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PARTES INTEGRANTES Y ACCESORIAS EN EL CÓDIGO CIVIL DE 1984

Por: Mg. Arturo Zapata Avellaneda. Abogado. Asesor Legal. Docente


Universitario. Conferencista Nacional e Internacional.

De acuerdo con su particular estructura, los bienes se presentan bajo la forma


de simples y compuestos. Bienes simples son aquellos que constituyen una sola
estructura imposible de descomponer (Ej: el derecho de hipoteca, que es
indivisible). Los bienes compuestos, por el contrario, son aquellos cuya
estructura es susceptible de descomposición. (Ej: un libro, pues puede ser
descompaginado fácilmente). De allí parte la idea de distinguir entre partes
integrantes y accesorias.

1. Partes Integrantes.

Art. 887.- Parte integrante.-

Es parte integrante lo que no puede ser separado sin destruir, deteriorar o


alterar el bien.

Las partes integrantes no pueden ser objeto de derechos singulares

Ennecerus[1] sostiene que las partes integrantes son aquellos elementos que,
referidos a un bien principal, dependen de éste y no pueden ser separados sin
destruirlo, deteriorarlo o alterarlo. Por ejemplo la máquina unida al edificio de una
fábrica es parte integrante del mismo cuando no puede ser retirada sin destruirla
o destruir el edificio, o sin que se perjudique gravemente o cuando la máquina
haya sido construida ex profeso para adaptarse al edificio o cuando el edificio
está construido adaptándose a la máquina, de modo que la máquina o la casa
perderían por la separación, la utilidad conforme a su destino. En cambio, el
anillo o la piedra rara vez son integrantes esenciales de la sortija, pues casi
siempre será posible su separación sin destrucción o alteración del anillo de la
piedra. Lo mismo podrá decirse del marco y del cuadro, a menos que el marco
solo sea utilizable precisamente para ese cuadro.[2]

Barassi[3] sostiene que las partes integrantes son aquellas que conciernen a la
esencia del bien principal. En tal sentido la máquina no es una parte integrante
del edificio, salvo que estuviera estrechamente incorporada al mismo. En cambio
el motor es parte integrante del automóvil, el buey del arado y no remiten al suelo,
sino a las labores agrícolas en él realizadas o realizables. Y así, en tanto que
podemos concebir al edificio o al terreno sin la máquina o sin el buey, no
conciliamos la casa sin las llaves, habiendo cerradura, ni al automóvil sin su
motor.

Igualmente los derechos pueden ser parte integrante de un bien. Ello sucede,
por ejemplo, con la servidumbre que no puede ser separada del inmueble al que
se encuentre vinculada sin que sufra una alteración valorativa.

En conclusión, y tal como se advierte a través de los ejemplos propuestos, las


partes integrantes tienen como denominador común o signo de identificación el
hecho de encontrarse en estrecha vinculación con la existencia de un bien
determinado, que obra como principal sin que pueda ser separado del mismo sin
afectarlo. Debido a la integración de la parte integrante con la principal, aquella
no puede ser objeto de derechos singulares, como la compraventa, o de una
hipoteca o la constitución de garantía prendaria[4].

2. Partes Accesorias.-

Art. 888.- Bienes accesorios.

Son accesorios los bienes que, sin perder su individualidad, están


permanentemente afectados a un fin económico u ornamental con respecto
a otro bien.

La afectación solo puede realizarla el propietario del bien principal o quien


tenga derecho a disponer de él, respetándose los derechos adquiridos por
terceros.

Los accesorios pueden ser materia de derechos singulares.

El aprovechamiento pasajero de un bien para la finalidad económica de


otro no le otorga la calidad de accesorio.

La separación provisional del accesorio para servir a la finalidad


económica de otro bien, no le suprime su calidad.

Arias sostiene que las partes accesorias son aquellos elementos que, sin ser
integrantes del bien principal, están destinados a servir permanentemente a su
fin económico u ornamental. Resalta de esta definición la diferencia que existe
entre las partes accesorias integrantes. Estas están supeditadas a una relación
de orden estructural, mientras que aquéllas, se basan en la conexión económica
u ornamental.

La relación que exige el artículo bajo comentario, cuando señala que deberá
corresponder al fin económico u ornamental, significa que la parte accesoria
debe estar ya en condiciones que permitan su correspondencia con el bien
principal. Así, en el caso de un tractor adquirido por un agricultor para el trabajo
de sus campos, se requiere, para convertirse en parte accesoria, que haya
llegado al fundo y que, por consiguiente, sea ya susceptible de uso.

El otro factor requerido por el artículo 888° CC es el de la aplicación permanente


del bien. Por lo tanto, no son partes accesorias aquellos bienes cuya utilización
sea meramente transitoria o pasajera. Esto sucedería con la adscripción al bien
principal, de determinados elementos introducidos por un arrendatario, pues
sería transitoria y desaparecería con la terminación del arrendamiento.

Cita ejemplos de Ennecerus como el de las lanchas del estanque arrendado con
la finca en que se halla instalado el restaurante, sirven para el uso de los clientes,
son pertenencias de la finca. Las máquinas y utensilios de una imprenta son
pertenencia del edificio. Los caballos son pertenencias de una finca destinada y
dedicada al acarreo. El piano y los demás instrumentos musicales que no
pertenecen a los profesores y que están instalados en un salón de baile son
partes accesorias del inmueble. Igualmente lo son las camionetas al servicio de
los hoteles, los omnibuses de los colegios, etc.

El segundo párrafo del artículo 888° CC señala que la afectación solo puede
realizarla el propietario del bien principal o quien tenga derecho a disponer de él,
respetándose los derechos adquiridos por terceros. Esta regla, que no existía en
el CC de 1936, está destinada a proteger a los propietarios, habida cuenta de la
facilidad con que puede producirse la afectación en materia de bienes muebles.
Empero, el mismo precepto respeta los derechos adquiridos por terceros.

Dado que materialmente las partes accesorias no están unidas al principal, no


existe impedimento para que puedan ser materia de derechos singulares, a
diferencia de lo que sucede con las partes integrantes (artículo 887° CC).[5]

El mismo artículo 888° CC establece que el aprovechamiento pasajero de un


bien para la finalidad económica de otro no le otorga la calidad de accesorio.

Finalmente, la separación temporal de las partes accesorias carece de efectos


jurídicos y siguen siendo tales en relación la parte principal. Se considera que
existe separación temporal cuando se suspende momentáneamente el ejercicio
del fin económico y ornamental. Ello sucede, pongamos por caso, con el
transporte de una máquina destinada al trabajo de un fundo, a un taller, o a
cualquier otro lugar, con el objeto de hacerle reparaciones.
3. Relación de las partes integrantes y accesorias con el bien principal.-

Art. 889.- Vinculación de partes integrantes y accesorias con el bien


principal.

Las partes integrantes de un bien y sus accesorios siguen la condición de


este, salvo que la ley o el contrato permitan su diferenciación o separación.

Arias Schereiber[6] sostiene que la vinculación que tienen las partes integrantes
y las accesorias con el bien principal determina la existencia de una unidad
valorativamente considerada. Interesa particularmente que esta unidad no se
rompa fraccionándose sus elementos constituyentes y por eso la ley lo impide al
consagrar el principio según el cual las partes integrantes y las accesorias siguen
la condición jurídica del bien principal: accesorium sequitur principale.

Del precepto que comentamos se desprenden una serie de consecuencias. Así


cuando un derecho real afecta al bien principal, arrastra igualmente en afectación
a las partes integrantes y accesorias. Ej: El acreedor hipotecario hace efectivo
su crédito no solo contra la masa principal, sino contra todos los elementos a ella
(art. 1101° CC).[7]

La unidad de las partes integrantes y las partes accesorias con el bien principal
es la regla. Ella admite, como es lógico, la excepción, debiendo ser esta expresa
y teniendo como fuente la ley o el acuerdo de voluntades. Una excepción es la
que existe en la propiedad horizontal y vertical, pues cada uno de los pisos de
un edificio constituye parte integrante del mismo y sin embargo gozan de
independencia jurídica y están sujetos a un dominio particular.

[1] ENNECERUS-KIPP-WOLFF, Martín. Tratado de Derecho Civil. Tomo I. Volumen X. N°s.


220, 2, d, Casa editorial Bosch. Barcelona – España. 1935. p 571
[2] JURISPRUDENCIA: “Son bienes inmuebles, de modo independiente, el suelo, el subsuelo y
el sobresuelo. El subsuelo o el sobresuelo pueden pertenecer, total o parcialmente, a propietario
distinto que el dueño del suelo. En consecuencia, al ser bienes inmuebles independientes cada
uno de ellos, a lo edificado sobre el suelo, esto es, el sobresuelo, no puede atribuírsele la calidad
de accesorio, sino la de principal, tan igual que el suelo o terreno. Por tanto, resulta física y
jurídicamente imposible pretender la restitución solo del terreno o también de la edificación ajena,
calificándola de accesoria; toda vez que, en el primer caso, no puede separarse de este la
construcción noble levantada sobre el mismo; y, en el segundo, a quien se entregue el terreno
implícitamente se está haciendo entrega también de la construcción, lo que no resulta ajustado
a derecho si solo se ha acreditado el derecho de propiedad sobre el terreno”. Cas. Nº 1184-2004-
Arequipa. El Peruano, 28/02/2006, p. 15436.
[3] BARASSI, Ludovico. Instituciones de Derecho Civil. Volumen II. Traducido por José María
Bosch. Editorial Bosch. Barcelona – España. 1995. pag. 249.
[4] JURISPRUDENCIA: “El inmueble hipotecado es uno al cual se le han integrado nuevos
elementos físicos, como lo es el segundo piso del inmueble, siendo esto así, el segundo piso del
inmueble hipotecado no es uno distinto, independiente o singular del resto del inmueble, sino que
forma parte integrante al que se extiende la hipoteca, por lo que es de ineludible aplicación lo
dispuesto por los artículos 1001 y 1002 del Código Civil.”. Cas. Nº 186-2003-Cajamarca. Data
30,000. Gaceta Jurídica.
[5] JURISPRUDENCIA: “La diferenciación aludida entre lo hipotecado y lo construido con
posterioridad no puede ser susceptible de derechos singulares, toda vez que lo construido no es
una parte accesoria del bien sino es una parte integrante del mismo, ya que por su naturaleza
no puede ser separado sin destruir o alterar el bien materia de ejecución. En consecuencia, la
construido con posterioridad a la hipoteca forma
parte de esta”. Cas. N° 1489-2001-Lambayeque. Data 30,000. Gaceta Jurídica.
[6] ARIAS SCHEREIBER PEZET, Max. Exégesis del Código Civil Peruano de 1984. Tomo II.
Derechos Reales y Registros Públicos. Primera Edición. Edit. Gaceta Jurídica. Lima – Perú.
2006. pp. 69-70.
[7] JURISPRUDENCIA: “No procede la demanda de reivindicación del inmueble porque es
físicamente y jurídicamente imposible que se ordene la devolución de solo el terreno, cuando al
mismo ya se han adherido las construcciones que forman parte integrante de aquel y cuya
propiedad no han acreditado los demandantes, por lo que mal podrían reivindicarlas”. Exp. Nº
1247-2001-Lima. Data 30,000. Gaceta Jurídica.

EXCLUSIÓN DE LA SUCESIÓN POR INDIGNIDAD

Por: Mg. Arturo Zapata Avellaneda. Abogado. Asesor Legal. Docente


Universitario. Conferencista Nacional e Internacional.

El presente artículo analiza las causales de exclusión de la sucesión de una


persona natural por las razones estrictamente señaladas en la ley. Recordemos
que todas las personas tenemos la capacidad jurídica de gozar del derecho a
suceder y solo la norma jurídica puede limitarlo en situaciones explícitas
debidamente establecidas como es el caso del artículo 667° y siguientes del
Código Civil. Asimismo, es de tener en cuenta las causales incorporadas por las
disposiciones complementarias y modificatorias de la Ley N° 30364, Ley para
Prevenir, Sancionar y Erradicar la Violencia contra las mujeres y los Integrantes
del Grupo Familiar. Finalmente, se revisa el carácter personal de la indignidad,
el perdón de la indignidad así como su declaración judicial y los efectos de la
sentencia.

Artículo 667.- Exclusión de la sucesión por indignidad


Son excluidos de la sucesión de determinada persona, por indignidad,
como herederos o legatarios:

1.- Los autores y cómplices de homicidio doloso o de su tentativa,


cometidos contra la vida del causante, de sus ascendientes, descendientes
o cónyuge. Esta causal de indignidad no desaparece por el indulto ni por
la prescripción de la pena.
2.- Los que hubieran sido condenados por delito doloso cometido en
agravio del causante o de alguna de las personas a las que se refiere el
inciso anterior.

3.- Los que hubieran denunciado calumniosamente al causante por delito


al que la ley sanciona con pena privativa de la libertad.

4.- Los que hubieran empleado dolo o violencia para impedir al causante
que otorgue testamento o para obligarle a hacerlo, o para que revoque total
o parcialmente el otorgado.

5.- Los que destruyan, oculten, falsifiquen o alteren el testamento de la


persona de cuya sucesión se trata y quienes, a sabiendas, hagan uso de
un testamento falsificado.

6.- Los que hubieran sido sancionados con sentencia firme en más de una
oportunidad en un proceso de violencia familiar en agravio del causante.

7.- Es indigno de suceder al hijo, el progenitor que no lo hubiera reconocido


voluntariamente durante la minoría de edad o que no le haya prestado
alimentos y asistencia conforme a sus posibilidades económicas cuando
haya alcanzado la mayoría de edad, si estuviera imposibilitado de
procurarse sus propios recursos económicos. También es indigno de
suceder al causante el pariente con vocación hereditaria o el cónyuge que
no le haya prestado asistencia y alimentos cuando por ley estuviera
obligado a hacerlo y se hubiera planteado como tal en la vía judicial.

Hinostroza[1], citando a Santos Briz, señala que “las causas de indignidad


obedecen a la comisión de actos ilícitos por el excluído de la herencia
consistentes en faltas graves cometidas contra el causante de la herencia o su
memoria y que presuponen en quien las comete la capacidad suficiente para
suceder (…) Tienden a impedir que el heredero entre en posesión de la herencia,
siendo norma general la (…) dignidad ab initio para suceder, y la excepción a
esta norma en definitiva se traduce en una sanción o pena civil, por lo que se ha
de interpretar restrictivamente”.

Lohmann[2] señala que la indignidad es una institución que implica una sanción
privativa de derecho sucesorio. Asimismo, analiza sus características:

 Se aplica tanto a la sucesión testada como intestada.

 Sus efectos pueden alcanzar tanto a legatarios como a herederos, sin importar
que éstos últimos hayan sido designados testamentariamente o tengan vocación
legal. Debe entenderse que alcanza también al donatario, pues el donante puede
revocar expresamente la donación por las mismas causales de indignidad para
suceder y de desheredación (artículo 1637 del CC). Empero no alcanza a la
donación que hubiese recibido el sucesor antes de cometer el acto causante de
indignidad.

 Es causal de pérdida de la legítima de los herederos forzosos. La regla alude a


la exclusión de sucesión, de modo que la exclusión por indignidad es completa
de todo derecho sucesorio (y no solo del legitimario). Por lo tanto, la indignidad
puede producir la caducidad de la institución de heredero cuando éste no deja
descendientes que puedan representarlo (artículo 805, inciso 3 del CC).

 La indignidad no es causal de incapacidad -y por eso se purga con el tiempo, al


año de haber entrado el indigno en “posesión de la herencia”- sino que
presupone la capacidad, por lo que suele hablarse de incapacidad relativa
sucesoria (incompatibilidad o ineficiencia impeditiva de la vocación son otros
términos usados en doctrina). Por lo tanto, los indignos no quedan privados de
todo llamamiento o delación, sino solo respecto de la sucesión del sujeto
afectado o agraviado. Por eso el artículo 667 CC limita la exclusión a “la sucesión
de determinada persona”.

 La aplicación de las causales de indignidad deben realizarse restringidamente,


sin interpretaciones analógicas o extensivas, de conformidad con el artículo IV
del Título Preliminar del CC pues estamos ante una enumeración taxativa,
limitativa. Sin embargo, por ejemplo, la norma no excluye por indignidad al hijo
del causante que hubiera dado muerte a su tío, hermano del causante, que es
conducta más reprobable que la denuncia calumniosa; o, en los casos de
cuasidelitos civiles, como los vinculados al estado conyugal (adulterio).

Ferrero[3] apunta que “el Código Civil de 1936 normaba las causales de
indignidad en un título denominado “De las incapacidades para suceder”,
tratándolas conjuntamente a casos muy diversos como la incompatibilidad de
algunas personas para suceder en la sucesión testamentaria y la original figura
prevista en el artículo 670, que trataba de la exclusión del hijo legítimo de la
herencia de su padre, por reconocimiento de su filiación por un tercero. Señala
“que estando la capacidad referida a la existencia, y siendo por tanto todas las
personas capaces de suceder, referirse a la incapacidad como el género y a la
indignidad como la especie, es un error (…) En el derecho actual, no resulta
adecuado hablar de incapacidad para heredar. Esta figura tenía sustento cuando
a algunas personas en razón de su raza, condición de esclavo, profesión
religiosa o condena, se les excluía de suceder (…)”.

Se hace mención a que el artículo 748 del Código Civil establece que no pueden
ser excluidos por herencia por indignidad los incapaces menores de edad y los
incapaces mayores de edad que por cualquier causa se encuentren privados de
discernimiento, de los cuales nos ocuparemos más adelante en la exégesis del
referido numeral.
Las causales de indignidad, según el artículo 667 del Código Sustantivo son:

1.- Los autores y cómplices de homicidio doloso o de su tentativa,


cometidos contra la vida del causante, de sus ascendientes, descendientes
o cónyuge. Esta causal de indignidad no desaparece por el indulto ni por
la prescripción de la pena.

Lohmann[4] señala que “aunque la regla no mencione que el autor o cómplice


haya sido condenado, se infiere que así debe ser, porque la autoría o
complicidad solo resultan de la sentencia que así lo diga” -pese a manifestar que
no se requiere sentencia condenatoria si civilmente existiera aceptación del
hecho o si pese a estar probada la comisión del acto el delito esta prescrito- “(…)
En lo que toca a ascendientes y descendientes no hay que hacer distinción
alguna. Puede ser tanto de sangre como adoptivos, matrimoniales o
extramatrimoniales (…) El inciso concluye señalando que esta causal no
desaparece por el indulto ni por la prescripción de la pena (…) obviamente cabe
el perdón al que alude el artículo 669” del Código Civil.

Por ejemplo, la pérdida del derecho a la herencia del que fue víctima del delito
contra la vida, sólo procede cuando en el juicio penal respectivo queda probada
la culpabilidad del acusado.

2.- Los que hubieran sido condenados por delito doloso cometido en
agravio del causante o de alguna de las personas a las que se refiere el
inciso anterior.

Al respecto, Guzmán[5] señala que “no se hace distinción en cuanto a la clase


de delito, pero se exige que sea doloso y que haya sido materia de condena
penal”. Siguiendo a Ferrero[6], se precisa que el inciso implica necesariamente
un proceso penal y una condena que constituya cosa juzgada, al usarse el
término “condenados”. Por su parte, Lohmann[7] refiere que “en este segundo si
se precisa lo de la condena, pero nada se expresa ni de tentativa ni de indulto o
prescripción (…) no obstante, ambos (entiéndase a los incisos 1 y 2) participan
de la misma razón, de modo que lo anunciado en el anterior puede tenerse como
reproducido en el presente”.

3.- Los que hubieran denunciado calumniosamente al causante por delito


al que la ley sanciona con pena privativa de la libertad.

Guzman[8] señala que, éste inciso se refiere a los que hubieran denunciado al
causante por delitos penados con prisión, proviene del inciso 3) del artículo 665
del Código Civil de 1936, inciso que ha sido completado con la expresión de tres
conceptos que eliminan los problemas de interpretación que éste presentaba y
facilitan su aplicación. El primero consiste en expresar, en cuanto a la gravedad
de los delitos denunciados, que son aquéllos a los que la ley señala pena
privativa de la libertad u otras de mayor gravedad. El segundo concepto es el de
exceptuar al denunciante si éste fuere víctima del delito (…) El tercer concepto
es el de limitar el alcance de esta causal sólo a la denuncia calumniosa … “.

A criterio de Lohmann[9], el precepto habla de denuncia calumniosa en la cual


se impute al causante un delito sancionado con pena privativa de libertad. Más
que denuncia en sentido formal de informar a una autoridad un hecho punible
que atribuye al causante[10] (…), de lo que se trata es de haberle imputado un
delito a sabiendas de la falsedad de la atribución. El lugar y forma de la
imputación no interesan tanto como el hecho mismo de haberle señalado como
responsable de una infracción punible con pena privativa”. El autor hace
referencia, además, que la calumnia es una calificación penal resultado de un
proceso iniciado a instancia del agraviado y, a efectos de la aplicación de este
inciso como causal de exclusión de la sucesión, debe haber una querella en que
se constate la falsedad de la imputación dolosa por parte del ofensor.

Se advierte que el inciso se refiere sólo a la denuncia calumniosa pero no hace


referencia ni a la injuria ni a la difamación que son también delitos contra el honor,
y que, conjuntamente con la calumnia, están previstos en los artículos 130, 131
y 132 del Código Penal vigente[11], que bien podrían ser atribuidos falsamente
a la persona que a futuro será el causante, pero que la ley no ha contemplado
en este numeral.

4.- Los que hubieran empleado dolo o violencia para impedir al causante
que otorgue testamento o para obligarle a hacerlo, o para que revoque total
o parcialmente el otorgado.

Guzmán Ferrer[12] señala que “este inciso desarrolla con mayor amplitud la
causal contenida en el artículo 665 inciso 4 del Código Civil de 1936, que
consideraba incapaz de suceder por indignidad al “que coactó la voluntad del
causante para que otorgara o no testamento o para que alterara sus
disposiciones testamentarias. El dolo y la violencia, como vicios de la voluntad
son causales de anulabilidad del testamento y, además, son causales de
exclusión por indignidad del heredero o legatario que incurre en ellas, con
respecto a los actos comprendidos en este inciso. De tal manera que si se
probase la comisión de estos actos correspondería a anular el testamento
otorgado bajo su influencia y, en la sucesión legal, excluir por indigno al heredero
o legatario que los cometió.

A juicio de Lohmann[13], el precepto contempla tanto la consumación (es decir,


el logro) como el intento (…), lo que el legislador ha querido es castigar una
conducta impropia (las amenazas, por ejemplo) y, por cierto, tanto da si esa
conducta obtiene el fin pretendido como si no llega a obtenerlo. El autor refiere
a que estamos ante casos de limitación a la libertad del testador, lo que
comprende la coacción en el sentido de fuerza como la amenaza, la intimidación,
la violencia -física o moral-, la influencia indebida, el engaño, etc. Asimismo
señala que esta causal incluye los casos de dispensa de indignidad o revocación
de la desheredación y agrega a los casos en que influya sobre la libertad en tema
de colación o dispensa de ella.

Este inciso refiere solo a la utilización del dolo y violencia en sentido de que el
testador revoque total o parcialmente el testamento (no precisa si
necesariamente es el último otorgado), sin embargo, omite la hipótesis en la que
se use el vicio de voluntad a fin de que no revoque algunas cláusulas del
testamento o a éste en su conjunto.
5.- Los que destruyan, oculten, falsifiquen o alteren el testamento de la
persona de cuya sucesión se trata y quienes, a sabiendas, hagan uso de
un testamento falsificado.

Guzmán Ferrer [14]apunta que “el inciso 5 (…) comprende los casos en que el
heredero o legatario no han actuado sobre el testador, sino sobre el testamento
otorgado por el causante, destruyéndolo y ocultándolo, falsificándolo o
alterándolo y comprende también a quienes hagan uso de un testamento
falsificado. La destrucción u ocultación puede ocurrir con respecto al testamento
ológrafo y al cerrado, y la falsificación o alteración podría producirse en el pliego
interno del testamento cerrado o en el testamento ológrafo, razones por las
cuales estos testamentos ofrecen menos garantías que el otorgado por escritura
pública”.

Dentro de los alcances de este inciso, Lohmann[15] considera a la tentativa pues


lo que busca el legislador es sancionar conductas, no resultados. Respecto a la
duración de la ocultación señala el autor que la norma nada dice y por lógica solo
puede referirse al testamento ológrafo, porque al otorgado por escritura pública
y el cerrado son virtualmente imposibles de ocultar, como no sea con complicidad
notarial. Entonces, circunscribiéndonos al ológrafo hay que recordar el artículo
708 del Código Civil, del que se colige que por lo menos durante treinta días
siguientes al conocimiento de la muerte del testador, no sería razonable ninguna
imputación de ocultamiento.

6.- Los que hubieran sido sancionados con sentencia firme en más de una
oportunidad en un proceso de violencia familiar en agravio del causante.

De acuerdo con lo previsto en el artículo 5 de la Ley 30364, Ley para Prevenir,


Sancionar y Erradicar la Violencia contra las mujeres y los Integrantes del Grupo
Familiar define la violencia contra las mujeres como cualquier acción o conducta
que les causa muerte, daño o sufrimiento físico, sexual o psicológico por su
condición de tales, tanto en el ámbito público como en el privado. Se entiende
por violencia contra las mujeres:

a. La que tenga lugar dentro de la familia o unidad doméstica o en cualquier otra


relación interpersonal, ya sea que el agresor comparta o haya compartido el
mismo domicilio que la mujer. Comprende, entre otros, violación, maltrato físico
o psicológico y abuso sexual.

b. La que tenga lugar en la comunidad, sea perpetrada por cualquier persona y


comprende, entre otros, violación, abuso sexual, tortura, trata de personas,
prostitución forzada, secuestro y acoso sexual en el lugar de trabajo, así como
en instituciones educativas, establecimientos de salud o cualquier otro lugar.

c. La que sea perpetrada o tolerada por los agentes del estado, donde quiera
que ocurra.

Por su parte el artículo 6 de la citada norma define a la violencia contra cualquier


integrante del grupo familiar como cualquier acción o conducta que le causa
muerte, daño o sufrimiento físico, sexual o psicológico y que se produce en el
contexto de una relación de responsabilidad, confianza o poder, de parte de un
integrante a otro del grupo familiar. Se tiene especial consideración con las niñas,
niños, adolescentes, adultos mayores y personas con discapacidad.

Asimismo, según el artículo 7°, son sujetos de protección de la ley:

a. las mujeres durante todo su ciclo de vida: niña, adolescente, joven, adulta y
adulta mayor.

b. los miembros del grupo familiar. entiéndase como tales, a los cónyuges,
excónyuges, convivientes, exconvivientes; padrastros, madrastras;
ascendientes y descendientes; los parientes colaterales de los cónyuges y
convivientes hasta el cuarto grado de consanguinidad y segundo de afinidad; y
a quienes, sin tener cualquiera de las condiciones antes señaladas, habitan en
el mismo hogar, siempre que no medien relaciones contractuales o laborales; y
quienes hayan procreado hijos en común, independientemente que convivan o
no, al momento de producirse la violencia.

Por otro lado de acuerdo al artículo 8 de la Ley N° 30364 son tipos de violencia
contra las mujeres y los integrantes del grupo familiar son:

a) Violencia Física. Es la acción o conducta, que causa daño a la integridad


corporal o a la salud. Se incluye el maltrato por negligencia, descuido o por
privación de las necesidades básicas, que hayan ocasionado daño físico o que
puedan llegar a ocasionarlo, sin importar el tiempo que se requiera para su
recuperación.

b) Violencia Psicológica. Es la acción o conducta, tendiente a controlar o aislar


a la persona contra su voluntad, a humillarla o avergonzarla y que puede
ocasionar daños psíquicos.

Daño psíquico es la afectación o alteración de algunas de las funciones mentales


o capacidades de la persona, producida por un hecho o un conjunto de
situaciones de violencia, que determina un menoscabo temporal o permanente,
reversible o irreversible del funcionamiento integral previo.

c) Violencia Sexual. Son acciones de naturaleza sexual que se cometen contra


una persona sin su consentimiento o bajo coacción. Incluyen actos que no
involucran penetración o contacto físico alguno. Asimismo, se consideran tales
la exposición a material pornográfico y que vulneran el derecho de las personas
a decidir voluntariamente acerca de su vida sexual o reproductiva, a través de
amenazas, coerción, uso de la fuerza o intimidación.

d) Violencia Económica o Patrimonial. Es la acción u omisión que se dirige a


ocasionar un menoscabo en los recursos económicos o patrimoniales de
cualquier persona.

En cuanto a la sentencia a la que hace referencia el presente inciso, se debe


tener en consideración lo establecido en el artículo 20° de la Ley 30364 el cual
señala que la sentencia que ponga fin al proceso por delitos vinculados a hechos
que constituyen actos de violencia contra la mujer y los integrantes del grupo
familiar puede ser absolutoria o condenatoria.
En caso que la sentencia sea absolutoria: El juez señala el término a las medidas
de protección dispuestas por el juzgado de familia o equivalente. Las medidas
cautelares que resguardan las pretensiones civiles que hayan sido decididas en
esa instancia cesan en sus efectos salvo que hayan sido confirmadas en
instancia especializada.

En caso que se trate de una sentencia condenatoria, además de lo establecido


en el artículo 394 del código procesal penal, promulgado por el decreto legislativo
957, y cuando corresponda, contiene:

1. La continuidad o modificación de las medidas de protección dispuestas por el


juzgado de familia o equivalente.

2. El tratamiento terapéutico a favor de la víctima.

3. El tratamiento especializado al condenado.

4. La continuidad o modificación de las medidas cautelares que resguardan las


pretensiones civiles de tenencia, régimen de visitas, suspensión, extinción o
pérdida de la patria potestad, asignación de alimentos, entre otras.

5. Las medidas que los gobiernos locales o comunidades del domicilio habitual
de la víctima y del agresor deben adoptar, para garantizar el cumplimiento de las
medidas de protección, salvo que hayan sido confirmadas en instancia
especializada.

6. La inscripción de la sentencia en el registro único de víctimas y agresores por


violencia contra las mujeres y los integrantes del grupo familiar, a cargo del
ministerio público.

7. Cualquier otra medida a favor de las víctimas o de los deudos de estas.

Finalmente, el mencionado artículo de la Ley N° 30364 señala que en el caso de


que las partes del proceso usen un idioma o lengua diferente al castellano, la
sentencia es traducida. En los casos que no sea posible la traducción, el juez
garantiza la presencia de una persona que pueda ponerles en conocimiento su
contenido.

7.- Es indigno de suceder al hijo, el progenitor que no lo hubiera reconocido


voluntariamente durante la minoría de edad o que no le haya prestado
alimentos y asistencia conforme a sus posibilidades económicas cuando
haya alcanzado la mayoría de edad, si estuviera imposibilitado de
procurarse sus propios recursos económicos. También es indigno de
suceder al causante el pariente con vocación hereditaria o el cónyuge que
no le haya prestado asistencia y alimentos cuando por ley estuviera
obligado a hacerlo y se hubiera planteado como tal en la vía judicial.

Los incisos 6 y 7 del Artículo 667° del Código Civil fueron incluidos por virtud de
la segunda de las disposiciones complementarias y modificatorias de la Ley N°
30364 cuyo literal d) del artículo 8° refiere a la violencia económica o patrimonial
como aquella acción u omisión que se dirige a ocasionar un menoscabo en los
recursos económicos o patrimoniales de cualquier persona, a través de:
1. La perturbación de la posesión, tenencia o propiedad de sus bienes;

2. La pérdida, sustracción, destrucción, retención o apropiación indebida de


objetos, instrumentos de trabajo, documentos personales, bienes, valores y
derechos patrimoniales;

3. La limitación de los recursos económicos destinados a satisfacer sus


necesidades o privación de los medios indispensables para vivir una vida digna;
así como la evasión del cumplimiento de sus obligaciones alimentarias;

4. La limitación o control de sus ingresos, así como la percepción de un salario


menor por igual tarea, dentro de un mismo lugar de trabajo.

Artículo 668.- Exclusión del indigno por sentencia

La exclusión por indignidad del heredero o legatario debe ser declarada


por sentencia, en juicio que pueden promover contra el indigno los
llamados a suceder a falta o en concurrencia con él. La acción prescribe al
año de haber entrado el indigno en posesión de la herencia o del legado.

Ferrero[16] precisa que los herederos y legatarios a quienes les corresponde


recibir la parte del indigno pueden pedir su exclusión dentro del año de haber
tomado éste posesión de los bienes transmitidos. La acción se concede tanto a
los llamados a suceder a falta del indigno o en concurrencia con él, e incluye, a
criterio del autor, a los acreedores del causante en virtud a la existencia de un
legítimo interés económico[17]. Lo que significa que el indigno adquiere, pero su
adquisición puede ser impugnada mediante proceso judicial. La sentencia de
declaración de indignidad implica el apartamiento forzoso de la sucesión,
entendiéndose que no ha tenido lugar la delación de la herencia a su favor y
deberá devolver los bienes hereditarios.

Dentro de la doctrina existen diversas posiciones que amplían o restringen la


legitimidad para obrar activa en un proceso de exclusión de la sucesión por
indignidad. Al respecto, Guzmán[18] sostiene que la exclusión por indignidad no
opera de pleno derecho, sino por efecto de sentencia ejecutoriada dictada en
juicio promovido contra el indigno. El texto del artículo comienza declarando el
referido concepto básico. Sin embargo, sostiene que no autoriza que pueda
emplear esta acción cualquiera que tenga interés en la sucesión, porque esto
permitiría que pudiera usarla también los acreedores del causante[19], sino que
restringe su empleo a los llamados a suceder a falta o en concurrencia con el
indigno, siguiendo lo establecido en el artículo 667 del Código Civil de 1936.
Además de lo precisado en el análisis del artículo 663 del Código Civil,
Hinostroza[20]identifica al órgano jurisdiccional competente para conocer del
proceso de exclusión de la sucesión por indignidad, de conformidad con el inciso
1) del artículo 475 del Código Procesal Civil, según el cual se tramitan en proceso
de conocimiento ante los Juzgados Civiles los asuntos contenciosos que no
tengan una vía procedimental, no esté atribuidos por ley a otros órganos
jurisdiccionales y, además, cuando por su naturaleza o complejidad de la
pretensión el juez considere atendible su empleo. Además, advierte que,
conforme se desprende del artículo 19 del Código Adjetivo, en materia sucesoria,
es competente el Juez del lugar en donde el causante tuvo su último domicilio
en el país, siendo tal competencia territorial improrrogable.

Sin embargo, otras posiciones doctrinarias respecto a la vía procedimental de la


acción de la sucesión por indignidad difieren de la citada en el párrafo anterior.
Al respecto, Lohmann[21] señala que la pretensión judicial de declaración de
indignidad no obstante ser inapreciable en dinero, empero, al pretenderse la
exclusión del indigno es evidente que se demanda la pérdida de su posición
sucesoria, con los efectos patrimoniales consiguientes. En ese orden de ideas,
cuando hay duda sobre el monto es aplicable el inciso 3) del artículo 475 e inciso
8) del artículo 486 del Código Procesal Civil, por lo que la demanda de indignidad
puede ser tramitada como proceso de conocimiento o como proceso abreviado,
según decida la autoridad judicial. En cambio, cuando sea posible estimar
anticipadamente el monto de las implicancias patrimoniales es conveniente
indicarlo en la demanda para que el Juez, teniendo en cuenta los criterios de
procedencia de trámite establecidos en el inciso 2) del artículo 475 e inciso 7)
del artículo 486 del CPC, decida sobre la vía procedimental. Para casos como
este, la opción que el Código Adjetivo concede a los jueces es acertada pues no
tiene sentido tramitar la demanda de indignidad como proceso de conocimiento
si ya existe condena penal. En cambio, si el caso es de discusión sobre captación
de la voluntad del testador (inciso 5 artículo 667 CC), o sobre falsificación del
testamento (inciso 6 artículo 667 CC) y la masa hereditaria es de un monto
significativo, será preferible la vía procedimental del proceso de conocimiento.

La norma establece que la acción de exclusión por indignidad prescribe al año


de haber entrado el indigno en posesión de la herencia o del legado. Este plazo
debe entenderse desde que el indigno entra en posesión real y efectiva de la
herencia y no desde que el sucesor adquiere la posesión de ley que, según el
artículo 660, es al momento del fallecimiento del causante. Entiéndase que es
un plazo de caducidad y que el término favorece a los sucesores, pues sólo
transcurrido el plazo podrá el indigno invocar la caducidad. Sin embargo,
Ferrero[22] señala que “nada impide que la acción de exclusión la inicien los
sucesores al momento de la muerte del causante, que es cuando el indigno
adquiere la posesión de lege, aunque puedan hacerlo hasta el año de haber
tomado el indigno la posesión material. Puede darse la hipótesis de que el
indigno entre en posesión de los bienes hereditarios o de los que constituyen el
legado paulatina o parcialmente, originándose una situación confusa. Podría
pensarse que en ese caso el plazo de caducidad vence al año de la posesión del
primer bien, o que se computa en forma independiente para cada bien. Esta
última forma no es viable, pues implicaría la aceptación de una parte de la
herencia y el apartamiento forzoso de la otra, contraviniéndose lo dispuesto en
el artículo 677. Además, la indignidad no puede interpretarse res singula; recae
sobre la totalidad de los derechos sucesorios. De lo expuesto se colige
necesariamente que el plazo caduca desde el año de la posesión del indigno de
cualquier bien de la herencia. Transcurrido dicho plazo, queda purgada la
indignidad, siendo los efectos los mismos que el perdón, ya sea porque los
demás sucesores no interpusieron la acción por ignorancia de la causal, o por
simple inacción, o porque deliberadamente no quisieron perjudicar al indigno,
perdonándolo”.

Artículo 669.- Desheredación por indignidad y perdón del indigno

El causante puede desheredar por indignidad a su heredero forzoso


conforme a las normas de la desheredación y puede también perdonar al
indigno de acuerdo con dichas normas.

La desheredación es la disposición testamentaria por la cual el testador priva de


la legítima a un heredero forzoso a quien considera incurso en alguna causal que
legalmente justifique dicha decisión.

Según Lohmann[23], la primera parte del artículo 669º CC es que, además de


las causales de desheredación establecidas para descendientes, ascendientes
y cónyuge en los artículos 774º, 775º y 776º CC, el testador también puede
desheredar por algunas de las causales de indignidad establecidas en el artículo
667. Similar posición sustenta Guzmán[24] al señalar que el artículo comentado
(…) es solo declarativo y remisivo al capítulo sobre desheredación.

La segunda parte, referida al perdón del indigno, distinguimos, siguiendo a


Ferrero[25], que tal declaración de voluntad puede darse en dos casos: (i) el
perdón otorgado por el causante, ya sea expreso (realizado en testamento o por
escritura pública según los artículos 743º y 753º CC) o tácito (cuando instituye
heredero o legatario al indigno, en aplicación de las reglas de la desheredación),
rehabilitando íntegramente al sucesor; y, (ii) el perdón otorgado por los demás
sucesores al no ejercitar la acción de exclusión a que se refiere el artículo 668º
CC, así la inacción de los sucesores no es deliberada, y simplemente dejan
transcurrir el plazo para interponer la mencionada acción sin el propósito de
perdonar, y su abstención tendrá los mismos efectos que el perdón. Por otro
lado, Lohmman[26] distingue entre el perdón de la ofensa del perdón de la
indignidad, concluyendo que el término “perdón” implica un acto de disposición
que es indebidamente generalizado pues mientras la desheredación es figura
propia para la exclusión por testamento de la legítima (herencia forzosa), la
indignidad es más completa pues actúa tanto en la sucesión testada o intestada.
Asimismo, este autor sostiene que una cosa es perdonar la ofensa (es decir, que
el futuro causante excuse el daño) y otra muy distinta es perdonar la indignidad
en el sentido de rehabilitar efectos jurídicos sucesorios. Así por ejemplo, puede
ocurrir que el testador señale en su testamento que perdona al indigno todo el
perjuicio que éste causó con su conducta pero sin que tal declaración signifique
rehabilitación sucesoria.

Artículo 670.- Carácter personal de la indignidad

La indignidad es personal. Los derechos sucesorios que pierde el heredero


indigno pasan a sus descendientes, quienes los heredan por
representación. El indigno no tiene derecho al usufructo ni a la
administración de los bienes que por esta causa reciban sus descendientes
menores de edad.

La primera parte, en que se declara la naturaleza personal de la indignidad, esta


tomada del artículo 541º del Código Civil Suizo y al ser la indignidad una especie
de sanción que en materia civil corresponde a comportamientos que pueden
calificarse de irregulares o indebidos, no deben extenderse a quien no ha
cometido la falta. Por tal razón, los derechos sucesorios del indigno pasan a sus
descendientes, quienes los heredan por representación. Sin embargo, la
aplicación de este precepto bajo una interpretación restrictiva, demuestra
algunas imprecisiones muy importantes:

 La norma no incluye a los legatarios, por lo que quien estuviera nombrado


legatario y resulta indigno, pierde todo derecho sucesorio para sí y para todos
aquellos que fueran sus sucesores. Imaginemos que el legatario fallece después
de abierta la sucesión, pero antes de terminado o incluso iniciado el proceso
respectivo (civil o penal) que determine la causal, al cual debe seguir el proceso
civil de exclusión. (art. 668º CC) que declara la indignidad. Si se trata de proceso
penal obviamente no podrá haber condena contra el indigno. Por lo tanto, el
legatario sí transmite a sus sucesores el derecho sucesorio derivado del legado
en que fue instituido. Si se trata de proceso civil, es difícil responder
definitivamente pues si la indignidad es personal habiendo fallecido el legatario,
es harto discutible que los sucesores del indigno puedan ser emplazados con
demanda cuya pretensión sea la declaración de indignidad de su causante, o
que ellos queden obligados a sustituirse en la posición procesal de tal causante
cuando es claro que la indignidad es personal y no es transmisible.

 En materia de indignidad, los derechos que el indigno pierde pasan solo a sus
descendientes, excluyendo la norma al cónyuge y a los ascendientes.
Supóngase por ejemplo, que el indigno es hijo y por tanto heredero forzoso. Por
efecto de la indignidad queda privado de sus derechos, pero ocurre que está
casado y no tiene hijos ¿Es atendible que su cónyuge quede excluido de la
herencia del suegro, pese a que este cónyuge es tan heredero forzoso del
indigno como lo serían sus descendientes, si los tuviera?

 La norma alude a que los derechos sucesorios pasan a sus descendientes,


quienes los heredan por representación, pero no se precisa si en este caso de
indignidad la representación se aplica solo para los casos normales de
representación (ante la existencia de vínculo familiar) o si también incluye a los
descendientes del voluntario. La representación solo es figura que funciona en
caso de descendientes, cuando se trata de línea recta del causante y en la línea
colateral, cuando se trata de hijos del hermano del causante, es decir sus
sobrinos.

Finalmente, Lohmann[27] refiere que termina el artículo señalando que el indigno


pierde su derecho de usufructo y administración de los bienes hereditarios que
en su representación reciban sus descendientes menores de edad (debió decir
incapaces, para incluir a los mayores de edad bajo curatela). La privación del
usufructo parece explicable, pues si al ascendiente indigno no se le priva de él
podría obtener provecho indirectamente de los bienes que fueron del causante.
En cambio, no (es) adecuado que se le prive de la administración, que es asunto
que nada tiene que ver con los bienes heredados o con los frutos que produzcan
ya que el indigno puede ser imputable de lo que sea, pero eso no presupone que
vaya a ser mal administrador de los intereses patrimoniales de sus
descendientes.
Artículo 671.- Efectos de la declaración de indignidad

Declarada la exclusión del indigno, éste queda obligado a restituir a la masa


los bienes hereditarios y a reintegrar los frutos. Si hubiera enajenado los
bienes hereditarios, la validez de los derechos del adquirente se regirá por
el artículo 665 y el resarcimiento a que está obligado por la segunda parte
del artículo 666.

La primera parte del precepto, según Lohmann[28] parte de la premisa de que el


indigno ya está en posesión de la herencia o del legado, pero dicha premisa no
necesariamente se cumple siempre, porque nada impide la declaración de
indignidad aunque el sucesor no haya accedido a posesión alguna.
Prescindiendo de esa consideración, (…) el indigno queda excluido de la
sucesión y por tanto queda obligado a devolver a la masa hereditaria los bienes
que detenta sin título válido.

El mismo autor señala que la segunda parte del artículo contiene un doble
supuesto:

a. El primer supuesto trata de que si el indigno hubiera enajenado los bienes


hereditarios, la validez de los derechos del adquiriente se rige por el artículo 665º
CC. Se trata de una acción reivindicatoria. La indignidad es inoponible a quien
con título oneroso y de buena fe adquiere bienes del indigno; si el adquiriente es
de buena fe a título gratuito, debe restituir el bien; si es a título oneroso o gratuito
de mala fe, debe quedar expuesto a la reivindicación (art. 665º CC)

b. La segunda parte es deplorable pues luego de aludir a la enajenación, lo que


necesariamente supone un adquiriente, remite al numeral 666º CC que se refiere
a poseedor, que es hipótesis que no requiere de adquisición. Pero aunque muy
mal explicado, lo que en definitiva viene a decir la norma es que quien de mala
fe llega a adquirir del indigno algún bien quedará obligado a devolverlo a la masa
hereditaria con los frutos que hubiera generado, y si no tuviera ni el bien ni los
frutos restituirá su valor y, en todo caso, indemnizar los perjuicios causados.

[1] HINOSTROZA MINGUEZ, Alberto. Procesos Judiciales derivados del derecho sucesorio.
Primera Edición. Gaceta Jurídica. Lima – Perú. Setiembre 2006. p. 51.
[2] LOHMANN LUCA DE TENA, Guillermo. Causales de Indignidad. En “Código Civil
comentado por los 100 mejores juristas”. Derecho de Sucesiones. Tomo IV. Primera Edición.
Ed. Gaceta Jurídica. Lima – Perú. 2003. pp. 44 y 45.
[3] FERRERO COSTA, Augusto. Ob. Cit. p. 210.
[4] LOHMANN LUCA DE TENA, Guillermo. Causales de Indignidad. En “Código Civil
comentado por los 100 mejores juristas”. Derecho de Sucesiones. Tomo IV. Primera Edición.
Ed. Gaceta Jurídica. Lima – Perú. 2003. p. 46.
[5] GUZMÁN FERRER, Fernando. Ob. Cit. p. 18.
[6] FERRERO COSTA, Augusto. Ob. Cit. p. 215 y 223.
[7] LOHMANN LUCA DE TENA, Guillermo. Causales de Indignidad. En “Código Civil
comentado por los 100 mejores juristas”. Derecho de Sucesiones. Tomo IV. Primera Edición.
Ed. Gaceta Jurídica. Lima – Perú. 2003. p. 46.
[8] GUZMÁN FERRER, Fernando. Ob. Cit. p. 19.
[9] LOHMANN LUCA DE TENA, Guillermo. Ob. Cit. p. 47.
[10] Nótese que, en la práctica, el término se encuentra mal empleado, pues se tiene la calidad
de causante cuando éste ha fallecido y su efecto es la apertura de la sucesión, por tanto, al
momento de la interposición de la denuncia, el de cujus aún se encuentra vivo y aún no tiene
calidad de causante.
[11] Código Penal del Perú, aprobado por Decreto Legislativo N° 635. Año 1991.
Artículo 130.- Injuria
El que ofende o ultraja a una persona con palabras, gestos o vías de hecho, será reprimido con
prestación de servicio comunitario de diez a cuarenta jornadas o con sesenta a noventa días-
multa.
Artículo 131.- Calumnia
El que atribuye falsamente a otro un delito, será reprimido con noventa a ciento veinte días-multa.
Artículo 132.- Difamación
El que, ante varias personas, reunidas o separadas, pero de manera que pueda difundirse la
noticia, atribuye a una persona, un hecho, una cualidad o una conducta que pueda perjudicar su
honor o reputación, será reprimido con pena privativa de libertad no mayor de dos años y con
treinta a ciento veinte días-multa.
Si la difamación se refiere al hecho previsto en el artículo 131, la pena será privativa de libertad
no menor de uno ni mayor de dos años y con noventa a ciento veinte días-multa.
Si el delito se comete por medio del libro, la prensa u otro medio de comunicación social, la pena
será privativa de libertad no menor de uno ni mayor de tres años y de ciento veinte a trescientos
sesenticinco días-multa
[12] GUZMÁN FERRER, Fernando. Ob. Cit. p. 19.
[13] LOHMANN LUCA DE TENA, Guillermo. Causales de Indignidad. En “Código Civil
comentado por los 100 mejores juristas”. Derecho de Sucesiones. Tomo IV. Primera Edición.
Ed. Gaceta Jurídica. Lima – Perú. 2003. p. 48.
[14] GUZMÁN FERRER, Fernando. Ob. Cit. p. 19.
[15] LOHMANN LUCA DE TENA, Guillermo. Causales de Indignidad. En “Código Civil
comentado por los 100 mejores juristas”. Derecho de Sucesiones. Tomo IV. Primera Edición.
Ed. Gaceta Jurídica. Lima – Perú. 2003. pp. 48 y 49.
[16] FERRERO COSTA, Augusto. Ob. Cit. pp. 239 y 240.
[17] Al respecto, Lohmann concuerda con Ferrero al señalar que los acreedores de algunos
sucesores también pueden solicitar la indignidad de otro sucesor si como consecuencia de la
exclusión del indigno su deudor incrementa su cuota y por ende tendrá más patrimonio con el
cual los acreedores puedan hacer su cobro, siendo de aplicación el inciso 4) del artículo 1219
del CC, sin que pueda alegarse la existencia de derechos personalísimos afectados, ni
prohibición legal. LOHMANN LUCA DE TENA, ob. cit. p. 52.
[18] GUZMÁN FERRER, Fernando. Ob. Cit. p. 20.
[19] Al respecto BORDA señala que el Fisco tampoco puede demandar la indignidad. Su derecho
no es propiamente el de un heredero, sino que, cuando nadie se presenta, adquiere los bienes
del difunto por el derecho que le compete sobre todas las cosas sin dueño (…) Tampoco gozan
de las acción los acreedores de la sucesión. Ellos ni siquiera pueden invocar un interés
económico, pues cualquiera que sea el heredero, lo mismo cobrarán su crédito. Y si la insolvencia
del indigno les parece dudosa, tienen a su disposición el recurso de pedir la separación de
patrimonios. (…) Se ha discutido si los acreedores del heredero que vendría a ocupar el lugar
del indigno pueden, por vía de acción subrogatoria, intentar la demanda (…) Es verdad que los
acreedores tienen un interés patrimonial evidente en la declaración de indignidad. Pero en esta
materia pesan consideraciones más importantes que las simplemente pecuniarias. Se trata de
evitar que miserias disimuladas en el seno de la familia; de impedir el escándalo que significa
dar a publicidad el mal proceder de un pariente muy allegado al causante. El derecho de intentar
una acción de indignidad, por todas las implicancias que supone, deben reputarse inherente a la
persona; escapa por tanto a la acción oblícua” (BORDA. Tratado de derecho civil: Sucesiones I.
1980 p. 105-108).
[20] HINOSTROZA MINGUEZ, Alberto. Ob. Cit. p. 59.
[21] LOHMANN LUCA DE TENA, Guillermo. Proceso Judicial de Indignidad. Plazo de
prescripción. En “Código Civil comentado por los 100 mejores juristas”. Derecho de Sucesiones.
Tomo IV. Primera Edición. Ed. Gaceta Jurídica. Lima – Perú. 2003. pp. 50 y 51.
[22] FERRERO COSTA, Augusto. Ob. Cit. pp. 240 y 241.
[23] LOHMANN LUCA DE TENA, Guillermo. Desheredación por Indignidad y perdón del indigno.
En “Código Civil comentado por los 100 mejores juristas”. Derecho de Sucesiones. Tomo IV.
Primera Edición. Ed. Gaceta Jurídica. Lima – Perú. 2003. p. 55.
[24] GUZMÁN FERRER, Fernando. Ob. Cit. p. 21.
[25] FERRERO COSTA, Augusto. Ob. Cit. pp. 236 y 237.
[26] LOHMANN LUCA DE TENA, Guillermo. Desheredación por Indignidad y perdón del indigno.
En “Código Civil comentado por los 100 mejores juristas”. Derecho de Sucesiones. Tomo IV.
Primera Edición. Ed. Gaceta Jurídica. Lima – Perú. 2003. p. 56.
[27] LOHMANN LUCA DE TENA, Guillermo. Carácter personal de la indignidad. En “Código Civil
comentado por los 100 mejores juristas”. Derecho de Sucesiones. Tomo IV. Primera Edición. Ed.
Gaceta Jurídica. Lima – Perú. 2003. p. 61.
[28] LOHMANN LUCA DE TENA, Guillermo. Ob. cit. pp. 62 y 63.

DERECHOS REALES: LAS DISPOSICIONES GENERALES Y EL RÉGIMEN


DE LAS PROPIEDADES INCORPORALES EN EL CÓDIGO CIVIL PERUANO

Por: Mg. Arturo Zapata Avellaneda. Abogado. Asesor Legal. Docente


Universitario. Conferencista Nacional e Internacional.

Introducción

Los Derechos Reales son el ejercicio de un poder jurídico que tiene un titular
(sujeto de derecho) sobre un bien (objeto de derecho). En nuestro Código Civil
Peruano de 1984, el legislador ha creído conveniente ubicarlo sistemáticamente
en el Libro V, clasificándolos en Derechos Reales Principales (posesión,
propiedad, usufructo, uso y habitación, servidumbre y superficie) y en Derechos
Reales de Garantía (Hipoteca, Anticresis, Derecho de Retención y la actual Ley
de la Garantía Mobiliaria). El presente artículo desarrolla las disposiciones
generales previas a la división antes señalada, es decir desde el artículo 881 al
884 donde importa mencionar la características de numerus clausus que adopta
nuestra codificación así como el análisis del principio de prohibición de cláusulas
de inalienabilidad de los bienes y el régimen de las propiedades incorporales.
Art. 881.- Derechos Reales. Numerus Clausus.

Son derechos reales los regulados en este Libro y otras leyes.

Guzmán Ferrer[1] afirma que debe señalarse, como introducción, que el


anteproyecto no fue un conjunto, sustancialmente distinto del Código de 1936.
Los derechos reales son los mismos que hoy rigen. El anteproyecto de reforma
siguió, en términos generales, el del Libro de los Derechos Reales del CC de
1936. Este artículo (881°) repite la norma contenida en la primera parte del
artículo 852° del CC derogado pero se le ha cambiado de ubicación, pues el
código anterior la ubicó sistemáticamente dentro de la normatividad referida a la
propiedad, sin embargo, el texto de este artículo refiere a una regla general
aplicable no sólo a la propiedad sino a todos los derechos reales.

Según Vidal Ramírez[2], la norma mantiene el criterio de “numeros clausus” de


los derechos reales en cuanto remite la regulación de los derechos reales al
mismo código y a otras leyes (…) Registra como antecedente el artículo 852° del
CC de 1936, que disponía que los actos jurídicos solo podían establecer los
derechos reales reconocidos por este código. Pero, aun cuando parece
distanciarse de la norma que le sirve de antecedente, mantiene el criterio de la
tipificación legal de los derechos reales y de su regulación por norma legal que
es de reconocimiento.

Max Arias Schereiber[3] sostiene que la importancia que tienen los derechos
reales en la economía, la política y lo social en general, determinó que desde
antiguo se limitasen y estuviesen condicionados a su creación legislativa, de
modo que no pudiesen existir otros que no se hallaren regulados por la ley.
Existe, en esta área, una excepción a la clásica amplitud de los actos jurídicos.
Se ha considerado válidamente que si se permitiese que por voluntad de las
partes se creasen toda suerte de derechos reales la consecuencia sería
particularmente negativa para la seguridad y tranquilidad económico-social. Por
consiguiente, está prohibida la constitución por acto jurídico de un derecho real
que no sea de los contemplados por las leyes. Esto es lo que en doctrina se
conoce como “numerus clausus” o principio de legalidad.

Frente al principio de la tipicidad, está la concepción opuesta de “numerus


apertus”, con defensores como Albaladejo[4] quien sostiene que “(…) los
señalados derechos reales no son los únicos posibles. Puede llamársele típicos,
en cuanto regulados singular y específicamente cada uno de ellos por la ley (lo
mismo que se llaman típicos los negocios jurídicos que esta regula en particular).
Pero junto a ellos, (y, se sobreentiende, siempre que se cumplan los requisitos
legales adecuados al derecho real en general y se trate verdaderamente de que
se establezca un poder directo e inmediato sobre una cosa, y no sólo de que las
partes así lo digan o califiquen de derecho real a la figura que creen), caben, en
principio, cualesquiera otros derechos reales concretos que los particulares
quieran establecer, creando otras variedades (bien totalmente originales, si ello
es posible, bien mezclando otros elementos de los ya existentes o modificando
en estos los normales) de poderes directos sobre cosas”[5].
Art. 882.- Prohibición de las cláusulas de inalienabilidad.

No se puede establecer contractualmente la prohibición de enajenar o


gravar, salvo que la ley lo permita.

Observamos que el artículo bajo comentario se encuentra directamente


relacionado al derecho de propiedad y prescribe que no se puede establecer
cláusulas de inalienabilidad de manera contractual estableciendo la prohibición
de enajenar o gravar bienes, salvo mención expresa de la ley. Esta disposición
se sustenta en el derecho de disposición del propietario que constituye la esencia
misma de la propiedad, según el artículo 2° Inc. 14) de la Constitución Política
de 1993, siendo que algunas legislaciones admiten la validez de las cláusulas de
inalienabilidad sustentadas en el interés del transferente, siempre y cuando
fuese un interés serio y no egoísta.

Bullard[6] cuestiona este artículo preguntándose ¿Por qué no permitir que el


propietario pueda limitar su facultad de disponer o gravar un bien? ¿Cómo
explicar una prohibición para establecer límites a lo que la autonomía de la
voluntad privada puede hacer en la esfera más privada del patrimonio de un
individuo, es decir, en su propiedad? (…) El principio contenido en el artículo bajo
comentario, su rigidez y, curiosamente su impacto adverso al tráfico económico
ha traído la aparición de excepciones particulares tales como el art. 101° de la
Ley General de Sociedades respecto a las limitaciones y prohibiciones
aplicables a las acciones[7] y lo dispuesto en el artículo 1001° del CC referido al
plazo del usufructo, entendiéndose a estas como las prohibiciones que permite
la ley. El citado autor continúa con su análisis y advierte que “(…) Es evidente
que renunciar a la facultad de disponer y gravar tiene un costo para el propietario.
Significa renunciar a la posibilidad de hacer líquido el bien o de usuarlo para
adquirir financiamiento. Una propiedad a la que se priva de un atributo tan
importante como el que permite gravar o disponer, reduce su valor económico, y
evidentemente vale menos que la misma propiedad con el ejercicio de todos sus
atributos sin restricción alguna. Si ello es así, un individuo actuando
razonablemente dentro de la esfera de su autonomía privada, sólo aceptara
asumir ese costo a cambio de un beneficio. Por otro lado, para que alguien esté
dispuesto a favorecer tal beneficio económico, debe tener para él algún valor que
el propietario pierda su facultad de disponer o gravar. Es decir, la existencia de
una obligación de no hacer por parte del propietario le reporta algún beneficio
por el que la contraparte está dispuesta a sacrificar algo. Para que el propietario
acepte renunciar, la contraparte tendrá que pagarle o compensarle por un valor
superior al costo que le significa su renuncia a dicho propietario. Pero la
contraparte solo pagará dicho valor si el beneficio que recibe sea mayor que la
compensación que otorga”, para ello, propone un ejemplo gráfico:

El Art. 882° CC dispone que no se puede establecer contractualmente la


prohibición de enajenar o gravar, salvo que la ley lo permita. Esto es, no podrá
establecerse contractualmente la prohibición absoluta de enajenar o gravar. Sin
embargo, no existe impedimento legal para establecer contractualmente
restricciones –no prohibiciones–, a la facultad de enajenar o gravar. Por ejemplo,
restricciones temporales (que estarán vigentes por un período determinado), o
restricciones referidas a los requisitos para enajenar o gravar[8].

Art. 883.- Los derechos reales sobre predios rústicos se rigen por la
legislación de la materia (*).

(*) Derogado por el segundo párrafo de la Primera Disposición Final del D. Leg.
N° 653 del 01-08-1991, Ley de Promoción de las Inversiones en el Sector
Agrario.

Art. 884.- Régimen legal de las propiedades incorporales.

Las propiedades incorporales se rigen por su legislación especial.

Arias Schereiber[9] señala que la extensión de la apropiación ha abierto en lo


que concierne al dominio de los bienes nuevos horizontes y ha dado lugar a la
creación de riquezas inmateriales. Una obra de arte, literaria o científica, una
marca de fábrica, etc. constituyen, sin duda, bienes susceptibles de dominio.
Esta propiedad incorporal tiene que ser distinguida de los bienes incorporales
tradicionales, los cuales en sentido estricto constituyen el producto de una
relación jurídica. La propiedad incorporal, a la que nos referimos, no es el
resultado del comercio jurídico de los hombres, sino el producto de su actividad
intelectual, de su imaginación o de su industria. La apropiación de estos bienes
es algo difícil de concebir, en razón de su carácter abstracto y el rol de su
apropiación física. A través de adaptaciones el problema ha quedado resuelto
organizando una publicidad que permite jugar el mismo rol que cumple la
posesión respecto de terceros. Fuera de esa particularidad, los principios
generales del régimen sobre bienes son aplicables a la propiedad incorporal. Se
trata de bienes inalienables y transmisibles, aun cuando la característica de su
propia heterogeneidad ha hecho imprescindible la dación de regulaciones
propias.

En el Perú, esta función de protección de las propiedades intelectuales recae en


el Instituto Nacional de Defensa de la Competencia y de la Protección de la
Propiedad Intelectual (INDECOPI), que es un organismo público autónomo
especializado del Estado Peruano, adscrito a la Presidencia del Consejo de
Ministros con personería jurídica de derecho público. Fue creado en noviembre
de 1992, mediante el Decreto Ley N° 25868. El INDECOPI es el organismo
encargado de la aplicación de las normas legales destinadas a proteger:

- El mercado, de las prácticas monopólicas que resulten controlistas y restrictivas


de la competencia en la producción y comercialización de bienes y en la
prestación de servicios, así como de las prácticas que generan competencia
desleal y de aquellas que afectan a los agentes del mercado y a los
consumidores.
- Los derechos de propiedad intelectual, desde los signos distintivos y los
derechos de autor hasta las patentes y la biotecnología.

- Las demás funciones que se le asignen.

No debemos confundir al INDECOPI con el APDAYC (Asociación Peruana de


Autores y Compositores) que es una entidad de gestión colectiva que se
encarga, entre otros, de la protección y recaudación de los derechos
patrimoniales exclusivamente para los autores y compositores.

a. Los Derechos de Autor.-

La propiedad intelectual, en lo que se refiere al derecho de autor está regulada


por el D. Leg. N° 822 del 24-04-1996 y el Reglamento de Inscripciones en el
Registro Nacional de Derechos de Autor (Res. Directoral N° 001-89-DIGDA-BNP
del 05-04-1989). Y a nivel subregional está contemplado en la Decisión N° 351
de la Comisión del Acuerdo de Cartagena.

Los Derechos de Autor concierne a todas las obras o producciones del ingenio
humano, en el ámbito literario o artístico, cualquiera sea su género, forma de
expresión, mérito o finalidad y comporta atributos de orden intelectual, moral y
patrimonial y que, mientras el aspecto intelectual y moral son permanentes e
inalienables, el patrimonial permite la explotación de la obra o producción por el
tiempo y en las formas señaladas en el D. Leg. N° 822. Por otra parte, el derecho
de autor es independiente de la propiedad del objeto corpóreo en el que consta
la creación, de modo que la adquisición de este objeto no le otorga al adquiriente
ninguno de los derechos que no le hubiesen sido transferidos.

El radio de acción de la ley es muy amplio, pues ampara por igual a los autores
peruanos y extranjeros domiciliados en el Perú, en tanto que los no domiciliados
están protegidos en virtud de convenios bilaterales o las convenciones
internacionales suscritos y ratificados por el Perú. En defecto de tales, se aplicará
el principio de reciprocidad, en todo cuanto no se oponga a las disposiciones del
D. Leg. N° 822. Al referirse a los del derecho de autor, la ley distingue entre el
derecho moral, en cuya virtud se puede reivindicar la paternidad de la obra y
oponerse a toda deformación, mutilación o modificación de las mismas, como de
exigir que se mencione su nombre o seudónimo conocido cada vez que la obra
sea utilizada. El restante atributo es de carácter patrimonial, lo que determina
que el autor sea considerado propietario de sus obras con todos los goces y
facultades que son inherentes a este derecho, tanto en su forma original como
derivada y que pueda disponer de ese derecho a otros, a cualquier título
(oneroso o gratuito) así como transmitirlo por causa de fallecimiento. Existe
también el Registro de Derechos de Autor, que es solo facultativo y que produce
el efecto de presumir que son ciertos los derechos, actos, contratos y
documentos inscritos, con la reserva de que pueda decidir en definitiva el Poder
Judicial. De la misma manera, los actos y contratos de quien aparezca con
derecho a ellos en el Registro no pueden ser anulados ni modificados en perjuicio
de terceros que hayan actuado de buena fe, salvando el derecho de quienes
pudieran resultar perjudicados, para iniciar contra el responsable las acciones
que sean pertinentes. Existe una presunción “juris tantum” según la cual se
entiende que actúan de buena fe quienes contratan a mérito de las inscripciones
de Registro, salvo prueba en contrario.

En el D. Leg. N° 822 aparecen normas relativas al contrato de edición y difusión


de obras musicales, al contrato de representación, al contrato de inclusión
fonográfica y al contrato de radiodifusión, así como las que conciernen al
contenido del derecho de autor, los derechos morales y patrimoniales, a los
límites impuestos al derecho de explotación, a las obras audio visuales,
programas de ordenador, bases de datos, obras arquitectónicas, obras de artes
plásticas, artículos periodísticos, al registro y procedimiento administrativo,
infracciones, sanciones y medidas preventivas y cautelares, entre otras.

b. Los Derechos de Inventor o de Propiedad Industrial.

A partir del año 2008 a regulación sobre derechos de propiedad industrial se


encuentra en el Decreto Legislativo N° 1075, norma que comprende la protección
de las marcas de fábrica, los inventos o los servicios en todas sus clasificaciones,
tales como las expresiones nominativas y figurativas, emblemas, logotipos, etc.,
así como nombres y lemas comerciales, modelos de utilidad, diseños y modelos
industriales, patentes de invención y procedimientos tecnológicos. En términos
generales, “la propiedad industrial la adquiere por sí mismo el descubridor o
inventor, o el productor, fabricante o comerciante”[10].
La práctica y la experiencia han demostrado la necesidad de modernizar las
legislaciones sobre propiedad intelectual e industrial, para adaptarlas a las
exigencias de la vida moderna, la industria y los avances de la tecnología.

[1] GUZMÁN FERRER, Fernando. Código Civil. Tomo II. Segunda Edición. Editorial Científica
SRL. Lima – Perú. 1996. p. 154.
[2] VIDAL RAMÍREZ, Fernando. Derechos Reales: Numerus Clausus. En “Código Civil
comentado por los 100 mejores juristas”. Derecho de Sucesiones. Tomo V. Primera Edición. Ed.
Gaceta Jurídica. Lima – Perú. 2003. pp. 19-21.
[3] ARIAS SCHEREIBER PEZET, Max. Exégesis del Código Civil Peruano de 1984. Tomo II.
Derechos Reales y Registros Públicos. Primera Edición. Edit. Gaceta Jurídica. Lima – Perú.
2006. pp. 37-38.
[4] ALBALADEJO, Manuel. Derecho Civil III. Tomo III. Derecho de Bienes. Volumen I y II. Librería
Bosch. Quinta Edición. Barcelona – España. 1983. p. 28.
[5] Esto es lo que el mismo ALBALADEJO llama derechos reales atípicos, porque la ley no los
regula en particular. En el Perú, Jorge Eugenio Castañeda, en su obra “Los Derechos Reales”
(Talleres Gráficos P.L. Ed. Villanueva S.A., Lima, 1973, pp. 16-17) al interpretar la norma del art.
852 del CC de 1936, sostenía de que por legislación posterior al Código sí podrían crearse
nuevos derechos reales, manteniendo su posición de numerus clausus.
[6] BULLAR GONZÁLES, Alfredo. Principio de libertad de disposición de los bienes. En “Código
Civil comentado por los 100 mejores juristas”. Derecho de Sucesiones. Tomo V. Primera Edición.
Ed. Gaceta Jurídica. Lima – Perú. 2003. pp. 22-24.
[7] Ley General de Sociedades: Art. 101.- Limitaciones y prohibiciones aplicables a las
accciones.
Las limitaciones a la transferencia, al gravamen o a la afectación de acciones no pueden significar
la prohibición absoluta de transferir, gravar o afectar.
Las limitaciones a la libre transmisibilidad de las acciones son de observancia obligatoria para la
sociedad cuando estén contempladas en el pacto social, en el estatuto o se originen en convenios
entre accionistas o entre accionistas o terceros, que hayan sido notificados a la sociedad. Las
limitaciones se anotarán en la matrícula de acciones y en el respectivo certificado.
Cuando así lo establezca el pacto social o el estatuto lo convenga, el titular de las acciones
correspondientes, es válida la prohibición temporal de transferir, gravar o de otra manera afectar
acciones.
Igualmente, es válida la prohibición temporal de transferir, gravar o afectar acciones, adoptada
mediante acuerdo de la junta general, en cuyo caso sólo alcanza a las acciones de quienes han
votado a favor del acuerdo, debiendo en el mismo acto separarse dichas acciones en una o más
clases, sin que rijan en este caso los requisitos de la ley o del estatuto para la modificación del
estatuto.
La prohibición debe ser por plazo determinado o determinable y no podrá exceder de diez años
prorrogables antes del vencimiento por períodos no mayores. Los términos y condiciones de la
prohibición temporal deben ser anotados en la matrícula de las acciones y en los certificados,
anotaciones en cuenta o en el documento que evidencie la titularidad de la respectiva acción.
[8] Res. N° 515-2005-SUNARP-TR-L. En Data 30,000 Jurisprudencias. Gaceta Jurídica.
[9] ARIAS SCHEREIBER PEZET, Max. ob. Cit. pp. 44-46
[10] DIEZ-PICAZO, Luis y GULLON, Antonio. “Sistema de Derecho Civil”. Volumen III. 5ta
Edición. 4ta Reimpresión. Editorial TECNOS S.A. Madrid - España. 1995. pág. 280.

TRANSMISIÓN Y RESPONSABILIDAD HEREDITARIA EN EL PERÚ.

Por: Mg. Arturo Zapata Avellaneda. Abogado. Asesor Legal. Docente


Universitario. Conferencista Nacional e Internacional.

Sumario: La apertura de la Sucesión: Transmisión sucesoria de pleno


derecho. Responsabilidades: Limitada o intra vires hereditatis. Ilimitada o
ultra vires hereditatis. Juez competente.

TITULO I: DISPOSICIONES GENERALES,

1.1. TRANSMISIÓN SUCESORIA DE PLENO DERECHO.-

Artículo 660°.- Transmisión sucesoria de pleno derecho.


Desde el momento de la muerte de una persona, los bienes, derechos y
obligaciones que constituyen la herencia se transmiten a sus sucesores.

1.1.1. La Apertura de la Sucesión.-

La apertura de la sucesión está determinada por el fallecimiento del causante[1].


La consecuencia concomitante del hecho mismo de la apertura es la transmisión
sucesoria. Con el fallecimiento se produce, al mismo tiempo, la apertura de la
sucesión y la transmisión, no transferencia, de los bienes de la herencia. En
consecuencia, ambos son indivisibles.

La sucesión se abre por la muerte física o por la muerte presunta, la cual rige en
caso de desaparición y ausencia, o de muerte, cuando no es habido o reconocido
el cadáver. Se descarta así la muerte civil, que se imponía antiguamente a las
personas como consecuencia de su profesión religiosa o del cumplimiento de
ciertas condenas[2].

Nuestro orden normativo se ocupa del hecho jurídico de la muerte en el Título


VII de la Sección Primera sobre Personas Naturales del Libro Primero del
Derecho de las Personas del Código Civil de 1984. Al respecto, el Titulo VII se
divide en dos capítulos que regulan la Muerte y la Declaración de Muerte
Presunta:

1.1.1.1. Muerte.

Si bien el art. 61 CC se refiere a ésta de manera sencilla al mencionar que la


muerte pone fin a la persona, requiere de un mayor análisis para determinar el
momento de la muerte física o natural y las consecuencias que ésta genera.
Afirma Cárdenas[3] que aunque el artículo 61 no lo dice, se entiende que se
refiere a la muerte natural que es la única causa por la que se extingue de modo
absoluto la personalidad jurídica de la persona natural[4].
En el Perú, independientemente de las teorías doctrinarias que existen al
respecto, la muerte es más un concepto médico legal que tiene traducción clínica
y electroencefalografía regulado en el artículo 108 de la Ley General de Salud
(Ley N° 26842) por el cual:

“La muerte pone fin a la persona. Se considera ausencia de vida al cese definitivo
de la actividad cerebral, independientemente de que algunos de sus órganos o
tejidos mantengan actividad biológica y puedan ser usados con fines de
trasplante, injerto o cultivo.

El diagnóstico fundado de cese definitivo de la actividad cerebral verifica la


muerte. Cuando no es posible establecer tal diagnóstico, la constatación de paro
cardio-respiratorio irreversible confirma la muerte.

Ninguno de éstos criterios que demuestra por diagnóstico o corroboran por


constatación la muerte del individuo, podrán figurar como causas de la misma en
los documentos que la certifiquen”.

Como se aprecia, el hecho biológico de la muerte física o natural requiere de un


certificado médico que previamente haya verificado la ausencia de vida en la
persona natural.

Asimismo, la Ley General de Donación y Trasplante de Órganos y/o Tejidos


Humanos (Ley 28189) establece una serie de conceptos, entre ellos el de la
muerte entendiéndola como el cese irreversible de la función encefálica o la
función cardiorrespiratoria. Define a la Muerte Encefálica como el cese
irreversible de las funciones del tronco encefálico, en ese sentido, el diagnóstico
y certificación de la muerte de una persona se basa en el cese definitivo e
irreversible de las funciones encefálicas según los protocolos que establezca el
reglamento y bajo responsabilidad del médico que lo practica. Esta misma norma
identifica, además, a la Muerte Accidental, entendiéndose que es aquella en la
cual debe practicarse una necropsia, previo levantamiento del cadáver.

Por su parte, el art. 3 del Reglamento de la Ley General de Donación y Trasplante


de órganos y/o Tejidos Humanos (D.S. N° 014-2005-SA) señala que a partir de
la muerte de una persona natural, el sujeto de derecho se convierte en un objeto
de derecho (entiéndase uno “sui generis”[5]). Dicha norma establece los
protocolos que deben seguirse para la certificación de la muerte cerebral y el
trámite para el trasplante de órganos de donantes cadavéricos.

1.1.1.2. Declaración de Muerte Presunta.

Es aquella ficción legal regulada a partir del art. 63 CC cuya finalidad es


solucionar situaciones inciertas respecto de la vida o fallecimiento de una
persona que no se encuentra presente, tutelando el interés de la persona
desaparecida, el interés de los terceros, principalmente de aquellos que tengan
derechos eventuales de la sucesión del desaparecido; y, el interés de general de
la sociedad de que no haya bienes abandonados. El artículo mencionado señala
lo siguiente:
“Procede la declaración de muerte presunta, sin que sea indispensable la de
ausencia, a solicitud de cualquier interesado o del Ministerio Público, en los
siguientes casos.

1.- Cuando hayan transcurrido diez años desde las últimas noticias del
desaparecido o cinco si éste tuviere más de ochenta años de edad.

2.- Cuando hayan transcurrido dos años si la desaparición se produjo en


circunstancias constitutivas de peligro de muerte.

3.- Cuando exista certeza de la muerte, sin que el cadáver sea encontrado o
reconocido.”

En todos los supuestos mencionados, la declaración de muerte presunta se


declara judicialmente previa solicitud de interesado o del Ministerio Público vía
proceso no contencioso (art. 790 CPC) adjuntando la relación de bienes y
deudas que se conozcan del muerto presunto y el nombre de sus probables
sucesores (art. 791 CPC). La resolución que admite a trámite la solicitud será
notificada mediante los edictos más idóneos al cumplimiento de su fin. A quienes
puedan tener derechos sucesorios, se les notificará por edicto si se desconociera
su dirección domiciliaria (art. 792 CPC). La sentencia que ampara la solicitud,
establece la fecha probable de la muerte presunta y, en su caso, designa al
curador (art. 793 CPC). La sentencia (ejecutoriada[6]) es inscribible en los
registros en donde deba producir efectos jurídicos (como por ejemplo, en el
registro personal conforme al inc. 2 del art. 2030 CC).

1.1.2. La Inscripción de la Muerte.

Tanto en los casos de muerte (física o natural) como en la declaración de muerte


presunta es necesario que estos hechos se inscriban obligatoriamente en el
Registro de Identificación y Estado Civil (literal c) y e) del art. 44 de la Ley
Orgánica del RENIEC) a efectos de expedirse el acta de defunción. El art 50 del
Reglamento de la Ley del RENIEC señala que para efectos de la inscripción se
presentará el certificado de defunción emitido por médico con título reconocido
por el Estado y que, en caso de no haber en la localidad un médico que acredite
la defunción, se requiere una declaración jurada de la autoridad política, judicial
o religiosa confirmando el deceso. En caso de muerte violenta se requiere la
autorización del médico legisla. La inscripción de la defunción es, además,
necesaria para la sepultura, la cremación o la inhumación del cadáver. Según el
art. 52 del reglamento, la inscripción de la defunción debe detallar:

a) Nombre, edad, sexo, domicilio y nacionalidad del difunto.


b) Lugar, hora y fecha del fallecimiento.
c) Nombre del cónyuge en caso de haber sido casado el difunto.
d) Nombre de los padres del difunto.
e) Nombre y firma del declarante.
f) Nombre y firma del Registrador.
g) Número de CUI o de la libreta electoral o de cualquier otro documento que
permita fehacientemente la identificación del difunto.

La inscripción se efectúa por persona mayor de 18 años dentro de las 48 horas


de ocurrido del fallecimiento, ante cualquier oficina del RENIEC portando su DNI,
el DNI del fallecido y el Certificado Médico de Defunción. Si la inscripción no es
oportuna, será necesario seguir un procedimiento judicial no contencioso de
inscripción de partida; y si hubiera error, será preciso iniciar un procedimiento de
rectificación de partida los cuales se tramitan según los arts. 826 y ss. del Código
Procesal Civil; o, en vía notarial, para el caso de la rectificación, conforme al art.
15 y ss. de la Ley 26662.

1.1.3. Conmorencia.-

Especial importancia reviste determinar el momento exacto del fallecimiento de


una persona, por cuanto este hecho debe conocerse ad-momentum y no ad-dies;
es decir, con relación al instante mismo y no al día del deceso. Respecto al
fallecimiento de varias personas ocurridas a consecuencia de un mismo
acontecimiento (un accidente, un terremoto, un incendio, una guerra, etc.) se
plantea el problema de determinar el orden en que se produjeron las muertes
para poder conocer si hubo entre las personas transmisión de derechos
hereditarios. Sobre el tema existen 2 teorías:

a. Teoría de la Premorencia: Señala que en este caso, por circunstancias de


hecho, edad y sexo, debe presumirse que unas personas fallecieron antes que
otras y que habría entre ellas transmisión sucesoria[7]. Es el sistema que
consagra el Código Civil francés, determinando:

 Las circunstancias de hecho, por los atestados y testimonios.


 Las consideraciones de edad y sexo, estableciendo las Sgtes. presunciones:

- si los conmurientes tuvieron menos de 15 años, sobrevive el de más edad;


- si tenían más de 60 años, sobrevive el de menos edad;
- entre una persona de menos de 15 años y otra de más de 60, sobrevive la 1°;
- entre los 15 y 60, si las personas son del mismo sexo, sobrevive el más joven
- entre los 15 y 60 si son de sexo opuesto y hay entre ellas una diferencia menor
de un año, sobrevive el hombre.
b. Teoría de la Conmorencia: No puede presumirse que una persona falleció
antes que otra sino que todas fallecieron al mismo momento. En consecuencia,
no existirá entre ellas transmisión sucesoria. Esta teoría es acogida por nuestra
legislación civil, el Art. 62 del CC expresa que “si no se puede probar cual de dos
o más personas murió primero, se las reputa muertas al mismo tiempo y entre
ellas no habrá transmisión de derechos hereditarios”.

Observan Diez Picasso y Gullón que esta presunción es aplicable al supuesto


de que dos o más personas hayan fallecido en un mismo suceso como en
cualquier otra circunstancia. Espinoza Espinoza al respecto señala que existe
también conmorencia cuando dos o más personas vinculadas legítimamente
mueren al mismo tiempo, en lugares distintos, como en el caso de una zona de
guerra o un terremoto, ya que no siendo posible determinar el instante exacto,
se asume la existencia de un tiempo común aun cuando las personas se
encuentren ubicadas en espacios diferentes.

1.1.4. Aspectos de tiempo, lugar y efectos en la apertura de la sucesión.

Tiempo, interesa saber el momento de la apertura. Ello determinará:

 Quienes son los sucesores y su compatibilidad y dignidad para suceder.

 Cuáles son los bienes, derechos y obligaciones objeto de la transmisión.

 Cuál es la ley aplicable.

 La competencia del Juez.

 Que a partir del instante de la apertura se retrotraen los efectos de la aceptación


y renuncia de la herencia y legados, nace la indivisión hereditaria por el
condominio que surge entre los herederos respecto de los bienes de la herencia
y pueden celebrarse contratos sobre los derechos de sucesión.
b. El Espacio, interesa saber el lugar de la apertura para efecto de establecer
procesalmente una sola jurisdicción.

c. El Efecto, todo el proceso tiene como consecuencia la transmisión de los bienes


materia de la herencia a aquellos que deben recibirla. No debe confundirse la
apertura de la sucesión con una serie de actos realizados después del
fallecimiento de una persona, como son los procedimientos no contenciosos de
apertura de testamentos cerrados, protocolización de los ológrafos o declaración
de sucesión intestada.

1.4. Características de la sucesión ipso iure.

Según Olavarría[8], se define lato sensu a la Sucesión como la transmisión


patrimonial por causa de muerte. Es decir, y tal como reza el numeral 660 de
nuestro Código Civil, desde el momento de la muerte de una persona el
patrimonio que ésta deja se transfiere de pleno derecho a quienes deban
sucederla. Y esto en razón a que el patrimonio que se define como un atributo
de la persona se encuentra necesariamente ligado a ella desde que la persona
existe hasta que deja de existir, para el caso del ser humano desde que nace
hasta que muere, pudiendo variar dicho patrimonio según el cambio que se
produzca en los activos y pasivos que lo conforman o en los bienes, derechos y
obligaciones que lo integren, siendo esta la razón por la cual el legislador patrio
optó por la transmisión ipso jure o automática del patrimonio dejado por el de
cujus, ya que el patrimonio como atributo de la persona no puede concebirse
desligado de un sujeto al cual esté afecto, por lo que ya no existe desde la
entrada en vigencia del Código Civil de 1984 lo que antiguamente se llamaba la
herencia vacante toda vez que el Estado hoy en día sucede a falta de sucesores
testamentarios o legales, conforme lo dispone expresamente el numeral 830 del
Código Civil. Debe apreciarse también que la transmisión se produce
coetáneamente con la muerte del sujeto, en un solo instante sin interrupción
alguna. Y esta transmisión no puede prolongarse en el tiempo y mucho menos
diferirse, porque si no caeríamos en una suerte de incertidumbre reñida con el
Principio de Seguridad Jurídica en donde el patrimonio dejado por el causante
seguiría como tal pudiendo incrementarse o disminuir con el decurso del tiempo
sin un titular a quien pertenezca, toda vez que como es sabido, la muerte pone
fin a la persona y el patrimonio dejado por ésta se desliga del sujeto
transmitiéndose a los sucesores desde el momento mismo del deceso.

Estando a lo dispuesto por el artículo 660 del Código Civil que establece que
"desde el momento de la muerte de una persona, los bienes, derechos y
obligaciones que constituyen la herencia se transfieren a sus sucesores", por lo
que no hay necesidad de más documento que el testamento o declaratoria
judicial de herederos, para que todos los bienes que eran de titularidad del
causante al momento de su deceso, sean transferidos a favor de sus herederos.
En tal sentido, debe entenderse, que la sucesión no es una entidad jurídica, sino
un estado legal de condominio sujeto a normas específicas, por lo que, por
ejemplo, resultaría improcedente demandar a una sucesión sin indicar quienes
son los herederos que la integran.

Lohmann Luca de Tena[9], dice: que la herencia es el contenido y objeto de la


sucesión por causa de la muerte, por ello es una unidad transitoriamente
mantenida en conjunto desde la muerte del titular hasta la partición; es decir que
se concibe a la herencia como unidad objetiva que es materia de transmisión
integral «mortis causa», supone un «universum ius» que no consiste en la suma
o agregado de bienes, derechos y obligaciones singulares, sino en la unidad
patrimonial abstracta que ellos conforman y que abraza tanto el activo y como el
pasivo del causante; agrega el citado jurista que la herencia es una entidad
objetiva que contiene los bienes, derechos y obligaciones del causante
susceptibles de transmitirse, manteniéndose fundamentalmente incólumes las
posiciones jurídicas con el solo cambio de su titular subjetivo (...). Que, la
herencia así concebida reviste hasta su liquidación una nota de globalidad,
porque es la masa patrimonial transmisible del causante, de sus activos y
pasivos, la que por el hecho de su óbito se pone a disposición de los herederos.
(...) Que, el contenido de la herencia está constituido por los bienes, los derechos
y obligaciones, pues en lo atinente a este último concepto cabe precisar que
pueden ser materia de herencia aquellas obligaciones que no sean de carácter
personal (intuito personae), es decir aquellas que solamente pueden ser
satisfechas o cumplidas a plenitud por el propio obligado, y no por un sustituto.

1.2. RESPONSABILIDAD SUCESORIA.

1.2.1. RESPONSABILIDAD INTRA VIRES HEREDITATIS.

Artículo 661.- Responsabilidad intra vires hereditatis

El heredero responde de las deudas y cargas de la herencia sólo hasta


donde alcancen los bienes de ésta. Incumbe al heredero la prueba del
exceso, salvo cuando exista inventario judicial.

La herencia, entendida como la universalidad de los bienes que deja el causante,


tiene su origen a raíz de la muerte de este y constituye un patrimonio autónomo
distinto a los herederos que integran la sucesión, en tal sentido toda masa
hereditaria se compone de un pasivo y de un activo, esto es, por un lado existen
deudas y cargas que cubrir y, de otro, haberes y créditos que la benefician. Las
deudas son, propiamente, obligaciones que fueron contraídas por el causante en
vida, y que no pudo honrarlas oportunamente por sobrevenir su fallecimiento,
quedando las mismas impagas. Siempre que se encuentren acreditadas o
reconocidas, estas deudas se transmiten a los herederos con efecto intra vires
hereditatis, es decir, solo hasta donde alcance el valor de los bienes dejados
como herencia, salvo la excepción prevista en el artículo 662 del Código Civil.
Así por ejemplo, si por el fallecimiento del obligado, su conyuge se convierte en
su heredera, ello no importa que con sus bienes y derechos responda por las
obligaciones del causante, pues el heredero responde por las deudas y cargas
de la herencia solo hasta donde alcancen los bienes de ésta[10].

Este precepto conserva, en su primera parte lo dispuesto por el artículo 658 del
Código Civil de 1936 según “El cual el heredero sólo responde las deudas y
cargas de la herencia hasta donde alcancen los bienes de ésta”. Pero esta
fórmula es solamente declarativa (...) Enuncia el sistema de la responsabilidad
intra vires hereditatis por la deuda de un causante, que fue acertadamente
adoptado por los autores del Código de 1936, pero no completa tal declaración
con las disposiciones necesarias para el buen funcionamiento del sistema. Ello
es debido a que en la Comisión respectiva predominó el concepto según el cual
bastaba esta norma y no era necesario vincularla con las referentes al beneficio
de inventario. Pero, en realidad se trata precisamente del beneficio de inventario,
aunque dentro de este sistema no funciona como una modalidad de la
aceptación de la herencia por el heredero, sino como presunción legal que lo
ampara, pero cuyo buen funcionamiento requiere algunas disposiciones
complementarias. Por tal motivo, en la segunda parte de este artículo se dispone
que para acogerse a este beneficio, al heredero de formar inventario judicial de
los bienes, deudas, cargas de la herencia, dentro del término que al efecto se
indica[11].

El criterio que fue adoptado en el Anteproyecto de reforma del Código Civil, de


vincular la referida limitación de la responsabilidad del heredero por las deudas
y cargas de la herencia con la necesaria facción de inventarios, es una medida
elemental e imprescindible para el correcto funcionamiento del sistema y para
cautelar los derechos de los acreedores en la sucesión[12].

Ferrero expresa su posición frente al inventario judicial señalando que “El Código
Civil de 1984, si bien consagra la responsabilidad intra vires hereditatis al
expresar en su artículo 661 que el heredero responde de las deudas y cargas de
la herencia solo hasta donde alcancen los bienes de ésta, agrega el enunciado
que incumbe al heredero la prueba del exceso, salvo cuando exista inventario
judicial. La eliminación de la obligación del inventario judicial nos parece muy
adecuada, así como pertinente atribuir al heredero la carga de la prueba a que
se contrae el artículo 661 (…) las deudas a que se refiere este artículo son
únicamente las transmisibles, pues las personalísimas no son objeto de
transmisión. Las deudas difieren de las cargas en que éstas son obligaciones
nacidas después de la muerte, como los gastos del funeral o de incineración, de
habitación y alimentación de sus dependientes y el caso que erróneamente
califica el Código como tales: los gastos de la última enfermedad del causante
(artículo 869)[13].

Un ejemplo de las deuda transmisible por ejemplo la constituye un crédito


hipotecario, por su naturaleza jurídica, se encuentra ubicada dentro de los
derechos reales de garantía sobre un bien inmueble, por tanto, es un bien objeto
de transmisión sucesoria; mientras que un ejemplo de deuda intransmible la
constituye la rendición de cuentas, la misma que es personal, pues no pasa a los
herederos. Veremos más adelante, en el desarrollo de nuestra investigación,
algunos otros ejemplos al respecto.
1.2.2. RESPONSABILIDAD ULTRA VIRES HEREDITATIS.

Artículo 662.- Responsabilidad ultra vires hereditatis.

Pierde el beneficio otorgado en el artículo 661 el heredero que:

1.- Oculta dolosamente bienes hereditarios.

2.- Simula deudas o dispone de los bienes dejados por el causante, en


perjuicio de los derechos de los acreedores de la sucesión.

En esta disposición que complementa la anterior, se establece como sanción


para el heredero que no cumple con presentar oportunamente el inventario o que
oculte bienes hereditarios, o simule deudas o disponga de los bienes dejados
por el causante comprometiendo los derechos de los acreedores, la pérdida del
beneficio concedido en el artículo anterior y por consiguiente, responde ultra
vires hereditatis por las deudas y cargas de la herencia[14].

Esta figura aparece en el Código de Napoleón de 1804 imponiendo el artículo


792 una doble sanción a quien oculta o sustrae bienes hereditarios; por un lado,
se le fuerza a aceptar la herencia en forma simple y pura y, por otro, se le priva
de su porción respecto a los bienes que quiso ocultar[15]. Por su parte, el Código
Civil de 1852 declaraba que los herederos que hubiesen ocultado algunos bienes
de la herencia no podían gozar del beneficio de inventario, y perdían su derecho
a los bienes ocultados, los cuales pertenecían a los coherederos inocentes en la
ocultación, y, a su falta, a los herederos legales. Es decir, el heredero no sólo
sucedía ultra vires hereditatis, sino, además, no heredaba los bienes
ocultados[16].

Ferrero Costa considera “sumamente drástica la sanción que establece el


artículo 662. conceptuamos que constituyendo delitos estos hechos, su sanción
se encuentra dentro del campo del Derecho Penal; y, en todo caso, implican
actos que civilmente pueden ser, algunas veces, declarados ineficaces mediante
la acción pauliana; o el acreedor, subrogándose en el heredero, puede plantear
la acción oblícua. Debe observarse que la sanción propuesta es muchísimo más
grave que la que proviene de indignidad y de desheredación, pues mientras
estas figuras implican sólo el apartamiento forzoso de la herencia, aquella hace
responder al heredero de todas las obligaciones del causante y de las
cargas”[17].
Por su parte, De Gásperi advierte que “el hecho así expuesto no sólo es un delito
civil, por su manifiesta ilicitud y la evidente intención de causar daño a los
derechos de otro, sino que además puede revestir los caracteres de un delito
penal, sea como (apropiación ilícita)”[18].

Finalmente, Ferrero[19] concluye que tres son las situaciones respecto a los
herederos, con consecuencias distintas:

1. Aceptación de la herencia: Se sucede intra vires hereditatis; es decir, en todas


las obligaciones del causante hasta donde alcancen los bienes de la herencia.

2. Casos de renuncia, indignidad y desheredación: Se produce el apartamiento


forzoso de la herencia y se le considera como si jamás hubiese sido heredero.

3. Caso del heredero que oculta dolosamente bienes hereditarios, simula


deudas o dispone de los bienes dejados por el causante en perjuicio de los
derechos de los acreedores de la sucesión: Se sucede ultra vires hereditatis;
es decir, en todos los bienes y en todas las obligaciones, con los alcances
explicados.

1.3. FUERO SUCESORIO.

Artículo 663.- Juez competente en materia sucesoria.

Corresponde al juez del lugar donde el causante tuvo su último domicilio


en el país, conocer de los procedimientos no contenciosos y de los juicios
relativos a la sucesión.

El lugar de apertura de la sucesión determina el fuero sucesorio, cuyo régimen


esta constituído por normas de orden público interno de carácter imperativo e
inderogable por las partes. Todas las acciones hereditarias se entablan ante el
juez del último domicilio del causante[20].
Guzmán Ferrer, señala que completando las anteriores disposiciones relativas a
la transmisión sucesoria, éste artículo se refiere a la determinación del lugar a
cuyos jueces corresponde conocer de los asuntos relativos a la sucesión[21]. La
exposición de motivos del Código Civil actual señala que el anteproyecto de
reforma se adoptó el sistema de la unidad jurisdiccional.

El artículo bajo comentario marca su antecedente en el Código Civil de 1936, el


cual indicaba en el artículo 676°, refiriéndose a la renuncia de la herencia y de
los legados, que la acción podía ser hecha “ante el juez que conoce o debe
conocer de la sucesión”, lo cual suponía la existencia de una norma general al
respecto, pero ésta no existió en dicho Código, ni en el entonces vigente Código
de Procedimientos Civiles cuyas reglas sobre la competencia, tanto para los
litigios como para los procedimientos eran variadas.

No obstante lo señalado anteriormente, un sector de la doctrina (Lohmann por


ejemplo) sostiene la posición de que “el artículo 663 es por completo impertinente
en un Código Civil, pues se trata de una norma genuinamente procesal. En tal
sentido, el artículo 19° del Código Procesal Civil dispone que en materia
sucesoria es competente el juez del lugar donde el causante tuvo su último
domicilio en el país y que esta competencia es improrrogable.
Consecuentemente, no caben las prórrogas expresa o tácita de competencia a
que aluden los artículos 24 y 25 del mismo cuerpo procesal[22].

No se ha contemplado el caso en que el causante hubiere estado domiciliado


fuera del territorio de la República (…) porque tales situaciones son reguladas
por las normas del Derecho Internacional Privado[23].

[1] El efecto del fallecimiento de la persona natural es regulado en el artículo 61° del Código Civil,

que señala “La muerte pone fin a la persona”. La muerte es el hecho biológico cuya
consecuencia jurídica es la de extinguir los derechos y las obligaciones personalísimas de su
titular. Da origen a la sucesión. Comúnmente, se cree que la muerte se produce cuando las
funciones vitales (respiración y circulación, expresadas por el latido cardíaco) se detienen. Sin
embargo, jurídicamente, se acepta el concepto de muerte cerebral, referido al cese definitivo e
irreversible de la actividad cerebral (Art. 21 del D.S. 014-88-SA). Tal hecho se acredita con la
inscripción de la partida de defunción (art. 73 del Código Civil).
[2] Según Borda, “la antigua figura de la muerte civil existió en algunos países hasta mediados
del siglo XIX por la que los condenados por ciertos delitos graves a deportación era reputados,
a manera de condena condicional, como civilmente muertos, siendo de recordar las duras frases
que pronunciaba el juez, en el Derecho Germánico, al condenar a una persona por esta pena.
“Tú quedarás fuera del decho. Viuda es tu mujer; sin padre tus hijos. Tu cuerpo y tus carnes son
consagrados a las fieras de los bosques, a los pájaros del aire, a los peces de las aguas. Los
cuatro caminos del mundo se abren ante ti para que vayas errante por ellos; donde todos tienen
paz, tú no la tendrás”. (Borda, Guillermo A. Manual de Derecho Civil. Parte general. 14° edición.
Editorial Perrot. Buenos Aires-Argentina. 1989. Págs. 153-154)
[3] CARDENAS KRENZ, Ronald. Fin de la Persona. En “Código Civil comentado por los 100
mejores especialistas”. Derecho de las Personas. Tomo I. Primera Edición. Editorial Gaceta
Jurídica. Lima – Perú. Marzo 2003. Pág. 354.
[4] Un sector de la doctrina nacional está en desacuerdo con el término usado por el art. 61 CC
pues refiere específicamente a la “persona” y no al “ser humano”, concepto, éste último, más
amplio y que engloba tanto al concebido como a la persona natural.
[5] Si bien la muerte pone fin al ser humano en tanto sujeto de derecho, la ley le otorga a los
herederos el poder para que puedan exigir el respeto a la memoria y a la confidencialidad de
los actos realizados en vida por el causante.
[6] La exigencia de la ejecutoriedad de la sentencia que declara la muerte presunta se requiere
tanto ante el registro personal en caso de los Registros Públicos como del registro de
Identificación y Estado Civil.
“Art. 2031 Código Civil.-
Para las inscripciones previstas en el art. 2030, las resoluciones judiciales deberán estar
ejecutoriadas, …”
“Art. 55 Ley 26497 Ley Orgánica del Registro de Identificación y Estado Civil.-
Las inscripciones de resoluciones judiciales se efectuarán únicamente en caso que éstas se
encuentren ejecutoriadas, salvo disposición legal en contrario. Para dichos efectos, los jueces
dispondrán, bajo responsabilidad, se pasen los respectivos partes al registro para su inscripción
dentro de los quince (15) días siguientes a la fecha en que quedó ejecutoriada la resolución”
[7] El Derecho Romano estableció que si un hijo y su padre y su madre hubieran muerto en un
mismo accidente, se presumirá que el hijo habría muerto primero, si fuera impúber y el último si
fuera púber.
[8] OLAVARRIA VIVIAN, Juan Alejandro. “La vocación sucesoria de los muertos”. En: Diálogo
con la Jurisprudencia. Sección: Análisis y crítica jurisprudencial. Tomo 11. Ed. Gaceta Jurídica
Agosto 1999.
[9] En Diálogo Con La Jurisprudencia. Tomo 30. Especial De Jurisprudencia. Sucesiones. I.
Transmisión Sucesoria. Ed. Gaceta Jurídica. Lima – Perú. Marzo 2001. Versión Digital.
[10] Exp. N° 231-99 del 14/04/1999. En: Cuadernos Jurisprudenciales N° 19. Ed. Gaceta Jurídica.
Lima - Perú. Enero. 2003. p. 58.
[11] GUZMÁN FERRER, Fernando. Ob. Cit. p. 09.
[12] Idem anterior.
[13] FERRERO COSTA, Augusto. Responsabilidad ilimitada o intra vires hereditatis. En “Código
Civil comentado por los 100 mejores juristas”. Derecho de Sucesiones. Tomo IV. Primera Edición.
Ed. Gaceta Jurídica. Lima – Perú. 2003. p. 25.
[14] GUZMÁN FERRER, Fernando. Código Civil. Tomo II. Segunda Edición. Editorial Científica
SRL. Lima – Perú. 1996. p. 10.
[15] FERRERO COSTA, Augusto. “Derecho de Sucesiones”. En Tratado de Derecho Civil. Tomo
V. Volumen I. Ed. Universidad de Lima. Lima – Perú. 1994. p. 175.
[16] Idem anterior.
[17] FERRERO COSTA, Augusto. Ob. Cit. pp. 173 y 174.
[18] DE GÁSPERI, Luis. “Tratado de Derecho Hereditario”. Tomo I. parte General. Tipográfica
Editora. Buenos Aires – Argentina. 1953.
[19] FERRERO COSTA, Augusto. Responsabilidad ilimitada o ultra vires hereditatis. En “Código
Civil comentado por los 100 mejores juristas”. Derecho de Sucesiones. Tomo IV. Primera Edición.
Ed. Gaceta Jurídica. Lima – Perú. 2003. p. 26.
[20] Exp. N° 616-87-Callao. Normas Legales N° 161. p. 393.
[21] GUZMÁN FERRER, Fernando. Ob. Cit. p. 11.
[22] LOHMANN LUCA DE TENA, Guillermo. Juez competente en los procesos de Sucesiones.
En “Código Civil comentado por los 100 mejores juristas”. Derecho de Sucesiones. Tomo IV.
Primera Edición. Ed. Gaceta Jurídica. Lima – Perú. 2003. p. 27.
[23] LANATA, Rómulo E. “Proyectos y anteproyectos de la reforma del Código Civil”. Tomo I.
Lima – Perú. pág. 688.

PETICIÓN DE HERENCIA

Por: Mg. Arturo Zapata Avellaneda. Abogado. Asesor Legal. Docente


Universitario. Conferencista Nacional e Internacional.

El presente artículo forma parte de las disposiciones de la Sección Primera


Sucesión en General, Título II del Libro IV del Código Civil vigente de 1984 y
analiza respecto al derecho de Acción de Petición de herencia y preterición,
asimismo se aborda la acción reivindicatoria como la acción de retribución y
resarcimiento por enajenación de bienes hereditarios, todo ello regulado desde
el artículo 664 al 666° del Código Sustantivo. Finalmente, como aporte,
adjuntamos un modelo de demanda de petición de herencia que esperamos sea
útil a los abogados defensores de causas justas.

1. ACCIÓN DE PETICIÓN DE HERENCIA.

Artículo 664.- Acción de petición de herencia.

El derecho de petición de herencia corresponde al heredero que no posee


los bienes que considera que le pertenecen, y se dirige contra quien los
posea en todo o parte a título sucesorio, para excluirlo o para concurrir con
él.

A la pretensión a que se refiere el párrafo anterior, puede acumularse la de


declarar heredero al peticionante si, habiéndose pronunciado declaración
judicial de herederos, considera que con ella se han preterido sus
derechos.

Las pretensiones a que se refiere este Artículo son imprescriptibles y se


tramitan como proceso de conocimiento. ([1])

I. Legitimidad para obrar.

El primer párrafo del artículo 664° del Código Sustantivo refiere que la pretensión
de petición de herencia se concede al heredero, quien no obstante que desde la
muerte del causante le han sido transmitidas de pleno derecho la propiedad y la
posesión de los bienes que constituyen la herencia, no puede entrar en posesión
de éstos porque se encuentran en poder de otros herederos, verdaderos o
aparentes, o de quienes poseen sin título, o de los causahabientes a título
gratuito de cualquiera de estas personas; que la mencionada norma permite
acumular a aquélla la pretensión de declaratoria de herederos.

Al respecto, Guzmán señala que “el artículo incluye (…) entre aquellos contra
quienes procede esta acción, no solo a quienes poseen “pro haerede”, sino
también a los poseedores “pro posessore” y a los adquirientes a título gratuito de
unos y otros. Esta amplitud de la acción proviene de la que tuvo la “haereditatis
petitio” en el derecho romano, (…). La referida acción procede contra los
coherederos para concurrir con ellos a la posesión efectiva de la herencia, y
contra los herederos aparentes y los poseedores a título gratuito de unos u otros
para excluirlos de la posesión que detentan. Es heredero aparente y por lo tanto
poseedor de buena fe, el que ha entrado en la posesión de los bienes
hereditarios creyendo por error que era heredero, debido a que no conocía el
mejor título del demandante, en la sucesión legal, como pariente más próximo,
o en la testamentaria como heredero legitimario con título preferente”[2].

Aclaremos un poco estos conceptos. En principio, la acción petitoria es la que se


dirige contra los herederos declarados a título universal y se refiere a la totalidad
de la herencia (pro heredere), por lo tanto, la vocación sucesoria es el
presupuesto para que haya heredero, la cual se determina en base a un título:
 Fallecida una persona, la herencia transmisible que deje será asignada a los
herederos que sustenten su calidad de tales. Para ello deben acreditar su
vocación hereditaria con respecto al causante y el título que los califica como
herederos. Así, la vocación hereditaria actual determina el derecho sucesorio.

 En sucesión intestada es la ley la que establece la vocación sucesoria de los


herederos, por ello se les denomina herederos legales, correspondiéndoles el
primer orden sucesorio a los hijos del causante, sin distinguir el origen de la
filiación, y a los demás órdenes que señala el artículo 816° del Código Civil.

 Estando a que la convivencia no está reconocida como una de las fuentes de la


vocación hereditaria[3], es de colegir que, la conviviente del causante no tiene
vocación sucesoria reconocida por las normas del Libro IV de Sucesiones del
Código Civil de 1984; por ello carece de legitimidad para obrar como demandante
en un proceso de petición de herencia.

El título de heredero lo encontramos en el testamento, la sentencia judicial previa


acción de petición de herencia o el acta notarial protocolizada que lo declare. De
modo que, la finalidad del título hereditario consiste en la acreditación del titular,
en base a la vocación hereditaria que reúna el sucesor hereditario conforme a
las normas de derecho sucesorio.

Mediante el proceso de petición de herencia se reclaman los bienes que se


encuentran a cargo de otras personas declaradas herederas, asimismo se puede
acumular la demanda de declaración de heredero, de quien alegue tener
derechos sucesorios. En cuyo caso, la sentencia que ampare la demanda de
petición de herencia constituirá el título de heredero, quien entonces se
encontrará facultado para el ejercicio de sus derechos hereditarios sobre la
herencia, y reclamar los bienes y derechos que le correspondan.

II. Acumulación de pretenciones. Preterición.

Respecto al segundo párrafo del artículo bajo comentario, la jurisprudencia


nacional ha determinado que “para interponer la acción petitoria de herencia no
es requisito esencial” -o previo- “haber sido declarado heredero”, pues todo
pronunciamiento en ese sentido constituiría un pronunciamiento incompleto e
infrapetita que afectaría el debido proceso por parte de la autoridad jurisdiccional,
“sino que dicha acción puede ser ejercida por aquél que no habiéndolo sido, se
considere con derechos sobre el acervo hereditario. Para ello deberá acumular
a su acción de petición de herencia la de declaratoria de heredero”[4]. De lo
expuesto se colige que la acción petitoria de herencia es de naturaleza
contenciosa y a ella puede acumularse la pretensión de ser declarado heredero,
en caso que habiendo declaratoria de herederos se hubiera preterido los
derechos del demandante, lo cual no se puede hacer valer en vía no contenciosa.

Del mismo modo, en las cuestiones sucesorias, todos los sujetos llamados a
heredar tienen legítimo interés en lo que respecta a la herencia, por lo que si es
omitido uno o algunos de ellos, el proceso deviene nulo. Por lo tanto, el heredero
preterido puede ejercer su derecho de petición de herencia, en virtud del cual
puede pedir que se le declare heredero, y que se le permita el acceso a los
bienes de la herencia, excluyendo a quien los tuviera en su poder o concurriendo
en la posesión.

III. Características de la acción de petición de herencia

Respecto al tercer párrafo del artículo, se declara además la imprescriptibilidad


de esta acción cuando se ejerce entre coherederos, porque éstos tienen entre sí
la condición legal de condóminos, entre los cuales no funciona la prescripción
adquisitiva[5].

La pretensión se tramita en la vía del proceso de conocimiento conforme al art.


475° y ss. del Código Procesal Civil.

2. ACCION REIVINDICATORIA DE BIENES HEREDITARIOS.

Artículo 665.- Acción reinvidicatoria de bienes hereditarios.

La acción reinvicatoria procede contra el tercero que, sin buena fe,


adquiere los bienes hereditarios por efecto de contratos a título oneroso
celebrado por el heredero aparente que entró en posesión de ellos.

Si se trata de bienes registrados, la buena fe del adquirente se presume si,


antes de la celebración del contrato, hubiera estado debidamente inscrito,
en el registro respectivo, el título que amparaba al heredero aparente y la
trasmisión de dominio en su favor, y no hubiera anotada demanda ni
medida precautoria que afecte los derechos inscritos. En los demás casos,
el heredero verdadero tiene el derecho de reinvidicar el bien hereditario
contra quien lo posea a título gratuito o sin título. ([6])

La acción reivindicatoria hereditaria es aquella que se dirige contra terceros, a


título particular y con relación, no a la totalidad de los bienes, sino a determinados
bienes hereditarios (pro possesore) de tal manera que ésta fluye, no de una
posesión a título hereditario sino de una posesión a título real. Esta acción
también es imprescriptible yparticipa de igual naturaleza que la acción de
reivindicación normada por el artículo 927° del Código Civil[7].

Lohmann[8] señala que “a diferencia de la acción petitoria, la reivindicatoria se


dirige contra quien tiene bienes concretos que fueron del causante sin haberlos
adquirido de éste o de un legítimo sucesor (por ejemplo, los ha adquirido de un
heredero declarado indigno). Esta acción judicial procede sólo en estos dos
casos previstos por el artículo 665° del Código Civil procede este tipo de
acción[9]:

a) Contra el tercero que, sin buena fe, adquiere los bienes hereditarios por
efectos de contratos a título oneroso celebrados por el heredero aparente
que entró en posesión de ellos. Respecto de los actos onerosos, se protege al
tercero de buena fe que los haya adquirido de quien registralmente tenía inscrito
título sucesorio. Y agrega el artículo 665: sin que hubiera anotada demanda ni
medida precautoria que afecte los derechos inscritos”. Por lo tanto, no cabe
acción reivindicatoria contra cualquier adquiriente a título oneroso y de buena fe.
A la inversa si deberá prosperar contra el adquiriente oneroso de mala fe.

b) Contra quien posee los bienes hereditarios a título gratuito o sin título. En
el primer caso la acción reivindicatoria debe prosperar pues el adquiriente no ha
entregado contraprestación alguna y es obvio que, por mucha buena fe que haya
tenido, entre empobrecimiento del heredero y adquisición sin costo por el tercero
debe prevalecer lo primero, sin otra prueba que acreditar la gratuidad de la
transmisión y el título de heredero del reclamante. En el segundo caso, no
requiere explicación pues el precario no puede alegar defensa en su favor y la
justificación de la norma salta a la vista.

La acción reivindicatoria de herencia supone como presupuesto de


accionabilidad que el reivindicante sea heredero declarado o instituido por
testamento. En el primer caso la vocación hereditaria debe acreditarse
formalmente mediante sentencia declarativa pertinente para poder accionar[10],
mientras que en el segundo se acredita por cualquier clase de testamento que
prevé nuestro ordenamiento jurídico siempre que éste sea otorgado conforme a
ley.

3. ACCIÓN DE RETRIBUCIÓN Y RESARCIMIENTO POR ENAJENACIÓN DE


BIENES HEREDITARIOS.

Artículo 666.- Retribución y resarcimiento por enajenación de bienes


hereditarios.

El poseedor de buena fe que hubiese enajenado un bien hereditario está


obligado a restituir su precio al heredero y si se le adeudara, se trasmitirá
a este último el derecho de cobrarlo. En todos los casos, el poseedor de
mala fe está obligado a resarcir al heredero el valor del bien y de sus frutos
y a indemnizarle el perjuicio que le hubiera ocasionado.

Lohmann señala que el precepto del artículo 666° del Código Civil solo tiene
sentido si la acción reivindicatoria no procede, por haberse transferido el bien a
un tercero a título oneroso y de buena fe, pues en los otros casos procede la
reivindicación y por tanto la recuperación del bien. Sólo cuando el bien no es
recuperable tiene lógica disciplinar legalmente no la restitución del bien, sino la
compensación del precio recibido por él[11].

Por su parte, Guzmán refiere que “este artículo (…) está inspirado en el párrafo
segundo del artículo 535 del Código Italiano que se refiere al caso en que el
transfiriente sea poseedor de buena fe” quien está obligado a restituir su precio
al heredero y si se le adeudara, se trasmitirá a este último el derecho de
cobrarlo. “Este artículo refiere, además, expresamente, al caso del poseedor de
mala fe, para declarar que está obligado no sólo a la restitución del bien, sino al
reintegro de sus frutos, pues lo poseyó indebidamente, y a la indemnización de
los perjuicios que hubiera ocasionado. En cuanto a la devolución de frutos, este
artículo aplica las disposiciones generales según las cuales el poseedor de
buena fe hace suyo los frutos y el de mala fe está obligado a restituirlos”[12].

Siguiendo a Lohmann[13], la norma contempla varios supuestos, a su vez


subdivisibles:

a) Al aludir la norma al poseedor de buena fe que hubiese enajenado un bien


hereditario plantea una doble hipótesis:

 Que el poseedor enajenante sea un sucesor aparente que, por creerse


heredero o legatario, se consideró propietario y por tanto en aptitud de
disponer libremente de lo que creía suyo. En este caso se considera poseedor
de buena fe a aquel que por error considera ser heredero, pero la buena fe no
favorece si el error depende de culpa grave.

 Que el poseedor de buena fe se creyera con derecho sobre el bien por título
diferente al sucesorio. En este caso es de aplicación las normas generales de
derecho real.

En uno u otro caso, como la recuperación del bien ya no procede por haberlo
adquirido un tercero de buena fe y a título oneroso, la ley impone al enajenante
la obligación de restituir al verdadero heredero con un monto equivalente al del
enriquecimiento del primero, que no necesariamente equivale al
empobrecimiento del segundo, puesto que la norma habla de precio de
transferencia, no de valor del bien.

El precepto regula la enajenación por un precio, o sea onerosamente, por el


poseedor de buena fe. Omite disciplinar la hipótesis de enajenación sin precio,
es decir, cuando el poseedor de buena fe enajena a título gratuito. Lohmann
sostiene al respecto que le asiste la posibilidad de reivindicar el bien contra el
adquiriente, tanto por lo dispuesto en la última parte del numeral 665° del Código
Civil, como porque nada en contra se deduce del 666°. Mientras no haya
adquisición onerosa de buena fe u otra causal impeditiva, siempre procede la
reivindicación contra el adquiriente.

b) Poseedor de mala fe es aquel en quien no concurren las circunstancias que


señala el artículo 907° del Código Civil. En concordancia con el artículo 910° del
Código Civil, el poseedor de mala fe contra el que no se pueda lograr la
recuperación del bien, ni lograrla de aquellos a quienes lo hubiese transferido,
queda obligado a indemnizar al heredero. La indemnización ya no es del precio,
como en el caso anterior, sino del valor del bien, a lo que habrá que agregar
sus frutos y todos los perjuicios que haya tenido el heredero.

Efectivamente, por ejemplo “los bienes transferidos por el heredero aparente o


por uno de los coherederos a favor de terceros, en el caso que no se puedan
reinvindicar los bienes hereditarios, no son materia de división y partición; sin
embargo, el poseedor de los bienes, dentro de los cuales debe incluirse al
sucesor aparente o coheredero, está obligado a restituir la totalidad o parte del
precio al heredero perjudicado, a tenor de lo dispuesto en el artículo 666 del
Código Civil”[14].

MODELO DE DEMANDA DE
PETICION DE HERENCIA

Expediente Nº
Especialista:
Cuaderno: Principal
Escrito Nº 1
Sumilla: Interpone demanda de Petición de Herencia y Sucesión Intestada.

AL JUZGADO CIVIL DE …

AAAAAA, identificado con DNI Nº …, con dirección domiciliaria en …, señalando


domicilio procesal en …; atentamente digo:

I. VIA PROCEDIMENTAL Y PETITORIO.


Que, en VIA DE PROCESO DE CONOCIMENTO recurro a vuestro digno Despacho con la
finalidad de interponer la presente demanda sobre Petición de Herencia y Sucesión Intestada,
con el propósito de que se me incluya como heredera de la masa hereditaria de quien en vida
fue mi padre xxxxxxxxxxxxxxxxx, quien falleció el 27 de Mayo de 2018 en la ciudad de
XXXXXX, sin dejar Testamento.

II. COMPETENCIA.

Es competente el Juzgado Civil de …

- Porque, conforme se desprende del tercer párrafo del art. 663º CC corresponde
al juez del lugar donde el causante tuvo su último domicilio en el país, conocer
de los procedimientos no contenciosos y de los juicios relativos a la sucesión.

III. PERSONAS CONTRA QUIEN SE DIRIGE LA DEMANDA

La presente demanda se dirige contra xxxxxxxxxxxxxxx, con DNI N° ____________


xxxxxxxxxxxxxxxxxx, con DNI N° ____________ y xxxxxxxxxxx, con DNI ° ------------------------
a quienes se les deberá notificar con la presente demanda, a las dos primeras en xxxxxxxx y
a la última en xxxxxxxxx.

IV. FUNDAMENTOS DE HECHO

PRIMERO: Que, con fecha 27 de Mayo de 2018, mi padre xxxxxxxxxxxxxxxxx, falleció en la


ciudad de XXXXX sin haber manifestado su voluntad sucesoria previamente, hecho que se
prueba con la partida de defunción correspondiente. (ANEXO 1-___)

SEGUNDO: La (El) suscrita (o), conforme lo acredito con la partida de nacimiento emitida por
XXXXX que acompaño, también es hija (o) del causante, situación que además es conocida
por las (los) demandadas (os). (ANEXO 1-__)

TERCERO: Es el caso que al fallecimiento de mi padre, nos ponemos de


acuerdo los cuatro hermanas (os) para iniciar los trámites de la sucesión intestada, trámites
legales que estuvieron a cargo de un asesor legal, quien nos informó que previamente debían
hacerse las rectificaciones de partida de nacimiento, por cuanto habían discrepancias en los
nombres. Este hecho lo acredito con el mérito de la copia literal del Registro de Sucesión
Intestada de la Oficina de Registros Públicos, así como de los bienes inmuebles que poseía
el causante. (ANEXO 1-___)

CUARTO: Así las cosas, iniciamos los trámites para las rectificaciones, pero por razones que
desconozco las demandadas paralelamente se buscaron a otro abogado y comenzaron a
hacer todo de nuevo, sin que yo tuviera participación y menos conocimiento de ello. Este
hecho lo acredito con el Testimonio Notarial de la Sucesión Intestada tramitada ante la Notaría
xxxxxxx, donde consta que se declara como herederas universales a xxxxxxxxxxxx,
xxxxxxxxxxxxx y xxxxxxxxxxxxx.(ANEXO 1-___)

QUINTO: Que, recién con fecha … de … de ….; y a raíz de que vendieron un inmueble a
Don (ña) xxxxxxxx , bien que forma parte de la masa hereditaria he tomado conocimiento que
las demandadas han sido declaradas herederas universales de mi padre
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxx, dejándome excluida tanto de dicha sucesión, así como de los
demás derechos que como heredera también me asisten legalmente, como es el de estar o
no de acuerdo con la compra venta de algún bien que forma parte de la masa hereditaria.
Este hecho lo acredito con el mérito de la copia literal del Registro de Propiedad Inmueble del
Registro de Predios de la Oficina de Registros Públicos, donde consta la transferencia del
inmueble que forma parte de la masa hereditaria a favor de un tercero. (ANEXO 1-___)

SEXTO: En tal virtud, y en el ejercicio de mi derecho sucesorio correspondiente e


imprescriptible, al amparo de lo que establece el artículo 664º del Código Civil, es que recurro
a vuestro Despacho con la finalidad de demandar Petición de Herencia de los bienes de quien
en vida fuera mi padre xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxx, a fin de concurrir conjuntamente con los
herederos y a declarados notarialmente en su propiedad y administración. (ANEXO 1-___)

V.FUNDAMENTOS DE DERECHO.

 Art. 664º del Código Civil Que señala que el Derecho de Petición de Herencia corresponde
al heredero que no posee los bienes que considere que le pertenecen, y se dirige contra
quien los posea en todo o en parte a título sucesorio, para excluirlo o para concurrir con él.

 Art. 424º y 425º del Código Procesal Civil referidos a los requisitos de la demanda.

 Art. 475º del Código Procesal Civil referido a la Vía Procedimental en que se tramita la
presente Pretensión, la misma que deberá ser tramitada en proceso de conocimiento.

VI. MEDIOS PROBATORIOS.

1) Partida de Nacimiento de la recurrente

2) Partida de Defunción de mi padre xxxxxxxxxxxxxxxxxx

3) Testimonio Notarial de la Sucesión Intestada tramitada ante la Notaría xxxxxxx, donde


consta que se declara como herederas universales a xxxxxxxxxxxx, xxxxxxxxxxxxx y
xxxxxxxxxxxxx.

4) Copia Literal del Registro de Sucesión Intestada de la Oficina de Registros Públicos, así
como de los bienes inmuebles que poseía el causante.

5) Copia Literal del Registro de Propiedad Inmueble del Registro de Predios de la Oficina de
Registros Públicos, donde consta la transferencia del inmueble que forma parte de la masa
hereditaria a favor de un tercero.

VII. ANEXOS.

1-A Partida de Nacimiento de la recurrente.

1-B Partida de Defunción de mi padre xxxxxxxxxxxx

1-C Testimonio Notarial de la Sucesión Intestada tramitada ante la Notaría xxxxxx.


1-D Copia Literal del Registro de Sucesión Intestada de la Oficina de Registros Públicos, así
como de los bienes inmuebles que poseía el causante.

1-E Copia Literal del Registro de Propiedad Inmueble del Registro de Predios de la Oficina
de Registros Públicos, donde consta la transferencia del inmueble que forma parte de la masa
hereditaria a favor de un tercero.

1-G Fotocopia de mi DNI.

1.F Tasa Judicial por ofrecimiento de pruebas.

POR TANTO:

Al Juzgado, solicito se sirva tener por interpuesta la presente demanda y darle el


trámite que a su naturaleza corresponde, conforme a mi derecho y de acuerdo a
ley.

PRIMER OTROSIDIGO: Que, delego las facultades generales de


representación, a que se refiere el artículo 80º CPC al Dr (a). XXXXXX con DNI
Nº …, con Reg. Nº … del …, con casilla electrónica N° …….. y declaro estar
instruído (a) acerca de sus alcances. En cuanto al domicilio del (de la)
representado (a), requisito para la representación judicial por abogado, señalo
que se encuentra indicado en la parte introductoria de la presente demanda.

Ciudad ….

Sello y firma de Abogado Firma del (de la)


demandante

[1] Artículo vigente según a la modificación establecida por la Primera Disposición Modificatoria
del TUO del Código Procesal Civil, aprobado por Resolución Ministerial Nº 10-93-JUS, publicada
el 23-04-93.
[2] GUZMÁN FERRER, Fernando. Código Civil. Tomo II. Segunda Edición. Editorial Científica
SRL. Lima – Perú. 1996. Ob. Cit. p. 12
[3] Debe recordarse que, pese a que el tercer párrafo del artículo 326 del Código Civil dispone
que la unión de hecho termina por muerte, no le otorga a la conviviente vocación sucesoria. No
obstante, estando a que el concubinato debe estar reconocido judicialmente, a efectos de la
transmisión de la masa hereditaria a los hijos del causante debe, previamente, debe liquidarse
el patrimonio de la sociedad de gananciales.
[4] C.A.S. 985-98-Cajamarca del 17/11/1998. “La petición de herencia – a pesar de no haber sido
declarado heredero”. En: Diálogo con la Jurisprudencia. Tomo 11. Gaceta Jurídica. Lima.
Agosto. 1999.
[5] GUZMAN FERRER, Fernando. Ob. Cit. p. 12
[6] Rectificado por Fe de Erratas publicado el 24-07-84
[7] Código Civil del Perú aprobado por Decreto Legislativo N° 295. 1984.
Artículo 927.-
“La acción reivindicatoria es imprescriptible. No procede contra aquél que adquirió el bien por
prescripción.”
[8] LOHMANN LUCA DE TENA, Guillermo. Acción reivindicatoria. En “Código Civil comentado
por los 100 mejores juristas”. Derecho de Sucesiones. Tomo IV. Primera Edición. Ed. Gaceta
Jurídica. Lima – Perú. 2003. p. 436 y 37.
[9] Exp. 46-98. Resolución del 08/06/98. Tercera Sala de Procesos Abreviados y de
Conocimiento de la Corte Superior de Lima. En: Código Civil. Colección de Códigos 2007.
Primera Edición. Gaceta Jurídica. Lima – Perú. Enero. 2007. p. 106.
[10] Exp. N° 1664-91-Loreto. Jurisprudencia citada por ZÁRATE DEL PINO, Juan. Curso de
Derecho de Sucesiones. Palestra Editores. 1998. Lima – Perú. p. 304.
[11] LOHMANN LUCA DE TENA, Guillermo. Acción restitutoria e indemnizatoria. En “Código Civil
comentado por los 100 mejores juristas”. Derecho de Sucesiones. Tomo IV. Primera Edición. Ed.
Gaceta Jurídica. Lima – Perú. 2003. p. 40.
[12] GUZMAN FERRER, Fernando. Ob. Cit. p. 17.
[13] LOHMANN LUCA DE TENA, Guillermo. Ob. Cit. pp. 40 y 41.
[14] CAS. N° 793-99. En: “El Código Civil a través de la Jurisprudencia Casatoria”. Ed. Gaceta
Jurídica. Lima – Perú. p. 240.