
prostitución él también podría ser parte.

Taylor no le había contado aún, ya que se encontraba nuevamente en


el ruedo de la CIA, ayudando a detener a los peces gordos que eran
clientes fijos de Ei. Debía reunir la mayor cantidad de implicados para
poder ser aceptado y libre de cargos por su falso fallecimiento.
-¿Se encuentra Garreth?- preguntó en la jefatura. Garreth llevaba una
cazadora negra, camiseta gris, jeans y zapatillas azules. La mirada era
algo que compartían, pero la personalidad era totalmente diferente.
Garreth era hostil con sus pares, indiferente, sobrado, prepotente, lo
opuesto a él. Caminó con aire altanero hasta Christian.
-¿Se te perdió alguna putilla por ahí? He oído rumores, ¿Sabes? En
realidad, saliste en un diario.-Le alcanzó el Washington post, en donde
salía el encabezado:
"Christian Donnovan en el Enchantress,
¿Acude a prostitutas siendo guapo y millonario?"
-Eres el tema de conversación en las noticias de chimento. Puede que
sea alguna puta en especial que te de algo peculiar, ¿No?
Christian se abalanzó a él por oír de sus labios esa palabra, odiaba
pensar que se refiriera así de Cyara. Le dio una piña que le partió el
labio.
-¡Vaya! ¡Christian Donnovan, estás arrestado por lesiones a un agente
policial!- dijo Garreth, quien se puso de pie, le empujó contra un muro
para esposarle. Christian no iba a rendirse tan fácil. Tenía una sola
mano esposada, era ahora o nunca. Le quitó el arma de la cintura y la
colocó en su cien. Los demás oficiales le apuntaron.
-¡Bajen sus armas!- ladró Garreth.
-Te vienes conmigo.-le murmuró Christian.-Eres tan obvio como
siempre. ¿Trabajas para él?
-No entiendo de qué hablas. Bájame mi arma de la cabeza y
hablemos.
-¡No hablaremos un cuerno! ¡Aléjense o le vuelo los sesos!- Christian
retrocedió tomando a Garreth de rehén. Lo siguió apuntando hasta
ingresar al móvil de Garreth.
-Si fuera tú, abandonaría esto.
-¡¿Por qué?! ¡No lo haré!
-Entonces encontrarás la muerte, Christian. ¿Tanto por una puta de
porquería?- Christian le tomó de la cabeza y le golpeó contra el
volante.
-¡Vuelves a llamarla así y te disparo en la pierna!
¿Trabajas para Ei, si o no?
-No directamente.- Mintió.- Me utiliza como cualquiera, soy su
alfombra que cubre lo sucio, sólo eso.
-Entonces sabes dónde puedo encontrarle.
-¡¿Piensas que estará solo?!- liberó una carcajada.- Tiene hombres
armados, te dejarán como un colador en segundos.
-Entonces te usaré de escudo humano. ¿Qué te parece?
-No te lo recomiendo.- Buscó su móvil en la gaveta, lo encendió.
Christian oyó la voz de Cyara y Ei, teniendo relaciones. Era un audio
de un encuentro viejo, pero eso Christian no lo sabría.
-¿Lo oyes bien? Son tal para cual.
-¡No me interesa si son iguales! ¡Llévame con él o te mato! Ya nada
me importa.
-Solo Cyara. Esa obsesión te llevará a prisión.-Suspiró. Garreth le
tomó con la guardia baja cuando forcejearon con el arma en el interior
del auto.
-¡Nos vas a matar!
-¡Ya estás muerto, Christian! Ei no descansará hasta ver tu cadáver.-
Un disparó se activo. Christian apretó los ojos. Sintió el calor de la
sangre salpicar su rostro más el dolor punzante que sentía del lado
izquierdo, por el golpe del codo de Garreth. Abrió los ojos, viendo a
Garreth con un tiro en la cabeza. Había sangre por todos lados. Dejó
caer el arma entremedio de los asientos, temblando de horror.
-¡Mierda, mierda, mierda!- Trastabilló al salir del auto. Había asesinado
a alguien por primera vez en su vida. No sabía qué hacer. Estaba en el
estacionamiento subterráneo, rezaba que nadie hubiera visto u oído.
Sacó de su bolsillo el móvil, pero antes se miró las manos, bañadas en
sangre. Las limpió en sus pantalones para poder marcar.
-¡¿Taylor, Taylor?!
-¿Christian?- Se preocupó al oír su timbre de voz flaqueando, con
miedo.
-¡Estoy en un apuro, muy grave! Y no sé qué hacer.
-Dime dónde estás. Iré de inmediato.
Taylor se encargó en limpiar el desastre, era bueno en ello. Lo más
riesgoso era el arma que llevaba las huellas de Christian. Éste último
esperaba hasta que vio a Taylor vestido de policía, como camuflaje. Le
vio sacar unos guantes negros. Al ver a Garreth en el asiento
conductor, sus ojos se abrieron impactados ante lo que veía.
-¡¿Qué demonios has hecho?!
-Él sabía dónde hallar a Ei. Forcejeamos y...
-¡Sh!- miró a ambos lados como un lince y se enfocó nuevamente a
Christian- Mírame, respira. Debiste esperarme antes de venir a éste
bastardo. Trabaja... Trabajaba para Ei, era su mano derecha. No te
dije antes para no empeorar las cosas más de lo que están. Mandé a
tu madre a casa, es una preocupación menos. Debes llevarte a Cyara
lejos de aquí; a Sudamérica si es necesario. Ésta red va más allá de
los confines de los Estados Unidos, al menos en Europa y Asia tienen
gente. Huye con tu madre y Cyara.
-¿Qué hay de ti? No pienso dejarte.
-Si. Debes hacerlo. Si tanto la amas, vete con ella, hagan su vida
libres de esto. Construye tu familia, tienes los medios para subsistir.
Y si no estás seguro que ella te ame tanto como tú a ella, pregúntale si
mataría por amor. Si lo afirma, es porque te ama, sino, es porque su
corazón sigue sellado. Todos escondemos frialdad, pero algunos en
mayor medida que otros. Y lo que te pido es que me obedezcas por
ser más viejo que tú, Christian. No tengo los años que tengo
solamente por trabajar para la agencia, conozco la vida y las mujeres
mucho más que tu. Ahora, ven. Debes quitarte esa ropa. Y quitar esto
de aquí cuanto antes.- dijo por el auto.

Ei había citado a Cyara en un restaurante. Era raro que fuera en un


lugar tan público, aunque le daba la seguridad a ella que él no haría
nada estúpido. Cyara esperaba nerviosa, apretando fuerte la tira de su
cartera.
-¡Cyara! Tan hermosa como una flor exótica.- Le indicó para que se
siente.-Mi ayudante no responde mis mensajes así que no me quedó
opción que venir personalmente.
-¿De qué trata ésta reunión en un espacio tan abierto?
-Me conoces bien. Tanto como yo a ti.- Acarició su mano. Cyara quiso
apartarla de él pero Ei la tomó con fuerza.
-Tu amado está fuera de riesgo, por ahora. Pero, si quieres que siga
vivo, tendrás que seguir trabajando para mí, incluyendo Seattle, si es
que te vas a vivir con él el cuento de Cenicienta. Aunque jamás te
imaginaría con delantal e hijos, no es lo tuyo.- Ella se liberó con
brusquedad.
-No sabes nada de mí.
-¿No? ¿Acaso no sé qué te gusta con lengua allí abajo? ¿Que te
encanta hacerlo en la tina? ¿Que te gusta que te muerdan antes del
clímax?- Cyara enrojeció, apretó las manos como puños.
-Eres despreciable.
-Pero bien que debutaste conmigo. ¡Cierto! Debutaste de manera
frustrante en la universidad, con niños patéticos que no sabían follar
bien, ¿Me equivoco?
-Basta.
-Supiste coger bien en mi club, yo te enseñé como dar placer y a
recibirlo bien. Jamás serás la ama de casa que ese idiota de Seattle
piensa moldear en ti. Eres salvaje, indomable, mi bella Cyara. Por
supuesto, te dará ese amor de cuento pero no lo aguantarás, te
matará la rutina y la fiera querrá salir y probar otros coños.- Cyara
hervía de ira, se levantó estrepitosamente. Ei se acercó rápido,
tomándola sigilosamente de un brazo.
-No hagas una estupidez. Un disparo al príncipe de Sirenita y adiós
nueva vida. Tú eliges. Él podrá detenerme, matarme, pero subirá otro
líder y seguirás siendo nuestra para siempre. No hay salidas de éste
mundo, cariño. Es como la droga, una vez que la consumes, es
imparable saciar su necesidad. Eres la droga de mis clientes, la
heroína perfecta, pura, blanca, sexy y te necesito como tú necesitas
saciar a esa gata que llevas dentro. ¿Me equivoco?- Se acercó a oler
su cabello. Cyara se sentía vulnerable. Pensó un instante, debía
seguirle la corriente, sino, podía lastimar a Christian, no quería que
sucediera. Respondió como solía ser, con un beso en la mejilla que
terminaba con la punta de la lengua.
-Esa fiera es tuya, solamente tuya. Ei frunció una sonrisa.
-Así me gusta. Me alegra saberlo. Te espero mañana, a la misma hora,
tu lugar.- le indicó él.
-Por supuesto.- dijo ella. Le vio irse. Cayó en la silla, la fuerza se le
había debilitado.
"Le daré el sexo que quiere. Mientras lo haga, lo mataré", pensó.
"Tendré que huir", fue lo último que se dijo a sí misma. Una lágrima
cayó por su rostro, pensando que tendría que dejar a Christian aunque
su corazón agonizara por dentro.
Christian decidió en llevarse a Cyara al menos por un día a conocer el
área más exquisita y lujosa, Los Hamptons, zona costera donde la
prole
de alta elite posee majestuosas mansiones, yates, coches de alta
gama y
mucho poder adquisitivo.

Pidió a Taylor que llevaran el jet privado para sobrevolar el cielo de


Washington.
Cyara estaba sorprendida, en el asiento contiguo a él.
-¿Para qué trabajas de gerente en un banco si posees todo esto? Si
fuera
tú, no trabajaría.
-Para mantener una vida de lujo hay que trabajar, ahorrar lo suficiente
y
malgastar las migajas que te sobran. Aprendí a administrarme solo y
más que gastar, he guardado mi capital.
Cyara permaneció callada. No quiso hablar más de trabajo para no
pisar sobre el asunto de ella, del por qué hacía lo que hacía.
-¿Qué haremos con Ei? No es un hombre de rendirse fácilmente.
-Taylor está en ello con la CIA. Por eso planeé éste breve viaje.
Mañana volvemos a Washington, no quiero dejar a Taylor solo en esto.
-No debiste.- Dijo enojada.
-¡¿Qué querías que hiciera?! Estoy haciendo esto por ti.
-¡¿Te obligué a que mates a tu medio hermano?! ¡¿Me culpas de tus
recientes acciones?!
-Me arrepiento haber manchado mis manos en sangre por una
basura.
-No fue buena idea hacer esto.- Christian le tomó la mano con fuerza.
-Fue la decisión más sensata.

La radio del jet sonaba un tema clásico de Joe Cocker. Cyara no pudo
evitar reírse.
-¿Les pides música de los 80?
-Es la mejor música. ¿Quieres bailarla?
-Estamos en un avión.
-¡Vamos!- se puso de pie y le tomó las manos. Entrelazó sus dedos a
los
de ella, se acercaron a moverse lentamente en el estrecho pasillo.
-¿A dónde crees que nos lleva éste amor tan peculiar?-preguntó ella.
-No me importa el destino ni cuánto dure. Disfrutaré sin pensar
demasiado.
Cyara posó su brazo en hombro, le acarició las puntas del cabello de
él.
-¿Por qué me preguntas? ¿Qué piensas tú? Quisiera saber.
-No lo sé. Todo fue tan repentino, en dos semanas, tres, ya ni
recuerdo.
El tiempo pasó rápido. Te amo en verdad, pero me da miedo que al
estar
cerca de mí cause más peligro que lejos de ti.
-No digas eso, Cyara. No podría vivir sin ti. Eres mi amor, mi droga,
dependo de ti para seguir respirando.
Cyara se mordió el labio inferior.
-No hagas eso.
-¿Qué?
-Sabes bien a qué me refiero.-Antes que ella protestara, le dio un
beso
apasionado. Tenía la fantasía de hacerlo allí mismo pero Cyara le
detuvo.
-Un asiento de avión no es reconfortante. Provoca más lesiones que
placer en serio.
-¿Lo has hecho antes para saber eso?
-No, es sentido común, Christian. No soy el Kamasutra, no sé todo.-
Su
honestidad lo hizo enrojecer. Ella se tentó a carcajadas.
-¡¿Por favor, nunca leíste el Kamasutra?!
-Lo último que leí fueron poemas de Byron.
-Señor, estamos por aterrizar.- dijo la azafata.
-Gracias, Jen.- Se miraron uno al otro.
-Va a ser un día espléndido, te lo prometo.

Taylor estaba fuera del Enchantress junto a un operativo para allanar y


recopilar todos los documentos pertinentes. La C.I.A ya tenía en
custodia a diez políticos de Washington y de ciudades cercanas que
atarían los cabos a una sola persona, Ei.

Jason Taylor llevaba ropa cubriendo su rostro menos sus ojos. Iba
solo, no se sabía dónde, pero iba a por un sujeto en particular.
Abrió de una en una las puertas del complejo bailable hasta que un
pasillo le condujo hasta otra oficina desconocida.
Ei había mandado a su hijo, Patrick, que se encargara de aquel agente
molesto que desencadenó todo.
Taylor apuntaba con su arma reglamentaria cuando recibió un fuerte
golpe por detrás. Quedó aturdido, le costó ponerse de pie. El hijo de Ei
era ágil, le pateó una vez más que lo dejó de nuevo al piso.
-¿Quién eres?- dijo Taylor.
-Tu peor pesadilla.-Tenía una katana en una mano.

Christian estaba cenando con Cyara, aunque un poco preocupado ya


que eran las nueve y no había recados de Taylor.
-¿Qué tienes? ¿Es por Taylor?
-Si.- Suspiró.- Me preocupa que no ha llamado, ni un mensaje me ha
dejado.
-¿Por qué no regresas a Washington?
-¿Así te me escapas otra vez?- Ella liberó un resoplido.
-¿Me equivoco? No perderás la oportunidad de fugarte.
¿Acaso no quieres ser feliz conmigo?
-No es eso... Es... No entenderías... Yo...
-¡Nunca entiendo según tú! Explícame, entonces.
-Me habitué a ésta forma de vivir, en cierto modo. No me veo en una
casa con piscina, rodeada de niños, con una cocina reluciente y en
delantal. No lo imagino.
-No te estoy pidiendo ya mismo que seas mi esposa, Cyara. Quiero
una compañera en mi vida. No pienso atarte al día siguiente a casarte
y tener hijos como piensas. Podemos ir lento.
-Tú quieres ser padre. Lo vi en tus ojos cuando viste aquel hombre con
el bebé en brazos en la playa.- Christian se rascó el mentón,
impaciente. Tenía razón, los había visto con aire de esperanza a ser él
como ese hombre y su hijo.
-¿Acaso nunca pensaste en ser madre? ¿Ni siquiera de niña?
-No. No todas pensamos en serlo de infantes. Yo quería huir de mi
casa, hacer mi vida a mi manera. Lo logré, por un mal camino pero lo
hice.
A Christian se le fue el apetito y llamó al mesero para pagar la cuenta.
Ella tenía un nudo al estómago, pensando en lo que le había dicho Ei.
Recordó que debía encontrarse con él.
-¿Por qué no vas a Washington a ver qué Taylor está bien?
-¿Y dejarte sola?
-Prometo no irme.
-No te creo.- Ella le tomó la mano, llevándola a su pecho.
-¿Escuchas mi corazón? No late fuerte, no te miento. ¿Qué quieres
que te pruebe que no pienso huir de ti?
Se miraron fijamente un buen tiempo hasta el garzón les interrumpió.
Caminaron hasta la casa de la playa que era de Christian. Era blanca,
rústica, clásica, igual que él.
La calidez hogareña de los muebles la reconfortaba. Recorrió el lugar,
pasando su pálida mano derecha sobre la chimenea.
-¿Has traído mujeres aquí?
-No. Eres la primera.-Ella se ruborizó por su sinceridad.
-Entonces... Quieres desvirgar el lugar conmigo.- Ella le dio la espalda,
bajándose el cierre del vestido.
-No quise decir eso, exactamente...
-Sé lo que piensas. Y qué es lo que está latiendo en ti, al igual que a
mí.- Christian tragó saliva, tenía la garganta seca.
Llevaba un conjunto de lencería negro con encajes y unas medias
negras. Caminó como felina hacia él, hundiendo sus manos a su
cabello. Lo beso con fuerza, deseosa de sus labios. Se alejó un poco
para liberar el gemido. Él la miró a los ojos, luego a la boca. Pasó su
lengua en sus minúsculos labios. Acarició su espalda hasta el broche
del corpiño que desabrochó despacio, demostrándole que lo haría
suavemente. El frío viento despertó sus pezones, acercándose más a
Christian. Ella le desabrochó la camisa hasta dejarlo en torso desnudo.
Christian la alzó para dejarla en el sofá. Fue descendiendo a su
vientre, besando despacio.
-¡Ah!
-Siente mis besos. Uno por uno.- Cyara temblaba como nunca antes lo
había hecho. Lo odiaba porque la hacía sentir frágil y por el otro lado,
amaba la dulzura de cómo él la hacía reaccionar.
-No te detengas...- le suplicó ella.
-No pienso frenar ahora.- dijo en una pequeña risa. Cyara sonrió,
nunca había sonreído mientras tenía sexo con sus clientes. Por
primera vez, sentía que era amada. Con sensualidad, le bajó la braga
de seda con ambas manos, besando su ingle hasta su cálido sexo.
-No... No lo hagas...- Quiso detenerle, acordándose de las mortíferas
palabras de Ei. Cerró los ojos, lo cual fue peor. Su mente le trajo a Ei,
a cuando la ató para hacerle sexo oral apenas teniendo veinte y cuatro
años.
-¡Dije que no!- Empujó a Christian, quien cayó para atrás. Él se asustó.
-Lo siento, Cyara. Perdóname. No debí...- Ella se acurrucó, apretando
sus piernas a su pecho, meciéndose, ahogando el llanto. Se colocó la
camisa, buscó una manta para cubrirla. La cargó en sus brazos y la
llevó al cuarto de arriba, donde la arropó para que durmiera. Debía de
estar traumada, ¿qué cosas la habrían obligado a padecer antes de
ser condesa? Christian trataba de no pensar pero era inevitable.
Se durmió a su lado, hasta que el sol del día siguiente le despertó.
Bajó las escaleras, a preparar el desayuno. Su Blackberry no deja de
vibrar sobre la mesa. Era el número de su madre.
-¡Christian!
-¡¿Qué pasa, mamá?!
-¡Le han matado! ¡Ese sujeto le ha matado!
-¡Cálmate y dime bien qué ha pasado!- Oía a su madre hablar
entrecortada.
-Me llegó una caja... Con... Con la cabeza de Taylor...
Cyara estaba en la escalera, oyendo.
-Mataron a Taylor... Christian.- Él apretó los labios, apretando fuerte el
teléfono.
-Volveré a Washington, mamá. Me vengaré por su muerte.
-¡No, Christian! ¡Ven con Cyara!
-Taylor era mi familia, Angela. Ei lo pagará muy caro. - Cortó, arrojando
el móvil con toda su ira al suelo de madera. Cyara saltó del susto,
Christian no la había visto. Lo vio vestirse rápido, iba a ir a la escalera
pero se arrepintió, dejó una nota en la mesa y se fue.

Cyara le vio por la ventana. Bajó la vista a la nota que decía:

"¿Harías lo que yo hago por ti? ¿Matarías por estar conmigo?"


EPISODIO FINAL

Christian logró reclamar por los restos de Taylor y hacer un funeral en


su tierra natal, Seattle. Había trabajado en la marina, lo cual llevó a un
servicio fúnebre con honores. Doblaban la bandera americana sobre
su ataúd cerrado.
Angela, vestida de negro con gafas tapando sus rojizos ojos por el
llanto, dejó una rosa sobre su cajón. Christian dio un paso adelante,
despidiendo no sólo a su guardaespaldas, sino a su amigo, a quien
consideraba como un segundo padre.
-Esto no quedará así. Te lo prometo. Nadie se mete con mi familia.-
Angela tomó su mano.
-No hagas ninguna locura, Christian. No quiero perder más a la gente
que amo.- le susurró su madre.
-Debo vengar su muerte, mamá. Esto dejó de ser por Cyara. Taylor era
mi familia y ese tal Ei ha cruzado una línea que jamás debió cruzar.
-Por favor... Déjalo. Te sumergirás en un mundo de demasiado riesgo.
Christian...
-Lo siento...- retrocedió poco a poco.
-¡¿A dónde vas?!
-A poner fin a esto.

Christian condujo en su Lamborghini negro hasta su mansión. Ingresó


por el garaje que conducía al área de servicio, en donde se ubicaba el
cuarto de Taylor.
Sabía cada rincón de ese cuarto color marfil. Tocó un botón secreto del
placard, el cual develó el arsenal de Taylor. Christian cogió un revolver
con silenciador, un chaleco antibalas, más pistolas que ubicó en
lugares de fácil acceso. Había un crucifijo que colgaba del
guardarropa. Recordó que se lo había obsequiado en su cumpleaños
número cincuenta y siete. Apretó la cruz, derramó algunas lágrimas
sobre él.
-Vengaré tu muerte. Ei tomó algo muy importante para mí. Yo le quité a
Cyara, ahora me lo cargaré al mismísimo infierno.

Cyara oyó en los medios el allanamiento y la caída de un agente de


nombre Jason. Abandonó la casa de playa para regresar a Washington
y ajustar cuentas.
Había ido a casa de Ei pero encontró a su hijo, Patrick. Tenía un aire a
Ei, era rubio, de cabello largo hasta los hombros y ojos celestes claros.
-Si buscas a mi padre, ya no está. Ha de esperar su muerte, me
imagino. ¿Y sabes qué pasará cuando ocurra eso? Yo ocuparé su
lugar y tú seguirás trabajando pero para mí.
-¿Qué quieres de mi, Patrick?
-Que construyas un pequeño imperio en Seattle. Enchantress debe
abrir sus cauces más allá. Tu novio hará que todos mis anhelos se
hagan realidad. Mi padre no tiene nada que perder ya que la
enfermedad le ha avanzado al último nivel.
-¿Qué tiene, HIV?
-No. cáncer de páncreas. Dejará que tu noble de armadura blanca le
maté, pero todo seguirá en su curso como siempre lo ha sido. Si no
obedeces a mis condiciones, tu futuro, tu amado y tu suegra
terminarán en una fosa al igual que Jason Taylor.
-¿Tu? ¿Le mataste?- Patrick la aprisionó contra la pared, tomándola
del cuello.
-Cierra esa boca. Por tu bien. Ábrela cuando comas pollas. ¿Te queda
claro? Mi padre fue claro cuando dijo que de aquí se entra pero no se
sale, jamás.
-Entiendo. Lo he comprendido ya.- dijo, con voz entrecortada. Patrick
la soltó.
-Soy más peligroso que mi padre, así que pórtate bien conmigo.
-Lo haré.- Le vio darse vuelta. Debía atacarlo y poner fin a todo. Sin
embargo, Patrick fue veloz, le arrebató el arma que ella sostenía,
tirándose al suelo, encima de ella.
-Ahora entiendo qué vio Ei en tí. Una mujer con agallas, sensual,
delgada, delicada.- Pasó su lengua en su cuello, sus manos en sus
pechos. Cyara se excitó al principio. Esa forma violenta y repentina era
costumbre en la que su cuerpo reaccionaba.
-Gime para mí y nada malo te pasará a ti o a tu amado.- Ella activó su
papel de condesa, mirándolo como una gata salvaje.
-¿Y si mejor me alejara de Donnovan y hago lo que me pides?
¿Tendré paz?
-Paz y todo lo que quieras, encanto.- Se arqueó para acercar su
cuerpo a él.
-Te daré mi cuerpo, pero mi corazón, nunca.
-Acepto.

Christian trató de pedir ayuda a viejos colegas de Taylor pero fue en


vano. Hasta que un viejo amigo retirado de la agencia, llamado Joe,
decidió ayudarle.
-Aún tengo gente dentro que podrán ayudarte. Ese hombre al que vas
a cazar no es presa fácil. Necesitarás refuerzos. En una hora pasará
una camioneta negra a recogerte en la Kennedy y Houston.
-Gracias.
-No hay de qué, muchacho. Jason era un gran hombre y compañero y
merece justicia por lo que le han hecho. No estás solo en esto.- Joe
colgó.
Christian se quedó esperando en el lugar indicado hasta que una
traffic negra se detuvo.
-Suba.-dijo una voz desde dentro. Christian ingresó. Eran agentes
todos vestidos con uniformes que cubrían su rostro, excepto la boca y
los ojos.
-Haremos lo siguiente: cada piso que acceda iremos limpiando camino
hasta que llegue sin problemas hasta Ei ¿Me sigue?
-Si.- Otro enmascarado le alcanzó un calibre 45.
-No es cualquier 45. Tiene un veneno que detiene el corazón en el
acto. ¿Sabe disparar?
-Si. Taylor me enseñó.- Un silencio momentáneo reinó en la
camioneta.
-La agencia lo quiere muerto tanto como usted. Hágalo bien. Será
justicia para todos.- añadió el líder. -Los demás, sigan las indicaciones
que mencioné antes.

El equipo de Joe actuó con eficacia, derribando planta por planta a la


gente de Ei, dejando vía libre a Christian, quien llegó con éxito al
despacho de Ei.
Éste estaba de espaldas, se giró ante Christian, quien sostenía
firmemente el revólver con la derecha.
-Imagino que no llegaste solo hasta aquí. Aquí estoy, dispara.
-No pienso devolverte a Cyara porque me has arrebatado a alguien a
quien no podré traer de vuelta.
-¡Oh! ¿Te refieres a ese molesto insecto entrometido de tu bodyguard?
Mi sentido pésame. Sabes, Christian, creo que te equivocaste en
implicarte tanto por una mujer que no vale la pena.
Como hay hombres que no sirven, también hay mujeres, y Cyara es
una de ellas. Una chica tonta que refugié en mi casa, le di de comer, la
eduqué, la vestí.
Le enseñé lo que el sexo realmente representa en la sociedad y la
ganancia que puede sacar de ello. Pero no es nada, es una mujer
vacía que se adaptó a vivir y ser como es, es una puta domesticada.
Señor Donnovan, no ensucie ese magnífico traje de Avici por alguien a
quien nadie va a extrañar. Hay mujeres de su altura que valen mucho
más que ella.
-No tengo mucho que perder.
-¿En serio? ¿Y su madre?
-No se meta con ella...- Apretó más fuerte el arma y mantuvo el pulgar
en el gatillo.
-¡No debiste meterte conmigo! ¡Seguirán otros en mi lugar, se follarán
a tu madre, a Cyara, a las futuras hijas putas que tengan! Esto aquí no
termina. Recién empieza.
-¡Basta!- Ei tenía un brandy en las manos, lo arrojó a Christian,
desatando una pelea y forcejeo por el arma.
-¡Imbécil! ¡¿Te pensabas que me iba a dejar asesinar sin antes
defenderme?!- Christian se arrastró pero no veía por el ardor del
alcohol. Ei le pateó en el estomago, una y otra vez.
Cyara llegó en el momento en el que Ei iba a disparar a Christian. Le
había quitado un arma a Patrick, quien yacía dormido tres pisos más
arriba.
-¡No!- gritó ella.- ¡Baja el arma, Ei!
-¡¿O sino qué?!
-Voy a dispararte.
-¡No vas a hacerlo! Me amas más que a éste idiota.-Un disparó sonó.
Ei escupió sangre. Se miró y tenía una perforación en el pecho. Cayó
de rodillas. Christian se alejó hasta ponerse de pie.
-Leí tu nota. Y si, mataría porque te amo demasiado.- Sin pensar más,
apuntó a la frente de Ei para darle un tiro final.
-Cya...- no alcanzó rezar su nombre que el tiro le mató en el acto.
-Vámonos de aquí.-dijo Cyara.
Afuera, los esperaba la gente de Joe.
-Ya está hecho.-dijo Christian, quien estaba cansado y lucía decrépito.

-Nos iremos de aquí, finalmente.


-De eso quería hablarte.
-¡¿Ahora qué Cyara?! De todo lo que he padecido para llegar hasta ti
hay un pero o algo que...
-Iré a Seattle contigo. Pero cada uno tomará su camino por separado.
-¡¿Qué?! ¡¿Qué rayos estás diciendo?!
-Te amo pero esto es mi mundo. Y sé sincero... Ningún hombre en su
sano juicio se metería en una relación amorosa con una prostituta
bipolar como yo.
Los amores insanos sólo ocurren en las novelas.
No seré cruel ni te ataré a mí, te estoy dejando ir, por el bien de
ambos.
Christian se enfureció, le apretó fuerte de los hombros.
-¡¿No ves acaso lo que causaste en mí?! ¡¿Me volviste adicto a ti y
ahora me dejas?! ¡Perdí a alguien a quien quería como un padre!
¡Murió por ti!
-Lo lamento... Yo...
-¡¿Cómo puedes decirme todo esto con semejante frialdad?!
-¡Perdóname! Será por el bien de ambos.-Cyara chifló por un taxi.
-Te mostré mi amor, mi América desde mi corazón.
-Te advertí que no lo hicieras.- Cyara estaba por subir al taxi.
- Te encontraré de todas maneras. Cyara.
-Christian.

Él por un lado quería dejarla tomar esa decisión. Sin embargo, corrió
detrás del taxi.
Cyara trató de no mirar hacia atrás.
-Hago esto porque te amo.-se dijo, volteó a verle. Una lágrima cayó
por su rostro.

Christian corrió hasta quedarse sin aliento.


De rodillas en el asfalto, con la lluvia mojándole, lloró y se dijo que no
descansaría hasta que Cyara regresara con él a su lado.
-Eres mi amor, mi droga. Y no pienso dejarte ir así como así.

Final abierto para una segunda parte a estrenar a mediados de


noviembre 2015 "Your Love, My need" en “Paraíso de Libros”
(https://www.facebook.com/UnosSegundosenelparaiso?pnref=story )
Sobre el autor:

Alejo Daniel Lisandro Sartino Azcurra (Valparaíso, 21 de Septiembre de 1988)


nacido en Chile y naturalizado argentino desde los tres años, empezó a escribir en
“Paraíso de Libros” desde el 2014, lanzando en PDF su primer escrito “Tómame”.
Le gusta el género erótico pero en sus tramas trata de no ser muy explícito para
llevar al lector a la imaginación y a manipular entre lo erótico y romántico.

“Si uno cuenta mucho, se pierde el elemento sorpresa y en el erotismo debe existir
el juego de palabras, la previa, el roce de los cuerpos, la química entre
personalidades antes de ir de lleno a la cama”.

“Your Love, My Need”, segunda parte de la historia de Christian Donnovan &


Cyara O’Neil, continuará en Noviembre de éste año.